merceroura

la rebelión de las palabras


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Lo que amas…


Amas el silencio después de noches sin tregua pensando sin cesar, sin encontrar consuelo, sin dibujar una salida.

Sentarse e imaginar sin saber, sin necesitar, sin tener que tener, sin esperar a esperar.

Amar ser sin almacenar…  Encontrar sin buscar. Sentir sin pensar…

Porque a veces, hay que detenerse a notar, a construir, a imaginar.

Parar para bucearte, para sentirte, para fundirte contigo y respirar. Para saber qué pisas y a dónde te diriges, para descubrir que no hay mejor victoria que escoger una derrota de la que puedes aprender a volar…

Para conocerte tanto que puedas despojarte de todas la capas con la que vestiste tu alma para poder existir sin pedir perdón y darte cuenta de que ya no te hacen falta…

Para poder lanzar tus culpas inventadas por la borda y enderezar el rumbo del barco hacia donde sueñes, aunque el mundo no lo entinda…

Amas la paz callada que te habita cuando necesitas escucharte y bailar con tu propia música.

Amas tu música.

Amas  al desconcierto en tu alma acostumbrada a caminar, cuando para. La queja sorda de la niña testaruda que llevas dentro que te pide que te levantes y sigas… El desasosiego de tu impaciencia que queda muda y el ego asustado que busca abrigo porque nos sabe qué le espera pero ya le disgusta por si acaso.

Amas a todos tus mecanismos de defensa. Todas tus corazas y todas tus máscaras… Tu soberbia llorosa y malhumorada… Tu rabia contenida, tu ira ahogada, tu necesidad de justicia rota que se agitan y bailan desesperadas…

Amas a la institutriz sin alma que vive en ti y siempre te regaña. Porque pertenece a tu pasado y  ahora sabes que no supo hacerlo mejor…Porque gracias a su ruda dureza y su serenidad impasible añoraste el amor incondicional y supiste qué no eras…

Amas a todas las muñecas tristes que habitan en esta muñeca a veces cansada y otras rota que intenta encontrar la calma. Porque sin todos sus errores estaría perdida y sin su pena enorme y salvaje jamás habría llegado a este tramo del camino.

Amas la guerrera que fundía con la mirada y le daba vueltas a las palabras hasta convertirlas en flechas. Sin ella, jamás habría conseguido la valentía para levantarte y empezar a buscar todas las vidas posibles que te tienes reservadas.

Amas a la niña torpe de cara triste que espera en un rincón porque no juega… Sin su desesperación armada y su llanto sordo, tú ya no existirías.

Amas tu llanto.

Amas tus heridas abiertas porque sabes que el trabajo de cerrarlas te convertirá en un ser gigante.

Porque cada uno de sus pasos en falso ha esculpido tu vida… Cada uno de sus intentos fallidos ha trazado tu mapa de viaje… Porque estabas tan desolada e insatisfecha que osaste imaginar un mundo en el que ella era otra y se encontró contigo a medio camino y le dijiste que se otra eras tú.

Amas el manto incierto que cubre tus días sin techo ni suelo ni abrigo seguro.

Amas la incertidumbre.

Amas al despecho de un mundo que te trata como tú te tratas y que no te ama hasta que no te amas.

La incómoda satisfacción de saber que el futuro está en mis manos y el presente es una tarde de lluvia que hay que aprender a amar para encontrar la magia.

La gratitud de saber que todo es un regalo. La costumbre de imaginar lo peor después de siglos de pensar que mereces poco o casi nada… Y que eso te obligue a tener que cambiar tu forma de pensar y vivir…

Amas al sosiego de saber que de todo se aprende, aunque no entiendas por qué.

Amas tu ignorancia porque aviva tus ganas de conocimiento…

Amas al fuego de tus entrañas enfadadas y molestas porque el mundo no es como sueñan y a las personas a veces cuando están rotas van rompiendo a otras.

Amas a la inquietud de arriesgarte a rondar por la vida sin saber y el miedo que se aloja en tu espalda y baila en tu garganta, porque sin él no serías la mitad de lo que sueñas…

Seguir el viento sin conocer el viento… Ser el viento sin saber a dónde va, pero creyendo que te lleva a dónde necesitas estar.

Amas al dolor sentido y asumido, porque con él te fabricaste el antídoto para las penas y te convertiste en una mejor versión para soportar sus envestidas…

Amas a todas y cada una de tus imperfecciones porque te han dado el impulso para poder saltar el muro y aprender que lo bueno que hay en ti es tan grande que eclipsa tu tristeza… Y que lo que parece malo, en realidad, es la excusa para poder seguir tu camino…

Amas tus lamentos porque ya no existen, pero te dieron impulso.

Porque no hay nada insalvable cuando descubres quién eres y qué buscas…

Porque te amas y reconoces tus facciones en un marasmo de caras mustias y almas revueltas que se desesperan por bajar de esta noria que no para nunca.

Amas la noria…

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Si perdonas…


Cuando no perdonas, te quedas atado al pasado. Una nube de dolor empaña tus días, tus pensamientos, tus decisiones… Dejas que alguien usurpe tu vida y anide en ella…  Vives a través de otros ojos… Cuando no perdonas es porque en realidad lo que esa persona siente por ti o dice de ti es un reflejo de lo que tú crees de ti mismo, aunque no lo quieras ver y admitir… De otra forma, no te afectaría ni causaría dolor. Si no perdonas es porque la estocada recibida viene a traerte un mensaje sobre ti que aún no has aceptado y soltado… Sea o no sea real esa visión de ti, eso no importa… Si no perdonas, es porque no has asumido que el otro es como es y no lo vas a cambiar y, por tanto, eso te impide asumir que tú también eres como eres y  aceptarte…

Aceptar también es admitir el cambio y prepararse para él. De hecho, es el paso previo a que todo empiece a dar vueltas a tu alrededor y des un nuevo paso… Cuando aceptas cómo eres, amas tus debilidades y tus fortalezas, adquieres el poder de decidir sobre ti mismo y volver a tu esencia. Y desde la conciencia más pura de lo que eres, puedes notar si cada paso que das va contigo o contra tu naturaleza…

El que no perdona, sin embargo, sigue atado a la mirada del otro. A la visión que esa otra persona tiene de él. Se ve a través de sus ojos y por ello es incapaz de perdonar la ofensa y “el atrevimiento y la osadía” de hacer que yo me vea como tú me ves y que eso me duela porque aún no he conseguido cambiarlo y asumirlo”.

Leí el otro día que la falta de perdón es la culpa que arrastramos por no ser como soñamos y por el hecho de que los demás nos lo hagan ver… La culpa porque no nos amen como creemos necesitar que nos amen, en una sociedad que educa para que el amor sea dependencia y necesidad pura… La culpa es dolor. Dolor en el alma y el cuerpo. La rabia, el resentimiento, el odio en algunos casos, se nos acumula en los pliegues y nos estalla…

Decía el texto que si no necesitáramos culpar al mundo ni a nosotros mismos de nada, no habría dolor… Porque esa herida abierta es la forma que tenemos de mostrar al otro el daño que nos ha hecho, de recordarle constantemente que actuó mal según nuestra forma de ver la vida, según nuestro mapa mental y vital. Sin necesidad de vengarnos sacando a relucir nuestro dolor, ese dolor no tiene sentido… Sin reproche, no hay herida.

A veces, la herida abierta es la forma en la que nos recordamos también a nosotros mismos lo culpables que somos por no ser como deseamos, por no llegar al altísimo listón que nos hemos impuesto… Nos miramos con tanto desprecio que esa energía negativa tiene que rebotar forzosamente en nosotros y en lo que nos rodea.

Todo lo que le pedimos al mundo es lo que nos pedimos a nosotros mismos.

Lo que criticamos al mundo es lo que vemos en nosotros, lo que soñamos tener y creemos que no podremos alcanzar.

Lo que detestamos de otros es lo mismo que detestamos en nosotros y no queremos admitir…

Las personas que nos rodean son ante nuestros ojos una proyección de nosotros mismos…

Nuestras quejas son las quejas que salen de sus labios y llegan a nuestros oídos.

Vemos al mundo tal y como nos vemos, como decía Kant: “Vemos las cosas, no como son, sino como somos nosotros”

La vida que apuramos cada día es un reflejo del estado en que se encuentra nuestra autoestima… Un ejemplo claro de lo que creemos que merecemos…

Lo que deseamos para otros es lo que acaba llegando a nuestras vidas.

Por ello, cuando no perdonamos, no nos perdonamos. Nos quedamos sumergidos en una materia viscosa en la que no nos podemos mover ni pensar.

Perdonar es cerrar las heridas que son testigo de algo que fuimos antes y ya no somos. Es comprender, ponerse en el lugar del otro en un acto de empatía extraordinario que nos ayuda también a entendernos a nosotros mismos y comprender que a veces las personas vienen a nosotros porque lo vamos pidiendo a gritos…

Atraemos lo que somos y lo que necesitamos… Visto así, no tiene sentido enfadarse porque alguien venga a nuestra vida a ayudarnos a entender que merecemos más de lo que creemos y que nos amamos muy poco…

Las personas que llegan a nuestra vida vienen a empujarnos a dar un paso más, a que comprendamos más sobre nosotros…

Perdonar es decidir amarse tanto que ya no nos importe lo que mundo piensa de nosotros. Si no lo hacemos, no encontramos la quietud para seguir. La sensación de estar contigo mismo y saber que estás comprometido con tu felicidad.

Perdonar es hacerse feliz. Decidir que es mejor amar que ganar, que la paz que sentimos al cerrar puertas que quedaron entreabiertas vale más que tener razón e imponerse.

Perdonar es asumir tu responsabilidad y aceptar que no hay culpas porque cada persona vive su verdad y actúa en consecuencia.

Mientras no somos capaces de encontrar esa paz deliciosa de “no necesitar”  ganar, imponernos, demostrar o encajar, somos un híbrido entre lo que ya no somos y lo que soñamos ser…

Hasta que no asumimos el perdón como un regalo y no como una pérdida no podemos agradecer la enseñanza y el valor de cada experiencia…

Si no perdonamos, no nos perdonamos porque seguimos dando poder a los demás sobre nuestras vidas… Les damos capacidad de gestionar e incidir en lo que sentimos, en  lo que soñamos, en lo que merecemos y nos miramos a través de sus ojos…

Nos volvemos tan duros que nos rompemos y nos agrietamos con la esperanza de que algo de luz entre en nosotros…

No es fácil. El ego siempre necesita justificar y medir, comprobar y calcular… Siempre quiere vencer y necesitar. Siempre encontrará la excusa para demorar el momento y te hará creer que no ha llegado aún la hora… Te confundirá para que sustituyas tu autoestima maltrecha por un orgullo hinchado que no te deje ver más allá de tu nariz y te dirá que no hay más verdad que la tuya… Te hará creer que perdonar es sacrificio en lugar de la maravillosa recompensa de estar en paz contigo. Te susurrará consignas para que sigas luchando en una guerra sin sentido cuya victoria es la derrota más absoluta para tu capacidad de amar, tu generosidad y tu grandeza.

De todas las decisiones pendientes que tenemos, la de perdonar es la más complicada y valiente… La más dura, tal vez, pero es sin duda la que más cambia nuestras vidas. El mayor regalo que podemos hacernos a nosotros mismos es perdonar.

Perdonar es rescatarse a uno mismo de una muerte lenta de reproches y pensamientos amargos… Abrirse de par en par y dejar que corra el aire limpio y entren sensaciones nuevas y maravillosas. Perdonar es vivir en paz.

Si perdonas, encuentras todas las piezas del puzle y descubres que sólo depende de ti mismo que encajen.

 

A muchas personas no les gusta la palabra perdonar porque les suena a estar por encima del otro. Cada uno hace las cosas como sabe a cada momento y según su nivel de conciencia… Lo podemos llamar comprender y soltar ese dolor, cerrar la herida y desearle lo mejor a esa persona. Lo llamemos como lo llamemos, todos sabemos qué significa y hasta dónde nos compromete. Porque el compromiso real es siempre con nosotros mismos.

 


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Despierta


Foto : Mercè Roura

Foto : Mercè Roura

Sucumbe a la tentación. No para depender de nada ni de nadie. Hazlo si no lo has hecho hasta ahora por el qué dirán y porque en el fondo crees que no te lo mereces. Demuéstrate que no hay nada vetado para ti, ponte en lugar que deseas ocupar y goza de la densidad de tu cuerpo ocupándolo… No te prives de nada que sueñes, sobre todo de lo que no se compra ni se adquiere por sacrificio previo o alquiler de tu alma…

Equivócate trescientas sesenta y cinco veces más… Están todos esos días por estrenar y tienes mil posibilidades para pasarte de largo… Tal vez mejor que quedarte corto, si lo haces por desconfianza. Por si te quedas con las ganas, a las puertas del algo hermoso por no osar o no intentar.

Sé el gato a quién mató la curiosidad… Porque no está muerto, no es cierto. Está en otra ciudad viviendo una historia de amor maravillosa o recibiendo los frutos de un próspero negocio que se atrevió a emprender cuando nadie apostaba por él… Esa parte no te la cuentan para que no te largues y no arriesgues como hizo él… ¿Nunca te han hablado del gato que murió de aburrimiento? O del que quedó sepultado por la rutina, la desidia y la mediocridad de una vida sin pasión ¿verdad? Esos sí que existen y deambulan entre nosotros con cara amarga y gesto compungido…

Baila. Empieza cuando no te vean, para calentar. Sé que no te atreves incluso cuando no notas sus miradas en los hombros… Porque las verdaderamente inquisitoriales son las tuyas… Atrévete a mirarte con ojos enamorados, con ojos compasivos… Nota el espacio que ocupas en el aire cuando bailas, disfruta de ese casi segundo de vuelo…

Haz algo distinto. Ve a un lugar nuevo o ves al lugar de siempre y pide otra cosa. Mira de otro modo. Sal por otra puerta. Cambia de camino… A ver qué pasa. Practica una imprudencia equilibrada… Sal del decorado poco a poco hasta que veas a dónde te lleva esa senda…Usa palabras nuevas, palabras que te inspiren… Ten a mano unas cuantas de esas que te hacen sentir grande, feliz, agradecido… Si no las conoces, búscalas, invéntalas, pídelas a los que saben de palabras, a los poetas, a los que saben amarlas y pronunciarlas… Llévalas en la memoria, tararéalas y dilas en voz alta cuando te sientas caer. Agárrate a ellas y siéntelas…

Y claro, mientras las buscas, lee muchos libros, déjate habitar por sus palabras y vive en ellos un rato cada día… Que salgas de ti, de este espacio y este tiempo, de este universo, de esta rutina que te atrapa la cola del vestido para que no te muevas y te quedes quieto a esperar a ver qué pasa.

Rompe la hucha destinada a los sueños que nunca vas a cumplir. Esa que tienes ahí en un estante para sentirte tranquila pensado que haces algo para conseguir lo que quieres pero que en realidad es una forma cómoda y confortable de postergar tu vida… Invierte el dinero en un mapa hacia tu nuevo destino, en un bloc de notas para definir objetivos, en unos zapatos cómodos para emprender este viaje a tu nueva vida.

Entra en esa habitación cerrada con candado donde hace tiempo que te detienes ante la puerta sin atreverte a dar el paso… Entra y abre las ventanas para que pase en aire y se lleve angustia acumulada y las lágrimas contenidas… Abre sabiendo que es para bien, aunque nada más abrir algunos fantasmas te compriman la garganta y se rían en tu cara.

Si la pared no te deja ver, tira la pared. Derriba todos los muros, sobre todo los que has construido a base de miedo y reticencias… Los que no se ven y circundan tu alma y la dejan vivir solo y triste. Una vez derribes la primera, le cogerás afición y tendrás que frenarte un poco… Basta con que notes que puedes par que te salgan alas… Esto de salir de la zona de confort al final es adictivo.

Inventa algo. Desafíate a ver si sabes, si aprendes cómo sí y cómo no. A ver si funciona. Inténtalo mil veces. Fracasa con ganas… Descubre que en realidad el reto era el desafío y no el resultado.

Escribe un diario. Con dos versiones. Una en la que cuentas lo que te pasa y otra en la que cuentas lo que quieres que te pase. Síguelas cada día en paralelo hasta que las versiones converjan, hasta que se encuentren en un punto y se conviertan en una… No sólo porque ya te pase lo que sueñas que te pasa,  sino porque hayas aprendido a amar lo que te pasa y quieras darle una oportunidad al primer diario…

Crea una teoría mediante la cual cualquier ser humano que sea capaz de creer que puede, pueda… Ya lo sé, está ya inventada, pero hazla tuya… Y piensa cómo conseguir que se sostenga en el tiempo a base de trabajar en ella.

No cuestiones tu altura, recorta las patas de las sillas y las mesas, súbete al escenario, no para que te vean sino para mostrar tu valor y poder mirar al mundo de tú a tú.

Crece por dentro hasta que tu tamaño exterior no importe. De hecho, ya no importa ahora, sea cuál sea…

Levántate cada día con la idea de que algo extraordinario va a pasar. Vive con esa emoción sin esperarlo, confiando en que va a suceder. Y cuando acabe el día, habrá pasado seguro… Porque vivir con esa emoción maravillosa ya es algo fuera de lo común… Y porque cada día nos pasan cosas extraordinarias que no vemos… Y porque si no pasa, lo crearás tú con esa energía desbordante.

Si el ánimo no te acompaña, sonríe. Date un rato para sentir ese dolor y sigue adelante… Tienes derecho a estar triste, es más, necesitas estarlo y explorarlo… La tristeza es tan necesaria como la alegría, lo único que importa es que esa tristeza no te domine ni lleve las riendas… Llévala tú a ella y aprende qué te quiere mostrar…

Busca otra versión para todo. Cuestiónalo todo… Ponte del revés para cambiar tu perspectiva. Pregunta por qué y para qué. Pregúntate por qué haces lo que haces y busca en ti la primera vez que decidiste hacerlo… Descubre tu mapa interior y redefínelo, averigua por qué  te está llevando a situaciones que no quieres… Asegúrate de que tu brújula marca tu norte y no el norte de otras personas… Tal vez descubras que en lugar de trabajar para tu futuro y vivir tu presente, estabas invirtiendo en el futuro de otros o en el futuro que se supone que deberías desear o tener…No tienes que cumplir ninguna expectativa, sólo tienes que ser consciente y feliz.

Sé valiente y cambia de estrategia si el plan actual te hace divagar y moverte sólo por cauces conocidos y asequibles…

Despierta. No lo sabes, pero estás dormido. Deja de buscar excusas para seguir así. Reconocerlo es doloroso, pero nada comparado con seguir viviendo sin vivir y despertar un día cuando sea demasiado tarde…

 

 


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La magia de lo imposible


violin

Toca dar las gracias ahora, por todo lo bueno y por lo que parece terrible pero acabará siendo energía pura para seguir adelante.

Una de las cosas que he aprendido los últimos años es que cuanto más se empeña la vida en golpear, más capacidad de encarar adquieres… Te vuelves flexible, fuerte, valiente, casi casi… perdón por la osadía, un poco más sabio… Y claro, osado. Esa osadía es la que te convierte en alguien distinto. El enorme poder que te confiere sobre ti mismo y sobre tu vida llevar un poco la contraria y no sumergirte en el conformismo… No subsidiarte a ti mismo sino hacerte levantar y seguir… La osadía de preguntarte cosas que parecen no tener respuesta y de meterte en situaciones que dan tanto miedo que a veces, cuando te flaquean las fuerzas, un sudor frío te invade el cuerpo y notas como el corazón se te acelera… Es tu yo asustado y antiguo que intenta que te rindas porque no puede más.

La osadía de creer que tú eres uno de ellos… ¿Quiénes son ellos? Los que llegan, los que lo consiguen, los que se dejan a veces pedazos de vida absurda en el camino y renuncian a su cansancio, a sus ganas de salir corriendo… Renuncian a estar acompañados si esa compañía les araña el alma, aunque hacer el camino solos les mantenga el corazón inquieto y les haga sentir inseguros.

Mejor un alma alborotada que un alma dormida.

Mejor un sueño a medias que una parodia de vida.

Mejor dejar lo que no nos hace bien, que pasarnos la vida justificando lo injustificable y engañándonos pensando que va a cambiar sin que nosotros hagamos nada. Si aceptamos algo que no respeta nuestra esencia, perdemos nuestra esencia… El árbol muerto no da fruto.

Toca dar gracias ahora por haberse dado cuenta de lo que es y lo que no. Por los momentos dulces de caminar en una cuerda tan floja que a veces te encuentras sujeto a ella sin estarlo y te descubres levitando…Con medio cuerpo suspenso y media alma cosida al cuerpo para que no caiga.

Toca dar las gracias porque a menudo cuando te quedas paralizado y se te cierran todos los caminos, te das cuenta de que ha llegado el momento de volar…  Y vuelas. No sabes cómo, pero lo haces. Un día te encuentras haciendo algo que hace veinticuatro horas era impensable, increíble, imposible. Y rompes la cáscara imaginaria de la que no te atrevías a salir. Y sales del círculo que te rodea. Te encoges de frío y de miedo y de cansancio… Y sientes que estás loco y no podrás. Lloras de pánico, pero puedes… No sabes cómo, pero lo haces. Piensas que no puedes hasta que te encuentras haciéndolo y te quedas alucinado contigo mismo mientras las lágrimas de emoción te surcan la cara, que arde intensamente sin saber por qué.

logro

Entonces, ves claro que debías dar ese paso.  Para ser libre hay que tomar decisiones que dan a veces mucho miedo… A menudo, no ves el lastre a soltar para ir más ligero porque está tan incrustado en tu vida que parece una parte de ti y confundes tu miedo con un razonamiento lógico y huyes de él, cuando en realidad, es la puerta a cruzar para poder llegar a tus metas. Llevamos tantas respuestas escritas en la espalda que sólo se ven si sueltas la carga y miras atrás ante el espejo con ojos de sabio… Si te das la vuelta a ti mismo y cambias de perspectiva… La vida siempre te deja escritas  las pistas para pasar sus pruebas en esos lugares que no te atreves a pisar. Como llevar las chuletas escritas al examen y no atreverse a mirarlas… En el fondo, todo es una invitación a salir de ti, a pasar la línea y romper algunas normas absurdas que hace siglos te impusiste y nunca más te has planteado por qué.

Y ves que el triunfo no es la meta, ni el sueño, ni el reto. El triunfo es el salto, el haber salido de ti, el haberte atrevido a romper contigo mismo para encontrarte de verdad. El regalo es esta persona que eres ahora, que vibra en ti y que antes estaba oculta en tus pliegues suplicando salir…

No importa no llegar a  alcanzar tu sueño. Tal vez incluso, al mirarlo, te das cuenta de que ya no brilla tanto… Lo que importa es que tú ya no eres el mismo. Ves más cosas, piensas distinto, sientes distinto… Te miras y ves a alguien capaz, alguien que salta y vuela. Y te da cuenta de que da igual lo que busques, lo realmente importante es quién eres. Tu sueño es casi una excusa.  Ahora puedes decidir seguir si realmente te llena, si te invade de felicidad, si es un sueño de esta nueva versión de ti más lúcida y sabia.

Ahora puedes decidir si era un medio o era fin. Si lo querías para crecer o lo necesitabas para demostrarte algo. Si te representa o te limita… Si va con la nueva persona que te habita o era un peaje de la antigua… Los sueños no están ahí para que brillemos después de conseguirlos, están ahí para que brillemos antes. No son la causa de nuestro cambio, son la consecuencia…

Si te ves en tu sueño todavía después del proceso, tómalo… Lo tienes cerca porque ya eres esa persona que logra sus sueños.

Si te queda pequeño o viejo, suéltalo y siente de nuevo tu camino…En un esquina hay algo nuevo, seguro. La nueva persona que eres se motiva fácilmente porque todo lo que necesita para hacerlo lo lleva dentro.

Te preguntas cómo no pudiste verlo antes, que el regalo por este trabajo complicado eras tú. El premio por manejar tu vida, por responsabilizarte del camino, por tomar decisiones complicadas y soportar el frío necesario para crecer… siempre eres tú.

Ahora toca dar gracias por haber abierto los ojos…Por esa conciencia que ha aumentado de tamaño y esa capacidad de entender que necesitas seguir… Ahora toca volar aún más.

Eres tu gran conquista.

A veces, la vida no te da más opción que intentar lo imposible… Y tú no tienes más remedio que conseguirlo.

A veces, la vida te pide tanto, que te ves obligado a hacer magia.


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Tengo miedo


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Tengo miedo…

Y no pasa nada por decirlo. No se hace más gordo ni intenso. No se construye un castillo ni se atrinchera en mi espalda… Al contrario, decirlo en voz alta parece más pequeño y soportable.

Mi miedo tiene muchos nombres. A veces, se llama incertidumbre y a veces fracaso. Lleva puesto un vestido largo que marca mi figura y dibuja lo que me aterra mostrar… Y calza unos zapatos rojos preciosos que nunca me pongo porque siempre espero una mejor ocasión que no llega…

A menudo, tiene la cara de todas aquellas personas que un día me miraron con desprecio porque me veían diminuta. Y lleva en la mirada un reproche por no llegar nunca a un listón que es inalcanzable, se mire como se mire…

Lleva muchas etiquetas y tiene muchas contraindicaciones con todo lo que me gusta en la vida… A veces, tiene cara de lobo y otras de madre amorosa y asfixiante.

A veces, lo admito, mi miedo tiene mi cara…

Me obliga a decir que no tantas veces que no puedo existir ni sentir… Me seduce para que diga que sí, incluso cuando no tiene sentido…

A veces, es un miedo absurdo, que se desmonta al mirarlo con atención y un poco de entusiasmo… Otras, está enraizado en un laberinto inmenso en cuyo centro hay una tarde de mi infancia.

Mi miedo habita en mis pies que se quedan quietos y no andan.

Abraza mi cuerpo cansado de controlar y luchar que ya no se resiste y se cae…

Besa mis mejillas rosadas y las cubre de una palidez traslúcida y triste…

Camina por mi espalda y me pide que encorve mi columna y agache la cabeza…

Duerme en mi almohada para poder meterse en mi cabeza y hacer que mis sueños sean pequeños como si fuera un jíbaro…

Vive en mi pecho y toca el tambor para recordarme que tengo problemas por resolver y complejos latentes y pequeños dramas a medias por vivir… A veces,  mi miedo se sienta en mi mesa y bebe de mi copa sin parar de llenarla.

Baila en mi pulso y en mis sienes cuando estoy sola y cansada…

Grita como un loco cuando me suelto la melena y bailo dejándole de lado…

Agita sus alas negras cuando estoy feliz para que recuerde que yo no puedo… Se enfada cuando le miro a la cara y le digo que no me importa y que a pesar de él voy a seguir adelante…

Pobre miedo, está perdido… Voy a ganar la partida…

Lo noto porque está muy furioso y ajetreado… Se zarandea en mi cama y me mueve los músculos de la cara azarosamente para que piense que controla y que manda…Alborota en mi cabeza trayendo recuerdos tristes y noches largas sin tregua… Esboza pensamientos ridículos y me cuenta historias de otros que no han podido, no han sabido, no han llegado… Canta canciones de amores perdidos y susurra palabras que saben a desesperanza…

Pobre  miedo, yo sé que está desesperado y loco porque ya no le hago caso.

Ya no me escondo de él, ni me alejo de su sombra. Al contrario, me he acercado tanto a él que le intimidado y ahora soy yo quién invade su espacio… Desde que le conozco y le entiendo, ahora que sé por qué existe  y qué pretende, se siente muy desgraciado…

Antes, le evitaba y le encerraba en armarios y cajones… Y por las noches, lloraba y daba golpes hasta que tenía que ir a buscarle y jugar con él a sentirme sola y superada… Me hacía sentir rabiosa y asustada…

Pero… Aprendí su idioma, abracé su esencia y aumenté de tamaño, de repente, con solo hacerle frente…

Y ahora vive sin vivir porque le conozco tanto que… Ya no le temo.

He pasado de ser su víctima temblorosa a su madre comprensiva y amable…

Pobre miedo, mi miedo, tan cansado, tan harto, tan diminuto… Patalea y araña, muerde como un niño o un gato arisco y enfurruñado que no consigue lo que quiere…

Cuando me mira con ojos fieros, le devuelvo una mirada valiente y osada…

Pobre miedo, desesperado porque no encuentra hueco por el que colarse en mi alma…

Tengo miedo, pero lo conozco, lo supero, lo entiendo… Bailo con él a veces, cuando estoy muy cansada, lo reconozco,  pero ya no se acuesta conmigo ni se queda a velar mi sueño.

Ahora mi miedo tiene miedo, porque no me tiene ni guarda.

Tengo miedo… Sólo con decirlo, me siento liberada… Está ahí, lo sé, pero no vive mi vida porque ya no le dejo…


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Cuando la vida da vueltas


farolillos

Cuando eres niño el tiempo y el espacio son como un chicle. Parece que puedes moldearlos al gusto, que son elásticos y casi intercambiables. Es como si tuvieras un mapa distinto de lo que es la vida. En ese mapa, América y Europa están a un paso, puedes ir de continente a continente si te pones las botas de agua saltando un charco. Y además lo puedes hacer un sábado por la tarde, cuando no hay colegio y regresar antes cenar y preparar la mochila para la excursión del domingo.

A veces, vas dejando las cosas y las personas pendientes hasta que un día se borran y ya no están en tu agenda. Y un siglo más tarde, te das cuenta de que la pereza  te ha arrebatado un pedazo de vida.

Supongo que la vida es como un mapa. Hay momentos en los que un pliegue inesperado te permite dar un salto enorme y cambiar de escenario de forma súbita. Y un centímetro se transforma en mil kilómetros. Te encuentras al otro lado de tu vida e intentas recordar qué haces allí y cómo has conseguido catapultarte sin apenas darte cuenta. No sólo pasa con el espacio, pasa con el tiempo. A veces, en diez años no te pasa nada. Se definen como una sucesión de días y días atados unos a otros por luces y sombras, bostezos, abrazos, telediarios y cafés a media mañana que en realidad no se hacen con ganas de café sino de risa, de cambio, de emoción…

Hasta que una tarde sucede algo. No es impactante. No es ni siquiera importante pero es algo distinto. Cuando llevas años dormido esa palabra te aterra y a la vez te da hambre.

Lo distinto es enemigo de lo aburrido, de lo decadente… Amigo de lo mágico, lo extraordinario… Hermano de lo apasionante.

Huele a nuevo, desprende luz…

Y esa tarde, esa cosa nueva que llega a tu vida, es como una bola de nieve que empieza a zarandear las paredes de tu alma y todo lo que habita en ti se queda pegado a ella. Es como un huracán que se lleva el tejado de tus pensamientos y el aire enrarecido de tus habitaciones más cerradas. En ese momento, no lo imaginas, pero esa bola de nieve imaginaria va a jugar a los bolos con las columnas de tu vida y va a poner a prueba tus cimientos.

Y en ese momento, empieza todo a dar vueltas. Y tú te agarras fuerte a lo que queda. No sabes cómo, pero cierras lo ojos y suplicas para que aquello a lo que te agarras sea tan  sólido como imaginas. Todo pasa rápido, una cosa tras otra, en cadena, sin parar, el suelo se abre, el cielo se cae, la mañana es noche, la noche se doblega sobre sí misma… Lo pequeño se magnifica. Lo enorme se empequeñece hasta pasar desapercibido…

A veces lo ves, otras veces no. Al final, te das cuenta de que sólo lo que está bien arraigado permanece y que lo demás, si era sólo atrezzo, es mejor que se haya ido volando.

En ese momento, notas que había muchas cosas  y personas que creías que eran tus raíces y que ahora han salido corriendo y hay otras de las que no esperabas nada y en realidad eran más sólidas y permanecen.

A veces, la lluvia es un regalo para borrar máscaras y maquillajes absurdos.

Por momentos, te sujetas a ti mismo e intentas recordar cómo y por qué. Y entonces, te das cuenta. Nada es casual. Aquella tarde no venía de la nada. Ya hacía tiempo que tu cuerpo estaba sumergido en la rutina pero tu conciencia viajaba lejos. Saltabas charcos, buscabas respuestas, enfrentabas situaciones de las que antes huías  y eras capaz de mantener las miradas. Jugabas a salir de tus márgenes y pasar límites que antes considerabas sagrados…

Has atado cabos. Lo decían en los libros que ahora lees y antes no te atrevías a abrir. Lo sugiere esa melodía que tocaba un violinista en el metro y que habías oído mil veces pero sólo hace unos días empezaste a escuchar. Tocaba moverse y sacudirse la tristeza acumulada… Estabas dormido y clamabas despertar, nacer de nuevo, salir de ti mismo. Soñabas que un tobogán gigante te deslizaba al otro lado de tu vida absurda y vacía… Suplicabas una tormenta para que se llevara el decorado de tu vida…

Ahora todo tiene sentido. Un hecho se une al otro como una sucesión de farolillos en el cielo de una feria improvisada. Todo se ilumina. Todo se encadena y adquiere forma. Lo que no entendías es ahora obvio, lo que no podías creer es lo único, lo que imaginas cada día es lo que se va dibujando, poco a poco.

Como si el mundo girara y tú no encontraras un suspiro para apearte. Como si el miedo quisiera encogerte y el entusiasmo se empeñara el dejarte suelto, expandirte, ayudarte a volar.

A veces, todo cambia en un segundo tras siglos sin que nada se mueva.

El cuerpo tiembla y zarandea al alma… El corazón se acelera.

Cuando la vida te da vueltas muy rápido, sin parar, hay un punto en el que tú flotas, te paras, te ves… Como en el ojo del huracán… Y entonces, todo cobra forma y sentido. Y acabas llegando a la playa de un mar en el que nunca te has metido y buceando en una vida que parece que no es tuya.

No puedes decir que no porque no te sale la voz. Da miedo, se nota, aquí en el estómago y en la garganta…

Aunque el susto es mejor que la rutina, mil veces.

 


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#CosasQueDebíDecirteHaceCienAños


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Te preguntarás… ¿Qué cosas se calla alguien durante cien años? Muchas, demasiadas… Durante mucho tiempo no nos atrevemos a decirnos a la cara lo que nos asusta, no nos admitimos lo que nos araña y duele… Lo dejamos dentro, en ese saco en el que acumulamos todo… Sabemos que un día estallará pero suplicamos que aguante.

Aunque al final, estalla. Y es maravilloso que lo haga, aunque es mucho mejor, vaciarlo antes…Por si cuando todo sale disparado, te haces demasiado daño y hieres a alguien.

Eso es lo que pretendo, decirte cosas como…

No brillas porque no te quieres y no te atreves a mostrar lo que vales.

No te aman como mereces porque no te amas y vas por la vida con esa cara de no merecer amor.

Recibes indiferencia porque no miras a los ojos de nadie, por si entran en tu conciencia, por si deambulan por tu alma y descubren tus secretos.

Tus miedos llevan el timón de tu vida.

Tu rabia contenida se ha hecho un refugio en tus entrañas…

Te duele mucho porque te criticas mucho, te hieres mucho, te encoges mucho, te exiges mucho. Sé qué es eso y no lleva a nada bueno…

No te gustas ¿cómo vas a gustar?

Dejas que él te trate así porque crees que le necesitas, cuando en realidad es él que necesita pisarte para sentirse bien y eres tú la única persona que se lo aguanta…

No hay culpas, no te reproches, déjalo a un lado y sigue adelante…No cargues con nada…

No esperes que el mundo solucione tu vida, toma las riendas… Tú decides lo que es tu vida, no delegues esa responsabilidad.

Y también decirte cosas preciosas…

Eres hermosa incluso sin saberlo.

Tienes mil posibilidades cada día para crecer.

Cuando te sueltas, brillas mucho…Fluye y contagia tu entusiasmo.

Mereces lo mejor, no pares hasta conseguirlo… Sin agobiarte, sin preocuparte.

Da las gracias por lo maravilloso que eres y lo bueno que te rodea…

Contigo, el mundo es un lugar mejor. No importa que sea a veces complicado, tú puedes. Los malos momentos son pruebas, los obstáculos son oportunidades…No te calles nada, se queda dentro y arde mucho, hasta que te quema…

En este libro está desgajada mi alma en pedacitos… Es un relato de mi pequeña evolución. De mi paso por los días, de mis momentos hermosos y mis dolorosas dudas…

Hasta descubrir que el hombre del saco eres tú. Y también tu ángel de la guarda…No hay juez más terrible que nosotros mismos… Pero la gran noticia es que también somos nuestra propia salvación, nuestro bálsamo, nuestro héroe, nuestro refugio…

Si te has hecho tanto daño a veces, eso significa que tienes mucho, mucho poder. Úsalo para crecer, no para encogerte. Úsalo para brillar y ser feliz, para crear, para contagiar alegría…

¿No lo ves? tienes todas la respuestas… No te das cuenta… ¡Qué suerte verlo!!

¡Y dar las gracias por habernos dado cuenta!! por la conciencia de notar que nos equivocamos y la de rectificar y ser humildes y la vez grandes… Eso es la grandeza, aprender de los errores y convertirlos en el material con que pegar nuestros pedazos rotos… Saber perdonar y perdonarse. Saber encontrar compañeros de viaje que vacíen tu pesada maleta y te recuerden que sabes cómo…

Aprender de ti siempre. Y recordarte que eres extraordinario…

La felicidad no es un lugar idílico al que llegas después de sufrir mucho. Es un estado interior que se descubre cuando dejas de luchar por esconderte y decides amarte, darte una oportunidad de ser tú y vivir…

No hay nada que perseguir, ya lo llevas dentro. Abre los ojos de tu conciencia y ama sin calcular…

No necesitas nada más. Ya lo tienes, abrázalo.

No tienes nada que perder.

Estas son las Cosas que debí decirte hace cien años… A ti, a mí…Cada vez lo tengo más claro, si cabe. Esta es mi misión, compartir, aprender, mostrar, ayudar… Desnudar mi alma para que cuando tú desnudes la tuya no te sientas tan solo… Decirte que me equivoco para que no tengas tanto miedo a equivocarte… Mostrar lo vulnerable que soy para que ames tu vulnerabilidad… Explicarte mis historias por si son útiles para la tuya o para todo lo contrario… Compartir mis pasiones para que veas lo maravillosas que son las tuyas… Darte mis palabras hasta que encuentres las tuyas propias y hagas tu camino…

Mil gracias a todos y todas los que he encontrado en el camino. A los que cada día me siguen en redes sociales y visitan mi blog. A los que se han dejado habitar por mis palabras y las han compartido… Este libro también es vuestro.

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