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la rebelión de las palabras


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Al otro lado de la pared


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A veces no sé cómo se ama… Sólo sé cómo se quiere, cómo se necesita. Cómo se topa con esa pared mil veces esperando que un día se derrumbe y me deje ver qué hay al otro lado y vivir sin estar sujeta, sin sentirme provisional… Sólo sé de deseos incumplidos y hechizos fallidos… Sé cómo se desea algo tanto hasta que pierde el sentido porque empieza a ser una necesidad y no una meta, porque suplanta tu vida hasta el punto en que te levantas y respiras para conseguirlo. Hasta que no hay en ti nada más que no sea ese deseo y pierdas de vista el mundo mientras esperas una respuesta, mientras suplicas que otra persona te de permiso para seguir con tu vida…  Queremos desde la necesidad y eso hace que ese amor nazca roto, mutilado de cualquier posibilidad de crecer por sí mismo y ayudarnos a crecer a nosotros. Amamos a medias porque nos sentimos seres a medias, desgajados y estropeados por tanto intento loco de parecer dignos de amor, por convertirnos a en material deseable y asegurarnos así nuestra NO soledad eterna… Para levantarnos cada día y poder decirle al mundo que alguien nos quiere y nos tiene en cuenta y que eso forzosamente significa que somos dignos y merecemos amor…

Creemos buscar amor pero en realidad buscamos permiso, oxígeno para continuar respirando sin sentirnos ajenos a la vida ni tener que seguir pidiendo perdón por no ser perfectos… Sin volver a avergonzarnos de nuevo de nosotros mismos y de nuestras rarezas .

El problema es que este mecanismo no funciona, es más… Se convierte en la fórmula más eficaz para acabar siendo el juguete roto, el corazón desgarrado, el apéndice de alguien que tampoco se ama suficiente como para no necesitar sucedáneos pero que ha decidido llevar el mando en la relación.

En realidad, esto de amar va al revés. Primero te amas y luego dejas de buscar porque ya tienes, porque ya te notas digno sin aparentar ni demostrar ni tener la necesidad de ser aceptado por nadie… Porque descubres que ya está en ti lo que llevas mil años  buscando y todo lo que has encontrado hasta ahora no era más que el espejo de tu dolor y tu incapacidad de darte cuenta de que ya eres un ser entero que merece lo mejor… Que te guiabas por el mapa que lleva a la cárcel segura de la dependencia, de la soledad interior más absoluta que no es más que la soledad de sentirse separado de uno mismo estando rodeado de personas que te hacen sentir invisible, irrelevante, insignificante…

A veces no he sabido cómo se ama porque me enseñaron a vivir amores a medias esperando que una sonrisa me corroborara que merecía sonrisas, que un beso me confirmara que merecía besos, que una mirada me transmitiera que era digna de miradas… 

No es fácil amarse a uno mismo en un mundo de ruido constante donde todos los mensajes que podemos escuchar hablan de subir a podios, demostrar lo que somos y ser más joven cada día para que los que te rodean que también luchan contra el tiempo te acepten y no te rechacen. Vivimos en un mundo de seres rechazados por ellos mismos que juegan a fingir que no lloran cuando están solos porque temen demostrar que a veces no soportan su vida, porque suplican no sentir nada y se alienan de ellos mimos, porque huyen de sus fantasmas en lugar de abrirles la puerta y cerrar heridas.

Vivimos pendientes del marcador cuando los que realmente viven en paz son aquellos que han decidido dejar de jugar a parecer y han aprendido a merecerse, a sentir, a notar lo que la vida les cuenta y a mirarse al espejo para descubrir que ahí afuera no hay nada a lo que agarrarse.

No sabemos amar porque no nos amamos y a veces, sé que es duro reconocerlo, no buscamos compañeros de viaje sino muletas, barandillas, puntos de apoyo para poder recordar lo que somos sin salir corriendo… Y no es que sea perverso sujetarse a otro en algunos tramos del camino, lo que realmente es perverso es olvidar que nosotros somos nuestro gran sustento…

Es maravilloso amar sin medida, siempre que ese amor intenso e incondicional empiece por uno mismo.

A veces cuando amas, cuando te amas de verdad, sencillamente lo que te rodea da un vuelco. Entonces, descubres la pasión por todo lo que te llega y se cruza en tu camino, por cada brizna de vida que encuentras a tu paso.

No sabemos amar porque no sabemos amarnos. Porque nadie nos explicó que esto no va de encontrar la luz en otros esperando que eso nos ayude a escoger el camino correcto, sino de encender la propia luz y compartirla. Porque lo único que hay al otro lado de esa pared eres tú mismo… Tú eres la pared. Tú siempre has sido la pared.

 

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Date un tregua



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Vamos a hacer una prueba. Un día como hoy, si quieres, te levantas y te permites que todo resbale. Que lo que te araña te arañe menos. Que lo que te parece urgente salte de tu agenda hasta perderse en el olvido… Que nada te zarandee tanto como para quedarte muerto o roto… Notar lo que pasa hasta el final pero sin dejar que te inunde y te haga perder el equilibro, sintiendo que no importa, que dentro de ti, en algún momento que no este, encontrarás solución… Y que si no la encuentras, tampoco pasa nada porque la vida no es morir en los intentos sino estar presente. 

Y no te hablo de no sentir, al contrario, te hablo de sentirlo todo, pero lo de hoy, lo de ahora… No lo de hace años que llevas adherido a la piel y no consigues soltar o lo que piensas que pasará un día de estos porque te crees un ser predestinado al fracaso o al sufrimiento. Te hablo de sentir cada instante, cada miedo, cada sensación, cada risa, cada sonido… De ir por la calle notando este viento fresco que eriza tu vello y pone en alerta tu piel y disfrutar del tacto de los que amas como si fuera la primera vez y al mismo tiempo la última.

Te propongo por un rato no pensar más allá de la vuelta de la esquina, para no perderte este ahora que se escapa y que mientras lees esto (por cierto, gracias inmensas por dedicar una parte de tu valioso tiempo a mis palabras) se va y se esfuma.

Ya lo sé. Tienes tantas cosas pendientes… Algunas complicadas y duras. Sin embargo, no las vas a solucionar desde esa sensación que te golpea el pecho, que cuesta soltar y que no se irá en dos días. Sin embargo, no se irá nunca si no te permites respirar, si no te sientes merecedor de ser libre y vivir como si mañana no importara. Porque en realidad, no importa… Y no porque no vayamos a hacer todo lo posible (y mucho de lo imposible) porque esté lleno de lo que amamos y soñamos, sino porque no existe todavía y le estamos dedicando un tiempo maravilloso de nuestro presente…

Preocuparse no sirve de nada. Lo que realmente sirve es comprender qué nos cuenta la vida con cada conflicto y ponerse manos a la obra en lo que sentimos que podemos hacer para solucionarlo… Hacer desde la consciencia y no desde la necesidad de mantenerse desesperado para demostrarle nada a nadie. Vivir desde una compasión inmensa por lo que realmente somos y amarnos pese a reconocer nuestros errores, sabiendo que están ahí para que los usemos de puente a nuestra nueva vida.

Todo cambia en un instante. Cruzas una calle y encuentras a alguien que hace un siglo que no ves y que tiene la respuesta que buscas. Recibes una llamada y algo se apaga, se rompe pero en pocos días abres un libro y todo cambia. A veces, el sol sale cuando cierras los ojos porque estás demasiado cansado de enfadarte con la vida porque llueve y nunca lo ves… 

Te propongo que ahora no te enfades. Que te des un tregua a ti y tus problemas pendientes. Que durante un rato (un minuto o un siglo, el tiempo no existe en realidad) te permitas que todo sea tan relativo que nada cuente, ni sume, ni reste, ni encienda ni apague la luz… Tu luz…  Que no tengas que hacer nada concreto más que lo que te apetece, que no vayas a mirar tu lista de objetivos para tachar algo que debes hacer hoy (si no es que te entusiasma)… Que pares y vivas y sientas qué deseas realmente. Que hoy no importe nada más amarte y amar y vivir en consecuencia a eses amor loco y maravilloso que nunca te permites porque te castigas cuando crees que fallas.

Hoy no produzcas. No generes. No taches nada en la lista ni planifiques… Deja que la vida te cuente y te marque… A ver a dónde vas y qué pone en tu camino. Si llaman a la puerta y no te apetece, no abras. Afloja el cinturón y déjate el pelo ondulado, a su aire, sin que tenga ese liso perfecto de cada día. Pierde deliciosamente tu tiempo tomando café con alguien y charla sobre lo maravilloso que es tomar café sin mirar el reloj. Entierra tu móvil y deja que los mensajes que los envía la vida, el mundo que late y descubre caminos más allá de una pantalla.

Déjate llevar por un aroma y sigue su rastro. Come con pausa y llénate de vida. Si tus planes te rompen, rompe tus planes hasta que a media tarde estés aquí y ahora, y sepas que estás justo donde deseas estar haciendo lo que realmente necesitas, no lo que el mundo te vende… Y tal vez, sea hacer nada. Hay que hacer mucho de nada para saber con qué llenar tu vida, para aprender a notar la necesidad real de lo que amamos, de lo que nos apasiona y entusiasma…

No hagas, pero mantente despierto a la vida. No pierdas detalle porque alguien o algo, mientras encuentras tu calma, te va a susurrar todas las respuestas que buscas y necesitas… Hace tiempo que las tienes pendientes de escuchar pero no podían llegar a ti porque no paras ni escuchas… Y no es que no pare tu cuerpo, no para tu mente. No paran tus pensamientos terribles sobre lo que sucederá mañana ni los pensamientos tristes que se ocupan de golpearte de nuevo por lo que pasó ayer…

Te propongo que hoy decidas no tener futuro ni pasado y notes este momento como si fuera el único, pero con la extraordinaria sensación de que si lo vives, conseguirás que haya otro, y otro, y otro, hasta que tu vida sea un sinfín de momentos deliciosos y llenos de ti…

Deja que lo vida te toque y te cuente, que te invada y te marque el camino. Deja que te cale tan hondo que te des cuenta de una vez por todas de que tú eres la vida y en realidad eres tú quién lo marca pero has sido hasta hoy incapaz de notarlo porque no te sueltas ni permites dejas de angustiarte. Mientras te preocupas, no vives y es justo cuando vives que encuentras las respuestas y las herramientas para solucionar tus preocupaciones.

Te propongo que hoy te mires con tanto amor que comprendas que te mereces una tregua entre tanto aviso loco y exigencia bárbara… Que te quieras tanto que te permitas descansar y no buscar rendimiento y resultado a todo… Que te comprendas tanto que mires tus debilidades con cariño y te des cuenta de que llegarán a ser tus fortalezas si sabes abrazarlas… Que seas tan amable contigo que te permitas decidir que no puedes hacerlo todo hoy y busques un lugar hermoso donde darte cuenta de lo mucho que mereces y amas.

Deja de castigarte por lo que no eres y vive tu esencia. Te propongo que te trates como mereces y comprendas que ya eres perfecto y no esperes nada… Porque todo lo hermoso y lo bueno que va a llegar está a dos minutos de este silencio maravilloso que te permites ahora y que casi nunca vives ni habitas. 

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La vida te invita a parar


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En algún momento en la vida llega ese día en que estás un rato a solas, contigo. A solas de verdad. Sin más interrupción que tus propios pensamientos ni más demora que la de acabarte ese café para poder cerrar los ojos y notarte la piel… Llega porque lo has estado postergando mil años y ya te toca. Llega porque te lo mereces y ya no te basta con buscarte a pedazos, te necesitas por entero.

Si no propicias tú este momento, si no te das cuenta de que la vida te llama a parar y sentir, no te preocupes, lo hará ella sola. Encontrará la forma de que te pares, te calles, te rompas, te desgajes y tengas que quedarte a solas contigo mismo y decirte lo que tienes pendiente. La vida buscará el camino para que pares en tu camino y te notes las puntas de los dedos de los pies y te preguntes para qué andas. Buscará la forma de que te sientes y te preguntes a dónde vas… Buscará la forma de que te acurruques a ti mismo y llores si almacenas llanto y te rías si te quedan risas pendientes. La vida es tan eficaz haciendo que lo que tienes pendiente pase… Haciendo que lo que evitas suceda…

A veces, lo hace a golpe seco y otras como el río que remolonea buscando un mar que no se deja, que parece que no llega, que no se deja amar ni besar. Todo llega, siempre. A veces no es como lo imaginabas. Otras es exactamente igual pero al abrazarlo notas que ya no tiene tanto sentido. En ocasiones, aparece desgastado y opaco… Aunque siempre, siempre es mejor de alguna forma…

La vida te para o te paras tú antes de que lo haga la vida. Si escoges la segunda opción, cuando notas las señales y lees en tus ojos que te necesitas de verdad, que te buscas para sincerarte y tener esa conversación pendiente contigo, todo es más fácil. Tú eliges cómo parar y bailas. Tú escoges el rincón donde a quedarte quieto y la posada donde vas a contarte historias. La vida te invita a parar y tienes que aceptar la invitación para encontrarte y volver a ella con más ganas, con más serenidad, con más paz…

A veces, para cambiar de vida no hace falta dejar la antigua del todo. Sólo es necesario soltarla, estar dispuesto a pensarla de otro modo, a vivirla con otro ritmo, a buscar la coherencia en cada palmo que la habita y desechar lo que ya no te pertenece. No hace falta lanzarlo todo por la ventana, pero hay que estar dispuesto a ello si es necesario… 

Al final, lo nuevo siempre te cuesta lo viejo, lo caduco, lo que ya no tiene sentido… Hay que dejar hueco para que lo que deseamos llegue a nosotros y ese hueco es sobre todo mental y emocional… El espacio físico siempre es una consecuencia de permitirnos vaciar por dentro, soltar los pensamientos que ya no nos definen y las creencias que ya no queremos que nos limiten.

Y una vez a solas, háblate en serio. Sé pura compasión pero pura verdad. Sé amor pero también firmeza…

Quedarte con tus miedos y decirles basta. No para que se vayan (que sería maravilloso) sólo para que no muerdan. Quedarte con tus pensamientos y mirarlos desde fuera y ver que no son tú y que están ahí para recordarte que a veces no te valoras suficiente, que todavía estás aprendiendo a amarte y se te escapan pequeñas cosas. Quedarte con tus emociones y sentirlas, ver qué te cuentan y soltar cuánto puedas…

Y decir las cosas por su nombre. Y hablarte claro. Y encontrar ese miedo tan intenso que se oculta detrás de esos pequeños miedos sin sentido que son todos el mismo disfrazado de torpeza, de desgana, de angustia, de enfado, de rabia, de resentimiento, de pereza…

Y no culparte por nada. Sin reproches, sin medias tintas… Para que vayas a tope contigo. Cuando aciertas y cuando fallas. Porque todo, absolutamente todo es material valioso para seguir y crecer. Para levantarse y caminar .

En algún momento tienes que quedarte a solas contigo para darte cuenta de que le pongas el nombre que le pongas a tus metas tu destino es amarte y confiarte la vida.

En algún momento vas a tener que recordar qué te trajo aquí y descubrir si te sigues a ti mismo o tu sombra.

Para enderezar el camino si te has perdido o sencillamente seguir por el camino que parece equivocado a ver a dónde te lleva… Porque tal vez ese error pendiente es sea muy necesario para recordar quién eres y darte cuenta de hacia dónde deseas ir de verdad.

Tal vez ha llegado ese momento. La vida te invita a parar ¿aceptas?

 

 

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Voy a romper tus sueños


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Ayer alguien de llamó “rompesueños” en Twitter. Lo hizo porque para promocionar mi último libro puse la frase “todo es posible, pero no todo va a suceder y no pasa nada”. Lo hice porque esa frase es para mí la esencia más pura de la libertad y el desapego de todo lo que nos ata y no nos permite vivir siendo nosotros mismos. Porque forma parte de la esencia también de mi obra y de mi forma de sentir, de lo que he aprendido equivocándome millones de veces y dándome de bruces con el muro de mi necesidad de que todo sea como lo sueño.

Quiero dejar claro, ante todo, que no invito para nada a dejar nuestros sueños y metas. Es más, mi frase es una invitación a desearlos con más ganas y ponerse a ello, pero no desde la desesperación y la necesidad, sino desde el amor y la convicción. Porque esto no va de lo que se consigue, sino de cómo se vive ese proceso, de la actitud con que lo vivimos. Con actitud no basta, es cierto, pero marca una diferencia importante. No porque te haga conseguirlo todo, sino porque hace que valga a la pena o no ponerse a ello.

Persigue tus sueños, por favor, pero no dejes que te amarguen la vida. Tú eres más importante. Hay más sueños, pero no hay más recambios para ti. Y lo digo yo que soy la mujer de las listas de objetivos, la mujer que se hace listas de listas… Y son muy útiles, realmente. Más que nada porque cuando haces una de esas listas negro sobre blanco, te permites quitarte esa necesidad de recordarla de la cabeza y liberas espacio y angustia. Y cuando la repasas, recuerdas tu norte. Es maravilloso tener un norte, pero no perderse en él. Lo digo porque yo me he perdido en él mil veces y he acabado culpándome por no seguir a rajatabla una lista que tal vez podría cambiar en un abrir y cerrar de ojos. Las listas están a nuestro servicio y no al revés.

En realidad, creo que esto nos pasa porque vamos por la vida desmotivados porque no vivimos la vida que deseamos. Y a veces es sólo porque nos resignamos no a tener menos sino a sentirnos menos, decimos demasiado que sí a lo que no nos llena y poco a lo que nos hace volar. Y entonces, buscamos una motivación para seguir y nos aferramos a un sueño y acabamos necesitándolo tanto para seguir respirando que la vida, que es sabia hasta rabiar, te lo aleja cada día para que sepas que realmente lo que necesitas es darte cuenta de que ya eres maravilloso y lo único que realmente necesitas es amarte y reconocerte. Te lo aleja la vida y tus decisiones, a veces pequeñas, diminutas, imperceptibles, cada vez que dices no a lo que amas o te dejas pisar porque crees que no hay más remedio…

No va a pasarnos todo lo que deseamos que nos pase… ¿De verdad alguien se lo cree? ¿o sólo nos gusta leerlo para acostarnos contentos y engañados? Así lo siento y así lo digo porque es lo que he vivido y he aprendido… No voy a vender humo facilón. Lo siento… El otro día una persona maravillosa con la que estuve charlando un rato sobre lo que escribo me dijo que agradecía que dijera “la verdad” (que quede claro que es la mía, cada uno puede pensar lo que quiera y yo no sé casi nada). Me dijo algo así como que iba a convertirme en una “antigurú” del desarrollo personal por decir entre otras cosas que no vamos a conseguir todos nuestros sueños. Me lo decía con cariño, como algo positivo, porque agradecía que fuera sincera y hablara de mí cuando escribo. Y la verdad es que me impactó mucho y al pensarlo, parece bien. Si hace falta, me declaro antigurú, porque tampoco quise nunca ser gurú de nada y creo que si quiero acompañar a las personas en este maravilloso y duro proceso de conocerse lo que importa es que sea honesta.

Soy la primera que busca sus sueños, siempre lo digo. Y creo en la magia y en los milagros, de verdad. pero llevamos tanta carga y dolor acumulados que primero hay que soltar y sentirse libres, amarse y reconocerse… ¿Es que aceptarse y amarse de verdad en esta sociedad que te vende la necesidad constante de ser perfecto no es un milagro?

Lo que quiero decirte es que ya eres tu sueño. Que no necesitas marcadores ni resultados. Sé, haz, siente lo que eres y deja de esquivar tus miedos y la responsabilidad de hacerte feliz. Sueña y planifica pero no te tortures. Vive tus metas y retos sin culpa, date oxígeno, por favor… No te aferres,  sé flexible. Que lo que te motive sea la vida misma, este momento mágico, no algo que esté fuera de ti porque cuánto más creas necesitar lo soñado para ser feliz, más lejos estarás de ti mismo y ya no hablo de tu sueño… La vida misma es el chute que necesitas para estar en ella y aprovecharla. No necesitas un resultado para saber que eres grande… Sé grande. El milagro es el cambio, el camino andando que te cambia y te ayuda a comprender que ya eres. Que no te has quedado con las manos vacías pase lo que pase porque te has quitado capas de dolor de encima…

Esto va de perseverar, pero también de adaptarse. Un día te levantas y descubres que tu campo de trigo ha sido devorado por los pájaros, después de tanto trabajo… Y puedes lamentarte mil años o volver a plantarlo mil veces e insistir. Y puede que vuelva a crecer y llegue tu cosecha maravillosa como mereces, pero también puedes decidir que ha llegado el momento de plantar flores… Y puedes venderlas o contemplarlas y encontrarte un día tan inspirado por ellas que acabes escribiendo un libro que acompaña a otras personas a plantar trigo, a plantar flores, a conseguir sueños y amarse… O te acompaña a ti en tu camino para crecer,  que es lo que importa en realidad. Y miras al cielo y das gracias a los pájaros porque aquella madrugada hicieron un trabajo perfecto para ti devorando tu campo de trigo, aunque te das cuenta ahora y no entonces. Siente qué deseas a cada momento sin obsesionarte por nada, sé capaz de cambiar de rumbo si el rumbo que sigues te está desgastando… No pasa nada por reconocer tu error o renunciar a lo que creías que era tu destino. Lo que importa es que no renuncies a ti. 

A veces, no se trata de abandonar el sueño, sino de encontrar una forma de acercarse a él que no te anule, que no te deje sin aire, que no te obligue a estar en suspenso y sin vivir mientras llega. Porque lo que te daña no es ese sueño, si no tu necesidad de creer que si no lo consigues no eres nadie, cuando ya eres todo… 

No pasa nada. La vida es cambio constante, riesgo… El riesgo de vivir tus sueños al límite o de soltarlos para que vuelvan si son realmente para ti y si no, ser capaz de volver a empezar y encontrar otros. Algo tengo que decirte, estoy totalmente convencida de que si algo está en tu camino y lo intentas con ganas es inevitable que acabe sucediendo… Lo que cuenta no es el resultado, sino el proceso. Lo que de verdad importa es que has decidido vivir de lo que cultivas y ser libre… Y debes ser libre de todo, incluso de ti mismo… De tu necesidad de culparte y perseguirte con exigencias. Tus autocastigos por no llegar a tus metas y tus reproches infinitos. Tienes que dejarte margen y espacio en tus listas de objetivos para que pasen cosas imprevistas que zarandeen tu vida… No lo sabemos todo y a veces tiramos piedras a los pájaros cuando venían a salvarnos la vida.

Persevera en tu meta, pero sobre todo persevera en ti. Cultiva, sobre todo paciencia y amor por ti. Suelta tus necesidades ficticias. Todo llega si tiene que llegar, y si no llega es porque está dejando espacio a algo mucho mejor. Y nos está ayudando a crecer inmensamente.

No dejes que tus sueños se conviertan en tus pesadillas… Escúchate de verdad y date cuenta de que no tienes nada que demostrar ni medir, nada que hacer para que te acepten o valoren. Que soñar no te impida vivir.

Todo es posible, pero no todo va pasar. Eso forma parte de lo extraordinario de esta vida dura y complicada a veces que se resiste a dejarte subir la montaña, porque te ha reservado un lugar privilegiado en el valle,  pero no lo ves porque no paras y escuchas tus latidos…
Os diré algo. pienso continuar persiguiendo mis sueños con ganas, pero no dejaré que me rompan,, ni a mí ni a ni vida… Seré yo quien los rompa a ellos en pequeños pedazos y me los tomaré a sorbos  o iré a buscar en lo más recóndito de mi alma un sueño nuevo y maravilloso. Ya lo he dicho mil veces, en ocasiones, hay que perder para ganar. Hay que ceder para poder parar y darte cuenta de que te estás destrozando por algo que no te dejar vivir tu presente. Y que no es bueno ni malo, es un estímulo maravilloso, pero no puede condicionar tu vida hasta dejarte a medias de todo, en un limbo, pendiente de un resultado, una marca, una fecha, un reconocimiento…
Porque lo que importa es lo que eres y lo que te transforma, no lo que consigues.

Persigue tus sueños, sin duda, pero mientras tanto, vive. Vive intensamente y siéntete merecedor de todo lo mejor de la vida. 

 

 

 

 


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Deja de ignorarte


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A veces te quedas sin voz y otras se te acaban las ganas porque topas tanto con la misma pared que te quedas roto, entumecido, agotado. Y luego cuando te paras un momento, te das cuenta de que tocaba callar y cambiar de rumbo, dejar de golpear paredes que no llevan a ningún lugar y respirar hondo para saber qué quieres realmente.

Insistimos tanto en besar al sapo obsesionados con que es un príncipe… Nos obsesionamos porque los demás cambien y sean como creemos que deben mientras pasa un tiempo precioso en el que no miramos en nuestro interior… Un tiempo en el que no somos nosotros de verdad porque nos ocupamos de cambiar el escenario, el atrezzo y decidir qué tienen que hacer y decir los demás actores. Cuando el cambio real de la obra sólo llega cuando asumimos que somos nosotros quiénes tenemos que interpretar otro personaje. Discutimos sobre las palabras que nos dicen, nos enfadamos por lo que ven o no ven en nosotros, porque no nos valoran y nos nos aman como merecemos… Y ni siquiera nos tomamos tiempo para darnos cuenta de que no prestamos atención a lo que nosotros hacemos… ¿Y nuestras palabras? ¿Y nuestra valoración de nosotros mismos? ¿Y la forma en que nos miramos y nos definimos?¿Y la forma en que nos tratamos? ¿Y todo lo que hemos hecho hoy que nos denigra en realidad porque creemos necesitar aprobación?

Cada vez que pensamos que los demás son el origen de nuestros problemas estamos perdiendo la oportunidad de solucionarlos, les estamos entregando el poder de seguir haciéndonos daño… Les entregamos la varita mágica... Nos hacemos daño nosotros mismos por persona interpuesta… Y no es que ellos no sean responsables de herirnos, lo son, pero destinar energía a desear que cambien, es como pasarse las noches concentrado en ver la otra cara de la luna desde el balcón de casa. Sean como sean, hagan lo que hagan, digan lo que digan no tenemos opción a cambiarlo. Tan sólo podemos hacer dos cosas… La primera, decidir si se quedan en nuestra vida o se van. La segunda dejar de mirarles a ellos y empezar a concentrarnos en nosotros, comprendernos, mimarnos, recuperarnos, cosernos, escucharnos… Dejar de prestar atención a lo que no está a nuestro alcance y mirar dentro, en nosotros, donde todo cobra sentido, donde realmente se puede hacer magia.

Cerrar puertas y heridas. Decidir que hemos comprendido la lección y que estaban ahí para mostrarnos que todavía nos amamos poco… Soltar nuestra necesidad de mirarles y juzgarles, evitar que nos sigan haciendo daño, dejar de darles un papel protagonista en nuestras vidas y ocupar nuestro verdadero lugar en el mundo.

La verdadera magia consiste en aprender a mirar sin dolor. Dejar de buscar lo que no funciona y dejarse seducir por lo que realmente nos hace sentir inmensos, radiantes, poderosos. Contemplar con ojos inocentes cada día para así poder imaginar historias hermosas y empezar a crear una realidad más acorde con lo que realmente somos. Abandonar esa idea gastada y triste que tenemos de nosotros y que nos habla de que estamos a medias en todo. Que nos dice que no llegaremos nunca, que no somos todavía perfectos y tenemos que continuar demostrando y batallando para conquistar a unas metas que ya no nos representan ni ilusionan… Porque ya eran huecas el día que alguien te dijo que eran las tuyas y dijiste que sí por temor a parecer desconsiderado, por temor a no encajar, por temor a destacar y parecer distinto, por no dejar la tradición.

El ejercicio que lo cambia todo es aceptar que nada de lo que nos rodea va a cambiar tal y como creemos que debe cambiar y hemos llegado a necesitar que cambie. El cambio real es dejar de necesitar y concentrarse en sentir, en notar, en depositar la energía en este momento y decidir que el poder es nuestro.

Ya lo sé. Ahí a fuera llueve mucho a veces y otras el sol quema, quema sin parar. Hay mil historias tristes y mil lobos feroces. Mil caminos oscuros y mil noches frías. Aunque también hay mil formas de amarse cada día y mil personas maravillosas esperándote en el camino. Algunas te llaman por teléfono o te envían un mensaje. Otras te sirven café o te venden unos zapatos. Algunas comparten tu vida y otras se cruzan contigo un solo instante y sonríen y te recuerdan que tú también puedes sonreír ahora. Algunas brillan y otras están apagadas. Unas están para recordarte que tú también brillas y otras que te has apagado  y está a un paso de volver a conectarte a la vida. Hay amigos de cien años y amigos de dos días. Y en este mar de dudas en el que todo se mezcla y te arrolla, lo que cuenta es saber guiar tu barca. Dejarte llevar a favor de viento y saber cuándo virar y mantenerse firme.  Y dejar de mirar a los lobos esperando a que sean corderos  porque mientras ves su crueldad te pierdes la belleza que te rodea, incluso la que está en ti.

Soltar el intento loco de control de todo lo que jamás podrás controlar y usar esa rabia por no conseguirlo para crear algo nuevo.  La verdadera magia es comprender que hay cosas que no podemos evitar y aprender a concentrase en lo que sí está en nuestra mano. 

Y en tu mano estás tú. Y lo único que tienes que hacer es descubrirte realmente. Salir del decorado y escribir tu guión usando tus palabras. Y cambiar tu mirada ante lo que ves y detenerte un momento a contemplarlo con ojos inocentes y nuevos. Y dejar de juzgar lo que es para esperar a comprender lo que te cuenta de ti… Ver que cada persona que se cruza contigo lleva un mensaje para ti.

Percibimos lo que somos a través del mundo, pero si queremos cambiar no podemos actuar en el reflejo sino en el original.  Y ver lo que realmente eres. Encontrar tu valor. Potenciar todo lo maravilloso que descubres en ti… La verdadera magia es aprender a mirarte de otro modo y descubrir que esa magia está ya en ti, pero no la usas porque has olvidado que la tenías. Porque llevas una eternidad ignorando tu grandeza.

Deja de ignorar tu magia… Deja de ignorarte.

 

 

 


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Agenda tu vida


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Al contrario de lo que les pasa a muchas personas, me gusta este mes… Septiembre me sosiega. Tengo la sensación de que todo vuelve a su sitio, de que se equilibra, de que toma forma y cobra sentido… Es como si durante unos días fuéramos todos capaces de encontrar magia en la rutina y conservar la esperanza de que todo pueda cambiar sin virar de rumbo.

Recuerdo cuando era niña el olor a libreta nueva, a goma de borrar, los lapices con puntas perfectas en el estuche. Siempre pensaba que ese curso podría, que me iba a desatar y mostrar como lo que realmente era, que la vida me iba a mostrar mil oportunidades para poder brillar.

Todo estaba por empezar, todo era nuevo, en el aire flotaba la sensación de nueva oportunidad, de volver a la rutina con energía renovada y que eso nos convirtiera en personas capaces de cambiar esa rutina. Siempre llega esta época y pienso “esta vez lo haré bien”. Eso lo sentimos siempre que haces parón y luego volvemos a “esa vida gris”. Tal vez porque la solución está en decidir que no sea gris, que no nos concentremos a vivir con intensidad solo unos días y seamos autómatas el resto del año. En convertir cada día en un día especial y encontrarle algo mágico… En no dejar ese vestido colgado en la percha del armario esperando ocasión especial y ser capaz de ponérselo un lunes o descorchar esa botella de vino para tomar una copa en la cena del martes, porque sí, porque cada día tiene algo diferente.

Nos llenamos la agenda hasta los topes para luego contemplarnos reventar de ansiedad creyendo que no podemos evitarlo. Somos nuestros propios verdugos a veces y miramos al mundo buscando culpables por lo que en realidad nos hacemos nosotros…

Tal vez, la solución pasa por dejarnos espacio y tiempo para nosotros, mimándonos un poco cada día y dejar obsesionarnos con ser felices sólo los fines de semana. Guardar momentos para la risa. Hacer esas cosas que te hacen feliz cada día y encontrar la forma de que lo que haces cada día te haga feliz. Ya sé que en ocasiones es complicado porque hay situaciones duras, pero a veces basta con parar un momento y respirar, sentir, caminar un rato y posar la mirada en algo distinto a lo habitual para que surja algo nuevo… Creo que gran parte de nuestro problema es que no hemos aprendido a mirar y sólo tragamos imágenes igual que tragamos vida sin sentirla ni notarla. No inspiramos hondo, no sentimos nuestras emociones ni dejamos que la vida nos sorprenda. No tenemos un momento libre para que pase lo que está esperando turno a pasar… Y los días se comen la cola unos a otros, en sucesión… Devoramos nuestra vida como quién como rancho y luego se lamenta de que no tienen sabor ni color.

Voy a intentarlo de veras. He vaciado mi agenda de “pongos” y distracciones absurdas y la he llenado de pequeñas locuras pendientes en mi vida. He quitado los imanes de tragedias y quejas varias y me he agendado un rato con mis emociones y miedos, para saber qué me cuentan de lo que no me atrevo a sentir ni a afrontar. Los lunes tengo una cita ineludible (si se tercia) con mi rabia, porque cuando no la escucho se enfada y se pone grande y frondosa. Y los jueves voy a salir de copas con mis sueños, he pensado en revisarlos uno a uno por si se han quedado rancios y ya no me sirven o por si están demasiado olvidados y tengo que darles magia…

Me he apuntado a clases de mí misma, porque me queda mucho por aprender y conocer todavía. Me he reservado espacio para lo bueno, para lo hermoso, para lo triste y necesario, para las personas a las que amo y para conversaciones largas con aquellas personas que guardan muchas palabras para mí… No quiero perderme ni una. 

He borrado el apartado de “deberías” y exigencias máximas y lo he sustituido por otro que se llama “paseos sin rumbo” para descubrir a dónde me lleva la vida sin expectativas y aprender a cultivar mi paciencia infinita.

Tengo ya una lista de libros que quiero degustar con ganas y muchas canciones que tengo que volver a escuchar cien veces porque todavía no las he disfrutado suficiente. 

Me he dejado espacio para crecer, porque cuando no te dejas margen te quedas pequeño… Y he destinado también un buen rato para hacer nada, absolutamente nada, sabiendo que voy a llenarlo de vida y sensaciones y descubrir que tal vez sea uno de los momentos más productivos del día.

Y quiero dormir, descansar, dejar de tener prisa para todo y poder detenerme en las cosas más pequeñas para redescubrirlas. Quiero poder llorar si necesito llorar sin hacerlo con prisa… 

Me he dejado tiempo para mirar sin juzgar ni temer lo que llega a mi vida. Me he agendado la necesidad de aceptar las cosas como son y me he destinado ratos de aburrimiento, a ver si así se me ocurren nuevas ideas y encuentro tesoros ocultos en las tazas de café. Me he dejado espacio en la agenda también para equivocarme y dejar de culparme por ello, para perdonarme cada día y dar gracias por todo lo que me rodea y todo lo que vivo…

Y lo mejor de todo, sin duda, es que me voy a dar permiso para cambiar todo esto si me agobio, si me cansa, si me aturde, si me doy cuenta de que ya no me llena… Porque también me he dejado espacio para permitirme ser flexible y compasiva conmigo misma. Estoy convencida de que todos estos pequeños momentos en los que me dejo tiempo para mí y mis necesidades son la mejor forma de amarme. Hay que agendarse la vida porque si no a veces se nos escapa y se pierde mientras nos dedicamos a lo que realmente no importa. 


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Manual de autoestima para mujeres guerreras


PORTADA TAPA BLANDA

No importa cuál es la pregunta que tienes ahora en tu mente, la respuesta es siempre la misma : Porque no te amas. Todo lo que ahuyenta lo que deseas es ese desamor por ti… Esa forma de mirarte a medias que te acompaña desde siempre, esa desgana cuando es para hacer algo para ti que se transforma en júbilo cuando es para los demás… Ese miedo en los ojos pensando que nadie va a elegirte para nada, que no sabrán ver lo que llevas dentro y que van a juzgarte por lo que todavía no sabes cuando tienes tanto por ofrecer.

No importa cuál es tu problema, la solución pasa por amarte. Por darte lo que no te das y ser lo que ya eres pero escondes tras una nube de miedos resistencias.

Todo nace en el hecho de que no te reconoces como lo que realmente eres. Un ser con infinitas posibilidades. Hasta que no comprendas quién eres, la vida insistirá en poner ante ti una y mil oportunidades para que asumas tu poder y tu grandeza. Para que te aceptes tal y como eres y empieces a confiar en ti.

No importa cuáles son los pensamientos que ahora te inquietan, el antídoto eres tú… Está en ti, lo ha estado siempre, esperando a que te decidas a vivir desde el amor y pases por encima de tus miedos, para que los comprendas y los sueltes.
El mapa que buscas está tu cabeza esperando a que te atrevas a iniciar la aventura más apasionante y transformadora de tu vida, ser tú.
Sé de tu dolor y tu lucha, de tu temor y tu valentía… Ha llegado el momento de soltar a la guerrera asustada y dejar salir a la valiente exploradora que hay en ti.

Tú eres la guerrera, lo has sido hasta ahora…Te propongo que dejes de darle golpes al muro y aprendas a usarlo para mejorar tu vida.

Eres ese tipo de mujer que lleva años empujando cada día para derribar el muro y no cae. Ha leído muchos libros sobre cómo derribar muros y en todos ha encontrado algo interesante… Ha indagado en su interior por qué no consigue lo que quiere y ha buscado en mil lugares las razones por las cuales hay personas que al levantarse cada mañana siempre encuentran un muro.

Eres una de esas mujeres a las que todo se les ha puesto difícil… A pesar de poner todo de su parte.. A más esfuerzo, más complicado, más lejos, más alto, más ladrillos en el muro… A más horas de trabajo, más cansancio y más dificultad para saltar el muro…

Lo has trepado, golpeado, rodeado, saltado… Es verdad, lo consigues a veces, pero no se trata de eso, es que ya estás harta de tener cada día que buscar una estrategia para conseguir con mucho esfuerzo y sacrificio lo que otros ni siquiera tienen que plantearse… Estás agotada.

Sé que nada ha sido fácil y estás cansada de pelear. Te conozco bien, sé cómo te sientes… He sido tú y todas las mujeres guerreras que ahora andan por ahí medio rotas y zurcidas por ellas mismas esperando una señal para cambiar de vida… Sé cuánto te duele cuando sueñas porque a veces sientes y crees que no hay nada para ti… Pero también sé que intuyes que te queda mucho por hacer y que mereces lo que deseas. He escrito este libro para ayudarte a encontrar el camino de vuelta a ti misma. Para compartir el camino que hice yo para regresar a mí.

No importa cuáles son tus miedos, tú eres más fuerte que ellos, sólo tienes que atreverte a sentir y mirarlos de  frente. 

No voy a venderte milongas ni soluciones facilonas. Esto no es un sprint, es una carrera de fondo que empieza con un primer paso y que pone tu vida cabeza abajo para que puedas enderezarla… No es un camino fácil pero en realidad es sencillo, porque todo lo que vamos a usar para andarlo está ya en ti. Te propongo que lo hagamos juntas.

Me hace mucha ilusión presentarte mi nuevo libro. En él, llego al máximo de mi “desnudez emocional” para compartir contigo lo que he sentido en este camino en el que aprendo cada día a descubrirme. Porque quiero compartir lo que he sentido y cómo he usado mis miedos y mi dolor para dejar de guerrear y pelearme con la vida para empezar a vivirla y hacer cuanto quiero y debo desde el amor y no desde la desesperación.

Por ello he escrito para ti y también para mí este “Manual de autoestima para mujeres guerreras”. Un libro que los hombres también deberían leer.  

¿Te apuntas? ¿Te apetece echarle un vistazo?