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la rebelión de las palabras


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Sólo en caso de emergencia


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Hay un compromiso más grande que el de seguir adelante pase lo que pase.  Que ya sé que es mucho y que cuesta… Pero ahora hablo de algo todavía más grande, más inmenso y inevitablemente eterno… Un compromiso más grande que el de seguir en pie o incluso vivir… Es un compromiso con calidad de esa vida y todo lo que aportas y eres. No se trata de tragar días y comerse la vida como si fuera un aperitivo, se trata de notarla y comprenderla, sentirla hasta el extremo de que te cambia por dentro a cada momento si lo que sientes te rompe o te rasga el alma… Seguir adelante no lo justifica todo, no lo invade todo, no lo soporta todo… Hablo de un compromiso contigo, con tu dignidad y tu sombra, con todo lo que eres y lo que aspiras a sobrevolar y a ser porque lo reconoces dentro de ti y te da alas, porque lo intuyes y te da fuerza… Hablo de no venderte las ganas por el pan ni recordarte las alas por si a otros no les gustan, por si no les complace verte volar mientras brillas…

Hablo de levantarte cada día y existirte hasta las últimas consecuencias, aunque cueste, aunque no veas nada, aunque todavía no sepas a dónde te lleva el camino que has emprendido pero algo te diga que es ese, sin saber por qué.   Hablo de ser tú y adaptarte a la ida pero siempre sin renunciar a ti. Que lo que pasa te sirva para sacar lo que nunca sacarías a luz, sólo en caso de emergencia… Lo mejor de ti, eso que a veces te asusta porque te reafirma, porque no sabes si gusta, porque temes que se pase de largo o se quede corto, porque nunca antes te has atrevido a mostrar y no tienes ni idea qué cara van a poner cuando lo vean… Eso que eres y haces y sientes que está en ti, oculto y guardado, esperando a que el valor te permita mostrarlo. Eso que es tu versión sin miedo, sin prisa, sin recortes, sin esperar nada del mundo, sin querer dejar bocas abiertas ni medallas, sin premios, sin miradas de aprobación ni más recompensa que la de saber que finalmente lo has hecho. Que ya eres, que ya eras pero no ejercías de tí.

Porque tu brillo no deslumbra, ilumina. Nadie nos molesta ni nos hace sombra, sencillamente somos y nos relacionamos unos con otros. Algunos esperamos siglos para sentirnos aceptados, hasta que un día descubrimos que no había nada que esperar y que todos los interruptores estaban a nuestro alcance.

Hay algo en ti maravilloso, extraño, inevitable. Algo que surge cuando todo lo demás se acaba… Algo que brilla cuando todas las propuestas mediocres han fracasado y demostrado que el único camino es el de vuelta a ti, que lo que faltaba era reconocerse y no encontrar nada ahí afuera… El mundo está lleno de pistas para encontrar el tesoro más grande jamás soñado… La vida es el mapa y el tesoro eres tú. Todo vuelve a ti, todo lleva a topar de nuevo contigo después de pasar años buscando esas respuestas… 

Hay un compromiso más grande que el de buscar y seguir, es el de reconocer que ya has llegado. Que antes de salir de ti para surcar el mundo ya lo tenías todo. Que el plan de vuelo está en ti, que nada de lo que vas a encontrar en el camino te será útil si no lo miras con los ojos del que se siente capaz y digno.

Hay un compromiso enorme e ineludible contigo. Ahora y dentro de cien años. Llegará y tendrás que asumirlo tarde o temprano… Cuanto más tardes, más dolor y sufrimiento, más golpes, más arañazos… Aunque son necesarios, a veces, porque aprendemos rebotando contra las paredes después de fingir que no están ahí. Porque aprendemos tropezando con la misma piedra, culpando al camino. Porque aprendemos repitiendo las mismas decepciones y diciendo que son los demás siempre que se obstinan en amargarnos. Y ellos están y hacen y son responsables de lo que son y lo que hacen pero podemos aprender a con el tiempo a reconocerlos y reconocernos…

Hay un compromiso eterno y está en ti y es para ti. Un click que se activa cuando después de mil intentos todo falla, todo estalla ahí afuera, todo salta por los aires en tu vida y entonces ves claro que hay que activar el botón previsto sólo en caso de emergencia… Que era necesario que todas las puertas se cerraran para que te dieras cuenta de que sólo hay una que importa y siempre debe estar abierta… Que tú eres el salvavidas, el mar abierto, el mejor amigo que te escucha, la mano tendida que buscas, la llave de todo… Que todo este proceso difícil y doloroso era en realidad como el del gusano que perdido y desesperado construye una crisálida y empieza a cambiar… Y no sabe quién es ahora, no sabe qué pasa, pero al final, se da cuenta de que va a volar… Y vuela. 

Nos resistimos a ello, pero no hay otro modo. Nos resistimos y con nuestra resistencia hacemos que sea cada vez más enorme ese dolor, esa frustración, esa necesidad de regresar a nosotros… Hacemos que el regreso requiera un salto más grande, que la confianza para llevarlo a cabo sea más y más necesaria… Que el abismo ante nosotros por no hacerlo sea cada vez más gigante.

Lo que pasa es que para llegar a ese punto hace falta soltar, dejar morir lo que somos ahora y dejarnos llevar por esta transformación…

Para ser quienes realmente somos hace falta que dejemos morir lo que no somos.

Hace falta renunciar a lo que os estorba y nos ancla a lo que no deseamos, a lo que nos hace retroceder y nos quita la energía y las ganas. Abrirnos en canal y estar dispuestos a todo para ser lo que realmente somos y amarnos como merecemos. A veces, sólo estamos dispuestos a cambiar cuando ya no hay más remedio pero debemos comprender que no al final no habrá más remedio que cambiar.

A veces, sólo estamos dispuestos a amarnos y aceptarnos cuando no nos queda más remedio y tenemos que reconocer nuestro valor para no sucumbir, para no perecer ahogados bajo la capa de desprecio con la que nosotros mismos nos hemos cubierto… Cuando tocamos fondo y no queda nada, nada más que tú…

Podemos poner en marcha el mecanismo justo ahora, en este momento, y apretar el botón de “sólo en caso de emergencia” o seguir viviendo como zombies más tiempo hasta que la desesperación más absoluta nos muestre que somos todo lo que estamos esperando… Podemos resisitirnos cuanto deseemos, pero pasará, cambiaremos, viviremos lo que realmente somos… Estamos destinados a volar.  Es inevitable… 

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Tú eres la vida


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La vida es hermosa, a pesar de todo. Incluso cuando duele y desconcierta. Cuando no sabes por qué te zarandea, te enfadas y la amas todavía más si cabe porque recuerdas lo bonita que era antes y necesitas abrazarla con más fuerza… Y no es que a veces no te lo ponga difícil porque menudos juegos se monta. Se las arregla para que lo que hoy te parece poco, mañana, viendo el panorama te parezca que era todo… Para que lo que detestabas ayer, ahora te sepa a gloria. Y porque te demuestra cada día que aquello que pensabas era terrible e irremediable, nunca acabe pasando y quedes ante ti mismo como un paranoico que una y otra vez se deja arrastrar por una mente secuestrada y perversa…

A veces, la vida te da tanto que no ves nada. Otras veces, te arranca todo y te deja sin habla, sin latido, sin aire. Y lo hace en un lapso de diez años, de dos meses, de cinco minutos. Ahora eres el rey de un reino y mañana eres el loco que recuerda lo que fue mientras los que jamás fueron reyes le miran de reojo y piensan que es un tipo raro. Ahora eres el que pide limosna y mañana el que la da. Hoy vuelas y mañana ni siquiera puedes caminar. Eres un niño travieso, un chico amable, un padre cansado, abuelo al que todos gritan porque ya no oye y hace tiempo que llora porque a pesar de no escuchar nada sabe que ya nadie le habla… Detrás de cada anciano que espera el autobús sigue habiendo un niño con las rodillas llenas de costras que no se sabe todavía las tablas de multiplicar. Detrás de cada madre que amamanta a su hijo hay una niña que escribe cuentos, colorea casas con tejados rojos en campos verdes llenos de flores y salta las escaleras de dos en dos… Detrás de cada persona que tiene miedo, hay una persona valiente que tiene ganas de decir basta y empezar a caminar.

La vida sabe a rechazo y a sueño sin cumplir. A vaqueros rotos y a niebla espesa en una mañana complicada de otoño. A vino caro en una cena deliciosa y a café sin leche y sin alma en un bar triste para terminar.

Es hola y adiós. Es me quedo y me voy. Es nunca te tendré suficiente y ahora no te quiero. Es busco y es sé que nunca voy a encontrar. Es paso de todo y es lucho por nada. Es hielo azul y rojo sangre, es verde tarde sin rumbo y amarillo cara deformada por las luces de neón de ese bar donde nunca entramos porque la gente que entra no es como nosotros… Es esa esquina que nunca pisas porque te recuerda que no pisas esquinas que te traen recuerdos y esa camisa que ya no te pones porque te borra los sueños.

La vida sabe a bajar la cabeza y decir sí sin que el alma te acompañe y a llanto contenido esperando ser liberado. Sabe a beso sin sentido y a abrazo largo. A camino sin asfaltar y prado verde de flores rojas en una carretera que no te lleva ningún sitio sino que te aleja de otro.

La vida huele a mar y a queso. A cerveza, a fuego descontrolado y a tomate rojo a punto de estallar. A gasolina, a llave, a libreta del primer día de clase tras el verano y a vuelta a casa acariciando tus cabellos claros y escuchando tus historias de niña rebelde.

La vida es hermosa, aunque duela. Estés al borde del acantilado o en la cúspide de la cadena trófica. Seas cazador o cazado y lleves chaleco antibalas o máscara anti-hipócritas. Tanto si tienes el corazón roto como el corazón averiado. Si bailas como si eres bailado… Si ríes como si eres reído… Si sueñas como si eres soñado…

La vida es hermosa porque a veces no pasa nada y otras pasa todo, pero nada cambia. Porque todo da vueltas y te zarandea y muta en medio minuto.

La vida es maravillosa porque es vida, porque late, porque está, porque a veces, ni siquiera se la espera y aparece… Porque viene  cenar sin estar invitada y se marcha antes del postre si le da la gana.

La vida es juego y si no juegas se enfada. Si no lo haces, te lo hace. Si no lo aceptas, te lo repite hasta que te cansas.

La vida es siempre digna, porque tú eres digno… Porque la dignidad no se mide por la circunstancias que la rodean, ni siquiera por las ganas que tengas de superarlas… La dignidad viene de serie, desde el primer segundo, pero no nos damos cuenta, no lo notamos, nos olvidamos.

La vida es la risa y el dolor de cabeza. El coche que se para, la abeja que te pica y regalo inesperado que llega a casa. Es el adiós sin saber por qué y el saludo inesperado de alguien que te encuentra a pesar de haber intentado que no pase, que no llegue, que nadie lo sepa.

La vida hace lo que quiere mientras intentamos esquivarla… Nos ocurre mientras soñamos con manipularla… Nos estalla mientras rezamos por controlarla… Nos vive mientras por miedo rehuimos vivirla.

La vida es… Cuando nieva, cuando llueve, cuando se rompe el tiempo y se te acaba el agua. Cuando llega la primera contracción y mientras decides si vas o te quedas, si arriesgas o te resignas, si dejas que pase aunque te dé mucho miedo.

La vida es lo que sientes que es la vida. La consciencia de quién eres y la necesidad de recuperar tu esencia en un mundo en el que todo te pide que calles, que otorgues, que sucumbas a una desgana eterna, que delegues tu felicidad en otras vidas y esperes que otros te salven amándote lo que tú no te amas… La vida es que te ames a pesar de que mil voces digan que no lo hagas. Que sepas que mereces aunque no veas ninguna señal que lo certifique, que te acuerdes de que eras niño y soñabas no para parecer ni figurar sino para disfrutar y ser, para vivir, para compartir.

La vida es hermosa, aunque arañe…  La vida te vive hasta que se gasta. Te rompe hasta que te vuelve a pegar y recomponer mientras te acaricia.. Te cruje hasta que te asustas y te apartas para que siga en ti siendo vida sin que tengas que hacer nada. La vida arranca en ti y vuelve

Y nos quejamos cada día de la vida pero cada noche suplicamos que llegue mañana para repetir, para que los que amamos repitan, para que la vida siga, aunque sea vida… Aunque a veces la vida no parezca vida, pero sea la única vida posible en ese momento justo… Hasta que pasa y entonces, otra vida ya es posible y todo cambia.

Tú eres la vida. Tú eliges si amas lo que es, sea como sea, y transformas este momento de incertidumbre en pura belleza, en toda la belleza que te permites descubrir que eres. En todo el amor que estás dispuesto a darte. 

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Carta de amor a mi miedo


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Me he pasado la vida intentando vencerte. Eres tan duro de pelar, tanto como yo, compañero, y eso, créeme, son palabras mayores.

Nos hemos pasado años juntos, no creo que nadie haya sido para mí tan inseparable. Te has metido en mi cama, en mi cabeza, en mi sopa, en mi cuenta bancaria, en mis historias de amor… Estabas a mi lado cuando iba al cole y me sentía tan distinta que mi diferencia se hacía insoportable, el día en que traje a mi hija al mundo, el día en que me di cuenta de que los seres queridos se mueren y se van, cuando me despidieron de uno de mis trabajos y cuando empecé en uno nuevo… Todas y cada una de las veces que he entrado en un quirófano con la intención de salir viva de él … Y cuando miro al futuro y me aíslo de mi presente, de este momento que ahora se esfuma y pasa, como si cayera por un desagüe porque no lo vivo mientras me susurras que no es perfecto porque todavía me falta algo, porque todavía no soy algo que tal vez debería dejar de desear ser.

Creo que nuestra relación es estable y sólida, una de las más sólidas de toda mi vida. Sé que estás ahí para mí esperando que me disuelva en tus brazos, que me deje llevar por tu beso cálido y te deje contarme esas historias al oído cuando estoy cansada y la vida me ha dicho que hoy tampoco. Sé que puedo confiar en ti. Que cuando me acueste agotada, vas a sacudirme las sienes y alojarte en mis costillas flotantes un rato, que me vas a comprimir el estómago y harás eso que haces que es de traca… Esos tambores en el pecho sin tocan sin cesar que acaban por hacer que el corazón se acelere y me vuelva casi loca por arrancarme la piel que quema y escuece, por salir de mí para encontrar un poco de paz…

Eres mi novio más fiel, mi amante más apasionado. Te he eludido tantas veces… Cuando era niña, me dejé llevar por ti, me solté a tu baile y guiaste mis pasos cada día. Llegué a creer que eras yo, que yo era tú, que mi mente era tu mente, que no había en mí una sola célula feliz y en paz y que yo era solo un amasijo de átomos asustados que se movían tocando una canción triste, muy triste.

¿Sabes? no te conocía en realidad porque te confundía conmigo y con mi forma de ser. No me atrevía a nada que no te pareciera bien, porque no quería que pusieras en marcha esa voz que me anunciaba catástrofes y momentos de ridículo atroces. Eso era en lo que más me apretabas, en que era ridícula e infeliz. Lo hiciste bien, así me sentía, eres muy eficaz.

Durante años pensé que estabas ahí para protegerme y recordarme lo poco afortunada que era. Pensé que esas canciones de desamor que me cantabas eran para que me resignara y me quedara quieta sin intentar, para que no me hiciera ilusiones, para que no me frustrara. Me ha costado mucho comprerderlo, amor, mi miedo inmenso a la vida, mi compañero fiel, pero ahora entiendo que no venías a pedirme que me pusiera la venda sino que me curara la herida… Que la dejara sin tapar al sol y la mirara sin esperar más que a descubrir que no soy esa brecha en mi piel ni el mi corazón, que no soy tú ni todos los pensamientos que has orquestado para que despertara a la vida, a la vida sin ti…

Llegué a pensar que eras el final, pero eres el principio. Creía que estabas conmigo para lastimarme y estás para sacudirme el polvo, el asco, la pereza, la angustia… Te evité cuanto pude porque eras tan grande que dolías, hasta los huesos, hasta las fibras que no conozco que hay en mí… Estabas en cada crujido, en cada vómito, en cada lamento, en cada instante de paz fingida para soportarte, en cada risa contenida, en cada viaje a mí misma que jamás tenía intención de acabar…

Pensaba que existías para que te sorteara y eludiera, para que corriera ante ti y tú te pasaras toda la vida persiguiéndome. Y resulta que ahora te persigo yo para comprenderme, para poder aceptarme y encontrar mi mapa. Porque para salir de ti primero necesito sumergirme y notarte, sentir tu latido y entender cuál es tu mensaje, de dónde viene, qué me cuenta de mí y de todo aquello en lo que creo y me está frenando la vida… Y luego podré soltarte. Podré dejarte marchar, decirte adiós con un abrazo cargado de gratitud por el gran trabajo hecho conmigo estos años… Por todo lo que aprendí de ti mientras eras yo y habitabas mi cuerpo, mi esencia, mi mente.

Podré mirarte sin perderme en ti, sin ser tú, sin comprar tus mantras ni meterme entre tus sábanas, sin beberme tus filtros rancios y creerme tus cuentos tristes. Podré verte a distancia y comprender que no soy mi miedo más intenso y rotundo, que no soy mi resignación, ni mi lucha, ni mi sensación de injusticia eterna, ni mi rabia acumulada a golpe de soportarte y creer que no puedo hacer nada para arrancarte de mí.

Podré escoger vivir a través de ti o a través de mí.

Podré soltarte como un globo lleno de helio que se escapa porque no está lleno de lo mismo que estoy yo.  Aunque antes quiero darte gracias por el excelente trabajo que has hecho conmigo, meciéndome en tus fauces terribles y besando mi frente cada noche para asegurarte de que soñaría una de esas pesadillas que tenías preparadas para mí para que pudiera comprender que me hacía daño, que no me amaba, que no sabía que tenía que revisar mis creencias…

Gracias por tanto golpe en la nuca y sacudida en el estómago, por los tambores del pecho y las rodillas dobladas sin poderme mover… Gracias, mi miedo, por ser tan insistente y pedirme día tras día que te escuche para que sepa que no soy tú, para que diga no a lo que me cuentas y encuentre mi libertad.

Gracias por la paz de descubrir que siempre fui yo y no tú cada día la que escogí llevarte a mi lado y obedeciste sin rechistar para que llegara un día en que me diera cuenta de que no te necesito.

Gracias porque contigo a mi lado siempre me he dado cuenta de que para cambiar mi destino sólo tenía que amarme y aceptarme, ser yo y ejercer de mí sin ti… Dejar de temer las miradas ajenas sobre mi superlativa imperfección porque sólo eran un reflejo de las miradas crueles que yo me dedicaba a cada día de mi vida… Gracias porque ahora tengo claro que el único camino posible para vivir en paz es el amor a mí misma, sin condiciones ni chantajes, un amor real y sólido que no se escurre ni desvanece según la ropa que llevo, los kilos de más, las miradas que percibo y las circunstancias que me rodean.

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Esta soy yo a pesar de todo y para todo lo que venga… Imperfecta, ansiosa, cansada pero cada día más de mi parte, más entera, más serena, más sólida

No es un adiós, amor, es un canto de tolerancia y respeto, un sé que estás pero no compro, un sé que lo haces para protegerme pero no lo necesito, un gracias pero no voy a preocuparme… Un mirarte a distancia y sentirte sin dejarme someter.

Queda mucho camino, lo sé, nos vemos por aquí,  pero ya no seremos amantes, seremos viejos conocidos que se reconocen y deciden que ya no comen juntos. Seguramente bailaremos alguna noche hasta la madrugada, pero ten por seguro que al llegar el día, yo estaré de mi parte y tú tendrás que aceptar que no me quede con tus historias melodramáticas…

Gracias por mostrarme lo que nunca fui y recordarme lo mucho que queda por explorar… 

Al final, no tenía que vencerte, sólo abrazarte, aceptarte y comprender que no somos lo mismo.

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Yo también quise ser una niña buena…


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Yo también quise ser una niña buena… Una buena persona. Me educaron para ello y me lo creí. Instalé en mi cabeza todo un programa detallado de creencias de lo que es una buena persona e intenté cumplirlo. Hasta que estallé y empecé a sentirme mal conmigo misma y me dí cuenta de que algo fallaba en el rompecabezas que estaba construyendo.

Por favor, que se me entienda, esto no es un alegato para dejarse llevar por la maldad, la indiferencia, para ser egoísta o pasar del resto del mundo, para nada… Seamos considerados, amables, respetuosos, generosos y reciclemos, por supuesto. Esto es una pequeña reflexión sobre la necesidad de ser desde la consciencia y sin tabús, clichés, manuales y dogmas de cómo se debe ser… Es un esbozo de lo que podemos llegar a conseguir si somos capaces de vivir hacia dentro sin esperar a que lo que está fuera cambie, de empezar a ser nosotros de lo que esperamos encontrar. Es un pensamiento sobre ser sin tener que hacer lo que otros quieren o creen que “debemos” y que eso nos suponga traicionarnos a nosotros mismos y vivir en un desequilibrio constante…

Esto es sólo una invitación a ser libres para expresarnos desde el respeto y actuar según nos dicte nuestra conciencia, sin pisar pero sin para ello pisarnos, sin callarse pero sin gritara otros lo que no nos decimos a nosotros mismos, sin esconderse pero sin tener que demostrar todo el rato que además de ser también lo parecemos.  No es lo que hacemos es desde dónde lo hacemos y qué sentimos por dentro. No es irse ni quedarse, es ser. Es estar con uno mismo en paz y a partir de ahí lo que se haga y cómo se actúe estará impregnado de esa paz y la libertad que conlleva.

Vuelvo a mi necesidad de ser una niña buena. Una niña correcta, excelente, ética, educada, prudente. Una niña ejemplar que acumula méritos y resultados, que siempre sabe qué hacer y qué decir… No, nada de eso está mal ni bien, sencillamente es. Seguramente hay personas que lo cumplen y se sienten libres, pero otras se sienten atadas. Ser buena persona no es hacer lo que se supone que se debe hacer, va más allá. Es existir desde la consciencia, estar conectado a uno mismo y vivir en coherencia. Empezar por amarse y respetarse y hacer sin imposición… No es mejor el que calla y baja la cabeza ante un insulto que el que responde con un insulto igual o más cruel. No estamos aquí para recibir insultos, ni agravios, estamos para levantar la cabeza y saber que nadie nos puede ofender si no nos dejamos, que el que nos insulta no nos define, se define… Y luego decidir si es sólo uno de sus malos momentos o si estar a su lado es más de lo mismo y decidir si vale la pena quedarse o marcharse… Y decidirlo desde la comprensión, pero desde la libertad, sin ataduras emocionales, sin dependencias, sin pensar que si nos vamos nos quedamos solos, sin aferrarse a nada que sea un sucedáneo de lo que realmente deseamos y somos… Nadie es mejor que nadie, todos estamos perdidos por aquí intentado existir y a veces caemos en pozos oscuros y no sabemos salir… La salida del pozo es en soledad siempre. O te sacas de ahí o nadie te saca. Habrá mil manos tendidas a veces,  pero la decisión siempre es propia.

Estar con otros para no estar solo no es ser buena persona, es sentirse nadie, es vivir desde la carencia de autoestima, desde la necesidad… Y somos más grandes que eso, merecemos todo el amor que somos capaces de dar, somos todo el amor que damos y que podemos albergar.

Ser buena persona es a veces solamente la máscara que nos hemos puesto para evitar ser nosotros mismos, para negarnos ese derecho que tenemos a estallar y echarlo todo por la borda, el derecho a estar tristes y notar ese dolor y observarlo a distancia para reconocer que en realidad no es nuestro… Es la excusa que nos hemos puesto para no vivir ese miedo que llevamos postergando y que ya toca afrontar de una vez por todas. A veces, nos tragamos el asco que nos da callar o bajar la cabeza y luego la náusea nos revienta dentro, nos retuerce el alma… Y eso no es ser buena persona, es hacerse daño a uno mismo y vivir dándose la espalda. Es dejarse a medias, es dejarse sin postre, vivir sin vivir, esclavizarse…

Ser buena persona es tenerse en cuenta y respetarse para así respetar a los demás desde la tu coherencia, desde el amor y no desde la necesidad, desde la honestidad, desde la grandeza de haber encontrado lo que te hace estar cómodo contigo.

Lo demás es máscara, es ego disfrazado de prudencia, es una sonrisa de joker dibujada sobre unos labios llenos de amargura y un rostro repleto de lágrimas… Es ese llanto alojado en la garganta que no te deja gritar, ni decir palabra cuando sientes que te venden, que te llevan al matadero de alegrías, es un no expresar lo que sientes y lo que eres… Un no vivir.

Yo también quise ser una niña buena, formal… Una buena estudiante, una bailarina perfecta, una princesa perfecta…

¿Cómo iba a ser buena si no era buena conmigo? ¿Cómo iba a ser buena si ni siquiera me conocía? Si no sabía qué soñaba ni deseaba porque estaba ocupada siendo el sueño de otros, el sueño de lo que se supone que sueñan las niñas buenas y consideradas, las niñas que cumplen con un expediente inmaculado…

Aunque yo siempre fui rebelde y nunca quise ceñirme a nada… Apretaba la mandíbula y rechistaba entre dientes, gritaba por dentro mientras almacenaba rabia en la garganta… Tanta rabia, tanta ira, tanto dolor… Necesitaba golpear al mundo al que detestaba por tanta norma y me golpeé a mí misma… Y no conseguí nada… Y después de probar mil años a ser buena,  un día vomité todo ese dolor y grité como una loca basta… Y se cayó un pedazo de cielo y una ola inmensa me dejó desnuda y cansada… Aunque parezca mentira, ese fue mi primer gran acto de bondad hacia mí misma y el primer gran acto de bondad hacia el mundo…

Nadie da lo que no se da y cuando lo da siempre se le devuelve.

Nadie puede compartir lo que no es ni tragar dolor por ser aceptado o considerado por nadie.

Para amar al mundo hay que aceptarlo tal y como aunque no nos guste primero …

Para amar al mundo hay que aceptarnos y amarnos a nosotros mismos primero tal y como somos aunque a veces no sea fácil.

No hay manual para vivir, somos nuestra propia inspiración, pero para poder escucharnos hay que conectarnos a nosotros y desconectar de todo aquello que nos recorta y manipula.

Yo también quise ser una niña buena y ahora sólo intento ser una persona coherente… Amarme y respetarme siempre. A veces no lo consigo, pero cuando pasa, desde la coherencia es mucho más fácil ser amor, dar amor, compartir amor.  

 

Te invito a conocer “Manual de Autoestima para mujeres guerreras” el libro que escribí para compartir mi experiencia y poder guiar a otras personas en esta maravillosa aventura del amor verdadero, el amor  a uno mismo… Puedes leer aquí un poco y si te animas, te regalas lo que mereces…


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El mejor regalo


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Parece que cuando llegan estas fechas lo que nos viene a la cabeza es pedir deseos, buscar la compañía de las personas que te importan, hacer nuevos planes, parar un momento y darse cuenta de dónde estamos y quiénes somos…

Serán las luces de Navidad (lo reconozco, me encantan) porque el entorno cambia el estado de ánimo, la verdad, aunque no es suficiente si no por dentro no aprendemos a ser conscientes de lo que nos pasa y de por qué reaccionamos ante lo que nos pasa de cierta forma. La vida nos va dando señales constantes de todo lo que llevamos almacenado ahí dentro y que tenemos pendiente de curar. Si vemos que alguien lleva un coche nuevo y nos disgusta, no es el coche ni la persona que lo lleva, somos nosotros… Si en lugar de juzgar que no se lo merece, no le queda bien o que tiene mucha más suerte que nosotros porque se lo puede permitir porque tiene dinero y pensamos qué hay detrás de ello estaremos aprendiendo algo… Sacaremos un fruto de esa punzada, esa envidia, esa frustración, ese mal humor que hemos sentido al ver que él sí y nosotros no. Tendremos la oportunidad de darnos cuenta de que tal vea nos nos creemos dignos, no aceptamos la realidad, no estamos viendo lo mucho que tenemos de bueno en la vida, que nos enfocamos en lo negativo, que tal vez pensamos que nosotros no podemos tener un coche así… Puede que incluso ni siquiera queramos un coche como ese, pero sencillamente, nos molesta que alguien lo tenga porque no nos sentimos capaces de conseguir uno igual…

Si somos capaces de comprender algo así, hemos dado un paso de gigante. Y voy a decirte algo, no pasa nada… No te preocupes. Eres humano, es normal que a veces sientas eso. No eres un monstruo. Sencillamente siéntelo y sé sincero  contigo y suelta, deja ir, decide que nadie es mejor que nadie y mira cuánto brillas tú en lugar de dejarte deslumbrar por el brillo de otros.

No, lo siento, ahora no te voy a vender que si haces eso tendrás un coche igual o mejor. No va de esto. Aunque es posible que si haces el ejercicio, puesto que estarás tomando consciencia de tus patrones y creencias limitantes, surjan en ti nuevas ideas para hacer cambios en tu vida… Pequeños pasos que llevan a grandes cambios, nuevos hábitos que pueden llevarte a reorganizar, tomar fuerza, sentirte con mejor ánimo, verte capaz… Y cuando alguien se cree capaz es capaz, se transforma. Y entonces descubres que en realidad había formas de conseguir ese coche pero puede que te des cuenta de que no lo necesitas o sí… Eso da igual, porque ves claro que no necesitas un coche para darte cuenta de que eres una persona valiosa… Y ves como alguien pasea por ahí con su coche nuevo y sonríes. Porque no te molesta, porque sabes que tú podrías o si no, hay mil cosas que más que están a tu alcance (grandes o pequeñas)  y que lo que realmente te interesa es sentir lo que eres, un ser completo con o sin. Entiéndeme, si te gusta el coche, bienvenido, pero no somos lo que tenemos, somos lo que amamos, lo que compartimos, lo que nos permitimos soñar y comprender. 

Creo que uno de los grandes regalos que podemos hacernos a nosotros mismos es atrevernos a mirar dentro de nosotros y curar heridas. Aprender a aceptar lo que es y sacar partido de la vida, de lo que pone a nuestro alcance para remendar nuestras consciencias rotas y nuestras almas perdidas. Ver qué nos asusta y acercarnos para poder constatar que no pasa nada. Reconocer qué nos pone tristes y abrazar esa tristeza para ahondar en ella sin temor y aceptar que forma parte de nuestra vida y que no somos nuestras lagrimas sino nuestra capacidad de comprenderlas, de sobrellevarlas, de vivirlas y saber que pasarán y que volveremos a sonreír.

El mejor regalo es ver en nosotros mismos a una persona capaz de vivir sin que lo que nos pasa nos zarandee tanto que perdamos el timón… Y a veces es muy difícil porque hay pruebas muy duras, mucho. Por eso es tan importante amarse y reconocerse el valor. Aceptar lo que somos y aprender a mirarnos con ojos bondadosos y compasivos, ver que brillamos y amar lo que nos hace vulnerables porque es lo que nos ayudará a crecer. No llevamos el timón de nuestra vida sólo por nuestro talento, lo llevamos también por nuestros puntos débiles... No brillamos sólo por nuestros dones, brillamos también por haber aceptado que cometemos errores.

El mejor regalo que podemos hacernos ahora es jurarnos amor eterno, incondicional, aceptación máxima siempre… Pase lo que pase, digan lo que digan… Prometernos estar de nuestra parte en la calma y en la tempestad, a pesar de los errores y los miedos, a pesar de no saber y no comprender a veces por qué ni para qué. Abrazar nuestra oscuridad para no sentirnos culpables de nada y hacer que nuestra luz sea tan intensa que otros navegantes puedan usarla cuando su barco vaya a la deriva.  Dar gracias siempre por todo lo bueno y por todo lo que parece malo pero que es a veces sólo por nuestra forma de mirar… Dar gracias por lo que duele y aprender a llevar lo que no nos gusta. Porque en realidad se trata de vivir y cambiar por dentro… Lo que está fuera no queda a nuestro alcance.

Porque no somos nuestros coches, ni nuestros vestidos, ni nuestros expedientes académicos, ni nuestras cuentas corrientes… Somos esa persona que cada noche se acuesta y hace balance de su día y a veces se siente vacía a pesar de lo mucho que le rodea porque sencillamente no es libre, porque no se ama suficiente.

No hay que esperar a Navidad para pedir deseos o hacer planes pero ya que estamos es un buen momento para hacerse el mejor regalo. El amor lo cambia todo, absolutamente. Borra la mirada limitante y la incapacidad de ver la belleza… Te da la fuerza que no recordabas tener para seguir y te convierte en tu mejor aliado.

¿Y si esta Navidad decides que te amas de una vez por todas? Hablo de amor verdadero, del bueno, del que todo lo cura y lo convierte en magia. ¿Y si descubres que la única persona que te está privando de ser tú eres tú mismo?

¿Y si nos permitimos lo que deseamos siempre sin tener que esperar a llegar estas fechas y darnos cuenta de que nos estamos siempre cortando las alas? ¿Y si lo que deseamos en realidad es este amor verdadero y todo lo demás eran parches?

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Lo siento, no hay fórmulas mágicas, pero estás tú


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Creo profundamente en el hecho de que una misma situación puede hacerte feliz o destrozarte por dentro con sólo cambiar la forma de mirarla y percibirla… Con atreverse a aceptar que es lo que es y asumir la responsabilidad de cambiar lo que es posible cambiar. Creo que eso tiene que ver directamente con el hecho de confiar en uno mismo y en la vida y comprender que, aunque duela (porque duele) es un aprendizaje… Eso no significa que nos guste, que no nos rompa, que nos tenga que parecer justo y que todo lo que deseamos vaya a suceder a golpe de insistencia, aunque ayuda y mucho… 

Ya lo sé, nos vienen a la cabeza mil situaciones en las que lo que hay que aprender es tremendo y el dolor acumulado de días y meses se hace insoportable. Esas situaciones en las que te sientes encerrado en una jaula sin poder respirar aire puro ni salir al mundo y te ves abocado al horror de caer por el precipicio sin encontrar una rama a la que agarrarse. Sin embargo, creo que la forma en que decidimos afrontarlo transforma el resultado, aunque no lo es todo… Creo profundamente en la necesidad de soltar lo que no podemos controlar y lanzarnos a vivir lo que es y deleitarnos en este ahora, como el único momento posible que realmente existe… Creo profundamente en soñar y asumir retos, en motivarnos y dar el primer gran paso hacia lo que deseamos… Creo profundamente que para cambiar de vida hay que cambiar por dentro y actuar para llevar a cabo ese cambio de paradigma… La vida te pone contra las cuerdas a menudo para que no tengas más remedio que salir del cascarón y decir en voz alta “aquí estoy yo”…

Creo que para hacer esto, hace falta que en tu cabeza y en todo tu cuerpo se detone una especie de “click” que genera el gran cambio…. Pero por favor, seamos serios, seamos profundamente (he usado esta palabra varias veces porque me parece que tiene el calado necesario para transmitir mi intensidad emocional en este momento) honestos y no contemos que eso pasa rápido… Ni que es fácil… Lo que es es tal vez sencillo como paso, como “fórmula” que aplicar, pero para llegar a abrazar tu miedo y ser tú sin culpas ni reproches ni bloqueos, para gestionar emociones y reconocer creencias hay que hacer un largo camino y es duro (tal vez eso sea mi creencia, puede, no lo niego, puesto que soy profundamente sincera y tengo que hablar desde mi experiencia). No hay fórmulas mágicas para todos ni siquiera hay fórmulas, la magia llega sólo cuando ya has hecho el click, nunca antes, porque la única magia que puede “salvarte” eres tú…

Dejemos de vender cambios exprés y lavados de cerebro… Esto es un entrenamiento diario que se hace con muchas ganas y con la ayuda de profesionales que saben de qué hablan… Con personas que toman distancia pero saben empatizar (complicado pero maravilloso)… Y dejemos también de vender resultados rápidos y concretos. Lo maravilloso y terrible es que nadie puede garantizar que el sueño se cumpla tal y como lo deseas, que el resultado sea como pretendes… Lo que sí es verdad es que cuando te decides a iniciar un camino de autoconocimiento es porque decides amarte y aceptarte, decides respetarte y tomar las riendas de tu vida y eso lo cambia todo siempre…. Aunque no lo hace de la noche a la mañana, es un camino a veces amargo y otras dulce a ratos, pero siempre apasionante…. Es un camino lleno de recovecos oscuros en los que a menudo no hay paz ni luz para que te veas obligado a buscarlas dentro y vivir a través de lo que eres de verdad, no de lo que sueñas, para que tengas que sacar lo mejor y no conformarte con una mediocridad inventada para resistir y evitar el miedo que te acobarda y aísla de ti.

Es un camino compartido con otros que aunque no lo parezca están tan asustados y perdidos a veces como tú, pero disimulan porque alguien tan asustado y perdido como ellos les dijo que aquello era la fórmula… Es un camino roto para que tengas que pegar sus pedazos y descubras que es un rompecabezas que lleva a ti, siempre a ti.

No se trata de llegar, se trata de aprender a convivir con uno mismo desde la autoestima y la paz y a partir de ahí el resultado es pura anécdota…

Siempre digo que nuestros sueños son la excusa para crecer, para superar situaciones duras y seguir adelante, la forma en que nos motivamos y nos reconocemos pero no son lo que nosotros somos…

Prometamos camino, no cima… Y ni siquiera eso, tan sólo prometamos compartir el primer paso desde la distancia necesaria… Dejemos de prometer a otros lo que tal vez ellos no puedan prometerse a ellos mismos porque no sabemos nada de nada… Sólo sé que no va a ser fácil, pero sí que valdrá la pena… 

Lo siento, no hay fórmulas mágicas, pero estás tú… Eso es mucho, mucho…

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Al final del túnel


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Tocar fondo… Uf qué mal suena, por favor. No sabes las veces que en mi vida he eludido meterme por caminos complicados y arriesgar para no llegar a eso. Para que no hubiera un día en que fallara todo, cinturón de seguridad incluido, y me tuviera que encontrar conmigo misma. Sola, sin nada a lo que agarrarme, ni ninguna puerta a la que llamar. A solas con la persona en la que menos había confiado en la vida, yo. Rota y sin nada con que pegar los pedazos, rodeada de gente que ríe porque no se da cuenta del inmenso dolor que noto en mi alma.

Aquello de lo que huyes te persigue.

Aquello que buscas ha salido a tu encuentro. 

Sólo necesitamos ser conscientes de quiénes somos y de si somos coherentes con nosotros mismos o no.

He he hecho lo indecible para no tener que mirarme a la cara y decir “Mercè, ahora estamos solas las dos, vamos a una”. Y no era solo eso, era admitir ante el mundo, aquel mundo que yo creía que siempre me miraba mal y no esperaba nada bueno de mí, que estaba en lo cierto. Que había acertado en su quiniela y era verdad, yo no era nadie ni servía para triunfar. Necesitaba “desnudarme” ante ese mundo que esperaba que fuera despiadado conmigo para darme cuenta de que incluso en la más absoluta desnudez no pasa nada, nadie puede hacerte daño si no te dejas, si no te crees, si te amas y respetas tanto que ninguna palabra puede arañarte…

He hecho todo lo que ha estado en mi mano para no tener que mostrar mi imperfección, mi vulnerabilidad, mi supuesta incapacidad para confiar en mí y me he convertido durante años en una persona “corriente” sin hacer aspavientos ni esperar nada excepcional de la vida… Era como si “portándome bien” y no esperando nada de magia en mi vida, un dios atroz y vengativo fuera a apiadarse de mí y me evitara pasar por delante del escaparate de mis miedos y enfrentarme a ellos…

Ilusa de mí… Porque ya lo sabía. Siempre lo supe. Todo llega y todo pasa. Cuánto más eludes algo, más te acercas a ello. Porque hay momentos que vivir y miedos que superar, hagas lo que hagas.

Si temes mostrarte, la vida te pondrá en el punto de mira.

Si temes decidir, la vida te obligará a tomar decisiones.

Si temes perder, la vida te hará perder tanto que al final no recordarás por qué te dolía tanto.

Si no lo haces, la vida te lo hace… 

Si temes que nadie te ame, pasarás largo tiempo olvidado por otros hasta que descubras el verdadero amor, ese que está en ti.

Cualquier necesidad de la que dependa tu estabilidad, seguridad y felicidad, se verá no satisfecha para que sepas que no es real, que no eres tu miedo, sino tu capacidad para sobrevivirlo.

Vas evitando pasar por esa esquina donde hay siempre algo que te recuerda que no estás haciéndote caso, que te dice que vayas ante lo que te asusta, que te enfrentes a tu vergüenza, a tu culpa inventada, a tu fantasma más terrible… Pero no lo haces, hasta que no te queda más remedio.

No se me ocurre en la vida nada que se pague más caro que la incoherencia.

La vida sabe que hay cosas que sólo estamos dispuestos a hacer en caso de desesperación. Sólo cuando el agua nos llega al cuello somos capaces de ceder y decidir que ya basta, que vamos a soltar y confiar. Solo cuando la alternativa es más terrible, nos sentimos con fuerzas para ponernos de rodillas y dejar el orgullo de lado, ceder y permitrnos ser libres, soltar el lastre y dejar de seguir intentando demostrar, figurar, parecer, recibir aceptación y reconocimiento… Sólo cuando no hay más remedio porque todo se tambalea, decidimos amarnos y ponernos de nuestra parte.

Y el momento llega. Podríamos dar el paso antes, pero somos tan testarudos que necesitamos caer hasta el fondo, hundirnos en el lodo más pegajoso para darnos cuenta de que nos hemos privado de sentir y notar la vida a través nuestro, que hemos evitado ese miedo, ese dolor, esa situación… Que hemos acumulado emociones en cada esquina de nuestro cuerpo hasta que han estallado. Que hemos inventado un personaje para que cuando otros nos miraran no pudieran vernos.

Toda la vida intentando evitar este momento en el que te enfrentas a tu miedo más intenso y lo notas, tiritas, te retuerces, caes, lloras y entras en un silencio rotundo y absoluto en el que puedes empezar a escucharte de verdad y ser tú. Puedes ser tú porque ya no importa nada, porque ya no te avergüenzas, porque en este trance has perdido ese miedo y te has vaciado de todo lo que acumulabas, porque has soltando tanto que el vacío que hay en ti se ha llenado de vida… Se ha llenado de ti.

Puedes ser tú porque lo has intentado todo y no te sirve nadie más y cualquier otra opción se ha demostrado fuera de lugar… Puedes ser tú porque no hay nadie más…

En ese momento, te das cuenta de que llevas tiempo en ese túnel, buscando una salida a tanta oscuridad, una luz que te guíe… Y descubres que la luz que buscas está en ti, muy dentro, pero necesitabas encontrarte muy apurado para encenderla porque mientras todo iba bien te dedicabas a ignorarla. Te ignorabas a ti.

El otro día alguien con quién comparto ideas y reflexiones en redes, Merche Pérez Miguel, me dijo algo hermoso… Cuando tocas fondo “sientes que ya no te queda nada y de repente de conviertes en absolutamente todo”. Un todo que no sabrías que está si no te quedaras a solas contigo, sin nada, en absoluto silencio…

No hace falta llegar a eso, la vida nos tiende la mano mil veces ante, aunque no lo vemos porque estamos ocupados intentando eludir lo que somos y sentir ese miedo que de forma inevitable llegará. Porque estamos pendientes de pelearnos para no aceptar lo que no nos gusta, sin saber que a veces lo que parece terrible es en realidad un regalo precioso.

A veces, la vida llama a tu puerta y no respondes porque tienes demasiado miedo de mirarla a la cara y ver con qué va a sorprenderte.

A veces, hay que tocar fondo para darte cuenta de que no eres tu dolor, tu miedo ni tus pensamientos más tristes, para descubrir que siempre habías estado arropado por la mejor compañía y nunca la habías tenido en cuenta… Para encontrarte a ti y existir sin más expectativa que vivir en paz…  Cuando eres lo único que te queda, no tienes más remedio que confiar en ti.

No te quepa duda, al final del túnel estás tú, sólo tú.

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