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la rebelión de las palabras


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Sufrir para nada…


No quiero mentir, no sé nada…

Escribo porque a veces es la única forma que encuentro de poner negro sobre blanco lo que me asusta tanto que necesito desmitificarlo y ponerle nombre para que se haga pequeño y accesible… Lo que me duele tanto que casi no me atrevo a comprender ni sentir.

A veces creo que he dado un paso de gigante y miro atrás para reconocer sólo la distancia de una pulga. Otras veces creo que apenas he hecho nada pero veo como el mundo que me rodea es distinto.

Me dijeron hace mil años que si me esforzaba y ponía empeño todo llegaría, pero no es cierto… O al menos no lo es en mi mundo, no sé en otros mundos… Hay cosas que no son, no pasan, no llegan a ver la luz o se rompen cuando llevan unos segundos de vida… Eso pasa cada día. La vida se empeña en ponerte una y otra vez en la casilla de salida y conviertes el hecho de llegar a tu meta en una cruzada personal que deja de tener el sentido que le dabas para perderlo del todo.

A veces, luchamos sin tregua para conseguir algo que pensamos que nos hará libres y por el camino nos esclavizamos nosotros mismos intentando conseguirlo…  

Nada que tenga que liberarnos en el futuro debería atarnos ahora, tal vez porque no hay nada que vaya a liberarnos salvo nosotros mismos.

Me contaron que si me preocupaba era una persona responsable, que estaba haciendo algo para solucionar los problemas… Que los que no se preocupan no son personas como deben y los demás les juzgan y les señalan con el dedo… Y me he preocupado por todo y no ha funcionado y cuando ha funcionado he llegado a la solución destrozada y muy agotada física y emocionalmente… Tanto que no he podido disfrutar del nada…

Sufrimos tanto… Almacenamos sufrimiento como si por ello alguien fuera a tener piedad de nosotros y nos fuera a conceder un deseo o dar un regalo. Y nunca me ha pasado, nunca he recibido nada bueno a cambio de sufrimiento, al contrario. 

Sin embargo, sí que vi recompensa en amarse y tratarse bien… El amor que te das siempre siembra cosas buenas porque justo en el momento en que te lo das ya es maravilloso y eso hace que siempre valga la pena… 

Perdemos el sentido cuando dejamos de intentarlo para vivirlo y empezamos a intentarlo para ganar, para figurar, para demostrar, para decir que lo hicimos… Yo misma me he pasado días culpándome por no ser capaz de soltar mi culpa…

Como esos viajes en los que paras cinco minutos en un lugar para hacer la foto de rigor y luego la contemplas pasado el tiempo y te sientes incapaz de recordar qué sentías porque no sentiste nada… Sólo te hiciste la foto para decirle al mundo que estuviste.

No sé dónde está el equilibrio. Dónde seguir deja de tener sentido para convertirse en una trampa, en una telaraña en la que te quedas prendido porque te empeñaste en ir más allá y no ver lo que ya habías conseguido. Y no es la meta, ni el sueño, es el ánimo y la actitud con que lo haces…

Nada de lo que hacemos sufriendo nos lleva a nada. Y si llegamos, estamos rotos y no somos capaces de apreciar la maravilla de lo que hemos conseguido.

No sé dónde está el límite.  Dónde se debe parar cuando ves que no consigues lo que deseas y eso te lleva tanta energía que no te permite notar la vida. No sé cuál es el momento en el que lo que sueñas te priva de lo que vives y lo que no tienes te hace olvidar y no apreciar lo ya está en tu vida… No sé cuándo de debe parar, tal vez cuando empieza a doler, cuando no compensa, cuando lo que te te apasiona te hace perder la pasión por ti mismo y empiezas a verte a través de los ojos del que no llega y no del que está siendo capaz de andar el camino.

La verdad es que me dijeron que si me esforzaba lo conseguiría pero nadie me contó cómo dejar de esforzarme y aceptar que no es, que no pasa, que no llega… Y hacerlo de forma que no me caiga encima una losa inmensa ni se me hipotequen otros sueños, ni acabe pensando que hay algo en mí que no funciona…

Nos deberían decir que vayamos a por todo pero que no pasa nada si no llegamos, si no lo conseguimos. Que hay momentos para llegar y otros momentos para quedarse corto, para calmarse y amar el silencio que te invade cuando descubres que va a ser que no y no pasa nada. La paz del que sabe que es merecedor de todo sin tener que demostrar nada… La calma del que es capaz de darse cuenta de que no necesita sueños para levantarse cada mañana porque se tiene a sí mismo pero sigue teniendo muchos porque los merece… La maravillosa sensación de soltar y dejar de sentir que hay algo pendiente y sentirse pleno sin tener que andar por la vida coronando cimas, ganando medallas y buscando lámparas maravillosas…

No hay nada de que avergonzarse por perder, por no llegar, por quedarse a medias, porque te rechacen y te digan que ya no te aman, porque te echen de un trabajo, por estar en una clase y que nadie te escoja para hacer un ejercicio por parejas… (esto último me pasaba siempre cuando era niña y me provocaba un gran dolor y mucho miedo). Lo único que nos aleja de seguir adelante es la culpa por pensar que no hemos dado lo mejor, por pensar que no somos suficiente o no merecemos… La culpa nos devora la nuca mientras intentamos levantarnos para volverlo a intentar y nos dice que de eso que buscamos para nosotros no hay…

Y la única forma de quitarse la culpa por no alcanzar lo soñado es decidir que pase lo que pase vamos a amarnos y respetarnos, vamos a tratarnos con cariño y no nos vamos reprochar nada. Que podremos analizar nuestros fallos o comprender que tal vez lo que queremos conseguir no tocaba ahora, que no era el momento, que nos espera algo mejor incluso… Pero siempre desde el amor, nunca desde el reproche.

Me dijeron que si trabajaba mucho lo conseguiría y no era verdad. Porque nadie me dijo que trabajara con ganas, sin destrozarme, sin exigirme tanto que me rompiera… Nadie me dijo que frenara antes de caer en el abismo de perder el control sobre mí mientras intentaba controlar lo que no depende de mí… Lo que escapa realmente de mi control y capacidad.

No sé nada, la verdad. A veces, no veo la línea hasta que no la he cruzado y veo que he vuelto a ser esclava de eso que venía a liberarme porque no me acuerdo de que lo único que puede hacer que  sea libre soy yo…

¿Cómo? dándome permiso para fallar, para no llegar, para retroceder, para desistir, para decir basta… Sin culpa, sin reproche, sin castigo autoimpuesto ni sobrecarga… 

No hace falta desistir ni resignarse, aceptar no va de eso, va de aprender a amar lo que ya es y enfocarse en lo que es prioritario… No hace falta quedarse sin sueños, sólo darse cuenta de si hacemos el camino soñado sufriendo o gozando y descubrir que sólo vale la pena si durante el intento te hace feliz…

No sé nada, la verdad, pero tengo claro, por dolorosa experiencia, que todo eso sólo conduce a más sufrimiento y nunca te lleva a ninguna cima.

Sufrir no sirve para nada, más que para hartarse de ese sufrir hasta pasar esa frontera en que es tan insoportable que sólo te queda decidir que sea lo que sea lo que te depara el futuro no puede ser peor que el sufrimiento que sientes ahora…

Sufrir ahora no alivia el mañana, al contrario, dibuja un mañana con más sufrimiento… 

Amarte ahora lo cura todo justo ahora… 

A veces, el sufrimiento, a pesar de ser inútil, te suministra el hartazgo necesario para tener la fuerza que buscas para cambiar de camino de una vez por todas…

 

GRACIAS POR LEERME E INICIAR CONMIGO ESTE CAMINO COMPLICADO PERO MARAVILLOSO… 

Gracias por compartir y llevar mis palabras hasta el otro lado del mundo… 

Si quieres continuar con este cambio, te invito a profundizar todavía más…

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Sueños cortos


A veces creo que la vida es como un sendero de pequeñas cajas cerradas que vamos encontrando y abriendo. Nos paramos para tomarlas en nuestras manos y las abrimos. Nos hacemos un montón de expectativas respecto a lo que debería haber dentro de ellas y muchas veces acabamos frustrados porque no contienen lo que creemos necesitar. Sin embargo, en sentido de todo esto creo que tiene mucho más que ver con nosotros que con quién prepara las cajas o las cajas en sí mismas. 

Creo que hay que comprender que las cajas nunca te dan lo que crees que necesitas sino lo que de verdad tienes que aprender. Aprender que recibes lo que siembras, que hay cosas en ti que no ves, que la vida es como es y muy a menudo no puedes elegir las circunstancias pero sí cómo responder a ellas…  A veces, abres la caja y ves que lleva una espada y piensas “es para que siga peleando y defendiéndome o cortando la maleza de la selva en la que ando metido para avanzar”. Y en realidad es para que te des cuenta de todo lo contrario… Que si crees que tienes que luchar sin tregua para poder vivir y conseguir lo que amas sólo conseguirás más lucha y sufrimiento… Para que empuñes la espalda y en lugar de usarla para separar las ramas y atacar, notes su peso en tu brazo y sepas que es una carga muy pesada, para que la sueltes y decidas que debe de haber otro modo…

Llegan cajas a nuestras vidas cada día. Algunas son grandes sorpresas. Hay cajas que de entrada parece que tienen un contenido horrible y que con el paso de los día acaban siendo tesoros. Hay cajas que te dan prisa, otras que te dan tiempo. Hay cajas que están repletas de bombones amargos para que te des cuenta de que debes de mirar dentro y dejar las apariencias… Hay cajas que contienen una música maravillosa…

A veces, abres la caja y está vacía y te enfadas contigo y con la vida porque no te da nada. Y tal vez lo que te dice la vida con la caja es que ya lo tienes todo, que te tienes a ti y no necesitas nada que está ahí afuera… Que la única persona que puede salvarte eres tú.

Hay cajas que contiene amores necios y dolorosos para que descubras que esos son los amores que crees que necesitas y comprendas que no te estás valorando como lo que realmente eres, un ser que merece un amor inmenso…

La magia de las cajas es rara y a veces, lo sé, parece perversa. A menudo incluso creo que no contienen nada y que lo que hay en ellas se crea justo en el segundo en el que empiezas a abrirla… En ese instante se crea según lo que piensas y sientes… Las cajas están conectadas a ti y notan tus latidos y tu estado de ánimo…

Si quieres amor, a veces te dan desamor para que no tengas más remedio que amarte tu.

Si quieres seguridad y certeza, te traen caos e incertidumbre para que comprendas que el único equilibro es el que creas tú y aprendas a vivir en armonía y calma en plena tempestad… Ya nunca más te sentirás inseguro si eres capaz de encontrar tu paz en plena tormenta.

Si quieres paz no te dan paz, te traen algo que te dé la oportunidad de encontrarla dentro de ti.

En el fondo, siempre obtienes lo que deseas, pero no como resultado de tu necesidad sino como respuesta a tu capacidad de soltar esquemas antiguos y creencias rancias. Como consecuencia de mirar dentro de ti y nunca como solución mágica que te llegue desde fuera.

La vida tiene un extraño sentido del humor… Hay cajas que traen bufandas en los días de verano y te dejan atónito y fuera de juego y otras que siempre llegan con la prenda adecuada en el momento perfecto…

A veces, las cajas sí que traen directamente lo que deseas porque es lo que necesitas. Otras lo traen porque justo antes de abrirlas has comprendido que en realidad no lo necesitabas y te has visto capaz de renunciar a ello… Porque has decidido que tu felicidad no dependía de lo había dentro de la caja.

La caja no contiene lo que mereces, sino lo que crees que mereces.

Contiene lo que no quieres ver, ni escuchar, ni sentir para que no tengas más remedio que hacerlo y dejes de temerlo antes de abrir la próxima caja.

La caja lleva dentro lo que evitas siempre que lo evites y dejará de llevarlo dentro cuando dejes de evitarlo.

La caja envuelve lo que has decidido que quieres que haya en ella, aunque te duela y perjudique para que te des cuenta de que tú mismo lo has puesto muy a menudo en tu vida.

Muchas personas se han dado cuenta de “la magia de las cajas” pero no han tomado consciencia de algo muy importante…

No importa lo que contiene la caja, en realidad, lo que importa es cómo decides usarlo.

Y diré todavía más, sólo hay dos normas a tener en cuenta para abrir esas cajas y aprender a usarlas para vivir en paz…

La primera es que haya lo que haya dentro de la caja tienes que aceptarlo porque es tuyo, es fruto de tu propia magia, y es necesario que comprendas por qué ha llegado a ti (no te agobies, no hace falta comprenderlo todo, sólo ser consciente de que está ahí).

La segunda es que haya lo que haya dentro de la caja no es culpa tuya y no debes hacerte daño reprochándote por ello, porque si no no podrás usarlo para seguir el camino… No controlas el mundo, no controlas lo que pasa, sólo cómo respondes a ello y tu respuesta crea el contenido de las siguientes cajas… Suelta esa culpa y da el siguiente paso sin carga ni pesar.

A veces, algunas cajas  contienen palabras o reflexiones, eres tú quién debe decidir si se queda con ellas y si les hace caso o todo lo contrario…

Otras cajas contienen personas, algunas te tienden la mano y otras te ponen la zancadilla, ambas son de gran ayuda al final.

Hay cajas con juguetes rotos, con nubes oscuras y cargadas de lluvia, con recuerdos que permanecía borrados, con zapatos para poder pisar senderos inhóspitos… Hay cajas con paraguas, con bolsas cargadas de piedras que te invitan a soltar, con disfraces de guerrera que tal vez puedes decidir  dejar de ponerte y fluir… Cajas con pastillas que te invitan a no sentir para que digas que estás dispuesto a notar al vida y cajas con sueños que no son tus sueños para que de una vez por todas dejes de vivir otras vidas que no son la tuya.

Hay cajas que al abrirlas te permiten saltar diez casillas y evitar la cárcel y te colocan de repente en el lugar donde hace tiempo deberías estar…

A veces, ni siquiera ves las cajas y te sientes perdido en un mar de niebla, intentando buscar pistas para descubrir dónde están. No importa, en ese caso, eres tú quién está metido en la caja y podrás salir cuando te des cuenta y te permitas imaginar en otra realidad.

Al final, todo encaja y tiene sentido, aunque no nos guste y no sea el que nosotros habíamos programado… A veces, la vida es mejor cuando no se programa, porque llevamos demasiado equipaje de culpa, dolor y angustia… Y porque a la hora de soñar nos quedamos cortos y esperamos que nos lleguen cajas pequeñas y llenas de rutina.

GRACIAS POR LEERME E INICIAR CONMIGO ESTE CAMINO COMPLICADO PERO MARAVILLOSO… 

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Todo lo que yo digo no te sirve de nada…


Sé que quieres escuchar un mensaje de esperanza, pero no lo tengo. No puedo darte nada que te sirva porque la única persona que puede eres tú. 

Tengo que decírtelo, yo sólo soy un mensaje en el camino…

Sé que necesitas unas palabras que te recuerden lo mucho que vales y lo mucho que puedes, lo que tienes para compartir y hasta dónde puedes llegar… Pero por más que yo lo diga, si no lo crees, si no lo sientes, no sirve de nada.

Y tampoco sirve de nada que tú lo sepas y lo razones si no lo sientes, si no notas en tu pecho que la punzada de angustia cesa cuando sabes quién eres y dejas de sentir esa culpa y esa rabia alojadas en la garganta porque el mundo no responde como esperas y no te acepta como tú no te aceptas. Si tú no lo vives, no sirve de nada. Igual que no existe medalla que calme tu dolor por no sentirte merecedor de ella, ni cumbre suficientemente alta como para que pienses que has llegado muy arriba si no te sientes con fuerzas…

Sé que crees que necesitas que te diga quién eres, pero yo no lo sé, sólo tú lo sabes. Sólo tú eres capaz de vivirlo. Vas por ahí leyendo libros, haciendo cursos, cruzándote con personas que se convierten en maestros porque te muestran cosas que no tú todavía no ves, viviendo experiencias que te marcan y te hacen comprender… Y todo eso no es bueno ni malo, sólo es. Sólo sirve si a partir de ello, decides mirar de otro modo todo lo que te rodea, si decides mirarte a ti mismo de otro modo… Sólo sirve si lo integras, si decides vivirlo y actúas en consecuencia. No sirve con pensarlo sin sentirlo, no sirve sin actuar con esa coherencia y esa paz que te llega cuando descubres que eres responsable de cómo te tomas la vida y no de lo que hay a tu alrededor…

No sirve que el mundo cambie si tú no has aprendido a mirarlo de otro modo, si no te das cuenta de que no puedes controlarlo ni medirlo… No sirve de nada llegar a la meta si no lo sientes como una meta, ni lograr el sueño si no te sientes libre para vivirlo…

No sirve de nada que miles de personas te digan que eres grande si te sientes pequeño.

Ninguno de los cientos de likes que tienes en redes te va a hacer sentir realmente bien contigo mismo si no encuentras el like definitivo, que es el tuyo…

Ninguna de mis palabras sirven porque no son tuyas, si las lees o escuchas no te quedas con ellas y las cuestionas (yo no sé apenas nada) ni las mascas, hueles, sientes y notas y decides si te convienen y te hacen mirar con otros ojos o no.

Ninguno de mis libros te cambia si tú no decides que mereces ese cambio y apuestas por ti. 

Lo que encontramos por el camino son mensajes, puntos de partida, anclajes a los que agarrarse, estímulos… De nada sirven si no exploramos qué nos hacen sentir ahí dentro y nos arriesgamos a vivir aquello de lo llevamos tiempo huyendo.

De lo contrario, cuando nos acercamos a ello, a los libros, las conferencias, los maestros, las terapias, los cursos… Sólo estamos usándolos para distraernos de nosotros mismos y evitar mirar dentro, para substituir la cháchara de nuestro ego por otra cháchara que nos susurra pero no nos llega, no nos permite ahondar y soltar…

A veces, usamos el autoconocimiento para sentir que estamos haciendo algo pero no estamos haciendo nada porque seguimos buscando ahí afuera las respuestas que sólo están dentro. Y escuchamos a alguien que nos inspira (eso está genial, no digo que no) pero no es para aplicar nada de lo que dice ni cuestionárselo, sino para no tener que escucharnos a nosotros mismos…

De nada sirve que te diga que la respuesta está dentro si no está dispuesto a hurgar en ti y vivir eso que tienes pendiente y que tanto te asusta. Y diré más, si después de todo esto te culpas por ello, te reprochas por no estar haciéndolo o no haber sabido cómo, tampoco sirve de nada… Porque esto no va de ponerse a prueba sino de observarse con compasión y soltar la necesidad de ser diferente… Soltar la necesidad de que otros te salven y de que el mundo cambie de algún modo…

De nada sirve que te lo diga sino decides descubrirlo tú por ti mismo.

Lo sé, porque yo hago lo mismo. Busco la magia ahí afuera, busco respuestas pero no me escucho, ni siento mi dolor porque tengo miedo muchas veces, porque escribo libros pero a menudo no me atrevo a vivirlos, porque no sé nada y a veces…  Después de haber desterrado la palabra culpa de mi vida y decidir ejercer la responsabilidad, sigo sintiéndola muy hondo y de forma muy intensa y admitirlo me ayuda a abrazar mi vulnerabilidad y sentirme libre…

Todo lo que yo digo no sirve, no importa… Importas tú, te sirves tú y lo que sientes y decides a partir de lo que sientes.

Esto no es fácil, no se hace de la noche a la mañana, amarse es una carrera de fondo que no se gana ni se pierde, se camina paso a paso y se vive… Se nota, se observa desde la compasión y se comprende desde el corazón. No lleva a ningún sitio, es un camino de vuelta a casa, de vuelta a ti. 

GRACIAS POR LEERME E INICIAR CONMIGO ESTE CAMINO COMPLICADO PERO MARAVILLOSO… 

Gracias por compartir y llevar mis palabras hasta el otro lado del mundo… 

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Operación bikini “mental”


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Foto : Mercè Roura

Desde que era niña que tuve una relación extraña con mi cuerpo. No nos enseñan a aceptarnos, nos alientan para que nos pasemos la vida intentando cambiar lo que somos. Y yo no fui una excepción. Primero porque era muy baja (lo sigo siendo, pero ahora incluso me ha llegado a parecer una ventaja en la vida) y luego porque, a veces, estaba muy delegada y  otras me sobraban kilos. El caso es que esto de la operación bikini lo he vivido centenares de veces… Todos lo comentan y tienes la sensación de que si no haces nada eres el rara, la que se arriesga a “no gustar” o no seguir la norma. Esa norma no escrita que dice que tienes que ser perfecta. Es como una  puesta a punto para pasar una especie de criba con una nota de corte muy, pero que muy, estricta. Y todas caemos en ello y nos presentamos al examen. Caemos una y otra vez. No por salud (ojalá) sino por necesidad de entrar en una horma o en un molde, para que te dejen de reprochar una y otra vez no encajar en ese estándar que parece deseable y cada vez es más inaccesible…

Y vuelta… Otra vez a intentar pasar la prueba y suspender seguro, porque nunca es suficiente y el cansancio siempre te vence..  Si supieras cuántas veces he huido de mí y me he dicho cosas horribles porque no parecía lo que debía parecer… Porque no me sentía cómoda en mi piel e iba por la vida pidiendo perdón por insultar a los demás con mi presencia imperfecta… Qué sinsentido querer ser como otros, compararse y siempre perder, cuando lo que somos es único y maravilloso… ¡Cuánto nos preocupa el cuerpo y qué poco nos detenemos a sentirlo y notarlo! Lo escondemos, lo sometemos a rituales sin sentido, lo maltratamos, lo insultamos, lo negamos, nos avergonzamos de él.  Buscamos que otros nos den el visto bueno para tapar ese vacío enorme que nos genera no poder aceptarnos tal y como somos.

Hoy con la alcachofa, mañana con la piña o con un líquido o ungüento milagroso que es definitivo para adelgazar hasta que sale otro que lo desbanca que parece que es más definitivo todavía.  Y no nos engañemos, no hacemos todo esto para que nuestro cuerpo esté más ligero, más sano, más ágil con la ayuda de un profesional (cosa que me parece necesaria y apoyo desde aquí). Lo hacemos para que otros nos miren como soñamos con mirarnos nosotros mismos.

Y el “para qué” lo cambia todo… Con el paso del tiempo, me he dado cuenta de una cosa importante. Si no soy capaz de aceptarme como soy ahora, no lo haré nunca. Eso no implica no querer adelgazar, sino amarse desde antes de conseguirlo.  El amor que yo siento por mí no puede depender de unos kilos de más o de menos, de mis arrugas, de mis estrías, de las manchas de mi piel, de si me cabe o no un pantalón… Eso no es amor, es conveniencia. Es usarse para soltar la rabia contenida. No hay juez más severo que uno mismo. En esto de criticarse y juzgarse duramente, los demás solo son simples comparsas, actores de reparto, la protagonista cruel que más se exige siempre eres tú.

Si supieras lo que yo me he dicho a mi misma… Lo que me he humillado a la espera de acallar así a los dioses (imaginarios) para que perdonaran mi osadía estética…

No somos sólo un cuerpo, es cierto, pero lo necesitamos para aprender a amarnos y respetarnos. Es el primer peldaño hacia nosotros mismos, hacia nuestra presencia… Nos avergonzamos de él y no nos damos cuenta de que vivimos desconectados de todas las historias que ha venido a contarnos sobre nosotros. Vivimos enganchados a una mente que no cesa, que no para de pensar, de fabricar pensamientos que nos limitan y condicionan, que nos impiden aceptar lo que somos y mirarnos con la dignidad que merecemos. El cuerpo nos ayuda a conectar con este momento que necesitamos para curar nuestras heridas y soltar lastre, para dejar de sujetarnos en creencias absurdas y de esquivar fantasmas. El cuerpo nos conecta con el suelo que pisamos para que nos salgan raíces y nos crezcan las ramas…

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Foto : Mercè Roura

Si nos rechazamos, no podemos reconocernos y  vivimos sin vivir, sin notar, sin ser, sin estar. 

Estamos siempre en bucle, esperando que algo de ahí afuera nos ayude a sentirnos mejor, nos dé la respuesta que buscamos y nos haga sentir bien y en paz. Y no hay nada fuera para nosotros si no miremos dentro, y no nos aceptemos desde ahora mismo… En el antes y el después…

Nadie nos puede dar ni decir nada que nos cambie si no nos damos permiso para bajar l listón y decidimos que ya basta, que ya es suficiente-

Y no se trata de no tener pensamientos negativos, ni dejar de juzgarse y criticarse de la noche a la mañana, eso no es fácil… Se trata de aprender a no rechazar esos pensamientos,  a sobrellevarlos sin reproches, sin culpa, sin que te arrastren ni secuestren. Si aprendemos a observarlos, les quitamos fuerza y podemos gestionar la emoción que nos generan, les quitamos dramatismo y los relativizamos. Eso hace que dejemos de resistirnos. Amar lo que somos nos permite estar presentes en nuestras vidas y no tener que esperar para sentirnos libres.

Cada vez que nos creemos insuficientes, que pensamos que no pasamos la criba de esa operación bikini, nos estamos atacando. Nos dejamos para luego, para el final, para nunca… Nos olvidamos de lo que realmente queremos y nos dejamos llevar por lo que el mundo nos dice que debemos ser o debemos desear.

Nos maltratamos tanto que a veces no nos acordamos de encontrar un rato para estar a solas con nuestros miedos, nuestras inquietudes, nuestra angustia por no conseguir nuestras expectativas. Huimos de lo inevitable pero lo inevitable siempre nos alcanza…

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Foto : Mercè Roura

Voy a decirte algo importante para mí…

Mi cuerpo es maravilloso tal y como es ahora. Aunque a ti no te lo parezca… Me ha costado un siglo verlo así, pero no pienso volver a traicionarme nunca… 

Mi cuerpo y yo hemos vivido una historia de amor extraño que no fue a primera vista, lo reconozco, pero que cada día es más sólido… Me ha dolido mucho, mucho, me asustado hasta unos límites increíbles y a veces insoportables… Y se me ha roto en pedazos, pero ahora veo que era  para que me diera cuenta de que yo estaba muy rota por dentro y recompusiera mis piezas…

Me ha obligado a parar para que pudiera encontrarme y reconocerme. Me ha dado una niña preciosa y perfecta casi sin que yo hiciera nada ni supiera cómo pero pasó… Y todavía hay días que sigo mirándolo con recelo y desconfianza, lo admito… Nuestro amor no es un amor al uso, pero estoy aprendiendo a amarme cada día sin mirarlo de reojo.

A veces, cuando queremos cambiar nuestro cuerpo para que guste más y encaje en una perfección imposible, lo hacemos castigándonos, reprochándonos, obligándonos y negando lo que somos. Si deseamos hacerlo, que sea un regalo que nos damos porque nos hemos dado cuenta de que lo merecemos, que sea un acto de amor inmenso hacia nosotros mismos… No se trata de hacerlo para amarse más, sino de hacerlo porque ya te amas mucho y sabes que te lo mereces. 

Las personas a veces esperan empezar a amarse cuando consigan sus metas o sus sueños. Se dejan para después… Se valoran por sus resultados, por lo que hacen y no por lo que son. Y en realidad, el amor es el principio de todo. El amor es la causa y nunca la consecuencia. Si esperas a cambiar o a ser de otra forma para amarte, no te amarás nunca. 

Porque el problema no eres tú sino tu forma de mirarte. La verdadera operación bikini está en tu mente y consiste en dejarte de reproches y críticas, en parar de pelearte contigo y con la vida y empezar a mimarte y hacerte cosas buenas, hablarte bien y tomar aquello que te llena de salud… No para encajar en ningún molde sino para vivir en paz contigo.

 

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Eres imprescindible en tu vida


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Vamos disfrazados. Llevamos la máscara que nos pusimos para poder soportar el dolor de no gustarnos, de no ser lo que esperábamos o lo que creemos que otros esperaban de nosotros… Nos cubrimos con ella y nos oculta del mundo, nos permite seguir andando sin ser vistos en realidad, sin ser arañados, sin sentirnos vulnerables, sin poder ser juzgados por lo que somos porque sólo mostramos lo que hacemos… Nos ponemos etiquetas inventadas para que no se vean las etiquetas verdaderas, que en el fondo, tampoco son reales porque tienen nombre de miedo, de culpa, de asco, de impaciencia…

Nuestra máscara nos cubre y parece que nos protege del mundo pero al mismo tiempo nos evita olerlo de verdad, notarlo de verdad, sentirlo con todo su esplendor, perderse en él y dejarse llevar… No notamos el dolor pero tampoco la alegría de mostrarnos tal y como somos y descubrir que no hay nada que mostrar… Sólo ser. No sentimos el frío de nuestra desnudez pero tampoco notamos el calor.

Y la vida que es tozuda y carga una ironía silvestre y maravillosa, un día nos dice “o te desnudas o lo pierdes todo, porque en realidad no tienes nada” porque nada es tuyo, es prestado, y pertenece al personaje que te inventaste para que otros no supieran de tu dolor, de tu miedo, de tus errores, de tus debilidades… Lo hiciste pensando que te ocultabas del mundo pero en realidad te ocultabas de ti mismo… Ahora “o sueltas o caes, o sueltas o desapareces, o te desnudas o quedarás oculto para siempre y no podrás salir” y dar el paso duele.

Y la vida hace que llevar la máscara sea tan insoportable que tengas que quitártela para respirar. Hace que la carga sea tan pesada que tengas que soltarla… Hace que el asco sea tan grande que vomites todo lo acumulado… Hace que el sufrimiento sea tan intenso que nada lo compense, nada.

Todos nos quitamos el disfraz algún día. Todos tenemos que tomar el control y las riendas. Todos nos tenemos que contemplar alguna vez en ese espejo interior y decidir que no pasa nada, que en realidad lo que somos es suficientemente maravilloso como para vivir con ello…

Ese día descubres que no te conoces. Que escondiste tanto tu miedo que no has podido usarlo para crecer y tomar el poder. Que no sabes cómo afrontar este momento porque no conoces tus herramientas y capacidades. Voy a contarte algo… Están ahí. Llevan ahí todo este pedazo de vida sin ti. Estaban esperando a que te dieras cuenta de que sólo te necesitas a ti y a nadie, que eres imprescindible en tu vida y al negarte no pudiste reconocerte…

Lo que eres está bajo la máscara, intacto, hermoso, virgen… Busca rendijas en ti por donde salir y contarte lo mucho que vales y que puedes, lo mucho que te necesitas, lo mucho que te has olvidado de lo que realmente eres, lo mucho que te ignoras…

Lo que eres, está esperando a que dejes de creer que eres lo que produces e incluso lo que sueñas, lo que esperas, lo que fuiste, lo que recuerdas, lo que consigues… A que dejes de esconderte e intentar satisfacer a un mundo insatisfecho porque se oculta de él mismo y espera que otros le digan qué hacer, qué sentir, qué soñar, qué buscar.

Cuando te quitas la máscara, todo toma forma. Tal vez no la forma que deseas, sino la forma en que todo es en realidad… 

Cuando te quitas la máscara dejas de buscar mirando al cielo y descubres el cielo en ti. Dejas de buscar y encuentras porque ya estaba, porque ya era… No siempre es lo que esperabas, la vida no es diseño, es una perfección extraña, a veces deliciosa y otras complicada, pero ajustada a un orden que cuesta comprender.

Si estás contigo, qué importa… Si ya sabes quién eres, qué más da. Al final, lo que evitas encontrar en ti es lo que va a serte útil para ser libre. 

Hay tanto en ti que no ves porque está oculto porque temes que no guste. Hay tanta fuerza en ti esperando a ser usada para brillar que se queda opaca porque temes que moleste, que sea juzgada, que sea criticada…

 

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A mí también me tomaron el pelo…


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A mí también me dijeron que fuera fuerte y peleara por todo… Que esto era una lucha feroz y que si me esforzaba mucho conseguiría lo que soñaba…

También me contaron que debía hacer sin parar y no detenerme nunca, ni para tomar impulso… Que si dejaba de hacer y de esforzarme nunca conseguiría nada y el mundo iba a despreciarme… Que tenía que ganarme el respeto y el derecho a ser y que para ello debía demostrar cada día, sin fiestas, sin domingos, sin aliento.

Me contaron que tenía que ser buena persona y que pensar en lo que yo necesitaba era egoísmo puro… Que necesitar era de débiles y que si no te escuchas al cuerpo cuando duele, al final se cansa… Que esto iba de tragar vida y engullir lo que hay a tu paso sin permitirse dudar.

Me dijeron que si era la primera llegaría lejos… Que no había más opción que ser la mejor… Que no me diera tregua y me dedicara a trabajar al máximo… Que el ocio era un desperdicio de tiempo y que el silencio era algo terrible a evitar a toda costa…

Y pensé que si corría suficiente en dirección contraria a mis miedos, acabaría por esquivarlos, por dejar de tener que vivirlos… Que si era capaz de burlar al destino, no tendría que repetir errores aunque fuera incapaz todavía de comprender porque lo eran.

Me explicaron, entiendo que por mi bien o eso pensaba, que si no aceptaba la realidad podría construir una propia a medida… Y que si cedía y daba la razón los demás me verían como alguien vulnerable e incapaz…

Alguien me contó que podía con todo, que debía hacerlo todo y respirar sin pausa para seguir siempre, pase lo que pase…

Alguien me dijo que buscara sin parar, siempre, todas las respuestas, porque eso me daría ventaja en esta dura competición…

Alguien me pidió que acumulara sin pensar porque tenía que estar segura, que debía tenerlo todo previsto, que debía preocuparme por todo y jamás perder el control de nada.

Me enseñaron que sufrir tiene premio y te libera de culpa, que es necesario para ganarse el cielo y el pan… Que nada es nunca fácil y que todo será peor si no finges que no te importa y haces lo que hacen los demás.

Me susurraron que yo valdría lo que valen mis resultados, que yo era mis resultados. Y me grabaron a fuego que no confiara en nadie ni en nada… Ni siquiera en mí. Y eso me hizo sentir pequeña, desamparada, desvalida, incapaz, avergonzada, miserable, desheredada, culpable, rabiosa, enfadada, triste y asustada, muy asustada.

Y no era cierto nada… No lo es al menos para mí… Me engañaron como les habían engañado a ellos porque pensaron que era lo mejor…

Porque esto no va de lucha sino de pasión… De amor…  De hacer lo que sientes que debes con amor y sin arrastrarse ni sentirse obligado. de hacer lo que amas y aprender a amar lo que haces…

Va de saber qué dirección quieres tomar, pero permitirse el error y la duda. Va de ir acompañado y no de llegar el primero. Va de compartir y ser tu versión mejorada, no mejor que nadie…

Va de parar y perderse en el tiempo para encontrarse… De escucharse y contarse historias hermosas, notar qué te cuenta el cuerpo y amarlo. Va de detenerse a respirar y de despojarse de todo, de darse cuenta de que no puedes controlar nada, de que nada es y jamás será aseguro y vivir con esa deliciosa incertidumbre hasta que un día te levantas y es tu mayor certeza… Y tu preocupación se esfuma porque te has dado cuenta de que la vida tiene planes mejores que tus planes y tú puedes decidir pero tienes que ser flexible porque no sabes nada…

Y ves claro que no puedes  huir de tus miedos porque eso hace que tú seas tus miedos… Que hay que sentirlos, abrazarlos, vivirlos y comprender que estás por encima. Que hay que observarlos como pensamientos locos y darte tregua, que hay que tiritar con ellos y descubrir que no eres ellos… Que hay que dejar de necesitar cambiar la realidad para ser feliz y estar en paz, aceptarla y amarla para así empezar a transformarte…

Que eres responsable de tu vida y culpable de nada, nunca, por más que pese y duela…

Te das cuenta de que sufrir es inútil, aunque te enseña a vivir cuando ese sufrimiento es tan intenso que nada compensa nada y te permite despojarte de todo porque ninguna máscara lo hace soportable.

Y notas que llueve y no pasa nada. Y sabes que no llegarás primero y no importa porque estás bien acompañada… Por ti… Porque ahora sabes que la respuesta que buscabas es el amor que sientes por ti.. Un respeto inmenso que no surge gracias a ninguna medalla, ningún logro, ningún resultado, ningún marcador ni posesión que ahora tengas... Porque ya eres y siempre has sido, incluso antes de empezar este camino que te dijeron que era una carrera y eso te impidió irte parando a contemplarlo y sentirlo…

Y no puedes con todo, no porque no seas capaz de superarte, sino porque no hace falta que cargues con nada, que arrastres nada ni resistas ninguna embestida…

Y ahora sabes que la única forma de estar en paz y seguro es contemplarte vulnerable  y descubrir tu verdadera fuerza… Y esa fuerza solo sale de dentro cuando te permites caer y te quitas las máscara y dejas de ser el personaje y aceptas tus debilidades y fortalezas… Cuando amas tu oscuridad y besas la realidad para empezar a cambiarla desde dentro… Y cuando callas, por dentro y por fuera, cuando escuchas ese silencio maravilloso que hay en ti y permites el vacío y nada… Y entonces, dejas que algo increíble pase y algo increíble pasa.

Cuando amas esto que eres y lo que es… Y cuando confías, sobre todo en ti.

¿Y si lo que pasa es que debes dejar buscar y empezar a encontrar? ¿Y si lo que sí puedes controlar es cómo reaccionas a  lo que te pasa en la vida y no a la vida misma? ¿Y si la actitud que tienes ante todo te conduce a estar en paz?

Y ya has encontrado, estuvo ahí siempre. No lo viste porque estabas ocupado siendo esa persona que te dijeron que debías. Haciendo lo que hacen los que compiten con el mundo esperando ser mundo… Viviendo lo que viven los que no viven esperando otra vida… Sintiendo lo que sienten los se condenan a ellos mismos  a no sentir nada…

Ahora ves claro que tienes que soltar porque no puedes seguir llenando tu vida de por si acasos, de trastos viejos y recuerdos rotos, creencias rancias que te impiden vivir como mereces… Que tienes que permitirte lo que deseas y que pensar en ti porque eso no es ser egoísta sino coherente porque para dar lo mucho que hay en ti y para compartir tienes primero que darte y comprometerte contigo.

A mí también me tomaron el pelo con la mejor intención pero ha llegado el momento de dar la vuelta, de parar, de sentir, de decir no a lo que es no y sí a lo que es sí…

Es el momento de dejar de ser sumiso para que te acepten y te amen…

De dejar de hacerse el rebelde para que comprendan que no les sigues el juego…

De dejar de mirar a otro lado para no verles y fingir que les ignoras…

Es tu momento. El de ser y vivir.

Y los sueños, los sueños importan pero tú importas más. Deja de perseguirlos y siente que los mereces a ver qué pasa y si no pasa, sigue mirándote con el amor que eres, con el respeto que mereces.

Aunque ni siquiera esto que te digo es nada, porque es lo que he vivido y aprendido, pero mi camino no es tu camino.. Y tampoco sé casi nada… Todo está en tus manos.

 

GRACIAS POR LEERME E INICIAR CONMIGO ESTE CAMINO COMPLICADO PERO MARAVILLOSO… 

Gracias por compartir y llevar mis palabras hasta el otro lado del mundo… 

Si quieres continuar con este cambio, te invito a profundizar todavía más…

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Vivir lo pendiente y abrazar lo inevitable


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Somos nuestro propio infierno y nuestro propio cielo. La barca con la que navegamos y nuestra propia deriva. Somos el salvavidas y los pies de cemento. El miedo que nos hunde y nuestras ganas de conocernos que nos ayudan a flotar.

Somos nuestro propio camino y todos y cada uno de los pasos atrás que damos. No podemos decidir lo que encontramos en el camino, pero podemos decidir cómo lo miramos, cómo lo colocamos en una estantería de nuestra vida y qué hacemos con ello. Si lo rechazamos o lo aceptamos. Si decidimos que forma parte de nosotros y que tenemos algo que hacer con ello, algo que aprender o lo lanzamos al abismo…Si lo rompemos en mil pedazos o si nos rompemos nosotros en mil pedazos al sentirlo porque no nos vemos capaces de usarlo para crecer.

Somos nuestro infierno  y nuestro cielo. Somos nuestro gran miedo y la forma que tenemos de superarlo. Somos la forma que tenemos de esconderlo y vivir de él o de vivir a pesar de él…

Somos, somos, somos… Siempre acumulando de todo para no tocar, para no aceptar, para no sentir y asumir, para disimular y esperar a que pase. Pagando por ello el alto precio de no soltar. De llevar la carga y no poder respirar.

Somos y, a veces, no nos damos cuenta de que somos porque sencillamente estamos. Porque solamente sobrevivimos . Porque solamente arañamos pedazos de vida. Con la máscara puesta porque nos asusta tanto quitárnosla percibirnos como somos realmente y que nos perciban como somos por dentro… Vulnerables, desnudos, asustados… Tierra por comprender, tierra por conquistar, tierra por descubrir, tierra para amar. Tierra, una tierra enorme en la que sembrar…

Somos, somos, somos… Somos el camino al que queremos llegar y el camino del que queremos huir. Somos el destino que escogemos y le que no queremos escoger porque nos asusta reconocer que también está en nosotros. Porque no queremos escuchar que la vida pasa lista y dice nuestro nombre.

Estamos tan pendientes de lo que será, que se nos olvida el mientras tanto… Y nosotros somos el mientras tanto, la vida es el mientras tanto. La vida es amar al mientras tanto. Amar al casi, al tal vez, al puede ser, al no es aún, al no está, al no lo parece… Aceptar que sea a medias, que no sea todavía. que tenga una forma difusa, que esté en construcción…

Lo que nos define es como vivimos el mientras tanto… Cómo lo abrazamos. Cómo vivimos el sí pero no, el todavía… Cómo gestionamos el “y si no”. Cómo decidimos que nos afecte el “no sé si…”

Cuando no aceptamos el mientras tanto de todo lo que nos rodea, no aceptamos nuestro mientras tanto. No vemos que estamos a medio camino de algo y no aceptamos el camino. Ni los recodos, ni los momentos oscuros, ni los momentos tristes, ni los momentos locos… Nos asustan tanto los momentos locos y descontrolados… Nos asustan tanto los momentos alegres como los momentos tristes. Huimos de la paz porque no queremos echarla de menos, porque no queremos ser adictos a ella para cuando escasee, para no pensar que se ha ido y no volverá y que la culpa nos invada y comprima el pecho. Porque no hemos aprendido a mirar su ausencia y encontrarle sentido… Mirar al vacío y descubrir que somos nuestro gran misterio, nuestro gran secreto. Somos la llave y la cerradura…

Somos, somos, somos y nos definimos por lo que no tenemos, por lo que nos falta, por lo que deseamos y no nos acompaña…

Somos nuestro infierno y nuestro cielo. Nuestra ausencia continuada en todo aquello que nos atañe y duele para que no nos ataña y no duela. La puerta cerrada a cal y canto a eso que nos recuerda que nos equivocamos y que no nos permite comprender por qué. Las reglas de oro y las normas que nos dictamos para intentar ser mejores y obtener buenos resultados y que comprimen tanto que cuando llegamos a la cima hace rato que hemos dejado de respirar…

Somos, somos, somos siempre lo que no queremos recordar y lo que nos da miedo vivir. Y siempre llega, siempre nos alcanza, siempre nos toma por la solapa y nos cuenta el cuento que no queremos escuchar. Siempre evitando sentir ese dolor, notar ese miedo y sujetando con todas nuestras fuerzas algo para que no se caiga, para no perderlo y sentirnos vacíos y solos.

Somos eso que no nos gusta, precisamente porque lo despreciamos. Somos aquello que evitamos, precisamente porque viene a nuestro encuentro para que podamos dejar de huir.

Somos la forma maravillosa en que a veces claudicamos y preferimos vivir a ganar y bajamos la guardia y nos dejamos acariciar. A veces, el cielo está en reverso de la hoja a la que nunca le das la vuelta por si te toca asumir y corregir… Y el infierno es ese tiempo que tardas en darte cuenta de que el cielo es una decisión propia… De que eso va de salir a vivir lo que tenemos pendiente y abrazar lo inevitable. 

Acabar dando gracias por lo que es, sea lo que sea, y encontrando la comodidad en lo que antes parecía terrible, insoportable…

GRACIAS POR LEERME E INICIAR CONMIGO ESTE CAMINO COMPLICADO PERO MARAVILLOSO… 

Gracias por compartir y llevar mis palabras hasta el otro lado del mundo… 

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