merceroura

la rebelión de las palabras


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Heridas


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A veces siento que me he cosido a mí misma. Como si fuera una muñeca de trapo remendada por todos los costados… Se me caía un ojo y lo cosí. Se me salía el relleno e hice un apaño. En ocasiones, el remiendo ha quedado perfecto, como nuevo. Otras veces, no he encontrado el mismo color o no he sabido reparar lo roto con la misma destreza con la que estaba hecho en un principio y ando por la vida con un ojo de cada color y algunas cicatrices. Soy un ser asimétrico y deshilachado, pero estoy aquí.

Durante mucho tiempo, me he mirado a mí misma y me he visto una muñeca rota, cuando en realidad era una muñeca que ha sabido curarse a sí misma, que ha encontrado la forma de seguir a pesar de los accidentes, los obstáculos y todas la veces que no ha sabido saltar y ha tropezado o ha caído. Cuando he mirado al espejo a esa muñeca, he sido a menudo incapaz de ver el valor de lo reconstruido, de lo remendado… He visto la torpeza y el dolor, el miedo a ser una muñeca usada y olvidada por no ser la muñeca más hermosa, por ser una muñeca cada vez más antigua… He visto las cicatrices sin darme cuenta de su extraordinaria belleza, de su valor, de la importancia que tiene para cualquier ser humano amar sus grietas y rincones más oscuros para poder así dejar que su luz salga al exterior…

A veces, me miraba y no me veía porque estaba demasiado ocupada ocultando mis heridas e imperfecciones… Tapándome con la máscara para que nadie viera que mi sonrisa era una mueca de dolor, de miedo, de soledad infinita… La soledad de alguien que hace tiempo decidió que estaba sola y nunca nadie iba a poder ayudarla, la soledad de alguien que renunció a la esperanza porque conservarla le hacía demasiado daño… De alguien que se cansó de esperar una mano amiga que nunca llegó… Ahora lo tengo claro, esa mano no podía llegar. No podía porque ella no permitía ayuda, porque había instalado la soledad muy dentro y había decidido que era responsable del mundo y de llevar su peso y su cargo… Nadie puede ayudar a alguien que se obsesiona con no ser ayudado y cuando lo hace, esa ayuda no llega o no se ve. Esa ayuda no podía llegar porque sus pensamientos habían decidido por ella que nunca llegaría… Y además, la vida siempre te pone a prueba y te deja solo para que entiendas que ya lo tienes todo, que en realidad nunca estás solo si te amas y confías… Pero para entenderlo tienes que aprender a mirar las cicatrices y ver en ellas un logro, un regalo, una muestra más de tu capacidad de crecer y adaptarte… Un destello de luz que descubre tu enorme poder para seguir a pesar de todo y descubrir que la esperanza no es algo que se espera, es algo que ya se tiene, que está en ti, que vive dentro de ti… Que no se trata de esperar en realidad, sino de vivir intensamente cada instante y dejar que llegue lo que llegue, porque no hay más remedio que estar a todas y darle la vuelta a las situaciones y encontrar el reverso suave de las hojas… Y construir con las piedras del camino, con los palos que te dan en la espalda, darle la vuelta a los sueños no cumplidos como si fueran calcetines y descubrir que en realidad son el primer paso a otros sueños mejores y más grandes… Convertir tus lágrimas en posavasos y tus miedos en catapultas… Darte cuenta de que todo tiene sentido, en realidad, que todo encaja pero que tu forma de verlo y percibirlo es la que te juega malas pasadas… Que el espejo sólo te muestra lo que te predispones a ver, a sentir, a ser… Y que lo que encuentras en el camino son en realidad tus pedazos por recomponer, pistas para descubrir qué te ocultas a ti mismo, qué no te atreves a decirte todavía y que es tan necesario para poder unir las piezas y sentirte tú, sentirte libre. El camino te cuenta historias para que tú escribas tu historia, para que tomes del pasado las lecciones y con ellas dibujes tu presente… Porque a veces las heridas son caminos que te llevan a ese lugar que buscas y que ya está en ti pero no puedes encontrar porque miras con dolor y con miedo… Sin presente no hay futuro. Por ello, no hay nada peor que tragarse este momento sin vivirlo esperando que el tiempo pase y todo cambie, sin notar la vida ni sentirla… Porque sólo llega el futuro que esperas si construyes el presente que con vida, con ganas, con alegría… Si miras y eres capaz de ver la belleza que hay en ti… La de verdad. 

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El otro día alguien le dijo a la muñeca zurcida algo maravilloso… “En realidad tus sueños ya se están cumpliendo, pero no lo ves porque no confías, porque esperas.”

Y es cierto, el error es el primer paso para llegar al sueño. La duda es el reverso del acierto. Estás en la primera página del libro y no ves el final y crees que has abierto el libro equivocado pero te falta paciencia y te falta sumergirte en las páginas del libro y vivirlas y sentirlas y disfrutarlas… El día que hoy eliges vivir es una réplica del día que vivirás mañana. Con cada decisión que tomas, replicas un momento futuro, marcas un rumbo, escoges un sentido, un para qué… Y hoy gozas, aunque no veas a dónde te llevan tus pasos porque lo que buscas no llega, mañana gozarás…

Ya estás tocando lo que deseas, pero no lo ves porque miras con los ojos del que no sabe lo mucho que merece, del que no se acuerda de que jamás estás solo, del que tiene miedo a descubrir su propia grandeza…

Y si ahora eliges ser feliz pase lo que pase, qué importa qué pase… Este es el sueño. Esta es la mirada de la muñeca rota que se cose y decide comprender lo mucho de lo que es capaz en lugar de perder el tiempo, las ganas y la energía recordando el pasado y llorando por sus heridas. La muñeca a la que ya no se le escapa este momento pensando en lo que vendrá… Que ya no espera porque ya es lo que quiere ser. 

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Te invito


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Te invito a mi vida. Sin más pretensión que unas risas y unos ratos sin prisa ni agenda. Sin más necesidad que la de un trago largo o una charla que no se acabe nunca… Un silencio tan rotundo que nos permita mirarnos y encontrarnos la cara y las pupilas… Una habitación llena de luz y de música… Una maleta vacía de agobios y de culpas… Un mapa sin destino ni más ruta que las palabras y las miradas. 

No es para quedarse y ni para irse, es para estar mientras estás y notar mientras pasa, pase lo que pase… Un café o una vida. Sin etiquetas ni consignas. Un momento o una eternidad contenida en una caída de párpados o un abrazo sostenido, cálido, cíclico, un suspiro desbocado… 

Te invito a dejar pasar trenes que llevan al ruido y engullen la nada que nos rodea convirtiéndose en nada inmensa… Y a bailar melodías que sólo nosotros podremos escuchar. A ver como las olas mueren sin parar mientras un viento dulce nos besa la nuca y nos salpica de sal. 

Te invito a vivir en mis entrañas cinco minutos, para que veas que ya no oculto nada y todos mis miedos se han vuelto diminutos, asequibles, remotos, pálidos, huérfanos de esperanza… Para mecernos en la tarde más triste y bailar en la noche más oscura si un día hace falta. Para que la mesa siempre esté puesta por si viene a cenar la fantasía y la ventana abierta para que entre la brisa y se vaya la mala sombra y las miradas rancias. Te invito a ser feliz ahora sin esperar nada, sin apegarse a nada, sin hacer más planes que hasta el final de este día que se nos podría escapar mientras pensamos en un futuro irreverente que jamás será como nosotros decidamos. 

Te invito a sacarnos las púas y las escamas. A contar pecas y ver pasar peces muertos que nos recriminan que vamos en sentido contrario mientras tragan y lloran, mientras cuentan historias injustas y se quejan porque no saben decir no mientras no se callan. Para ver desfilar a los se alimentan de rutina y disfrazarnos de personas normales mientras por la costuras se nos escapa la risa y se nos ve el truco y la artimaña.

Te invito a construir un mundo paralelo y alzar un puente que cada día nos lleve a la realidad más absurda, para que podamos verla y conocerla y volver siempre justo antes de que nos salgan raíces… Antes de que la calabaza se nos convierta en carroza y descubramos que le dimos la vuelta al cuento. 

Te invito a sentir que existes y perderte en las cosas más diminutas, en los detalles y las mareas, en las moscas que vuelan buscando dónde posarse y los vecinos que abren sus vidas al patio de luces, hambrientos de batalla, que se miran y no se reconocen. Te invito a contar baldosas mientras me dices que te gusta mi nuevo peinado sin peinar y a bajar una parada antes par no perdernos el paisaje que ya conocemos pero que sin ninguna duda cambia cuando nuestros ojos se pierden en él.

Te invito a no ignorar quiénes somos y perdernos en el amanecer más hermoso y compartirlo. Sólo por verlo y saber que es nuestro, que es tan nuestro que ya no volveremos a verlo igual jamás pero no nos importa porque de tanto amarlo se nos quedó dentro.

Te invito a mi vida un rato o un siglo. No importa, son lo mismo si no se saben vivir. Se confunden si mientras estás, la cabeza te ronda por otras calles y surca otras vidas que todavía no alcanzas. Si mientras ocupas el espacio, vives un simulacro de vida con el pensamiento.

Te invito a mi vida sin desesperarnos ni buscarnos. Sin mirar relojes, ni poner cadenas ni condenas, ni puertas ni cerrojos, tan sólo cortinas de estrellas.

Te invito a abrazos largos y despedidas cortas. Noches encendidas. Mañanas sin desuso y viernes sin perspectiva de fin de semana… Te invito a lunes sin rutina y conversaciones sin tregua, sin sentido, sin remordimiento, sin culpa, sin nada que ate a nada. Sin más monotonía que vernos las caras y descubrir que ya no somos los mismos pero nos parecemos cada día más a nosotros mismos. Te invito a no dejar nunca de ser mientras estás conmigo y dejarme vivir en mi esencia más salvaje sin buscar razones ni porqués. 

Te invito a volar y caer. A renunciar a estar en todas partes y controlar todas las bestias. A estar presente en tu vida y bailar en la mía sin arañar la pista…

A caminar por todas las esquinas sin esperar nada en ellas…

A dejar que la vida te sorprenda y a celebrar antes de la fecha porque más que nada concreto celebramos la vida…

Te invito a conocerte en mis miedos y aceptarte a través de mis miserias. A verte en mí y saber que el azar nos puso juntos porque no es azar y todas las locuras tienen sentido. Te invito a husmear en el cajón de mis sueños sin lazo y a besar mis sombras, a comprender por qué me perdí durante cien años y me reencontré vagando en un planeta sin luna, sin sol y sin sentido… A vaciar mi armario de monstruos y tirar la ropa que ya no viste mi vida, ni mis ganas, ni mis rezos. Te invito a prender fuego conmigo a los recuerdos que más me queman y a acariciar mis cicatrices más profundas con tus palabras más dulces.

Te invito a cantarme una nana si quieres para que me duerma. A contarme cuentos para que me quite los complejos y me afloje las costuras. Si quieres… Si no, nunca pasará nada. No habrá tempestad ni reproche, no habrá obligaciones ni jaulas… Nunca te encerraré en mí para que no te quede mas norte que mi norte y te pierdas y dejes de ser lo que amas…  

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Te invito a hablar en alguna lengua extraña que nos ayude a comprender que lo único que necesitamos está escrito en nuestros ojos… Para que recordemos que no hay más frontera que nuestra piel ni patria que esta noche.

Te invito a pasarte por mi pasado y compartir pensamientos rotos y emociones desbocadas. A reírte conmigo de mis inseguridades y compartir las tuyas… A ser tan tú que no notes que no estoy… Me invito a ser tan yo que si no estás no importe, aunque cuente las horas para que vuelvas. Hasta que el amor no nos quepa y tengamos que dejarlo marchar, soltarlo… Y que sepamos su verdad si vuelve y llama a la puerta. 

Te invito a este amor sin ataduras ni consignas, sin reproches ni dependencias… Sin más meta que el propio existir y sentir… Sin más obligación que la de ser auténtico… Sin más futuro que este preciso momento. 

A esos amores libres que no amarran ni esclavizan… Los que no buscan completar nada sino compartir… Los que no son de cuento sino de una realidad distinta, que no te vuelven loco sino que te dejan ser tú… 


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Calla, por favor


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¿No la oyes? La vida te habla… Tú te hablas.

Te pide que pares y te notes y te revises las costuras por si están flojas o andan deshilachadas…

Te pide que te sientes y te tomes ese café postergado y mires los dibujos caprichosos de las baldosas que cuando eras niña te ayudaban a inventar historias…

Calla ahora y deja que el silencio te cubra y te notes los latidos para que sepas que estás vivo todavía. 

La vida te llama y necesita que la escuches sentado y tomes nota, que te hagas ya una lista de aquello que de verdad te apetece y tienes ganas de hacer… Aquello que harías en último día de tu vida sin tener la sensación de que los minutos se te escapan o desperdicias las horas.

La vida te reclama tiempo con las personas a las que amas… Te dice que dejes de mirar de reojo y vayas de frente y no te escaquees más de esa tarde sin rumbo ni horario, de ese paseo sin itinerario, de esa charla sin más propósito que hilar palabras y descubrir, escuchar y notar que te escuchan. Esos minutos de frases sin rumbo que seguro que llevan a un lugar mágico y necesario… La vida te pide que te calles para que dejes de dar vueltas a los pensamientos de siempre y encuentres tu voz perdida en el silencio. 

La vida te grita cuando te gritas para que te quedes un rato en silencio y pueda contarte que gastas demasiada energía pensando en qué pasará mañana y te robas los días contando tragedias y buscando lamentos antiguos y gastados… Te grita para que sepas que no te quieres suficiente como para contar contigo y dedicarte un minuto, una hora, un día a saber qué quieres y qué te quema por dentro… Para explicarte que vives en un ensayo general cuando el estreno ya pasó y eres incapaz de escribir tu guión para tomar las riendas… La vida te susurra que dejes de pelear contra gigantes y te dediques a ver cómo cae la lluvia y juegan los niños en el parque… Para que sepas que lo que importa de verdad no llena titulares de periódico sino miradas cómplices.

Calla, hasta que puedas escuchar como crecen los árboles y sepas que tú también creces. 

Los mensajes que te llegan de la vida siempre están escritos en lugares remotos a los que no vas porque no tienes tiempo, se escriben en las paredes de las tardes que nunca paseas y se nombran en las conversaciones que nunca mantienes porque no te parecen relevantes… Porque hace tiempo que no charlas, sólo buscas respuestas concretas y no escuchas porque necesitas tanto soltar quejas que te has quedado solo, completamente solo. 

Usas poco tu presente. Lo usas tan poco que el pasado se ha hecho en él un refugio y siempre lo empaña con historias tristes que deberían estar olvidadas y asumidas. Lo usas tan poco que el futuro se lo come en un abrir y cerrar de ojos y te engulle a ti mientras intentas arrancar una sonrisa o sentir que estás, aunque tu cabeza dé tantas vueltas que ya no recuerdes por qué. Acepta tu noche ahora y podrás dejar de ocultar tu día de las nubes más oscuras… Ama lo que te hace más vulnerable y ya nada podrá recortar tu risa ni tu esperanza… Y permite, permite que llegue la vida aunque asuste y lo empañe todo de incertidumbre y rareza, para llegar al otro lado siempre hay un punto en el que no se ve el fondo del mar que navegas y tienes que seguir remando, a pesar de todo y confiar…

Calla para que la vida te diga lo que necesitas porque entre tanto ruido es imposible que comprendas nada. 

La vida te pide un vaivén para que te acuerdes de que la vida es un soplo. Te da un empujón para que caigas y es porque necesita que te detengas a mirar tu agenda llena de citas importantes donde has olvidado quedar contigo y decirte cuánto te buscas y cuánto te amas… Para que tengas que frenar y quedarte callado mirando como el sol se pone y te saca la lengua en una mueca sarcástica para que sepas cuánto le duele que no estés cuando te necesita para darte un regalo, mientras tu miras como se escapa y descubres que ha pasado otro día sin ti y te acuerdas de que en estos momentos hay magia, una magia que se te olvida presenciar…

La vida se va mientras buscas un calendario para poner orden o decides que vas a ponerte en serio a vivirla… Se va porque hace tanto tiempo que no la rondas y la cortejas que se enfada y busca a otro que la sueñe con más ganas…

Se va mientras te resistes a cerrar heridas y comprender tu dolor. Mientras escapas del niño que eras para vestirte de adulto que todo lo sabe, todo lo quiere, todo lo necesita. Cuando ya no recuerdas lo feliz que fuiste con casi nada y ahora lo quieres todo y te sientes vacío.

A veces, hay que perder un poco de tiempo para ganar vida, ganar calma. Para calibrar dónde estás y a dónde vas, si resulta que el camino que sigues lo tomaste hace tiempo cuando eras otro y soñabas corto, en otra dirección o si tenías miedo a reconocer que soñabas distinto.

Calla para poder repasar tus pensamientos y decidir cuáles te hacen albergar esperanza. 

Las respuestas que buscas están en el trago largo de café, en la espera aguardando en la fila, en la puerta cerrada, en la lluvia inesperada que todo lo detiene y acumula.

La vida, al final, se mide por risas, por escalofríos que te atraviesan la espalda, por instantes de silencio tal rotundos que la soledad se mastica, por jadeos, por suspiros, por ráfagas de viento que abren ventanas, por tardes que se tuercen y te retuercen el alma, por noches sin sueño y mañanas largas, por rozaduras en las rodillas y lágrimas que surcan tu cara… Por todo lo que se escapa mientras miras a otro lado esperando que pase algo grande, que se abra el cielo, que alguien te salve y te lleve a otro lugar donde no sentirte absurdo y pequeño, donde ya no tengas que esperar nunca… Aunque la vida es la espera y lo que aprendes a hacer con ella… La paciencia de sentarse a mirar al mundo y ver que sangra pero que también es feliz, que llora pero que también ríe, que se hunde, pero que va a salir a flote siempre…

La vida es ese momento en el que te das permiso para ceder y decides que no vale la pena pelearte. Cuando te quitas la máscara y encuentras debajo al niño que fuiste llorando porque necesita un abrazo y le pides perdón por haber tardado tantos años en volver a él… Cuando descubres que no te gusta lo que sueñas y lo soñabas para ser “normal” o encajar en una película que parecía apasionante. Cuando te das permites caer y descubres que no pasa nada…

La vida es ese lapso de tiempo cuando te pierdes y recuperas tu esencia, cuando dejas de mirar el reloj y encuentras tu ritmo, cuando dejas de esperar a que venga alguien a salvarte y te encuentras contigo y sabes que estás en casa… La vida es ese pedazo de cielo que se refleja en tus ojos, en los cristales de la estación mientras el tren no llega, en los charcos de lluvia mientras finges buscar el paraguas cuando en realidad a quién has perdido es a ti…

Cállate, por favor. El silencio curará tu mente cansada de buscar respuesta siempre en los mismos pensamientos y hurgar en las mismas penas antiguas y gastadas. La vida te habla cuando te callas para que sepas que hay más de lo que ves y que, en realidad, no ves nada porque el ruido no te deja crear la realidad que necesitas… 


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Mi lista de miedos


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Esta vez lo voy a hacer de otro modo… Ya basta de listas de retos y deseos… Vamos a ser sinceros, lo que realmente te cambia la vida es hurgar en ti y encontrar aquello que te callas, aquello que te asusta y que escondes del mundo porque te avergüenza, lo que sigue arañándote y llevas prendido en ti esperando a que busques una solución… Este año mi lista de propósitos será una lista de miedos, de temas pendientes de afrontar, de las verdaderas heridas que tengo por cicatrizar… Una lista de todas las cosas de las que hace tiempo que huyo y me resisto a mirar a los ojos. 

¿Qué sentido tiene adelgazar siete kilos si dentro de ti sigues sintiéndote indigno de amor? ¿Para qué hacer una carrera y entrenarnos para ganarla si lo hacemos para demostrar que merecemos medallas y no para superarnos y disfrutar cada momento? ¿Qué gracia tiene ir al gimnasio si lo haces porque crees que debes y no te hace feliz? ¿No sería mejor ir sin expectativas e intentar disfrutar de la experiencia? ¿No nos estamos engañando con nuestra lista de deseos cada año? Lo digo porque esos deseos están genial y os animo a llevarlos a cabo pero no se mantendrán en el tiempo si no somos capaces de curar la herida que hay detrás de ellos… Si no vamos más allá y comprendemos qué miedo están ocultando… ¿Y si buscamos la esencia de lo que nos paraliza e impide avanzar? ¿Y si nos hablamos claro a nosotros mismos? 

Voy en serio conmigo,  me comprometo con mi felicidad y mi paz interior… ¿Vas en serio contigo o eres una aventura pasajera?

Es cierto, cuando cambias tu exterior o tu entorno eso supone una motivación, un empujón para tu autoestima, un primer paso… Eso es maravilloso, el caso es que no se puede quedar ahí, al menos, no podemos fingir que el problema está solucionado porque no es cierto… Si marchándote no afrontas por qué te vas, estás huyendo… Si quedándote no aceptas lo que hay y no cambias tu forma de vivirlo, estás resignándote… Podemos dejar una adicción, eso es necesario sin duda, pero tenemos que comprender qué nos lleva a ella y qué vacío está tapando, de lo contrario, volveremos a ella o la cambiaremos por otra… Cuántas veces cambiamos de pareja y la siguiente nos sigue haciendo lo mismo… Lo trucos no sirven, hay que ir en serio con uno mismo, porque si no, eso nos llevará a repetir la situación una y otra vez hasta darnos cuenta de que no estamos afrontando la situación real sino que nos andamos por las ramas.

Lo digo porque eso sería como maquillar la imagen que ves de ti mismo en el espejo y creer que eso ya nos hará ser más guapos, o mejor dicho, sentirnos más guapos porque lo que cuenta es lo que sientes que eres y en todo ser humano hay belleza, está esperando a ser rescatada por nuestra autoestima y el respeto… Lo digo porque yo me he pasado la vida maquillando el espejo en lugar de aprender a amarme y respetarme.

Gastamos mucho dinero con productos (me parecen válidos) para sentirnos mejor, para parecer más delgados, más altos, más firmes, más felices, más sabios… Buscamos respuestas en los libros, en las revistas, en los gurús (me parece genial, yo escribo libros, no tengo nada en contra) pero lo que cuenta es lo que interiorizamos y estamos dispuestos a hacer para nosotros… Nuestro compromiso con nuestras ganas de cambiar y transformar nuestra vida… Las acciones y renuncias que somos capaces de llevar a cabo para dar un vuelco a nuestra vida de verdad… Muchas de ellas, ni siquiera requieren movimiento, sólo pararse a sentir y aprender a pensar, decir no a lo que no nos llena, vivir desde la consciencia… Haciendo incluso lo mismo que antes pero desde la comprensión, sin el piloto automático… Cambiar nuestro mundo interior y estar en paz, dejar de traicionarnos, y eso de forma inevitable se verá reflejado en nuestro vida… Podemos ayudarnos de lo que queramos, libro, cremas, cursos… Lo que importa es que nos lleguen dentro, que aprovechemos lo que nos ofrecen para transformar nuestra forma de vivir… Sino, todo lo gastado es como si se lanzara a una especie de vertedero de ilusiones perdidas. No porque lo que compremos no sea válido, sino porque pretendemos que sea la solución cuando si lo usamos como tapadera se convierte en parte del problema… Con ello no digo que no compremos lo que queramos para estar más cómodos o sentirnos más guapos, al contrario, pero que eso no se convierta en un parche sino en un estímulo para curar la herida que ese problema pone en evidencia… Si te amas, amarás tus arruguitas, tus kilos de más o tus kilos de menos… Si no te amas, nunca serás perfecto y siempre estarás peleando contigo y con la vida para conseguir algo que ya tienes, que ya está en ti, que es cuestión de un trabajo interior… A base de conocerse, comprometerse contigo y si es necesario acudir a un buen profesional que te oriente.

Esto va de ser muy sinceros con nosotros mismos y dejar de hacernos trampa… Va de decirnos la verdad, aunque duela y moleste, cuánto más molesta, más necesario es decírnosla y escucharnos… Somos un todo, cuerpo, mente, emociones, alma… Lo que afecta a una de nuestras facetas afecta a todas ellas y debe curarse en todas… Dejar de sentir que no vales nada, dejar de decir que no vales nada, dejar de pensar que no vales nada… Y en consecuencia, tratarte como lo valioso que eres… Encontrar tu coherencia.

El caso es que este año que está apunto de empezar, he decidido dejarme de listas de retos e ir a por todas… Voy a hacerme una lista de miedos. Una lista de fantasmas… De cosas y situaciones de las que huyo para salir a encontrarme con ellas… Una a una, sin prisa pero sin hacerme la remolona. Tomando conciencia de cada una de ellas… Notando y comprendiendo de dónde vienen y qué han supuesto y suponen en mi vida… De lo que me he privado por no abordar esos miedos antes, de lo que me alejan y a lo que me acercan… De las máscaras que me he puesto para soportarlos y esconderlos… De qué emociones liberan en mí… Rabia, tristeza, vergüenza, asco… Apuesto a que la primera es la que predomina en mí pero voy a dejar que me sorprendan… Voy a hacer arqueología de mis emociones para ver a dónde me llevan . Voy a ver dónde noto mis pensamientos, qué me duele cuando me niego a mí misma o me digo esas cosas que no merezco oír… Voy a perdonarme por no haber hecho mi lista hasta ahora y darme cuenta de que no pasa nada, que todo llega a su tiempo… Que he hecho lo necesario y que ya no voy a dejarlo más… Merezco superar mi lista y luego, si al quitar esa capa, soy capaz de ver que hay más, ir a por otras…

Y no se trata de hacer una lista facilona, se trata de una verdadera lista que ahonde en ti y que te confronte con tu realidad, que toque de pies en el suelo y te haga saltar las costuras… Reconociendo tus verdaderos miedos para enfrentarte a ellos y hacer que de una vez por todas dejen de perturbarte y dirigir tu vida…

Para hacer visible lo invisible que está ahí, dentro de nosotros, dando la lata y doliendo un horror…

Para hacer consciente lo inconsciente y dejar salir la presión, la angustia y reconocerte a ti mismo que puedes y que ya basta de ocultarte cosas y fingir…

Para reconciliarte contigo y con todas tus partes y convertir tus debilidades (nunca lo fueron) en fortalezas y retos. Para dejar de mentirte y de traicionarte a ti mismo, como si mercadearas con tu vida. Para asumir la responsabilidad de vivir tu propia vida y dejar esquivar tus conflictos pendientes.

Esto es un ejercicio de honestidad y honradez, de reconocer y reconocerse, de encontrar la verdad que subyace en cada gesto, en cada momento, en cada hábito o costumbre para comprenderse y aceptar… No me voy a quedar en la superficie de retos que lo que hacen es poner una capa de pintura a mis verdaderos miedos para taparlos ni voy a dejar que mis monstruos sigan viviendo en el armario o bajo la cama… Ya basta de dormir con la luz encendida por si acaso, es la hora de dejar de temerle a la oscuridad… Y mientras tanto, podemos hacer todo lo que nuestra otra lista (la ordinaria, la de retos) nos sugiera porque seguro que nos ayuda…

Esta lista nos hará libres porque podremos abrazar nuestra oscuridad y descubrir que en realidad era sólo una puerta que abrir para tomar impulso, que lo peor que creemos que hay en nosotros es lo que nos va a cambiar la vida…

Ya la tengo hecha, mi lista de miedos es larga, no hay prisa pero hay compromiso… El compromiso que todos nos debemos a nosotros mismos… Esto no va de puntuar o conseguir méritos ni premios, ni siquiera va de ser mejores o tener éxito, va de ser libres y eso ya nos hará sentir que hemos llegado a la cima… Y en la cima hay paz y equilibrio.

Este año no quiero quedarme en la superficie… 


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El milagro que esperas


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Cuando llegan estas fechas siempre se dice algo trascendente, algo que te hace sentir esperanzado y que te recuerda que la magia es posible…  Lo hacemos porque, a menudo, es nuestra forma de pedir un deseo más, de decir en voz alta que el balance nos sabe a poco… La forma de arañarle a la vida un poco más de felicidad que nos permita sentir que no hemos perdido el tiempo y no nos hemos desviado del camino… Yo este año no quiero hablar de logros ni resultados. No quiero pesar mis días ni ponerles nota, no quiero valorar mi vida por lo que llevo en el saco… Lo maravilloso no se mide ni pesa nada.. Llego a los últimos días tal vez con ese saco más vacío pero con el alma más llena, más en calma, más en paz…

No necesito mirar mi cuenta para saber que soy rica en mil cosas, para darme cuenta de que he conseguido mucho y de que he crecido una barbaridad… ¡Y lo que me falta por aprender, claro! Voy a hacer balance de sensaciones, de momentos en el camino, de risas, de complicidades, de errores que me han ayudado a ver claro lo que tengo que comprender y aceptar, de ganas e ilusiones… No he llegado a mis grandes metas, lo admito, pero el camino está siendo delicioso y está lleno de pura vida… No he encontrado a nadie que me financie, me salve o me arregle la vida, pero he topado con personas fascinantes que me la regalan cada día con su generosidad y alegría… No poseo todavía lo que posee la persona que quiero llegar a ser, lo asumo, pero me siento bien conmigo, me gusta la persona en la que me voy convirtiendo y lo que soy (a pesar de tener mucho trabajo interior pendiente y a veces no ser mi mejor versión). Físicamente, en algunos aspectos puede que esté en el mismo sitio que hace un años, pero por dentro, estoy a millones de kilómetros, más en calma, más en mí… Al final, uno puede estar en el podio triste o no haber ganado y estar ya en el vestuario con los compañeros riendo y planeando salir a tomar algo… Y yo hace tiempo que me di cuenta de que no quiero la medalla, quiero la risa… Porque, al final, uno demasiado a menudo, necesita la medalla para sentirse digno de esa risa, de esa compañía… Y desde el podio, a veces, cuesta acercarse y sonreír… Y no es incompatible, por supuesto, hay momentos para compaginar ambos logros, pero a la hora de hacer balance de tu vida, las risas cuentan y mucho… 

He conseguido muchas pequeñas metas, es verdad, pero cuando miro atrás, quedan eclipsadas por lo que he aprendido de mí y de otras personas… El año que acaba ha sido increíble. Reconozco que venía de un tiempo deliciosamente oscuro y empecé 2017 casi deseando borrarlo todo para poder seguir… Y en el fondo, eso es lo que ha pasado. No creo que haya año en mi vida en el que haya cambiado tanto, siendo muy sincera. Y no es todo mérito de estos doce meses cargados de emociones y momentos de locura, esto ya venía de antes… Uno cambia el día en que decide confiar y creer que es posible. Y va dando pasos… Deja para el final el paso más grande, casi siempre, porque necesita llegar a ese momento en que el dolor de quedarse supera al miedo de irse, cuando la comodidad de no hacer es más lacerante que el temor arriesgarse y saltar… A menudo, esperamos a que el precio que pagamos por no cambiar sea tan alto que asumir el riesgo nos compense… Aunque entonces a veces te has perdido algunas oportunidades.

He dado muchos pasos. Y estoy satisfecha de todos. De los que me llevaron al abismo y de los que me llevaron a mí misma. Este año he aprendido que no importa a dónde vas, sólo importa qué te mueve a ir, qué te hace querer estar ahí… Si eres honesto contigo, el camino no importa, porque al final la vida siempre hace que se cruce con otro camino donde hay algo que aprender y encontrar. ¿Qué más dan los rodeos si al final te das cuenta de que lo que importa es estar en paz contigo? Para mí que me he pasado la vida forzando milagros hasta quedar rota, descubrir que a veces no hay que hacer nada y sencillamente hay que conectar con uno mismo y sentir, ha sido un choque frontal con la realidad… Este año he descubierto que hay mucho que hacer y decir, pero que también hay que callar y esperar, sentarse y observar la vida a ver qué te dice y por dónde respira… Aprender a esperar sin desesperar es la medicina más útil para los ansiosos como yo que todo lo quieren ahora. 

Lo que pasa es que estamos tan llenos de credos rancios y frases hechas que no sabemos qué queremos y así es muy difícil saber si el camino que empiezas te lleva a dónde quieres tú o dónde te han dicho que deberías querer llegar.

Este año me he arrancado algunos de esos credos. Tenía muchos pegados a la conciencia haciéndome sentir culpable casi por existir… Por no ser, por no llegar, por no parecer… Sé que me quedan, aunque los que siguen ahí serán descubiertos, a su tiempo, cuando haya aceptado que están y pueda trascenderlos…

Algunas de esas creencias que llevamos dentro y que tanto nos limitan se confunden con nosotros. Son muy parecidas a pensamientos lógicos y mantras liberadores. Nos hemos agarrado a ellos tanto que cuando hay que soltarlos nos sentimos perdidos… Arrancarlos hace que todo se tambalee, que se caiga el decorado y la vida se muestre tal y como es… Muchos de ellos son cargas pesadas, pero cómodas, muletas que nos evitan asumir quiénes somos y nos alejan de acercarnos a lo más oscuro que hay en nosotros para no tener que verlo… Y no nos damos cuenta, hasta que un día sabes que la verdad más cruda es infinitamente mejor que la mentira más piadosa, porque sin ver, tocar, aceptar y soltar esa verdad terrible, nunca serás libre.

Si no descubrimos que aún estamos heridos no podemos cicatrizar… Si no asumimos que no nos han amado como merecemos, no admitimos que eso nos ha llenado de rabia y no podemos encauzarla y soltarla… Y no consigues darte cuenta de que el amor que necesitas recibir ya está en ti, porque eres tú… Nos gusta esconder ese dolor porque creemos que así desaparece y lo que hace es crecer y hacerse enorme. Los últimos meses he besado a todos mis fantasmas y les he dado las gracias por estar ahí dando la lata continuamente y permitirme conocer mis miedos para enfrentarme a ellos y descubrir que en realidad eran las piezas de un rompecabezas que nunca completaría sin su ayuda… Nuestros miedos son el camino a la paz, a la libertad, a uno mismo…

Como bien dice mi amigo Juan Pedro Sánchez, el miedo es el espantapájaros que nos ahuyenta, pero también aquella señal que nos indica dónde está la cosecha… (No sé si es exactamente así, perdona Juan Pedro si  he estropeado tu genial sentencia un poco parafraseándote) .

Este año, he descubierto que me complico la vida porque estoy programada para creer que la vida es siempre compleja y todo requiere mucho esfuerzo… Que me atado siempre al sacrificio como si sufriendo ganara medallas y méritos… Y así he vivido… Me he dado cuenta de que creía que yo debía tirar del carro y hacerlo todo porque si no saldría mal… Que si era feliz un rato, tendría que pagarlo caro con un castigo de algún dios enfadado por mi osadía… Que creía no merecer y por eso no pedía lo que deseo… Que mi obsesión por los resultados y las medallas me ha alejado de gozar de la carrera y vivir el momento.. 

Este año he viajado más que nunca y he encontrado a personas maravillosas… ¿Sabéis cómo me di cuenta de que estaba cambiando y de que me quería más a mí misma? Porque empecé a ver cada día que las personas que encontraba eran cada vez más extraordinarias… Cada día veo más belleza a dónde voy y encuentro personas más fascinantes… Últimamente es una constante, cada vez pongo menos pegas a nadie, encuentro personas más amables y generosas… Y ese regalo no es una casualidad sino que creo que es un síntoma de haberme aceptado a mí misma y ser capaz de aceptar a los demás y ver su lado fantástico. Nunca vemos belleza en los demás si no hemos encontrado la propia belleza… Y yo veo mucha, mucha. 

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Este año he aprendido a no esperar, a no tener tantas expectativas y a dejar de desear cambiar al mundo. Me he dado cuenta de que lo sabio es aceptar las cosas como son y amarlas… No, no es terrible, es maravilloso… Y no es resignación, es todo lo contrario… Nada transforma tanto el entorno como el amor… Aceptar es mágico. Era (todavía me falta) mi gran asignatura pendiente… No juzgar, no forzar para que todo sea como deseo… Uf… Algo duro para una persona obsesiva como yo que está programada para demostrar, buscar la perfección y asumir el control… Para actuar… Sujeta a resultados y ávida de méritos… Y a soltar… En ello ando, soltar necesidades… Soltar pasado y futuro y quedarse en el presente. Nada calma tanto como aparcar el futuro y vivir el presente. Nada libera tanto como soltar la carga del pasado… Mi culpa, que era tremendamente gorda, inmensa, voraz… Se quedó por el camino y aún rueda colina abajo mientras yo la miro y a veces la echo de menos y me hago un poco la víctima… Este año me he sorprendido viviendo hoy, ahora, este momento, como nunca lo había hecho y me he dado cuenta de que si no consigues eso, no vives, sencillamente te cuelas por una especie de sumidero de tu vida… Un desagüe donde van a parar tus días sin sentido y dónde todo es desesperación… 

Me queda tanto por aprender, tanto… Estoy dejando de pensar en exceso. Me cuesta, lo admito, me regodeo en pensamientos viejos y hurgo en la basura como una profesional… Llevo media vida haciéndolo y se me da muy bien… Y estoy aprendiendo a confiar. En mí, en la vida, en todo… Pensar en exceso es querer controlar todas las variables posibles, caer en la escasez, el miedo a lo desconocido, el apego, la desconfianza para tener que controlar más y obsesionarse más en un círculo vicioso. Cuánto más te preocupas, más cansado estás y menos haces y más culpable te sientes por no estar a la altura… 

He dado muchas vueltas y cuando he parado un momento no sabía quién era, lo reconozco, porque la mujer que se ha quitado tantas capas de piel gastada y de ideas absurdas parecía no ser yo… En algún momento, confundí al personaje que me había inventado para sobrevivir y no afrontar mis limitaciones con lo que soy en realidad… Y cuando me despojé del personaje, me sentí desnuda…

Os voy a decir algo, la desnudez sólo molesta al principio, luego, descubres que sin quitarte todo lo que te oculta no puede volar…

Me queda, me queda mucho por hacer, pero algo que he aprendido este año es que todo llega. No pasa ni antes ni después. Cada día hay milagros… Uno tras otro. Pasan cosas maravillosas mientras cruzamos el semáforo, leemos un libro o vemos atrocidades en televisión… Lo único que necesitamos es verlos y apreciarlos, ser capaces de percibir que suceden… Y a veces no los vemos porque tenemos que aprender a mirar y percibir… Miramos con los ojos del que busca dolor y malas noticias, en lugar soltar la mirada del que admite que no sabe nada, del que ve belleza en los rincones y del que cuando pasa algo es capaz de creer que no es un paso atrás sino una puerta que se abre con algo grande oculto detrás.

Cuando curemos nuestra percepción nos daremos cuenta de que todo lo que buscamos lleva una eternidad a nuestro lado. Cuando aprendas a mirar al mundo te darás cuenta de que el milagro que esperas está en ti. 

Este 2017 ha sido el año en el que dejé de esperar y aprendí a mirar al mundo de otra forma y conseguí ver el milagro… Estaba él ya allí, esperándome a mí y yo no lo veía porque miraba el saco y esperaba la medalla… 

Gracias, gracias, gracias. 


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Las personas que encuentro en mi camino


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Hay personas que llegan a ti y te muestran tu luz y otras que te muestran tu sombra. Las primeras vienen a enseñarte toda la belleza que no sabías que estaba en ti. Las segundas, toda esa oscuridad y los miedos que te niegas a ver porque no confías en tu capacidad para asumirlos, porque todavía no te amas suficiente. No dudes ni por un momento. Ambas son maestros maravillosos que te están haciendo un regalo valioso, conocerte, aceptarte, amarte. Y por ello, a todas ellas les debemos dar las gracias, porque nos ayudan a crecer y confiar. Porque nosotros también somos lo uno y lo otro y tanto en nuestra luz como en nuestra oscuridad, somos seres increíbles y enormes… Personas poderosas que no saben que tienen poder y que, por tanto, no lo ejercen. Al encontrar a otras personas, nos sincronizamos y nos proyectamos en ellas para poder aprender qué estamos evitando o dejando de afrontar.

Las personas que se cruzan en nuestro camino traen un valioso mensaje… Con gestos, con palabras, con desaires, con abrazos, con historias de amores perdidos o sin alma, con decepciones, con desencuentros, con sorpresas… Nos dicen aquello que no somos capaces de decirnos a nosotros mismos. Lo que callamos desde hace tiempo y llevamos enquistado en algún lugar de nuestra conciencia. Nos cuentan lo maravillosos que somos porque a veces no nos damos cuenta, no apreciamos nuestro talento y nuestra capacidad para compartir y ofrecer algo valioso a los demás… Nos ayudan a dar importancia a lo que nos parecía pequeño… Nos permiten hacer relativo aquello que nosotros habíamos convertido en una montaña muy alta o un obstáculo insalvable.

Hay personas que vienen a darnos la mano para cruzar un mar bravo lleno de dificultades. Otras nos enseñarán a construir un puente para poder cruzarlo. Algunas llegan a nuestra vida para decirnos que ese mar hostil en realidad no existe, que es fruto de nuestra forma de mirar al mundo con ganas de pelear, con resentimiento, con miedo, con la mirada de alguien que busca hostilidad y la encuentra… Nos explican que podemos aprender a mirar ese mar de otra forma y ver que tiene rincones hermosos por descubrir, que guarda belleza y magia… Que si lo cruzamos con actitud positiva y con ganas de aprender, nos traerá grandes lecciones para seguir… Nos explican que el mar será como decidamos verlo si somos capaces de aceptarlo y no juzgarlo. Que nada es bueno o malo, que se convierte en lo que decidimos que sea al juzgarlo… Como las personas que se cruzan en nuestro camino.

Algunas personas nos dirán que no crucemos. Si somos capaces de mirar en su interior, si comos capaces de mirar en el nuestro, sentir qué nos pide la conciencia, notar que nos dice la intuición… Nos daremos cuenta de que tienen tanto miedo a cruzar como nosotros… Puede que nos pidan que no crucemos porque nos quieren sanos y salvos aunque eso nos suponga no crecer, no sentir, no evolucionar. Es una forma de amor que se confunde con el egoísmo y que está tan plagada de miedo que se consume… Puede que no quieran que crucemos porque ellos no se sienten capaces y no quieren que nosotros lo consigamos, ya que eso les haría sentirse pequeños y ridículos… Porque no se aman suficiente y echan mano del ego para sentirse cómodos… Tienen miedo también. Nos nos enfademos con ellos, no va con nosotros, forma parte de su lucha interior por descubrir su verdadero poder, por encontrar su misión y descubrir su grandeza oculta tras el rencor, la envidia y necesidad de amor. Ellos no son nosotros. No nos obsesionemos con demostrarles nada ni responder a sus humillaciones, sencillamente, comprendamos su dolor y no nos dejemos enredar en sus palabras y gestos, no les juzguemos porque sus errores son los nuestros y sus dudas forman parte de nuestras dudas… Están ahí para recordarnos lo que podemos arreglar en nosotros.

Habrá personas que nos incordien para que crucemos, que nos llamen cobardes y se rían de nosotros, personas que cada día con su actitud y su mirada nos recuerden lo pequeños que somos… Cuando vemos la pequeñez en los demás es porque descubrimos la nuestra propia, porque todavía no sabemos que podemos ser tan grandes que veremos grandes a los demás y dejaremos de exigirles que sean como queremos, como creemos necesitar que sean… Porque todavía no nos hemos dado cuenta de que son como son y que de esa forma nos llegará un regalo maravilloso… Los que nos increpan se increpan a ellos mismos, se gritan, se menosprecian, se infravaloran, se queman en una hoguera interior espantosa en la que todo el rato deben demostrar algo para salvarse… Se confunden y creen que si bajan tu autoestima, si merman tu valor ante el mundo ellos podrán bajar la guardia y dejar de sufrir… Mirémosles con compasión y sigamos nuestro camino. Sus palabras nos refuerzan y revalorizan.

En realidad, se trata siempre de decidir qué tipo de persona somos. Las llevamos todas dentro y somos capaces a cada minuto de escoger con cuál nos quedamos. Si hoy damos la mano. Si mañana nos lanzamos al mar y decidimos que pase lo que pase es maravilloso… Si le decimos a otro que es capaz de todo… Si le abrazamos y no decimos nada… Si un día cansados y hartos recriminamos a alguien lo que nosotros no nos sentimos capaces de hacer y le vemos diminuto y ridículo porque creemos que de esa forma seremos grandes y ocultaremos nuestra cobardía… Se trata de decidir si nos amamos suficiente como para aceptarnos y aceptar a los demás como son y dejar de enfadarnos porque las cosas no pasan como deseamos… Aprender a soñar lo que realmente nos hace sentir bien y nos llena por dentro y no lo que nos dijeron que debíamos soñar…

Hay tantas personas que nos ayudan a conocer quiénes somos… Desde el primer momento de nuestra vida vamos recibiendo lecciones de lo que somos o deseamos ser, de lo que no vemos y no queremos ver, de lo que nos asusta, de lo que no aceptamos y en realidad nos hará libres… Somos un pedazo de todas ellas porque dejan en nosotros una huella y nosotros dejamos otra en ellos y en muchos otros… Y siempre tenemos el poder a cada instante de escoger quién queremos ser, qué huella dejamos. Todas las huellas son necesarias. Todos las lecciones son valiosas. Por ello no podemos aferrarnos al dolor que nos han dejado esos encuentros sino a la persona en quién nos han convertido, al mensaje que nos traen sobre nosotros mismos y lo que vamos a hacer con él. Hagamos el sano ejercicio de quedarnos con la rosa y olvidar la espina, amemos la lección y perdonemos al que nos dejó la cicatriz porque mientras nos hería también se estaba clavando en sí mismo el aguijón…

Todo lo que le hacemos a los demás, en el fondo, nos lo hacemos a nosotros mismos. Todo lo que damos nos lo estamos dando… Si damos lo que no queremos, recibiremos lo mismo… Si damos lo que valoramos, recibiremos algo muy valioso… Hay quién nos enseña echando sal a nuestras heridas y quién lo hace con caricias. Los primeros están en el fondo intentando cicatrizar sus heridas abriendo las nuestras porque tienen miedo y no saben cómo… Nosotros a menudo también estamos perdidos y golpeamos sin saber… Sólo podemos comprender su dolor y no aceptarlo en nuestras vidas. Y a los que nos ayudaron a aprender con caricias, honremos su gran trabajo siendo nosotros mismos, brillando tanto que nuestro brillo les recuerde siempre cuánto brillan ellos…

Las personas importan, importan siempre. Por ello, a todas las que encuentro en mi camino, les doy gracias… Porque sé que nada es casual y todo tiene sentido y porque vienen a mi vida con algo importante para mí…

Nosotros decidimos siempre. Y el mar siempre estará ahí pendiente de cruzar. En algún momento asumiremos que somos inmensos y que el mar es un reflejo en nuestra inmensidad.

 


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Eres tú quién va a salvarte la vida, nadie más


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No voy salvarte la vida, no me busques para eso. Si quieres, si me lo permites, te diré que estoy aquí para recordarte que te vas a salvar tú mismo. Hace tiempo que me di cuenta de que no sé suficiente para dar lecciones de nada y que cada persona lleva un universo entero dentro. 

Ya sé que llevas mucho tiempo buscando. ¿Sabes una cosa? Yo también lo hago, busco, como una loba… Sin tregua y a veces tan desesperada que me desconecto de mí misma y algún canto de sirena me hace creer que he encontrado algo verdadero cuando en realidad es falso porque mi urgencia transforma lo hueco en sólido y quiere ver un amigo donde hay alguien que está tan desesperado que busca en ti lo que tú buscas en él… Qué caótico en realidad, el uno mirando en el otro cuando lo que queremos encontrar ya está en nosotros… Juego de reproches, necesidades insatisfechas, egos hinchados que intentan suplir autoestimas flojas y humillaciones por superar y reparar… A veces, bajo en guerrero sin piedad hay un niño asustado que pide cariño pero está tan rabioso que cuando te acercas a dárselo te muerde la mano con que le acaricias… 

Yo también pido deseos en todos los dientes de león del margen de mi camino… Aunque he descubierto que los milagros consisten en mirar al camino sin buscarlos ni necesitarlos, en llevarlos dentro y encontrar tu poder… Busco en cualquier lugar al que voy, en cualquier libro que cae en mis manos, en el fondo de los ojos de cualquier persona con la que me topo… Hubo un tiempo en el que busqué en un tarro de pastillas para la ansiedad y en las palabras hermosas pero vacías de los regalos de amigo invisible… Busco miradas y personas… Miro si tienen la respuesta que busco, lo que he pedido que llegue… Tengo tan claro que la vida te da pistas que a veces enloquezco y lo olisqueo todo buscándolas… Pero la desesperación es enemiga del la paz, de la paciencia, de la confianza y del amor a uno mismo y precisamente todo eso es el material necesario para ver las pistas. No es que las encuentres es que casi chocan contigo, se te prenden en el pelo y puedes respirarlas. Y no las ves, porque miras la dedo en lugar de la luna, buscas un estruendo en lugar de una melodía que te transporte, quieres el resultado en lugar de la caja de herramientas para construirte tu los cimientos de tus logros… 

No las veo y las estoy tocando… Las busco loca y no están y mientras me siento a descansar porque ya no puedo más, se me acurrucan en la falda, como un gato que viene a por cariño o un niño que te trae su dibujo. La respuesta está en el dibujo a veces. Otras está en los ojos del niño o en la frase que lleva escrita en su libreta de sueños por estrenar. Y por más que busques en las revistas especializadas o en los artículos de un blog, en los vídeos de youtube y las palabras de aquellos que han encontrado la forma… Que pueden ayudarte mucho… El relato de tus porqués lo escribes tú… Cualquiera que venga y te escriba la música de tu vida no te estará dando nada que te pertenezca. Las respuestas están ahí, en el aire, esperando ser respiradas con calma pero en demasiadas ocasiones las apartamos a manotazos mientras oteamos el horizonte esperando ver una señal luminosa que nos guíe cuando en realidad nosotros somos la luz que tiene que iluminar la señal y no la revés… Y pasamos por delante sin verla porque no conocemos nuestra luz, ni nuestra capacidad para sorprendernos, ni nuestro poder para encontrar tesoros donde para el resto del mundo sólo hay papel de periódico, libros viejos o personas que se cruzan contigo en un tren. ¿Cómo vamos a hacer magia si no hemos descubierto quiénes somos? si no hemos asumido nuestro poder…

¿Por qué no nos dedicamos a buscar primero la verdad y luego hacer la magia? ¿Por qué no decimos de una vez que hay cosas que no pueden pasar hasta que no tomemos las riendas de nuestra vida?

Tienes que recuperar tu poder pero solo lo encontrarás en lo que eres, en tu verdad, en la más cruda, en la más oculta. La verdad que encontrarás al conocerte y decirte todo lo que te callas. La verdad de reconocer que a veces no llegas y no hace falta… La de mirar a tus errores y decidir que han sido necesarios… La de mirar tu cicatrices y darte cuenta de que sin ellas no estarías ahora respirando aire puro y encontrando tu lugar en el mundo… No hay varita mágica, hay realidad, aceptación pura, amor por lo que has sido y lo que eres…

Cuánto más aceptes lo que eres en su totalidad, sin condiciones ni excusas, más podrás ser, más serás. De hecho, ya lo eres y no lo ves porque no miras la luna, te concentras en la imperfección del dedo que la señala y cierras tu mente, tu mirada, tu mundo… 

Aceptarte a ti y al mundo que todavía no ves ni conoces. Aceptar tu verdad y todas las piezas de tu rompecabezas interior, incluso las más duras, las que todavía escuecen y arañan, la que a veces al recordar, te parecen tan injustas que una oleada de rabia amarga te ciñe la garganta… Hasta que recuerdas que gracias a eso estás aquí y escupes tu dolor en forma de verso, de palabra amable, de carrera frenética, de lienzo repleto de color y vida, de beso o caricia…  Eso es la magia. La que lo transforma todo. Encontrar lo más “terrible” que todavía descansa en tu entrañas y mirarlo a los ojos y decirle “lo siento, gracias” y seguir. Soltar la necesidad de acumularlo y de esconderlo. 

Y sostenerte en pie porque te has encontrado las heridas y sabes dónde están y no te importan… Y oír tu voz que te canta…

Ama a tu miedo porque va a liberarte..

Ama a tu tristeza porque gracias a ella serás feliz.

Ama tu misterio porque cuando lo comprendas verás tu grandeza.

Ama tu dolor porque ha venido a borrar tus límites.

Ama tus imperfecciones porque son los peldaños de la escalera que te llevará a tu cielo…

Ama tus pesadillas porque te permitirán encontrar tus sueños.

Agradece al que nada sabe y se cree dios porque te muestra el camino que no quieres pisar. Agradece al que no ve tu luz porque es tu reflejo que te obliga a brillar más.

Da las gracias al que no te ha dado nada porque en el fondo te está diciendo que ya lo tienes todo.

El contratiempo a veces es para que tomes impulso y recuperes ímpetu… Y a veces para parar a reconsiderar el camino o el sentido que le estás dando tú a cada paso.

No distinguirás cuándo es cuándo si no te escuchas a ti. No sabrás qué significa si lo miras con los ojos del miedo, y lo cuentas con tu voz de acumular quejas. La mirada de buscar tragedias siempre las encuentra…  Eres tú quién va a salvarte la vida, nadie más…