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la rebelión de las palabras


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Voy a romper tus sueños


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Ayer alguien de llamó “rompesueños” en Twitter. Lo hizo porque para promocionar mi último libro puse la frase “todo es posible, pero no todo va a suceder y no pasa nada”. Lo hice porque esa frase es para mí la esencia más pura de la libertad y el desapego de todo lo que nos ata y no nos permite vivir siendo nosotros mismos. Porque forma parte de la esencia también de mi obra y de mi forma de sentir, de lo que he aprendido equivocándome millones de veces y dándome de bruces con el muro de mi necesidad de que todo sea como lo sueño.

Quiero dejar claro, ante todo, que no invito para nada a dejar nuestros sueños y metas. Es más, mi frase es una invitación a desearlos con más ganas y ponerse a ello, pero no desde la desesperación y la necesidad, sino desde el amor y la convicción. Porque esto no va de lo que se consigue, sino de cómo se vive ese proceso, de la actitud con que lo vivimos. Con actitud no basta, es cierto, pero marca una diferencia importante. No porque te haga conseguirlo todo, sino porque hace que valga a la pena o no ponerse a ello.

Persigue tus sueños, por favor, pero no dejes que te amarguen la vida. Tú eres más importante. Hay más sueños, pero no hay más recambios para ti. Y lo digo yo que soy la mujer de las listas de objetivos, la mujer que se hace listas de listas… Y son muy útiles, realmente. Más que nada porque cuando haces una de esas listas negro sobre blanco, te permites quitarte esa necesidad de recordarla de la cabeza y liberas espacio y angustia. Y cuando la repasas, recuerdas tu norte. Es maravilloso tener un norte, pero no perderse en él. Lo digo porque yo me he perdido en él mil veces y he acabado culpándome por no seguir a rajatabla una lista que tal vez podría cambiar en un abrir y cerrar de ojos. Las listas están a nuestro servicio y no al revés.

En realidad, creo que esto nos pasa porque vamos por la vida desmotivados porque no vivimos la vida que deseamos. Y a veces es sólo porque nos resignamos no a tener menos sino a sentirnos menos, decimos demasiado que sí a lo que no nos llena y poco a lo que nos hace volar. Y entonces, buscamos una motivación para seguir y nos aferramos a un sueño y acabamos necesitándolo tanto para seguir respirando que la vida, que es sabia hasta rabiar, te lo aleja cada día para que sepas que realmente lo que necesitas es darte cuenta de que ya eres maravilloso y lo único que realmente necesitas es amarte y reconocerte. Te lo aleja la vida y tus decisiones, a veces pequeñas, diminutas, imperceptibles, cada vez que dices no a lo que amas o te dejas pisar porque crees que no hay más remedio…

No va a pasarnos todo lo que deseamos que nos pase… ¿De verdad alguien se lo cree? ¿o sólo nos gusta leerlo para acostarnos contentos y engañados? Así lo siento y así lo digo porque es lo que he vivido y he aprendido… No voy a vender humo facilón. Lo siento… El otro día una persona maravillosa con la que estuve charlando un rato sobre lo que escribo me dijo que agradecía que dijera “la verdad” (que quede claro que es la mía, cada uno puede pensar lo que quiera y yo no sé casi nada). Me dijo algo así como que iba a convertirme en una “antigurú” del desarrollo personal por decir entre otras cosas que no vamos a conseguir todos nuestros sueños. Me lo decía con cariño, como algo positivo, porque agradecía que fuera sincera y hablara de mí cuando escribo. Y la verdad es que me impactó mucho y al pensarlo, parece bien. Si hace falta, me declaro antigurú, porque tampoco quise nunca ser gurú de nada y creo que si quiero acompañar a las personas en este maravilloso y duro proceso de conocerse lo que importa es que sea honesta.

Soy la primera que busca sus sueños, siempre lo digo. Y creo en la magia y en los milagros, de verdad. pero llevamos tanta carga y dolor acumulados que primero hay que soltar y sentirse libres, amarse y reconocerse… ¿Es que aceptarse y amarse de verdad en esta sociedad que te vende la necesidad constante de ser perfecto no es un milagro?

Lo que quiero decirte es que ya eres tu sueño. Que no necesitas marcadores ni resultados. Sé, haz, siente lo que eres y deja de esquivar tus miedos y la responsabilidad de hacerte feliz. Sueña y planifica pero no te tortures. Vive tus metas y retos sin culpa, date oxígeno, por favor… No te aferres,  sé flexible. Que lo que te motive sea la vida misma, este momento mágico, no algo que esté fuera de ti porque cuánto más creas necesitar lo soñado para ser feliz, más lejos estarás de ti mismo y ya no hablo de tu sueño… La vida misma es el chute que necesitas para estar en ella y aprovecharla. No necesitas un resultado para saber que eres grande… Sé grande. El milagro es el cambio, el camino andando que te cambia y te ayuda a comprender que ya eres. Que no te has quedado con las manos vacías pase lo que pase porque te has quitado capas de dolor de encima…

Esto va de perseverar, pero también de adaptarse. Un día te levantas y descubres que tu campo de trigo ha sido devorado por los pájaros, después de tanto trabajo… Y puedes lamentarte mil años o volver a plantarlo mil veces e insistir. Y puede que vuelva a crecer y llegue tu cosecha maravillosa como mereces, pero también puedes decidir que ha llegado el momento de plantar flores… Y puedes venderlas o contemplarlas y encontrarte un día tan inspirado por ellas que acabes escribiendo un libro que acompaña a otras personas a plantar trigo, a plantar flores, a conseguir sueños y amarse… O te acompaña a ti en tu camino para crecer,  que es lo que importa en realidad. Y miras al cielo y das gracias a los pájaros porque aquella madrugada hicieron un trabajo perfecto para ti devorando tu campo de trigo, aunque te das cuenta ahora y no entonces. Siente qué deseas a cada momento sin obsesionarte por nada, sé capaz de cambiar de rumbo si el rumbo que sigues te está desgastando… No pasa nada por reconocer tu error o renunciar a lo que creías que era tu destino. Lo que importa es que no renuncies a ti. 

A veces, no se trata de abandonar el sueño, sino de encontrar una forma de acercarse a él que no te anule, que no te deje sin aire, que no te obligue a estar en suspenso y sin vivir mientras llega. Porque lo que te daña no es ese sueño, si no tu necesidad de creer que si no lo consigues no eres nadie, cuando ya eres todo… 

No pasa nada. La vida es cambio constante, riesgo… El riesgo de vivir tus sueños al límite o de soltarlos para que vuelvan si son realmente para ti y si no, ser capaz de volver a empezar y encontrar otros. Algo tengo que decirte, estoy totalmente convencida de que si algo está en tu camino y lo intentas con ganas es inevitable que acabe sucediendo… Lo que cuenta no es el resultado, sino el proceso. Lo que de verdad importa es que has decidido vivir de lo que cultivas y ser libre… Y debes ser libre de todo, incluso de ti mismo… De tu necesidad de culparte y perseguirte con exigencias. Tus autocastigos por no llegar a tus metas y tus reproches infinitos. Tienes que dejarte margen y espacio en tus listas de objetivos para que pasen cosas imprevistas que zarandeen tu vida… No lo sabemos todo y a veces tiramos piedras a los pájaros cuando venían a salvarnos la vida.

Persevera en tu meta, pero sobre todo persevera en ti. Cultiva, sobre todo paciencia y amor por ti. Suelta tus necesidades ficticias. Todo llega si tiene que llegar, y si no llega es porque está dejando espacio a algo mucho mejor. Y nos está ayudando a crecer inmensamente.

No dejes que tus sueños se conviertan en tus pesadillas… Escúchate de verdad y date cuenta de que no tienes nada que demostrar ni medir, nada que hacer para que te acepten o valoren. Que soñar no te impida vivir.

Todo es posible, pero no todo va pasar. Eso forma parte de lo extraordinario de esta vida dura y complicada a veces que se resiste a dejarte subir la montaña, porque te ha reservado un lugar privilegiado en el valle,  pero no lo ves porque no paras y escuchas tus latidos…
Os diré algo. pienso continuar persiguiendo mis sueños con ganas, pero no dejaré que me rompan,, ni a mí ni a ni vida… Seré yo quien los rompa a ellos en pequeños pedazos y me los tomaré a sorbos  o iré a buscar en lo más recóndito de mi alma un sueño nuevo y maravilloso. Ya lo he dicho mil veces, en ocasiones, hay que perder para ganar. Hay que ceder para poder parar y darte cuenta de que te estás destrozando por algo que no te dejar vivir tu presente. Y que no es bueno ni malo, es un estímulo maravilloso, pero no puede condicionar tu vida hasta dejarte a medias de todo, en un limbo, pendiente de un resultado, una marca, una fecha, un reconocimiento…
Porque lo que importa es lo que eres y lo que te transforma, no lo que consigues.

Persigue tus sueños, sin duda, pero mientras tanto, vive. Vive intensamente y siéntete merecedor de todo lo mejor de la vida. 

 

 

 

 

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Deja de ignorarte


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A veces te quedas sin voz y otras se te acaban las ganas porque topas tanto con la misma pared que te quedas roto, entumecido, agotado. Y luego cuando te paras un momento, te das cuenta de que tocaba callar y cambiar de rumbo, dejar de golpear paredes que no llevan a ningún lugar y respirar hondo para saber qué quieres realmente.

Insistimos tanto en besar al sapo obsesionados con que es un príncipe… Nos obsesionamos porque los demás cambien y sean como creemos que deben mientras pasa un tiempo precioso en el que no miramos en nuestro interior… Un tiempo en el que no somos nosotros de verdad porque nos ocupamos de cambiar el escenario, el atrezzo y decidir qué tienen que hacer y decir los demás actores. Cuando el cambio real de la obra sólo llega cuando asumimos que somos nosotros quiénes tenemos que interpretar otro personaje. Discutimos sobre las palabras que nos dicen, nos enfadamos por lo que ven o no ven en nosotros, porque no nos valoran y nos nos aman como merecemos… Y ni siquiera nos tomamos tiempo para darnos cuenta de que no prestamos atención a lo que nosotros hacemos… ¿Y nuestras palabras? ¿Y nuestra valoración de nosotros mismos? ¿Y la forma en que nos miramos y nos definimos?¿Y la forma en que nos tratamos? ¿Y todo lo que hemos hecho hoy que nos denigra en realidad porque creemos necesitar aprobación?

Cada vez que pensamos que los demás son el origen de nuestros problemas estamos perdiendo la oportunidad de solucionarlos, les estamos entregando el poder de seguir haciéndonos daño… Les entregamos la varita mágica... Nos hacemos daño nosotros mismos por persona interpuesta… Y no es que ellos no sean responsables de herirnos, lo son, pero destinar energía a desear que cambien, es como pasarse las noches concentrado en ver la otra cara de la luna desde el balcón de casa. Sean como sean, hagan lo que hagan, digan lo que digan no tenemos opción a cambiarlo. Tan sólo podemos hacer dos cosas… La primera, decidir si se quedan en nuestra vida o se van. La segunda dejar de mirarles a ellos y empezar a concentrarnos en nosotros, comprendernos, mimarnos, recuperarnos, cosernos, escucharnos… Dejar de prestar atención a lo que no está a nuestro alcance y mirar dentro, en nosotros, donde todo cobra sentido, donde realmente se puede hacer magia.

Cerrar puertas y heridas. Decidir que hemos comprendido la lección y que estaban ahí para mostrarnos que todavía nos amamos poco… Soltar nuestra necesidad de mirarles y juzgarles, evitar que nos sigan haciendo daño, dejar de darles un papel protagonista en nuestras vidas y ocupar nuestro verdadero lugar en el mundo.

La verdadera magia consiste en aprender a mirar sin dolor. Dejar de buscar lo que no funciona y dejarse seducir por lo que realmente nos hace sentir inmensos, radiantes, poderosos. Contemplar con ojos inocentes cada día para así poder imaginar historias hermosas y empezar a crear una realidad más acorde con lo que realmente somos. Abandonar esa idea gastada y triste que tenemos de nosotros y que nos habla de que estamos a medias en todo. Que nos dice que no llegaremos nunca, que no somos todavía perfectos y tenemos que continuar demostrando y batallando para conquistar a unas metas que ya no nos representan ni ilusionan… Porque ya eran huecas el día que alguien te dijo que eran las tuyas y dijiste que sí por temor a parecer desconsiderado, por temor a no encajar, por temor a destacar y parecer distinto, por no dejar la tradición.

El ejercicio que lo cambia todo es aceptar que nada de lo que nos rodea va a cambiar tal y como creemos que debe cambiar y hemos llegado a necesitar que cambie. El cambio real es dejar de necesitar y concentrarse en sentir, en notar, en depositar la energía en este momento y decidir que el poder es nuestro.

Ya lo sé. Ahí a fuera llueve mucho a veces y otras el sol quema, quema sin parar. Hay mil historias tristes y mil lobos feroces. Mil caminos oscuros y mil noches frías. Aunque también hay mil formas de amarse cada día y mil personas maravillosas esperándote en el camino. Algunas te llaman por teléfono o te envían un mensaje. Otras te sirven café o te venden unos zapatos. Algunas comparten tu vida y otras se cruzan contigo un solo instante y sonríen y te recuerdan que tú también puedes sonreír ahora. Algunas brillan y otras están apagadas. Unas están para recordarte que tú también brillas y otras que te has apagado  y está a un paso de volver a conectarte a la vida. Hay amigos de cien años y amigos de dos días. Y en este mar de dudas en el que todo se mezcla y te arrolla, lo que cuenta es saber guiar tu barca. Dejarte llevar a favor de viento y saber cuándo virar y mantenerse firme.  Y dejar de mirar a los lobos esperando a que sean corderos  porque mientras ves su crueldad te pierdes la belleza que te rodea, incluso la que está en ti.

Soltar el intento loco de control de todo lo que jamás podrás controlar y usar esa rabia por no conseguirlo para crear algo nuevo.  La verdadera magia es comprender que hay cosas que no podemos evitar y aprender a concentrase en lo que sí está en nuestra mano. 

Y en tu mano estás tú. Y lo único que tienes que hacer es descubrirte realmente. Salir del decorado y escribir tu guión usando tus palabras. Y cambiar tu mirada ante lo que ves y detenerte un momento a contemplarlo con ojos inocentes y nuevos. Y dejar de juzgar lo que es para esperar a comprender lo que te cuenta de ti… Ver que cada persona que se cruza contigo lleva un mensaje para ti.

Percibimos lo que somos a través del mundo, pero si queremos cambiar no podemos actuar en el reflejo sino en el original.  Y ver lo que realmente eres. Encontrar tu valor. Potenciar todo lo maravilloso que descubres en ti… La verdadera magia es aprender a mirarte de otro modo y descubrir que esa magia está ya en ti, pero no la usas porque has olvidado que la tenías. Porque llevas una eternidad ignorando tu grandeza.

Deja de ignorar tu magia… Deja de ignorarte.

 

 

 


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Agenda tu vida


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Al contrario de lo que les pasa a muchas personas, me gusta este mes… Septiembre me sosiega. Tengo la sensación de que todo vuelve a su sitio, de que se equilibra, de que toma forma y cobra sentido… Es como si durante unos días fuéramos todos capaces de encontrar magia en la rutina y conservar la esperanza de que todo pueda cambiar sin virar de rumbo.

Recuerdo cuando era niña el olor a libreta nueva, a goma de borrar, los lapices con puntas perfectas en el estuche. Siempre pensaba que ese curso podría, que me iba a desatar y mostrar como lo que realmente era, que la vida me iba a mostrar mil oportunidades para poder brillar.

Todo estaba por empezar, todo era nuevo, en el aire flotaba la sensación de nueva oportunidad, de volver a la rutina con energía renovada y que eso nos convirtiera en personas capaces de cambiar esa rutina. Siempre llega esta época y pienso “esta vez lo haré bien”. Eso lo sentimos siempre que haces parón y luego volvemos a “esa vida gris”. Tal vez porque la solución está en decidir que no sea gris, que no nos concentremos a vivir con intensidad solo unos días y seamos autómatas el resto del año. En convertir cada día en un día especial y encontrarle algo mágico… En no dejar ese vestido colgado en la percha del armario esperando ocasión especial y ser capaz de ponérselo un lunes o descorchar esa botella de vino para tomar una copa en la cena del martes, porque sí, porque cada día tiene algo diferente.

Nos llenamos la agenda hasta los topes para luego contemplarnos reventar de ansiedad creyendo que no podemos evitarlo. Somos nuestros propios verdugos a veces y miramos al mundo buscando culpables por lo que en realidad nos hacemos nosotros…

Tal vez, la solución pasa por dejarnos espacio y tiempo para nosotros, mimándonos un poco cada día y dejar obsesionarnos con ser felices sólo los fines de semana. Guardar momentos para la risa. Hacer esas cosas que te hacen feliz cada día y encontrar la forma de que lo que haces cada día te haga feliz. Ya sé que en ocasiones es complicado porque hay situaciones duras, pero a veces basta con parar un momento y respirar, sentir, caminar un rato y posar la mirada en algo distinto a lo habitual para que surja algo nuevo… Creo que gran parte de nuestro problema es que no hemos aprendido a mirar y sólo tragamos imágenes igual que tragamos vida sin sentirla ni notarla. No inspiramos hondo, no sentimos nuestras emociones ni dejamos que la vida nos sorprenda. No tenemos un momento libre para que pase lo que está esperando turno a pasar… Y los días se comen la cola unos a otros, en sucesión… Devoramos nuestra vida como quién como rancho y luego se lamenta de que no tienen sabor ni color.

Voy a intentarlo de veras. He vaciado mi agenda de “pongos” y distracciones absurdas y la he llenado de pequeñas locuras pendientes en mi vida. He quitado los imanes de tragedias y quejas varias y me he agendado un rato con mis emociones y miedos, para saber qué me cuentan de lo que no me atrevo a sentir ni a afrontar. Los lunes tengo una cita ineludible (si se tercia) con mi rabia, porque cuando no la escucho se enfada y se pone grande y frondosa. Y los jueves voy a salir de copas con mis sueños, he pensado en revisarlos uno a uno por si se han quedado rancios y ya no me sirven o por si están demasiado olvidados y tengo que darles magia…

Me he apuntado a clases de mí misma, porque me queda mucho por aprender y conocer todavía. Me he reservado espacio para lo bueno, para lo hermoso, para lo triste y necesario, para las personas a las que amo y para conversaciones largas con aquellas personas que guardan muchas palabras para mí… No quiero perderme ni una. 

He borrado el apartado de “deberías” y exigencias máximas y lo he sustituido por otro que se llama “paseos sin rumbo” para descubrir a dónde me lleva la vida sin expectativas y aprender a cultivar mi paciencia infinita.

Tengo ya una lista de libros que quiero degustar con ganas y muchas canciones que tengo que volver a escuchar cien veces porque todavía no las he disfrutado suficiente. 

Me he dejado espacio para crecer, porque cuando no te dejas margen te quedas pequeño… Y he destinado también un buen rato para hacer nada, absolutamente nada, sabiendo que voy a llenarlo de vida y sensaciones y descubrir que tal vez sea uno de los momentos más productivos del día.

Y quiero dormir, descansar, dejar de tener prisa para todo y poder detenerme en las cosas más pequeñas para redescubrirlas. Quiero poder llorar si necesito llorar sin hacerlo con prisa… 

Me he dejado tiempo para mirar sin juzgar ni temer lo que llega a mi vida. Me he agendado la necesidad de aceptar las cosas como son y me he destinado ratos de aburrimiento, a ver si así se me ocurren nuevas ideas y encuentro tesoros ocultos en las tazas de café. Me he dejado espacio en la agenda también para equivocarme y dejar de culparme por ello, para perdonarme cada día y dar gracias por todo lo que me rodea y todo lo que vivo…

Y lo mejor de todo, sin duda, es que me voy a dar permiso para cambiar todo esto si me agobio, si me cansa, si me aturde, si me doy cuenta de que ya no me llena… Porque también me he dejado espacio para permitirme ser flexible y compasiva conmigo misma. Estoy convencida de que todos estos pequeños momentos en los que me dejo tiempo para mí y mis necesidades son la mejor forma de amarme. Hay que agendarse la vida porque si no a veces se nos escapa y se pierde mientras nos dedicamos a lo que realmente no importa. 


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Manual de autoestima para mujeres guerreras


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No importa cuál es la pregunta que tienes ahora en tu mente, la respuesta es siempre la misma : Porque no te amas. Todo lo que ahuyenta lo que deseas es ese desamor por ti… Esa forma de mirarte a medias que te acompaña desde siempre, esa desgana cuando es para hacer algo para ti que se transforma en júbilo cuando es para los demás… Ese miedo en los ojos pensando que nadie va a elegirte para nada, que no sabrán ver lo que llevas dentro y que van a juzgarte por lo que todavía no sabes cuando tienes tanto por ofrecer.

No importa cuál es tu problema, la solución pasa por amarte. Por darte lo que no te das y ser lo que ya eres pero escondes tras una nube de miedos resistencias.

Todo nace en el hecho de que no te reconoces como lo que realmente eres. Un ser con infinitas posibilidades. Hasta que no comprendas quién eres, la vida insistirá en poner ante ti una y mil oportunidades para que asumas tu poder y tu grandeza. Para que te aceptes tal y como eres y empieces a confiar en ti.

No importa cuáles son los pensamientos que ahora te inquietan, el antídoto eres tú… Está en ti, lo ha estado siempre, esperando a que te decidas a vivir desde el amor y pases por encima de tus miedos, para que los comprendas y los sueltes.
El mapa que buscas está tu cabeza esperando a que te atrevas a iniciar la aventura más apasionante y transformadora de tu vida, ser tú.
Sé de tu dolor y tu lucha, de tu temor y tu valentía… Ha llegado el momento de soltar a la guerrera asustada y dejar salir a la valiente exploradora que hay en ti.

Tú eres la guerrera, lo has sido hasta ahora…Te propongo que dejes de darle golpes al muro y aprendas a usarlo para mejorar tu vida.

Eres ese tipo de mujer que lleva años empujando cada día para derribar el muro y no cae. Ha leído muchos libros sobre cómo derribar muros y en todos ha encontrado algo interesante… Ha indagado en su interior por qué no consigue lo que quiere y ha buscado en mil lugares las razones por las cuales hay personas que al levantarse cada mañana siempre encuentran un muro.

Eres una de esas mujeres a las que todo se les ha puesto difícil… A pesar de poner todo de su parte.. A más esfuerzo, más complicado, más lejos, más alto, más ladrillos en el muro… A más horas de trabajo, más cansancio y más dificultad para saltar el muro…

Lo has trepado, golpeado, rodeado, saltado… Es verdad, lo consigues a veces, pero no se trata de eso, es que ya estás harta de tener cada día que buscar una estrategia para conseguir con mucho esfuerzo y sacrificio lo que otros ni siquiera tienen que plantearse… Estás agotada.

Sé que nada ha sido fácil y estás cansada de pelear. Te conozco bien, sé cómo te sientes… He sido tú y todas las mujeres guerreras que ahora andan por ahí medio rotas y zurcidas por ellas mismas esperando una señal para cambiar de vida… Sé cuánto te duele cuando sueñas porque a veces sientes y crees que no hay nada para ti… Pero también sé que intuyes que te queda mucho por hacer y que mereces lo que deseas. He escrito este libro para ayudarte a encontrar el camino de vuelta a ti misma. Para compartir el camino que hice yo para regresar a mí.

No importa cuáles son tus miedos, tú eres más fuerte que ellos, sólo tienes que atreverte a sentir y mirarlos de  frente. 

No voy a venderte milongas ni soluciones facilonas. Esto no es un sprint, es una carrera de fondo que empieza con un primer paso y que pone tu vida cabeza abajo para que puedas enderezarla… No es un camino fácil pero en realidad es sencillo, porque todo lo que vamos a usar para andarlo está ya en ti. Te propongo que lo hagamos juntas.

Me hace mucha ilusión presentarte mi nuevo libro. En él, llego al máximo de mi “desnudez emocional” para compartir contigo lo que he sentido en este camino en el que aprendo cada día a descubrirme. Porque quiero compartir lo que he sentido y cómo he usado mis miedos y mi dolor para dejar de guerrear y pelearme con la vida para empezar a vivirla y hacer cuanto quiero y debo desde el amor y no desde la desesperación.

Por ello he escrito para ti y también para mí este “Manual de autoestima para mujeres guerreras”. Un libro que los hombres también deberían leer.  

¿Te apuntas? ¿Te apetece echarle un vistazo?


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Protagoniza tu vida


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Tienes que llevar tu coherencia hasta las últimas consecuencias  porque si no, todo lo conseguido hasta ahora pierde fuerza… Se desequilibra, se va por el desagüe de tu vida y diluye su intensidad. Si ya sabes quién eres, no te conformes con algo a medias, ni cierres la puerta a lo que realmente es para ti porque te asuste levantar la mano y decir… Yo quiero. Y si no quieres, dí que no. No intentes disfrazarlo con una excusa o suplicar que algún impedimento caiga del cielo y te libre de estar dónde no te sientes cómodo, de ir a dónde no deseas llegar o de pertenecer a lo que ya no perteneces. No enturbies tu esencia viviendo a medias ni conquistando metas que no son tus metas.

Si has cambiado por dentro, no puedes seguir vistiendo ese traje de “no merezco” de “es que me da miedo”, ni poniéndote esa máscara de “perdón por existir”. No puedes meterte donde sabes que no es tu lugar para satisfacer ilusiones ajenas ni quedarte a un paso de cruzar la entrada a tu nueva vida… No puedes anclar tus pasos cuando ya has descubierto que en realidad eres libre. 

No estás obligado a nada, ni siquiera a seguir buscando, ni a ser feliz hoy, ni a sentirte de un modo concreto…

Si ya sabes que eres un ser perfecto en tu imperfección maravillosa, no sigas usando palabras tristes ni bárbaras para hablarte que dibujan un destino gris. Que te alejan de definirte como realmente eres y trazan un mapa de tu vida que siempre se queda corto y nunca te lleva a destino. Si cuando te miras ya no te ves como un accesorio en tu vida sino que has decidido ocupar un lugar prioritario y privilegiado, asume tu poder… Mira a lo ojos y siéntete cómodo. Protagoniza tu vida sin pedir permiso a aquellos que se creen con derecho a ponerte marcas en el suelo y decirte por dónde debes caminar. Si ya has descubierto que tu mundo es el mundo entero, no te escondas en tu rincón más oculto ni te exijas subir cada día a la montaña más alta porque ya no estás para eso… Ya no necesitas parecer. Ya eres. Ya pasó ese momento de exigirte demasiado para castigarte y privarte de lo que amas porque te da miedo incluso decir sí a lo bueno en tu vida. 

Si cuando piensas en ti, ya no sientes que duele, suelta ese dolor que todavía guardas por si vienen malos tiempos… Los malos tiempos son aquellos en los que tú no estás de tu parte, en los que no te sientes bien contigo, en los que te pones la zancadilla, pero ahora ya sabes que te tienes que cuidar.  Decide que ya no lo volverás a usar, ni siquiera cuando tengas miedo y te sientas tentado a volver a tus risas congeladas y tus sueños reprimidos… Cuando alguien te mire raro y creas que es por ti ignorando que en realidad lo que ven son sus propios miedos.

Si ya te has encontrado con tu noche más oscura y has sabido descubrir en ella que esa oscuridad era necesaria para comprender y sentir, no te dejes amargar por aquellos que todavía no se atreven a mirar en los espejos porque temen ver su cara.

Si ya te has cosido las heridas, no la reabras porque durante un rato te parece que era más fácil ser el herido que el héroe, el desgraciado que el que busca su suerte… No vuelvas a desear que te tengan lástima nunca, porque crees que no aspiras a inspirar admiración… Ya eres admirable, ya eres grande, ya eres tú…

Si ya te amas, actúa en consecuencia.

No era quedarse ni irse, era saber cuál es tu lugar. No era olvidar, era perdonarse. No era buscar, era descubrir. No era estar o no estar, era ser. No era encontrar las respuestas, era hacerse las preguntas adecuadas. 

El ejercicio no consistía en irse sino en volver. No era aprender sino olvidar esquemas corruptos, memorias y creencias dolorosas, percepciones erróneas, angustias intensas… No se trataba de encontrar nada ahí afuera sino meterse dentro y sentir… No iba de lo bueno o lo malo sino de amar lo que es y soltar lo que ya no hace falta. Todo eras tú y en ti estaba la respuesta.

Si ya lo sabes, no vuelvas a andar por ahí sin tenerlo en cuenta porque mereces no olvidarlo nunca.

Si has recuperado tu inocencia, no permitas que nunca nadie te haga sentir culpable de nuevo, ni siquiera tú.

 


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La vida a veces…


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La vida a veces te muestra lo que no quieres para que digas que no… Para que veas que ese camino no es tu camino y ese dolor no es tu dolor. Para que reafirmes tu deseo de no volver a lo que ya dejaste atrás… La vida te mete en un laberinto de zarzas que te sujetan y tiran de ti para que no te vayas para que digas en alto y claro “me voy, no quiero estar aquí”. Te envuelve en la niebla para que salgas de ella y busques la luz… Para que descubras que tú eres la luz.

La vida a veces te cubre de escamas para que encuentres tu piel. Te apaga la luz para que sepas que incluso a tientas puedes llegar a ti. Te arrebata el suelo para que vueles, te deja sin zapatos para que sepas que hay momentos en los que tienes que parar… Te obliga a quedarte quieto para que te aburras un rato y te fijes en todo lo que hasta ahora has sido incapaz de ver…

La vida a veces llena tu casa de gritos y de grillos para que aprendas a amar tu silencio… Te abarrota el sendero que sigues de mariposas para que sepas que tú también te vas a transformar… Llena tu cabeza de pensamientos amargos para que dejes de pensar y vuelvas a sentir…

Te ata las manos para que uses los pies… Te ayuda a perderte para que puedas encontrarte y sepas a dónde ir.

La vida a veces dice que no para que entiendas cuál no es tu camino… Y a veces lo hace para que entiendas que tal vez lo es pero vas a tener que vivirlo de otro modo… Y vas a tener que saltar y aceptar.

A veces, la vida te deja en casa para que leas ese libro pendiente o te cierra la puerta para que tengas que entrar en ese bosque tan oscuro que hace tiempo que sabes que debes recorrer y no te atreves… La vida te pone fácil que sientas y difícil que huyas. Te pone casi imposible que llegues al otro lado para obligarte a buscar tus alas, te cuenta historias tristes para que comprendas que no son tus historias.

La vida a veces te acerca a personas que pisan para que decidas que no quieres que te pisen… Te pone en el camino a personas que sonríen para que recuerdes que tú también tienes una sonrisa… La vida te pide que te muevas y bailes, porque sabe que te asusta el baile.

Ay, la vida… Te llena el cielo de nubes para que comprendas que no importan las nubes, para que superes las circunstancias y descubras que tu paz interior no se vende, ni alquila, no depende de lo que pasa sino de lo que eres… La vida pone en tu camino los árboles más altos para que aprendas a tener paciencia… Llena del lecho del río de guijarros para que nades y dejes de quejarte por el dolor que notas en los pies… Te tira al suelo y te deja un rato tumbado para que no tengas más remedio que mirar hacia arriba y descubrir tu cielo, descubrirte a ti.

La vida a veces se pone muy oscura y angosta para que no tengas más remedio que salir a mar abierto y navegar. Para que dejes lo que haces y sueltes lo que no eres. Para que tengas que arriesgar.

La vida te para en este segundo para que no te quede otra que vivirlo y dejar de pensar, dejar de dar vueltas a lo que no se puede cambiar y puedas mirar en ti y cerrar heridas y decir no a los fantasmas de una vez.

Pone ante ti personas que no saben quererte para que aprendas amarte, para que sepas que debes reconocerte y valorarte.

La vida a veces te baja al infierno para que comprendas que el cielo está  en ti. Te rompe para que sepas que eres indestructible… Te derrumba para que sepas que puedes levantarte. Te ata para que te liberes… Te pone ante el precipicio para que decidas no quieres dejarte caer.

La vida a veces te muestra lo que te asusta para que comprendas que no hay nada que temer y te atrevas a avanzar y sentir. Te da lo que pides para que te des cuenta de que no es lo que realmente deseas y necesitas. La vida a veces te muestra tu lado más oscuro para que descubras que ya no eres esa oscuridad. 


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El arte de dejar de hacer


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Me he pasado media vida pensando que no hacía suficiente… Y la otra media haciendo, sin parar. Desde niña me metí en una espiral de acción imparable para conseguir… No sé, a veces lo intento comprender y no llego, la verdad, pero supongo que quería conseguir comprensión, amor, aceptación… En realidad, creo que me he pasado años intentando ser normal. Para mí ser normal era no tener que preocuparme porque me señalaran con el dedo, no sentirme pequeña, insignificante, poco valorada, soltar de una vez esa sensación de molestar… Ser normal era ir a jugar y no tener que preocuparse por hacerlo todo perfecto para que no te rechazaran o sentirte integrada en un grupo, sentir su calor, su cariño, pertenecer a algo y notar la compañía…

Supongo que para que pudiera aprender algo sobre ello, la vida me mantuvo en soledad. Una soledad tan sólida que rebotaba en las paredes como los balones y que me sujetaba las piernas y me anclaba los pies al suelo cuando quería correr. Sentía una carga tan pesada por no ser como creía que debía que me desbordaba esa sensación de impotencia y la rabia se apoderaba de mí… Si algo tiene esa emoción poderosa es que, al contrario que pasa a veces con la tristeza, la rabia te empuja a hacer y se come tu miedo para que creas que no está. No es que las personas que se dejan llevar por la ira o la rabia no tengan miedo,  lo tienen, pero no es miedo a caer, es miedo a quedarse quieto. No es miedo a morir, es miedo a no ganar, a no demostrar, a no imponerse y dejar que los demás te consideren menos… ¡Cuánto por aprender! para empezar, cambiar de planteamiento y empezar a notar que nada de esto es necesario, que nada hace falta, que nada tiene sentido más que estar en paz.. Que ser coherente con uno mismo.

No importa qué hagamos, en el fondo, importa que seamos conscientes de para qué lo hacemos y si estamos reaccionando o realmente actuamos desde nuestra voluntad. 

Me ha costado un siglo descubrir que tenía que parar de hacer. Dejar de sentir que todo debía de ser perfecto para que fuera mío, humano, lleno de mi emoción y sentimiento. Cuando decides parar de hacer cosas a lo loco, a la desesperada, es cuando más haces. Nada es más productivo que parar para pensar y sentir quién eres y a dónde quieres realmente llevar. Y luego, soltarlo, decidir que te pones a ello con ganas y pasión pero sin quedarte enganchado al objetivo, porque sin duda tú y tu paz sois más importantes.

Me he esforzado tanto para llegar que me he perdido mil veces por el camino, me he quedado corta porque me han fallado las fuerzas o me he pasado de largo por no haber podido gestionar la rabia acumulada… Cuando te esfuerzas mucho y no vives el camino que has escogido, cuando te tomas ese camino elegido como un calvario, la meta nunca sabe a gloria ni a nada que valga la pena. Y cuando llegas, enseguida te planteas otra y otra, para no detenerte nunca, Las metas, los retos, los sueños, son necesarios pero no podemos quedarnos sujetos a ellos, no podemos permitir que nos amarguen la vida por no alcanzarlos.  Es necesario decir que en realidad nos la amargamos nosotros por no ser capaces de darnos cuenta de que la forma en que intentamos llegar a ellos no es la que nos hace fluir con la vida. Exigirse sin piedad, castigarse una y otra vez, vivir en un mar de reproches continuo por no ser nunca suficiente… Eso te rompe por dentro, te deja muerto y devasta tus defensas… Siempre fue eso, una y otra vez, no parar hasta llegar y luego ser incapaz de valorar ese hito porque ya se dibujaba uno nuevo… Más duro y complicado, más devastador.

No hay nada malo en querer superarse, al contrario, pero sí en sentirse superado siempre. En sentirse insignificante si no llegas en un tiempo concreto y pagarse con desprecio por todo lo trabajado. Esa obsesión por hacer para demostrar, por encajar, por tener que dejarle claro al mundo algo que ni siquiera le importa, que vales, que mereces la pena, que eres digno de formar parte del club.

No hay nada malo en ponerse metas, es maravilloso, aunque no podemos subir tanto el listón del golpe y castigarnos y sentirnos culpables por no conseguir algo, cuando precisamente la amargura con la que intentamos alcanzarlo es la que nos aleja de ello.

A veces, llegas a la meta tan cansado y devastado por no haber tenido piedad contigo, por haber arriesgado tu salud y haberte maltratado tanto que cuando te cuelgas la medalla te desplomas. Y no la notas, no la vives, no la disfrutas. Es el precio a pagar por no hacer nunca suficiente, por meterse en una carrera para suplicar perdón por no ser perfecto y no por disfrutar, por superarte o por aprender de uno mismo.

Desde hace tiempo que me pregunto para qué hago lo que hago y si el camino hasta ello me compensa. Si sonrío cuando cada día trabajo en ello, si cuando lo hago fluyo y me siento más vida, si lo amo tanto que no me importan las horas, si llegar a conseguirlo tiene sentido por sí mismo o es sólo un logro más que apuntar en el curriculum o una foto que colgar para decir “aquí estoy yo”.

Podemos dejarnos el alma en la pista, echar el resto por lo que deseamos pero sin perder el norte, sin dejar de amarnos y respetarnos, sin dejar de preguntarnos si todavía nos compensa… Sin hacerlo para que el mundo nos admire y acepte sino porque sabemos que hacerlo nos hace crecer y nos lleva a aportar algo al mundo.

Hay que parar y comprender a dónde vamos y qué deseamos hacer allí. Saber si nuestras metas nos definen. Actuar desde la consciencia y no desde la desesperación. Sentirnos libres, dejar de producir como locos por llegar antes a tener que tomarnos esa pastilla para poder parar esos tambores que te suenan en el pecho y que te dicen que te has pasado mucho contigo… Hay que parar para decidir que lo que nos define son las ganas de superar lo que nos asusta, nuestra capacidad de entusiasmarnos y el camino que andamos…

No salgas a la pista para demostrar o dejar boquiabierto a nadie. No salgas para castigarte porque no crees en ti. No lo hagas porque crees que tienes que hacer cosas sin parar para compensar una culpa que no existe… Ni para encajar, ni para que te perdonen por nada, ni para que te acepten en ningún lugar o te den el visto bueno…  No hagas porque crees que si no haces no mereces. No hagas porque crees que complacer a los demás es tu forma de pagar por el amor que no te dan. No hagas para llamar la atención de nadie, no hagas para que te hagan caso… Hazte caso tú y siente qué quieres realmente. Perdónate por no llegar a veces y descubre todo lo que has conseguido en el camino, cómo te ha cambiado cada gesto, cada empeño, cada risa…

Sal a la pista por ti y porque te llena, te hace vibrar, te hace sentir. Sal a la pista a disfrutar y llenarte de emociones nuevas, de sensaciones auténticas. Sal porque puedes aportar y quieres compartir.

No importa si no haces suficiente hoy, tú eres suficiente siempre. No importa si no es perfecto porque es como realmente necesitas que sea ahora… Siéntete grande y extraordinario tal y como eres ahora y eso te dará la energía para llegar. La meta es esto… Sentir esa grandeza en tu humildad, verte pleno a medio camino, amarte tanto que sepas que ya eres quién sueñas. Crecer desde dentro sin necesitar la medalla porque sabes que entrarás la forma seguro… La meta eres tú y todo lo que te hace sentir pequeño te aleja de ella. 

Por eso tuve que parar y dejar de hacer desde la necesidad de confrontar, dejar de luchar desde la necesidad de medirme y decirle al mundo que se había equivocado cada vez que me menospreciaba… Y ahora intento hacer por gozar, por compartir, por llegar a un meta que sólo se alcanza cuando estás en paz contigo… Y curiosamente, llega la recompensa… Siento que hago más, siento más, llego más lejos que nunca…

Suelta la obsesión por que todo sea perfecto y descubrirás que todo tiene sentido y que lo que realmente cuenta que lo que has aprendido intentándolo… Y verás que tal vez, ya es perfecto para este momento. Acepta lo que es y en seguida verás que ya es perfecto.

Deja de hacer un momento y siente, nota, respira. Fúndete contigo mismo y sé tu mejor obra… Dejar de hacer para contarlo y empieza a hacer para vivirlo… Deja de hacer para demostrar y empieza a hacer para ser y para sentir. 

Haz lo que ames y, a veces, no hagas nada, porque si estás bien contigo, llenarás esa nada de todo y encontrarás algo mejor que hacer que pelearte contigo…

Haz lo que quieras, sin límite, pero quiérete mientras lo hagas sin tregua. Confía… Eso hará sin duda que el resultado esté asegurado. Porque ya está en ti