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la rebelión de las palabras


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Pura vida


Decide que no importa…
Que es corta la vida como para acumular reproches y contar céntimos. Como para comprarse un metro cuadrado de asfalto y pensar que eres el dueño de tu vida.
Para perderse el camino mirando a un norte que a veces es frío y helado… Para dejarse las horas en lágrimas por alguien que no te mira ni te ve.
Para dejarse llevar por historias tristes y morir por adelantado en un futuro que no existe.

Para culparse por todas esas cosas que crees que no son como deben y que por más que hagas nunca lo serán.

Decide que no importa qué dicen ni qué piensan esos que siempre tienen palabras para otros pero no para ellos mismos… Si se ríen, benditos sean, todo un honor ser el origen de sus risas y no de sus lágrimas…
Porque la vida es demasiado dura y hermosa como para quedarse prendido a un pasado que revisamos una y otra vez pero siempre con la misma mirada. Si tienes que regresar a él, que sea con otros ojos para sentir lo pendiente y usar ese dolor para dibujar tu nueva vida ahora… Y cerrar la puerta sin dejar una sola sombra por comprender…


Decide que no importa y nota ese miedo que llevas encapsulado en el pecho y esa rabia en tu garganta.
Deja pasar esos pensamientos atroces y besa tu caos y tus vaivenes…
Mírate al espejo y descubre que no te amas suficiente… No todavía… Que no te ves como realmente eres. Que no pasa nada… Acepta que no te aceptas y vive en paz con ese desamor hasta que esa paz inmensa sea el punto de partida de una hermosa historia de amor contigo.

Suelta. Suelta ese amasijo de pensamientos que van y vienen y siempre llegan al mismo sitio. Los pensamientos que engendraron tu pena no van a sacarte de ella.
Decide que no importa porque en el fondo, muy dentro, amigo, sabes que estás destinado a ti.
A encontrarte como mereces. A amarte como nunca antes…
A vivir.
Empieza ahora. No postergues más el principio del todo.


Deja atrás tu vida vieja y agotada y emprende este viaje contigo. Esta luna de miel sin prisa pero ya sin pausa. Esta mirada amable e inocente hacia dentro.
Este camino de rosas y guijarros que te arañan los pies, pero te deja el corazón repleto de pura vida.

Decide que lo primero es lo primero, en realidad no hay nada más.

Todos los mundos pendientes de ser vividos en tu mundo penden de esta verdad. Si no te reconoces a ti mismo, no tienes vida todavía. Pura vida.

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

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No finjas que no tienes miedo, úsalo


No sabes nada. No sabemos nada.

No llevamos las riendas de nada, por más que nos chutemos algunas de esas frases hechas que impactan en redes que nos dicen que podemos con todo, porque muy en el fondo sabemos que no es cierto. No hace falta. No es poder con todo, porque eso es maltratarse a veces, es saber quién eres. Es encontrar la forma de vivirlo sin echarse tierra encima y poder darle la vuelta para encontrar tu fortaleza al abrazar tu debilidad.

Saber todo lo bueno que mereces. Darte cuenta de qué sientes y qué puedes hacer con ello para seguir adelante y evolucionar.

La incertidubre acecha siempre. Fingir que no está ahí y presumir de vida controlada duele más. Es vivir en falso, en una incoherencia carísima que parchea nuestra vida sin llenar nunca el vacío que tenemos muy dentro. Eso nos atormenta, nos duele, nos mantiene pendientes y esclavos de lo no sentido, lo no admitido, lo no visto. Tal vez no ahora, pero a la larga, esa ansiedad no sentida, ese miedo no vivido y reconocido se atraviesa, clama salir, te rompe por dentro… Lo que rechazamos vuelve siempre con más ganas, más grande, más rotundo, más evidente.

No podemos resistirnos a lo inevitable. Y es inevitable vivir lo pendiente, lo que hemos dejado y vamos arrastrando, lo que está ahí esperando ser visto y reconocido. Lo que no hemos aceptado esperando a que desaparezca a sabiendas de que no va a desvanecerse sino todo lo contrario. Nos llama, nos pide atención, nos mantiene en vilo y nos despierta a media noche diciendo nuestro nombre.

A veces, hacemos de lo que no queremos ver, ni sentir ni escuchar el centro de nuestra vida. Porque trazamos nuestro camino esquivándolo para poder ignorarlo y lo convertimos en algo siempre presente, sin decir su nombre ni detenernos a reconocerlo.

No finjas que no tienes miedo, siéntelo y úsalo.

Siempre va a estar ahí. Siempre llamará tu atención. A veces, será un cosquilleo en algunos momentos, otras un grito insoportable en una noche oscura. Está ahí para que lo atiendas, no para que pases de largo, lo eludas o pongas la música muy alta para no oirlo.

No hay lugar donde escapar de tu miedo a la vida.

No hay escondite suficientemente profundo para no ver tu tristeza u ocultar tu rabia.

No sabes nada, en realidad. Todo lo que ha pasado en tu vida sigue patrones que no ves porque te resistes a mirar de verdad donde están las respuestas… Ahí dentro. Inconscientes, escondidas, agafapadas esperando a las preguntas correctas, las preguntas incómodas e impertimentes.

No llevamos el timón de lo que pasa, navegamos esperando no chocar y volcar sin tener en cuentra el mar de la vida y lo que nos cuenta el viento. Escogemos un destino y no nos atrevemos a soltarlo por no dejar de parecer valientes, porque nos aferramos a él y creemos necesitarlo tanto que lo confundimos con lo que somos.

Porque nos dijeron que somos lo que hacemos, lo que logramos, lo que conseguimos, lo que tenemos. Y si perdemos nos sentimos perdidos y creemos que no somos nada…

Aunque lo somos todo. En vivo, ahora, en potencia.

No somos el destino, somos el camino. El amor con que vivimos lo que somos. El amor que dejamos donde estamos. El amor con que damos cada paso, lleve a donde lleve. A la gloria o a un maravilloso fracaso que nos hace aprender más de nosotros y nos aporta más paz que cien éxitos calculados y medidos.

¿Cómo se valora si triunfaste? por lo que sientes dentro… Y no lo atiendes, ni lo escuchas.

Y eso nos condena a vivir lo que amamos y temenos, que a menudo, es lo mismo.

No sabes nada. No sabemos nada. No decidimos muchas veces más que cómo nos tomamos lo que pasa, qué nos contamos a nosotros mismos mientras vivimos este camino, esta vida. Aunque eso lo es todo. Cómo decidimos vivir lo que vivimos lo transforma. Si encontramos lo que sentimos, lo aceptamos, tiramos del hilo y encontramos la madeja de nuestro dolor… El miedo, la culpa, la tristeza ocultas en cada situación repetida…

Cuando decides que lo que te pasa es una oportunidad, de inmediato se transforma. Aunque duela, aunque no te guste, aunque suplicarías no vivirlo… Ya es.

No controlamos nada y vamos haciendo planes como si la vida fuera a acomodarse a nosotros. Como si la vida no tuviera sus planes y domináramos el mundo.

Y fingimos que lo controlamos. Fingimos que lo sabemos todo. Fingimos que no tenemos miedo hasta que el miedo se nos come el corazón a bocados o nos rompe por dentro para salir y gritar ese dolor que pretendemos callar.

Si no lo hacemos, la vida nos lo hace. Si no lo sentimos, la vida nos obliga a sentir. Si no lo escuchamos, la vida nos amarra a un momento, nos cogela, nos para y nos lo grita mil veces para que nos quede claro.

Por eso hay que atenderla al primer susurro, porque si no chilla y nos parte en dos para que podamos ver lo que llevamos dentro.

Vamos a atender y eschuchar a nuestras emociones. A respirar nuestros miedos. A dejarnos salpicar por nuestra ira y rabia contenidas que necesitan desatar una marea y desbordarse… Vamos a acunar nuestra tristeza, nuestro desamparo y nuestra desesperación absoluta porque nada es como esperamos. Vamos a bailar con la incertidumbre más rotunda y reconocer quiénes somos.

Somos los que pueden seguir adelante cuando se escuchan. Cuando se atienden. Cuando se reconocen. Cuando se aman. Los que nos esperan a alcanzar ninguna meta para saber quiénes son.

Vamos a dejar de fingir y a vivir de veras, sin sujetar esa cuerda que hace que nos sangren las manos y que siempre se nos escapa o no hunde hasta el fondo por no dejarla ir. Esa cuerda que atamos a lo que creemos desear y que nos amarra a un vida y una forma de pensar que nos destruye, que nos desdibuja, que nos corroe. Vamos a darnos cuenta de que muchas veces la soga nos la ponemos nosotros esperando encajar en un mundo en el que nadie encaja y todos fingen que sí para no caer en el abismo de la culpa y el miedo más insoportables.

Vamos a hundirnos si hace falta y caer para darnos cuenta de que no sujetamos nosotros mismos. Que todo es mentira y vivimos en un escenario de cartón piedra inventado y contruido con historias tristes.

Vamos a encontrar la paz en esta guerra mirando en el fondo de nuestras almas.

Vamos a amar esto como si lo hubiéramos escogido.

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

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La consciencia que te habita


Para un momento, abre los ojos y despierta… La vida es una sucesión de sacudidas y pasos en falso que llevan a lugares desconocidos y rompen muros. Sin zarandeo, a veces, no hay vida. Sin caer, a veces, no se puede volver a empezar. Sin tocar fondo, a veces, no se despierta y se acopia el valor para cambiar de forma de pensar y ver lo que te rodea.

Ahora puedes escuchar de nuevo todas las excusas que fabricaste para no dar un paso y todas las culpas que decidiste arrastrar por los siglos de los siglos por no haberlo dado.

La vida está en ese libro que no abres porque decides no tener tiempo para leer. En esa calle en la que no caminas porque se sale de tu circuito habitual. En esas palabras que no dices porque no te atreves pero que queman en tu garganta y piden salir.

La vida está en esa idea loca que viene a tu mente cuando estás tranquilo y que siempre te invita a hacer algo hermoso y un poco arriesgado para ti. Eso que te roe por dentro esperando a ser vivido y sentido.

No te apures, también está en el café de la mañana y en ese sueño de media tarde que a pesar de intentar vencer nunca logras disimular.

La vida está en ese viento frío que se cuela en tu cuello dolorido de ir por al vida rígido y con ideas estáticas que no llevan más que darse contra el muro de siempre y pasarse años golpeándolo y esperando que caiga. El muro no cae, caes tú, aunque tampoco es una mala noticia porque así te das cuenta de que quién realmente debe cambiar eres tú y no el muro… Y luego, decides si lo dejas, si te vas, si ya no quieres más muros contra los que pelear, pero dejas de imaginar muros en tu mente para dejar de verlos ahí afuera.

La vida está en ese tren que nunca tomas porque no sabes si lleva a tu destino porque todavía ignoras que el destino no está en una estación sino en el trayecto… Porque no sabes aún que esto no va de ganar sino de no perderse a uno mismo ni olvidar quién realmente eres.

No eres el personaje asustado que dibujaste para sobrevivir a este mundo horrible.

No eres tu ironía ni tu mal humor de los lunes. No eres el dolor que sienes cuando no llegas y no aparentas, cuando haces el ridículo, o eso crees, y sientes que el mundo te apunta con el dedo y se ríe de ti. No eres tu trabajo ni tus culpas. No eres todos los reproches que te haces a ti mismo ni los que te hacen los demás y siempre estás esperando.

No eres la persona que esperan ser amada y necesita recibir el visto bueno de otros, ni su aprobación.

No eres este cuerpo que fluctúa y ahora pesa y mida y nunca encaja en un patrón.

No eres este miedo que sientes al leer esto y tomar consciencia de lo mucho que te equivocas, porque eres y serás siempre el que observa al que se equivoca y se abre en infinita compasión a comprender y perdonar. Eres la consciencia que te habita y que sabe, que nota, que siente y que sabe guiarse por algo que no puede definir ni explicar.

No eres la niña rota ni la mujer resentida. No eres el adolescente enfadado y rebelde ni el hombre que sueña con ser valiente pero tiene miedo.

No lo eres, aunque todos ellos y ellas te han llevado hasta aquí.

La vida está en aceptarlos, abrazarlos y superarlos.

La vida está en todo. En ti.

La vida también está en esas pequeñas flores que crecen en las rendijas de las baldosas o las que están tiradas en el suelo ajenas a la idea de poder ser pisadas y mostrándose deliciosamente hermosas.

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente o tal vez no tanto, porque todo es un pensamiento y los pensamientos también se pueden observar y decidir si nos los creemos o no).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

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