merceroura

la rebelión de las palabras


12 comentarios

Todo es perfecto


rose-3142529_640

Mientras tuve la razón jamás fui feliz porque siempre estaba pendiente de no perderla, de defenderla y casi imponerla… Era tan mía, tan obvia, me parecía tan necesaria… Porque pensaba que era lo único que me quedaba en este mundo que me cortaba las alas y me agarraba de los tobillos para que no pudiera subir por al escalera que llevaba a mi cielo… Pensaba, sin realmente saber nada, que la razón que me daba haber acumulado tanta injusticia en mi vida, era mi último reducto de poder antes de dejarme llevar por la desidia.  Aunque no era poder, era fuerza, era resistencia a vivir, a dejarme llevar, era oposición de soltar y vivir en el asombro y la sorpresa… Era miedo a soltar el control que nunca tuve en realidad.

Por eso, dejé la lucha por parecer y me quedé conmigo, con lo que había tras la puerta cerrada de mi conciencia y abracé a la niña enfadada con el mundo porque creía que no la aceptaba... Y me di cuenta de que no había nada tan grande como no esperar nada y sorprenderse por todo, por absolutamente todo… Asumir lo vivido y soltar la carga. Dejarlo todo en una tarde y ver como la vida fluye cuando decides que ya basta…

Me quedo con mis errores y mis miedos… Los miraré sin recelo, sin culpa, sin resentimiento. Y los convertiré en vida, en “ahora”, en cielo… Esa será la forma en que le devuelva a la vida el maravilloso regalo de sus sabias lecciones…Ver la belleza de este instante y notar que me invade, ahora… Saber que estoy aquí por algo, para algo, con un sentido y un camino por recorrer. Notar que yo entera me entrego a mis miedos y les doy la vuelta hasta convertir a mi enemigo en aliado, a mi dolor en mi consuelo, a mi guerra en mi paz.

La guerrera ha dejado su puesto de centinela cansada y ahora confía, lo intenta aunque cueste, aunque a menudo se sorprende todavía empujando el peso del mundo por una cuesta cuando el mundo no la ha pedido que haga nada. A veces, todavía mira al horizonte por costumbre y surca entre las caras y las miradas para encontrar el rechazo que tanto necesita para volver a culparse por no ser perfecta… A veces, el miedo le puede e inventa historias tristes y amargas que le sacuden el alma, pero entonces recuerda que hay tanta belleza en cada cicatriz que cuando las juntas todas ves que en ti han escrito una palabra, una frase, un libro… Que dejarse llevar por lo que temes y bucear en tu dolor para comprenderlo es respirar libertad… Que entregar tu miedo al miedo antes de que te coma la esencia te libra de sumergirte en en la desesperanza… Que lo que estás haciendo para muchos es locura pero para ti es un bálsamo.

La guerrera está callada, pero no por guardarse el dolor ni encerrar la rabia, sino por haber aprendido a amar el silencio de este momento y haber decidido que no quiere más batalla… Porque no es que ya no quiera ganar es que ya no le hace falta y prefiere la paz a la gloria, el equilibrio a la medalla… Prefiere sentir que pierde si perder es notar que fluye y que ama.

Me quedo con este momento dulce, aunque no sea perfecto porque sé que es perfecto para que lo que deba pase… Porque sé que esta serenidad compensa todas la noches de ira haciendo guardia, todos los días luchados por injusticias inventadas, todas las tardes perdidas soñando venganzas sin sentido.

Me quedo conmigo, desierta de gritos y rencores, vacía de rabia y lamentos, enfundada en mi misma con mi traje más humilde y mi risa más fácil… Me quedo con esta sensación de que todo tiene sentido aunque no sepa cuál, ni hacia dónde, ni cómo… Rota pero recompuesta, cansada pero con ganas. Habiendo dejado de buscar ni tres ni cuatro pies al gato y de imaginar historias siempre amargas…

Me quedo con que he llegado hasta aquí y suelto los reproches de una vida que no fue y un reino que no he podido besar a pesar de los intentos y las ganas.

Mis sueños perdidos ya no gritan mi nombre en las noches largas. Porque he descubierto que mi sueño es mi paz y mi risa… Mi aprendizaje de esta tarde, mi nombre dicho por mi hija pidiendo ayuda y dándome las gracias… Mi sueño es un mar que me besa los pies y una roca que nunca me dice nada. Un par de amigos con los que hablo de cómo ayudar a otras personas a encontrar esta paz y un vaso de agua fresca cuando el calor me seca la garganta… Mi sueño es no esperar nada y que todo lo que llegue sea regalo, sea pura vida… 

Tengo sueños tan grandes y hermosos pendientes que no me caben todos en esta tarde que acaba. Aunque yo me he convertido en alguien tan paciente que soy capaz de saber que llegarán cuando deban y que si no llegan no pasa nada… Porque lo mejor del sueño soy yo creciendo para abrazarlo y la guerrera ansiosa convertida en oruga paciente que espera su turno para que le crezcan unas alas…

Me quedo con mis errores y mis miedos porque gracias a ellos he llegado a abrazar mi paz y saber cuál es mi lugar en el mundo… Me quedo con este momento, sea como sea, porque lo que cuenta es tomar lo hermoso de cada paso y seguir andando… Y dar gracias, siempre gracias.

Mientras tuve la razón nunca tuve la risa, nunca tuve el regalo inmenso de descubrir que no sé nada… De no tener ni idea de lo que viene ahora y de que no importe… Y notar que no me tiemblan las piernas, que no busco más refugio ni me escondo de nada… No hay nada como la desnudez de no cargar con la necesidad de parecer y  de saberlo todo… Nada como soltar la necesidad de ser perfecto, de no fallar ni perder,  de no decepcionar ni fracasar, de no acumular ni culpar, ni reprochar ni llegar siempre a la hora fijada.

No hay nada como ser consciente de no saber nada.

Y a veces ser, sólo ser… Y ya está. Es perfecto. Siempre es perfecto.

Pensaba que la perfección era el resultado de cambiarlo todo, pero en realidad, es el resultado de casi casi no hacer nada… 

Anuncios


16 comentarios

Voy a decirlo en voz alta


nature-669592_640

No es más bello que el silencio, pero lo voy a decir. Hay cosas que deben decirse en voz alta porque si se quedan dentro se sienten cómodas y se hacen un nido. Y luego no te das cuenta ni de que están ahí, hasta que un día todo te pesa tanto que no comprendes, no sabes por qué porque no recuerdas lo mucho que acumulas.

A menudo dejamos la puerta entreabierta a nuestra vida a muchas cosas que no nos hacen bien. Y no es que en todo no hay una lección en la vida, por supuesto, de todo se aprende. Por ello, aunque es complicado, siempre defiendo ir por la vida a pecho descubierto, sin temer más que a tener miedo de seguir y quedarse escondido y asustado. Sin embargo, hay cosas que llegan a tu vida que son un respiro y otras un ahogo. A las primeras las cogemos con ansia para poder encontrar un momento de paz y hacer que esa paz perdure. Las segundas nos traen un regalo maravilloso, una enseñanza que nos será útil para encontrar nuestra paz. Porque esa paz que buscamos ya está ahí, a modo de click, de decisión tomada en ese momento en el que está claro que no abrazarla sería insoportable, cuando descubres que todo lo que hagas no sirve de nada si no estás contigo, de tu parte, si no te eres fiel.

Sin embargo, nosotros ya sabemos cuando abrimos esa puerta si lo que estamos dejando entrar es una mano tendida o un puño. Si es truco o es trato. Si estamos comprando un momento de alegría ficticia porque necesitamos algo a lo que agarrarnos y eso implica que estamos vendiendo nuestra coherencia para poder soportar el frío de una situación angustiosa. Ya sabemos si nos estamos conformando con un consuelo falso porque estamos tan cansados de optar al primer premio y no conseguirlo que necesitamos una tregua. Y nada está mal. Ni lo uno ni lo otro. No hay traje pequeño si nosotros no nos empequeñecemos por él, si no nos lo ponemos pensando que es pequeño. No hay decisión adecuada o equivocada si la tomamos a conciencia, desde nuestra coherencia y capacidad de estar donde sabemos que queremos estar para sernos fieles. Todo depende de la forma que sepamos capaces de observar nuestra realidad y de percibir nuestra vida.

No es mejor el camino de la derecha que el de la izquierda. No es mejor hacerlo ahora que mañana por la mañana, siempre que mientras lo postergamos sepamos que es una elección y que en ella no hay atisbo de miedo, de huida… Mientras decidamos y no sintamos esa punzada en el pecho que nos hace evidente que hemos elegido a traición a nuestros deseos, que hemos arrugado nuestros sueños y nos hemos encogido. Si la decisión duele, hay que saber por qué. Porque no es lo mismo el pánico de arriesgarse, lanzarse al vacío y notar esa sensación de hacer una pequeña locura con tu vida pero saber que es la locura necesaria para ser fiel a ti mismo, que el dolor de saber que has apagado tu luz, que has escogido atenuar tu brillo… Que elegiste por no afrontar o por satisfacer a otros, incluso para demostrar que puedes…

No es fácil ser fiel a uno mismo. No nos han programado para ello porque estamos demasiado pendientes de ser una versión de nosotros mismos aceptable. Y la presión por alcanzar un estándar asumible para el mundo que nos permita ir por ahí sin la sensación de llevar una etiqueta que nos hace a veces renunciar a nuestras rarezas. Hasta que uno descubre que es gracias a sus rarezas que brilla y que puede ser fiel a sí mismo si le da la vuelta a su vida como a un calcetín y le da vértigo pensarlo pero sabe que es el camino, el único camino… Ya sabemos en realidad cuál es el camino, pero nos da miedo tomarlo, nos da vergüenza decir en voz alta que es nuestro camino porque no creemos merecerlo. Siempre lo sabemos, a cada instante, lo notamos en el estómago, en el pecho…

Nuestros pies siempre vuelan cuando escogemos el camino que correcto, el de la coherencia y el compromiso con nosotros mismos… Sin embargo, a veces, para llegar a él hay que dar algunos rodeos y muchas vueltas, porque mientras giramos desconcertados nos descubrimos a nosotros mismos y encontramos nuestra capacidad para amar y comprender. Porque dando rodeos, aprendemos a conectar con nosotros y reconocer nuestro verdadero camino… A menudo, hay que tropezar muchas veces con la misma piedra para darse cuenta de que no está en el camino sino en el zapato. Siempre está en el zapato, en realidad, la llevas contigo y hasta que no paras ha descubrir por qué y comprender, no puedes sacarla y andar en paz.

En el fondo, es como si cada uno de nosotros llevara de serie todas aquellas herramientas que le ayudaran a brillar, a ser capaz de triunfar en la vida y poder cumplir su misión. Sin embargo, nos educan para no reconocerlas o, peor todavía, para avergonzarnos de ellas y esconderlas. Algunas de esas herramientas, esos dones, esos talentos y capacidades, están por pulir. Algunos de ellos están ocultos tras lo que el mundo  llama “discapacidad”, una rareza, una debilidad, un supuesto “defecto” que no es más que otra forma de ser que no se atiene a la regla pero que no tiene nada de malo y mucho de hermoso por descubrir. A veces, alguien tiene sus dones a la vista y los usa sin problemas, pero hay personas que los tienen ocultos porque necesitan de un duro trabajo previo, el de desenmarañar la paja y encontrar el grano… Asumir lo que parece “negativo” y ver en ello la paz, la belleza, la parte positiva.

A veces, para encontrar nuestro talento tenemos que sumergirnos en nuestra oscuridad más rotunda y bucear en ella durante un tiempo… Y abrazarla, asumirla, decidir que está ahí pero que no importa, que somos más grandes que eso, que lo que nos hace seres valiosos ocupa más que nuestro miedo, que nuestro dolor…

Para brillar hay que dejar de avergonzarse de uno mismo de una vez por todas y sacarse el saco de la cabeza. Que te vean las arrugas, los michelines, los lunares… Que sepan que en persona eres más bajo, no tienes filtros de belleza en la cara y algunos días cuando despiertas estás muy cansado y de mal humor y te cuesta seguir adelante. Que sepan que no eres perfecto y que ya no aspiras a serlo… Nunca más.

No es más bello que el silencio, pero lo voy a decir. A veces, me avergüenzo de mí. De como soy. De lo que he hecho. De mis dudas, de mis debilidades… Del mucho tiempo que he gastado para llegar aquí. De pensar que si hubiera cambiado antes hubiera conseguido más y lo hubiera hecho más joven. A veces, me reprocho tanto que mis quejas me arrastran al pasado y me privan de vivir ahora. A veces, he abierto la puerta a verdades a medias porque las verdades enteras eran demasiado crudas para alguien que está aprendiendo a ser ella misma. Otras, he sido tan capaz de decirme a la cara las verdades más dolorosas que luego me he dado cuenta de que no hace falta afrontarlas todas en un día, en un instante, y que merezco mi tiempo como todos… ¿Sabes qué? no me arrepiento de nada de ello porque gracias a esos errores he descubierto que no importa cometer errores, que lo que cuenta es amarse y respetar.

Y al final, tengo claro que he sido yo misma quién se aleja de lo que ama, de lo que sueña, de lo que le trae la paz… Quién se pone las zancadillas y los alambres de espino en el camino para que duela. para que sea más duro y así pueda perdonarme esas culpas ficticias que arrastro hace una eternidad… Porque a pesar de todo el camino andado, a veces, sigo creyendo que no me pertenece, que no lo merezco, que nunca llegará porque no soy una de esas personas elegidas para ello… Y mi propia angustia, mi miedo, mi necesidad de demostrar que sí, que lo valgo, que lo merezco, que he hecho méritos para ello, construye un techo que no me deja crecer ni cambiar de forma… Y que cada vez que tiene cerca lo que busca, al alcance de la mano, sin querer le da un empujón o hace que se esfume, porque cree que no lo merece, que no está a su alcance, que todavía no hay sufrido suficiente ni se ha arrastrado demasiado para conseguirlo…

Tengo que decirlo en voz alta… A veces, sufro por el puro placer de sufrir porque me han educado para que crea que sufriendo purgaré una culpa que no existe y me haré perdonar mi naturaleza imperfecta. A veces sufro sin sentido pensando que esa es la única forma de  vivir… Y mientras sufro, me alejo del amor necesario para sentir mi paz, para acercarme a lo que quiero, de lo que ya está en mí pendiente de que me de cuenta de que ya forma parte de mi naturaleza. Mientras sufro, mi vida se estanca y las palabras que no digo se acomodan en mi cabeza para que siempre piense lo mismo y nunca encuentre la forma de soltar dolor.

Y cuando lo digo en voz alta, me doy cuenta de lo absurdo que suena y vuelvo a mí. Entonces me queda claro que la esperanza que busco está en mí. Y, no lo dudes, la que tú buscas, está en ti.


3 comentarios

¿Y si en lugar de tomarnos la pastilla, nos tomamos la vida?


balloons-388973_640

Es nuestro temor a no llegar lo que nos hace resistirnos a la vida… Y nos cierra puertas y construye muros… Nos hace creer que todo está en contra y que alguien en el algún lugar mueve los hilos para que todo falle… Y es verdad, hay alguien que hace eso, pero es la persona que vemos en el espejo cada día… La que no confía en sí misma ni persiste lo suficiente como para que el camino dé su fruto… La que mira el obstáculo y no piensa nunca que puede ser un impulso, la que agota la paciencia y se dice si misma palabras que nunca querría oír de otros… Es el miedo al miedo lo que nos aleja de nosotros mismos… Que nos hace creer que no encajamos y vamos a seguir siendo castigados por ello en un mundo en el que nadie encaja en realidad, pero todos fingen porque están demasiado asustados para quitarse la máscara… Hay algo que tienes que saber, nadie encaja… Absolutamente nadie entre todas esas personas que ves cada día en la calle, es normal… Todos tenemos maravillosas rarezas y eso es lo que nos hace maravillosos y nos permite crecer.

Es nuestro temor a no ser lo que nos aleja de ser quiénes somos. Porque vivimos aislados de lo que sentimos, de aquellas emociones que consideramos que nos arañan, que nos recuerdan que tenemos cuentas pendientes con nosotros y en realidad es sólo a través de ellas que podremos llegar a encontrarnos y reconciliarnos con nosotros mismos.

¿Y si nos arriesgamos a sentir el miedo? ¿Y si lo notamos y nos concentramos en él hasta que veamos y percibamos cómo pasa y qué nos dice? ¿Y si en lugar de tomarnos la pastilla, nos tomamos este momento para saber qué sentimos?

¿Y si dejamos de ponernos los zapatos de tacón para sentirnos altos y crecemos por dentro? y luego, nos ponemos lo que queramos, sea alto o bajo, pero que sea cómodo, que nos haga pisar fuerte…. Que nos haga fácil llegar a dónde queremos llegar sin que tengamos que pensar que debemos pagar peajes o dar contrapartidas para tocar lo que merecemos.

¿Y si nos desnudamos y descubrimos que ya somos perfectos? y que llevamos años escondiéndonos de nosotros mismos y dibujándonos sin hacer honor a nuestra verdadera belleza…

¿Y si dejamos de correr para huir y empezamos a correr para sentir, para soltar, para descubrir si correr nos gusta y nos libera?

¿Y si sentimos nuestro miedo de una vez por todas y así lo podemos sacar del armario y no tenemos que volver a pasar por delante con ese pinchazo en la nuca?

¿Y si lo que toca es sentarse a la mesa con nuestros fantasmas y servirles el te? Y mirarles a la cara y decirles que aceptas que sus sombras, que notas sus espinas y ves sus miradas inquisidoras pero que vas a seguir, que ya no eres ese o esa que camina eludiendo problemas y que ahora eres responsable de tu vida…

¿Y si dejamos de resistirnos a vivir lo que la vida nos propone y nos dejamos llevar por aquellas situaciones que evitamos? porque tal vez las respuestas están en ese lugar que nos resistimos a ver y en la conversación con aquella persona a la que no soportamos porque nos recuerda que nosotros también tenemos un lado muy oscuro…

¿Y si nos miramos al espejo y nos reconciliamos con esa persona perdida y cansada de que no la mires a la cara porque le reprochas demasiado? ¿Y si nos amamos sin esperar a que pasa nada ni cambie nada? Basta con decidir ahora que ya somos merecedores de todo lo bueno, sin tener que esperar a hacer algo extraodinario o adelgazar cinco kilos…

No sentir nuestro miedo es querer bailar sin gastar zapatos, respirar sin notar los olores, correr sin sudar, amar sin ser herido a veces, vivir sin ensuciarse… No querer notar lo que somos es renunciar a ser, a conocer… Es perderse a un ser humano maravilloso que cada día llama a tu puerta pidiendo una oportunidad para amarte y tú nunca abres porque temes ver sus defectos… Y cuando no abres, no ves sus ojeras pero tampoco gozas de su mirada brillante… No notas sus abrazos, ni escuchas sus historias ni descubres su inmenso valor…

¿Y si notamos nuestro dolor y nos mecemos en él? ¿Y si nos damos cuenta que lo que realmente nos duele es esquivarlo y rechazar comprender qué viene a contarnos de nosotros mismos? ¿Y si en lugar de meterlo en una caja y fingir que lo olvidamos, le abrimos la puerta y nos tomamos con él un café? ¿Y si le preguntamos qué quiere y le respondemos con lo que nosotros queremos y le dejamos claro que nunca va a mandar?

¿Y si le damos las gracias porque está ahí para contarnos algo de nosotros mismos?

¿Y si en lugar de volver atrás con nuestros pensamientos para recordar lo mal que lo hicimos, volvemos a este momento y damos la gracias por estar aquí?

¿Y si decidimos que no queremos volver a ser víctimas de nada ni de nadie? ni siquiera de nosotros mismos…

¿Y si nos perdonamos de una vez por todas por no haber sido perfectos y gozamos como merecemos de nuestra maravillosa imperfección?

¿Y si nos salvamos de nosotros mismos siendo capaces de amar lo que somos?

Dejando de eludir lo que nos quema, dejando de llevar el fardo de reproches y soltando quejas que solo hacen que recordarnos lo que no somos y nos incapacitan para ver todo lo que hemos conseguido, todo lo que hay en nosotros por el hecho de existir. Para dejar de creer que necesitamos ser algo que no somos y alcanzar una meta que a medida que luchamos por conseguir parece que se aleja… Para comprender de una vez por todas que absolutamente todo lo que hay en nosotros merece la pena… ¿Y si nos reconciliamos con nosotros mismos y empezamos a vivir?

¿Y si afrontamos lo pendiente de una vez por todas?

¿Y si en lugar de tomarnos la pastilla nos tomamos la vida?

 


6 comentarios

Para qué


tree-trunk-569275_640

No me sirve cualquier sueño, pero sobre todo no me sirve cualquier camino. La forma de llegar a lo que amamos y deseamos marca la gran diferencia en nuestras vidas y poco a poco, cuando creces por dentro, te das cuenta de que es el verdadero premio… El sueño está en el detalle, en el pequeño paso, en el día a día, en lo que conviertes en rutina en tu vida, en lo que te atreves a cuestionar y decidir. El sueño se empieza a conseguir el día que te das cuenta de que lo que importa es cómo llegas a él y decides apostar por tu coherencia. 

Puedo no llegar a la meta pero, no puedo permitirme no saber encontrar la paz cuando me dé cuenta de que no la alcanzo, ni fallar en esto de sobrellevar la pena de no cumplir planes, ni acabar listas de objetivos.

Aunque puedo tardar un día o dos, tres años o un siglo en hacerme a la idea de que a pesar de que nada es imposible no todo pasa, no todo llega y a veces en eso hay cierto sentido. A veces, el premio principal de tu vida es lograr encajar las derrotas y convertirlas en éxito. Conseguir la actitud de un ganador mientras asumes que no llegas a la meta o que no llegas primero… Una vez consigues eso, esa magia, nada se resiste. Porque te has transformado…

A veces, las cosas que deseas no suceden. O al menos eso nos parece… Tal vez porque no se ve qué es lo que estás dibujando con los tumbos que das a cada paso, hasta que has dado los suficientes como para poder tomar perspectiva. Hasta que te levantas de ti mismo y te miras desde el aire y ves que no caminabas en círculo sino que dibujabas en la tierra tu firma, que dejabas tu huella sin saber para quién… A veces, no estás en el camino que deseas pero descubres que eres útil en él para muchas personas y sabes que es en realidad tu camino… Porque estás haciendo en él lo que soñabas hacer en otro y no te has dado cuenta de que no importa cómo sino para qué

La vida nos moldea y a veces nos pone en nuestro sitio. Nos recuerda que fallar es necesario y que cada error es un maestro para dar el siguiente paso… Un paso que a menudo puede cambiar de sentido, de rumbo, desaparecer o hacerse tan pequeño que parece que no avanzas nada, que no pasa nada en tu vida porque no te mueves…

Echar tus raíces lleva tiempo. Uno tiene que escoger a qué tierra pertenece, en qué mundo vive, a qué cielo aspira, qué le sacude y le conmueve. Tiene que conocer todos sus recovecos oscuros y haber encontrado todas sus aristas más cortantes antes de que los primeros brotes se abran paso a través de la tierra y vean la luz.

Echar raíces requiere tanta paciencia que los impacientes a veces se cansan.

Requiere tanto entusiasmo, que los entusiastas a veces se agotan y se quedan dormidos.

Requiere tanto trabajo, que los más trabajadores a veces abandonan porque se sienten desnudos y vacíos, porque acaban creyendo que cae en saco roto.

Echar raíces a veces te deja tan roto que no recuerdas qué estabas haciendo ni para qué. Y al final, sólo llegan los que resisten, los que aguantan no saben cómo, los que se empeñan de verdad .

A veces, los que llegan lo han soportado todo porque a medio camino decidieron que lo que importaba no eran precisamente las hojas sino las raíces. Porque se dieron cuenta de que el trabajo de mirar hacia dentro para conocerse y aceptar todo lo que allí encontraban era tan valioso que la verdadera cosecha era crecer hacia abajo, hacia la tierra… Crecer por dentro y sentirse sólido y a la vez ligero. Soltar la carga de tener que llegar a nada en concreto… Agradecer el poder respirar, el sentir, el tocar, el acariciar este día sin que este día tenga que ser tasado, valorado, recordado, sin que se tenga que asignar a nada una nota, un número de cuenta, un valor añadido…

No es lo que hacemos, es para qué lo hacemos.  

A veces, el que llega es el que está en sí mismo y no el que produce sin saber para qué. El sentido que le damos a nuestros logros lo cambia todo. No somos máquinas de producir, somos seres humanos que necesitan darle sentido a lo que hacen. Nuestro “para qué” es tan importante que a veces no conseguimos lo que soñamos porque no lo tenemos claro o porque lo hemos confundido. Si queremos llegar para demostrar, no llegamos jamás porque el que necesita ir dando lecciones al mundo nunca habrá dado las suficientes… El que va llenando huecos ahí afuera para ser admirado y compensar con ello el amor que no siente por él mismo, nunca recibirá suficientes halagos… El que está en el camino porque ama el camino y desea la meta para seguir amando y compartir, ya tiene su recompensa en cada milímetro que avanza. 

Las metas importan pero, al final, a medio recorrido podemos descubrir que las que estamos anhelando no son las verdaderas sino las que pensábamos que era nuestras pero eran de otros… Que nos hemos puesto retos asequibles y en realidad aspiramos a más, pero nos conformábamos porque no creemos merecer de verdad… O por el contrario que nos elevamos tanto el listón que en el fondo nos estábamos castigando, nos hacíamos subir una montaña muy alta para demostrar que nada nos frenaba y asegurarnos sufrir durante el ascenso… Lo que importa de verdad es cómo llegamos y nuestra forma de aceptar la derrota, el cambio de rumbo, el desatino y el error.

Lo que importa es la sonrisa, el abrazo, el aliento que nos queda para que al día siguiente sigamos dando la lata con algo hermoso que conquistar…

Sin perdernos cada momento, cada detalle, cada pequeño gesto de la vida….

No podemos decir sí a todos los caminos para llegar porque algunos nos piden dejar el alma antes del último ascenso y eso nos convertiría en huérfanos de nosotros mismos.

Lo que importa está en nosotros y pasa por sacudirse la angustia y caminar. Si el camino a tu sueño no pasa a través de ti ni te pide que saques tus penas al sol, no es el camino que buscas… 

No me sirve cualquier camino, porque el sentido de andarlo es llegar a mí mientras recorro todos mis miedos y mis rarezas y suelto todas las necesidades que me inventé para soportarlos. No importa cómo, ni dónde, ni a quién… Sólo para qué.

No importan las hojas, lo que importa son las raíces… 


16 comentarios

Si supieras


skin-1200933_640

Eres muy hermosa y no lo sabes. No puedes verlo porque te miras con los ojos de los pensamientos tristes y con el traje de amargura puesto por no llegar a ser algo que en realidad te queda corto, pequeño, que ya has superado sin darte cuenta.

Si supieras lo mucho que brillas…

Eres extraordinaria y no lo ves. No puedes contemplarte porque te buscas con los ojos del pasado y te juzgas con la ansiedad del futuro que esperas dibujar de un modo concreto. Porque no te paras y respiras y miras este momento lleno de magia, este ahora dulce en el que lees un libro y piensas qué significa y vas a buscar al mar para que te calme y te duermes acariciando sus olas. Y recuerdas tu dolor para tomar fuerzas, cuando en realidad ya no lo necesitas para nada. 

Si supieras lo lejos que alcanzas… Que tocas con las manos tus sueños porque los llevas bajo la piel esperando a que descubras tu alma. 

Eres grande, pero sólo ves la pequeñez de tus necesidades y tus miedos. Porque suplicas por lo que en realidad ya está en ti y no lo encuentras porque la desesperación te inunda la paciencia y te anega los sentidos. Porque suspiras por algo que has superado con creces y sueñas un sueño que hace tiempo que ya caminas.

Ya eres enormemente sabia, pero no usas lo que sabes porque lo ignoras y lo ocultas tras esas ideas que te golpean la mente y te piden que demuestres, que busques, que te sacrifiques, que ganes y que luches por todo… No te has dado cuenta de que que puedes empezar de nuevo ahora sin esperar a que el futuro esté despejado. Porque lo que despeja el futuro es que ahora empieces de nuevo…

Sueñas alcanzar tus metas para estar paz cuando en realidad llega primero la paz y luego las metas. Por altas que sean, por lejos que parezcan… Están a un paso de consciencia. 

Si supieras lo cerca que estás… Pero vives anclada a tu preocupación por si lo consigues y eso te aleja de amar lo que eres y ser lo que amas. 

Lo que buscas ha salido a tu encuentro, pero no lo recibes porque estás ocupada pensando que no sabrás encontrarlo, que no sabrás usarlo, que no es para ti.

Porque crees que para merecer lo mejor tienes que librar antes una dura batalla y coronar un montaña inmensa, cuando en realidad ya eres digna de todo por estar, por ser, por sentir que lo eres.

No necesitas nada para seguir en el camino porque tú eres el camino, eres el viento que impulsa tus pasos y la paz que te ayuda a caminar cuando hay tormenta.

No necesitas más claridad que la de pensamiento.

No necesitas más fuerza que tus ganas.

No necesitas más amor que tu amor.

Si supieras que ya puedes dejar de esconderte porque no mira nadie… 

Eres tan capaz que si lo notaras por un momento sabrías que en realidad todo ha estado en ti siempre, bajo esas capas de miedo y vergüenza que llevas puestas por si te miran, por si te juzgan, por si te invaden de nuevo… Esas capas que pesan tanto que no te dejan avanzar.

Si supieras que ya no es de noche, pero no te has dado cuenta porque hace un siglo que no abres tu ventana por si se te escapa la risa… 

Si sólo por un momento, supieras que en realidad ya has llegado a la cima pero no lo ves porque en lugar de contemplar la vista, miras hacia atrás y te empeñas en verte a ti subiendo la cuesta y en pensar que tal vez no podrás porque es muy pronunciada…

Si supieras que ya lo eres todo y sólo tienes que dejar de desearlo, que dejar de preocuparte por si puedes, que soltar la necesidad de que todo sea perfecto…

Si supieras que lo que tienes que hacer es desnudarte y no vestirte.

Si supieras que eres tu reina y no tu esclava… Que en el armario donde guardas tus miedos está colgado el traje de diosa… Que no hay más impedimento que tu forma de contemplarte…

Si supieras que estás sentada encima de lo que buscas…

Si supieras que todo es como es porque tú lo has dibujado.

Para Ana… Para que lo sepas… 


12 comentarios

Cuando ya no sepas nada


mystery-1599527_640

Va ser que las respuestas no están en los libros… Ni en las palabras de los sabios, ni en las historias de los más ancianos. Están ardiendo en ti.  Están esperando a que te caigas de bruces y te golpees tan fuerte que cuando te levantes ya no recuerdes quién eras y decidas volver a empezar. Poco importa todo lo que conoces si no eres capaz de borrar lo que llevas dentro y te zarandea y te obliga a renunciar a lo que amas y asumir lo que te desintegra como ser humano… Porque la vida va de borrar y de vaciarse antes de llenar y de alcanzar lo que eres. Porque hemos acumulado muchos trastos viejos dentro de nosotros y no nos dejan respirar. No lo ves, pero está ahí, metido dentro. Es un amasijo de palabras y sensaciones, de dogmas férreos y candados con cadenas, uno encima de otro, que no te dejan abrir puertas ni desdibujar fronteras.

Somos esclavos de nuestras creencias, de nuestros pensamientos más íntimos y oscuros, de nuestras emociones más bárbaras. Y en lugar de usarlos para reinventarnos y volver a nacer cada día, los usamos para encogernos, meternos de nuevo en la cueva y contemplar el mundo desde la sombra… Desde la sombra nunca se imagina la luz, aunque se sueña, se busca, se desea tanto que, a veces, se confunde la forma con el fondo y la verdad con una mentira plácida, con una mentira a medias, con una cara sin gesto… Desde la sombra, se imagina una luz a veces tenue, una realidad limitada, pero al mismo tiempo se hace crecer un entusiasmo enorme por llegar a tocarla…

Si no somos capaces de descubrir qué llevamos escrito dentro que nos obliga a alejarnos de nuestros sueños, jamás podremos reescribirlo y  cambiar… Jamás podremos convertir las lágrimas en versos y contarnos historias hermosas que nos ayuden a seguir caminando… Jamás sabremos que ese dolor acumulado que desdeñamos y no queremos sentir ni comprender es en realidad la llave que nos abrirá la puerta a la paz… A esa sensación de sentirse pleno, sereno, presente en tu vida, con ganas de crecer pero amando lo que has crecido, con ilusión por seguir pero disfrutando este palmo del camino.

Las respuestas no están escritas en los libros, pero en los libros hay palabras que te recordarán lo mucho que guardas dentro y pondrán nombre a tus miedos para que sepas cómo enfrentarte a ellos… Los sabios no lo saben todo, pero al mirar en sus ojos y escuchar sus palabras podrás reconocer tus golpes en sus golpes y tus heridas en sus heridas… Hasta que un día, te encuentres contando tu historia a otros y sepas que al contarla es todavía más tuya, porque cuánto más compartes, más aprendes y cuánto más das, más recibes. Cuánto más sueltas, más abarcas, cuánto más borras de ti lo que ya no te interesa pensar y creer,  más libre te sientes… 

Tendrás que borrar lo que crees que sabes y lo que nunca quieres escuchar,pero sabes que está en ti. Tendrás que hurgar en tus pensamientos más sensatos para descubrir que la sensatez te ha llevado a una vida estúpida y llena de huecos, llena de forzados silencios y ruidos insoportables… Que tanta prudencia te ha dejado dormido, soterrado en un mar de quejas y lamentos, bajo una montaña de miedos inventados y necesidades absurdas. Tendrás que borrar las excusas que te inventaste para no ser tú cuando ser tú era tan insoportable para ti que cualquier otra cosa era mejor… 

hatching-chicks-2448541_640

Ahora ya no. Todo ha cambiado y a medida que dejaste entrar el viento en tu pecho y sacaste tu dolor de fiesta, descubriste que es posible, que tal vez sabrás, que vale la pena intentarlo, que compensa ser tú y, a veces, casi te gusta.

Y un día volverás a ser como un niño y te sorprenderás por todas la cosas y te reirás con los pequeños detalles… Y contarás los adoquines de la calle y te construirás castillos de arena que morirán con la marea… Perderás la llave de tu cueva y nunca volverás a encerrarte en ti mismo porque ya no habrá nada en ti que desees ocultar ni recharzar. Y jugarás a reírte de tus miedos y de tus errores y dejarás de juzgar a los demás por tus males y de culparles de tus cargas… Y sabrás que eres sabio porque tendrás la certeza absoluta de que no sabes nada…

Sólo cuando ya no sepas nada y te entusiasmes y maravilles con todo podrás notar la vida y quedarte en este instante y notar la magia. Cuando no lleves la carga de un pasado que rompe tu espalda y arrastra tu cuerpo, podrás vivir ahora… Cuando no estés sujeto a lo que no pudo ser y sueltes la necesidad de un futuro seguro y programado, serás libre…

Cuando ya no recuerdes quién eras cuando no eras tú de verdad, sabrás que todo empieza. Cuando mires a la vida de nuevo con ojos de niño asombrado y entusiasmado habrás regresado a ti. 


17 comentarios

No me ofendo


cat-3062966_640

Es mi responsabilidad. Aunque a veces tenga ganas de gritar y decirle a más de uno cuatro cosas que no son bonitas y que no me hacen una persona mejor… Soy responsable de si me dejo herir por sus palabras y de si me dejo ofender por su forma de mirarme. Eso no significa que no miren o no digan cosas que no son agradables ni que no tengan que asumir las consecuencias de ir por la vida juzgando y tratando a los demás como no merecen… Y que paguen sus deudas. Allá ellos y su conciencia, eso no forma parte de mi camino. La puerta que tengo que abrir no es la suya sino la mía. Mirar dentro y descubrir por qué me duele, por qué me molesta, por qué dejo que la opinión de otros haga mella en mi actitud, en mi motivación y mi modo de ver la vida… Por qué dejo que me sus palabras me arañen y sus miradas me transformen…

Y voy a ir más allá. Qué dice de mí lo que ellos dicen de mí. Qué hay en mi sombra que resuena cuando llaman a su puerta para que yo me ponga guerrera y se me erice el vello, para que me sienta cuestionada. Tal vez sus ofensas sean una oportunidad para descubrir que mi reino controlado tiene fugas, tal vez sean una señal para que me de cuenta de que no puedo controlarlo todo y de que voy a tener que soltar es necesidad y ese dolor… Que voy a tener que borrar esa expectativa que tanto me zarandea y llena de desasosiego.  Esto que pasa quizás sea para que sepa que me creo algo de lo que dicen cuando quieren herirme y tengo que comprenderlo, soltarlo, borrarlo de mi vida… Darme cuenta de que la única persona que le da crédito soy yo, que yo lanzo el combustible a la hoguera y ellos sólo se ocupan de traer las cerillas.

Insisto, la razón por la que vienen a mí para encender fuegos ahora no importa, esto es un trabajo con uno mismo, personal, intransferible, imposible de delegar en alma ajena. Sé que si no lo hago hoy, ahí se queda, esperando a que otra persona o situación vuelva a mí y la historia se repita, porque siempre se repite… Hasta el infinito, hasta que comprenda que la que se apunta con el dedo soy yo y los demás sólo me ayudan a darme cuenta.  Cuanto antes lo solucione, cuanto antes saque de mí esa mirada que me juzga sin compasión, antes callarán, antes callaré mis reproches… 

Ellos están ahí para que yo me conozca y me de cuenta de que todavía no me amo suficiente. Para que advierta que no confío en mí como merezco y que cuando me presionan todavía hay en mí alguien un poco resentido y rabioso que quiere responder con la misma violencia… Y no pasa nada, saberlo es comprender y aceptarlo es dar el paso para poder soltar esa rabia. Para decidir que cuando estás en paz contigo no importa que fuera se libre la más dura de las batallas porque eso no perturba tu calma… Y eso no significa no hacer nada o quedarse a esperar el golpe, significa saber cuál es tu centro y qué líneas no estás dispuesto a pisar pase lo que pase. Saber que no te vas a tragar el dolor ni la mentira y que por más que te digan tú sabes quién eres y lo que hay en ti no se vende, no se arrastra, no se desgasta por más que otros intenten socavar tu autoestima.

A través de sus palabras te curas para poder vivir a pesar de sus palabras. Los que te atacan te dan el antídoto para que sus ataques no te duelan y al final dejen de existir porque cuándo descubran que ya no te afectan ni te duelen, te dejarán en paz… Porque cuando hayas aprendido a soltar la necesidad de ser aceptado por todos, cuando hayas hurgado en tus entrañas y hayas visto tu sombra y comprendido lo que aún no eres capaz de decirte a la cara, no hará falta que venga nadie más a destapar tus debilidades… Cuando descubrimos que en realidad esas debilidades son fortalezas, no solamente dejan de usarlas los demás para golpearnos con ellas sino que nosotros empezamos a utilizarlas como catapulta para crecer, evolucionar, para alcanzar nuestras metas…

Al final, el que te grita tus miedos a la cara te regala la oportunidad de conocerlos, asumirlos, enfrentarte a ellos y cerrar la puerta. El que te restriega tus defectos te concede el privilegio de comprender que en realidad son puntos de apoyo, pedazos de ti que asumir y abrazar para fortalecer tus grandes dones… El que te dice en voz alta lo que callas, lo que tú crees que eres y no te atreves a reconocer te ofrece en bandeja la posibilidad de dejar de ocultarte tras una máscara para descubrirte a ti mismo y mostrar al mundo tu verdad.. Sin tener que aparentar y esconder, sin tener de demostrar nunca más, sin avergonzarte ni falsear nada en ti puesto que eso que te parece tan terrible es en realidad una herramienta maravillosa para alcanzar tu paz, tu meta, tu destino…Si dejas de creer que no vales nada, nadie podrá hacerte creer que no vales nada… Si dejas de pensar que mereces ser ofendido, nada que nadie diga podrá ofenderte… Las ofensas llegan para que notemos que todavía no nos queremos suficiente, no nos aceptamos suficiente, no nos conocemos suficiente… Si no te ofendes cuando alguien te dice algo con ánimo de hacerte daño es porque ya hace tiempo que tú dejaste de decírtelo por dentro, y esa persona te usa para tapar su dolor, para no tener que mirar en su interior y descubrir que es el cazador cazado, el monstruo del que huye, el fantasma que ve en el espejo en el que teme mirar para no ver su reflejo. Porque actúa asustadizo viendo su sombra y buscando coartadas para pensar que es la de otro. 

Si no sacas a la luz lo que te asusta mostrar, nunca puedes usarlo para crecer… Si no reconoces tu dolor, no podrás convertirlo en belleza. Si no miras qué hay dentro, nunca podrás mirar fuera sin dolor. 

Las ofensas que creemos recibir son a veces la forma en que la vida nos pone delante la oportunidad de borrar, de perdonar y perdonarnos, de curar nuestros miedos y hacer las paces con nosotros…Son un espejo de todo lo que llevamos todavía bajo la piel y nos quema por dentro y supura por nuestras costuras y espera que sepamos soltar para eliminar ese sufrimiento, para que aprendamos a ponernos de nuestra parte… Y es algo entre tú y tú mismo… Los demás tienen su camino. Que se preocupen ellos de descubrir su sombra y su oscuridad y saber por qué van por la vida cómo van… Por eso lo que importa es dejar de mirarles y de sentirnos pequeños ante ellos y centrar la atención en nosotros para descubrir qué podemos hacer y comprender. Y asumir que tenemos el poder de hacer de nuestra vida una experiencia maravillosa… No hay nada ahí a fuera que te perturbe si no está en ti esperando liberarse… 

Nada te ofende si tú no te ofendes, si no llevas dentro una ofensa pendiente guardada esperando salir a la luz pero que ahogas porque no te sientes preparado para asumir… Nada significa nada si tu dolor no le da significado…