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la rebelión de las palabras


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Esas palabras que necesitas escuchar


Escribo para que sigas adelante. Y no me refiero a seguir batallando por nada, sino a seguir amando tu vida, aunque a ratos duela y parezca un camino repleto de clavos o atajos oscuros. Me refiero a seguir confiando o encontrar un atisbo para hacerlo, una rendija por la que colarte en otra pantalla de este juego contradictorio donde haya más luz y al aire sea más limpio. 

Escribo para ti porque sé que dudas. Y quiero decirte que no se trata que dejes de dudar sobre qué camino tomar, eso no importa, no hay caminos incorrectos, todos llevan a tus miedos y tus certezas. De lo que realmente no puedes dudar es de ti. De tu capacidad, de tu fortaleza, de tu valor. No para conseguir ningún resultado sino para ser capaz de mirarte a los ojos y descubrir que estás contigo y quién eres. Aunque si ahora dudas, no pasa nada, no te reproches… La duda es la antesala de la certeza, un titubeo necesario para tomar impulso.

Escribo para ti porque escribo para cualquiera que en este justo momento necesite una palabra y no sepa cuál es. Alguien que lleve un rato tan metido en sus pensamientos tristes y terribles que se los haya creído todos y ya no le quede espacio para la esperanza. Lo hago porque quiero que sepa que no es eso que piensa, no es eso que teme, no es eso de lo que huye. Es el que observa y puede decidir volver a mirar y hacerlo de otro modo, desde otro ángulo. El que se sabe por encima de esos miedos, aunque no siempre lo recuerde. El que ha decidido atravesarlos y sabe que lo que le pasa es para tomar impulso, aunque sea duro y dé mucho miedo. Aunque a veces decida quedarse inmóvil y atenazado en un rincón y no dé el paso, porque no siempre sabemos responder y tenemos derecho a pedir prórroga y equivocarnos, y confundirnos. Incluso a estar tan paralizados que no sepamos qué hacer. Y a pesar de eso, siempre, siempre, siempre merecemos lo mejor… 

Sí, te escribo a ti que ayer pensaste que se te acababa el mundo y esta mañana al despertar odiaste que así no hubiera sido. A ti que el sabor amargo en la boca te dice que no estás bien, que no te encuentras, que estás perdido y asustado. Por si necesitas recordar que ha habido días en que te sentiste feliz y lleno de vida… Por si no te viene a la cabeza ninguna melodía hermosa que calme tu angustia. Por si estás solo o te sientes solo estando acompañado y buscas un oído amable, una mano amiga y un silencio cómplice sin reproches.

Aquí están mis palabras, si te sirven. Son tuyas. Nunca fueron mías. Las tomé prestadas de tus ganas de salir adelante, de la tristeza que a veces palpo en al aire y me susurra versos y cuentos amargos… De las miradas furtivas esperando destellos de alegría. De los más pequeños  que juegan y lo miran todo sin saber qué pasa y su inocencia deliciosa tiñe de vida y de magia cien kilómetros a la redonda. No son mis palabras, son las palabras que quedan pendientes de ser dichas y se suspenden en el aire de todas las ciudades y pueblos donde alguien mira al cielo y pide paz. Son las palabras suspiradas de todas las tardes en que recuerdo que hubo tiempos mejores y los vuelvo a imaginar. Son las palabras que todavía no has dicho y hacen cola en tu garganta esperando salir, agolpadas unas tras otras, presionando tu pecho y pidiendo una oportunidad. Son las palabras que crees que te hace falta oír pero nadie dice en voz alta, ni siquiera tú te atreves porque te parecen imprudentes y van contra todo lo que te dijeron que debías pensar.

Son la palabras que te invitan a ser y a descansar en una paz que todavía no conoces porque te has estado privando de ella hasta alcanzar primero un listón que siempre está demasiado alto. Palabras que crees reservadas para otros más ágiles, más altos, más hermosos y afortunados… Palabras que no te piden que busques ni alcances nada sino que mires en ti y descubras lo que ya eres, lo que siempre ha estado ahí y no te has permitido ver. Son las palabras que quise y necesitaba escuchar cuando yo no tenía palabras y nadie dijo. Fue entonces cuando me dí cuenta de que tenía que decirlas yo y me puse a escribir. Y no, no hablan de batallas ni de retos, ni de sacrificios, cosas que debes o no debes hacer, hablan de amor, de poner tu esperanza en este justo momento y no en un futuro que todavía no existe. Hablan de caminar y no de hacer carreras, hablan de estar presente en tu vida y no de ganar nada. Hablan de sentir y no de pensar. Hablan de aceptar y amar y no de buscar algo que no tiene nombre. Hablan de ser y no de aparentar. De enceder esa luz que llevas dentro y dejar de buscar luces ahí afuera que te indiquen el camino que anhelas.

Claro que escribo para ti, porque también escribo para mí. Lo hago porque tengo miedo y quiero estampar esas palabras en algún lugar para poder echar mano de ellas cuando el desánimo me cubra la espalda y no me acuerde de quién soy.  Lo hago porque estoy tan perdida como tú y también busco y a veces encuentro, y a veces no, pero siempre, siempre, siempre merezco un pedazo de tiempo lleno de paz.

Y tú también, por supuesto.

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente o tal vez no tanto, porque todo es un pensamiento y los pensamientos también se pueden observar y decidir si nos los creemos o no).

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En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

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Jugando al escondite con la vida


Tomas café y notas el café.

Caminas y notas el camino.

Estás en la calle y vives la calle.

Encuentras un bosque y te sientes vivir en todos y cada uno de los árboles del bosque.

Te sientas ante al mar y eres un pedazo de mar.

Guardas silencio ante un amigo que te cuenta su dolor y eres el amigo y observas el dolor.

Dices adiós y sientes ese adiós, ese miedo a que ya nada vuelva a ser como era antes.

Pruebas el postre y eres el postre.

Notas el sabor amargo de la derrota y crees que eres la derrota, pero en realidad eres lo que nacerá en ti gracias a ti ella y a no huir del dolor y el miedo que te provoca.

Lees el libro y te pierdes en las palabras del libro.

Respiras y eres el aire.

Miras al fuego y eres fuego.

Te dejas mecer por en viento y eres el viento. 

Caes y eres el suelo, el arañazo en tu rodilla, la vergüenza inmensa y absurda por si te han visto…

Te crees tu culpa e irremediablemente eres el verdugo que busca condena y castigo. 

Recuerdas el pasado y eres el pasado.

Sueñas otro futuro y acabas atrapado en el futuro. Sin presente, sin vida, sin más ansia que el ansia. Sin más destino que el miedo y la necesidad de seguir esperando que algo te salve y te recuerde tu valor.

Miras al cielo y eres el cielo. Tanto si está azul y soleado como si está cubierto de nubes grises. Tanto si la lluvia vence la tarde como si la tarde vence a la lluvia.

Cuentas un secreto y eres esclavo de tu necesidad de contar secretos.

Juzgas y eres juzgado por tu juicio… Criticado por tu propia voz.

Ves lo que eres y eres lo que ves. Hasta que decides que cambie. Hasta que decides mirar de otro modo y burlar las leyes de esta sociedad marchita que quiere que te marchites sin notar. Que te invita a consumir sin vivir. Que te cala hasta los huesos con historias tristes y descarnadas para que no recuerdes quién eres ni a dónde vas. Para que sigas perdido en la niebla y no encuentres el camino a casa nunca…

Aunque es inevitable volver. Es inevitable encontrarlo y ponerse a caminar. Porque el amor que eres siempre te encuentra. Porque el amor que das siempre vuelve. Porque basta un instante de perdón para que la vida dé la vuelta y recuerdes tu verdadero nombre.

Amas a alguien de verdad y eres el amor.

Amas lo que vives, sea como sea, y entonces eres tú.

Y recuerdas la verdad.

Porque no hay nada más, solo amor.

Y justo en ese momento te das cuenta de que hasta ahora te has pasado la vida jugando al escondite con la vida.

Ya no más.

 

 

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente o tal vez no tanto, porque todo es un pensamiento y los pensamientos también se pueden observar y decidir si nos los creemos o no).

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Vívete


Vives sin vivirte, sin notarte, sin ser tú… Vives buscando un manual que te diga cómo hacerlo mejor,  cuando en realidad lo que necesitas es conocerte y sentir qué necesitas.
Tienes que seguir tu intuición. Tu instinto. Esa voz que te dice que vayas por la derecha aunque todos vayan hacia el otro lado o que te trae a la mente una persona o una palabra, que parece pedirte que llames, que busques, que des la vuelta, que te pierdas si hace falta para encontrarte a ti mismo… Esa voz que te susurra algo  y que cuando al cabo de un rato aparece ese algo ante ti y todo cobra sentido. Tienes que escucharla cuando te llama, aunque a veces no la entiendas. Aunque te pida que hagas lo que nadie hace y digas lo que nadie dice. Aunque lo que te cuente suene loco y extraño y te parezca que es la mejor forma de hacer el ridículo.
Tienes que dejar rugir a esa bestia hermosa que llevas dentro, dejarla salir a pasear y que rebase el metro cuadrado que normalmente rondas y te adjudicas. Permitirte pensar más allá de lo establecido, de lo que nunca has creído que podrías o atreverías, de lo que nunca has imaginado que sea posible.
Porque a veces hay que construir el puente para que las personas comprendan que pueden pasar al otro lado y abonar el campo antes de saber si podrás plantar la semilla para que algo crezca. A menudo hay que comprar el paraguas para llamar a la lluvia o preparar la mesa para que algún día alguien venga a cenar… Hay que imaginar y sentir y ser capaz de notar qué te dice la vida a través de cada gesto, de cada momento, de cada susurro y de cada vacío… A veces, hay que quedarse en completo silencio para darse cuenta de lo mucho que necesitas el silencio y cuánto grita este mundo que no se escucha a sí mismo. A veces, en el silencio puedes escucharte a ti pidiendo socorro porque hace un siglo que no te escuchas…
Tienes que seguir tu propia luz, aunque te parezca pequeña ante otras luces, aunque a veces se apague cuando estás muy cansado y esa ola de pensamientos terribles te devore las sienes y el ánimo… Aunque la vida dé tantas vueltas y patadas que no sepas dónde estás ni qué sientes. Aunque ahí afuera esté lloviendo siempre tanto que no puedas evitar creer que el sol ya no existe. Aunque una tarde cualquiera abras los ojos y veas que todo lo que has hecho hasta ahora se ha desvanecido o no sirve. No importa. No es lo que haces, es lo que pasa dentro de ti cuando lo haces. Es el camino interior que recorres para conseguir hacerlo y el relato que construyes en ti para poder dar cada paso cuando la noche es muy oscura y el viento muy frío.
Tienes que escucharte aunque sientas que nadie te escucha y que muchas veces creas que lo que vas a decir no importa, porque sí que importa. Importa porque está dentro y tiene necesidad de salir, de volar, de dejar de estancarse. Tienes que descubrir qué sientes y comprender para qué. Convertirte en tu brújula para poder encontrar tu camino, descubrir qué te cuenta esa presión en el pecho, esa sensación en el estómago y en la garganta, qué te dice esa emoción que contienes en ti cuando te levantas por la mañana y observas tu vida y no es como la deseas. Tienes que aceptar lo que es para poder empezar a cambiar lo que depende de ti, lo que está en tu mano y dibujar tu camino.
Tienes que aceptarte para aceptar tu vida y dejar que entre en ella lo que necesitas y soltar lo que sobra, lo que no te hace bien, lo que te recorta y te limita. Tienes que amar lo que ahora eres para recibir lo que viene con los brazos abiertos, la mente abierta… Para verlo con ojos de águila, que siempre percibe los detalles, que ve más allá de las nubes y encuentra oportunidades… Para descubrir el reverso de cada una de esas situaciones que te salpican y te arañan y que a veces el dolor no nos permite ver.
Tienes que hacerte caso porque te olvidas de ti pensando que si haces mil cosas tienes más mérito, llegas a más personas y recibirás más una cosecha más generosa cuando en realidad no sabes qué siembras y no te da nunca tiempo a cuidar como crece. Tienes que prestar atención a lo que te importa, a lo que realmente te mueve y guía tus pasos, a lo que te interesa y llena tu vida de verdad.
Tienes que serte fiel y dejar de traicionarte. Dejar de librar batallas que te agotan y gastan tu energía y que no te aportan nada. Batallas en las que es imposible ganar porque la lucha es tan dura y sin sentido que te rompen por dentro. Deja de luchar y vive. No tienes que ganar nada, ni competir, ni marcar ningún territorio más que tu propia existencia… No te desgastes intentando defenderte, sencillamente no te creas las ofensas… No te canses intentando que nadie invada tu espacio o te se lleve lo que es tuyo, deja de atacarte tú pensando que eres atacable… Echa ese dolor de tu vida después de comprender por qué has 
dejado que duerma en ella tanto tiempo y no te desvanezcas intentando excusarte y explicar porque eres como eres, no necesitas pedir perdón por tu esencia, ya eres una persona increíble…
No te difumines intentando ser otra persona o ser mejor, disfruta de ser tú y vívete bien. Con todas tus ganas, con toda tu confianza, con todo tu amor… Eso hace de ti un tú sin tapujos. Eso hace que descubras que no hay  más versiones de ti que la auténtica, estás tú en esencia y cuando no te traicionas ni te escondes, ya eres tu mejor versión.

Vívete.

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente o tal vez no tanto, porque todo es un pensamiento y los pensamientos también se pueden observar y decidir si nos los creemos o no).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

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