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la rebelión de las palabras


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Vivir lo pendiente y abrazar lo inevitable


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Somos nuestro propio infierno y nuestro propio cielo. La barca con la que navegamos y nuestra propia deriva. Somos el salvavidas y los pies de cemento. El miedo que nos hunde y nuestras ganas de conocernos que nos ayudan a flotar.

Somos nuestro propio camino y todos y cada uno de los pasos atrás que damos. No podemos decidir lo que encontramos en el camino, pero podemos decidir cómo lo miramos, cómo lo colocamos en una estantería de nuestra vida y qué hacemos con ello. Si lo rechazamos o lo aceptamos. Si decidimos que forma parte de nosotros y que tenemos algo que hacer con ello, algo que aprender o lo lanzamos al abismo…Si lo rompemos en mil pedazos o si nos rompemos nosotros en mil pedazos al sentirlo porque no nos vemos capaces de usarlo para crecer.

Somos nuestro infierno  y nuestro cielo. Somos nuestro gran miedo y la forma que tenemos de superarlo. Somos la forma que tenemos de esconderlo y vivir de él o de vivir a pesar de él…

Somos, somos, somos… Siempre acumulando de todo para no tocar, para no aceptar, para no sentir y asumir, para disimular y esperar a que pase. Pagando por ello el alto precio de no soltar. De llevar la carga y no poder respirar.

Somos y, a veces, no nos damos cuenta de que somos porque sencillamente estamos. Porque solamente sobrevivimos . Porque solamente arañamos pedazos de vida. Con la máscara puesta porque nos asusta tanto quitárnosla percibirnos como somos realmente y que nos perciban como somos por dentro… Vulnerables, desnudos, asustados… Tierra por comprender, tierra por conquistar, tierra por descubrir, tierra para amar. Tierra, una tierra enorme en la que sembrar…

Somos, somos, somos… Somos el camino al que queremos llegar y el camino del que queremos huir. Somos el destino que escogemos y le que no queremos escoger porque nos asusta reconocer que también está en nosotros. Porque no queremos escuchar que la vida pasa lista y dice nuestro nombre.

Estamos tan pendientes de lo que será, que se nos olvida el mientras tanto… Y nosotros somos el mientras tanto, la vida es el mientras tanto. La vida es amar al mientras tanto. Amar al casi, al tal vez, al puede ser, al no es aún, al no está, al no lo parece… Aceptar que sea a medias, que no sea todavía. que tenga una forma difusa, que esté en construcción…

Lo que nos define es como vivimos el mientras tanto… Cómo lo abrazamos. Cómo vivimos el sí pero no, el todavía… Cómo gestionamos el “y si no”. Cómo decidimos que nos afecte el “no sé si…”

Cuando no aceptamos el mientras tanto de todo lo que nos rodea, no aceptamos nuestro mientras tanto. No vemos que estamos a medio camino de algo y no aceptamos el camino. Ni los recodos, ni los momentos oscuros, ni los momentos tristes, ni los momentos locos… Nos asustan tanto los momentos locos y descontrolados… Nos asustan tanto los momentos alegres como los momentos tristes. Huimos de la paz porque no queremos echarla de menos, porque no queremos ser adictos a ella para cuando escasee, para no pensar que se ha ido y no volverá y que la culpa nos invada y comprima el pecho. Porque no hemos aprendido a mirar su ausencia y encontrarle sentido… Mirar al vacío y descubrir que somos nuestro gran misterio, nuestro gran secreto. Somos la llave y la cerradura…

Somos, somos, somos y nos definimos por lo que no tenemos, por lo que nos falta, por lo que deseamos y no nos acompaña…

Somos nuestro infierno y nuestro cielo. Nuestra ausencia continuada en todo aquello que nos atañe y duele para que no nos ataña y no duela. La puerta cerrada a cal y canto a eso que nos recuerda que nos equivocamos y que no nos permite comprender por qué. Las reglas de oro y las normas que nos dictamos para intentar ser mejores y obtener buenos resultados y que comprimen tanto que cuando llegamos a la cima hace rato que hemos dejado de respirar…

Somos, somos, somos siempre lo que no queremos recordar y lo que nos da miedo vivir. Y siempre llega, siempre nos alcanza, siempre nos toma por la solapa y nos cuenta el cuento que no queremos escuchar. Siempre evitando sentir ese dolor, notar ese miedo y sujetando con todas nuestras fuerzas algo para que no se caiga, para no perderlo y sentirnos vacíos y solos.

Somos eso que no nos gusta, precisamente porque lo despreciamos. Somos aquello que evitamos, precisamente porque viene a nuestro encuentro para que podamos dejar de huir.

Somos la forma maravillosa en que a veces claudicamos y preferimos vivir a ganar y bajamos la guardia y nos dejamos acariciar. A veces, el cielo está en reverso de la hoja a la que nunca le das la vuelta por si te toca asumir y corregir… Y el infierno es ese tiempo que tardas en darte cuenta de que el cielo es una decisión propia… De que eso va de salir a vivir lo que tenemos pendiente y abrazar lo inevitable. 

Acabar dando gracias por lo que es, sea lo que sea, y encontrando la comodidad en lo que antes parecía terrible, insoportable…

GRACIAS POR LEERME E INICIAR CONMIGO ESTE CAMINO COMPLICADO PERO MARAVILLOSO… 

Gracias por compartir y llevar mis palabras hasta el otro lado del mundo… 

Si quieres continuar con este cambio, te invito a profundizar todavía más…

Manual de autoestima para mujeres guerreras

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Amor sin amor


Hace un rato me he releído. Era un post de hace tiempo que hablaba de lo que es el amor. Al menos hablaba de lo que era el amor para mí por aquel entonces. Algo que no tiene nada que ver con lo que yo siento que es el amor ahora. Me he perdido en mis palabras y he sentido la angustia de vivir el amor sin amor. Vivir el amor como algo pendiente, como algo que intentas alcanzar y siempre se escapa… Como algo que te deja vacío porque nunca llega. Como una meta a la cuál llegar después de competir o hacer que otra persona se dé cuenta de que hay algo hermoso en ti, de que vales la pena, de que entre toda la maraña de caras y voces escoja la tuya… Es imposible amar así y salir indemne. Es imposible amar con el retrovisor puesto por si te pillan siendo imperfecto y te retiran el cariño, el arrumaco, el roce… Es imposible que el amor que busca la perfección sea amor… 

Por aquel entonces, yo amaba con miedo. Cuando se ama con miedo no se ama, se quiere, se desea, se busca. El amor verdadero es el que sale de dentro. El amor que se siente y se expande. El amor que encuentra a otro ser humano y no le pide que sea de otra forma ni que se ajuste a una horma ni encaje en un molde establecido… El amor no surge de la necesidad de sentirse valorado por otro, ni de que otro ser humano te diga lo que tú no te dices… El amor no es que otro vea en ti lo que no ves. Es hacer el camino para verlo y luego compartirlo, extenderlo, vivirlo y contagiar amor…

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No hay amor suficiente en el mundo para llenar un corazón que no se ama a sí mismo. Por mil veces que te digan lo hermosa que eres no servirán de nada si eres incapaz de sentirte hermosa… Por más que te cuenten lo mucho que vales, nunca sentirás tu valor si no te atreves a hurgar en ti y sondear tus rincones más oscuros.

Nos asusta tanto ver la basura que llevamos acumulada en la mochila, las creencias absurdas, los errores acumulados, los miedos enquistados… Y sin mirar esa oscuridad es imposible ver la luz y amarse. Y vamos por la vida buscando a alguien que nos hable  con el cariño con el que nosotros no nos hablamos, que nos cuente quiénes somos, que nos diga lo que creemos que necesitamos oír… Buscamos una amor a medida que chille tan alto lo maravillosos que somos para que no podamos oír nuestra voz interior que pide a gritos que paremos para vaciar el equipaje porque ya no puede más… Buscamos a alguien que nos haga olvidar lo mucho que nos odiamos y detestamos en realidad, el miedo que nos da mirar en nuestro interior y reconocer que nos asusta estar solos y tener que enfrentarnos a nosotros mismos… Buscamos un amarre en cualquier puerto porque nos asusta demasiado seguir a mar abierto y no controlar el rumbo porque somos incapaces de llevar el timón… Porque no confiamos en nuestra capacidad, porque no conocemos nuestras fortalezas, porque no amamos nuestras debilidades ni rarezas… Eso es amor sin amor. Amor con miedo. Un sucedáneo de amor con el que arrastrarse durante cinco minutos o diez años esperando que una ola gigante te arrastre.

No hay nadie ahí afuera que nos vaya a hacer olvidar lo que tenemos pendiente de solucionar dentro de nosotros. Y si lo encontramos, será un parche que acabará recordándonos todavía más el trabajo pendiente… Cada día en su cara habrá un gesto de desaprobación directamente proporcional al desamor que sentimos por nosotros mismos al sentirnos incapaces de cerrar heridas y aprender lecciones.

Buscamos amor donde sólo podemos encontrar desesperación, necesidad, dependencia. Nos ponemos la máscara para que nos amen más y mejor y luego pedimos que nos amen como si no la lleváramos puesta, como si fuéramos auténticos.

Yo vivía el amor como un salvavidas que me evitara entrar en mí, hurgar en mí y vivir mis miedos pendientes y mi angustia acumulada… Necesitaba olvidar lo mucho que me disgustaba a mí misma, lo poco que me aceptaba… Yo vivía el amor con desesperación porque creía necesitar que otro me diera la autoestima y la confianza que yo era capaz de construir para mí… Pensaba que si alguien me amaba de verdad todo iba a solucionarse… Que debía ser perfecta y sería amada… Que el amor llegaría como consecuencia de hacer lo que debía y encontrar mi mejor versión… Pensaba que el amor el otras personas iba a salvarme de mí misma…

El amor siempre es el principio de todo lo bueno y lo hermoso que nos espera cuando lo descubres en ti… El amor es la causa. El amor es el camino. El amor es en antídoto… Pero el amor verdadero, el amor real, el amor que surge en ti para ti y que es tan intenso y gigante que te permite compartir con todos… El amor que no espera nada porque lo es todo. El amor que no necesita porque trae consigo una maravillosa paz…

Para poder amarnos tenemos que sumergirnos en nosotros mismos y ser capaces de hacer lo que hace un siglo que postergamos, mirar lo que nunca nos hemos atrevido a mirar y sentir aquello de lo que hemos estado huyendo siempre…

Sentir nuestro miedo más intenso y perdernos en él para poder observarlo y darnos cuenta de que estamos justo donde necesitábamos de verdad estar… Desnudos ante la vida, vulnerables y a pesar de todo… Maravillosos. Esa es tu grandeza, comprender que sigues siendo tú en el peor momento, vivirlo desde la paz, sentir que lo eres todo incluso cuando no te queda nada… Y en ese momento, surge el amor.

Yo también viví el amor como si fuera un bálsamo precioso que iba a cambiar mi vida… Y era cierto, es verdad, por eso pasé siglos buscándolo ahí afuera, hasta que al atreverme a soltar el equipaje y vivir el miedo y el dolor pendientes me di cuenta de que ya estaba en mí…

Y justo desde ahí, es cuando se ama a otros de verdad, sin dependencia, sin miedo, sin chantaje, sin necesidad… Sin esperar que nadie cambie por nosotros, sin esperar cambiar para nadie más allá de la transformación necesaria que queremos obrar en nosotros mismos…

No hay amor ahí afuera comparable al amor que podemos encontrar en nosotros y compartir. En realidad, no hay amor sin ese amor.

 

En mi último libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras” cuento como aprendí a amarme. Échale un vistazo aquí.


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Sólo en caso de emergencia


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Hay un compromiso más grande que el de seguir adelante pase lo que pase.  Que ya sé que es mucho y que cuesta… Pero ahora hablo de algo todavía más grande, más inmenso y inevitablemente eterno… Un compromiso más grande que el de seguir en pie o incluso vivir… Es un compromiso con calidad de esa vida y todo lo que aportas y eres. No se trata de tragar días y comerse la vida como si fuera un aperitivo, se trata de notarla y comprenderla, sentirla hasta el extremo de que te cambia por dentro a cada momento si lo que sientes te rompe o te rasga el alma… Seguir adelante no lo justifica todo, no lo invade todo, no lo soporta todo… Hablo de un compromiso contigo, con tu dignidad y tu sombra, con todo lo que eres y lo que aspiras a sobrevolar y a ser porque lo reconoces dentro de ti y te da alas, porque lo intuyes y te da fuerza… Hablo de no venderte las ganas por el pan ni recordarte las alas por si a otros no les gustan, por si no les complace verte volar mientras brillas…

Hablo de levantarte cada día y existirte hasta las últimas consecuencias, aunque cueste, aunque no veas nada, aunque todavía no sepas a dónde te lleva el camino que has emprendido pero algo te diga que es ese, sin saber por qué.   Hablo de ser tú y adaptarte a la ida pero siempre sin renunciar a ti. Que lo que pasa te sirva para sacar lo que nunca sacarías a luz, sólo en caso de emergencia… Lo mejor de ti, eso que a veces te asusta porque te reafirma, porque no sabes si gusta, porque temes que se pase de largo o se quede corto, porque nunca antes te has atrevido a mostrar y no tienes ni idea qué cara van a poner cuando lo vean… Eso que eres y haces y sientes que está en ti, oculto y guardado, esperando a que el valor te permita mostrarlo. Eso que es tu versión sin miedo, sin prisa, sin recortes, sin esperar nada del mundo, sin querer dejar bocas abiertas ni medallas, sin premios, sin miradas de aprobación ni más recompensa que la de saber que finalmente lo has hecho. Que ya eres, que ya eras pero no ejercías de tí.

Porque tu brillo no deslumbra, ilumina. Nadie nos molesta ni nos hace sombra, sencillamente somos y nos relacionamos unos con otros. Algunos esperamos siglos para sentirnos aceptados, hasta que un día descubrimos que no había nada que esperar y que todos los interruptores estaban a nuestro alcance.

Hay algo en ti maravilloso, extraño, inevitable. Algo que surge cuando todo lo demás se acaba… Algo que brilla cuando todas las propuestas mediocres han fracasado y demostrado que el único camino es el de vuelta a ti, que lo que faltaba era reconocerse y no encontrar nada ahí afuera… El mundo está lleno de pistas para encontrar el tesoro más grande jamás soñado… La vida es el mapa y el tesoro eres tú. Todo vuelve a ti, todo lleva a topar de nuevo contigo después de pasar años buscando esas respuestas… 

Hay un compromiso más grande que el de buscar y seguir, es el de reconocer que ya has llegado. Que antes de salir de ti para surcar el mundo ya lo tenías todo. Que el plan de vuelo está en ti, que nada de lo que vas a encontrar en el camino te será útil si no lo miras con los ojos del que se siente capaz y digno.

Hay un compromiso enorme e ineludible contigo. Ahora y dentro de cien años. Llegará y tendrás que asumirlo tarde o temprano… Cuanto más tardes, más dolor y sufrimiento, más golpes, más arañazos… Aunque son necesarios, a veces, porque aprendemos rebotando contra las paredes después de fingir que no están ahí. Porque aprendemos tropezando con la misma piedra, culpando al camino. Porque aprendemos repitiendo las mismas decepciones y diciendo que son los demás siempre que se obstinan en amargarnos. Y ellos están y hacen y son responsables de lo que son y lo que hacen pero podemos aprender a con el tiempo a reconocerlos y reconocernos…

Hay un compromiso eterno y está en ti y es para ti. Un click que se activa cuando después de mil intentos todo falla, todo estalla ahí afuera, todo salta por los aires en tu vida y entonces ves claro que hay que activar el botón previsto sólo en caso de emergencia… Que era necesario que todas las puertas se cerraran para que te dieras cuenta de que sólo hay una que importa y siempre debe estar abierta… Que tú eres el salvavidas, el mar abierto, el mejor amigo que te escucha, la mano tendida que buscas, la llave de todo… Que todo este proceso difícil y doloroso era en realidad como el del gusano que perdido y desesperado construye una crisálida y empieza a cambiar… Y no sabe quién es ahora, no sabe qué pasa, pero al final, se da cuenta de que va a volar… Y vuela. 

Nos resistimos a ello, pero no hay otro modo. Nos resistimos y con nuestra resistencia hacemos que sea cada vez más enorme ese dolor, esa frustración, esa necesidad de regresar a nosotros… Hacemos que el regreso requiera un salto más grande, que la confianza para llevarlo a cabo sea más y más necesaria… Que el abismo ante nosotros por no hacerlo sea cada vez más gigante.

Lo que pasa es que para llegar a ese punto hace falta soltar, dejar morir lo que somos ahora y dejarnos llevar por esta transformación…

Para ser quienes realmente somos hace falta que dejemos morir lo que no somos.

Hace falta renunciar a lo que os estorba y nos ancla a lo que no deseamos, a lo que nos hace retroceder y nos quita la energía y las ganas. Abrirnos en canal y estar dispuestos a todo para ser lo que realmente somos y amarnos como merecemos. A veces, sólo estamos dispuestos a cambiar cuando ya no hay más remedio pero debemos comprender que no al final no habrá más remedio que cambiar.

A veces, sólo estamos dispuestos a amarnos y aceptarnos cuando no nos queda más remedio y tenemos que reconocer nuestro valor para no sucumbir, para no perecer ahogados bajo la capa de desprecio con la que nosotros mismos nos hemos cubierto… Cuando tocamos fondo y no queda nada, nada más que tú…

Podemos poner en marcha el mecanismo justo ahora, en este momento, y apretar el botón de “sólo en caso de emergencia” o seguir viviendo como zombies más tiempo hasta que la desesperación más absoluta nos muestre que somos todo lo que estamos esperando… Podemos resisitirnos cuanto deseemos, pero pasará, cambiaremos, viviremos lo que realmente somos… Estamos destinados a volar.  Es inevitable… 

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Lo siento, no hay fórmulas mágicas, pero estás tú


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Creo profundamente en el hecho de que una misma situación puede hacerte feliz o destrozarte por dentro con sólo cambiar la forma de mirarla y percibirla… Con atreverse a aceptar que es lo que es y asumir la responsabilidad de cambiar lo que es posible cambiar. Creo que eso tiene que ver directamente con el hecho de confiar en uno mismo y en la vida y comprender que, aunque duela (porque duele) es un aprendizaje… Eso no significa que nos guste, que no nos rompa, que nos tenga que parecer justo y que todo lo que deseamos vaya a suceder a golpe de insistencia, aunque ayuda y mucho… 

Ya lo sé, nos vienen a la cabeza mil situaciones en las que lo que hay que aprender es tremendo y el dolor acumulado de días y meses se hace insoportable. Esas situaciones en las que te sientes encerrado en una jaula sin poder respirar aire puro ni salir al mundo y te ves abocado al horror de caer por el precipicio sin encontrar una rama a la que agarrarse. Sin embargo, creo que la forma en que decidimos afrontarlo transforma el resultado, aunque no lo es todo… Creo profundamente en la necesidad de soltar lo que no podemos controlar y lanzarnos a vivir lo que es y deleitarnos en este ahora, como el único momento posible que realmente existe… Creo profundamente en soñar y asumir retos, en motivarnos y dar el primer gran paso hacia lo que deseamos… Creo profundamente que para cambiar de vida hay que cambiar por dentro y actuar para llevar a cabo ese cambio de paradigma… La vida te pone contra las cuerdas a menudo para que no tengas más remedio que salir del cascarón y decir en voz alta “aquí estoy yo”…

Creo que para hacer esto, hace falta que en tu cabeza y en todo tu cuerpo se detone una especie de “click” que genera el gran cambio…. Pero por favor, seamos serios, seamos profundamente (he usado esta palabra varias veces porque me parece que tiene el calado necesario para transmitir mi intensidad emocional en este momento) honestos y no contemos que eso pasa rápido… Ni que es fácil… Lo que es es tal vez sencillo como paso, como “fórmula” que aplicar, pero para llegar a abrazar tu miedo y ser tú sin culpas ni reproches ni bloqueos, para gestionar emociones y reconocer creencias hay que hacer un largo camino y es duro (tal vez eso sea mi creencia, puede, no lo niego, puesto que soy profundamente sincera y tengo que hablar desde mi experiencia). No hay fórmulas mágicas para todos ni siquiera hay fórmulas, la magia llega sólo cuando ya has hecho el click, nunca antes, porque la única magia que puede “salvarte” eres tú…

Dejemos de vender cambios exprés y lavados de cerebro… Esto es un entrenamiento diario que se hace con muchas ganas y con la ayuda de profesionales que saben de qué hablan… Con personas que toman distancia pero saben empatizar (complicado pero maravilloso)… Y dejemos también de vender resultados rápidos y concretos. Lo maravilloso y terrible es que nadie puede garantizar que el sueño se cumpla tal y como lo deseas, que el resultado sea como pretendes… Lo que sí es verdad es que cuando te decides a iniciar un camino de autoconocimiento es porque decides amarte y aceptarte, decides respetarte y tomar las riendas de tu vida y eso lo cambia todo siempre…. Aunque no lo hace de la noche a la mañana, es un camino a veces amargo y otras dulce a ratos, pero siempre apasionante…. Es un camino lleno de recovecos oscuros en los que a menudo no hay paz ni luz para que te veas obligado a buscarlas dentro y vivir a través de lo que eres de verdad, no de lo que sueñas, para que tengas que sacar lo mejor y no conformarte con una mediocridad inventada para resistir y evitar el miedo que te acobarda y aísla de ti.

Es un camino compartido con otros que aunque no lo parezca están tan asustados y perdidos a veces como tú, pero disimulan porque alguien tan asustado y perdido como ellos les dijo que aquello era la fórmula… Es un camino roto para que tengas que pegar sus pedazos y descubras que es un rompecabezas que lleva a ti, siempre a ti.

No se trata de llegar, se trata de aprender a convivir con uno mismo desde la autoestima y la paz y a partir de ahí el resultado es pura anécdota…

Siempre digo que nuestros sueños son la excusa para crecer, para superar situaciones duras y seguir adelante, la forma en que nos motivamos y nos reconocemos pero no son lo que nosotros somos…

Prometamos camino, no cima… Y ni siquiera eso, tan sólo prometamos compartir el primer paso desde la distancia necesaria… Dejemos de prometer a otros lo que tal vez ellos no puedan prometerse a ellos mismos porque no sabemos nada de nada… Sólo sé que no va a ser fácil, pero sí que valdrá la pena… 

Lo siento, no hay fórmulas mágicas, pero estás tú… Eso es mucho, mucho…

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¿Te atreves a sentir tus miedos?


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Alguien me dijo el otro día que cuando me lee se queda a medias siempre porque no le planteo soluciones y agito por dentro sus problemas, sus pensamientos, sus emociones más contenidas… Es verdad, supongo que a menudo cuando escribo no aporto respuestas ni nada a lo que agarrarse para encontrar el camino.

Llevo unos días pensando por qué. Lo que más me viene ahora a la cabeza son mis dudas, porque realmente, escribo sobre ellas… Porque no sé nada y lo que hago en realidad es poner negro sobre blanco lo que a mí también me agita por dentro. Lo que me zarandea y me ha zarandeado siempre, lo que me araña desde aquel día hace cien años cuando era niña e iba en tren y miré el paisaje que dejaba atrás con la mirada y me pregunté qué sentido tenía todo. Lo veo como si hubiese pasado durante el café de esta mañana. Creo que tenía cuatro años y vi la línea verde que se dibujaba al paso de mis ojos por el cristal y topé la mirada de una mujer joven que me sonreía y en aquel momento me sentí como una figura de una maqueta inmensa. Como una de las piezas minúsculas de un mundo en miniatura en el que yo no sabía cuál era mi destino ni mi función. Como si mi identidad dependiera de la identidad de otros, como si mi lugar en este mundo inventado e imaginario dependiera del lugar que ocuparan los demás o del que me dejaran libre. En ese momento, sentí un miedo terrible a no encontrar ese lugar o a tenerme que conformar con el lugar que dejaban los demás para ocupar… Como sucedía en el cole cuando había que hacer algo por parejas y yo siempre era la que me quedaba sola porque nunca me atrevía pedirle a nadie que se quedara conmigo… Porque no me sentía suficiente o no pensaba que tuviera nada por ofrecer.

Yo también dudo y mucho de cuál es mi camino. O a veces no dudo del camino sino de mí y de mi capacidad para transitar en él. Y lo admito, muchas, muchas veces tengo claro el camino y la solución (va con mi personalidad) pero lo que pasa es que me resisto locamente a aplicarla. Mis vísceras asustadas dicen que no y en mi casa mandan mucho las vísceras. Me resisto yo y se resiste todo mi mundo a soltar ese control imaginario que me hace sentir que manejo los hilos. Hay una parte de mí que tiene tanto miedo a descubrir que no es tan fuerte como se imagina, que es vulnerable y no llegará por más que intente mil cosas y haga mil barbaridades… Hay otra parte de mí que tiene tanto miedo a solucionar sus problemas y descubrir que realmente esos problemas no existían y que el verdadero problema era mi actitud e incapacidad hasta el momento presente de querer ver las cosas de otro modo… De descubrir que todo eran excusas y coartadas inventadas para seguir sufriendo porque es más cómodo que tomar las riendas… Miedo de tener la certeza absoluta de que llevaba años haciéndome trampas y fingiendo querer ser feliz cuando en el fondo me seducía más una sensación mediocre de efervescencia  para no tener que lidiar con la culpa… Esa especie de sombra pegajosa y maloliente que todo lo impregna y te deja seco y lívido.

La verdad es que estamos enganchados a nuestro dolor, somos yonkis de nuestro sufrimiento y de todo lo que nos asusta. Nuestros pensamientos y emociones más recurrentes nos invaden en cuerpo de hormonas y nos acostumbramos a ellas, nos sentimos cómodos con esas sensaciones y huimos de la novedad aunque sea deliciosa, maravillosa, extraordinaria…

Intentamos evitar a toda costa sentir aquello que nos asusta y nos quedamos presos de ello en esa sala de espera en la que estamos pendientes de decidirnos. Y eso de lo que huimos tiene y ha tenido mil caras.  Ha tenido cara de novio que te abandona, de trabajo en el que no te consideran, de sueño que se te resiste, de recuerdo que te asalta cada domingo por la tarde… En el fondo, todo eso es lo mismo. Es el mismo conflicto que encuentra otra rama del árbol con la que taparte el sol para que tengas que trepar hacia tu interior. Todo lo mismo. Todos los conflictos que se presentan ante ti tiene que ver con el hecho de no estar tratándote bien, no estar de tu parte y reconocer tu valor. La vida te pone a prueba una y otra vez y siempre está pidiéndote que te abras y te desatasques por el mismo lado… Que desenquistes lo que ya sabes desde siempre que tienes enquistado en ti y que no sueltas.  Tal vez te pida que dejes algo a lo que te aferras, que saltes al vacío sin red para que aprendas a confiar, que vayas hacia algo o que des un puñetazo en la mesa y digas basta… Puede ser que te pida que hagas mil cosas que nunca te has atrevido a hacer o que dejes de hacer esas cosas que haces de forma desesperada para que encuentres tu silencio. No importa lo que sea, es ese miedo de siempre, ya sabes cuál, no te das cuenta pero todo lo que te rodea te habla de él y te invita a sentirlo y aceptarlo.

Hasta que no aceptamos lo que nos asusta, cada persona con la que nos cruzamos lleva escrito un reproche en la mirada… Todo nos recuerda lo que tenemos pendiente para que decidamos acercarnos a ello y descubramos que no pasa nada, que no hay culpas sino temor a descubrir que no somos perfectos… Y que una vez te acercas a eso, todo se diluye. Hasta entonces la culpa sobrevolará tu vida y te sentirás provisional porque sabrás que tienes a medias eso de reconocerte y amarte. Al final todo lleva a que llegue un día en el que tengas que afrontar y caer a ese vacío en el que no hay nada a lo que agarrarse, para que descubras que vuelas, que te sujetas a ti y que de repente aparece algo que te da aliento… Algo que no parecía existir o que estaba ahí y no podías ver porque eras yonki de tu necesidad de sentirte incapaz y desgraciado.

No importa si te muestras al mundo o te quedas en un rincón, no importa si lo haces desde la calma interior de ser tú y no desde la necesidad de ocultarte o de ser aprobado y aceptado… Todo es lo mismo… Ese desamor que todo lo impregna mientras dudas si mirarte a los ojos.

Es verdad, me quedo a medias, pero creo que es porque esto de vivir en realidad no va de respuestas sino de preguntas… No se trata de resolver sino de disolver ese dolor y dejar espacio para lo nuevo, sea lo que sea. Desde hace un tiempo me he dado cuenta de que el noventa y nuevo por ciento de las veces, sólo es necesario presentarse al examen de la vida para pasarlo con nota… Es lo único que te pide y te pides, que comparezcas, que sientas el frío de creer que no eres para que descubras que ya lo eres todo… Que notes el miedo de imaginar que todo se esfuma para que te des cuenta de que ya lo tienes todo… Que admitas que no sabes para que eso deje de tener importancia… Que te mires y observes lo que piensas y sientes y notes que no hay para tanto… Que digas en voz alta que no te amas, para que inmediatamente te des cuenta de que eso no tiene sentido…

No tengo soluciones porque dar el paso para encontrarlas ya supone que muchos de nuestros miedos salgan por la venta… Porque sentir tu miedo es permitirte soltarlo y empezar a liderar tu vida. ¿Te atreves?

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Protagoniza tu vida


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Tienes que llevar tu coherencia hasta las últimas consecuencias  porque si no, todo lo conseguido hasta ahora pierde fuerza… Se desequilibra, se va por el desagüe de tu vida y diluye su intensidad. Si ya sabes quién eres, no te conformes con algo a medias, ni cierres la puerta a lo que realmente es para ti porque te asuste levantar la mano y decir… Yo quiero. Y si no quieres, dí que no. No intentes disfrazarlo con una excusa o suplicar que algún impedimento caiga del cielo y te libre de estar dónde no te sientes cómodo, de ir a dónde no deseas llegar o de pertenecer a lo que ya no perteneces. No enturbies tu esencia viviendo a medias ni conquistando metas que no son tus metas.

Si has cambiado por dentro, no puedes seguir vistiendo ese traje de “no merezco” de “es que me da miedo”, ni poniéndote esa máscara de “perdón por existir”. No puedes meterte donde sabes que no es tu lugar para satisfacer ilusiones ajenas ni quedarte a un paso de cruzar la entrada a tu nueva vida… No puedes anclar tus pasos cuando ya has descubierto que en realidad eres libre. 

No estás obligado a nada, ni siquiera a seguir buscando, ni a ser feliz hoy, ni a sentirte de un modo concreto…

Si ya sabes que eres un ser perfecto en tu imperfección maravillosa, no sigas usando palabras tristes ni bárbaras para hablarte que dibujan un destino gris. Que te alejan de definirte como realmente eres y trazan un mapa de tu vida que siempre se queda corto y nunca te lleva a destino. Si cuando te miras ya no te ves como un accesorio en tu vida sino que has decidido ocupar un lugar prioritario y privilegiado, asume tu poder… Mira a lo ojos y siéntete cómodo. Protagoniza tu vida sin pedir permiso a aquellos que se creen con derecho a ponerte marcas en el suelo y decirte por dónde debes caminar. Si ya has descubierto que tu mundo es el mundo entero, no te escondas en tu rincón más oculto ni te exijas subir cada día a la montaña más alta porque ya no estás para eso… Ya no necesitas parecer. Ya eres. Ya pasó ese momento de exigirte demasiado para castigarte y privarte de lo que amas porque te da miedo incluso decir sí a lo bueno en tu vida. 

Si cuando piensas en ti, ya no sientes que duele, suelta ese dolor que todavía guardas por si vienen malos tiempos… Los malos tiempos son aquellos en los que tú no estás de tu parte, en los que no te sientes bien contigo, en los que te pones la zancadilla, pero ahora ya sabes que te tienes que cuidar.  Decide que ya no lo volverás a usar, ni siquiera cuando tengas miedo y te sientas tentado a volver a tus risas congeladas y tus sueños reprimidos… Cuando alguien te mire raro y creas que es por ti ignorando que en realidad lo que ven son sus propios miedos.

Si ya te has encontrado con tu noche más oscura y has sabido descubrir en ella que esa oscuridad era necesaria para comprender y sentir, no te dejes amargar por aquellos que todavía no se atreven a mirar en los espejos porque temen ver su cara.

Si ya te has cosido las heridas, no la reabras porque durante un rato te parece que era más fácil ser el herido que el héroe, el desgraciado que el que busca su suerte… No vuelvas a desear que te tengan lástima nunca, porque crees que no aspiras a inspirar admiración… Ya eres admirable, ya eres grande, ya eres tú…

Si ya te amas, actúa en consecuencia.

No era quedarse ni irse, era saber cuál es tu lugar. No era olvidar, era perdonarse. No era buscar, era descubrir. No era estar o no estar, era ser. No era encontrar las respuestas, era hacerse las preguntas adecuadas. 

El ejercicio no consistía en irse sino en volver. No era aprender sino olvidar esquemas corruptos, memorias y creencias dolorosas, percepciones erróneas, angustias intensas… No se trataba de encontrar nada ahí afuera sino meterse dentro y sentir… No iba de lo bueno o lo malo sino de amar lo que es y soltar lo que ya no hace falta. Todo eras tú y en ti estaba la respuesta.

Si ya lo sabes, no vuelvas a andar por ahí sin tenerlo en cuenta porque mereces no olvidarlo nunca.

Si has recuperado tu inocencia, no permitas que nunca nadie te haga sentir culpable de nuevo, ni siquiera tú.

 


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Trátate bien


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Basta ya de complicarte la vida en vano, gratis, porque sí… Y no hablo de subir montañas ni correr una maratón. Eso es fácil…  Hablo de complicarte la vida de verdad. De ponerte la zancadilla. De no pensar en ti. De no reservarte un momento para mirarte y sentirte, de no escucharte las ganas acumuladas de vivir, de no dejarte libre y ni abrirte paso. Es maravilloso que pienses en los demás, pero si no te tienes en cuenta, un día caerás en un bache profundo y tampoco podrás ayudarles desde ahí… Mereces que te den lo que das, que te cuiden como cuidas, que te ayuden como ayudas, que te mimen como minas y para ello debes permitirte recibir y abrir tu mente, tu corazón y tu vida…

Notar que estás en ti, que confías en tus posibilidades y percibes que son infinitas… Que puedes cambiar tu mirada y con ella cambiar tu percepción de la vida… Aunque ahora crees que son los demás que no te tienen en cuenta y no digo que no sea cierto, en parte, pero cómo quieres que te vean si tú te has olvidado de ti… Si te tienes postergado, escondido, te tratas como si no supieras nada, como si valieras tan poco… Te miras y te ves los defectos y no te das cuenta de lo mucho que vales y brillas. Hablas siempre de tu nariz pero no te has fijado en tus ojos preciosos que miran con una pasión que desborda, que calma, que revive, que transmite amor a raudales.. Ignoras tu mirada y tu forma de compartir y de dar, tu forma de ser maravillosa que contagia amor pero transmite pena, la pena de alguien que no se ve por más que mira y no se encuentra porque ya no se busca…

¿No te das cuenta de que mereces que te pasen cosas buenas? abre la puerta a ellas y no te escondas…

A veces, nos sentimos incapaces de querernos, pero siempre hay una puerta por abrir para llegar a nuestra autoestima.  Y el ejercicio de encontrarla merece le pena, nosotros lo merecemos… Merecemos lo mejor, aunque a veces no nos acordamos de permitírnoslo y escucharnos, nos callamos y tragamos, nos sepultamos tras nuestro cansancio, miedo y quejas pero no nos damos lo que realmente necesitamos… No nos reconocemos ni aceptamos, no nos ponemos las cosas fáciles… Nos ponemos trabas, obstáculos, piedras en el camino… Nos ajustamos para decir que no cabemos, subimos el listón para no llegar nunca, siempre dando sin pedir, siempre queriendo demostrar lo que ya no hace falta, lo que nunca ha hecho falta…

Sin dormir suficiente, sin respirar hondo, sin más aliento que el de la prisa, sin concederle al miedo un momento para darnos cuenta de que en realidad es muy chico a nuestro lado… Sin permitirnos la tristeza que viene a contarnos que ya no nos acordamos de estar alegres por nosotros mismos y solo nos apuntamos a la felicidad ajena porque no invertimos ni un soplo en la propia… Y no es que esté mal celebrar el éxito ajeno pero eso no ocupa el vacío de no intentar el propio, de haber postergado tus sueños y borrado tus metas…

Sin prisa para descansar. Sin pausa para seguir… No nos ponemos fácil la vida y la vida nos responde siendo cada día más complicada, más árida e inhóspita, más amarga, más oscura… Aunque también es dulce y llena de magia, vibrante, serena, llena de oportunidades para comprender lo poco que nos amamos y lo mucho que lo necesitamos… Por eso, basta de imaginar todo tipo de tragedias para mañana, deja de alimentar a tus fantasmas y saca de tu vida a las personas que te restan energía.

Y  luego un golpe, otro, uno de repente sin avisar… Otro que era esperado, casi deseado porque la incertidumbre de lo que no llega pero sabes que vendrá te angustia… Traiciones, abandonos, injusticias, personas raras que se cuelan en tu vida y te prometen mucho y dices sí porque tienes tan poco para conseguir tanto, porque estás tan cansado de pelear para alcanzar lo mínimo, de ver que todo es esfuma, que buscas que te salven…

Y nadie te salva si no te salvas. Nadie te da si no te das. Nadie te honra si te honras, nadie te ve si no te ves…

Nadie te pone la vida fácil sino te decides a hacerla fácil, si no te pones a trabajar en ti y te escuchas las penas y te cantas nanas por las noches. Si no te reconoces las heridas.

Nadie verá tu luz si tu no aceptas tu imperfección.

Nadie te ama si no te amas primero ni te dice sí si antes tú no te dices sí… 

Dite sí ahora y acorta el tiempo de espera. Alza el vuelo en este preciso y precioso momento de encuentro contigo, en el que te das cuenta de que si logras amarte ya no habrá inviernos tan fríos o serán fríos pero no va importarte.

Dite sí ahora y baila contigo este baile prohibido para los que no se sueñan ni consienten, para los que lloran en silencio y nunca se calman la sed porque creen que nacieron para suplicar y no para pedir lo que les toca y se merecen…

Acepta ahora toda tu magia y empieza a usarla como jamás te has atrevido… 

Dite sí ahora y reclama tu herencia de risas, de momentos dulces, de juegos sin tregua, de responsabilidad sobre tu vida, de abrazos, de besos, de momentos sinceros, de regalos sorpresa, de soledad querida y aceptada contigo, llena de amor y de vida… Reclama lo que mereces a la única persona que puede dártelo… TÚ.

Queda claro que no nos educaron para la risa sino para el llanto, para callar y bajar la cabeza, para sufrir esperando algo que no existe de alguien que no tienen intención de dar… Para preocuparnos por lo que no pasará nunca y pasar la vida intentando eludir lo inevitable hasta que al final de tus días te topas con ello y descubres que en realidad no era nada…

Basta de sacrificios inútiles y lamentos ahogados… Basta de creer que el mundo se hunde si paras, si descansas y te tomas un respiro para notar que estás vivo…

A veces nos falta sólo aprender a vernos y escucharnos… Decirnos que sí y decidir que vale la pena vivir sin darnos la espalda. Que ya basta de que todo sea siempre tan difícil y arrastrado… Ya basta de esperar a que todo sea propicio para amarte…

Para un momento, piensa en cómo te tratas… Empieza a tratarte bien, empieza ahora.