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la rebelión de las palabras


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Solo ahora


Este es el momento, no hay nada más.

No tienes que preocuparte por mañana porque no hay nada más que este instante presente. No necesitas cerrar puertas, ni abrir ventanas. No tienes que esperar a ver si alguien entra o alguien sale. No debes hacer nada, porque justo en este momento no debes nada, no buscas nada, no necesitas nada.

No tienes que vigilar, ni estar alerta, ni controlar nada que ya has descubierto que no es controlable. No tienes que pensar en qué harás después, ni en lo que tienes pendiente, no hay nada pendiente porque solo es ahora y no hay nada más que este momento. Nada.

No hay platos por fregar, ni ropa por tender. No hay cenas que preparar, ahora no. En este momento no hay nada que planchar, ni reuniones de urgencia. No hay mensajes ni llamadas porque no hay nada más que tú y este instante que podría ser eterno si decides soltar el equipaje de gritos, lamentos, miedos y culpas… No puede haber culpas en este instante porque no hay instantes pasados, solo está este y en este no hay piedras pesadas que cargar ni angustias que arrastrar en forma de recuerdo. Como no hay ayer, ni hace dos años, ni hace diez, no puedes traer ese dolor a este ahora.

Tampoco hay futuro, porque solo está este momento. De modo que no hay facturas por pagar, ni listas de la compra que actualizar. No hay suelos que barrer ni correo por responder. No hay conversaciones absurdas con las que quedar bien con nadie, no tienes que ser amable con nadie ahora más que contigo. No hay reproches porque solo existe el ahora y en este ahora no hay nada que reprochar. Solo eres y descansas en esta paz de solo ser. Solo estás y te notas. Sientes cómo respiras y a cada exhalación sueltas la anterior y es historia, historia olvidada puesto que solo existe este momento, esta inhalación, esta exhalación… Este aire entrando en tu cuerpo y dándole vida.

Los pensamientos van y vienen pero no importan. Como ya no tienen historial, ni culpa adherida, ni miedos enquistados esperando ser sentidos. No arañan, no se clavan en el pecho, ni revuelven el estómago. No hay memoria porque no hay nada más que lo que ahora hay y es.

Puedes moverte y acompasarte a ti mismo, puedes estirarte porque cada vez será la primera puesto que no dejas nada detrás, ni hay nada que te espere más tarde. No hay más tarde, solo ahora. No hay ayer, solo ahora.

Es solo en este instante presente que no tiene pasado ni futuro, cuando puedes volver a escoger. Cuando eliges de nuevo como si fuera la primera vez, porque no ha habido nada antes ni lo habrá después, por eso ni quema, ni duele, ni lleva carga ni angustia, ni tiene nada pendiente. Justo porque este momento acaba de nacer y tú naces con él de nuevo. Una y otra vez. Presente, respirando, sintiendo esa paz de no arrastrar, ni esperar nada. Esa calma de no buscar nada, ni desesperarse por no encontrar… Esa felicidad de no necesitar que algo o alguien sea, que pase, que vuelva, que no se vaya, que no se rompa, que te quiera, que te necesite, que te busque, que te alcance, que haya suficiente, que sobre y no falte, que no se te escape, que llegue a tiempo, que se quede a tu lado, que no se termine, que te haga caso, que te mire y te vea, que te tenga en cuenta, que te valore, que te aplauda, que te lo diga, que te escuche, que te haga feliz… Nada… De eso ya nada. Porque no hay nada más que este instante y está completo, lleno, y es perfecto. Empieza y acaba justo ahora, por lo que nunca empieza ni acaba.

Y así es en realidad la vida, pero no lo vemos porque la miramos a través de las sombras del equipaje que cargamos y del miedo que tenemos a lo que vendrá o no vendrá. Porque juzgamos este instante a través de todos los anteriores que llevamos acumulados dentro, limitándonos e invitándonos a sufrir constantemente y a repetir la historia sin parar, como dando vueltas en una noria. El miedo a volver a caer es el miedo que nos empuja a la caída y nos limita a ver más caminos posibles. Y este momento presente se nos escapa planificando un mañana que tal vez no sea, no exista, no esté. Y cargando un ayer que ya no es, que ya no cuenta, que solo duele y ata, que condiciona y reduce, que recorta y paraliza…

Y sin embargo, no hay nada más que lo que es ahora. Nada.

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

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No ha sido fácil


No ha sido fácil… A veces he sentido mucha rabia por ello, pero ahora veo que es casi un regalo.

Mirar atrás y ver que saliste adelante. No como soñaste sino como otra persona distinta, alguien nuevo que nace cada vez que la vida le pone en una situación complicada. Alguien que ha conseguido un poco más de paz con cada arañazo.

Alguien que antes se perdía tanto en los pensamientos que los trenes se le escapaba mientras imaginaba destinos… Y ahora decide si sube o no pero ya no se culpa cuando ve que se van.

No siempre supe a dónde iba a pesar de tener claro mi mapa. A veces hay que romperlo en mil pedazos y empezar de nuevo o decidirse a dibujar el camino a cada paso. Demasiado a menudo el camino a la cima de nuestra vida que nos hemos trazado ha sido definido por el miedo y la culpa. Nos inventamos castigos y nos atamos a lugares y personas que se aseguran de que los recibamos. Nos buscamos verdugos con máscaras de amigos pero detrás de las máscaras está siempre nuestro rostro lloroso y asustado.

No ha sido fácil, pero mirando mi vida a vista de pájaro me doy cuenta de que mil de cada cien ocasiones he sido yo quién se la ha complicado. Tejemos la red y nos quedamos atrapados en ella y luego gritamos desesperados pidiendo auxilio y esperando que el resto del mundo nos salve, cuando están igualmente aterrorizados intentando liberarse de sus propias redes. A veces todo es simple hasta que lo piensas. Hasta que pones esa mente repleta de condicionantes y creencias a funcionar pensando que encontrarás las respuestas y lo que hace es entretenerte en preguntas absurdas, preguntas que ya no te importan, porque las preguntas que necesitas hacerte de verdad te dan tanto miedo que ni te las insinúas.

No ha sido fácil, pero ha sido. A veces no es, no hay por donde salir y te das cuenta de que la vida te pide que te quedes y sientas ese dolor pendiente y lo atravieses, aunque sea temblando. Y la historia se repite. Siempre se repiten las historias que antes no has terminado en paz y aprendiendo la lección.

Hay muchas lecciones por aprender en la vida, pero todas hablan de amor. Hablan de respeto. De paz, de mirar dentro y perderse un siglo escuchando el silencio. De respirar. De perdonar. De darse cuenta y reconocer.

Todos nuestros miedos son castigos pendientes por culpas arrastradas que nada tienen que ver con nosotros.

Todos los callejones sin salida en los que hemos estado estaban antes dibujados en nuestra imaginación y pesadillas.

Todos los desengaños vividos han sido en realidad con nosotros mismos. Porque no sabemos mirarnos, reconocernos y valorar realmente las infinitas posibilidades de brillar que hay ante nosotros…

Todas las historias de nuestra vida hablan de esa historia de amor que tenemos pendiente con nosotros mismos.

No ha sido fácil y no lo seguirá siendo, pero será más simple darse cuenta de para qué es cómo es y a dónde lleva este camino… Porque siempre lleva a uno mismo.

Todos los mapas de tu vida llevan a ti. Es el único camino, el de vuelta.

No será fácil, pero puede que sea maravilloso.

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

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La consciencia que te habita


Para un momento, abre los ojos y despierta… La vida es una sucesión de sacudidas y pasos en falso que llevan a lugares desconocidos y rompen muros. Sin zarandeo, a veces, no hay vida. Sin caer, a veces, no se puede volver a empezar. Sin tocar fondo, a veces, no se despierta y se acopia el valor para cambiar de forma de pensar y ver lo que te rodea.

Ahora puedes escuchar de nuevo todas las excusas que fabricaste para no dar un paso y todas las culpas que decidiste arrastrar por los siglos de los siglos por no haberlo dado.

La vida está en ese libro que no abres porque decides no tener tiempo para leer. En esa calle en la que no caminas porque se sale de tu circuito habitual. En esas palabras que no dices porque no te atreves pero que queman en tu garganta y piden salir.

La vida está en esa idea loca que viene a tu mente cuando estás tranquilo y que siempre te invita a hacer algo hermoso y un poco arriesgado para ti. Eso que te roe por dentro esperando a ser vivido y sentido.

No te apures, también está en el café de la mañana y en ese sueño de media tarde que a pesar de intentar vencer nunca logras disimular.

La vida está en ese viento frío que se cuela en tu cuello dolorido de ir por al vida rígido y con ideas estáticas que no llevan más que darse contra el muro de siempre y pasarse años golpeándolo y esperando que caiga. El muro no cae, caes tú, aunque tampoco es una mala noticia porque así te das cuenta de que quién realmente debe cambiar eres tú y no el muro… Y luego, decides si lo dejas, si te vas, si ya no quieres más muros contra los que pelear, pero dejas de imaginar muros en tu mente para dejar de verlos ahí afuera.

La vida está en ese tren que nunca tomas porque no sabes si lleva a tu destino porque todavía ignoras que el destino no está en una estación sino en el trayecto… Porque no sabes aún que esto no va de ganar sino de no perderse a uno mismo ni olvidar quién realmente eres.

No eres el personaje asustado que dibujaste para sobrevivir a este mundo horrible.

No eres tu ironía ni tu mal humor de los lunes. No eres el dolor que sienes cuando no llegas y no aparentas, cuando haces el ridículo, o eso crees, y sientes que el mundo te apunta con el dedo y se ríe de ti. No eres tu trabajo ni tus culpas. No eres todos los reproches que te haces a ti mismo ni los que te hacen los demás y siempre estás esperando.

No eres la persona que esperan ser amada y necesita recibir el visto bueno de otros, ni su aprobación.

No eres este cuerpo que fluctúa y ahora pesa y mida y nunca encaja en un patrón.

No eres este miedo que sientes al leer esto y tomar consciencia de lo mucho que te equivocas, porque eres y serás siempre el que observa al que se equivoca y se abre en infinita compasión a comprender y perdonar. Eres la consciencia que te habita y que sabe, que nota, que siente y que sabe guiarse por algo que no puede definir ni explicar.

No eres la niña rota ni la mujer resentida. No eres el adolescente enfadado y rebelde ni el hombre que sueña con ser valiente pero tiene miedo.

No lo eres, aunque todos ellos y ellas te han llevado hasta aquí.

La vida está en aceptarlos, abrazarlos y superarlos.

La vida está en todo. En ti.

La vida también está en esas pequeñas flores que crecen en las rendijas de las baldosas o las que están tiradas en el suelo ajenas a la idea de poder ser pisadas y mostrándose deliciosamente hermosas.

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente o tal vez no tanto, porque todo es un pensamiento y los pensamientos también se pueden observar y decidir si nos los creemos o no).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

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