merceroura

la rebelión de las palabras


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Al final del túnel


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Tocar fondo… Uf qué mal suena, por favor. No sabes las veces que en mi vida he eludido meterme por caminos complicados y arriesgar para no llegar a eso. Para que no hubiera un día en que fallara todo, cinturón de seguridad incluido, y me tuviera que encontrar conmigo misma. Sola, sin nada a lo que agarrarme, ni ninguna puerta a la que llamar. A solas con la persona en la que menos había confiado en la vida, yo. Rota y sin nada con que pegar los pedazos, rodeada de gente que ríe porque no se da cuenta del inmenso dolor que noto en mi alma.

Aquello de lo que huyes te persigue.

Aquello que buscas ha salido a tu encuentro. 

Sólo necesitamos ser conscientes de quiénes somos y de si somos coherentes con nosotros mismos o no.

He he hecho lo indecible para no tener que mirarme a la cara y decir “Mercè, ahora estamos solas las dos, vamos a una”. Y no era solo eso, era admitir ante el mundo, aquel mundo que yo creía que siempre me miraba mal y no esperaba nada bueno de mí, que estaba en lo cierto. Que había acertado en su quiniela y era verdad, yo no era nadie ni servía para triunfar. Necesitaba “desnudarme” ante ese mundo que esperaba que fuera despiadado conmigo para darme cuenta de que incluso en la más absoluta desnudez no pasa nada, nadie puede hacerte daño si no te dejas, si no te crees, si te amas y respetas tanto que ninguna palabra puede arañarte…

He hecho todo lo que ha estado en mi mano para no tener que mostrar mi imperfección, mi vulnerabilidad, mi supuesta incapacidad para confiar en mí y me he convertido durante años en una persona “corriente” sin hacer aspavientos ni esperar nada excepcional de la vida… Era como si “portándome bien” y no esperando nada de magia en mi vida, un dios atroz y vengativo fuera a apiadarse de mí y me evitara pasar por delante del escaparate de mis miedos y enfrentarme a ellos…

Ilusa de mí… Porque ya lo sabía. Siempre lo supe. Todo llega y todo pasa. Cuánto más eludes algo, más te acercas a ello. Porque hay momentos que vivir y miedos que superar, hagas lo que hagas.

Si temes mostrarte, la vida te pondrá en el punto de mira.

Si temes decidir, la vida te obligará a tomar decisiones.

Si temes perder, la vida te hará perder tanto que al final no recordarás por qué te dolía tanto.

Si no lo haces, la vida te lo hace… 

Si temes que nadie te ame, pasarás largo tiempo olvidado por otros hasta que descubras el verdadero amor, ese que está en ti.

Cualquier necesidad de la que dependa tu estabilidad, seguridad y felicidad, se verá no satisfecha para que sepas que no es real, que no eres tu miedo, sino tu capacidad para sobrevivirlo.

Vas evitando pasar por esa esquina donde hay siempre algo que te recuerda que no estás haciéndote caso, que te dice que vayas ante lo que te asusta, que te enfrentes a tu vergüenza, a tu culpa inventada, a tu fantasma más terrible… Pero no lo haces, hasta que no te queda más remedio.

No se me ocurre en la vida nada que se pague más caro que la incoherencia.

La vida sabe que hay cosas que sólo estamos dispuestos a hacer en caso de desesperación. Sólo cuando el agua nos llega al cuello somos capaces de ceder y decidir que ya basta, que vamos a soltar y confiar. Solo cuando la alternativa es más terrible, nos sentimos con fuerzas para ponernos de rodillas y dejar el orgullo de lado, ceder y permitrnos ser libres, soltar el lastre y dejar de seguir intentando demostrar, figurar, parecer, recibir aceptación y reconocimiento… Sólo cuando no hay más remedio porque todo se tambalea, decidimos amarnos y ponernos de nuestra parte.

Y el momento llega. Podríamos dar el paso antes, pero somos tan testarudos que necesitamos caer hasta el fondo, hundirnos en el lodo más pegajoso para darnos cuenta de que nos hemos privado de sentir y notar la vida a través nuestro, que hemos evitado ese miedo, ese dolor, esa situación… Que hemos acumulado emociones en cada esquina de nuestro cuerpo hasta que han estallado. Que hemos inventado un personaje para que cuando otros nos miraran no pudieran vernos.

Toda la vida intentando evitar este momento en el que te enfrentas a tu miedo más intenso y lo notas, tiritas, te retuerces, caes, lloras y entras en un silencio rotundo y absoluto en el que puedes empezar a escucharte de verdad y ser tú. Puedes ser tú porque ya no importa nada, porque ya no te avergüenzas, porque en este trance has perdido ese miedo y te has vaciado de todo lo que acumulabas, porque has soltando tanto que el vacío que hay en ti se ha llenado de vida… Se ha llenado de ti.

Puedes ser tú porque lo has intentado todo y no te sirve nadie más y cualquier otra opción se ha demostrado fuera de lugar… Puedes ser tú porque no hay nadie más…

En ese momento, te das cuenta de que llevas tiempo en ese túnel, buscando una salida a tanta oscuridad, una luz que te guíe… Y descubres que la luz que buscas está en ti, muy dentro, pero necesitabas encontrarte muy apurado para encenderla porque mientras todo iba bien te dedicabas a ignorarla. Te ignorabas a ti.

El otro día alguien con quién comparto ideas y reflexiones en redes, Merche Pérez Miguel, me dijo algo hermoso… Cuando tocas fondo “sientes que ya no te queda nada y de repente de conviertes en absolutamente todo”. Un todo que no sabrías que está si no te quedaras a solas contigo, sin nada, en absoluto silencio…

No hace falta llegar a eso, la vida nos tiende la mano mil veces ante, aunque no lo vemos porque estamos ocupados intentando eludir lo que somos y sentir ese miedo que de forma inevitable llegará. Porque estamos pendientes de pelearnos para no aceptar lo que no nos gusta, sin saber que a veces lo que parece terrible es en realidad un regalo precioso.

A veces, la vida llama a tu puerta y no respondes porque tienes demasiado miedo de mirarla a la cara y ver con qué va a sorprenderte.

A veces, hay que tocar fondo para darte cuenta de que no eres tu dolor, tu miedo ni tus pensamientos más tristes, para descubrir que siempre habías estado arropado por la mejor compañía y nunca la habías tenido en cuenta… Para encontrarte a ti y existir sin más expectativa que vivir en paz…  Cuando eres lo único que te queda, no tienes más remedio que confiar en ti.

No te quepa duda, al final del túnel estás tú, sólo tú.

¿Eres una guerrera harta de pelearte con la vida? “Manual de Autoestima para mujeres guerreras”, echa un vistazo aquí. 

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La belleza que ves es la belleza que eres


 

 

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Estamos tan sujetos a nuestras creencias que no podemos ver lo que realmente importa. Necesitamos verdades absolutas a las que agarrarnos, plegarias que decir para suplicar que lo que tanto nos asusta no pase… Y cuando descubrimos que eso no existe, que todo se mueve y cambia, que no hay nada que no sea incertidumbre a nuestro alrededor y que aquello a lo que nos agarramos es en realidad arena fina, nos sentimos perdidos…

Buscamos donde no hay. Vivimos a través de frases escritas en las redes sociales donde alguien nos da una fórmula que se supone que es para todos la misma, que es infalible, que se aplica tanto si eres joven o anciano, si vives en Ecuador o en Islandia, que funciona tanto si tu problema es que no tienes dinero como si acabas de perder al que crees es el amor de tu vida…

Sí, es cierto, hay una fórmula, pero no está fuera, está dentro y no es fácil aplicarla. Puede serlo, no quiero ahora engendrar en ti y en mí otra creencia, pero a mí me ha costado mucho y me sigue costando… Es un gesto, una manera de vivir, una decisión… Amarse. Es tan simple y tan complicado a la vez. Simple porque se trata de que ahora decidas que todo lo que vulnere ese amor que sientes por ti y no haga que crezca salga ahora mismo de tu vida… Complicado porque no vas a hacerlo (¿o si?) porque todavía no estás al límite y no crees que el beneficio que esa decisión supone, pueda superar esta pegajosa sensación que tienes ahora (tenemos, me incluyo, no pasa nada, sin culpas ni reproches) en la que quejarnos y lamentarnos porque todavía no somos, creemos que nos compensa. Porque hemos convertido el lamento y el “casi, casi llegar” en algo cómodo y llevadero y no queremos renunciar a ello para vivir plenamente. Digamos las cosas por su nombre… No pasa nada, decirlo en voz alta calma y sosiega. Todos lo hacemos. En realidad, lo hemos hecho lo mejor que sabemos y no vamos ahora a exigirnos más sino a comprendernos hasta el fondo.

Porque mientras no te amas, nadie te ama y mientras no te aman como mereces realmente, tienes (tenemos) una gran excusa para ir por ahí a medias, sin comprometernos a nada de todo… Porque así nos podemos exigir un poco menos, que sería un alivio, y seguir buscando esa perfección que no existe y que un día nos va a romper en dos y nos va a parar en seco (sé de qué hablo). Y cuando alguien te reclama, estás de suerte, porque cuando no te amas, la vida no va bien, pero tienes la coartada perfecta cuando te comparas con otros (eres incomparable en realidad) porque tú eres ese o esa pobre persona que no recibe tanto como da, que no tiene suerte, que por más que haga no llega la recompensa… Y en ese ejercicio comparación insano y demoledor siempre tienes una excusa para medirte con otros y no ganar, para poder soportar que te miren y no te reprochen puesto que tu puesto de salida siempre está más lejos que el de los demás…

Sé qué haces, sueñas que un día saldrás desde el mismo punto que los demás. Te han dicho “Sueña… Persigue tus sueños” ya lo sé, yo también lo hago, lo hice pero es el sueño equivocado (no soy nadie para decírtelo ni sé nada, pero si sé lo que he vivido). Porque el verdadero sueño no es competir y llegar a la meta como hacen los demás, es descubrir tu propia meta y dejar de medirte y calcularte. Descubrir que ya eres, que ya vales, que no necesitas compararte ni demostrar. Sueña que llegas pero a ti. El sueño es la paz de saber que eres el ser más amado del mundo porque cuentas con la persona más increíble y extraordinaria a tu lado, tú… Lo más sólido a lo que agarrarte cuando vienen malos momentos eres tú, no hay nada más.

Todo lo demás son creencias y frases hechas, algunas mejores y otras peores, pero no son tú. Cree en algo que te abra la mente, el corazón… Algo que te diga que seas no que demuestres, algo que te invite a ser sin embarcarte en una carrera que no sea una aventura… Hazlo porque lo deseas y porque antes de terminar y llegar a la meta ya sabes que sea cual sea el resultado te hará feliz, porque no te estás midiendo sino disfrutando, porque estás ahí para contagiar esa belleza que acabas de descubrir que posees y quieres compartirla. Porque quieres ser maestro y alumno a la vez, porque ya sabes que aportas mucho al mundo y te abres a cambiar todo lo necesario para seguir amándote…

Esta semana me hice una pregunta ¿qué haría en caso de desesperación y no me atrevo a hacer del todo ahora? es una versión de la gran pregunta ¿que harías si no tuvieras miedo? puesto que cuando te desesperas, te descubres dispuesto a todo y borras tus límites… Justo en ese momento, descubres por qué la vida te ha puesto en esa situación, te está alentando a que hagas eso que hasta que el agua no llegue al cuello no estás dispuesto a hacer… Te arrastra a que dejes tus creencias limitantes de lado y existas sin tener que pedir permiso… Te pide que claudiques y cedas en el orgullo, no en la dignidad, ni en tu poder… Que renuncies a tus límites y miedos y a tus máscaras, no a tu ser, ni a tus sueños… Te dice “hasta aquí has llegado escondiéndote del amor que eres, ahora para seguir no basta con sucedáneos… Tienes que ir en serio contigo, comprometerte de verdad hasta las últimas consecuencias”.

La vida te pone al límite para que no tengas más remedio que confiar en ti. 

Puedes decir que no y seguir en esa espiral de angustia.

Puedes decir que sí… Y me gustaría decir que se abre el cielo y sale una mano enorme y te salva… Pero no, lo que pasa es que de repente, una capa fina de algo maravilloso te cubre y entra en ti y te empiezas a ver de otro modo… Eres la persona que ha dicho sí, que ha sido capaz de renunciar a lo que le estorba para ser ella misma y vivir en coherencia… Y eso te da mucha fuerza y poder, eso se parece tanto al amor verdadero que mueve montañas… Y descubres que la mano que sale de cielo es tu mano… Que si existe un dios o una energía creadora e inteligente (cada uno sabe si lo vive y lo siente, y lo llama como quiere) actúa solo cuando le das permiso porque lo hace a través de ti.

Y dejas de pedirle al mundo que te mire y te haga caso porque ya no es necesario… Te lo haces tú. Y todo se transforma porque tú eres tú.

Hay una fórmula infalible… Incluso yo te cuento una fórmula, fíjate, aunque no sé nada y me equivodo mucho mucho… Ámate por encima de cualquier circunstancia y situación, diga lo que diga el mundo… Ámate en el caos más absoluto y cuando te veas caer por el precipicio más profundo. Ámate cuando nadie te vea ni te diga que estás, que eres, que cuentas… Ámate cuando sólo veas belleza ahí a fuera y no en ti… Ama tu dolor, tu culpa inventada, tu vergüenza, tu miedo, tu desesperación y date cuenta de que sólo abrazándolos podrás librarte de ellos y reconocer que son la puerta de salida de tu mundo de sombras, que cuando aceptes que están y sepas que no eres lo que son descubrirás lo que eres… No eres tu sufrimiento, eres la persona que sabe usarlo y aprender de él para soltarlo de una vez…

La belleza que ves es la belleza que eres… Ya eres todo, sólo te hace falta mirarte y ejercer de ti mismo. Cuando consigues entender eso, todo da la vuelta… Y no importa que todo se tambalee, porque tú estás en ti, tú eres lo que habías buscado siempre.

 

¿Estás cansada guerrear? ¿Quieres de una vez por todas encontrar tu paz? Te acompaño y te cuento cómo yo estoy en camino de encontrar la mía… “Manual de #autoestima para #mujeres guerreras aquí. No desaproveches esta oportunidad y permítete lo que mereces. 


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Como si ya fuera realidad


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Vamos a ser de verdad y dejarnos de “vender” lo que no somos. Y con esto no me refiero a no confiar en nosotros ni en nuestras posibilidades, ni en dejar de visualizarnos siendo lo que soñamos, ni dejar de sentirnos capaces… Soñemos, por favor, al máximo, pero no perdamos el norte ni la substancia que nos hace humanos.

Nuestra grandeza no está en parecer sino en lo que ya somos, en ser capaces de vivir a través de lo que nos rodea sin necesitar que sea de otro modo... En ser capaces de bailar con la vida cuando nos toca la canción más triste. Sin queja contínua pero sin tener que ir demostrando todo el rato que somos algo que no somos, sin construir una realidad paralela para que otros hurguen en ella…

El otro día una mujer sabia que me da grandes consejos siempre sin pedir nada a cambio,  María A. Sánchez, me recordó que la única forma es llegar es ser ya desde este momento esa persona que sueñas. Me dijo que actuara y sintiera “como si”“como si ya fuera realidad” (As if) para integrar en mi vida lo que tanto busco… Eso es tanto como decirme que deje ya de buscar porque lo que busco está en mí… Llevo unos días dándole vueltas a la idea (yo siempre doy tantas vueltas a todo que al final se me desdibuja en la mente y se vuelve tosco, triste)… Podría llegar a convertir “Sonrisas y lágrimas” en “El resplandor” si me das una tarde en casa y un pensamiento ofuscado.

Imaginad cuánto poder tenemos para convertir en porquería nuestra vida a partir de un solo pensamiento… Y no es que todo dependa de eso, claro, pero vemos lo que decidimos ver a partir de nuestras creencias. Eso hace que tengas delante una oportunidad y solo percibas un obstáculo…

Lo de vivir tu sueño y actuar “como si ya fuera realidad” es una herramienta muy poderosa que me ha costado mucho comprender. Yo que siempre soy tan transparente sufro como una hoja en plena tormenta al mostrarme fingiendo que todo va bien cuando por dentro pienso que estoy al borde de la debacle, no me va eso de hacerme fotos con el traje de noche mientras todavía llevo las zapatillas porque en realidad me quedo en casa… Pero es que eso de actuar “como si” no consiste en hacer postureo en las redes y fotografiarse sonriendo mientras por dentro te mueres de pena o acondicionar una parte de tu casa para que parezca un lujo asiático mientras hacinas en el otro lado todos tus trastos… Actuar “como si” es sentir que puedes, que mereces, que ya está en ti toda la fuerza y poder que necesitas para actuar y conseguir, tal vez no lo que quieres porque no sabemos casi nada de lo que realmente necesitamos, pero sí lo que te llevará a desplegar tu potencial y estar en paz.

Actuar “como si” es reconocer en ti la persona que ante el muro trepa el muro, lo salta, lo rodea o lo convierte en un lugar de referencia para crear algo hermoso… No hace falta a veces derribar nuestros obstáculos, a menudo podemos usarlos para decorar nuestros sueños y convertirlos en catapultas para lanzarnos más allá, en el mobiliario de nuestra nueva oficina, en el lugar donde edificamos nuestra nueva vida.

Actuar “como si” es saberse ganador sin tener que competir, saber que estás de tu parte siempre, incluso cuando fallas porque sabes que tus errores son necesarios… Porque tus errores son un peldaño más en esta escalera que subimos todos para descubrir que en el fondo, antes de empezar a subirla, ya lo teníamos todo pero éramos incapaces de verlo porque cargábamos un lastre enorme de culpas inventadas, miedos atroces, emociones por sentir y comprender, creencias rígidas y dogmas absurdos.

Actuar “como si” no es nada que se vea o se huela o se toque, aunque irremediablemente acaba tocándose y percibiéndose con los sentidos porque todo lo que te transforma por dentro más tarde o más temprano se ve ahí afuera… Donde no hay nada, en realidad, más que el espejo de lo que hay en ti y los espejos de todos los que nos rodean.

Actuar “como si” es mirar dentro y dejar de buscar respuestas fuera, dejar de esperar que llegue un salvador que te arregle la vida (no significa no buscar ayuda, soy la primera que recomiendo al menos una vez cada día a alguien ir al psicólogo). Significa saber que el gran hacedor de cambios en tu vida eres tú y dejar de llamar a puertas esperando una limosna esperando piedad para empezar a decir en voz alta “estoy aquí y puedo aportar” y ver como esas mismas puertas se abren.

Hay que ser de verdad para conseguirlo. Y eso implica conocerse y encontrarse en dolor acumulado y decir basta y saber que no eres tu dolor, ni tu miedo, ni tu rabia, ni tu asco, ni esa culpa enorme que se pone cada día más gorda y oronda porque la alimentas a base de creer que mereces la porquería que encuentras.

Seamos de verdad, pero no quejándonos de lo que todavía no somos (yo lo hago, no te preocupes) ni falseando lo que vivimos.. Seamos de verdad por dentro, admitamos lo que nos perturba, lo que nos conmueve, lo que nos paraliza y limita, lo que nos asusta, lo que nos hace sentir una envida inmensa, lo que estamos evitando y lo que cada día nos hace tropezar. Seamos de verdad, observemos lo que pensamos y decidamos que no somos esos pensamientos ni esa punzada en el pecho inmediata, ni esa sensación de revolcarnos cada noche en la misma porquería cuando parece que todo falla y a pesar de los esfuerzos no cambia nada…

Quiero ser de verdad… Ayer me hundí y durante tres horas no vi nada más que esa porquería, ese dolor, ese miedo, esa necesidad de salir a flote. Durante algunos de esos minutos de las tres horas o más (el tiempo es relativo y me pareció una eternidad) no fui más que mi sombra, mi asco, mi sufrimiento… No vi más que la película de mi vida distorsionada y manipulada por la más grande de las manipuladoras que he conocido… Mi mente, mi ego, yo misma… Mi gran enemiga, mi gran aliada… Un dolor de cabeza atroz me golpeaba las sienes mientras unos tambores de guerra que sonaban a difuntos cantaban un himno terrible que me decía “nunca consigues nada”.

Aunque no es cierto… Esta mañana, al notar mi dolor macroimpulsado, mi cabeza golpeada por mis pensamientos lúgubres y mis articulaciones inflamadas me he dado cuenta del gran poder que tengo… Si puedo convertir mi futuro en una tragedia en el presente, si puedo crear toda esa basura gracias a mis pensamientos, si puedo generar un dolor de cabeza inmenso, es que puedo crear a pesar de todo…

Sólo tengo que aprender todavía más a gestionar mis pensamientos y emociones. Sólo tengo que aprender a usar a esa magia a mi favor y no en mi contra… Sólo tengo que poner a la gran manipuladora de mi parte y abrazar a la enemiga para que sea mi gran aliada… Y dejar de alimentar a mi ego con esa carnaza inmunda para que deje de contarme historias de terror y de pedirme explicaciones porque todavía no soy lo que sueño… Para que deje de culparme por todo y de subirme tanto el listón.

Sólo tengo que hacer lo que he hecho siempre… Coger ese dolor y transformarlo en algo hermoso, en algo mágico, en la puerta de entrada a ese yo que llevo dentro y clama por salir, que grita mientras los tambores suenan y me dice “no te preocupes más Mercè, ya lo tenemos todo, vamos a vivir”.

Este camino no está siendo fácil. Seguramente porque hace siglos que el ego gordo e inflado así me lo dice y yo me lo he creído y cumplo, puesto que soy una cumplidora nata que busca aceptación por los rincones, para tapar en enorme vacío en su interior de aceptación propia. No ha sido fácil,  pero todo puede cambiar ahora y decidir que el camino se allana… Tenemos tanto poder, en realidad, y lo usamos para ponernos la zancadilla, para limitarnos a vivir en una burbuja.

Esta es mi verdad… He aprendido mucho pero no todo está integrado en mí y a menudo el miedo me vence y me acorrala y no temo decirlo porque sé que eso no me hace mejor ni peor… Porque sé que reconocerse vulnerable no te hace débil sino fuerte, porque decir alto y claro que no puedes con todo no te convierte en inútil sino en alguien sincero, de carne y hueso, con matices, con ganas de aprender y crecer… Ya lo ves… A veces lo hago bien y otras me equivoco. A veces (cada vez más) estoy de mi parte y otras manipulo la vida para fastidiarme. Esta es mi verdad, esta soy yo y lo digo en voz alta. Y decido actuar “como si” desde dentro hacia fuera.

Tú también eres de verdad y en esa verdad están tu poder y tu fuerza.

Basta de “postureo emocional” y de fingir lo que no somos… Nuestra verdad va a salvarnos de nosotros mismos. Las evidencias de ello están en todas partes. El amor está en todas partes y el dolor también. Hay que aprender a usar a ambos para cambiar tu vida…

A pesar de mis dudas, he aprendido mucho… Te invito a leer un poco de mi último libro, va de amarse y conseguir que ese amor cambie tu vida… Haz click aquí 


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Hola mundo


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Hola mundo,

te escribo porque finalmente he comprendido que no puedo hacer nada para salvarte y voy a dedicarme a salvarme a mí. Me ha costado mucho darme cuenta, lo sé, pero ahora lo tengo claro… No puedo seguir desgastándome más mirando fuera porque lo que realmente tiene que cambiar está dentro. He consumido tanta energía buscando fantasmas y culpables que no me quedaban fuerzas para tomar las riendas y vivir. Voy a serte más útil si me centro en mí y cambio dándome de golpes contra el muro y queriendo que cambies tú… Porque eso no va a pasar. Mi única oportunidad de que  cambies es cambiar mis ojos sobre ti, mirarte con amor, comprenderte y abrazarte en toda tu inmensidad… Lo lo más dulce y lo más amargo que hay en ti, en lo más duro y lo más maravilloso…

No voy a batallar más ni a reprocharte nada, porque lo único que consigo es hacerme cada vez heridas más profundas. Me pierdo intentando que no te pierdas y me hundo intentando sacarte del agujero profundo en el que estás… De hecho, yo estoy en ese mismo agujero y te miro a ti y te culpo por no salir a flote cuando ni yo misma soy capaz… Y es porque miro a mi alrededor buscando respuestas cuando en realidad están todas en mí.

He mirado dentro de mí al fin y he visto que la solución a todos tus problemas es que te deje en paz… Que me solucione yo, que me dedique a mí , sin intentarlo, sea un ejemplo de lo que quiero ver en ti, de lo que espero encontrar… 

Por favor, comprende, no me refiero a pasar de ti ni vender mi conciencia, hablo de dejar de necesitar que todo en ti cambie y empezar a cambiar yo, que falta me hace.

Me he dado cuenta de que la única forma que tengo de ver en ti la belleza que a veces no encuentro es amarte. Que la única manera de encontrar lo que deseo en ti es convertirme yo en ello, ser lo que necesito encontrar.  Me he pasado la vida pidiéndote que no seas como eres, que las personas que hay en ti dejen de hacer cosas que yo mismo he hecho y que un día creí que nunca me podría perdonar, aunque no es cierto…

Ahora, sin embargo, voy a dejarte en paz y no esperar nada de ti ni de nadie. Voy a mirarte con ojos llenos de paz para ver tu paz… Voy a mirarte con ganas de encontrar luz, para ver tu luz… Y cuando no encuentre paz ni luz lo seré yo hasta donde sepa.

He sido muy testaruda al pensar que podía darte lecciones de lo que está bien o está mal. Te he juzgado tanto que me he salpicado con mis críticas, he sido incapaz de ver lo bueno que hay en ti porque estaba amargada sin ser capaz de ver en mí lo que en ti busco… He querido que las personas cambiaran, menuda osadía, como si mi visión de la vida fuera la correcta, la única posible, la que todos debían seguir… Y ahora me doy cuenta de que incluso lo que me parece más terrible puede que en otro de los mundos que conviven con el mío tenga algún sentido…

No voy a mentir. Hay muchas cosas en ti que no me gustan, que me duelen, que me arañan. Cosas que no comprendo y que afectan a seres humanos que sufren por ello y a mí su dolor me causa dolor… No soporto a veces las sacudidas que la vida nos trae y me cuesta aceptar que mucho de lo hermoso perezca a favor de algunas barbaries a las que no encuentro sentido… Me corroe que la vileza llegue a menudo a la cima y la bondad se quede por el camino. A veces lo bárbaro suplanta lo inocente y lo oscuro se traga lo puro y sincero, pero ¿quién soy yo para decir qué está bien o está mal? ¿Con qué derecho permitirme poner etiquetas a todo y levantar o el pulgar ante lo que según mis ojos merece la pena? Cuando te etiqueto, me etiqueto… Cuando te odio, me odio porque parte de lo que eres es lo que soy y consiento, permito, dejo que pase, asiento cuando se muestra ante mí. Lo injusto a veces pasa no sólo porque los injustos lo hacen, sino porque los justos lo toleran y permiten. Cuando señalamos con el dedo, nos quedamos prendidos en el juicio y nos convertimos en parte de él. ¿Qué es injusto, en realidad? hay tanto dolor que no conocemos y tanta dicha por surcar… Hace mil años que ya no odio nada ni a nadie porque nada destroza tanto por dentro como odiar…

Perdona mundo… Perdona vida… He sido arisca y osada. He sido poco generosa… Tenía tanto dolor acumulado en las entrañas que necesitaba decirte que eres horrible porque yo me sentía así… Veía en ti necedad porque yo era necia… Encontraba en ti injusticia porque yo no podía soltar mi rabia y eso me hizo injusta a veces, sobre todo conmigo misma. Y sigo viéndolo, pero ahora comprendo que no sé nada y que por más que batalle con algunos monstruos esos monstruos siempre van a devorarme… Porque me los he inventado yo… Porque sin darme cuenta y saber cómo a veces el monstruo soy yo y hay alguien luchando siempre contra mí y no soy capaz de darle la vuelta a la historia…

A veces no me gustas mundo, no me gusta nada, pero ya no voy a pelearme contigo ni con tu gente, porque por más que tape un agujero, saldrá otro y otro… Voy a hacer cuanto esté en mi mano para no acrecentar tu dolor ni añadir una nueva injusticia a tu larga lista de momentos terribles, pero no voy a juzgarte más… O al menos voy a intentarlo… Quiero centrarme ahora en mí, en ser mi versión más libre y pura, la más inocente y amable, mi yo más desnudo y auténtico, mi ser más sublime… Voy a amarme porque así podré amarte como eres, sin peros ni comas, y sólo así al verte podré encontrar el amor y dejar de lado el odio…

Porque cuando yo sea amor, tú serás amor. Porque si me amo como merezco podré amarte como mereces y tal y como eres. Porque si me acepto, aceptaré tus horrores más ocultos y podrá abrazarte cuando estés a punto de reventar y colapses de tanto asco y llanto almacenados… Porque si me comprendo y estoy de mi parte, cuando las personas que te habitan vengan a mí muertas de miedo y rotas, podré besar su dolor y aceptar tus heridas sin reproche, sin mirar con miedo y con lupa, sin pedirles explicaciones… Porque si me perdono a mí por no haber sido como creí que debía, es inevitable que te perdone por  no haber sido como creía que debías…

Voy a amarte mundo, sin condiciones, a ti y a tus criaturas más salvajes. Y lo haré a través de mí, siendo mi yo más honesto y amándome mucho…

Voy a amarte tanto como el amor que merezco…

Voy a amarte con todo el amor que soy.

Y cuando te mire, veré el amor que eres y a partir de ahí vamos a construir algo nuevo y definitivamente hermoso.

Gracias mundo.

 

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¿Te atreves a sentir tus miedos?


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Alguien me dijo el otro día que cuando me lee se queda a medias siempre porque no le planteo soluciones y agito por dentro sus problemas, sus pensamientos, sus emociones más contenidas… Es verdad, supongo que a menudo cuando escribo no aporto respuestas ni nada a lo que agarrarse para encontrar el camino.

Llevo unos días pensando por qué. Lo que más me viene ahora a la cabeza son mis dudas, porque realmente, escribo sobre ellas… Porque no sé nada y lo que hago en realidad es poner negro sobre blanco lo que a mí también me agita por dentro. Lo que me zarandea y me ha zarandeado siempre, lo que me araña desde aquel día hace cien años cuando era niña e iba en tren y miré el paisaje que dejaba atrás con la mirada y me pregunté qué sentido tenía todo. Lo veo como si hubiese pasado durante el café de esta mañana. Creo que tenía cuatro años y vi la línea verde que se dibujaba al paso de mis ojos por el cristal y topé la mirada de una mujer joven que me sonreía y en aquel momento me sentí como una figura de una maqueta inmensa. Como una de las piezas minúsculas de un mundo en miniatura en el que yo no sabía cuál era mi destino ni mi función. Como si mi identidad dependiera de la identidad de otros, como si mi lugar en este mundo inventado e imaginario dependiera del lugar que ocuparan los demás o del que me dejaran libre. En ese momento, sentí un miedo terrible a no encontrar ese lugar o a tenerme que conformar con el lugar que dejaban los demás para ocupar… Como sucedía en el cole cuando había que hacer algo por parejas y yo siempre era la que me quedaba sola porque nunca me atrevía pedirle a nadie que se quedara conmigo… Porque no me sentía suficiente o no pensaba que tuviera nada por ofrecer.

Yo también dudo y mucho de cuál es mi camino. O a veces no dudo del camino sino de mí y de mi capacidad para transitar en él. Y lo admito, muchas, muchas veces tengo claro el camino y la solución (va con mi personalidad) pero lo que pasa es que me resisto locamente a aplicarla. Mis vísceras asustadas dicen que no y en mi casa mandan mucho las vísceras. Me resisto yo y se resiste todo mi mundo a soltar ese control imaginario que me hace sentir que manejo los hilos. Hay una parte de mí que tiene tanto miedo a descubrir que no es tan fuerte como se imagina, que es vulnerable y no llegará por más que intente mil cosas y haga mil barbaridades… Hay otra parte de mí que tiene tanto miedo a solucionar sus problemas y descubrir que realmente esos problemas no existían y que el verdadero problema era mi actitud e incapacidad hasta el momento presente de querer ver las cosas de otro modo… De descubrir que todo eran excusas y coartadas inventadas para seguir sufriendo porque es más cómodo que tomar las riendas… Miedo de tener la certeza absoluta de que llevaba años haciéndome trampas y fingiendo querer ser feliz cuando en el fondo me seducía más una sensación mediocre de efervescencia  para no tener que lidiar con la culpa… Esa especie de sombra pegajosa y maloliente que todo lo impregna y te deja seco y lívido.

La verdad es que estamos enganchados a nuestro dolor, somos yonkis de nuestro sufrimiento y de todo lo que nos asusta. Nuestros pensamientos y emociones más recurrentes nos invaden en cuerpo de hormonas y nos acostumbramos a ellas, nos sentimos cómodos con esas sensaciones y huimos de la novedad aunque sea deliciosa, maravillosa, extraordinaria…

Intentamos evitar a toda costa sentir aquello que nos asusta y nos quedamos presos de ello en esa sala de espera en la que estamos pendientes de decidirnos. Y eso de lo que huimos tiene y ha tenido mil caras.  Ha tenido cara de novio que te abandona, de trabajo en el que no te consideran, de sueño que se te resiste, de recuerdo que te asalta cada domingo por la tarde… En el fondo, todo eso es lo mismo. Es el mismo conflicto que encuentra otra rama del árbol con la que taparte el sol para que tengas que trepar hacia tu interior. Todo lo mismo. Todos los conflictos que se presentan ante ti tiene que ver con el hecho de no estar tratándote bien, no estar de tu parte y reconocer tu valor. La vida te pone a prueba una y otra vez y siempre está pidiéndote que te abras y te desatasques por el mismo lado… Que desenquistes lo que ya sabes desde siempre que tienes enquistado en ti y que no sueltas.  Tal vez te pida que dejes algo a lo que te aferras, que saltes al vacío sin red para que aprendas a confiar, que vayas hacia algo o que des un puñetazo en la mesa y digas basta… Puede ser que te pida que hagas mil cosas que nunca te has atrevido a hacer o que dejes de hacer esas cosas que haces de forma desesperada para que encuentres tu silencio. No importa lo que sea, es ese miedo de siempre, ya sabes cuál, no te das cuenta pero todo lo que te rodea te habla de él y te invita a sentirlo y aceptarlo.

Hasta que no aceptamos lo que nos asusta, cada persona con la que nos cruzamos lleva escrito un reproche en la mirada… Todo nos recuerda lo que tenemos pendiente para que decidamos acercarnos a ello y descubramos que no pasa nada, que no hay culpas sino temor a descubrir que no somos perfectos… Y que una vez te acercas a eso, todo se diluye. Hasta entonces la culpa sobrevolará tu vida y te sentirás provisional porque sabrás que tienes a medias eso de reconocerte y amarte. Al final todo lleva a que llegue un día en el que tengas que afrontar y caer a ese vacío en el que no hay nada a lo que agarrarse, para que descubras que vuelas, que te sujetas a ti y que de repente aparece algo que te da aliento… Algo que no parecía existir o que estaba ahí y no podías ver porque eras yonki de tu necesidad de sentirte incapaz y desgraciado.

No importa si te muestras al mundo o te quedas en un rincón, no importa si lo haces desde la calma interior de ser tú y no desde la necesidad de ocultarte o de ser aprobado y aceptado… Todo es lo mismo… Ese desamor que todo lo impregna mientras dudas si mirarte a los ojos.

Es verdad, me quedo a medias, pero creo que es porque esto de vivir en realidad no va de respuestas sino de preguntas… No se trata de resolver sino de disolver ese dolor y dejar espacio para lo nuevo, sea lo que sea. Desde hace un tiempo me he dado cuenta de que el noventa y nuevo por ciento de las veces, sólo es necesario presentarse al examen de la vida para pasarlo con nota… Es lo único que te pide y te pides, que comparezcas, que sientas el frío de creer que no eres para que descubras que ya lo eres todo… Que notes el miedo de imaginar que todo se esfuma para que te des cuenta de que ya lo tienes todo… Que admitas que no sabes para que eso deje de tener importancia… Que te mires y observes lo que piensas y sientes y notes que no hay para tanto… Que digas en voz alta que no te amas, para que inmediatamente te des cuenta de que eso no tiene sentido…

No tengo soluciones porque dar el paso para encontrarlas ya supone que muchos de nuestros miedos salgan por la venta… Porque sentir tu miedo es permitirte soltarlo y empezar a liderar tu vida. ¿Te atreves?

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La cruda realidad


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Muchas personas creen que cuando escribo intento dar pautas para vivir al resto del mundo… En realidad, sobre todo, me estoy hablando a mí. Nada más lejos de mi intención que decirle a nadie lo que debe hacer cuando ni yo misma sé a veces a dónde voy… Cuando escribo me cuento la vida como creo que me hace bien comprenderla y sentirla, para que no se me olvide cuando esa vocecilla tremenda me asalta y sin piedad me dice que todo se está desmoronando. Cuando a media tarde, después de un día complicado (todavía no entiendo por qué) empiezo a cuestionarme otra vez (van cien mil, ya) todo lo que llevo años construyendo. Y es una construcción que va para largo, no tiene resultados de un día para otro, digan lo que digan y vendan lo que vendan. Conocerse y vivir desde “tu ser” e intentar fluir con la vida no es fácil, no lo es para mí, tal vez para otros lo sea (no querría que nadie se sienta limitado ahora por una de mis creencias).

Puesto que siempre he pensado que la vida era difícil, dura y llena de obstáculos, siempre la he vivido así. Con ello no quiero decir que si mi creencia hubiera sido que la vida es fácil, nunca hubiera encontrado muros por trepar ni resistencias, para nada, lo que pasa es que los hubiera percibido de otra forma… La vida no es como es, es como decides sentirla. Ya sé que hay momentos extraordinariamente duros, pero he visto a personas enfrentarse a la enfermedad con entereza y otras, a su lado, desmoronarse por haberse roto una uña…

Quiero llegar al hecho de que no sé nada y escribo muchas veces para mí. Para recordar qué hago aquí y cómo he llegado a la conclusión de que debo aceptar (sin resignación , que quede claro, sino con ganas de cambio) mi vida y dejarme llevar por ella, siendo yo. Escribo porque necesito ponerme en sintonía y equilibrio con mi yo que confía y en los momentos de desconcierto, cuando nada sale como sueño, me recuerda que todo es perfecto y que lo que anda mal son mis expectativas… Y me dice que de todas formas no pasa nada, que las mire de lejos y me dé las gracias y comprenda que no sé nada ni puedo mover los hilos de lo que pasa a mi antojo…

Escribo para conectar con esa parte de mí que ya ha comprendido que la realidad es y será como deba o como pueda independientemente de lo que yo desee. Y que realidad y deseo sólo se encontrarán cuando en mí haya coherencia y equilibrio… Escribo para comprender que tengo total libertad para hacer y deshacer desde la responsabilidad de mis pensamientos, mis emociones y mis actos y que eso me deja mucho margen para saber cómo tomarme esa realidad. Escribo para recordar que el mundo no va a cambiar, pero que sí que puedo darle la vuelta a mi mundo cada día, desde dentro, si soy capaz de comprender desde mi paz interior y desde el amor que necesito manifestarme.

¿Manifestar? nos pasamos la vida leyendo u oyendo esa palabra… Manifiesta lo que quieres, lo que deseas… Nos pasamos la vida soñando con materializar lo que necesitamos (o creemos necesitar, después a veces hay sorpresas) y nos manifestamos poco a nosotros mismos… Nos damos poca cancha para equivocarnos, nos culpamos, nos medimos, nos reprochamos, nos dedicamos poco tiempo, nos reprendemos, nos prohibimos, nos vetamos cosas hermosas y situaciones que nos apetecen… Nos hinchamos a café para rendir, nos atiborramos a pastillas para apaciguar los efectos del café que creemos necesitar para estar en forma y dar el máximo… Dar el máximo ante el mundo ¿Y ante nosotros mismos? Nos llenamos la cabeza de mil ideas que salen en las redes y el armario de nuestra vida de mil cachivaches absurdos (yo también) para no tener que encontrarnos a solas con nuestra propia escasez… Y no hablo de la falta de dinero o recursos. Hablo de una gran escasez, la más importante, la de amor, la de paz interior, la escasez de no conectar con nosotros mismos y sentir lo que sentimos… Y llorar, enfadarnos, decirnos a la cara que sentimos envidia, celos, miedos, una culpa atroz que se nos clava en la espalda y nos dice cada día que todavía no hemos hecho suficiente para apaciguar al un mundo que busca señalarnos con el dedo y pasar revista cada cinco minutos a nuestros fallos… Y sentir ese dolor de estar solo, de estar triste, de estar en una vida que no deseas, de romperse y recomponerse, de recordar demasiado un momento antiguo que punza y rasga… Sentir que estamos dejando de sentir y bailar con eso, un rato, hasta que te das por aludido y puedes pasar página. Hasta que de tanto mirar al miedo lo conviertes en una aliado para seguir…

¿Manifestar? manifiesta de una vez por todas que te amas, desde ya, para poder ver como la vida te responde… Manifiesta que te respetas y respetas a las personas con las que te cruces y deja de juzgarte severamente.  Deja de buscarte las taras y las imperfecciones y empieza a vivir desde lo que realmente eres.

Escribo para recordar que tengo que sentir cuando estoy escabulléndome de mí misma y huyo de mirar a la cara a una de mis penas más antiguas. Escribo porque siento que todavía no he hecho mis deberes, pero quiero decírmelo con cariño, sin obsesión, sin mas pretensión que saber que estoy en el camino.

Me escribo para sacar el dolor que no saber a menudo si estoy en el camino… Porque yo tampoco materializo ni manifiesto como deseo y a veces eso me resulta insoportable. Cuando oscurece y repaso mi día, hago balance y saco las cuentas y no veo nada a mi favor (seguro que lo hay, pero no lo veo) y me vuelvo loca porque no paro de hacer e intentar y voy en saldo negativo… Y entonces, me doy cuenta, he subido mil montañas pero no he sido capaz de dedicarme una palabra hermosa o de comprender que tal vez hoy no hacía falta esforzarse tanto, no hacía falta romperse para llegar ni culparse por no ser… Entonces me doy cuenta de que la caja está vacía porque yo estoy vacía de amor por mí y que esa falta de amor y de ver mi valor me empuja a ser a ratos egoísta y no ver el valor en los demás…

El mundo es como decides verlo. El mundo es como te ves a ti. No hay nada en el mundo que vaya llenar ese vacío que tú no llenas en ti. La realidad es muy cruda, tan cruda como tú cuando eres incapaz de abrazarte y sentirte, tan cruda como tú cuando huyes de sentir y decirte la verdad a la cara y permitirte notar qué pasa, qué quieres y hacia dónde vas.

Escribo para recordar esto y ver que el camino es hacia dentro y no hacia fuera. Y que si hoy logramos amarnos, respetarnos y no exigirnos demasiado, al llegar la noche, tal vez la caja de logros estará vacía pero nosotros estaremos llenos… Y eso a la larga, nos llenará la vida. Porque nuestra realidad se construye a partir de la forma en que decidimos verla y percibirla… No podemos cambiar el mundo pero podemos mirarlo de otra forma, con compasión, con amor, con ganas de perdonar y seguir. Y el primer paso es mirarnos de esa misma forma a nosotros…

Me escribo por si esto se me olvida y caigo en la trampa de limitarme a mirar la caja y culparme por no tener, no llegar, no parecer… Y como no, lo comparto por si te hace falta, por si puede recordarte algo a ti y te es útil… Sin más pretensión que decirte que estoy aquí perdida como tú buscando una luz que me indique quién soy… Porque esto va de compartir y compartirse.

Me escribo para soltar esa necesidad de mirar la caja al final del día y ponerme nota y suspenderme si no encuentro nada que demuestre mi valor.

Te escribo para que sepas lo perdida que ando a veces y, si quieres, dejes de mirar la caja y puedas soltar.

El mundo hace contigo lo que tú haces contigo. 

La realidad es cruda porque tú también eres muy crudo contigo.

 

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Yo también, a veces


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Yo también, a veces me siento pequeña y cansada. Me falta un poco el aire y las ganas de dar ese paso más que te acerca a lo que buscas.

A veces, yo también llego a casa y no tengo ganas de nada pero tengo que hacer mucho y no sé cómo e intento no pensar y no parar.

A veces, yo también quiero bajar de mi vida y esperar a ver si pasa otra con mejores vistas y me subo, pero luego miro los ojos de mi hija y me doy cuenta de que tengo la mejor de todas la vidas posibles.

No pasa nada… No es el fin ni el principio. Permítete, escúchate, siente este momento y descubre que no te arrastra. 

A veces, yo también lloro sin comprender por qué y me regaño porque no me entiendo. Y ando por ahí sin ser mi mejor versión ni perseguir ningún sueño porque con tenerme en pie en ese momento me basta…

A veces, yo también me pierdo en las baldosas en un patio esperando que se empiecen a mover y me hagan un espectáculo como hacían cuando era niña las de mi patio de casa, que era particular y cuando llovía se mojaba…

A veces, yo también me descoloco cuando no puedo más y veo que otras personas lo pueden todo o eso parece. Y tengo ganas de que me den una moratoria de un par de días o de cien años para poder parar y darme cuenta de qué falla. ¿Te pasa?

No lo evites, vívelo y nota que no te invade, que no eres tú, que no es obligatorio que eso determine tu vida y tus pasos.

Sumérgete en lo que sienes y vuelve a salir. Deja que te toque lo que temes y descubre que no eres lo que estabas evitando.

Podemos hundirnos y no pasa nada. Esto no es una carrera. No hace falta sonreír siempre, es más, es absolutamente necesario estar tristes y abrazar tu tristeza. Es absolutamente necesario romper platos y perderse un rato para luego encontrarse…  Es absolutamente necesario renunciar a lo que no llegas y decidir qué quieres y qué no en tu vida.  Es maravilloso soltar para dejar de cargar el peso y luego decidir si queremos cargarlo o no…

Esto es sólo un ejercicio de consciencia, de notar, se sentir, de comprender que estás y que eres, de darse cuenta para poder encontrar el camino… Y lo encontraremos seguro, solos o con ayuda, porque nos levantaremos y volveremos siempre a nosotros mismos pero al regresar seremos más sabios.

Podemos caernos y no pasa nada, lo único indispensable es no construirnos una casa en ese lodo ni creernos que pertenecemos a ese lugar porque en realidad es algo pasajero… 

A veces, yo también digo que sí cuando quiero decir que no y luego me siento incómoda, pero lo hago porque me han educado para asumir esa incomodidad a cambio de no llevar a la culpa ficticia por haber dicho que no… A veces, me rebajo porque no me acuerdo de que merezco lo mejor y trago sapos para no quedar mal y que me reprochen… Sí, lo hago… Porque como me siento culpable de no ser perfecta, a veces, siento que tengo que pagar un peaje todavía y sufrir un poco para expiar mi culpa… Lo sé, qué mal suena, pero digamos las cosas por su nombre porque así podremos aceptar que pasan, comprenderlas y empezar a soltarlas y no depender de ellas…

Yo también creo que habrá un día en el que llegará la magia a mi vida pero lo voy postergando porque todavía no me siento digna de ella… ¿Lo haces tú también?

Pues no pasa nada… Dejemos de reprochárnoslo porque ya somos conscientes y nos hemos dado cuenta y eso le da sentido a todo. Ahora que sabemos que podemos fallar y no es sólo inevitable sino saludable y necesario vamos a mirarnos a la cara con las cuentas saldadas. Y descubrir que no había cuentas que saldar sino amor que todavía no nos habíamos dado, valor que no sabíamos ver en nosotros.

Y eso tal vez haga que ya no se nos pasa por la cabeza querer ser otros y envidiar otras vidas y aprendamos a darnos espacio y tiempo para respirar. Tal vez eso haga que comprendamos que ya somos perfectos en nuestra imperfección necesaria y podamos observar nuestra angustia desde fuera para descubrir que no somos lo que ella es… Y observar nuestros pensamientos más tristes sin que nos engullan en esa espiral de dolor y sufrimiento que nos arrastra siempre pensando que no hay esperanza. Y descubrir que no somos lo que pensamos y que podemos cambiar lo que nos da la gana.

Tal vez eso haga que nos demos cuenta de que estamos cansados porque gastamos mucha energía intentando parecer y culpándonos de todo, pensando demasiado lo que debería y no disfrutando lo que es. Y no llegaríamos a casa tan agotados …

Tal vez eso nos haga recapacitar y darnos cuenta de una vez por todas que la felicidad no es un chute de nada sino coherencia pura y paz interior… La paz de saber que estamos de nuestra parte y vamos a respetarnos pase lo que pase.

Tal vez eso hará que las baldosas se ponga a bailar de nuevo en el patio de mi casa y me de cuenta de que siempre estuvieron haciendo un espectáculo pero yo no lo podía ver porque no me permitía sentir.

Siente lo que eres ahora, sea lo que sea, no pasa nada. Vive este instante aunque haga frío o sea incómodo. Todo pasa.

Dí que no quieres, que no te apetece, que no va contigo a ver qué pasa.

Y si no lo haces, no te reproches porque a veces nos ahogamos con la venda que ponemos a la herida y muchas heridas se secan al aire. 

No eres lo que eres ahora, eres más grande y muy capaz. Puedes caer, llorar, fallar, perderte, sentirte absurdo… No dejes de respetarte por ello. Esto no es más que un momento que pasa. Y mereces parar mil veces para comprender y conocer qué hay en ti, para tomar impulso o para hacer nada y hacerlo todo al mismo tiempo…

Yo también a veces me cuento historias tristes y me las creo… Y no pasa nada, porque sé que forman parte de una gran historia que seguro que acaba bien… La mejor historia jamás vivida y contada, la mía. Y tú tienes la tuya…

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