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la rebelión de las palabras


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Sufrir para nada…


No quiero mentir, no sé nada…

Escribo porque a veces es la única forma que encuentro de poner negro sobre blanco lo que me asusta tanto que necesito desmitificarlo y ponerle nombre para que se haga pequeño y accesible… Lo que me duele tanto que casi no me atrevo a comprender ni sentir.

A veces creo que he dado un paso de gigante y miro atrás para reconocer sólo la distancia de una pulga. Otras veces creo que apenas he hecho nada pero veo como el mundo que me rodea es distinto.

Me dijeron hace mil años que si me esforzaba y ponía empeño todo llegaría, pero no es cierto… O al menos no lo es en mi mundo, no sé en otros mundos… Hay cosas que no son, no pasan, no llegan a ver la luz o se rompen cuando llevan unos segundos de vida… Eso pasa cada día. La vida se empeña en ponerte una y otra vez en la casilla de salida y conviertes el hecho de llegar a tu meta en una cruzada personal que deja de tener el sentido que le dabas para perderlo del todo.

A veces, luchamos sin tregua para conseguir algo que pensamos que nos hará libres y por el camino nos esclavizamos nosotros mismos intentando conseguirlo…  

Nada que tenga que liberarnos en el futuro debería atarnos ahora, tal vez porque no hay nada que vaya a liberarnos salvo nosotros mismos.

Me contaron que si me preocupaba era una persona responsable, que estaba haciendo algo para solucionar los problemas… Que los que no se preocupan no son personas como deben y los demás les juzgan y les señalan con el dedo… Y me he preocupado por todo y no ha funcionado y cuando ha funcionado he llegado a la solución destrozada y muy agotada física y emocionalmente… Tanto que no he podido disfrutar del nada…

Sufrimos tanto… Almacenamos sufrimiento como si por ello alguien fuera a tener piedad de nosotros y nos fuera a conceder un deseo o dar un regalo. Y nunca me ha pasado, nunca he recibido nada bueno a cambio de sufrimiento, al contrario. 

Sin embargo, sí que vi recompensa en amarse y tratarse bien… El amor que te das siempre siembra cosas buenas porque justo en el momento en que te lo das ya es maravilloso y eso hace que siempre valga la pena… 

Perdemos el sentido cuando dejamos de intentarlo para vivirlo y empezamos a intentarlo para ganar, para figurar, para demostrar, para decir que lo hicimos… Yo misma me he pasado días culpándome por no ser capaz de soltar mi culpa…

Como esos viajes en los que paras cinco minutos en un lugar para hacer la foto de rigor y luego la contemplas pasado el tiempo y te sientes incapaz de recordar qué sentías porque no sentiste nada… Sólo te hiciste la foto para decirle al mundo que estuviste.

No sé dónde está el equilibrio. Dónde seguir deja de tener sentido para convertirse en una trampa, en una telaraña en la que te quedas prendido porque te empeñaste en ir más allá y no ver lo que ya habías conseguido. Y no es la meta, ni el sueño, es el ánimo y la actitud con que lo haces…

Nada de lo que hacemos sufriendo nos lleva a nada. Y si llegamos, estamos rotos y no somos capaces de apreciar la maravilla de lo que hemos conseguido.

No sé dónde está el límite.  Dónde se debe parar cuando ves que no consigues lo que deseas y eso te lleva tanta energía que no te permite notar la vida. No sé cuál es el momento en el que lo que sueñas te priva de lo que vives y lo que no tienes te hace olvidar y no apreciar lo ya está en tu vida… No sé cuándo de debe parar, tal vez cuando empieza a doler, cuando no compensa, cuando lo que te te apasiona te hace perder la pasión por ti mismo y empiezas a verte a través de los ojos del que no llega y no del que está siendo capaz de andar el camino.

La verdad es que me dijeron que si me esforzaba lo conseguiría pero nadie me contó cómo dejar de esforzarme y aceptar que no es, que no pasa, que no llega… Y hacerlo de forma que no me caiga encima una losa inmensa ni se me hipotequen otros sueños, ni acabe pensando que hay algo en mí que no funciona…

Nos deberían decir que vayamos a por todo pero que no pasa nada si no llegamos, si no lo conseguimos. Que hay momentos para llegar y otros momentos para quedarse corto, para calmarse y amar el silencio que te invade cuando descubres que va a ser que no y no pasa nada. La paz del que sabe que es merecedor de todo sin tener que demostrar nada… La calma del que es capaz de darse cuenta de que no necesita sueños para levantarse cada mañana porque se tiene a sí mismo pero sigue teniendo muchos porque los merece… La maravillosa sensación de soltar y dejar de sentir que hay algo pendiente y sentirse pleno sin tener que andar por la vida coronando cimas, ganando medallas y buscando lámparas maravillosas…

No hay nada de que avergonzarse por perder, por no llegar, por quedarse a medias, porque te rechacen y te digan que ya no te aman, porque te echen de un trabajo, por estar en una clase y que nadie te escoja para hacer un ejercicio por parejas… (esto último me pasaba siempre cuando era niña y me provocaba un gran dolor y mucho miedo). Lo único que nos aleja de seguir adelante es la culpa por pensar que no hemos dado lo mejor, por pensar que no somos suficiente o no merecemos… La culpa nos devora la nuca mientras intentamos levantarnos para volverlo a intentar y nos dice que de eso que buscamos para nosotros no hay…

Y la única forma de quitarse la culpa por no alcanzar lo soñado es decidir que pase lo que pase vamos a amarnos y respetarnos, vamos a tratarnos con cariño y no nos vamos reprochar nada. Que podremos analizar nuestros fallos o comprender que tal vez lo que queremos conseguir no tocaba ahora, que no era el momento, que nos espera algo mejor incluso… Pero siempre desde el amor, nunca desde el reproche.

Me dijeron que si trabajaba mucho lo conseguiría y no era verdad. Porque nadie me dijo que trabajara con ganas, sin destrozarme, sin exigirme tanto que me rompiera… Nadie me dijo que frenara antes de caer en el abismo de perder el control sobre mí mientras intentaba controlar lo que no depende de mí… Lo que escapa realmente de mi control y capacidad.

No sé nada, la verdad. A veces, no veo la línea hasta que no la he cruzado y veo que he vuelto a ser esclava de eso que venía a liberarme porque no me acuerdo de que lo único que puede hacer que  sea libre soy yo…

¿Cómo? dándome permiso para fallar, para no llegar, para retroceder, para desistir, para decir basta… Sin culpa, sin reproche, sin castigo autoimpuesto ni sobrecarga… 

No hace falta desistir ni resignarse, aceptar no va de eso, va de aprender a amar lo que ya es y enfocarse en lo que es prioritario… No hace falta quedarse sin sueños, sólo darse cuenta de si hacemos el camino soñado sufriendo o gozando y descubrir que sólo vale la pena si durante el intento te hace feliz…

No sé nada, la verdad, pero tengo claro, por dolorosa experiencia, que todo eso sólo conduce a más sufrimiento y nunca te lleva a ninguna cima.

Sufrir no sirve para nada, más que para hartarse de ese sufrir hasta pasar esa frontera en que es tan insoportable que sólo te queda decidir que sea lo que sea lo que te depara el futuro no puede ser peor que el sufrimiento que sientes ahora…

Sufrir ahora no alivia el mañana, al contrario, dibuja un mañana con más sufrimiento… 

Amarte ahora lo cura todo justo ahora… 

A veces, el sufrimiento, a pesar de ser inútil, te suministra el hartazgo necesario para tener la fuerza que buscas para cambiar de camino de una vez por todas…

 

GRACIAS POR LEERME E INICIAR CONMIGO ESTE CAMINO COMPLICADO PERO MARAVILLOSO… 

Gracias por compartir y llevar mis palabras hasta el otro lado del mundo… 

Si quieres continuar con este cambio, te invito a profundizar todavía más…

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Todo lo que yo digo no te sirve de nada…


Sé que quieres escuchar un mensaje de esperanza, pero no lo tengo. No puedo darte nada que te sirva porque la única persona que puede eres tú. 

Tengo que decírtelo, yo sólo soy un mensaje en el camino…

Sé que necesitas unas palabras que te recuerden lo mucho que vales y lo mucho que puedes, lo que tienes para compartir y hasta dónde puedes llegar… Pero por más que yo lo diga, si no lo crees, si no lo sientes, no sirve de nada.

Y tampoco sirve de nada que tú lo sepas y lo razones si no lo sientes, si no notas en tu pecho que la punzada de angustia cesa cuando sabes quién eres y dejas de sentir esa culpa y esa rabia alojadas en la garganta porque el mundo no responde como esperas y no te acepta como tú no te aceptas. Si tú no lo vives, no sirve de nada. Igual que no existe medalla que calme tu dolor por no sentirte merecedor de ella, ni cumbre suficientemente alta como para que pienses que has llegado muy arriba si no te sientes con fuerzas…

Sé que crees que necesitas que te diga quién eres, pero yo no lo sé, sólo tú lo sabes. Sólo tú eres capaz de vivirlo. Vas por ahí leyendo libros, haciendo cursos, cruzándote con personas que se convierten en maestros porque te muestran cosas que no tú todavía no ves, viviendo experiencias que te marcan y te hacen comprender… Y todo eso no es bueno ni malo, sólo es. Sólo sirve si a partir de ello, decides mirar de otro modo todo lo que te rodea, si decides mirarte a ti mismo de otro modo… Sólo sirve si lo integras, si decides vivirlo y actúas en consecuencia. No sirve con pensarlo sin sentirlo, no sirve sin actuar con esa coherencia y esa paz que te llega cuando descubres que eres responsable de cómo te tomas la vida y no de lo que hay a tu alrededor…

No sirve que el mundo cambie si tú no has aprendido a mirarlo de otro modo, si no te das cuenta de que no puedes controlarlo ni medirlo… No sirve de nada llegar a la meta si no lo sientes como una meta, ni lograr el sueño si no te sientes libre para vivirlo…

No sirve de nada que miles de personas te digan que eres grande si te sientes pequeño.

Ninguno de los cientos de likes que tienes en redes te va a hacer sentir realmente bien contigo mismo si no encuentras el like definitivo, que es el tuyo…

Ninguna de mis palabras sirven porque no son tuyas, si las lees o escuchas no te quedas con ellas y las cuestionas (yo no sé apenas nada) ni las mascas, hueles, sientes y notas y decides si te convienen y te hacen mirar con otros ojos o no.

Ninguno de mis libros te cambia si tú no decides que mereces ese cambio y apuestas por ti. 

Lo que encontramos por el camino son mensajes, puntos de partida, anclajes a los que agarrarse, estímulos… De nada sirven si no exploramos qué nos hacen sentir ahí dentro y nos arriesgamos a vivir aquello de lo llevamos tiempo huyendo.

De lo contrario, cuando nos acercamos a ello, a los libros, las conferencias, los maestros, las terapias, los cursos… Sólo estamos usándolos para distraernos de nosotros mismos y evitar mirar dentro, para substituir la cháchara de nuestro ego por otra cháchara que nos susurra pero no nos llega, no nos permite ahondar y soltar…

A veces, usamos el autoconocimiento para sentir que estamos haciendo algo pero no estamos haciendo nada porque seguimos buscando ahí afuera las respuestas que sólo están dentro. Y escuchamos a alguien que nos inspira (eso está genial, no digo que no) pero no es para aplicar nada de lo que dice ni cuestionárselo, sino para no tener que escucharnos a nosotros mismos…

De nada sirve que te diga que la respuesta está dentro si no está dispuesto a hurgar en ti y vivir eso que tienes pendiente y que tanto te asusta. Y diré más, si después de todo esto te culpas por ello, te reprochas por no estar haciéndolo o no haber sabido cómo, tampoco sirve de nada… Porque esto no va de ponerse a prueba sino de observarse con compasión y soltar la necesidad de ser diferente… Soltar la necesidad de que otros te salven y de que el mundo cambie de algún modo…

De nada sirve que te lo diga sino decides descubrirlo tú por ti mismo.

Lo sé, porque yo hago lo mismo. Busco la magia ahí afuera, busco respuestas pero no me escucho, ni siento mi dolor porque tengo miedo muchas veces, porque escribo libros pero a menudo no me atrevo a vivirlos, porque no sé nada y a veces…  Después de haber desterrado la palabra culpa de mi vida y decidir ejercer la responsabilidad, sigo sintiéndola muy hondo y de forma muy intensa y admitirlo me ayuda a abrazar mi vulnerabilidad y sentirme libre…

Todo lo que yo digo no sirve, no importa… Importas tú, te sirves tú y lo que sientes y decides a partir de lo que sientes.

Esto no es fácil, no se hace de la noche a la mañana, amarse es una carrera de fondo que no se gana ni se pierde, se camina paso a paso y se vive… Se nota, se observa desde la compasión y se comprende desde el corazón. No lleva a ningún sitio, es un camino de vuelta a casa, de vuelta a ti. 

GRACIAS POR LEERME E INICIAR CONMIGO ESTE CAMINO COMPLICADO PERO MARAVILLOSO… 

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Eres imprescindible en tu vida


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Vamos disfrazados. Llevamos la máscara que nos pusimos para poder soportar el dolor de no gustarnos, de no ser lo que esperábamos o lo que creemos que otros esperaban de nosotros… Nos cubrimos con ella y nos oculta del mundo, nos permite seguir andando sin ser vistos en realidad, sin ser arañados, sin sentirnos vulnerables, sin poder ser juzgados por lo que somos porque sólo mostramos lo que hacemos… Nos ponemos etiquetas inventadas para que no se vean las etiquetas verdaderas, que en el fondo, tampoco son reales porque tienen nombre de miedo, de culpa, de asco, de impaciencia…

Nuestra máscara nos cubre y parece que nos protege del mundo pero al mismo tiempo nos evita olerlo de verdad, notarlo de verdad, sentirlo con todo su esplendor, perderse en él y dejarse llevar… No notamos el dolor pero tampoco la alegría de mostrarnos tal y como somos y descubrir que no hay nada que mostrar… Sólo ser. No sentimos el frío de nuestra desnudez pero tampoco notamos el calor.

Y la vida que es tozuda y carga una ironía silvestre y maravillosa, un día nos dice “o te desnudas o lo pierdes todo, porque en realidad no tienes nada” porque nada es tuyo, es prestado, y pertenece al personaje que te inventaste para que otros no supieran de tu dolor, de tu miedo, de tus errores, de tus debilidades… Lo hiciste pensando que te ocultabas del mundo pero en realidad te ocultabas de ti mismo… Ahora “o sueltas o caes, o sueltas o desapareces, o te desnudas o quedarás oculto para siempre y no podrás salir” y dar el paso duele.

Y la vida hace que llevar la máscara sea tan insoportable que tengas que quitártela para respirar. Hace que la carga sea tan pesada que tengas que soltarla… Hace que el asco sea tan grande que vomites todo lo acumulado… Hace que el sufrimiento sea tan intenso que nada lo compense, nada.

Todos nos quitamos el disfraz algún día. Todos tenemos que tomar el control y las riendas. Todos nos tenemos que contemplar alguna vez en ese espejo interior y decidir que no pasa nada, que en realidad lo que somos es suficientemente maravilloso como para vivir con ello…

Ese día descubres que no te conoces. Que escondiste tanto tu miedo que no has podido usarlo para crecer y tomar el poder. Que no sabes cómo afrontar este momento porque no conoces tus herramientas y capacidades. Voy a contarte algo… Están ahí. Llevan ahí todo este pedazo de vida sin ti. Estaban esperando a que te dieras cuenta de que sólo te necesitas a ti y a nadie, que eres imprescindible en tu vida y al negarte no pudiste reconocerte…

Lo que eres está bajo la máscara, intacto, hermoso, virgen… Busca rendijas en ti por donde salir y contarte lo mucho que vales y que puedes, lo mucho que te necesitas, lo mucho que te has olvidado de lo que realmente eres, lo mucho que te ignoras…

Lo que eres, está esperando a que dejes de creer que eres lo que produces e incluso lo que sueñas, lo que esperas, lo que fuiste, lo que recuerdas, lo que consigues… A que dejes de esconderte e intentar satisfacer a un mundo insatisfecho porque se oculta de él mismo y espera que otros le digan qué hacer, qué sentir, qué soñar, qué buscar.

Cuando te quitas la máscara, todo toma forma. Tal vez no la forma que deseas, sino la forma en que todo es en realidad… 

Cuando te quitas la máscara dejas de buscar mirando al cielo y descubres el cielo en ti. Dejas de buscar y encuentras porque ya estaba, porque ya era… No siempre es lo que esperabas, la vida no es diseño, es una perfección extraña, a veces deliciosa y otras complicada, pero ajustada a un orden que cuesta comprender.

Si estás contigo, qué importa… Si ya sabes quién eres, qué más da. Al final, lo que evitas encontrar en ti es lo que va a serte útil para ser libre. 

Hay tanto en ti que no ves porque está oculto porque temes que no guste. Hay tanta fuerza en ti esperando a ser usada para brillar que se queda opaca porque temes que moleste, que sea juzgada, que sea criticada…

 

GRACIAS POR LEERME E INICIAR CONMIGO ESTE CAMINO COMPLICADO PERO MARAVILLOSO… 

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A mí también me tomaron el pelo…


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A mí también me dijeron que fuera fuerte y peleara por todo… Que esto era una lucha feroz y que si me esforzaba mucho conseguiría lo que soñaba…

También me contaron que debía hacer sin parar y no detenerme nunca, ni para tomar impulso… Que si dejaba de hacer y de esforzarme nunca conseguiría nada y el mundo iba a despreciarme… Que tenía que ganarme el respeto y el derecho a ser y que para ello debía demostrar cada día, sin fiestas, sin domingos, sin aliento.

Me contaron que tenía que ser buena persona y que pensar en lo que yo necesitaba era egoísmo puro… Que necesitar era de débiles y que si no te escuchas al cuerpo cuando duele, al final se cansa… Que esto iba de tragar vida y engullir lo que hay a tu paso sin permitirse dudar.

Me dijeron que si era la primera llegaría lejos… Que no había más opción que ser la mejor… Que no me diera tregua y me dedicara a trabajar al máximo… Que el ocio era un desperdicio de tiempo y que el silencio era algo terrible a evitar a toda costa…

Y pensé que si corría suficiente en dirección contraria a mis miedos, acabaría por esquivarlos, por dejar de tener que vivirlos… Que si era capaz de burlar al destino, no tendría que repetir errores aunque fuera incapaz todavía de comprender porque lo eran.

Me explicaron, entiendo que por mi bien o eso pensaba, que si no aceptaba la realidad podría construir una propia a medida… Y que si cedía y daba la razón los demás me verían como alguien vulnerable e incapaz…

Alguien me contó que podía con todo, que debía hacerlo todo y respirar sin pausa para seguir siempre, pase lo que pase…

Alguien me dijo que buscara sin parar, siempre, todas las respuestas, porque eso me daría ventaja en esta dura competición…

Alguien me pidió que acumulara sin pensar porque tenía que estar segura, que debía tenerlo todo previsto, que debía preocuparme por todo y jamás perder el control de nada.

Me enseñaron que sufrir tiene premio y te libera de culpa, que es necesario para ganarse el cielo y el pan… Que nada es nunca fácil y que todo será peor si no finges que no te importa y haces lo que hacen los demás.

Me susurraron que yo valdría lo que valen mis resultados, que yo era mis resultados. Y me grabaron a fuego que no confiara en nadie ni en nada… Ni siquiera en mí. Y eso me hizo sentir pequeña, desamparada, desvalida, incapaz, avergonzada, miserable, desheredada, culpable, rabiosa, enfadada, triste y asustada, muy asustada.

Y no era cierto nada… No lo es al menos para mí… Me engañaron como les habían engañado a ellos porque pensaron que era lo mejor…

Porque esto no va de lucha sino de pasión… De amor…  De hacer lo que sientes que debes con amor y sin arrastrarse ni sentirse obligado. de hacer lo que amas y aprender a amar lo que haces…

Va de saber qué dirección quieres tomar, pero permitirse el error y la duda. Va de ir acompañado y no de llegar el primero. Va de compartir y ser tu versión mejorada, no mejor que nadie…

Va de parar y perderse en el tiempo para encontrarse… De escucharse y contarse historias hermosas, notar qué te cuenta el cuerpo y amarlo. Va de detenerse a respirar y de despojarse de todo, de darse cuenta de que no puedes controlar nada, de que nada es y jamás será aseguro y vivir con esa deliciosa incertidumbre hasta que un día te levantas y es tu mayor certeza… Y tu preocupación se esfuma porque te has dado cuenta de que la vida tiene planes mejores que tus planes y tú puedes decidir pero tienes que ser flexible porque no sabes nada…

Y ves claro que no puedes  huir de tus miedos porque eso hace que tú seas tus miedos… Que hay que sentirlos, abrazarlos, vivirlos y comprender que estás por encima. Que hay que observarlos como pensamientos locos y darte tregua, que hay que tiritar con ellos y descubrir que no eres ellos… Que hay que dejar de necesitar cambiar la realidad para ser feliz y estar en paz, aceptarla y amarla para así empezar a transformarte…

Que eres responsable de tu vida y culpable de nada, nunca, por más que pese y duela…

Te das cuenta de que sufrir es inútil, aunque te enseña a vivir cuando ese sufrimiento es tan intenso que nada compensa nada y te permite despojarte de todo porque ninguna máscara lo hace soportable.

Y notas que llueve y no pasa nada. Y sabes que no llegarás primero y no importa porque estás bien acompañada… Por ti… Porque ahora sabes que la respuesta que buscabas es el amor que sientes por ti.. Un respeto inmenso que no surge gracias a ninguna medalla, ningún logro, ningún resultado, ningún marcador ni posesión que ahora tengas... Porque ya eres y siempre has sido, incluso antes de empezar este camino que te dijeron que era una carrera y eso te impidió irte parando a contemplarlo y sentirlo…

Y no puedes con todo, no porque no seas capaz de superarte, sino porque no hace falta que cargues con nada, que arrastres nada ni resistas ninguna embestida…

Y ahora sabes que la única forma de estar en paz y seguro es contemplarte vulnerable  y descubrir tu verdadera fuerza… Y esa fuerza solo sale de dentro cuando te permites caer y te quitas las máscara y dejas de ser el personaje y aceptas tus debilidades y fortalezas… Cuando amas tu oscuridad y besas la realidad para empezar a cambiarla desde dentro… Y cuando callas, por dentro y por fuera, cuando escuchas ese silencio maravilloso que hay en ti y permites el vacío y nada… Y entonces, dejas que algo increíble pase y algo increíble pasa.

Cuando amas esto que eres y lo que es… Y cuando confías, sobre todo en ti.

¿Y si lo que pasa es que debes dejar buscar y empezar a encontrar? ¿Y si lo que sí puedes controlar es cómo reaccionas a  lo que te pasa en la vida y no a la vida misma? ¿Y si la actitud que tienes ante todo te conduce a estar en paz?

Y ya has encontrado, estuvo ahí siempre. No lo viste porque estabas ocupado siendo esa persona que te dijeron que debías. Haciendo lo que hacen los que compiten con el mundo esperando ser mundo… Viviendo lo que viven los que no viven esperando otra vida… Sintiendo lo que sienten los se condenan a ellos mismos  a no sentir nada…

Ahora ves claro que tienes que soltar porque no puedes seguir llenando tu vida de por si acasos, de trastos viejos y recuerdos rotos, creencias rancias que te impiden vivir como mereces… Que tienes que permitirte lo que deseas y que pensar en ti porque eso no es ser egoísta sino coherente porque para dar lo mucho que hay en ti y para compartir tienes primero que darte y comprometerte contigo.

A mí también me tomaron el pelo con la mejor intención pero ha llegado el momento de dar la vuelta, de parar, de sentir, de decir no a lo que es no y sí a lo que es sí…

Es el momento de dejar de ser sumiso para que te acepten y te amen…

De dejar de hacerse el rebelde para que comprendan que no les sigues el juego…

De dejar de mirar a otro lado para no verles y fingir que les ignoras…

Es tu momento. El de ser y vivir.

Y los sueños, los sueños importan pero tú importas más. Deja de perseguirlos y siente que los mereces a ver qué pasa y si no pasa, sigue mirándote con el amor que eres, con el respeto que mereces.

Aunque ni siquiera esto que te digo es nada, porque es lo que he vivido y aprendido, pero mi camino no es tu camino.. Y tampoco sé casi nada… Todo está en tus manos.

 

GRACIAS POR LEERME E INICIAR CONMIGO ESTE CAMINO COMPLICADO PERO MARAVILLOSO… 

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Vivir lo pendiente y abrazar lo inevitable


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Somos nuestro propio infierno y nuestro propio cielo. La barca con la que navegamos y nuestra propia deriva. Somos el salvavidas y los pies de cemento. El miedo que nos hunde y nuestras ganas de conocernos que nos ayudan a flotar.

Somos nuestro propio camino y todos y cada uno de los pasos atrás que damos. No podemos decidir lo que encontramos en el camino, pero podemos decidir cómo lo miramos, cómo lo colocamos en una estantería de nuestra vida y qué hacemos con ello. Si lo rechazamos o lo aceptamos. Si decidimos que forma parte de nosotros y que tenemos algo que hacer con ello, algo que aprender o lo lanzamos al abismo…Si lo rompemos en mil pedazos o si nos rompemos nosotros en mil pedazos al sentirlo porque no nos vemos capaces de usarlo para crecer.

Somos nuestro infierno  y nuestro cielo. Somos nuestro gran miedo y la forma que tenemos de superarlo. Somos la forma que tenemos de esconderlo y vivir de él o de vivir a pesar de él…

Somos, somos, somos… Siempre acumulando de todo para no tocar, para no aceptar, para no sentir y asumir, para disimular y esperar a que pase. Pagando por ello el alto precio de no soltar. De llevar la carga y no poder respirar.

Somos y, a veces, no nos damos cuenta de que somos porque sencillamente estamos. Porque solamente sobrevivimos . Porque solamente arañamos pedazos de vida. Con la máscara puesta porque nos asusta tanto quitárnosla percibirnos como somos realmente y que nos perciban como somos por dentro… Vulnerables, desnudos, asustados… Tierra por comprender, tierra por conquistar, tierra por descubrir, tierra para amar. Tierra, una tierra enorme en la que sembrar…

Somos, somos, somos… Somos el camino al que queremos llegar y el camino del que queremos huir. Somos el destino que escogemos y le que no queremos escoger porque nos asusta reconocer que también está en nosotros. Porque no queremos escuchar que la vida pasa lista y dice nuestro nombre.

Estamos tan pendientes de lo que será, que se nos olvida el mientras tanto… Y nosotros somos el mientras tanto, la vida es el mientras tanto. La vida es amar al mientras tanto. Amar al casi, al tal vez, al puede ser, al no es aún, al no está, al no lo parece… Aceptar que sea a medias, que no sea todavía. que tenga una forma difusa, que esté en construcción…

Lo que nos define es como vivimos el mientras tanto… Cómo lo abrazamos. Cómo vivimos el sí pero no, el todavía… Cómo gestionamos el “y si no”. Cómo decidimos que nos afecte el “no sé si…”

Cuando no aceptamos el mientras tanto de todo lo que nos rodea, no aceptamos nuestro mientras tanto. No vemos que estamos a medio camino de algo y no aceptamos el camino. Ni los recodos, ni los momentos oscuros, ni los momentos tristes, ni los momentos locos… Nos asustan tanto los momentos locos y descontrolados… Nos asustan tanto los momentos alegres como los momentos tristes. Huimos de la paz porque no queremos echarla de menos, porque no queremos ser adictos a ella para cuando escasee, para no pensar que se ha ido y no volverá y que la culpa nos invada y comprima el pecho. Porque no hemos aprendido a mirar su ausencia y encontrarle sentido… Mirar al vacío y descubrir que somos nuestro gran misterio, nuestro gran secreto. Somos la llave y la cerradura…

Somos, somos, somos y nos definimos por lo que no tenemos, por lo que nos falta, por lo que deseamos y no nos acompaña…

Somos nuestro infierno y nuestro cielo. Nuestra ausencia continuada en todo aquello que nos atañe y duele para que no nos ataña y no duela. La puerta cerrada a cal y canto a eso que nos recuerda que nos equivocamos y que no nos permite comprender por qué. Las reglas de oro y las normas que nos dictamos para intentar ser mejores y obtener buenos resultados y que comprimen tanto que cuando llegamos a la cima hace rato que hemos dejado de respirar…

Somos, somos, somos siempre lo que no queremos recordar y lo que nos da miedo vivir. Y siempre llega, siempre nos alcanza, siempre nos toma por la solapa y nos cuenta el cuento que no queremos escuchar. Siempre evitando sentir ese dolor, notar ese miedo y sujetando con todas nuestras fuerzas algo para que no se caiga, para no perderlo y sentirnos vacíos y solos.

Somos eso que no nos gusta, precisamente porque lo despreciamos. Somos aquello que evitamos, precisamente porque viene a nuestro encuentro para que podamos dejar de huir.

Somos la forma maravillosa en que a veces claudicamos y preferimos vivir a ganar y bajamos la guardia y nos dejamos acariciar. A veces, el cielo está en reverso de la hoja a la que nunca le das la vuelta por si te toca asumir y corregir… Y el infierno es ese tiempo que tardas en darte cuenta de que el cielo es una decisión propia… De que eso va de salir a vivir lo que tenemos pendiente y abrazar lo inevitable. 

Acabar dando gracias por lo que es, sea lo que sea, y encontrando la comodidad en lo que antes parecía terrible, insoportable…

GRACIAS POR LEERME E INICIAR CONMIGO ESTE CAMINO COMPLICADO PERO MARAVILLOSO… 

Gracias por compartir y llevar mis palabras hasta el otro lado del mundo… 

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Amas lo que eres y eres lo que amas


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Tienes derecho a estar cansado. A estar triste. A estar asustado. Tienes derecho a eso y no querer arreglarlo hoy, ni mañana, ni pasado. A no tener que sobreponerte porque estás tan harto que necesitas pasar un par de días enfadado hasta que sepas por qué, hasta que te reencuentres contigo y descubras que no pasa nada, que no tiene el sentido que esperas porque todo esto es un poco un espectáculo… Que cuanto más esperas, menos llega y más distinto es a lo esperado… Hasta que recuerdes lo que realmente importa en la vida y veas que esto es pequeño y que pasará… O hasta que alguien te sonría sin pedirte una sonrisa a cambio ni quiera convencerte de que eso de ser feliz es obligatorio siempre o que sólo se pueda ser feliz con un chute de algo, incluso de falso optimismo o frases bonitas y vacías como te sientes tú ahora.

Si no somos capaces de sondear en la pena cuando está ahí… En el asco, el hartazgo, la desgana, en esa pereza que siempre pienso que en realidad es miedo oculto en una barriga cervecera o en un cansancio gigante… ¿Cómo vamos a dar el salto para llegar a sentirnos bien? ¿Cómo encontrar la alegría sin vivir esta tristeza acumulada clamando salir desde hace siglos mientras te fuerzas a parecer fuerte y capaz de todo?

Puedes enfadarte hoy con la vida y estar triste y ser optimista al mismo tiempo. No hay ningún dedo enorme y acusador encima de tu espalda, ni nadie va a pasar lista y pedirte que te pongas de pie incluso si te retuerces de dolor y angustia… Puedes gritar y ser una persona de paz y darte por vencido cinco minutos y ser un valiente... Lo único que cuenta es que seas coherente contigo y no te escondas de ti mismo, que sepas qué estás sintiendo y lo aceptes para ser capaz de sobreponerte a ello y observarlo desde arriba… Porque lo que tú eres en realidad está arriba y no abajo… Sólo hace falta ser consciente de quién eres y que seas capaz de disculparte los pequeños atajos que tomas cuando estás tan asqueado que necesitas respirar hondo y decir en voz alta que no puedes más. Sólo hace falta que te reconozcas el valor y capacidad de ser y aportar incluso en este momento máximo de dolor, de bajón, de angustia… Porque incluso en la derrota más inmensa ganas si eres capaz de encontrarte y reconocer tu valor… Incluso en el fracaso más rotundo tiene sentido si te permite descubrir que no eres el fracaso… Eres el ser maravilloso que mira al fracaso de frente y sabe que no es su esencia sino su circunstancia… 

Y dejar de culparte por no haber sido o llegado, por no parecer lo que crees que el mundo te pide que parezcas cuando ni siquiera sabes si va contigo o si es real o tan sólo una de tus percepciones basadas en esas creencias que tienes metidas muy dentro y que día tras día te obligan a romperte por dentro…

Y no esquivar a tu tristeza nunca más… Y no castigarse ni juzgarse severamente por estar cansado. Porque a veces es peor la culpa por tener un mal día que el día en sí…

La vida cambia cuando aceptas sus milongas y sus retos y descubres que no pasa nada, que vas a transitar por ellos sin perderte, sin dejar de creer que eres inmenso y que vas a vivirlos como si los hubieras elegido y comprado en una oferta fantástica… Que vas a sentirte en calma y cómodo contigo incluso cuando la ola te llegue a los pies y te salpique en la cara… La vida te cambia cuando vives ese dolor insoportable y descubres que no te asustaba tanto el dolor como que te vean vivirlo y sufrirlo… Que no te molesta estar en el suelo sino que te culpen por estar en el suelo y puedan decir que estás ahí porque no hiciste suficiente… La vida te cambia cuando estando en el suelo descubres que no eres el suelo y no importa nada más que lo que tú crees… Cuando no te gusta lo que pasa pero decides que lo vives porque estás por encima y a pesar de impulsar tu cambio dejas de necesitar que todo cambie para sentirte bien, porque vives en paz con lo que sea mientras sepas quién eres tú y conozcas tu valor como ser humano…

La vida te cambia cuando te das cuenta de que no eres tus circunstancias, pero eres capaz de aprender de ellas para seguir. Cuando dejas de rechazar lo que pasa y de resistirte a vivirlo como parte de este juego complicado y maravilloso que es existir… Cuando entras al trapo y dices… Aquí estoy yo y estoy de mi parte siempre, pase lo que pase, digan lo que digan… Aquí estoy yo… Sin defenderme de nada ni de nadie porque soy invencible si estoy de mi parte… Porque lo que me hace vulnerable me convierte en extremadamente fuerte… Porque vivir mi indefensión me hace poderoso y al mismo tiempo compasivo… Porque mostrar mis errores ante el mundo sin esconderme me despoja de temor… Porque evidenciar mis dudas me hace enormemente sabio… 

Yo soy esto y me encanta, piense lo que piense el mundo…  Y puedes soltar lo que no necesitas y asirte a lo que eres. Y puedes soñar sin limitarte a lo que creías porque has llenados tus verdaderas carencias.

Y en ese momento el mundo cambia o no pero ya no importa porque tú eres capaz de verlo de otro modo y entras a trapo vivir la vida desde este instante y asumes tu increíble poder…

Y amas lo que eres y eres lo que amas. 

 

GRACIAS POR LEERME E INICIAR CONMIGO ESTE CAMINO COMPLICADO PERO MARAVILLOSO… 

Gracias por compartir y llevar mis palabras hasta el otro lado del mundo… 

Si quieres continuar con este cambio, te invito a profundizar todavía más…

Manual de autoestima para mujeres guerreras

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Amor sin amor


Hace un rato me he releído. Era un post de hace tiempo que hablaba de lo que es el amor. Al menos hablaba de lo que era el amor para mí por aquel entonces. Algo que no tiene nada que ver con lo que yo siento que es el amor ahora. Me he perdido en mis palabras y he sentido la angustia de vivir el amor sin amor. Vivir el amor como algo pendiente, como algo que intentas alcanzar y siempre se escapa… Como algo que te deja vacío porque nunca llega. Como una meta a la cuál llegar después de competir o hacer que otra persona se dé cuenta de que hay algo hermoso en ti, de que vales la pena, de que entre toda la maraña de caras y voces escoja la tuya… Es imposible amar así y salir indemne. Es imposible amar con el retrovisor puesto por si te pillan siendo imperfecto y te retiran el cariño, el arrumaco, el roce… Es imposible que el amor que busca la perfección sea amor… 

Por aquel entonces, yo amaba con miedo. Cuando se ama con miedo no se ama, se quiere, se desea, se busca. El amor verdadero es el que sale de dentro. El amor que se siente y se expande. El amor que encuentra a otro ser humano y no le pide que sea de otra forma ni que se ajuste a una horma ni encaje en un molde establecido… El amor no surge de la necesidad de sentirse valorado por otro, ni de que otro ser humano te diga lo que tú no te dices… El amor no es que otro vea en ti lo que no ves. Es hacer el camino para verlo y luego compartirlo, extenderlo, vivirlo y contagiar amor…

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No hay amor suficiente en el mundo para llenar un corazón que no se ama a sí mismo. Por mil veces que te digan lo hermosa que eres no servirán de nada si eres incapaz de sentirte hermosa… Por más que te cuenten lo mucho que vales, nunca sentirás tu valor si no te atreves a hurgar en ti y sondear tus rincones más oscuros.

Nos asusta tanto ver la basura que llevamos acumulada en la mochila, las creencias absurdas, los errores acumulados, los miedos enquistados… Y sin mirar esa oscuridad es imposible ver la luz y amarse. Y vamos por la vida buscando a alguien que nos hable  con el cariño con el que nosotros no nos hablamos, que nos cuente quiénes somos, que nos diga lo que creemos que necesitamos oír… Buscamos una amor a medida que chille tan alto lo maravillosos que somos para que no podamos oír nuestra voz interior que pide a gritos que paremos para vaciar el equipaje porque ya no puede más… Buscamos a alguien que nos haga olvidar lo mucho que nos odiamos y detestamos en realidad, el miedo que nos da mirar en nuestro interior y reconocer que nos asusta estar solos y tener que enfrentarnos a nosotros mismos… Buscamos un amarre en cualquier puerto porque nos asusta demasiado seguir a mar abierto y no controlar el rumbo porque somos incapaces de llevar el timón… Porque no confiamos en nuestra capacidad, porque no conocemos nuestras fortalezas, porque no amamos nuestras debilidades ni rarezas… Eso es amor sin amor. Amor con miedo. Un sucedáneo de amor con el que arrastrarse durante cinco minutos o diez años esperando que una ola gigante te arrastre.

No hay nadie ahí afuera que nos vaya a hacer olvidar lo que tenemos pendiente de solucionar dentro de nosotros. Y si lo encontramos, será un parche que acabará recordándonos todavía más el trabajo pendiente… Cada día en su cara habrá un gesto de desaprobación directamente proporcional al desamor que sentimos por nosotros mismos al sentirnos incapaces de cerrar heridas y aprender lecciones.

Buscamos amor donde sólo podemos encontrar desesperación, necesidad, dependencia. Nos ponemos la máscara para que nos amen más y mejor y luego pedimos que nos amen como si no la lleváramos puesta, como si fuéramos auténticos.

Yo vivía el amor como un salvavidas que me evitara entrar en mí, hurgar en mí y vivir mis miedos pendientes y mi angustia acumulada… Necesitaba olvidar lo mucho que me disgustaba a mí misma, lo poco que me aceptaba… Yo vivía el amor con desesperación porque creía necesitar que otro me diera la autoestima y la confianza que yo era capaz de construir para mí… Pensaba que si alguien me amaba de verdad todo iba a solucionarse… Que debía ser perfecta y sería amada… Que el amor llegaría como consecuencia de hacer lo que debía y encontrar mi mejor versión… Pensaba que el amor el otras personas iba a salvarme de mí misma…

El amor siempre es el principio de todo lo bueno y lo hermoso que nos espera cuando lo descubres en ti… El amor es la causa. El amor es el camino. El amor es en antídoto… Pero el amor verdadero, el amor real, el amor que surge en ti para ti y que es tan intenso y gigante que te permite compartir con todos… El amor que no espera nada porque lo es todo. El amor que no necesita porque trae consigo una maravillosa paz…

Para poder amarnos tenemos que sumergirnos en nosotros mismos y ser capaces de hacer lo que hace un siglo que postergamos, mirar lo que nunca nos hemos atrevido a mirar y sentir aquello de lo que hemos estado huyendo siempre…

Sentir nuestro miedo más intenso y perdernos en él para poder observarlo y darnos cuenta de que estamos justo donde necesitábamos de verdad estar… Desnudos ante la vida, vulnerables y a pesar de todo… Maravillosos. Esa es tu grandeza, comprender que sigues siendo tú en el peor momento, vivirlo desde la paz, sentir que lo eres todo incluso cuando no te queda nada… Y en ese momento, surge el amor.

Yo también viví el amor como si fuera un bálsamo precioso que iba a cambiar mi vida… Y era cierto, es verdad, por eso pasé siglos buscándolo ahí afuera, hasta que al atreverme a soltar el equipaje y vivir el miedo y el dolor pendientes me di cuenta de que ya estaba en mí…

Y justo desde ahí, es cuando se ama a otros de verdad, sin dependencia, sin miedo, sin chantaje, sin necesidad… Sin esperar que nadie cambie por nosotros, sin esperar cambiar para nadie más allá de la transformación necesaria que queremos obrar en nosotros mismos…

No hay amor ahí afuera comparable al amor que podemos encontrar en nosotros y compartir. En realidad, no hay amor sin ese amor.

 

En mi último libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras” cuento como aprendí a amarme. Échale un vistazo aquí.