merceroura

la rebelión de las palabras


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Lo que amas…


Amas el silencio después de noches sin tregua pensando sin cesar, sin encontrar consuelo, sin dibujar una salida.

Sentarse e imaginar sin saber, sin necesitar, sin tener que tener, sin esperar a esperar.

Amar ser sin almacenar…  Encontrar sin buscar. Sentir sin pensar…

Porque a veces, hay que detenerse a notar, a construir, a imaginar.

Parar para bucearte, para sentirte, para fundirte contigo y respirar. Para saber qué pisas y a dónde te diriges, para descubrir que no hay mejor victoria que escoger una derrota de la que puedes aprender a volar…

Para conocerte tanto que puedas despojarte de todas la capas con la que vestiste tu alma para poder existir sin pedir perdón y darte cuenta de que ya no te hacen falta…

Para poder lanzar tus culpas inventadas por la borda y enderezar el rumbo del barco hacia donde sueñes, aunque el mundo no lo entinda…

Amas la paz callada que te habita cuando necesitas escucharte y bailar con tu propia música.

Amas tu música.

Amas  al desconcierto en tu alma acostumbrada a caminar, cuando para. La queja sorda de la niña testaruda que llevas dentro que te pide que te levantes y sigas… El desasosiego de tu impaciencia que queda muda y el ego asustado que busca abrigo porque nos sabe qué le espera pero ya le disgusta por si acaso.

Amas a todos tus mecanismos de defensa. Todas tus corazas y todas tus máscaras… Tu soberbia llorosa y malhumorada… Tu rabia contenida, tu ira ahogada, tu necesidad de justicia rota que se agitan y bailan desesperadas…

Amas a la institutriz sin alma que vive en ti y siempre te regaña. Porque pertenece a tu pasado y  ahora sabes que no supo hacerlo mejor…Porque gracias a su ruda dureza y su serenidad impasible añoraste el amor incondicional y supiste qué no eras…

Amas a todas las muñecas tristes que habitan en esta muñeca a veces cansada y otras rota que intenta encontrar la calma. Porque sin todos sus errores estaría perdida y sin su pena enorme y salvaje jamás habría llegado a este tramo del camino.

Amas la guerrera que fundía con la mirada y le daba vueltas a las palabras hasta convertirlas en flechas. Sin ella, jamás habría conseguido la valentía para levantarte y empezar a buscar todas las vidas posibles que te tienes reservadas.

Amas a la niña torpe de cara triste que espera en un rincón porque no juega… Sin su desesperación armada y su llanto sordo, tú ya no existirías.

Amas tu llanto.

Amas tus heridas abiertas porque sabes que el trabajo de cerrarlas te convertirá en un ser gigante.

Porque cada uno de sus pasos en falso ha esculpido tu vida… Cada uno de sus intentos fallidos ha trazado tu mapa de viaje… Porque estabas tan desolada e insatisfecha que osaste imaginar un mundo en el que ella era otra y se encontró contigo a medio camino y le dijiste que se otra eras tú.

Amas el manto incierto que cubre tus días sin techo ni suelo ni abrigo seguro.

Amas la incertidumbre.

Amas al despecho de un mundo que te trata como tú te tratas y que no te ama hasta que no te amas.

La incómoda satisfacción de saber que el futuro está en mis manos y el presente es una tarde de lluvia que hay que aprender a amar para encontrar la magia.

La gratitud de saber que todo es un regalo. La costumbre de imaginar lo peor después de siglos de pensar que mereces poco o casi nada… Y que eso te obligue a tener que cambiar tu forma de pensar y vivir…

Amas al sosiego de saber que de todo se aprende, aunque no entiendas por qué.

Amas tu ignorancia porque aviva tus ganas de conocimiento…

Amas al fuego de tus entrañas enfadadas y molestas porque el mundo no es como sueñan y a las personas a veces cuando están rotas van rompiendo a otras.

Amas a la inquietud de arriesgarte a rondar por la vida sin saber y el miedo que se aloja en tu espalda y baila en tu garganta, porque sin él no serías la mitad de lo que sueñas…

Seguir el viento sin conocer el viento… Ser el viento sin saber a dónde va, pero creyendo que te lleva a dónde necesitas estar.

Amas al dolor sentido y asumido, porque con él te fabricaste el antídoto para las penas y te convertiste en una mejor versión para soportar sus envestidas…

Amas a todas y cada una de tus imperfecciones porque te han dado el impulso para poder saltar el muro y aprender que lo bueno que hay en ti es tan grande que eclipsa tu tristeza… Y que lo que parece malo, en realidad, es la excusa para poder seguir tu camino…

Amas tus lamentos porque ya no existen, pero te dieron impulso.

Porque no hay nada insalvable cuando descubres quién eres y qué buscas…

Porque te amas y reconoces tus facciones en un marasmo de caras mustias y almas revueltas que se desesperan por bajar de esta noria que no para nunca.

Amas la noria…


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Simulacros de amor…


Estoy convencida de que vamos por el camino y que la ciencia y la espiritualidad al final se darán la mano… Encajarán forzosamente en un universo que se ha descubierto inmaterial y compuesto por energía y vibración…Que encontrarán la combinación perfecta para que entendamos que necesitamos paliar efectos, pero que lo realmente importante es ir a las causas y entender a las personas.

Somos nuestras emociones y todo lo que ellas nos ayudan a aprender de nosotros. Somos nuestros sueños y la transformación que obran en nosotros para poder alcanzarlos… Somos el camino que siguen nuestros miedos con sus pies diminutos sobre nuestra espalda, nuestra piel cansada y nuestro cuerpo agitado por no ser lo que este mundo perdido nos ha educado para creer que debemos…

El cuerpo es el mapa del alma. Todo lo que no resolvemos se queda prendido en nosotros. Se nos enquista en la conciencia suplicando salir, pero a veces, se lo negamos y sofocamos el dolor mirando hacia otro lado… Acumulamos la rabia hasta que nos estalla dentro… Acumulamos el miedo a estar solos hasta que no podemos respirar porque nos falta el amor como nos falta el aire… Acumulamos y lo acumulado se acostumbra a vivir en nosotros y vuelve loco bajo la piel y se construye refugios y cabañas para no tener que salir a la luz y arriesgar.

Nos hemos desconectado tanto de nuestro cuerpo, olvidando que somos un todo, que cuando nos envía mensajes no los percibimos… Aunque lo hace cada día.

No nos enseñan a amarnos y no sabemos el valor que tenemos.  

Nos escondemos hasta desaparecer y sentir que no contamos para nada… No nos conocemos. Estamos invadidos por un montón de creencias heredadas que rigen nuestra vida y jamás hemos comprobado que sean verdaderas.

Cuando nacemos, nos enfundan en un traje pequeño para que no crezcamos demasiado y sigamos atados a nuestros miedos… No lo hacen porque nos quieran mal, lo hacen porque creen que si crecemos nuestra osadía irritará al mundo y alguna divinidad ambulante nos aplastará con su dedo meñique. Lo hacen porque a su vez alguien se lo hizo a ellos y a ese alguien se lo hizo otro en una cadena sin fin que se remonta en los tiempos, cuando la humanidad tuvo tanto miedo que decidió no vivir feliz para no molestar… Y nosotros cumplimos con esta limitación sin rechistar ni levantar la voz, porque nuestra voz también es pequeña y nos asusta escucharla.

Nos envuelven en un manto de compasión rígida y nos dan una lista de “deberías” inasumible para mantenernos entretenidos y que no nos demos cuenta de que hay otras realidades por explorar… Lo hacen porque temen que seamos aventureros y soñemos otras vidas que seguro que no nos saldrán bien.

Nos dan una mochila muy pesada para llevar. Llena de culpa, de sufrimiento pasado, presente y futuro y de normas gastadas que cumplir… Nos dicen que no vale la pena intentar ni llevar la contraria y hacemos caso.

Y al empezar el camino, nos sentimos ya agotados. Sujetos a una necesidad de perfección extenuante, asfixiante, agotadora.

Nos asusta encontrarnos la cola y mirarnos a la cara. Estamos convencidos que no daremos la talla y no nos hemos dado cuenta de que intentarlo es comparar la luna con un garbanzo, intentar meter el mar en un vaso o pretender tocar el horizonte. Somos demasiado grandes para encajar en nada y al intentarlo, cruelmente, nos mutilamos para poder adaptarnos a un molde que nos limita y priva de libertad… Nos duelen las piernas porque no corren hacia donde soñamos… Nos duele todo el cuerpo porque está encajado, sometido, recortado, embutido en un rincón que le queda diminuto y del que no nos atrevemos a salir porque dejaríamos de pasar desapercibidos. Nos podamos las ganas, las alegrías, las extravagancias… Nos decimos tantas veces que no que al final, esos pensamientos nuevos y llenos de ilusiones se pierden antes de llegar y ya nunca sabemos lo que realmente deseamos.

Desconocemos nuestra sombra y eso impide que encontremos nuestra luz.

No nos aguantamos la mirada por si descubrimos todo el trabajo pendiente que tenemos con nosotros mismos para crecer y evolucionar.

Nos hacemos tanto daño… Nos sembramos de dolor para castigarnos por no llegar a metas que ni siquiera son nuestras. No hablo de un dolor sólo emocional, hablo de la punzada en el pecho, la presión en el costado que te borra la sonrisa o el aguijonazo en la espalda que te dobla… Hablo de un cuerpo que nos habla para decirnos que nos estamos privando de vida, que no nos mimamos como merecemos, que nos callamos demasiado, que nos rompemos el corazón… Un cuerpo que te dice cada día cómo están tu conciencia, cómo vive tu alma, cómo te tratas a ti mismo…

No es un castigo, es una oportunidad para cambiarlo. Es la consecuencia directa de tu sinvivir, de tu postergar la vida, de tu silencio no deseado, de tu ira contenida, de tu rabia desparramada… Las locuras que no haces habitan en ti, soñando volar. Los deseos que no cumples se esculpen en tu cara surcando caminos, en las articulaciones de tus manos, en los nudos de tu espalda… Los besos que no das se convierten en espinas clavadas en la garganta y el pecho, dardos en el vientre, púas en la cabeza…

A veces, te notas demasiado y otras no estás.

Confundimos el síntoma con la causa y creemos que somos nuestros dolores y enfermedades cuando el realidad somos la respuesta…

Nos recortamos  y empequeñecemos ante un mundo loco que busca llenar vacíos interiores con parches que nunca tapan las heridas porque lo único que las puede sellar está en nosotros…

Siempre buscamos pareja de baile, cuando en realidad, este baile es en solitario.

Buscamos soluciones fuera cuando tenemos  dentro la llave que abre todas las puertas cerradas que llevan a la felicidad.

Nos castigamos por no ser algo que nunca seremos, porque en realidad somos algo mejor… Hemos cedido el poder a cambio de sucedáneos  de felicidad. Hemos regalado conciencia a cambio de simulacros de amor  que mueren antes de empezar porque el único amor que puede sofocar nuestro dolor es el propio.

No sabemos quiénes somos porque no nos educaron para reconocernos y así nunca podremos curarnos y descubrir nuestros valor…

Aunque todo tiene un reverso. Si podemos castigarnos, podemos perdonarnos a nosotros y al mundo por no ser, por no llegar a cimas artificiales pensadas por otros que tampoco conocen las suyas.

Si podemos acumular, podemos soltar y comprender qué sentimos y decidir quiénes somos cuando estemos libres de corazas y chantajes.

Si podemos hacernos tanto daño es porque también podemos hacernos mucho bien.

Es porque tenemos el poder.

Para abandonar esta lucha contra todo y dejar de batallar con nosotros mismos por conseguir un ideal que en realidad no soñamos.

Todos somos enfermos crónicos de miedo…

A no encajar y aparentar.

A no tener.

A estar solos y no ser valorados.

A no ser amados…

Todos tenemos el poder de darle la vuelta ahora y dejar de buscar en el mundo lo que queremos encontrar y empezar a ser lo que le falta.

Todos podemos cambiar de pensamientos y por tanto cambiar de emociones, aunque cueste… Podemos ordenar a nuestra mente que en lugar de quedarse atrapada pensando en sobrevivir, acepte, se adapte y decida empezar a construir sueños. Cuando cambiamos de pensamientos, cambiamos de vida… Nuestro cerebro es pura plasticidad,  se adapta con nosotros, muta para que lleguemos a nuestras metas, estamos preparados para ser elásticos y transformarnos. Tan sólo necesitamos creer y sentir que podemos.

La solución ha estado ahí siempre, esperando a que abramos la puerta que lleva a nosotros mismos y dejemos entrar la luz de sol… Que saquemos de paseo los “no puedo”, los “no sé”, los “no sirvo” y los “nadie me quiere”…. Para que nos demos cuenta de una vez que la magia no va de fuera a dentro, sino de dentro a fuera…

Y empecemos a irradiar lo que somos.

Y que empecemos a vibrar con lo que nos hace soñar.

Dejemos de fingir y saquémonos las máscaras. Detrás de todo dolor hay algo que no sabemos, algo que aún no entendemos, algo que no queremos ver y que nos lleva a darnos cuenta de que todavía no nos amamos.

Llevamos dentro el antídoto pero ignoramos nuestro poder…

La cura que buscamos se llama amor y empieza por nosotros mismos. Se llama mirarte y aceptar lo que ves y lo que sientes. Amar tus fibras y abrazar su belleza y su oscuridad… Se llama autoestima y confianza… Hasta que eso no llega, todo lo demás son simulacros.

Este artículo recoge algunas de las ideas de la ponencia inaugural que tuve el honor de dar en la IV Conferencia Nacional del Paciente Activo dentro de la IX Congreso Nacional de Atención Sanitaria al Paciente Crónico que tuvo lugar en Oviedo del 2 al 4 de marzoUn Congreso que se lleva a cabo gracias al trabajo diario de grandes personas y el apoyo de las instituciones que se han creído eso de que se debe tratar a las personas y no a las enfermedades. Una iniciativa valiente que refleja los cambios que se están llevando a cabo en el mundo sanitario gracias a profesionales y pacientes. Gracias eternas por hacerme partícipe de algo tan grande y maravilloso…


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Es inevitable


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Lánzate ya, ahora es el momento, pero no lo hagas sólo para triunfar, hazlo para ser feliz… Sea lo que sea, hazlo porque te transforma.

Porque te llena y llena a otros. Porque si no lo haces, tus estanterías interiores siempre están vacías y tus ojos no brillan.

No lo hagas sólo por ambición por ser y demostrar sino por amor a lo que realmente eres, por ganas, por querer compartir lo que sueñas y quieres para ti. Porque quieres aportar al mundo algo que crees que lo mejora.

Hazlo porque no imaginas vivir de otro modo, porque ya no puedes vivir desde otra actitud.

Hazlo porque buscas sentirte bien con la vida que vives, porque quieres amar lo que haces y sabes que puede ayudar en este camino.

Hazlo para compartir lo que eres.

Porque vibras cuando lo imaginas, cuando te pones la película de tus sueños pendientes y los notas tanto que se te agolpan las lágrimas en las mejillas de felicidad… Porque los tocas, porque los sientes. Porque la locura es no intentarlo y desistir.

Hazlo porque notas que pasará, que es inevitable que tu vida sea maravillosa si actúas siendo tú, ese tú de verdad…

Hazlo por la persona en quién te convertirás si lo consigues, no por el logro en sí y el mérito, sino por la transformación que tendrá lugar en tu interior.

Y a lo mejor te encuentras haciendo lo mismo que antes, con las mismas ganas, pero con otra actitud, con otra forma de mirar lo que te rodea y sin esa obsesión por el resultado… Prescinde del resultado y goza de la experiencia…

No lo hagas por el éxito y tendrás éxito.

Hazlo por ser coherente contigo y con tu forma de ver el mundo… Porque tus sueños te ponen las pilas y tus metas te hacen volar…

No lo hagas por tener, hazlo por ser. Conviértete en esa persona que no necesita demostrar nada porque sabe que es.

No lo hagas por lo que tendrás sino por el sentido que le dará a tu vida.

Ama la incertidumbre de no saber cómo ni cuándo, pero teniendo clarísimo el qué y el para qué.

Abraza la paciencia y deja de preocuparte por qué dirán. Nadie vivirá por ti la vida insulsa que te espera si no lo haces.

El mundo está lleno de ilusiones rotas que toparon con miradas inquisitivas y no supieron pasar de largo… La única mirada que cuenta es la tuya.

No te desesperes, no busques atajos, no bombardees al mundo con incoherencia… No actúes sin notar, sin sentir… No te dejes llevar por esa parte de ti que no confía y no sabe esperar mientras planifica, no te maltrates pensando que no saldrá bien… Sigue trabajando en ti y en tu sueño, sigue sembrando, sigue cuidando de lo que siembras, sigue aprendiendo, sigue sumando, sigue aportando…

Lo que importa es cómo te sientes contigo y cómo te llamas cuando te buscas, qué nombres encuentras para susurrarte, qué momentos llenan tu vida… Que encuentres tu equilibrio, que sepas que estás en ese lugar desde el cual se construye, se crea, se sigue caminando motivado y apasionado por lo que amas.

Vive la belleza del momento en que notas que lo que haces es lo que eres. Que estás en tu camino y ocupas tu lugar en el mundo.

Hazlo perfecto sin buscar la perfección, sino soñando la excelencia… Si sufrir por no llegar sino con la ilusión del que sabe que llega y del que no tiene que preocuparse por la nota final.

Hazlo con ganas sin tener que esforzarte porque te gusta tanto que te sale solo…

Porque lo amas tanto que lo harías gratis, pero es tan maravilloso que mereces recibir lo mejor a cambio.

Hazlo porque asumes que es tu misión, pero sabes que puedes elegir.

Por responsabilidad con tu vida, con las personas que te rodean, por los sueños que te zarandean y consiguen que hagas imposibles…

Hazlo porque no eres capaz de resignarte a no ser tu mejor versión y ceder al miedo.

Porque te sale el talento por los poros y no puedes más que ponerlo a circular y trabajar para que crezca y pueda ser compartido.

Descúbrete , asúmete, nótate… Hazlo porque ya no hay vuelta atrás. Porque llegado a este punto, te das cuenta de que ya puedes fingir que no ves o que no sabes, que no sientes. Porque ya estás comprometido contigo y con esa forma nueva de ver lo que te rodea.

Y si te dejas llevar por la pasión y te dedicas a hacer lo que realmente amas es inevitable que vayas a triunfar.

Planifica desde el corazón, sintiendo cada paso. No te fuerces pero no te pares…

Es inevitable que funcione porque todas tus fibras están en sintonía.

Es inevitable que salga bien porque confías en ti…

Es inevitable que tengas éxito porque ahora sabes quién eres de verdad y has sellado tu compromiso.


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Bailando con la incertidumbre


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Si hay algo que me fascina de la incertidumbre es que cuando llevas un tiempo bailando con ella, acabas llevando tú el paso…

Me he dado cuenta de que todos estamos sujetos a ella, todos. Los que imaginan que tienen un trabajo seguro y los que desde hace tiempo han asumido que este escenario se tambalea y quieren decidir por sí mismos.

Nadie se salva de caer en sus brazos. Algunos la ven venir con paso firme y abren los ojos para aceptar, otros se encuentran un día por sorpresa durmiendo con ella y descubren que no pueden dormir.

Cada uno tiene su proceso y no se pueden quemar etapas pero después de marcarme un tango y caer en la pista de baile rendida y agotada, tengo claro que la única forma de vencerla es abrazarla.

De nada sirve prevenir, alejarse de ella, esquivarla… La incertidumbre es el pan de los valientes y la cruz de los eternamente asustados. Si la temes, vendrá a por ti con más fuerza porque en la vida siempre llega a ti todo lo que necesitas superar. Cuando antes la aceptas y asumes, antes te das cuenta de que es un regalo, una oportunidad…

Dice Deepak Chopra que la incertidumbre es el suelo fértil de la creatividad pura, la libertad y la evolución. Y eso es lo que viene a que entendamos… Es ese espacio de pánico absoluto en el que tú decides si bailas o si te quedas en el rincón… Si te reinventas y encuentras en ti a ese bailarín incansable que será capaz de seguir adelante pase que pase o si tiras la toalla y juegas a repetir eso de “todo me pasa a mí”.

La incertidumbre es un universo interior fuera del espacio y del tiempo donde puedes conversar contigo y decirte las verdades a la cara, por crudas que sean… Es ese lugar donde saldas cuentas con tu pasado y haces borrón y cuenta nueva, donde te perdonas y asumes y descubres que tienes que dejar de recortarte a ti mismo.

La incertidumbre te descubre que tienes alas. Unas alas atrofiadas y pegadas a la espalda, sin abrir, sin usar, pendientes siempre del qué dirán, del yo no sé, no puedo, no llego, no sirvo… Si la dejas actuar, te arrancará la piel a tiras para que te renueves y salgas a la luz… Te hará levantar y borrará todas las sillas y sofás de tu mundo para que no puedas volver a sentarte… Te dejará durante un tiempo sin amigos, sin referentes ni barandillas donde apoyarte para que descubras que no necesitas nada más que tus ganas para salir adelante…

La incertidumbre sólo quiere que bailes. Ha venido para quedarse a tu vida y está dispuesta a ser una gran maestra y aliada si eres capaz de de deslizarte con ella y explorar más allá del decorado que consideras hasta hoy que es tu vida…

Es el momento de inventar, de imaginar, de dejarse llevar, de creer en ti y confiar en tus locuras más osadas. La incertidumbre es el estímulo que los osados utilizan para convertirse en genios… El pegamento que une esas piezas que hasta hoy en tu vida eran inconexas y ahora descubres que juntas llevan un mensaje y abren una puerta que debes cruzar sí o sí.

La incertidumbre abre ventanas que no existían y dibuja caminos en lugares imposibles. Le gusta reírse de tus dogmas y creencias más arraigadas y estrechas para demostrarte que casi no te conoces… Le gusta demostrar que lo imposible es sólo algo que aún no has imaginado en tu cabeza… Le gusta devorar tus refugios y seguros para que te des cuenta de que no puedes escapar de ella y que cuánto más lo intentes más destinado estás a caer en sus brazos… Te hace replantearte quién eres, qué buscas, qué sueñas, qué necesitas… Hace que hurgues en tu entrañas y encuentres historias desconocidas y jamás contadas, hace que salga a flote una parte de ti que ignorabas que existía y tome el mando de tu vida…

La incertidumbre hace que dejes de mirar hacia fuera para que mires dentro de ti y conozcas cómo eres realmente.

Te mira a los ojos y te sondea todas las excusas. Se ríe de tus miedos y te invita a buscarlos, a explorarlos… Juega al escondite para que sepas que está en todas partes… Y está despierta las veinticuatro horas para que te quede claro que no va haber descanso hasta que no asumas que te acompañará el resto de tu vida.

Si la repeles, es una amante terrible y descarnada. Si la amas y te aventuras a descubrirla y afrontarla, es la gran aliada que te llevará a las cumbres de las montañas más altas que jamás creíste poder llegar a subir.

No hay cima que la incertidumbre no te lleve a explorar ni meta que no puedas conseguir con ella de aliada.

Todos los que tienen éxito se pasean con ella del brazo cada día y han llegado a echarla de menos cuando de tanto usarla para crecer y evolucionar se queda sentada un rato, alerta, mirando cómo su gran obra florece…

Quién aún no ha visto sus fauces chillonas es que no ha querido darse cuenta de que llega para quedarse… Y mientras no la asumas, se meterá en tu cama cada noche y te susurrará al oído cien, mil veces… ¿Bailas? Y no podrás dormir…

Hazme caso, di que sí, y abre la puerta a un mundo increíble donde nada es imposible.

Me recordaba ayer Maite Finch que “el objetivo no es eliminar la incertidumbre, ni dejar de estar insegura, ni dejar de estar asustada… todo esto lo necesitamos muchísimo, solo que en el grado adecuado” ¡Cuánta razón, Maite!


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La respuesta eres tú


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Soltar… ¡Qué difícil!

Es como si hubiéramos nacido para acumular y retener. Y lo hacemos con todo, con lo bueno, hasta que pierde el sentido… Con lo que parece malo, porque nos gusta sentir ese dolor que nos recuerda quiénes somos… Como si la punzada nos hiciera sentir vivos…

Y es que a veces, nos hemos identificado tanto con nuestras penas que somos nuestras penas. Y cuando alguien nos pregunta quiénes somos, nos limitamos a detallar una lista de agravios terribles que hemos tenido que soportar en la vida, como si fuera nuestro currículum, como si aquello fueran nuestras señas de identidad y nuestras credenciales…

No soltamos el dolor porque creemos que somos nuestro dolor. Y sentimos que si dejamos de mirarnos en el fondo de nuestras tragedias, no seremos nada… Nos hemos acostumbrado tanto a nuestra rabia, nuestro resentimiento contenido… Que pensamos que es nuestro carácter, nuestra personalidad. Y si dejamos ir esa actitud, no seremos nadie…

El dolor construido día a día forma a veces parte de nuestra esencia y tememos perdernos si dejamos que marche… Porque mientras te dolía lo que otros decían de ti construiste una coraza que te ha permitido ser quién eres…  Porque al sentirte minúsculo te pusiste a crecer para demostrar que eras grande… Porque la ira sin desatar te permitió construir un futuro mejor a base de superarte…

¿Qué me queda sin la energía que me dio mi dolor?

¿Qué tengo sin la fuerza que desencadenó en mi ese miedo, esa rabia, esa humillación?

La respuesta es fácil… Tú.

No eres tu dolor, eres lo que has construido con él.  Ahora ya no lo necesitas, ya no te sirve para seguir porque ya no eres esa persona triste y necesitada de mostrar al mundo que vale la pena… En realidad, no lo fuiste nunca, nunca, pero no lo podías ver…

Hiciste lo correcto pero con fines equivocados. Usaste la adversidad para crear algo hermoso, algo bueno para ti… Pero el objetivo no debía ser demostrarle nada al mundo sino crecer y confiar en ti. Pensabas que si te querían y aceptaban, te amarías tú y ahora ves que en realidad era al revés…

No importa ahora. Cada uno hace lo que puede con lo que está a su alcance.

Y ahora que sabes que puedes, debes soltar… Deja las muletas y camina solo. No necesitas apoyarte en nada ni nadie porque has descubierto la verdad, el poder es tuyo.

No vuelvas a cederlo ni arrendarlo. A nada, a nadie, ni a una versión de ti cómoda y cobarde…

No necesitas ese dolor porque lo has transformado.

Aspiras al máximo. No tienes límite…

Deja de preocuparte. No importa qué camino tomes porque sabes que llegado el momento, sabrás rectificar o aprovechar lo que encuentres en él.

No importa si te equivocas porque convertirás ese error en palanca.

No importa si tienes miedo, porque sabes que aprenderás de él y lo superarás.

Tal vez aún no te has dado cuenta, pero manejas algo muy valioso entre manos, tú.

Ahora que has despertado y te has quitado la venda de los ojos que sólo te dejaba ver cuando brillaba el sol, ya sabes que lo único que necesitas está dentro de ti.

No esperes nada.

No busques nada.

Arráncate la culpa de las entrañas porque está ocupando el espacio del amor…

Arranca las raíces que te han salido en la conciencia y que te atan a un pasado que no eres tú…

Llevas el equipo de asalto a la vida incorporado.

Lo que necesitas llegará.

Tan sólo suelta lastre y siente.

Deja que pase.

No eres al animal herido, eres la hermosa bestia que sobrevivió…

No eres el niño abandonado , eres el niño que aprendió a quererse.

No eres la que lloró durante mil años, eres la que ahora sonríe.

No habites una persona que ya no eres. Vuelve a ti, a ti de verdad.

Suelta esa parte de ti que a veces tiene ganas de agarrarse al miedo y quedarse quieta.

Suelta todo  lo que te tiente a aferrarte y depender.

No necesitas salvavidas porque vuelas. No necesitas nada más, te tienes a ti.

Corre el riesgo de ser tú y verás que siempre compensa…

Deja de preguntar… La respuesta es siempre la misma… La respuesta eres tú.


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Peleando con la vida


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¡Qué complicado no dejarse llevar por la ira!

Dice mi admirado Leocadio Martín que la ira y la rabia son útiles si somos capaces de transformarlas en energía y actuar. Hacer algo con esa sensación de quemazón que se nos instala dentro y crear, usarla para construir en lugar de destruir, para evolucionar… Y no hablo sólo de explorar el por qué de sentirse así y de entender qué suscita en nosotros esa emoción y qué podemos aprender de ella… No es sólo eso sino también verlas como una oportunidad de energía extra para sacar fuerzas y hacer con ellas algo hermoso.

Gestionar nuestras emociones es desaprender. Descubrir lo que realmente eres cuando no dejas de ser tú porque lo que sientes se desborda. Sacarte de encima las limitaciones y dejarte fluir. Nuestras emociones son oportunidades para conocernos, para sentir quiénes somos y decidir sobre nuestra vida. Son utilidad pura. Nos dicen si vamos por buen camino, si lo que hacemos nos hace felices… Si nos traicionamos o nos somos fieles… Lo importante es entenderlas y saber qué quieren decirnos. Y usarlas para tomar decisiones porque llevan mensajes ocultos que nos guían para saber por dónde caminar. Y esos mensajes nunca se descubren a golpes, ni en pleno frenesí, sino cómo resultado de macerar lo que sentimos y escucharnos a nosotros mismos…

Leocadio habla de la ira y de la rabia. Cuántas veces, después de un ataque de rabia, no hemos tomado una determinación importante o hemos tenido la fuerza necesaria que te da “esa intensa sensación de dignidad súbita” para decir que no, que no tragamos más, que ya basta de bajar la cabeza…

Sin embargo, conseguir eso desde la armonía y no poner en riesgo la paz interior es complicado. Al menos, para mí y mucho… Ser capaz de tomar esa rabia ante lo que consideramos injusto y transformarla requiere sabiduría. Necesita de conocerse y aceptar que eso es una de tus debilidades  y que, previo este paso, puede convertirse en una fortaleza.

No se puede decidir ni contestar ante un ataque de rabia. Hay que respirar y responder desde la calma. Y eso, requiere entrenarse. A veces,  se puede contestar en diez segundos, cuando ya eres un alumno avanzado en ti mismo y has aprendido que no hay nada que otro haga que pueda perturbarte porque no le puedes dar ese poder sobre ti… Suena genial ¿verdad? Pero no se consigue en dos días… Hay un camino de aprendizaje hasta contestar desde la serenidad, la comprensión del estado del otro y del propio y tomárselo con sentido del humor… Y luego responder con actos, no encaminados a demostrar nada a esa persona sino a crecer. Entender que esa rabia nos dice algo de nosotros y nos indica una dirección en la cual trabajar… Un camino hacia uno de nuestros miedos y obstáculos a superar. Esta es la oportunidad de ir hacia ellos con una dosis extra de energía, motivación y vitalidad proveniente de esa ira que nos circula por las venas y que es necesario soltar para que no nos acaba destruyendo y haciendo arder…

Nunca he sido de morderme la lengua y considero que hacerlo es terrible. Siempre he pensado que las cosas deben poder decirse  con respeto y serenidad, aunque no lo he conseguido demasiadas veces, lo reconozco. Al final, o lo sueltas con calma o te callas. Lo de callarse creo que sólo se puede hacer desde  la sabiduría, desde un estado de conciencia enorme que hace que lo que te hagan o digan no te afecte, porque gestionas tan bien tus emociones que no necesitas responder a los estímulos exteriores porque lo que realmente te mueve está dentro de ti… Callar sí, tragar no. Si uno traga, debe asegurarse de que lo va a digerir y sabrá expulsar lo que sobra… Esa rabia contenida, ese sufrimiento, ese resentimiento, esa culpa que nos bucean en las entrañas y se hacen nidos dentro, esperando a que bajemos la guardia para que nos sintamos mal física y anímicamente… Y no para fastidiarnos sino para mostrarnos que acumularlos dentro no es bueno para nosotros…

Comunicarse con los demás y con uno mismo de forma adecuada es vital para conocerse.

¿Cómo se suelta la ira? ¿cómo se toma esa energía pura y se convierte en un libro, en un cuadro, en una receta de cocina, en una carrera hasta la meta o en cualquier acto que te libere y sea capaz de mejorar la vida a otras personas?

Y lo más complicado… Ser asertivo. Defender lo que eres y lo que quieres en tu vida sin bajar la cabeza ni dejarte llevar por la adrenalina. ¿Cómo se evita la tentación de no contestar al otro con la misma moneda? Lo digo porque las personas que están siempre a la defensiva, alerta y dispuestas al ataque para protegerse (la que os escribe es y ha sido una de ellas, hace tiempo que trabaja para dejarlo a un lado pero sin perder esa energía) se convierten en pequeños genios de la respuesta rápida y elocuente… Algo que no soportan las personas que se dejan llevar por la ira es ser víctimas de nada ni de nadie, porque la injusticia nos revela, pero a menudo, no nos damos cuenta de que cuando somos incapaces de gestionarla y mirar la situación desde fuera y con distancia, justamente lo que hacemos es prolongar ese estado de victimismo y no ser responsables de nuestra vida porque no tomamos las riendas…

Cuando nos pasamos el día con el “mira qué me han hecho” desviamos la vista de lo que importa “qué quiero hacer yo y qué provecho le saco para crecer”. Como cuando nos señalan la luna y nos fijamos en el dedo… Miramos al mundo con rabia porque lo vemos imperfecto y tremendamente injusto… Nos limitamos a responder con gracia y sorna… Lo hacen tanto y tan bien de practicar que al final les da pena perder esa capacidad adquirida de responder y soltar la rabia y quedarse tranquilo… Al menos en apariciencia, porque eso no te deja tranquilo. Te deja soltar por un rato, pero no sirve de nada. Te permite ganar la batalla pero no ganar la sabiduría. Lo sé por experiencia. Porque al hacer eso, no exploras tu responsabilidad en la situación, no entiendes qué dice esa ira de ti y qué aprendizaje conlleva. Zanjas el tema con un parche, te regodeas en ti mismo y te envuelves en tu rabia, te alimentas de ella y puesto que no la aceptas ni intentas comprenderla, se queda en ti y navega por tus venas. No consigues que te aporte nada y no le das la vuelta…

Cuando entiendes qué dice de ti y qué te ha llevado a esa situación, cuando ves la oportunidad que supone, eres capaz de soltarla… Hay mil formas. Nadando, bailando, corriendo, respirando hondo y sabiendo que lo haces por ti… Y luego, tomar ese subidón y hacer algo nuevo… Construir algo con ella. Vencer uno de tus miedos y dar el primer paso en uno de tus caminos pendientes…

Ya que la llevamos dentro y hay que soltarla, hacer que esa rabia salga de nosotros de forma constructiva y hermosa. Conseguir que antes de que nos devore, la podamos utilizar nosotros para comernos el mundo y evolucionar.

Y al pensarlo, al analizar qué ha pasado, tal vez ya no te ves como una víctima de nada ni de nadie, aguantando y tragando, sino como una persona capaz y responsable de su vida que supo transformar lo adverso en propicio, lo que parecía un obstáculo en un trampolín…

Y esa es una forma maravillosa de recoger nuestra rebeldía e inconformismo y usarlos para evolucionar. Dejar de intentar cambiar al mundo porque nos parece injusto e imperfecto y cambiar nosotros, para aceptar y ser capaces de entenderlo y amarlo tal como es…

Seguro que con nuestro gesto, ese mundo ya cambia un poco.

Para aceptarnos a nosotros cómo somos y usar nuestras debilidades para ser más flexibles y estar en paz.

Sin tener que callar.

Sin tragar nada.

Sin resignarse.

Sin perder la ilusión.

No podemos pasarnos la vida peleando con los demás…

No podemos pasarnos la vida en pie de guerra y enfadados con el mundo.

Eso creo, porque no sé nada… Estoy en ello, cada día, intentando aprender y cambiar sin guerrear y aceptar sin resignarme.

Por cierto, recomiendo leer a diario el blog de Leocadio Martín. Yo aprendo cada día más de sus conocimientos…


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Hoy te toca a ti


chica-luz

Ya lo sé, estás cansado… Es complicado seguir el ritmo de una vida que a veces parece que se rompe… A veces, incluso parece que sólo se rompe para ti, pero no es cierto. Hay millones de vidas rotas y echas pedazos que se recomponen cada día… Millones de alas rotas que vuelven a volar… Millones de árboles con ramas desnudas que vuelven a brotar…

A veces la vida te deja desnudo y la soledad más rotunda te golpea el estómago. Y no entiendes por qué y no sabes cómo. Intuyes que todo tiene un sentido y una enseñanza, pero te duele demasiado para pensar en ello…

Para los que llevan la noche dentro es más complicado encontrar un atisbo de luz… Aunque al final, creo, esa noche está ahí para que busquemos la luz con más ganas… Como si nos hubieran subido el listón de repente para que no nos durmamos a la hora de saltar…

He pensado mucho y mal, a veces… He dado vueltas en mi conciencia a los obstáculos y a las noches que llevamos metidas dentro que no nos dejan brillar y ver por dónde vamos.  Me he perdido mil veces en esas noches, en mil noches distintas, pero con el mismo perfume y angustia… Las he habitado hasta sentirme tan pequeña que nunca creí tener fuerza para abrir la puerta y salir a encontrar la respuesta. Y al final, considero que la noche se mete en ti porque la necesitas, porque necesitamos oscuridad para ansiar la luz y pisar la cuerda floja para amar la tierra firme… Y al mismo tiempo, acabar amando la noche por lo mucho que nos ha sido útil para encontrar nuestra propia belleza.

Creo que el antídoto es esa belleza. Encontrarla y sentirla, vivirla,  pero no en la luz sino en la noche. En el momento de más angustia, en el instante en que más se nos retuerce el rostro y menos nos reconocemos las facciones…

Vivir es confiar en encontrar la luz en el momento de más oscuridad.

Ver tu belleza cuando más harapos te visten.

Amar cuando menos amor recibes.

Ser justo cuando más injusto es contigo el mundo.

Vivir es creer en nosotros  cuando nadie cree. Cuando más desesperados estamos y menos nos responde el cuerpo y las personas con las que contamos para seguir están más ocupadas mirando a otro lado…

Eso te hace sentir que estás solo, pero no es cierto. Lo que pasa es que hay cosas que sólo puedes hacer tú. La soledad no viene a separarte de los demás, viene a ti para que entiendas que tienes el poder. Para que sepas que debes asumir tu responsabilidad con tu vida… Para que te enteres de una vez que la solución está en tus manos.

Creo que cada uno tiene un aprendizaje distinto, pero todos pasan por amar. Por besar a tus monstruos y entender a los que te han hecho daño… Comprender su dolor, sus miedos, sus rarezas y a veces su incapacidad para hacerlo mejor, como la nuestra…

Tal vez todo esto consiste en perdonar al mundo por no ser como sueñas y entender que así es mejor. Que necesitas este mundo tal como es para llegar a ser tú tal y como eres… Que sus sombras son las que te obligarán a sacar tu luz y brillar intensamente…  Amarlo tal y como es sin esperar que cambie, mirarlo con otros ojos y ser capaz de apreciar sus pequeños avances y sus errores más espantosos… Usar otras palabras para definirlo  y vencer sus reticencias con un abrazo incondicional. Cuando amas a algo o a alguien lo conviertes en algo digno de amor. Todos lo merecemos y quiénes menos saben amar es quiénes más lo necesitan…

A veces, cuando miras al mundo de otra forma, el mundo cambia de golpe.

Y también consiste en perdonarte, comprenderte y asumirte. Bailar con tus momentos más amargos, reírte de tus quejas y tus penas. Verlas como una oportunidad para crecer y saltar… Convertir tus miedos en una palanca… Catapultarte a ti mismo y descubrir que aquello que tal vez te has esforzado en esconder de los ojos ajenos durante años es justo lo que necesitabas mostrar para llegar a tus sueños… Descubrir que lo que no has querido conocer de ti hasta ahora era la clave para llegar al otro lado de tu conciencia, para tener la vida que anhelas.

Y esa vida  no es perfecta tampoco, pero es tuya. Tiene momentos complicados también. Es el resultado de elegir, de decidir sin dejar pasar un solo día más sin rumbo, sin perder más tiempo en ningún plan que no sea el tuyo.

Todos los grandes planes de futuro llevan a ti. A ser más tú y estar mejor contigo.

Cuando consigues eso, miras al mundo y lo ves hermoso. Miras al necio y entiendes su necesaria necedad… Miras al orgulloso y comprendes su orgullo, miras al cruel y sabes que es su forma de suplicar amor porque aún no ha sido capaz de amar sus sombras…Decides al lado de quién quieres caminar y de quién no, pero borras el resentimiento de tus venas… Eso te transforma, te invade, te cambia de forma inmediata.

Y te miras a ti y ves que eres un poco ellos y un poco el mundo. Y te das cuenta de que esto de vivir va en dos sentidos…

Hacia ti.

Hacia ese mundo salvaje y maravilloso…

Hacia los millones de personas que viven en él y están tan perdidos como tú y tienen mucho miedo. Millones de personas que cada día buscan su luz. Algunos ya han descubierto que pueden.  Otros ya la usan con una fuerza que ilumina el mundo… Quién sabe cuántos van a encontrar hoy la suya y vivirán ese momento mágico…

Tal vez hoy te toca a ti.

chico-sol