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la rebelión de las palabras


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Y tú ¿Eres una prioridad en tu vida?


¡Qué maravilla cuando estás tan harto que eres capaz de salir de ti mismo y ver las cosas de otro modo!

Cuando te cansas de qué dirán y te fijas en lo que tú quieres decir.

Cuando dejas de pensar qué piensan y piensas tú, pero saliendo del bucle.

Cuando caminas sin mirar atrás ni te desesperas por lo que encontrarás más adelante. Cuando tienes miedo igual que antes pero el miedo ya no te tiene a ti.

¡Qué grande esa sensación de estar en ti y sentirte bien!

Conocer tus fallos pero abrazarte a pesar de ellos. Conocer tus fortalezas y descubrir cómo usarlas para servir a otros sin olvidarte de ti mismo.

Saber qué sientes y permitirte escuchar lo que necesitas de una vez por todas sin esperar a que otros te lo pregunten y te den.

¡Qué paz cuando no necesitas demostrar nada y vives siendo tú sin pedir permiso!

Cuando no te pasas la vida haciendo cosas para que otros te vean y las haces porque crees en ellas y crees en ti. Porque quieres compartir lo que eres para aportar y disfrutar con ello y no necesitando que con ese gesto nadie te valide ni valore.

Aunque eso solo pasa cuando te permites pasear un rato con tus miedos y dejar salir a esos monstruos que hay en tu mente. Cuando rescatas tus fantasmas y les miras a la cara y descubres que estabas asustado por algo que no existía…

Cuando te paras y entretienes a respirar y descubrirte.

Cuando apuestas por ti y cambias tu forma de pensar y mirar al mundo y, sobre todo, mirarte a ti.

Cuando decides que vas a tratarte bien hasta las últimas consecuencias aunque eso implique soltar cosas que te va a doler mucho soltar.

Cuando dejas de ponerte el último de la fila y empiezas a ser una prioridad en tu vida.

Justo en ese momento, te das cuenta de que has dado mil pasos intentando huir de aquello que iba a liberarte. Entonces, descubres que mientras no visites tu mayor temor y mires dentro de ti, cada paso que das pensando que es hacia lo que sueñas es en realidad una zancada para evitar lo que te asusta… Y al final, la vida siempre te pone delante de tu miedo para que puedas reírte él y superarlo.

GRACIAS por leerme.

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Todo pasa


Todo pasa, dicen.

Esto que ahora te envuelve y duele tanto, también pasará.

Y saberlo nos sirve de motivación para seguir y de consuelo. Nos ayuda a relativizar y agradecer lo que sí que está bien en nuestra vida. Nos permite mirar por encima de las circunstancias y ver más allá… Nos invita a respirar en calma y ser capaces de percibir nuevas formas de ver el conflicto y encontrar soluciones hasta ahora desconocidas y casi imposibles.

Todo pasa, pero que no pase en balde. Que no sea en vano esta angustia, este dolor, este miedo.

Que cuando la vida nos sacuda y nos toca de cerca nos sirva para ver más allá. Para ver más claro lo que importa y lo que no.

Para decir más que no cuando es no y que sí, cuando el miedo nos quiere convencer de salir huyendo y pensar que no merecemos lo que deseamos.

Para sacar del equipaje lo que sobra y aligerarlo todo.

Para hacernos más fácil vivir y dejarnos de pensamientos absurdos y superfluos.

Que el miedo en el que nos estamos viendo sumergidos nos invite a bucear en él y nos dejemos, para poder darnos cuenta de que no es tan enorme, ni tan absoluto. Para notarlo y descubrir que nosotros somos capaces de superarlo a pesar de las dudas… Para dejar de luchar contra él y contra la vida y acabar nadando a ratos pero, sobre todo, flotando y dejándonos llevar. A ver que nos propone la vida…

Que esta vez nos sirva para no repetir y salir de este bucle infernal en el que nos mantenemos atados por miedo a pensar distinto, a actuar distinto, a ser nosotros mismos.

Que este rato largo de ansiedad y adversidad nos sirva para darnos cuenta de nuestro valor, para que eso cambie la forma que nos vemos a nosotros mismos y la forma en que miramos al mundo… Y el mundo no tenga más remedio que cambiar ante nosotros (aunque todo se quede igual).

Dejemos que este dolor nos recuerde quiénes somos, no a base de golpes sino a base de respeto, de comprendernos, acurrucarnos y de ser amables con nosotros.

Dejemos que este miedo y esta tristeza que nos invaden nos cuenten la lección que nos toca aprender de la vida para poder soltarla y seguir adelante. No hagamos como otras veces, fingiendo que no pasa nada, que somos imbatibles y todopoderosos, que nada nos afecta o que somos víctimas de todo… Dejemos de culparnos por todo o de sacudirnos la culpa, no seamos por esta vez la víctima o el verdugo. Seamos responsables con lo que nos pasa y usémoslo para encontrar nuestra paz. Que esta vez nos deje huella y nos sirva para borrar la angustia y quedarnos con la belleza. Que nos haga cambiar por dentro y nos zarandee tanto que acabemos tomando esas decisiones pendientes de una vez por todas.

Que esto sirva para nos aceptemos y amemos. No por pasar ninguna prueba, sino por estar presentes en nuestra vida y decidir acompañarnos con todo el amor posible.

Que lo que nos pasa saque a ese ser maravilloso que llevamos dentro esperando ser descubierto, que no es ni mejor, ni más fuerte, sino más sabio y más lleno de amor consigo mismo.

Todo pasa, pero que no pase de largo sin haberlo usado como necesitamos y habiendo aprendido la lección.

Todo pasa, eso dicen, es cierto… Que esta vez pase para algo y nos cambie la vida.

Gracias por leerme.

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Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

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Todo va a cambiar, aunque no quieras


Vamos a ser sinceros… No queremos cambiar.

Cambiar es duro y complicado. Supone no solo tomar la decisión de aprender a pensar de otro modo sino también la de evaluar tu vida a ver con qué te quedes y qué dejas atrás. Y eso duele. Renunciar duele. Seguramente porque confiamos tan poco en nosotros mismos y nuestras capacidades que pensamos que si soltamos algo no va a venir nada nuevo a lo que agarrarnos. Y nos aferramos a lo que hay, a lo que está, aunque no nos guste, aunque incluso nos haga daño, por si no llega nada nuevo a nuestra vida o es más de lo mismo.

Cambiar escuece. Hay que dejar tus heridas al sol para que se sequen y cicatricen. Hay que decirse la cruda verdad a uno mismo y ser muy honesto para poder encontrar soluciones a esos problemas de siempre, enquistados y eternos. Esos que fingimos no ver pero que nos acucian y nos mantienen agobiados porque de vez en cuando supuran y asoman bajo las alfombras donde los tenemos escondidos. Eso nos asusta, pero nos mantiene en una calma tensa, en un miedo controlado, un miedo asequible que nos parece poco comparado con el miedo atroz que nos supone sacarlos a la luz y arriesgarnos a buscar una solución y a que los demás vean nuestras miserias y nos juzguen. Aunque mientras nos juzgamos nosotros y nos culpamos… Y duele… Admitir que están, que son, que quedan pendientes y que no sabemos qué hacer o, peor todavía, lo sabemos y no tenemos agallas para hacerlo . Porque tal vez para limpiar todo eso hace falta dejarlo todo, soltar, saltar, poner límites a algunas personas o decir que no a muchas cosas a las que decimos que sí porque no queremos quedar mal…

Algún día vamos a tener que preguntarnos el precio que pagamos por no enfrentar la vida y los miedos pendientes. El peso que cargamos por no levantar alfombras y decirnos las verdades a la cara. El peaje que tenemos que soportar cada vez que dejamos nuestra coherencia y nuestras necesidades reales de lado para satisfacer a otros y quedar bien.

Cambiar cuesta. Es un camino que se cuece lento. Un camino que se dibuja poco a poco creando hábitos nuevos. Que supone dar pequeños pasos para solucionar problemas enormes y de que, seamos salvajemente sinceros, nos se ven frutos inmediatos.

Cambiar asusta porque supone hacer limpieza en tu vida y quedarte en un silencio rotundo, en una soledad onmipresente durante un tiempo, hasta que vuelves a llenarte de cosas diferentes. Porque nos invita a pasar revista y ver los errores para no repetirlos. Porque no pide soltar y dejar ir cosas que no nos llenan pero que mientras no están las cosas que realmente deseamos nos apañan y calientan en invierno.

Lo que sucede es que hay pocas personas dispuestas a soltar lo que no quieren para que llegue a su vida lo que sí desean. Parece una broma pesada, pero no lo es. ¿Por qué no cambiamos si sabemos que lo que nos espera es mejor? ¿Por qué no soltamos lo viejo para agarrar lo nuevo?

Porque no nos amamos suficiente. Porque no nos valoramos ni creemos merecer. Y como no nos vemos como realmente somos, capaces y valiosos, sino asustados e indignos, no nos arriesgamos a soltar porque estamos convencidos de que no podremos conseguir ni atraer a nuestra vida nada mejor…

Y pensamos… «Para más de lo mismo me quedo igual. No me muevo. Me resisto. Me amotino en esta situación hasta que no haya más remedio. Hasta que sea la vida la que me obliga o la otra persona que vea la luz y me suelte…»

Nos asusta ver a el abismo que nos espera y mirar al espejo para descubrirnos. Nos produce terror la soledad de las decisiones difíciles y la absoluta necesidad de cerrar ciclos. Cerrar puertas donde ya no nos queda nada y abrir puertas donde algo nuevo nos espera. Nos asusta lo que viene aunque sea bueno solo porque es desconocido y no lo controlamos… Aunque no controlamos nada, en realidad. Ni lo que llegará ni lo que vivimos ahora. La vida da vuelcos imprevisibles e inevitables. Se pone del revés.

Porque al final pasa. Pasa siempre. Siempre llega el zarandeo. Siempre entra el vendaval que levanta las alfombras y sale todo a la luz. Y se abren las heridas no cerradas y las situaciones pendientes y los miedos por afrontar hacen cola tras la puerta pidiendo la vez. Y ya no hay excusas. Hay que elegir, abrir puertas, soltar, saltar, decidir ya…

Entonces no hay pequeños pasos, son golpes, ciclones, olas gigantes que arrasan tu vida y que cuando han pasado, ves qué dejan y qué no. Y eso, eso que queda es lo que realmente era para ti y debía permanecer.

Al final, acabamos cambiando de un modo u otro. A sorbos o a borbotones. La vida es más tozuda que nosotros.

Todo va a cambiar, queramos o no.

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

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