merceroura

la rebelión de las palabras


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Tengo un plan


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Tengo un plan.

Dejar de esconderme de mí misma y topar tantas veces conmigo que al final tenga que amarme.

Bucear en mis temores hasta que dejen de ser cotidianos, hasta que parezcan motas de polvo que marchan cuando abres la ventana y entra el aire fresco.

Subir la escalera que lleva al desván donde el tiempo se detiene y el pasado te escupe en la cara. Reírme tanto de mis monstruos que al final parezcan pegatinas en una vieja carpeta olvidada. 

Caminar por la cuerda floja sin sujetarme a nada y convencerme de que no voy a CAER, que no me importe si caigo.

Bailar sin sentirme ridícula.

Dejar de repetirme las mismas ideas y anclarme en los mismos pensamientos agotados. Dejar de buscar en los armarios algo que ponerme para deslumbrar al mundo. Dejar de necesitar deslumbrar al mundo y demostrar nada. Regalar todas mis medallas a quién crea que necesita medallas y a quién las merezca más que yo… 

Soltar todas mis necesidades juntas y pasar un rato siendo yo sin pretensiones. Sin esperar nada. Sin soñar nada concreto que tenga que atarme a una lista de cosas por hacer que no van conmigo, con mi yo de verdad, ese que tal vez ahora tiene ganas de parar un rato y mirar las nubes.

Por qué quizás ahora no quiera tener éxito. Porque tal vez tener éxito sea quedarse quieto y notar que vives … Sentir cosquillas cuando sale el sol y que la lluvia te erice la piel y te haga sentir nueva.

Observar sin perderme detalle de cada pequeño cambio. Respirar hondo y sentirme entera sin buscar a nadie.

Bajar a la calle y encontrarme a mí misma en una esquina aguardando un destino y darme cuenta de que pierdo el tiempo esperando que el mundo me responda y que todo lo que anhelo ya está en mí.

Decir que sí, incluso aunque no me apetezca, porque siempre digo que no y me pierdo la fiesta.

Decir que no, para darme cuenta de que no pasa nada, de que puedo equivocarme y permitirme fallar tanto que no recuerde qué está bien y que está mal. Que me de cuenta de que no hay bien o mal…

Comprender que otros se equivocan como yo y sentir que en el fondo no importa.

Reírme de todo lo que merezca risa. Llorar para arrancarme de dentro la noche inventada en mis días más oscuros. Vacilar hasta caer, perder el equilibrio para encontrar mi centro, mi sentido, mi latido oculto en una masa cubierta de corazas y escudos.

Morderme la cola para poder finalmente comprender que aquí la única que se hace daño soy yo cuando me privo de la vida.

Escribir en las paredes de mi cárcel frases llenas de esperanza para que cuando lleguen otros a la misma celda sepan que es posible salir porque los barrotes son imaginarios. Porque el encierro que viven es una imagen exacta al bloqueo que viven en su interior. Para que noten que el árbol que ven desde su ventana es un árbol dibujado en su mente y que no pasa nada porque no hay camino recto que lleve a ti.

Tengo un plan.

Dejar de comprar lo que brilla para sentirme brillante. Dejar de vender lo que hago para compartir lo que soy… Dejar de creer que necesito hacer algo para merecer. Dejar de competir conmigo y pedirme cada día más y más… 

Soltar, soltar sin parar. No retener nada más por si se acumula, porque si luego falta, siempre llega… Porque se queda dentro y te horada el alma…

Y no volver a pensar que debo, que tengo que, que necesito nada… Voy a pensar que que SOY, que EXISTO y SIENTO y voy a dar GRACIAS.

Ver que llueve. Notar qué pasa. Sentir que vuelve. Dejar de sujetarme y permitir que venga, que pase, que llegue… Dejarle hueco a la sorpresa. Dejarle tanto espacio libre a lo que vendrá sin saber que es que el futuro deje de preocuparme y sólo exista el PRESENTE.  Un presente eterno que no vive atado a una expectativa, a un sueño por realizar sino a las GANAS de SER.

Vivir confiando que todo es como debe, como toca, como es necesario que sea.

Comprender que todo tiene sentido, aunque no lo entienda ahora, aunque no lo vea…

Tener la certeza absoluta de que la incertidumbre me acompañará siempre.

Saber que sea cual sea la pregunta, la respuesta es amarse.

Tengo un plan… 

Dejar los planes. Dedicarme a existir a consciencia. Hacer lo que amo y amar lo que hago. Ser sin esperar… Sin desesperar, sin medir, sin necesitar. Conectar conmigo… Conectar con el mundo sin aferrarme a él ni a nada. Para poder dejar de buscar a ratos para dedicarme a encontrar. Para ser capaz de comprender los mensajes que recibo y usar la intuición que me niego… Ir a la deriva y confiar en el mar… Ser el barco, el náufrago y el destino. Dejar de preocuparme por lo que vendrá, por lo que sueño que pase, por lo que pasará y creer que lo mejor está por llegar. Que no me quepa duda de que lo que viene ahora es MAGIA. 

Tengo un plan. Vivir…

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No puedo con todo y no hace falta


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No puedo con todo… No hace falta. Voy a fallar y no llegaré. No me disculpo, aviso.

Soy un ser humano… Ya sé que nada es imposible, lo creo. Es que no todo tiene porque pasar ahora, ni hoy mismo, y no tengo porque hacerlo yo. Mi confianza en mí no puede verse amenazada por una cuota o una cifra de aciertos,  tengo derecho a fallar y caer, a tropezar y volver atrás y estar un rato dando vueltas alrededor de la misma piedra… Me siento todopoderosa porque sé que en mí hay mucho potencial, que puedo crecer mucho y aprender… Que puedo con todo, pero no necesito demostrarlo cada día, a cada instante, que no es una obligación sino una elección, que no siempre va a ser como deseo sino como es y eso hace que sea todavía mejor….

No voy a salvar al mundo, lo siento. Voy a salvarme a mí misma. En ello ando, pero no prometo resultados, prometo intención, ganas, actitud y perseverancia…

Prometo querer ser maravillosa y dejar de intentar ser perfecta.

Prometo todo eso mientras note que eso me pertenece, que me define, que me hace sentir bien y crecer… Si noto que me coarta, me limita, me hace angustiar y empezar a medirme con otros, lo dejo.

Prometo serme fiel y no traicionarme. Y eso, lo lamento, tal vez implique deciros que no y dejar de hacer cosas que hacía como una autómata, sin pensar si deseaba hacerlas, por un sentido del deber que me inculcaron a fuego y que arde en mí como una necesidad que me quema.

No puedo con todas esas obligaciones cada día… Con llevar todo mi mundo contenido en la cabeza y controlarlo todo para que nada falle… 

No puedo hacerlo todo bien, porque necesito flotar y no floto, necesito soltar lastre porque si no lo suelto, me soltaré a mí y me soy necesaria….

No puedo arrastrar más las necesidades de otros y sus prejuicios, no puedo llevar sobre mi espalda sus «no puedo solo», «tú lo haces mejor» o «es que tú siempre sabes cómo»… No más, no es bueno para mí ni para ellos porque necesitan aprender, asumir sus vidas y responsabilidades, sus errores y su forma de afrontar la vida… Seguir así es negarles su poder, es permitir que no vivan plenamente y recortarme mi vida viviendo la suya… Llamadme egoísta por ello si no os parece bien, no pienso vivir a vuestro modo y me resisto a ver la vida a través de un embudo.  

No puedo con todo y no pasa nada. Vosotros tampoco podéis y no pasa nada. No os juzguéis,  porque sois como sois y eso es fantástico, igual que yo. Juzgar a otros, a uno mismo, a la vida es una de las grandes fugas de energía… Se nos va la vida intentando cambiar la vida, lo que nos rodea y mejorar el mundo… El mundo solo se cambia si cambiamos nosotros, desde dentro… Cambia para nosotros porque lo miramos de otra forma y vemos un camino que hasta hoy estaba oculto esperando que nos pusiéramos las gafas de las mil y una posibilidades y no las de la desesperanza… Perdemos fuelle intentando cambiar las circunstancias y las personas en lugar de mirarnos con amor a nosotros y decidir que ya somos perfectos con toda nuestra deliciosa imperfección… En lugar de pensar que lo que pasa es un paso necesario para crecer y que tiene una reverso positivo… Nos quedamos gastados intentando vencer a un dragón que sólo necesita que dejamos de mirarlo para desaparecer…

Y no puedo vencer  a más dragones, paso. 

La vida es corta y no quiero perder tiempo librando batallas que no son mis batallas ni ganando guerras que sólo existen en mi cabeza cansada de inventar excusas para no vivir…

No es tiempo de luchar, es tiempo de actuar desde la calma absoluta porque confiamos en nosotros mismos y nos sentimos respaldados por nuestra capacidad de evolucionar…

No puedo porque tengo la sensación de que cuánto más me exijo poder, más lejos estoy de ello… Por tanto suelto mi necesidad de poder… 

Cedo… Cedo mis ganas inmundas de ganar y competir conmigo para dejarme aire y respirar, para notar que fallo y no pasa nada. Para sentir que pierdo y que perder sin reprocharme es maravilloso… Perder sin sentir que pierdes porque sabes que la pérdida es aprendizaje.

No llego y no pasa nada porque no me aferro a ningún resultado, no los necesito. Confío en mí y no necesito medallas ni pruebas. No necesito demostrar ni demostrarme nada… No compito, comparto. No mido, me expando a la vida…

No llego… Lo digo en serio… Y tal vez tú tampoco y no eres menos que nadie. Eres genial, esférico, eterno, maravilloso… No llegas porque no te toca llegar porque la vida te pide que no llegues y aprendas que no necesitas un premio, una garantía, un recibo que lo demuestre, un diploma que acredite nada… El galardón es tu tenacidad y la fuerza que notas en ti mientras deseas e intentas… El poder que has descubierto en tu interior y el rato que has pasado compartiendo con otras personas esta experiencia…

No llegas y no te importa… Porque has descubierto que no se traga de llegar sino de caminar hacia donde quieres llegar y entretenerte a descubrir ese camino…

No puedo con todo y me alegro. Estoy harta de creer que sí y regañarme porque al final no siempre es cierto. De mirarme con rabia porque me fallo, de intuir miradas de recelo de otros que en realidad son una proyección de la mía…

No llego y ¿sabes qué? El mero hecho de asumir que si lo intento con todo mi ser no pasa nada si no llego, ya me hace sentir bien… Y además… Puesto que no tengo que rendir cuentas, veo más fácil llegar… No, tal vez no hoy, pero no pasa nada… Llegaré, lo sé. Mientras, me relajo y disfruto de la vida y atesoro pequeños logros y aciertos… Miro mis desatinos como lecciones y me río, me río mucho de cuánto tropiezo y lo divertida que soy cuando me pongo irónica y estoy asustada…

No llego, no hace falta. A veces, la vida es no llegar porque así aprendes que antes de la meta hay un atajo delicioso u otra posibilidad maravillosa para tomar otro camino. Y si te obsesionas con cruzar la línea, no lo ves.

No puedo con todo siempre y asumirlo me hace feliz porque me calma y apacigua el alma…. Porque sé que es el paso necesario para poder… Pero sin lastres, sin obsesiones, sin más obligación que vivir.


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Humildemente…


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Estamos tan acostumbrados a escondernos por miedo, que a veces, al tomar decisiones no sabes si lo hace tu yo valiente o tu yo asustado…

No sabes si te pasas preparándote porque estás preocupado por la consecuencias y el qué dirán o realmente respondes a tu intuición que te dice que no te metas en según que embrollo.

El miedo te atrofia tanto las ganas y la capacidad de ser tú,  que cuando decides mostrarte y comerte el mundo sin pensar qué dirán, a veces te pasas de osado…

Y yo defiendo la osadía, siempre… Casi siempre… Lo que pasa es que a veces la línea entre amarte y decirle al mundo “esta soy yo, valgo tanto como cualquiera” o “esta soy yo, más chula que nadie” es delgada… En ocasiones incluso, puede parecer que estás diciendo lo segundo cuando en realidad es lo primero. Por eso las formas y los gestos son importantes… Abrazar la humildad de que vales mucho, tanto como quieras o decidas que estás dispuesto a conseguir, pero saber que eso no te hace mejor que nadie.

No eres mejor que el que sólo sueña o pasa la vida arañando sueños ajenos.

Ni que el que no se atreve.

No sabemos qué hay en cada corazón como para juzgarlo.

A veces, yendo por el mundo (mi mundo, porque uno siempre viaja por su mundo aunque llegue a las antípodas, ya que lo vemos a través de nuestros ojos y experiencia) he visto personas que sonríen y llevan a cuestas historias muy amargas. Y personas muy tristes que no han sabido aún vivir esa tristeza sin que les desborde y acabe ahogando. No somos mejores… No sabemos qué haríamos si lleváramos sus camisas o nos metiéramos en sus vidas un rato… No sabemos si alguien les enseñó alguna vez a quererse y no han podido encontrar la forma de darse cuenta… No sabemos si sus miedos son aún más grandes que sus sueños… No conocemos sus fantasmas ni sus rituales diarios para hacerlos desaparecer…

Criticamos a otros porque topan con un muro cuando nosotros nos encerramos entre la paredes del resentimiento.

Juzgamos al que no puede ver que al que no sabe escuchar o al que ni siquiera lo intenta. Juzgamos, criticamos, siempre… Sin parar, como si lanzar la rabia acumulada nos librara de nuestra amargura. Y no somos nadie para decidir qué son o qué merecen… Ya tenemos suficiente descubriéndonos a nosotros mismos como para meternos en sus vidas y gestionarlas. Si a veces, nos quedamos paralizados porque no creemos merecer nada bueno o no nos amamos lo suficiente… ¿Qué lecciones vamos a dar?

Miramos al mundo con nuestros ojos olvidando que nuestros sentidos nos engañan. Que hay mil realidades en cada gota de agua, mil historias en cada lágrima o pensamiento.

Nosotros también fuimos educados para mirar así. Juzgamos sin medir, sin saber, sin comprender… Condenamos en los demás aquello que hay en nosotros, aquello en lo que nos asusta convertirnos… Como si señalando con el dedo hiciéramos una ceremonia para alejarlo, cuando es justo todo lo contrario… Sólo constatamos que nos asusta y nos precipitamos hacia ello si no somos capaces de reconocerlo y dejar de mirar hacia otro lado en lugar de poner la vista en nosotros.

Nos dijeron lo que era justo y usamos esa vara de medir para todo… Y hay otras. Algunas nos parecerán injustas, otras tal vez no las lleguemos a conocer porque no abrimos la mente…

Todos tenemos derecho a ir a contracorriente y defender nuestros puntos de vista. Nadie debe parecerse a nadie, no es saludable y no aporta nada.

Es maravilloso tener las ideas claras y la esencia intacta. Es genial vivir en coherencia con tus valores y forma de ver la vida… Mata más personas la incoherencia que el colesterol… Aunque seguro que de alguna forma están relacionados, la vida a veces es ironía pura y nuestro cuerpo se va esculpiendo en base a lo que hacemos y sentimos.

Sin embargo, ser coherentes con nosotros mismos, no implica que otros que no hacen lo que nosotros pensamos que está bien, sean incoherentes… Significa que tienen otro mundo, otra forma de ver…

Tal vez no hacen bien, hacen daño… Tal vez nos lo hacen a nosotros y tenemos el derecho a decir que no y el deber humano de no permitirlo. Y después de eso, la sana opción de disculpar y entender que tal vez no saben más, no entienden… Y no hacerlo como perdonando desde un pedestal a un ser inferior sino desde la convicción de que no todos nacemos desde la misma posición de salida y muchos no pueden adelantar hasta donde se les permite ver con claridad…

O tal vez seamos nosotros los equivocados, los que no vemos.

Es saludable pensar de vez en cuando que quizás nos equivocamos y poner en revisión lo que pensamos que es sólido, porque la vida da muchas vueltas y cada vez la realidad es más líquida y cambiante…

No ha de darnos miedo cuestionar nuestros dogmas. Es la única forma de ponernos y ponerlos a prueba y descubrir que son verdaderamente nuestros… Vivimos con tantas creencias prestadas que nos limitan que a veces morimos por defender algo que ni tan solo nos hemos preguntado si es cierto y no creemos.

¿Cuántas personas enferman por trabajar tanto para otros que ni siquiera saben agradecer porque creen que parar y descansar un poco les hace parecer débiles, poco eficientes, irresponsables?

Y eso es porque les han educado para sufrir y necesitar ser perfectos. Cuando hacer lo mismo pero con la moderación necesaria y poniendo pasión en lugar de sufrimiento les llevaría a estar más sanos y sentirse más realizados…

¿Cuántas personas se quedan por el camino dándolo todo por el sueño de otros?

Vamos heredando de generación en generación esas creencias, de padres a hijos, os rodean, nos invaden, nos muestran el mundo desde una mirilla, desde un embudo, desde la visión de un túnel que sólo ve el final y deja aparte la visión del camino…

Hay muchas formas de llegar y no solo la nuestra es válida.

Hay muchas formas de mirar al mundo que no son con nuestros ojos ni prejuicios.

Si de vez en cuando, al tomar decisiones o hacer juicios podemos hacernos preguntas e indagar el por qué sin actuar como autómatas, tal vez descubramos que hay mucho por aprender y mucho en nosotros que no es nuestro…

Tal vez no sea malo ni bueno, eso son parámetros primitivos aún por desarrollar. Preguntarnos si decidimos desde el amor a nosotros mismo o la vida o desde el miedo a qué pasará si lo hacemos de otra forma…

Lo que realmente importa es descubrir si nos define o si nos hace sentir bien. Si va con nosotros. Si es lo que queremos transmitir… Si se ajusta a nuestro modelo de vida…

Y arrancar lo que no nos resuena dentro para poder mirar al mundo con los ojos desnudos y descubrir cosas nuevas…

Y tal vez el que está a nuestro lado con cara triste pueda hacer lo mismo o sepamos verle de otra forma y encontrar los matices que le hacen único…

Desde el respeto que se merece… Con la humildad que nos hace grandes… Seamos capaces de comprender que en este mundo hay otros mundos que no son el nuestro… 

 


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Lo que buscas


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Lo que buscas no sale en los mapas. No se ve en las fotos… No se compra en ningún lugar que conozcas… Se percibe cuando entras en una habitación y encuentras a alguien que ya lo tiene, que ya lo siente. Se refleja en su cara porque lo lleva en los ojos, es un brillo que durante un rato se contagia si te acercas con intención inocente y mente abierta. 

Ahora no sabes qué es exactamente ni qué forma tiene, lo tendrás claro justo cuando lo hayas encontrado. No sabrás cómo, pero tendrás esa certeza absoluta que se tiene algunas veces en la vida que no se comprende, tan sólo se nota, se siente.

A veces, has creído que estabas cerca, pero en realidad era sólo un espejismo, un brillo fugaz parecido al de una estrella que ya no existe, pero que sigue brillando en el firmamento durante muchos años porque está muy lejos… Otras veces, lo has tocado, es verdad. Su fuerza sutil te acariciado las puntas de los dedos y ha dejado en ti una huella extraña… Lo has percibido cerca, casi lo abrazas pero se te ha escapado no sabes por qué… ¿Impaciencia? ¿Apego? ¿Demasiada necesidad de poseerlo? ¿Miedo a no estar a la altura? ¿Miedo a perderlo nada más tocarlo? Porque lo que buscas no se posee, se ronda, se ama, se vive… No puede abarcarse ni meterse en una caja, ni en una jaula… No puede guardarse en el bolsillo, ni siquiera en la memoria… Es algo que se consume cuando te estalla en la cara y debe gozarse sin pretensiones, sin prisa, sin querer apurar, sin acumular ni dejar para más tarde…Sin más intención que vivir.

Lo que buscas se escapa entre las manos si intentas agarrarlo fuerte y sale corriendo si lo quieres solo para ti. Si nota que no vas a compartirlo, a vivirlo ante el mundo y quieres ocultarlo por miedo a que te lo quiten, se desvanece enseguida…

Lo que buscas no se caza, se besa. No se reza, se acepta. No se comprende, sencillamente se surca, se bucea, se vive, se ama… En realidad está en todas partes pero sólo los que están dispuestos a renunciar a su temor pueden verlo.

FLORES ROJAS BONITAS

Te diré más, lo que buscas no se busca, se encuentra mientras te buscas a ti y te conoces poco a poco. Mientras entras en los recodos de tus caminos interiores y hurgas en tus recuerdos para saber qué te duele y descubrir cómo se cura… Se encuentra como quién toma un café a media tarde y se descubre la belleza que se puede ver la ventana mientras lo saborea y suplica que sea eterno… Como quién buscando el mar, topa con una ladera verde repleta de flores rojas… Como quién un segundo antes de que caiga la moneda sabe exactamente si quiere la cara o la cruz o al soplar las velas, busca dentro de sí el deseo que más le quema dentro.

Lo que buscas no se respira, ya te respira a ti desde siempre, desde dentro…  Está en tu aire y en tu música, pero no lo oyes porque para poder escuchar lo que cuenta tienes primero sentir esa música y bailar. Tienes que soltar lo que te amarra al pasado y lo que angustia del futuro… Tienes que mirarte al espejo y, al ver tu cara, decir « te amo» y por dentro sentir que es verdad, que es maravilloso y enorme, que te eso lo cambia todo de forma inmediata…

Lo que buscas, está ahí metido, en tu pecho y en los pliegues de tu alma cansada de buscar ahí afuera y librar batallas absurdas… Está guardado en ti esperando que te quites la capa de persona invisible que teme brillar y te arranques las etiquetas tristes que te pusieron y te pusiste cuando todavía no te querías… Lo que buscas está en ti y sale cuando te rompes, por cada grieta, para que veas cuánto brilla y notes que cada error es oro puro y cada caída te acerca más a tu destino…

Lo que buscas. Lo que quieres. Lo que imaginas… Es todo en uno esperando a que te des cuenta de una vez que te abraza y te envuelve pero no lo ves porque todavía no confías en ti.

Lo que sueñas forma ya parte de ti porque sólo necesita que le abras la puerta y le invites vivir contigo…

Deja de buscarlo, sencillamente déjalo salir, permite que fluya, que salga de tu perímetro y se expanda a tu alrededor… Esa felicidad que tanto deseas está a cambio de pensamiento, a poco que dejes de juzgar con saña y negar la belleza que te rodea… Sólo con que durante un rato comprendas que ya eres perfecto así… Que no hay que cambiar nada, sólo salir del cascarón y confiar en ti… Depende de ti.

A la felicidad no hay que cogerla ni sujetarla, sólo pararse un momento para que se pose en ti. Llega sola cuando has descubierto que te dejas, que te sueltas, que no hay más fin que estar en paz y serte fiel. Que nada trae más gozo que estar sin pretender más que estar y amar sin pedir… Que nada llega del mundo porque tienes tu mundo, que ya no esperas nada porque lo tienes todo. 


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¿Vives en bucle?


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¿Vives en bucle? Siempre soñando las mismas cosas, de la misma forma, en el mismo sitio… Siempre esperando un mazazo que te devuelva al que crees que es tu lugar cuando te extralimitas y te dejas llevar por una valentía que no parece tuya… 

Buscando respuestas a unas preguntas que ya no te importan, que no te interesan, que no te definen…

Siendo una figurita en un tablero que no se mueve y no avanza, que salta una casilla y retrocede cinco… Que busca explicación, que busca el porqué sin darse cuenta de que lo que le pasa es que piensa demasiado y vive poco… Que piensa siempre en lo mismo y de la misma forma… Que arriesga nada y no consigue nada a cambio. Que no ventila sus ideas ni pensamientos y siempre son los mismos y le conducen al mismo sitio. Que se come los miedos en lugar de comprenderlos y luego llora porque no los puede digerir… 

Soñando que vuela y nunca vuela.

Soñando que baila y nunca baila.

Soñando que llega y nunca llega, porque siempre lleva los mismos zapatos y se para en las mismas esquinas para mirar los mismos semáforos y respirar el mismo aire que huele a rutina.

Te sujetas a algo que parece seguro, pero no es nada… Lo sabes, la vida te lo arrancará cuando más creas necesitarlo, para que te des cuenta de que no forma parte de ti, de que eres inmenso y no necesitas agarrarte a nada, de que te tienes a ti… Tarde o temprano caerán los mitos a los que sigues y veneras para que sepas que el único ídolo está en ti y que los demás son tan maravillosamente imperfectos como tú… Para que observes tu belleza inmensa tal y como merece y dejes de ver en otros lo que crees no tener y de detestar lo que reconoces de ti en ellos. Para que dejes de culparte por lo que no eres y empieces a ejercer desde tu grandeza. 

Si te escondes bajo un techo, la vida arrancará el techo para que entiendas que eres tu propio cobijo, que estás a salvo siempre y que mereces todavía algo mejor… Aunque nunca lo consigues porque sueñas corto, acomplejado, en voz baja… Porque sueñas con una especie de limitador conectado y unas tijeras enormes siempre le recortan las esquinas a tus sueños y a menudo se les va la mano. 

Si consigues para acumular, te lo quitará todo, para que comprendas de una vez por todas que no se trata de tener sino de ser y sentir, para que no te aferres a nada porque todo está a tu alcance…

Si corres mucho para todo, te hará parar para que sepas que debes detenerte a oler las flores y mirar cómo el sol se pone, acariciar el cabello de tu hija y degustar el plato que tienes ante ti en la mesa.

Si tienes miedo a algo, te pondrá esa algo en bandeja, porque llevas tanto tiempo pensando en ello y que has conseguido que venga a ti para que deje de asustarte, para que te des cuenta de una vez por todas de que el miedo está a tu servicio y no dirige tu vida… Y que lo que te asusta es un regalo para salir aún más entero de este trance.

No te asustes, todo esto forma parte de algo grande, tan grande como tú, que busca que sepas que no te quieres como mereces, que no te ves como realmente eres, que no puedes seguir limitándote porque vas a estallar dentro de ti… Para que abandones esas ideas gastadas que te hacen sentir pequeño y ocupes el lugar que te corresponde. Para que de una vez por todas asumas que no hay más sentido en la vida que vivirla, sentirla, abrazarla y asumir todos sus cambios como nuevos caminos que llevan a ti mismo… A ese tú olvidado y escondido que se pasa los días intentando salir mientras ahogas su voz en un marasmo de quejas. 

¿Vives en bucle? Te acuestas con los mismos miedos y das los mismos besos en los mismos pliegues de piel… Ves las mismas caras tristes de ver las mismas caras tristes y caminas por los mismos adoquines en la calle sin osar al sacrilegio que sería cambiar de acera y encontrar un destino que te haga reír… Le dices siempre que le quieres con el mismo rictus acongojado en los labios, como si supieras que puedes amar todavía más pero te reservaras amor para otro momento, para otra vida, para otra forma de vivir.

Buceas en tus entrañas buscando un pizca de amor propio que te haga llegar hoy a la reunión para decir no pero sabes que no vas a encontrarla porque cuando la tengas en tus manos la disfrazarás de «no puedo hacer eso». Te sumerges en esas otras caras, en este viejo tren que lleva siempre al mismo sitio porque no te atreves a bajar en otra estación o tomar un tren distinto o dejar de subir a trenes que no son tu tren y no te llevan a tu vida… Y todo volverá a empezar cuando llegues… Te pondrás el mismo traje u otro tan parecido que te hará sentir que no creces, que no avanzas, que nunca llegas al jaque mate ni abandonas el tablero… Que nunca pasa nada especial, ni cuando naciste, ni cuando lloras, ni cuando te caes, ni cuando te haces daños… Ni cuando mueras…

Y cumplirás un año más…  

Y soplarás las velas deseando tirar el pastel contra la ventana y subirte a la mesa y decirle al mundo que en realidad ese o esa no eres tú… Que dentro de ti hay alguien que arde en deseos de darle la vuelta a su vida, caminar por el lado más salvaje de la calle de la incertidumbre y arriesgarse a lanzar por los aires una rutina que a veces le hace no querer despertar.

Y que cuando alguien te mire raro porque actúas distinto y te ve esa mirada ida de felicidad, de persona que hace de persona, y te diga ¿pero qué haces? Tú le respondas… Todavía no lo sé, pero da igual… Ahora sólo quiero ser yo.


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Voy a amarme bien


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Voy a amar mis pecas y mis imperfecciones.

Voy a darme permiso para no preocuparme por si se notan mis pequeñas arrugas y mis grandes errores.

Y sólo yo tendré la llave que abre mi puerta, porque está cansada de estar siempre abierta y dejar pasar miedos y fantasmas. Y ver como se me escapan las ganas cuando no soy capaz de mantener el ánimo… 

Voy a soltar mi culpa por no haber llegado a la meta, convencida de que tiene un sentido cada minuto invertido en soñarla y cada segundo intentando aceptar que todavía no la he alcanzado.

Voy a darle a mi ego un respiro y le pediré que pierda, que se quede a un paso, que ceda el asiento y deje de marcar territorio. Le ordenaré que baje del pedestal y se mezcle con otros egos y espere su turno, si llega…

A veces, me hace sentir presa del mundo, porque quiere que me pelee con él para tenerme controlada y entretenida…

Voy a cerrar la puerta al pasado, renunciaré a todo lo que hay en él que me quema y me duele… Así ya no podré recordarlo y compadecerme y sentirme rota e hinchada de desgracia… Así no me quedará tragedia que desgranar en cómodas quejas y lamentos ni pena que llorar en lugar de salir a la calle a pasear un rato.

Tanto buscar tragedias para quejarse y hacerse la estrella de los desatinos consume mucha energía y cuando quieres parar un rato te das cuenta de que has cogido demasiada inercia.

Voy a repartir lo que pensaba era imprescindible y a quedarme lo que no me asusta perder, porque así sabré que nada es del todo mío y valoraré cada momento… Porque abriré mis ventanas a que entre lo nuevo echando lo viejo y donde reparten sabrán que tengo espacio libre…

Nada como tirar los muros de mis pensamientos para darme cuenta de  que aquello que pensaba que eran paredes maestras en realidad eran tabiques prescindibles que me alejaban de la luz…

Y lo mismo haré en mi alma y en mi cabeza.

Soltaré penas rancias y acumuladas para dejar paso a toda clase de amores maravillosos, empezando por mí… Y vaciaré mi cabeza cansada de pensamientos corruptos y hacinados para que esos pensamientos que te llena de alegría y esperanza hagan nido en mi mente sedienta de felicidad.

Ay, lo tengo decidido… Voy a amarme bien porque me traiciono mucho. Voy a pensar en mí también cuando reparta y dejaré de hacer aquello que más que llenarme me vacía. Me quedaré sin argumentos para soltar mi ira ante otros porque no podré reprocharles nada porque no haré nada desde ese ser hambriento de recompensa, porque daré desde el amor infinito y no desde ese mendigo de amor que llevo dentro y que haría cualquier cosa por una migaja de cariño…

Tengo mucho trabajo pendiente, mucho…

Voy a dejar de tragarme palabras y escribirlas todas…. Voy a llorar cada una de mis heridas por última vez y les diré adiós con la mano cuando se marchen a la nada, donde ninguna quema ni rabia, donde ninguna es ya útil para culpar a nadie, ni tan sólo a mí.

Tal vez algunas de ellas le sirvan a otros para soltar las suyas, para arrancarse las etiquetas que llevan pegadas y que llevan escritos unos nombres que no les pertenecen. Que les reclaman que sean como no son y que sientan lo que no sienten… 

Voy a pedir lo que quiero y aceptar lo que viene como un regalo maravilloso. Voy a amar a mi miedo tanto que se convertirá en mi estandarte para librar esta batalla sin batalla… Sin más lucha que mi paz interior y una calma dulce que invada mis sentidos.

Voy a permitirme recibir lo que merezco y a dejarme de «no hacía falta» y «no quiero nada» y esas chorradas que decimos para menospreciarnos y que dibujan caminos para que otros nos menosprecien y no nos tengan en cuenta.

Voy a quedarme sentada cuando quiera estar sentada y correr como una loba cuando haya luna llena…

Basta de pedir permisos y excusas por culpas imaginarias y de sentarse en el borde de la silla, en una esquina para molestar menos…

Voy a soltar mi necesidad de controlar y comprender con la razón lo que sólo se entiende desde el alma.

Voy a cambiar todo esto si me apetece porque ya no me sujeto a nada. No me he vuelto loca, cada día estoy más cuerda, más suelta y más equilibrada.

Voy a sucumbir a mis deseos sabiendo que puedo prescindir de ellos pero que no tengo que privarme de nada porque como todo ser merezco lo mejor…

Nada me aleja tanto de mí como yo misma… Nada me hace sentir tan pequeña como no aceptar mi grandeza y ocupar mi lugar. 

Voy a amarme bien porque me tengo abandonada… ¿Y tú?


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Posibilidades infinitas


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Hay tantos mundos que pueden ser tu mundo un rato, un siglo, un día… El mundo en el que casi no entra la luz, el que no tiene puertas ni ventanas y siempre deja pasar el aire… El mundo de alguien que no puede olvidar y el del que lo olvida todo y la enfermedad le devora el pasado.

Hay un mundo en el que no hay papá ni mamá y otro en el que están pero no se notan. Un mundo en el que no hay un segundo sin que un montón de gente te avasalle con sus alaridos y otro en el que la soledad es infinita, rotunda, bárbara.

Hay mundos reversibles en los que todo pasa sin pasar y deja una huella diminuta y casi borrable porque nunca nadie se araña hasta traspasar la piel y otros en los que los golpes zarandean los cimientos y nos atrapan asustados bajo la cama.

Hay historias tristes que acaban en risas locas y risas locas que se convierten en espasmos de pánico. Caminos llenos de piedras que se cruzan con nuestros caminos de arena y al pisarlos notamos el dolor que otros arrastran siempre… Todas esas historias son las historias que nosotros mismos nos contamos…

Hay caminos cuesta arriba donde la gente lleva cargas pesadas. Y otros cuesta abajo donde la necesidad de agarrarse a algo para no caer nos convierte en esclavos del vacío. Hay caminos que tú mismo creas y son una copia exacta del camino que llevamos dentro… 

Hay vidas llenas con poco y vidas vacías por nada.

Hay vidas con sueños enormes y vidas enormes con sueños sin sueño, sin magia.

Hay momentos en tu vida que no puedes soportar, ni comprender, ni medir, ni apenas explicar.

Un baile de vidas que se cruzan unas con otras, se miran a los ojos y se cuentan cuentos para luego seguir y comprender de dónde vienen y a dónde van.

Personas que vienen a bailar un rato con nosotros para que aprendamos algo de baile… Personas que nos dicen que sí, que nos dicen que no, que nos traicionan, que nos aman… Personas que nos sueltan, nos sujetan, nos besan, nos arañan, nos recuerdan que podemos aportar algo al mundo, personas que nos recuerdan que no sabemos nada. Personas que no saben nada y te dan la lecciones…

No somos dueños del tiempo ni controlamos nada. No podemos hacer girar el mundo como deseamos mientras nos empeñamos en batallar contra los monstruos que nosotros mismos hemos inventado…

Hay tantos mundos como desvelos te quedan pendientes… Como decepciones necesitas vivir hasta comprender que lo que tienes entre manos es una maravilla, que la vida es preciosa a pesar de ser dura y complicada…

Hay tantas opciones como errores posibles hasta comprender que no importan… Tantas posibilidades de hacer el ridículo como ocasiones necesites hasta darte cuenta de que el ridículo está sólo en ti. Hay tantos amores fugaces y rotos disponibles como veces necesites que te rompan hasta que descubras que eres tu gran amor… Hay tantas risas guardadas y fáciles como risas necesites cuando decidas que ya basta de lágrimas… Hay un lugar donde se acumulan las pesadillas esperando a que te pidas la tuya y te resignes a una vida oscura… Y esperanza suficiente como para levantarte esta mañana y decidir que a partir de ahora tu vida va a dar un vuelco porque ya estás harto de no sentirte bien en ella… 

Hay tantos mundos por visitar como errores tengas que cometer y miedos por vencer y afrontar. Hay mil vidas posibles esperando a que te decidas a surcarlas y las imagines, a que te creas que están a tu alcance y busques en el fondo de tus pupilas para encontrar la puerta… Hay mil puertas esperando a que las abras para que te des cuenta de que no hay nada ahí afuera esperándote porque tu destino está escrito en ti y lo que ves es sólo una ilusión de lo que llevas dentro… Hay mil mundos en ti que buscan salida por los poros de tu piel ahora mismo y los encierras cuando piensas que no podrás, que no sabrás, que no estarás a la altura. Hay mil destinos flotando en el aire esperando que sueltes el control y confíes en ti para poder fluir…

Hay mil vidas en tu vida abrazando mil destinos posibles, esperando a que escojas uno, como si fuera un caramelo o una canica, y te lo pongas en el bolsillo… Te toca escoger ahora. Las posibilidades son infinitas y todas están en ti…