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la rebelión de las palabras


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Las personas que encuentro en mi camino


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Hay personas que llegan a ti y te muestran tu luz y otras que te muestran tu sombra. Las primeras vienen a enseñarte toda la belleza que no sabías que estaba en ti. Las segundas, toda esa oscuridad y los miedos que te niegas a ver porque no confías en tu capacidad para asumirlos, porque todavía no te amas suficiente. No dudes ni por un momento. Ambas son maestros maravillosos que te están haciendo un regalo valioso, conocerte, aceptarte, amarte. Y por ello, a todas ellas les debemos dar las gracias, porque nos ayudan a crecer y confiar. Porque nosotros también somos lo uno y lo otro y tanto en nuestra luz como en nuestra oscuridad, somos seres increíbles y enormes… Personas poderosas que no saben que tienen poder y que, por tanto, no lo ejercen. Al encontrar a otras personas, nos sincronizamos y nos proyectamos en ellas para poder aprender qué estamos evitando o dejando de afrontar.

Las personas que se cruzan en nuestro camino traen un valioso mensaje… Con gestos, con palabras, con desaires, con abrazos, con historias de amores perdidos o sin alma, con decepciones, con desencuentros, con sorpresas… Nos dicen aquello que no somos capaces de decirnos a nosotros mismos. Lo que callamos desde hace tiempo y llevamos enquistado en algún lugar de nuestra conciencia. Nos cuentan lo maravillosos que somos porque a veces no nos damos cuenta, no apreciamos nuestro talento y nuestra capacidad para compartir y ofrecer algo valioso a los demás… Nos ayudan a dar importancia a lo que nos parecía pequeño… Nos permiten hacer relativo aquello que nosotros habíamos convertido en una montaña muy alta o un obstáculo insalvable.

Hay personas que vienen a darnos la mano para cruzar un mar bravo lleno de dificultades. Otras nos enseñarán a construir un puente para poder cruzarlo. Algunas llegan a nuestra vida para decirnos que ese mar hostil en realidad no existe, que es fruto de nuestra forma de mirar al mundo con ganas de pelear, con resentimiento, con miedo, con la mirada de alguien que busca hostilidad y la encuentra… Nos explican que podemos aprender a mirar ese mar de otra forma y ver que tiene rincones hermosos por descubrir, que guarda belleza y magia… Que si lo cruzamos con actitud positiva y con ganas de aprender, nos traerá grandes lecciones para seguir… Nos explican que el mar será como decidamos verlo si somos capaces de aceptarlo y no juzgarlo. Que nada es bueno o malo, que se convierte en lo que decidimos que sea al juzgarlo… Como las personas que se cruzan en nuestro camino.

Algunas personas nos dirán que no crucemos. Si somos capaces de mirar en su interior, si comos capaces de mirar en el nuestro, sentir qué nos pide la conciencia, notar que nos dice la intuición… Nos daremos cuenta de que tienen tanto miedo a cruzar como nosotros… Puede que nos pidan que no crucemos porque nos quieren sanos y salvos aunque eso nos suponga no crecer, no sentir, no evolucionar. Es una forma de amor que se confunde con el egoísmo y que está tan plagada de miedo que se consume… Puede que no quieran que crucemos porque ellos no se sienten capaces y no quieren que nosotros lo consigamos, ya que eso les haría sentirse pequeños y ridículos… Porque no se aman suficiente y echan mano del ego para sentirse cómodos… Tienen miedo también. Nos nos enfademos con ellos, no va con nosotros, forma parte de su lucha interior por descubrir su verdadero poder, por encontrar su misión y descubrir su grandeza oculta tras el rencor, la envidia y necesidad de amor. Ellos no son nosotros. No nos obsesionemos con demostrarles nada ni responder a sus humillaciones, sencillamente, comprendamos su dolor y no nos dejemos enredar en sus palabras y gestos, no les juzguemos porque sus errores son los nuestros y sus dudas forman parte de nuestras dudas… Están ahí para recordarnos lo que podemos arreglar en nosotros.

Habrá personas que nos incordien para que crucemos, que nos llamen cobardes y se rían de nosotros, personas que cada día con su actitud y su mirada nos recuerden lo pequeños que somos… Cuando vemos la pequeñez en los demás es porque descubrimos la nuestra propia, porque todavía no sabemos que podemos ser tan grandes que veremos grandes a los demás y dejaremos de exigirles que sean como queremos, como creemos necesitar que sean… Porque todavía no nos hemos dado cuenta de que son como son y que de esa forma nos llegará un regalo maravilloso… Los que nos increpan se increpan a ellos mismos, se gritan, se menosprecian, se infravaloran, se queman en una hoguera interior espantosa en la que todo el rato deben demostrar algo para salvarse… Se confunden y creen que si bajan tu autoestima, si merman tu valor ante el mundo ellos podrán bajar la guardia y dejar de sufrir… Mirémosles con compasión y sigamos nuestro camino. Sus palabras nos refuerzan y revalorizan.

En realidad, se trata siempre de decidir qué tipo de persona somos. Las llevamos todas dentro y somos capaces a cada minuto de escoger con cuál nos quedamos. Si hoy damos la mano. Si mañana nos lanzamos al mar y decidimos que pase lo que pase es maravilloso… Si le decimos a otro que es capaz de todo… Si le abrazamos y no decimos nada… Si un día cansados y hartos recriminamos a alguien lo que nosotros no nos sentimos capaces de hacer y le vemos diminuto y ridículo porque creemos que de esa forma seremos grandes y ocultaremos nuestra cobardía… Se trata de decidir si nos amamos suficiente como para aceptarnos y aceptar a los demás como son y dejar de enfadarnos porque las cosas no pasan como deseamos… Aprender a soñar lo que realmente nos hace sentir bien y nos llena por dentro y no lo que nos dijeron que debíamos soñar…

Hay tantas personas que nos ayudan a conocer quiénes somos… Desde el primer momento de nuestra vida vamos recibiendo lecciones de lo que somos o deseamos ser, de lo que no vemos y no queremos ver, de lo que nos asusta, de lo que no aceptamos y en realidad nos hará libres… Somos un pedazo de todas ellas porque dejan en nosotros una huella y nosotros dejamos otra en ellos y en muchos otros… Y siempre tenemos el poder a cada instante de escoger quién queremos ser, qué huella dejamos. Todas las huellas son necesarias. Todos las lecciones son valiosas. Por ello no podemos aferrarnos al dolor que nos han dejado esos encuentros sino a la persona en quién nos han convertido, al mensaje que nos traen sobre nosotros mismos y lo que vamos a hacer con él. Hagamos el sano ejercicio de quedarnos con la rosa y olvidar la espina, amemos la lección y perdonemos al que nos dejó la cicatriz porque mientras nos hería también se estaba clavando en sí mismo el aguijón…

Todo lo que le hacemos a los demás, en el fondo, nos lo hacemos a nosotros mismos. Todo lo que damos nos lo estamos dando… Si damos lo que no queremos, recibiremos lo mismo… Si damos lo que valoramos, recibiremos algo muy valioso… Hay quién nos enseña echando sal a nuestras heridas y quién lo hace con caricias. Los primeros están en el fondo intentando cicatrizar sus heridas abriendo las nuestras porque tienen miedo y no saben cómo… Nosotros a menudo también estamos perdidos y golpeamos sin saber… Sólo podemos comprender su dolor y no aceptarlo en nuestras vidas. Y a los que nos ayudaron a aprender con caricias, honremos su gran trabajo siendo nosotros mismos, brillando tanto que nuestro brillo les recuerde siempre cuánto brillan ellos…

Las personas importan, importan siempre. Por ello, a todas las que encuentro en mi camino, les doy gracias… Porque sé que nada es casual y todo tiene sentido y porque vienen a mi vida con algo importante para mí…

Nosotros decidimos siempre. Y el mar siempre estará ahí pendiente de cruzar. En algún momento asumiremos que somos inmensos y que el mar es un reflejo en nuestra inmensidad.

 

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Eres tú quién va a salvarte la vida, nadie más


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No voy salvarte la vida, no me busques para eso. Si quieres, si me lo permites, te diré que estoy aquí para recordarte que te vas a salvar tú mismo. Hace tiempo que me di cuenta de que no sé suficiente para dar lecciones de nada y que cada persona lleva un universo entero dentro. 

Ya sé que llevas mucho tiempo buscando. ¿Sabes una cosa? Yo también lo hago, busco, como una loba… Sin tregua y a veces tan desesperada que me desconecto de mí misma y algún canto de sirena me hace creer que he encontrado algo verdadero cuando en realidad es falso porque mi urgencia transforma lo hueco en sólido y quiere ver un amigo donde hay alguien que está tan desesperado que busca en ti lo que tú buscas en él… Qué caótico en realidad, el uno mirando en el otro cuando lo que queremos encontrar ya está en nosotros… Juego de reproches, necesidades insatisfechas, egos hinchados que intentan suplir autoestimas flojas y humillaciones por superar y reparar… A veces, bajo en guerrero sin piedad hay un niño asustado que pide cariño pero está tan rabioso que cuando te acercas a dárselo te muerde la mano con que le acaricias… 

Yo también pido deseos en todos los dientes de león del margen de mi camino… Aunque he descubierto que los milagros consisten en mirar al camino sin buscarlos ni necesitarlos, en llevarlos dentro y encontrar tu poder… Busco en cualquier lugar al que voy, en cualquier libro que cae en mis manos, en el fondo de los ojos de cualquier persona con la que me topo… Hubo un tiempo en el que busqué en un tarro de pastillas para la ansiedad y en las palabras hermosas pero vacías de los regalos de amigo invisible… Busco miradas y personas… Miro si tienen la respuesta que busco, lo que he pedido que llegue… Tengo tan claro que la vida te da pistas que a veces enloquezco y lo olisqueo todo buscándolas… Pero la desesperación es enemiga del la paz, de la paciencia, de la confianza y del amor a uno mismo y precisamente todo eso es el material necesario para ver las pistas. No es que las encuentres es que casi chocan contigo, se te prenden en el pelo y puedes respirarlas. Y no las ves, porque miras la dedo en lugar de la luna, buscas un estruendo en lugar de una melodía que te transporte, quieres el resultado en lugar de la caja de herramientas para construirte tu los cimientos de tus logros… 

No las veo y las estoy tocando… Las busco loca y no están y mientras me siento a descansar porque ya no puedo más, se me acurrucan en la falda, como un gato que viene a por cariño o un niño que te trae su dibujo. La respuesta está en el dibujo a veces. Otras está en los ojos del niño o en la frase que lleva escrita en su libreta de sueños por estrenar. Y por más que busques en las revistas especializadas o en los artículos de un blog, en los vídeos de youtube y las palabras de aquellos que han encontrado la forma… Que pueden ayudarte mucho… El relato de tus porqués lo escribes tú… Cualquiera que venga y te escriba la música de tu vida no te estará dando nada que te pertenezca. Las respuestas están ahí, en el aire, esperando ser respiradas con calma pero en demasiadas ocasiones las apartamos a manotazos mientras oteamos el horizonte esperando ver una señal luminosa que nos guíe cuando en realidad nosotros somos la luz que tiene que iluminar la señal y no la revés… Y pasamos por delante sin verla porque no conocemos nuestra luz, ni nuestra capacidad para sorprendernos, ni nuestro poder para encontrar tesoros donde para el resto del mundo sólo hay papel de periódico, libros viejos o personas que se cruzan contigo en un tren. ¿Cómo vamos a hacer magia si no hemos descubierto quiénes somos? si no hemos asumido nuestro poder…

¿Por qué no nos dedicamos a buscar primero la verdad y luego hacer la magia? ¿Por qué no decimos de una vez que hay cosas que no pueden pasar hasta que no tomemos las riendas de nuestra vida?

Tienes que recuperar tu poder pero solo lo encontrarás en lo que eres, en tu verdad, en la más cruda, en la más oculta. La verdad que encontrarás al conocerte y decirte todo lo que te callas. La verdad de reconocer que a veces no llegas y no hace falta… La de mirar a tus errores y decidir que han sido necesarios… La de mirar tu cicatrices y darte cuenta de que sin ellas no estarías ahora respirando aire puro y encontrando tu lugar en el mundo… No hay varita mágica, hay realidad, aceptación pura, amor por lo que has sido y lo que eres…

Cuánto más aceptes lo que eres en su totalidad, sin condiciones ni excusas, más podrás ser, más serás. De hecho, ya lo eres y no lo ves porque no miras la luna, te concentras en la imperfección del dedo que la señala y cierras tu mente, tu mirada, tu mundo… 

Aceptarte a ti y al mundo que todavía no ves ni conoces. Aceptar tu verdad y todas las piezas de tu rompecabezas interior, incluso las más duras, las que todavía escuecen y arañan, la que a veces al recordar, te parecen tan injustas que una oleada de rabia amarga te ciñe la garganta… Hasta que recuerdas que gracias a eso estás aquí y escupes tu dolor en forma de verso, de palabra amable, de carrera frenética, de lienzo repleto de color y vida, de beso o caricia…  Eso es la magia. La que lo transforma todo. Encontrar lo más “terrible” que todavía descansa en tu entrañas y mirarlo a los ojos y decirle “lo siento, gracias” y seguir. Soltar la necesidad de acumularlo y de esconderlo. 

Y sostenerte en pie porque te has encontrado las heridas y sabes dónde están y no te importan… Y oír tu voz que te canta…

Ama a tu miedo porque va a liberarte..

Ama a tu tristeza porque gracias a ella serás feliz.

Ama tu misterio porque cuando lo comprendas verás tu grandeza.

Ama tu dolor porque ha venido a borrar tus límites.

Ama tus imperfecciones porque son los peldaños de la escalera que te llevará a tu cielo…

Ama tus pesadillas porque te permitirán encontrar tus sueños.

Agradece al que nada sabe y se cree dios porque te muestra el camino que no quieres pisar. Agradece al que no ve tu luz porque es tu reflejo que te obliga a brillar más.

Da las gracias al que no te ha dado nada porque en el fondo te está diciendo que ya lo tienes todo.

El contratiempo a veces es para que tomes impulso y recuperes ímpetu… Y a veces para parar a reconsiderar el camino o el sentido que le estás dando tú a cada paso.

No distinguirás cuándo es cuándo si no te escuchas a ti. No sabrás qué significa si lo miras con los ojos del miedo, y lo cuentas con tu voz de acumular quejas. La mirada de buscar tragedias siempre las encuentra…  Eres tú quién va a salvarte la vida, nadie más… 


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La fórmula del éxito


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Un día alguien le preguntó al sabio cómo había llegado tan lejos y él le dijo que seguramente es porque todo en la vida le había resultado muy complicado…

El sabio le dijo que la ventaja seguramente era que mientras sucedía todo, no sabía que iba ser así de duro y no pensaba demasiado en ello porque creer que iba a ser difícil no le ayudaba a seguir adelante…

“Había visto que la gente que se queja siempre se queja y la que no se queja a menudo deja de tener razones para quejarse. De manera que observé qué hacían aquellos que vivían una vida como la que yo soñaba y empecé a imitarles…”

Debió ser frustrante ¿verdad?

“La verdad es que no, ni frustrante ni lo contrario. Emocionante, tal vez. A medida que todo me salía al revés, me percaté de que era mejor no hacerse demasiadas conjeturas de cómo deseaba que salieran las cosas, no agarrarme a los resultados, no esperar nada de nada ni de nadie… Curiosamente, cuando dejé de esperar cosas buenas del mundo y dejé de juzgar si lo que le pasaba era bueno o malo, todo empezó a cambiar. Cuando descubrí que en el fondo no tenía que esperar a recibir nada porque era capaz de conseguirlo todo por mí mismo, la gente empezó a darme lo que nunca me había dado, como si lo hubieran acumulado durante años… La verdad es que me había pasado la vida esperando que los demás me amaran porque yo no me amaba, cuando me acepté y amé tal y como era dejé de mendigar amor… Me sentí libre para estar con las personas sin exigir ni chantajear, sin pedir que me dieran lo que yo mismo me negaba, sin buscar un lugar donde no estorbar. Descubrí que yo era mi refugio… 

Y dejé de querer cambiar las cosas porque me di cuenta de que era una gran pérdida de tiempo y sobre todo de energía. Era como mirar a las rocas cuando lo que quieres es sumergirte en el mar o querer controlar el movimiento de los girasoles… Necesitaba concentrarme en lo que yo podía hacer y no en lo que hacían otros. No tiene sentido querer controlar lo que no se puede controlar. Lo había hecho durante años y estaba roto, agotado y no obtenía resultado alguno.

Y puesto que todo era muy complicado, pensé que era mejor aceptar lo que venía y adaptarse. Cuando algo era cambiable, lo cambiaba. Cuando no, dedicaba un rato a ver qué podía tener de útil la situación y cómo podría sacarle partido… Y así descubrí que todo era una aprendizaje valioso. La vida normalmente te envía el material para fabricarte lo que luego vas a necesitar…  Lo que parece negativo a veces es el preludio de algo maravilloso. La diferencia está en cómo lo percibimos y en la capacidad que desarrollemos para no aferrarnos a un resultado concreto y sepamos abrirnos a posibilidades infinitas… A veces, la vida te trae regalos maravillosos que no vives intensamente porque estás preocupado por mañana o te entretienes en lamentarte por la piedra que llevas en el zapato. No hay más que el ahora, que este momento. Si consigues sentir eso, has ganado esta partida porque has cambiado tu percepción y vives en el presente. Cuando vives en presente estás creando un futuro semejante, lleno de atención, de magia… La vida clona ese momento con momentos igualmente maravillosos porque nota como gozas con él y te da más. Si alcanzas esa paz que consiste en no pensar en el futuro, te regalas el presente… Y el futuro… Para ganar de verdad, para ganar lo que vale la pena, siempre hay que atreverse y arriesgarse a perder primero, soltar, decidir prescindir de lo superfluo y abrazar lo que importa. Dejar de buscar la medalla y gozar la carrera… Si sueltas tu futuro, estás amando y apostando tanto por tu presente que estás abriendo la caja de todos los futuros posibles y eligiendo el que te hace más feliz. Nada te hace tan abundante como renunciar a la necesidad de abundancia porque has descubierto que ya está en ti, que es tu forma de mirar la vida… Que sólo te privas tú de ella sintiéndote pequeño, escaso… 

El camino está lleno de señales para aprender, lo que pasa es que no las vemos porque miramos a otro lado o nos pillan pensando demasiado en lo que no podemos remediar.

Por ello, hace muchos años, tomé la sabia decisión de dejar de pensar. Pensar está sobrevalorado. Hay que moderarse… Al menos, hay que trabajar para no pensar siempre lo mismo, porque nos repetimos tanto… Es como si hurgáramos en la basura cada día… Queremos solucionar un problema y recurrimos al vertedero de pensamientos viejos y podridos de siempre. Y no encontramos nada nuevo y además experimentamos las mismas emociones de siempre que nos llevan a sumergirnos en tristeza y desesperación. Es mejor hacer que el pensamiento calle un rato y notar qué sentimos al conectar con nosotros y escucharnos.

Así descubrí mi método para llegar al éxito, conectando conmigo y preguntándome a mí mismo cuál era la fórmula.

¿Y es así cómo consiguió triunfar?

No, así me desapegué de la necesidad de hacerlo. Solté mis ganas de triunfar para demostrar, para encajar, para ser aceptado y ostentar… Y descubrí al niño que quería dedicarse a jugar y compartir sus sueños. En realidad es el niño en que ha triunfado… Porque juega, porque se lo toma todo como una experiencia… Deja que su cometa vuele y suela cuerda y luego suavemente la reconduce, sin esperar más que dejarse llevar por el viento y disfrutar… El adulto fracasó porque lo hacía para expiar su culpa, para no sentirse imperfecto, para demostrar… El niño lo hacía por amor y el amor lo puede todo. El éxito es soltar necesidades, servidumbres, miedos absurdos, creencias rancias y caducadas… Fluir y dejar el control, ver qué pasa y vivir el milagro de ser y estar. Por eso… 

Dejé de pensar.

Dejé de esperar.

Dejé de hacer planes.

Dejé de necesitar.

Dejé de buscar.

Dejé de luchar para pasar a la acción sin resistencia, sin estar a la defensiva con nada ni con nadie.

Dejé de soñar para tener y empecé a soñar para ser, para aportar…

¿Perdió sus metas?

No, me convertí en ellas desde la aceptación de que si no las conseguía sería igualmente feliz y llegaría a cimas mejores… Dejé de hacer planes tan exigentes y perfectos para que no entorpecieran otros planes que la vida tenía para mí y que eran todavía más maravillosos… Nunca abandoné mis sueños, sencillamente, me di cuenta de que ser yo mismo era más importante… De que eran tan grandes que estaban a mi altura y resistirían mis dudas… De que solo si soltaba la necesidad de conseguirlos y empezaba a vivirlos serían míos… Y ya lo eran, en realidad… Ya somos nuestros sueños. 

¿Y qué hizo que fuera distinto?

Nada. Seguí haciendo lo mismo que antes, pero dejé de hacerlo para ser lo que creía que el mundo esperaba de mí y empecé a hacerlo para amar al mundo…Para amarme a mí, que en el fondo, es lo mismo… Empecé a actuar de forma coherente, sin traicionarme, sin exigirme, con respeto y generosidad. Dejé que mis pasiones ocuparan un lugar privilegiado y les di rienda suelta para crear y hacer locuras necesarias. Me sentí libre, lleno de vida, capaz de todo…

¿Y el mundo cambió?

Nada en absoluto. Cambié yo y miré al mundo con ojos de esperanza… El mundo no cambiará para nosotros, la única forma en que podemos cambiarlo es amarlo… Al amar algo, lo transformamos, lo vemos hermoso y capaz, lo cubrimos de esperanza…

Y cuando nosotros cambiamos, esa pequeña porción de nosotros que ocupa un espacio en el mundo cambia también… Lo mismo sucede con las personas. Son nuestro reflejo… Si les amamos y cambiamos nosotros, les transformaremos sin querer… Les curaremos las penas viéndoles como personas maravillosas capaces de olvidar sus penas…

¿Cómo se hace eso?

Dejando de juzgar y cambiando nuestra forma de mirar… Las cosas son como las vemos, como somos nosotros…

¿Triunfó porque empezó a mirar al mundo de otra forma?

Sí… Porque lo vi como un lugar posiblemente maravilloso… Porque lo acepté total y radicalmente a él y a mí mismo… Porque amé lo más terrible y vi como se convertía en hermoso… Porque amé su sombra y dejé entrar la luz y entonces llegó la magia… En el fondo, un milagro es eso, un cambio de percepción de las cosas… 

¿Haciendo lo mismo de siempre?

Sí, pero con otra intención… La de dar y amar y no la de parecer y aparentar… No importa qué sino para qué… Si no lo haces desde el miedo sino desde ti mismo. 

¿Y todo esto porque la vida ha sido difícil?

Si no, de qué iba a saber yo que en realidad es todo muy simple y muy fácil. Me di cuenta de que la había complicado yo queriendo cambiar lo que debía ser como debía ser y forzando las cosas para que fueran como yo quería… Y eso sólo hacía que impedirme fluir y encontrar lo que realmente necesitaba aprender por el camino.  Yo era un guerrero sediento de pelea que luchaba contra un mundo injusto y con mi lucha hacía que esa injusticia fuera más real, mi mirada hacia esa injusticia la convertía en enorme, gigante… La enfocaba hacía crecer, le daba cuartel y excusa para seguir. Miraba a los demás con ganas de defenderme, de esquivar sus golpes y ellos, que percibían mi dolor, no hacían sino que golpearme para dar coartada a mi percepción de la vida… Cuando sales a la calle buscando guerra encuentras guerra… Las personas siempre responden por lo que les permites que hagan contigo…

¿Y qué pasó con el guerrero?

Dejó de guerrear y de pelear contra la vida y se acabó la guerra… Perdió para ganar… Aceptó para encontrar la magia… 

Ya, pero la fórmula del éxito ¿cuál es?

Dejar de buscar la fórmula y vivir. Sin prisa, sin apego, sin juzgar, sin perder las ganas, sin dejar de ver tu norte y tus metas pero sin aferrarte tanto a ellas que olvides quién eres tú. Vivir en paz contigo mismo y saber que estás de tu parte. 

¿Y ya está?

Es que esto no va de hacer sino de deshacer…  De despojarse de capas de necesidad y prejuicios… En eso consiste crecer y evolucionar, en dejarlo todo y abrir la mente a lo nuevo, a lo esencial… A lo coherente contigo mismo. Descubrir que no hay más camino que el que lleva a ti… Aunque yo todavía soy un aprendiz…”


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Un elefante en tu salón


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No lo ves pero está ahí. Es tan grande que crees que es el camino pero en realidad es el muro que has construido ante él. Crees que es tu pedazo de mundo y es sólo una especie de salvapantallas que te has puesto para no ver lo que duele y molesta. 

Lo que no quieres asumir, ni tan siquiera ver, es tan grande que se confunde con el paisaje y lo distorsiona todo. Confundes al personaje que te has inventado para soportar tu vida con la esencia de ese ser inmenso que eres en realidad y que no sale nunca a pasear porque le asustan las críticas y las miradas. Pones precio a tus ganas y pegas tus alas a la espalda para no caer en la tentación si en algún momento la libertad te alcanza y una necesidad enorme de desplegarlas invade tu cuerpo… Vendes tu tiempo para poder sobrevivir y mueves los pies un par de veces y ya te crees que bailas, que corres, que vuelas… No vuelas, ni siquiera te levantas un palmo, estás en tierra, con las piernas inmóviles y crees que has despegado. Confundes el primer rellano con la cima, el arroyo con el mar, el roce con el cariño y tomas tu miedo y lo conviertes en dogma, en realidad, en una verdad incuestionable que no es más que una frase prestada de un tuit que suena bien… ¿Sabes? Muchos tuitean sobre la vida de otros porque les asusta mirar la propia… Muchos tuitean sobre la suya para que brille más que la de los demás porque es muy opaca y vacía, porque no se reconocen ni se aman… Muchos tuitean sobre vidas que nunca han vivido nadie, pero que nos gusta creer que sí. Hacemos lo que sea para no tener que ver nuestra oscuridad, para no tener que compartir mesa con nuestra sombra… Y al final, caemos siempre en hacer lo que criticamos y nos encontramos cazados por nuestras propias trampas. No nos hemos dado cuenta de que aquello que no queremos reconocer, es lo que nos va a sacar del agujero en el que nosotros nos hemos metido.

Lo que escondes tiene tendencia a crecer, a engordar, a hacerse tan grande que no cabe en los armarios, ni en el cajón de los sueños olvidados que nunca vas a cumplir. Se desborda, te sale por los poros y dibuja un rictus en tu cara. La gente te mira y no sabe decir por qué, pero ve en ti lo que escondes, lo que has decidido callar, lo que te da miedo reconocer. Y tú ves en ellos sus fantasmas, sus monstruos más feos y temibles. No nos damos cuenta, pero vamos por la vida haciendo de espejos a los demás, mostrando con nuestras debilidades las suyas, escondiendo nuestros miedos pero señalando los miedos ajenos, reflejándonos en los ojos de los demás y siendo prácticamente incapaces de compadecernos de lo que vemos en ellos. 

Te pasas la vida encerrando tu sombra para que nadie la conozca, pensando que es algo terrible, algo feo y horroroso, algo triste e indigno, cuando en realidad es el salvavidas que esperas… El paracaídas para los momentos difíciles, la barandilla en la que te vas a sujetar mientras miras abajo y te das cuenta de lo que ya has crecido…

Lo que no quieres ver va a salvarte de un destino peor que el de no conseguir lo que sueñas, un destino en el que no se sueña ni se nota nada… Un destino en el que sencillamente ya no eres tú de tanto ocultarte y adulterarte para ser aceptado por los que a su vez se adulteran esperando lo mismo. 

Tu errores no menguan si no los miras. Son un elefante enorme que confundes con el paisaje y que está pisando y destrozando todo lo construyes y que le rodea a la espera de que le saques de tu habitación… Para que te des cuenta de que está ahí. Esa voz que te dice que no te escuchas no calla nunca. Eso que no reconoces en ti  va camino de ocupar tu casa entera, tu mente, tu vida, tus sueños… A la espera de que lo veas y lo aceptes tal y como es. Eres tú, el de verdad, pidiendo salir de ti mismo para abrir las alas. 

Aquello de lo que huyes engorda a cada suspiro que decides no notar. Crece cuando te tapas los oídos y no escuchas tu música. Se hace más grande cuando alguien dice “que viene el lobo” y sales corriendo sin saber qué es el lobo, qué significa, sin reconocer tus fortalezas, ignorando que tú también eres el lobo, el peor con el que vas a cruzarte y el mejor aliado con el que jamás podrás contar.

Vivir no es fingir, es quitarse la máscara. Es dejar de ocultar al monstruo para ponerlo en primera fila y ver como cuando le toca el solo se hace pequeño y domable. Comprobar que hay en ti una parte que no te gusta pero que si no la aceptas y abrazas nunca podrás sacar partida a esa que tanto brilla…

Y salir al mundo y ver que bailar con tu miedo más antiguo. Abrir el armario y dejar que salga el elefante que encerraste cuando era niño y que ahora es tan grande que invade tu risa… Que se mezcla en tus alegrías y arrasa con tu paz.

Mirarle a los ojos y en lugar de avergonzarte de él, decidir que te gusta, que gracias a lo enorme que es tú también serás grande…

Siempre crecemos en proporción a lo capaces que somos de mostrar lo que ocultamos. Siempre brillamos en proporción a nuestra valentía para presentar al mundo nuestra sombra…

A veces, sólo te sientes protegido cuando sales del perímetro de seguridad porque pruebas hasta dónde eres capaz de llegar y crecer.

A veces, sólo dejas de tener frío cuando te desnudas.

Sólo te sientes grande cuando amas tu pequeñez y decides que no te importa.

Sólo ves tu luz cuando dejas que salga tu sombra.

Aunque sea inmensa, rotunda, aunque parezca espantosa… Aunque hace un tiempo fuera una pulga y ahora sea un elefante.

Si dejas de esconderte, vas a reconocerte… Y a saltar de alegría, porque te has encontrado contigo y te sientes bien, te gustas, te encuentras las esquinas y ya no te mides ni pesas ni tasas ni reprochas… Quitarte la capa que pensabas que te hacía invisible y abraza lo que realmente eres, porque te gusta, te encanta, te fascina haberle encontrado hurgando en ti y dándote cuenta que sin él no habría función, no habría aprendizaje, no habría magia… Y dejar de ver en los demás lo que te falta… Y dejar de envidiar lo que no te sobra… Y dejar de pensar que la vida te pone la zancadilla y creerte de una vez por todas que esta vez sí. Que puede pasar aunque si no pasa, da igual, te tienes, te notas, te respetas y sabes ya que el elefante está de tu parte.

Hay un elefante en tu salón rompiéndolo todo y llevas un siglo fingiendo no verlo porque te asusta tomar decisiones, porque te da miedo asumir la responsabilidad de amarle, aceptarle y luego hacerle marchar si es necesario… Hay un elefante en tu vida y para no verlo cierras los ojos y no vives… 

Todos tenemos elefantes en el salón… Hasta que no ves, aceptas y dejas marchar al primero no te das cuenta de que le siguen otros en fila… Asusta verlos porque eso implica asumir que les has permitido estar ahí durante años pero hacerlo te permite soltar tanto dolor que un minuto después todo fluye, todo cicatriza, todo pasa…


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No estás solo


VIENTO DIENTE LEON

No estás solo, estás contigo. Es mucho, lo es todo. 

No eres lo que se ve, eres todo lo que puedes llegar a alcanzar si no desistes. Eres todo lo que ya está en ti sólo por atreverte a imaginarlo. Cada vez que te mueves, mueves el mundo.

Tienes tus raíces y todo un baúl de sueños por surcar y sentir.

En los días más oscuros, cuando ignoras que brillas, que eres tu propia luz, que no necesitas nada más que confiar para ser tú mismo, algo en ti te dice que sigas, que no te pares…

En los días más dulces, te sientas en un rincón y contemplas la belleza que te rodea para que logre invadirte y entrar en ti…

No hay nada en el mundo que pueda vencerte si estás de tu parte. No hay camino que no puedas recorrer si eres tú quién lleva tus pies. Sólo tienes que entender que no siempre andarás por los caminos que sueñas y que a veces los caminos que sueñas no te llevarán a lo que imaginas… Suelta todas las expectativas y decide vivir lo que la vida te propone, sigue trabajando para conseguir lo que anhelas pero no te aferres a nada, sólo a ti… 

Lejos quedan esos días en los que andabas caminos para otros o compartías el tuyo con personas que se comían tu pan y te hacían creer que eras tú quien perdía las migas…

Yo no eres ese que se aferraba a cualquiera para evitar que al llegar la noche, la soledad le oradara el pecho y construyera en él un nido de cuervos.

Ya no eres esa persona que nunca levantaba el dedo para opinar porque sentía que sus opiniones eran absurdas y su voz era demasiado débil para llegar a otros oídos.

Yo no llevas ese escudo para protegerte, ni esa máscara por si no gusta tu cara. No arrastras la manta con la que te cubrías siempre esperando un invierno perenne y suplicando primavera. Ya no dependes de si llueve, de si hace sol o si graniza porque sabes que pase lo que pase cuentas con tu mejor aliado…

No estás solo y no te asusta quedarte solo porque has hecho un pacto con tu sombra y duermes con ella. Conoces todos y cada uno de tus miedos y has besado y abrazado todas y cada una de tus debilidades hasta descubrir lo hermoso que entrañan y aprender a sacarles punta…

Ya no eres el que se sentaba al final para no molestar con su presencia ni el que decía siempre que sí para mendigar amor.

No eres el que durante un tiempo quiso estar siempre perfecto ni el que se cansó y pasó años sin mirarse al espejo porque sentía que no podría alcanzar esa perfección. No lo eres, pero todo lo que aprendiste siendo así está en ti, es tu herencia, tu legado, tu hermoso aprendizaje para seguir. 

Ya no haces nada buscando nada que no sea estar mejor y crecer.

El único destino que esperas está en ti.

La única puerta a la que llamas cada día es a la tuya… Y siempre te abres con una sonrisa y te dejas pasar… ¿Recuerdas ese tiempo en que te cerrabas a cal y canto e ignorabas y no querías saber nada de ti?

Ya no eres esa persona que se cambiaba por otras y soñaba con vivir sus vidas y suplicaba no ser, no sentir…

Ya no eres el que saboteaba sus logros y se maltrataba recordando sus errores sin cesar una y otra vez.

Ahora, atesoras cada una de tus equivocaciones y las ves como los peldaños de una escalera que supiste subir.

Y te hablas tan bonito que inventas cada día nuevas palabras para animarte a seguir… Y usas esas palabras para hablar a otros y contarles que pueden, que sigan intentando… Para motivarles a seguir… Y sus risas felices son tus risas y sus «gracias» son el bálsamo maravilloso que cura el cansancio al legar la noche…

Ya no eres el que se guardaba lo bueno porque temía perder, ahora lo compartes todo y al acabar el día no sabes cómo siempre te queda más…

Has descubierto que la única forma de ser grande es ver la grandeza en otros y compartir la tuya cada día más…

No estás solo nunca. Estás contigo, te cobijas, te esperas, te reconoces, te amas, te haces cosquillas cuando decaes y te cuentas historias llenas de esperanza cuando te vas a dormir. Te topas con otros que te piden historias e inventas algunas nuevas para repostar un poco de motivación…Porque ya no necesitas mitigar el brillo ajeno para ver el propio y es más… Te sumerges en él y lo celebras…  ¡Y gozas de los triunfos ajenos como si fueran tan tuyos que al final lo son! Y acaban salpicándote de felicidad, de oportunidades, de buenas ideas, de pura magia…

No estás solo. Eres un universo inmenso de semillas que cada día se esparcen y se plantan y mientras caminas vas sembrando a tu paso… Y cuando miras atrás ves un reguero verde, un camino nuevo, un montón de caras que te agradecen el gesto y que a su vez ya son universos inmensos que empiezan a sembrar… Qué más da que a veces no veas a dónde te lleva el camino, lo verdaderamente importante es ponerse a andar… 

 

No estás solo porque cuando decides sentir y aceptar toda tu grandeza entras en un bucle de vida que no tiene fin…

Porque eres todas y cada una de las personas que habitaron tus días y cuentan tus historias y abren nuevos caminos a su vez… No estás solo si compartes, si das, si asumes lo que eres y aportas tu valor. 

No hay nada que pueda evitar tu grandeza, sólo puedes tú, si dejas de creer en ti.


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Rompamos el molde


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Sólo es ahora y nada más. Lo demás no está, no existe. Dejó de tener sentido o todavía no lo tiene. No podemos controlarlo, no controlamos nada… Sólo podemos sentirnos bien, a pesar de los alambres de espino que hemos dibujado en nuestros tobillos y los muros que hemos construido mientras intentábamos encajar en una sociedad hambrienta de verdades a medias que la ayuden a seguir jugando sin romper la baraja…

Sólo tenemos este momento. El anterior es historia y el siguiente es puro misterio. Podría no ser, no dibujarse, no empezar. Hacerse líquido y derramarse, ser arena y escurrirse entre nuestras manos… O ser tan sólido y duro que nos golpeemos contra él buscando un por qué que sólo se descubre cuando te separas de todo y miras dentro de ti.

Sólo nos queda hoy y nos lo perdemos buscando el vestido perfecto y la coartada perfecta para cuando nos miren otros ojos y no nos vean perfectos… Hurgando en nuestro armario repleto de máscaras grises para que las miradas grises no descubran que en realidad somos de colores… Poniéndonos el traje triste para que nuestra felicidad incipiente no ofenda a los que regalaron su voluntad a cambio de una seguridad ficticia… Para que los que han decidido permanecer dormidos no sepan que estamos despiertos y planeamos escaparnos a una realidad paralela que estamos construyendo desde la nada…

Nos queda un suspiro y no queremos gastarlo con aire viciado,  pero nos vemos tan obligados a disimular que llevamos puesta debajo la ropa de personas libres que los ojos nos brillan y cuando hablamos nos salen por la boca palabras preciosas e imposibles de ocultar…

Si tardamos mucho en salir del país de las no maravillas que nos habita por dentro a veces volveremos a usar esos pensamientos viejos y rancios que antes nos hicieron creer que todo era imposible y no había más opción que seguir en la fila… Si no nos vamos ahora por miedo que tengamos y frío que nos digan que hace fuera de este lugar hermético y calculado, los pies se nos convertirán en raíces y nos volverá a entristecer la lluvia como nos entristecía antes cuando no sabíamos de su belleza ni llevábamos todavía el sol a cuestas… Si nos demoramos, nos dejaremos convencer por un montón de almas cándidas y cobardes que nos dirán que no podemos y no merecemos más de lo que nos cabe en la cuchara o en la libreta diminuta que nos dieron para apuntar sueños sin espinas… Si esperamos una hora, un minuto, un segundo, una ola gigante en forma de rutina pegajosa nos devorará las ganas e inundará nuestros sueños con fotografías de objetos prácticos y metas asequibles y nos dejará nadando en mediocridad…

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Si no nos vamos ya, los que siempre tienen respuestas para todo, nos recordarán que nosotros sólo tenemos preguntas y nos convencerán de que es más fácil caminar en línia recta.

No nos dejarán volver a intentarlo porque les asusta que aprendamos a bailar y luego volvamos y contagiemos a todo el mundo y les invada la risa descontrolada y gratuita.

Si nos quedamos, despareceremos y nuestro ahora será nunca y nuestro vacío en el pecho será siempre.

Nunca y siempre… Las dos palabras que más agujerean el alma y desesperan al que busca alternativas y dibuja mundos. 

El pasado es una noche pensando que lo que sueñas no llega. El futuro es un gato que regresa a casa después de pisar mil tejados.. Este momento eres tú mirándote al espejo y descubriendo que lo que te asusta va a hacerte libre… Vamos a hacerlo, saltar la valla imaginaria de nuestros límites y asumir el riesgo de nuestra autenticidad, de nuestra necesidad de sentir.

Vamos a descubrir si más a allá de la monotonía hay un mundo mágico o un acantilado sin ramas a las que sujetarnos para frenar la caída…

Vamos a ser auténticos y dejarnos de excusas para no ser nosotros mismos porque al final de la vida no nos lo perdonaríamos. Asumamos ya lo que somos y amemos tanto nuestras diferencias que ya no nos duela que no nos dejen entrar en el bar de los tristes, los cansados y los que no se atreven… Que no nos importe si nos juzgan y nos señalan con el dedo, que no nos moleste mirarnos al espejo de la vida y ver que no hay nadie más como nosotros… Saltemos del tren si nos está llevando a una decisión que nos aturde… Dejemos la fiesta de la indiferencia y busquemos un lugar donde se celebre con ganas la incertidumbre y se busquen cómplices en lugar de competidores y amigos en lugar de palmeros… Un lugar donde no importe la noche ni el día porque los segundos sean oportunidades por llenar de risa y emociones verdaderas. Donde no asuste lo nuevo, lo desconocido, lo raro y lo que no encaja y donde el final de los libros podamos escribirlo nosotros mismos.  Seamos capaces de ver más allá de nuestras creencias más arraigadas y cuestionarnos lo que jamás pensamos que podríamos cuestionar. Da igual si eso nos hace flojos o absurdos a ojos de los que nunca dudan ni se plantean nada que pueda romper sus dogmas y salpicar a sus dioses diminutos que conducen coches rápidos para llegar a la esquina… Quitémonos el uniforme de guerrero absurdo y dejamos de pelear por batallas que no son nuestras. Lancemos al abismo el insoportable manual sobre cómo vivir vidas anodinas y quitémonos el disfraz de personas normales. 

Nos queda sólo este momento. La vida es ahora. Mañana es nunca. Ayer es siempre. Seamos como realmente deseamos ahora, sin esperar a que la placidez de lo cómodo nos agarre por el cogote y la monotonía se nos pegue a los zapatos. Soltemos el control ficticio de lo que creemos que debemos ser para convertirnos en lo que realmente nos hace vibrar… Seamos nosotros aunque a otros al mirarnos les moleste vernos que reflejamos todas sus deliciosas imperfecciones y se asuste darse cuenta que hemos roto el molde… De que lo que pensaban que no era posible es una realidad


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Llueve


Llueve en mi mundo hoy. Es una lluvia fina que no se cansa de recordar y medir, de observarlo todo con ojos de búho triste, esperando una señal para respirar y descansar… Para que sepa que toca renovarse y sacar al sol los trapos viejos y lavarse la cara, la otra cara… La verdadera cara… 

Llueve con unas ganas lentas, como si quisiera borrarlo todo sin dolor ni aspaviento y sin que te dieras cuenta se hubiera llevado los tatuajes del alma y los momentos de angustia. Llueve bordando cicatrices y bailando sobre los cristales rotos y las muecas amargas que necesitan risas. 

Llueve y me vienen aromas pasado y rutinas que se me incrustaron en el día a día y que en algún momento desaparecieron, nadie sabe cómo ni por qué. Intento recordar cuándo dejé de hacer esto o aquello, cuando dejé de pasar por aquella calle y de visitar aquella tienda en aquella plaza… Y las personas, las que se fueron. Algunas se fueron un día concreto, a golpe seco, como si la vida las barriera. Otras se fueron borrando poco a poco hasta que dejaron de tener sentido en este nuevo pedazo de vida. Lo que hoy nos parece dogma, mañana es recuerdo, es aroma, es nada.

La vida siempre te astilla el sillón cuando te acomodas para que sepas que hay que moverse y levantarse. Para que tengas que dejar de pasar por esa plaza y cambies de caras y tal vez un día como hoy vuelvas a verlas, a rescatarlas y te des cuenta de que no las echabas de menos pero, a tu modo, sigues amándolas.

Llueve hoy en mi mundo cargado de cuentos e historias maravillosas. Las brujas son ahora preciosas y las princesas son más guerreras que nunca… La lluvia fina cae sobre un manto verde, cada vez más verde gracias a la lluvia fina… Porque todo es causa y efecto y  el fin y los medios se mezclan hasta que todo tiene sentido y cobra forma. Llueve para sacar de dentro ese llanto acumulado que te quiebra e irrita la garganta y al mismo tiempo lloras porque llueve y te recuerda que no lloras… No lloras suficiente y por lo tanto no puedes sonreír con ganas. Llorar para darse cuenta de que duele y decidir soltar ese dolor y convertirlo en pasión, en motivo, en magia.

Llueve como si fuera a llover siempre, pero no importa porque la lluvia acumula tanta belleza que podrías acostumbrarte a vivirla y amarla. Llueve a sorbos, a caricias… Llueve lágrimas de plata que se posan en los objetos más cotidianos y lo convierten todo en un escenario posible y ávido de sorpresa… Llueve una lluvia eterna pero no importa porque te das cuenta de que si decides abrazarla y sentirla, la vida sabrá apartarla de ti para que comprendas que no dependes de ella, que no la necesitas. Y entonces, la tendrás siempre, hermosa, abundante, infinita… Lloverá a placer cuando sueñes lluvia, cuando respires lluvia, cuando busques lluvia…

Llueve sin culpa para que suelte mi culpa. Para que me perdone los sueños perdidos y los escalones que no puede subir… Para que me lama las heridas y me acurruque a mí misma. Llueve para que entienda que no hay más errores que el de creer que los errores no son necesarios y anclarse a ellos y llevarlos siempre en las botas… Llueve con afán de borrar recuerdos y desbordar emociones pero con una calma que apenas agita las cortinas y golpea cristales. Llueve lento y agarrado, sin más prisa que la necesidad de soltar lastre, a ritmo de tango y de canción olvidada… A compás de taza de café e historia de amor sin final, sin beso, sin roce, sin más eternidad que el deseo latente y la noche en vela pensando por qué. 

Llueve en mi mundo de caras gastadas y la cabeza estalla buscando almohada y consuelo. No encuentro mar que calme mis pensamientos insistentes y corruptos, husmeo entre la basura de ideas que no saqué ayer ni antes de ayer ni hace un siglo. Me meto en el vertedero de pensamientos angustiosos de toda mi vida buscando algo nuevo sin querer darme cuenta de que todos están viejos, cansados, gastados, rotos, podridos… Que no hay en ellos ninguno que le sirva a esta mujer que ya se mira a la cara y se dice la verdad más cruda porque son todavía pensamientos de niña triste y asustada que no se atreve a nada… Llueven palabras sin tregua y sin boca, sin lecho y sin más destino que ser escuchadas, asumidas y amadas… 

Llueve y la lluvia fina me invita a sacar ese baúl de creencias rancias y putrefactas, me pide que las arrastre hasta el porche de mi vida y las olvide… Que me arranque de una vez por todas los no puedo, los nunca me pasa a mí, los yo no soy de esas personas, los no merezco y los qué dirán de mí… Y que sobre todo, cuando encuentre nuevos pensamientos y creencias, los remueva poco, sólo lo necesario, y los lleve con calma sin hacerlos centrifugar y dar vueltas eternamente…

PUENTE LLUVIA

Llueve en mi mundo para que abra la puerta y saque los fantasmas más antiguos, las culpas rancias, los miedos con cara de amigo, las necesidades inventadas y las noches sin tregua de ansiedad y sábanas heladas. Para que no me quede más remedio que tirar la casa por la ventana y ver la vacía, nueva y maravillosa.

Para que me quede sólo con lo que me alienta… Para que suelte las muletas y confíe en mis piernas… Para que desborde mi alma cansada y repleta de tanto pensar.

No importa si no crees que puedes, a dónde no llegas tú, la vida siempre te hace llegar con un empujón.

Llueve en mi mundo de cartón piedra y es para que se rompa, para que se caiga… Para que tenga que fabricarme uno nuevo con nuevas emociones, para que tenga que sacar los trastos viejos y vaciar los armarios de amarguras. Llueve para que se borre mi guión estructurado y perfecto de todo lo que debe pasar y a mi manual de andar por al vida se le mojen las hojas donde tengo escritas las normas más estrictas… Llueve para que note el agua en mi piel y me sienta tan insegura que tenga que encontrarme las agallas… Llueve para que sepa que puedo cambiar de forma para adaptarme a lluvia y que eso no me hace perder la esencia, el aroma, el alma. Llueve para que me dé cuenta de que lo que necesito ya lo llevo a cuestas y pueda despojarme de cachivaches y artilugios que me tapan la perspectiva… Llueve lento, sin pausa, sin miedo, sin lastre, sin más sentido que el de la propia lluvia y sin más refugio que mi propia alma.

Llueve hoy en mi mundo, es una lluvia maravillosa que se se llevará el lamento y la angustia y me recordará que tengo tanto por hacer y vivir que este baile vale mucho la pena…