merceroura

la rebelión de las palabras


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Algunos errores son necesarios


Nos asusta equivocarnos y, sin embargo, es casi tan necesario respirar. Sin error no hay evolución, no hay madurez ni crecimiento. Sin fracaso, no hay victoria. Cada vez que nos equivocamos, abrimos un nuevo camino hacia otro lugar donde nos espera algo bueno, un aprendizaje que necesitábamos. Si sabemos sacar lo mágico, lo maravilloso, lo bueno de cada error, nos daremos cuenta de que salimos ganando y nos acercamos a nuestros retos, a nuestros sueños. Lo que cuenta es actuar. Decidir. Renunciar. Arriesgar. Equivocarse es maravilloso…

 


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El antídoto


Algún día descubriremos la forma de curarlo todo… Tras mucho investigar y dar vueltas…  Después de soportar grandes conflictos y pelearnos por patentes y fórmulas…Después de perder la mayor parte del tiempo y del camino discutiendo quién se cuelga la medalla… Y ese día nos quedaremos perplejos al darnos cuenta de que el antídoto para nuestros males y dolores ha estado ahí siempre, ante nuestros ojos, y hemos sido incapaces de verlo.

Por nuestra manía de no ver lo obvio y despreciar lo sencillo. Por el hábito de no valorar lo pequeño y dar por hecho que todo es nuestro sin agradecerlo.

Por nuestra insistencia en no comunicarnos y ahorrar palabras y eludir emociones, dejarlas encerradas en la memoria y sacarlas solo para retorcernos de dolor y angustia. En nuestro afán por no demostrar y negar, por prohibir y callar, por reprimir cualquier gesto que parece que nos haga débiles, por el terror inconfesable que tenemos a sentirnos vulnerables… Cuando en realidad nos hace humanos, elásticos, asequibles… Nos convierte en seres amables capaces de sentir y decidir desde el corazón. Porque cada vez que demostramos lo que sentimos, somos más fuertes e inquebrantables.

Cuando nos digan que la vacuna contra nuestras penalidades eran las palabras que no hemos dicho y las lágrimas que no hemos llorado… Cuando nos muestren lo mucho que calma y cura un abrazo y un decir “lo siento” y admitir errores y aprender de ellos. Lo mucho que descarga una charla entre amigos y la placidez que se siente dejando de controlar al mundo para que no te arañe. Cuando nos cuenten que la medicina que necesitábamos era perdonar y perdonarnos…

Cuando nos digan que cada vez que pisoteábamos a otros era como si nos lo hiciéramos a nosotros mismos porque estamos fabricados de la misma substancia y todo lo que afecta a unos afecta a otros…

Cuando nos cuenten que cada injusticia que hemos cometido se nos ha enquistado en una parte del cuerpo y nos quema por dentro como si fuera propia, que algunos la llevan cargada en la espalda y les pesa y otros la acumulan en el pecho y les acelera el corazón… Cuando sepamos que mirar a otro lado no borra lo que pasa, sino que lo hace más terrible…

Cuando admitamos que  sólo nos hacía falta un poco de empatía y compasión para con otros y con nosotros mismos, que sólo necesitábamos escuchar y no pasar de largo ante el dolor ajeno. Cuando seamos capaces de decirnos a nosotros mismos que tenemos tanto miedo que a veces huimos y otras atacamos para poder soportar la angustia que nos supone sentir y no controlar lo que sentimos…

Cuando advirtamos que nos cubrimos de excusas para no hacer y luego nos dedicamos a culparnos y culpar a otros de nuestras “no decisiones” y del dolor que soportamos por ser incapaces de asumir responsabilidades…

Cuando sepamos que lo único que debíamos hacer era respetarnos y amarnos. Aceptarnos  y aceptar a los demás tal y como son.

Ayudarnos a superar las cuestas más duras para ser más grandes…

Hacer el camino acompañados y contemplar cada detalle como si fuera único, como si fuera aún más efímero, como si fuera mágico.

Cuando descubramos que sólo hacía falta dar las gracias por todo lo que tenemos y soñar con cambiar lo que no era justo…

Cuando nos demos cuenta de que el remedio estaba dentro de cada uno de nosotros y sólo necesitábamos creérnoslo y compartirlo… Confiar que sabríamos cómo hacerlo si éramos sinceros y humildes, si lo deseábamos tanto que no nos conformaríamos con menos y obraríamos milagros.

Algún día descubriremos que lo grande subyace en lo pequeño.

Que lo más difícil vive en lo sencillo, en lo básico.

Que la felicidad es salud y la salud es felicidad.

Que la belleza es el amor que damos.

Que, a veces, lo que más importa desaparece cuando dejas de apreciarlo y hay que cazarlo al vuelo.

Que la respuesta está en nosotros. Ha estado siempre esperando a ser rescatada de entre la maraña de egos y miedos absurdos.

Algún día descubriremos que sólo debíamos fluir y hemos pasado siglos contenidos, estancados, asustados, avergonzados de ser nosotros mismos…

Algún día sabremos que el antídoto eran las palabras y que hemos pasado mil años sin aprender a usarlas…

Algún día… Quizás no está lejano.

 


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Permítete olvidar


A veces no paramos de viajar a nuestro pasado para revivir una y otra vez nuestras tragedias. Nos golpeamos con los mismos muros y seguimos sin aprender. Nos aferramos al dolor y somos incapaces de ver el aprendizaje y dejar esa emoción lastimosa que nos provocó en el pasado vivir esa experiencia. No sabemos olvidar. Crecer y madurar como seres humanos es un trabajo duro pero nos debemos sentir orgullosos de quiénes somos y de cómo hemos vencido ese dolor. Y al recordarlo, ver la victoria y mirarnos como somos ahora, no como fuimos ni retozar en el fango de ese dolor del pasado. Una vez me dijo un sabio que para ser feliz hay que tener buena salud y mala memoria, Permítete olvidar lo malo y quedarte con la belleza que has conseguido… Sé que puedes y que sabes…


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El resto de tu vida


Se acabó esconderse. La vida no es un armario. Tú no eres un muñeco que pueda meterse en la caja y salir cuando no hace frío o el viento es propicio. Si no sales cuando las cosas pintan mal, no saldrás nunca. Porque te harás pequeño y diminuto. Porque siempre pensarás que no es el momento y te acurrucarás plácidamente a esperar. Y un día te darás cuenta de que eres viejo… Y aunque nunca es tarde, ¿por qué no gozar antes? ¿por qué no intentar antes ser como sueñas? ¿por qué esperar a mañana para vivir?

Tu forma de ver la vida no es negociable. No puede haber regateos ni rebajas. Si aceptas menos de lo que mereces, vas a tener que sobrellevarlo siempre o hasta que no puedas más y vuelvas a reclamar lo que es tuyo, las riendas de tu vida. Si te tragas lo que no soportas, si te callas lo que suplicas decir… Un día estallará dentro de ti.

Lo cual no significa que no aceptes algunas situaciones adversas, al contrario. Las aceptas, buscas la forma de aprender de ellas y empiezas a cambiarlas con tu actitud. Imaginando cómo darles la vuelta. Sólo con que en tu mente ya exista esa posibilidad de cambio, ya existe ese cambio en la vida real. Ya estás incubando una oportunidad. Ya cambia todo porque tú cambias por dentro.

¿No te has dado cuenta de cómo has cambiado ya sólo por planteártelo? ¿No te has fijado en las palabras que usas ahora y que no usabas antes?

Has pasado del no puedo al me gustaría…

Del no va conmigo al “tal vez”. Eres otra persona, el de siempre con esperanza… La esperanza lo mueve todo si eres capaz de conseguir que se instale en tu vida y se convierta en en confianza.

Del Imposible al posible hay dos letras. Y las escribes tú.

Tus pensamientos crean tu camino. Lo que imaginas empieza a existir en el preciso momento en que lo dibujas con en tu cabeza. Tus palabras esculpen cada uno de tus pasos. Tus ideas cobran vida. Tus sueños construyen tu presente y tu futuro.

Y no tiene que ver con la situación, ni con tus habilidades. Tiene que ver con tu forma de mirar. Para saber si eres de los que pasan por delante de ese lugar donde reparten alegría y nunca entras o si estás construyendo un puente imaginario para llegar al otro lado donde sabes que pasan cosas.

A veces, hay que gastar el último euro que nos queda en una libreta donde hacer una lista de lo que será nuestra vida en el futuro. En un libro que nos ayude a encontrar respuestas, en un café en buena compañía que nos dará fuerzas para seguir, en subir a la noria para ver que cuando el mundo no gira, giras tú… Aunque el miedo nos diga que será mejor ahorrarlo y guardar. Y seremos un euro más ricos, económicamente ricos… Y más pobres en emociones, en respuestas, en sensaciones… No habremos conseguido activar en nosotros esa palanca que un día se pone en marcha y notas como lo cambia todo…

Ese momento en que te cruzas con alguien en la vida y te dice una frase, una palabra sólo tal vez, y esa palabra lo es todo. Es la palabra que estabas necesitando oír y notar. Te zarandea tanto por dentro… Te remueve los cimientos y te conmueve las entrañas. Te trae recuerdos, te inspira, que insufla unas ganas tremendas de devorar una vida que hasta hoy simplemente mordisqueabas… Te saca de dentro esa persona capaz que estaba dormida y sumisa a un destino que no le pertenece.

A veces, hay que apostar todo lo que tienes por todo lo que sueñas, aunque te quede muy poco y la altura de tu sueño sea vertiginosa. Nunca tenemos tan poco como creemos… Nunca son demasiado grandes nuestros retos porque siempre podemos crecer hasta llegar al tamaño necesario para que sean asequibles.

Eso es lo que importa. Ese es el gran logro. No conseguir el sueño sino convertirse en la persona que es capaz de tocarlo. Alcanzar el tamaño que requiere nuestro sueño, lo obtengas o no, y notar que a partir de entonces lo puedes todo… Prepararse para llegar a la cima y tal vez no llegar pero saber que ya nunca dudarás de tu capacidad porque ya eres ese tipo de persona que sube cimas y logra sus retos.

Porque has alcanzado la medida necesaria para asumirlos.

Porque tal vez tu sueño estaba ahí para ser un primer paso, una excusa, un cebo gracias al cual poder transformarte.

Aunque para eso hace falta salir de debajo de la cama, del armario, del servicio, de la rutina, del traje gris y detrás de la pantalla del ordenador.

Se acabó esconderse aunque haga frío. Aunque esté oscuro. Aunque los pies pisen suelo desconocido y las piernas flaqueen.

Se acabó esperar a saber que todo está bien para explorar la vida. Se acabó buscar seguros y escondites.

La vida se nos escapa mientras esperamos el momento adecuado.

Se acabó esa sensación de que hay cosas que no van contigo, que están fuera de tu alcance, que nunca te pasan a ti.

Se acabó esperar a que todo sea perfecto para empezar a vivir…

El mundo gira mientras te detienes a ponerte el impermeable.

El tiempo se acaba mientras tú buscas la mejor forma de hacer algo que sabes que no harás nunca…

El reloj se rompe mientras encuentras la palabra que buscas. Mientras te entretienes en un recuerdo que ya no da más de sí y que cuando saboreas te trae a la mente los mismas emociones de siempre que no llevan a nada que te ayude a decidir…

Mientras te decides, el árbitro pita el final del partido.

¿Te has dado cuenta de que te duermes y no haces nada? ¿No ves que necesitas un zarandeo?

A veces, sólo tienes lo que dura un suspiro para decidir si el resto de tu vida va a ser como sueñas o como detestas.

¿Y si fuera ahora?


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El tiempo perdido


He perdido tanto tiempo sin amarme… Sin sentirme, sin despojarme de historias desgastadas y miedos infantiles. Sin mudar la piel donde llevaba escrito el fracaso y el ridículo, sin borrar la mueca triste de no haberme atrevido a existir sin excusarme todo…

He perdido alma buscando mi alma.

He malogrado sueños creyendo que mis sueños eran grandes para mí.

He desperdiciado un siglo escuchando a cobardes que no se atrevían ni siquiera a acercarse al quicio de la puerta y me pedían que no saliera al mundo… Porque allí hace frío y nunca sabes qué puede pasar.

He malgastado horas imaginando tragedias y recordando palabras crueles… He ocupado mi cabeza con pensamientos tristes en lugar de dejar entrar el sol y respirar.

He perdido lágrimas de alegría porque me había vaciado llorando de pena por algo que no podía remediar.

He sido el pez y la caña y un poco el mar.

He descuidado la vida la noche pensando en cómo sería el alba… Me he perdido el alba preocupada por el mediodía.

He almacenado tempestades en mi pecho que nunca pude soltar que a veces me han convertido en una marioneta frágil, una muñeca cansada que no sabía decidir.

He quemado esperanzas porque no supe verlas entre la maraña de escombros de mi ego dolido y mi miedo gigante.

He perdido oportunidades porque cuando pasaban por mi lado y me saludaban con la mano yo miraba al suelo y me lamentaba por mis miserias.

He salpicado con mi dolor a los que venían a regalarme un abrazo.

He sido el reloj y he sido el tiempo y la loca que corre porque se le escapa un tren que no desea alcanzar.

He sido tan impaciente que me devoré a mí misma y no me encontré cuando más me necesitaba.

He perdido mi esencia intentando ser otra persona para contentar a un mundo que ni siquiera me miraba. He tenido que volver tras de mí cuando me he dado cuenta de que aquel yo perdido era un tesoro a recuperar.

He cambiado consuelo por malas caras y un poco de amor por un rabia inmensa que no podía calmar.

Mi alma guerrera se ha saciado de ofensas imaginarias porque cualquier mirada fondeaba en mi susceptibilidad.

He desaprovechado mucho tiempo pensando que lo haría y no lo he hecho nunca.

He pasado horas culpándome por no haberlo hecho…

He sido el viento y las hojas, el árbol y las raíces… He sido el camino y el caminante y cada uno de los pasos que le quedaban por dar.

He pisado tantas risas con malos agüeros y he cubierto con mis agrias ironías momentos de pánico y soledad.

He perdido sin honra y he ganado sin sentido.

He suplicado sin fe y pedido compromiso sin confiar…

He dejado que la pasión me rompiera las alas y me dejara tan loca que nunca más podría volar.

Aunque, he soñado sin medida y me he vuelto loca al amar.

He regalado tiempo cuando no tenía tiempo.

He ganado carreras perdidas y he encontrado palabras de consuelo.

He subido montañas interminables y he saltado al vacío sin más red que mis ganas ni más certeza que mi fe.

He sido la noche y el día. El bostezo y el ansia por acabar.

He regalado mis besos y he recuperado mis facciones de niña al recordar.

Porque después de imaginar tragedias, supe construir sueños.

Porque después de marchar deshice el camino y volví sobre mis pasos para volver a empezar.

He perdonado a la niña que no supo ver que había esperanza.

He abrazado a la mujer que culpaba a la niña por no ser perfecta.

He escrito mil historias para que muchas personas fueran felices.

He sido feliz con su felicidad.

He sido un mar de dudas y un océano de caricias.

He fallado mil veces y mil veces he suplicado encontrar la moraleja y aprender de mis pasos dudosos.

He sido el escondite y la niña que juega e imagina que nunca la encontrarán.

A veces, he sido mi peor versión pero siempre me he dado cuenta para rectificar.

He roto todos mis recuerdos amargos en mil pedazos y para volverlos a juntar he usado el pegamento de la risa y la voluntad…

Me he reído de mis misma tanto que casi podría llorar…

He juntado palabras hasta reventar y perder su sentido.

He sido uno de esos cantos de río que se lanzan para ver como hacen círculos en el agua… He sido el agua… Y una de esas monedas que tiras a la fuente para pedir un deseo. He sido también el deseo…

Un día de lluvia intensa y un rayo de sol que entra por el quicio de la puerta e ilumina una pequeña habitación donde las fotos están amarillentas.

A veces, el tiempo perdido se te queda atrapado en la garganta y no te deja gritar…

Lo he sido un poco todo y nada en mi afán de vivir y soñar.


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¿Cuántos amigos tienes en Facebook?


¿Eres de los que aún confían en enviar curriculums para que te contraten? si la respuesta es afirmativa, te estás perdiendo mil oportunidades que no te puedes permitir. Sin una Marca Personal sólida no llegarás a los puestos de salida para conseguir una entrevista en la que, entonces sí, depende de ti y de tu forma de comunicar tu profesionalidad.

Tu talento está cada vez más en las redes sociales que es uno de los principales elementos de consulta de los reclutadores a la hora de contratar. Allí es donde se valoran tus contenidos y tu capacidad de aportar valor. Si no tienes una Marca Personal que muestre tu potencial en ese ámbito muchos te pasarán por delante… Despierta ya y ponte en marcha. Escribe un blog, muestra tu obra en Instagram, Twitter, Facebook y encuentra contactos de tu sector en Linkedin que te aporten valor y te sirvan para aprender y mostrar lo que vales… Cuentas con un gran escaparate… La batalla ahora se libra en las Redes y entre las mejores marcas. No seas una marca blanca… No te lo puedes permitir.

 


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Porque te lo debes


Decidir que ya no quieres, que ya no te callas, que ya no te conformas…  Y ¿Por qué no? Decir basta…

Saltarte la próxima queja y soltar uno de tus complejos absurdos mientras das un paseo improvisado ante el mar, a media tarde… Cuando crees que deberías estar haciendo algo que durante mucho tiempo has pensado que importa mucho y ahora ves que era superfluo…

Detenerte para imaginar cómo será el resto de tu vida. Mimar cada detalle con todo lujo de sensaciones y entusiasmo infantil…Recordar aquellos momentos en que creías que todo era posible y no entender que pudo pasar para dejar de creerlo.

Recuperar tu vieja caja de tesoros y descubrir que ahora son incluso más valiosos que antes.

Ir caminando despacio al lugar donde se supone que tienes más prisa por llegar y detenerte a dar los buenos días por el camino a cualquiera que tenga cara de necesitarlos…

Que no te importe que los ignorantes te ignoren.

Que no te asuste que los que se asustan por todo no te entiendan.

Que no te moleste que los que nunca bailan se rían al verte bailar mientras ellos apuran sus copas amargas de rutina.

Alegrarte por los triunfos ajenos como si fueran propios.

Celebrar las victorias de tus adversarios.

Saber que no te hace falta llegar primero para ganar.

Notar que ya no te importan los resultados porque lo que te interesa es la efervescencia previa al imaginarlos y la satisfacción de haber sido capaz de lucharlos.

Darte cuenta que desde que no te preocupa lo que piensen, ya no piensan.

Dejar plantadas a tus culpas de siempre justo cuando toca sesión de reproches.

Soltar la carga pesada de no ser, de no llegar, de no reconocer…

Vacilarle a tus miedos y ver que se encogen.

Pasear con la mirada desafiante por ese lado de la calle de tu vida donde hasta hace poco no te atrevías a poner un pie.

Olvidar recordar tus tragedias.

Olvidar tus lamentos diarios porque estás ocupado saltándote una norma que no recuerdas quién impuso pero ahora ves claro que no tiene sentido.

Descubrir que ninguna de las normas que sigues te hace feliz y lanzarlas al mar.

Recordar que un día hace mucho, cuando eras niño, tenías un sueño y aún lo tienes pendiente.

Alimentar a tu yo imprudente y alocado que siempre te pide que no dejes pasar las oportunidades.

Perdonar sin saber aún cómo ni por qué a los verdugos de tus alegrías. A los que te arrancaron la ilusión o jugaron con tu corazón… Perdonarles porque ya no te importa qué pasó, porque ya no te duelen sus palabras y sus actos… Perdonarles porque, en el fondo, te dan pena sus vidas limitadas.

Perdonarte por no ser, por no tener, por no llegar… Y perdonarte por haberte culpado por todo esto durante años y no haber sido capaz de ver todo lo bueno que había en ti.

Notar que estás contigo. Que estás de tu parte. Que no necesitas un decorado perfecto para vivir. Notar que cuando respiras hondo ya no sientes ese punzada que te recortaba la libertad.

Equivocarte. Decidir que es mejor fallar que pasarse la vida lamentándote por lo que podría haber sido…

Hacer lo que quieras ahora mismo,  no porque debes sino porque te lo debes…

 

 

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