merceroura

la rebelión de las palabras


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No hay amor tan grande…


El verdadero amor es el ama lo que eres y quiere para ti lo que tú quieres. El que hace que te quieras a ti mismo. El amor más intenso no es aquel que durante su ausencia te deja frío, sino el que te permite sentir aún su calor cuando no está presente. No es un amor sometido sino independiente. No es un amor absorbente sino elástico.

No dura siempre, sencillamente parece que te haya acompañado toda tu vida…

No hay amor tan grande como el que propicia tus sueños y tus pasiones…

El amor sincero te deja escoger y sentir. No busca resultados sino encuentros. No se mide por meses sino por momentos.

El amor grande no idealiza, realiza. No te deja con hambre sino con sueño. No contamina tu vida, la comparte. No acelera tus pasos sino tu pulso. No rinde cuentas, cuenta ilusiones y dibuja sueños.

No hay amor tan grande como el que te acaricia el alma… Como el que se ilusiona con lo que te ilusionas.

El mejor amor es el que te permite cultivar tu soledad. El que te deja rincones perdidos y ventanas que abrir para que pase el aire y no pierdas el ritmo. El mejor amor es el que inspira a subir las montañas más altas sin reparar en el esfuerzo.

El amor sano no cierra, abre. No esconde, muestra. No ata, libera. No responde, pregunta.

No dice siempre que sí.

No dice siempre que no.

No espera que bailes si no quieres baile, no espera que te reces, si tú no rezas.

No hay amor tan grande como el que suelta las correas que llevabas atadas…

El amor sano no se encoge, se expande. No se contiene, se derrama. El amor más sano es el que te mejora y te potencia. El que nunca te mira esperando que calles, el que nunca te mira esperando que desaparezcas.

No hay amor tan grande como el que comparte tus rarezas… El que encuentra belleza en tu rostro cansado y te desea. El que te recuerda quién eres cuando tú no lo recuerdas.

No hay amor tan grande como el que no es ciego porque se da cuenta de tus errores, pero los comprende y respeta… No hay amor tan grande como el que te conoce las flaquezas y te ayuda a superarlas, sin reprenderte por ellas. El que no busca en ti lo que no tienes, el que no espera que llegues donde no llega. El que no desea que vivas una vida que no quieres y que él no es capaz de sobrellevar.

El amor puro es el que no pide, da. No reclama, siente… No reprocha, transpira. No grita, habla, explica, dialoga… El amor puro consiente no ser tu amor primero, ni el segundo, ni el más grande.

No hay amor tan grande como el que no termina, tan sólo se transforma…

El amor más fuerte es el que cede. El que si hace falta, se aparta. El que se apasiona, pero no hostiga. El que abraza, pero no atenaza.

El amor más fuerte es el que más se adapta sin perder su forma, el que más se dilata sin perder su esencia… El que sabe a dónde va, pero permite que otros le muestren parte del camino o le inviten a detenerse y notar la vida.

No hay amor tan grande como el que te mueve y conmueve, como el que haces que brilles …

El amor más sereno sosiega, acaricia, redime.

El amor más profundo envuelve pero afloja. Cobija, refugia, ampara. Nunca te suelta si caes, nunca te sujeta si necesitas marcharte. Si quieres cielo, te da cielo. Si quieres baile, va contigo y baila. Si persigues un sueño lo alienta, si tienes miedo lo apacigua y calma.

No hay amor tan grande como el que crece contigo.

No hay amor tan grande como el que te hace grande…


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Mala memoria


Una vez oí decir a un sabio que para ser feliz hace falta tener buena salud y mala memoria. Dijo que los dos conceptos estaban intrínsecamente relacionados. Para estar sano es necesario soltar todo lo que nos amarra al sufrimiento, al dolor, a la frustración, al miedo y al resentimiento. Impedir que el recuerdo nos reconcoma… 

Yo siempre he tenido en mi vida muy presente mi pasado y, en aquel momento, pensé que me iba a ser muy difícil. Levar anclas es un trabajo arduo cuando llevas años hundiéndolas para no perder el amarre por temor… Curiosamente, no hacía demasiado, alguien que no era sabio sino todo lo contrario, se había despedido de mí para siempre con una frase como “quiero que olvides el pasado, no vivas pendiente de él porque te impide ver el presente”. No sé por qué lo dijo, no creo que me hubiera conocido lo suficiente como para saber de mi querencia a los recuerdos y a la pátina dolorosa que a veces siguen encerrando. Ni siquiera creo que su inteligencia emocional estuviera lo suficientemente crecida como para entender el significado extraordinario de la sentencia con la que me dejaba atrás… Con el tiempo, he llegado a creer que era un bárbaro con un momento de lucidez ilustrada inexplicable. Nunca se sabe… Tal vez la oyó en alguna película y la memorizó para decirme algo impactante como despedida. Quizás no supe valorarle. El caso es que mi consejero involuntario me regaló desde la ignorancia un hermoso regalo de adiós. Y durante muchos días, puesto que el mensajero era un poco limitado en esto del desarrollo personal, lo admito, valoré aquella sentencia sin justa medida… Pensando que lo que viene de un tonto, tontería es.

Hoy en día, yo he madurado un poco (eso creo) . Y no sólo sé que la vida está llena y repleta de héroes involuntarios que te salvan sin querer y que, como he dicho en alguna ocasión, no es necesario que tus maestros sean más sabios y emocionalmente desarrollados que tú. Y ya no llamo a nadie tonto, por respeto. Procuro buscar en él siempre algún tipo de inteligencia, todos la tenemos, como mi ignorante necesario.

Aunque, vuelvo al sabio. Mala memoria para ser feliz. Luego me di cuenta, consiste en olvidar lo que duele. Recordar de lo ocurrido esa parte blanda y dulce o esa parte amarga que lleva consigo un aprendizaje valioso. Y borrar culpas, resentimientos, rabias y asco acumulados. Nada cura más que el perdón a quien lo concede… Y es tan complicado de aplicar, a veces. Sobre todo el perdón a un mismo por los desatinos, por las faltas, por no cumplir expectativas que nada tienen que ver con nosotros, por no saber reconocer nuestra autenticidad…

Buena salud y mala memoria. Vivir el día a día. Planificar cosas maravillosas sin agobiarse ni obsesionarse. Tener claro a dónde vamos, pero sin dejar de mirar al paisaje…  Con los pies en el suelo y las manos tocando el cielo…

Olvidar el zarpazo y quedarse con el proceso de superación que nos conllevó cerrar la herida. Olvidar las malas caras y las malas intenciones y quedarse con el resultado del proceso, nosotros ahora, nuestra versión mejorada. Somos el resultado de todos esos golpes.

Y no recrearse en la caída, mejor recordar la bravura que tuvimos al levantarnos. La valentía, la fuerza, las ganas… 

No somos el que cae, sino el que se levanta. No somos el que queda en evidencia, sino el que se atreve a pedir lo que quiere. No somos el que se pone enfermo, sino  el que se cura. No somos el que llora, sino el que consigue volver reír. No somos el que  se equivocó, somos el que aprendió de su fracaso. No somos el que perdió la carrera, somos el que fue capaz de enfrentarse a ella y superarse a cada paso.

Y mi héroe involuntario no es el que me dejó, es el que me dijo la frase mágica que me llevó a olvidar un poco el dolor.

Y Yo… Yo no soy la que no sabía cómo enfrentarse a la vida pendiente de pasado angustioso, soy la que aprendió a hacerlo poco a poco e insiste cada día para superarse.

Mala memoria de la buena…

Como las madres que cuando miran a sus hijos no recuerdan el dolor del parto o la gran espera hasta poder adoptarlos sino la felicidad de tomarlos en sus brazos por primera vez y quererlos sin límites… 

O como las águilas, que me contó una buena amiga que viven setenta años y al llegar a los cuarenta vuelan hasta una cueva  para renovarse por completo y dejar atrás su cuerpo cansado. Allí se golpean el pico hasta arrancarlo, para luego, con el pico nuevo poder arrancarse las uñas y, con ellas renovadas, las alas. El proceso dura cinco meses y cuando termina, el ave se ha desprendido de lo viejo y está totalmente renovada y preparada para vivir treinta años más. Sin lastre… Porque a veces, hay que arrancar lo viejo y gastado que hay nosotros y renovarse. Sacarse los pensamientos tristes y amargos de encima y empezar otra vez… Hace falta tenacidad para dar el vuelco… Porque ser feliz es una tarea de gran envergadura… Las águilas se atreven y lo consiguen.

Buena salud y mala memoria… ¡Qué gran sabio! 

 

Por cierto,  el sabio era el prestigioso psiquiatra Luís Rojas- Marcos, al que tuve el placer de escuchar en una conferencia hace unos años.

El héroe involuntario… ¿importa? ya sólo existe en mí a través de su frase… ¡Gracias a ambos!


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Por si no deseas postergar más tus sueños…


Piensa qué deseas y qué puedes ofrecer.

Encuentra tu talento y descubre cómo puedes potenciarlo. En el fondo, tú ya lo sabes… Busca lo que te hace diferente y único. Y practica sin parar… El mejor en algo es a menudo el que lo ha hecho más veces y ha puesto los cinco sentidos. El que se examina a sí mismo con ojos críticos y constructivos. Aunque tan importante es la experiencia como el entusiasmo, no lo pierdas nunca…

No te entretengas mucho estudiando para perfeccionarlo, ya lo harás. Trabaja en ello cada día, ensaya, ponte en marcha, actúa. El mejor escritor es el que escribe cada día, el que empieza a escribir sin saber qué va a decir pero junta palabras porque sabe que en algún momento tendrá una historia porque sabe lo que quiere contar… La mayoría de veces apuntarse a un curso para perfeccionar es la mejor forma de postergar. Y si lo necesitas, hazlo al mismo tiempo o analiza si lo haces para eludir la responsabilidad de ponerte en marcha…

Decide si realmente el esfuerzo vale la pena para ti

Si te compensa, si aceptas el reto o eres demasiado perezoso. Sácate el letargo de encima y decide si vas a aguantar todo el esfuerzo… Si miras a tu alrededor y no te gusta lo que sientes, no tienes nada que perder. Toma energía, toma impulso, ilusiónate a cada momento.

Haz sobradamente el ridículo

Hazlo si hace falta, exponiéndote, mostrándote. Busca tu público, busca quién puede estar interesado en lo que tú haces, a quién beneficia, a quién puedes ayudar… Equivocarse no es hacer el ridículo. Lo realmente ridículo es esconderse por temor a lo que piensen los demás.

Exhíbete sin miedo. Siente el vértigo de tropezar y caer, de notar todas las miradas en la nuca y esquivar todos los comentarios… Si te pones en primera fila, recibes los golpes y también los elogios. Asume el riesgo de quedar en evidencia… ¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿De verdad es tan importante que murmuren? ¿De verdad es te molesta tanto que se rían o que critiquen?

Mejor que otros crean que haces el ridículo que quedarse con las ganas de vivir…

No des demasiada importancia a las críticas, revisa las bienintencionadas, las de personas que dominan la materia en cuestión y las de todos aquellos a quien admiras y ríe con las demás. Tal vez lo que para ellos es una locura, para ti sea una forma de ver la vida. Los que hacen algo extraordinario, algo innovador, algo que rompe con todo, siempre reciben incomprensión al principio. De alguno de esos comentarios que te hagan puede salir alguna idea interesante, aunque habrá personas que no te entiendan nunca, tal vez no sean tu público. No te obsesiones…

Estoy segura de que a quién construyó el primer avión de la historia de la humanidad muchos le mirarían con recelo y harían mofa de su sueño… Construye tu avión si crees que es bueno, si crees que aporta valor, si te hace mejor ¿qué importa qué piensen?

Sacude tus miedos y toma las riendas.

Revela tus aptitudes, comparte

Regala tu talento y no seas tacaño con él. El talento oculto se empobrece, se hace pequeño y pierde brillo. Demuestra que tus aptitudes son útiles, que mejoran la vida de los demás, que aportan un valor… Muéstralas… En las esquinas de las calles más transitadas, en las redes sociales, en cualquier lugar donde sea un reto… Comparte tus conocimientos y experiencias. Si has descubierto algo que mejora la vida de los demás, cuéntales cómo hacerlo. Si sabes cómo ayudarles, hazlo. Si escribes, publica un blog, atrévete con un libro. Si actúas, actúa para todos y hazles sentir. Si cantas, haz que oigan tu hermosa voz… Si construyes aviones, construye uno… No esperes a que te lo pidan, hazlo. Mejora tu vida y la de los demás cada día…

Regala tu talento hasta que un día alguien pague por él. Y luego, cuando lo hayas demostrado, pide lo que vale. Valórate tú primero, no esperes a que otros te tengan que decir que eres único para creértelo. Si no te quieres, esto no va a funcionar.

No dejes nada pendiente

No dejes nada para otro día, porque el genio de la lámpara pasa hoy por esa esquina a la que te da pereza ir a tocar o entrará hoy en tu blog para ver si has escrito algo nuevo que merezca la pena… Si no sabes si ir o quedarte, si no tienes claro si moverte o quedarte quieto… ¡Actúa! Si dudas entre decir sí o decir no, dí que sí.

Traza tu plan 

Sé tú marca y véndete. Sé coherente contigo mismo y con lo que haces. Sé honesto. Cuida tus formas, mima los detalles… Busca a quién conocer. Entra en todas la redes sociales. Métete en todas las salsas. Lee a todos los sabios. Pregunta, expone, agradece y, sobre todo, insiste. Cien, mil, cien mil veces si hace falta. Y si no surte efecto, recalcula tu ruta y piensa qué no está funcionando. A veces, es por el camino que sigues, otras por la actitud… Otras, es porque te faltan cinco minutos para llegar pero no lo ves porque estás muy obcecado en lo que falta y no valoras lo que tienes.

No te estanques. A veces los sueños se nos hacen viejos y nos caducan antes de cumplirlos. A veces, eso ocurre porque no los deseamos tanto como creemos en realidad, porque son sueños prestados o porque en el fondo, lo que nos gusta es soñar y no tocar, no llevarlos a cabo… Soñar sin actuar es frustrante pero al mismo tiempo, plácido y cómodo.

Huye de la comodidad, es para mediocres.

Otras veces, no encontramos la forma, no planificamos, no ponemos fechas para empezar ni diseñamos una estrategia para saber cómo llegar. Pon fechas a tus pequeños logros  pero hazlo sin que sean correas que te oprimen. Sé razonable contigo,  no te exijas hasta asfixiarte, déjate un margen, modifica tus recorridos si es necesario… Para superar tus límites no es necesario que seas un tirano contigo mismo, que tes esfuerces no significa que no disfrutes, sino todo lo contrario. Y salir de tu zona de confort no significa sufrir.

Actúa como si ya fueras esa persona que sueñas ser

Empieza a ser ahora quién sueñas ser. Sé esa persona que está oculta en ti y que quiere salir y gozar de otra forma de vida. Visualízala. Anda como anda esa persona, siéntete como se siente ella, haz lo que ella haría y piensa lo que pensaría … Ponte en la situación y nota cómo cambias. Respira como respirarás cuando seas como quieres llegar a ser, viste como vestirás cuando seas dueño de tu vida. Esa persona eres tú, esa persona que una vez libre de la etiqueta que lleva ahora y de unas limitaciones absurdas, abraza lo que desea. ¿Imaginas cómo te sentirías? Pues siéntelo ahora y vibra de emoción. Esa vibración será tan intensa que podrá notarse desde cualquier lugar, se notará cuando los demás te miren a los ojos… Ellos verán lo que tú eres y lo que tú sueñas, verán en ti lo que sabes de ti, verán lo que tú confías que puedes hacer…

Sé ahora lo que sueñas con ser mañana y el mundo se dará cuenta de que ya lo eres.

Da siempre las gracias. Sé humilde. No estás solo, no eres el centro de nada, no olvides que vas de la mano con tus lectores, con tus clientes, con tus oyentes, con tus consumidores…

Disfruta. Disfruta con tu talento, con todo lo que haces y el entusiasmo que le pones a cada gesto. Disfruta porque eso engancha mucho a quién te sigue. La emoción que sientes tú es lo que emociona a los demás, tus ganas serán las suyas, tu ilusión será la suya…

Ten mala memoria. Sé optimista y olvida lo que sobra en tu nueva vida. Ahora viajas ligero y en la maleta ya no te caben ni dolor ni resentimiento… No hay lugar para culpas ni reproches. No acumules recuerdos que arañen y salpiquen tu vida actual. Exprime de ellos lo bueno y suelta el resto. Asume, sonríe y cabalga.

Confía en ti y lidera tu vida. Recuerda siempre que puedes y que quieres, recuerda quién eres… Recuerda que llevas las riendas y decides. Eres grande, haz que se note…


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Deja que la vida te sorprenda


Me preguntaban el otro día qué quería ser de mayor. Hace un tiempo, no mucho, hubiera respondido hablando de mi familia y mi trabajo, de cómo quiero evolucionar como ser humano y arreglar mis carencias. Sin embargo, el otro día, hurgué en mí y respondí que quería llegar a ser una persona con menos apegos, que quería fluir. Dejarme llevar, dejar de controlarlo todo, de aferrarme a mis cosas como si no pudiera vivir sin ellas… Trazar mi camino y defender mi sueño, pero sabiendo que podré vivir sin él hasta que llegue. Que hay vida más allá de mis retos. Que cuando los consiga, me reinventaré, que soy capaz de respirar profundamente tanto si llego mis metas como si al final descubro que no eran para mí porque se desdibujan. Que vivo intensamente mientras camino hacia ellas… Que puedo fracasar sin hundirme y seguir… Que me puedo permitir vacilar y perder.

Es útil planificar una estrategia para conseguir lo que sueñas, tener claros tus objetivos, esforzarte y poner todo tu talento a trabajar. Ser optimista y saber que puedes, que lo mereces, que eres capaz de no rendirte, de encontrar esa fuerza en ti que te hace luchar… Aunque habrá que dejar margen a la vida ¿no?

Habrá que permitir al mundo que te pille desprevenido y te muestre algunas cosas que no verías si sólo vives en tu interior. Para conseguir tus retos, tu voz interior es importante pero tendrás que escuchar otras voces… Y no me refiero solo a dejar margen al error, hablo de dejarse deslumbrar por el mundo hasta el punto que te des cuenta de que alguna de las cosas o personas que te rodean te hacen cambiar de rumbo, que te cambian a ti.

Hay cosas que podremos conseguir luchando y otras no. Cosas que dependen de nuestro empeño y cosas que no. Eso no significa que debamos dejar de intentarlo, significa que hay que intentarlo aún más. Que hay que abrir mucho los ojos para no perder detalle de nada, por si hay que zarandearlo todo y volver a empezar. Tal vez, si no alcanzamos algunos de nuestros retos es porque nos esperan otros aún mejores o porque era necesario ese peaje para aprender…

Mis apegos, me preguntan, ¿cuáles son? La necesidad de controlar siempre, de tener claro que sigo el camino correcto, que no fallo, que no defraudo. Necesidad de escrutar cada paso, cada recodo, cada cruce de ese camino… Para no perderme o desviarme… Saber que si no lo consigo no es por mí responsabilidad, si no por las circunstancias… Y ¿cómo voy a ver esas circunstancias si solo miro el camino trazado por mí? ¿cómo aprender si no me permito fallar?

A veces, perdiéndote, encuentras lo que no estaba en tu plan diseñado para triunfar y te hacía falta para llegar… Un amigo, un maestro, un error necesario, un obstáculo que saltar para demostrarte que puedes… Un pañuelo para anudarse al cuello por si hace más frío del previsto…

Mis apegos… Necesidad de saber qué, cómo, cuándo, por qué… De darle vueltas a todo sin parar hasta encontrar razones que a veces no existen o que no se explican con la cabeza sino con la emoción. Necesidad de acabar con la incertidumbre que te muerde la cola, que te quema en el estómago o que se te carga en la espalda.

Mis apegos… Las culpas… Cargar con el peso de no ser, de no llegar…

Mis apegos, la seguridad de no destacar, de no brillar, de no sacar a la luz mis diferencias… Esos temores que a veces me llevan a la tentación de encerrar mi imprudencia innata y dejar de correr riesgos… De enjaular mi querencia a lo nuevo, lo fantástico, lo que no se toca pero te toca… Meter mi ilusión siempre sobredimensionada ante todo en una caja y lanzarla al mar… Y pensar que es mejor conformarse…

¿El antídoto? Sentir… Saber que, sea lo que sea lo que nos depara el futuro, es lo que debe pasar porque sabremos cambiarlo o cambiaremos nosotros para saber cómo vivirlo. Sea bueno o malo en apariencia.

Borrar la culpa y tomar las riendas.

Admitir que todas las metas son válidas… Tanto si llego por mar como por aire… Como si al final decido apearme y cambiar de sueño. Como si al final, al llegar, paso de largo, porque he visto algo más allá que brilla más o he crecido tanto en el camino que no quepo en mi sueño porque mientras luchaba por él me hice mayor… Por si tal vez prefiero detenerme y escuchar como crece la hierba o me late el corazón y dejo la carrera.

Todos debemos descubrir que, pase lo que pase, será lo que hace falta que nos pase para que lleguemos a dónde queremos llegar. Porque sabremos cómo actuar para darle la vuelta, porque encontraremos la pista que nos permite continuar. Porque podemos confiar en nuestras aptitudes para sobrellevar el futuro. En el trabajo, en las relaciones personales, en todo lo que nos afecta y circunda.

A veces, algo que está fuera de tus planes te acaba llevando a tu deseado destino.

Algo que no tenías previsto puede ser un soplo de aire fresco, lo que active en ti el interruptor que te permitirá poner en marcha tu mejor versión… Quizá para alcanzar tu meta, quizá para encontrar otra distinta que colma tu vida aún más.

Quizá para descubrir que eres algo más que tus metas y tus sueños…

A veces, un obstáculo es la salvación para dejar tu plan trazado y ver el que la vida te propone.

En ocasiones, entras en tu futuro por la puerta de atrás cuando llevas siglos golpeando la puerta delantera para pasar. ¿Fue en balde? tal vez debías hacerlo  para dudar, para caer, para pensar, para acumular más entusiasmo, para aprender a saber cómo no se hacía.

A pesar de tener clara la estrategia y emplearse a fondo, hay que dejar que la vida nos asombre. Dejar margen para equivocarse, soltarse, para contemplar lo que pasa a nuestro alrededor… No podemos seguir un camino y sólo mirar nuestros pies y dejar de admirar lo que nos rodea a cada paso porque está repleto de respuestas y nuevas preguntas, porque está lleno de belleza e inquietud…

Hace unos años, una persona me dijo  : “el verano pasado, por suerte, me rompí una pierna”. En aquel momento, me quedé perpleja, pero con el tiempo lo entendí. Esa persona me explicó que, gracias a que se rompió una pierna, tuvo tiempo para descansar y pensar qué quería hacer con su vida y darse cuenta de que lo que ocupaba sus días no la hacía feliz…”

Para bien, para mal… Nunca se sabe.

Lo que importa es que pase lo que pase sepamos gestionarlo y podamos dejar de tensar la cuerda que nos ata a nosotros mismos, que ya asfixia y aturde. Que nubla y no deja imaginar ni crear.

¿Qué quiero ser de mayor? Quiero dejar mi apego a todas esas cosas que me frenan y a las que temo perder, que podrían desvanecerse en un momento si no consigo mantener el equilibrio en esta cuerda floja… Quiero vencer el temor a no saber qué pasará… Quiero abrazar la incertidumbre de mis días y bailar con ella…

Pensar que si no te rindes y tienes claro lo que quieres, encontrarás la respuesta… Confiar… Saber que encontrarás el modo de alcanzar lo que buscas.

Descubrir que tus sueños pueden redibujarse, que tú puedes redibujarte, que tu universo es elástico y tú eres demasiado grande como para contenerte en una excusa o un lamento.

Y dejar que la vida te sorprenda. Tal vez su plan es aún más apasionante de lo que imaginas.


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Adoro


Vengo repleta de ilusiones rotas, pero con ganas de emociones nuevas. Llena de deseos inflamables y con mil carpetas por abrir bajo la leyenda “urgencia”.

Adoro mis impertinencias, porque algunas de ellas me han llevado a cumbres altas desde donde he podido ver mi pequeñez y mi grandeza…

Vengo hambrienta… Vengo viva y esférica, rotunda y deshilachada.

Vengo con los cabellos revueltos y los ojos repletos de lágrimas. No llevo puesta la armadura ni el sombrero, nada me cubre de nada.

Adoro mis complejos, porque para superarlos conseguí algunos retos que creía imposibles…

Tengo terciopelo en las garras y me he arrancado las espinas. Quiero sin normas, ni fisuras. Quiero para querer no para vencer, gano para compartir y no para llegar a la cima si en la cima no me esperan ni caricias ni palabras…

Vengo con las pupilas ansiosas de contemplar belleza, aunque esté oculta bajo una capa de indiferencia y tenga, a veces, un sabor amargo.

Adoro mis cicatrices porque hablan de todas mis batallas…

Por las veces que he perdido y me he levantado zurcida y remendada, vengo con las manos abiertas y temblorosas. Con las risas cosidas por si se me escapan…

Traigo tantas heridas y jirones que cuando estoy a contraluz, el sol traspasa mi cuerpo pequeño y poco denso y se ven mis penas a través de los cristales de mis ventanas … Se dibuja en una sombra mi cuerpo de cometa que busca un sol cercano en el que acurrucarse a ver pasar los días y sobrellevar las mareas…

Adoro mis sueños porque mueven mis días y apaciguan mis entrañas inquietas…

Traigo los recuerdos tan revueltos que ya no sé si son míos o los tomé prestados para imaginar haber tenido una vida más intensa o los desdibujé para que dejaran de arañarme la garganta…

Almaceno besos en cada pliegue, en cada rincón donde mi alma cobija desvelos y escarcha.

Adoro mis miedos, porque me obligan a salir de la concha y desnudan mi magia… Porque me sacan del quicio de mi vida plácida y me obligan a caminar por el lado áspero de mis pensamientos.

Ahora huelo a flor común y hierba mojada, al aderezo de una noche triste y al pan recién hecho de esta mañana.

Vengo con unos zapatos rojos que toman impulso solos y un abrigo que no calienta demasiado cuando la noche es cerrada y el dolor aprieta, pero que esboza mi alma.

Adoro esos zapatos porque me llevan a un destino que se escribe a cada paso y nunca sé si todo empieza o acaba…

Camino lento, con paso firme, por si a mi lado pasa un genio con tres deseos y se me escapa. Camino lento por si el viento trae algo más que arena fina o paso por el lugar más hermoso del mundo y me pilla con los ojos cerrados…

No vengo siguiendo los pasos de nadie, porque prefiero los míos sin atino a los de otros con una gracia que no sea mi gracia.

Adoro mis errores porque de ellos cuelgan algunas de mis medallas…

Vengo con un millón de pensamientos acumulados en una cabeza atormentada por todas la preguntas aún sin respuesta…

Adoro mis palabras porque dibujan otros mundos y, a veces, traen esperanza…

Traigo tormenta y marea baja, para que queden al descubierto todos los secretos, para que el mundo vea que nada oculto cuando muestro mis entrañas en cada palabra…

Traigo palabras y las encadeno a mis labios y a mis manos para que lleguen a tus oídos flojos y sepas que voy a quedarme.

Adoro mis torpezas porque me recuerdan que soy humana.

Vengo dispuesta a echar raíces. Vengo sembrada de sueños y ávida de alegrías…

Adoro mi temperamento de fuego y mi carácter apasionado, porque el trecho es largo y hace falta apetito para comerse la vida y asumir el riesgo de atragantarse en cada paso…

Porque yo sólo junto palabras, no sé más…


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El discurso de un líder


Que tu discurso sea claro y directo.

No sorprendas con palabras rebuscadas, asombra por tu sencillez y humildad. Que emocione e ilusione, que levante, que haga seguir… Que llegue a la materia gris y a la amígdala. Que haga cambiar de rumbo si es necesario, que movilice conciencias si se habían quedado anquilosadas o dormidas. Que haga caer imperios sustentados en delirios y gigantes con pies de barro que pisan ilusiones…

Que tus palabras muevan musculatura y abran camino.

Emociona. Conmueve y genera movimiento. Que sea fácil seguirte, pero sabiendo que se puede ir a tu lado. Que cada frase lleve un poco de tu forma de ver la vida, que todo lo que digas lleve un pedazo de tu alma y de tu esencia. Que al leerte sepan que el texto es tuyo, que lleve tu marca y quede impregnado de todo lo que defiendes y todo por lo que cada día abres los ojos. Que invite a abrir los ojos que están cerrados.

Casi mejor que te recuerden por tus fracasos bien encajados que por tus logros, si los has conseguido solo y a base de arañazos.

Que tu discurso abra puertas, acorte distancias… Reta, conmueve, zarandea… Que tu discurso escandalice o desconcierte si hace falta, que genere preguntas, no ambigüedades. Que remueva por dentro y zarandee vidas grises y estructuradas. Que destroce rutinas y borre malas caras… Sé tan incómodo como puedas si la comodidad está matando la magia y evitando que se hagan preguntas…

No digas lo que quieren oír, diles lo que creas que puede interesarles y dilo como a ti te gustaría oírlo…

No te impongas ni te enfades si no convences. No tienes la razón en todo… Cuida tus gestos. Aguanta la mirada, pero no desafíes, ni menosprecies. Reconoce méritos y agradece esfuerzos. No busques el aplauso, busca el consenso y la complicidad.

Habla en presente, sé imperativo, pero no autoritario.

Que sepan que no hay tiempo que perder, pero que tampoco hay prisa que les obligue a dejarlo todo por ti, ni por satisfacer tus exigencias. Que queda margen para sus opiniones, que te importan sus opiniones, que sus palabras pueden cambiarte y modificar el recorrido de tu camino, aunque tienes claro a dónde vas… Recuerda que hay muchas formas de llegar y que, a veces, para no llegar solo hay que dar algún rodeo…

Que escucharte les haga sentirse reconocidos. Que les haga respirar hondo y ser optimistas. Que tu discurso les acerque a las soluciones y no a los problemas. Que les estimule a buscar oportunidades… Que les deje claro que el camino está por pisar y repleto de grandes momentos.

Habla en primera persona del plural y mételos en tu círculo.

Involucra. Que sepan que te importan y que están involucrados en tu futuro. Que ellos deciden su futuro.

Que a tu lado surjan dudas, no importa si también se despiertan las ganas de despejarlas.

Que a tu lado se despierten temores no importa si reconoces tú también los tuyos y ayuda a disiparlos.

Que a tu lado muchos levanten las alfombras para sacar miserias escondidas o dejen salir a los monstruos de debajo de la cama… Que los armarios se vacíen de fantasmas y las esquinas de esperas eternas… Poco importa que revivan sus miedos, si con tus palabras y tu ejemplo ayudas a que se atrevan a mirarles a la cara.

Poco importa que cuando hables algunos construyan muros de ignorancia o prepotencia,  si lo que dices sirve de puente para los que desean cruzar y dejar vidas sus vidas a apagadas.

Dí lo que piensas, no ocultes lo que sientes… Demuestra tu vulnerabilidad.

Eres humano y falible. Eres vulnerable y eso no te hace menos fuerte. Que vean en cada unos de tus gestos la honestidad que predicas, que sepan que también lloras, que sepan que también te duele, pero que cuando te caes te levantas… Que sepan que caes a menudo y que no pasa nada.

Que cuando hables, no se te olvide decirles que eres uno más. Que un día estabas en su lugar y buscabas respuestas, que no las tienes todas, que  cada vez te surgen más preguntas y que cada vez son más complicadas.

No olvides que ellos son como tú.

Tú estás a su altura y ellos a la tuya. Recuerda que pueden vivir tu sueño y participar de él, pero que tienen los suyos propios. Pregúntales por ellos e interésate por cada detalle… Recuerda siempre que tienen sus vidas y cada uno su forma de enfrentarse a sus miedos… 

No olvides tampoco tus miedos e inquietudes cuando les hables y ten presente cómo los has superado.

Ten presente hacia dónde vas, pero sobre todo, recuerda quién eres y de dónde vienes. 


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Manifiesto


Prometo llevar la contraria siempre que sea necesario.

Prometo decir no, cuando crea que no puedo quedarme quieta ante una injusticia o asumir una conducta que no me define. Prometo decir sí, cuando nadie lo diga…

Prometo un poco de selva verde en un pedazo de asfalto gris y un universo entero contenido en una mirada.

Prometo presentar batalla con mis palabras y la humildad de mis gestos. No achicarme ante las sombras ni esconderme entre mis pliegues ante los problemas cotidianos.

Prometo no contenerme. Vaciarme, expandirme, inundar lo que amo y envolverme de cielo…

Prometo mar y olas y arena tibia bajo los pies en mil tardes de verano… Prometo lumbre para el invierno y castillos ocres de hojas secas en los otoños más melancólicos. Prometo fuego en el inviero más  largo y severo.

Prometo dejarme llevar por la música y amansar a la fiera que me habita. Prometo sacar a la bestia apasionada que duerme en mí para comerme la vida… Prometo intensidad y efervescencia.

Prometo risa y buena locura controlada. Prometo irreverencia  para decir lo que tengo que decir y llegar hasta donde me dicte la conciencia. Prometo pasarme y no quedarme corta.

Prometo dudas e inquietudes…

Prometo silencio y prometo palabras.

Prometo quedar agotada intentando conseguir mis metas. Quedar exhausta y tan solo parar para tomar aliento y no perderme los rostros de las personas que están a mi lado y que me acompañan.

Prometo cariño aunque está cansada. Prometo aguantar noches en vela dando la mano y tardes de conversación sin tregua.

Prometo esfuerzo y voluntad de hierro, de ese hierro candente que también se doblega y adapta.

Prometo abrigo cuando se cuele el invierno en el alma y viento fresco cuando el aire se corrompa y el agua esté estancada.

Prometo trabajar mi carácter irascible y mi mente agitada. Buscar la calma que apacigüe mi impaciencia y sosegar mi conducta impertinente. Prometo abandonar al centinela que llevo dentro y que controla que no me desborde ni me suelte…

Prometo sentirme libre cuando me aten.

Prometo no atarme a nada más que mi cordura y mi conciencia.

Prometo dejar de tender al sol mis reproches y lamentos,  dejar de doblarme cuando según qué ojos me miran y de agachar la conciencia si me soslayan por las esquinas para ignorar mis pupilas deseosas.

Prometo no esquivar…

Prometo paciencia, aunque se me haga una montaña abrupta. Prometo seguir ilusionándome, aunque tenga que aprender a no esperar nada.

Prometo toda la imprudencia y osadía necesarias para fabricar mundos y desdeñar existencias sin substancia.

Prometo ser un incordio, si hace falta hasta el último día, ante aquellos que le buscan atajos a la decencia o le ponen riendas a la libertad.

Prometo volver locos a los que sólo critican, ignorando sus miradas de asco y prestar atención a los que miran con ojos bondadosos… Prometo contar historias con protagonistas asequibles y cuentos con finales sin perdices.

Prometo llegar al último día dispuesta y con cara de guasa.

Prometo mucha ironía fina y sinceridad descontrolada… Seguiré sin poner puertas a mi campo de flores rojas y sin quitar las espinas de mi lengua avispada e irreverente.

Prometo humildad y firmeza.

Prometo alegría y esperanza.

Prometo abrazos y algún corte de mangas… Sábanas limpias, ventanas abiertas y versos sin rimas forzadas.

Prometo valor y perseverancia. Prometo no olvidar quién soy, ni vender mis principios en los mercados o dejar caer mis valores en las charcas.

Prometo quedarme prendida en un rama antes de caer al vacío y ser la roca que deja que las olas la esculpan con la marea más brava.

Prometo ser también la marea y la rama.

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