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la rebelión de las palabras


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Amor propio para principiantes


No busques a nadie para que baile contigo, tu pareja de baile es esa persona del espejo.

Esa a la que ves cada día y a la que a veces ignoras de forma consciente porque no te gusta, no confías en ella o no la conoces suficiente.

Con ella vas a pasar toda la vida. Tú decides si es una condena o una maravillosa historia de amor incondicional.

Vas a aguantar sus bromas, sus risas, sus lágrimas… Su cabello siempre liso o dramáticamente encrespado. Sus cambios de humor, sus errores, sus incoherencias, su pasado, su equipaje de heridas y lamentos, sus quejas y sus ojos cansados. Vas a coser su alma cuando sientas que está deshilachada, vas a sujetar su cabeza cuando la tenga gacha, vas a recordarle para qué sigue caminando cuando en un recodo angosto y oscuro del camino lo haya olvidado y no tenga ya ganas de nada. Vas a ver cómo crece y cómo se supera, vas a ver cómo tropieza y se hace daño. Vas a ver cómo ama y cómo se asusta.

Vas a tener que amar esa forma que tiene de huir cuando ama mucho y tiene miedo a no estar a la altura y que hace que el mundo la tache de huraña. Al menos, hasta que se dé cuenta de lo mucho que vale. Hasta que descubra que es tan inmensa que no puede contenerse ni escapar de esa rotunda inmensidad.

Vas a tener que aceptar su miedo a mostrarse y decir en voz alta lo que quiere porque cree que no se lo merece. Al menos hasta que se dé cuenta de que no necesita hacer nada extraordinario para ser extraordinaria… Que no hace falta que siga demostrando nada para ganarse un respeto que siempre ha sido suyo, porque no ha venido a subsistir sino a vivir intensamente.

Vas a tener que dormir con esa niña asustada que cree en fantasmas y todavía no sabe que los ha creado ella. Que te cuenta historias tristes de final terrible para que no salgas de la circunferencia que tiene marcada a su alrededor donde nunca pasa nada emocionante, pero el dolor parece soportable.

Al menos hasta que un día salga y le toque el sol y descubra que el dolor siempre está, que el miedo siempre está, que la posibilidad de que todo se vaya al traste en cinco minutos siempre está hagas lo que hagas.

Vas a tener que abrazar su frialdad y aspereza, su poca querencia al abrazo porque siente que cuando abraza le pesan y le calculan el valor y sale mal parada… Al menos hasta que se reconozca como lo que realmente es.

Vas a tener que vivir con esa peleona deslenguada que siempre está alerta y a la defensiva, incluso cuando no hace falta y no tiene que protegerse de nada. Vas a tener que lidiar con el cansancio atroz de hacer sin parar para satisfacer su necesidad de perfección y acallar su culpa por no ser como cree que debería… Vas a tener que pasar años luchando sin tregua, en el lado dicífil de la vida, porque ella cree que todo se gana a pulso y la vida es injusta…

Al menos hasta que se canse tanto y acabe tan harta que un día pare y no pueda levantarse más y tenga que volver a dibujarse para poder seguir viviendo, pero esta vez con un trazo más suave y un gesto más amable. Hasta que tenga que volver a empezar porque acumula tanta rabia y basura que no puede con su alma y abra la puerta para que se marchen los monstruos y la ventana para que entre el aire fresco y se lleve el hedor a culpa. No le reproches nada, no la culpes por hacer y por no hacer. Ni por caer y no querer levantarse. No la culpes por no saber, ni por no querer escuchar, ni por encerrrarse en ella misma tan hondo que mire el mundo y solo vea un punto azul lejano en otra galaxia que no es la suya. No la culpes por nada, porque necesita soltar y tener paciencia, su cuerpo pequeño y atado al miedo y al reproche constante solo necesita tiempo para descubrirse libre… Solo le hace falta mirar atentamente la celda de la cárcel en la que está y descubrir que los barrotes son imaginarios y que la cárcel se la inventó ella como castigo por creerse culpable.

Vas a tener que vivir con esas palabras duras que se dedica cada día a pesar de conocer las palabras más hermosas… Al menos hasta que un día aprenda a amarse y se mire de verdad y vea toda la belleza acumulada que antes le pasaba desapercibida porque solo vea el dolor y la angustia…

Esta es la historia de amor en la que tendrás que entrenar más tu paciencia, tu compasión, tus ganas de compartir y de dar. Esta es la historia de amor en la que tendrás que invertir más tiempo en tu vida… La historia de la que penderán y dependerán todas tus ostras historias de amor.

Te llevará tiempo, tal vez una vida entera.

Aunque habrá momentos hermosos, momentos duros, momentos raros… Lunas de miel y crisis severas…

Habrá tantos espejos ahí afuera mostrando tu desamor, tu miedo y tu culpa para que los veas que querrás caer en la tentación de ir por la vida con los ojos cerrados.

Huirás de ella y de ti. Huir de lo que te asusta solo posterga el miedo, no lo detiene, no lo apaga, no lo atenúa sino al contrario, lo hace más enorme y más rotundo, lo mitifica, lo pone en el foco de tu vida.

Huirás de tu vida y también te abalanzarás encima, buscando pelea para que la rabia que sientes por lo que no es a pesar del esfuerzo deje de ladrarte en la nuca y decirte que todavía no has hecho suficiente…Y tendrás que aprender a dejar pasar esos pensamientos que son como cuervos que se te comen la cosecha de buenos presagios.

Caminarás rápido pensando que llegarás antes, cuando en realidad este camino tiene un tiempo y un ritmo, que si se apresuran e intentan modificarse, al día siguiente miras a lo lejos y ves que todavía hay más distancia. El amor no se busca, sale de ti y encuentra un anclaje, un lugar donde hacerse grande, una tierra fértil en la que florecer.

No hay atajos para el amor propio, hay caminos simples basados en verdades desnudas y palabras hermosas y sencillas, gestos básicos de respeto, momentos de paz y risa, pasos pequeños que te llevan a sentir que estás contigo y que pase lo que pase no vas a traicionarte. No te apresures, no juzgues sus desatinos, no la culpes de sus errores, no le pidas lo que no te puede dar… No quieras cambiarla porque entenderá que no la amas como es, dale aire para que respire y decida que cambiar ella sola, porque se merece una vida mejor.

No busques a nadie más, tu pareja de baile es esa persona del espejo. Los demás llegarán cuando aprendas a bailar con ella y amar su deliciosa imperfección. Ese es el propio amor, el amor propio…

Solo cuando amas lo que eres consigues amar lo que es en los demás. Solo el amor engendra amor, el miedo engendra necesidad…

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

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Más vale ciento volando


La vida sabe el camino y, a veces, no es el camino que has soñado. No es el camino que has dibujado en tu mente ni le ves mucho sentido. A veces, a pesar de que brilla el sol parece que la vida te lleva por rincones absurdos y oscuros, por espacios angostos y tristes, cuesta arriba, hasta desgastar tus zapatos, hasta que estás tan cansado que no recuerdas ni por qué empezaste a andar.

La vida sabe el destino, tú solo lo imaginas y aciertas pocas veces. Y cuando aciertas, nunca es igual a la foto que había en tu cabeza, nunca.

En ocasiones, sólo comprendes de qué va tu historia cuando miras atrás y te das cuenta de que el lugar oscuro te sirvió para agudizar los sentidos, el tramo cuesta arriba para que tus piernas se pusieran fuertes, el tramo angosto, para aprender a pasar por cualquier resquicio… Y justo ahora, todo aquello ha tomado forma en ti y se convierte en necesario. Todo lo que encontraste por el camino, todas las personas que lo compartieron contigo y te regalaron palabras que ahora vienen a tu mente y llenan vacíos de información… Todas las emociones que sentiste con ellas y que ahora te das cuenta de que eran material básico para afrontar lo que pisas y vives… Todas las herramientas que encontraste al caminar y ahora te llevan a abrir puertas, resolver situaciones y conectar con personas eran parte de un mapa que ahora cobra sentido si lo miras desde otra perpectiva. Eran el equipaje que realmente necesitabas para llegar aquí. Lo único que debías hacer era seguir y confiar e ir soltando por el camino las piedras que cargabas en tu mochila para poder liberarte y ver la vida de otro modo, verte a ti mismo de otro modo.

Dejar de huir de lo que llega a ti porque si llega es porque, aunque nos disguste, es necesario. Ser capaz de mirar esas piedras acumuladas, y sacarlas de tu equipaje. Sentir el peso de cada una de ellas. Sentir el dolor. sentir el miedo, la rabia, la ira, el resentimiento, la impotencia, la tristeza inmensa por lo que no fue… La ira desatada por tanta injusticia tragada y no gritada. El asco por no poder cambiar nada a pesar de intentarlo, de resistirte a lo inevitable, de ver pasar la vida sin poder sujetarla y corregirla… Esas creencias que te llevaban a contener la risa, a la desconfianza, a la susceptibilidad, a maltratarte y exigirte demasiado, a culparte por todo, a culpar a otros porque no te daban lo que tú no te dabas, a decidir que no mereces, que no sirves y que no eres suficiente… A sentirte rechazada, abandandonado, a ver siempre la vida injusta y humillante. A amasar traiciones sin sentido. Esa necesidad de juzgarlo todo y controlar lo que jamás controlamos, de pensar en todas las posibilidades y anticiparse para cubrir todos los flancos y evitar todas las tragedias… Toda esa masa oscura y pegajosa que se adhiere a tus pies y tus zapatos, a tus pestañas, a tus manos, a tu alma.

Aceptar y sentirlo todo y luego soltarlo. Y ver que no era nada. Que eran solo pensamientos. Formas de ver la vida que te sirvieron durante un tiempo pero que ahora son un lastre para caminar liviano y libre. Notar el vacío inmenso tras dejarlo ir todo y llenarlo de aire puro, de calma y de pausa. Y caminar.

La vida conoce el camino y el plan. La vida sabe porque mira desde lo alto el pasado, el presente y el futuro y los hace desaparecer y los funde en un momento, que siempre es este, que siempre es ahora. El único instante en el que puedes decidir si sigues o paras, si te vas o te quedas, si rompes o continuas atado , si sueltas o amarras, si dices que sí o dices que no…

Tú a veces no entiendes nada y solo tienes aprender a mirar la vida sin juzgarla, sin predisponerte a que nada sea malo o bueno, sino que sencillamente es. Mirar y fijarte en la belleza, en lo que amas, en lo que es, en aquello que te hace sentir vivo y en caminar hacia lo que sientes que es tu propósito.

Y solo puedes mirar lo que te pasa y ver ese espejo de lo que llevas dentro, lo que te dice la vida a través de otras personas que se cruzan en tu camino. Lo que te susurra con cada experiencia que se repite. Lo que sientes cada vez que a pesar de intentar evitarlo acabas en el mismo recodo del camino habiendo surcado la misma historia una y otra vez.

La vida sabe y vivirla es surcar este mar, sin dejar el timón pero jugando con el viento a favor, dejándote llevar por la marea, a ratos, y otras mirando al cielo y observar la sincronía perfecta de los pájaros que siempre saben a dónde van sin mapa, y encontrar tu destino muy dentro de ti. Es un caminar y un parar… Un sostenerse y un soltar… Un amar y un dejar ir… Un volar y un pisar el suelo firme de tus pocas certezas y descubrir que las piezas encajan a la perfección pero que tú todavía no ves todo el rompecabezas.

Y romper con todo lo que no te sirve o no te deja ser tú. Y cuestionar lo que parece incuestionable. Y por primera vez estar donde estás. Aunque no haya nada a lo que sujetarse, ni el suelo esté estable ni las palabras te calmen y tengas miedo. Darte cuenta de que en realidad todo es incierto siempre, digan lo que digan, prometan lo que te prometan, aunque creas que sabes y conoces, aunque intentes controlarlo todo siempre algo se escapa… Y es mejor así, abierto, libre, inesperado, infinitamente impredecible…

Más vale ciento volando… El pájaro nunca estuvo realmente en nuestra mano.

Te invito a ver este video sobre la llamada ley del espejo. Por si te sirve para descubrir qué te dice la vida con todo lo que se repite una y otra vez en ella…

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

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El amor es otra cosa


Mucho se habla del amor y se le ponen normas y apellidos, pero el amor es otra cosa. No necesita de más estrategias que ser sentido y vivido. No busca más caminos que ser el camino… No añora más momentos que este momento.

El amor es otra cosa porque no tiene miedo.  Aunque los que aman lo tengan, aunque estén rotos por dentro y cosidos por fuera para disimular… Porque no puede calcularse, ni medirse, ni llevar etiquetas. La única etiqueta que soporta es la de incondicional, si se le ponen condiciones, no es amor es necesidad, conveniencia, resistencia, comodidad, desidia, orgullo…

Mucho se escribe del amor y se intenta que rime, que suene bien, que sepa dulce, que sea apasionado, pero el amor es otra cosa. El amor siempre se canta, se baila, se vibra, se desnuda. Aunque se viva en el vertedero siempre huele a rosas. Aunque se ame con palabras sencillas, siempre son las adecuadas… Aunque no se le escriban poemas, siempre tiene música. Aunque sea un amor desnudo entre dos personas tristes que usarán este amor para encontrar un sonrisa y ver que el realidad se buscaban a ellas mismas… Aunque sea un amor febril entre dos personas bárbaras y encuentren la calma al soltar su rabia. Aunque dure cinco minutos o una vida, el amor es un lapso en el espacio y en el tiempo en el que se puede existir toda una eternidad. 

Se han escrito millones de libros sobre el amor, pero no sabemos casi nada. El amor es otra cosa. No es una ceremonia. No es un ritual. No es un rato bajo las sábanas, ni cien días bajo el sol. No es aguantar nada, ni mirar a otro lado. No es obedecer ni suplicar, no es estar alerta ni esperar lo mejor, ni lo peor, ni siquiera esperar… Es vivir. Es darte cuenta de que estás en casa. 

Mucho se espera del amor. Que nos cure, que nos calme, que nos recuerde que valemos, que merecemos, que somos dignos, que existimos, que cuando no estemos se nos llore y recuerde, que se diga nuestro nombre en voz alta sin aliento…  Queremos un amor que llore cuando lloramos y que al mismo tiempo nos seque las lágrimas y nos empuje a la risa. Queremos que nos eche de menos, que nos suspire las ausencias, que nos cubra los huecos y llene los vacíos, que nos haga seguir adelante y confiar en la vida. Queremos un amor que no hiera, no duela, no marque, no llegue demasiado lejos si nosotros nos llegamos lejos y que no se quede atrás si nosotros decidimos seguir adelante.

Queremos un amor que sólo sea libre hasta donde nos llegan las ganas de que sea libre, que solo baile hasta donde llegan nuestros pasos de baile, que solo camine hasta donde nosotros nos cansamos del camino… Nos asusta verle crecer sin nosotros, levantarse sin nosotros, ser sin que nosotros seamos. Nos da miedo despertar un día y ver que habíamos convertido el amor en rutina y no cuidamos lo suficiente el mientras tanto cuando esperábamos los grandes momentos. 

Mucho se busca en el amor sin amarlo, sin querer sumergirse en él y darle más forma que nuestra forma, sin querer ver el espejo que nos pone delante y comprender que amar es el acto más rotundo de sinceridad, la experiencia más inmensa de vulnerabilidad y desnudez, el momento de más grandeza e humildad en nuestra vida…

Se dice del amor que te vuelve loco, pero el amor es otra cosa, es encontrar la propia cordura oculta tras un halo de mediocridad impuesta, de temor, de angustia… Es darse cuenta de que lo locos son los que no se dejan llevar por la vida y que el mundo va al revés y no importa porque ahora ya lo sabes y cuando llega el mareo sabes por qué. 

Mucho se cuenta del amor cuando falta, pero cuando se huye de él, cuando está presente si no se ve, ni se aprecia, ni se agradece… Como el sol que sólo se añora cuando está cubierto de nubes negras, como el árbol que da sombra que sólo se echa de menos cuando ya no está y no da sombra…

Todos hablamos en nombre del amor, pero el amor es otra cosa… Sólo tiene un nombre, es tu nombre y cuando te das cuenta, se abre a todos los nombres y se hace tan grande que puede ser compartido. El amor es sentirse, es pertenecerse, es dejarse de privar a uno mismo de lo hermoso y de lo bueno, es cuidarse, es soltar el equipaje pesado de reproches y lamentos, de frases gastadas y palabras hirientes, de creencias rancias y juramentos absurdos… El amor es permitirse ser y estar sin apenas tener que hacer nada. Siendo y sintiendo, sin parar. 

Se espera ser un gran amante sin cuidar las palabras. Se espera recibir abrazos sin cuidar las costuras, sin agradecer momentos ni pensar más allá de la ventana sin cruzar la puerta, sin compartir más que lo que sobra y repartiendo cansancio y desgana…  Del amor se espera magia y fantasía, pero el amor también es el “buenos días”, el gesto amable, el mirar a los ojos al compañero, el no poner etiquetas a otras personas… El amor es limpiar la mente de juicios y abrir las manos, es la confianza y el silencio. Es subir el último peldaño a veces sin saber a dónde lleva la escalera y saber que el  único abismo que nos espera es no saber quienes somos y olvidar qué nos mueve.  El amor es un máster improvisado  y acelerado en paciencia, escucha y respeto.

No el amor no rima, pero tampoco araña o no debería. De hecho, si araña no es amor, es una venganza con labios de seda y ojos brillantes. No te da nada que no estuviera antes en ti escondido esperando ser rescatado. No te da más alas que las alas que ya tenías pegadas a la espalda pero no veías porque ignorabas que no siempre serías un gusano esperando a darse cuenta de que podías metamorfosear. 

Mucho se habla del amor sin amar. Sin dejarse llevar, sin soltar las tragedias pasadas y las inventadas, sin permitirse un poco de paz y un poco de risa… Sin estar dispuesto a abrir corazón y cabeza y bailar.  Se espera amar con ansia sin amar el silencio compartido y dejar de buscar razones y excusas… Se espera amar sin medida sin  apenas mecerse en el insomnio de una noche sin respuestas y en la incertidumbre de muchas tardes sin saber qué pasará… 

Mucho se habla del amor, pero el amor no es nada que pueda contarse con palabras, es otra cosa. Es todo.  Eres tú.

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

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