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la rebelión de las palabras


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Magia


AL REVÉS

“Solo hay dos formas de vivir tu vida. Una es pensar que nada es un milagro. La otra es pensar que todo es un milagro” Albert Einstein. 

¿Cuál te quedas? ¿Cuál de las dos visiones de la vida te cala dentro? Lo digo porque siempre he pensado que de existir la magia, no será algo que se pueda entender con los sentidos, sino una sensación que te invada y zarandee por dentro…

Esos momentos en los que sabes algo, pero eres incapaz de entender por qué. Sin embargo, dentro de ti hay una certeza absoluta difícil de explicar.

Hay magia, mucha. Lo que ocurre es que para notarla primero hay que creer en ella. Justo todo lo contrario de lo que nos han enseñado hasta ahora. Ya sé, alguien dirá que eso es porque participamos de una especie de sugestión colectiva para poder soportar la rutina asfixiante que se nos come el entusiasmo y nos llena de desesperanza… Y nos recordará, con razón, que medio mundo sufre una situación de injusticia crónica. Sin embargo, no puedo más que certificarlo porque me encuentro con ella en todas partes… Y al final, he llegado a la conclusión de Einstein, las señales que veo y las “demasiadas coincidencias para ser casualidad” que invaden mi vida pueden ser nada o serlo todo.

Hace un siglo que no creo en las casualidades. Todo tiene una causa, todo lleva un mensaje. Todo llega por algo, incluso lo que te deja extenuado en un rincón suplicando que pase. No es castigo ni plaga bíblica, es consecuencia de lo que sientes, lo que piensas y lo que eres.

Cuando cambias tus pensamientos, cambias todo lo que te rodea. Lo que pensamos y sentimos se acaba manifestando en nuestra vida aunque no nos apetezca. Donde pones la intención, acabas fabricando algo. Lo hacemos nosotros. Somos fabricantes de alegrías o de tragedias. Y en esto, no hay culpa, saquémonos de encima de una vez por todas esa sensación de haber llegado a la vida manchados y tener que arrastrar una carga… Nuestros errores son nuestra forma de vivir, de nada sirve cargarlos como una cruz en la espalda, es mejor afrontarlos y entender, pedir perdón si hemos hecho daño y responsabilizarnos de una vez de nuestra vida.

La magia no es a veces lo que ocurre, sino tu capacidad para atraerlo y darle significado. La sincronía de hechos fantásticos en un mundo que lucha por negarlo y demostrar que nada tiene sentido y al mismo tiempo te vende fórmulas mágicas sin magia para soportarlo.

Para entender la magia tienes que estar conectado contigo mismo y con lo que te rodea, si no, no funciona… La magia es compromiso… Y no es porque cuando no confías la magia te abandone, es sencillamente porque no puedes verla ni sentirla.  Porque cuando entras en la sala con la cabeza gacha no ves una mirada inesperada de alguien que estaba allí para decirte “sigue adelante” o cuando no te atreves a hacer algo, no puedes descubrir que de haberlo hecho estabas a cinco minutos de conseguir uno de tus sueños… A veces, la magia se caza al vuelo y te pilla sin las botas puestas.

Nos pasan cada día mil cosas difíciles de explicar, pero en ocasiones no las vemos porque nos encuentran ocupados llorando porque no nos pasa nada… Como si al frotar la lámpara y ver al genio, nos pasáramos un buen rato contándole que estamos desolados porque nunca nos sucede nada extraordinario… Aunque en esas ocasiones, la verdad, tampoco estoy segura de que su objetivo fuera ese… A veces, perdemos oportunidades diminutas porque nos aguardan cosas más grandes. Quiero decir que, tal vez, al perderte ese sueño por no ser capaz de darte cuenta, acabas haciendo algo que necesitabas aprender antes de abrazarlo totalmente… ¿Quién sabe si eso era necesario para que pudieras apreciar ese sueño como el regalo que es? ¿y si formaba parte del plan un primer intento fallido? ¿Y si la magia no era la oportunidad perdida sino la motivación que nace en ti al saberla perdida para intentar algo nuevo? ¿Y si perdernos las señales forma parte del plan? ¿Cómo sabemos si un rechazo es en realidad lo que necesitamos para desistir de algo que no encaja con nosotros y encontrar un sueño distinto que nos lleva a ser felices? ¿Y si una mala noticia es el mejor de los regalos al final para que tomes un camino que nunca hubieras explorado?

Es como tomar un camino y equivocarse en uno de sus cruces… ¿Y si el error es la magia? ¿Y si gracias al error consigues el mapa que lleva a tu tesoro? ¿Y si topar con un muro es el mensaje para que entiendas que no es tu camino y vuelvas atrás?

Voy más allá… ¿Y si da igual el camino porque hagas lo que hagas habrá una magia que te lleve a lo que necesitas? Y cuando haga falta un error para aprender, te ayudará a cometerlo. Y cuando necesites un impulso, habrá un atajo, un acantilado que lleva a un mar inmenso para que aprendas a nadar… Y cuando haga falta que entiendas que no necesitas a nadie, de repente descubrirás que haces ese camino solo… Y cuando tengas que superar tu miedo, tal vez, encuentres un candil o incluso te quedes sin él porque debes amar la oscuridad antes de llegar a la luz…

Y no, no me refiero a que todo esté escrito. Y si lo está, es porque a cada paso, escribimos una línea de nuestra vida… Somos libres de entender y aceptar, porque la magia de la que hablo, en el fondo, sale de dentro.

Es una conexión difícil de explicar. Es la que te lleva a ti. A ese yo limpio y sin más pretensión que la felicidad. A esa persona que te habita y busca amar y ser amada como merece. Ese yo que conecta con todo, con cada fibra de este universo que vibra y nos sacude para que entendamos que no sólo estamos en él sino que formamos parte de su esencia.

Ese yo enorme y a la vez extraordinariamente humilde. Ese yo que se da cuenta de que todo pasa por y para algo…

La magia pasa a través de nosotros para que podamos ejercer de nosotros mismos, para que cumplamos nuestra misión… Para que cambiemos el mundo gracias a cambiar nuestros ojos al mirarlo… Para que seamos un peldaño más en esta escalera eterna que lleva a conocerse y comprender.

La magia está siempre que no se la espera. Subyace en todo. No se la puede ver pero se la puede sentir… Y sentimos tan poco, porque no dejamos de pensar en bucle, sin sentido, sin esperanza… La magia te calma cuando te encuentra en calma… Te aquieta el alma cuando consigues primero que tu alma esté quieta para poder apreciarla.

Se manifiesta muy rápido cuando no tienes prisa.

Le da la vuelta a tu mundo cuando ya no necesitas que lo haga porque has descubierto que te tienes a ti mismo.

Obra el milagro un segundo después de que descubras que ya no te importa si habrá milagro porque confías en ti.

La magia esquiva la impaciencia y la desconfianza. Para la partida cuando ganabas porque en algún instante dejas de creer que te lo mereces. Te obliga a mostrarte cuando te escondes…

La magia aleja los sueños de quiénes no se consideran dignos de ellos… Dibuja en el mundo una réplica exacta del mundo que llevamos dentro… Lo reproduce con tanta fidelidad que puedes saber exactamente cuánto te amas, al observar la distancia que hay entre ti y tus metas… Te cambia las preguntas cuando encuentras respuestas para que sigas creciendo…

Dibuja puertas en las paredes que sólo se abren cuando realmente estás convencido de que son tus puertas.

Teje redes justo después de que des el gran salto sin importante si hay red. Te hace crecer las alas medio minutos después de que decidas que pase lo que pase vas a volar.

La magia va inventando el camino a medida que tú lo vas imaginando y visualizando, y se vuelve sólido a cada paso que das hacia lo desconocido.

Ama a los osados y les deja pistas por todas partes para que sepan que pueden seguir. Escribe mensajes en el reverso de las hojas de los árboles cuando estás cansado y te sientas bajo ellos a la sombra…

Hay magia, mucha, mucha, pero pide confianza y compromiso.

La fe ciega en ti y la deliciosa locura de negar a veces tus sentidos y creer lo que nadie ve y sentir lo que nadie más siente.

Hay magia, pero pide paciencia eterna.

Alguien muy sabio me recordó el otro día “No esperes nada… No esperes nada de nada ni de nadie”y es verdad, la magia ama apasionadamente a aquellos que dan sin esperar nada cambio y no se apegan al resultado…

Tal vez, la magia no sea esa sincronicidad en la que a veces nos encontramos inmersos o esos hechos sucesivos que algunos llaman casualidades y otros causalidades… Tal vez la magia sea lograr primero esa confianza en ti mismo y esa paciencia que te permitan llegar a dónde quieres y tocar al milagro.

Quizás la magia no es el milagro sino el proceso interior que se obra en ti para conseguirlo.

Hay mucha magia en todas partes, respira hondo y deja que te invada y habite.

Tal vez, la magia eres tú cuando aceptas de una vez  por todas tu grandeza y decides que ya nunca volverás a resignarte con una vida mediocre.

Sincronicidad : la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero de manera acausal,  Carl Gustav Jung.

 


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Es inevitable


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Lánzate ya, ahora es el momento, pero no lo hagas sólo para triunfar, hazlo para ser feliz… Sea lo que sea, hazlo porque te transforma.

Porque te llena y llena a otros. Porque si no lo haces, tus estanterías interiores siempre están vacías y tus ojos no brillan.

No lo hagas sólo por ambición por ser y demostrar sino por amor a lo que realmente eres, por ganas, por querer compartir lo que sueñas y quieres para ti. Porque quieres aportar al mundo algo que crees que lo mejora.

Hazlo porque no imaginas vivir de otro modo, porque ya no puedes vivir desde otra actitud.

Hazlo porque buscas sentirte bien con la vida que vives, porque quieres amar lo que haces y sabes que puede ayudar en este camino.

Hazlo para compartir lo que eres.

Porque vibras cuando lo imaginas, cuando te pones la película de tus sueños pendientes y los notas tanto que se te agolpan las lágrimas en las mejillas de felicidad… Porque los tocas, porque los sientes. Porque la locura es no intentarlo y desistir.

Hazlo porque notas que pasará, que es inevitable que tu vida sea maravillosa si actúas siendo tú, ese tú de verdad…

Hazlo por la persona en quién te convertirás si lo consigues, no por el logro en sí y el mérito, sino por la transformación que tendrá lugar en tu interior.

Y a lo mejor te encuentras haciendo lo mismo que antes, con las mismas ganas, pero con otra actitud, con otra forma de mirar lo que te rodea y sin esa obsesión por el resultado… Prescinde del resultado y goza de la experiencia…

No lo hagas por el éxito y tendrás éxito.

Hazlo por ser coherente contigo y con tu forma de ver el mundo… Porque tus sueños te ponen las pilas y tus metas te hacen volar…

No lo hagas por tener, hazlo por ser. Conviértete en esa persona que no necesita demostrar nada porque sabe que es.

No lo hagas por lo que tendrás sino por el sentido que le dará a tu vida.

Ama la incertidumbre de no saber cómo ni cuándo, pero teniendo clarísimo el qué y el para qué.

Abraza la paciencia y deja de preocuparte por qué dirán. Nadie vivirá por ti la vida insulsa que te espera si no lo haces.

El mundo está lleno de ilusiones rotas que toparon con miradas inquisitivas y no supieron pasar de largo… La única mirada que cuenta es la tuya.

No te desesperes, no busques atajos, no bombardees al mundo con incoherencia… No actúes sin notar, sin sentir… No te dejes llevar por esa parte de ti que no confía y no sabe esperar mientras planifica, no te maltrates pensando que no saldrá bien… Sigue trabajando en ti y en tu sueño, sigue sembrando, sigue cuidando de lo que siembras, sigue aprendiendo, sigue sumando, sigue aportando…

Lo que importa es cómo te sientes contigo y cómo te llamas cuando te buscas, qué nombres encuentras para susurrarte, qué momentos llenan tu vida… Que encuentres tu equilibrio, que sepas que estás en ese lugar desde el cual se construye, se crea, se sigue caminando motivado y apasionado por lo que amas.

Vive la belleza del momento en que notas que lo que haces es lo que eres. Que estás en tu camino y ocupas tu lugar en el mundo.

Hazlo perfecto sin buscar la perfección, sino soñando la excelencia… Si sufrir por no llegar sino con la ilusión del que sabe que llega y del que no tiene que preocuparse por la nota final.

Hazlo con ganas sin tener que esforzarte porque te gusta tanto que te sale solo…

Porque lo amas tanto que lo harías gratis, pero es tan maravilloso que mereces recibir lo mejor a cambio.

Hazlo porque asumes que es tu misión, pero sabes que puedes elegir.

Por responsabilidad con tu vida, con las personas que te rodean, por los sueños que te zarandean y consiguen que hagas imposibles…

Hazlo porque no eres capaz de resignarte a no ser tu mejor versión y ceder al miedo.

Porque te sale el talento por los poros y no puedes más que ponerlo a circular y trabajar para que crezca y pueda ser compartido.

Descúbrete , asúmete, nótate… Hazlo porque ya no hay vuelta atrás. Porque llegado a este punto, te das cuenta de que ya puedes fingir que no ves o que no sabes, que no sientes. Porque ya estás comprometido contigo y con esa forma nueva de ver lo que te rodea.

Y si te dejas llevar por la pasión y te dedicas a hacer lo que realmente amas es inevitable que vayas a triunfar.

Planifica desde el corazón, sintiendo cada paso. No te fuerces pero no te pares…

Es inevitable que funcione porque todas tus fibras están en sintonía.

Es inevitable que salga bien porque confías en ti…

Es inevitable que tengas éxito porque ahora sabes quién eres de verdad y has sellado tu compromiso.


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Aprende a amar la lluvia


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Lo que buscamos, a veces, no es lo que realmente queremos. Lo que suplicamos no es lo que necesitamos… Demasiado a menudo, nos conformamos con un sucedáneo, porque no nos atrevemos a ir más allá o pensamos que no llegaremos…

A veces, lo perdemos todo antes de empezar porque nos asusta decepcionar y fracasar.

Nos quedamos con nuestra segunda mejor opción, porque no osamos a aspirar a la primera.

Buscamos un amor verdadero y nos conformamos con un amor pequeño, porque no hemos sido capaces de darnos cuenta de que el vacío que tenemos sólo lo llenaremos con nosotros mismos… Porque si no nos queremos, cualquier amor que encontremos será una tapadera para fingir que todo va bien, un parche para tapar el agujero por donde se nos escapa el aire que no conseguimos respirar… Una maniobra para poder soportar que aún no nos hemos aceptado… Un pasatiempo para laminar la soledad que nos corroe por dentro y nos amarga el gesto mientras miramos alrededor buscando dónde sujetarnos.

Pensamos que queremos un trabajo mejor pagado, cuando en realidad queremos dedicarnos a algo que nos haga recuperar nuestra grandeza, sentirnos útiles, servir a otras personas, saber cuál es nuestra misión en la vida…Cuando lo que deseamos es reír sin parar y notar como pasan las horas cerca de lo que amamos y nos llena por dentro.

Pensamos que queremos un coche más potente cuando en realidad queremos libertad…

Creemos que si damos la vuelta al mundo, podremos huir de nuestras vidas…

Confiamos en olvidar el pasado tirando fotos antiguas…

Guardamos el reloj en un cajón, porque pensamos que así dejaremos de perder el tiempo.

Y todo eso es genial, a veces. Los rituales se fijan en nuestra memoria y nos sirven para no desfallecer… Son incluso necesarios para seguir, pero no pueden ser la alternativa sino parte de la estrategia… No hay amor si no nos amamos… No podemos cerrar heridas tirando fotos… Debemos mirar atrás para aceptar, entender, reconocer y perdonar y poder seguir adelante… Dejar de juzgar y mirarlo todo con nuestros ojos nuevos… Y luego, hacer todas la ceremonias necesarias para sellarlo.

Si no te sientes libre, el coche más rápido te hará sentir más atado. El lugar más hermoso te parecerá triste y sucio.

Si no te perdonas, por más vueltas que des por el mundo, tu culpa imaginaria te perseguirá… Tomará café contigo en París y dejará sus huellas en la arena caliente de la playa más alejada en un paraíso…

Todas las batallas se libran dentro de ti… Lo que buscas está dentro…El amor de tu vida se ve en los espejos… Aunque tú pasas de largo y nunca le das una oportunidad porque alguien te rechazó y pensaste que había algo en ti que no era digno de amor.

Quererte con todas tus fuerzas y aceptarte es complicado… Aunque, si ya estás en ese punto en el que amas tu dolor porque te ha permitido mudar la piel y sacarte de encima la escarcha…Si ya adoras tus penas porque con ellas has encontrado tus fortalezas…Si ya besas tus cicatrices porque gracias a ellas has superado tus heridas…Si miras atrás y ves cómo encontraste el camino y abrazas cada una de tus torpezas…

Ya lo has conseguido. Estás a un paso de la libertad absoluta que es dejar de luchar y para empezar a vivir.

Si confías tanto en ti que sabes que pase lo que pase usarás tu intuición para saber por dónde caminar y qué ruta escoger…Si cuando te pierdes un poco, te encuentras fácilmente y vuelves a ocupar tu lugar en el mundo…Si estás ahí, es que ya has descubierto tu grandeza…

Cuando te cruzas contigo en la calle, viéndote en otros ojos  no sales corriendo…Cuando te miras y te acaricias con las pupilas igual que acaricias a quiénes amas…Cuando adoras tu soledad porque cena contigo y eso te parece hermoso y ya no triste…Es que te amas.

Si te vistes de gala para ti y enciendes las velas porque te encanta vivir en ti mismo…Si te calma y consuela la sorpresa de no saber qué te depara el camino, cuando antes te desconcertaba la incertidumbre… Cuando tu compañía te reconforta y buscas momentos para hablarte y sentirte… Cuando no te escondes de nadie, ni de ti…

Entonces, has crecido, has aumentado tu volumen hasta salir de tus límites y borrarlos…Estás preparado para dar a raudales sin quedarte seco ni triste… Porque es cuando das que recibes el gran regalo de ser quién sueñas.

Ahora me doy cuenta… Sí no hubiera recorrido mis cloacas, jamás hubiera encontrado mi cielo…  Sin riesgo no hay triunfo. Sin miedo, no hay obstáculos con los que crecer al saltar…
Sin entender el dolor, no hay cura.
Sin escuchar a tu conciencia no hay respuesta.
Sin amar tu oscuridad, jamás encuentras tu luz .

Sólo cuando has recorrido ese camino interior, descubres realmente lo que quieres… Y te enteras de que ya está en ti y que hace siglos que te pertenece, aunque no lo veas… Aunque a veces no lo sientas porque estás ocupado en lo que no importa y no eres consciente de tu valor.

Todos los paraísos que buscas están en ti.

Sólo cuando ya no te importa si brilla el sol, porque lo llevas en tu interior, aprendes a amar la lluvia.


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Despierta


Foto : Mercè Roura

Foto : Mercè Roura

Sucumbe a la tentación. No para depender de nada ni de nadie. Hazlo si no lo has hecho hasta ahora por el qué dirán y porque en el fondo crees que no te lo mereces. Demuéstrate que no hay nada vetado para ti, ponte en lugar que deseas ocupar y goza de la densidad de tu cuerpo ocupándolo… No te prives de nada que sueñes, sobre todo de lo que no se compra ni se adquiere por sacrificio previo o alquiler de tu alma…

Equivócate trescientas sesenta y cinco veces más… Están todos esos días por estrenar y tienes mil posibilidades para pasarte de largo… Tal vez mejor que quedarte corto, si lo haces por desconfianza. Por si te quedas con las ganas, a las puertas del algo hermoso por no osar o no intentar.

Sé el gato a quién mató la curiosidad… Porque no está muerto, no es cierto. Está en otra ciudad viviendo una historia de amor maravillosa o recibiendo los frutos de un próspero negocio que se atrevió a emprender cuando nadie apostaba por él… Esa parte no te la cuentan para que no te largues y no arriesgues como hizo él… ¿Nunca te han hablado del gato que murió de aburrimiento? O del que quedó sepultado por la rutina, la desidia y la mediocridad de una vida sin pasión ¿verdad? Esos sí que existen y deambulan entre nosotros con cara amarga y gesto compungido…

Baila. Empieza cuando no te vean, para calentar. Sé que no te atreves incluso cuando no notas sus miradas en los hombros… Porque las verdaderamente inquisitoriales son las tuyas… Atrévete a mirarte con ojos enamorados, con ojos compasivos… Nota el espacio que ocupas en el aire cuando bailas, disfruta de ese casi segundo de vuelo…

Haz algo distinto. Ve a un lugar nuevo o ves al lugar de siempre y pide otra cosa. Mira de otro modo. Sal por otra puerta. Cambia de camino… A ver qué pasa. Practica una imprudencia equilibrada… Sal del decorado poco a poco hasta que veas a dónde te lleva esa senda…Usa palabras nuevas, palabras que te inspiren… Ten a mano unas cuantas de esas que te hacen sentir grande, feliz, agradecido… Si no las conoces, búscalas, invéntalas, pídelas a los que saben de palabras, a los poetas, a los que saben amarlas y pronunciarlas… Llévalas en la memoria, tararéalas y dilas en voz alta cuando te sientas caer. Agárrate a ellas y siéntelas…

Y claro, mientras las buscas, lee muchos libros, déjate habitar por sus palabras y vive en ellos un rato cada día… Que salgas de ti, de este espacio y este tiempo, de este universo, de esta rutina que te atrapa la cola del vestido para que no te muevas y te quedes quieto a esperar a ver qué pasa.

Rompe la hucha destinada a los sueños que nunca vas a cumplir. Esa que tienes ahí en un estante para sentirte tranquila pensado que haces algo para conseguir lo que quieres pero que en realidad es una forma cómoda y confortable de postergar tu vida… Invierte el dinero en un mapa hacia tu nuevo destino, en un bloc de notas para definir objetivos, en unos zapatos cómodos para emprender este viaje a tu nueva vida.

Entra en esa habitación cerrada con candado donde hace tiempo que te detienes ante la puerta sin atreverte a dar el paso… Entra y abre las ventanas para que pase en aire y se lleve angustia acumulada y las lágrimas contenidas… Abre sabiendo que es para bien, aunque nada más abrir algunos fantasmas te compriman la garganta y se rían en tu cara.

Si la pared no te deja ver, tira la pared. Derriba todos los muros, sobre todo los que has construido a base de miedo y reticencias… Los que no se ven y circundan tu alma y la dejan vivir solo y triste. Una vez derribes la primera, le cogerás afición y tendrás que frenarte un poco… Basta con que notes que puedes par que te salgan alas… Esto de salir de la zona de confort al final es adictivo.

Inventa algo. Desafíate a ver si sabes, si aprendes cómo sí y cómo no. A ver si funciona. Inténtalo mil veces. Fracasa con ganas… Descubre que en realidad el reto era el desafío y no el resultado.

Escribe un diario. Con dos versiones. Una en la que cuentas lo que te pasa y otra en la que cuentas lo que quieres que te pase. Síguelas cada día en paralelo hasta que las versiones converjan, hasta que se encuentren en un punto y se conviertan en una… No sólo porque ya te pase lo que sueñas que te pasa,  sino porque hayas aprendido a amar lo que te pasa y quieras darle una oportunidad al primer diario…

Crea una teoría mediante la cual cualquier ser humano que sea capaz de creer que puede, pueda… Ya lo sé, está ya inventada, pero hazla tuya… Y piensa cómo conseguir que se sostenga en el tiempo a base de trabajar en ella.

No cuestiones tu altura, recorta las patas de las sillas y las mesas, súbete al escenario, no para que te vean sino para mostrar tu valor y poder mirar al mundo de tú a tú.

Crece por dentro hasta que tu tamaño exterior no importe. De hecho, ya no importa ahora, sea cuál sea…

Levántate cada día con la idea de que algo extraordinario va a pasar. Vive con esa emoción sin esperarlo, confiando en que va a suceder. Y cuando acabe el día, habrá pasado seguro… Porque vivir con esa emoción maravillosa ya es algo fuera de lo común… Y porque cada día nos pasan cosas extraordinarias que no vemos… Y porque si no pasa, lo crearás tú con esa energía desbordante.

Si el ánimo no te acompaña, sonríe. Date un rato para sentir ese dolor y sigue adelante… Tienes derecho a estar triste, es más, necesitas estarlo y explorarlo… La tristeza es tan necesaria como la alegría, lo único que importa es que esa tristeza no te domine ni lleve las riendas… Llévala tú a ella y aprende qué te quiere mostrar…

Busca otra versión para todo. Cuestiónalo todo… Ponte del revés para cambiar tu perspectiva. Pregunta por qué y para qué. Pregúntate por qué haces lo que haces y busca en ti la primera vez que decidiste hacerlo… Descubre tu mapa interior y redefínelo, averigua por qué  te está llevando a situaciones que no quieres… Asegúrate de que tu brújula marca tu norte y no el norte de otras personas… Tal vez descubras que en lugar de trabajar para tu futuro y vivir tu presente, estabas invirtiendo en el futuro de otros o en el futuro que se supone que deberías desear o tener…No tienes que cumplir ninguna expectativa, sólo tienes que ser consciente y feliz.

Sé valiente y cambia de estrategia si el plan actual te hace divagar y moverte sólo por cauces conocidos y asequibles…

Despierta. No lo sabes, pero estás dormido. Deja de buscar excusas para seguir así. Reconocerlo es doloroso, pero nada comparado con seguir viviendo sin vivir y despertar un día cuando sea demasiado tarde…

 

 


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Pensar, sentir, actuar


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Leía ayer día una interesante reflexión de Victoria Ambrós  sobre “pensamiento positivo” y el uso abusivo que se ha hecho del término llegando a convertirlo en una especie de emoticono que enmascara los sentimientos reales.

Me lo he planteado muchas veces, la verdad. Si tras muchas de las reflexiones sobre las bondades de pensar en positivo (que las tiene, sin duda) hay una necesidad de huir de lo que nos asusta, lo triste, lo feo, lo que no cabe en un tuit o no nos gusta ver en un selfie. Vivimos tan rápido y sin masticar la vida que algunos han usado esta filosofía para dar portazo y tirar adelante sin querer mirar atrás ni entender por qué les pasa lo que les pasa. Y claro, hasta que no entiendes por qué te pasa no eres capaz de elegir que no te pase.

Y no quiero con todo esto decir que el pensamiento positivo no entrañe magia, para nada… Creo en ella, pero también creo que esa magia no surge de nada exterior sino de dentro de nosotros mismos y nos hace conectar con todo y con todos. Y no podemos hacer magia si fingimos que no sentimos lo que sentimos y por dentro nos desmoronamos. Por ello, no me gusta la forma en que a veces se nos quiere dibujar lo que significa el pensamiento positivo, como algo que se consigue en dos días.

Sinceramente, cualquier teoría o práctica que te lleve a alejarte de lo que te asusta o enmascarar lo que sientes no puede funcionar. Sin mejorar nuestra autoestima, pensar en positivo cae en saco roto… Lo contrario es mentirse a uno mismo y engañar a otros si les decimos que podrán de esa forma.

Ha llegado un momento en el que algunos nos venden la necesidad de estar siempre con la sonrisa puesta (es muy útil sonreír a diario) como si no pudiéramos tener momentos de bajón.  Yo creo que el pensamiento positivo es muy útil y genera unos cambios increíbles en tu vida, pero no se ha entendido bien… La tristeza es necesaria para entender quiénes somos… Sin tristeza no podemos entender la alegría. Nada es bueno o malo porque sí, todo depende del aprendizaje que saquemos de ello. Pueden despedirnos del trabajo y que eso sea un paso necesario para aprender sobre nosotros mismos algo pendiente y poder conseguir un trabajo que nos hace sentir mejor y más de acuerdo con nuestra misión en la vida.  Nos podemos romper una pierna y que eso nos conceda el tiempo necesario para reflexionar sobre cómo reenfocar nuestra vida.

Nuestras emociones no son positivas ni negativas. Sólo hay que saber gestionarlas porque son una forma de expresar cómo nos sentimos, una reacción fisiológica a un estado de ánimo. Lo importante es llevar las riendas para que no sean nuestras emociones las que dirijan nuestra vida. Decidir qué queremos y utilizar lo que sentimos y nos sucede para crecer.

No podemos negar lo que sentimos porque eso sería como no querer ver un obstáculo en el camino. La forma de solucionarlo es vivir conscientemente y tomar decisiones. Cuando sentimos rabia y no lo reconocemos, cuando no lo vemos, aceptamos y exploramos el porqué, nos acaba estallando o pudriéndose dentro de nosotros…

Decidir hacer un saludable ayuno de quejas y lamentos para no focalizarnos en lo que nos digusta o nos molesta no implica dejarlo de lado ni olvidar el motivo de esas quejas. Debemos ir más allá hasta desgranarlas y comprenderlas para solucionar la causa y no el síntoma.

Somos lo que pensamos y lo que sentimos. Si no sabemos qué sentimos, no nos conocemos. Si no conocemos bien nuestros pensamientos negativos, no podremos construir pensamientos nuevos que nos ayuden a crear una nueva realidad. Si no estamos dispuestos a sentirnos incómodos, no podemos avanzar.

Con esto no me quiero cargar el pensamiento positivo, insisto en ello para que quede claro,  al contrario. Quiero ponerlo en valor a partir del autoconocimiento. Lo considero tan útil que me molesta que se esté vendiendo una versión facilona de él como si se tratara de una pócima mágica y nos hace perder nuestra capacidad de transformación. Llevo años trabajando en ello y he visto las resultados. Lo reivindico, aunque nunca solo, sino como un un paso importante y destacado dentro de un camino sólido, con altos y bajos, cargado de ilusión y valentía. Seamos claros, si no te conoces a ti mismo y hurgas en ti, en lo que te ha convertido en lo que eres en el pasado y en lo que te mueve para llegar a ser, el pensamiento positivo se diluye.

Es una experiencia dura y apasionante, con momentos complicados en los que debes ser tan sincero contigo mismo que se te corta la respiración… En los que debes tomar decisiones incómodas que a veces te llevan a separarte de personas a las que estabas unido o abandonar lugares que te parecían seguros porque no te permiten ser tú…

Se ha hablado tanto de pensamiento positivo. Se ha querido a veces venderlo como si fuera una especie de paraguas que una vez abierto te salva de todo. A veces, incluso pienso que tal vez sea así, que podemos pedir y confiar y todo llega, seguro… Aunque estoy segura que para conseguir eso, debemos llegar a un nivel de conciencia y autoconocimiento que requieren mucho, muchísimo trabajo previo y no lo estamos haciendo.

Ser positivo no es negar esa realidad, sino aceptarla, mirarla bien hasta entender el por qué y tomar la decisión de qué hacer con ella. No se trata de decir que todo va bien tragando saliva cuando es evidente que no, es una elección. Se trata de decidir que somos responsables de nuestras vidas y llevamos el timón.

El “pensamiento positvo” se ha tergiversado tanto que a veces molesta, ofende… Se ha convertido en ocasiones en tres frases molonas aplicables a todo y a todos, como si fuéramos todo iguales,  como si tuviéramos la obligación de sentirnos bien al perder a un amigo o dejar un trabajo de años… Cuando en realidad, nos debemos ese momento de dolor y tristeza para saber quiénes somos sin tener que sentir esa especie de sombra de culpabilidad por verlo todo negro de momento y no enviar mensajes positivos al universo… ¡Qué agobio y qué forma tan errónea de enfocarlo! Cuando estamos tristes y dolidos, si exploramos por qué y confiamos en nosotros, no vamos en contra de ese “pensamiento positivo”,  somos pensamiento positivo en estado puro… Porque no se trata de estar siempre adrenalínico y expuesto a una especie de chute de cafeína sino en paz contigo mismo, sin culpa ni reproches… No podemos someternos a ninguna tiranía, ni siquiera a la de la alegría.

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Algunas de las ideas que he leído y oído sobre el pensamiento positivo hacen que parezca una especie de terapia exprés de fin de semana a base de repetir frases para personas desesperadas que aspiran a llegar al lunes y arrasar en la oficina con un nuevo yo que surge de la nada… ¿De verdad alguien se lo cree?

Para mí, ser positivo es autoconocimiento puro, un trabajo,  un camino largo que dura años y no termina nunca, al que se llega cuando te aceptas y te amas…

El pensamiento positivo es escuchar tu voz interior y eso tiene grandes efectos en nosotros, pero no basta sólo con “pensar” es necesario creer, sentir, comprometerse contigo mismo.  Hay que “fabricar una emoción positiva” que genere cambios a nivel neuronal y hormonal en nosotros para modificar el funcionamiento habitual de nuestro cuerpo y cerebro, eso afecta a nuestra salud de forma positiva y a nuestra vida… Aunque, eso no se hace en dos días porque requiere conectar con uno mismo… Y sobre todo, no pasa por el autoengaño ni por negar lo que sientes, pasa precisamente por todo lo contrario, por aceptarte a ti y al mundo como es.

No va sentarse a esperar un milagro. Es confiar, visualizarlo y actuar con la paz interior que supone creérselo.

Es crear tu propia realidad. Vivir en equilibrio, saber gestionar y fluir a ver qué pasa…Y eso es aplicable a todo, porque todas la facetas de nuestra vida quedan impregnadas con tu esencia.

Es una mezcla de pasión y serenidad. Mirar al futuro con ganas de comértelo y vivir en el presente con gratitud pero sin resignación. Es paz interior. Es poner orden en los cajones de tu vida pero dejar las ventanas bien abiertas para que pase el aire fresco… Es ser tan elástico que siempre vuelvas a tu estado inicial después de adaptarte, pero siempre con algo nuevo aprendido…Descubrir el poder de las pequeñas cosas y empezar a mover una de ellas en tu vida para observar como el dominó gigante de tu universo se pone en marcha y puede  sorprenderte de hasta dónde puede llegar.

No hay fórmulas mágicas que te solucionen la vida, la vida te la solucionas tú. Cuando actúas y miras al mundo con ojos nuevos… Trazando un mapa distinto y aprendiendo cada día un poco más de ti y de esa persona que puedes llegar a ser si te dejas…

El pensamiento positivo está al alcance de todos y  es una herramienta tan útil, tan necesaria para aprender a vivir, que no debemos dejarnos vender copias baratas ni versiones low-cost que nos ofrecen un visión de lo que es degradada y absurda. Una visión que nos aleja de lo que realmente importa.

Y sí, estoy convencida, mis pensamientos crean mi realidad, pero para conseguirlo primero es necesario saber quién soy y actuar en consecuencia.


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La magia de lo imposible


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Toca dar las gracias ahora, por todo lo bueno y por lo que parece terrible pero acabará siendo energía pura para seguir adelante.

Una de las cosas que he aprendido los últimos años es que cuanto más se empeña la vida en golpear, más capacidad de encarar adquieres… Te vuelves flexible, fuerte, valiente, casi casi… perdón por la osadía, un poco más sabio… Y claro, osado. Esa osadía es la que te convierte en alguien distinto. El enorme poder que te confiere sobre ti mismo y sobre tu vida llevar un poco la contraria y no sumergirte en el conformismo… No subsidiarte a ti mismo sino hacerte levantar y seguir… La osadía de preguntarte cosas que parecen no tener respuesta y de meterte en situaciones que dan tanto miedo que a veces, cuando te flaquean las fuerzas, un sudor frío te invade el cuerpo y notas como el corazón se te acelera… Es tu yo asustado y antiguo que intenta que te rindas porque no puede más.

La osadía de creer que tú eres uno de ellos… ¿Quiénes son ellos? Los que llegan, los que lo consiguen, los que se dejan a veces pedazos de vida absurda en el camino y renuncian a su cansancio, a sus ganas de salir corriendo… Renuncian a estar acompañados si esa compañía les araña el alma, aunque hacer el camino solos les mantenga el corazón inquieto y les haga sentir inseguros.

Mejor un alma alborotada que un alma dormida.

Mejor un sueño a medias que una parodia de vida.

Mejor dejar lo que no nos hace bien, que pasarnos la vida justificando lo injustificable y engañándonos pensando que va a cambiar sin que nosotros hagamos nada. Si aceptamos algo que no respeta nuestra esencia, perdemos nuestra esencia… El árbol muerto no da fruto.

Toca dar gracias ahora por haberse dado cuenta de lo que es y lo que no. Por los momentos dulces de caminar en una cuerda tan floja que a veces te encuentras sujeto a ella sin estarlo y te descubres levitando…Con medio cuerpo suspenso y media alma cosida al cuerpo para que no caiga.

Toca dar las gracias porque a menudo cuando te quedas paralizado y se te cierran todos los caminos, te das cuenta de que ha llegado el momento de volar…  Y vuelas. No sabes cómo, pero lo haces. Un día te encuentras haciendo algo que hace veinticuatro horas era impensable, increíble, imposible. Y rompes la cáscara imaginaria de la que no te atrevías a salir. Y sales del círculo que te rodea. Te encoges de frío y de miedo y de cansancio… Y sientes que estás loco y no podrás. Lloras de pánico, pero puedes… No sabes cómo, pero lo haces. Piensas que no puedes hasta que te encuentras haciéndolo y te quedas alucinado contigo mismo mientras las lágrimas de emoción te surcan la cara, que arde intensamente sin saber por qué.

logro

Entonces, ves claro que debías dar ese paso.  Para ser libre hay que tomar decisiones que dan a veces mucho miedo… A menudo, no ves el lastre a soltar para ir más ligero porque está tan incrustado en tu vida que parece una parte de ti y confundes tu miedo con un razonamiento lógico y huyes de él, cuando en realidad, es la puerta a cruzar para poder llegar a tus metas. Llevamos tantas respuestas escritas en la espalda que sólo se ven si sueltas la carga y miras atrás ante el espejo con ojos de sabio… Si te das la vuelta a ti mismo y cambias de perspectiva… La vida siempre te deja escritas  las pistas para pasar sus pruebas en esos lugares que no te atreves a pisar. Como llevar las chuletas escritas al examen y no atreverse a mirarlas… En el fondo, todo es una invitación a salir de ti, a pasar la línea y romper algunas normas absurdas que hace siglos te impusiste y nunca más te has planteado por qué.

Y ves que el triunfo no es la meta, ni el sueño, ni el reto. El triunfo es el salto, el haber salido de ti, el haberte atrevido a romper contigo mismo para encontrarte de verdad. El regalo es esta persona que eres ahora, que vibra en ti y que antes estaba oculta en tus pliegues suplicando salir…

No importa no llegar a  alcanzar tu sueño. Tal vez incluso, al mirarlo, te das cuenta de que ya no brilla tanto… Lo que importa es que tú ya no eres el mismo. Ves más cosas, piensas distinto, sientes distinto… Te miras y ves a alguien capaz, alguien que salta y vuela. Y te da cuenta de que da igual lo que busques, lo realmente importante es quién eres. Tu sueño es casi una excusa.  Ahora puedes decidir seguir si realmente te llena, si te invade de felicidad, si es un sueño de esta nueva versión de ti más lúcida y sabia.

Ahora puedes decidir si era un medio o era fin. Si lo querías para crecer o lo necesitabas para demostrarte algo. Si te representa o te limita… Si va con la nueva persona que te habita o era un peaje de la antigua… Los sueños no están ahí para que brillemos después de conseguirlos, están ahí para que brillemos antes. No son la causa de nuestro cambio, son la consecuencia…

Si te ves en tu sueño todavía después del proceso, tómalo… Lo tienes cerca porque ya eres esa persona que logra sus sueños.

Si te queda pequeño o viejo, suéltalo y siente de nuevo tu camino…En un esquina hay algo nuevo, seguro. La nueva persona que eres se motiva fácilmente porque todo lo que necesita para hacerlo lo lleva dentro.

Te preguntas cómo no pudiste verlo antes, que el regalo por este trabajo complicado eras tú. El premio por manejar tu vida, por responsabilizarte del camino, por tomar decisiones complicadas y soportar el frío necesario para crecer… siempre eres tú.

Ahora toca dar gracias por haber abierto los ojos…Por esa conciencia que ha aumentado de tamaño y esa capacidad de entender que necesitas seguir… Ahora toca volar aún más.

Eres tu gran conquista.

A veces, la vida no te da más opción que intentar lo imposible… Y tú no tienes más remedio que conseguirlo.

A veces, la vida te pide tanto, que te ves obligado a hacer magia.


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Tengo miedo


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Tengo miedo…

Y no pasa nada por decirlo. No se hace más gordo ni intenso. No se construye un castillo ni se atrinchera en mi espalda… Al contrario, decirlo en voz alta parece más pequeño y soportable.

Mi miedo tiene muchos nombres. A veces, se llama incertidumbre y a veces fracaso. Lleva puesto un vestido largo que marca mi figura y dibuja lo que me aterra mostrar… Y calza unos zapatos rojos preciosos que nunca me pongo porque siempre espero una mejor ocasión que no llega…

A menudo, tiene la cara de todas aquellas personas que un día me miraron con desprecio porque me veían diminuta. Y lleva en la mirada un reproche por no llegar nunca a un listón que es inalcanzable, se mire como se mire…

Lleva muchas etiquetas y tiene muchas contraindicaciones con todo lo que me gusta en la vida… A veces, tiene cara de lobo y otras de madre amorosa y asfixiante.

A veces, lo admito, mi miedo tiene mi cara…

Me obliga a decir que no tantas veces que no puedo existir ni sentir… Me seduce para que diga que sí, incluso cuando no tiene sentido…

A veces, es un miedo absurdo, que se desmonta al mirarlo con atención y un poco de entusiasmo… Otras, está enraizado en un laberinto inmenso en cuyo centro hay una tarde de mi infancia.

Mi miedo habita en mis pies que se quedan quietos y no andan.

Abraza mi cuerpo cansado de controlar y luchar que ya no se resiste y se cae…

Besa mis mejillas rosadas y las cubre de una palidez traslúcida y triste…

Camina por mi espalda y me pide que encorve mi columna y agache la cabeza…

Duerme en mi almohada para poder meterse en mi cabeza y hacer que mis sueños sean pequeños como si fuera un jíbaro…

Vive en mi pecho y toca el tambor para recordarme que tengo problemas por resolver y complejos latentes y pequeños dramas a medias por vivir… A veces,  mi miedo se sienta en mi mesa y bebe de mi copa sin parar de llenarla.

Baila en mi pulso y en mis sienes cuando estoy sola y cansada…

Grita como un loco cuando me suelto la melena y bailo dejándole de lado…

Agita sus alas negras cuando estoy feliz para que recuerde que yo no puedo… Se enfada cuando le miro a la cara y le digo que no me importa y que a pesar de él voy a seguir adelante…

Pobre miedo, está perdido… Voy a ganar la partida…

Lo noto porque está muy furioso y ajetreado… Se zarandea en mi cama y me mueve los músculos de la cara azarosamente para que piense que controla y que manda…Alborota en mi cabeza trayendo recuerdos tristes y noches largas sin tregua… Esboza pensamientos ridículos y me cuenta historias de otros que no han podido, no han sabido, no han llegado… Canta canciones de amores perdidos y susurra palabras que saben a desesperanza…

Pobre  miedo, yo sé que está desesperado y loco porque ya no le hago caso.

Ya no me escondo de él, ni me alejo de su sombra. Al contrario, me he acercado tanto a él que le intimidado y ahora soy yo quién invade su espacio… Desde que le conozco y le entiendo, ahora que sé por qué existe  y qué pretende, se siente muy desgraciado…

Antes, le evitaba y le encerraba en armarios y cajones… Y por las noches, lloraba y daba golpes hasta que tenía que ir a buscarle y jugar con él a sentirme sola y superada… Me hacía sentir rabiosa y asustada…

Pero… Aprendí su idioma, abracé su esencia y aumenté de tamaño, de repente, con solo hacerle frente…

Y ahora vive sin vivir porque le conozco tanto que… Ya no le temo.

He pasado de ser su víctima temblorosa a su madre comprensiva y amable…

Pobre miedo, mi miedo, tan cansado, tan harto, tan diminuto… Patalea y araña, muerde como un niño o un gato arisco y enfurruñado que no consigue lo que quiere…

Cuando me mira con ojos fieros, le devuelvo una mirada valiente y osada…

Pobre miedo, desesperado porque no encuentra hueco por el que colarse en mi alma…

Tengo miedo, pero lo conozco, lo supero, lo entiendo… Bailo con él a veces, cuando estoy muy cansada, lo reconozco,  pero ya no se acuesta conmigo ni se queda a velar mi sueño.

Ahora mi miedo tiene miedo, porque no me tiene ni guarda.

Tengo miedo… Sólo con decirlo, me siento liberada… Está ahí, lo sé, pero no vive mi vida porque ya no le dejo…