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la rebelión de las palabras


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Sueños cortos


A veces creo que la vida es como un sendero de pequeñas cajas cerradas que vamos encontrando y abriendo. Nos paramos para tomarlas en nuestras manos y las abrimos. Nos hacemos un montón de expectativas respecto a lo que debería haber dentro de ellas y muchas veces acabamos frustrados porque no contienen lo que creemos necesitar. Sin embargo, en sentido de todo esto creo que tiene mucho más que ver con nosotros que con quién prepara las cajas o las cajas en sí mismas. 

Creo que hay que comprender que las cajas nunca te dan lo que crees que necesitas sino lo que de verdad tienes que aprender. Aprender que recibes lo que siembras, que hay cosas en ti que no ves, que la vida es como es y muy a menudo no puedes elegir las circunstancias pero sí cómo responder a ellas…  A veces, abres la caja y ves que lleva una espada y piensas “es para que siga peleando y defendiéndome o cortando la maleza de la selva en la que ando metido para avanzar”. Y en realidad es para que te des cuenta de todo lo contrario… Que si crees que tienes que luchar sin tregua para poder vivir y conseguir lo que amas sólo conseguirás más lucha y sufrimiento… Para que empuñes la espalda y en lugar de usarla para separar las ramas y atacar, notes su peso en tu brazo y sepas que es una carga muy pesada, para que la sueltes y decidas que debe de haber otro modo…

Llegan cajas a nuestras vidas cada día. Algunas son grandes sorpresas. Hay cajas que de entrada parece que tienen un contenido horrible y que con el paso de los día acaban siendo tesoros. Hay cajas que te dan prisa, otras que te dan tiempo. Hay cajas que están repletas de bombones amargos para que te des cuenta de que debes de mirar dentro y dejar las apariencias… Hay cajas que contienen una música maravillosa…

A veces, abres la caja y está vacía y te enfadas contigo y con la vida porque no te da nada. Y tal vez lo que te dice la vida con la caja es que ya lo tienes todo, que te tienes a ti y no necesitas nada que está ahí afuera… Que la única persona que puede salvarte eres tú.

Hay cajas que contiene amores necios y dolorosos para que descubras que esos son los amores que crees que necesitas y comprendas que no te estás valorando como lo que realmente eres, un ser que merece un amor inmenso…

La magia de las cajas es rara y a veces, lo sé, parece perversa. A menudo incluso creo que no contienen nada y que lo que hay en ellas se crea justo en el segundo en el que empiezas a abrirla… En ese instante se crea según lo que piensas y sientes… Las cajas están conectadas a ti y notan tus latidos y tu estado de ánimo…

Si quieres amor, a veces te dan desamor para que no tengas más remedio que amarte tu.

Si quieres seguridad y certeza, te traen caos e incertidumbre para que comprendas que el único equilibro es el que creas tú y aprendas a vivir en armonía y calma en plena tempestad… Ya nunca más te sentirás inseguro si eres capaz de encontrar tu paz en plena tormenta.

Si quieres paz no te dan paz, te traen algo que te dé la oportunidad de encontrarla dentro de ti.

En el fondo, siempre obtienes lo que deseas, pero no como resultado de tu necesidad sino como respuesta a tu capacidad de soltar esquemas antiguos y creencias rancias. Como consecuencia de mirar dentro de ti y nunca como solución mágica que te llegue desde fuera.

La vida tiene un extraño sentido del humor… Hay cajas que traen bufandas en los días de verano y te dejan atónito y fuera de juego y otras que siempre llegan con la prenda adecuada en el momento perfecto…

A veces, las cajas sí que traen directamente lo que deseas porque es lo que necesitas. Otras lo traen porque justo antes de abrirlas has comprendido que en realidad no lo necesitabas y te has visto capaz de renunciar a ello… Porque has decidido que tu felicidad no dependía de lo había dentro de la caja.

La caja no contiene lo que mereces, sino lo que crees que mereces.

Contiene lo que no quieres ver, ni escuchar, ni sentir para que no tengas más remedio que hacerlo y dejes de temerlo antes de abrir la próxima caja.

La caja lleva dentro lo que evitas siempre que lo evites y dejará de llevarlo dentro cuando dejes de evitarlo.

La caja envuelve lo que has decidido que quieres que haya en ella, aunque te duela y perjudique para que te des cuenta de que tú mismo lo has puesto muy a menudo en tu vida.

Muchas personas se han dado cuenta de “la magia de las cajas” pero no han tomado consciencia de algo muy importante…

No importa lo que contiene la caja, en realidad, lo que importa es cómo decides usarlo.

Y diré todavía más, sólo hay dos normas a tener en cuenta para abrir esas cajas y aprender a usarlas para vivir en paz…

La primera es que haya lo que haya dentro de la caja tienes que aceptarlo porque es tuyo, es fruto de tu propia magia, y es necesario que comprendas por qué ha llegado a ti (no te agobies, no hace falta comprenderlo todo, sólo ser consciente de que está ahí).

La segunda es que haya lo que haya dentro de la caja no es culpa tuya y no debes hacerte daño reprochándote por ello, porque si no no podrás usarlo para seguir el camino… No controlas el mundo, no controlas lo que pasa, sólo cómo respondes a ello y tu respuesta crea el contenido de las siguientes cajas… Suelta esa culpa y da el siguiente paso sin carga ni pesar.

A veces, algunas cajas  contienen palabras o reflexiones, eres tú quién debe decidir si se queda con ellas y si les hace caso o todo lo contrario…

Otras cajas contienen personas, algunas te tienden la mano y otras te ponen la zancadilla, ambas son de gran ayuda al final.

Hay cajas con juguetes rotos, con nubes oscuras y cargadas de lluvia, con recuerdos que permanecía borrados, con zapatos para poder pisar senderos inhóspitos… Hay cajas con paraguas, con bolsas cargadas de piedras que te invitan a soltar, con disfraces de guerrera que tal vez puedes decidir  dejar de ponerte y fluir… Cajas con pastillas que te invitan a no sentir para que digas que estás dispuesto a notar al vida y cajas con sueños que no son tus sueños para que de una vez por todas dejes de vivir otras vidas que no son la tuya.

Hay cajas que al abrirlas te permiten saltar diez casillas y evitar la cárcel y te colocan de repente en el lugar donde hace tiempo deberías estar…

A veces, ni siquiera ves las cajas y te sientes perdido en un mar de niebla, intentando buscar pistas para descubrir dónde están. No importa, en ese caso, eres tú quién está metido en la caja y podrás salir cuando te des cuenta y te permitas imaginar en otra realidad.

Al final, todo encaja y tiene sentido, aunque no nos guste y no sea el que nosotros habíamos programado… A veces, la vida es mejor cuando no se programa, porque llevamos demasiado equipaje de culpa, dolor y angustia… Y porque a la hora de soñar nos quedamos cortos y esperamos que nos lleguen cajas pequeñas y llenas de rutina.

GRACIAS POR LEERME E INICIAR CONMIGO ESTE CAMINO COMPLICADO PERO MARAVILLOSO… 

Gracias por compartir y llevar mis palabras hasta el otro lado del mundo… 

Si quieres continuar con este cambio, te invito a profundizar todavía más…

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Vivir lo pendiente y abrazar lo inevitable


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Somos nuestro propio infierno y nuestro propio cielo. La barca con la que navegamos y nuestra propia deriva. Somos el salvavidas y los pies de cemento. El miedo que nos hunde y nuestras ganas de conocernos que nos ayudan a flotar.

Somos nuestro propio camino y todos y cada uno de los pasos atrás que damos. No podemos decidir lo que encontramos en el camino, pero podemos decidir cómo lo miramos, cómo lo colocamos en una estantería de nuestra vida y qué hacemos con ello. Si lo rechazamos o lo aceptamos. Si decidimos que forma parte de nosotros y que tenemos algo que hacer con ello, algo que aprender o lo lanzamos al abismo…Si lo rompemos en mil pedazos o si nos rompemos nosotros en mil pedazos al sentirlo porque no nos vemos capaces de usarlo para crecer.

Somos nuestro infierno  y nuestro cielo. Somos nuestro gran miedo y la forma que tenemos de superarlo. Somos la forma que tenemos de esconderlo y vivir de él o de vivir a pesar de él…

Somos, somos, somos… Siempre acumulando de todo para no tocar, para no aceptar, para no sentir y asumir, para disimular y esperar a que pase. Pagando por ello el alto precio de no soltar. De llevar la carga y no poder respirar.

Somos y, a veces, no nos damos cuenta de que somos porque sencillamente estamos. Porque solamente sobrevivimos . Porque solamente arañamos pedazos de vida. Con la máscara puesta porque nos asusta tanto quitárnosla percibirnos como somos realmente y que nos perciban como somos por dentro… Vulnerables, desnudos, asustados… Tierra por comprender, tierra por conquistar, tierra por descubrir, tierra para amar. Tierra, una tierra enorme en la que sembrar…

Somos, somos, somos… Somos el camino al que queremos llegar y el camino del que queremos huir. Somos el destino que escogemos y le que no queremos escoger porque nos asusta reconocer que también está en nosotros. Porque no queremos escuchar que la vida pasa lista y dice nuestro nombre.

Estamos tan pendientes de lo que será, que se nos olvida el mientras tanto… Y nosotros somos el mientras tanto, la vida es el mientras tanto. La vida es amar al mientras tanto. Amar al casi, al tal vez, al puede ser, al no es aún, al no está, al no lo parece… Aceptar que sea a medias, que no sea todavía. que tenga una forma difusa, que esté en construcción…

Lo que nos define es como vivimos el mientras tanto… Cómo lo abrazamos. Cómo vivimos el sí pero no, el todavía… Cómo gestionamos el “y si no”. Cómo decidimos que nos afecte el “no sé si…”

Cuando no aceptamos el mientras tanto de todo lo que nos rodea, no aceptamos nuestro mientras tanto. No vemos que estamos a medio camino de algo y no aceptamos el camino. Ni los recodos, ni los momentos oscuros, ni los momentos tristes, ni los momentos locos… Nos asustan tanto los momentos locos y descontrolados… Nos asustan tanto los momentos alegres como los momentos tristes. Huimos de la paz porque no queremos echarla de menos, porque no queremos ser adictos a ella para cuando escasee, para no pensar que se ha ido y no volverá y que la culpa nos invada y comprima el pecho. Porque no hemos aprendido a mirar su ausencia y encontrarle sentido… Mirar al vacío y descubrir que somos nuestro gran misterio, nuestro gran secreto. Somos la llave y la cerradura…

Somos, somos, somos y nos definimos por lo que no tenemos, por lo que nos falta, por lo que deseamos y no nos acompaña…

Somos nuestro infierno y nuestro cielo. Nuestra ausencia continuada en todo aquello que nos atañe y duele para que no nos ataña y no duela. La puerta cerrada a cal y canto a eso que nos recuerda que nos equivocamos y que no nos permite comprender por qué. Las reglas de oro y las normas que nos dictamos para intentar ser mejores y obtener buenos resultados y que comprimen tanto que cuando llegamos a la cima hace rato que hemos dejado de respirar…

Somos, somos, somos siempre lo que no queremos recordar y lo que nos da miedo vivir. Y siempre llega, siempre nos alcanza, siempre nos toma por la solapa y nos cuenta el cuento que no queremos escuchar. Siempre evitando sentir ese dolor, notar ese miedo y sujetando con todas nuestras fuerzas algo para que no se caiga, para no perderlo y sentirnos vacíos y solos.

Somos eso que no nos gusta, precisamente porque lo despreciamos. Somos aquello que evitamos, precisamente porque viene a nuestro encuentro para que podamos dejar de huir.

Somos la forma maravillosa en que a veces claudicamos y preferimos vivir a ganar y bajamos la guardia y nos dejamos acariciar. A veces, el cielo está en reverso de la hoja a la que nunca le das la vuelta por si te toca asumir y corregir… Y el infierno es ese tiempo que tardas en darte cuenta de que el cielo es una decisión propia… De que eso va de salir a vivir lo que tenemos pendiente y abrazar lo inevitable. 

Acabar dando gracias por lo que es, sea lo que sea, y encontrando la comodidad en lo que antes parecía terrible, insoportable…

GRACIAS POR LEERME E INICIAR CONMIGO ESTE CAMINO COMPLICADO PERO MARAVILLOSO… 

Gracias por compartir y llevar mis palabras hasta el otro lado del mundo… 

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¿Te atreves a sentir tus miedos?


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Alguien me dijo el otro día que cuando me lee se queda a medias siempre porque no le planteo soluciones y agito por dentro sus problemas, sus pensamientos, sus emociones más contenidas… Es verdad, supongo que a menudo cuando escribo no aporto respuestas ni nada a lo que agarrarse para encontrar el camino.

Llevo unos días pensando por qué. Lo que más me viene ahora a la cabeza son mis dudas, porque realmente, escribo sobre ellas… Porque no sé nada y lo que hago en realidad es poner negro sobre blanco lo que a mí también me agita por dentro. Lo que me zarandea y me ha zarandeado siempre, lo que me araña desde aquel día hace cien años cuando era niña e iba en tren y miré el paisaje que dejaba atrás con la mirada y me pregunté qué sentido tenía todo. Lo veo como si hubiese pasado durante el café de esta mañana. Creo que tenía cuatro años y vi la línea verde que se dibujaba al paso de mis ojos por el cristal y topé la mirada de una mujer joven que me sonreía y en aquel momento me sentí como una figura de una maqueta inmensa. Como una de las piezas minúsculas de un mundo en miniatura en el que yo no sabía cuál era mi destino ni mi función. Como si mi identidad dependiera de la identidad de otros, como si mi lugar en este mundo inventado e imaginario dependiera del lugar que ocuparan los demás o del que me dejaran libre. En ese momento, sentí un miedo terrible a no encontrar ese lugar o a tenerme que conformar con el lugar que dejaban los demás para ocupar… Como sucedía en el cole cuando había que hacer algo por parejas y yo siempre era la que me quedaba sola porque nunca me atrevía pedirle a nadie que se quedara conmigo… Porque no me sentía suficiente o no pensaba que tuviera nada por ofrecer.

Yo también dudo y mucho de cuál es mi camino. O a veces no dudo del camino sino de mí y de mi capacidad para transitar en él. Y lo admito, muchas, muchas veces tengo claro el camino y la solución (va con mi personalidad) pero lo que pasa es que me resisto locamente a aplicarla. Mis vísceras asustadas dicen que no y en mi casa mandan mucho las vísceras. Me resisto yo y se resiste todo mi mundo a soltar ese control imaginario que me hace sentir que manejo los hilos. Hay una parte de mí que tiene tanto miedo a descubrir que no es tan fuerte como se imagina, que es vulnerable y no llegará por más que intente mil cosas y haga mil barbaridades… Hay otra parte de mí que tiene tanto miedo a solucionar sus problemas y descubrir que realmente esos problemas no existían y que el verdadero problema era mi actitud e incapacidad hasta el momento presente de querer ver las cosas de otro modo… De descubrir que todo eran excusas y coartadas inventadas para seguir sufriendo porque es más cómodo que tomar las riendas… Miedo de tener la certeza absoluta de que llevaba años haciéndome trampas y fingiendo querer ser feliz cuando en el fondo me seducía más una sensación mediocre de efervescencia  para no tener que lidiar con la culpa… Esa especie de sombra pegajosa y maloliente que todo lo impregna y te deja seco y lívido.

La verdad es que estamos enganchados a nuestro dolor, somos yonkis de nuestro sufrimiento y de todo lo que nos asusta. Nuestros pensamientos y emociones más recurrentes nos invaden en cuerpo de hormonas y nos acostumbramos a ellas, nos sentimos cómodos con esas sensaciones y huimos de la novedad aunque sea deliciosa, maravillosa, extraordinaria…

Intentamos evitar a toda costa sentir aquello que nos asusta y nos quedamos presos de ello en esa sala de espera en la que estamos pendientes de decidirnos. Y eso de lo que huimos tiene y ha tenido mil caras.  Ha tenido cara de novio que te abandona, de trabajo en el que no te consideran, de sueño que se te resiste, de recuerdo que te asalta cada domingo por la tarde… En el fondo, todo eso es lo mismo. Es el mismo conflicto que encuentra otra rama del árbol con la que taparte el sol para que tengas que trepar hacia tu interior. Todo lo mismo. Todos los conflictos que se presentan ante ti tiene que ver con el hecho de no estar tratándote bien, no estar de tu parte y reconocer tu valor. La vida te pone a prueba una y otra vez y siempre está pidiéndote que te abras y te desatasques por el mismo lado… Que desenquistes lo que ya sabes desde siempre que tienes enquistado en ti y que no sueltas.  Tal vez te pida que dejes algo a lo que te aferras, que saltes al vacío sin red para que aprendas a confiar, que vayas hacia algo o que des un puñetazo en la mesa y digas basta… Puede ser que te pida que hagas mil cosas que nunca te has atrevido a hacer o que dejes de hacer esas cosas que haces de forma desesperada para que encuentres tu silencio. No importa lo que sea, es ese miedo de siempre, ya sabes cuál, no te das cuenta pero todo lo que te rodea te habla de él y te invita a sentirlo y aceptarlo.

Hasta que no aceptamos lo que nos asusta, cada persona con la que nos cruzamos lleva escrito un reproche en la mirada… Todo nos recuerda lo que tenemos pendiente para que decidamos acercarnos a ello y descubramos que no pasa nada, que no hay culpas sino temor a descubrir que no somos perfectos… Y que una vez te acercas a eso, todo se diluye. Hasta entonces la culpa sobrevolará tu vida y te sentirás provisional porque sabrás que tienes a medias eso de reconocerte y amarte. Al final todo lleva a que llegue un día en el que tengas que afrontar y caer a ese vacío en el que no hay nada a lo que agarrarse, para que descubras que vuelas, que te sujetas a ti y que de repente aparece algo que te da aliento… Algo que no parecía existir o que estaba ahí y no podías ver porque eras yonki de tu necesidad de sentirte incapaz y desgraciado.

No importa si te muestras al mundo o te quedas en un rincón, no importa si lo haces desde la calma interior de ser tú y no desde la necesidad de ocultarte o de ser aprobado y aceptado… Todo es lo mismo… Ese desamor que todo lo impregna mientras dudas si mirarte a los ojos.

Es verdad, me quedo a medias, pero creo que es porque esto de vivir en realidad no va de respuestas sino de preguntas… No se trata de resolver sino de disolver ese dolor y dejar espacio para lo nuevo, sea lo que sea. Desde hace un tiempo me he dado cuenta de que el noventa y nuevo por ciento de las veces, sólo es necesario presentarse al examen de la vida para pasarlo con nota… Es lo único que te pide y te pides, que comparezcas, que sientas el frío de creer que no eres para que descubras que ya lo eres todo… Que notes el miedo de imaginar que todo se esfuma para que te des cuenta de que ya lo tienes todo… Que admitas que no sabes para que eso deje de tener importancia… Que te mires y observes lo que piensas y sientes y notes que no hay para tanto… Que digas en voz alta que no te amas, para que inmediatamente te des cuenta de que eso no tiene sentido…

No tengo soluciones porque dar el paso para encontrarlas ya supone que muchos de nuestros miedos salgan por la venta… Porque sentir tu miedo es permitirte soltarlo y empezar a liderar tu vida. ¿Te atreves?

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Eres tú quién va a salvarte la vida, nadie más


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No voy salvarte la vida, no me busques para eso. Si quieres, si me lo permites, te diré que estoy aquí para recordarte que te vas a salvar tú mismo. Hace tiempo que me di cuenta de que no sé suficiente para dar lecciones de nada y que cada persona lleva un universo entero dentro. 

Ya sé que llevas mucho tiempo buscando. ¿Sabes una cosa? Yo también lo hago, busco, como una loba… Sin tregua y a veces tan desesperada que me desconecto de mí misma y algún canto de sirena me hace creer que he encontrado algo verdadero cuando en realidad es falso porque mi urgencia transforma lo hueco en sólido y quiere ver un amigo donde hay alguien que está tan desesperado que busca en ti lo que tú buscas en él… Qué caótico en realidad, el uno mirando en el otro cuando lo que queremos encontrar ya está en nosotros… Juego de reproches, necesidades insatisfechas, egos hinchados que intentan suplir autoestimas flojas y humillaciones por superar y reparar… A veces, bajo en guerrero sin piedad hay un niño asustado que pide cariño pero está tan rabioso que cuando te acercas a dárselo te muerde la mano con que le acaricias… 

Yo también pido deseos en todos los dientes de león del margen de mi camino… Aunque he descubierto que los milagros consisten en mirar al camino sin buscarlos ni necesitarlos, en llevarlos dentro y encontrar tu poder… Busco en cualquier lugar al que voy, en cualquier libro que cae en mis manos, en el fondo de los ojos de cualquier persona con la que me topo… Hubo un tiempo en el que busqué en un tarro de pastillas para la ansiedad y en las palabras hermosas pero vacías de los regalos de amigo invisible… Busco miradas y personas… Miro si tienen la respuesta que busco, lo que he pedido que llegue… Tengo tan claro que la vida te da pistas que a veces enloquezco y lo olisqueo todo buscándolas… Pero la desesperación es enemiga del la paz, de la paciencia, de la confianza y del amor a uno mismo y precisamente todo eso es el material necesario para ver las pistas. No es que las encuentres es que casi chocan contigo, se te prenden en el pelo y puedes respirarlas. Y no las ves, porque miras la dedo en lugar de la luna, buscas un estruendo en lugar de una melodía que te transporte, quieres el resultado en lugar de la caja de herramientas para construirte tu los cimientos de tus logros… 

No las veo y las estoy tocando… Las busco loca y no están y mientras me siento a descansar porque ya no puedo más, se me acurrucan en la falda, como un gato que viene a por cariño o un niño que te trae su dibujo. La respuesta está en el dibujo a veces. Otras está en los ojos del niño o en la frase que lleva escrita en su libreta de sueños por estrenar. Y por más que busques en las revistas especializadas o en los artículos de un blog, en los vídeos de youtube y las palabras de aquellos que han encontrado la forma… Que pueden ayudarte mucho… El relato de tus porqués lo escribes tú… Cualquiera que venga y te escriba la música de tu vida no te estará dando nada que te pertenezca. Las respuestas están ahí, en el aire, esperando ser respiradas con calma pero en demasiadas ocasiones las apartamos a manotazos mientras oteamos el horizonte esperando ver una señal luminosa que nos guíe cuando en realidad nosotros somos la luz que tiene que iluminar la señal y no la revés… Y pasamos por delante sin verla porque no conocemos nuestra luz, ni nuestra capacidad para sorprendernos, ni nuestro poder para encontrar tesoros donde para el resto del mundo sólo hay papel de periódico, libros viejos o personas que se cruzan contigo en un tren. ¿Cómo vamos a hacer magia si no hemos descubierto quiénes somos? si no hemos asumido nuestro poder…

¿Por qué no nos dedicamos a buscar primero la verdad y luego hacer la magia? ¿Por qué no decimos de una vez que hay cosas que no pueden pasar hasta que no tomemos las riendas de nuestra vida?

Tienes que recuperar tu poder pero solo lo encontrarás en lo que eres, en tu verdad, en la más cruda, en la más oculta. La verdad que encontrarás al conocerte y decirte todo lo que te callas. La verdad de reconocer que a veces no llegas y no hace falta… La de mirar a tus errores y decidir que han sido necesarios… La de mirar tu cicatrices y darte cuenta de que sin ellas no estarías ahora respirando aire puro y encontrando tu lugar en el mundo… No hay varita mágica, hay realidad, aceptación pura, amor por lo que has sido y lo que eres…

Cuánto más aceptes lo que eres en su totalidad, sin condiciones ni excusas, más podrás ser, más serás. De hecho, ya lo eres y no lo ves porque no miras la luna, te concentras en la imperfección del dedo que la señala y cierras tu mente, tu mirada, tu mundo… 

Aceptarte a ti y al mundo que todavía no ves ni conoces. Aceptar tu verdad y todas las piezas de tu rompecabezas interior, incluso las más duras, las que todavía escuecen y arañan, la que a veces al recordar, te parecen tan injustas que una oleada de rabia amarga te ciñe la garganta… Hasta que recuerdas que gracias a eso estás aquí y escupes tu dolor en forma de verso, de palabra amable, de carrera frenética, de lienzo repleto de color y vida, de beso o caricia…  Eso es la magia. La que lo transforma todo. Encontrar lo más “terrible” que todavía descansa en tu entrañas y mirarlo a los ojos y decirle “lo siento, gracias” y seguir. Soltar la necesidad de acumularlo y de esconderlo. 

Y sostenerte en pie porque te has encontrado las heridas y sabes dónde están y no te importan… Y oír tu voz que te canta…

Ama a tu miedo porque va a liberarte..

Ama a tu tristeza porque gracias a ella serás feliz.

Ama tu misterio porque cuando lo comprendas verás tu grandeza.

Ama tu dolor porque ha venido a borrar tus límites.

Ama tus imperfecciones porque son los peldaños de la escalera que te llevará a tu cielo…

Ama tus pesadillas porque te permitirán encontrar tus sueños.

Agradece al que nada sabe y se cree dios porque te muestra el camino que no quieres pisar. Agradece al que no ve tu luz porque es tu reflejo que te obliga a brillar más.

Da las gracias al que no te ha dado nada porque en el fondo te está diciendo que ya lo tienes todo.

El contratiempo a veces es para que tomes impulso y recuperes ímpetu… Y a veces para parar a reconsiderar el camino o el sentido que le estás dando tú a cada paso.

No distinguirás cuándo es cuándo si no te escuchas a ti. No sabrás qué significa si lo miras con los ojos del miedo, y lo cuentas con tu voz de acumular quejas. La mirada de buscar tragedias siempre las encuentra…  Eres tú quién va a salvarte la vida, nadie más… 


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No sé qué buscas, pero ya lo tienes…


MARGARITAS

No pasa nada si por un rato dejas de soñar en lo que amas. Los sueños también necesitan barbecho y descanso para luego poder crecer… 

No pasa nada si algunas de tus acciones de hoy no te llevan a lo que deseas o crees que se escapan del camino trazado a tu futuro, a veces los rodeos son necesarios para descansar un rato y respirar… Otras, te hacen darte cuenta de cosas que nunca percibirías si no dieras esas vueltas. Y de todas formas, sin notar el presente no es posible dibujar el futuro. El mañana se construye a partir de las emociones de hoy, a partir de los pensamientos que tienes ahora mismo y que te llevan a escoger caminos a cada momento e ir cambiando tu mapa… A veces es necesario liar la madeja para tener que tomarte un respiro hasta encontrar el hilo y saber dónde estás y qué sientes.

No pasa nada si hoy no tienes la actitud adecuada al cien por cien, no somos perfectos y eso es maravilloso. Necesitamos salirnos del margen para comprobar que hay margen… Necesitamos bajar para impulsarnos a subir. Necesitamos comprobar que nos nos hemos perdido obsesionados con algo que brilla, porque el brillo real es el que desprendemos nosotros. 

No pasa nada si maldices o vuelves a ser una víctima un rato. Quejarse vacía angustias y nos ayuda a sacar la rabia acumulada… Lo que importa es darse cuenta y no convertirte en tus lamentos, ser capaz de verlos desde fuera…

No pasa nada si no sonríes tanto hoy ni muestras tu mejor rostro… Podemos caer e incluso rompernos, renegar de todo y sacudirnos el dolor, culpar a otros y decidir que no somos responsables de nada… Podemos hacerlo un rato mientras sepamos que somos infinitos y volvemos a nuestro estado natural. Mientras nuestro yo más sabio nos recuerde luego que somos responsables de nuestras vidas y que todo lo que pasa forma parte de nuestra forma de ver el mundo.

Puedes fallar y no ser mejor que ayer, mientras lo intentes y te sientas digno. Mientras seas consciente de quién eres y lo mucho que vales.

Puedes desistir porque estás en un camino y vas cambiando tú y tus prioridades. Porque a media tarde puedes descubrir que ya no necesitas que te vean, porque ya te ves… Que ya no buscas que te lo digan, porque te lo dices… Que no se trata de recibir sino de dar… Que no buscas gloria, sino que buscas paz.

No pasa nada si te retiras y dedices que en lugar de llegar a la cumbre quieres vivir un tiempo en el campo base. Si decides que te ha gustado tanto este camino que te quedas en él a oler las flores y contemplar como se pone el sol y no sigues andando hasta el que creías que era tu destino.

No tienes que pelear, tienes que estar contigo.

No tienes que llegar, tienes que sentirte pleno.

No tienes que conseguir, ya eres.

Se trata de incorporar a ti lo que aprendes a cada paso, eso te hace grande. Y las personas que saben que son grandes no necesitan metas, ellos ya son su meta.

Tal vez te has convertido en tu propio sueño mientras ibas a por él y ahora poco importa si has pasado de largo o te faltan cinco minutos. Ya eres. Ya está.

Cuando uno reconoce su grandeza, poco importa si tiene un mal día o dos o si cae o de retira para sentir por dónde continuar…

No pasa nada si te derrumbas y crees que no puedes, porque si sigues adelante, podrás. Porque tú ya eres lo que buscas, sólo tienes que sacarte de encima la pesadumbre de no estar a la altura o imaginar que no llegarás.

No te sujetes a tus metas, supéralas siendo tú.

Ama el caos necesario que a veces circunda tu vida y que está ahí para que te des cuenta de que tú eres calma, eres paz.

No te preocupes por perder de vista lo que sueñas porque ya es tuyo y sólo tienes que permitirte abrazarlo y comprender que mereces eso y más.

No pasa nada si te sientes pequeño cinco minutos si te acuerdas de que eres enorme y luego vuelves a tu tamaño real.

Ya somos però no nos acordamos, no somos conscientes de la magnitud de nuestra capacidad y de lo que somos capaces ya no sólo de hacer sino de crear mientras soñamos, mientras imaginamos que podemos conseguirlo y nos atrevemos a vernos ocupando nuestro lugar en el mundo.

No necesitamos demostrar nada, llevamos la capacidad incorporada pero hemos olvidado poner en marcha ese mecanismo interior que nos conduce a nosotros mismos.

No pasa nada si sales un rato de ti mismo, mientras tengas claro que merece la pena volver y asumir tu poder.

¿Y si hoy nos sentamos un rato y dejamos de desear?

¿Y si dejamos de mirar a la luna con ojos hambrientos y vemos como brota en nuestro suelo algo nuevo y maravilloso?

¿Y si dejamos de estresarnos por ser mejores y somos simplemente nosotros?

¿Y si descubrimos que ya somos nuestra mejor versión y sólo tenemos que dejar de creer que algo nos falta?

No pasa nada si te cansas y sucumbes al desánimo porque mañana te levantas y vuelves a caminar.

Decía  el otro día mi querida Celia Domínguez en Facebook que «sabes que eres abundante porque te despiertas agradecido y no pidiendo» porque «la abundancia es algo que se siente, no sólo que se tiene». Y es cierto, hay que apostar por sentir, por notar, por agradecer lo que ya eres aunque sea en potencia, aunque está ahí en ti a la espera de estallar y hacerse enorme.

No sé qué buscas, pero ya lo tienes… No sé qué quieres, pero ya lo eres… Tal vez si descansas un momento, descubrirás que ya lo llevas incorporado. Es cuestión de sentirlo y aceptarlo. No pasa nada si te detienes a mirar las flores y te olvidas de tu destino, tú eres tu destino. No sé que sueñas, pero ya es tuyo…

 


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Ámate en silencio…


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Corre cuando sientas que no puedes, hazlo porque la carrera te traerá las ganas y la fuerza para poder seguir.

Cuando notes que todo se acaba, lávate la cara y vuelve a empezar. Eres tú quién decide si tiras la toalla o sigues caminando… No pierdas ese poder.

Cuando no haya luz, sé tú la luz. No necesitas nada que esté ahí afuera, te bastas y te sobras, aunque suene duro y asuste oírlo.

Cuando no haya tiempo, pasa por encima del tiempo. A veces, tenemos que ver cómo se nos escurren los momentos para entender que necesitamos paciencia para tener paciencia…

Si las caras que te rodean no te animan, no las mires, no las asumas, no dejes que te calen hasta el alma y te reordenen los pensamientos. No estás obligado a nada.

Si el desánimo te acaricia la nuca, intenta escuchar tu voz diciendo que puedes. Busca el recuerdo más hermoso y alentador y aférrate a él con fuerza desmesurada… Recuerda su calor, su olor, su tacto, su música. Vívelo hasta pensar que estás en él y afronta el momento presente con esa energía acumulada que ya no malgastas batallando contra el mundo sino invirtiendo en ti .

Si todavía no has encontrado las palabras que pueden acompañarte en este viaje, busca más y no te preocupes, ellas vendrán a ti… Si las palabras que te dices no son las palabras que mereces, calla un rato. El silencio es el antídoto que estás buscando… La quietud de ver pasar tus pensamientos y salir de ti mismo para encontrar el camino… No te angusties, todo lo necesario llegará en el momento adecuado.

Escucha tus latidos, nota como fluyen tus venas, escucha el vals de las olas del mar bailando en tus pies… Baila con su cadencia, mécete en sus vaivenes y déjate llevar por su calma.

No dejes que tus pensamientos te lleven a donde no perteneces. No habites ideas que te hagan sentir pequeño, frágil, herido, maltratado, náufrago… No eres víctima de nada ni de nadie, eres tu propio guía. Si lo dudas, sal de ti mismo para ser más tú que nunca.

No te permitas personas que te rebajen y te hagan sentir mal… No importa si están o no están, no dejes que te posean el ánimo… Si consientes que te menosprecien, eres tú en realidad quien se menosprecia.  Decide, escoge, reina en tu vida y en tu voluntad.

Aléjate de gurús de egos hinchados que ocultan en realidad autoestimas flojas…

Aléjate de aquellos que tienen fórmulas mágicas para todo y venden éxito embotellado a cambio de perder la esencia. Mírales con compasión porque es lo que merecen y necesitan.

No pienses que no perteneces a donde sueñas. Si lo sueñas, es que ya es en parte tuyo, es que ya estás preparado para tocarlo aunque todavía no lo sepas.

Llora si lo necesitas, pero no acabes viviendo en tu llanto… Llora para vaciarte de asco y de pena… Ponte tu mejor traje para que el fracaso te pille de gala y eso te deje ver que en realidad es un triunfo.

Que te llegue la noche con los sentidos saciados, los besos dados y al menos una meta cumplida… Que antes de cerrar los ojos tengas claro el reto de mañana. Vacía tu agenda de citas mediocres y déjate tiempo para estar contigo, eres quién tiene todas las respuestas a tus preguntas…

Busca el silencio para amarte… Eses espacio dentro de ti donde nada te golpea ni araña. Encuentra tu paz y para todos los relojes para notar tu presencia y amarte sin prisas. Allí es dónde están todas la respuestas, donde han estado siempre.

Rebusca en todos los cajones hasta sacar a la luz todos tus secretos… Ya sabes dónde los escondes, no te hagas trampa. Mírales a la cara para descubrir que no importan porque no hay culpas ni perdones, sólo personas que están aprendiendo a vivir y a veces, cuando se olvida de amarse, hacen cosas difíciles de entender.

Insiste siempre si crees que compensa. No importa que seas la nota discordante, que desafines, que canses y que algunos te miren mal por recordarles que hay más mundo que su mundo… Hazlo con amor, sin acritud, con mirada compasiva y comprendiendo otros puntos de vista. No batalles por batallar. No busques dar patadas al mundo para desahogar la ira que te quema dentro por algunas injusticias que en realidad son oportunidades, aunque el dolor, a veces inmenso, no lo permita ver. No sabemos más que nadie, cada uno lleva su camino como puede…

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Usa el rojo cuando todo sea gris…

Brilla tanto que sea imposible apagarte o desconectarte. Porque eres tú quién te enchufa a tu vida, quién tiene el interruptor… No te lo escondas ni se lo cedas a nadie. Que los que no soportan que brilles, tengan que aceptar tu grandeza y eso les lleve a conocer la suya propia… Brilla para que brillen.

Camina bajo la lluvia para que la lluvia te lleve.

Cuando estés muy cerca de tu sueño y el miedo y el cansancio te tumben o te paralicen los pies, mantén la calma y sonríe, es el momento de respirar… Es la última prueba antes de llegar. El peldaño más complicado de subir es el que más te acerca a tus retos.

No huyas de lo que sientes. No cierres la puerta a lo que te duele porque te perseguirá hasta el final. Afróntalo de cara y permítete entenderlo y aceptarlo hasta que dejes que se vaya si  ya no forma parte de ti.

Suelta lo que te pesa. Gran parte de tu cansancio es porque cargas una culpa que no existe. Afloja la conciencia absurda y aprendida de un mundo que te pone normas para que no te quede más margen para vivir que el que le conviene.

Sucumbe a todas la tentaciones de las que llegado el momento puedas prescindir… No seas adicto a nada que te evada de ser tú, pero no te niegues el placer.

No te subas a trenes que no te lleven a donde quieres ir. A veces, lo hacemos porque eso nos entretiene y distrae de afrontar lo que nos asusta. Aunque, si ya vas en uno, no te apures, seguro que estás en él porque era necesario para aprender. Todo pasa para algo…

Ilusiónate mucho  sin perder tu calma y no temas para caer. Cae sin miedo, porque sabes que cuando te levantes serás aún más increíble y poderoso…

Ponte las botas de atravesar charcos llenos de lodo y lleva siempre en el equipaje los zapatos de baile, por si invitas al destino a bailar y dice que sí y luego cambias de rumbo.

Sé tu amante y tu sosiego. Sé tu refugio y tu sol.

Arráncate las etiquetas absurdas y sal de la fila de los que esperan que alguien les solucione la vida. En esa fila todos fruncen el ceño y siempre se cuela alguien ante ti y nunca se consigue nada.

No guardes la llave de ninguna puerta que ya no quieras abrir. No dejes puertas por cerrar ni habitaciones oscuras sin iluminar.

No encierres tu alma, ni sometas tu consciencia.

No beses más sapos pensando que serán príncipes porque serán siempre sapos… Y tú no necesitas príncipes.

No te asustes si a medio camino no te reconoces, el camino te cambia y tú cambias al camino. A cada paso irás soltando capas y desnudándote de historias tristes.

No te preocupes si no te reconocen los que nunca se ocuparon de saber realmente quién eras. No les escuches cuando te pidan que vuelvas a tu versión anterior. Confía en ti.

No dejes un baile a medias porque pare la música, sé tú la música.

No escuches a los que han perdido la esperanza porque tal vez no quieren ayudarte sino hacer que la pierdas tú.

No envidies nada, lo tienes todo. A veces, no lo ves porque el ruido te empaña los sentidos y las percepciones.

Deja de mirarte con ojos cansados y rencorosos.

Cuando te pierdas, no te busques entre los trastos viejos y en los rincones sucios… No visites los lugares más tristes ni los valles más oscuros… Nunca más.

Si te pierdes… Búscate entre las flores. Ese es tu lugar.

 

 


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Magia


AL REVÉS

“Solo hay dos formas de vivir tu vida. Una es pensar que nada es un milagro. La otra es pensar que todo es un milagro” Albert Einstein. 

¿Cuál te quedas? ¿Cuál de las dos visiones de la vida te cala dentro? Lo digo porque siempre he pensado que de existir la magia, no será algo que se pueda entender con los sentidos, sino una sensación que te invada y zarandee por dentro…

Esos momentos en los que sabes algo, pero eres incapaz de entender por qué. Sin embargo, dentro de ti hay una certeza absoluta difícil de explicar.

Hay magia, mucha. Lo que ocurre es que para notarla primero hay que creer en ella. Justo todo lo contrario de lo que nos han enseñado hasta ahora. Ya sé, alguien dirá que eso es porque participamos de una especie de sugestión colectiva para poder soportar la rutina asfixiante que se nos come el entusiasmo y nos llena de desesperanza… Y nos recordará, con razón, que medio mundo sufre una situación de injusticia crónica. Sin embargo, no puedo más que certificarlo porque me encuentro con ella en todas partes… Y al final, he llegado a la conclusión de Einstein, las señales que veo y las “demasiadas coincidencias para ser casualidad” que invaden mi vida pueden ser nada o serlo todo.

Hace un siglo que no creo en las casualidades. Todo tiene una causa, todo lleva un mensaje. Todo llega por algo, incluso lo que te deja extenuado en un rincón suplicando que pase. No es castigo ni plaga bíblica, es consecuencia de lo que sientes, lo que piensas y lo que eres.

Cuando cambias tus pensamientos, cambias todo lo que te rodea. Lo que pensamos y sentimos se acaba manifestando en nuestra vida aunque no nos apetezca. Donde pones la intención, acabas fabricando algo. Lo hacemos nosotros. Somos fabricantes de alegrías o de tragedias. Y en esto, no hay culpa, saquémonos de encima de una vez por todas esa sensación de haber llegado a la vida manchados y tener que arrastrar una carga… Nuestros errores son nuestra forma de vivir, de nada sirve cargarlos como una cruz en la espalda, es mejor afrontarlos y entender, pedir perdón si hemos hecho daño y responsabilizarnos de una vez de nuestra vida.

La magia no es a veces lo que ocurre, sino tu capacidad para atraerlo y darle significado. La sincronía de hechos fantásticos en un mundo que lucha por negarlo y demostrar que nada tiene sentido y al mismo tiempo te vende fórmulas mágicas sin magia para soportarlo.

Para entender la magia tienes que estar conectado contigo mismo y con lo que te rodea, si no, no funciona… La magia es compromiso… Y no es porque cuando no confías la magia te abandone, es sencillamente porque no puedes verla ni sentirla.  Porque cuando entras en la sala con la cabeza gacha no ves una mirada inesperada de alguien que estaba allí para decirte “sigue adelante” o cuando no te atreves a hacer algo, no puedes descubrir que de haberlo hecho estabas a cinco minutos de conseguir uno de tus sueños… A veces, la magia se caza al vuelo y te pilla sin las botas puestas.

Nos pasan cada día mil cosas difíciles de explicar, pero en ocasiones no las vemos porque nos encuentran ocupados llorando porque no nos pasa nada… Como si al frotar la lámpara y ver al genio, nos pasáramos un buen rato contándole que estamos desolados porque nunca nos sucede nada extraordinario… Aunque en esas ocasiones, la verdad, tampoco estoy segura de que su objetivo fuera ese… A veces, perdemos oportunidades diminutas porque nos aguardan cosas más grandes. Quiero decir que, tal vez, al perderte ese sueño por no ser capaz de darte cuenta, acabas haciendo algo que necesitabas aprender antes de abrazarlo totalmente… ¿Quién sabe si eso era necesario para que pudieras apreciar ese sueño como el regalo que es? ¿y si formaba parte del plan un primer intento fallido? ¿Y si la magia no era la oportunidad perdida sino la motivación que nace en ti al saberla perdida para intentar algo nuevo? ¿Y si perdernos las señales forma parte del plan? ¿Cómo sabemos si un rechazo es en realidad lo que necesitamos para desistir de algo que no encaja con nosotros y encontrar un sueño distinto que nos lleva a ser felices? ¿Y si una mala noticia es el mejor de los regalos al final para que tomes un camino que nunca hubieras explorado?

Es como tomar un camino y equivocarse en uno de sus cruces… ¿Y si el error es la magia? ¿Y si gracias al error consigues el mapa que lleva a tu tesoro? ¿Y si topar con un muro es el mensaje para que entiendas que no es tu camino y vuelvas atrás?

Voy más allá… ¿Y si da igual el camino porque hagas lo que hagas habrá una magia que te lleve a lo que necesitas? Y cuando haga falta un error para aprender, te ayudará a cometerlo. Y cuando necesites un impulso, habrá un atajo, un acantilado que lleva a un mar inmenso para que aprendas a nadar… Y cuando haga falta que entiendas que no necesitas a nadie, de repente descubrirás que haces ese camino solo… Y cuando tengas que superar tu miedo, tal vez, encuentres un candil o incluso te quedes sin él porque debes amar la oscuridad antes de llegar a la luz…

Y no, no me refiero a que todo esté escrito. Y si lo está, es porque a cada paso, escribimos una línea de nuestra vida… Somos libres de entender y aceptar, porque la magia de la que hablo, en el fondo, sale de dentro.

Es una conexión difícil de explicar. Es la que te lleva a ti. A ese yo limpio y sin más pretensión que la felicidad. A esa persona que te habita y busca amar y ser amada como merece. Ese yo que conecta con todo, con cada fibra de este universo que vibra y nos sacude para que entendamos que no sólo estamos en él sino que formamos parte de su esencia.

Ese yo enorme y a la vez extraordinariamente humilde. Ese yo que se da cuenta de que todo pasa por y para algo…

La magia pasa a través de nosotros para que podamos ejercer de nosotros mismos, para que cumplamos nuestra misión… Para que cambiemos el mundo gracias a cambiar nuestros ojos al mirarlo… Para que seamos un peldaño más en esta escalera eterna que lleva a conocerse y comprender.

La magia está siempre que no se la espera. Subyace en todo. No se la puede ver pero se la puede sentir… Y sentimos tan poco, porque no dejamos de pensar en bucle, sin sentido, sin esperanza… La magia te calma cuando te encuentra en calma… Te aquieta el alma cuando consigues primero que tu alma esté quieta para poder apreciarla.

Se manifiesta muy rápido cuando no tienes prisa.

Le da la vuelta a tu mundo cuando ya no necesitas que lo haga porque has descubierto que te tienes a ti mismo.

Obra el milagro un segundo después de que descubras que ya no te importa si habrá milagro porque confías en ti.

La magia esquiva la impaciencia y la desconfianza. Para la partida cuando ganabas porque en algún instante dejas de creer que te lo mereces. Te obliga a mostrarte cuando te escondes…

La magia aleja los sueños de quiénes no se consideran dignos de ellos… Dibuja en el mundo una réplica exacta del mundo que llevamos dentro… Lo reproduce con tanta fidelidad que puedes saber exactamente cuánto te amas, al observar la distancia que hay entre ti y tus metas… Te cambia las preguntas cuando encuentras respuestas para que sigas creciendo…

Dibuja puertas en las paredes que sólo se abren cuando realmente estás convencido de que son tus puertas.

Teje redes justo después de que des el gran salto sin importante si hay red. Te hace crecer las alas medio minutos después de que decidas que pase lo que pase vas a volar.

La magia va inventando el camino a medida que tú lo vas imaginando y visualizando, y se vuelve sólido a cada paso que das hacia lo desconocido.

Ama a los osados y les deja pistas por todas partes para que sepan que pueden seguir. Escribe mensajes en el reverso de las hojas de los árboles cuando estás cansado y te sientas bajo ellos a la sombra…

Hay magia, mucha, mucha, pero pide confianza y compromiso.

La fe ciega en ti y la deliciosa locura de negar a veces tus sentidos y creer lo que nadie ve y sentir lo que nadie más siente.

Hay magia, pero pide paciencia eterna.

Alguien muy sabio me recordó el otro día “No esperes nada… No esperes nada de nada ni de nadie”y es verdad, la magia ama apasionadamente a aquellos que dan sin esperar nada cambio y no se apegan al resultado…

Tal vez, la magia no sea esa sincronicidad en la que a veces nos encontramos inmersos o esos hechos sucesivos que algunos llaman casualidades y otros causalidades… Tal vez la magia sea lograr primero esa confianza en ti mismo y esa paciencia que te permitan llegar a dónde quieres y tocar al milagro.

Quizás la magia no es el milagro sino el proceso interior que se obra en ti para conseguirlo.

Hay mucha magia en todas partes, respira hondo y deja que te invada y habite.

Tal vez, la magia eres tú cuando aceptas de una vez  por todas tu grandeza y decides que ya nunca volverás a resignarte con una vida mediocre.

Sincronicidad : la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero de manera acausal,  Carl Gustav Jung.