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la rebelión de las palabras


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Al otro lado de la pared


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A veces no sé cómo se ama… Sólo sé cómo se quiere, cómo se necesita. Cómo se topa con esa pared mil veces esperando que un día se derrumbe y me deje ver qué hay al otro lado y vivir sin estar sujeta, sin sentirme provisional… Sólo sé de deseos incumplidos y hechizos fallidos… Sé cómo se desea algo tanto hasta que pierde el sentido porque empieza a ser una necesidad y no una meta, porque suplanta tu vida hasta el punto en que te levantas y respiras para conseguirlo. Hasta que no hay en ti nada más que no sea ese deseo y pierdas de vista el mundo mientras esperas una respuesta, mientras suplicas que otra persona te de permiso para seguir con tu vida…  Queremos desde la necesidad y eso hace que ese amor nazca roto, mutilado de cualquier posibilidad de crecer por sí mismo y ayudarnos a crecer a nosotros. Amamos a medias porque nos sentimos seres a medias, desgajados y estropeados por tanto intento loco de parecer dignos de amor, por convertirnos a en material deseable y asegurarnos así nuestra NO soledad eterna… Para levantarnos cada día y poder decirle al mundo que alguien nos quiere y nos tiene en cuenta y que eso forzosamente significa que somos dignos y merecemos amor…

Creemos buscar amor pero en realidad buscamos permiso, oxígeno para continuar respirando sin sentirnos ajenos a la vida ni tener que seguir pidiendo perdón por no ser perfectos… Sin volver a avergonzarnos de nuevo de nosotros mismos y de nuestras rarezas .

El problema es que este mecanismo no funciona, es más… Se convierte en la fórmula más eficaz para acabar siendo el juguete roto, el corazón desgarrado, el apéndice de alguien que tampoco se ama suficiente como para no necesitar sucedáneos pero que ha decidido llevar el mando en la relación.

En realidad, esto de amar va al revés. Primero te amas y luego dejas de buscar porque ya tienes, porque ya te notas digno sin aparentar ni demostrar ni tener la necesidad de ser aceptado por nadie… Porque descubres que ya está en ti lo que llevas mil años  buscando y todo lo que has encontrado hasta ahora no era más que el espejo de tu dolor y tu incapacidad de darte cuenta de que ya eres un ser entero que merece lo mejor… Que te guiabas por el mapa que lleva a la cárcel segura de la dependencia, de la soledad interior más absoluta que no es más que la soledad de sentirse separado de uno mismo estando rodeado de personas que te hacen sentir invisible, irrelevante, insignificante…

A veces no he sabido cómo se ama porque me enseñaron a vivir amores a medias esperando que una sonrisa me corroborara que merecía sonrisas, que un beso me confirmara que merecía besos, que una mirada me transmitiera que era digna de miradas… 

No es fácil amarse a uno mismo en un mundo de ruido constante donde todos los mensajes que podemos escuchar hablan de subir a podios, demostrar lo que somos y ser más joven cada día para que los que te rodean que también luchan contra el tiempo te acepten y no te rechacen. Vivimos en un mundo de seres rechazados por ellos mismos que juegan a fingir que no lloran cuando están solos porque temen demostrar que a veces no soportan su vida, porque suplican no sentir nada y se alienan de ellos mimos, porque huyen de sus fantasmas en lugar de abrirles la puerta y cerrar heridas.

Vivimos pendientes del marcador cuando los que realmente viven en paz son aquellos que han decidido dejar de jugar a parecer y han aprendido a merecerse, a sentir, a notar lo que la vida les cuenta y a mirarse al espejo para descubrir que ahí afuera no hay nada a lo que agarrarse.

No sabemos amar porque no nos amamos y a veces, sé que es duro reconocerlo, no buscamos compañeros de viaje sino muletas, barandillas, puntos de apoyo para poder recordar lo que somos sin salir corriendo… Y no es que sea perverso sujetarse a otro en algunos tramos del camino, lo que realmente es perverso es olvidar que nosotros somos nuestro gran sustento…

Es maravilloso amar sin medida, siempre que ese amor intenso e incondicional empiece por uno mismo.

A veces cuando amas, cuando te amas de verdad, sencillamente lo que te rodea da un vuelco. Entonces, descubres la pasión por todo lo que te llega y se cruza en tu camino, por cada brizna de vida que encuentras a tu paso.

No sabemos amar porque no sabemos amarnos. Porque nadie nos explicó que esto no va de encontrar la luz en otros esperando que eso nos ayude a escoger el camino correcto, sino de encender la propia luz y compartirla. Porque lo único que hay al otro lado de esa pared eres tú mismo… Tú eres la pared. Tú siempre has sido la pared.

 

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Ante el espejo


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Lo reconozco. Durante muchos años mi autoestima estuvo floja, por no decir rota y casi sin aire. Me avergonzaba de mí y de todo lo que salía de mí para el mundo… Nada era suficiente. Nada era hermoso, ni sencillo, ni fluía… Todo parecía ser enormemente pesado, complicado, triste… Vivir en mí era un ejercicio agotador y extenuante. Todo dolía demasiado como para quedarse… Incluso indagar en mí para descubrir mi verdad… Cuando vemos dolor en el mundo siempre estamos contemplando nuestro dolor, en realidad. 

Hubo un tiempo en que no hice nada por superarlo. Me limitaba a ir por la vida al final de la cola y resignarme no quedarme con nada porque sentía que nada me tocaba a mí, que no me pertenecía un pedazo de eso que todos codiciaban. En mi lucha había algo parecido a la paz, se llamaba resignación… Es terrible lo sé pero para el que nada bueno espera, decidir dejar de esperar es un bálsamo. Y no está mal dejar de esperar de otros, siempre que sepas que mereces lo mejor siempre, pero yo lo ignoraba. 

Así crecí y fui acumulando tiempo y una sensación de sueño permanente por dejar hacer sin esperanza, sin ilusión… Vivía dormida suplicando que nada ni nadie me despertara porque siempre que pasaba era para recibir mofa o burla. Ser el foco de atención era un castigo, por eso me escondía. 

No sé cómo, seguramente porque durante ese tiempo acumulé tanta ira y rabia dentro que o salían por mi boca o explotaban en mi estómago… Y decidía empezar a usar las palabras.

Estaba tan harta de tragar asco y dolor que empecé a defenderme del mundo… Y decidí darle una lección. Durante años viví bajo la premisa «Ahora os vais a enterar». Y me dediqué a mostrarme siempre perfecta, siempre queriendo más para obtener aplauso y ser aceptada… Decidir que te vean y juzguen es un castigo también si lo que piensan los demás te importa demasiado y hace que lo que piensas tú de ti mismo no te importe.  

Durante aquellos años, muchas personas se acercaron a mí con cariño, pero yo no supe recibirlo porque la imagen de persona fuerte, atenta, siempre alerta, siempre eficaz, era falsa… Y cuando venían a mí para darme un abrazo, yo no sentía que abrazaran a esa persona que parecía que era sino a la niña dormida del final de la fila que nada bueno espera… Era como si creyera que al besar a la princesa descubrirían que en realidad era un sapo. 

Cuando alguien me declaraba su amor, yo era incapaz de comprender qué veía en mí, qué amaba, porque yo veía todavía a la niña cansada y nunca hermosa y , en el fondo, pensaba que se reía de mí…

Y de la niña cansada de no despertar, pasé a la mujer rota y agotada por estar siempre alerta, siempre vigilando, intentando controlar al mundo para que nada fallara, para ser perfecta, para ganarse en derecho de ser como los demás acumulando méritos. Me sentía exhausta, me arrastraba buscando fuerzas para seguir. Lo leí todo, lo cursé todo, me tomé todas las vitaminas que hay en el mercado para subir los peldaños de mi día a día con un poco de energía… De nada servía porque la escalera que subía iba hacia fuera y la que necesitaba empezar a recorrer iba hacia mí. 

Las críticas me desgarraban el alma. Nunca nada era suficiente. Siempre necesitaba ser mejor, parecer mejor, recibir más elogios que siempre sabían a poco o parecía vacíos porque mientras ellos veían a alguien valioso yo me sentía miserable.

Tenía tanto miedo de que todos volvieran a verme como yo me veía… Era como llevar siempre una máscara que me asfixiaba. Si quería respirar podía quitármela pero entonces tenía que asumir el alto precio de ser vista y observada. A menudo pagamos altos peajes por no decidir ser nosotros mismos. Por no asumir y aceptar y soltar la necesidad de ser perfectos o ser como los demás quieren que seamos (o como pensamos que quieren que seamos). La máscara es cómoda pero te obliga a vivir a medias, a respirar a medias, a estar en una sombra constante.

Doy gracias al dolor. Siempre hubo dolor, emocional y físico, mucho. Y una vez resultó insoportable. Era como si mi propia mirada se hubiera transformado en cuchillo y me desgajara de arriba abajo. Era eso, yo hiriéndome a mi misma a través del mundo. Yo mirando al mundo con recelo porque pensaba que el mundo me miraba así a mí. Yo peleándome contra el mundo y haciéndome daño en un ataque de ira… Volviendo mis garras hacia mí… Odiando al mundo y descubriendo que odiar al mundo es odiarse a uno mismo… Porque en realidad en nuestro inconsciente cuando alguien nos critica sabemos que esa crítica nos duele porque le damos veracidad, porque usamos las palabras de esa persona para decirnos lo que sentimos y todavía tenemos que curar en nosotros… Yo miraba al espejo y lo rompía en mil pedazos esperando que cambiara el reflejo y con eso sólo conseguía miles de pequeños espejos reflejando lo mismo. 

Y entonces sucumbí y me partí en pedazos. Y me di cuenta de que para pegarlos y coserme no iba a servirme la estrategia del miedo al mundo, la de la lucha constante, la de pasarme los días y las noches en vigilia, controlando qué piensa el mundo de mí…

Llegó el momento de decidir si me elegía a mí o al mundo… Y doy gracias de nuevo por un momento de lucidez en el que me arranqué la máscara y vomité todo mi dolor en las páginas de los libros…

Y pasado el tiempo, a medida que he ido quitándome capas de miedo y de necesidades inventadas, me he dado cuenta de que aquel día no escogía entre el mundo y yo, porque son lo mismo… Porque el mundo es lo que tú eres, lo que imaginas que es, porque en el fondo lo dibujas tú…

Elegí en realidad entre el amor y el miedo… Entre seguir mirando con odio o comprender desde el amor. Entre esperar que cambie el mundo o cambiar yo…

Entre mirar hacia afuera o mirar hacia dentro.

Y miré en mí y vi que el mundo y yo éramos una copia exacta. Y la compasión para verlo, me llevó al amor…

Empecé a mirarme de otro modo y sin demora el mundo me pareció un lugar donde había espacio para la belleza.

Y cuando alguien se me acercaba con amor, veía su amor y sentía el mío.

Lo que recibía del mundo era una copia de lo que yo me daba a mí misma, que es al fin y al cabo, lo que le daba a él…

Nadie nos puede hacer daño si nosotros no estamos dispuestos a hacérnoslo primero. No hay ofensa que te invada el alma si no se lo permites.

Lo que damos a otros nos lo damos a nosotros mismos… Nos pasamos media vida intentando coser el roto en otro cuando en realidad la herida está en nosotros. Vemos el reflejo, cuando en realidad proyectamos nuestras inseguridades y flaquezas… No vemos nada que no llevemos dentro, aunque sea en forma de temor. Cuando vemos al otro capaz de herirnos es porque entre nuestros miedos está que nos hiera, porque en el fondo, nos estamos hiriendo nosotros mismos… 

Nos asaltan los prejuicios y destierran de nosotros un mundo de posibilidades que se abre cada día cuando nos cruzamos con otras miradas… Esperamos dolor y recibimos dolor, buscamos refutar en el otro la imagen que tenemos de nosotros mismos… Debemos dejar de culpar y de intentar curar al espejo de nuestro dolor y empezar a comprendernos y aceptarnos a nosotros mismos. 

Vemos en el mundo nuestra propia desconfianza.

Y el reflejo nunca decepciona… 

Pido perdón por todos los arañazos que he infligido a otros durante el camino mientras en realidad me arañaba a mí.


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Pase lo que pase


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Foto : Mercè Roura

Te escribo a ti, porque todavía no te has dado cuenta de que las flores te esperan y los pasos por dar también. A ti que caminas sin pensar que caminas y hueles sin notar el olor, ni la sustancia, ni la verdad que subyace en cada pequeño pedazo de tu vida.

Te escribo a ti porque, en el fondo, me escribo a mí.  Porque sin hablarte de lo que siento, no puedo sentirlo y sin compartir mi verdad no puedo llamarla por ese nombre… Porque un día me perdí entre las rocas y no veía el mar, pero siempre estuvo. Porque he tenido tanto miedo de tener miedo que dejé de notarme las manos y empecé a culpar a la vida de lo que realmente me hacía yo… Porque me inventé unas normas rígidas para meterme en vereda y cada vez que no cumplía me castigaba con desamor… Y construí una vida a golpe de pensamientos amargos e insistía en probarlos una y otra vez esperando que el resultado fuera dulce, sin querer darme cuenta de que era imposible que de aquellas ideas gastadas y oscuras saliera nada capaz de brillar.

Te escribo para que te consientas salir del redil y pintar más allá de la línea que te han trazado, que te has trazado… Para que te permitas caer sin reprocharte y te des cuenta de que todo tiene sentido y nada es casual… Te escribo a ti porque así me lo recuerdo para no volver a ese mundo en el que todo era sombra y parecía estar contra mí, cuando no era más que yo.

Te escribo a ti porque ya eres perfecto y lo ignoras. Y vas por ahí buscando retos que no te apasionan para demostrar al mundo que vales la pena, para demostrarte a ti que eres digno, que mereces lo que deseas… Porque te sientes mezquino y desgajado de algo grande, de algo hermoso y no quieres ni soñar volver a ti.

Te escribo para dejes de hacer listas de objetivos estériles y empieces por tenerte como norte a ti mismo… Porque si consigues perdonarte y aceptar todas tus fibras y debilidades maravillosas, no habrá camino que no goces, ni sueño que no alcances, no habrá meta que se te resista a llegar… No habrá metas, habrá vida. Pedazos de vida cubiertos de la satisfacción de estar en ti, sin que nada te pese ni te rompa.

Te escribo a ti porque quiero que sepas que nada te va a romper si no te dejas, que no hay nada ahí a fuera que perturbe tu sueño si estás en ti. Te digo esto después de mil noches sin tregua apostada en mi alma, haciendo guardia por si desfallecía, vigilante y agotada por querer llegar, por querer ser, por querer parecer, por querer demostrar… Te digo esto porque no supe dejar de controlar al mundo ni soltar a tiempo y me quedé sin sustancia durante un siglo y sólo puede volver después de renunciar al control.

Te escrito a ti porque sé que puedes, que para ti hay un cielo de tardes sin prisa, de mañanas repletas de entusiasmo, de momentos perdidos mirando los pequeños detalles que hacen que la vida sea vida… Y que son ganados a un tiempo que pasa, sin apenas darse cuenta.

Te escribo porque para contarte que antes de salir de mi lado absurdo tuve que borrar mis necesidades inventadas y darme cuenta de que no era libre porque así lo había elegido… Porque había diseñado para mí una vida de tormentos y culpas y había decidido firmemente no amar lo que era ni aceptar nada de lo que sucedía… Porque era esclava de mis circunstancias y esperaba que el mundo me trajera la salvación que yo me negaba a darme… Porque busqué mi salvavidas ahí a fuera cuando lo llevaba dentro para no ahogarme en un mar que yo había decidido que era hostil cuando en realidad sólo era mi reflejo….

Te escribo a ti porque te esperan mil puertas cerradas y sólo tienes que abrirlas y decidir que estás. No necesitas ganar ninguna partida, ni librar ninguna batalla… No hace falta que te cuelgues medallas ni rompas ningún techo, ni camines por ningún abismo… Haz lo que quieras, lo que sientas que te hace feliz, lo que nunca has hecho porque no te atrevías y te queda pendiente, haz lo que nunca te cansa… Y jamás estarás cansado de nada.

Ama ahora esta decisión de estar, de sentir, de dejar de pensar si debes o no, de dejar de planear si encaja o no encaja, de dejar de creer que puedes o no puedes.

Te escribo porque ahora sé que no entendía nada, que me buscaba coartadas para herirme y razones para no seguir… Que miraba lo hermoso y veía el dolor, que juzgaba sin parar para no dejar de juzgarme, que buscaba la perfección para encontrar un amor que siempre me había negado. Te escribo a ti porque ahora noto que no necesito entender nada, tan sólo sentir y amar, saber que pase lo que pase estaré aquí conmigo.

Te escribo a ti porque he encontrado un rincón donde nada es tan complicado, donde no se exige nada, donde se respira sin ansia y baila sin prisa… Un lugar donde no hace falta ir con nada más que ganas de existir plenamente y soltar el dolor acumulado por no haber sabido antes que acumularlo no valía la pena… Un lugar donde soltar la culpa de no haberse dado cuenta de que no había culpa, en realidad.

No está escondido, ha estado a la vista siempre, sólo hacía falta mirar con esos ojos desnudos de rabia por no saber mirar, con los ojos del que ya no necesita parecer, con los ojos amar al mar sea como sea porque ya es como debe siempre.

Te escribo a ti por si has decidido que estarás en paz pase lo que pase. Que así sea…

 

 

 


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Te invito


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Te invito a mi vida. Sin más pretensión que unas risas y unos ratos sin prisa ni agenda. Sin más necesidad que la de un trago largo o una charla que no se acabe nunca… Un silencio tan rotundo que nos permita mirarnos y encontrarnos la cara y las pupilas… Una habitación llena de luz y de música… Una maleta vacía de agobios y de culpas… Un mapa sin destino ni más ruta que las palabras y las miradas. 

No es para quedarse y ni para irse, es para estar mientras estás y notar mientras pasa, pase lo que pase… Un café o una vida. Sin etiquetas ni consignas. Un momento o una eternidad contenida en una caída de párpados o un abrazo sostenido, cálido, cíclico, un suspiro desbocado… 

Te invito a dejar pasar trenes que llevan al ruido y engullen la nada que nos rodea convirtiéndose en nada inmensa… Y a bailar melodías que sólo nosotros podremos escuchar. A ver como las olas mueren sin parar mientras un viento dulce nos besa la nuca y nos salpica de sal. 

Te invito a vivir en mis entrañas cinco minutos, para que veas que ya no oculto nada y todos mis miedos se han vuelto diminutos, asequibles, remotos, pálidos, huérfanos de esperanza… Para mecernos en la tarde más triste y bailar en la noche más oscura si un día hace falta. Para que la mesa siempre esté puesta por si viene a cenar la fantasía y la ventana abierta para que entre la brisa y se vaya la mala sombra y las miradas rancias. Te invito a ser feliz ahora sin esperar nada, sin apegarse a nada, sin hacer más planes que hasta el final de este día que se nos podría escapar mientras pensamos en un futuro irreverente que jamás será como nosotros decidamos. 

Te invito a sacarnos las púas y las escamas. A contar pecas y ver pasar peces muertos que nos recriminan que vamos en sentido contrario mientras tragan y lloran, mientras cuentan historias injustas y se quejan porque no saben decir no mientras no se callan. Para ver desfilar a los se alimentan de rutina y disfrazarnos de personas normales mientras por la costuras se nos escapa la risa y se nos ve el truco y la artimaña.

Te invito a construir un mundo paralelo y alzar un puente que cada día nos lleve a la realidad más absurda, para que podamos verla y conocerla y volver siempre justo antes de que nos salgan raíces… Antes de que la calabaza se nos convierta en carroza y descubramos que le dimos la vuelta al cuento. 

Te invito a sentir que existes y perderte en las cosas más diminutas, en los detalles y las mareas, en las moscas que vuelan buscando dónde posarse y los vecinos que abren sus vidas al patio de luces, hambrientos de batalla, que se miran y no se reconocen. Te invito a contar baldosas mientras me dices que te gusta mi nuevo peinado sin peinar y a bajar una parada antes par no perdernos el paisaje que ya conocemos pero que sin ninguna duda cambia cuando nuestros ojos se pierden en él.

Te invito a no ignorar quiénes somos y perdernos en el amanecer más hermoso y compartirlo. Sólo por verlo y saber que es nuestro, que es tan nuestro que ya no volveremos a verlo igual jamás pero no nos importa porque de tanto amarlo se nos quedó dentro.

Te invito a mi vida un rato o un siglo. No importa, son lo mismo si no se saben vivir. Se confunden si mientras estás, la cabeza te ronda por otras calles y surca otras vidas que todavía no alcanzas. Si mientras ocupas el espacio, vives un simulacro de vida con el pensamiento.

Te invito a mi vida sin desesperarnos ni buscarnos. Sin mirar relojes, ni poner cadenas ni condenas, ni puertas ni cerrojos, tan sólo cortinas de estrellas.

Te invito a abrazos largos y despedidas cortas. Noches encendidas. Mañanas sin desuso y viernes sin perspectiva de fin de semana… Te invito a lunes sin rutina y conversaciones sin tregua, sin sentido, sin remordimiento, sin culpa, sin nada que ate a nada. Sin más monotonía que vernos las caras y descubrir que ya no somos los mismos pero nos parecemos cada día más a nosotros mismos. Te invito a no dejar nunca de ser mientras estás conmigo y dejarme vivir en mi esencia más salvaje sin buscar razones ni porqués. 

Te invito a volar y caer. A renunciar a estar en todas partes y controlar todas las bestias. A estar presente en tu vida y bailar en la mía sin arañar la pista…

A caminar por todas las esquinas sin esperar nada en ellas…

A dejar que la vida te sorprenda y a celebrar antes de la fecha porque más que nada concreto celebramos la vida…

Te invito a conocerte en mis miedos y aceptarte a través de mis miserias. A verte en mí y saber que el azar nos puso juntos porque no es azar y todas las locuras tienen sentido. Te invito a husmear en el cajón de mis sueños sin lazo y a besar mis sombras, a comprender por qué me perdí durante cien años y me reencontré vagando en un planeta sin luna, sin sol y sin sentido… A vaciar mi armario de monstruos y tirar la ropa que ya no viste mi vida, ni mis ganas, ni mis rezos. Te invito a prender fuego conmigo a los recuerdos que más me queman y a acariciar mis cicatrices más profundas con tus palabras más dulces.

Te invito a cantarme una nana si quieres para que me duerma. A contarme cuentos para que me quite los complejos y me afloje las costuras. Si quieres… Si no, nunca pasará nada. No habrá tempestad ni reproche, no habrá obligaciones ni jaulas… Nunca te encerraré en mí para que no te quede mas norte que mi norte y te pierdas y dejes de ser lo que amas…  

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Te invito a hablar en alguna lengua extraña que nos ayude a comprender que lo único que necesitamos está escrito en nuestros ojos… Para que recordemos que no hay más frontera que nuestra piel ni patria que esta noche.

Te invito a pasarte por mi pasado y compartir pensamientos rotos y emociones desbocadas. A reírte conmigo de mis inseguridades y compartir las tuyas… A ser tan tú que no notes que no estoy… Me invito a ser tan yo que si no estás no importe, aunque cuente las horas para que vuelvas. Hasta que el amor no nos quepa y tengamos que dejarlo marchar, soltarlo… Y que sepamos su verdad si vuelve y llama a la puerta. 

Te invito a este amor sin ataduras ni consignas, sin reproches ni dependencias… Sin más meta que el propio existir y sentir… Sin más obligación que la de ser auténtico… Sin más futuro que este preciso momento. 

A esos amores libres que no amarran ni esclavizan… Los que no buscan completar nada sino compartir… Los que no son de cuento sino de una realidad distinta, que no te vuelven loco sino que te dejan ser tú… 


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Tengo un plan


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Tengo un plan.

Dejar de esconderme de mí misma y topar tantas veces conmigo que al final tenga que amarme.

Bucear en mis temores hasta que dejen de ser cotidianos, hasta que parezcan motas de polvo que marchan cuando abres la ventana y entra el aire fresco.

Subir la escalera que lleva al desván donde el tiempo se detiene y el pasado te escupe en la cara. Reírme tanto de mis monstruos que al final parezcan pegatinas en una vieja carpeta olvidada. 

Caminar por la cuerda floja sin sujetarme a nada y convencerme de que no voy a CAER, que no me importe si caigo.

Bailar sin sentirme ridícula.

Dejar de repetirme las mismas ideas y anclarme en los mismos pensamientos agotados. Dejar de buscar en los armarios algo que ponerme para deslumbrar al mundo. Dejar de necesitar deslumbrar al mundo y demostrar nada. Regalar todas mis medallas a quién crea que necesita medallas y a quién las merezca más que yo… 

Soltar todas mis necesidades juntas y pasar un rato siendo yo sin pretensiones. Sin esperar nada. Sin soñar nada concreto que tenga que atarme a una lista de cosas por hacer que no van conmigo, con mi yo de verdad, ese que tal vez ahora tiene ganas de parar un rato y mirar las nubes.

Por qué quizás ahora no quiera tener éxito. Porque tal vez tener éxito sea quedarse quieto y notar que vives … Sentir cosquillas cuando sale el sol y que la lluvia te erice la piel y te haga sentir nueva.

Observar sin perderme detalle de cada pequeño cambio. Respirar hondo y sentirme entera sin buscar a nadie.

Bajar a la calle y encontrarme a mí misma en una esquina aguardando un destino y darme cuenta de que pierdo el tiempo esperando que el mundo me responda y que todo lo que anhelo ya está en mí.

Decir que sí, incluso aunque no me apetezca, porque siempre digo que no y me pierdo la fiesta.

Decir que no, para darme cuenta de que no pasa nada, de que puedo equivocarme y permitirme fallar tanto que no recuerde qué está bien y que está mal. Que me de cuenta de que no hay bien o mal…

Comprender que otros se equivocan como yo y sentir que en el fondo no importa.

Reírme de todo lo que merezca risa. Llorar para arrancarme de dentro la noche inventada en mis días más oscuros. Vacilar hasta caer, perder el equilibrio para encontrar mi centro, mi sentido, mi latido oculto en una masa cubierta de corazas y escudos.

Morderme la cola para poder finalmente comprender que aquí la única que se hace daño soy yo cuando me privo de la vida.

Escribir en las paredes de mi cárcel frases llenas de esperanza para que cuando lleguen otros a la misma celda sepan que es posible salir porque los barrotes son imaginarios. Porque el encierro que viven es una imagen exacta al bloqueo que viven en su interior. Para que noten que el árbol que ven desde su ventana es un árbol dibujado en su mente y que no pasa nada porque no hay camino recto que lleve a ti.

Tengo un plan.

Dejar de comprar lo que brilla para sentirme brillante. Dejar de vender lo que hago para compartir lo que soy… Dejar de creer que necesito hacer algo para merecer. Dejar de competir conmigo y pedirme cada día más y más… 

Soltar, soltar sin parar. No retener nada más por si se acumula, porque si luego falta, siempre llega… Porque se queda dentro y te horada el alma…

Y no volver a pensar que debo, que tengo que, que necesito nada… Voy a pensar que que SOY, que EXISTO y SIENTO y voy a dar GRACIAS.

Ver que llueve. Notar qué pasa. Sentir que vuelve. Dejar de sujetarme y permitir que venga, que pase, que llegue… Dejarle hueco a la sorpresa. Dejarle tanto espacio libre a lo que vendrá sin saber que es que el futuro deje de preocuparme y sólo exista el PRESENTE.  Un presente eterno que no vive atado a una expectativa, a un sueño por realizar sino a las GANAS de SER.

Vivir confiando que todo es como debe, como toca, como es necesario que sea.

Comprender que todo tiene sentido, aunque no lo entienda ahora, aunque no lo vea…

Tener la certeza absoluta de que la incertidumbre me acompañará siempre.

Saber que sea cual sea la pregunta, la respuesta es amarse.

Tengo un plan… 

Dejar los planes. Dedicarme a existir a consciencia. Hacer lo que amo y amar lo que hago. Ser sin esperar… Sin desesperar, sin medir, sin necesitar. Conectar conmigo… Conectar con el mundo sin aferrarme a él ni a nada. Para poder dejar de buscar a ratos para dedicarme a encontrar. Para ser capaz de comprender los mensajes que recibo y usar la intuición que me niego… Ir a la deriva y confiar en el mar… Ser el barco, el náufrago y el destino. Dejar de preocuparme por lo que vendrá, por lo que sueño que pase, por lo que pasará y creer que lo mejor está por llegar. Que no me quepa duda de que lo que viene ahora es MAGIA. 

Tengo un plan. Vivir…


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Lo que buscas


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Lo que buscas no sale en los mapas. No se ve en las fotos… No se compra en ningún lugar que conozcas… Se percibe cuando entras en una habitación y encuentras a alguien que ya lo tiene, que ya lo siente. Se refleja en su cara porque lo lleva en los ojos, es un brillo que durante un rato se contagia si te acercas con intención inocente y mente abierta. 

Ahora no sabes qué es exactamente ni qué forma tiene, lo tendrás claro justo cuando lo hayas encontrado. No sabrás cómo, pero tendrás esa certeza absoluta que se tiene algunas veces en la vida que no se comprende, tan sólo se nota, se siente.

A veces, has creído que estabas cerca, pero en realidad era sólo un espejismo, un brillo fugaz parecido al de una estrella que ya no existe, pero que sigue brillando en el firmamento durante muchos años porque está muy lejos… Otras veces, lo has tocado, es verdad. Su fuerza sutil te acariciado las puntas de los dedos y ha dejado en ti una huella extraña… Lo has percibido cerca, casi lo abrazas pero se te ha escapado no sabes por qué… ¿Impaciencia? ¿Apego? ¿Demasiada necesidad de poseerlo? ¿Miedo a no estar a la altura? ¿Miedo a perderlo nada más tocarlo? Porque lo que buscas no se posee, se ronda, se ama, se vive… No puede abarcarse ni meterse en una caja, ni en una jaula… No puede guardarse en el bolsillo, ni siquiera en la memoria… Es algo que se consume cuando te estalla en la cara y debe gozarse sin pretensiones, sin prisa, sin querer apurar, sin acumular ni dejar para más tarde…Sin más intención que vivir.

Lo que buscas se escapa entre las manos si intentas agarrarlo fuerte y sale corriendo si lo quieres solo para ti. Si nota que no vas a compartirlo, a vivirlo ante el mundo y quieres ocultarlo por miedo a que te lo quiten, se desvanece enseguida…

Lo que buscas no se caza, se besa. No se reza, se acepta. No se comprende, sencillamente se surca, se bucea, se vive, se ama… En realidad está en todas partes pero sólo los que están dispuestos a renunciar a su temor pueden verlo.

FLORES ROJAS BONITAS

Te diré más, lo que buscas no se busca, se encuentra mientras te buscas a ti y te conoces poco a poco. Mientras entras en los recodos de tus caminos interiores y hurgas en tus recuerdos para saber qué te duele y descubrir cómo se cura… Se encuentra como quién toma un café a media tarde y se descubre la belleza que se puede ver la ventana mientras lo saborea y suplica que sea eterno… Como quién buscando el mar, topa con una ladera verde repleta de flores rojas… Como quién un segundo antes de que caiga la moneda sabe exactamente si quiere la cara o la cruz o al soplar las velas, busca dentro de sí el deseo que más le quema dentro.

Lo que buscas no se respira, ya te respira a ti desde siempre, desde dentro…  Está en tu aire y en tu música, pero no lo oyes porque para poder escuchar lo que cuenta tienes primero sentir esa música y bailar. Tienes que soltar lo que te amarra al pasado y lo que angustia del futuro… Tienes que mirarte al espejo y, al ver tu cara, decir « te amo» y por dentro sentir que es verdad, que es maravilloso y enorme, que te eso lo cambia todo de forma inmediata…

Lo que buscas, está ahí metido, en tu pecho y en los pliegues de tu alma cansada de buscar ahí afuera y librar batallas absurdas… Está guardado en ti esperando que te quites la capa de persona invisible que teme brillar y te arranques las etiquetas tristes que te pusieron y te pusiste cuando todavía no te querías… Lo que buscas está en ti y sale cuando te rompes, por cada grieta, para que veas cuánto brilla y notes que cada error es oro puro y cada caída te acerca más a tu destino…

Lo que buscas. Lo que quieres. Lo que imaginas… Es todo en uno esperando a que te des cuenta de una vez que te abraza y te envuelve pero no lo ves porque todavía no confías en ti.

Lo que sueñas forma ya parte de ti porque sólo necesita que le abras la puerta y le invites vivir contigo…

Deja de buscarlo, sencillamente déjalo salir, permite que fluya, que salga de tu perímetro y se expanda a tu alrededor… Esa felicidad que tanto deseas está a cambio de pensamiento, a poco que dejes de juzgar con saña y negar la belleza que te rodea… Sólo con que durante un rato comprendas que ya eres perfecto así… Que no hay que cambiar nada, sólo salir del cascarón y confiar en ti… Depende de ti.

A la felicidad no hay que cogerla ni sujetarla, sólo pararse un momento para que se pose en ti. Llega sola cuando has descubierto que te dejas, que te sueltas, que no hay más fin que estar en paz y serte fiel. Que nada trae más gozo que estar sin pretender más que estar y amar sin pedir… Que nada llega del mundo porque tienes tu mundo, que ya no esperas nada porque lo tienes todo. 


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Voy a amarme bien


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Voy a amar mis pecas y mis imperfecciones.

Voy a darme permiso para no preocuparme por si se notan mis pequeñas arrugas y mis grandes errores.

Y sólo yo tendré la llave que abre mi puerta, porque está cansada de estar siempre abierta y dejar pasar miedos y fantasmas. Y ver como se me escapan las ganas cuando no soy capaz de mantener el ánimo… 

Voy a soltar mi culpa por no haber llegado a la meta, convencida de que tiene un sentido cada minuto invertido en soñarla y cada segundo intentando aceptar que todavía no la he alcanzado.

Voy a darle a mi ego un respiro y le pediré que pierda, que se quede a un paso, que ceda el asiento y deje de marcar territorio. Le ordenaré que baje del pedestal y se mezcle con otros egos y espere su turno, si llega…

A veces, me hace sentir presa del mundo, porque quiere que me pelee con él para tenerme controlada y entretenida…

Voy a cerrar la puerta al pasado, renunciaré a todo lo que hay en él que me quema y me duele… Así ya no podré recordarlo y compadecerme y sentirme rota e hinchada de desgracia… Así no me quedará tragedia que desgranar en cómodas quejas y lamentos ni pena que llorar en lugar de salir a la calle a pasear un rato.

Tanto buscar tragedias para quejarse y hacerse la estrella de los desatinos consume mucha energía y cuando quieres parar un rato te das cuenta de que has cogido demasiada inercia.

Voy a repartir lo que pensaba era imprescindible y a quedarme lo que no me asusta perder, porque así sabré que nada es del todo mío y valoraré cada momento… Porque abriré mis ventanas a que entre lo nuevo echando lo viejo y donde reparten sabrán que tengo espacio libre…

Nada como tirar los muros de mis pensamientos para darme cuenta de  que aquello que pensaba que eran paredes maestras en realidad eran tabiques prescindibles que me alejaban de la luz…

Y lo mismo haré en mi alma y en mi cabeza.

Soltaré penas rancias y acumuladas para dejar paso a toda clase de amores maravillosos, empezando por mí… Y vaciaré mi cabeza cansada de pensamientos corruptos y hacinados para que esos pensamientos que te llena de alegría y esperanza hagan nido en mi mente sedienta de felicidad.

Ay, lo tengo decidido… Voy a amarme bien porque me traiciono mucho. Voy a pensar en mí también cuando reparta y dejaré de hacer aquello que más que llenarme me vacía. Me quedaré sin argumentos para soltar mi ira ante otros porque no podré reprocharles nada porque no haré nada desde ese ser hambriento de recompensa, porque daré desde el amor infinito y no desde ese mendigo de amor que llevo dentro y que haría cualquier cosa por una migaja de cariño…

Tengo mucho trabajo pendiente, mucho…

Voy a dejar de tragarme palabras y escribirlas todas…. Voy a llorar cada una de mis heridas por última vez y les diré adiós con la mano cuando se marchen a la nada, donde ninguna quema ni rabia, donde ninguna es ya útil para culpar a nadie, ni tan sólo a mí.

Tal vez algunas de ellas le sirvan a otros para soltar las suyas, para arrancarse las etiquetas que llevan pegadas y que llevan escritos unos nombres que no les pertenecen. Que les reclaman que sean como no son y que sientan lo que no sienten… 

Voy a pedir lo que quiero y aceptar lo que viene como un regalo maravilloso. Voy a amar a mi miedo tanto que se convertirá en mi estandarte para librar esta batalla sin batalla… Sin más lucha que mi paz interior y una calma dulce que invada mis sentidos.

Voy a permitirme recibir lo que merezco y a dejarme de «no hacía falta» y «no quiero nada» y esas chorradas que decimos para menospreciarnos y que dibujan caminos para que otros nos menosprecien y no nos tengan en cuenta.

Voy a quedarme sentada cuando quiera estar sentada y correr como una loba cuando haya luna llena…

Basta de pedir permisos y excusas por culpas imaginarias y de sentarse en el borde de la silla, en una esquina para molestar menos…

Voy a soltar mi necesidad de controlar y comprender con la razón lo que sólo se entiende desde el alma.

Voy a cambiar todo esto si me apetece porque ya no me sujeto a nada. No me he vuelto loca, cada día estoy más cuerda, más suelta y más equilibrada.

Voy a sucumbir a mis deseos sabiendo que puedo prescindir de ellos pero que no tengo que privarme de nada porque como todo ser merezco lo mejor…

Nada me aleja tanto de mí como yo misma… Nada me hace sentir tan pequeña como no aceptar mi grandeza y ocupar mi lugar. 

Voy a amarme bien porque me tengo abandonada… ¿Y tú?