merceroura

la rebelión de las palabras


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Te invito


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Te invito a mi vida. Sin más pretensión que unas risas y unos ratos sin prisa ni agenda. Sin más necesidad que la de un trago largo o una charla que no se acabe nunca… Un silencio tan rotundo que nos permita mirarnos y encontrarnos la cara y las pupilas… Una habitación llena de luz y de música… Una maleta vacía de agobios y de culpas… Un mapa sin destino ni más ruta que las palabras y las miradas. 

No es para quedarse y ni para irse, es para estar mientras estás y notar mientras pasa, pase lo que pase… Un café o una vida. Sin etiquetas ni consignas. Un momento o una eternidad contenida en una caída de párpados o un abrazo sostenido, cálido, cíclico, un suspiro desbocado… 

Te invito a dejar pasar trenes que llevan al ruido y engullen la nada que nos rodea convirtiéndose en nada inmensa… Y a bailar melodías que sólo nosotros podremos escuchar. A ver como las olas mueren sin parar mientras un viento dulce nos besa la nuca y nos salpica de sal. 

Te invito a vivir en mis entrañas cinco minutos, para que veas que ya no oculto nada y todos mis miedos se han vuelto diminutos, asequibles, remotos, pálidos, huérfanos de esperanza… Para mecernos en la tarde más triste y bailar en la noche más oscura si un día hace falta. Para que la mesa siempre esté puesta por si viene a cenar la fantasía y la ventana abierta para que entre la brisa y se vaya la mala sombra y las miradas rancias. Te invito a ser feliz ahora sin esperar nada, sin apegarse a nada, sin hacer más planes que hasta el final de este día que se nos podría escapar mientras pensamos en un futuro irreverente que jamás será como nosotros decidamos. 

Te invito a sacarnos las púas y las escamas. A contar pecas y ver pasar peces muertos que nos recriminan que vamos en sentido contrario mientras tragan y lloran, mientras cuentan historias injustas y se quejan porque no saben decir no mientras no se callan. Para ver desfilar a los se alimentan de rutina y disfrazarnos de personas normales mientras por la costuras se nos escapa la risa y se nos ve el truco y la artimaña.

Te invito a construir un mundo paralelo y alzar un puente que cada día nos lleve a la realidad más absurda, para que podamos verla y conocerla y volver siempre justo antes de que nos salgan raíces… Antes de que la calabaza se nos convierta en carroza y descubramos que le dimos la vuelta al cuento. 

Te invito a sentir que existes y perderte en las cosas más diminutas, en los detalles y las mareas, en las moscas que vuelan buscando dónde posarse y los vecinos que abren sus vidas al patio de luces, hambrientos de batalla, que se miran y no se reconocen. Te invito a contar baldosas mientras me dices que te gusta mi nuevo peinado sin peinar y a bajar una parada antes par no perdernos el paisaje que ya conocemos pero que sin ninguna duda cambia cuando nuestros ojos se pierden en él.

Te invito a no ignorar quiénes somos y perdernos en el amanecer más hermoso y compartirlo. Sólo por verlo y saber que es nuestro, que es tan nuestro que ya no volveremos a verlo igual jamás pero no nos importa porque de tanto amarlo se nos quedó dentro.

Te invito a mi vida un rato o un siglo. No importa, son lo mismo si no se saben vivir. Se confunden si mientras estás, la cabeza te ronda por otras calles y surca otras vidas que todavía no alcanzas. Si mientras ocupas el espacio, vives un simulacro de vida con el pensamiento.

Te invito a mi vida sin desesperarnos ni buscarnos. Sin mirar relojes, ni poner cadenas ni condenas, ni puertas ni cerrojos, tan sólo cortinas de estrellas.

Te invito a abrazos largos y despedidas cortas. Noches encendidas. Mañanas sin desuso y viernes sin perspectiva de fin de semana… Te invito a lunes sin rutina y conversaciones sin tregua, sin sentido, sin remordimiento, sin culpa, sin nada que ate a nada. Sin más monotonía que vernos las caras y descubrir que ya no somos los mismos pero nos parecemos cada día más a nosotros mismos. Te invito a no dejar nunca de ser mientras estás conmigo y dejarme vivir en mi esencia más salvaje sin buscar razones ni porqués. 

Te invito a volar y caer. A renunciar a estar en todas partes y controlar todas las bestias. A estar presente en tu vida y bailar en la mía sin arañar la pista…

A caminar por todas las esquinas sin esperar nada en ellas…

A dejar que la vida te sorprenda y a celebrar antes de la fecha porque más que nada concreto celebramos la vida…

Te invito a conocerte en mis miedos y aceptarte a través de mis miserias. A verte en mí y saber que el azar nos puso juntos porque no es azar y todas las locuras tienen sentido. Te invito a husmear en el cajón de mis sueños sin lazo y a besar mis sombras, a comprender por qué me perdí durante cien años y me reencontré vagando en un planeta sin luna, sin sol y sin sentido… A vaciar mi armario de monstruos y tirar la ropa que ya no viste mi vida, ni mis ganas, ni mis rezos. Te invito a prender fuego conmigo a los recuerdos que más me queman y a acariciar mis cicatrices más profundas con tus palabras más dulces.

Te invito a cantarme una nana si quieres para que me duerma. A contarme cuentos para que me quite los complejos y me afloje las costuras. Si quieres… Si no, nunca pasará nada. No habrá tempestad ni reproche, no habrá obligaciones ni jaulas… Nunca te encerraré en mí para que no te quede mas norte que mi norte y te pierdas y dejes de ser lo que amas…  

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Te invito a hablar en alguna lengua extraña que nos ayude a comprender que lo único que necesitamos está escrito en nuestros ojos… Para que recordemos que no hay más frontera que nuestra piel ni patria que esta noche.

Te invito a pasarte por mi pasado y compartir pensamientos rotos y emociones desbocadas. A reírte conmigo de mis inseguridades y compartir las tuyas… A ser tan tú que no notes que no estoy… Me invito a ser tan yo que si no estás no importe, aunque cuente las horas para que vuelvas. Hasta que el amor no nos quepa y tengamos que dejarlo marchar, soltarlo… Y que sepamos su verdad si vuelve y llama a la puerta. 

Te invito a este amor sin ataduras ni consignas, sin reproches ni dependencias… Sin más meta que el propio existir y sentir… Sin más obligación que la de ser auténtico… Sin más futuro que este preciso momento. 

A esos amores libres que no amarran ni esclavizan… Los que no buscan completar nada sino compartir… Los que no son de cuento sino de una realidad distinta, que no te vuelven loco sino que te dejan ser tú… 

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Tengo un plan


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Tengo un plan.

Dejar de esconderme de mí misma y topar tantas veces conmigo que al final tenga que amarme.

Bucear en mis temores hasta que dejen de ser cotidianos, hasta que parezcan motas de polvo que marchan cuando abres la ventana y entra el aire fresco.

Subir la escalera que lleva al desván donde el tiempo se detiene y el pasado te escupe en la cara. Reírme tanto de mis monstruos que al final parezcan pegatinas en una vieja carpeta olvidada. 

Caminar por la cuerda floja sin sujetarme a nada y convencerme de que no voy a CAER, que no me importe si caigo.

Bailar sin sentirme ridícula.

Dejar de repetirme las mismas ideas y anclarme en los mismos pensamientos agotados. Dejar de buscar en los armarios algo que ponerme para deslumbrar al mundo. Dejar de necesitar deslumbrar al mundo y demostrar nada. Regalar todas mis medallas a quién crea que necesita medallas y a quién las merezca más que yo… 

Soltar todas mis necesidades juntas y pasar un rato siendo yo sin pretensiones. Sin esperar nada. Sin soñar nada concreto que tenga que atarme a una lista de cosas por hacer que no van conmigo, con mi yo de verdad, ese que tal vez ahora tiene ganas de parar un rato y mirar las nubes.

Por qué quizás ahora no quiera tener éxito. Porque tal vez tener éxito sea quedarse quieto y notar que vives … Sentir cosquillas cuando sale el sol y que la lluvia te erice la piel y te haga sentir nueva.

Observar sin perderme detalle de cada pequeño cambio. Respirar hondo y sentirme entera sin buscar a nadie.

Bajar a la calle y encontrarme a mí misma en una esquina aguardando un destino y darme cuenta de que pierdo el tiempo esperando que el mundo me responda y que todo lo que anhelo ya está en mí.

Decir que sí, incluso aunque no me apetezca, porque siempre digo que no y me pierdo la fiesta.

Decir que no, para darme cuenta de que no pasa nada, de que puedo equivocarme y permitirme fallar tanto que no recuerde qué está bien y que está mal. Que me de cuenta de que no hay bien o mal…

Comprender que otros se equivocan como yo y sentir que en el fondo no importa.

Reírme de todo lo que merezca risa. Llorar para arrancarme de dentro la noche inventada en mis días más oscuros. Vacilar hasta caer, perder el equilibrio para encontrar mi centro, mi sentido, mi latido oculto en una masa cubierta de corazas y escudos.

Morderme la cola para poder finalmente comprender que aquí la única que se hace daño soy yo cuando me privo de la vida.

Escribir en las paredes de mi cárcel frases llenas de esperanza para que cuando lleguen otros a la misma celda sepan que es posible salir porque los barrotes son imaginarios. Porque el encierro que viven es una imagen exacta al bloqueo que viven en su interior. Para que noten que el árbol que ven desde su ventana es un árbol dibujado en su mente y que no pasa nada porque no hay camino recto que lleve a ti.

Tengo un plan.

Dejar de comprar lo que brilla para sentirme brillante. Dejar de vender lo que hago para compartir lo que soy… Dejar de creer que necesito hacer algo para merecer. Dejar de competir conmigo y pedirme cada día más y más… 

Soltar, soltar sin parar. No retener nada más por si se acumula, porque si luego falta, siempre llega… Porque se queda dentro y te horada el alma…

Y no volver a pensar que debo, que tengo que, que necesito nada… Voy a pensar que que SOY, que EXISTO y SIENTO y voy a dar GRACIAS.

Ver que llueve. Notar qué pasa. Sentir que vuelve. Dejar de sujetarme y permitir que venga, que pase, que llegue… Dejarle hueco a la sorpresa. Dejarle tanto espacio libre a lo que vendrá sin saber que es que el futuro deje de preocuparme y sólo exista el PRESENTE.  Un presente eterno que no vive atado a una expectativa, a un sueño por realizar sino a las GANAS de SER.

Vivir confiando que todo es como debe, como toca, como es necesario que sea.

Comprender que todo tiene sentido, aunque no lo entienda ahora, aunque no lo vea…

Tener la certeza absoluta de que la incertidumbre me acompañará siempre.

Saber que sea cual sea la pregunta, la respuesta es amarse.

Tengo un plan… 

Dejar los planes. Dedicarme a existir a consciencia. Hacer lo que amo y amar lo que hago. Ser sin esperar… Sin desesperar, sin medir, sin necesitar. Conectar conmigo… Conectar con el mundo sin aferrarme a él ni a nada. Para poder dejar de buscar a ratos para dedicarme a encontrar. Para ser capaz de comprender los mensajes que recibo y usar la intuición que me niego… Ir a la deriva y confiar en el mar… Ser el barco, el náufrago y el destino. Dejar de preocuparme por lo que vendrá, por lo que sueño que pase, por lo que pasará y creer que lo mejor está por llegar. Que no me quepa duda de que lo que viene ahora es MAGIA. 

Tengo un plan. Vivir…


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Lo que buscas


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Lo que buscas no sale en los mapas. No se ve en las fotos… No se compra en ningún lugar que conozcas… Se percibe cuando entras en una habitación y encuentras a alguien que ya lo tiene, que ya lo siente. Se refleja en su cara porque lo lleva en los ojos, es un brillo que durante un rato se contagia si te acercas con intención inocente y mente abierta. 

Ahora no sabes qué es exactamente ni qué forma tiene, lo tendrás claro justo cuando lo hayas encontrado. No sabrás cómo, pero tendrás esa certeza absoluta que se tiene algunas veces en la vida que no se comprende, tan sólo se nota, se siente.

A veces, has creído que estabas cerca, pero en realidad era sólo un espejismo, un brillo fugaz parecido al de una estrella que ya no existe, pero que sigue brillando en el firmamento durante muchos años porque está muy lejos… Otras veces, lo has tocado, es verdad. Su fuerza sutil te acariciado las puntas de los dedos y ha dejado en ti una huella extraña… Lo has percibido cerca, casi lo abrazas pero se te ha escapado no sabes por qué… ¿Impaciencia? ¿Apego? ¿Demasiada necesidad de poseerlo? ¿Miedo a no estar a la altura? ¿Miedo a perderlo nada más tocarlo? Porque lo que buscas no se posee, se ronda, se ama, se vive… No puede abarcarse ni meterse en una caja, ni en una jaula… No puede guardarse en el bolsillo, ni siquiera en la memoria… Es algo que se consume cuando te estalla en la cara y debe gozarse sin pretensiones, sin prisa, sin querer apurar, sin acumular ni dejar para más tarde…Sin más intención que vivir.

Lo que buscas se escapa entre las manos si intentas agarrarlo fuerte y sale corriendo si lo quieres solo para ti. Si nota que no vas a compartirlo, a vivirlo ante el mundo y quieres ocultarlo por miedo a que te lo quiten, se desvanece enseguida…

Lo que buscas no se caza, se besa. No se reza, se acepta. No se comprende, sencillamente se surca, se bucea, se vive, se ama… En realidad está en todas partes pero sólo los que están dispuestos a renunciar a su temor pueden verlo.

FLORES ROJAS BONITAS

Te diré más, lo que buscas no se busca, se encuentra mientras te buscas a ti y te conoces poco a poco. Mientras entras en los recodos de tus caminos interiores y hurgas en tus recuerdos para saber qué te duele y descubrir cómo se cura… Se encuentra como quién toma un café a media tarde y se descubre la belleza que se puede ver la ventana mientras lo saborea y suplica que sea eterno… Como quién buscando el mar, topa con una ladera verde repleta de flores rojas… Como quién un segundo antes de que caiga la moneda sabe exactamente si quiere la cara o la cruz o al soplar las velas, busca dentro de sí el deseo que más le quema dentro.

Lo que buscas no se respira, ya te respira a ti desde siempre, desde dentro…  Está en tu aire y en tu música, pero no lo oyes porque para poder escuchar lo que cuenta tienes primero sentir esa música y bailar. Tienes que soltar lo que te amarra al pasado y lo que angustia del futuro… Tienes que mirarte al espejo y, al ver tu cara, decir « te amo» y por dentro sentir que es verdad, que es maravilloso y enorme, que te eso lo cambia todo de forma inmediata…

Lo que buscas, está ahí metido, en tu pecho y en los pliegues de tu alma cansada de buscar ahí afuera y librar batallas absurdas… Está guardado en ti esperando que te quites la capa de persona invisible que teme brillar y te arranques las etiquetas tristes que te pusieron y te pusiste cuando todavía no te querías… Lo que buscas está en ti y sale cuando te rompes, por cada grieta, para que veas cuánto brilla y notes que cada error es oro puro y cada caída te acerca más a tu destino…

Lo que buscas. Lo que quieres. Lo que imaginas… Es todo en uno esperando a que te des cuenta de una vez que te abraza y te envuelve pero no lo ves porque todavía no confías en ti.

Lo que sueñas forma ya parte de ti porque sólo necesita que le abras la puerta y le invites vivir contigo…

Deja de buscarlo, sencillamente déjalo salir, permite que fluya, que salga de tu perímetro y se expanda a tu alrededor… Esa felicidad que tanto deseas está a cambio de pensamiento, a poco que dejes de juzgar con saña y negar la belleza que te rodea… Sólo con que durante un rato comprendas que ya eres perfecto así… Que no hay que cambiar nada, sólo salir del cascarón y confiar en ti… Depende de ti.

A la felicidad no hay que cogerla ni sujetarla, sólo pararse un momento para que se pose en ti. Llega sola cuando has descubierto que te dejas, que te sueltas, que no hay más fin que estar en paz y serte fiel. Que nada trae más gozo que estar sin pretender más que estar y amar sin pedir… Que nada llega del mundo porque tienes tu mundo, que ya no esperas nada porque lo tienes todo. 


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Voy a amarme bien


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Voy a amar mis pecas y mis imperfecciones.

Voy a darme permiso para no preocuparme por si se notan mis pequeñas arrugas y mis grandes errores.

Y sólo yo tendré la llave que abre mi puerta, porque está cansada de estar siempre abierta y dejar pasar miedos y fantasmas. Y ver como se me escapan las ganas cuando no soy capaz de mantener el ánimo… 

Voy a soltar mi culpa por no haber llegado a la meta, convencida de que tiene un sentido cada minuto invertido en soñarla y cada segundo intentando aceptar que todavía no la he alcanzado.

Voy a darle a mi ego un respiro y le pediré que pierda, que se quede a un paso, que ceda el asiento y deje de marcar territorio. Le ordenaré que baje del pedestal y se mezcle con otros egos y espere su turno, si llega…

A veces, me hace sentir presa del mundo, porque quiere que me pelee con él para tenerme controlada y entretenida…

Voy a cerrar la puerta al pasado, renunciaré a todo lo que hay en él que me quema y me duele… Así ya no podré recordarlo y compadecerme y sentirme rota e hinchada de desgracia… Así no me quedará tragedia que desgranar en cómodas quejas y lamentos ni pena que llorar en lugar de salir a la calle a pasear un rato.

Tanto buscar tragedias para quejarse y hacerse la estrella de los desatinos consume mucha energía y cuando quieres parar un rato te das cuenta de que has cogido demasiada inercia.

Voy a repartir lo que pensaba era imprescindible y a quedarme lo que no me asusta perder, porque así sabré que nada es del todo mío y valoraré cada momento… Porque abriré mis ventanas a que entre lo nuevo echando lo viejo y donde reparten sabrán que tengo espacio libre…

Nada como tirar los muros de mis pensamientos para darme cuenta de  que aquello que pensaba que eran paredes maestras en realidad eran tabiques prescindibles que me alejaban de la luz…

Y lo mismo haré en mi alma y en mi cabeza.

Soltaré penas rancias y acumuladas para dejar paso a toda clase de amores maravillosos, empezando por mí… Y vaciaré mi cabeza cansada de pensamientos corruptos y hacinados para que esos pensamientos que te llena de alegría y esperanza hagan nido en mi mente sedienta de felicidad.

Ay, lo tengo decidido… Voy a amarme bien porque me traiciono mucho. Voy a pensar en mí también cuando reparta y dejaré de hacer aquello que más que llenarme me vacía. Me quedaré sin argumentos para soltar mi ira ante otros porque no podré reprocharles nada porque no haré nada desde ese ser hambriento de recompensa, porque daré desde el amor infinito y no desde ese mendigo de amor que llevo dentro y que haría cualquier cosa por una migaja de cariño…

Tengo mucho trabajo pendiente, mucho…

Voy a dejar de tragarme palabras y escribirlas todas…. Voy a llorar cada una de mis heridas por última vez y les diré adiós con la mano cuando se marchen a la nada, donde ninguna quema ni rabia, donde ninguna es ya útil para culpar a nadie, ni tan sólo a mí.

Tal vez algunas de ellas le sirvan a otros para soltar las suyas, para arrancarse las etiquetas que llevan pegadas y que llevan escritos unos nombres que no les pertenecen. Que les reclaman que sean como no son y que sientan lo que no sienten… 

Voy a pedir lo que quiero y aceptar lo que viene como un regalo maravilloso. Voy a amar a mi miedo tanto que se convertirá en mi estandarte para librar esta batalla sin batalla… Sin más lucha que mi paz interior y una calma dulce que invada mis sentidos.

Voy a permitirme recibir lo que merezco y a dejarme de «no hacía falta» y «no quiero nada» y esas chorradas que decimos para menospreciarnos y que dibujan caminos para que otros nos menosprecien y no nos tengan en cuenta.

Voy a quedarme sentada cuando quiera estar sentada y correr como una loba cuando haya luna llena…

Basta de pedir permisos y excusas por culpas imaginarias y de sentarse en el borde de la silla, en una esquina para molestar menos…

Voy a soltar mi necesidad de controlar y comprender con la razón lo que sólo se entiende desde el alma.

Voy a cambiar todo esto si me apetece porque ya no me sujeto a nada. No me he vuelto loca, cada día estoy más cuerda, más suelta y más equilibrada.

Voy a sucumbir a mis deseos sabiendo que puedo prescindir de ellos pero que no tengo que privarme de nada porque como todo ser merezco lo mejor…

Nada me aleja tanto de mí como yo misma… Nada me hace sentir tan pequeña como no aceptar mi grandeza y ocupar mi lugar. 

Voy a amarme bien porque me tengo abandonada… ¿Y tú?


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El cielo que llevamos dentro…


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Todo está en ti.

Lo que buscas y aquello de lo que huyes… Cuando juzgas al que grita es porque sofocas tus gritos y te muerdes las uñas.

Cuando miras con recelo al que miente es porque alguna vez te mientes y autoengañas fingiendo que no te pasa nada, cuando tienes mil emociones sofocadas dentro de ti por descubrir, comprender y trascender.

Te molesta ese compañero rabioso porque tú tienes tanta rabia acumulada que detestas que él la suelte e invada la habitación con ella cuando tú la almacenas esperando estallar…

Lo que te asusta, está en un rincón esperando que lo descubras para que te des cuenta de que es en realidad más pequeño y manejable de lo que imaginas.

La vida cada día nos da pistas para encontrarnos en lo que vemos y olemos. Nos da pequeñas sacudidas para que nos sacudamos a nosotros mismos. Para que nos zarandeemos antes de dormir y salgan los recelos y los miedos afuera.

Somos lo que amamos y lo que detestamos. Somos lo que abrazamos y lo que dejamos para más tarde. La belleza que podemos ver y la decadencia que nos asusta percibir.

Somos el árbol que nos tapa la vista perfecta del balcón porque nosotros tampoco nos permitimos ver lo que buscamos, lo que no deseamos mostrar al mundo.

Somos el amanecer en el mar cubierto de un cielo malva que acaricia un sol tímido que nace.

Somos el anciano que tanto sabe y nos cuenta sus batallas y nos cuesta escucharle, porque nos recuerda que el reloj corre y nos hacemos viejos… Y apenas hemos sido nosotros mismos y no estamos viviendo la vida que deseamos.

Somos la luna más rotunda y preciosa que jamás hemos imaginado pero no nos damos cuenta.

Somos la vecina cotilla que cree que todo lo sabe, porque no soporta vivir su vida vacía y pasa los días hurgando en vidas ajenas esperando encontrar más dolor que en la propia… Aunque nunca se sacia y siempre está angustiada.

Somos el niño que teme ir al colegio porque hay dos compañeros que le humillan. Somos su pánico al rechazo y también somos las ganas de los que le someten cada día porque llevamos dentro una ira immensa por soltar.

Somos ese recién nacido que huele a vida y todo lo vuelve hermoso y feliz.

Somos el que aparenta porque teme mirar y no tener y el que no tienen ni siquiera ganas de parecer nada, porque está roto y cansado de no encontrar el camino.

Somos el artista que no triunfa porque le asusta brillar y el que ha hinchado tanto su ego que nada más verle te das cuenta de que va a estallar.

Somos la niña que juega en la arena de una playa y sonríe tanto y que consigue que el tiempo se detenga.

El mendigo que no quieres ver en la esquina te recuerda que tú también mendigas y no lo ves…

Somos el viento fresco que llega cuando caminas cansado y te acaricia la cara.

Somos el que da lecciones de moral y luego hace trampa y esconde la mano…

Somos todo lo que no podemos admitir y lo que queremos esconder… Y gracias a ello, cada día damos un salto. Gracias a ser capaces de dejar de ocultarlo y empezar a afrontarlo, podemos soltar nuestro temor a ser. Gracias a navegar en el cieno conseguimos encontrar el mar… Gracias a admitir que nos da miedo, le ponemos un nombre y aprendemos a mirarlo a la cara…

Y nos damos cuenta de que está ahí para abrazarlo y admitirlo. Para darnos cuenta de que existe en nosotros y descubrir que no pasa nada… Que todo tiene sentido y está ahí cumpliendo su función… Que llega para marcharse cuando lo asumimos y dejamos de avergonzarnos de ello. Que viene a mostrarnos el espejo para que nos reflejemos en él veamos que somos maravillosos…

Para que sepamos que la belleza no es perfección sino coherencia…

Que ya basta de brillar a medias por miedo a ofender o decepcionar.

Que no necesitas pedir perdón por ser tú, sino perdonarte por esa culpa que arrastras y que no es tuya.

Que no llegarás a todo y eso te hace fantástico y te da la oportunidad de seguir mañana.

Que eres tus sueños, pero también tu forma de superarlos y amar tus debilidades.

Que eres tus cicatrices y tus manías que te convierten en alguien distinto.

Al final, bendeciremos al captor porque nos ha ayudado a sentirnos libres…

Al traidor porque demostrarnos que sólo necesitábamos sernos fieles a nosotros mismos.

Al violento por mostrarnos la rabia que llevamos dentro.

Al manipulador por hacernos ver que no queríamos ser responsables de nuestras vidas.

Al que nos ha rechazado porque nos ha ayudado a comprender que somos nosotros quienes nos rechazábamos…

Al que no supo amarnos porque nos enseñó que no sabíamos amarnos a nosotros y buscábamos amor por ahí fuera sin que saber que estaba dentro. Todo lo que parece que nos rebaja no nos deja más alternativa que crecer, que aumentar de tamaño. Todo lo que nos oprime, no nos deja más remedio que volar… Y así descubrimos que el poder es nuestro.

Así es la vida… Nos pone delante lo que necesitamos ver…

Gracias por poner ante nosotros lo que hacía falta para conocernos y descubrir que en realidad ya somos lo que buscamos y sólo debemos quitarnos esa máscara de niños asustados. Que lo que nos faltaba era mirar de otro modo lo que nos rodea para descubrir que la belleza está siempre primero en los ojos del que mira porque si no, no la ve… Que en el fondo, no nos hace falta cambiar sino desnudarnos de hipocresía y vivir sin corazas… Que buscamos fuera y la respuesta está dentro…

Gracias por hacernos de espejo y ayudarnos a descubrir que no alcanzábamos lo que queríamos porque alargábamos la mano hacia el cielo cuando lo que debíamos era fijaros en el interior y descubrir que lo que necesitamos para vivir intensamente ha estado allí siempre… Gracias por mostrarnos el mapa del tesoro que buscábamos y permitirnos ver que en realidad lo llevábamos tatuado en la piel… Gracias por demostrarnos que perseguíamos el reflejo en lugar de la luz. 

Gracias por ayudarnos a ver que buscamos el cielo y en realidad lo llevamos dentro… 


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Ganas de ti


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Camino por la calle rumbo a casa y una niña de unos cuatro años me enseña el pequeño bolso que se ha hecho ella sola esta mañana de verano. La miro y unas ganas tremendas de abrazar a mi hija me invaden todos los sentidos… No entiendo por qué, pero mientras piso la calle bajo un sol imposible de esquivar, me inunda la sensación de haberme perdido algo, tal vez mucho, demasiado… Las lágrimas me caen por las mejillas mientras intento recordar a mi hija con esa misma edad, cuatro años, con ese vestido blanco que poco le duraba limpio, aquel verano, cuando dejaba una etapa de la niñez y como ella decía se convertía en una niña «mediana» y ya no pequeña.

Una necesidad loca por acariciar a esa niña que ahora la dobla en edad me provoca una gran angustia… Esa niña creció y no está, habita en algún lugar de su memoria y la mía y no volverá a decir palabras como ella las decía ni a aprender las mismas cosas nuevas, ni a ponerse ese vestido blanco que se ensuciaba en dos minutos cuando ella se tiraba por los suelos…

No ha perdido su espíritu salvaje, ni ha dejado de preguntar porqués. Tiene los mismos ojos rebeldes y esas ganas inmensas de vivir aventuras. Aunque yo me perdí una parte de eso, porque no conseguí compaginar a la madre con la profesional y me tragué dosis de angustia, de dolor, de pérdida y una culpabilidad inmensa que se alojaba en pecho y de noche hacía sonar unos tambores que me recordaban que estaba fracasando… Mil tardes la dibujé en un despacho triste, intentando arañar emociones y recrear su voz dulce en mis oídos sordos al mundo… Viví de llamadas buscando sus “te quiero”, de fotos de momentos perdidos y nunca recuperados y de la tortura del «vendré un poco más tarde» suplicando que el tiempo se detuviera… Busqué mil formas, pero no supe encontrarlas, tal vez ofuscada por esa misma angustia.

Me sentí tan rota que hubiera parado el mundo para bajarme de él y le hubiera gritado a la cara que era injusto, que no hay derecho, que lo quiero todo y lo merezco todo… Que yo la quiero a ella y ella me quiere a mí y que deberíamos poder estar juntas sin renuncias porque necesitamos regirnos por el sentido común y no por la sinrazón de una sociedad que se afana en producir de forma desaforada, sin darse cuenta de que la felicidad es también productiva… Y que olvida que la coherencia conduce al éxito y que la humanidad tiene recompensa siempre.

Y ahora camino cansada viendo sus ojos en los ojos de otra niña y los míos se sumergen en lágrimas y remordimientos por no sé qué… No haber sabido más, no haber podido, no haber encontrado fórmulas para hacerlo todo… Y noto en la boca el mal sabor de no llegar a todo y no saber decir no o encontrar la manera de gritar un basta… Y pienso que los ratos pasados con ella fueron hermosos, pero cortos, los siento diminutos y salvajemente escasos, robados a un reloj que marca los minutos sin alma y a unos horarios sin sentido. Siento que debe de haber otra forma, otra fórmula para encontrar la manera de conciliar todo esto sin morir de miedo, de asco, de desesperación por ausencia, por no estar cuando quieres estar, cuando mereces estar, cuando necesitan que estés…

Siento que el mundo está organizado por una especie de fanático de las bromas crueles y cedo todo mi poder a sus ideas sin remedio y sus pensamientos atroces… Me siento atrapada y agotada de pelear por algo que es mío, que es nuestro, que es básico… Para mí, para todos, para ellos, para nosotros… Me desespero y la esperanza se va por el desagüe. Me siento atrapada en el pasado no vivido y me ato la conciencia para poder parar de sentirme vacía… Vivo en una culpa que no es mía, pero que arrastro sin poder soportar ni dejar de sentir.

Siento que se me escapa mi pequeña diosa de ojos brillantes y preguntas impertinentes, que una parte de ella se va y no la toco, no la veo, no la retengo (tal vez, no debo). Lamento no haber vencido el cansancio y haberle hecho más cosquillas, más fotos, dado más besos, más caricias, más abrazos… Amo sus manos todavía pequeñas y sus cabellos repletos de reflejos dorados y preciosos… Quiero ser un submarino en sus risas, un camino en sus pecas, una mano cuando intente levantarse después de caer… Quiero que aprenda a vivir sin que yo le haga falta, pero para eso le hago falta ahora, siempre… Para contarle cuentos, para explicarle que debe intentar siempre, apostar por ella misma, confiar, aceptar las derrotas como tesoros valiosos y administrar los triunfos con toda la humillad posible… Quiero verla bailar y oír como canta con su voz de plata… Quiero que me cuente por trigésima vez la misma anécdota y yo vuelva a reírme como si fuera la primera…

Quiero dejar de dedicarle los momentos más recios y duros del día, aquellos en los que estoy tan cansada que grito sin sentido y se me cierra la mente sin saber por qué… Quiero paciencia para comprenderla y un mar de calma para apoyarla, escucharla, sentirla… Quiero tiempo, sobre todo, quiero tiempo, para dejar de escurrirme sin sentido y acumular losientos y quejas.

Y se me escapa, a marchas forzadas, con un frenesí loco, cada día muta, cambia, da la vuelta y lo que ayer era novedad ahora es viejo, pasado, gastado… Aprende rápido y el viento la lleva sin tregua cada día a una vida distinta… Y yo la busco, reconozco, a veces con las ganas ahogadas porque no puedo más, pero deseando poder y estar a la altura. Con los ojos llenos de lágrimas culpables y la garganta inundada en rabia por no estar, no ser, no saber, no poder.

Hay tanto amor surcando el aire buscando sus pasos alegres y su mirada inquieta que puedo masticar mi angustia por no poderla abrazar ahora. Notarla cerca, sentir como late, ser su madre como deseo y como me corresponde… 

Lo digo con todas las letras… No es sólo que ella me necesite, es que la necesito yo.

Por todas las veces que me perdí sus primeras veces… Por las que pude o no supe estar… Lo siento, mi amor, ando perdida en un marasmo de días buscando maneras de conseguir más horas para estar junto a ti. Te tengo ganas, ganas inmensas… 


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Súbete a la vida


TIOVIVO2

Me encuentro pensando sin parar, metida en un bucle, con esa noria en mi cabeza que no cesa nunca, con esa sensación de tener que llegar a alguna conclusión que se me escapa… Y ya lo sé, no la voy a encontrar. No husmeando entre mis ideas viejas y mis pensamientos roídos… Nunca con la actitud de siempre y misma forma de ver la vida trillada y triste. Nunca desde la necesidad de encontrar algo porque no confío en mí lo suficiente como para saber que seré capaz… Nunca desde la sensación de estar en una jaula oscura sin darme cuenta de que la luz y la libertad dependen de mí.

Dependemos tanto de lo que nos dan otros que la vida nos lo aparta para que nos veamos obligados a encontrarlo por nosotros mismos… Miramos tanto fuera que nos deja solos para que tengamos que mirar dentro de nosotros, para que tengamos que hablarnos y contarnos qué sentimos… Necesitamos tanto que la vida no nos lo puede dar todo, porque si no, el niño insatisfecho que llevamos dentro que en realidad lo que necesita es amor y no sucedáneos, se vuelve un tirano. Eso somos… Niños perdidos que no se aman a los que les damos café para seguir arrastrándose durante el día y aguantar un ritmo frenético y pastillas para dejar de soñar cada noche. Les regalamos subidones de cinco minutos, felicidad basura de fin de semana, conversación de ascensor y algunas frases hechas de esas que llenan las portadas de las libretas de diseño y que te invitan a fingir y sonreír siempre… Y luego pretendemos que crezca sano y feliz, que se ame y se libere de viejos dogmas y ataduras y nos ayude a triunfar y conseguir lo que deseamos… Y el niño nos sale respondón, sólo faltaría. Pide amor de verdad, del de pasar rato con él y venirse arriba, del de mostrarle lo hermoso, lo que perdura, lo que vale la pena… Pide palabras sabias y emociones reales, está harto de vivir a través de las series de televisión y del relax de los cigarrillos a media tarde, al salir de la oficina. No soporta que te hables como te hablas y te escondas como te escondes… No comprende de qué te avergüenzas porque hace todo lo que puede para gustarte… Quiere que te lances a vivir y este día sea único, irrepetible. Está cansado de oírte decir que estás cansado… Lo estás porque no sueñas, porque te has bebido la rutina y te tragas envidia por los que no se resignan a hacerlo y buscan formas de vivir y no de ir pasando los días sin sentido… Te ríes de ellos, como si fueras el matón de la clase que busca víctima para apaciguar su dolor, su necesidad de atención… Porque el que se ensaña con otros es en realidad el niño más perdido… El que mira a otros es el que no se atreve a mirarse a sí mismo.

Ya no juegas con tu niño ni le dices cosas hermosas. Esta mañana cuando te has equivocado le has llamado inútil tres veces y luego le has castigado con dos horas más de trabajo insoportable, en lugar de darte cuenta de que hoy te pedía salir a tu hora y pasear por el parque… Y mañana, llegar con ganas y en media hora hacerlo todo todavía mejor…

¿No le ves? Te mira y te grita… Te dice que no le escuchas… Tiene un montón de heridas por curar que no cicatrizan. No son las rozaduras de las rodillas de cuando se lanzaba por el tobogán e iba a parar a la arena… Son las de no lanzarse nunca ni atreverse a nada, ni decirle a quien ama “te amo”, ni cambiar de trabajo porque este se te queda pequeño, de no ser capaz de decir que no y tragar amargura… La que más le duele es esa que tiene en el pecho porque no has podido perdonar a tu mejor amigo y le echa de menos… Y hasta que no le perdones a él, no perdonarás al niño que no supo llevar la situación, que lleva la ofensa grabada a fuego y vive con ella como si fuera real…

Deja de darle una pelota al niño para que se entretenga solo. Deja de comprarle perfumes, coches caros, ropa que nunca vas a ponerte, libros que no lees… O hazlo pero compártelo con él, mientras le cuentas cómo te sientes y le preguntas qué sueña…

Sólo quiere que le tengas en cuenta, que le ames, que le respetes… Lo demás no sirve de nada si se siente vacío.

Necesitas tanto de la vida porque tu niño está triste, porque hace tiempo que no le dices que le quieres y se siente solo. Por eso se enfada con todos y no tiene ganas de nada.

Deja lo que estás haciendo ahora. Busca un lugar tranquilo, hermoso. Respira hondo tres veces, con calma, como si no hubiera tiempo ni tú tuvieras cuerpo. Busca tu cara, la cara del niño o la niña que fuiste. Mírala con tanto cariño que te salten las lágrimas de felicidad por haberle reencontrado… Dile que es maravilloso, que le amas… Pídele perdón por dejarle solo y sin risas. Abraza su cuerpo pequeño y piérdete en sus ojos grandes… Dile que no le vas a volver a soltar de la mano, que cuenta contigo, que disculpe tu ausencia… Estabas tan perdido buscando fuera que no viste que ya lo tenías todo dentro… Dile que vas a encontrar tiempo para él y para todo lo que ama y sueña. Escucha su corazón. Escucha sus miedos y dile que todo está bien, que todo saldrá bien, que vais a vivir juntos la mayor de las aventuras…

Y vuelve a ti y deja de pensar y hurgar en la basura de tu vida. Levanta la vista y siente. Busca pensamientos nuevos que te hablen de esperanza y no de tragedias… Nota la vida y siente cada minuto, en tiempo real, ni en el pasado ni en el futuro… No vivas ni un segundo antes de este… Ni un segundo después de ahora. Sé tu máximo esplendor en este momento.  No lo sabes, pero todo es maravilloso… Donde tú ves desolación, tu niño interior ve abrazos por dar y recibir… Donde tú ves un desierto, él ve un lugar donde jugar. Donde tú ves nada, él contempla un campo de posibilidades infinitas… Baja de ese tiovivo que tienes en la cabeza y súbete a uno de verdad a ver qué pasa… Súbete a la vida.

No pares hasta que el niño sonría… No pares hasta sentirte vivo.