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la rebelión de las palabras


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Una persona como tú



Foto : Mercè Roura

Cada día un pequeño gesto. Un pequeño paso… Algo que te lleve a salir de ti. De el aire viciado. Del pensamiento automático y compulsivo. De ese miedo al miedo que te lleva a encerrarte y fingir que no sientes y no ves, que no te das cuenta de que por dentro estás suplicando un cambio. Salir de la cárcel que construiste tú y de la que eres el preso, el guardián y la misma celda.

Un pequeño cambio. No importa qué sea. Cuestionarse algo hasta hoy incuestionable. Abrirse a pensar distinto. Escuchar sin estar pensando qué contestar. Pasar por ese camino por el que nunca pasas… Hacer eso que te hace sentir incómodo, minúsculo, insuficiente,. Eso de lo que siempre huyes porque te recuerda lo pendiente de revisar dentro de ti. Sentirte rdículo y darte cuenta de que no importa. Dejar de ser invisible un rato y descubrir que no pasa nada si te miran.

Cada día un paso más. Algunas veces hacia delante. Otras hacia atrás. Tal vez desviarse del camino para comprobar que vas por buen camino. O porque te has dado cuenta de que no era tu camino y allí no hacías nada más que dar vueltas para que pareciera que te movías y eras productivo. Porque a veces parece que el mundo pasa revista y si no estás haciendo algo te condena, te señala con el dedo, te destierra a la isla de los inútiles.

Cuando vas exponiéndote a vivir, a sentir, a reconocer en ti algunas cosas que estaban dormidas, cambias y tu camino cambia.

A veces, el entorno te acompaña en ese cambio.

Otras veces, no.

Es una de esas renuncias que hacemos por evolucionar y transformarnos.

Para poder abrazar una nueva vida hay que soltar la anterior.

Para dar un paso adelante hay que dejar atrás un camino.

A veces duele, duele mucho porque implica mirar a los ojos a tus miedos y reconocer tu frustración, tu inseguridad, tu desconfianza hacia lo que te espera.

Implica besar lo que eres y amar lo que vives como si lo hubieras elegido.

Dejar de ir por la vida con un manual y un recorrido predeterminado y dejar se llevar un poco por lo que ves y sientes.

Soltar a personas que tal vez no se queden en tu vida o no de la misma forma y arriesgarse a que se enfaden y ya no vuelvan.

Y cuando pisas firme y respiras hondo otra vez, dar un paso más.

Atreverse a hacer eso que deseas con todas tus fuerzas y nunca hiciste. Algo que haría tu verdadera esencia si no tuvieras miedo. Si no te sintieras tan insignificante y poco merecedor de todo lo que sueñas.

Algo que haría una persona que se valora y respeta.

Esa persona eres tú. Y la que hasta ahora no se ha atrevido también.

Tu gran aliado y tu gran enemigo.

El veneno y el antídoto.

Tu juez más severo y tu amigo más compasivo.

Tu infierno y tu paz.

Cada día un paso. Algo minúsculo. Hasta que en un tiempo miras atrás y te quedas alucinado contigo mismo. Te miras a ti y te ves más que nunca. Te reconoces. Te encuentras en todo lo que haces y dices y piensas…

Tocas eso tan preciado y a veces difícil de conseguir llamado coherencia.

Eso tan dulce y necesario que se llama calma.

Eso tan apreciado y mágico que se llama ganas de vivir.

Vivir siendo tú. Sin estar atado a un correa que tira de ti cuando te pasas de largo y sales del camino marcado.

Sin sentir esa culpa por tus errores en lugar de amarlos y usarlos para seguir adelante.

Sin buscar fuera lo que llevas dentro.

Cada día un paso más. Sobre todo en tu mente. Un nuevo pensamiento, una creencia absurda y limitante superada, un angustia que se transforma en paz…

Sin forzar, sin reproches, sin culpas, sin más planes que el plan de seguir adelante vayas a donde vayas. Soltando lastre y fardo pesado.

Y ante cualquier situación complicada, haciéndote esta pregunta :

¿Qué haría ahora alguien que se respeta, que se ama, que se reconoce, que sabe quién realmente es?

Una persona como tú que ahora ha descubierto su valor… Pues eso, ya sabes que toca… Adelante.

No has venido a la vida a convertirte en alguien maravilloso, has venido a recordar que ya lo eres.

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

Disponible aquí 

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Si quieres saber más de mí, te invito a entrar en mi web y conocer lo que hago. Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar todo su potencial a través del coaching, el mentoring y la Inteligencia Emocional. 

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No finjas que no tienes miedo, úsalo


No sabes nada. No sabemos nada.

No llevamos las riendas de nada, por más que nos chutemos algunas de esas frases hechas que impactan en redes que nos dicen que podemos con todo, porque muy en el fondo sabemos que no es cierto. No hace falta. No es poder con todo, porque eso es maltratarse a veces, es saber quién eres. Es encontrar la forma de vivirlo sin echarse tierra encima y poder darle la vuelta para encontrar tu fortaleza al abrazar tu debilidad.

Saber todo lo bueno que mereces. Darte cuenta de qué sientes y qué puedes hacer con ello para seguir adelante y evolucionar.

La incertidubre acecha siempre. Fingir que no está ahí y presumir de vida controlada duele más. Es vivir en falso, en una incoherencia carísima que parchea nuestra vida sin llenar nunca el vacío que tenemos muy dentro. Eso nos atormenta, nos duele, nos mantiene pendientes y esclavos de lo no sentido, lo no admitido, lo no visto. Tal vez no ahora, pero a la larga, esa ansiedad no sentida, ese miedo no vivido y reconocido se atraviesa, clama salir, te rompe por dentro… Lo que rechazamos vuelve siempre con más ganas, más grande, más rotundo, más evidente.

No podemos resistirnos a lo inevitable. Y es inevitable vivir lo pendiente, lo que hemos dejado y vamos arrastrando, lo que está ahí esperando ser visto y reconocido. Lo que no hemos aceptado esperando a que desaparezca a sabiendas de que no va a desvanecerse sino todo lo contrario. Nos llama, nos pide atención, nos mantiene en vilo y nos despierta a media noche diciendo nuestro nombre.

A veces, hacemos de lo que no queremos ver, ni sentir ni escuchar el centro de nuestra vida. Porque trazamos nuestro camino esquivándolo para poder ignorarlo y lo convertimos en algo siempre presente, sin decir su nombre ni detenernos a reconocerlo.

No finjas que no tienes miedo, siéntelo y úsalo.

Siempre va a estar ahí. Siempre llamará tu atención. A veces, será un cosquilleo en algunos momentos, otras un grito insoportable en una noche oscura. Está ahí para que lo atiendas, no para que pases de largo, lo eludas o pongas la música muy alta para no oirlo.

No hay lugar donde escapar de tu miedo a la vida.

No hay escondite suficientemente profundo para no ver tu tristeza u ocultar tu rabia.

No sabes nada, en realidad. Todo lo que ha pasado en tu vida sigue patrones que no ves porque te resistes a mirar de verdad donde están las respuestas… Ahí dentro. Inconscientes, escondidas, agafapadas esperando a las preguntas correctas, las preguntas incómodas e impertimentes.

No llevamos el timón de lo que pasa, navegamos esperando no chocar y volcar sin tener en cuentra el mar de la vida y lo que nos cuenta el viento. Escogemos un destino y no nos atrevemos a soltarlo por no dejar de parecer valientes, porque nos aferramos a él y creemos necesitarlo tanto que lo confundimos con lo que somos.

Porque nos dijeron que somos lo que hacemos, lo que logramos, lo que conseguimos, lo que tenemos. Y si perdemos nos sentimos perdidos y creemos que no somos nada…

Aunque lo somos todo. En vivo, ahora, en potencia.

No somos el destino, somos el camino. El amor con que vivimos lo que somos. El amor que dejamos donde estamos. El amor con que damos cada paso, lleve a donde lleve. A la gloria o a un maravilloso fracaso que nos hace aprender más de nosotros y nos aporta más paz que cien éxitos calculados y medidos.

¿Cómo se valora si triunfaste? por lo que sientes dentro… Y no lo atiendes, ni lo escuchas.

Y eso nos condena a vivir lo que amamos y temenos, que a menudo, es lo mismo.

No sabes nada. No sabemos nada. No decidimos muchas veces más que cómo nos tomamos lo que pasa, qué nos contamos a nosotros mismos mientras vivimos este camino, esta vida. Aunque eso lo es todo. Cómo decidimos vivir lo que vivimos lo transforma. Si encontramos lo que sentimos, lo aceptamos, tiramos del hilo y encontramos la madeja de nuestro dolor… El miedo, la culpa, la tristeza ocultas en cada situación repetida…

Cuando decides que lo que te pasa es una oportunidad, de inmediato se transforma. Aunque duela, aunque no te guste, aunque suplicarías no vivirlo… Ya es.

No controlamos nada y vamos haciendo planes como si la vida fuera a acomodarse a nosotros. Como si la vida no tuviera sus planes y domináramos el mundo.

Y fingimos que lo controlamos. Fingimos que lo sabemos todo. Fingimos que no tenemos miedo hasta que el miedo se nos come el corazón a bocados o nos rompe por dentro para salir y gritar ese dolor que pretendemos callar.

Si no lo hacemos, la vida nos lo hace. Si no lo sentimos, la vida nos obliga a sentir. Si no lo escuchamos, la vida nos amarra a un momento, nos cogela, nos para y nos lo grita mil veces para que nos quede claro.

Por eso hay que atenderla al primer susurro, porque si no chilla y nos parte en dos para que podamos ver lo que llevamos dentro.

Vamos a atender y eschuchar a nuestras emociones. A respirar nuestros miedos. A dejarnos salpicar por nuestra ira y rabia contenidas que necesitan desatar una marea y desbordarse… Vamos a acunar nuestra tristeza, nuestro desamparo y nuestra desesperación absoluta porque nada es como esperamos. Vamos a bailar con la incertidumbre más rotunda y reconocer quiénes somos.

Somos los que pueden seguir adelante cuando se escuchan. Cuando se atienden. Cuando se reconocen. Cuando se aman. Los que nos esperan a alcanzar ninguna meta para saber quiénes son.

Vamos a dejar de fingir y a vivir de veras, sin sujetar esa cuerda que hace que nos sangren las manos y que siempre se nos escapa o no hunde hasta el fondo por no dejarla ir. Esa cuerda que atamos a lo que creemos desear y que nos amarra a un vida y una forma de pensar que nos destruye, que nos desdibuja, que nos corroe. Vamos a darnos cuenta de que muchas veces la soga nos la ponemos nosotros esperando encajar en un mundo en el que nadie encaja y todos fingen que sí para no caer en el abismo de la culpa y el miedo más insoportables.

Vamos a hundirnos si hace falta y caer para darnos cuenta de que no sujetamos nosotros mismos. Que todo es mentira y vivimos en un escenario de cartón piedra inventado y contruido con historias tristes.

Vamos a encontrar la paz en esta guerra mirando en el fondo de nuestras almas.

Vamos a amar esto como si lo hubiéramos escogido.

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

Disponible aquí 

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Si quieres saber más de mí, te invito a entrar en mi web y conocer lo que hago. Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar todo su potencial a través del coaching, el mentoring y la Inteligencia Emocional. 

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No ha sido fácil


No ha sido fácil… A veces he sentido mucha rabia por ello, pero ahora veo que es casi un regalo.

Mirar atrás y ver que saliste adelante. No como soñaste sino como otra persona distinta, alguien nuevo que nace cada vez que la vida le pone en una situación complicada. Alguien que ha conseguido un poco más de paz con cada arañazo.

Alguien que antes se perdía tanto en los pensamientos que los trenes se le escapaba mientras imaginaba destinos… Y ahora decide si sube o no pero ya no se culpa cuando ve que se van.

No siempre supe a dónde iba a pesar de tener claro mi mapa. A veces hay que romperlo en mil pedazos y empezar de nuevo o decidirse a dibujar el camino a cada paso. Demasiado a menudo el camino a la cima de nuestra vida que nos hemos trazado ha sido definido por el miedo y la culpa. Nos inventamos castigos y nos atamos a lugares y personas que se aseguran de que los recibamos. Nos buscamos verdugos con máscaras de amigos pero detrás de las máscaras está siempre nuestro rostro lloroso y asustado.

No ha sido fácil, pero mirando mi vida a vista de pájaro me doy cuenta de que mil de cada cien ocasiones he sido yo quién se la ha complicado. Tejemos la red y nos quedamos atrapados en ella y luego gritamos desesperados pidiendo auxilio y esperando que el resto del mundo nos salve, cuando están igualmente aterrorizados intentando liberarse de sus propias redes. A veces todo es simple hasta que lo piensas. Hasta que pones esa mente repleta de condicionantes y creencias a funcionar pensando que encontrarás las respuestas y lo que hace es entretenerte en preguntas absurdas, preguntas que ya no te importan, porque las preguntas que necesitas hacerte de verdad te dan tanto miedo que ni te las insinúas.

No ha sido fácil, pero ha sido. A veces no es, no hay por donde salir y te das cuenta de que la vida te pide que te quedes y sientas ese dolor pendiente y lo atravieses, aunque sea temblando. Y la historia se repite. Siempre se repiten las historias que antes no has terminado en paz y aprendiendo la lección.

Hay muchas lecciones por aprender en la vida, pero todas hablan de amor. Hablan de respeto. De paz, de mirar dentro y perderse un siglo escuchando el silencio. De respirar. De perdonar. De darse cuenta y reconocer.

Todos nuestros miedos son castigos pendientes por culpas arrastradas que nada tienen que ver con nosotros.

Todos los callejones sin salida en los que hemos estado estaban antes dibujados en nuestra imaginación y pesadillas.

Todos los desengaños vividos han sido en realidad con nosotros mismos. Porque no sabemos mirarnos, reconocernos y valorar realmente las infinitas posibilidades de brillar que hay ante nosotros…

Todas las historias de nuestra vida hablan de esa historia de amor que tenemos pendiente con nosotros mismos.

No ha sido fácil y no lo seguirá siendo, pero será más simple darse cuenta de para qué es cómo es y a dónde lleva este camino… Porque siempre lleva a uno mismo.

Todos los mapas de tu vida llevan a ti. Es el único camino, el de vuelta.

No será fácil, pero puede que sea maravilloso.

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

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