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la rebelión de las palabras


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No es delito…


No es delito no amarse todavía. No es delito no conocerse suficiente ni andar perdido sin saber cuál es tu lugar en el mundo… De hecho. no hay una ley, ni natural ni inventada, que diga tengamos que tener uno concreto… No es delito no saber cuál es tu misión en la vida, ni siquiera no llegar a encontrarla ni descubrirla o decidir que no tienes ninguna porque estás bien así…
No es delito estar un rato en la zona de confort mientras tomas impulso para seguir adelante. Ni siquiera lo es si decides no seguir. No pasa nada, no hay expedientes que cumplir ni marcas que batir en esto del autoconocimiento… 
No es delito llorar y patalear un rato porque por más que haces no llegas, no sale, no hay resultados… Ese dolor acumulado necesita salir y contarte cosas de ti y necesitas bailar con él un rato para aprender a llevar, a soltarlo, a vivirlo sin que te condicione.
No importan tanto los resultados como el hecho de respetarte a ti mismo aunque no los consigas. Eso sí que supone un antes y un después, como te tratas a ti mismo cuando no llegas a dónde crees que deberías llegar y no consigues lo que quieres conseguir. 

No importa tanto no amarse todavía, es peor culparse por no hacerlo y machacarse todo el rato porque no sabes cómo… Nadie nos enseña a hacerlo y hacemos lo que podemos y está en nuestra mano para conseguirlo.
No es delito no perseguir tus sueños ni cambiar de idea a media carrera, ni perder foco… No pasa nada… Nuestra motivación no tiene que venir de fuera sino de sentirnos en paz ahí dentro. Y esa paz llega de verdad, la paz duradera y real, no viene de conquistar una cumbre ni colgarse una medalla ni de conseguir un ascenso o un aplauso, llega de sentirse bien con uno mismo tanto si se alcanza como si no…
Eso es amor de verdad, incondicional, es autoestima de la buena, de la que no se condiciona a unos objetivos, aunque puedas tenerlos, que no somete a una mejora en nada, aunque mejorar sea la consecuencia…
No necesitas mejorar para quererte más. No necesitas cambiar para quererte más. No necesitas aprender más para valorarte más…
Eso es no aceptarte y si no aceptamos lo que es y aprendemos a verlo con otros ojos, no hay mejora, no hay reconocimiento, no hay cambio.

Todo está dentro. Lo que fuera es un espejo. Un marcador que no siempre funciona porque a veces la lección es aprender a hacerlo sin que funcione, sin que marque ventaja…
Amarse no es una carrera, es un camino…

No ganas al llegar a la meta, ganas cuando das en primer paso.

Decidir amarse es en sí mismo un acto de amor maravilloso. Una acción que pone en marcha ese mecanismo que parecía averiado y que desencadena la magia…
Amarse es no culparse, no obligarse ni someterse a normas rígidas ni exigencias bárbaras.
Es no fustigase por entrar en Facebook y leer que si no te amas no vas a conseguir nada cuando no sabes cómo… Es no ir por la vida sintiéndose ridículo porque no sabes qué deseas…

Primer gran paso para amarte… Acepta esto. Este miedo, esta desgana, este desasosiego, esta sensación de estar perdido y no saber… Acepta este enorme vacío. Acepta que no te amas todavía y no pasa nada, no tienes que llegar ahora… Acepta que no te aceptas y respira…
Con calma… Sin hostigarte ni pedirte soluciones ahora. 

Amarte a ti mismo como mereces no es una lucha, es un baile. Cada uno lo baila como quiere, tal como oye la música. No hay cronómetro ni jueces, hay compasión y cariño y respeto y ganas de de cambiar y sentir paz.

Ya has hecho algo grande, te has dado cuenta de que no te amas suficiente. Has tomado consciencia de dónde estás y has decidido descubrir quién eres y qué deseas…

Has dado un paso gigante… Quédate con eso por el momento.
No te lo creas si te dicen que es delito quedarse ahí por el momento a ver qué pasa… No hay delitos cuando intentas conocerte… Que no te vendan prisas ni fórmulas mágicas.
Has empezado un camino largo y maravilloso que lleva de vuelta a ti. Un camino que no se gana ni se pierde, que consiste en sentir y respirar.
Nadie puede juzgarlo porque no hay dos caminos iguales y nadie sabe si vas bien o vas mal…
Sencillamente camina. Y si te paras, no pasa nada, forma parte de este trabajo parar…

Lo que importa siempre es cómo te sientes por dentro cuando haces lo que haces.

No es delito tener miedo, es habitual, es necesario para evolucionar. Es la forma en que lo vivimos lo que marca la diferencia y lo que hacemos a pesar de él… 

 

 

Gracias por estar ahí siempre y compartir este camino. Siempre que escribo espero que a alguien le sea útil compartir este proceso complicado y apasionante. Sin prisas ni fórmulas mágicas, sin agobios ni marcas que cumplir… 

AMARSE ES UN REGALO PARA TI MISMO, UN FIN Y NO UN MEDIO, UN LUGAR EN EL QUE TE SIENTES COMPLETO Y A SALVO.

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Escritora y apasionada de las #palabras

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Amarse a pesar del dolor


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Hoy quiero hablar de dolor físico. Es algo que me ha acompañado gran parte de mi vida, no recuerdo casi desde cuándo pero siempre que echo la vista atrás allí está. Se me ocurren pocos compañeros más fieles que un dolor crónico… Tan puntual, tan insistente, tan presente, tan incondicional… Las personas que no viven ese tipo de dolor no saben cómo actuar ante las que sí lo habitan, porque llega un momento en el que el dolor te habita y tú habitas en él y no sabes dónde empiezas ni dónde acabas.

El dolor va muy acompañado de rabia, no sé si porque esa es una de mis emociones más habituales o porque va pareja a él. Lo que no sé, la verdad, es si primero llega al dolor y luego la rabia o va al revés. Esa sensación de injusticia, de impotencia, esa ira acumulada con ganas de salir al mundo a gritarle “basta, no puedo más, no me merezco esto”. Ese llanto sordo de súplica para que pare, para pedir una tregua aunque sea corta y recordar quién eras sin dolor, sin quejidos ni lamentos…  Sin sentirse atado a esa imposibilidad de sentir paz o alegrarse o de sentirse dueño de tu cuerpo o de tu risa, de tus horarios o de tus ganas… Amarrada a algo que te estorba y denigra o eso crees.

Siempre he creído que el dolor y la rabia caminan juntos o al menos comparten gran parte del camino. Hay personas que almacenan mucha rabia y no lo saben. Para los que siempre hemos sido de soltar exabruptos y  de enfado habitual como yo es fácil darse cuenta, pero hay personas que acumulan mucha rabia y no se han dado cuenta. Parecen en calma y dentro de ellas hay un mar bravo y tormentoso suplicando salir y desbordarse. Viven una tormenta interior que no consiguen desatar y van por la vida contenidas y sin sosiego. El dolor va ligado a las emociones, en general, a pesar de ser físico y necesitar todo un arsenal médico para calmarlo muy a menudo.

El cuerpo es el mapa del alma. Una especie de pergamino donde podemos ver apuntadas y significadas todas nuestras batallas, miedos, rencores y emociones almacenadas esperando ser sentidas. Mi rabia se queda obstruida en la garganta y mi culpa en la parte superior de la espalda… Y cuando todo va muy mal, una manaza enorme me presiona el estómago y me dice barbaridades para que haga algo que no sé qué es y acabe de una vez por todas con mi sufrimiento.

A menudo nos sentimos tan culpables por no ser como creemos que deberíamos que materializamos esa culpa a cada paso y eso encuentra caminos en nosotros para tomar forma y decirnos que ya no podemos seguir así. Eso no significa que seamos culpables de nada… Esta es la parte importante de este mensaje.

Quiero que se me entienda, el dolor es algo físico, pero a parte de tratarnos con lo que nuestros médicos decidan que es mejor, necesita que nosotros también usemos un antídoto para poder sobrellevarlo. Un trabajo que podemos hacer solos o acompañados, pero que tiene que ver con nosotros mismos y que hace que los tratamientos médicos se optimicen… Y es el amor. Cuando más duele es cuanto más hay que amarse.

El otro día alguien me preguntó en una conferencia cómo amarse a uno mismo. Y la verdad es que me quedé un momento callada antes de proponerle algunos ejercicios que yo pensaba que serían de ayuda y hacerle alguna reflexión sobre esos pequeños actos diarios que nos permiten tratarnos mejor y que son muy necesarios. Sin embargo, me di cuenta de algo al responder… A veces, es muy difícil amarse porque no te conoces, no te respetas y no sabes cómo, al menos para ti mismo, para otros resulta más fácil… Y eso no se puede imponer. Descubrir que no te amas y decidir amarte sin saber cómo puede ser otra carga pesada más que añadir a las muchas que llevamos encima.

Muy a menudo, empezamos un proceso de autoconocimiento destinado a conocernos para incrementar nuestra autoestima y acaba convirtiéndose en una carrera más para obtener resultados. Y eso es todo lo contrario a lo que pretendemos. Amarse es no exigirse más de la cuenta, permitirse ser, permitirse el error, permitirse soltar lastre, permitirse incluso no amarse suficiente por hoy porque no sabes cómo o no puedes más… Es comprender que cada uno tiene un camino.

Culparse por no amarse es amarse todavía menos. La autoestima no es una carrera, es un camino de compasión y paz. Muchos han convertido el pensamiento positivo en una dictadura en la que, con un buen fin, acabamos pervirtiendo los medios y haciendo que no merezca la pena… Te animan a conocerte y confiar en ti para optimizar tus resultados,  cuando el amor a uno mismo es en sí la gran finalidad, la paz de sentir que te respetas y aceptas y a partir de ahí construir sin urgencias. Si sólo te amas cuando llegas a la cima, ese amor de no es de verdad… Si sólo te amas cuando otros te aplauden y reconocen, no te amas como mereces… 

Si sólo te amas cuando estás sano, no te estás respetando como mereces y, por tanto, no te amas de forma incondicional. 

El mundo debería dejar de perseguir sus sueños y empezar a vivir en paz consigo mismo y los sueños llegarían poco a poco. Algunos aparecerían de repente y otros no llegarían nunca y nos daríamos cuenta de que da igual, porque en realidad lo único que necesitamos es ser coherentes con nosotros mismos. El verdadero sueño es vivir de forma coherente. 

Amarse no es el medio para conseguir nada, es el fin. Mientras sólo esperas aceptarte y amarte para obtener algo a cambio ese proceso de autoestima es un fake, una amago de amor exactamente igual que el que usamos cuando tenemos una pareja y dependemos de ella para ser felices, aunque estar con ella no nos llene ni nos haga sentir bien.

Si ahora no te amas, no te agobies, sencillamente date cuenta, toma consciencia, comprende que todavía no te amas y acéptalo. Es un gran paso, un salto enorme hacia tu amor, un salto que hacen las personas que están a punto de amarse… Y no te culpes por no ser capaz (o no sentirte capaz todavía) no pasa nada, tienes tu ritmo y tienes derecho a no poder ahora hasta que descubres que puedes… Basta de exigencias y listones altos, basta de dogmas para perseguir sueños e insuflar confianzas de pacotilla que no surgen de tu gran verdad interior…

Vuelvo al dolor. Porque mientras escribo esto sigue existiendo. Y lo sé, lo tengo claro, no nos gusta, no nos hace bien, no lo merecemos, pero está… Sigue ahí y hay que aceptarlo como todo en la vida y empezar a ver cómo hacer que se pase, se calme, se vaya…

He llegado a la conclusión de que todo en la vida es un aprendizaje, aunque sea terrible, lo sé. Y hay mil cosas que no podemos evitar, a veces, el dolor es una de ellas… Pero podemos aprender a vivirlo mientras no llega la solución, sin pensar que es un castigo por nada (no merecemos castigos) ni sintiéndonos culpables por él. Yo me he sentido culpable a veces porque mi dolor no me ha permitido dar el máximo como yo quería o pensaba que esta sociedad me reclamaba… Y eso duele también, muy dentro, y no ayuda a tomar las riendas y sentirse digno a pesar de todo.

Somos seres dignos de lo mejor con o sin dolor. No tenemos que pasarnos la vida justificándonos por no llegar, no estar en forma y perfectos, por no poder ir o ser siempre la excepción porque algo nos duele o ya no nos duele pero no queremos tentar a la suerte…

El dolor es duro,  pero te invita a escucharte y mimarte, a quedarte contigo y reconocer tu grandeza a pesar de todo, a darte cuenta de que tienes que ponerte como prioridad en tu vida y pensar en ti y ver que no es egoísmo sino amor puro… El dolor es una oportunidad terrible para reencontrarte y descubrir que has estado evitándote y no has contado contigo, con lo que deseas, con lo que disfrutas, con lo que amas… No es culpa tuya que esté pero puedes vivirlo desde el máximo respeto a ti mismo… Tomando tus decisiones, sintiendo de una vez por todas que mereces lo mejor, parando para vivir, aprovechando para darte cuenta de que no te habías dado cuenta…

Lo sé, el dolor es a veces insoportable y nos queremos marchar de nosotros mismos. Incluso entonces, seguimos siendo seres humanos que merecen amor, todo el amor, el amor más grande posible, el nuestro…
¿Por qué comos a veces tan compasivos con los demás cuando sufren y tan poco con nosotros mismos?

Si te duele no te culpes, no te sientas mal por ir al revés, por no parecer, por no llegar, por necesitar parar y desconectar de todo menos de ti… No te excuses ni justifiques ante nadie, quédate contigo y decide amarte… Sin prisas, a tu ritmo, sin que eso de amarte se convierta también en una meta angustiosa sino en un camino por descubrir… Si te duele, no te maltrates y te sientas en evidencia por tu dolor, eso es una carga más que no necesitas y que te lastra para seguir adelante y encontrar tu paz… 

Permítete parar para sentir y suelta esa culpa inventada por no ser como el resto de personas que ahora van por la vida sin dolor… Esto ya es bastante complicado, no te añadas más trabas en el camino.

 

Gracias por estar ahí siempre y compartir este camino. Siempre que escribo espero que a alguien le sea útil compartir este proceso complicado y apasionante. Sin prisas ni fórmulas mágicas, sin agobios ni marcas que cumplir… 

AMARSE ES UN REGALO PARA TI MISMO, UN FIN, UN LUGAR EN EL QUE TE SIENTES COMPLETO Y A SALVO.

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Sufrir para nada…


No quiero mentir, no sé nada…

Escribo porque a veces es la única forma que encuentro de poner negro sobre blanco lo que me asusta tanto que necesito desmitificarlo y ponerle nombre para que se haga pequeño y accesible… Lo que me duele tanto que casi no me atrevo a comprender ni sentir.

A veces creo que he dado un paso de gigante y miro atrás para reconocer sólo la distancia de una pulga. Otras veces creo que apenas he hecho nada pero veo como el mundo que me rodea es distinto.

Me dijeron hace mil años que si me esforzaba y ponía empeño todo llegaría, pero no es cierto… O al menos no lo es en mi mundo, no sé en otros mundos… Hay cosas que no son, no pasan, no llegan a ver la luz o se rompen cuando llevan unos segundos de vida… Eso pasa cada día. La vida se empeña en ponerte una y otra vez en la casilla de salida y conviertes el hecho de llegar a tu meta en una cruzada personal que deja de tener el sentido que le dabas para perderlo del todo.

A veces, luchamos sin tregua para conseguir algo que pensamos que nos hará libres y por el camino nos esclavizamos nosotros mismos intentando conseguirlo…  

Nada que tenga que liberarnos en el futuro debería atarnos ahora, tal vez porque no hay nada que vaya a liberarnos salvo nosotros mismos.

Me contaron que si me preocupaba era una persona responsable, que estaba haciendo algo para solucionar los problemas… Que los que no se preocupan no son personas como deben y los demás les juzgan y les señalan con el dedo… Y me he preocupado por todo y no ha funcionado y cuando ha funcionado he llegado a la solución destrozada y muy agotada física y emocionalmente… Tanto que no he podido disfrutar del nada…

Sufrimos tanto… Almacenamos sufrimiento como si por ello alguien fuera a tener piedad de nosotros y nos fuera a conceder un deseo o dar un regalo. Y nunca me ha pasado, nunca he recibido nada bueno a cambio de sufrimiento, al contrario. 

Sin embargo, sí que vi recompensa en amarse y tratarse bien… El amor que te das siempre siembra cosas buenas porque justo en el momento en que te lo das ya es maravilloso y eso hace que siempre valga la pena… 

Perdemos el sentido cuando dejamos de intentarlo para vivirlo y empezamos a intentarlo para ganar, para figurar, para demostrar, para decir que lo hicimos… Yo misma me he pasado días culpándome por no ser capaz de soltar mi culpa…

Como esos viajes en los que paras cinco minutos en un lugar para hacer la foto de rigor y luego la contemplas pasado el tiempo y te sientes incapaz de recordar qué sentías porque no sentiste nada… Sólo te hiciste la foto para decirle al mundo que estuviste.

No sé dónde está el equilibrio. Dónde seguir deja de tener sentido para convertirse en una trampa, en una telaraña en la que te quedas prendido porque te empeñaste en ir más allá y no ver lo que ya habías conseguido. Y no es la meta, ni el sueño, es el ánimo y la actitud con que lo haces…

Nada de lo que hacemos sufriendo nos lleva a nada. Y si llegamos, estamos rotos y no somos capaces de apreciar la maravilla de lo que hemos conseguido.

No sé dónde está el límite.  Dónde se debe parar cuando ves que no consigues lo que deseas y eso te lleva tanta energía que no te permite notar la vida. No sé cuál es el momento en el que lo que sueñas te priva de lo que vives y lo que no tienes te hace olvidar y no apreciar lo ya está en tu vida… No sé cuándo de debe parar, tal vez cuando empieza a doler, cuando no compensa, cuando lo que te te apasiona te hace perder la pasión por ti mismo y empiezas a verte a través de los ojos del que no llega y no del que está siendo capaz de andar el camino.

La verdad es que me dijeron que si me esforzaba lo conseguiría pero nadie me contó cómo dejar de esforzarme y aceptar que no es, que no pasa, que no llega… Y hacerlo de forma que no me caiga encima una losa inmensa ni se me hipotequen otros sueños, ni acabe pensando que hay algo en mí que no funciona…

Nos deberían decir que vayamos a por todo pero que no pasa nada si no llegamos, si no lo conseguimos. Que hay momentos para llegar y otros momentos para quedarse corto, para calmarse y amar el silencio que te invade cuando descubres que va a ser que no y no pasa nada. La paz del que sabe que es merecedor de todo sin tener que demostrar nada… La calma del que es capaz de darse cuenta de que no necesita sueños para levantarse cada mañana porque se tiene a sí mismo pero sigue teniendo muchos porque los merece… La maravillosa sensación de soltar y dejar de sentir que hay algo pendiente y sentirse pleno sin tener que andar por la vida coronando cimas, ganando medallas y buscando lámparas maravillosas…

No hay nada de que avergonzarse por perder, por no llegar, por quedarse a medias, porque te rechacen y te digan que ya no te aman, porque te echen de un trabajo, por estar en una clase y que nadie te escoja para hacer un ejercicio por parejas… (esto último me pasaba siempre cuando era niña y me provocaba un gran dolor y mucho miedo). Lo único que nos aleja de seguir adelante es la culpa por pensar que no hemos dado lo mejor, por pensar que no somos suficiente o no merecemos… La culpa nos devora la nuca mientras intentamos levantarnos para volverlo a intentar y nos dice que de eso que buscamos para nosotros no hay…

Y la única forma de quitarse la culpa por no alcanzar lo soñado es decidir que pase lo que pase vamos a amarnos y respetarnos, vamos a tratarnos con cariño y no nos vamos reprochar nada. Que podremos analizar nuestros fallos o comprender que tal vez lo que queremos conseguir no tocaba ahora, que no era el momento, que nos espera algo mejor incluso… Pero siempre desde el amor, nunca desde el reproche.

Me dijeron que si trabajaba mucho lo conseguiría y no era verdad. Porque nadie me dijo que trabajara con ganas, sin destrozarme, sin exigirme tanto que me rompiera… Nadie me dijo que frenara antes de caer en el abismo de perder el control sobre mí mientras intentaba controlar lo que no depende de mí… Lo que escapa realmente de mi control y capacidad.

No sé nada, la verdad. A veces, no veo la línea hasta que no la he cruzado y veo que he vuelto a ser esclava de eso que venía a liberarme porque no me acuerdo de que lo único que puede hacer que  sea libre soy yo…

¿Cómo? dándome permiso para fallar, para no llegar, para retroceder, para desistir, para decir basta… Sin culpa, sin reproche, sin castigo autoimpuesto ni sobrecarga… 

No hace falta desistir ni resignarse, aceptar no va de eso, va de aprender a amar lo que ya es y enfocarse en lo que es prioritario… No hace falta quedarse sin sueños, sólo darse cuenta de si hacemos el camino soñado sufriendo o gozando y descubrir que sólo vale la pena si durante el intento te hace feliz…

No sé nada, la verdad, pero tengo claro, por dolorosa experiencia, que todo eso sólo conduce a más sufrimiento y nunca te lleva a ninguna cima.

Sufrir no sirve para nada, más que para hartarse de ese sufrir hasta pasar esa frontera en que es tan insoportable que sólo te queda decidir que sea lo que sea lo que te depara el futuro no puede ser peor que el sufrimiento que sientes ahora…

Sufrir ahora no alivia el mañana, al contrario, dibuja un mañana con más sufrimiento… 

Amarte ahora lo cura todo justo ahora… 

A veces, el sufrimiento, a pesar de ser inútil, te suministra el hartazgo necesario para tener la fuerza que buscas para cambiar de camino de una vez por todas…

 

GRACIAS POR LEERME E INICIAR CONMIGO ESTE CAMINO COMPLICADO PERO MARAVILLOSO… 

Gracias por compartir y llevar mis palabras hasta el otro lado del mundo… 

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Sueños cortos


A veces creo que la vida es como un sendero de pequeñas cajas cerradas que vamos encontrando y abriendo. Nos paramos para tomarlas en nuestras manos y las abrimos. Nos hacemos un montón de expectativas respecto a lo que debería haber dentro de ellas y muchas veces acabamos frustrados porque no contienen lo que creemos necesitar. Sin embargo, en sentido de todo esto creo que tiene mucho más que ver con nosotros que con quién prepara las cajas o las cajas en sí mismas. 

Creo que hay que comprender que las cajas nunca te dan lo que crees que necesitas sino lo que de verdad tienes que aprender. Aprender que recibes lo que siembras, que hay cosas en ti que no ves, que la vida es como es y muy a menudo no puedes elegir las circunstancias pero sí cómo responder a ellas…  A veces, abres la caja y ves que lleva una espada y piensas “es para que siga peleando y defendiéndome o cortando la maleza de la selva en la que ando metido para avanzar”. Y en realidad es para que te des cuenta de todo lo contrario… Que si crees que tienes que luchar sin tregua para poder vivir y conseguir lo que amas sólo conseguirás más lucha y sufrimiento… Para que empuñes la espalda y en lugar de usarla para separar las ramas y atacar, notes su peso en tu brazo y sepas que es una carga muy pesada, para que la sueltes y decidas que debe de haber otro modo…

Llegan cajas a nuestras vidas cada día. Algunas son grandes sorpresas. Hay cajas que de entrada parece que tienen un contenido horrible y que con el paso de los día acaban siendo tesoros. Hay cajas que te dan prisa, otras que te dan tiempo. Hay cajas que están repletas de bombones amargos para que te des cuenta de que debes de mirar dentro y dejar las apariencias… Hay cajas que contienen una música maravillosa…

A veces, abres la caja y está vacía y te enfadas contigo y con la vida porque no te da nada. Y tal vez lo que te dice la vida con la caja es que ya lo tienes todo, que te tienes a ti y no necesitas nada que está ahí afuera… Que la única persona que puede salvarte eres tú.

Hay cajas que contiene amores necios y dolorosos para que descubras que esos son los amores que crees que necesitas y comprendas que no te estás valorando como lo que realmente eres, un ser que merece un amor inmenso…

La magia de las cajas es rara y a veces, lo sé, parece perversa. A menudo incluso creo que no contienen nada y que lo que hay en ellas se crea justo en el segundo en el que empiezas a abrirla… En ese instante se crea según lo que piensas y sientes… Las cajas están conectadas a ti y notan tus latidos y tu estado de ánimo…

Si quieres amor, a veces te dan desamor para que no tengas más remedio que amarte tu.

Si quieres seguridad y certeza, te traen caos e incertidumbre para que comprendas que el único equilibro es el que creas tú y aprendas a vivir en armonía y calma en plena tempestad… Ya nunca más te sentirás inseguro si eres capaz de encontrar tu paz en plena tormenta.

Si quieres paz no te dan paz, te traen algo que te dé la oportunidad de encontrarla dentro de ti.

En el fondo, siempre obtienes lo que deseas, pero no como resultado de tu necesidad sino como respuesta a tu capacidad de soltar esquemas antiguos y creencias rancias. Como consecuencia de mirar dentro de ti y nunca como solución mágica que te llegue desde fuera.

La vida tiene un extraño sentido del humor… Hay cajas que traen bufandas en los días de verano y te dejan atónito y fuera de juego y otras que siempre llegan con la prenda adecuada en el momento perfecto…

A veces, las cajas sí que traen directamente lo que deseas porque es lo que necesitas. Otras lo traen porque justo antes de abrirlas has comprendido que en realidad no lo necesitabas y te has visto capaz de renunciar a ello… Porque has decidido que tu felicidad no dependía de lo había dentro de la caja.

La caja no contiene lo que mereces, sino lo que crees que mereces.

Contiene lo que no quieres ver, ni escuchar, ni sentir para que no tengas más remedio que hacerlo y dejes de temerlo antes de abrir la próxima caja.

La caja lleva dentro lo que evitas siempre que lo evites y dejará de llevarlo dentro cuando dejes de evitarlo.

La caja envuelve lo que has decidido que quieres que haya en ella, aunque te duela y perjudique para que te des cuenta de que tú mismo lo has puesto muy a menudo en tu vida.

Muchas personas se han dado cuenta de “la magia de las cajas” pero no han tomado consciencia de algo muy importante…

No importa lo que contiene la caja, en realidad, lo que importa es cómo decides usarlo.

Y diré todavía más, sólo hay dos normas a tener en cuenta para abrir esas cajas y aprender a usarlas para vivir en paz…

La primera es que haya lo que haya dentro de la caja tienes que aceptarlo porque es tuyo, es fruto de tu propia magia, y es necesario que comprendas por qué ha llegado a ti (no te agobies, no hace falta comprenderlo todo, sólo ser consciente de que está ahí).

La segunda es que haya lo que haya dentro de la caja no es culpa tuya y no debes hacerte daño reprochándote por ello, porque si no no podrás usarlo para seguir el camino… No controlas el mundo, no controlas lo que pasa, sólo cómo respondes a ello y tu respuesta crea el contenido de las siguientes cajas… Suelta esa culpa y da el siguiente paso sin carga ni pesar.

A veces, algunas cajas  contienen palabras o reflexiones, eres tú quién debe decidir si se queda con ellas y si les hace caso o todo lo contrario…

Otras cajas contienen personas, algunas te tienden la mano y otras te ponen la zancadilla, ambas son de gran ayuda al final.

Hay cajas con juguetes rotos, con nubes oscuras y cargadas de lluvia, con recuerdos que permanecía borrados, con zapatos para poder pisar senderos inhóspitos… Hay cajas con paraguas, con bolsas cargadas de piedras que te invitan a soltar, con disfraces de guerrera que tal vez puedes decidir  dejar de ponerte y fluir… Cajas con pastillas que te invitan a no sentir para que digas que estás dispuesto a notar al vida y cajas con sueños que no son tus sueños para que de una vez por todas dejes de vivir otras vidas que no son la tuya.

Hay cajas que al abrirlas te permiten saltar diez casillas y evitar la cárcel y te colocan de repente en el lugar donde hace tiempo deberías estar…

A veces, ni siquiera ves las cajas y te sientes perdido en un mar de niebla, intentando buscar pistas para descubrir dónde están. No importa, en ese caso, eres tú quién está metido en la caja y podrás salir cuando te des cuenta y te permitas imaginar en otra realidad.

Al final, todo encaja y tiene sentido, aunque no nos guste y no sea el que nosotros habíamos programado… A veces, la vida es mejor cuando no se programa, porque llevamos demasiado equipaje de culpa, dolor y angustia… Y porque a la hora de soñar nos quedamos cortos y esperamos que nos lleguen cajas pequeñas y llenas de rutina.

GRACIAS POR LEERME E INICIAR CONMIGO ESTE CAMINO COMPLICADO PERO MARAVILLOSO… 

Gracias por compartir y llevar mis palabras hasta el otro lado del mundo… 

Si quieres continuar con este cambio, te invito a profundizar todavía más…

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Todo lo que yo digo no te sirve de nada…


Sé que quieres escuchar un mensaje de esperanza, pero no lo tengo. No puedo darte nada que te sirva porque la única persona que puede eres tú. 

Tengo que decírtelo, yo sólo soy un mensaje en el camino…

Sé que necesitas unas palabras que te recuerden lo mucho que vales y lo mucho que puedes, lo que tienes para compartir y hasta dónde puedes llegar… Pero por más que yo lo diga, si no lo crees, si no lo sientes, no sirve de nada.

Y tampoco sirve de nada que tú lo sepas y lo razones si no lo sientes, si no notas en tu pecho que la punzada de angustia cesa cuando sabes quién eres y dejas de sentir esa culpa y esa rabia alojadas en la garganta porque el mundo no responde como esperas y no te acepta como tú no te aceptas. Si tú no lo vives, no sirve de nada. Igual que no existe medalla que calme tu dolor por no sentirte merecedor de ella, ni cumbre suficientemente alta como para que pienses que has llegado muy arriba si no te sientes con fuerzas…

Sé que crees que necesitas que te diga quién eres, pero yo no lo sé, sólo tú lo sabes. Sólo tú eres capaz de vivirlo. Vas por ahí leyendo libros, haciendo cursos, cruzándote con personas que se convierten en maestros porque te muestran cosas que no tú todavía no ves, viviendo experiencias que te marcan y te hacen comprender… Y todo eso no es bueno ni malo, sólo es. Sólo sirve si a partir de ello, decides mirar de otro modo todo lo que te rodea, si decides mirarte a ti mismo de otro modo… Sólo sirve si lo integras, si decides vivirlo y actúas en consecuencia. No sirve con pensarlo sin sentirlo, no sirve sin actuar con esa coherencia y esa paz que te llega cuando descubres que eres responsable de cómo te tomas la vida y no de lo que hay a tu alrededor…

No sirve que el mundo cambie si tú no has aprendido a mirarlo de otro modo, si no te das cuenta de que no puedes controlarlo ni medirlo… No sirve de nada llegar a la meta si no lo sientes como una meta, ni lograr el sueño si no te sientes libre para vivirlo…

No sirve de nada que miles de personas te digan que eres grande si te sientes pequeño.

Ninguno de los cientos de likes que tienes en redes te va a hacer sentir realmente bien contigo mismo si no encuentras el like definitivo, que es el tuyo…

Ninguna de mis palabras sirven porque no son tuyas, si las lees o escuchas no te quedas con ellas y las cuestionas (yo no sé apenas nada) ni las mascas, hueles, sientes y notas y decides si te convienen y te hacen mirar con otros ojos o no.

Ninguno de mis libros te cambia si tú no decides que mereces ese cambio y apuestas por ti. 

Lo que encontramos por el camino son mensajes, puntos de partida, anclajes a los que agarrarse, estímulos… De nada sirven si no exploramos qué nos hacen sentir ahí dentro y nos arriesgamos a vivir aquello de lo llevamos tiempo huyendo.

De lo contrario, cuando nos acercamos a ello, a los libros, las conferencias, los maestros, las terapias, los cursos… Sólo estamos usándolos para distraernos de nosotros mismos y evitar mirar dentro, para substituir la cháchara de nuestro ego por otra cháchara que nos susurra pero no nos llega, no nos permite ahondar y soltar…

A veces, usamos el autoconocimiento para sentir que estamos haciendo algo pero no estamos haciendo nada porque seguimos buscando ahí afuera las respuestas que sólo están dentro. Y escuchamos a alguien que nos inspira (eso está genial, no digo que no) pero no es para aplicar nada de lo que dice ni cuestionárselo, sino para no tener que escucharnos a nosotros mismos…

De nada sirve que te diga que la respuesta está dentro si no está dispuesto a hurgar en ti y vivir eso que tienes pendiente y que tanto te asusta. Y diré más, si después de todo esto te culpas por ello, te reprochas por no estar haciéndolo o no haber sabido cómo, tampoco sirve de nada… Porque esto no va de ponerse a prueba sino de observarse con compasión y soltar la necesidad de ser diferente… Soltar la necesidad de que otros te salven y de que el mundo cambie de algún modo…

De nada sirve que te lo diga sino decides descubrirlo tú por ti mismo.

Lo sé, porque yo hago lo mismo. Busco la magia ahí afuera, busco respuestas pero no me escucho, ni siento mi dolor porque tengo miedo muchas veces, porque escribo libros pero a menudo no me atrevo a vivirlos, porque no sé nada y a veces…  Después de haber desterrado la palabra culpa de mi vida y decidir ejercer la responsabilidad, sigo sintiéndola muy hondo y de forma muy intensa y admitirlo me ayuda a abrazar mi vulnerabilidad y sentirme libre…

Todo lo que yo digo no sirve, no importa… Importas tú, te sirves tú y lo que sientes y decides a partir de lo que sientes.

Esto no es fácil, no se hace de la noche a la mañana, amarse es una carrera de fondo que no se gana ni se pierde, se camina paso a paso y se vive… Se nota, se observa desde la compasión y se comprende desde el corazón. No lleva a ningún sitio, es un camino de vuelta a casa, de vuelta a ti. 

GRACIAS POR LEERME E INICIAR CONMIGO ESTE CAMINO COMPLICADO PERO MARAVILLOSO… 

Gracias por compartir y llevar mis palabras hasta el otro lado del mundo… 

Si quieres continuar con este cambio, te invito a profundizar todavía más…

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Dejar de buscar para poder encontrar


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No buscamos el éxito por sí mismo, buscamos la paz de haber llegado y no sentir que nos queda nada pendiente. La sensación cálida de haber demostrado y haber hecho todo lo posible, la medalla de haber llenado el vacío inmenso de no aceptarnos y sin embargo ser aceptados por otros al contemplar nuestros logros… Buscamos dibujar en el camino lo que no sabemos construir dentro de nosotros y nos engañamos diciéndonos que esta vez será suficiente cuando sabemos que nunca nos basta… Porque el agujero por llenar en nuestro interior se hace más grande a medida que más nos esforzamos por mostrar al mundo que el agujero no existe… Cuánto más queremos demostrar que nada nos asusta, mayor es nuestro miedo. Cuánto más perseguimos lo que pensamos que nos hará felices, más lejos estamos de lo que realmente nos colma porque más nos alejamos de nosotros mismos… Cuánto más brillante es la medalla que nos colgamos en el cuello más pesa la necesidad de conquistar otra mejor para calmar la sed de reconocimiento… 

No nos engañemos, no vamos a parar nunca porque siempre habrá algo más grande que conseguir y un lugar más hermoso que conquistar. Y está bien encaminar nuestros pasos hacia ello, siempre que nos demos cuenta que eso que buscamos no somos nosotros. Que no dependemos de si llega o no llega… Que con o sin llegar a la meta merecemos nuestro amor, nuestro reconocimiento, nuestra aceptación incondicional y absoluta.

Un día me di cuenta de que era adicta a mis sueños. De que los usaba para evitar quedarme sola conmigo misma, de que no soportaba al ser que era sin hacer, sin pelear por algo, sin conquistar retos… Perseguía imposibles porque la realidad me aturdía, me asqueaba. Tenia la cabeza en el futuro porque no soportaba este momento conmigo... Con un ser que todavía no había demostrado nada ni alcanzado sus metas, con un ser que yo percibía a medias y sin credenciales, sin galardones, sin que todavía hubiera demostrado que merecía lo que deseaba… Me obsesioné con lo que soñaba porque no podía soñar con lo que ya era, porque no encontraba la magia en mi vida y me sentía vacía… Me enganché a mis sueños para evitar el terror de vivir el presente a solas, conmigo, desnuda, vulnerable, desamparada, sin brillo… Porque pensaba que si no hago nada digno, no soy digna…

Por eso tuve que soltar la necesidad de conseguir mis sueños y quedarme a vivir en mí misma. Notar el dolor de ser yo sin paliativos, de vivir en un ser que cree que nunca podrá volar porque no merece alas… Para vivir este miedo a que nunca nada sea como deseo porque lo que soy no me parece suficiente y me decepciona…

Tuve que soltar a la persona que anhelaba ser para descubrir quién era. Para vivir conmigo un tiempo y cogerme cariño y empezar a aceptarme y respetarme sin medallas, sin logros, sin deseos… Tuve que dejar de soñar para vivir y tal vez luego empezar a soñar desde otro lugar donde los sueños se merecen… Donde las cosas se encuentran y no se buscan.

Tuve que dejar de buscar para encontrar... Para ser primero de las personas que no esperan sino que viven en paz mientras lo que necesitan llega, que salen al encuentro y no desesperan desde la angustia… Tuve que dejar de ser de esas personas que creen que nunca hacen suficiente para descubrir que soy un ser en equilibrio que confía en sí misma…

A veces, creo que esa es la gran prueba… Que llegamos para superar la incertidumbre… Para sobrellevar la desesperación. Nos mordemos la cola hasta que nos damos cuenta de que con tanto exigirnos llegar sólo hacemos que poner obstáculos en el camino…

No hay nada más allá de ti. Sólo estás tú. Lo que parece que eres tú ahora no es más que lo que te inventaste para poder soñar que escapas, para huir de lo que te asusta. Y la única solución para que el dolor pare, para que la noria que da vueltas en tu cabeza deje de girar sin compasión es pisar tu miedo, besar tu sombra más oscura, abrazar tu vulnerabilidad y dar un paso más hacia lo que no conoces.

La única forma de salir de la incertidumbre es dejarse engullir por ella y bailar. Asumir que va a acompañarte siempre, que va a tocar tus talones y morder tus uñas… Y que cuánto más intentes huir de ella más te esperará en la esquina, más cercará el camino, más insistirá en dormir a tu lado cada noche.

La única forma de encontrar lo que deseas es dejar de buscarlo con desesperación y prepararte para abrazarlo desde la calma… Aceptando lo que es para poder adaptarte a lo que llega… Quedarte un buen rato a solas contigo, con esa persona que eres ahora mismo y que tiene las manos vacías y amar esas manos vacías tanto que no las necesites llenas… Amar lo que eres ahora para dejar de vivir pendiente de lo que puedes llegar a ser…

Soltar lo que sueñas para empezar a vivirlo desde ti… Dejar de exigirte y aceptar lo que hay en ti… Abandonar tus sueños sin miedo para vivirte a ti desde dentro… Porque tú eres tu gran sueño. 

Dejar de buscar para poder encontrar porque llevas tanto tiempo en modo búsqueda que no te has dado cuenta de que ya has llegado y ya eres lo que deseas… 

GRACIAS POR LEERME E INICIAR CONMIGO ESTE CAMINO COMPLICADO PERO MARAVILLOSO… 

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Operación bikini “mental”


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Foto : Mercè Roura

Desde que era niña que tuve una relación extraña con mi cuerpo. No nos enseñan a aceptarnos, nos alientan para que nos pasemos la vida intentando cambiar lo que somos. Y yo no fui una excepción. Primero porque era muy baja (lo sigo siendo, pero ahora incluso me ha llegado a parecer una ventaja en la vida) y luego porque, a veces, estaba muy delegada y  otras me sobraban kilos. El caso es que esto de la operación bikini lo he vivido centenares de veces… Todos lo comentan y tienes la sensación de que si no haces nada eres el rara, la que se arriesga a “no gustar” o no seguir la norma. Esa norma no escrita que dice que tienes que ser perfecta. Es como una  puesta a punto para pasar una especie de criba con una nota de corte muy, pero que muy, estricta. Y todas caemos en ello y nos presentamos al examen. Caemos una y otra vez. No por salud (ojalá) sino por necesidad de entrar en una horma o en un molde, para que te dejen de reprochar una y otra vez no encajar en ese estándar que parece deseable y cada vez es más inaccesible…

Y vuelta… Otra vez a intentar pasar la prueba y suspender seguro, porque nunca es suficiente y el cansancio siempre te vence..  Si supieras cuántas veces he huido de mí y me he dicho cosas horribles porque no parecía lo que debía parecer… Porque no me sentía cómoda en mi piel e iba por la vida pidiendo perdón por insultar a los demás con mi presencia imperfecta… Qué sinsentido querer ser como otros, compararse y siempre perder, cuando lo que somos es único y maravilloso… ¡Cuánto nos preocupa el cuerpo y qué poco nos detenemos a sentirlo y notarlo! Lo escondemos, lo sometemos a rituales sin sentido, lo maltratamos, lo insultamos, lo negamos, nos avergonzamos de él.  Buscamos que otros nos den el visto bueno para tapar ese vacío enorme que nos genera no poder aceptarnos tal y como somos.

Hoy con la alcachofa, mañana con la piña o con un líquido o ungüento milagroso que es definitivo para adelgazar hasta que sale otro que lo desbanca que parece que es más definitivo todavía.  Y no nos engañemos, no hacemos todo esto para que nuestro cuerpo esté más ligero, más sano, más ágil con la ayuda de un profesional (cosa que me parece necesaria y apoyo desde aquí). Lo hacemos para que otros nos miren como soñamos con mirarnos nosotros mismos.

Y el “para qué” lo cambia todo… Con el paso del tiempo, me he dado cuenta de una cosa importante. Si no soy capaz de aceptarme como soy ahora, no lo haré nunca. Eso no implica no querer adelgazar, sino amarse desde antes de conseguirlo.  El amor que yo siento por mí no puede depender de unos kilos de más o de menos, de mis arrugas, de mis estrías, de las manchas de mi piel, de si me cabe o no un pantalón… Eso no es amor, es conveniencia. Es usarse para soltar la rabia contenida. No hay juez más severo que uno mismo. En esto de criticarse y juzgarse duramente, los demás solo son simples comparsas, actores de reparto, la protagonista cruel que más se exige siempre eres tú.

Si supieras lo que yo me he dicho a mi misma… Lo que me he humillado a la espera de acallar así a los dioses (imaginarios) para que perdonaran mi osadía estética…

No somos sólo un cuerpo, es cierto, pero lo necesitamos para aprender a amarnos y respetarnos. Es el primer peldaño hacia nosotros mismos, hacia nuestra presencia… Nos avergonzamos de él y no nos damos cuenta de que vivimos desconectados de todas las historias que ha venido a contarnos sobre nosotros. Vivimos enganchados a una mente que no cesa, que no para de pensar, de fabricar pensamientos que nos limitan y condicionan, que nos impiden aceptar lo que somos y mirarnos con la dignidad que merecemos. El cuerpo nos ayuda a conectar con este momento que necesitamos para curar nuestras heridas y soltar lastre, para dejar de sujetarnos en creencias absurdas y de esquivar fantasmas. El cuerpo nos conecta con el suelo que pisamos para que nos salgan raíces y nos crezcan las ramas…

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Foto : Mercè Roura

Si nos rechazamos, no podemos reconocernos y  vivimos sin vivir, sin notar, sin ser, sin estar. 

Estamos siempre en bucle, esperando que algo de ahí afuera nos ayude a sentirnos mejor, nos dé la respuesta que buscamos y nos haga sentir bien y en paz. Y no hay nada fuera para nosotros si no miremos dentro, y no nos aceptemos desde ahora mismo… En el antes y el después…

Nadie nos puede dar ni decir nada que nos cambie si no nos damos permiso para bajar l listón y decidimos que ya basta, que ya es suficiente-

Y no se trata de no tener pensamientos negativos, ni dejar de juzgarse y criticarse de la noche a la mañana, eso no es fácil… Se trata de aprender a no rechazar esos pensamientos,  a sobrellevarlos sin reproches, sin culpa, sin que te arrastren ni secuestren. Si aprendemos a observarlos, les quitamos fuerza y podemos gestionar la emoción que nos generan, les quitamos dramatismo y los relativizamos. Eso hace que dejemos de resistirnos. Amar lo que somos nos permite estar presentes en nuestras vidas y no tener que esperar para sentirnos libres.

Cada vez que nos creemos insuficientes, que pensamos que no pasamos la criba de esa operación bikini, nos estamos atacando. Nos dejamos para luego, para el final, para nunca… Nos olvidamos de lo que realmente queremos y nos dejamos llevar por lo que el mundo nos dice que debemos ser o debemos desear.

Nos maltratamos tanto que a veces no nos acordamos de encontrar un rato para estar a solas con nuestros miedos, nuestras inquietudes, nuestra angustia por no conseguir nuestras expectativas. Huimos de lo inevitable pero lo inevitable siempre nos alcanza…

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Foto : Mercè Roura

Voy a decirte algo importante para mí…

Mi cuerpo es maravilloso tal y como es ahora. Aunque a ti no te lo parezca… Me ha costado un siglo verlo así, pero no pienso volver a traicionarme nunca… 

Mi cuerpo y yo hemos vivido una historia de amor extraño que no fue a primera vista, lo reconozco, pero que cada día es más sólido… Me ha dolido mucho, mucho, me asustado hasta unos límites increíbles y a veces insoportables… Y se me ha roto en pedazos, pero ahora veo que era  para que me diera cuenta de que yo estaba muy rota por dentro y recompusiera mis piezas…

Me ha obligado a parar para que pudiera encontrarme y reconocerme. Me ha dado una niña preciosa y perfecta casi sin que yo hiciera nada ni supiera cómo pero pasó… Y todavía hay días que sigo mirándolo con recelo y desconfianza, lo admito… Nuestro amor no es un amor al uso, pero estoy aprendiendo a amarme cada día sin mirarlo de reojo.

A veces, cuando queremos cambiar nuestro cuerpo para que guste más y encaje en una perfección imposible, lo hacemos castigándonos, reprochándonos, obligándonos y negando lo que somos. Si deseamos hacerlo, que sea un regalo que nos damos porque nos hemos dado cuenta de que lo merecemos, que sea un acto de amor inmenso hacia nosotros mismos… No se trata de hacerlo para amarse más, sino de hacerlo porque ya te amas mucho y sabes que te lo mereces. 

Las personas a veces esperan empezar a amarse cuando consigan sus metas o sus sueños. Se dejan para después… Se valoran por sus resultados, por lo que hacen y no por lo que son. Y en realidad, el amor es el principio de todo. El amor es la causa y nunca la consecuencia. Si esperas a cambiar o a ser de otra forma para amarte, no te amarás nunca. 

Porque el problema no eres tú sino tu forma de mirarte. La verdadera operación bikini está en tu mente y consiste en dejarte de reproches y críticas, en parar de pelearte contigo y con la vida y empezar a mimarte y hacerte cosas buenas, hablarte bien y tomar aquello que te llena de salud… No para encajar en ningún molde sino para vivir en paz contigo.

 

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