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la rebelión de las palabras


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El mejor regalo


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Parece que cuando llegan estas fechas lo que nos viene a la cabeza es pedir deseos, buscar la compañía de las personas que te importan, hacer nuevos planes, parar un momento y darse cuenta de dónde estamos y quiénes somos…

Serán las luces de Navidad (lo reconozco, me encantan) porque el entorno cambia el estado de ánimo, la verdad, aunque no es suficiente si no por dentro no aprendemos a ser conscientes de lo que nos pasa y de por qué reaccionamos ante lo que nos pasa de cierta forma. La vida nos va dando señales constantes de todo lo que llevamos almacenado ahí dentro y que tenemos pendiente de curar. Si vemos que alguien lleva un coche nuevo y nos disgusta, no es el coche ni la persona que lo lleva, somos nosotros… Si en lugar de juzgar que no se lo merece, no le queda bien o que tiene mucha más suerte que nosotros porque se lo puede permitir porque tiene dinero y pensamos qué hay detrás de ello estaremos aprendiendo algo… Sacaremos un fruto de esa punzada, esa envidia, esa frustración, ese mal humor que hemos sentido al ver que él sí y nosotros no. Tendremos la oportunidad de darnos cuenta de que tal vea nos nos creemos dignos, no aceptamos la realidad, no estamos viendo lo mucho que tenemos de bueno en la vida, que nos enfocamos en lo negativo, que tal vez pensamos que nosotros no podemos tener un coche así… Puede que incluso ni siquiera queramos un coche como ese, pero sencillamente, nos molesta que alguien lo tenga porque no nos sentimos capaces de conseguir uno igual…

Si somos capaces de comprender algo así, hemos dado un paso de gigante. Y voy a decirte algo, no pasa nada… No te preocupes. Eres humano, es normal que a veces sientas eso. No eres un monstruo. Sencillamente siéntelo y sé sincero  contigo y suelta, deja ir, decide que nadie es mejor que nadie y mira cuánto brillas tú en lugar de dejarte deslumbrar por el brillo de otros.

No, lo siento, ahora no te voy a vender que si haces eso tendrás un coche igual o mejor. No va de esto. Aunque es posible que si haces el ejercicio, puesto que estarás tomando consciencia de tus patrones y creencias limitantes, surjan en ti nuevas ideas para hacer cambios en tu vida… Pequeños pasos que llevan a grandes cambios, nuevos hábitos que pueden llevarte a reorganizar, tomar fuerza, sentirte con mejor ánimo, verte capaz… Y cuando alguien se cree capaz es capaz, se transforma. Y entonces descubres que en realidad había formas de conseguir ese coche pero puede que te des cuenta de que no lo necesitas o sí… Eso da igual, porque ves claro que no necesitas un coche para darte cuenta de que eres una persona valiosa… Y ves como alguien pasea por ahí con su coche nuevo y sonríes. Porque no te molesta, porque sabes que tú podrías o si no, hay mil cosas que más que están a tu alcance (grandes o pequeñas)  y que lo que realmente te interesa es sentir lo que eres, un ser completo con o sin. Entiéndeme, si te gusta el coche, bienvenido, pero no somos lo que tenemos, somos lo que amamos, lo que compartimos, lo que nos permitimos soñar y comprender. 

Creo que uno de los grandes regalos que podemos hacernos a nosotros mismos es atrevernos a mirar dentro de nosotros y curar heridas. Aprender a aceptar lo que es y sacar partido de la vida, de lo que pone a nuestro alcance para remendar nuestras consciencias rotas y nuestras almas perdidas. Ver qué nos asusta y acercarnos para poder constatar que no pasa nada. Reconocer qué nos pone tristes y abrazar esa tristeza para ahondar en ella sin temor y aceptar que forma parte de nuestra vida y que no somos nuestras lagrimas sino nuestra capacidad de comprenderlas, de sobrellevarlas, de vivirlas y saber que pasarán y que volveremos a sonreír.

El mejor regalo es ver en nosotros mismos a una persona capaz de vivir sin que lo que nos pasa nos zarandee tanto que perdamos el timón… Y a veces es muy difícil porque hay pruebas muy duras, mucho. Por eso es tan importante amarse y reconocerse el valor. Aceptar lo que somos y aprender a mirarnos con ojos bondadosos y compasivos, ver que brillamos y amar lo que nos hace vulnerables porque es lo que nos ayudará a crecer. No llevamos el timón de nuestra vida sólo por nuestro talento, lo llevamos también por nuestros puntos débiles... No brillamos sólo por nuestros dones, brillamos también por haber aceptado que cometemos errores.

El mejor regalo que podemos hacernos ahora es jurarnos amor eterno, incondicional, aceptación máxima siempre… Pase lo que pase, digan lo que digan… Prometernos estar de nuestra parte en la calma y en la tempestad, a pesar de los errores y los miedos, a pesar de no saber y no comprender a veces por qué ni para qué. Abrazar nuestra oscuridad para no sentirnos culpables de nada y hacer que nuestra luz sea tan intensa que otros navegantes puedan usarla cuando su barco vaya a la deriva.  Dar gracias siempre por todo lo bueno y por todo lo que parece malo pero que es a veces sólo por nuestra forma de mirar… Dar gracias por lo que duele y aprender a llevar lo que no nos gusta. Porque en realidad se trata de vivir y cambiar por dentro… Lo que está fuera no queda a nuestro alcance.

Porque no somos nuestros coches, ni nuestros vestidos, ni nuestros expedientes académicos, ni nuestras cuentas corrientes… Somos esa persona que cada noche se acuesta y hace balance de su día y a veces se siente vacía a pesar de lo mucho que le rodea porque sencillamente no es libre, porque no se ama suficiente.

No hay que esperar a Navidad para pedir deseos o hacer planes pero ya que estamos es un buen momento para hacerse el mejor regalo. El amor lo cambia todo, absolutamente. Borra la mirada limitante y la incapacidad de ver la belleza… Te da la fuerza que no recordabas tener para seguir y te convierte en tu mejor aliado.

¿Y si esta Navidad decides que te amas de una vez por todas? Hablo de amor verdadero, del bueno, del que todo lo cura y lo convierte en magia. ¿Y si descubres que la única persona que te está privando de ser tú eres tú mismo?

¿Y si nos permitimos lo que deseamos siempre sin tener que esperar a llegar estas fechas y darnos cuenta de que nos estamos siempre cortando las alas? ¿Y si lo que deseamos en realidad es este amor verdadero y todo lo demás eran parches?

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Lo siento, no hay fórmulas mágicas, pero estás tú


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Creo profundamente en el hecho de que una misma situación puede hacerte feliz o destrozarte por dentro con sólo cambiar la forma de mirarla y percibirla… Con atreverse a aceptar que es lo que es y asumir la responsabilidad de cambiar lo que es posible cambiar. Creo que eso tiene que ver directamente con el hecho de confiar en uno mismo y en la vida y comprender que, aunque duela (porque duele) es un aprendizaje… Eso no significa que nos guste, que no nos rompa, que nos tenga que parecer justo y que todo lo que deseamos vaya a suceder a golpe de insistencia, aunque ayuda y mucho… 

Ya lo sé, nos vienen a la cabeza mil situaciones en las que lo que hay que aprender es tremendo y el dolor acumulado de días y meses se hace insoportable. Esas situaciones en las que te sientes encerrado en una jaula sin poder respirar aire puro ni salir al mundo y te ves abocado al horror de caer por el precipicio sin encontrar una rama a la que agarrarse. Sin embargo, creo que la forma en que decidimos afrontarlo transforma el resultado, aunque no lo es todo… Creo profundamente en la necesidad de soltar lo que no podemos controlar y lanzarnos a vivir lo que es y deleitarnos en este ahora, como el único momento posible que realmente existe… Creo profundamente en soñar y asumir retos, en motivarnos y dar el primer gran paso hacia lo que deseamos… Creo profundamente que para cambiar de vida hay que cambiar por dentro y actuar para llevar a cabo ese cambio de paradigma… La vida te pone contra las cuerdas a menudo para que no tengas más remedio que salir del cascarón y decir en voz alta “aquí estoy yo”…

Creo que para hacer esto, hace falta que en tu cabeza y en todo tu cuerpo se detone una especie de “click” que genera el gran cambio…. Pero por favor, seamos serios, seamos profundamente (he usado esta palabra varias veces porque me parece que tiene el calado necesario para transmitir mi intensidad emocional en este momento) honestos y no contemos que eso pasa rápido… Ni que es fácil… Lo que es es tal vez sencillo como paso, como “fórmula” que aplicar, pero para llegar a abrazar tu miedo y ser tú sin culpas ni reproches ni bloqueos, para gestionar emociones y reconocer creencias hay que hacer un largo camino y es duro (tal vez eso sea mi creencia, puede, no lo niego, puesto que soy profundamente sincera y tengo que hablar desde mi experiencia). No hay fórmulas mágicas para todos ni siquiera hay fórmulas, la magia llega sólo cuando ya has hecho el click, nunca antes, porque la única magia que puede “salvarte” eres tú…

Dejemos de vender cambios exprés y lavados de cerebro… Esto es un entrenamiento diario que se hace con muchas ganas y con la ayuda de profesionales que saben de qué hablan… Con personas que toman distancia pero saben empatizar (complicado pero maravilloso)… Y dejemos también de vender resultados rápidos y concretos. Lo maravilloso y terrible es que nadie puede garantizar que el sueño se cumpla tal y como lo deseas, que el resultado sea como pretendes… Lo que sí es verdad es que cuando te decides a iniciar un camino de autoconocimiento es porque decides amarte y aceptarte, decides respetarte y tomar las riendas de tu vida y eso lo cambia todo siempre…. Aunque no lo hace de la noche a la mañana, es un camino a veces amargo y otras dulce a ratos, pero siempre apasionante…. Es un camino lleno de recovecos oscuros en los que a menudo no hay paz ni luz para que te veas obligado a buscarlas dentro y vivir a través de lo que eres de verdad, no de lo que sueñas, para que tengas que sacar lo mejor y no conformarte con una mediocridad inventada para resistir y evitar el miedo que te acobarda y aísla de ti.

Es un camino compartido con otros que aunque no lo parezca están tan asustados y perdidos a veces como tú, pero disimulan porque alguien tan asustado y perdido como ellos les dijo que aquello era la fórmula… Es un camino roto para que tengas que pegar sus pedazos y descubras que es un rompecabezas que lleva a ti, siempre a ti.

No se trata de llegar, se trata de aprender a convivir con uno mismo desde la autoestima y la paz y a partir de ahí el resultado es pura anécdota…

Siempre digo que nuestros sueños son la excusa para crecer, para superar situaciones duras y seguir adelante, la forma en que nos motivamos y nos reconocemos pero no son lo que nosotros somos…

Prometamos camino, no cima… Y ni siquiera eso, tan sólo prometamos compartir el primer paso desde la distancia necesaria… Dejemos de prometer a otros lo que tal vez ellos no puedan prometerse a ellos mismos porque no sabemos nada de nada… Sólo sé que no va a ser fácil, pero sí que valdrá la pena… 

Lo siento, no hay fórmulas mágicas, pero estás tú… Eso es mucho, mucho…

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Al final del túnel


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Tocar fondo… Uf qué mal suena, por favor. No sabes las veces que en mi vida he eludido meterme por caminos complicados y arriesgar para no llegar a eso. Para que no hubiera un día en que fallara todo, cinturón de seguridad incluido, y me tuviera que encontrar conmigo misma. Sola, sin nada a lo que agarrarme, ni ninguna puerta a la que llamar. A solas con la persona en la que menos había confiado en la vida, yo. Rota y sin nada con que pegar los pedazos, rodeada de gente que ríe porque no se da cuenta del inmenso dolor que noto en mi alma.

Aquello de lo que huyes te persigue.

Aquello que buscas ha salido a tu encuentro. 

Sólo necesitamos ser conscientes de quiénes somos y de si somos coherentes con nosotros mismos o no.

He he hecho lo indecible para no tener que mirarme a la cara y decir “Mercè, ahora estamos solas las dos, vamos a una”. Y no era solo eso, era admitir ante el mundo, aquel mundo que yo creía que siempre me miraba mal y no esperaba nada bueno de mí, que estaba en lo cierto. Que había acertado en su quiniela y era verdad, yo no era nadie ni servía para triunfar. Necesitaba “desnudarme” ante ese mundo que esperaba que fuera despiadado conmigo para darme cuenta de que incluso en la más absoluta desnudez no pasa nada, nadie puede hacerte daño si no te dejas, si no te crees, si te amas y respetas tanto que ninguna palabra puede arañarte…

He hecho todo lo que ha estado en mi mano para no tener que mostrar mi imperfección, mi vulnerabilidad, mi supuesta incapacidad para confiar en mí y me he convertido durante años en una persona “corriente” sin hacer aspavientos ni esperar nada excepcional de la vida… Era como si “portándome bien” y no esperando nada de magia en mi vida, un dios atroz y vengativo fuera a apiadarse de mí y me evitara pasar por delante del escaparate de mis miedos y enfrentarme a ellos…

Ilusa de mí… Porque ya lo sabía. Siempre lo supe. Todo llega y todo pasa. Cuánto más eludes algo, más te acercas a ello. Porque hay momentos que vivir y miedos que superar, hagas lo que hagas.

Si temes mostrarte, la vida te pondrá en el punto de mira.

Si temes decidir, la vida te obligará a tomar decisiones.

Si temes perder, la vida te hará perder tanto que al final no recordarás por qué te dolía tanto.

Si no lo haces, la vida te lo hace… 

Si temes que nadie te ame, pasarás largo tiempo olvidado por otros hasta que descubras el verdadero amor, ese que está en ti.

Cualquier necesidad de la que dependa tu estabilidad, seguridad y felicidad, se verá no satisfecha para que sepas que no es real, que no eres tu miedo, sino tu capacidad para sobrevivirlo.

Vas evitando pasar por esa esquina donde hay siempre algo que te recuerda que no estás haciéndote caso, que te dice que vayas ante lo que te asusta, que te enfrentes a tu vergüenza, a tu culpa inventada, a tu fantasma más terrible… Pero no lo haces, hasta que no te queda más remedio.

No se me ocurre en la vida nada que se pague más caro que la incoherencia.

La vida sabe que hay cosas que sólo estamos dispuestos a hacer en caso de desesperación. Sólo cuando el agua nos llega al cuello somos capaces de ceder y decidir que ya basta, que vamos a soltar y confiar. Solo cuando la alternativa es más terrible, nos sentimos con fuerzas para ponernos de rodillas y dejar el orgullo de lado, ceder y permitrnos ser libres, soltar el lastre y dejar de seguir intentando demostrar, figurar, parecer, recibir aceptación y reconocimiento… Sólo cuando no hay más remedio porque todo se tambalea, decidimos amarnos y ponernos de nuestra parte.

Y el momento llega. Podríamos dar el paso antes, pero somos tan testarudos que necesitamos caer hasta el fondo, hundirnos en el lodo más pegajoso para darnos cuenta de que nos hemos privado de sentir y notar la vida a través nuestro, que hemos evitado ese miedo, ese dolor, esa situación… Que hemos acumulado emociones en cada esquina de nuestro cuerpo hasta que han estallado. Que hemos inventado un personaje para que cuando otros nos miraran no pudieran vernos.

Toda la vida intentando evitar este momento en el que te enfrentas a tu miedo más intenso y lo notas, tiritas, te retuerces, caes, lloras y entras en un silencio rotundo y absoluto en el que puedes empezar a escucharte de verdad y ser tú. Puedes ser tú porque ya no importa nada, porque ya no te avergüenzas, porque en este trance has perdido ese miedo y te has vaciado de todo lo que acumulabas, porque has soltando tanto que el vacío que hay en ti se ha llenado de vida… Se ha llenado de ti.

Puedes ser tú porque lo has intentado todo y no te sirve nadie más y cualquier otra opción se ha demostrado fuera de lugar… Puedes ser tú porque no hay nadie más…

En ese momento, te das cuenta de que llevas tiempo en ese túnel, buscando una salida a tanta oscuridad, una luz que te guíe… Y descubres que la luz que buscas está en ti, muy dentro, pero necesitabas encontrarte muy apurado para encenderla porque mientras todo iba bien te dedicabas a ignorarla. Te ignorabas a ti.

El otro día alguien con quién comparto ideas y reflexiones en redes, Merche Pérez Miguel, me dijo algo hermoso… Cuando tocas fondo “sientes que ya no te queda nada y de repente de conviertes en absolutamente todo”. Un todo que no sabrías que está si no te quedaras a solas contigo, sin nada, en absoluto silencio…

No hace falta llegar a eso, la vida nos tiende la mano mil veces ante, aunque no lo vemos porque estamos ocupados intentando eludir lo que somos y sentir ese miedo que de forma inevitable llegará. Porque estamos pendientes de pelearnos para no aceptar lo que no nos gusta, sin saber que a veces lo que parece terrible es en realidad un regalo precioso.

A veces, la vida llama a tu puerta y no respondes porque tienes demasiado miedo de mirarla a la cara y ver con qué va a sorprenderte.

A veces, hay que tocar fondo para darte cuenta de que no eres tu dolor, tu miedo ni tus pensamientos más tristes, para descubrir que siempre habías estado arropado por la mejor compañía y nunca la habías tenido en cuenta… Para encontrarte a ti y existir sin más expectativa que vivir en paz…  Cuando eres lo único que te queda, no tienes más remedio que confiar en ti.

No te quepa duda, al final del túnel estás tú, sólo tú.

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La belleza que ves es la belleza que eres


 

 

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Estamos tan sujetos a nuestras creencias que no podemos ver lo que realmente importa. Necesitamos verdades absolutas a las que agarrarnos, plegarias que decir para suplicar que lo que tanto nos asusta no pase… Y cuando descubrimos que eso no existe, que todo se mueve y cambia, que no hay nada que no sea incertidumbre a nuestro alrededor y que aquello a lo que nos agarramos es en realidad arena fina, nos sentimos perdidos…

Buscamos donde no hay. Vivimos a través de frases escritas en las redes sociales donde alguien nos da una fórmula que se supone que es para todos la misma, que es infalible, que se aplica tanto si eres joven o anciano, si vives en Ecuador o en Islandia, que funciona tanto si tu problema es que no tienes dinero como si acabas de perder al que crees es el amor de tu vida…

Sí, es cierto, hay una fórmula, pero no está fuera, está dentro y no es fácil aplicarla. Puede serlo, no quiero ahora engendrar en ti y en mí otra creencia, pero a mí me ha costado mucho y me sigue costando… Es un gesto, una manera de vivir, una decisión… Amarse. Es tan simple y tan complicado a la vez. Simple porque se trata de que ahora decidas que todo lo que vulnere ese amor que sientes por ti y no haga que crezca salga ahora mismo de tu vida… Complicado porque no vas a hacerlo (¿o si?) porque todavía no estás al límite y no crees que el beneficio que esa decisión supone, pueda superar esta pegajosa sensación que tienes ahora (tenemos, me incluyo, no pasa nada, sin culpas ni reproches) en la que quejarnos y lamentarnos porque todavía no somos, creemos que nos compensa. Porque hemos convertido el lamento y el “casi, casi llegar” en algo cómodo y llevadero y no queremos renunciar a ello para vivir plenamente. Digamos las cosas por su nombre… No pasa nada, decirlo en voz alta calma y sosiega. Todos lo hacemos. En realidad, lo hemos hecho lo mejor que sabemos y no vamos ahora a exigirnos más sino a comprendernos hasta el fondo.

Porque mientras no te amas, nadie te ama y mientras no te aman como mereces realmente, tienes (tenemos) una gran excusa para ir por ahí a medias, sin comprometernos a nada de todo… Porque así nos podemos exigir un poco menos, que sería un alivio, y seguir buscando esa perfección que no existe y que un día nos va a romper en dos y nos va a parar en seco (sé de qué hablo). Y cuando alguien te reclama, estás de suerte, porque cuando no te amas, la vida no va bien, pero tienes la coartada perfecta cuando te comparas con otros (eres incomparable en realidad) porque tú eres ese o esa pobre persona que no recibe tanto como da, que no tiene suerte, que por más que haga no llega la recompensa… Y en ese ejercicio comparación insano y demoledor siempre tienes una excusa para medirte con otros y no ganar, para poder soportar que te miren y no te reprochen puesto que tu puesto de salida siempre está más lejos que el de los demás…

Sé qué haces, sueñas que un día saldrás desde el mismo punto que los demás. Te han dicho “Sueña… Persigue tus sueños” ya lo sé, yo también lo hago, lo hice pero es el sueño equivocado (no soy nadie para decírtelo ni sé nada, pero si sé lo que he vivido). Porque el verdadero sueño no es competir y llegar a la meta como hacen los demás, es descubrir tu propia meta y dejar de medirte y calcularte. Descubrir que ya eres, que ya vales, que no necesitas compararte ni demostrar. Sueña que llegas pero a ti. El sueño es la paz de saber que eres el ser más amado del mundo porque cuentas con la persona más increíble y extraordinaria a tu lado, tú… Lo más sólido a lo que agarrarte cuando vienen malos momentos eres tú, no hay nada más.

Todo lo demás son creencias y frases hechas, algunas mejores y otras peores, pero no son tú. Cree en algo que te abra la mente, el corazón… Algo que te diga que seas no que demuestres, algo que te invite a ser sin embarcarte en una carrera que no sea una aventura… Hazlo porque lo deseas y porque antes de terminar y llegar a la meta ya sabes que sea cual sea el resultado te hará feliz, porque no te estás midiendo sino disfrutando, porque estás ahí para contagiar esa belleza que acabas de descubrir que posees y quieres compartirla. Porque quieres ser maestro y alumno a la vez, porque ya sabes que aportas mucho al mundo y te abres a cambiar todo lo necesario para seguir amándote…

Esta semana me hice una pregunta ¿qué haría en caso de desesperación y no me atrevo a hacer del todo ahora? es una versión de la gran pregunta ¿que harías si no tuvieras miedo? puesto que cuando te desesperas, te descubres dispuesto a todo y borras tus límites… Justo en ese momento, descubres por qué la vida te ha puesto en esa situación, te está alentando a que hagas eso que hasta que el agua no llegue al cuello no estás dispuesto a hacer… Te arrastra a que dejes tus creencias limitantes de lado y existas sin tener que pedir permiso… Te pide que claudiques y cedas en el orgullo, no en la dignidad, ni en tu poder… Que renuncies a tus límites y miedos y a tus máscaras, no a tu ser, ni a tus sueños… Te dice “hasta aquí has llegado escondiéndote del amor que eres, ahora para seguir no basta con sucedáneos… Tienes que ir en serio contigo, comprometerte de verdad hasta las últimas consecuencias”.

La vida te pone al límite para que no tengas más remedio que confiar en ti. 

Puedes decir que no y seguir en esa espiral de angustia.

Puedes decir que sí… Y me gustaría decir que se abre el cielo y sale una mano enorme y te salva… Pero no, lo que pasa es que de repente, una capa fina de algo maravilloso te cubre y entra en ti y te empiezas a ver de otro modo… Eres la persona que ha dicho sí, que ha sido capaz de renunciar a lo que le estorba para ser ella misma y vivir en coherencia… Y eso te da mucha fuerza y poder, eso se parece tanto al amor verdadero que mueve montañas… Y descubres que la mano que sale de cielo es tu mano… Que si existe un dios o una energía creadora e inteligente (cada uno sabe si lo vive y lo siente, y lo llama como quiere) actúa solo cuando le das permiso porque lo hace a través de ti.

Y dejas de pedirle al mundo que te mire y te haga caso porque ya no es necesario… Te lo haces tú. Y todo se transforma porque tú eres tú.

Hay una fórmula infalible… Incluso yo te cuento una fórmula, fíjate, aunque no sé nada y me equivodo mucho mucho… Ámate por encima de cualquier circunstancia y situación, diga lo que diga el mundo… Ámate en el caos más absoluto y cuando te veas caer por el precipicio más profundo. Ámate cuando nadie te vea ni te diga que estás, que eres, que cuentas… Ámate cuando sólo veas belleza ahí a fuera y no en ti… Ama tu dolor, tu culpa inventada, tu vergüenza, tu miedo, tu desesperación y date cuenta de que sólo abrazándolos podrás librarte de ellos y reconocer que son la puerta de salida de tu mundo de sombras, que cuando aceptes que están y sepas que no eres lo que son descubrirás lo que eres… No eres tu sufrimiento, eres la persona que sabe usarlo y aprender de él para soltarlo de una vez…

La belleza que ves es la belleza que eres… Ya eres todo, sólo te hace falta mirarte y ejercer de ti mismo. Cuando consigues entender eso, todo da la vuelta… Y no importa que todo se tambalee, porque tú estás en ti, tú eres lo que habías buscado siempre.

 

¿Estás cansada guerrear? ¿Quieres de una vez por todas encontrar tu paz? Te acompaño y te cuento cómo yo estoy en camino de encontrar la mía… “Manual de #autoestima para #mujeres guerreras aquí. No desaproveches esta oportunidad y permítete lo que mereces. 


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Como si ya fuera realidad


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Vamos a ser de verdad y dejarnos de “vender” lo que no somos. Y con esto no me refiero a no confiar en nosotros ni en nuestras posibilidades, ni en dejar de visualizarnos siendo lo que soñamos, ni dejar de sentirnos capaces… Soñemos, por favor, al máximo, pero no perdamos el norte ni la substancia que nos hace humanos.

Nuestra grandeza no está en parecer sino en lo que ya somos, en ser capaces de vivir a través de lo que nos rodea sin necesitar que sea de otro modo... En ser capaces de bailar con la vida cuando nos toca la canción más triste. Sin queja contínua pero sin tener que ir demostrando todo el rato que somos algo que no somos, sin construir una realidad paralela para que otros hurguen en ella…

El otro día una mujer sabia que me da grandes consejos siempre sin pedir nada a cambio,  María A. Sánchez, me recordó que la única forma es llegar es ser ya desde este momento esa persona que sueñas. Me dijo que actuara y sintiera “como si”“como si ya fuera realidad” (As if) para integrar en mi vida lo que tanto busco… Eso es tanto como decirme que deje ya de buscar porque lo que busco está en mí… Llevo unos días dándole vueltas a la idea (yo siempre doy tantas vueltas a todo que al final se me desdibuja en la mente y se vuelve tosco, triste)… Podría llegar a convertir “Sonrisas y lágrimas” en “El resplandor” si me das una tarde en casa y un pensamiento ofuscado.

Imaginad cuánto poder tenemos para convertir en porquería nuestra vida a partir de un solo pensamiento… Y no es que todo dependa de eso, claro, pero vemos lo que decidimos ver a partir de nuestras creencias. Eso hace que tengas delante una oportunidad y solo percibas un obstáculo…

Lo de vivir tu sueño y actuar “como si ya fuera realidad” es una herramienta muy poderosa que me ha costado mucho comprender. Yo que siempre soy tan transparente sufro como una hoja en plena tormenta al mostrarme fingiendo que todo va bien cuando por dentro pienso que estoy al borde de la debacle, no me va eso de hacerme fotos con el traje de noche mientras todavía llevo las zapatillas porque en realidad me quedo en casa… Pero es que eso de actuar “como si” no consiste en hacer postureo en las redes y fotografiarse sonriendo mientras por dentro te mueres de pena o acondicionar una parte de tu casa para que parezca un lujo asiático mientras hacinas en el otro lado todos tus trastos… Actuar “como si” es sentir que puedes, que mereces, que ya está en ti toda la fuerza y poder que necesitas para actuar y conseguir, tal vez no lo que quieres porque no sabemos casi nada de lo que realmente necesitamos, pero sí lo que te llevará a desplegar tu potencial y estar en paz.

Actuar “como si” es reconocer en ti la persona que ante el muro trepa el muro, lo salta, lo rodea o lo convierte en un lugar de referencia para crear algo hermoso… No hace falta a veces derribar nuestros obstáculos, a menudo podemos usarlos para decorar nuestros sueños y convertirlos en catapultas para lanzarnos más allá, en el mobiliario de nuestra nueva oficina, en el lugar donde edificamos nuestra nueva vida.

Actuar “como si” es saberse ganador sin tener que competir, saber que estás de tu parte siempre, incluso cuando fallas porque sabes que tus errores son necesarios… Porque tus errores son un peldaño más en esta escalera que subimos todos para descubrir que en el fondo, antes de empezar a subirla, ya lo teníamos todo pero éramos incapaces de verlo porque cargábamos un lastre enorme de culpas inventadas, miedos atroces, emociones por sentir y comprender, creencias rígidas y dogmas absurdos.

Actuar “como si” no es nada que se vea o se huela o se toque, aunque irremediablemente acaba tocándose y percibiéndose con los sentidos porque todo lo que te transforma por dentro más tarde o más temprano se ve ahí afuera… Donde no hay nada, en realidad, más que el espejo de lo que hay en ti y los espejos de todos los que nos rodean.

Actuar “como si” es mirar dentro y dejar de buscar respuestas fuera, dejar de esperar que llegue un salvador que te arregle la vida (no significa no buscar ayuda, soy la primera que recomiendo al menos una vez cada día a alguien ir al psicólogo). Significa saber que el gran hacedor de cambios en tu vida eres tú y dejar de llamar a puertas esperando una limosna esperando piedad para empezar a decir en voz alta “estoy aquí y puedo aportar” y ver como esas mismas puertas se abren.

Hay que ser de verdad para conseguirlo. Y eso implica conocerse y encontrarse en dolor acumulado y decir basta y saber que no eres tu dolor, ni tu miedo, ni tu rabia, ni tu asco, ni esa culpa enorme que se pone cada día más gorda y oronda porque la alimentas a base de creer que mereces la porquería que encuentras.

Seamos de verdad, pero no quejándonos de lo que todavía no somos (yo lo hago, no te preocupes) ni falseando lo que vivimos.. Seamos de verdad por dentro, admitamos lo que nos perturba, lo que nos conmueve, lo que nos paraliza y limita, lo que nos asusta, lo que nos hace sentir una envida inmensa, lo que estamos evitando y lo que cada día nos hace tropezar. Seamos de verdad, observemos lo que pensamos y decidamos que no somos esos pensamientos ni esa punzada en el pecho inmediata, ni esa sensación de revolcarnos cada noche en la misma porquería cuando parece que todo falla y a pesar de los esfuerzos no cambia nada…

Quiero ser de verdad… Ayer me hundí y durante tres horas no vi nada más que esa porquería, ese dolor, ese miedo, esa necesidad de salir a flote. Durante algunos de esos minutos de las tres horas o más (el tiempo es relativo y me pareció una eternidad) no fui más que mi sombra, mi asco, mi sufrimiento… No vi más que la película de mi vida distorsionada y manipulada por la más grande de las manipuladoras que he conocido… Mi mente, mi ego, yo misma… Mi gran enemiga, mi gran aliada… Un dolor de cabeza atroz me golpeaba las sienes mientras unos tambores de guerra que sonaban a difuntos cantaban un himno terrible que me decía “nunca consigues nada”.

Aunque no es cierto… Esta mañana, al notar mi dolor macroimpulsado, mi cabeza golpeada por mis pensamientos lúgubres y mis articulaciones inflamadas me he dado cuenta del gran poder que tengo… Si puedo convertir mi futuro en una tragedia en el presente, si puedo crear toda esa basura gracias a mis pensamientos, si puedo generar un dolor de cabeza inmenso, es que puedo crear a pesar de todo…

Sólo tengo que aprender todavía más a gestionar mis pensamientos y emociones. Sólo tengo que aprender a usar a esa magia a mi favor y no en mi contra… Sólo tengo que poner a la gran manipuladora de mi parte y abrazar a la enemiga para que sea mi gran aliada… Y dejar de alimentar a mi ego con esa carnaza inmunda para que deje de contarme historias de terror y de pedirme explicaciones porque todavía no soy lo que sueño… Para que deje de culparme por todo y de subirme tanto el listón.

Sólo tengo que hacer lo que he hecho siempre… Coger ese dolor y transformarlo en algo hermoso, en algo mágico, en la puerta de entrada a ese yo que llevo dentro y clama por salir, que grita mientras los tambores suenan y me dice “no te preocupes más Mercè, ya lo tenemos todo, vamos a vivir”.

Este camino no está siendo fácil. Seguramente porque hace siglos que el ego gordo e inflado así me lo dice y yo me lo he creído y cumplo, puesto que soy una cumplidora nata que busca aceptación por los rincones, para tapar en enorme vacío en su interior de aceptación propia. No ha sido fácil,  pero todo puede cambiar ahora y decidir que el camino se allana… Tenemos tanto poder, en realidad, y lo usamos para ponernos la zancadilla, para limitarnos a vivir en una burbuja.

Esta es mi verdad… He aprendido mucho pero no todo está integrado en mí y a menudo el miedo me vence y me acorrala y no temo decirlo porque sé que eso no me hace mejor ni peor… Porque sé que reconocerse vulnerable no te hace débil sino fuerte, porque decir alto y claro que no puedes con todo no te convierte en inútil sino en alguien sincero, de carne y hueso, con matices, con ganas de aprender y crecer… Ya lo ves… A veces lo hago bien y otras me equivoco. A veces (cada vez más) estoy de mi parte y otras manipulo la vida para fastidiarme. Esta es mi verdad, esta soy yo y lo digo en voz alta. Y decido actuar “como si” desde dentro hacia fuera.

Tú también eres de verdad y en esa verdad están tu poder y tu fuerza.

Basta de “postureo emocional” y de fingir lo que no somos… Nuestra verdad va a salvarnos de nosotros mismos. Las evidencias de ello están en todas partes. El amor está en todas partes y el dolor también. Hay que aprender a usar a ambos para cambiar tu vida…

A pesar de mis dudas, he aprendido mucho… Te invito a leer un poco de mi último libro, va de amarse y conseguir que ese amor cambie tu vida… Haz click aquí 


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Un solo corazón


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“No se puede tener un corazón para el amor y otro para el odio” eso leía en voz alta Luís Castellanos dando voz a Svetlana Alexievich el pasado jueves hasta que me saltaron las lágrimas… Nada tan cierto, la vida es tomar decisiones. Decidir si estás aquí para construir o para destruir, si te apuntas a perdonar o a mantener viva esa llama que todo lo devora cuando el rencor te llena… Si quieres ceder o tener la razón en la soledad más absoluta, si te resistes a lo que es o te dejas llevar a ver qué pasa… Me dijo Luís el otro día (tuve la suerte inmensa de comer con él y con otras personas maravillosas) que todo está en la mente. Si tengo que decir la verdad, a pesar de estar muy de acuerdo, yo siempre he creído que hay algo más (tal vez la forma más apropiada de expresarme sería decir que he sentido, porque lo que creo quizás forma parte de esa gran inventora que hay en mi cabeza y que a veces por la noche me cuenta historias para no dormir y me las creo). Y quería hablar de ese algo, de lo que siento, aunque tengo que decir que eso tal vez sea una invención más de mi mente imparable que siempre maquina.

Todo es mente. Si creo que es posible, lo es… Aunque eso no haga que pase, no todo pasa, ya lo dije y ya me da igual que algunas personas se enfaden, les deseo lo mejor incluso si  todavía no lo han pensado o imaginado, igualmente no depende de mí, mis palabras no pueden abrirles o cerrarles puertas, tan sólo lo que ellos hagan con mis palabras lo hará… Aunque para que exista primero hay que imaginarlo, cierto. Hay que hacer los planos y comprar la idea ahí en tu cabeza, hay que creer que somos capaces e ir a por ello. La primera parte de esto es la más importante, la otra, una vez crees, llega casi sola…

Lo que sucede es que todo lo imaginamos desde una mente dormida, una mente que mira y no es capaz de inventar porque se niega a sí misma lo que es, su capacidad para crear, para ver, para imaginar algo más de lo que se sale de la rutina… Dibujamos con el mismo lápiz en nuestra cabeza a pesar de tener todo el estuche de colores… Creas lo que crees, dicen, pero es que crees que hay poco, que está sucio, que no sirve, que es feo, que jamás llegarás… Creas lo que crees a partir de como te ves a ti mismo… Y el mundo que nos rodea se convierte en una imagen fiel de lo que no nos damos ni permitimos. El más cruel y necesario de los espejos…  Uno vive a través de lo que se imagina que es, lo que ve, lo que percibe. Hace un rato decía María Jesús Giménez Caimari en Facebook, de forma acertada, desde mi perspectiva mental y parcial seguramente,“escribes “me gusta la lluvia” y hay gente que piensa que escribes eso porque a ella no le gusta la lluvia. Porque estás ofendida, porque le envidias, porque yo que sé. Hay gente que ve daño en un “no me gusta el café”. Y es verdad, mi verdad, vemos la vida a través del embudo de nuestras creencias y lo que pensamos que es acaba siendo para nosotros… No es que sea, es que así lo percibimos. Cuando sales a la calle ofendido con la vida todas las personas con las que te cruzas te ofenden, aunque te sonrían y atraes toda ofensa posible… Y esto se puede explicar desde la psicología, desde la antropología, desde la física cuántica, desde la espiritualidad y desde las recetas de mi abuela que decía eso de “tú tómatelo todo con buena cara, niña”.

Vamos por la vida sin sentir lo que somos y lo que llevamos almacenado dentro y necesitamos sacar toda esa basura que llevamos agolpada, esperando turno para ser vomitada, quemándonos las garganta, el pecho, el estómago, retorciéndonos los dedos de las manos… Y si no sale, pudre, quema, araña, explota, supura… Y vemos a alguien que sonríe y nos duele su sonrisa porque no es la nuestra… Y vemos a alguien que llora y nos llora porque nos recuerda que tenemos tanto llanto acumulado que ya es insoportable…

¿Sabéis una cosa? A veces, cuando me dicen que estoy guapa me rompo por dentro porque me ofende, me golpea, me aturde… Porque no me siento guapa y creo que no puede ser verdad, que se ríen de mí, que esperan que lo sea y les decepciono … Aunque cuando lo dice un buen amigo, te das cuenta de que eso no puede ser y entonces una marea de lágrimas me sacude por dentro y me siento en una tierra de nadie en la que noto que el mundo ve algo en mí que yo soy por ahora incapaz de percibir… Comos si estuviera desnuda por más que me cubriera, como si nunca hubiera llevado la máscara que hace tiempo me puse para poder sobrellevar mi absoluta imperfección. Como si no tuviera más remedio que enfrentarme ya con la insufrible verdad de que me queda mucho recorrido por hacer en mi interior hasta llegar a mi esencia.

Vemos el mundo tal y como nos han dicho que era, como lo construimos a partir del dolor que almacenamos, a través de las rendijas que nos deja libre nuestra mente asustada y atada a las creencias. Es ella la que hacen que nuestras pupilas se posen en el dolor y no en la belleza y vean la ofensa y no la sonrisa… La que hace que vean mis lágrimas en lugar de las lágrimas de los demás.

Si ignoras tu dolor te conviertes en una ser incapaz de comprender el dolor de los demás. Si no te escuchas, te conviertes en un ser incapaz de escuchar… Si no hurgas en tu basura, cada persona a la que mires te recordará ese trabajo pendiente… Vemos lo que creemos ser y lo que llevamos tiempo escondiéndonos esperando a que no sea, a que desaparezca…

No va a desaparecer. Se hará más grande, más intenso, más omnipresente. Lo invadirá todo hasta que no te quede más remedio que aceptarlo y acurrucarte a su lado y descubrir que no eres eso… Que no hay ofensa sino en tu necesidad de sentirte ofendido porque te crees digno de serlo… Porque no te amas suficiente. Porque llevas demasiado tiempo esperando el momento oportuno para hacer los deberes.

Yo también lo hago. Me aparto para más tarde. Me olvido de mí. Me invado la vida con esa sombra, con esa basura pendiente porque no me siento con fuerzas para enfocarla, para poner luz en esa oscuridad, para abrir la puerta de mi habitación de los recuerdos que arañan y salpican… Y mientras, me arrastro malviviendo sin ser, sin notar, sin ver el amor porque el rencor se me come las buenas ideas… Porque mi basura por revisar y tirar pesa demasiado ya y huele cada vez peor.

Si no sientes lo que tienes pendiente no piensas con claridad.

Si no piensas con claridad no creas nada hermoso.

Piensa sin culpa porque te has liberado de esa culpa. Piensa sin ataduras porque has descubierto que no te las mereces.

Siente lo que tienes pendiente y revisa tus creencias porque necesitas darte la oportunidad de mirar a la vida como lo que es, no como lo que esperas, no como te ves a ti.

Vemos a los demás como nos vemos a nosotros y una vez definimos esa versión de lo que somos, nos limitamos a esperar que no vida nos la ratifique y siempre lo hace, claro, porque el parámetro que usamos para medir su respuesta es el mismo embudo con el que miramos la primera vez…

Y toca decidir. Si somos lo que creemos que vemos o nos permitimos mirar más allá, si nos concedemos el honor de abrir la mente que todo lo crea y nos creamos una puerta grande por la que salir de nuestra oscuridad.

Y creer que cuando te dicen que estás guapa, en algún universo posible, esa persona te ve así y quiere que lo sepas y lo sientas… Y que en algún momento, cuando seas capaz de abrirte a ese universo que no es el que habitas sino el que otro ha imaginado podrás entrar en él y quedarte si quieres.

Y no hará falta que la sonrisa que ves sea para ti, ni ofensa ni reconocimiento, tal vez no sea nada, pero podrás escoger. Y cuando veas a alguien llorar, puesto que habrás encontrado el dolor que llevan impregnado tus propias lágrimas, podrás ver al que llora con la compasión que merece sin que su llanto seas tú… Y podrás elegir si va contigo o no…

Nuestra mente está ahí para que sobrevivamos pero nos juega malas pasadas como una madre superprotectora que no nos deja salir a jugar con el patinete porque el suelo está mojado o la madrastra que no nos permite ir al baile… Pero nosotros no somos nuestra mente y podemos decidir si nos quedamos con esa versión de la historia o nos abrimos a vivir otras versiones… Y eso no se consigue, creo yo desde mi mente que sueña con abrirse, sin sentir lo acumulado y remover lo que tanto nos asusta. La consciencia necesita de todo lo inconsciente para liberarse y permitirse vivir sin ataduras.

Para pensar hay que sentir.

Y una vez pensamos libremente, podemos decidir con qué corazón vivimos… Porque “no se puede tener un corazón para el amor y otro para el odio”, sólo tenemos un corazón… Tú decides para qué lo usas.

 

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5 comentarios

Hola mundo


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Hola mundo,

te escribo porque finalmente he comprendido que no puedo hacer nada para salvarte y voy a dedicarme a salvarme a mí. Me ha costado mucho darme cuenta, lo sé, pero ahora lo tengo claro… No puedo seguir desgastándome más mirando fuera porque lo que realmente tiene que cambiar está dentro. He consumido tanta energía buscando fantasmas y culpables que no me quedaban fuerzas para tomar las riendas y vivir. Voy a serte más útil si me centro en mí y cambio dándome de golpes contra el muro y queriendo que cambies tú… Porque eso no va a pasar. Mi única oportunidad de que  cambies es cambiar mis ojos sobre ti, mirarte con amor, comprenderte y abrazarte en toda tu inmensidad… Lo lo más dulce y lo más amargo que hay en ti, en lo más duro y lo más maravilloso…

No voy a batallar más ni a reprocharte nada, porque lo único que consigo es hacerme cada vez heridas más profundas. Me pierdo intentando que no te pierdas y me hundo intentando sacarte del agujero profundo en el que estás… De hecho, yo estoy en ese mismo agujero y te miro a ti y te culpo por no salir a flote cuando ni yo misma soy capaz… Y es porque miro a mi alrededor buscando respuestas cuando en realidad están todas en mí.

He mirado dentro de mí al fin y he visto que la solución a todos tus problemas es que te deje en paz… Que me solucione yo, que me dedique a mí , sin intentarlo, sea un ejemplo de lo que quiero ver en ti, de lo que espero encontrar… 

Por favor, comprende, no me refiero a pasar de ti ni vender mi conciencia, hablo de dejar de necesitar que todo en ti cambie y empezar a cambiar yo, que falta me hace.

Me he dado cuenta de que la única forma que tengo de ver en ti la belleza que a veces no encuentro es amarte. Que la única manera de encontrar lo que deseo en ti es convertirme yo en ello, ser lo que necesito encontrar.  Me he pasado la vida pidiéndote que no seas como eres, que las personas que hay en ti dejen de hacer cosas que yo mismo he hecho y que un día creí que nunca me podría perdonar, aunque no es cierto…

Ahora, sin embargo, voy a dejarte en paz y no esperar nada de ti ni de nadie. Voy a mirarte con ojos llenos de paz para ver tu paz… Voy a mirarte con ganas de encontrar luz, para ver tu luz… Y cuando no encuentre paz ni luz lo seré yo hasta donde sepa.

He sido muy testaruda al pensar que podía darte lecciones de lo que está bien o está mal. Te he juzgado tanto que me he salpicado con mis críticas, he sido incapaz de ver lo bueno que hay en ti porque estaba amargada sin ser capaz de ver en mí lo que en ti busco… He querido que las personas cambiaran, menuda osadía, como si mi visión de la vida fuera la correcta, la única posible, la que todos debían seguir… Y ahora me doy cuenta de que incluso lo que me parece más terrible puede que en otro de los mundos que conviven con el mío tenga algún sentido…

No voy a mentir. Hay muchas cosas en ti que no me gustan, que me duelen, que me arañan. Cosas que no comprendo y que afectan a seres humanos que sufren por ello y a mí su dolor me causa dolor… No soporto a veces las sacudidas que la vida nos trae y me cuesta aceptar que mucho de lo hermoso perezca a favor de algunas barbaries a las que no encuentro sentido… Me corroe que la vileza llegue a menudo a la cima y la bondad se quede por el camino. A veces lo bárbaro suplanta lo inocente y lo oscuro se traga lo puro y sincero, pero ¿quién soy yo para decir qué está bien o está mal? ¿Con qué derecho permitirme poner etiquetas a todo y levantar o el pulgar ante lo que según mis ojos merece la pena? Cuando te etiqueto, me etiqueto… Cuando te odio, me odio porque parte de lo que eres es lo que soy y consiento, permito, dejo que pase, asiento cuando se muestra ante mí. Lo injusto a veces pasa no sólo porque los injustos lo hacen, sino porque los justos lo toleran y permiten. Cuando señalamos con el dedo, nos quedamos prendidos en el juicio y nos convertimos en parte de él. ¿Qué es injusto, en realidad? hay tanto dolor que no conocemos y tanta dicha por surcar… Hace mil años que ya no odio nada ni a nadie porque nada destroza tanto por dentro como odiar…

Perdona mundo… Perdona vida… He sido arisca y osada. He sido poco generosa… Tenía tanto dolor acumulado en las entrañas que necesitaba decirte que eres horrible porque yo me sentía así… Veía en ti necedad porque yo era necia… Encontraba en ti injusticia porque yo no podía soltar mi rabia y eso me hizo injusta a veces, sobre todo conmigo misma. Y sigo viéndolo, pero ahora comprendo que no sé nada y que por más que batalle con algunos monstruos esos monstruos siempre van a devorarme… Porque me los he inventado yo… Porque sin darme cuenta y saber cómo a veces el monstruo soy yo y hay alguien luchando siempre contra mí y no soy capaz de darle la vuelta a la historia…

A veces no me gustas mundo, no me gusta nada, pero ya no voy a pelearme contigo ni con tu gente, porque por más que tape un agujero, saldrá otro y otro… Voy a hacer cuanto esté en mi mano para no acrecentar tu dolor ni añadir una nueva injusticia a tu larga lista de momentos terribles, pero no voy a juzgarte más… O al menos voy a intentarlo… Quiero centrarme ahora en mí, en ser mi versión más libre y pura, la más inocente y amable, mi yo más desnudo y auténtico, mi ser más sublime… Voy a amarme porque así podré amarte como eres, sin peros ni comas, y sólo así al verte podré encontrar el amor y dejar de lado el odio…

Porque cuando yo sea amor, tú serás amor. Porque si me amo como merezco podré amarte como mereces y tal y como eres. Porque si me acepto, aceptaré tus horrores más ocultos y podrá abrazarte cuando estés a punto de reventar y colapses de tanto asco y llanto almacenados… Porque si me comprendo y estoy de mi parte, cuando las personas que te habitan vengan a mí muertas de miedo y rotas, podré besar su dolor y aceptar tus heridas sin reproche, sin mirar con miedo y con lupa, sin pedirles explicaciones… Porque si me perdono a mí por no haber sido como creí que debía, es inevitable que te perdone por  no haber sido como creía que debías…

Voy a amarte mundo, sin condiciones, a ti y a tus criaturas más salvajes. Y lo haré a través de mí, siendo mi yo más honesto y amándome mucho…

Voy a amarte tanto como el amor que merezco…

Voy a amarte con todo el amor que soy.

Y cuando te mire, veré el amor que eres y a partir de ahí vamos a construir algo nuevo y definitivamente hermoso.

Gracias mundo.

 

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