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la rebelión de las palabras


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Sueños prestados


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Nunca es nuevo lo que vemos, porque miramos siempre lo mismo y de la misma forma. No vemos lo que es, sino lo que esperamos ver, lo que hemos aprendido a ver y a imaginar… Lo que nos han dicho que debíamos. Vemos lo que somos y nos movemos poquito, para no hacer ruido y romper el mundo que nos mantiene en pie. Nos sentimos como un secreto guardado, como un álbum de fotos viejo, como un hogar en desuso de esos en los que ya sólo viven palomas… 

Pensamos que miramos al futuro, pero vemos el pasado.  Lo que creemos nos ha filtrado la realidad para que proyectemos siempre pasado cuando pisamos el presente, para repetir situaciones y atraer siempre las mismas circunstancias a nuestras vidas. No paramos de repetir, en bucle, porque no aprendemos, porque pensamos siempre lo mismo y encontramos las mismas soluciones a nuestros dilemas eternos . Es como si cuando éramos niños nos contaran siempre en mismo cuento y esperáramos que tuviera un final distinto. El pasado pesa y se prolonga, se arrastra, proyecta su sombra en nuestras pupilas, en nuestras relaciones, en nuestros calcetines… Nos espera al pasar por la fuente camino a casa y se acuesta con nosotros en la cama cada noche. Está en la rebanada de pan del desayuno y es en el asiento de al lado cuando subimos al tren. Nos sujeta las bolsas cuando regresamos del supermercado y nos acaricia la nuca cuando nos sentamos en el sofá después de un día largo… Siempre está porque no lo soltamos. Su recuerdo nos lastra cada paso… Nos ponemos zapatos nuevos, pero escogemos el mismo camino… Encontramos un nuevo amor, pero le amamos a la vieja usanza, como siempre, esperando que nos resucite y nos devuelva la vida que en realidad nunca tuvimos porque no nos soportamos. Iniciamos un nuevo juego, pero hacemos las trampas de siempre porque no soportamos la posibilidad de perder aunque sea como aprendizaje…

En un alarde de valentía, soltamos el equipaje más pesado y luego buscamos como locos en las estaciones y en los bares un nuevo fardo que abulte lo mismo para poder cargarlo y seguir lamentándonos…

Todas las canciones nos recuerdan que ya no nos ama, porque no nos amamos.

Todos los sueños que usamos para motivarnos son prestados o carecen de magia.

Hurgamos entre nuestros monstruos y sacamos alguno a pasear a ver si se va y nos deja tranquilos, pero luego buscamos otro que lo remplace, a poder ser aún más feroz y más feo.

Compramos ese vestido que nos tiene que cambiar la vida y lo dejamos en el armario. Leemos ese libro que nos han dicho que zarandea conciencias y lo dejamos a medias, como nuestra vida.

Viajamos a ese lugar apartado del mundo donde esperamos oír nuestra voz.

Nos perdemos usando palabras nuevas que hemos robado de un vídeo que cuenta como volver a empezar… No nos llegan, no nos invaden, sólo nos perturban porque arañan nuestros valores gastados que ya empezamos a ver que no nos definen pero no lo admitimos porque nos duele.

No acariciamos nuestros sueños, porque no son nuestros y pensamos que nos vienen grandes, porque somos pequeños y nos sentimos vacíos.

Alquilamos una sonrisa a ese personaje que soñamos que somos y la colgamos en facebook para que el miedo se pase, pero siempre se hace más grande a la espera de un like. No hay likes suficientes para quien necesita que el mundo le apruebe. 

Nos tatuamos algo que nadie comprende para tener una parcela que nadie pise ni se atreva a juzgar… Y luego criticamos sin piedad a los que como nosotros suplican compasión y llaman la atención contando sus miserias sin que nadie les pregunte…

Somos un amasijo de quejas siempre pendientes de lanzar al mar. Un milagro que no sabe que es milagro y sólo ve su sombra porque teme brillar.

Nos gusta creer que lo que deseamos es imposible, porque buscamos castigo por nuestra innata imperfección y nuestra culpa heredada ya nadie sabe por qué. Nos alejamos de lo que amamos porque nos asusta brillar. 

No hay tumbas para los amores imposibles y uno se ve obligado a llorarlos en silencio y eso los hace más idílicos, más platónicos, más grandes de lo que nunca fueron…

No podemos ir a llorar al niño que fuimos, porque no sabemos donde le encerramos en nuestro afán por esconder nuestra oscuridad… Y cuando anochece, oímos que llora desconsolado y nos pide que vayamos a verle pero nunca le podemos encontrar. En el fondo, sabemos dónde… Está justo en ese recodo del pasado donde nunca miramos por miedo a no poderlo soportar.

Nos ahogamos en mares ficticios y nos olvidamos de que nacimos para volar.

Tenemos tanto miedo a no hacer la foto y poder mostrarla que nos perdemos el paisaje y el viento que nos cruza la cara y nos hace sentir vivos.

Nunca encontramos nada nuevo porque miramos al mismo rincón. Porque nuestros ojos cansados viven encerrados en un perpetuo ensayo general de la vida esperando empezar la función.

Somos autómatas que esperan la señal para ponerse a bailar. Nos arrastramos cansados buscando una oferta que nos calme la sed y nos ponemos tristes cuando solo encontramos saldos que no nos consuelan ni hacen vibrar. 

Esperamos tanto de todo que nunca llega, nunca llena, nunca está. Porque se supone que tiene que venir a ocupar un hueco que nos atraviesa por el que siempre se cuela el viento helado y nos recuerda que estamos incompletos y que somos diminutos… 

No podemos ir a llorar al adulto que ahora somos y que se atraganta buscando su felicidad porque le tenemos encerrado en el fondo de un abismo de mensajes y sentado en un sofá.

Siempre es de noche cuando no eres capaz de sacarte de dentro la noche.

Siempre es mentira si no eres capaz de decirte toda la verdad.

A veces, te ronda la extraña idea de que estás muerto, porque no te notas… Te mataste con silenciador para no molestar a este mundo que has inventado tú y que sólo quiere que te hagas selfies y consumas algo que te haga olvidar.

Ya lo sabes, pero no te gusta admitirlo. El mundo no calla por lejos que marches.

Los vestidos nunca te cambian la vida.

El antídoto a todo esto es tan sencillo que te hace desconfiar. Para y empieza a respirar. No hagas nada que no sientas. No calles nada que te corroa. No bailes ninguna música que no sea la tuya.

Empieza otra vez. Mira hacia otro lado. No des nada por hecho, nada por sabido, nada por dogma ni verdad. No te fies de tus ojos si ves lo de siempre. No te fies de tus oídos si siempre escuchan la misma voz… Olfatea la vida y toca sin pesadumbre, la vida está para manosearla y hacerla rodar…

Si te pones la misma ropa, soñarás el mismo sueño y volverás a decirte que no. Desnúdate y anda sin ataduras mientras todavía no sepas qué te quieres poner.

No te obsesiones por ser tú mientras no sepas si ese tú eres tú de verdad. 

No sueñes el sueño de otro, ni subas a sus cimas, ni bailes su música, ni camines por sus atajos porque para ti puede que sean un rodeo.

Sacúdete el miedo amando tu miedo. Sacúdete la rabia amando tu rabia, maestra suprema para poder conocer cuáles son las piedras en tu zapato y los muros en tu camino. Supera cada error con un error mayor. Besa tus debilidades y agradece tus demonios porque te llevarán a dónde sueñas llegar.

Y cuando no sepas quién eres, entonces estarás en ese punto en el que puedes empezar a crear y sentir.

Lo que has vivido hasta ahora es el pasado el pasado, un tiempo prestado y remoto en el que te asustaba vivir.

No hay lugar donde llorar por los besos que no hemos dado ni por los que dimos a la persona equivocada… Será porque los errores son en realidad regalos por abrir y estrenar.

No hay milagros para quién no cree en milagros, no porque no estén a su alcance sino porque no podrá verlos.

No lo sabes, pero hasta ahora tus sueños eran prestados y viejos…

No lo sabes, pero has estado viviendo en círculo… 

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Si hablas contigo esta noche…


Cuando te quieras, no importará la noche o el día. No importará la lluvia.

Te dará igual si miran, si hablan o bostezan, porque sólo sentirás la risa que invade tus esquinas… Sólo notarás que creces, que te expandes y te haces gigante… Que pierdes apego a la gravedad y llegas tan lejos que das la vuelta a tu mundo…

Porque el mundo será enorme, pero te cabrá en el bolsillo.

Si hablas contigo, usa palabras hermosas… Que sepas que te buscas, que te tienes en cuenta, que te importas…

Y sentirás que bailas, aunque no bailes.

Y sentirás que vuelas, aunque sólo camines.

Y sentirás que te acompañas.

El tiempo se comerá los rostros de los duendes amargos y pintará las barcas viejas que esperan en la arena para que puedan volver a navegar.

Y sabrás que lo necesitas para seguir lo llevas dentro, que no hay camino por largo que sea que te canse ni temor que te frene…Ni mar que te lleve a más deriva que la deriva que sueñas.

Porque si te amas, estallas de vida, porque si te amas, en las paredes sin luz aparecen ventanas…

Si hablas contigo, cuéntate cuentos y cántate nanas.

Y no importará si suena la música o si el mundo calla.

Si los relámpagos dibujan tus cicatrices en el cielo o si lo hacen las sábanas vacías que buscan acariciar tu cuerpo dulce y templado.

No importará si la noche está vacía o si brilla la luna, una tan enorme como esta luna… Una tan brillante como la que llevas dentro.

Si hablas contigo, recuerda todas tus batallas, las ganadas y las perdidas, todas cuentan excepto las aplazadas…Deja salir el viento acumulado que llevas dentro y las lágrimas que te quedaron prendidas mientras luchabas.

Cuando te quieras, romperás los cerrojos que esconden tus más grandes fortalezas… Borrarás tus recuerdos amargos y sólo quedará  la lluvia suave que cubrirá tu calle de vida y tu cabello de terciopelo mojado.

Cuando te quieras, sabrás tantas cosas que ahora desconoces que necesitarás contarlas…

Y ya no cabrá tu alma gigante en ese cuerpo de niña salvaje, ni podrás almacenar tu risa chillona en tu pequeña garganta.

Saldrás al mundo a contar historias y a abrazar con tus palabras.

Si hablas contigo esta noche, ten paciencia. Llevas mucho viento en el pecho y mucho dolor en la espalda…

Son las alas, que cuando se despegan por primera vez antes de volar, arañan.

Si hablas contigo esta noche, imagina que te amas… Y verás como todo cambia.

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Un futuro sin excusas


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Llegó vestida de lluvia y con esa cara que sólo tienen los que han ido a vivir a sus sueños y han vuelto. Sus ojos impregnaron de vida tu vida. Su manos cubrieron de caricias tus ansias, sembraron en tu mirada las ganas de ir vivir, de explorar, de sentir… De encontrar aquel lugar del que ella venía y que tú no habías sido capaz de encontrar. Porque buscabas fuera lo que llevabas dentro… Porque te asustaba tanto encontrar el camino a tu felicidad que huías cuando intuías que estabas cerca… Porque te daba miedo descubrir que conseguir lo que querías estaba en tu mano…
Porque hasta ahora te habías limitado al culpar al mundo de no ser, de no tener, de tanto llorar. Y ahora ella venía decirte “tú decides” y la cabeza de daba vueltas sólo con pensar que habías rozado tus sueños con la punta de tus dedos y no habías sido capaz de asumir esa responsabilidad…Porque te daba terror darte cuenta de que para que alguien te amara deberías haberte amado antes tú…
Ella te dijo “no acumules lágrimas, acumula pasos” y te dio la mano para guiarte en ese camino que tenías pendiente… En esa senda que llevaba a ti mismo… A ese tú más libre, más sereno, más dueño de sus días y sus pasos… Ese tú lleno de errores pero de errores sabios. De actos impulsivos y un poco locos, de acciones imprudentes que llevan a situaciones imprevistas y soñadas, a lugares donde nunca has estado porque hasta hoy no has hecho nada que no estuviera programado…
Ella te dio las ganas. Ella te regaló las riendas… Tú pusiste el pie en tu camino y echaste a correr para no tener vuelta atrás, para no poder arrepentirte, para no poder regresar si te arrepentías…Tenías tanto miedo de perderte y no volver a encontrarte que deseabas huir de ti mismo… Tenías tanto miedo de no volver a sentir que te querías como mereces que no querías quedarte dormido por si al despertar no recordabas lo que es amarte… Tenías tanto miedo de no volver a tener el valor de intentar ser feliz que preferías desaparecer a regresar a esa vida donde no eras capaz… Por eso, empezaste a andar y apretaste las manos tan fuerte que no las sentías… Y cerraste los ojos hasta no saber dónde estabas…
Y al mirar atrás, al buscarla a tu lado… Al querer darle las gracias por cambiar tu mundo, te diste cuenta. Ella sólo existía en tu cabeza. Ella era tus ganas y tu necesidad de salir de la cueva. Ella era tus miedos enterrados en un pasado triste… Ella era tu invención más maravillosa para salir de la rutina y poner rumbo a tu vida. Ella era tu lado salvaje llamando a la puerta de tu lado gris y arrastrándote a un futuro sin excusas.
Y ya nunca más te protegerás de la lluvia…


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El resto de tu vida


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Se acabó esconderse. La vida no es un armario. Tú no eres un muñeco que pueda meterse en la caja y salir cuando no hace frío o el viento es propicio. Si no sales cuando las cosas pintan mal, no saldrás nunca. Porque te harás pequeño y diminuto. Porque siempre pensarás que no es el momento y te acurrucarás plácidamente a esperar. Y un día te darás cuenta de que eres viejo… Y aunque nunca es tarde, ¿por qué no gozar antes? ¿por qué no intentar antes ser como sueñas? ¿por qué esperar a mañana para vivir?

Tu forma de ver la vida no es negociable. No puede haber regateos ni rebajas. Si aceptas menos de lo que mereces, vas a tener que sobrellevarlo siempre o hasta que no puedas más y vuelvas a reclamar lo que es tuyo, las riendas de tu vida. Si te tragas lo que no soportas, si te callas lo que suplicas decir… Un día estallará dentro de ti.

Lo cual no significa que no aceptes algunas situaciones adversas, al contrario. Las aceptas, buscas la forma de aprender de ellas y empiezas a cambiarlas con tu actitud. Imaginando cómo darles la vuelta. Sólo con que en tu mente ya exista esa posibilidad de cambio, ya existe ese cambio en la vida real. Ya estás incubando una oportunidad. Ya cambia todo porque tú cambias por dentro.

¿No te has dado cuenta de cómo has cambiado ya sólo por planteártelo? ¿No te has fijado en las palabras que usas ahora y que no usabas antes?

Has pasado del no puedo al me gustaría…

Del no va conmigo al “tal vez”. Eres otra persona, el de siempre con esperanza… La esperanza lo mueve todo si eres capaz de conseguir que se instale en tu vida y se convierta en en confianza.

Del Imposible al posible hay dos letras. Y las escribes tú.

Tus pensamientos crean tu camino. Lo que imaginas empieza a existir en el preciso momento en que lo dibujas con en tu cabeza. Tus palabras esculpen cada uno de tus pasos. Tus ideas cobran vida. Tus sueños construyen tu presente y tu futuro.

Y no tiene que ver con la situación, ni con tus habilidades. Tiene que ver con tu forma de mirar. Para saber si eres de los que pasan por delante de ese lugar donde reparten alegría y nunca entras o si estás construyendo un puente imaginario para llegar al otro lado donde sabes que pasan cosas.

A veces, hay que gastar el último euro que nos queda en una libreta donde hacer una lista de lo que será nuestra vida en el futuro. En un libro que nos ayude a encontrar respuestas, en un café en buena compañía que nos dará fuerzas para seguir, en subir a la noria para ver que cuando el mundo no gira, giras tú… Aunque el miedo nos diga que será mejor ahorrarlo y guardar. Y seremos un euro más ricos, económicamente ricos… Y más pobres en emociones, en respuestas, en sensaciones… No habremos conseguido activar en nosotros esa palanca que un día se pone en marcha y notas como lo cambia todo…

Ese momento en que te cruzas con alguien en la vida y te dice una frase, una palabra sólo tal vez, y esa palabra lo es todo. Es la palabra que estabas necesitando oír y notar. Te zarandea tanto por dentro… Te remueve los cimientos y te conmueve las entrañas. Te trae recuerdos, te inspira, que insufla unas ganas tremendas de devorar una vida que hasta hoy simplemente mordisqueabas… Te saca de dentro esa persona capaz que estaba dormida y sumisa a un destino que no le pertenece.

A veces, hay que apostar todo lo que tienes por todo lo que sueñas, aunque te quede muy poco y la altura de tu sueño sea vertiginosa. Nunca tenemos tan poco como creemos… Nunca son demasiado grandes nuestros retos porque siempre podemos crecer hasta llegar al tamaño necesario para que sean asequibles.

Eso es lo que importa. Ese es el gran logro. No conseguir el sueño sino convertirse en la persona que es capaz de tocarlo. Alcanzar el tamaño que requiere nuestro sueño, lo obtengas o no, y notar que a partir de entonces lo puedes todo… Prepararse para llegar a la cima y tal vez no llegar pero saber que ya nunca dudarás de tu capacidad porque ya eres ese tipo de persona que sube cimas y logra sus retos.

Porque has alcanzado la medida necesaria para asumirlos.

Porque tal vez tu sueño estaba ahí para ser un primer paso, una excusa, un cebo gracias al cual poder transformarte.

Aunque para eso hace falta salir de debajo de la cama, del armario, del servicio, de la rutina, del traje gris y detrás de la pantalla del ordenador.

Se acabó esconderse aunque haga frío. Aunque esté oscuro. Aunque los pies pisen suelo desconocido y las piernas flaqueen.

Se acabó esperar a saber que todo está bien para explorar la vida. Se acabó buscar seguros y escondites.

La vida se nos escapa mientras esperamos el momento adecuado.

Se acabó esa sensación de que hay cosas que no van contigo, que están fuera de tu alcance, que nunca te pasan a ti.

Se acabó esperar a que todo sea perfecto para empezar a vivir…

El mundo gira mientras te detienes a ponerte el impermeable.

El tiempo se acaba mientras tú buscas la mejor forma de hacer algo que sabes que no harás nunca…

El reloj se rompe mientras encuentras la palabra que buscas. Mientras te entretienes en un recuerdo que ya no da más de sí y que cuando saboreas te trae a la mente los mismas emociones de siempre que no llevan a nada que te ayude a decidir…

Mientras te decides, el árbitro pita el final del partido.

¿Te has dado cuenta de que te duermes y no haces nada? ¿No ves que necesitas un zarandeo?

A veces, sólo tienes lo que dura un suspiro para decidir si el resto de tu vida va a ser como sueñas o como detestas.

¿Y si fuera ahora?


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Entrenarse para ser feliz


Estamos acostumbrados a sufrir por encargo o, como siempre pienso, a llorar por adelantado.

Llevamos siglos haciendo esa gimnasia macabra de anticiparnos al drama y vivir en nuestros pensamientos miles de calamidades que nunca llegan a existir.

Y mientras esperamos que el abismo se nos lleve la vida y el entusiasmo, nos dedicamos a existir sin sentir.

Me atrevo a imaginar qué sería de la vida si en lugar de morir poco a poco esperando la gran muerte, nos dedicáramos a vivir . Si en lugar de esperar el dolor e ir haciéndole un hueco en el pecho para que se acurruque y quiera quedarse un rato, le cerráramos las puertas, imaginando que nos espera lo mejor. Lo sé, a veces, es muy difícil porque la vida nos gasta bromas pesadísimas y nos pone a prueba hasta el límite…

Ser felices por adelantado. Notar que la buena suerte nos ronda… Que la lluvia es un festival de sensaciones y entretenerse a degustar cada temblor, cada gesto, incluso los malos tragos, como si fueran dulces.

Caminar esperando que al final del trayecto haya algo grande y al mismo tiempo mirar cada detalle porque estás tranquilo… Porque sabes que vas hacia lo bueno y la ilusión te recorre las venas y te hace más capaz de apreciar lo pequeño…

Levantarse y pensar que hoy es el día. Que arrasas. Que vas a encandilar con tu forma de ser y que vas a toparte con personas extraordinarias que te encandilarán a ti por cómo son y cómo viven.

Emocionarse pensando cómo será de maravilloso cada momento, cada bocado, cada pequeña conversación, cada risa… Pensar lo genial que será rememorar este día cuando acabe sabiendo que mañana empieza otro mejor… Porque también te espera algo bueno, porque te pilla más sabio y más entrenando en esto de la felicidad.

Mirar la cola eterna que nos aguarda para solicitar un impreso y pensar que así tendremos tiempo a reflexionar.

Pensar que en el próximo tren encontraremos a alguien que nos mostrará la respuesta que buscamos, cuando se nos acaba de escapar el que debíamos coger.

Darse cuenta de que caer es volver a empezar. Que perder es mejorar la perspectiva para ganar. Que retroceder te permite coger carrerilla… Que hay más amores sin dueño aguardando tu amor y si te afliges no los podrás sentir.

Y hacerlo en serio, sin tener la sensación de ser estúpido ni pensar que vives en un mundo de ignorancia. Con entusiasmo infantil pero madurez de adulto.

Anticiparse a sentir y a querer.

Encargar un pastel para celebrar aún no sabes qué.

Soplar ahora las velas de tu centésimo cumpleaños.

Brindar por algo que pasará un día de estos, seguro.

Comprarse unos zapatos rojos para ir recibir un premio que todavía no te han otorgado…Y notar que se acerca el momento.

Peinarse para enamorarle antes de conocerle.

Enamorarte de ti por lo que él será capaz de ver en tus ojos.

Abrazar con preaviso. Acariciar con arrebato y casi delirio.

Ensayar mil besos esperando unos labios.

Construir el palacio antes de tener el reino.

Sacar el paraguas para que la lluvia note que la esperas y venga a llevarse los pensamientos tristes.

Sacarse las vendas para apremiar a las heridas, así se curan…

Bailar antes de llegar al baile.

Decir sí antes de conocer la pregunta.

Desearle antes de verle, antes de imaginarle.

Hacer un hueco en el alma para albergar un amor por si luego te ronda.

Alegrarse antes de saber el motivo. Por tantear, por experimentar, por entrenarse.

Jugar a crear algo sólo con imaginarlo, con creer que es posible, dibujarlo en sueños y esperar a que aparezca… Esperarlo sin prisa, sin desespero… Con esa risa tonta que precede a lo grande, con esa mirada limpia que te deja ver lo hermoso de este momento.

Comprar las semillas y buscar después un campo donde plantarlas… Sentarse a la sombra de un árbol chico que no hace sombra aún para estimularlo a crecer.

Ilusionarse por el puro placer de ilusionarse y más tarde encontrar la razón. Y descubrir que hay muchas razones, cientos,  miles, un millón.

Dar las gracias por algo que sucederá… Y por todo lo que ya ha pasado y nos ha traído hasta aquí, a este metro cuadrado de vida desde donde esperamos volar.

Y todo esto sin dejar de vivir. Por placer, por amaestrar a la ilusión y hacer que nunca se escape… Sin aferrarse a nada más que saber quién eres y confiar en tus pies que te llevan. Viviendo cada instante como si fuera el último y sabiendo que puede ser el primero de una nueva vida.

Sin dejar de marcar el paso y levantar cada día las ganas.

Una dulce mezcla entre vivir y soñar. Porque esa felicidad de confiar te hace mimar cada detalle y ver lo mejor de cada momento y al mismo tiempo … Esa sensación de vivir cada momento hará que pase lo que pase merezca la pena el camino.

Porque vale la pena creer que pasará. Porque vale la pena apostar por ello y empezar a sentir que pasa, que llega, que está contigo y te envuelve.

El filósofo William James decía “no sonríes porque eres feliz, sino que eres feliz porque sonríes”.  Adoro esta frase porque forma parte de una lógica casi mágica y encierra tanta osadía  y descaro que sólo por eso es capaz de convertirse en realidad… Y no sólo eso, ¡transformarla!

Como una gimnasia maravillosa que te entrena para lo extraordinario y al mismo tiempo te hace ver la belleza de lo sencillo.

chispta


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Una vida que no te pertenece


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No se te ocurra ser normal… Aunque te desesperes. En los tiempos que corren, tienes que apostar por ti mismo y por cada una de tus rarezas y manías. Debes destacar por lo que sueñas y mostrarte como eres. De lo contrario, la masa podría engullirte si no enseñas tu talento ni haces nada para diferenciarte del resto. Si no tienes una meta que te haga zarandearte por dentro vas a quedar dormido para siempre…

Debes hacer justo todo lo contrario de lo que has hecho siempre, de lo que durante toda tu vida te han sugerido que hicieras… Pasar desapercibido para que no se rían de ti, ni te señalen con el dedo. No les has caso. Eso ya no tiene sentido, ni para ti ni para esta sociedad que consume cada día ideas nuevas y frescas. Asusta un poco, por si no gustas o por si no aciertas, pero aún aterra más no brillar nunca,  ser tragado por la mediocridad y arrastrarse en una vida plastificada donde tú no eres el protagonista. Y más que no brillar o no destacar, lo que realmente da miedo es no vivir como realmente eres, no ser tú.

La “normalidad” es ahora la mejor forma de quedarte al final de la fila y no llegar nunca. De quedarte sin premio y ver pasar los trenes sin subirte en ninguno. De quedarte con hambre de vida y ver que no le importa a nadie, tal vez ni siquiera a ti lo suficiente, porque si de verdad te importa, pides y arriesgas.

No puedes ir por el mundo sin saber quién eres ni pensar qué das a conocer. No puedes seguir sin encontrar la coherencia entre lo que eres y lo que dices que eres, sin que se note lo que te motiva y te hace grande… Eres grande, lo has sido siempre, incluso cuando te has escondido porque no te gustabas y has suplicado al cielo cambiar de cara o de cuerpo… Eras grande incluso cuando te sentías diminuto y algunos te decían que no eras nada… Eres grande porque te planteas como vivir tu vida sin sentirte atado… Porque tienes mucho por mostrar y a veces no sabes por donde empezar… Da igual cómo, empieza ahora, aunque sea a ciegas y sin atino. Empieza en este momento aunque sólo con pensarlo quieras salir corriendo… Empieza ahora y haz que este sea el último día de tu vida en el que te dejas llevar por el miedo.

Dentro de ti hay algo que el mundo necesita, aunque tal vez el mundo no lo sabe y tú desconoces que eso que haces y que te hace feliz sea útil para otros… Eso que tal vez hace años que te llena de emoción y no cuentas a nadie para que no crean que eres un tipo raro, un friki… No te preocupes, que el mundo crea que eres un  friki o un genio depende del día y de la forma en que proyectes tu imagen y tu marca, de la manera en que te comuniques. A menudo, los que te amargaban la vida en el instituto porque llevabas gorra, corrían a comprar CDs de tipos que llevaban la misma indumentaria que tú porque alguien les había dicho que aquello era “Cool”. Si de verdad quieres alcanzar tus metas y  ser una de esas personas que dedica su vida a lo que le hace feliz, debes decirle al mundo por qué lo mereces y compartir tu sueño. Desplegar tus alas, sacar el león que llevas dentro. Atreverte a mostrar qué haces que te convierte en único y cómo eso va a mejorar la vida de los demás. Lo que buscas está ahí, dentro de ti, y llevas un siglo intentando encontrarlo en ojos ajenos, en vidas ajenas, en los sueños de otras personas y esperando descubrirlo desde su forma de ver la vida… Te has visto a ti mismo con sus ojos limitados y has dado por buena su versión. Ya no te sirve… Ahora, toca utilizar todo tu esplendor y compartirlo…

Ser normal es una verdadera locura.. Como vivir contenido, encerrarse en un envoltorio esperando a que alguien te tome por un regalo, te abra y te deje libre. Muchos han intentado ser normales durante años, yo lo hice. Quería estar tranquila y pasar desapercibida, esconderme para que nadie topara con mis ojos cansados… Aunque eso es vivir desde la barrera, ir a la playa y quedarse en la arena. Pedir el menú de la vida sin arriesgarse a buscar algo interesante en la carta. Durante un tiempo te permite sosiego, la verdad, pero si eres una de esas personas que se preguntan qué quieren hacer con el tiempo que van a estar vivos, este camino no te sirve. Es como tomar prestado el traje de otro y pretender que se te ajuste. Como vivir de recuerdos… Vivir a través de las canciones que suenan en la radio o llevar impermeable cuando la lluvia cesa.

Todos nos preguntamos lo que queremos hacer en la vida, en realidad, aunque no todos nos atrevemos a decirlo en voz alta o admitirlo. Y, sobre todo, dar el paso que marca la diferencia. El paso que no tiene retorno, porque una vez has activado ese mecanismo ya no hay vuelta atrás… Quemar las naves para no poder volver a casa si no es victorioso. Cortar la cuerda que te ata al pasado después de cruzar al otro lado. Tirar la llave después de pasar a través de la puerta de tu nueva vida… Hacer algo que no sea reversible, que no puedas deshacer ni enmendar cuando las miradas ajenas calen hondo y el pánico se te acurruque en el cuello.

Haz algo que no puedas deshacer. Toma un camino que tras tu paso se desvanezca.

No dejes migas de pan a tu paso para no poder volver cuando decidas que en realidad no tienes valor para enfrentarte al mundo. Que no puedas volver, aunque desesperes y creas que no vas a soportarlo… Barra el paso a tu vida anterior.

No les des tu nueva dirección a tus fantasmas de siempre.

No camines en línea recta para que los cobardes te sigan y te lleven de la mano de vuelta a tu antigua vida sin brillo.

Rodéate de frikis como tú, de personas que han hecho estallar el puente de retorno a sus vidas mediocres y transitan por la cuerda floja. Rodéate de personas que viven sus sueños e ignoran que sean imposibles o tal vez lo sepan pero les dé igual.

Rompe los mapas y dibuja los tuyos propios. Tira todos tus relojes porque ya no marcan tu tiempo, lo marcas tú. No sigas más brújula que tu visión… No metas en tu cabeza más sueños que tus sueños o los de aquellos que amas. No camines más caminos que los que te mueres por pisar… No sigas a ningún guía que no te lleve a tu guía interior.

Apaga la luz si la luz te lleva a un lugar donde hay sombra.

Sé tan raro como necesites para ser tú mismo. Sé tan auténtico que no te reconozcas, pero notes que nunca habías sido tan tú como ahora.

Haz lo que sea para que una vez des el paso no puedas echarte atrás.

Te juegas mucho en esto, tu esencia, tu dignidad, tu felicidad.

Al fin y al cabo, entre nuestras rarezas está nuestra riqueza como seres humanos. Y el mundo no tiene por qué aceptarlas, ni entenderlas. Sólo tienes que sentirte bien tú con ellas y respetar las rarezas ajenas.

Y que este sea tu último día en una vida que no te llena, que no te sirve, que no se ajusta a tus sueños ni hace que te levantes con ganas de más… La vida sin ganas es un sucedáneo insoportable que te devora por dentro.

Que éste sea el último día de tu vida mediocre e insulsa.  Tú ultimo día en una vida que no te pertenece…

 

 

 

 


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Mil gracias


La casa del libro

La casa del libro

Alguien me preguntó el miércoles cuál era mi sueño.  La verdad es que tengo muchos, pero uno de ellos era lo que estaba viviendo en ese momento, presentar mi libro con todas aquellas personas que estaban allí conmigo, compartiendo y sintiendo.

Allí conocí a tantas personas con las que había compartido momentos antes en las redes que lamento no haber podido dedicarles más tiempo a cada una como se merecen por todo el cariño que me demostraron.  Personas que me contaron un pedacito de su vida, vidas complicadas pero valientes, personas que luchan sin tregua y que se dejan llevar por lo que les emociona… Personas que se van descubriendo cada día y que no temen sentirse vulnerables…

Ser vulnerable es maravilloso. Te hace crecer. Y ser capaz de levantarte y decir que te sientes vulnerable y que tienes miedo es ser grande, enorme, dar un salto y plantarse de repente en la antesala de tu éxito personal. Y no me refiero a ese éxito efímero de caras guapas y sensaciones prefabricadas, hablo del éxito que supone conocerse, aceptarse, superarse, quererse y compartir. Escoger compañeros de viaje maravillosos…

Ayer lo vi claro. Tengo compañeros de viaje maravillosos. A lo mejor me acompañen dos días o dos eternidades, eso da igual porque lo que compartimos no nos lo quita nadie. La clave es compartir, hablar, soltarse, decir quién eres y expresar qué sueñas. Eso crea una especie de magia colectiva que nos arrastra y nos hace mejores, una energía que se contagia y traspasa las paredes…

Yo me sentí así el pasado miércoles, arropada, emocionada, querida… Solté mis amarras y derribé los muros que me separan del  mundo. Y no fue por mí, fue por la gente que me acompañaba…

Somos la gente de la cual nos rodeamos. Somos el cariño que les damos y el que recibimos. Somos nuestros sueños, nuestros retos, nuestros deseos…. Nos cambian, nos dibujan, nos ayudan a experimentar y nos ponen en el camino que necesitamos recorrer.

Somos la pasión que le ponemos a lo que hacemos. Somos la forma en que vencemos cada uno de los miedos que nos atan los pies y no nos dejan avanzar. Somos los recuerdos que nos hacen reír y especialmente los que sacamos a pasear de vez en cuando y aún nos hacen soltar lágrimas…

Somos las veces que nos atrevemos a pesar de que algunos nos miren mal.

Somos nuestros errores porque nos han hecho conocer el mundo y nos han dado el valor y saltar.

Somos todas y cada una de las veces que hemos dado las gracias…

Y debo dar muchas, un millón. Por el privilegio de que te escuchen y el privilegio de escuchar y aprender.

Por lo que supone que alguien venga a verte y abrazarte….

Por las risas y los comentarios.

Por el amor compartido a las palabras…

Gracias, con toda el alma. Por estar y por ser.

Si somos la gente de la que nos rodeamos… Yo el pasado miércoles tuve la suerte de ser extraordinaria.

 

Un abrazo FOTO FACEBOOK 2

La casa del libro

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