merceroura

la rebelión de las palabras


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Lo que amas…


Amas el silencio después de noches sin tregua pensando sin cesar, sin encontrar consuelo, sin dibujar una salida.

Sentarse e imaginar sin saber, sin necesitar, sin tener que tener, sin esperar a esperar.

Amar ser sin almacenar…  Encontrar sin buscar. Sentir sin pensar…

Porque a veces, hay que detenerse a notar, a construir, a imaginar.

Parar para bucearte, para sentirte, para fundirte contigo y respirar. Para saber qué pisas y a dónde te diriges, para descubrir que no hay mejor victoria que escoger una derrota de la que puedes aprender a volar…

Para conocerte tanto que puedas despojarte de todas la capas con la que vestiste tu alma para poder existir sin pedir perdón y darte cuenta de que ya no te hacen falta…

Para poder lanzar tus culpas inventadas por la borda y enderezar el rumbo del barco hacia donde sueñes, aunque el mundo no lo entinda…

Amas la paz callada que te habita cuando necesitas escucharte y bailar con tu propia música.

Amas tu música.

Amas  al desconcierto en tu alma acostumbrada a caminar, cuando para. La queja sorda de la niña testaruda que llevas dentro que te pide que te levantes y sigas… El desasosiego de tu impaciencia que queda muda y el ego asustado que busca abrigo porque nos sabe qué le espera pero ya le disgusta por si acaso.

Amas a todos tus mecanismos de defensa. Todas tus corazas y todas tus máscaras… Tu soberbia llorosa y malhumorada… Tu rabia contenida, tu ira ahogada, tu necesidad de justicia rota que se agitan y bailan desesperadas…

Amas a la institutriz sin alma que vive en ti y siempre te regaña. Porque pertenece a tu pasado y  ahora sabes que no supo hacerlo mejor…Porque gracias a su ruda dureza y su serenidad impasible añoraste el amor incondicional y supiste qué no eras…

Amas a todas las muñecas tristes que habitan en esta muñeca a veces cansada y otras rota que intenta encontrar la calma. Porque sin todos sus errores estaría perdida y sin su pena enorme y salvaje jamás habría llegado a este tramo del camino.

Amas la guerrera que fundía con la mirada y le daba vueltas a las palabras hasta convertirlas en flechas. Sin ella, jamás habría conseguido la valentía para levantarte y empezar a buscar todas las vidas posibles que te tienes reservadas.

Amas a la niña torpe de cara triste que espera en un rincón porque no juega… Sin su desesperación armada y su llanto sordo, tú ya no existirías.

Amas tu llanto.

Amas tus heridas abiertas porque sabes que el trabajo de cerrarlas te convertirá en un ser gigante.

Porque cada uno de sus pasos en falso ha esculpido tu vida… Cada uno de sus intentos fallidos ha trazado tu mapa de viaje… Porque estabas tan desolada e insatisfecha que osaste imaginar un mundo en el que ella era otra y se encontró contigo a medio camino y le dijiste que se otra eras tú.

Amas el manto incierto que cubre tus días sin techo ni suelo ni abrigo seguro.

Amas la incertidumbre.

Amas al despecho de un mundo que te trata como tú te tratas y que no te ama hasta que no te amas.

La incómoda satisfacción de saber que el futuro está en mis manos y el presente es una tarde de lluvia que hay que aprender a amar para encontrar la magia.

La gratitud de saber que todo es un regalo. La costumbre de imaginar lo peor después de siglos de pensar que mereces poco o casi nada… Y que eso te obligue a tener que cambiar tu forma de pensar y vivir…

Amas al sosiego de saber que de todo se aprende, aunque no entiendas por qué.

Amas tu ignorancia porque aviva tus ganas de conocimiento…

Amas al fuego de tus entrañas enfadadas y molestas porque el mundo no es como sueñan y a las personas a veces cuando están rotas van rompiendo a otras.

Amas a la inquietud de arriesgarte a rondar por la vida sin saber y el miedo que se aloja en tu espalda y baila en tu garganta, porque sin él no serías la mitad de lo que sueñas…

Seguir el viento sin conocer el viento… Ser el viento sin saber a dónde va, pero creyendo que te lleva a dónde necesitas estar.

Amas al dolor sentido y asumido, porque con él te fabricaste el antídoto para las penas y te convertiste en una mejor versión para soportar sus envestidas…

Amas a todas y cada una de tus imperfecciones porque te han dado el impulso para poder saltar el muro y aprender que lo bueno que hay en ti es tan grande que eclipsa tu tristeza… Y que lo que parece malo, en realidad, es la excusa para poder seguir tu camino…

Amas tus lamentos porque ya no existen, pero te dieron impulso.

Porque no hay nada insalvable cuando descubres quién eres y qué buscas…

Porque te amas y reconoces tus facciones en un marasmo de caras mustias y almas revueltas que se desesperan por bajar de esta noria que no para nunca.

Amas la noria…


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Vivir sin medida


Foto : Mercè Roura

Foto : Mercè Roura

Esto se acaba… Otra vez… Desde hace días que oigo un montón de ideas sobre cómo será el nuevo año. Dicen que será mejor, que este 2016 ha sido un año duro y complicado y que 2017 será un momento para que las ideas fluyan y las soluciones lleguen. No lo voy a negar, tengo ganas… Espero que este, como me pasó en 2015, sea mi año.

De todas formas, hay algo que me queda claro después de este 2016 cargado de todo… Ha sido un año amargo y dulce. Un año de abrir heridas antiguas para convertirlas en cicatrices… Un año de golpes y decepciones, de falsedades descubiertas y verdades crudas. Un momento para caricias con garras afiladas y enorme confusión… Este año me han pasado cosas maravillosamente terribles… He bebido remedios amargos y he topado con realidades incluso más increíbles que las fantasías más locas…Lo repaso y algunas cosas aún me hacen estremecer…

Me quedan ahora algunas preguntas en el aire que necesito compartir… ¿Es realmente negativo eso? Lo digo porque este ha sido uno de los años más duros de mi vida y a la vez el año en el que me he sentido más libre y más yo misma que nunca… Este año me he descubierto de verdad y me he dejado guiar por mi intuición y mi entusiasmo…

¿No necesitamos momentos así? ¿No necesitamos tormenta para que luego llegue la calma? ¿No es al caer que tomamos la fuerza para levantarnos?  Sólo encontrando en lo más profundo de ti lo más oscuro, lo que te ocultas y no quieres conocer a veces, puedes llegar a encontrar tu luz y brillar intensamente… ¿Qué seríamos sin nuestras sombras? ¿qué pasaría si no pudiéramos encontrar nuestras aristas más cortantes? ¿cómo las limaríamos? Y si no pudiéramos ver lo que no queremos ser ¿cómo sabríamos cuál es nuestra misión en la vida?

Y para las personas con las que nos cruzamos.. ¿Cómo elegiríamos bien a los mejores compañeros si no topáramos con personas que no merecen nuestra compañía?  ¿Cómo crecer hasta llegar a la altura de nuestros sueños sin las dificultades? ¿Cómo llegar a ser nuestra mejor versión sin subir esta escalera de caracol angosta y complicada? A pesar del vértigo y de que a veces no se puede ver dónde sujetarse porque no hay barandilla… ¿Qué somos si no comprendemos lo que no somos?

Lo digo porque al mirar atrás y pedir un poco paz interior entre tanta tormenta, me veo de pie, erguida, llevando mi barca a puerto, arriando mis velas, vestida de sal de mar y revuelta de arena y me doy cuenta de que he aprendido a navegar… Que he conocido aún más si cabe el dolor y el miedo, la aventura de adentrarse en ese mar lleno de belleza y hondura, un mar bravo lleno de vida y de todo lo que cabe esperar… Desengaño, pasión, viento huracanado, calma deliciosa, tiburones insaciables y olas gigantes… Me miro y a pesar de la dificultad del trayecto veo en mis ojos la extraña belleza del cambio, de la experiencia, de saber que he podido a pesar de caer hasta el fondo y golpearme en las rocas… El gesto del que se conoce y complace de conocerse aún sabiendo de sus rincones oscuros y sus imperfecciones necesarias… Y sólo se me ocurre mirar al mar y dar gracias, por todas y cada una de sus envestidas y caricias, que me han llevado a esta persona que ahora soy…

Es cierto, nos toca calma…Nos hace mucha falta un momento de paz para evaluar daños y recomponernos… Sin embargo, somos quienes somos por cómo hemos librado batalla y mantenido la esencia ante los momentos duros… Por cómo hemos sabido extraer la enseñanza al horror y la belleza del dolor…

Somos lo que somos porque el mar estaba bravo y decidimos salir a navegar en lugar de quedarnos en casa…

Somos lo que somos porque preferimos arriesgar a quedarnos con la mirada de siempre y dejar que nuestras pupilas se invadieran de rutina…

Somos lo que somos porque decidimos serlo a pesar de los golpes secos y las caricias falsas…

Y el premio por soportar tanto contratiempo sin salir corriendo, somos nosotros… Conocernos, amarnos, tenernos…

Sólo los que se conocen deciden su futuro.

Y eso, es gracias a nosotros y años como este 2016 que agoniza y casi pide perdón por los mordiscos necesarios, los arañazos y las puñaladas a traición…

No se trata de como sea este nuevo año, se trata de cómo somos nosotros.

Tocaba crecer y el mundo nos puso delante los maestros adecuados…

Tocaba perder y la vida nos arrancó a veces lo amado para que sepamos que en realidad no tenemos nada más que nosotros mismos…

Tocaba vivir y el universo casi nos arranca la vida para que recordemos lo hermosa que es…

Hay momentos para todo… Que este 2017 nos traiga calma y nos empuje a cumplir sueños…

Foto : Mercè Roura

Foto : Mercè Roura

Ahora, toca mar plana, olas chicas que llegan a la arena y besan las rocas con placidez…Dejar de luchar para soltar amarras y notar la vida, dejar que nos acaricie el sol y nos venza este mar amable y tranquilo… Toca llegar a puerto y abrazar la paz de conocernos y sabernos más libres.

Toca brillar y desplegar las alas para que se note lo aprendido…Para enseñar a otros que buscan su rumbo que es posible.

Toca mostrar nuestra luz al mundo y compartirla… Sólo así se hará más grande, inmensa, eterna…

Toca mostrar quiénes somos ahora que ya lo tenemos claro.

Toca abrazar nuestra esencia y vivir sin medida.

 

Gracias… #Feliz2017


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La magia de lo imposible


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Toca dar las gracias ahora, por todo lo bueno y por lo que parece terrible pero acabará siendo energía pura para seguir adelante.

Una de las cosas que he aprendido los últimos años es que cuanto más se empeña la vida en golpear, más capacidad de encarar adquieres… Te vuelves flexible, fuerte, valiente, casi casi… perdón por la osadía, un poco más sabio… Y claro, osado. Esa osadía es la que te convierte en alguien distinto. El enorme poder que te confiere sobre ti mismo y sobre tu vida llevar un poco la contraria y no sumergirte en el conformismo… No subsidiarte a ti mismo sino hacerte levantar y seguir… La osadía de preguntarte cosas que parecen no tener respuesta y de meterte en situaciones que dan tanto miedo que a veces, cuando te flaquean las fuerzas, un sudor frío te invade el cuerpo y notas como el corazón se te acelera… Es tu yo asustado y antiguo que intenta que te rindas porque no puede más.

La osadía de creer que tú eres uno de ellos… ¿Quiénes son ellos? Los que llegan, los que lo consiguen, los que se dejan a veces pedazos de vida absurda en el camino y renuncian a su cansancio, a sus ganas de salir corriendo… Renuncian a estar acompañados si esa compañía les araña el alma, aunque hacer el camino solos les mantenga el corazón inquieto y les haga sentir inseguros.

Mejor un alma alborotada que un alma dormida.

Mejor un sueño a medias que una parodia de vida.

Mejor dejar lo que no nos hace bien, que pasarnos la vida justificando lo injustificable y engañándonos pensando que va a cambiar sin que nosotros hagamos nada. Si aceptamos algo que no respeta nuestra esencia, perdemos nuestra esencia… El árbol muerto no da fruto.

Toca dar gracias ahora por haberse dado cuenta de lo que es y lo que no. Por los momentos dulces de caminar en una cuerda tan floja que a veces te encuentras sujeto a ella sin estarlo y te descubres levitando…Con medio cuerpo suspenso y media alma cosida al cuerpo para que no caiga.

Toca dar las gracias porque a menudo cuando te quedas paralizado y se te cierran todos los caminos, te das cuenta de que ha llegado el momento de volar…  Y vuelas. No sabes cómo, pero lo haces. Un día te encuentras haciendo algo que hace veinticuatro horas era impensable, increíble, imposible. Y rompes la cáscara imaginaria de la que no te atrevías a salir. Y sales del círculo que te rodea. Te encoges de frío y de miedo y de cansancio… Y sientes que estás loco y no podrás. Lloras de pánico, pero puedes… No sabes cómo, pero lo haces. Piensas que no puedes hasta que te encuentras haciéndolo y te quedas alucinado contigo mismo mientras las lágrimas de emoción te surcan la cara, que arde intensamente sin saber por qué.

logro

Entonces, ves claro que debías dar ese paso.  Para ser libre hay que tomar decisiones que dan a veces mucho miedo… A menudo, no ves el lastre a soltar para ir más ligero porque está tan incrustado en tu vida que parece una parte de ti y confundes tu miedo con un razonamiento lógico y huyes de él, cuando en realidad, es la puerta a cruzar para poder llegar a tus metas. Llevamos tantas respuestas escritas en la espalda que sólo se ven si sueltas la carga y miras atrás ante el espejo con ojos de sabio… Si te das la vuelta a ti mismo y cambias de perspectiva… La vida siempre te deja escritas  las pistas para pasar sus pruebas en esos lugares que no te atreves a pisar. Como llevar las chuletas escritas al examen y no atreverse a mirarlas… En el fondo, todo es una invitación a salir de ti, a pasar la línea y romper algunas normas absurdas que hace siglos te impusiste y nunca más te has planteado por qué.

Y ves que el triunfo no es la meta, ni el sueño, ni el reto. El triunfo es el salto, el haber salido de ti, el haberte atrevido a romper contigo mismo para encontrarte de verdad. El regalo es esta persona que eres ahora, que vibra en ti y que antes estaba oculta en tus pliegues suplicando salir…

No importa no llegar a  alcanzar tu sueño. Tal vez incluso, al mirarlo, te das cuenta de que ya no brilla tanto… Lo que importa es que tú ya no eres el mismo. Ves más cosas, piensas distinto, sientes distinto… Te miras y ves a alguien capaz, alguien que salta y vuela. Y te da cuenta de que da igual lo que busques, lo realmente importante es quién eres. Tu sueño es casi una excusa.  Ahora puedes decidir seguir si realmente te llena, si te invade de felicidad, si es un sueño de esta nueva versión de ti más lúcida y sabia.

Ahora puedes decidir si era un medio o era fin. Si lo querías para crecer o lo necesitabas para demostrarte algo. Si te representa o te limita… Si va con la nueva persona que te habita o era un peaje de la antigua… Los sueños no están ahí para que brillemos después de conseguirlos, están ahí para que brillemos antes. No son la causa de nuestro cambio, son la consecuencia…

Si te ves en tu sueño todavía después del proceso, tómalo… Lo tienes cerca porque ya eres esa persona que logra sus sueños.

Si te queda pequeño o viejo, suéltalo y siente de nuevo tu camino…En un esquina hay algo nuevo, seguro. La nueva persona que eres se motiva fácilmente porque todo lo que necesita para hacerlo lo lleva dentro.

Te preguntas cómo no pudiste verlo antes, que el regalo por este trabajo complicado eras tú. El premio por manejar tu vida, por responsabilizarte del camino, por tomar decisiones complicadas y soportar el frío necesario para crecer… siempre eres tú.

Ahora toca dar gracias por haber abierto los ojos…Por esa conciencia que ha aumentado de tamaño y esa capacidad de entender que necesitas seguir… Ahora toca volar aún más.

Eres tu gran conquista.

A veces, la vida no te da más opción que intentar lo imposible… Y tú no tienes más remedio que conseguirlo.

A veces, la vida te pide tanto, que te ves obligado a hacer magia.


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Antes de llegar a la meta


Conocerse a uno mismo es un trabajo. Tal vez el trabajo más duro que hagamos en nuestra vida. Ya que conocerse no es algo que empiece y acabe, es algo que supone un camino que nunca termina.

Tienes que aceptarte, descubrir todo lo maravilloso que almacenas y lo más oscuro que ocultas. Decidir qué quieres cambiar, qué debes asumir y encontrar tus porqués.

Conocer tus heridas y reconocer todos los errores  que has cometido intentando curarlas y que no sirvieron más que para hacerlas más profundas y dolorosas. Y amar esos errores porque son un material precioso para empezar a cambiar.

Nuestras cicatrices, nuestros momentos dolorosos guardados a fuego, esos que a veces ni tan solo te admites a ti mismo, son los que han forjado lo que somos, lo que hemos conseguido, lo que echamos de menos y deseamos conseguir.

A veces, tenemos sueños porque creemos que conseguirlos nos ayudará  a cambiar. Sin embargo, son  sólo máscaras que cubren nuestro rostro triste, baúles donde ocultar nuestros miedos y carencias emocionales… Los sueños de verdad no  nos convierten en nadie distinto sino que son la consecuencia de habernos convertido antes en alguien distinto… No sirven para ocultar debilidades sino para mostrarlas una vez las hemos transformado en fortalezas… No cierran heridas, son el resultado de haberlas cerrado… No nos harán felices, son el efecto de haberlo sido mientras intentábamos llegar a ellos…

El trabajo en uno mismo, la búsqueda interior para superarse y llegar a ser esa persona que llevamos dentro que vence la adversidad y brilla sin dejarse llevar por el miedo, es complicado. Tiene momentos muy amargos en los que nos tambaleamos y sentimos rotos, vacíos, perdidos… A veces, te enamoras de pequeños avances y luego te desesperas porque pasan los días y no mejoras en nada… A veces, te impregna una alegría dulce por haber conseguido dar un gran paso y más tarde ves todo lo que queda por hacer y tu dicha se desmorona en un instante y te arrastra a ti y al paso que has dado antes… Y descubres que era un paso falso… Y crees que no te queda nada… Aunque no es cierto, cada intento, cada paso minúsculo, cada mirada interior que haces, esté bien o mal, es un avance maravilloso hacia ti.

La impaciencia es devastadora. Te llena de desesperanza, te deja sin ganas. Esperamos tanto de todo y de todos… ¡Menos de nosotros mismos!!Nos pasamos la vida poniendo en manos de otros y de las circunstancias que nos rodean nuestra felicidad. Delegamos en otros la consecución de nuestros sueños y cuando no cumplen nuestras expectativas nos enfadamos. Esperamos que nos hagan más fácil el trance mientras nos ocupamos de descubrir quiénes somos, que nos ayuden a seguir… Les damos el poder sobre nuestras vidas y esperamos que nos lleven parte de la carga. Está bien pedir ayuda,  pero nadie puede pasar por nosotros las pruebas que debemos superar… No podemos usarles para saltarnos pasos ni buscar veredas . No hay atajos en el camino a nosotros mismos.

Algo que descubres cuando trabajas en ti mismo es que no hay nada que esté bien o mal, que lo bueno a veces es una calle sin salida y lo que parece malo es una puerta abierta a un mundo de posibilidades… Que lo que pensabas que era terrible en ti, es tu fuerza y tu bandera. Que lo que siempre has mostrado como propio no es tan tuyo, ni tan necesario y que no pasa nada… No pasa nada porque cuanto menos perfecto eres, más extraordinario puedes llegar a ser.

No llegas a conocerte y aceptarte hasta que no te acercas a ti sin prejuicios y estás dispuesto a asumir todo lo que salga de esa caja de pandora que llevas dentro, almacenando lágrimas, heridas y momentos maravillosos… Hasta que no decides que encuentres lo que encuentres ahí dentro no vas a avergonzarte y vas aprender que tiene un lado hermoso y que lo más oscuro que hay en ti puede convertirse en algo que te salve la vida…

Si amas tus rarezas, tus caras amargas, tus aristas más cortantes… Si eres capaz de mirar tu lado más oscuro, eres capaz de dar el gran salto… hasta ti.

Alguien me dijo ayer sabiamente que trabajar en uno mismo es a menudo doloroso, pero que eso es el precio a pagar por no ser alguien superficial. Como el peaje por no pasar por la vida de puntillas…Que las personas sensibles viven a flor de piel y que eso hace que lo amargo sea muy amargo y lo dulce sea más dulce… Y también me dijo que sin embargo, cuando llegas a tu meta, a encontrarte contigo y aceptarte y ser como realmente eres, la recompensa es maravillosa y la calidad de tu vida es mejor.

El día que dejas de desesperar, el día que te sientes realmente cómo eres y confías, el día que notas cada paso del camino… Ese día la vida te acerca a lo que sueñas de golpe… Sólo avanzas cuando sintonizas contigo mismo, cuando crees en ti, cuando confías en tu capacidad y sabes que podrás… Curioso esto de crecer y evolucionar, va de no necesitar, de no rendirse, de no desesperarse por mal que pinte todo…De oír tu voz y no perderla como guía mientras todo se balancea y la tormenta te zarandea mientras pasas por la cuerda floja…

Se trata de ser primero lo que sueñas que eres, antes de conseguirlo.

Se trata de convertirte en ganador, antes de llegar a la meta.

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Mil gracias a Elena Arnaiz por sus palabras maravillosas, por su sencillez, generosidad y su gran talento guiando a las personas…


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Reinvertarte para seguir siendo tú


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Convirtamos el dolor que sentimos en belleza.

Hagamos algo hermoso con lo que nos hiere y nos asusta.

Seamos más sensibles a todo y a la vez más fuertes… Que nuestra sensibilidad nos permita atraer lo entrañable, lo dulce, lo que nos aporta valor… Que nuestra fortaleza nos ayude a aceptar lo que nos disgusta y araña, para poder encontrarle el lado bueno y el aprendizaje necesario.

Seamos bestias maravillosas. Auténticos y diferentes. Seamos absurdos ante un mundo que busca una perfección imposible y se arrastra porque no entiende que ya tiene todo lo que sueña…

Y no lo vive, no lo ve,  no lo nota.

Rondemos tanto la suerte, que seamos la suerte.  No esperemos más que lo que nosotros mismos podamos crear o imaginar y recibamos tanto como merecemos, que es mucho…

Encontremos eso que creemos que nos falta hurgando en nuestras entrañas cansadas… Mirando en los pliegues de nuestra conciencia, que a veces duerme y otras se despierta rabiosa porque no hace los deberes…

Amemos sin tregua. Amémoslo todo sin mirar primero, sin buscar a quién, sin encontrar los defectos ni las etiquetas. Que los besos nos arropen en las noches frías y los abrazos sean el sol que cuesta encontrar las mañanas de invierno…

Y amémonos a nosotros mismos como si ya supiéramos que nunca vamos a decepcionarnos. Como nos amaríamos si no tuviéramos miedo a las miradas ajenas y las propias.

Alegrémonos por todo lo bueno que nos pasa de largo y toca a quiénes nos rodean, porque es la única forma de conseguir que la felicidad se detenga ante nuestra puerta.

Seamos más que un número de afiliación a una sociedad que se pierde conquistando  mercados y vendiendo paraísos embotellados .

Derribemos nuestros miedos a todo. A vivir, a morir, a perder, a encontrarnos tan solos que tengamos que hablar con nosotros mismos y descubramos que no somos quiénes creíamos…

Saltemos los obstáculos que nosotros construimos, descubramos que creemos cosas que nos limitan y acorralan, que no nos ayudan a crecer… Cambiemos nuestros pensamientos por otros pensamientos que nos hagan felices, que nos dibujen un camino que nos lleve a ser quién realmente somos.

Lancémonos al vacío de nuestra incertidumbre, bailemos con la imprudencia de pensar que merecemos lo mejor, juguemos a creer que ya hemos llegado a la meta…

Vaciemos el armario de ropas viejas para personas cansadas y tristes que nosotros ya no somos y vistámonos con nuestra  esencia, sin avergonzarnos de cómo nos vemos, sin temer a qué dirán los que aún se visten de personas que no son…

Cojamos las piedras que nos han lanzado, las de nuestras antiguas fortalezas que en realidad eran muros que nos separaban de sentirnos vivos… Y edifiquemos un refugio donde quepan nuestras ganas inmensas de crecer.

Dejemos de sufrir  y de buscar excusas por no llegar o no aparentar.

Dejemos de llevar esas máscaras amargas para esconder lo que nos asusta

Salgamos de la burbuja que nos comprime y aísla. Rompamos el cerco que nos obliga a fingir y embotellar nuestras risas para cuando sean propicias y adecuadas…

Lloremos, riamos, bailamos sin parar por nada que no sea más grande que nuestra alegría.

Revivamos todo lo llorado para entender el por qué de nuestras lágrimas y cerremos las heridas.

Vivamos cada día todo lo soñado, para que de tanto sentirlo, exista.

Apasionémonos con lo básico, notemos el arrebato y el delirio de vivir en cada esquina lo mágico, lo extraordinario de cada momento único, la barbaridad de vivir sin más red que el sentido del humor.

Seamos quiénes deseamos ser, seámoslo ahora, sin esperar señal, ni ceremonia, sin necesitar súplica ni sacrificio.

Venzamos a la desidia, a la mediocridad y a la desesperanza de un mundo que tiene mucho por ofrecer pero que se esconde y se asusta… Que busca respuestas fuera y no dentro y que sólo encuentra dolor y apariencia.

Un mundo que se cubre el rostro porque se avergüenza y se desespera porque no encuentra maquillaje para el alma…

Vivamos al revés si del revés logramos ver el camino hasta nuestra conciencia, para que cada detalle sea el definitivo.

Reinventémonos sin perder de vista lo que somos, cambiemos para no dejar de ser nosotros mismos… Emprendamos nuestra vida.

 

 


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El niño que duerme en ti


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No sé qué decirte.

Me preguntas por una fórmula mágica para cambiar el rumbo de tu vida y sólo se me ocurre decirte que no hay ninguna… O que hay siete mil millones de fórmulas, una para cada persona que habita el mundo y sueña con ser feliz.

Hay miles de libros que te cuentan como acercarte a esa versión de ti que está oculta y que es capaz de acariciar la vida que deseas, pero ninguno de sus autores puede venir a buscarte a casa para que pongas en práctica sus teorías…

Lo sabemos, tenemos claro que para conseguir que todo funcione tenemos que bajar a las cloacas de nuestra conciencia y ponernos a hacer limpieza. Descubrir qué nos sirve y qué no, qué conservar y qué tirar… Lo sabemos pero no lo hacemos porque es más fácil soñarlo que hacerlo, imaginar que bailas, que sudar ensayando pasos… Pensar que corres que levantarte pronto para hacerlo…Es más sencillo imaginarlo que hacerlo, aunque a la larga, dejarlo pendiente sea doloroso.

Por eso vivimos tanto de recuerdo, porque los recuerdos queman pero se han convertido en rutinas cómodas. Nos pasamos la vida inundados en nuestras sustancias bioquímicas y nos convertimos en yonquis de nuestras penas. Estamos tan acostumbrados a nadar en nuestras hormonas de tristeza y cansancio que cuando vamos por la calle y cuando quién no pensábamos que nos iba a sonreír, nos sonríe, nos sentimos mal porque nos está fastidiando la excusa, la coartada para seguir viviendo en la queja. Nos hemos sentado a mirar nuestra vida como si fuera un televisor y protagonizamos un drama que nos destruye día a día pero que nos permite un protagonismo que en una comedia nos costaría mucho conseguir…

No tengo la fórmula, pero habrá alguna para ti. A mí hay palabras que reverberan muy dentro de mí y me zarandean, me hacen sentir cosas en un chasquido de dedos, me ponen en órbita, me hacen sentir que puede, que sabré cómo, que estoy aquí para algo y encontraré el por qué… Estoy segura que eso activa mecanismos en mí que nunca llegaré a conocer…

Por eso, tienes que buscar. Sin parar. Leerlo todo, intentarlo todo y dedicarte a sentir, a notar, a pensar e imaginar en quién quieres convertirte… Hay quién mira al mar y se encuentra en el mar y quién camina sobre brasas… Hay quién se vacía con un buen psicólogo y quién aprende a bailar. Nada te ahorra bucear en ti y encontrar esa persona que duerme en las mazmorras de tu conciencia y que un día, cuando era un niño inocente y libre, decidió limitarse y encerrarse porque alguien le dijo que ese era su lugar…Porque se creyó que no podría y no pudo.

Tienes que hacer lo posible para encontrar a ese niño y liberarle. Tal vez, necesitas hacerlo con sigilo o quizás a lo loco y sin pensar, porque cada vez está más solo, más cansado, más desesperanzado y recuerda menos lo que era la luz. Y cada minuto que pasa, te costará más recuperarle, traerle de vuelta y hacer que entienda que ya puede hacer lo que sueña… Piensa que va a tener que dejar de soñar pequeño, que va a tener que acostumbrarse a volar y a imaginar que puede con todo después de años de privaciones…Piensa que él tal vez no lo sabe, porque se cree que el lugar donde vive es todo su mundo y no va más allá… Tal vez imagina que los barrotes que le rodean no existen y que sus pensamientos amargos y repetitivos son los únicos pensamientos posibles… Tal vez, ama la puerta que le separa del mundo y ve las paredes que le alejan de la vida como si fueran un hermoso paisaje. Tal vez, no ve los candados que le atan ni se acuerda de que hubo un día en el que escogía su camino… Tal vez no sabe que ha nacido para elegir su vida y se siente atacado o violentado al arrancarle las cadenas y le asusta pasar frío ahí fuera.

Es posible que se defienda con uñas y dientes, que te ataque, que no entienda porque le arrancas ese dolor que siente, porque durante años esa punzada en el pecho ha sido su única compañía. Es posible que te odie por sacarle al mundo y despojarle de su miedo y su rincón sucio. Que le mires y le veas sucio, huraño, arisco… Que te parezca insalvable y te culpes a ti mismo por haber sido incapaz de ir a buscarle antes… No cargues esa culpa porque él las carga todas y necesita mucha paciencia y mucha risa…  Puede que no te reconozcas ninguna de las facciones que ves en él y seas tú quién huye horrorizado al ver en el fondo de sus ojos encarnados y llenos de rabia. No desistas, porque si vuelves a dejarle solo, le enterrarás en una sala más oscura y más triste de dónde pocos salen si no es con muchas ganas.

No sé cómo podrás llegar a él, pero estoy segura de que una vez le encuentres, necesita palabras hermosas, caricias, abrazos… Necesita amor a raudales y comprensión, mucha compresión porque tendrá muchas heridas por cicatrizar.

Tal vez incluso, para poder encontrarle necesites primero quererle,  aceptarle tal como es, sin poner condiciones para su liberación, acercarte a él sin reproches, sin preguntas, perdonar sus miedos y todas las ideas absurdas que pasaron por su cabeza y que le llevaron a encerrarse en ti y tirar la llave…

Ese niño que duerme en ti necesita que le entiendas, que le des la mano sin cuestionar, que le ayudes a quitarse las armaduras que lleva puestas para no recibir golpes ni arañazos y que suponen una carga pesada…

Ese niño merece una oportunidad. Una tras otra. Infinitas oportunidades. Hasta que aprenda a vivir sin que el miedo le abrace la espalda y le presione la garganta… Hasta que oiga su voz diciendo lo que sueña y no se avergüence de ninguna de sus debilidades…Hasta que se quiera tanto que se de cuenta de que merece lo mejor y se muestre dispuesto a conseguirlo y aceptarlo.

No sé cuál es la fórmula, pero cuando encuentres a ese niño, tendrás que cantarle nanas y contarle historias bonitas.

Tendrás que vestirle con tus mejores ropas y dejarle bailar hasta que aprenda los pasos… Y entender sus errores como peajes necesarios y sus juegos como el método para permanecer despierto y no volver a vivir con el piloto automático…Cuando se caiga, tendrás que darle margen para que se levante sólo, porque si le haces el trabajo corres el riesgo de convertirte en su cárcel de nuevo y hacer que regrese a ese lugar donde no se toman decisiones y se vive a medias.

Y cuando tenga la tentación de volver a su celda, tendrás que acompañarle y decirle que ya no existe ese lugar, que no la necesita, que sólo reaparecerá si el miedo a ser él mismo gana la batalla.

Este camino será duro, pero no cierres la puerta, la recompensa es enorme, inmensa.

Pasarás mil días y mil noches junto él que te parecerán eternas, esperando un gesto, una señal de que te reconoce… Hasta que un día, ese amasijo de miedos te mirará a los ojos y verás en los suyos un brillo especial. Y sabrás te quiere, que se quiere. Es el principio de algo maravilloso…

 


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Te mereces ser tú mismo


A la única persona a la que debes contentar es a ti.  No te enmascares para parecer ni caer bien. No tienes que encajar en nada ni ser de ninguna forma concreta. Mientras no pasemos de los demás, estaremos frustrados y no desarrollaremos nuestro potencial. La gente cuando te critica, lo que hace es proyectar en ti sus frustraciones. Hablan más de ellos que de ti. No puedes resignarte a no mostrar quién eres por temor a lo que dirán los demás… No se puede gustar a todo el mundo, no lo intentes. No juzgues, no critiques, sólo construye. No puedes vivir una vida ajena.