merceroura

la rebelión de las palabras


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Vivir sin medida


Foto : Mercè Roura

Foto : Mercè Roura

Esto se acaba… Otra vez… Desde hace días que oigo un montón de ideas sobre cómo será el nuevo año. Dicen que será mejor, que este 2016 ha sido un año duro y complicado y que 2017 será un momento para que las ideas fluyan y las soluciones lleguen. No lo voy a negar, tengo ganas… Espero que este, como me pasó en 2015, sea mi año.

De todas formas, hay algo que me queda claro después de este 2016 cargado de todo… Ha sido un año amargo y dulce. Un año de abrir heridas antiguas para convertirlas en cicatrices… Un año de golpes y decepciones, de falsedades descubiertas y verdades crudas. Un momento para caricias con garras afiladas y enorme confusión… Este año me han pasado cosas maravillosamente terribles… He bebido remedios amargos y he topado con realidades incluso más increíbles que las fantasías más locas…Lo repaso y algunas cosas aún me hacen estremecer…

Me quedan ahora algunas preguntas en el aire que necesito compartir… ¿Es realmente negativo eso? Lo digo porque este ha sido uno de los años más duros de mi vida y a la vez el año en el que me he sentido más libre y más yo misma que nunca… Este año me he descubierto de verdad y me he dejado guiar por mi intuición y mi entusiasmo…

¿No necesitamos momentos así? ¿No necesitamos tormenta para que luego llegue la calma? ¿No es al caer que tomamos la fuerza para levantarnos?  Sólo encontrando en lo más profundo de ti lo más oscuro, lo que te ocultas y no quieres conocer a veces, puedes llegar a encontrar tu luz y brillar intensamente… ¿Qué seríamos sin nuestras sombras? ¿qué pasaría si no pudiéramos encontrar nuestras aristas más cortantes? ¿cómo las limaríamos? Y si no pudiéramos ver lo que no queremos ser ¿cómo sabríamos cuál es nuestra misión en la vida?

Y para las personas con las que nos cruzamos.. ¿Cómo elegiríamos bien a los mejores compañeros si no topáramos con personas que no merecen nuestra compañía?  ¿Cómo crecer hasta llegar a la altura de nuestros sueños sin las dificultades? ¿Cómo llegar a ser nuestra mejor versión sin subir esta escalera de caracol angosta y complicada? A pesar del vértigo y de que a veces no se puede ver dónde sujetarse porque no hay barandilla… ¿Qué somos si no comprendemos lo que no somos?

Lo digo porque al mirar atrás y pedir un poco paz interior entre tanta tormenta, me veo de pie, erguida, llevando mi barca a puerto, arriando mis velas, vestida de sal de mar y revuelta de arena y me doy cuenta de que he aprendido a navegar… Que he conocido aún más si cabe el dolor y el miedo, la aventura de adentrarse en ese mar lleno de belleza y hondura, un mar bravo lleno de vida y de todo lo que cabe esperar… Desengaño, pasión, viento huracanado, calma deliciosa, tiburones insaciables y olas gigantes… Me miro y a pesar de la dificultad del trayecto veo en mis ojos la extraña belleza del cambio, de la experiencia, de saber que he podido a pesar de caer hasta el fondo y golpearme en las rocas… El gesto del que se conoce y complace de conocerse aún sabiendo de sus rincones oscuros y sus imperfecciones necesarias… Y sólo se me ocurre mirar al mar y dar gracias, por todas y cada una de sus envestidas y caricias, que me han llevado a esta persona que ahora soy…

Es cierto, nos toca calma…Nos hace mucha falta un momento de paz para evaluar daños y recomponernos… Sin embargo, somos quienes somos por cómo hemos librado batalla y mantenido la esencia ante los momentos duros… Por cómo hemos sabido extraer la enseñanza al horror y la belleza del dolor…

Somos lo que somos porque el mar estaba bravo y decidimos salir a navegar en lugar de quedarnos en casa…

Somos lo que somos porque preferimos arriesgar a quedarnos con la mirada de siempre y dejar que nuestras pupilas se invadieran de rutina…

Somos lo que somos porque decidimos serlo a pesar de los golpes secos y las caricias falsas…

Y el premio por soportar tanto contratiempo sin salir corriendo, somos nosotros… Conocernos, amarnos, tenernos…

Sólo los que se conocen deciden su futuro.

Y eso, es gracias a nosotros y años como este 2016 que agoniza y casi pide perdón por los mordiscos necesarios, los arañazos y las puñaladas a traición…

No se trata de como sea este nuevo año, se trata de cómo somos nosotros.

Tocaba crecer y el mundo nos puso delante los maestros adecuados…

Tocaba perder y la vida nos arrancó a veces lo amado para que sepamos que en realidad no tenemos nada más que nosotros mismos…

Tocaba vivir y el universo casi nos arranca la vida para que recordemos lo hermosa que es…

Hay momentos para todo… Que este 2017 nos traiga calma y nos empuje a cumplir sueños…

Foto : Mercè Roura

Foto : Mercè Roura

Ahora, toca mar plana, olas chicas que llegan a la arena y besan las rocas con placidez…Dejar de luchar para soltar amarras y notar la vida, dejar que nos acaricie el sol y nos venza este mar amable y tranquilo… Toca llegar a puerto y abrazar la paz de conocernos y sabernos más libres.

Toca brillar y desplegar las alas para que se note lo aprendido…Para enseñar a otros que buscan su rumbo que es posible.

Toca mostrar nuestra luz al mundo y compartirla… Sólo así se hará más grande, inmensa, eterna…

Toca mostrar quiénes somos ahora que ya lo tenemos claro.

Toca abrazar nuestra esencia y vivir sin medida.

 

Gracias… #Feliz2017


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La magia de lo imposible


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Toca dar las gracias ahora, por todo lo bueno y por lo que parece terrible pero acabará siendo energía pura para seguir adelante.

Una de las cosas que he aprendido los últimos años es que cuanto más se empeña la vida en golpear, más capacidad de encarar adquieres… Te vuelves flexible, fuerte, valiente, casi casi… perdón por la osadía, un poco más sabio… Y claro, osado. Esa osadía es la que te convierte en alguien distinto. El enorme poder que te confiere sobre ti mismo y sobre tu vida llevar un poco la contraria y no sumergirte en el conformismo… No subsidiarte a ti mismo sino hacerte levantar y seguir… La osadía de preguntarte cosas que parecen no tener respuesta y de meterte en situaciones que dan tanto miedo que a veces, cuando te flaquean las fuerzas, un sudor frío te invade el cuerpo y notas como el corazón se te acelera… Es tu yo asustado y antiguo que intenta que te rindas porque no puede más.

La osadía de creer que tú eres uno de ellos… ¿Quiénes son ellos? Los que llegan, los que lo consiguen, los que se dejan a veces pedazos de vida absurda en el camino y renuncian a su cansancio, a sus ganas de salir corriendo… Renuncian a estar acompañados si esa compañía les araña el alma, aunque hacer el camino solos les mantenga el corazón inquieto y les haga sentir inseguros.

Mejor un alma alborotada que un alma dormida.

Mejor un sueño a medias que una parodia de vida.

Mejor dejar lo que no nos hace bien, que pasarnos la vida justificando lo injustificable y engañándonos pensando que va a cambiar sin que nosotros hagamos nada. Si aceptamos algo que no respeta nuestra esencia, perdemos nuestra esencia… El árbol muerto no da fruto.

Toca dar gracias ahora por haberse dado cuenta de lo que es y lo que no. Por los momentos dulces de caminar en una cuerda tan floja que a veces te encuentras sujeto a ella sin estarlo y te descubres levitando…Con medio cuerpo suspenso y media alma cosida al cuerpo para que no caiga.

Toca dar las gracias porque a menudo cuando te quedas paralizado y se te cierran todos los caminos, te das cuenta de que ha llegado el momento de volar…  Y vuelas. No sabes cómo, pero lo haces. Un día te encuentras haciendo algo que hace veinticuatro horas era impensable, increíble, imposible. Y rompes la cáscara imaginaria de la que no te atrevías a salir. Y sales del círculo que te rodea. Te encoges de frío y de miedo y de cansancio… Y sientes que estás loco y no podrás. Lloras de pánico, pero puedes… No sabes cómo, pero lo haces. Piensas que no puedes hasta que te encuentras haciéndolo y te quedas alucinado contigo mismo mientras las lágrimas de emoción te surcan la cara, que arde intensamente sin saber por qué.

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Entonces, ves claro que debías dar ese paso.  Para ser libre hay que tomar decisiones que dan a veces mucho miedo… A menudo, no ves el lastre a soltar para ir más ligero porque está tan incrustado en tu vida que parece una parte de ti y confundes tu miedo con un razonamiento lógico y huyes de él, cuando en realidad, es la puerta a cruzar para poder llegar a tus metas. Llevamos tantas respuestas escritas en la espalda que sólo se ven si sueltas la carga y miras atrás ante el espejo con ojos de sabio… Si te das la vuelta a ti mismo y cambias de perspectiva… La vida siempre te deja escritas  las pistas para pasar sus pruebas en esos lugares que no te atreves a pisar. Como llevar las chuletas escritas al examen y no atreverse a mirarlas… En el fondo, todo es una invitación a salir de ti, a pasar la línea y romper algunas normas absurdas que hace siglos te impusiste y nunca más te has planteado por qué.

Y ves que el triunfo no es la meta, ni el sueño, ni el reto. El triunfo es el salto, el haber salido de ti, el haberte atrevido a romper contigo mismo para encontrarte de verdad. El regalo es esta persona que eres ahora, que vibra en ti y que antes estaba oculta en tus pliegues suplicando salir…

No importa no llegar a  alcanzar tu sueño. Tal vez incluso, al mirarlo, te das cuenta de que ya no brilla tanto… Lo que importa es que tú ya no eres el mismo. Ves más cosas, piensas distinto, sientes distinto… Te miras y ves a alguien capaz, alguien que salta y vuela. Y te da cuenta de que da igual lo que busques, lo realmente importante es quién eres. Tu sueño es casi una excusa.  Ahora puedes decidir seguir si realmente te llena, si te invade de felicidad, si es un sueño de esta nueva versión de ti más lúcida y sabia.

Ahora puedes decidir si era un medio o era fin. Si lo querías para crecer o lo necesitabas para demostrarte algo. Si te representa o te limita… Si va con la nueva persona que te habita o era un peaje de la antigua… Los sueños no están ahí para que brillemos después de conseguirlos, están ahí para que brillemos antes. No son la causa de nuestro cambio, son la consecuencia…

Si te ves en tu sueño todavía después del proceso, tómalo… Lo tienes cerca porque ya eres esa persona que logra sus sueños.

Si te queda pequeño o viejo, suéltalo y siente de nuevo tu camino…En un esquina hay algo nuevo, seguro. La nueva persona que eres se motiva fácilmente porque todo lo que necesita para hacerlo lo lleva dentro.

Te preguntas cómo no pudiste verlo antes, que el regalo por este trabajo complicado eras tú. El premio por manejar tu vida, por responsabilizarte del camino, por tomar decisiones complicadas y soportar el frío necesario para crecer… siempre eres tú.

Ahora toca dar gracias por haber abierto los ojos…Por esa conciencia que ha aumentado de tamaño y esa capacidad de entender que necesitas seguir… Ahora toca volar aún más.

Eres tu gran conquista.

A veces, la vida no te da más opción que intentar lo imposible… Y tú no tienes más remedio que conseguirlo.

A veces, la vida te pide tanto, que te ves obligado a hacer magia.


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Antes de llegar a la meta


Conocerse a uno mismo es un trabajo. Tal vez el trabajo más duro que hagamos en nuestra vida. Ya que conocerse no es algo que empiece y acabe, es algo que supone un camino que nunca termina.

Tienes que aceptarte, descubrir todo lo maravilloso que almacenas y lo más oscuro que ocultas. Decidir qué quieres cambiar, qué debes asumir y encontrar tus porqués.

Conocer tus heridas y reconocer todos los errores  que has cometido intentando curarlas y que no sirvieron más que para hacerlas más profundas y dolorosas. Y amar esos errores porque son un material precioso para empezar a cambiar.

Nuestras cicatrices, nuestros momentos dolorosos guardados a fuego, esos que a veces ni tan solo te admites a ti mismo, son los que han forjado lo que somos, lo que hemos conseguido, lo que echamos de menos y deseamos conseguir.

A veces, tenemos sueños porque creemos que conseguirlos nos ayudará  a cambiar. Sin embargo, son  sólo máscaras que cubren nuestro rostro triste, baúles donde ocultar nuestros miedos y carencias emocionales… Los sueños de verdad no  nos convierten en nadie distinto sino que son la consecuencia de habernos convertido antes en alguien distinto… No sirven para ocultar debilidades sino para mostrarlas una vez las hemos transformado en fortalezas… No cierran heridas, son el resultado de haberlas cerrado… No nos harán felices, son el efecto de haberlo sido mientras intentábamos llegar a ellos…

El trabajo en uno mismo, la búsqueda interior para superarse y llegar a ser esa persona que llevamos dentro que vence la adversidad y brilla sin dejarse llevar por el miedo, es complicado. Tiene momentos muy amargos en los que nos tambaleamos y sentimos rotos, vacíos, perdidos… A veces, te enamoras de pequeños avances y luego te desesperas porque pasan los días y no mejoras en nada… A veces, te impregna una alegría dulce por haber conseguido dar un gran paso y más tarde ves todo lo que queda por hacer y tu dicha se desmorona en un instante y te arrastra a ti y al paso que has dado antes… Y descubres que era un paso falso… Y crees que no te queda nada… Aunque no es cierto, cada intento, cada paso minúsculo, cada mirada interior que haces, esté bien o mal, es un avance maravilloso hacia ti.

La impaciencia es devastadora. Te llena de desesperanza, te deja sin ganas. Esperamos tanto de todo y de todos… ¡Menos de nosotros mismos!!Nos pasamos la vida poniendo en manos de otros y de las circunstancias que nos rodean nuestra felicidad. Delegamos en otros la consecución de nuestros sueños y cuando no cumplen nuestras expectativas nos enfadamos. Esperamos que nos hagan más fácil el trance mientras nos ocupamos de descubrir quiénes somos, que nos ayuden a seguir… Les damos el poder sobre nuestras vidas y esperamos que nos lleven parte de la carga. Está bien pedir ayuda,  pero nadie puede pasar por nosotros las pruebas que debemos superar… No podemos usarles para saltarnos pasos ni buscar veredas . No hay atajos en el camino a nosotros mismos.

Algo que descubres cuando trabajas en ti mismo es que no hay nada que esté bien o mal, que lo bueno a veces es una calle sin salida y lo que parece malo es una puerta abierta a un mundo de posibilidades… Que lo que pensabas que era terrible en ti, es tu fuerza y tu bandera. Que lo que siempre has mostrado como propio no es tan tuyo, ni tan necesario y que no pasa nada… No pasa nada porque cuanto menos perfecto eres, más extraordinario puedes llegar a ser.

No llegas a conocerte y aceptarte hasta que no te acercas a ti sin prejuicios y estás dispuesto a asumir todo lo que salga de esa caja de pandora que llevas dentro, almacenando lágrimas, heridas y momentos maravillosos… Hasta que no decides que encuentres lo que encuentres ahí dentro no vas a avergonzarte y vas aprender que tiene un lado hermoso y que lo más oscuro que hay en ti puede convertirse en algo que te salve la vida…

Si amas tus rarezas, tus caras amargas, tus aristas más cortantes… Si eres capaz de mirar tu lado más oscuro, eres capaz de dar el gran salto… hasta ti.

Alguien me dijo ayer sabiamente que trabajar en uno mismo es a menudo doloroso, pero que eso es el precio a pagar por no ser alguien superficial. Como el peaje por no pasar por la vida de puntillas…Que las personas sensibles viven a flor de piel y que eso hace que lo amargo sea muy amargo y lo dulce sea más dulce… Y también me dijo que sin embargo, cuando llegas a tu meta, a encontrarte contigo y aceptarte y ser como realmente eres, la recompensa es maravillosa y la calidad de tu vida es mejor.

El día que dejas de desesperar, el día que te sientes realmente cómo eres y confías, el día que notas cada paso del camino… Ese día la vida te acerca a lo que sueñas de golpe… Sólo avanzas cuando sintonizas contigo mismo, cuando crees en ti, cuando confías en tu capacidad y sabes que podrás… Curioso esto de crecer y evolucionar, va de no necesitar, de no rendirse, de no desesperarse por mal que pinte todo…De oír tu voz y no perderla como guía mientras todo se balancea y la tormenta te zarandea mientras pasas por la cuerda floja…

Se trata de ser primero lo que sueñas que eres, antes de conseguirlo.

Se trata de convertirte en ganador, antes de llegar a la meta.

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Mil gracias a Elena Arnaiz por sus palabras maravillosas, por su sencillez, generosidad y su gran talento guiando a las personas…


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Reinvertarte para seguir siendo tú


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Convirtamos el dolor que sentimos en belleza.

Hagamos algo hermoso con lo que nos hiere y nos asusta.

Seamos más sensibles a todo y a la vez más fuertes… Que nuestra sensibilidad nos permita atraer lo entrañable, lo dulce, lo que nos aporta valor… Que nuestra fortaleza nos ayude a aceptar lo que nos disgusta y araña, para poder encontrarle el lado bueno y el aprendizaje necesario.

Seamos bestias maravillosas. Auténticos y diferentes. Seamos absurdos ante un mundo que busca una perfección imposible y se arrastra porque no entiende que ya tiene todo lo que sueña…

Y no lo vive, no lo ve,  no lo nota.

Rondemos tanto la suerte, que seamos la suerte.  No esperemos más que lo que nosotros mismos podamos crear o imaginar y recibamos tanto como merecemos, que es mucho…

Encontremos eso que creemos que nos falta hurgando en nuestras entrañas cansadas… Mirando en los pliegues de nuestra conciencia, que a veces duerme y otras se despierta rabiosa porque no hace los deberes…

Amemos sin tregua. Amémoslo todo sin mirar primero, sin buscar a quién, sin encontrar los defectos ni las etiquetas. Que los besos nos arropen en las noches frías y los abrazos sean el sol que cuesta encontrar las mañanas de invierno…

Y amémonos a nosotros mismos como si ya supiéramos que nunca vamos a decepcionarnos. Como nos amaríamos si no tuviéramos miedo a las miradas ajenas y las propias.

Alegrémonos por todo lo bueno que nos pasa de largo y toca a quiénes nos rodean, porque es la única forma de conseguir que la felicidad se detenga ante nuestra puerta.

Seamos más que un número de afiliación a una sociedad que se pierde conquistando  mercados y vendiendo paraísos embotellados .

Derribemos nuestros miedos a todo. A vivir, a morir, a perder, a encontrarnos tan solos que tengamos que hablar con nosotros mismos y descubramos que no somos quiénes creíamos…

Saltemos los obstáculos que nosotros construimos, descubramos que creemos cosas que nos limitan y acorralan, que no nos ayudan a crecer… Cambiemos nuestros pensamientos por otros pensamientos que nos hagan felices, que nos dibujen un camino que nos lleve a ser quién realmente somos.

Lancémonos al vacío de nuestra incertidumbre, bailemos con la imprudencia de pensar que merecemos lo mejor, juguemos a creer que ya hemos llegado a la meta…

Vaciemos el armario de ropas viejas para personas cansadas y tristes que nosotros ya no somos y vistámonos con nuestra  esencia, sin avergonzarnos de cómo nos vemos, sin temer a qué dirán los que aún se visten de personas que no son…

Cojamos las piedras que nos han lanzado, las de nuestras antiguas fortalezas que en realidad eran muros que nos separaban de sentirnos vivos… Y edifiquemos un refugio donde quepan nuestras ganas inmensas de crecer.

Dejemos de sufrir  y de buscar excusas por no llegar o no aparentar.

Dejemos de llevar esas máscaras amargas para esconder lo que nos asusta

Salgamos de la burbuja que nos comprime y aísla. Rompamos el cerco que nos obliga a fingir y embotellar nuestras risas para cuando sean propicias y adecuadas…

Lloremos, riamos, bailamos sin parar por nada que no sea más grande que nuestra alegría.

Revivamos todo lo llorado para entender el por qué de nuestras lágrimas y cerremos las heridas.

Vivamos cada día todo lo soñado, para que de tanto sentirlo, exista.

Apasionémonos con lo básico, notemos el arrebato y el delirio de vivir en cada esquina lo mágico, lo extraordinario de cada momento único, la barbaridad de vivir sin más red que el sentido del humor.

Seamos quiénes deseamos ser, seámoslo ahora, sin esperar señal, ni ceremonia, sin necesitar súplica ni sacrificio.

Venzamos a la desidia, a la mediocridad y a la desesperanza de un mundo que tiene mucho por ofrecer pero que se esconde y se asusta… Que busca respuestas fuera y no dentro y que sólo encuentra dolor y apariencia.

Un mundo que se cubre el rostro porque se avergüenza y se desespera porque no encuentra maquillaje para el alma…

Vivamos al revés si del revés logramos ver el camino hasta nuestra conciencia, para que cada detalle sea el definitivo.

Reinventémonos sin perder de vista lo que somos, cambiemos para no dejar de ser nosotros mismos… Emprendamos nuestra vida.

 

 


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El niño que duerme en ti


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No sé qué decirte.

Me preguntas por una fórmula mágica para cambiar el rumbo de tu vida y sólo se me ocurre decirte que no hay ninguna… O que hay siete mil millones de fórmulas, una para cada persona que habita el mundo y sueña con ser feliz.

Hay miles de libros que te cuentan como acercarte a esa versión de ti que está oculta y que es capaz de acariciar la vida que deseas, pero ninguno de sus autores puede venir a buscarte a casa para que pongas en práctica sus teorías…

Lo sabemos, tenemos claro que para conseguir que todo funcione tenemos que bajar a las cloacas de nuestra conciencia y ponernos a hacer limpieza. Descubrir qué nos sirve y qué no, qué conservar y qué tirar… Lo sabemos pero no lo hacemos porque es más fácil soñarlo que hacerlo, imaginar que bailas, que sudar ensayando pasos… Pensar que corres que levantarte pronto para hacerlo…Es más sencillo imaginarlo que hacerlo, aunque a la larga, dejarlo pendiente sea doloroso.

Por eso vivimos tanto de recuerdo, porque los recuerdos queman pero se han convertido en rutinas cómodas. Nos pasamos la vida inundados en nuestras sustancias bioquímicas y nos convertimos en yonquis de nuestras penas. Estamos tan acostumbrados a nadar en nuestras hormonas de tristeza y cansancio que cuando vamos por la calle y cuando quién no pensábamos que nos iba a sonreír, nos sonríe, nos sentimos mal porque nos está fastidiando la excusa, la coartada para seguir viviendo en la queja. Nos hemos sentado a mirar nuestra vida como si fuera un televisor y protagonizamos un drama que nos destruye día a día pero que nos permite un protagonismo que en una comedia nos costaría mucho conseguir…

No tengo la fórmula, pero habrá alguna para ti. A mí hay palabras que reverberan muy dentro de mí y me zarandean, me hacen sentir cosas en un chasquido de dedos, me ponen en órbita, me hacen sentir que puede, que sabré cómo, que estoy aquí para algo y encontraré el por qué… Estoy segura que eso activa mecanismos en mí que nunca llegaré a conocer…

Por eso, tienes que buscar. Sin parar. Leerlo todo, intentarlo todo y dedicarte a sentir, a notar, a pensar e imaginar en quién quieres convertirte… Hay quién mira al mar y se encuentra en el mar y quién camina sobre brasas… Hay quién se vacía con un buen psicólogo y quién aprende a bailar. Nada te ahorra bucear en ti y encontrar esa persona que duerme en las mazmorras de tu conciencia y que un día, cuando era un niño inocente y libre, decidió limitarse y encerrarse porque alguien le dijo que ese era su lugar…Porque se creyó que no podría y no pudo.

Tienes que hacer lo posible para encontrar a ese niño y liberarle. Tal vez, necesitas hacerlo con sigilo o quizás a lo loco y sin pensar, porque cada vez está más solo, más cansado, más desesperanzado y recuerda menos lo que era la luz. Y cada minuto que pasa, te costará más recuperarle, traerle de vuelta y hacer que entienda que ya puede hacer lo que sueña… Piensa que va a tener que dejar de soñar pequeño, que va a tener que acostumbrarse a volar y a imaginar que puede con todo después de años de privaciones…Piensa que él tal vez no lo sabe, porque se cree que el lugar donde vive es todo su mundo y no va más allá… Tal vez imagina que los barrotes que le rodean no existen y que sus pensamientos amargos y repetitivos son los únicos pensamientos posibles… Tal vez, ama la puerta que le separa del mundo y ve las paredes que le alejan de la vida como si fueran un hermoso paisaje. Tal vez, no ve los candados que le atan ni se acuerda de que hubo un día en el que escogía su camino… Tal vez no sabe que ha nacido para elegir su vida y se siente atacado o violentado al arrancarle las cadenas y le asusta pasar frío ahí fuera.

Es posible que se defienda con uñas y dientes, que te ataque, que no entienda porque le arrancas ese dolor que siente, porque durante años esa punzada en el pecho ha sido su única compañía. Es posible que te odie por sacarle al mundo y despojarle de su miedo y su rincón sucio. Que le mires y le veas sucio, huraño, arisco… Que te parezca insalvable y te culpes a ti mismo por haber sido incapaz de ir a buscarle antes… No cargues esa culpa porque él las carga todas y necesita mucha paciencia y mucha risa…  Puede que no te reconozcas ninguna de las facciones que ves en él y seas tú quién huye horrorizado al ver en el fondo de sus ojos encarnados y llenos de rabia. No desistas, porque si vuelves a dejarle solo, le enterrarás en una sala más oscura y más triste de dónde pocos salen si no es con muchas ganas.

No sé cómo podrás llegar a él, pero estoy segura de que una vez le encuentres, necesita palabras hermosas, caricias, abrazos… Necesita amor a raudales y comprensión, mucha compresión porque tendrá muchas heridas por cicatrizar.

Tal vez incluso, para poder encontrarle necesites primero quererle,  aceptarle tal como es, sin poner condiciones para su liberación, acercarte a él sin reproches, sin preguntas, perdonar sus miedos y todas las ideas absurdas que pasaron por su cabeza y que le llevaron a encerrarse en ti y tirar la llave…

Ese niño que duerme en ti necesita que le entiendas, que le des la mano sin cuestionar, que le ayudes a quitarse las armaduras que lleva puestas para no recibir golpes ni arañazos y que suponen una carga pesada…

Ese niño merece una oportunidad. Una tras otra. Infinitas oportunidades. Hasta que aprenda a vivir sin que el miedo le abrace la espalda y le presione la garganta… Hasta que oiga su voz diciendo lo que sueña y no se avergüence de ninguna de sus debilidades…Hasta que se quiera tanto que se de cuenta de que merece lo mejor y se muestre dispuesto a conseguirlo y aceptarlo.

No sé cuál es la fórmula, pero cuando encuentres a ese niño, tendrás que cantarle nanas y contarle historias bonitas.

Tendrás que vestirle con tus mejores ropas y dejarle bailar hasta que aprenda los pasos… Y entender sus errores como peajes necesarios y sus juegos como el método para permanecer despierto y no volver a vivir con el piloto automático…Cuando se caiga, tendrás que darle margen para que se levante sólo, porque si le haces el trabajo corres el riesgo de convertirte en su cárcel de nuevo y hacer que regrese a ese lugar donde no se toman decisiones y se vive a medias.

Y cuando tenga la tentación de volver a su celda, tendrás que acompañarle y decirle que ya no existe ese lugar, que no la necesita, que sólo reaparecerá si el miedo a ser él mismo gana la batalla.

Este camino será duro, pero no cierres la puerta, la recompensa es enorme, inmensa.

Pasarás mil días y mil noches junto él que te parecerán eternas, esperando un gesto, una señal de que te reconoce… Hasta que un día, ese amasijo de miedos te mirará a los ojos y verás en los suyos un brillo especial. Y sabrás te quiere, que se quiere. Es el principio de algo maravilloso…

 


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Te mereces ser tú mismo


A la única persona a la que debes contentar es a ti.  No te enmascares para parecer ni caer bien. No tienes que encajar en nada ni ser de ninguna forma concreta. Mientras no pasemos de los demás, estaremos frustrados y no desarrollaremos nuestro potencial. La gente cuando te critica, lo que hace es proyectar en ti sus frustraciones. Hablan más de ellos que de ti. No puedes resignarte a no mostrar quién eres por temor a lo que dirán los demás… No se puede gustar a todo el mundo, no lo intentes. No juzgues, no critiques, sólo construye. No puedes vivir una vida ajena.

 


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El mundo está en tus manos


El  mundo es sobre todo de los que andan por ahí desnudos… Aunque también es de los que no se atreven a desnudarse porque aún no se conocen lo suficiente.

De esas personas que ya no se asustan por darse a conocer y admitir que la vida les duele, que se sienten decepcionados y que esperaban más… Que deciden descubrir por qué se sienten así y se responsabilizan de sus fantasmas y sus dolores…

Y también de esas que culpan a los demás de sus desgracias inventadas y construyen muros para que la vida no les afecte, no les golpee, no les contagie.

Es de todos… De los que lo recorren y de los que usan sólo un rincón porque no creen que merezcan más.

El mundo es los que admiten sus errores y se sienten vulnerables sin dejarse ahogar por la culpa… De los que aceptan que la verdadera perfección es imperfecta y asumen que los demás no están aquí para satisfacer sus necesidades y alimentar sus expectativas…

De los que se vacían las entrañas de mentiras piadosas y tragan verdades crudas y amargas porque saben que nunca podrán vivir de sucedáneos.

Hasta que no miras en el espejo y ves lo que realmente eres, no hay tregua, no hay calma… La lucha más dura siempre es contigo mismo… El enemigo más despiadado siempre eres tú.

El mundo es de los hambrientos y los alegres. De los que están metidos en su vida y se notan los dedos de los pies cuando sueñan. De los que lloran para que no se les enquisten las lágrimas y cuando se pierden se dibujan un atajo sin esperar encontrar la señal. Aunque también es de los tristes y desganados, de los que se inundan de autocompasión pero en algún momento, cuando el asco está a punto de vencerles, deciden levantarse y mirar en su interior…

El mundo es de los que se adentran en la noche porque no pueden esperar a que sea mañana y de los que se comen la impaciencia si hace falta para conseguir oler sus sueños.

Es de los callados también. Y de los que parlotean porque el silencio les duele tanto que no soportan su ruido ensordecedor… De los que cuando se quedan solos se sienten libres… De los que cuando se quedan solos, se sienten solos… El mundo es incluso de los que están solos entre la multitud.

Hasta que no te aceptas y te reconoces, hasta que no abrazas la necesaria soledad para indagar en tu belleza y en tus miserias no consigues el regalo de conocerte, de estar contigo y bucear en tu inmensidad…

El mundo es de los que aman delirando por poder seguir ese amor sin esperar nada pero sin degradarse nunca. De los que sacan ventaja del dolor y saquean su mente buscando pensamientos dulces para los momentos amargos.

Aunque es también de los que se aferraron a un amor y dependen de él para respirar…Porque no saben aún que hasta que no se amen a sí mismos, los todos los amores que encuentren  no serán más que una prueba para que descubran cómo encontrarse, cómo comprenderse, cómo sentirse cómodos en su piel…

El mundo es de los que nunca se resignan y se fabrican placebos para poder seguir andando cuando los pasos se les borran y el cansancio les rompe las ganas.

Y de los que han perdido porque no lo intentan. Porque tal vez les va bien caer para poderse levantar…

Es de los fracasados que no ceden al asco. De los desheredados que no esperan más legado que el de la pasión y la fuerza… De los que cantan sin que nadie les oiga y bailan sin necesitar encontrarse el cuerpo.

El mundo es de los que andan por ahí abiertos y no les importa que los demás conozcan sus miedos y miserias…

De los que no admiten regateos en sus valores y conquistan su paz a base de paciencia. De los impacientes que nunca llegan porque siempre necesitan…

De los que renuncian a tener la razón a cambio de conciencia.

De los que cambian la certeza por la risa y la incertidumbre por confianza…

El mundo es de los que se desesperan sin encontrar salida y se encierran en su ego para decidir que no hay justicia.

El mundo es de los que construyen fortalezas con las piedras que les lanzan y usan su miedo de catapulta para llegar antes al final del camino y volver a empezar.

El mundo es de los que comprenden a los demás y de los que nunca lo hacen. Y de los que jamás se pondrán en piel ajena ni llorarán ese dolor extraño que te une a otros… Es suyo también porque, aunque lo desconocen, ellos son los que más compasión necesitan.

Si no comprendemos a los que no ven la vida como la vemos nosotros, también somos injustos… Si no conocemos su historia ni su dolor ni sabemos qué pensamientos pasan por su cabeza ni cómo se estremece su cuerpo ante algunas situaciones… Si no sentimos ni percibimos cuál es la medida de su alma no podemos entender sus gestos ni sus palabras…

Si les juzgamos sin saber, nos quedamos sin la oportunidad de aprender.

Porque cada persona que se acerca a nosotros viene con una enseñanza bajo el brazo. Con una prueba que tenemos que superar, con un obstáculo por saltar o rodear… Si les rechazamos porque no se parecen a nosotros o no viven la vida según nuestras normas, nos perdemos el regalo que traen para nosotros…

Al fin y al cabo, si tanto nos molestan, es porque nos vemos en ellos. Porque nos traen la respuesta a una pregunta que no nos atrevemos a formularnos, porque nos recuerdan lo que negamos que somos o nos da miedo aceptar que podemos llegar a ser… Porque no nos reafirman sino que nos cuestionan nuestras creencias.. ¿acaso no son cuestionables? ¿no nos merecemos ponerlas a prueba para saber si son firmes? ¿nos da miedo perder nuestra esencia o que en realidad se nos caiga la máscara que nos hemos puesto?

Cada persona que se acerca a nosotros y nos molesta viene a zarandear nuestros valores y poner en evidencia nuestras maravillosas debilidades para que aprendamos de ellas… Viene a remover nuestra conciencia para ampliarla, a demostrarnos que debemos desaprender mil creencias grabadas a fuego que nos limitan, a poner en jaque nuestra vida para que nos conozcamos mejor y tomemos las riendas…

Sólo aceptando a esas personas nos aceptamos a nosotros… Sólo aceptándonos a nosotros somos capaces de aceptarles a ellos. Cuando les juzgamos, nos juzgamos a nosotros mismos… Si les apartamos sin comprender ni descubrir antes por qué nos duele como son, nos apartamos a nosotros y a la posibilidad de encontrar el aprendizaje que traen para nosotros…

Son las personas que necesitamos conocer para crecer… Si decides no verlas, no mirarlas, no entenderlas… Decides no verte a ti mismo…

Y cuando lo aprendemos decidimos si les queremos cerca o no, aunque, entonces, casi ya no importa… Una vez saldas cuentas contigo y te comprendes, ellos ya no te afectan ni te molestan.

La vida, el camino, la posibilidad de ser, la oportunidad de vivir, las ganas de sentir, la ilusión de llegar a dónde sueñas… El mundo es de todos, incluso de los que no lo recorren porque su miedo a ser les aleja de él…  Incluso de los que aún ignoran que lo es…

El mundo está en tus manos siempre, aunque a veces no lo puedas ver…

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