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la rebelión de las palabras


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Tú eres la vida


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La vida es hermosa, a pesar de todo. Incluso cuando duele y desconcierta. Cuando no sabes por qué te zarandea, te enfadas y la amas todavía más si cabe porque recuerdas lo bonita que era antes y necesitas abrazarla con más fuerza… Y no es que a veces no te lo ponga difícil porque menudos juegos se monta. Se las arregla para que lo que hoy te parece poco, mañana, viendo el panorama te parezca que era todo… Para que lo que detestabas ayer, ahora te sepa a gloria. Y porque te demuestra cada día que aquello que pensabas era terrible e irremediable, nunca acabe pasando y quedes ante ti mismo como un paranoico que una y otra vez se deja arrastrar por una mente secuestrada y perversa…

A veces, la vida te da tanto que no ves nada. Otras veces, te arranca todo y te deja sin habla, sin latido, sin aire. Y lo hace en un lapso de diez años, de dos meses, de cinco minutos. Ahora eres el rey de un reino y mañana eres el loco que recuerda lo que fue mientras los que jamás fueron reyes le miran de reojo y piensan que es un tipo raro. Ahora eres el que pide limosna y mañana el que la da. Hoy vuelas y mañana ni siquiera puedes caminar. Eres un niño travieso, un chico amable, un padre cansado, abuelo al que todos gritan porque ya no oye y hace tiempo que llora porque a pesar de no escuchar nada sabe que ya nadie le habla… Detrás de cada anciano que espera el autobús sigue habiendo un niño con las rodillas llenas de costras que no se sabe todavía las tablas de multiplicar. Detrás de cada madre que amamanta a su hijo hay una niña que escribe cuentos, colorea casas con tejados rojos en campos verdes llenos de flores y salta las escaleras de dos en dos… Detrás de cada persona que tiene miedo, hay una persona valiente que tiene ganas de decir basta y empezar a caminar.

La vida sabe a rechazo y a sueño sin cumplir. A vaqueros rotos y a niebla espesa en una mañana complicada de otoño. A vino caro en una cena deliciosa y a café sin leche y sin alma en un bar triste para terminar.

Es hola y adiós. Es me quedo y me voy. Es nunca te tendré suficiente y ahora no te quiero. Es busco y es sé que nunca voy a encontrar. Es paso de todo y es lucho por nada. Es hielo azul y rojo sangre, es verde tarde sin rumbo y amarillo cara deformada por las luces de neón de ese bar donde nunca entramos porque la gente que entra no es como nosotros… Es esa esquina que nunca pisas porque te recuerda que no pisas esquinas que te traen recuerdos y esa camisa que ya no te pones porque te borra los sueños.

La vida sabe a bajar la cabeza y decir sí sin que el alma te acompañe y a llanto contenido esperando ser liberado. Sabe a beso sin sentido y a abrazo largo. A camino sin asfaltar y prado verde de flores rojas en una carretera que no te lleva ningún sitio sino que te aleja de otro.

La vida huele a mar y a queso. A cerveza, a fuego descontrolado y a tomate rojo a punto de estallar. A gasolina, a llave, a libreta del primer día de clase tras el verano y a vuelta a casa acariciando tus cabellos claros y escuchando tus historias de niña rebelde.

La vida es hermosa, aunque duela. Estés al borde del acantilado o en la cúspide de la cadena trófica. Seas cazador o cazado y lleves chaleco antibalas o máscara anti-hipócritas. Tanto si tienes el corazón roto como el corazón averiado. Si bailas como si eres bailado… Si ríes como si eres reído… Si sueñas como si eres soñado…

La vida es hermosa porque a veces no pasa nada y otras pasa todo, pero nada cambia. Porque todo da vueltas y te zarandea y muta en medio minuto.

La vida es maravillosa porque es vida, porque late, porque está, porque a veces, ni siquiera se la espera y aparece… Porque viene  cenar sin estar invitada y se marcha antes del postre si le da la gana.

La vida es juego y si no juegas se enfada. Si no lo haces, te lo hace. Si no lo aceptas, te lo repite hasta que te cansas.

La vida es siempre digna, porque tú eres digno… Porque la dignidad no se mide por la circunstancias que la rodean, ni siquiera por las ganas que tengas de superarlas… La dignidad viene de serie, desde el primer segundo, pero no nos damos cuenta, no lo notamos, nos olvidamos.

La vida es la risa y el dolor de cabeza. El coche que se para, la abeja que te pica y regalo inesperado que llega a casa. Es el adiós sin saber por qué y el saludo inesperado de alguien que te encuentra a pesar de haber intentado que no pase, que no llegue, que nadie lo sepa.

La vida hace lo que quiere mientras intentamos esquivarla… Nos ocurre mientras soñamos con manipularla… Nos estalla mientras rezamos por controlarla… Nos vive mientras por miedo rehuimos vivirla.

La vida es… Cuando nieva, cuando llueve, cuando se rompe el tiempo y se te acaba el agua. Cuando llega la primera contracción y mientras decides si vas o te quedas, si arriesgas o te resignas, si dejas que pase aunque te dé mucho miedo.

La vida es lo que sientes que es la vida. La consciencia de quién eres y la necesidad de recuperar tu esencia en un mundo en el que todo te pide que calles, que otorgues, que sucumbas a una desgana eterna, que delegues tu felicidad en otras vidas y esperes que otros te salven amándote lo que tú no te amas… La vida es que te ames a pesar de que mil voces digan que no lo hagas. Que sepas que mereces aunque no veas ninguna señal que lo certifique, que te acuerdes de que eras niño y soñabas no para parecer ni figurar sino para disfrutar y ser, para vivir, para compartir.

La vida es hermosa, aunque arañe…  La vida te vive hasta que se gasta. Te rompe hasta que te vuelve a pegar y recomponer mientras te acaricia.. Te cruje hasta que te asustas y te apartas para que siga en ti siendo vida sin que tengas que hacer nada. La vida arranca en ti y vuelve

Y nos quejamos cada día de la vida pero cada noche suplicamos que llegue mañana para repetir, para que los que amamos repitan, para que la vida siga, aunque sea vida… Aunque a veces la vida no parezca vida, pero sea la única vida posible en ese momento justo… Hasta que pasa y entonces, otra vida ya es posible y todo cambia.

Tú eres la vida. Tú eliges si amas lo que es, sea como sea, y transformas este momento de incertidumbre en pura belleza, en toda la belleza que te permites descubrir que eres. En todo el amor que estás dispuesto a darte. 

Te invito a leerme y apostar por ti, a amarte como mereces, echa un vistazo a mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras” aquí.

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Voy a romper tus sueños


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Ayer alguien de llamó “rompesueños” en Twitter. Lo hizo porque para promocionar mi último libro puse la frase “todo es posible, pero no todo va a suceder y no pasa nada”. Lo hice porque esa frase es para mí la esencia más pura de la libertad y el desapego de todo lo que nos ata y no nos permite vivir siendo nosotros mismos. Porque forma parte de la esencia también de mi obra y de mi forma de sentir, de lo que he aprendido equivocándome millones de veces y dándome de bruces con el muro de mi necesidad de que todo sea como lo sueño.

Quiero dejar claro, ante todo, que no invito para nada a dejar nuestros sueños y metas. Es más, mi frase es una invitación a desearlos con más ganas y ponerse a ello, pero no desde la desesperación y la necesidad, sino desde el amor y la convicción. Porque esto no va de lo que se consigue, sino de cómo se vive ese proceso, de la actitud con que lo vivimos. Con actitud no basta, es cierto, pero marca una diferencia importante. No porque te haga conseguirlo todo, sino porque hace que valga a la pena o no ponerse a ello.

Persigue tus sueños, por favor, pero no dejes que te amarguen la vida. Tú eres más importante. Hay más sueños, pero no hay más recambios para ti. Y lo digo yo que soy la mujer de las listas de objetivos, la mujer que se hace listas de listas… Y son muy útiles, realmente. Más que nada porque cuando haces una de esas listas negro sobre blanco, te permites quitarte esa necesidad de recordarla de la cabeza y liberas espacio y angustia. Y cuando la repasas, recuerdas tu norte. Es maravilloso tener un norte, pero no perderse en él. Lo digo porque yo me he perdido en él mil veces y he acabado culpándome por no seguir a rajatabla una lista que tal vez podría cambiar en un abrir y cerrar de ojos. Las listas están a nuestro servicio y no al revés.

En realidad, creo que esto nos pasa porque vamos por la vida desmotivados porque no vivimos la vida que deseamos. Y a veces es sólo porque nos resignamos no a tener menos sino a sentirnos menos, decimos demasiado que sí a lo que no nos llena y poco a lo que nos hace volar. Y entonces, buscamos una motivación para seguir y nos aferramos a un sueño y acabamos necesitándolo tanto para seguir respirando que la vida, que es sabia hasta rabiar, te lo aleja cada día para que sepas que realmente lo que necesitas es darte cuenta de que ya eres maravilloso y lo único que realmente necesitas es amarte y reconocerte. Te lo aleja la vida y tus decisiones, a veces pequeñas, diminutas, imperceptibles, cada vez que dices no a lo que amas o te dejas pisar porque crees que no hay más remedio…

No va a pasarnos todo lo que deseamos que nos pase… ¿De verdad alguien se lo cree? ¿o sólo nos gusta leerlo para acostarnos contentos y engañados? Así lo siento y así lo digo porque es lo que he vivido y he aprendido… No voy a vender humo facilón. Lo siento… El otro día una persona maravillosa con la que estuve charlando un rato sobre lo que escribo me dijo que agradecía que dijera “la verdad” (que quede claro que es la mía, cada uno puede pensar lo que quiera y yo no sé casi nada). Me dijo algo así como que iba a convertirme en una “antigurú” del desarrollo personal por decir entre otras cosas que no vamos a conseguir todos nuestros sueños. Me lo decía con cariño, como algo positivo, porque agradecía que fuera sincera y hablara de mí cuando escribo. Y la verdad es que me impactó mucho y al pensarlo, parece bien. Si hace falta, me declaro antigurú, porque tampoco quise nunca ser gurú de nada y creo que si quiero acompañar a las personas en este maravilloso y duro proceso de conocerse lo que importa es que sea honesta.

Soy la primera que busca sus sueños, siempre lo digo. Y creo en la magia y en los milagros, de verdad. pero llevamos tanta carga y dolor acumulados que primero hay que soltar y sentirse libres, amarse y reconocerse… ¿Es que aceptarse y amarse de verdad en esta sociedad que te vende la necesidad constante de ser perfecto no es un milagro?

Lo que quiero decirte es que ya eres tu sueño. Que no necesitas marcadores ni resultados. Sé, haz, siente lo que eres y deja de esquivar tus miedos y la responsabilidad de hacerte feliz. Sueña y planifica pero no te tortures. Vive tus metas y retos sin culpa, date oxígeno, por favor… No te aferres,  sé flexible. Que lo que te motive sea la vida misma, este momento mágico, no algo que esté fuera de ti porque cuánto más creas necesitar lo soñado para ser feliz, más lejos estarás de ti mismo y ya no hablo de tu sueño… La vida misma es el chute que necesitas para estar en ella y aprovecharla. No necesitas un resultado para saber que eres grande… Sé grande. El milagro es el cambio, el camino andando que te cambia y te ayuda a comprender que ya eres. Que no te has quedado con las manos vacías pase lo que pase porque te has quitado capas de dolor de encima…

Esto va de perseverar, pero también de adaptarse. Un día te levantas y descubres que tu campo de trigo ha sido devorado por los pájaros, después de tanto trabajo… Y puedes lamentarte mil años o volver a plantarlo mil veces e insistir. Y puede que vuelva a crecer y llegue tu cosecha maravillosa como mereces, pero también puedes decidir que ha llegado el momento de plantar flores… Y puedes venderlas o contemplarlas y encontrarte un día tan inspirado por ellas que acabes escribiendo un libro que acompaña a otras personas a plantar trigo, a plantar flores, a conseguir sueños y amarse… O te acompaña a ti en tu camino para crecer,  que es lo que importa en realidad. Y miras al cielo y das gracias a los pájaros porque aquella madrugada hicieron un trabajo perfecto para ti devorando tu campo de trigo, aunque te das cuenta ahora y no entonces. Siente qué deseas a cada momento sin obsesionarte por nada, sé capaz de cambiar de rumbo si el rumbo que sigues te está desgastando… No pasa nada por reconocer tu error o renunciar a lo que creías que era tu destino. Lo que importa es que no renuncies a ti. 

A veces, no se trata de abandonar el sueño, sino de encontrar una forma de acercarse a él que no te anule, que no te deje sin aire, que no te obligue a estar en suspenso y sin vivir mientras llega. Porque lo que te daña no es ese sueño, si no tu necesidad de creer que si no lo consigues no eres nadie, cuando ya eres todo… 

No pasa nada. La vida es cambio constante, riesgo… El riesgo de vivir tus sueños al límite o de soltarlos para que vuelvan si son realmente para ti y si no, ser capaz de volver a empezar y encontrar otros. Algo tengo que decirte, estoy totalmente convencida de que si algo está en tu camino y lo intentas con ganas es inevitable que acabe sucediendo… Lo que cuenta no es el resultado, sino el proceso. Lo que de verdad importa es que has decidido vivir de lo que cultivas y ser libre… Y debes ser libre de todo, incluso de ti mismo… De tu necesidad de culparte y perseguirte con exigencias. Tus autocastigos por no llegar a tus metas y tus reproches infinitos. Tienes que dejarte margen y espacio en tus listas de objetivos para que pasen cosas imprevistas que zarandeen tu vida… No lo sabemos todo y a veces tiramos piedras a los pájaros cuando venían a salvarnos la vida.

Persevera en tu meta, pero sobre todo persevera en ti. Cultiva, sobre todo paciencia y amor por ti. Suelta tus necesidades ficticias. Todo llega si tiene que llegar, y si no llega es porque está dejando espacio a algo mucho mejor. Y nos está ayudando a crecer inmensamente.

No dejes que tus sueños se conviertan en tus pesadillas… Escúchate de verdad y date cuenta de que no tienes nada que demostrar ni medir, nada que hacer para que te acepten o valoren. Que soñar no te impida vivir.

Todo es posible, pero no todo va pasar. Eso forma parte de lo extraordinario de esta vida dura y complicada a veces que se resiste a dejarte subir la montaña, porque te ha reservado un lugar privilegiado en el valle,  pero no lo ves porque no paras y escuchas tus latidos…
Os diré algo. pienso continuar persiguiendo mis sueños con ganas, pero no dejaré que me rompan,, ni a mí ni a ni vida… Seré yo quien los rompa a ellos en pequeños pedazos y me los tomaré a sorbos  o iré a buscar en lo más recóndito de mi alma un sueño nuevo y maravilloso. Ya lo he dicho mil veces, en ocasiones, hay que perder para ganar. Hay que ceder para poder parar y darte cuenta de que te estás destrozando por algo que no te dejar vivir tu presente. Y que no es bueno ni malo, es un estímulo maravilloso, pero no puede condicionar tu vida hasta dejarte a medias de todo, en un limbo, pendiente de un resultado, una marca, una fecha, un reconocimiento…
Porque lo que importa es lo que eres y lo que te transforma, no lo que consigues.

Persigue tus sueños, sin duda, pero mientras tanto, vive. Vive intensamente y siéntete merecedor de todo lo mejor de la vida. 

 

 

 

 


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Manual de autoestima para mujeres guerreras


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No importa cuál es la pregunta que tienes ahora en tu mente, la respuesta es siempre la misma : Porque no te amas. Todo lo que ahuyenta lo que deseas es ese desamor por ti… Esa forma de mirarte a medias que te acompaña desde siempre, esa desgana cuando es para hacer algo para ti que se transforma en júbilo cuando es para los demás… Ese miedo en los ojos pensando que nadie va a elegirte para nada, que no sabrán ver lo que llevas dentro y que van a juzgarte por lo que todavía no sabes cuando tienes tanto por ofrecer.

No importa cuál es tu problema, la solución pasa por amarte. Por darte lo que no te das y ser lo que ya eres pero escondes tras una nube de miedos resistencias.

Todo nace en el hecho de que no te reconoces como lo que realmente eres. Un ser con infinitas posibilidades. Hasta que no comprendas quién eres, la vida insistirá en poner ante ti una y mil oportunidades para que asumas tu poder y tu grandeza. Para que te aceptes tal y como eres y empieces a confiar en ti.

No importa cuáles son los pensamientos que ahora te inquietan, el antídoto eres tú… Está en ti, lo ha estado siempre, esperando a que te decidas a vivir desde el amor y pases por encima de tus miedos, para que los comprendas y los sueltes.
El mapa que buscas está tu cabeza esperando a que te atrevas a iniciar la aventura más apasionante y transformadora de tu vida, ser tú.
Sé de tu dolor y tu lucha, de tu temor y tu valentía… Ha llegado el momento de soltar a la guerrera asustada y dejar salir a la valiente exploradora que hay en ti.

Tú eres la guerrera, lo has sido hasta ahora…Te propongo que dejes de darle golpes al muro y aprendas a usarlo para mejorar tu vida.

Eres ese tipo de mujer que lleva años empujando cada día para derribar el muro y no cae. Ha leído muchos libros sobre cómo derribar muros y en todos ha encontrado algo interesante… Ha indagado en su interior por qué no consigue lo que quiere y ha buscado en mil lugares las razones por las cuales hay personas que al levantarse cada mañana siempre encuentran un muro.

Eres una de esas mujeres a las que todo se les ha puesto difícil… A pesar de poner todo de su parte.. A más esfuerzo, más complicado, más lejos, más alto, más ladrillos en el muro… A más horas de trabajo, más cansancio y más dificultad para saltar el muro…

Lo has trepado, golpeado, rodeado, saltado… Es verdad, lo consigues a veces, pero no se trata de eso, es que ya estás harta de tener cada día que buscar una estrategia para conseguir con mucho esfuerzo y sacrificio lo que otros ni siquiera tienen que plantearse… Estás agotada.

Sé que nada ha sido fácil y estás cansada de pelear. Te conozco bien, sé cómo te sientes… He sido tú y todas las mujeres guerreras que ahora andan por ahí medio rotas y zurcidas por ellas mismas esperando una señal para cambiar de vida… Sé cuánto te duele cuando sueñas porque a veces sientes y crees que no hay nada para ti… Pero también sé que intuyes que te queda mucho por hacer y que mereces lo que deseas. He escrito este libro para ayudarte a encontrar el camino de vuelta a ti misma. Para compartir el camino que hice yo para regresar a mí.

No importa cuáles son tus miedos, tú eres más fuerte que ellos, sólo tienes que atreverte a sentir y mirarlos de  frente. 

No voy a venderte milongas ni soluciones facilonas. Esto no es un sprint, es una carrera de fondo que empieza con un primer paso y que pone tu vida cabeza abajo para que puedas enderezarla… No es un camino fácil pero en realidad es sencillo, porque todo lo que vamos a usar para andarlo está ya en ti. Te propongo que lo hagamos juntas.

Me hace mucha ilusión presentarte mi nuevo libro. En él, llego al máximo de mi “desnudez emocional” para compartir contigo lo que he sentido en este camino en el que aprendo cada día a descubrirme. Porque quiero compartir lo que he sentido y cómo he usado mis miedos y mi dolor para dejar de guerrear y pelearme con la vida para empezar a vivirla y hacer cuanto quiero y debo desde el amor y no desde la desesperación.

Por ello he escrito para ti y también para mí este “Manual de autoestima para mujeres guerreras”. Un libro que los hombres también deberían leer.  

¿Te apuntas? ¿Te apetece echarle un vistazo?


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La vida a veces…


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La vida a veces te muestra lo que no quieres para que digas que no… Para que veas que ese camino no es tu camino y ese dolor no es tu dolor. Para que reafirmes tu deseo de no volver a lo que ya dejaste atrás… La vida te mete en un laberinto de zarzas que te sujetan y tiran de ti para que no te vayas para que digas en alto y claro “me voy, no quiero estar aquí”. Te envuelve en la niebla para que salgas de ella y busques la luz… Para que descubras que tú eres la luz.

La vida a veces te cubre de escamas para que encuentres tu piel. Te apaga la luz para que sepas que incluso a tientas puedes llegar a ti. Te arrebata el suelo para que vueles, te deja sin zapatos para que sepas que hay momentos en los que tienes que parar… Te obliga a quedarte quieto para que te aburras un rato y te fijes en todo lo que hasta ahora has sido incapaz de ver…

La vida a veces llena tu casa de gritos y de grillos para que aprendas a amar tu silencio… Te abarrota el sendero que sigues de mariposas para que sepas que tú también te vas a transformar… Llena tu cabeza de pensamientos amargos para que dejes de pensar y vuelvas a sentir…

Te ata las manos para que uses los pies… Te ayuda a perderte para que puedas encontrarte y sepas a dónde ir.

La vida a veces dice que no para que entiendas cuál no es tu camino… Y a veces lo hace para que entiendas que tal vez lo es pero vas a tener que vivirlo de otro modo… Y vas a tener que saltar y aceptar.

A veces, la vida te deja en casa para que leas ese libro pendiente o te cierra la puerta para que tengas que entrar en ese bosque tan oscuro que hace tiempo que sabes que debes recorrer y no te atreves… La vida te pone fácil que sientas y difícil que huyas. Te pone casi imposible que llegues al otro lado para obligarte a buscar tus alas, te cuenta historias tristes para que comprendas que no son tus historias.

La vida a veces te acerca a personas que pisan para que decidas que no quieres que te pisen… Te pone en el camino a personas que sonríen para que recuerdes que tú también tienes una sonrisa… La vida te pide que te muevas y bailes, porque sabe que te asusta el baile.

Ay, la vida… Te llena el cielo de nubes para que comprendas que no importan las nubes, para que superes las circunstancias y descubras que tu paz interior no se vende, ni alquila, no depende de lo que pasa sino de lo que eres… La vida pone en tu camino los árboles más altos para que aprendas a tener paciencia… Llena del lecho del río de guijarros para que nades y dejes de quejarte por el dolor que notas en los pies… Te tira al suelo y te deja un rato tumbado para que no tengas más remedio que mirar hacia arriba y descubrir tu cielo, descubrirte a ti.

La vida a veces se pone muy oscura y angosta para que no tengas más remedio que salir a mar abierto y navegar. Para que dejes lo que haces y sueltes lo que no eres. Para que tengas que arriesgar.

La vida te para en este segundo para que no te quede otra que vivirlo y dejar de pensar, dejar de dar vueltas a lo que no se puede cambiar y puedas mirar en ti y cerrar heridas y decir no a los fantasmas de una vez.

Pone ante ti personas que no saben quererte para que aprendas amarte, para que sepas que debes reconocerte y valorarte.

La vida a veces te baja al infierno para que comprendas que el cielo está  en ti. Te rompe para que sepas que eres indestructible… Te derrumba para que sepas que puedes levantarte. Te ata para que te liberes… Te pone ante el precipicio para que decidas no quieres dejarte caer.

La vida a veces te muestra lo que te asusta para que comprendas que no hay nada que temer y te atrevas a avanzar y sentir. Te da lo que pides para que te des cuenta de que no es lo que realmente deseas y necesitas. La vida a veces te muestra tu lado más oscuro para que descubras que ya no eres esa oscuridad. 


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Fluir… ¿Te apuntas?


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Ya no quiero ser correcta, quiero sentirme viva.

La corrección es enemiga de la belleza, de la sabiduría, de la capacidad de caer y volver a empezar, de la capacidad de transformarse y aprender a quererse.

En un mundo completamente simétrico, seríamos todos sólo un espejo de nuestra cara amable y nos perderíamos esa parte oscura de la que tanto podemos aprender. Nunca veríamos ni abrazaríamos a esa persona que está en nosotros y que cuando somos capaces de asumirla y comprenderla nos transforma la vida… Somos un cúmulo de fracasos maravillosos esperando ser vistos como un campo de flores imperfectas, pero maravillosas. Si cerramos la puerta a lo que nos hace salvajes, estamos poniendo límites a lo que nos convierte en nosotros mismos.

Si huimos de lo que nos asusta, estamos escapando de las garras de la vida, de las infinitas posibilidades de pisar un abismo sin márgenes donde podemos crecer hasta salir de nuestro mapa…

¿Te imaginas ser tan grande que superas a tu sueño? Que ya no hay nada imposible salvo tal vez que vuelvas a ser pequeño, diminuto, que vuelvas a estar asustado a golpe de pensamiento y cedas de nuevo a la creencia de que no llegas y no puedes… Imagina que de una vez por todas sabes que lo que te convertirte en lo que realmente eres depende de ti,  de que te invites a ti mismo a pasar la línea, a cruzar la frontera de lo que crees que eres para llegar a lo que puedes llegar a ser si lo imaginas… ¿Te ves saliendo de ti mismo y mirando al mundo de tú a tú? Como si siempre hubieras llevado un mar inmenso dentro de ti esperando a desparramarse y fluir a la vida, a inundarlo todo con tu recién descubierta belleza.

Yo ya no quiero ya ser perfecta, quiero equivocarme mucho. Todavía más… Hacer tanto lo que se supone que es el ridículo que llegue un momento que ya no sepa qué es correcto y qué no, pero que tenga claro lo que me hace feliz y lo que me arrastra a la rutina. Y que si me miran, no importe, porque al fin y al cabo cuando miras a otro y te ríes de él es porque te duele no ser capaz de mirarte a ti mismo. Los que te juzgan se juzgan a ellos mismos a través de ti… Vivimos en un juego de espejos y reproches que si somos capaces de comprender, nos lleva a darnos cuenta de que perdemos un tiempo maravilloso culpándonos y culpando a otros por sentirnos tan perdidos… 

Quiero respetarme los tiempos y respetar los tiempos de los demás… Sentirme capaz de saltar y de decidir no saltar si me apetece rodear el muro para saborear el roce delicioso de las hojas frotando mis piernas… El beso del viento que siempre sabe por dónde tiene que colarse para llegar a su destino y barrer de un soplo la monotonía. Quiero ser el viento y no tener cauce, no tener que saber por dónde voy a pasar ni medir, ni planificar. 

Amar la incontinencia de mis palabras más empalagosas y mis errores más sonoros. Saber que me equivoqué intentado ser y no aparentar, sin reproche ni llanto acumulado, sin malgastar un minuto en lo que pudo ser.

No quiero huir del lobo, quiero comprenderle. Quiero amar al lobo que hay en mí para que sepa que puede liberarse… Para que aúlle y les cuente a otros lobos que la jaula es imaginaria y los barrotes en realidad están dibujados.

No quiero esconderme de mis monstruos, quiero abrir el armario y mirar bajo la cama e invitarles a salir para que bailen conmigo y sepan que ahora la que manda en mi vida soy yo.

Quiero perder. Ya he perdido, no importa. Así me queda claro que no compito con nadie, que camino y saboreo la vida sin más intención que vivirla y ser yo. Pierdo porque sé que mi victoria es estar y mirar a la cara a la vida aceptando lo que llega, lo que va, lo que sube y lo que baja…

No importa que me miren y no me vean, yo me sé… Soy la punta de un iceberg grandioso que siempre flota. Ese momento de quietud y silencio en el que descubres quién eres de verdad y sientes que eso compensa todo lo pasado… Cuando te das cuenta de que no eras diminuto como creías, sino que eras tan grande que no podías imaginarte, no podías abarcarte con los sentidos y comprenderte en tu magnitud… Cuando pensabas eras un punto en el infinito y en realidad eras el infinito entero, porque tus ojos acostumbrados a la pequeñez no veían lo que tu mente era incapaz de creer… Buscabas una gota y te perdías en el mar de tu inmensidad.

No quiero ser perfecta, quiero ser y participar de cada uno de mis procesos maravillosos y de cada uno de mis momentos como si fuera el primero, como si fuera el último. Con los ojos de una niña y la paz de una anciana. Con la sensación inagotable de saber que ocupo mi lugar en el mundo y que ya no me importa ceder, ni dejar la pelea, porque ya he gané cuando asumí mi propia grandeza y el poder que tengo sobre mi forma de mirar la vida.

No hace falta ser de ningún modo concreto, sólo ser y notar que eres. Lo demás llega de esa plenitud, de esa belleza, de esa sensación sin gravedad de fluir… De aflojar, soltar, dejar ir lo que sobra, dejar de controlar… De dejarse llevar y llegar a donde quieres sin forzar, sin medir, sin esperar nada más que flotar, que sentir… 


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Lo que amas…


Amas el silencio después de noches sin tregua pensando sin cesar, sin encontrar consuelo, sin dibujar una salida.

Sentarse e imaginar sin saber, sin necesitar, sin tener que tener, sin esperar a esperar.

Amar ser sin almacenar…  Encontrar sin buscar. Sentir sin pensar…

Porque a veces, hay que detenerse a notar, a construir, a imaginar.

Parar para bucearte, para sentirte, para fundirte contigo y respirar. Para saber qué pisas y a dónde te diriges, para descubrir que no hay mejor victoria que escoger una derrota de la que puedes aprender a volar…

Para conocerte tanto que puedas despojarte de todas la capas con la que vestiste tu alma para poder existir sin pedir perdón y darte cuenta de que ya no te hacen falta…

Para poder lanzar tus culpas inventadas por la borda y enderezar el rumbo del barco hacia donde sueñes, aunque el mundo no lo entinda…

Amas la paz callada que te habita cuando necesitas escucharte y bailar con tu propia música.

Amas tu música.

Amas  al desconcierto en tu alma acostumbrada a caminar, cuando para. La queja sorda de la niña testaruda que llevas dentro que te pide que te levantes y sigas… El desasosiego de tu impaciencia que queda muda y el ego asustado que busca abrigo porque nos sabe qué le espera pero ya le disgusta por si acaso.

Amas a todos tus mecanismos de defensa. Todas tus corazas y todas tus máscaras… Tu soberbia llorosa y malhumorada… Tu rabia contenida, tu ira ahogada, tu necesidad de justicia rota que se agitan y bailan desesperadas…

Amas a la institutriz sin alma que vive en ti y siempre te regaña. Porque pertenece a tu pasado y  ahora sabes que no supo hacerlo mejor…Porque gracias a su ruda dureza y su serenidad impasible añoraste el amor incondicional y supiste qué no eras…

Amas a todas las muñecas tristes que habitan en esta muñeca a veces cansada y otras rota que intenta encontrar la calma. Porque sin todos sus errores estaría perdida y sin su pena enorme y salvaje jamás habría llegado a este tramo del camino.

Amas la guerrera que fundía con la mirada y le daba vueltas a las palabras hasta convertirlas en flechas. Sin ella, jamás habría conseguido la valentía para levantarte y empezar a buscar todas las vidas posibles que te tienes reservadas.

Amas a la niña torpe de cara triste que espera en un rincón porque no juega… Sin su desesperación armada y su llanto sordo, tú ya no existirías.

Amas tu llanto.

Amas tus heridas abiertas porque sabes que el trabajo de cerrarlas te convertirá en un ser gigante.

Porque cada uno de sus pasos en falso ha esculpido tu vida… Cada uno de sus intentos fallidos ha trazado tu mapa de viaje… Porque estabas tan desolada e insatisfecha que osaste imaginar un mundo en el que ella era otra y se encontró contigo a medio camino y le dijiste que se otra eras tú.

Amas el manto incierto que cubre tus días sin techo ni suelo ni abrigo seguro.

Amas la incertidumbre.

Amas al despecho de un mundo que te trata como tú te tratas y que no te ama hasta que no te amas.

La incómoda satisfacción de saber que el futuro está en mis manos y el presente es una tarde de lluvia que hay que aprender a amar para encontrar la magia.

La gratitud de saber que todo es un regalo. La costumbre de imaginar lo peor después de siglos de pensar que mereces poco o casi nada… Y que eso te obligue a tener que cambiar tu forma de pensar y vivir…

Amas al sosiego de saber que de todo se aprende, aunque no entiendas por qué.

Amas tu ignorancia porque aviva tus ganas de conocimiento…

Amas al fuego de tus entrañas enfadadas y molestas porque el mundo no es como sueñan y a las personas a veces cuando están rotas van rompiendo a otras.

Amas a la inquietud de arriesgarte a rondar por la vida sin saber y el miedo que se aloja en tu espalda y baila en tu garganta, porque sin él no serías la mitad de lo que sueñas…

Seguir el viento sin conocer el viento… Ser el viento sin saber a dónde va, pero creyendo que te lleva a dónde necesitas estar.

Amas al dolor sentido y asumido, porque con él te fabricaste el antídoto para las penas y te convertiste en una mejor versión para soportar sus envestidas…

Amas a todas y cada una de tus imperfecciones porque te han dado el impulso para poder saltar el muro y aprender que lo bueno que hay en ti es tan grande que eclipsa tu tristeza… Y que lo que parece malo, en realidad, es la excusa para poder seguir tu camino…

Amas tus lamentos porque ya no existen, pero te dieron impulso.

Porque no hay nada insalvable cuando descubres quién eres y qué buscas…

Porque te amas y reconoces tus facciones en un marasmo de caras mustias y almas revueltas que se desesperan por bajar de esta noria que no para nunca.

Amas la noria…


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Vivir sin medida


Foto : Mercè Roura

Foto : Mercè Roura

Esto se acaba… Otra vez… Desde hace días que oigo un montón de ideas sobre cómo será el nuevo año. Dicen que será mejor, que este 2016 ha sido un año duro y complicado y que 2017 será un momento para que las ideas fluyan y las soluciones lleguen. No lo voy a negar, tengo ganas… Espero que este, como me pasó en 2015, sea mi año.

De todas formas, hay algo que me queda claro después de este 2016 cargado de todo… Ha sido un año amargo y dulce. Un año de abrir heridas antiguas para convertirlas en cicatrices… Un año de golpes y decepciones, de falsedades descubiertas y verdades crudas. Un momento para caricias con garras afiladas y enorme confusión… Este año me han pasado cosas maravillosamente terribles… He bebido remedios amargos y he topado con realidades incluso más increíbles que las fantasías más locas…Lo repaso y algunas cosas aún me hacen estremecer…

Me quedan ahora algunas preguntas en el aire que necesito compartir… ¿Es realmente negativo eso? Lo digo porque este ha sido uno de los años más duros de mi vida y a la vez el año en el que me he sentido más libre y más yo misma que nunca… Este año me he descubierto de verdad y me he dejado guiar por mi intuición y mi entusiasmo…

¿No necesitamos momentos así? ¿No necesitamos tormenta para que luego llegue la calma? ¿No es al caer que tomamos la fuerza para levantarnos?  Sólo encontrando en lo más profundo de ti lo más oscuro, lo que te ocultas y no quieres conocer a veces, puedes llegar a encontrar tu luz y brillar intensamente… ¿Qué seríamos sin nuestras sombras? ¿qué pasaría si no pudiéramos encontrar nuestras aristas más cortantes? ¿cómo las limaríamos? Y si no pudiéramos ver lo que no queremos ser ¿cómo sabríamos cuál es nuestra misión en la vida?

Y para las personas con las que nos cruzamos.. ¿Cómo elegiríamos bien a los mejores compañeros si no topáramos con personas que no merecen nuestra compañía?  ¿Cómo crecer hasta llegar a la altura de nuestros sueños sin las dificultades? ¿Cómo llegar a ser nuestra mejor versión sin subir esta escalera de caracol angosta y complicada? A pesar del vértigo y de que a veces no se puede ver dónde sujetarse porque no hay barandilla… ¿Qué somos si no comprendemos lo que no somos?

Lo digo porque al mirar atrás y pedir un poco paz interior entre tanta tormenta, me veo de pie, erguida, llevando mi barca a puerto, arriando mis velas, vestida de sal de mar y revuelta de arena y me doy cuenta de que he aprendido a navegar… Que he conocido aún más si cabe el dolor y el miedo, la aventura de adentrarse en ese mar lleno de belleza y hondura, un mar bravo lleno de vida y de todo lo que cabe esperar… Desengaño, pasión, viento huracanado, calma deliciosa, tiburones insaciables y olas gigantes… Me miro y a pesar de la dificultad del trayecto veo en mis ojos la extraña belleza del cambio, de la experiencia, de saber que he podido a pesar de caer hasta el fondo y golpearme en las rocas… El gesto del que se conoce y complace de conocerse aún sabiendo de sus rincones oscuros y sus imperfecciones necesarias… Y sólo se me ocurre mirar al mar y dar gracias, por todas y cada una de sus envestidas y caricias, que me han llevado a esta persona que ahora soy…

Es cierto, nos toca calma…Nos hace mucha falta un momento de paz para evaluar daños y recomponernos… Sin embargo, somos quienes somos por cómo hemos librado batalla y mantenido la esencia ante los momentos duros… Por cómo hemos sabido extraer la enseñanza al horror y la belleza del dolor…

Somos lo que somos porque el mar estaba bravo y decidimos salir a navegar en lugar de quedarnos en casa…

Somos lo que somos porque preferimos arriesgar a quedarnos con la mirada de siempre y dejar que nuestras pupilas se invadieran de rutina…

Somos lo que somos porque decidimos serlo a pesar de los golpes secos y las caricias falsas…

Y el premio por soportar tanto contratiempo sin salir corriendo, somos nosotros… Conocernos, amarnos, tenernos…

Sólo los que se conocen deciden su futuro.

Y eso, es gracias a nosotros y años como este 2016 que agoniza y casi pide perdón por los mordiscos necesarios, los arañazos y las puñaladas a traición…

No se trata de como sea este nuevo año, se trata de cómo somos nosotros.

Tocaba crecer y el mundo nos puso delante los maestros adecuados…

Tocaba perder y la vida nos arrancó a veces lo amado para que sepamos que en realidad no tenemos nada más que nosotros mismos…

Tocaba vivir y el universo casi nos arranca la vida para que recordemos lo hermosa que es…

Hay momentos para todo… Que este 2017 nos traiga calma y nos empuje a cumplir sueños…

Foto : Mercè Roura

Foto : Mercè Roura

Ahora, toca mar plana, olas chicas que llegan a la arena y besan las rocas con placidez…Dejar de luchar para soltar amarras y notar la vida, dejar que nos acaricie el sol y nos venza este mar amable y tranquilo… Toca llegar a puerto y abrazar la paz de conocernos y sabernos más libres.

Toca brillar y desplegar las alas para que se note lo aprendido…Para enseñar a otros que buscan su rumbo que es posible.

Toca mostrar nuestra luz al mundo y compartirla… Sólo así se hará más grande, inmensa, eterna…

Toca mostrar quiénes somos ahora que ya lo tenemos claro.

Toca abrazar nuestra esencia y vivir sin medida.

 

Gracias… #Feliz2017