merceroura

la rebelión de las palabras


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Todo es perfecto


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Mientras tuve la razón jamás fui feliz porque siempre estaba pendiente de no perderla, de defenderla y casi imponerla… Era tan mía, tan obvia, me parecía tan necesaria… Porque pensaba que era lo único que me quedaba en este mundo que me cortaba las alas y me agarraba de los tobillos para que no pudiera subir por al escalera que llevaba a mi cielo… Pensaba, sin realmente saber nada, que la razón que me daba haber acumulado tanta injusticia en mi vida, era mi último reducto de poder antes de dejarme llevar por la desidia.  Aunque no era poder, era fuerza, era resistencia a vivir, a dejarme llevar, era oposición de soltar y vivir en el asombro y la sorpresa… Era miedo a soltar el control que nunca tuve en realidad.

Por eso, dejé la lucha por parecer y me quedé conmigo, con lo que había tras la puerta cerrada de mi conciencia y abracé a la niña enfadada con el mundo porque creía que no la aceptaba... Y me di cuenta de que no había nada tan grande como no esperar nada y sorprenderse por todo, por absolutamente todo… Asumir lo vivido y soltar la carga. Dejarlo todo en una tarde y ver como la vida fluye cuando decides que ya basta…

Me quedo con mis errores y mis miedos… Los miraré sin recelo, sin culpa, sin resentimiento. Y los convertiré en vida, en “ahora”, en cielo… Esa será la forma en que le devuelva a la vida el maravilloso regalo de sus sabias lecciones…Ver la belleza de este instante y notar que me invade, ahora… Saber que estoy aquí por algo, para algo, con un sentido y un camino por recorrer. Notar que yo entera me entrego a mis miedos y les doy la vuelta hasta convertir a mi enemigo en aliado, a mi dolor en mi consuelo, a mi guerra en mi paz.

La guerrera ha dejado su puesto de centinela cansada y ahora confía, lo intenta aunque cueste, aunque a menudo se sorprende todavía empujando el peso del mundo por una cuesta cuando el mundo no la ha pedido que haga nada. A veces, todavía mira al horizonte por costumbre y surca entre las caras y las miradas para encontrar el rechazo que tanto necesita para volver a culparse por no ser perfecta… A veces, el miedo le puede e inventa historias tristes y amargas que le sacuden el alma, pero entonces recuerda que hay tanta belleza en cada cicatriz que cuando las juntas todas ves que en ti han escrito una palabra, una frase, un libro… Que dejarse llevar por lo que temes y bucear en tu dolor para comprenderlo es respirar libertad… Que entregar tu miedo al miedo antes de que te coma la esencia te libra de sumergirte en en la desesperanza… Que lo que estás haciendo para muchos es locura pero para ti es un bálsamo.

La guerrera está callada, pero no por guardarse el dolor ni encerrar la rabia, sino por haber aprendido a amar el silencio de este momento y haber decidido que no quiere más batalla… Porque no es que ya no quiera ganar es que ya no le hace falta y prefiere la paz a la gloria, el equilibrio a la medalla… Prefiere sentir que pierde si perder es notar que fluye y que ama.

Me quedo con este momento dulce, aunque no sea perfecto porque sé que es perfecto para que lo que deba pase… Porque sé que esta serenidad compensa todas la noches de ira haciendo guardia, todos los días luchados por injusticias inventadas, todas las tardes perdidas soñando venganzas sin sentido.

Me quedo conmigo, desierta de gritos y rencores, vacía de rabia y lamentos, enfundada en mi misma con mi traje más humilde y mi risa más fácil… Me quedo con esta sensación de que todo tiene sentido aunque no sepa cuál, ni hacia dónde, ni cómo… Rota pero recompuesta, cansada pero con ganas. Habiendo dejado de buscar ni tres ni cuatro pies al gato y de imaginar historias siempre amargas…

Me quedo con que he llegado hasta aquí y suelto los reproches de una vida que no fue y un reino que no he podido besar a pesar de los intentos y las ganas.

Mis sueños perdidos ya no gritan mi nombre en las noches largas. Porque he descubierto que mi sueño es mi paz y mi risa… Mi aprendizaje de esta tarde, mi nombre dicho por mi hija pidiendo ayuda y dándome las gracias… Mi sueño es un mar que me besa los pies y una roca que nunca me dice nada. Un par de amigos con los que hablo de cómo ayudar a otras personas a encontrar esta paz y un vaso de agua fresca cuando el calor me seca la garganta… Mi sueño es no esperar nada y que todo lo que llegue sea regalo, sea pura vida… 

Tengo sueños tan grandes y hermosos pendientes que no me caben todos en esta tarde que acaba. Aunque yo me he convertido en alguien tan paciente que soy capaz de saber que llegarán cuando deban y que si no llegan no pasa nada… Porque lo mejor del sueño soy yo creciendo para abrazarlo y la guerrera ansiosa convertida en oruga paciente que espera su turno para que le crezcan unas alas…

Me quedo con mis errores y mis miedos porque gracias a ellos he llegado a abrazar mi paz y saber cuál es mi lugar en el mundo… Me quedo con este momento, sea como sea, porque lo que cuenta es tomar lo hermoso de cada paso y seguir andando… Y dar gracias, siempre gracias.

Mientras tuve la razón nunca tuve la risa, nunca tuve el regalo inmenso de descubrir que no sé nada… De no tener ni idea de lo que viene ahora y de que no importe… Y notar que no me tiemblan las piernas, que no busco más refugio ni me escondo de nada… No hay nada como la desnudez de no cargar con la necesidad de parecer y  de saberlo todo… Nada como soltar la necesidad de ser perfecto, de no fallar ni perder,  de no decepcionar ni fracasar, de no acumular ni culpar, ni reprochar ni llegar siempre a la hora fijada.

No hay nada como ser consciente de no saber nada.

Y a veces ser, sólo ser… Y ya está. Es perfecto. Siempre es perfecto.

Pensaba que la perfección era el resultado de cambiarlo todo, pero en realidad, es el resultado de casi casi no hacer nada… 

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El mundo está a salvo sin mí…


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Pensé que era porque podía con todo, porque estaba rota y así me pegaba, porque llevaba una culpa y así la expiaba, porque mi carga se haría ligera… Pensé que le debía algo al mundo por mi dolor y me puse la máscara… Hay personas que se ponen una máscara que sonríe, la mía era una máscara de persona triste y enfadada, de persona que sale de casa por la mañana sin esperar nada bueno y regresa por la noche con la certeza absoluta de que tenía razón… La injusticia me abrasaba… Amaba tener razón, me calmaba, pero en realidad era  una necesidad insaciable de moderme la cola. Mecía mi rabia contenida de persona que sufre mucho por todo y nunca consigue nada… Nunca la acumulaba, siempre la soltaba a ráfagas de locura, de delirio, de llanto sin consuelo que se rompe en dos y se ahoga en una tarde triste, en una mañana de sol perdida pensando que todo es injusto, que todo está escrito y que no hay salida… Seguramente porque cree que no le toca, que no lo merece, que todavía no ha sufrido suficiente.

Pensaba que los que están seguros de sí mismos no dudan jamás… Qué equivocada estaba… Dudan y mucho, siempre. Nunca saben nada y siempre se hacen muchas preguntas nuevas, pero confían. No saben cómo, pero saben qué. Se dejan llevar y se mecen en la vida, notan que están, saben que todo es posible aunque ignoran a veces por qué… Saben que podrán, no porque sean mejores que nadie sino porque no se boicotean ni rebajan, porque están de su parte y confían en la vida… Porque creen que llegado el momento sabrán por dónde ir, porque una magia extraña les señala el camino. Y sobre todo porque disfrutan durante el viaje, siempre. Pase lo que pase. Si llueve, aman la lluvia. Si hace sol, lo besan. Si hay nubes blancas en el cielo, las cogen entre los dedos y las acarician. Por eso, saben que todo irá bien, porque ya va bien, porque el futuro que buscan pasa por el presente que aman sea como sea.  Y yo no lo veía porque mi máscara era muy opaca y pesada y me enfadaba con ellos porque eran felices… Detestaba su felicidad porque era la muestra más evidente de mi tristeza… Porque nada parecía costarles esfuerzo mientras yo me partía el alma cavando para encontrar sueños perdidos y subía montañas cada día… Porque necesitaba ser perfecta y la vida me pagaba con absoluta imperfección... Porque nunca te llega lo que crees que necesitas sino lo que necesitas para crecer, para descubrir quién eres…

Iba atada a una caja enorme llena de amargura, de lágrimas, de asco, de miedos por todo, sin ningún sentido… Miedos antiguos, miedos de niña rota que no abría el armario porque pensaba que los monstruos dormían allí y no se vestía… El miedo del que todavía no ha descubierto su magia y mira la magia de los demás con recelo. El del sabio que tiene tantas dudas que admira al ignorante que no duda de nada… El miedo de intentarlo y descubrir que es posible y tener que asumir que la responsabilidad es tuya a partir de ese momento. Me arrastraba, me arrastraba tanto que una estela de mí quedaba pegada al suelo y marcaba el camino de mi dolor, de mi desencanto, de mi decepción… Era una tortuga cansada de ir lenta y no llegar porque todo el peso del mundo recae en su espalda dolorida… Sin más hogar que su caparazón duro y oscuro… Sin más temor que perder esa carga pesada que debía llevar a alguna parte para no sé qué hacer y no sé qué conseguir. Intentando acumular méritos por si algún día los reparten, ignorando que lo que cuenta es el presente y ningún sufrimiento trae premios ni medallas sin cada gesto que haces por conseguir lo que quieres no sale del amor sino del miedo… La única recompensa del sufrimiento es más sufrimiento. El amor no necesita recompensa porque ya es un premio. Si damos cada paso con amor, ya estamos consiguiendo lo que deseamos, ya no necesitamos llegar a la meta para ser felices.

Yo tenía que hacerlo todo, salvar al mundo, tirar el carro, llevar la carga… Plantaba semillas que crecían en el campo de al lado, donde ellos bailaban y reían y yo les miraba cansada y resentida, con mi máscara de persona enfadada que no soporta las personas felices que recoge frutos sin tener que sufrir… Hasta que un día no pude más y me senté a contemplar. Estaba tan agotada que apenas tenía ganas de seguir peleando… Pelear no servía de nada… Estaba claro, lo vi muy claro… La guerrera que hay en mí había perdido la batalla… Me tuve que quitar la máscara para mirar y oler, y tocar, y respirar… Y estuve perdida mirando, sintiendo, callando, dejando de gritar y llorar, de quejarme, de arrancarme la ropa para lamentarme, de maldecir y perjurar… Y me quedé dormida, en silencio, con la sola compañía de las sombras y mis prejuicios, con la nana de mis lamentos, con el manto de mis lágrimas y un par de estrellas que brillaban tanto que parecían meterse conmigo y llamarme loca, llamarme perdedora… La vocecilla insaciable de mi ego me decía que me insultaban, pero en realidad estaban allí para que me diera cuenta de que se puede estar sin sufrir, que se puede brillar sin sufrir… Siendo, estando contigo, en coherencia absoluta con tus valores, haciendo lo que sientes que debes desde tu ser, con ganas, con amor, sin desesperación ni angustia… Apenas pude enfadarme con ellas, ni conmigo por haber cedido, por no llegar, por haberme quitado la máscara que me protegía de que se me contagiara la alegría y dejara de luchar y buscar la perfección…

Y cuando desperté de mi sueño de perdedora, cuando mis ojos cansados se abrieron de par en par, todo era paz, belleza, equilibrio… Todo estaba a salvo sin mí, el mundo era un lugar maravilloso sin mi dolor y sacrificio, todo se tenía en pie sin que yo lo sujetara, sin sufrir ni arrastrar… Y en mi campo unos brotes diminutos apuntaban lo que iba a ser un manto de flores precioso… Eran flores perfectas… Lo había conseguido casi sin hacer nada más que estar, que sentir, que dejar de quejarme, sin máscara, sin gritos, sin miedos… Lo había conseguido aprendiendo a esperar sin maldecir… Porque los sueños necesitan trabajo pero no sufrimiento, necesitan camino y paciencia, necesitan ganas y amor a cada paso y a cada momento… Necesitan risa y sobre todo, esencia… Necesitan que persistas, que insistas sin atisbo de temor, que sepas cuándo seguir y cuándo parar, que notes si el sueño compensa, que aceptes que a veces no está… Que encuentres tu casa, que te busques a ti mismo… Que cambies de mirada sin moverte de sitio... Que sueltes la carga y aflojes un poco. Que dejes de soñar con controlar lo incontrolable y respires un rato sin pensar.

Me he dado cuenta de que el gran cambio está en tu mirada, en aprender a ver lo que no ves y plantearte lo que no te planteas… Despojarte de lo que te sobra, quedarte desnudo, sin máscara y empezar de nuevo asumiendo que no sabes nada, sin dar nada por hecho… Aprendiendo de nuevo las palabras, los gestos… Mirándolo todo con ojos inocentes, inexpertos, sin pensar tanto, sin anticiparse a nada… Sin permitir que lo que piensas del mundo estropee todo lo que el mundo puede ofrecerte y lo que tú puedes aportar. Sin perderte una buena charla por un prejuicio, sin buscar una explicación para todo y una meta en cada camino… Amando cada paso, notando cada roce, perdiéndose en cada respiración.

El gran cambio es una mirada distinta… Darse cuenta de que el mundo no necesita que lo empujes y lo arrastres sino que vivas en él con ganas, que no tienes que llevar su peso sino habitarlo con respeto y con sentido… Que no vas a controlarlo ni salvarlo sufriendo y llorando por él sino amándolo y aportando lo que tú eres, lo que tú sabes, lo que tu amas… El gran cambio es dejar de preocuparse y hacer tu camino… 


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Confía en ti


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No te compares con otras, ellas no visten lágrimas con tanta elegancia como tú.

No caminan en la cuerda floja por la que tu pasas cada día de puntillas sin apenas dejar de sonreír. Sin hacer más ruido que el del aire que te atraviesa y el de los sueños que acumulas y te surcan las venas…

Ellas no llevan el peso de cien vidas en sus espaldas ni buscan soluciones para llevar al mundo en el bolsillo y tenerlo a mano por si llora, por si se desborda… Por si se siente tan perdido que necesita que alguien le recuerde que hay esperanza. Tú eres esa esperanza, amiga…

Tan fuerte como las raíces inmensas de los árboles y la suave como sus hojas. Tan rotunda como una ola enorme, tan plácida como una marea dulce que besa la arena.

No te compares con otras que no libran batallas ni miran a los ojos a sus fantasmas… Ellas no se calzan el miedo para caminar sobre él cada día ni recorren las calles con tus ojos oscuros hambrientos de vida.

No tienen tus facciones preciosas ni usan tus miradas sabias.

No buscan nada que no se toque ni deguste, no saben ver la belleza en los rincones como haces tú.

No saben encontrar las palabras para levantar un imperio cuando se cae a media tarde y conseguir que anochezca en él sin que nadie se entere de que estuvo a punto de fundirse.

No te mires en los ojos de otras mujeres que no ríen como tú ríes con tus penas y que no susurran y cabalgan sobre bestias hasta dejarlas exhaustas y mansas.

No te pierdas intentando buscar sus espejos para verte en sus esquinas porque tu cara está en el reverso de las hojas y en el corazón de los que te aman y suspiran por abarcar tu grandeza.

No escuches a los que no saben qué sueñas ni pierdas tus sueños por más que el tiempo pase y no llamen a la puerta.

No te compares a diosas de plástico con sueños sin alma y almas sin sueños…

No desesperes… Estás hecha de selva y de brisa. Suave y salvaje. Del material que imanta las brújulas para no perder el norte… De la madera de un barco que surca mares adversos con una paz inmensa… De un pedazo de luna que brilla siempre, incluso por la otra cara…

Eres de cielo que se apaga buscando la noche pero regala un rastro malva y rojo.

Eres de agua clara y de canto redondo en un río que fluye y nunca para.

Eres de una lluvia espesa y de un sol caprichoso que busca filtrarse por las esquinas.

No mires atrás porque allí no queda nada…

No te dejes ahogar por el futuro porque es tan tuyo que podrías columpiarte en él mientras lloras de alegría.

No te entretengas con personajes secundarios, no te dejes llevar por palabras vacías… Tú eres quién lleva las riendas y escoge los caminos.

Que nadie que no te merezca te invada por un segundo… Que nadie que no te admire por tu sencillez excelsa se entretenga en tu puerta barrando el paso a los que sí saben verte como eres…

El camino siempre tendrá curvas… Siempre habrá noche y habrá día.

Siempre habrá aristas afiladas por donde pases y caras agrias que no sepan entender que la vida es corta.

No te preocupes por los que naufragan en gotas de agua ni te metas en sus cabezas diminutas…No escuches sus tragedias de diseño ni te arañes por no llegar a comprender lo que sienten…

Eres demasiado extraordinaria para encerrarte en ti misma, el mundo necesita que sigas adelante y le lleves la contraria a todo lo que no es justo o hermoso.

Sé que el cansancio, a veces, te habita las sienes y te borra la capa de entusiasmo que siempre llevas puesta. Sé que a veces, cuando el día acaba  y estás rendida de domesticar fieras, suplicas ser distinta y no tener que rendir cuentas a tu conciencia siempre firme y honesta… Aunque también sé que de inmediato das las gracias por ser tú y todo lo que eso implica.

Confía en tus pies, amiga, saben el camino.

Llevas las respuestas pegadas a la falda y los sueños impregnados en ti.

Que nadie te ate a nada… Que nada te ate a nadie … Y menos en tus momentos bajos, cuando olvidas que eres hermosa y venderías tu serenidad por un abrazo tibio…

Eres tan grande, tan inmensa… Que no se ve dónde empiezas ni dónde acabas.

Eres tan maravillosa… ¡Lástima que no puedas verte así!

Ni siquiera tú misma eres capaz de hacerte sombra…

Confía en ti, amiga, eres extraordinaria.

 

 


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¿Confías?


¿Confías en ti mismo? ¿confías en tus posibilidades de convertirte en la persona que sueñas ser? si no crees en ti, en tu talento y tu capacidad para seguir el camino que deseas, es poco probable llegar al destino que planeas… Has conseguido mucho hasta ahora, mira a tu alrededor y da las gracias por lo que tienes, por lo que eres, sobre todo, por lo que sueñas… Si no confías en ti, no confías en la vida para que ésta te lleve a base de aprendizaje a dónde quieres para poder llevar a cabo tu propósito vital… ¿Confías?

 

 


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Eres lo que sueñas


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Llega el momento en el que hay que dejar de buscar fuera, porque te das cuenta de que lo que quieres lo llevas dentro. Ya eres lo que buscas y lo que sueñas y sólo te hace falta ponerte en marcha. Encontrar ese botón que todos tenemos que acelera el mecanismo que nos hace invencibles, que nos da la confianza para no desvanecernos. La palanca que debemos activar para descubrir que la fuerza que necesitamos lleva toda la vida en nuestro interior esperando que la usemos. Que muchas de las respuestas que ibas buscando en miradas ajenas están en ti.

Fuera hay mucho que aprender. De las grandes personas y de las personas diminutas que están creciendo. De lo mucho que amamos. De lo mucho que lloramos. De lo que nos pasa y nos hace felices. De lo que viene a nosotros y nos golpea… Todo ese cúmulo de circunstancias nos impulsa a evolucionar, pero la osadía necesaria para seguir, para caminar, para saltar, está dentro de nosotros. Lo que nos llega y nos sacude es sólo el detonante. Y que funcione y nos sea útil y nos haga ser mejores depende de nosotros.

Estamos cambiando siempre. Cada paso que damos nos modifica. Cada decisión que tomamos nos modela, nos esculpe para estar preparados para escoger la siguiente. Somos el resultado de todo lo que elegimos ayer, lo que captó nuestra atención, lo que observamos con curiosidad, lo que nos llenó de alegría y lo que nos hizo temblar de tristeza. Somos todos y cada uno de los pensamientos con los que hace un rato ocupamos nuestra cabeza y todas las emociones que esos pensamientos crearon en nosotros… Somos las palabras que usamos para definir nuestros momentos, nuestras vidas… Las palabras que dijimos en voz alta y las que dedicamos  a otros. Las que nos hemos callado y ahora anidan en nuestro pecho esperando salir y, si no las dejamos, se convertirán en lágrimas, en dagas afiladas, en piedras pesadas que iremos arrastrando hasta que nos atrevamos a soltarlas.

Cada vez que decidimos, estamos construyendo un nuevo camino. No sólo fuera de nosotros, también dentro. Todo lo que hacemos nos cambia y cambia a las personas que nos rodean. Porque ellos son para nosotros como nosotros escogemos verlos y cumplen el papel que les asignamos hagan lo que hagan. Y lo mismo hacemos con nosotros. Elegimos estar bien o mal. Sentir esa presión en el pecho que nos oprime o cortar con ella, cambiar el por qué de ese dolor, reconducir esa sensación, ese miedo a ser, a perder, a no llegar.  Cuando elegimos crecer en lugar de escondernos, ponemos en marcha mecanismos que ni siquiera conocemos ni sabemos cómo funcionan, pero nos modifican y nos preparan para estar a la altura de lo que queremos, lo que necesitamos. Cuando escogemos afrontar en lugar de salir corriendo o cerrar los ojos para imaginar que no pasa, nuestro cuerpo nos convierte en seres más elásticos, más capaces de saltar obstáculos, de encontrar alternativas.

Cada vez que soñamos con encontrar la solución y creemos que vamos a encontrarla, nos acercamos a ella. Porque todo nuestro ser se pone en marcha para conseguirlo, porque dibuja en camino que deberemos seguir para llegar…

Cada vez que pensamos, creamos. Nuestra realidad se esboza a golpe de pensamiento. Definimos como serán los próximos minutos, los próximas horas… Y cada pensamiento de hoy fabrica un refugio, una cabaña en nuestro futuro. Nosotros escogemos de qué la llenamos para cuando lleguemos a ella, una tarde dura de invierno, podamos encontrar lo que necesitamos. Nos pasa desde siempre… Hemos ido construyendo refugios desde que éramos niños.

A veces los hemos llenado de energía extra para afrontar un momento duro, que puede llegar a ser un momento mágico, de evolución y cambio con esa energía acumulada. Los hemos llenado de confianza, como un amuleto guardado al que sujetarnos para recordar que podemos por si en ese momento nos flaquean las fuerzas.

Aunque también hemos llenado nuestras futuras cabañas de ansiedad sin disolver, de monstruos que nos esperan ocultos tras la puerta, de pereza y desánimo, de lágrimas acumuladas, de complejos por resolver, de malas caras, de conversaciones a medias y palabras por pronunciar.

Somos maestros de la no acción. De dejar pasar a ver si primero se pudre y luego se seca y desaparece. Somos líderes del mirar a otro lado, como cuando los niños se tapan la cara y dicen que no están… Somos genios del escapismo, del no asumir responsabilidades, del pensar que irá mal y que todo es culpa de otros… Somos máster en victimismo y tenemos Cum Laude en resignación, desesperación y catastrofismo.

Asumir que nuestra felicidad depende de nosotros mismos es uno de los grandes retos a los que nos enfrentamos cada día. Una de las asignaturas más complicadas…

Darnos cuenta de que el camino que seguimos depende de nosotros da vértigo, asusta, paraliza… Descubrir tu poder marea, agota, aturde… Aunque abre un mundo de posibilidades en las que siempre eres tú quién toma las riendas y se deja llevar por la imaginación, por la confianza en ti mismo, por las ganas de ser mejor… Que en realidad ya tenemos todo en nuestro interior lo que necesitamos para ser quiénes soñamos…

Hay un día en el que debemos empezar a ejercitar ese poder. Mejor antes que después. Mejor hoy que mañana. Hay muchos refugios que llenar, muchas reservas de entusiasmo y confianza que dejar repletos para el día a día…

Lo de estar bien contigo mismo es un trabajo.  Una carrera de fondo que vamos a ganar sin creemos que podemos, que lo merecemos, que sabremos cómo… Si descubres que eres tu propio refugio y todo lo que necesitas para ganar ya está dentro de ti. Si te enteras de una vez que ya eres lo que sueñas y que sólo te hace falta decir que sí…

 


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Es por ti…


FLORES LILAS

A menudo, cuando haces lo que crees que debes o lo que te dicta la conciencia, te sientes absurdo. Buscas en el fondo de tus pliegues y sacudes tus entrañas hasta descubrir por qué te duele, por qué te araña, por qué notas que vas al revés del mundo y demasiado  a menudo, no te compensa… Por qué a pesar de dar, tienes la sensación de que nunca recibes. Por qué arrastras una carga pesada y nunca encuentras relevo…

Y pones a examen todo lo que acumulas tras de ti y crees que te toman el pelo.

Porque confiabas cuando nadie confiaba.

Porque decías que sí, cuando todos daban la espalda.

Porque soñabas, aunque cada día se cerraban más puertas y no encontrabas las ventanas…

Porque te aferrabas a un resquicio de luz que se filtraba por un minúsculo agujero de un techo bajo, en un cuarto oscuro, que tú imaginabas un cielo abierto.

¿Eras un iluso? ¿Has perdido el tiempo? ¿Era real aquello que veías o sólo tu fantasía, tu ignorancia?

Porque cuando mirabas veías el lado bueno y encontrabas migajas de belleza donde posabas la vista.

Porque reías a pesar de que tenías tantas ganas de llorar que se te hacía un nudo en la garganta…

¿Demasiado esfuerzo para nada? ¿Cuándo te toca a ti? ¿Deberías pensar más en ti mismo?

Te sientes ridículo porque cantabas sin voz y bailabas sin música. Porque encontrabas la forma de seguir cuando el camino se desdibujaba y nunca se divisaba tu destino.

Seguro que muchos aún se ríen de ti al recordarlo, piensas, sin sentirte capaz de ser de otra forma, sin poder ser otro a pesar de que, a veces, ser tú duela y duela mucho…

Porque perdonaste y pediste perdón.

Porque te enfrentaste a tus miedos y cruzaste algunas lineas que jamás creíste que podrías. Porque te atreviste a exponer lo que sentías y abriste en canal tu alma. Porque mostrarte tu corazón y se rieron en tu cara…

Porque cada mañana construías de nuevo lo que otros de noche se ocupaban de destruir. Porque fabricabas puentes y derribabas muros cada día y te dabas por recompensado con una mirada…

Porque dabas la gracias.

Porque nunca hiciste lo que no querías que te hicieran… Porque cuando lo hicieron, mantuviste tu dignidad intacta y en lugar de golpear, preguntaste por qué y fuiste capaz de sobrellevarlo.

Tanto esfuerzo, tanta comprensión, tantas ganas malgastadas fabricando realidades paralelas para sobrevivir, construyendo espacios de encuentro, buscando las palabras adecuadas para no herir… Y al final ¿qué queda? ¿De qué sirve si nadie lo ve y nadie lo escucha? ¿A dónde va a parar tanta energía? ¿quién se queda con todo este esfuerzo?

Tú. Tú eres la respuesta. Tú forma de ver la vida y tu necesidad de vivir sin pisar. Aunque el mundo lo ignore y estés agotado. Aunque todos tus logros se queden ocultos tras una montaña de ignorancia e incomprensión…

Aunque el llanto de otros sofoque tu risa y su opacidad esconda tu brillo. Aunque quién deba juzgarte no sepa de sueños ni la mitad que tú y sea incapaz de ver más allá de las paredes que le rodean. Aunque no aprecie tus logros y no vea tus méritos… Siempre es necesario que alguien ponga empiece el camino y abra paso. No aminores tu marcha, que se esfuercen para alcanzarte.

Lo que has aprendido es ya tu equipaje, tu vida,  se convierte en tus herramientas para seguir este camino hasta el final… Siempre brota algo bueno del camino recorrido…

No esperes que los que no ven, te vean. No busques su aprobación porque ellos no buscan nada en ti, porque tal vez si lo encuentran, se verían obligados a cambiar y replantearse la vida. No pidas a quién no sabe dar. No seas mediocre para ser aceptado por los mediocres. No rebajes tu listón para que otros te valoren. No dejes de ser una mariposa porque estés rodeado de larvas… Haz lo que sientes y siéntete bien haciéndolo, aunque nadie lo sepa, aunque a veces, no se note, aunque no se aplauda. Lo sabes tú, que eres quién vive en ti mismo y se merece tu mejor versión. Es por los que sí sabrán quererte tal como eres… Es por ti.


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Sé valiente y confía


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Hay una frase que recuerdo siempre y que un día tuiteó mi admirado Josh Bulriss.  Dice algo así como “hay personas que llegan a tu vida como una bendición y otras que llegan como una lección”. Adoro esa frase. Me hace pensar que a veces llegan a tu vida algunos momentos duros que pueden transformarse en buenas lecciones y por tanto en oportunidades. Me hace levantar del lodo y tener ganas de caminar, a pesar de que todo se tambalee, aunque se me hunda la vida y mire alrededor y sólo vea paredes blancas que se van acercando. Hay momentos en que seguir se hace cuesta arriba. Momentos en los que sabes que hay una moraleja que aprender, pero por más que buscas no la encuentras… Son bocados amargos que acaban siendo dulces al final, aunque parezca imposible, obstáculos necesarios, personas que llegan a tu vida para hacerte cambiar aunque sea porque te hacen daño, voluntaria o involuntariamente…

Siempre he pensado que a veces conocer a lobos con piel de cordero acaba siendo muy útil para madurar y superarse, para aprender. Y no hablo de aprender a no fiarse, porque eso nos hace perder la oportunidad de conocer a personas maravillosas más adelante. Hablo de aprender a sobrellevar que alguien en quien confías te decepcione o soportar que alguien a quién quieres no sienta el mismo cariño por ti. Levantarse una mañana y ver que has expuesto tu alma a otra persona, que le has dado tu amistad y ha jugado con ella. Descubrir que eras una marioneta… Salir de ese callejón de ridículo, decepción y dolor te obliga a crecer mucho. Al final, aprendemos igual de los lobos que de los corderos. Porque tanto de unos como de otros sacamos algo bueno, porque eso que es bueno ya estaba en nosotros y ellos vienen a alumbrarlo, a ayudarnos para que salga fuera y nos demos cuenta del valor que acumulamos. A menudo, los que se cruzan en nuestro camino y nos lo ponen difícil nos obligan a poner en marcha nuestro talento, nuestras aptitudes, algunas de las cuales permanecían ocultas.

Luego, los corderos se quedan y los lobos se van. A veces, incluso, sin querer, tu compasión y forma de querer acaba amansando a los lobos y les hace percatarse de que no pueden ir por la vida disfrazados y devorando la autoestima de los demás. Tú también les alumbras… Y si puedes, les perdonas y tu perdón les ayuda a crecer, si quieren. Entonces puedes ver que ellos también sufren y dejas que se queden… Porque tú para ellos eras un cordero necesario, una bendición. Al final, a unos y otros, les debemos dar las gracias por la gran aportación que hacen a nuestras vidas…

Porque… ¿Qué es una lección sino una bendición también?

Lo difícil es confiar después. Sobre todo porque igual que hay muchos lobos con piel de cordero, también hay muchos corderos que van disfrazados de lobo salvaje para ahorrarse volver a caer, volver abrirse al mundo y recibir un golpe.

Hay personas que no son lobos ni corderos. Están sentados al margen y siguen a la masa. Si toca pan, comen pan. Si tocar reír, se ríen sin haber entendido la gracia. No lloran para desahogarse sino para llamar la atención esperando que el mundo tenga misericordia y les haga el trabajo sucio y complicado porque les da pereza vivir y descubrirse a ellos mismos. Siguen la corriente aunque lleve al abismo, aunque al final de ella haya un precipicio o se vean obligados a traicionar sus valores. Tienen demasiado miedo a mostrarse cómo son, a ser distintos, a decir en voz alta qué piensan y llevar la contraria. Van por la vida tomando prestadas ideas, moralejas y sueños ajenos. No es porque no tengan los suyos propios, es porque les asusta conocerlos y admitirlos, porque les fatiga luchar por ellos y les avergüenza darlos a conocer. Se sientan en entre la muchedumbre y esperan a que otros digan qué quieren y se convencen de que ellos desean lo mismo. No tienen valor ni ganas de adquirirlo. Se acaban cruzando contigo y haciéndote creer que eres tú el absurdo por querer algo distinto y mostrar lo que sientes…

No caigas, no renuncies a ti mismo. No seas arrollado por un batallón mediocre que no busca más que convertir al mundo en un reducto gris y uniforme porque ellos no quieren destacar.

Si consigues que no se te lleven y no acabas haciendo cola para sumergirte en su maraña, habrás superado un obstáculo más.Y sigue confiando en las personas, sobre todo, en ti mismo.

Tú también puedes ser una lección para ti mismo. De hecho, la mayoría de respuestas a las grandes preguntas no tienen una solución correcta o incorrecta, tienen tú solución. Tú eres quién decide si araña o acaricia. Si dice sí o no. Si ama y perdona o guarda metida la traición en un hueco de tu alma. Eres tú quién sabe cuándo hace bien o mal, según tus valores. Tú decides si sacas una lección de todos los muros que saltas o si te quedas sentado lamentándote. Eres tú quién reconoce si vive la vida que quiere o la que quieren los demás. Eres tú quién escoge si se disfraza o se muestra tal como es ante el mundo y es capaz de defender lo que cree hasta el final… Eres tú quién decide si brilla o se esconde y apaga para no destacar. Tú decides si confías… Sé valiente y confía.