merceroura

la rebelión de las palabras


Deja un comentario

A mí también me tomaron el pelo…


colors-3185020_640

A mí también me dijeron que fuera fuerte y peleara por todo… Que esto era una lucha feroz y que si me esforzaba mucho conseguiría lo que soñaba…

También me contaron que debía hacer sin parar y no detenerme nunca, ni para tomar impulso… Que si dejaba de hacer y de esforzarme nunca conseguiría nada y el mundo iba a despreciarme… Que tenía que ganarme el respeto y el derecho a ser y que para ello debía demostrar cada día, sin fiestas, sin domingos, sin aliento.

Me contaron que tenía que ser buena persona y que pensar en lo que yo necesitaba era egoísmo puro… Que necesitar era de débiles y que si no te escuchas al cuerpo cuando duele, al final se cansa… Que esto iba de tragar vida y engullir lo que hay a tu paso sin permitirse dudar.

Me dijeron que si era la primera llegaría lejos… Que no había más opción que ser la mejor… Que no me diera tregua y me dedicara a trabajar al máximo… Que el ocio era un desperdicio de tiempo y que el silencio era algo terrible a evitar a toda costa…

Y pensé que si corría suficiente en dirección contraria a mis miedos, acabaría por esquivarlos, por dejar de tener que vivirlos… Que si era capaz de burlar al destino, no tendría que repetir errores aunque fuera incapaz todavía de comprender porque lo eran.

Me explicaron, entiendo que por mi bien o eso pensaba, que si no aceptaba la realidad podría construir una propia a medida… Y que si cedía y daba la razón los demás me verían como alguien vulnerable e incapaz…

Alguien me contó que podía con todo, que debía hacerlo todo y respirar sin pausa para seguir siempre, pase lo que pase…

Alguien me dijo que buscara sin parar, siempre, todas las respuestas, porque eso me daría ventaja en esta dura competición…

Alguien me pidió que acumulara sin pensar porque tenía que estar segura, que debía tenerlo todo previsto, que debía preocuparme por todo y jamás perder el control de nada.

Me enseñaron que sufrir tiene premio y te libera de culpa, que es necesario para ganarse el cielo y el pan… Que nada es nunca fácil y que todo será peor si no finges que no te importa y haces lo que hacen los demás.

Me susurraron que yo valdría lo que valen mis resultados, que yo era mis resultados. Y me grabaron a fuego que no confiara en nadie ni en nada… Ni siquiera en mí. Y eso me hizo sentir pequeña, desamparada, desvalida, incapaz, avergonzada, miserable, desheredada, culpable, rabiosa, enfadada, triste y asustada, muy asustada.

Y no era cierto nada… No lo es al menos para mí… Me engañaron como les habían engañado a ellos porque pensaron que era lo mejor…

Porque esto no va de lucha sino de pasión… De amor…  De hacer lo que sientes que debes con amor y sin arrastrarse ni sentirse obligado. de hacer lo que amas y aprender a amar lo que haces…

Va de saber qué dirección quieres tomar, pero permitirse el error y la duda. Va de ir acompañado y no de llegar el primero. Va de compartir y ser tu versión mejorada, no mejor que nadie…

Va de parar y perderse en el tiempo para encontrarse… De escucharse y contarse historias hermosas, notar qué te cuenta el cuerpo y amarlo. Va de detenerse a respirar y de despojarse de todo, de darse cuenta de que no puedes controlar nada, de que nada es y jamás será aseguro y vivir con esa deliciosa incertidumbre hasta que un día te levantas y es tu mayor certeza… Y tu preocupación se esfuma porque te has dado cuenta de que la vida tiene planes mejores que tus planes y tú puedes decidir pero tienes que ser flexible porque no sabes nada…

Y ves claro que no puedes  huir de tus miedos porque eso hace que tú seas tus miedos… Que hay que sentirlos, abrazarlos, vivirlos y comprender que estás por encima. Que hay que observarlos como pensamientos locos y darte tregua, que hay que tiritar con ellos y descubrir que no eres ellos… Que hay que dejar de necesitar cambiar la realidad para ser feliz y estar en paz, aceptarla y amarla para así empezar a transformarte…

Que eres responsable de tu vida y culpable de nada, nunca, por más que pese y duela…

Te das cuenta de que sufrir es inútil, aunque te enseña a vivir cuando ese sufrimiento es tan intenso que nada compensa nada y te permite despojarte de todo porque ninguna máscara lo hace soportable.

Y notas que llueve y no pasa nada. Y sabes que no llegarás primero y no importa porque estás bien acompañada… Por ti… Porque ahora sabes que la respuesta que buscabas es el amor que sientes por ti.. Un respeto inmenso que no surge gracias a ninguna medalla, ningún logro, ningún resultado, ningún marcador ni posesión que ahora tengas... Porque ya eres y siempre has sido, incluso antes de empezar este camino que te dijeron que era una carrera y eso te impidió irte parando a contemplarlo y sentirlo…

Y no puedes con todo, no porque no seas capaz de superarte, sino porque no hace falta que cargues con nada, que arrastres nada ni resistas ninguna embestida…

Y ahora sabes que la única forma de estar en paz y seguro es contemplarte vulnerable  y descubrir tu verdadera fuerza… Y esa fuerza solo sale de dentro cuando te permites caer y te quitas las máscara y dejas de ser el personaje y aceptas tus debilidades y fortalezas… Cuando amas tu oscuridad y besas la realidad para empezar a cambiarla desde dentro… Y cuando callas, por dentro y por fuera, cuando escuchas ese silencio maravilloso que hay en ti y permites el vacío y nada… Y entonces, dejas que algo increíble pase y algo increíble pasa.

Cuando amas esto que eres y lo que es… Y cuando confías, sobre todo en ti.

¿Y si lo que pasa es que debes dejar buscar y empezar a encontrar? ¿Y si lo que sí puedes controlar es cómo reaccionas a  lo que te pasa en la vida y no a la vida misma? ¿Y si la actitud que tienes ante todo te conduce a estar en paz?

Y ya has encontrado, estuvo ahí siempre. No lo viste porque estabas ocupado siendo esa persona que te dijeron que debías. Haciendo lo que hacen los que compiten con el mundo esperando ser mundo… Viviendo lo que viven los que no viven esperando otra vida… Sintiendo lo que sienten los se condenan a ellos mismos  a no sentir nada…

Ahora ves claro que tienes que soltar porque no puedes seguir llenando tu vida de por si acasos, de trastos viejos y recuerdos rotos, creencias rancias que te impiden vivir como mereces… Que tienes que permitirte lo que deseas y que pensar en ti porque eso no es ser egoísta sino coherente porque para dar lo mucho que hay en ti y para compartir tienes primero que darte y comprometerte contigo.

A mí también me tomaron el pelo con la mejor intención pero ha llegado el momento de dar la vuelta, de parar, de sentir, de decir no a lo que es no y sí a lo que es sí…

Es el momento de dejar de ser sumiso para que te acepten y te amen…

De dejar de hacerse el rebelde para que comprendan que no les sigues el juego…

De dejar de mirar a otro lado para no verles y fingir que les ignoras…

Es tu momento. El de ser y vivir.

Y los sueños, los sueños importan pero tú importas más. Deja de perseguirlos y siente que los mereces a ver qué pasa y si no pasa, sigue mirándote con el amor que eres, con el respeto que mereces.

Aunque ni siquiera esto que te digo es nada, porque es lo que he vivido y aprendido, pero mi camino no es tu camino.. Y tampoco sé casi nada… Todo está en tus manos.

 

GRACIAS POR LEERME E INICIAR CONMIGO ESTE CAMINO COMPLICADO PERO MARAVILLOSO… 

Gracias por compartir y llevar mis palabras hasta el otro lado del mundo… 

Si quieres continuar con este cambio, te invito a profundizar todavía más…

Manual de autoestima para mujeres guerreras

Disponible aquí 

amazon llibre merce amazon

Acompaño a personas y organizaciones a a desarrollar su #InteligenciaEmocional con formación, conferencias y #coaching

Escritora y apasionada de las #palabras

Más información sobre mí y sobre mis servicios en www.merceroura.es

 

Anuncios


Deja un comentario

Al final del túnel


dark-2568338_640

Tocar fondo… Uf qué mal suena, por favor. No sabes las veces que en mi vida he eludido meterme por caminos complicados y arriesgar para no llegar a eso. Para que no hubiera un día en que fallara todo, cinturón de seguridad incluido, y me tuviera que encontrar conmigo misma. Sola, sin nada a lo que agarrarme, ni ninguna puerta a la que llamar. A solas con la persona en la que menos había confiado en la vida, yo. Rota y sin nada con que pegar los pedazos, rodeada de gente que ríe porque no se da cuenta del inmenso dolor que noto en mi alma.

Aquello de lo que huyes te persigue.

Aquello que buscas ha salido a tu encuentro. 

Sólo necesitamos ser conscientes de quiénes somos y de si somos coherentes con nosotros mismos o no.

He he hecho lo indecible para no tener que mirarme a la cara y decir “Mercè, ahora estamos solas las dos, vamos a una”. Y no era solo eso, era admitir ante el mundo, aquel mundo que yo creía que siempre me miraba mal y no esperaba nada bueno de mí, que estaba en lo cierto. Que había acertado en su quiniela y era verdad, yo no era nadie ni servía para triunfar. Necesitaba “desnudarme” ante ese mundo que esperaba que fuera despiadado conmigo para darme cuenta de que incluso en la más absoluta desnudez no pasa nada, nadie puede hacerte daño si no te dejas, si no te crees, si te amas y respetas tanto que ninguna palabra puede arañarte…

He hecho todo lo que ha estado en mi mano para no tener que mostrar mi imperfección, mi vulnerabilidad, mi supuesta incapacidad para confiar en mí y me he convertido durante años en una persona “corriente” sin hacer aspavientos ni esperar nada excepcional de la vida… Era como si “portándome bien” y no esperando nada de magia en mi vida, un dios atroz y vengativo fuera a apiadarse de mí y me evitara pasar por delante del escaparate de mis miedos y enfrentarme a ellos…

Ilusa de mí… Porque ya lo sabía. Siempre lo supe. Todo llega y todo pasa. Cuánto más eludes algo, más te acercas a ello. Porque hay momentos que vivir y miedos que superar, hagas lo que hagas.

Si temes mostrarte, la vida te pondrá en el punto de mira.

Si temes decidir, la vida te obligará a tomar decisiones.

Si temes perder, la vida te hará perder tanto que al final no recordarás por qué te dolía tanto.

Si no lo haces, la vida te lo hace… 

Si temes que nadie te ame, pasarás largo tiempo olvidado por otros hasta que descubras el verdadero amor, ese que está en ti.

Cualquier necesidad de la que dependa tu estabilidad, seguridad y felicidad, se verá no satisfecha para que sepas que no es real, que no eres tu miedo, sino tu capacidad para sobrevivirlo.

Vas evitando pasar por esa esquina donde hay siempre algo que te recuerda que no estás haciéndote caso, que te dice que vayas ante lo que te asusta, que te enfrentes a tu vergüenza, a tu culpa inventada, a tu fantasma más terrible… Pero no lo haces, hasta que no te queda más remedio.

No se me ocurre en la vida nada que se pague más caro que la incoherencia.

La vida sabe que hay cosas que sólo estamos dispuestos a hacer en caso de desesperación. Sólo cuando el agua nos llega al cuello somos capaces de ceder y decidir que ya basta, que vamos a soltar y confiar. Solo cuando la alternativa es más terrible, nos sentimos con fuerzas para ponernos de rodillas y dejar el orgullo de lado, ceder y permitrnos ser libres, soltar el lastre y dejar de seguir intentando demostrar, figurar, parecer, recibir aceptación y reconocimiento… Sólo cuando no hay más remedio porque todo se tambalea, decidimos amarnos y ponernos de nuestra parte.

Y el momento llega. Podríamos dar el paso antes, pero somos tan testarudos que necesitamos caer hasta el fondo, hundirnos en el lodo más pegajoso para darnos cuenta de que nos hemos privado de sentir y notar la vida a través nuestro, que hemos evitado ese miedo, ese dolor, esa situación… Que hemos acumulado emociones en cada esquina de nuestro cuerpo hasta que han estallado. Que hemos inventado un personaje para que cuando otros nos miraran no pudieran vernos.

Toda la vida intentando evitar este momento en el que te enfrentas a tu miedo más intenso y lo notas, tiritas, te retuerces, caes, lloras y entras en un silencio rotundo y absoluto en el que puedes empezar a escucharte de verdad y ser tú. Puedes ser tú porque ya no importa nada, porque ya no te avergüenzas, porque en este trance has perdido ese miedo y te has vaciado de todo lo que acumulabas, porque has soltando tanto que el vacío que hay en ti se ha llenado de vida… Se ha llenado de ti.

Puedes ser tú porque lo has intentado todo y no te sirve nadie más y cualquier otra opción se ha demostrado fuera de lugar… Puedes ser tú porque no hay nadie más…

En ese momento, te das cuenta de que llevas tiempo en ese túnel, buscando una salida a tanta oscuridad, una luz que te guíe… Y descubres que la luz que buscas está en ti, muy dentro, pero necesitabas encontrarte muy apurado para encenderla porque mientras todo iba bien te dedicabas a ignorarla. Te ignorabas a ti.

El otro día alguien con quién comparto ideas y reflexiones en redes, Merche Pérez Miguel, me dijo algo hermoso… Cuando tocas fondo “sientes que ya no te queda nada y de repente de conviertes en absolutamente todo”. Un todo que no sabrías que está si no te quedaras a solas contigo, sin nada, en absoluto silencio…

No hace falta llegar a eso, la vida nos tiende la mano mil veces ante, aunque no lo vemos porque estamos ocupados intentando eludir lo que somos y sentir ese miedo que de forma inevitable llegará. Porque estamos pendientes de pelearnos para no aceptar lo que no nos gusta, sin saber que a veces lo que parece terrible es en realidad un regalo precioso.

A veces, la vida llama a tu puerta y no respondes porque tienes demasiado miedo de mirarla a la cara y ver con qué va a sorprenderte.

A veces, hay que tocar fondo para darte cuenta de que no eres tu dolor, tu miedo ni tus pensamientos más tristes, para descubrir que siempre habías estado arropado por la mejor compañía y nunca la habías tenido en cuenta… Para encontrarte a ti y existir sin más expectativa que vivir en paz…  Cuando eres lo único que te queda, no tienes más remedio que confiar en ti.

No te quepa duda, al final del túnel estás tú, sólo tú.

¿Eres una guerrera harta de pelearte con la vida? “Manual de Autoestima para mujeres guerreras”, echa un vistazo aquí. 


14 comentarios

Todo es perfecto


rose-3142529_640

Mientras tuve la razón jamás fui feliz porque siempre estaba pendiente de no perderla, de defenderla y casi imponerla… Era tan mía, tan obvia, me parecía tan necesaria… Porque pensaba que era lo único que me quedaba en este mundo que me cortaba las alas y me agarraba de los tobillos para que no pudiera subir por al escalera que llevaba a mi cielo… Pensaba, sin realmente saber nada, que la razón que me daba haber acumulado tanta injusticia en mi vida, era mi último reducto de poder antes de dejarme llevar por la desidia.  Aunque no era poder, era fuerza, era resistencia a vivir, a dejarme llevar, era oposición de soltar y vivir en el asombro y la sorpresa… Era miedo a soltar el control que nunca tuve en realidad.

Por eso, dejé la lucha por parecer y me quedé conmigo, con lo que había tras la puerta cerrada de mi conciencia y abracé a la niña enfadada con el mundo porque creía que no la aceptaba... Y me di cuenta de que no había nada tan grande como no esperar nada y sorprenderse por todo, por absolutamente todo… Asumir lo vivido y soltar la carga. Dejarlo todo en una tarde y ver como la vida fluye cuando decides que ya basta…

Me quedo con mis errores y mis miedos… Los miraré sin recelo, sin culpa, sin resentimiento. Y los convertiré en vida, en “ahora”, en cielo… Esa será la forma en que le devuelva a la vida el maravilloso regalo de sus sabias lecciones…Ver la belleza de este instante y notar que me invade, ahora… Saber que estoy aquí por algo, para algo, con un sentido y un camino por recorrer. Notar que yo entera me entrego a mis miedos y les doy la vuelta hasta convertir a mi enemigo en aliado, a mi dolor en mi consuelo, a mi guerra en mi paz.

La guerrera ha dejado su puesto de centinela cansada y ahora confía, lo intenta aunque cueste, aunque a menudo se sorprende todavía empujando el peso del mundo por una cuesta cuando el mundo no la ha pedido que haga nada. A veces, todavía mira al horizonte por costumbre y surca entre las caras y las miradas para encontrar el rechazo que tanto necesita para volver a culparse por no ser perfecta… A veces, el miedo le puede e inventa historias tristes y amargas que le sacuden el alma, pero entonces recuerda que hay tanta belleza en cada cicatriz que cuando las juntas todas ves que en ti han escrito una palabra, una frase, un libro… Que dejarse llevar por lo que temes y bucear en tu dolor para comprenderlo es respirar libertad… Que entregar tu miedo al miedo antes de que te coma la esencia te libra de sumergirte en en la desesperanza… Que lo que estás haciendo para muchos es locura pero para ti es un bálsamo.

La guerrera está callada, pero no por guardarse el dolor ni encerrar la rabia, sino por haber aprendido a amar el silencio de este momento y haber decidido que no quiere más batalla… Porque no es que ya no quiera ganar es que ya no le hace falta y prefiere la paz a la gloria, el equilibrio a la medalla… Prefiere sentir que pierde si perder es notar que fluye y que ama.

Me quedo con este momento dulce, aunque no sea perfecto porque sé que es perfecto para que lo que deba pase… Porque sé que esta serenidad compensa todas la noches de ira haciendo guardia, todos los días luchados por injusticias inventadas, todas las tardes perdidas soñando venganzas sin sentido.

Me quedo conmigo, desierta de gritos y rencores, vacía de rabia y lamentos, enfundada en mi misma con mi traje más humilde y mi risa más fácil… Me quedo con esta sensación de que todo tiene sentido aunque no sepa cuál, ni hacia dónde, ni cómo… Rota pero recompuesta, cansada pero con ganas. Habiendo dejado de buscar ni tres ni cuatro pies al gato y de imaginar historias siempre amargas…

Me quedo con que he llegado hasta aquí y suelto los reproches de una vida que no fue y un reino que no he podido besar a pesar de los intentos y las ganas.

Mis sueños perdidos ya no gritan mi nombre en las noches largas. Porque he descubierto que mi sueño es mi paz y mi risa… Mi aprendizaje de esta tarde, mi nombre dicho por mi hija pidiendo ayuda y dándome las gracias… Mi sueño es un mar que me besa los pies y una roca que nunca me dice nada. Un par de amigos con los que hablo de cómo ayudar a otras personas a encontrar esta paz y un vaso de agua fresca cuando el calor me seca la garganta… Mi sueño es no esperar nada y que todo lo que llegue sea regalo, sea pura vida… 

Tengo sueños tan grandes y hermosos pendientes que no me caben todos en esta tarde que acaba. Aunque yo me he convertido en alguien tan paciente que soy capaz de saber que llegarán cuando deban y que si no llegan no pasa nada… Porque lo mejor del sueño soy yo creciendo para abrazarlo y la guerrera ansiosa convertida en oruga paciente que espera su turno para que le crezcan unas alas…

Me quedo con mis errores y mis miedos porque gracias a ellos he llegado a abrazar mi paz y saber cuál es mi lugar en el mundo… Me quedo con este momento, sea como sea, porque lo que cuenta es tomar lo hermoso de cada paso y seguir andando… Y dar gracias, siempre gracias.

Mientras tuve la razón nunca tuve la risa, nunca tuve el regalo inmenso de descubrir que no sé nada… De no tener ni idea de lo que viene ahora y de que no importe… Y notar que no me tiemblan las piernas, que no busco más refugio ni me escondo de nada… No hay nada como la desnudez de no cargar con la necesidad de parecer y  de saberlo todo… Nada como soltar la necesidad de ser perfecto, de no fallar ni perder,  de no decepcionar ni fracasar, de no acumular ni culpar, ni reprochar ni llegar siempre a la hora fijada.

No hay nada como ser consciente de no saber nada.

Y a veces ser, sólo ser… Y ya está. Es perfecto. Siempre es perfecto.

Pensaba que la perfección era el resultado de cambiarlo todo, pero en realidad, es el resultado de casi casi no hacer nada… 


4 comentarios

El mundo está a salvo sin mí…


foto

Pensé que era porque podía con todo, porque estaba rota y así me pegaba, porque llevaba una culpa y así la expiaba, porque mi carga se haría ligera… Pensé que le debía algo al mundo por mi dolor y me puse la máscara… Hay personas que se ponen una máscara que sonríe, la mía era una máscara de persona triste y enfadada, de persona que sale de casa por la mañana sin esperar nada bueno y regresa por la noche con la certeza absoluta de que tenía razón… La injusticia me abrasaba… Amaba tener razón, me calmaba, pero en realidad era  una necesidad insaciable de moderme la cola. Mecía mi rabia contenida de persona que sufre mucho por todo y nunca consigue nada… Nunca la acumulaba, siempre la soltaba a ráfagas de locura, de delirio, de llanto sin consuelo que se rompe en dos y se ahoga en una tarde triste, en una mañana de sol perdida pensando que todo es injusto, que todo está escrito y que no hay salida… Seguramente porque cree que no le toca, que no lo merece, que todavía no ha sufrido suficiente.

Pensaba que los que están seguros de sí mismos no dudan jamás… Qué equivocada estaba… Dudan y mucho, siempre. Nunca saben nada y siempre se hacen muchas preguntas nuevas, pero confían. No saben cómo, pero saben qué. Se dejan llevar y se mecen en la vida, notan que están, saben que todo es posible aunque ignoran a veces por qué… Saben que podrán, no porque sean mejores que nadie sino porque no se boicotean ni rebajan, porque están de su parte y confían en la vida… Porque creen que llegado el momento sabrán por dónde ir, porque una magia extraña les señala el camino. Y sobre todo porque disfrutan durante el viaje, siempre. Pase lo que pase. Si llueve, aman la lluvia. Si hace sol, lo besan. Si hay nubes blancas en el cielo, las cogen entre los dedos y las acarician. Por eso, saben que todo irá bien, porque ya va bien, porque el futuro que buscan pasa por el presente que aman sea como sea.  Y yo no lo veía porque mi máscara era muy opaca y pesada y me enfadaba con ellos porque eran felices… Detestaba su felicidad porque era la muestra más evidente de mi tristeza… Porque nada parecía costarles esfuerzo mientras yo me partía el alma cavando para encontrar sueños perdidos y subía montañas cada día… Porque necesitaba ser perfecta y la vida me pagaba con absoluta imperfección... Porque nunca te llega lo que crees que necesitas sino lo que necesitas para crecer, para descubrir quién eres…

Iba atada a una caja enorme llena de amargura, de lágrimas, de asco, de miedos por todo, sin ningún sentido… Miedos antiguos, miedos de niña rota que no abría el armario porque pensaba que los monstruos dormían allí y no se vestía… El miedo del que todavía no ha descubierto su magia y mira la magia de los demás con recelo. El del sabio que tiene tantas dudas que admira al ignorante que no duda de nada… El miedo de intentarlo y descubrir que es posible y tener que asumir que la responsabilidad es tuya a partir de ese momento. Me arrastraba, me arrastraba tanto que una estela de mí quedaba pegada al suelo y marcaba el camino de mi dolor, de mi desencanto, de mi decepción… Era una tortuga cansada de ir lenta y no llegar porque todo el peso del mundo recae en su espalda dolorida… Sin más hogar que su caparazón duro y oscuro… Sin más temor que perder esa carga pesada que debía llevar a alguna parte para no sé qué hacer y no sé qué conseguir. Intentando acumular méritos por si algún día los reparten, ignorando que lo que cuenta es el presente y ningún sufrimiento trae premios ni medallas sin cada gesto que haces por conseguir lo que quieres no sale del amor sino del miedo… La única recompensa del sufrimiento es más sufrimiento. El amor no necesita recompensa porque ya es un premio. Si damos cada paso con amor, ya estamos consiguiendo lo que deseamos, ya no necesitamos llegar a la meta para ser felices.

Yo tenía que hacerlo todo, salvar al mundo, tirar el carro, llevar la carga… Plantaba semillas que crecían en el campo de al lado, donde ellos bailaban y reían y yo les miraba cansada y resentida, con mi máscara de persona enfadada que no soporta las personas felices que recoge frutos sin tener que sufrir… Hasta que un día no pude más y me senté a contemplar. Estaba tan agotada que apenas tenía ganas de seguir peleando… Pelear no servía de nada… Estaba claro, lo vi muy claro… La guerrera que hay en mí había perdido la batalla… Me tuve que quitar la máscara para mirar y oler, y tocar, y respirar… Y estuve perdida mirando, sintiendo, callando, dejando de gritar y llorar, de quejarme, de arrancarme la ropa para lamentarme, de maldecir y perjurar… Y me quedé dormida, en silencio, con la sola compañía de las sombras y mis prejuicios, con la nana de mis lamentos, con el manto de mis lágrimas y un par de estrellas que brillaban tanto que parecían meterse conmigo y llamarme loca, llamarme perdedora… La vocecilla insaciable de mi ego me decía que me insultaban, pero en realidad estaban allí para que me diera cuenta de que se puede estar sin sufrir, que se puede brillar sin sufrir… Siendo, estando contigo, en coherencia absoluta con tus valores, haciendo lo que sientes que debes desde tu ser, con ganas, con amor, sin desesperación ni angustia… Apenas pude enfadarme con ellas, ni conmigo por haber cedido, por no llegar, por haberme quitado la máscara que me protegía de que se me contagiara la alegría y dejara de luchar y buscar la perfección…

Y cuando desperté de mi sueño de perdedora, cuando mis ojos cansados se abrieron de par en par, todo era paz, belleza, equilibrio… Todo estaba a salvo sin mí, el mundo era un lugar maravilloso sin mi dolor y sacrificio, todo se tenía en pie sin que yo lo sujetara, sin sufrir ni arrastrar… Y en mi campo unos brotes diminutos apuntaban lo que iba a ser un manto de flores precioso… Eran flores perfectas… Lo había conseguido casi sin hacer nada más que estar, que sentir, que dejar de quejarme, sin máscara, sin gritos, sin miedos… Lo había conseguido aprendiendo a esperar sin maldecir… Porque los sueños necesitan trabajo pero no sufrimiento, necesitan camino y paciencia, necesitan ganas y amor a cada paso y a cada momento… Necesitan risa y sobre todo, esencia… Necesitan que persistas, que insistas sin atisbo de temor, que sepas cuándo seguir y cuándo parar, que notes si el sueño compensa, que aceptes que a veces no está… Que encuentres tu casa, que te busques a ti mismo… Que cambies de mirada sin moverte de sitio... Que sueltes la carga y aflojes un poco. Que dejes de soñar con controlar lo incontrolable y respires un rato sin pensar.

Me he dado cuenta de que el gran cambio está en tu mirada, en aprender a ver lo que no ves y plantearte lo que no te planteas… Despojarte de lo que te sobra, quedarte desnudo, sin máscara y empezar de nuevo asumiendo que no sabes nada, sin dar nada por hecho… Aprendiendo de nuevo las palabras, los gestos… Mirándolo todo con ojos inocentes, inexpertos, sin pensar tanto, sin anticiparse a nada… Sin permitir que lo que piensas del mundo estropee todo lo que el mundo puede ofrecerte y lo que tú puedes aportar. Sin perderte una buena charla por un prejuicio, sin buscar una explicación para todo y una meta en cada camino… Amando cada paso, notando cada roce, perdiéndose en cada respiración.

El gran cambio es una mirada distinta… Darse cuenta de que el mundo no necesita que lo empujes y lo arrastres sino que vivas en él con ganas, que no tienes que llevar su peso sino habitarlo con respeto y con sentido… Que no vas a controlarlo ni salvarlo sufriendo y llorando por él sino amándolo y aportando lo que tú eres, lo que tú sabes, lo que tu amas… El gran cambio es dejar de preocuparse y hacer tu camino… 


24 comentarios

Confía en ti


ojo-blanco-y-negro

No te compares con otras, ellas no visten lágrimas con tanta elegancia como tú.

No caminan en la cuerda floja por la que tu pasas cada día de puntillas sin apenas dejar de sonreír. Sin hacer más ruido que el del aire que te atraviesa y el de los sueños que acumulas y te surcan las venas…

Ellas no llevan el peso de cien vidas en sus espaldas ni buscan soluciones para llevar al mundo en el bolsillo y tenerlo a mano por si llora, por si se desborda… Por si se siente tan perdido que necesita que alguien le recuerde que hay esperanza. Tú eres esa esperanza, amiga…

Tan fuerte como las raíces inmensas de los árboles y la suave como sus hojas. Tan rotunda como una ola enorme, tan plácida como una marea dulce que besa la arena.

No te compares con otras que no libran batallas ni miran a los ojos a sus fantasmas… Ellas no se calzan el miedo para caminar sobre él cada día ni recorren las calles con tus ojos oscuros hambrientos de vida.

No tienen tus facciones preciosas ni usan tus miradas sabias.

No buscan nada que no se toque ni deguste, no saben ver la belleza en los rincones como haces tú.

No saben encontrar las palabras para levantar un imperio cuando se cae a media tarde y conseguir que anochezca en él sin que nadie se entere de que estuvo a punto de fundirse.

No te mires en los ojos de otras mujeres que no ríen como tú ríes con tus penas y que no susurran y cabalgan sobre bestias hasta dejarlas exhaustas y mansas.

No te pierdas intentando buscar sus espejos para verte en sus esquinas porque tu cara está en el reverso de las hojas y en el corazón de los que te aman y suspiran por abarcar tu grandeza.

No escuches a los que no saben qué sueñas ni pierdas tus sueños por más que el tiempo pase y no llamen a la puerta.

No te compares a diosas de plástico con sueños sin alma y almas sin sueños…

No desesperes… Estás hecha de selva y de brisa. Suave y salvaje. Del material que imanta las brújulas para no perder el norte… De la madera de un barco que surca mares adversos con una paz inmensa… De un pedazo de luna que brilla siempre, incluso por la otra cara…

Eres de cielo que se apaga buscando la noche pero regala un rastro malva y rojo.

Eres de agua clara y de canto redondo en un río que fluye y nunca para.

Eres de una lluvia espesa y de un sol caprichoso que busca filtrarse por las esquinas.

No mires atrás porque allí no queda nada…

No te dejes ahogar por el futuro porque es tan tuyo que podrías columpiarte en él mientras lloras de alegría.

No te entretengas con personajes secundarios, no te dejes llevar por palabras vacías… Tú eres quién lleva las riendas y escoge los caminos.

Que nadie que no te merezca te invada por un segundo… Que nadie que no te admire por tu sencillez excelsa se entretenga en tu puerta barrando el paso a los que sí saben verte como eres…

El camino siempre tendrá curvas… Siempre habrá noche y habrá día.

Siempre habrá aristas afiladas por donde pases y caras agrias que no sepan entender que la vida es corta.

No te preocupes por los que naufragan en gotas de agua ni te metas en sus cabezas diminutas…No escuches sus tragedias de diseño ni te arañes por no llegar a comprender lo que sienten…

Eres demasiado extraordinaria para encerrarte en ti misma, el mundo necesita que sigas adelante y le lleves la contraria a todo lo que no es justo o hermoso.

Sé que el cansancio, a veces, te habita las sienes y te borra la capa de entusiasmo que siempre llevas puesta. Sé que a veces, cuando el día acaba  y estás rendida de domesticar fieras, suplicas ser distinta y no tener que rendir cuentas a tu conciencia siempre firme y honesta… Aunque también sé que de inmediato das las gracias por ser tú y todo lo que eso implica.

Confía en tus pies, amiga, saben el camino.

Llevas las respuestas pegadas a la falda y los sueños impregnados en ti.

Que nadie te ate a nada… Que nada te ate a nadie … Y menos en tus momentos bajos, cuando olvidas que eres hermosa y venderías tu serenidad por un abrazo tibio…

Eres tan grande, tan inmensa… Que no se ve dónde empiezas ni dónde acabas.

Eres tan maravillosa… ¡Lástima que no puedas verte así!

Ni siquiera tú misma eres capaz de hacerte sombra…

Confía en ti, amiga, eres extraordinaria.

 

 


11 comentarios

¿Confías?


¿Confías en ti mismo? ¿confías en tus posibilidades de convertirte en la persona que sueñas ser? si no crees en ti, en tu talento y tu capacidad para seguir el camino que deseas, es poco probable llegar al destino que planeas… Has conseguido mucho hasta ahora, mira a tu alrededor y da las gracias por lo que tienes, por lo que eres, sobre todo, por lo que sueñas… Si no confías en ti, no confías en la vida para que ésta te lleve a base de aprendizaje a dónde quieres para poder llevar a cabo tu propósito vital… ¿Confías?

 

 


4 comentarios

Eres lo que sueñas


mujer-suena

Llega el momento en el que hay que dejar de buscar fuera, porque te das cuenta de que lo que quieres lo llevas dentro. Ya eres lo que buscas y lo que sueñas y sólo te hace falta ponerte en marcha. Encontrar ese botón que todos tenemos que acelera el mecanismo que nos hace invencibles, que nos da la confianza para no desvanecernos. La palanca que debemos activar para descubrir que la fuerza que necesitamos lleva toda la vida en nuestro interior esperando que la usemos. Que muchas de las respuestas que ibas buscando en miradas ajenas están en ti.

Fuera hay mucho que aprender. De las grandes personas y de las personas diminutas que están creciendo. De lo mucho que amamos. De lo mucho que lloramos. De lo que nos pasa y nos hace felices. De lo que viene a nosotros y nos golpea… Todo ese cúmulo de circunstancias nos impulsa a evolucionar, pero la osadía necesaria para seguir, para caminar, para saltar, está dentro de nosotros. Lo que nos llega y nos sacude es sólo el detonante. Y que funcione y nos sea útil y nos haga ser mejores depende de nosotros.

Estamos cambiando siempre. Cada paso que damos nos modifica. Cada decisión que tomamos nos modela, nos esculpe para estar preparados para escoger la siguiente. Somos el resultado de todo lo que elegimos ayer, lo que captó nuestra atención, lo que observamos con curiosidad, lo que nos llenó de alegría y lo que nos hizo temblar de tristeza. Somos todos y cada uno de los pensamientos con los que hace un rato ocupamos nuestra cabeza y todas las emociones que esos pensamientos crearon en nosotros… Somos las palabras que usamos para definir nuestros momentos, nuestras vidas… Las palabras que dijimos en voz alta y las que dedicamos  a otros. Las que nos hemos callado y ahora anidan en nuestro pecho esperando salir y, si no las dejamos, se convertirán en lágrimas, en dagas afiladas, en piedras pesadas que iremos arrastrando hasta que nos atrevamos a soltarlas.

Cada vez que decidimos, estamos construyendo un nuevo camino. No sólo fuera de nosotros, también dentro. Todo lo que hacemos nos cambia y cambia a las personas que nos rodean. Porque ellos son para nosotros como nosotros escogemos verlos y cumplen el papel que les asignamos hagan lo que hagan. Y lo mismo hacemos con nosotros. Elegimos estar bien o mal. Sentir esa presión en el pecho que nos oprime o cortar con ella, cambiar el por qué de ese dolor, reconducir esa sensación, ese miedo a ser, a perder, a no llegar.  Cuando elegimos crecer en lugar de escondernos, ponemos en marcha mecanismos que ni siquiera conocemos ni sabemos cómo funcionan, pero nos modifican y nos preparan para estar a la altura de lo que queremos, lo que necesitamos. Cuando escogemos afrontar en lugar de salir corriendo o cerrar los ojos para imaginar que no pasa, nuestro cuerpo nos convierte en seres más elásticos, más capaces de saltar obstáculos, de encontrar alternativas.

Cada vez que soñamos con encontrar la solución y creemos que vamos a encontrarla, nos acercamos a ella. Porque todo nuestro ser se pone en marcha para conseguirlo, porque dibuja en camino que deberemos seguir para llegar…

Cada vez que pensamos, creamos. Nuestra realidad se esboza a golpe de pensamiento. Definimos como serán los próximos minutos, los próximas horas… Y cada pensamiento de hoy fabrica un refugio, una cabaña en nuestro futuro. Nosotros escogemos de qué la llenamos para cuando lleguemos a ella, una tarde dura de invierno, podamos encontrar lo que necesitamos. Nos pasa desde siempre… Hemos ido construyendo refugios desde que éramos niños.

A veces los hemos llenado de energía extra para afrontar un momento duro, que puede llegar a ser un momento mágico, de evolución y cambio con esa energía acumulada. Los hemos llenado de confianza, como un amuleto guardado al que sujetarnos para recordar que podemos por si en ese momento nos flaquean las fuerzas.

Aunque también hemos llenado nuestras futuras cabañas de ansiedad sin disolver, de monstruos que nos esperan ocultos tras la puerta, de pereza y desánimo, de lágrimas acumuladas, de complejos por resolver, de malas caras, de conversaciones a medias y palabras por pronunciar.

Somos maestros de la no acción. De dejar pasar a ver si primero se pudre y luego se seca y desaparece. Somos líderes del mirar a otro lado, como cuando los niños se tapan la cara y dicen que no están… Somos genios del escapismo, del no asumir responsabilidades, del pensar que irá mal y que todo es culpa de otros… Somos máster en victimismo y tenemos Cum Laude en resignación, desesperación y catastrofismo.

Asumir que nuestra felicidad depende de nosotros mismos es uno de los grandes retos a los que nos enfrentamos cada día. Una de las asignaturas más complicadas…

Darnos cuenta de que el camino que seguimos depende de nosotros da vértigo, asusta, paraliza… Descubrir tu poder marea, agota, aturde… Aunque abre un mundo de posibilidades en las que siempre eres tú quién toma las riendas y se deja llevar por la imaginación, por la confianza en ti mismo, por las ganas de ser mejor… Que en realidad ya tenemos todo en nuestro interior lo que necesitamos para ser quiénes soñamos…

Hay un día en el que debemos empezar a ejercitar ese poder. Mejor antes que después. Mejor hoy que mañana. Hay muchos refugios que llenar, muchas reservas de entusiasmo y confianza que dejar repletos para el día a día…

Lo de estar bien contigo mismo es un trabajo.  Una carrera de fondo que vamos a ganar sin creemos que podemos, que lo merecemos, que sabremos cómo… Si descubres que eres tu propio refugio y todo lo que necesitas para ganar ya está dentro de ti. Si te enteras de una vez que ya eres lo que sueñas y que sólo te hace falta decir que sí…