merceroura

la rebelión de las palabras


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Ya basta…


Nos preocupa tanto demostrar que ya no somos, parecemos.

Nos exponemos de forma tan calculada al mundo que perdemos la magia y la esencia… Estamos pendientes de si los demás nos cuestionan o de si nos dejan en ridículo que nos concentramos poco en nosotros… Y luego culpamos al mundo por no llegar, cuando en realidad es responsabilidad nuestra por buscar fuera lo que está dentro. Por esperar que nos aprueben y nos acepten cuando antes ni siquiera nos hemos aceptado y aprobado nosotros. 

Mientras te preocupas por aparentar no eres tú y eso te hace perder combustible, perder comba, delegar tu éxito en otros y dejar en manos de la suerte lo que en realidad es fruto de un trabajo… Nos bloqueamos a nosotros mismos porque estamos esperando a ser una versión más aceptable para darnos a conocer, cuando en realidad ya somos nuestra mejor versión esperando ocupar su lugar…

Mientras no eres tú mismo, perdido en parecer e ir dando zascas a los que te inoportunan, pierdes un tiempo valioso para crecer y aprender.

En realidad todo depende de ti y de tu confianza… Sin embargo, nos desalienta tanto no parecernos al molde que otros en su afán de ser mediocres han creado que nos rebajamos para encajar en él.

Nos recortamos las alas para no volar tan alto y no hacer sombra…

Nos apaciguamos el entusiasmo para luego no sufrir decepciones…

Nos achicamos los sueños porque primero nos hemos achicado a nosotros mismos… Y todas esas restricciones están en nuestra mente.

Ya basta de pensar que no merecemos. Basta de sentirnos indignos y de creer que para llegar hay que sufrir y alejarnos de la felicidad porque tenemos esa sensación heredada de que si tenemos un momento dulce, un dios vengativo nos va a castigar…

No hay castigos, ni culpas… Las inventamos  porque no vemos nuestra grandeza. No necesitamos nada de todo eso, sólo soltar y seguir andando. Sólo hay miedo a ser uno mismo y no parecerse el resto del mundo… Por eso, nos imaginamos pequeños y vivimos en una vida de casa de muñecas…

Nos creemos indignos de amor y en consecuencia la vida nos acerca amores diminutos para que nos quede claro que no son los amores que merecemos, para que aprendamos a querernos, para que descubramos que nuestro valor es incalculable y no depende de lo que piensen y opinen los demás…

Nos sentimos culpables por no ser como son otros y nos castigamos cada día cerrándonos puertas y gastándonos las bromas más pesadas… Nos apartamos de lo bueno que nos depara la vida porque no lo aceptamos, porque no permitimos que llegue… 

Ya basta de creer que otros sí y nosotros no. Estamos hecho de la misma sustancia maravillosa… Somos polvo de estrellas reciclado para brillar y apagamos nuestro brillo buscando excusas para no mostrarnos y viendo el horror antes que la belleza.

Basta de firmar en la casilla equivocada y aceptar pertenecer a una casta inferior y desheredada… Todos podemos salir del laberinto porque nosotros creamos el laberinto para entretenernos y alejarnos de lo que amamos cuando nos sentíamos diminutos y culpables… Ahora ya sabemos que merecemos lo mejor y podemos permitirnos abrir los brazos para que llegue…

Basta de no permitirnos subir al tren y besar el destino que deseamos.

Basta de sobrellevar angustias cuando nos toca vivir a rienda suelta.

Aunque suponga decidir y tomar caminos oscuros… Aunque tengamos que elegir no tomar frutas amargas para desayunar como es costumbre en nosotros y decidir arriesgarnos a probar otro menú… A veces, nos acostumbramos a lo amargo y cuando somos libres, nos cuesta soltarlo… 

Devoramos tanto dolor por rutina, por no cambiar ni confiar… Tragamos angustia como una medicina necesaria para expiar culpas y redimir pecados que no existen…

Pensamos que debemos pagar cara la osadía de imaginar que todo puede ser maravilloso para nosotros… Que la felicidad tiene un precio… Creemos que si nos preocupamos, estamos pagando el peaje para que todo salga bien ¿verdad? Y luego resulta que esto va al revés… Macabra ironía de la vida… El único precio a pagar por vivir como deseas es el compromiso contigo mismo… Tomar decisiones y atreverse, asumir la incomodidad de ser tú cuando el resto del mundo te pide que desistas. 

A veces, sufrimos ahora por no sufrir después… Y luego llegamos al después y descubrimos que era un lecho de rosas, pero no podemos disfrutarlo porque acumulamos tanto dolor y desánimo por el sufrimiento acumulado que tenemos el alma hecha jirones y la mente loca de buscar salidas que nosotros mismos nos bloqueamos…

Esa es la palabra, bloqueo. Nos bloqueamos lo hermoso porque nos sentimos horribles, feos, sucios… Nos bloqueamos el éxito porque olvidamos nuestro valor, nuestra capacidad de aportar y servir a otros a descubrir su valor…

Bloqueamos la felicidad por si llega y luego se va y el trance es tan amargo que no conseguimos volver a quedar dormidos y anestesiados y vivir de nuevo este sucedáneo de vida en el que estamos inmersos donde nada es de verdad pero no te tienta la esperanza…

Bloqueamos la vida por si nos gusta tanto que nos acostumbramos a ella y luego no sabemos vivirla desde la mediocridad en la que nos hemos sumergido. Lo hacemos para no sufrir demasiado cuando se acabe “lo bueno” mientras sufrimos de forma controlada por no ser nosotros mismos y volar tan alto como nos apetecería…

Ya basta de quedarse a un palmo de la gloria por si molesta a otros que no tienen previsto moverse.

Ya basta de no levantar la mano y decir aquí estoy por si te miran y piensan ¿Tú, de verdad?.

Basta ya de aceptar chantajes de los que no se atreven para que no te atrevas y abandones esta especie de cueva en la que vivimos a tientas y tragamos lo que toca sin rechistar…

Basta de buscas excusas y delegar responsabilidades para no tener que hacer lo incómodo, lo complicado, lo que hemos dejado pendiente para el día en que decidamos vivir.

Basta de pensar que dependemos de otros, que no hay más remedio, que no está hecho para nosotros, que nos viene grande, que nos queda lejos, que es complicado, que cuando lleguemos no habrá…

Basta de no amarnos suficiente y esperar que otros vean en nosotros lo que nosotros no somos capaces de ver… El amor es el principio de todo. La primera piedra de tu gran fortaleza.

El cielo no son esas nubes negras que nos acechan, es lo que está detrás cuando conseguimos apartarlas… Nosotros dibujamos las nubes negras cuando nos negamos a nosotros mismos y dejamos de confiar en nuestro potencial. Ya basta de ignorarlas y reprimirlas, de mirar al otro lado pensando que marcharán sin que reflexionemos sobre ellas y sintamos qué significan. 

No existe el problema. Lo hemos creado nosotros porque pensamos y sentimos que merecemos un problema, porque estamos convencidos de que no llegaremos… Nosotros construimos el muro que nos separa de lo que soñamos a base de imaginarlo, de creer que existe, de sentirnos separados de lo que deseamos y no confiar en lo que realmente somos… La verdad es que tú eres tu sueño y tu peor pesadilla, la persona que construye la jaula en la que te sientes preso y la que tiene la llave para abrirla y la capacidad de borrarla… Quién se dice que no y cierra la puerta.

Eres el muro que te separa de la vida que sueñas. Asume tu poder para cambiarlo.

El único obstáculo somos nosotros mismos siempre. Lo ponemos ahí para aprender algo justo antes de saltarlo y hacernos aún más enormes… Cuando apartemos nuestras dudas, el camino se abrirá. Cuando dejemos de imaginar que está lejos, nos daremos cuenta de que está muy cerca.

Y a las nubes negras hay que mirarlas de frente y abrazarlas, comprenderlas, saber su por qué y descubrir cómo atravesarlas… Son el regalo, la adversidad a superar, el aprendizaje que nos catapultará de forma inevitable a esa vida que deseamos vivir. 


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Magia


AL REVÉS

“Solo hay dos formas de vivir tu vida. Una es pensar que nada es un milagro. La otra es pensar que todo es un milagro” Albert Einstein. 

¿Cuál te quedas? ¿Cuál de las dos visiones de la vida te cala dentro? Lo digo porque siempre he pensado que de existir la magia, no será algo que se pueda entender con los sentidos, sino una sensación que te invada y zarandee por dentro…

Esos momentos en los que sabes algo, pero eres incapaz de entender por qué. Sin embargo, dentro de ti hay una certeza absoluta difícil de explicar.

Hay magia, mucha. Lo que ocurre es que para notarla primero hay que creer en ella. Justo todo lo contrario de lo que nos han enseñado hasta ahora. Ya sé, alguien dirá que eso es porque participamos de una especie de sugestión colectiva para poder soportar la rutina asfixiante que se nos come el entusiasmo y nos llena de desesperanza… Y nos recordará, con razón, que medio mundo sufre una situación de injusticia crónica. Sin embargo, no puedo más que certificarlo porque me encuentro con ella en todas partes… Y al final, he llegado a la conclusión de Einstein, las señales que veo y las “demasiadas coincidencias para ser casualidad” que invaden mi vida pueden ser nada o serlo todo.

Hace un siglo que no creo en las casualidades. Todo tiene una causa, todo lleva un mensaje. Todo llega por algo, incluso lo que te deja extenuado en un rincón suplicando que pase. No es castigo ni plaga bíblica, es consecuencia de lo que sientes, lo que piensas y lo que eres.

Cuando cambias tus pensamientos, cambias todo lo que te rodea. Lo que pensamos y sentimos se acaba manifestando en nuestra vida aunque no nos apetezca. Donde pones la intención, acabas fabricando algo. Lo hacemos nosotros. Somos fabricantes de alegrías o de tragedias. Y en esto, no hay culpa, saquémonos de encima de una vez por todas esa sensación de haber llegado a la vida manchados y tener que arrastrar una carga… Nuestros errores son nuestra forma de vivir, de nada sirve cargarlos como una cruz en la espalda, es mejor afrontarlos y entender, pedir perdón si hemos hecho daño y responsabilizarnos de una vez de nuestra vida.

La magia no es a veces lo que ocurre, sino tu capacidad para atraerlo y darle significado. La sincronía de hechos fantásticos en un mundo que lucha por negarlo y demostrar que nada tiene sentido y al mismo tiempo te vende fórmulas mágicas sin magia para soportarlo.

Para entender la magia tienes que estar conectado contigo mismo y con lo que te rodea, si no, no funciona… La magia es compromiso… Y no es porque cuando no confías la magia te abandone, es sencillamente porque no puedes verla ni sentirla.  Porque cuando entras en la sala con la cabeza gacha no ves una mirada inesperada de alguien que estaba allí para decirte “sigue adelante” o cuando no te atreves a hacer algo, no puedes descubrir que de haberlo hecho estabas a cinco minutos de conseguir uno de tus sueños… A veces, la magia se caza al vuelo y te pilla sin las botas puestas.

Nos pasan cada día mil cosas difíciles de explicar, pero en ocasiones no las vemos porque nos encuentran ocupados llorando porque no nos pasa nada… Como si al frotar la lámpara y ver al genio, nos pasáramos un buen rato contándole que estamos desolados porque nunca nos sucede nada extraordinario… Aunque en esas ocasiones, la verdad, tampoco estoy segura de que su objetivo fuera ese… A veces, perdemos oportunidades diminutas porque nos aguardan cosas más grandes. Quiero decir que, tal vez, al perderte ese sueño por no ser capaz de darte cuenta, acabas haciendo algo que necesitabas aprender antes de abrazarlo totalmente… ¿Quién sabe si eso era necesario para que pudieras apreciar ese sueño como el regalo que es? ¿y si formaba parte del plan un primer intento fallido? ¿Y si la magia no era la oportunidad perdida sino la motivación que nace en ti al saberla perdida para intentar algo nuevo? ¿Y si perdernos las señales forma parte del plan? ¿Cómo sabemos si un rechazo es en realidad lo que necesitamos para desistir de algo que no encaja con nosotros y encontrar un sueño distinto que nos lleva a ser felices? ¿Y si una mala noticia es el mejor de los regalos al final para que tomes un camino que nunca hubieras explorado?

Es como tomar un camino y equivocarse en uno de sus cruces… ¿Y si el error es la magia? ¿Y si gracias al error consigues el mapa que lleva a tu tesoro? ¿Y si topar con un muro es el mensaje para que entiendas que no es tu camino y vuelvas atrás?

Voy más allá… ¿Y si da igual el camino porque hagas lo que hagas habrá una magia que te lleve a lo que necesitas? Y cuando haga falta un error para aprender, te ayudará a cometerlo. Y cuando necesites un impulso, habrá un atajo, un acantilado que lleva a un mar inmenso para que aprendas a nadar… Y cuando haga falta que entiendas que no necesitas a nadie, de repente descubrirás que haces ese camino solo… Y cuando tengas que superar tu miedo, tal vez, encuentres un candil o incluso te quedes sin él porque debes amar la oscuridad antes de llegar a la luz…

Y no, no me refiero a que todo esté escrito. Y si lo está, es porque a cada paso, escribimos una línea de nuestra vida… Somos libres de entender y aceptar, porque la magia de la que hablo, en el fondo, sale de dentro.

Es una conexión difícil de explicar. Es la que te lleva a ti. A ese yo limpio y sin más pretensión que la felicidad. A esa persona que te habita y busca amar y ser amada como merece. Ese yo que conecta con todo, con cada fibra de este universo que vibra y nos sacude para que entendamos que no sólo estamos en él sino que formamos parte de su esencia.

Ese yo enorme y a la vez extraordinariamente humilde. Ese yo que se da cuenta de que todo pasa por y para algo…

La magia pasa a través de nosotros para que podamos ejercer de nosotros mismos, para que cumplamos nuestra misión… Para que cambiemos el mundo gracias a cambiar nuestros ojos al mirarlo… Para que seamos un peldaño más en esta escalera eterna que lleva a conocerse y comprender.

La magia está siempre que no se la espera. Subyace en todo. No se la puede ver pero se la puede sentir… Y sentimos tan poco, porque no dejamos de pensar en bucle, sin sentido, sin esperanza… La magia te calma cuando te encuentra en calma… Te aquieta el alma cuando consigues primero que tu alma esté quieta para poder apreciarla.

Se manifiesta muy rápido cuando no tienes prisa.

Le da la vuelta a tu mundo cuando ya no necesitas que lo haga porque has descubierto que te tienes a ti mismo.

Obra el milagro un segundo después de que descubras que ya no te importa si habrá milagro porque confías en ti.

La magia esquiva la impaciencia y la desconfianza. Para la partida cuando ganabas porque en algún instante dejas de creer que te lo mereces. Te obliga a mostrarte cuando te escondes…

La magia aleja los sueños de quiénes no se consideran dignos de ellos… Dibuja en el mundo una réplica exacta del mundo que llevamos dentro… Lo reproduce con tanta fidelidad que puedes saber exactamente cuánto te amas, al observar la distancia que hay entre ti y tus metas… Te cambia las preguntas cuando encuentras respuestas para que sigas creciendo…

Dibuja puertas en las paredes que sólo se abren cuando realmente estás convencido de que son tus puertas.

Teje redes justo después de que des el gran salto sin importante si hay red. Te hace crecer las alas medio minutos después de que decidas que pase lo que pase vas a volar.

La magia va inventando el camino a medida que tú lo vas imaginando y visualizando, y se vuelve sólido a cada paso que das hacia lo desconocido.

Ama a los osados y les deja pistas por todas partes para que sepan que pueden seguir. Escribe mensajes en el reverso de las hojas de los árboles cuando estás cansado y te sientas bajo ellos a la sombra…

Hay magia, mucha, mucha, pero pide confianza y compromiso.

La fe ciega en ti y la deliciosa locura de negar a veces tus sentidos y creer lo que nadie ve y sentir lo que nadie más siente.

Hay magia, pero pide paciencia eterna.

Alguien muy sabio me recordó el otro día “No esperes nada… No esperes nada de nada ni de nadie”y es verdad, la magia ama apasionadamente a aquellos que dan sin esperar nada cambio y no se apegan al resultado…

Tal vez, la magia no sea esa sincronicidad en la que a veces nos encontramos inmersos o esos hechos sucesivos que algunos llaman casualidades y otros causalidades… Tal vez la magia sea lograr primero esa confianza en ti mismo y esa paciencia que te permitan llegar a dónde quieres y tocar al milagro.

Quizás la magia no es el milagro sino el proceso interior que se obra en ti para conseguirlo.

Hay mucha magia en todas partes, respira hondo y deja que te invada y habite.

Tal vez, la magia eres tú cuando aceptas de una vez  por todas tu grandeza y decides que ya nunca volverás a resignarte con una vida mediocre.

Sincronicidad : la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero de manera acausal,  Carl Gustav Jung.

 


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¿Por qué no brillas?


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¿Cómo se consigue brillar? es difícil de responder… Tenemos tantas ganas todos de conseguir convertirnos en quién soñamos… A veces, esas mismas ganas nos desesperan e impacientan y acabamos consiguiendo todo lo contrario, reflejar caos y contradicción.

Lo que sé seguro, es que nunca se brilla en solitario. Es verdad que el proceso para conseguir “brillar” y sacar a la luz todo tu talento se hace solo, soltando amarras y descubriéndote a ti mismo, pero siempre tienes compañeros de viaje. Hay muchos, más de los que creemos a veces o podemos contar.

Todo el que se cruza en tu vida lleva un mensaje para que aprendas a brillar, aunque nos cuesta verlo.

La vida nos va poniendo por delante cómplices para conseguir avanzar. Algunos lo hacen con gusto, son voluntarios, otros, apenas se enteran de todo lo que te han aportado pero es mucho. Sin embargo, para salir adelante es necesario reconocerles el mérito y ser capaces de ver su valor. Nunca es todo negro o blanco, hay muchos puntos de vista y muchos mundos en cada ser humano por conocer. Saber agradecer es sin duda un síntoma de que brillamos. Si sabemos compartirlo, aún más… Si tu brillo no ayuda a otros, se apaga.

Si no ves el valor de los demás no comprendes el tuyo. Al menos, no lo ves con la distancia necesaria ni con la mirada que tienen los que brillan.

¿Cuál es esa mirada? La de un niño curioso y hambriento de saberlo todo, osado y un poco imprudente preguntando, con ganas de empezar incluso antes de saber cómo, con energía ilimitada… Esa es la mirada, que quedará matizada por tu experiencia y tu conciencia de que a ese entusiasmo infantil hay que saber encauzarlo, para que no se desborde… Encontrar el equilibrio entre la pasión y la razón, pero sin matar nunca el niño que todo lo ve posible y cree que los obstáculos se podrán saltar.

Manejarse un mismo es un poco esa mezcla entre saber que no va a ser fácil, pero entusiasmarse pensando que encontrarás la manera de capear el temporal. Estar en calma pero preparado para la acción.

Los ojos hambrientos de un niño te permiten ir por la vida lamiéndolo todo con la mirada, atesorando cada instante. Sin estar todo el rato en beta, nervioso y ansioso por lo que vendrá, sin vivir ni notar lo que te pasa. Es necesario pensar en mañana pero no sirve de nada si no sobrevives a hoy y no eres capaz de ver lo que te rodea para aprovechar las oportunidades. Los niños pueden pasarse un buen rato mirando algo que para nosotros carece de sentido y luego ponerse a fabricar algo parecido para ponerlo en su habitación… Y en ningún momento piensan que no vayan a ser capaces… Y cuando acaban, lo exponen al mundo y vienen a ti, orgullosos y emocionados y te enseñan su obra de arte…¿Has visto la cara de un niño que llega a casa con su dibujo para mamá? ¿has visto ese brillo contagioso? el niño se cree un genio, se ve tan valioso que a nadie le cabe duda de que lo es…

Para crear hay que ignorar a los que no crean nunca nada… Con una ignorancia sabia, basada en la inocencia de pensar que todo es posible porque todo puede soñarse e imaginarse. El problema es que a veces “esos que no crean nunca nada” somos nosotros, nuestra voz interior machacona que se ocupa de decirte que lo dejes correr porque no tienes nada que hacer. No eres tú, es tu lado más gris y asustadizo que nunca baja la guardia porque siempre está cansado y no sabe que su cansancio se pasa con movimiento y no con reposo.

Los adultos no queremos “perder el tiempo” imaginando, ni mirando las pequeñas cosas, ni tocando lo que nos llega a las manos, ni recreándonos en lo que nos rodea, ni quedándonos embobados ante lo que nos seduce… Y por eso, nos cuesta tanto crear.  Para ser creativo hay que entrar en un mundo de infinitas posibilidades donde no hay vetos ni restricciones, donde todo se puede imaginar y por tanto, todo se puede hacer realidad. Un mundo que puede ponerse del revés en cualquier momento si hace falta y acabar negándose a sí mismo para descubrir que nada es dogma.

Los niños creen en la magia  y por eso materializan sus sueños. Ven un pedazo de papel y saben que es un avión.  No ven una enorme caja de cartón sino una casa para muñecas o un garaje para coches…Durante las dos horas que van vestidos de superhéroes pueden volar y subir por las paredes…

¿Os imagináis lo que se podría llegar a crear si fuéramos capaces de tener esa visión de la vida? y no hablo de no tocar del pies en el suelo, que es imprescindible, hablo de creer en nosotros mismos y descartar esa versión acomplejada en la que nos hemos quedado tantas veces… Hablo de apostar a que sí, de visualizarlo, de vivirlo, de enamorarse de la oportunidad y confiar…

Por eso, si cuando te miras a ti mismo eres incapaz de imaginarte haciendo lo que sueñas, es que aún no estás preparado para brillar…

Si no ves al gran comunicador, al genial abogado, el artífice de una nueva forma de gestionar los Recursos Humanos, al maravilloso estratega y gestor de Marca Personal, al piloto o al escritor… Si cuando te ves, no ves en ti al líder, es imposible que ese líder salga de ti.

Lo sé, hay momentos en la vida en los que es muy complicado y proponerlo parece casi locura… Sin embargo, me he dado cuenta de algo… Hay muchas personas que han fracasado en lo que se proponían, algunas creían en sí mismas y otras no, pero las que han triunfado creían todas. Además, lo del fracaso es tan relativo como lo del éxito. A menudo para triunfar es imprescindible fracasar primero para descubrir lo que no quieres y tomar las riendas de tu vida.

Hace días que viene a mí una frase. En distintas fórmulas y con distintas palabras  Dice algo así como que el mundo en el que vives es un reflejo de tu mundo interior… Porque lo que vivimos fuera es una versión material de lo que estamos viviendo dentro…

Una buena lección de vida… Si quieres brillar tienes que sentir que brillas y crecer por dentro primero hasta adquirir el tamaño que mereces…

Vivir en la coherencia, vivir a conciencia y hacer lo que sientes que debes hacer.

Conocerte y aceptar todo lo que eres, los errores y los aciertos. Las luces y la sombras.

Dice Francisco Alcaide en el blog de Elena Arnáiz que “En quién te conviertes se refleja en lo que obtienes”.

La vida me lleva a creer firmemente que materializamos lo que somos. Y somos lo que pensamos, lo que hacemos con nuestra vida, lo que soñamos que podemos llegar a ser cuando nos dejamos de soñar pequeño y desplegamos nuestro potencial. Somos lo que aportamos a la vida, a las personas que nos rodean, en cada pequeño gesto…

Por ello, vale la pena pensar cada vez que actuamos, si lo que hacemos, viene desde esa persona que llevamos dentro que puede llegar a brillar intensamente o de esa otra que apaga su brillo porque tiene miedo a fracasar, a perder, a ser valorado por ojos ajenos…

Si actuamos desde el amor a la vida o desde el miedo a vivirla.

Si reflejamos lo que realmente somos o estamos poniéndonos un filtro porque tenemos miedo y eso no deja que mostremos todo lo que podemos aportar.

Comunicamos lo que creemos que somos.

Eso es una mezcla entre lo que somos y los filtros que nos ponemos para poder soportar el pánico que sentimos a no ser aceptados. Si confiamos en nosotros, transmitimos esa confianza. Si nos ponemos caparazones y escudos protectores no podemos mostrar nuestra luz.

Una muestra muy evidente de ello es nuestro lenguaje corporal. Cuando lo cambiamos, poco a poco, cambiamos por dentro y viceversa. Nuestra postura afecta a nuestro estado de ánimo igual que nuestro estado de ánimo hace que nos movamos de forma diferente. Hacen falta pocos segundos para descubrir si una persona tiene el cuerpo encendido o apagado. Se nota cuando camina, cuando se sienta, por si está erguido o encorvado, si levanta la cabeza o la lleva agachada, si gesticula libre, si sonríe sinceramente, si su pose está contenida o abierta, si sus ojos miran hambrientos como los de ese niño que todo lo sueña… Basta un momento para mirar a los ojos de alguien y saber si brilla. A lo mejor aún no brilla al máximo, pero está en camino.

Y cuando no brillamos, no es que no lo merezcamos, ni porque no tengamos talento ni mucho por aportar… No es que los obstáculos con los que tropezamos y las pruebas que nos pone la vida por duras que sean reflejen que no valemos, es que están ahí para demostrarnos todo lo contrario… Para que nos demos cuenta de que cuando los superemos, brillaremos más…

No hay personas sin capacidad para brillar, hay personas que van por la vida encendidas o apagadas… Conectadas a sí mismas o desconectadas…

No hay personas opacas, sólo hay personas que aún no se creen que pueden brillar…


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¿Eres carismático?


Seguro que quieres ser una persona que decide por sí misma, que deja huella, que gestiona su tiempo y sus emociones… Una persona que cuando entra en una lugar es capaz de generar buenas vibraciones y mostrar seguro, digno de confianza, ejemplar… Una persona que atrae y que se comunica de forma eficaz… ¿Eres tú así? ¿te gustaría conseguirlo? ¿te apuntas?


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A solas con ella…


Ayer por fin me encaré a mi jefa y tuve el valor de decirle lo que pensaba. Es terrible esa mujer… Si oyeras cómo me habla…

Llevaba tanto tiempo retrasando ese momento, encogida, asustada y ya no podía esperar más, hay cosas que si las llevas dentro demasiado tiempo se acaban enquistando.

Le dije que no podía soportarla más, que ya no aguantaba sus maniobras por controlar cada uno de mis movimientos y exigirme cada vez más. Que me atosiga y me hace sentir aturdida y pensar que nunca llegaré a satisfacer sus expectativas. Que ella quiere que sea perfecta y que esa sensación me vacía por dentro porque es inasumible y al no dejarme margen para el error no puedo soltarme… Necesito soltarme, se lo he dicho, necesito  que confíe en mí y no tener que estar cada día demostrándole nada ni a ella ni al mundo… Le he dicho que no entiendo por qué me trata así porque yo nunca ha fallado. Que tratándome de esa forma se pierde lo mejor de mí, porque no me siento en paz y eso no me deja volar, no puedo ser creativa ni explorar nada nuevo, no puedo sentir la vida, ni notar nada, no puedo conectar conmigo y siempre tengo el pecho comprimido y apunto de estallar.

Le he explicado que me siento atada, encerrada, que me da demasiadas cosas por hacer y me pone el listón altísimo.

He sido muy sincera con ella. He sido dura. Me pone histérica sólo verla… Me pone enferma y lo digo en el sentido literal. No me gusta como me habla… Cuando me veo a través de sus ojos, me duele mirarme… Sus palabras me hacen sentir pequeña, diminuta, me encogen el corazón y me llenan de angustia…  Su exigencia me ha llevado mil veces a sufrir dolores terribles. La he llamado para decirle en algunas ocasiones que no podré ir a trabajar… Y aunque me encontraba fatal, era casi un alivio no verla, no estar con ella… Creo incluso que mi cuerpo ha llegado a provocarme esos dolores no sólo para avisarme de que se pasa de rosca conmigo sino para librarme de ella y de su obsesión por el control y la perfección… Para escapar de su rigidez y hacerme reflexionar sobre si ella me conviene.

Le he suplicado confianza para poder seguir, palabras hermosas para agarrarme a ellas, gestos de aprobación a los que aferrarme cuando estoy cansada…

Ella se ha quedado mirándome, perpleja. Tenía los ojos fijos en mí, llorosos, cargados de rabia y resentimiento. Sufría, lo he visto, cuando ha bajado la guardia un minuto, he visto lo mucho que ha sufre en silencio.

Entonces, ha llorado. Sus lágrimas infinitas han mojado casi mis mejillas cansadas. Ha llorado como una niña perdida que no encuentra su norte, ni su casa, ni a su madre. Justo en ese momento, me he dado cuenta de que fui yo hace mil años quién le dio las riendas de mi vida y la convirtió en mi jefa. Que no debía de habérselo permitido nunca…

Ella ha dicho que no puede más. Que sabe que se pasa pero que muchas veces no sabe evitarlo. Que es consciente de lo mucho que me exige pero que lo hace porque tiene mucho miedo a fallar. “No podemos fallar” ha dicho con esos ojos líquidos y resentidos…

Me ha contado que durante años se sintió distinta, acosada por ello, y decidió dar la cara ante el mundo pero siendo perfecta. Luchando por demostrar que valía la pena, que tenía talento, que tiene mucho por ofrecer,  que oculta mucha belleza… Para demostrar a los que no esperaban nada de ella que se equivocaban. Y que de tanto tiempo está agotada de intentar controlar no caer, no fallar, no dejarse llevar y quedar en evidencia…Por eso, siempre se excusa de todo, incluso cuando no hace falta.

Pobrecilla, se sentía tan sola, tan exhausta de intentar mostrarse al mundo para ser juzgada y pasar la prueba victoriosa…

Le he dicho que se calmara. Que no hace falta demostrar nada. Que aquellos que no esperaban nada no importan y ya no están. Que no necesita luchar contra el mundo porque eso sólo le hace daño a ella y a mí de rebote… Que ahora es el momento de soltarse y confiar en nosotros mismas porque somos extraordinarias y podemos ayudar a muchas personas… Para cambiar el mundo y hacer que nadie se sienta así ni mendigue cariño…

Le he dicho que confíe en mí, que estoy de su parte pero que para poder brillar necesito respirar y curar mis heridas y dolores…

Le he dicho que se muestre tal como es porque es hermosa y que en mí tiene una amiga cuando no se comporta como una déspota conmigo ni me exige demasiado…

Le he prometido que si me suelta las cadenas imaginarias con la que me ata, yo usaré palabras hermosas como merece y no la criticaré nunca más. Que dejaremos de juzgarnos y culparnos la una a la otra de nuestros problemas y buscaremos soluciones. Que ya basta de resentimientos y rabias contenidas, que le seré leal como ella es capaz de serlo conmigo.

“Juntas podemos volar si nos dejamos llevar por nuestros sueños… Si nos queremos tanto que nos deseamos todo lo bueno que merecemos y nos acercamos a cogerlo. Si nos creemos que valemos la pena y lo compartimos con el mundo… Si dejamos ver nuestra mejor versión sin que nos importe mostrar también nuestros defectos. Vamos a ser felices pero para ello tenemos que ser valientes y mirar a nuestros miedos de frente”.

Le he pedido que me deje cometer más errores y explorar el mundo. Le he dicho que sé que lo que buscamos está más allá del recinto que ha construido para que me mueva sin perderme la pista, que nunca podré conseguir lo que anhelamos si no me deja saltar los muros y tropezar, caer, arañarme las rodillas y fracasar. Le he asegurado que siempre estaré cerca y que hablaremos a menudo como hoy… Y nos hemos fundido en un abrazo. Había mucha calidez en ella, lo he notado.

Ella ha bajado la guardia y su gesto amargo ha dibujado un rostro tan hermoso que no parecía la misma…

Yo he sentido que me salían las alas para volar y he notado que era capaz de todo si ella me deja,  me suelta, me sonríe…

Lo necesitaba mucho ella. Lo necesitaba mucho yo. Estaba tan indefensa… Era tan rebelde… Luchaba y se hacía daño. Tenía la creencia que si conseguía lo que soñaba y todos la aceptaban y reconocían sus méritos, ella conseguiría quererse a sí misma, aunque ahora ya lo sabe… El amor no es nunca la consecuencia de tener o conseguir, es la causa, el origen, el paso previo para poder brillar y vibrar y acercarte a tus sueños.

Ya nada será igual. Ahora ella confía en mí y está de mi parte. Tengo una amiga, una aliada, una persona que apuesta por mí pase lo que pase.

Y ella sabe que no está sola.  Que ya nunca más se sentirá sola tirando del carro y llevando la carga, que puede soltar lastre y dejar que la gravedad se aligere a su paso…

Me alegro mucho de haber sido capaz de hablar con ella, de haberme sincerado, y haberme sacado ese dolor de encima… Hacía un siglo que se lo debía, que me lo debía…

Hacía un siglo que huía de los espejos y ayer al despertar me tuve que detener ante uno y ahí estaba ella, mirándome triste y huraña y supe que no podía dejarlo pasar…Era mi ocasión.

No hay nada más liberador que saber que estás de tu parte y confías en ti. Y que al quedarte a solas contigo mismo estás bien acompañado…

nina-espejo


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Aprende a ser tú


Tal vez te preguntas a menudo por qué no llegas a tus metas. Por qué siempre que ya estás tocando el cielo, parece que se cierran las compuertas y alguien cuelga el letrero de “aforo completo”. Y tú nunca entras en él…

Examinas todo lo que haces, cada día. Cada paso, cada uno de los puntos de la lista de listas que te has confeccionado para poder seguir, para no perder de vista tus objetivos.

He notado eso que sientes. Esa sensación de tenerlo vetado. De quedarse a un suspiro de tu sueño y sentir como huele mientras otros lo degustan. He sentido esa rabia contenida que tan sólo sirve para contracturarse la espalda y notar un dolor de estómago terrible…Para amargarse y culparse a uno mismo y a otros de tus fracasos.

He dormido con la sensación de ser invisible y me he despertado sin encontrarme la risa. He sentido que el mundo giraba  al revés mientras yo corría hacia la meta y parecía que estaba quieta… Que era un eterno segundón. Con la sensación de tener el deseo y el talento suficientes pero quedarme al otro lado de la línea. De ponerme a volar  y, de repente,  tocar techo y no descubrir por qué. Esa certeza de creer que tu vida no es tuya y hagas lo que hagas eso nunca cambiará… Que el éxito te esquiva y la fortuna se ríe de ti.

Sí, yo también he buscado en mil libros. Me han resucitado las ganas entre sus palabras… He aprendido mucho de ellos mientras me buscaba a mí misma. He escuchado a mil sabios… Algunos de ellos me han regalado una parte del mapa que me faltaba para llegar a ese tesoro que es mi esencia, mi coherencia…

Y he andado mil caminos. Algunos de ellos ni tan sólo sé cómo he osado pisarlos, de dónde he sacado el valor para sondearlos, cómo he soportado la soledad inmensa que me han impregnado… Aunque me han llevado a mil respuestas y han cambiado mis preguntas por otras preguntas nuevas…

Y el final del camino, siempre eres tú mismo. La meta lleva tu cara. La respuesta a la pregunta es tú… El por qué tiene tu nombre.

Siempre. Lo que hoy no logramos entender es lo que ayer decidimos no conocer o no preguntar. Lo que ahora no logramos es lo que ayer pensamos que no nos pertenecía. Lo que no vivimos es aquella experiencia que un día, sin casi darnos cuenta, decidimos que no nos merecíamos.

Somos el resultado de lo que hicimos y dejamos por hacer…

Cada uno de nosotros lleva ocultas dentro las claves para despejar las incógnitas de su camino. Somos el fruto de nuestras decisiones pasadas, de las presentes… Y llevamos en la cara dibujadas las decisiones futuras que ya sabemos que vamos a tomar y que nos recortan la esencia, la felicidad, la vida.

Somos un amasijo de normas autoadjudicadas que cada día nos coagulan las acciones. Llevamos en los huesos nuestras emociones comprimidas… Nuestros lamentos y quejas circulan por nuestras arterias y definen nuestros gestos, nuestros actos, nuestras ilusiones…

Cuando soñamos, nos achican los sueños porque intentan convertirlos en asequibles, en probables, en realidades que no nos decepcionen… Nos protegemos de nosotros mismos hasta el extremo de anularnos, de traicionarnos.

Cuando caminamos, esos pensamientos prefabricados nos cansan, nos paralizan.

Cuando razonamos, nos limitan, nos dibujan un círculo para que no salgamos de él y tengamos pensamientos viciados, corrompidos… Los pensamientos cortos de un niño que piensa que no podrá y no puede.

Cuando llegamos a la esquina de nuestro sueño y vamos tocarlo, lo apartan, lo envían lejos y nos agarrotan los dedos…

Y ni siquiera nos damos cuenta de cuánto nos reprimimos y recortamos. De esos esquemas que repetimos siempre, esas conductas reiteradas… Y cuando nos preguntamos por qué, la lista de razones del fracaso viene dictada por nuestros miedos, por nuestros pensamientos rancios, por unos parámetros de conciencia que nos reprimen y hacen menguar.

Y un día, descubres que eres siempre el segundo porque en tu mundo, en tus pensamientos, siempre has imaginado que no mereces más… Porque no confías en ti.

Porque te visualizas siempre a un metro de la meta.

Porque no te sueñas llegando al final ni te emocionas al pensar que podrás…

Porque te crees que no eres la persona que consigue lo que tú deseas y cada día te alejas más de ti.

Porque no aceptas lo bueno que te da la vida, porque no lo ves.

Porque creaste una imagen de ti demasiado pequeña para el tamaño de tus sueños y no te la has cuestionado nunca.

Porque hace mucho tiempo te programaste para resistir, para sobrevivir y dejaste que tus temores e inseguridades escribieran tus normas secretas, que quedaron marcadas a fuego en ti… Y sigues obedeciendo a ese programa, aunque eso te supone perder alegría, soltar vida, amarrarte a una versión de ti mismo que no te representa.

La respuesta está dentro de ti. Y no sabes cómo sacarla, cómo encontrar la manera de empezar otra vez, de pensar distinto, de construir nuevos esquemas y empezar a soñar de verdad…

¡Cuánto trabajo por hacer!

¡Cuántos límites por borrar!

Sacar tu esencia de entre la maraña de normas absurdas… Reescribirte, reautentificarte, redibujarte… Desaprender y empezar a vivir.

¡Qué complicado y qué apasionante!

No hay nada malo en el ser el segundo, ni el último… Lo importante es no resignarse a una vida que no te llena y no renunciar a ser tú.

nina-casita

 


24 comentarios

Confía en ti


ojo-blanco-y-negro

No te compares con otras, ellas no visten lágrimas con tanta elegancia como tú.

No caminan en la cuerda floja por la que tu pasas cada día de puntillas sin apenas dejar de sonreír. Sin hacer más ruido que el del aire que te atraviesa y el de los sueños que acumulas y te surcan las venas…

Ellas no llevan el peso de cien vidas en sus espaldas ni buscan soluciones para llevar al mundo en el bolsillo y tenerlo a mano por si llora, por si se desborda… Por si se siente tan perdido que necesita que alguien le recuerde que hay esperanza. Tú eres esa esperanza, amiga…

Tan fuerte como las raíces inmensas de los árboles y la suave como sus hojas. Tan rotunda como una ola enorme, tan plácida como una marea dulce que besa la arena.

No te compares con otras que no libran batallas ni miran a los ojos a sus fantasmas… Ellas no se calzan el miedo para caminar sobre él cada día ni recorren las calles con tus ojos oscuros hambrientos de vida.

No tienen tus facciones preciosas ni usan tus miradas sabias.

No buscan nada que no se toque ni deguste, no saben ver la belleza en los rincones como haces tú.

No saben encontrar las palabras para levantar un imperio cuando se cae a media tarde y conseguir que anochezca en él sin que nadie se entere de que estuvo a punto de fundirse.

No te mires en los ojos de otras mujeres que no ríen como tú ríes con tus penas y que no susurran y cabalgan sobre bestias hasta dejarlas exhaustas y mansas.

No te pierdas intentando buscar sus espejos para verte en sus esquinas porque tu cara está en el reverso de las hojas y en el corazón de los que te aman y suspiran por abarcar tu grandeza.

No escuches a los que no saben qué sueñas ni pierdas tus sueños por más que el tiempo pase y no llamen a la puerta.

No te compares a diosas de plástico con sueños sin alma y almas sin sueños…

No desesperes… Estás hecha de selva y de brisa. Suave y salvaje. Del material que imanta las brújulas para no perder el norte… De la madera de un barco que surca mares adversos con una paz inmensa… De un pedazo de luna que brilla siempre, incluso por la otra cara…

Eres de cielo que se apaga buscando la noche pero regala un rastro malva y rojo.

Eres de agua clara y de canto redondo en un río que fluye y nunca para.

Eres de una lluvia espesa y de un sol caprichoso que busca filtrarse por las esquinas.

No mires atrás porque allí no queda nada…

No te dejes ahogar por el futuro porque es tan tuyo que podrías columpiarte en él mientras lloras de alegría.

No te entretengas con personajes secundarios, no te dejes llevar por palabras vacías… Tú eres quién lleva las riendas y escoge los caminos.

Que nadie que no te merezca te invada por un segundo… Que nadie que no te admire por tu sencillez excelsa se entretenga en tu puerta barrando el paso a los que sí saben verte como eres…

El camino siempre tendrá curvas… Siempre habrá noche y habrá día.

Siempre habrá aristas afiladas por donde pases y caras agrias que no sepan entender que la vida es corta.

No te preocupes por los que naufragan en gotas de agua ni te metas en sus cabezas diminutas…No escuches sus tragedias de diseño ni te arañes por no llegar a comprender lo que sienten…

Eres demasiado extraordinaria para encerrarte en ti misma, el mundo necesita que sigas adelante y le lleves la contraria a todo lo que no es justo o hermoso.

Sé que el cansancio, a veces, te habita las sienes y te borra la capa de entusiasmo que siempre llevas puesta. Sé que a veces, cuando el día acaba  y estás rendida de domesticar fieras, suplicas ser distinta y no tener que rendir cuentas a tu conciencia siempre firme y honesta… Aunque también sé que de inmediato das las gracias por ser tú y todo lo que eso implica.

Confía en tus pies, amiga, saben el camino.

Llevas las respuestas pegadas a la falda y los sueños impregnados en ti.

Que nadie te ate a nada… Que nada te ate a nadie … Y menos en tus momentos bajos, cuando olvidas que eres hermosa y venderías tu serenidad por un abrazo tibio…

Eres tan grande, tan inmensa… Que no se ve dónde empiezas ni dónde acabas.

Eres tan maravillosa… ¡Lástima que no puedas verte así!

Ni siquiera tú misma eres capaz de hacerte sombra…

Confía en ti, amiga, eres extraordinaria.