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la rebelión de las palabras


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¿Por qué no brillas?


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¿Cómo se consigue brillar? es difícil de responder… Tenemos tantas ganas todos de conseguir convertirnos en quién soñamos… A veces, esas mismas ganas nos desesperan e impacientan y acabamos consiguiendo todo lo contrario, reflejar caos y contradicción.

Lo que sé seguro, es que nunca se brilla en solitario. Es verdad que el proceso para conseguir “brillar” y sacar a la luz todo tu talento se hace solo, soltando amarras y descubriéndote a ti mismo, pero siempre tienes compañeros de viaje. Hay muchos, más de los que creemos a veces o podemos contar.

Todo el que se cruza en tu vida lleva un mensaje para que aprendas a brillar, aunque nos cuesta verlo.

La vida nos va poniendo por delante cómplices para conseguir avanzar. Algunos lo hacen con gusto, son voluntarios, otros, apenas se enteran de todo lo que te han aportado pero es mucho. Sin embargo, para salir adelante es necesario reconocerles el mérito y ser capaces de ver su valor. Nunca es todo negro o blanco, hay muchos puntos de vista y muchos mundos en cada ser humano por conocer. Saber agradecer es sin duda un síntoma de que brillamos. Si sabemos compartirlo, aún más… Si tu brillo no ayuda a otros, se apaga.

Si no ves el valor de los demás no comprendes el tuyo. Al menos, no lo ves con la distancia necesaria ni con la mirada que tienen los que brillan.

¿Cuál es esa mirada? La de un niño curioso y hambriento de saberlo todo, osado y un poco imprudente preguntando, con ganas de empezar incluso antes de saber cómo, con energía ilimitada… Esa es la mirada, que quedará matizada por tu experiencia y tu conciencia de que a ese entusiasmo infantil hay que saber encauzarlo, para que no se desborde… Encontrar el equilibrio entre la pasión y la razón, pero sin matar nunca el niño que todo lo ve posible y cree que los obstáculos se podrán saltar.

Manejarse un mismo es un poco esa mezcla entre saber que no va a ser fácil, pero entusiasmarse pensando que encontrarás la manera de capear el temporal. Estar en calma pero preparado para la acción.

Los ojos hambrientos de un niño te permiten ir por la vida lamiéndolo todo con la mirada, atesorando cada instante. Sin estar todo el rato en beta, nervioso y ansioso por lo que vendrá, sin vivir ni notar lo que te pasa. Es necesario pensar en mañana pero no sirve de nada si no sobrevives a hoy y no eres capaz de ver lo que te rodea para aprovechar las oportunidades. Los niños pueden pasarse un buen rato mirando algo que para nosotros carece de sentido y luego ponerse a fabricar algo parecido para ponerlo en su habitación… Y en ningún momento piensan que no vayan a ser capaces… Y cuando acaban, lo exponen al mundo y vienen a ti, orgullosos y emocionados y te enseñan su obra de arte…¿Has visto la cara de un niño que llega a casa con su dibujo para mamá? ¿has visto ese brillo contagioso? el niño se cree un genio, se ve tan valioso que a nadie le cabe duda de que lo es…

Para crear hay que ignorar a los que no crean nunca nada… Con una ignorancia sabia, basada en la inocencia de pensar que todo es posible porque todo puede soñarse e imaginarse. El problema es que a veces “esos que no crean nunca nada” somos nosotros, nuestra voz interior machacona que se ocupa de decirte que lo dejes correr porque no tienes nada que hacer. No eres tú, es tu lado más gris y asustadizo que nunca baja la guardia porque siempre está cansado y no sabe que su cansancio se pasa con movimiento y no con reposo.

Los adultos no queremos “perder el tiempo” imaginando, ni mirando las pequeñas cosas, ni tocando lo que nos llega a las manos, ni recreándonos en lo que nos rodea, ni quedándonos embobados ante lo que nos seduce… Y por eso, nos cuesta tanto crear.  Para ser creativo hay que entrar en un mundo de infinitas posibilidades donde no hay vetos ni restricciones, donde todo se puede imaginar y por tanto, todo se puede hacer realidad. Un mundo que puede ponerse del revés en cualquier momento si hace falta y acabar negándose a sí mismo para descubrir que nada es dogma.

Los niños creen en la magia  y por eso materializan sus sueños. Ven un pedazo de papel y saben que es un avión.  No ven una enorme caja de cartón sino una casa para muñecas o un garaje para coches…Durante las dos horas que van vestidos de superhéroes pueden volar y subir por las paredes…

¿Os imagináis lo que se podría llegar a crear si fuéramos capaces de tener esa visión de la vida? y no hablo de no tocar del pies en el suelo, que es imprescindible, hablo de creer en nosotros mismos y descartar esa versión acomplejada en la que nos hemos quedado tantas veces… Hablo de apostar a que sí, de visualizarlo, de vivirlo, de enamorarse de la oportunidad y confiar…

Por eso, si cuando te miras a ti mismo eres incapaz de imaginarte haciendo lo que sueñas, es que aún no estás preparado para brillar…

Si no ves al gran comunicador, al genial abogado, el artífice de una nueva forma de gestionar los Recursos Humanos, al maravilloso estratega y gestor de Marca Personal, al piloto o al escritor… Si cuando te ves, no ves en ti al líder, es imposible que ese líder salga de ti.

Lo sé, hay momentos en la vida en los que es muy complicado y proponerlo parece casi locura… Sin embargo, me he dado cuenta de algo… Hay muchas personas que han fracasado en lo que se proponían, algunas creían en sí mismas y otras no, pero las que han triunfado creían todas. Además, lo del fracaso es tan relativo como lo del éxito. A menudo para triunfar es imprescindible fracasar primero para descubrir lo que no quieres y tomar las riendas de tu vida.

Hace días que viene a mí una frase. En distintas fórmulas y con distintas palabras  Dice algo así como que el mundo en el que vives es un reflejo de tu mundo interior… Porque lo que vivimos fuera es una versión material de lo que estamos viviendo dentro…

Una buena lección de vida… Si quieres brillar tienes que sentir que brillas y crecer por dentro primero hasta adquirir el tamaño que mereces…

Vivir en la coherencia, vivir a conciencia y hacer lo que sientes que debes hacer.

Conocerte y aceptar todo lo que eres, los errores y los aciertos. Las luces y la sombras.

Dice Francisco Alcaide en el blog de Elena Arnáiz que “En quién te conviertes se refleja en lo que obtienes”.

La vida me lleva a creer firmemente que materializamos lo que somos. Y somos lo que pensamos, lo que hacemos con nuestra vida, lo que soñamos que podemos llegar a ser cuando nos dejamos de soñar pequeño y desplegamos nuestro potencial. Somos lo que aportamos a la vida, a las personas que nos rodean, en cada pequeño gesto…

Por ello, vale la pena pensar cada vez que actuamos, si lo que hacemos, viene desde esa persona que llevamos dentro que puede llegar a brillar intensamente o de esa otra que apaga su brillo porque tiene miedo a fracasar, a perder, a ser valorado por ojos ajenos…

Si actuamos desde el amor a la vida o desde el miedo a vivirla.

Si reflejamos lo que realmente somos o estamos poniéndonos un filtro porque tenemos miedo y eso no deja que mostremos todo lo que podemos aportar.

Comunicamos lo que creemos que somos.

Eso es una mezcla entre lo que somos y los filtros que nos ponemos para poder soportar el pánico que sentimos a no ser aceptados. Si confiamos en nosotros, transmitimos esa confianza. Si nos ponemos caparazones y escudos protectores no podemos mostrar nuestra luz.

Una muestra muy evidente de ello es nuestro lenguaje corporal. Cuando lo cambiamos, poco a poco, cambiamos por dentro y viceversa. Nuestra postura afecta a nuestro estado de ánimo igual que nuestro estado de ánimo hace que nos movamos de forma diferente. Hacen falta pocos segundos para descubrir si una persona tiene el cuerpo encendido o apagado. Se nota cuando camina, cuando se sienta, por si está erguido o encorvado, si levanta la cabeza o la lleva agachada, si gesticula libre, si sonríe sinceramente, si su pose está contenida o abierta, si sus ojos miran hambrientos como los de ese niño que todo lo sueña… Basta un momento para mirar a los ojos de alguien y saber si brilla. A lo mejor aún no brilla al máximo, pero está en camino.

Y cuando no brillamos, no es que no lo merezcamos, ni porque no tengamos talento ni mucho por aportar… No es que los obstáculos con los que tropezamos y las pruebas que nos pone la vida por duras que sean reflejen que no valemos, es que están ahí para demostrarnos todo lo contrario… Para que nos demos cuenta de que cuando los superemos, brillaremos más…

No hay personas sin capacidad para brillar, hay personas que van por la vida encendidas o apagadas… Conectadas a sí mismas o desconectadas…

No hay personas opacas, sólo hay personas que aún no se creen que pueden brillar…


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Tienes que estar solo


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Tienes que estar solo. No siempre, pero sí ahora.

Sabes que te hace falta, aunque huyas de esa idea y te asuste quedarte contigo mismo… Precisamente por eso, tienes que estarlo. Siempre tenemos que acercarnos a conocer lo que nos da miedo, para saber por qué y afrontarlo. Si no, le cedemos las riendas y nos dejamos caer sin saber a dónde vamos.

Tienes que estar solo porque te da miedo estar solo. Aunque tengas personas alrededor que te quieren, necesitas encontrarte a ti para saber quién eres.

Es la única forma de notar por dónde entra el frío en tu casa y hacerte cargo de los muebles rotos. La única forma de saber cómo entra la luz y por qué se pierde… Qué pusiste delante para ocultar tus rincones más sucios y oscuros y qué escondes en ellos…

Tienes que estar solo un rato que parecerá eterno al principio para descubrir que la eternidad es momento en el que bajas la vista y te ves los pies y te preguntas por qué están parados y muertos… Para mirar en el espejo que nunca miras y verte a ti con tanto miedo a mirar que apenas se te dibujan las facciones…

Tienes que estar solo para amar tus huesos tristes y tus milhojas de culpas y resentimiento. Para aceptar que si no hay luz es porque tú no la enciendes, porque no desprendes luz y porque hasta ahora has buscado excusas para no hacerlo y has señalado con el dedo a otros porque decías que no te dejaban brillar…

Sólo brilla el que quiere. Nadie que no conozca sus penas más antiguas brilla… Nadie que no ame sus miserias ni sea incapaz de sacar al sol sus amarguras y debilidades puede brillar.

Nadie que huya de sus miedos ni de sí mismo brilla.

No mires a los lados buscando cómplices de tu cobardía ni culpables de tu desgracia, nadie te impide brillar ahora, dejas de brillar tú porque te escondes y no das valor a lo que eres.

Tienes que estar solo porque temes estar solo. Y sólo abrazando tu soledad conseguirás sentirte siempre bien contigo mismo, acompañado por tu esencia, cerca de las personas a las que amas no por necesidad sino por el regalo de amar.

Tienes que aprender a estar solo para poder elegir libremente estar acompañado, para dejar de someterte a chantajes y relaciones a medias, para escoger con quién quieres estar y no someterte nunca más ni mendigar cariño.

Tienes que estar solo para enamorarte y amarte. Para aceptar cada átomo que hay en ti y descubrir que es maravilloso e imperfecto y que su imperfección es necesaria, útil, fantástica.

Para borrar esa mueca triste que haces cuando te ves, el asco que alguna vez has sentido por tu forma y tu necesidad de esconderla… Para conocer todas tus aristas cortantes y tus esquinas suaves y deliciosas.

Tienes que estar solo para encontrarte y asumirte. Para bucear en tus recuerdos con ojos nuevos y dejar marchar el dolor y la rabia que acumulan. Para encontrar esa parte de ti que te entusiasma y hacerla grande, enorme, inmensa.

Tienes que estar solo ahora, porque te están creciendo las alas y necesitan paz y silencio…

Para entender todos tus errores y besar todos tus aciertos… Para abrir tu mente y hacer callar a tus pensamientos más amargos y tus predicciones más terribles… Para dibujar otra vez tu camino, si hace falta, para que sea más tuyo.

Tienes que estar solo para descubrir tu magia y encontrar la forma de contagiarla, para curarte de ti y curar al mundo de sí mismo si quiere cuando aprendas a volar. Para encontrar esa persona que habita en ti y que cuando quiere no encuentra límites ni se encierra dentro de nada, para convertirte por fin en ese ser libre y maravilloso que realmente eres.

Tienes que hacerlo porque te lo debes. Porque aún no has alcanzado tu tamaño real y el mundo te espera…

Tienes que estar solo para no tener más remedio que quererte y acompañarte. Para topar contigo en todas las esquinas de tu casa y acabar abrazándote y contándote esas historias que nunca te atreviste a contar y llevas incrustadas en las entrañas esperando que las dejes salir… Para coserte las heridas y llorar mil horas, sacando pena acumulada, y riéndote de ti mismo con tantas ganas que te quedes agotado y feliz.

Tienes que estar solo para encontrar tu luz…

Tienes que estar solo para no sentirte solo nunca más.


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¿Eres fiel a ti mismo?


Me equivoco tanto… Con el paso de los años y las decepciones me he dado cuenta de que los errores no sólo son necesarios sino vitales… Si no nos equivocáramos tendríamos que forzarnos a ello para poder crecer. Sin embargo, hay algunos errores que te duelen más que otros, son aquellos que cometes mientras no eres tú mismo…

Cada día decidimos. Decidimos tomar un camino hasta el trabajo, comer más o menos sano, sonreír o permanecer impasible, derecha o izquierda… Decidimos tomando nuestra brújula y dejándonos guiar por ella, hurgando entre nuestras necesidades y escogiendo un camino… El problema surge cuando nuestra brújula no marca nuestro norte sino el norte de otra persona… O si no sabemos cuál es nuestro norte… O si nuestro norte se ve modificado por nuestro miedo.

Cuando decidimos desde el miedo, cometemos ese tipo de errores que desde el principio ya sabemos que lo son… Huelen mal. Nos metemos en aventuras y situaciones que desde el primer momento sabemos que no funcionarán porque las hemos escogido desde nuestro lado más oscuro, desde nuestro yo asustado, desde nuestro yo cómodo y triste…

Decidimos seguir un camino no porque nos guste sino porque el otro nos da miedo, porque tenemos pavor a quedarnos solos en él y que nadie nos acompañe, que nadie nos siga, que no haya luz… Escogemos ese camino porque sabemos que el otro es más duro, implica tener que confiar tanto en nosotros que no sabemos si seremos capaces de asumir tanta responsabilidad, tanta confianza… Elegimos el camino fácil porque no creemos en nosotros y nos sentimos débiles. Nos vamos por el atajo, que parece más rápido, más cómodo, más llevadero mientras buscamos la forma de encontrar algo a lo que agarrarnos … Nos decantamos por la opción en la que compartiremos nuestra responsabilidad con otros, para no sentirnos culpables de un posible fracaso que seguramente llegará porque nosotros sabemos que nos hemos metido en un traje que nos viene grande o pequeño, corto o largo, que no es el que queremos llevar… Porque elegimos una vida que no queremos.

Salimos de una situación dependiente de algo o alguien y nos metemos en otra hasta que no sabemos darnos cuenta de que hay que notar el frío a veces y que ese frío es el precio que pagas por ser tú… El camino fácil es un placebo que acaba por quedarse a medias, un sucedáneo que te sirve para ponerte la venda en los ojos y taparte la nariz con los dedos para no notar lo mal que huele tu decisión de no confiar en ti, de no arriesgarte a estar donde sabes que es tu lugar, donde sabes que puedes llegar a dónde sueñas… Llegues o no, el camino de la confianza te hace sentir que apuestas por ti y eso te permite brillar con intensidad hagas lo que hagas, porque estás donde quieres estar, porque llevas el traje que te va a la medida.

Necesitamos  a veces tomar muchos caminos cómodos para darnos cuenta de cuál es el camino que deseamos emprender. Necesitamos fiarnos mucho de nuestro olfato para descubrir si nos estamos guiando por nuestro norte o nos estamos dejando llevar por el pánico a quedarnos a solas con nosotros y descubrir que aún no nos conocemos suficiente.

Ningún camino que huya de ti mismo te lleva a nada que sueñes, a nada que sea donde realmente quieres estar… Ningún camino que te aleje de lo que te asusta te lleva a lo que amas.

A menudo, las decisiones difíciles son las que más zarandean tu vida, las que más la cambian y te permiten conocerte… El camino difícil es muy a menudo el que te lleva a donde quieres llegar… Seguramente porque para llegar a donde queremos, tenemos mucho que aprender y esas dificultades nos ayudarán a crecer lo necesario como para llegar al final mucho más sabios… Nuestras debilidades son puntos de apoyo para evolucionar, nos marcan por dónde debemos ir para asumirlas, aceptarlas y saber cómo usarlas y convertirlas en lecciones útiles.

El camino siempre te ayuda a conseguir el tamaño necesario para que tus sueños te vayan a la medida al llegar a la meta…

Cuando escogemos la comodidad en lugar de la pasión por lo que soñamos se nos estropea la brújula y acabamos siendo un sucedáneo de nosotros mismos. Nos metemos en una caja para no sentir frío pero tampoco sentimos el calor de seguir nuestra intuición e ir camino a nuestras metas.

Cuando decidimos con miedo nos tratamos como a seres inmaduros que no pueden escoger por sí mismos… Nos arrebatamos el poder  de ser nosotros mismos…

Necesitamos cometer errores sabiendo que estamos con nosotros, que confiamos, que creemos que podemos… Ir por nuestro camino y seguir nuestro norte y fracasar todo lo fracasable si es necesario… Porque cuando te equivocas siendo tú, poniendo tus ganas y tu pasión, el error es difícil de llevar también pero notas como tu conciencia está serena, te reconcilias contigo, te sientes entero… Porque sabes que no estabas allí sólo por el resultado sino porque sabías que debías estar, para no traicionarte.

Cuando te equivocas negándote, ocultando tu verdad, eligiendo no ser tú porque el miedo te vence el error sabe aún más amargo y esa sensación pegajosa de culpa se te pega en la espalda…

No hay culpas, no hay reproches… Hay responsabilidades que asumir y nuevos mapas por dibujar… Empezar de nuevo y volver a consultar esa brújula, esta vez con tu norte, con tu sueño…

Al final, no importa porque te equivocas. Lo que importa es darse cuenta y saber cambiar de rumbo. Siempre se aprende, siempre se crece… No hay fracaso, es un ensayo…  Es un aprendizaje valioso, la forma en que teníamos en aquel momento de descubrir quienes somos…Lo único a decidir es si llegado el momento tomas la decisión que te lleva a crecer o te arrugas ante la adversidad. Si descubres que, en el fondo, a pesar del vértigo, sólo puedes agarrarte a ti mismo… Y no te dejas tentar por algunos salvavidas que te alejan del destino que has dibujado para ti.

A veces, para llegar a donde quieres llegar, hay que dar un rodeo y perderse un poco.

A veces, para saber quién eres necesitas descubrir primero el camino que no quieres transitar. Y notar esa sensación de paz  que te invade cuando te equivocas siendo fiel a ti mismo…

montanero


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Cómo actuar en una entrevista de trabajo


Nuestro lenguaje no verbal puede marcar la diferencia en una entrevista de trabajo. A menudo, somos la persona indicada para optar al puesto pero por alguna razón no sabemos transmitir lo que dice nuestro curriculum. Eso pasa porque nuestra postura y nuestros gestos no comunican nuestro potencial y juegan en contra. Te doy algunas indicaciones para dominar la situación, mantener la calma y demostrar todo tu talento.
¿Sabes cómo moverte durante una entrevista de trabajo? ¿Tienes idea de hasta qué punto afecta tu lenguaje corporal ante tu entrevistador? Muchas veces nuestros gestos y nuestra postura nos delatan y juegan en nuestra contra porque transmiten nerviosismo y un estado de ánimo que no nos identifica. Mantente motivado y usa una postura que te permite estar tranquilo y dar a conocer tus aptitudes para el puesto… Mereces ser tu aliado y poder demostrar lo que vales… ¿Sabes cómo?


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Ocho horas


Una vez hace años me zarandeó mucho por dentro escuchar esta  frase… “si dispusiera de ocho horas para cortar un árbol, usaría seis en afilar el hacha”. Es de Abraham Lincoln.

En aquel momento pensé que dedicar seis horas en la preparación era una barbaridad. Conociéndome, supe que yo me hubiera lanzado a golpear el árbol de forma desenfrenada  y compulsiva (es una metáfora porque adoro los árboles y no podría sujetar un hacha). Y que después de calibrar las dificultades, me hubiera entretenido en afilarla un poco, demasiado poco, seguramente. Y no es porque no sea una persona que ha invertido poco en formarse ni planificar, todo lo contrario, pero siempre he sido más de “que la inspiración me pille trabajando” como dijo Pablo Picasso.

Hice lo que he hecho siempre cuando llega a mí una información que no estoy preparada para asumir, la dejé a un lado y cada vez que pensaba en ella, notaba una punzada en el pecho…

El caso es que la frase me sacudió un poco por dentro, seguramente, porque me hacía falta  interpretarla y entenderla. Tal vez porque soy muy intensa e impaciente y  supongo que me di cuenta de que me estaba interpelando directamente. Entonces, decidí que Lincoln, a pesar de ser un hombre sabio y dicen que un buen estratega, tal vez no lo sabía todo, que cada uno es un mundo y que yo era una persona de acción.

Aunque en realidad, no era del todo cierto. Es verdad, soy una persona de acción… Prefiero pedir disculpas a pedir permiso y arriesgar a pasarme la vida preguntándome qué podría haber pasado… Y también soy de dar mil vueltas a las cosas y reflexionar mucho, eso sí, cuando decido algo, me gusta llevarlo hasta el final.

Pasados los años, lo mantengo todo…Mi impaciencia, mi necesidad de pasar a la acción… Lo he ido trabajando para aprender a esperar, pero me sigue costando muchísimo. Y ahora me doy cuenta de que esas seis horas afilando el hacha no hablaban  de perder el tiempo ni de esconderse como entendí en un principio… No eran excusas para demorar la acción ni poner en peligro conseguir derribar el árbol… El hacha no es el instrumento con qué cortar, eres tú. Y tienes que estar en las mejores condiciones anímicas, mentales y físicas para dar el máximo.

Reconozco que ser un poco imprudente me ha llevado a grandes cosas, lo reafirmo, me hace feliz esa necesidad de cambiar las cosas y salir de mis dominios para adentrarme en lo desconocido, aunque me suponga pasar un miedo terrible y tener que afrontarlo… Sigo creyendo que si no cambias tú, no cambia nada. Y sigo siendo una persona que cree en la preparación, pero que sabe que no puedes estar siempre esperando a estar al cien por cien seguro de algo para lanzarse… No se puede esperar a que todo sea perfecto, porque jamás lo es… Y si alguna vez lo parece, es que nos estamos engañando…Lo que pasa es que la necesidad te lleva a veces a forzar y hacer que las cosas sucedan cuando aún no están en su punto y acabas perdiendo las carreras por falta de entreno o porque te faltaban unos días de mentalizarte para ser el ganador.

No se pueden forzar la cosas. Hay un tiempo para todo y cuando haces algo sin estar preparado para ello, el resultado no es nunca el esperado… Cosa que por otro lado no significa que no sea válido o no te suponga un gran aprendizaje. Todos los errores son pura magia para poder seguir… El problema surge cuando repites siempre el mismo.

Lo que ahora tengo claro es que esa preparación no habla de nada que esté fuera de ti sino dentro. El aprendizaje real no es sólo el de afilar el hacha (no tengo nada en contra de afilar el hacha, aunque no es una actividad que me fascine) sino el de confiar en ti, de aprender de lo que te pasa. Antes de cortar tu árbol debes conocerte y saber quién eres y qué buscas, qué estás creando en tu vida que te acerca a ser bueno talando árboles…

Afilar el hacha seis horas no es quedarse en tu zona de confort demorando el momento,  es el gran cambio. Hasta que no te has convertido en esa persona que es capaz de cortar el árbol, no tiene sentido empezar a golpearlo para derribarlo o al menos, esa tarea será aún más complicada.

Lincoln desde la voz de la historia me dolió porque cuestionaba mi impaciencia, ni necesidad de tocar lo soñado y anhelado en seguida, mi búsqueda insaciable de seguridad dentro de la incertidumbre, el apego a lo que es tangible y calculable, a lo que se almacena y se cataloga… Prefería talar un árbol ya sin saber por qué, que esperar a saber si realmente quería talar árboles…Porque siempre he necesitado sentir que todo está controlado, que todo está bien encarrilado…

Y cuando te llega la miel sin saber que es miel, nunca es dulce. Si derribas el árbol sin saber quién eres, nunca te sirve para nada… Bueno, no es cierto, me desmiento… Todo lo que hacemos nos lleva a nosotros mismos, a aprender, a conocernos, a equivocarnos y reconducir nuestra vida… Y es cierto, hay que talar muchos árboles sin saber quién eres para decidir si quieres o no talarlos. Para que uno de ellos sea el árbol que realmente te lleva a algún lugar soñado…Aunque perdemos muchas oportunidades por no saber encontrar el punto justo para actuar…

Nos preparamos mucho para aparentar sin llegar a ser realmente quienes somos.

Nos define demasiado la meta, cuando en realidad somos el camino.

Somos cada uno de los cambios que hacemos en nosotros para aceptarnos y encontrar nuestro potencial.

Afilar el hacha no es prepararse sino convertirse. A menudo hay que asumir más de lo que a veces estamos dispuestos a asumir. Decidir es una mezcla entre asumir el riesgo y lanzarse y saber realmente cuándo estás preparado para empezar. Prepararse y actuar… Hacer y dejar pasar.

hay que decir que no a espejismos maravillosos para no desviarnos del camino, que pinta arduo y complicado, pero que es tu camino. Hay que renunciar a muchas cosas que huelen bien y suenan bien pero que son humo que lo que hace es impedirte ver que no vas por dónde deseas ir.

A veces, para llegar a donde quieres llegar tienes que acercarte a aquello que te molesta o te duele para vencerlo, para superarlo, para descubrir por qué te afecta tanto y saber qué mensaje lleva oculto.

La impaciencia a veces nos deja en brazos de soluciones fáciles que te llevan a las antípodas de tus metas y te dejan roto y perdido.

Hasta que no somos, hasta que no nos conocemos… Hasta que no apartamos la mala hierba del camino, no vemos por dónde pisar ni podemos definirlo…

A veces, basta con necesitar algo para alejarlo más de nosotros, porque nos falta confianza, nos falta sabiduría, nos falta conciencia… Nos falta creer que somos esa persona que llega a la meta.

Supongo que Abraham Lincoln hablaba de estrategia, de usar la inteligencia para hacer las cosas, de medir fuerzas y no quedar exhausto haciendo algo que no requiere tanto esfuerzo si le ponemos ingenio. Hablaba de amortizar y buscar la forma más efectiva de llegar al objetivo…  Para cada uno, habrá una, la más indicada, personal e intransferible.

Hay momentos en los que el hacha eres tú. Tu actitud y tu valor, tu talento y tu misión en la vida…

Y hay árboles tan difíciles de cortar, tan enormes y gigantes, que sólo los más preparados pueden tomar fuerza para derribar…

En realidad, seis horas  afilando el hacha son seis horas descubriendo quién eres para actuar, seis horas  entrando en ti mismo para decidir… Seis horas  para aprender a confiar, a sentir, a conocerte, a creerte que eres la persona que es capaz de cortar ese árbol y darle sentido, encontrar a esa persona que llevas dentro que puede conseguirlo… No lo consigues hasta que no lo eres… Tus sueños no se cumplen, los cumples… Y no los acaricias hasta que no te conviertes en ellos. El aprendizaje real es el de atar cabos con todo lo que te pasa y descubrirte a ti mismo, prepararte para asumir y entonces, actuar.

Se aprende cortando y mucho….

Se aprende poniéndote a prueba y mirando la vida desde otra perspectiva.

No sólo es lo que hacemos, es lo que sentimos, es lo que somos y cómo impregna eso nuestra vida y la de los demás.

Si yo tuviera ocho horas para cortar un árbol, dedicaría seis a conocerme para convertirme en un verdadero leñador.

 

arbol-otono


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Te mereces ser tú mismo


A la única persona a la que debes contentar es a ti.  No te enmascares para parecer ni caer bien. No tienes que encajar en nada ni ser de ninguna forma concreta. Mientras no pasemos de los demás, estaremos frustrados y no desarrollaremos nuestro potencial. La gente cuando te critica, lo que hace es proyectar en ti sus frustraciones. Hablan más de ellos que de ti. No puedes resignarte a no mostrar quién eres por temor a lo que dirán los demás… No se puede gustar a todo el mundo, no lo intentes. No juzgues, no critiques, sólo construye. No puedes vivir una vida ajena.

 


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Ha llegado el momento de invertir


Hay llegado el momento de invertir y dejar de gastar y malgastar. Ya nada será igual que antes, por tanto, mejor no aferrarse a lo antiguo e innovar creando cosas nuevas y apasionantes. El mundo demanda aire fresco y para estar a la altura te falta sacar a flote lo que llevas dentro y explotar tu talento. Vas a tener que invertir en ti. En tu marca personal, en trazar tu estrategia para llega al éxito, en conocer personas que te aporten valor, en aprender cosas que te hagan crecer y desaprender aquellas que se han convertido en un lastre. Deja de perder, invierte tiempo en ti y en lo que quieres conseguir.