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la rebelión de las palabras


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La vida sabe más que tú


Si estás en todo, no estás en nada y, lo peor, no estás en ti.

Caminas sin caminar.

Sonríes sin sonreír, porque toca, porque parecer simpático y amable.

Dices que sí porque decir no te asusta demasiado.

Aceptas algún que otro chantaje emocional porque la otra opción es discutir y, dada tu baja autoestima, siempre acabas sintiéndote culpable y esa otra persona se refuerza ante ti mientras tú te sientes minúsculo.

Si no estás, no decides lo que más necesitas de verdad.

No te concentras.

No ves lo que realmente te conviene.

Piensas sin pensar porque tus pensamientos te dominan y atacan.

Eres presa de tus creencias más absurdas.

No notas lo que realmente deseas, ni eres capaz de apartar de tu vida lo que no.

Si no estás en lo que realmente importa, huyes de ti y de tu miedo y no puedes usarlo para superarlo y vivir mejor.

Si no estás, no te conoces, no te valoras, no te reconoces…

Si no estás es seguramente porque cuando estuviste en ti mismo un rato viste todo el trabajo pendiente que tienes para gestionar lo que sientes y tomar decisiones que te asusta.

Aunque si sigues esperando para estar en ti, todo ese trabajo pendiente se agolpa tras esa puerta que no abres hasta que todo estalle y tú te rompas.

Si no la abres poco a poco y encaras esa vida que no vives por miedo a que no guste y asumir ciertos riesgos esa vida no sentida ni vivida se te comerá entero, de golpe.

Te convertirá en un bocadillo de ti mismo y devorará sin remordimientos. Te arrollará a su paso cuando se desborde y se hará unas botas con tu piel hecha jirones con las que va a patearte los huesos cansados de vivir a medias.

Te quedarás roto, sin ganas, sin risa fingida, sin nada con que cubrir esa vergüenza eterna y gigante que sientes por ti mismo y que te ha llevado a vivir esta vida contenida y medio muerta. No pasa nada, porque eso también será bueno en realidad, será necesario, será el tratamiento de choque que te va a aplicar la vida para que no tengas más remedio que vivirla con es en realidad y no la versión ridícula y edulcorada que te has montado para evitar tus miedos.

Se romperá todo y no quedará nada para que no tengas más remedio que volver pegarlo y tirar lo que esté demasiado roto para ser usado.

Se caerá todo para que tengas que levantarlo y puedas elegir con qué te quedas y con qué no.

Se desvanecerá todo y solo permanecerá lo que realmente tenga que quedarse contigo porque lo demás no era sólido, ni real, ni necesario.

Se derrumbará todo para que caigas y tengas que levantarte y no te quede otra que confiar en ti mientras todo se tambalea.

La vida siempre te obliga a estar y decidir. A dejarte de milongas y de mirar a otro lado y abrir la puerta. Si no lo abres tú, lo hará ella y te pillará despistado.

La vida siempre nos sacude cuando estamos necesitando sacudida y no nos atrevemos. Da donde más duele para que no podamos evitar ese dolor. Levanta el polvo de debajo de las alfombras para que dejemos de esconder nuestra basura. Despierta a nuestros monstruos para que tengamos que asumir nuestro miedo más profundo. Es siempre más lista, más dura, más ágil y está más concentrada que nosotros en lo que realmente importa, porque nunca estamos donde realmente tenemos que estar… En nosotros. En la vida de verdad, la que duele pero aporta. La que da miedo pero es real. La que nos lleva a vivir sin estar dormidos o anestesiados. La que nos permite ser lo que realmente somos.

No importa lo que creamos saber, la vida siempre sabe más que nosotros. La vida sabe más que tú.

GRACIAS por leerme.

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Sé amable contigo


Justo en este momento presente, estás creando tu futuro.

Tus pensamientos, tus palabras, tus decisiones, la forma en que te miras, todo eso está proyectando una sombra hacia delante y dibujando cómo te verás mañana y pasado mañana.

Si te presionas y exiges demasiado.

Si te sientes pequeño o avergonzado de ti por esos complejos de siempre o prefieres creer que ya eres como necesitas. Dejar de juzgarte por todo y respirar hondo.

Si dejas atrás el resentimiento con otros y observas tus errores sin reprocharte. Si dejas de castigarte porque crees no haber estado a la altura.

Si aceptas lo que pasa aunque no te guste y eliges respirar hondo y dejar que la vida te muestre una forma de verlo que te sirve para avanzar y sacarle provecho.

Si miras dentro en lugar de mirar siempre fuera. Si te perdonas en lugar de proyectar fuera esa sensación constante de culpa por todo que siempre te acompaña.

A veces, no hace falta solucionarlo todo. Ni hacerlo ahora. Solo es necesario tomar la decisión. Valorarse, amarse, respetarse. ¿No te amas ahora? No te preocupes, no te exijas, no te maltrates por ello, no te reproches… Solo decide amarte. No hace falta que te presiones si no te sale, tan solo decide que quieres quererte. Que amarte pasa por encima de todo y que es lo que necesitas pase lo que pase. Que lo demás es secundario, que tu valor no está en duda, que renunciarás a cualquier situación y relación que te suponga olvidar que te amas, que te necesitas, que te mereces lo mejor. Que no puedes seguir viviendo un minuto más sintiéndote de más, viviendo a medias, estando de alquiler en tu vida o siendo la reserva de alguien para cuando se aburre, haciendo algo que te rompe por dentro porque vulnera tu esencia, dando pasos en el sentido contrario a tu dignidad…

Decide ahora que no te postergas ni escondes más. Que dejas de huir de lo pendiente y te regalas un baile contigo.

Lo que ahora decides sobre ti, está construyendo tu futuro.

Y no hablo de elegir a la carta tus sueños ni enviar mensajes para materializar nada concreto. Hablo de respetarte ahora para poder respetarte mañana y sentirte capaz, digno, merecedor de lo que deseas y necesitas.

Hablo de darte un momento para respirar…

De poner límites cuando algo te vulnera.

De observar tus pensamientos, tus creencias, tus heridas, tus hábitos. Preguntarte para qué haces lo que haces y darte cuenta de lo mucho que te dañas a veces sin saber.

De decir basta cuando toca. De dar un paseo. De agendar tus sueños, tus deseos, tus pausas…

De tenerte en cuenta a ti y tus miedos para ser sentidos. De escucharte y notar cómo te sientes. De hacer lo que amas y encontrar la actitud para amar lo que haces.

De priorizarte y caminar a tu lado…

De dibujar ahora, en este día, en este instante, un modelo de vida que es tu modelo de vida… Y luego dejar que la vida pase, poner de tu parte sin resistirte pero aportando tu valor.

Siembra para ti, sin dejar de lado a nadie, pero dándote las herramientas que necesitas para seguir caminando en paz.

No podemos decidir qué nos sucede porque no controlamos nada, pero podemos decidir cómo nos vemos a nosotros mismos. Podemos tomar la decisión de comprendernos, aceptarnos y abrazarnos ahora… Para que en el futuro, la vida nos pille de nuestra parte y siendo amables con nosotros mismos.

Sé amable contigo si quieres un futuro amable.

Justo en este momento presente, estás creando tu futuro

GRACIAS por leerme.

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Dejemos de buscar líderes, vamos a tener que liderarnos nosotros mismos


Nos pasamos el día pidiendo líderes, pero nosotros muchas veces no lideramos nada en nuestra vida…

Me asombra lo bien que entre todos hemos definido el liderazgo en las redes sociales, donde se habla seriamente de este y otros temas sobre gestión de personas, motivación y talento.
Le hemos puesto (yo también, por supuesto) muchos adjetivos… Consciente, saludable, positivo, emocional… Me dejo alguno. Y luego, sales al mundo y las personas que lo ejercen de verdad se cuentan con los dedos de una mano. La mayoría caemos (me incluyo de nuevo) presas del pánico al cambio y con la incertidumbre agarrándonos las muñecas…
Da tanto miedo cambiar por si era una milonga todo lo que nos hemos creído, que siempre esperamos que empiece el otro y luego, si acaso, nos apuntamos.
Y juzgamos a los demás cuando desde nuestra posición, sea la que sea, no lideramos nada. No intentamos ver las circunstancias de otro modo. No escuchamos. No somos ejemplo de lo que esperamos encontrar. No empatizamos. No aportamos nada por temor a que nos copien o por si no hay retorno y lo que damos cae en saco roto. Ni siquiera sabemos qué queremos más allá de sobrevivir…
Nuestro propósito es el «virgencita, virgencita, que me quede como estoy «. Y cuando pides al cielo quedarte como estás sin gratitud ni reconocimiento, sin confianza en ti mismo, la cosa va a peor siempre.

Vamos mendigando, pidiendo que otros hagan lo que nosotros no estamos dispuestos a hacer.

Vamos por la vida sin saber quiénes somos, esperando que otros nos definan con un sueldo, un puesto o incluso con un guiño en la barra de un bar. Sin que nada tenga sentido más allá se soportar el miedo por la que nos cae encima. Sin esbozar por un momento quiénes deseamos ser en función de lo mucho que podemos compartir y no en base a lo que deseamos recibir. Siempre esperando que cambien los demás y que todo sea distinto a como es ahora para dar el primer paso.
Y se comprende. No es fácil. Nuestras creencias nos recortan y limitan. Nos han educado para ser rebaño y para creer que o eres oveja o eres lobo, cuando lo que se trata es de salir del cuento y del redil y arriesgarse a pensar de otro modo.
Buscamos líderes que nos guíen y luego en nuestra vida nos déjanos pisar y pisamos. Somos incapaces de ponernos en piel ajena y enfocarnos en lo que realmente queremos ser.
¿Cómo pedir que otros sean lo que no somos nosotros?

Siempre estamos mirando al mundo y esperando. Siempre esperamos que pase algo que nos cambie la vida. Que llegue algo nuevo ahí afuera que nos salve de ese destino terrible que tanto nos asusta. Siempre buscando algo que no será más que un parche para poder seguir buscando parches en lugar de nuevas formas de ver la vida y de actuar en consecuencia.

Siempre soñando que algo o alguien nos salve de nosotros mismos y nuestro miedo a vivir. Algo que nos dé esa seguridad que nos permita seguir a flote entre tanta incertidumbre, pero no demasiado, no sea que tengamos que replanteárnoslo todo.

Esperamos que otros nos valoren cuando no nos valoramos.

Esperamos que nos traten bien cuando nosotros nos tratamos mal.

Esperamos que otros nos den oportunidades que nosotros ni siquiera visualizamos para nosotros mismos. Siempre esperando que el mundo nos dé lo que nosotros no nos damos.

Yo también lo he hecho y lo hago. A menudo me sorprendo esperando que me lancen un salvavidas para no tener que seguir mirando en mí y descubriendo mis miserias y creencias más arraigadas, para evitar sentir mi miedo y atravesarlo. Me encuentro enfadada porque algo no es como creo que debería y luego me doy cuenta de que no estoy aceptando ni abriendo mi mente para permitir que sea como es.

Dejemos de buscar líderes porque no van a aparecer, a estas alturas ya nos tendríamos que haber dado cuenta. Lideremos nosotros.
No hace falta un despacho, ni una gran empresa. Se lidera a sorbos, a pequeños pasos. Se lidera en silencio. Se Lidera desde todas partes si se decide, pero hay que tomar esa decisión. Hay que usar la inteligencia emocional más allá de cuatro frases que motivan tres minutos y dejan días de desazón y culpa porque no las aplicamos.
Lidera una madre durante la cena con la conversación que tiene con sus hijos… Lidera el panadero cuando mima el pan que vende para ofrecer lo mejor. Lidera el atleta cuando además de llegar a la meta el primero decide llegar bien… Lidera la bióloga en un laboratorio recordando para qué pasa tantas horas investigando y recordando a las personas… Lidera el maestro cuando además de enseñar decide aprender… Lidera la abogada recordando la justicia… Lidera ese niño que va a su compañero que está en un rincón y le pregunta si quiere jugar. Lideras tú cuando sales a la calle cada día y, a pesar de no tener muchas ganas de nada porque tienes mil problemas encima que no sabes cómo solucionar, respiras hondo y das gracias por estar. Y decides confiar en ti.

Lo que nos hace falta es dejar de mirar a otros esperando que sean y ser nosotros lo que buscamos y necesitamos. Y compartirlo. Y transpirarlo. Y ser coherentes. Y caer y equivocarnos pero siendo lo que realmente somos.
Necesitamos conocernos y aceptarnos para respetarnos y respetar a otros.
Así podremos dejar de buscar y concentrarnos en ejercer de nosotros mismos liderando nuestras vidas y aprendiendo por el camino.
Ya basta de mirar fuera esperando la solución… Porque está dentro. Hasta que no nos sumerjamos en nuestra oscuridad, la luz que mostraremos al mundo será una luz de emergencia efímera que pide socorro o deslumbra y no un faro que alumbra y guía en el camino…

Esperamos ser reconocidos cuando nosotros no nos reconocemos y buscamos a alguien que nos guíe cuando no sabemos ni a dónde queremos ir.

Y no hace falta que sea un solo faro, hay miles, millones…

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

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