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la rebelión de las palabras


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Hasta las últimas consecuencias…


Te puedes pasar la vida esperando a que pase algo que nunca pasa.

Que todo cambie. Que todo mejore. Que todo vaya hacia otro rumbo.

Esperando a ver ese destello que te pone en marcha, esas palabras que te motivan, esa situación que desencalla el engranaje oxidado de tu vida…

Nos pasamos tantas horas, días, meses, años esperando una señal para decidir.

Buscamos algo en el mundo que nos inspire y nos dé fuerzas para seguir y, cuando encontramos algo que se parece a eso, nos aferramos con tanta fuerza que se nos rompe, le ponemos tantas expectativas que le es imposible cumplirlas, lo abrazamos tanto que se desvanece.

Porque esperamos que el mundo nos dé lo que no nos damos.

Porque creemos necesitar que alguien nos recuerde quiénes somos cuando ni siquiera nosotros lo sabemos.

Porque pensamos que haciendo mil cosas desde el sacrificio vamos a conseguir ser esa persona a la que le pasan las cosas que deseamos que nos pasen. Sin embargo, nunca es suficiente, nunca te has sacrificado demasiado, nunca haces todo lo posible, nunca llegas… Y por el camino te rompes, te maltratas, te desprecias pensando que cuando llegues serás digno y eso inconscientemente es decirte que no eres digno ahora.

Siempre cargando con todo, cubriendo todos los flancos para que nada se escape, siempre pendiente de que nada salga mal… Siempre alerta y agotado, con ese cansancio inmenso y perenne que nunca te deja solo y te recuerda el gran peso que arrastras por seguir intentando que el mundo cambie y llegue la señal…

La clave no está en qué recibimos del mundo sino en qué nos damos nosotros, qué compartimos con los demás porque eso seguro que es lo que llevamos dentro.

No es como te ven, es como te ves a ti mismo.

Si te sientes capaz, si te sientes merecedor de aquello que buscas o deseas… No porque eso vaya a garantizar nada, sino porque te llevará a algo hermoso.

No se me ocurre mayor paz que la de dejar de necesitar que los demás te motiven, que te inspiren, que te digan adelante.

No se me ocurre mayor alegría que dejar de esperar que pase algo para poder sentirme bien conmigo misma. Algo concreto, algo esperando, algo necesitado… Dejar de buscar en el mundo aquello que deseas y dártelo tú.

Dejar de inquietarte por si te ven o valoran, por si te lanzan el salvavidas porque descubres que flotas, que te bastas y te sobras, que en ti hay las herramientas necesarias para conseguirlo y que si no, sabrás pedir ayuda a quién realmente pueda proporcionártela.

Dejar de mirar al mundo esperando que te diga que ya has hecho suficiente, que ya mereces, que ya te toca.

Dejar de esperar y hacer o no hacer. Darte cuenta desde tu nueva condición de persona que se reconoce y sabe quién es y se ocupa de sus necesidades, que hacías un montón de cosas que no eran necesarias.

Que las llevabas a cabo para que te valoraran, para que te tuvieran en cuenta, para que te aceptaran, para que te amaran… Y desde la paz del que no se tiene que mendigar respeto porque se respeta, decidir si las haces o no.

Y si sigues con ellas, que sea por compartir lo que eres. Porque eres el que tiene para dar, no el que da esperando nada o tendiendo la mano para recibir algo a cambio que le haga sentirse mejor y más digno.

O no las haces porque te cansan y no temes decir que no porque tu valor no depende de lo mucho que te sacrificas por otros…

En algún momento, cuando estás muy cansado y harto, descubres que esa es la señal que estabas esperando para dejar que lo que no va contigo salte por los aires y decidas que vas a tenerte en cuenta y escucharte de una vez a ti…

Que vas a amarte y respetarte hasta las últimas consecuencias.

Aunque eso suponga dejar de hacer lo que has hecho siempre o aprender a hacerlo de otro modo. Sentir el miedo de dejar de dar cuando das y no recibes nada, dejar de servir, dejar de parecer, dejar de pelear por algo que nunca llega si tu cuerpo te pide pausa, dejar de ir detrás de las personas para que te miren y te quieran como esperas que te quieran cuando no lo hacen… Aunque eso suponga darle la vuelta a tu vida para que se acomode a tratarte bien y, sobre todo, entrenarte para pensar distinto a partir de ahora y dejar pasar esos pensamientos que no te sirven más que para mantenerte atado al sufrimiento.

Que vas a dejar de esperar ser salvado por nadie y vas a salvarte tú y si alguien lo necesita, ayudarle por el camino.

Que vas a dejar de mendigar lo que te ya pertenece y no te abres a recibir y vas a darte cuenta de que lo que realmente necesitas es verte distinto a ti y no al mundo o la vida.

Que vas abandonar esa necesidad de ser visto y aceptado por otros y vas a sentarte un rato a mirar el mar, tomar un café y decidir que no tienes que hacer nada para ser digno de lo que buscas, ya lo eres.

Y en ese momento, miras atrás y ves todas la señales que obviate y no pudiste ver porque esperabas una palmadita en la espalda y la vida te dio una patada en el trasero.

Cada vez que mirabas a alguien esperando ser amado por él y no recibías respuesta era una señal… Para que te amaras a ti. Para que dejaras de esperar.

Cada vez que pedías al cielo que alguien reconociera tu trabajo y nadie lo hacía era una señal… Para que te empoderaras y empezaras a valorar tú lo que haces y empezaras a hacerlo desde el disfrute y la confianza y no para ser aplaudido.

Cada vez… Cada minuto… Cada segundo en que miras ahí afuera y sientes que no hay nada para ti es para que mires dentro y comprendas que ahí está todo.

Lo que importa es lo que lo veas, que lo percibas, que lo sientas… Vivir desde el amor hasta las últimas consecuencias.

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

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Si quieres saber más de mí, te invito a entrar en mi web y conocer lo que hago. Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar todo su potencial a través del coaching, el mentoring y la Inteligencia Emocional. 

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Nada


En muchas ocasiones, no da miedo seguir sino quedarse quieto y paralizado.

Otras veces, no saber parar y no poder recalcular a dónde vas ni dejar de hacer para acumular.

A veces da miedo atreverse, arriesgarse, cruzar ese puente que no sabes a dónde te lleva. Otras veces lo que asusta es ir por la vida desbocado sin poder dejar de saltar al vacío sin red. No saber cuándo respirar y repostar energía, cuando encontrarse un rato a solas para dejar de nadar y ver que flotas.

Da miedo decir que no y decir que sí.

Bailar cualquier melodía y quedarse sin baile.

No tener y quedarse sin nada y acumular tanto que el peso de la carga nos dificulte seguir el camino.

Quedarse corto y pasarse de largo.

Callar y hablar demasiado.

Estar completamente solo y estar siempre tan acompañado que no puedes ni conectar contigo mismo.

Saber que si caes la ley de la gravedad actuará de forma implacable y te darás un golpe seco y terrible asusta… Tanto o casi como saber que a veces eres ingrávido y estás suspendido en esa cuerda floja y nunca caes pero siempre parece que estás apunto y no pasa. Esa angustia de no caer todavía y no saber cuándo pasar´. Ese miedo constante a que nada sea totalmente cierto ni seguro.

Nos da tanto miedo no encontrar ese punto en el que todo pasa, todo fluye. Ese momento en el que todo es más fácil y tienes la gratificamente sensación de estar en el camino correcto, en tu sitio, haciendo lo que deseas, siendo quién realmente eres.

A veces, la incomodidad es necesaria. Ese momento en el que estás tan harto de todo que te sientes capaz de aquello que antes no podias ni plantearte, ese momento en el que dices que sí a lo impensable hace pocos días… Cuando sueltas esa necesidad de sujetar porque ni tu esencia ni tu mente aguantan ese peso que lacera y deforma tu cuerpo y rompe tu alma. Cuando dejas ir esa carga insoportable y decides romper con todo, dejar de empujar lo que no te pertenece y soltar lo que no depende de ti. Lo que no controlas ni has controlado nunca pero te obsesionabas en monitorizar, en vigilar, haciendo guardia solo en tu vida y en otras vidas intentando controlar un mundo entero que siempre se desborda por algún lugar al que no puedes acudir a tiempo a pesar de pasar noches sin dormir por tenerlo todo dominado..

Porque en realidad no controlas nada, pero te da mucho miedo admitir eso porque crees que te resta poder y fuerza. Porque tienes que dejar morir lo que crees que eres para que emerja tu verdera forma. Te da miedo porque te has acostumbrado al personaje que lucha y se pelea con la vida, que asume sus limitaciones sin intentar ir más allá, que acata y otorga ante las decisiones ajenas sin dejar oír su voz. Admitir que no controlas te asusta porque te deja vulnerable y desnudo en un mundo en el que todos van desnudos y son vulnerables y para disimular siempre señalan con el dedo a los demás. Así distraen la atención y creen que nadie se da cuenta de cuánto se avergüenzan de ellos mismos por no ser como creen que deben.

Cuántos deberías tiras por la borda cuando el barco va la deriva y el agua te llega al cuello ¿verdad?

A veces, cuando ya es tarde o eso parece. Porque no lo es, nunca es tarde.

Naufragar es también necesario porque cuando caes al agua, después de moverte durante largo rato compulsivamente presa del pánico, te dejas llevar, sueltas y descubres que flotas… Y una de las grandes verdades ocultas llega ti de forma inesperada… En ocasiones, es mejor no hacer nada. Un hacer nada consciente, elegido, buscado.

Un hacer nada abrupto cuando es fruto del cansacio, de la rotura interna, del haberlo intentado todo desesperado. Un hacer nada lleno de sentido, meditado cuando llegas a él después de darte cuenta de que puedes remar mucho y mal y que a veces hay que dejar que el viento te muestre el camino.

Encontrar ese punto en el que eres tú siendo otra persona. Esa persona oculta en ti que se ha arrancado las etiquetas y ha soltado la carga que no necesita y ya no debería nada. Solo se debe a ella misma y al respeto que tiene por los que comparten con ella este viaje.

Y en este momento, no haces nada y sientes que lo haces todo, lo notas todo, lo sientes todo y te permites ser. Todo está hecho y tal vez no absolutamente todo es posible, pero no importa, porque estás de tu parte de verdad y confías en ti.

Porque te has vaciado de lo que no es y ahora solo puedes llenarte de lo que sí.

Porque no importa tanto lo que consigues como lo que sueltas.

Porque no es lo que haces sino para qué.

Porque en muchas ocasiones NADA lo es todo.

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

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Si quieres saber más de mí, te invito a entrar en mi web y conocer lo que hago. Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar todo su potencial a través del coaching, el mentoring y la Inteligencia Emocional. 

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Sé el amigo que buscas desesperadamente ahí afuera


No seas tu peor enemigo, sé tu mejor aliado.

Si no te miran, mírate tú con cariño.

Si no te ven, no busques su mirada.

No hace falta. No la necesitas.

Si te juzgan, deja que hablen… No te juzgan a ti, se juzgan a ellos mismos y sus pequeñas miserias reflejadas en ti. Todos lo hacemos, las debilidades ajenas son un espejo perfecto para ver las propias.

No te limites pensando que no mereces nada mejor…

No te exprimas exigiéndote tocar la luna…

No te creas esos pensamientos que hablan mal de ti y que te atacan cuando se acaba el día o en cualquier momento en que dudas de ti al ver malas caras o cuando las cosas no salen como esperas.

No eres lo que piensas. Esos pensamientos dibujan una versión de ti sesgada por unas creencias absurdas y de forma inconciente se ramifican hasta el infinito contándote historias tristes y aterradoras… No son tu historia.

No dejes de caminar porque otros te digan que no vas por buen camino.

Tampoco sigas caminando para demostrar nada. Si te cansas te paras.

Si necesitas recalcular la ruta, te detienes. Puedes decidir cambiar de camino y de meta. A veces, la rendición es un acto de miedo, pero muchas otras, más de las que imaginas, es un acto de amor inmenso.

No te hagas daño intentando alcanzar nada, no compensa.

Escucha tu cuerpo. Escucha todas y cada una de tus fibras y a ese ser interior que tanto sabe, que te contará si ese es el camino.

No cambies nada en ti para parecer, ni aparentar. Nunca podrás satisfacer a nadie siendo lo que no eres. De hecho, no tienes que satisfacer a nadie y punto.

No escatimes lágrimas. La tristeza acumulada te rompe por dentro pidiendo salir a ser sentida y comprendida. Como las raices de los árboles que levantan y destrozan el pavimento de las calles.

No pasa nada si paras y la aguardas en silencio, esperando a que salga ese miedo y te diga lo mucho que a veces te ignoras y desprecias. Lo mucho que te faltas al respeto aceptando chantajes y palabras necias, asumiendo tareas que no son tus tareas, siendo responsable de lo que no eres responsable, metiéndote en trajes pequeños porque no reconoces tu valor inmenso y todavía juegas a ser menos que nadie.

Siente esa rabia descomunal alojada en el estómago y la garganta que te dice que callas demasiado, que tragas tanto que vomitarías toda tu vida ahora y empezarías a correr hasta llegar al otro lado del mundo para que aquellos que abusan y tanto exigen no te encuentren.

Siente ese dolor que punza el pecho y que te recuerda que todavía no haces lo que amas y llevas puestos unos zapatos que no son tus zapatos…

Que juegas a ser un grano de arena cuando eres el desierto.

Que te crees gota de agua cuando en realidad eres el mar inmenso.

Que piensas que buscas a alguien de quien enamorarte y en realidad necesitas desesperadamente amarte a ti mismo.

No te comprimas, no hace falta. No te obligues a parecer fuerte. No van a valorarte más tampoco por parecer inofensivo, ni te van a respetar por dar miedo… Sé justo lo que eres, es perfecto.

Si te rechazan, no te rechaces. Se rechazan ellos mismos, en realidad… No quieren ver en ti lo que tanto les asusta ver dentro de sus entrañas cansadas. Todos lo hacemos, no es personal, no hay nada malo en ti, nada defectuoso, nada que te haga indigno de nada.

A veces, es que no. Otras es que sí. Y por más vueltas que le das a la historia no descubres por qué ni le ves el sentido, aunque lo tenga y todo encaje al final.

No necesites que te acepten. Acepta que no te aceptan. Acepta que seguramente todavía no te aceptas tú y eso crea una cadena de desaires en tu vida que pide que pongas el freno. Que te pares ante ese espejo que siempre eludes y te mires hasta el fondo del alma…

Mírate. Mira tus miedos y tu equipaje. No contemples solo tus ojos sino tus miradas.

No busques simetrías, busca esos gestos que te hacen diferente y al mismo tiempo parte de algo grande.

No busques perfección, busca belleza… La de verdad, la belleza que acumula alguien que es capaz de mirar dentro y encontrar la oscuridad más rotunda y la luz más inmensa. Y descubrir que ambas forman parte del camino.

Mira a tu dolor a la cara y dile que no eres suyo, que te habita un rato hasta que lo comprendas y dejes de necesitar que esté ahí para contarte algo de ti que todavía no ves sin él.

Aquello que todavía no amas en ti y no aceptas es lo que va a sacarte del pozo oscuro en el que a veces crees estar.

Aquello de lo que huyes es la pieza que te hace falta para terminar el rompecabezas…

No seas tu enemigo, sé el amigo que buscas desesperadamente ahí afuera.

Recuerda que mereces lo mejor y ve a por ello, pero no te maltrates y culpes si no llega o no lo alcanzas, no controlamos nada. No contemplamos la vida a vista de pájaro desde el cielo y a veces el camino que nos asusta tomar porque parece complicado es el que lleva a un lugar hermoso y el que nos parece mejor conduce a un acantilado.

Tómate de la mano y confía en tu grandeza. Está ahí esperando ser rescatada entre un amasijo de pensamientos tontos escritos con caligrafía de niño pequeño una tarde de hace muchos años cuando todo parecía triste…

Y cuando te sientas perdida o perdido, cuéntate una de esas historias en las que tal vez nada sale como nadie espera sino mucho mejor. Esos cuentos en los que no sabes qué va a pasar pero cuando todo termina miras desde el cielo, a vista de pájaro, y puedes ver el camino dibujado y notas que encaja y que es como debe.

No sabemos nada. A veces, lo mejor de la vida te espera en la esquina de la impaciencia. Otras, está sucediendo y no nos damos cuenta porque llegó disfrazado de problema.

A veces, cuando desenredas el hilo, encuentras las madeja.

Y cuando sueltas, es cuando más logras abarcar.

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

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