merceroura

la rebelión de las palabras


12 comentarios

Lo que amas…


Amas el silencio después de noches sin tregua pensando sin cesar, sin encontrar consuelo, sin dibujar una salida.

Sentarse e imaginar sin saber, sin necesitar, sin tener que tener, sin esperar a esperar.

Amar ser sin almacenar…  Encontrar sin buscar. Sentir sin pensar…

Porque a veces, hay que detenerse a notar, a construir, a imaginar.

Parar para bucearte, para sentirte, para fundirte contigo y respirar. Para saber qué pisas y a dónde te diriges, para descubrir que no hay mejor victoria que escoger una derrota de la que puedes aprender a volar…

Para conocerte tanto que puedas despojarte de todas la capas con la que vestiste tu alma para poder existir sin pedir perdón y darte cuenta de que ya no te hacen falta…

Para poder lanzar tus culpas inventadas por la borda y enderezar el rumbo del barco hacia donde sueñes, aunque el mundo no lo entinda…

Amas la paz callada que te habita cuando necesitas escucharte y bailar con tu propia música.

Amas tu música.

Amas  al desconcierto en tu alma acostumbrada a caminar, cuando para. La queja sorda de la niña testaruda que llevas dentro que te pide que te levantes y sigas… El desasosiego de tu impaciencia que queda muda y el ego asustado que busca abrigo porque nos sabe qué le espera pero ya le disgusta por si acaso.

Amas a todos tus mecanismos de defensa. Todas tus corazas y todas tus máscaras… Tu soberbia llorosa y malhumorada… Tu rabia contenida, tu ira ahogada, tu necesidad de justicia rota que se agitan y bailan desesperadas…

Amas a la institutriz sin alma que vive en ti y siempre te regaña. Porque pertenece a tu pasado y  ahora sabes que no supo hacerlo mejor…Porque gracias a su ruda dureza y su serenidad impasible añoraste el amor incondicional y supiste qué no eras…

Amas a todas las muñecas tristes que habitan en esta muñeca a veces cansada y otras rota que intenta encontrar la calma. Porque sin todos sus errores estaría perdida y sin su pena enorme y salvaje jamás habría llegado a este tramo del camino.

Amas la guerrera que fundía con la mirada y le daba vueltas a las palabras hasta convertirlas en flechas. Sin ella, jamás habría conseguido la valentía para levantarte y empezar a buscar todas las vidas posibles que te tienes reservadas.

Amas a la niña torpe de cara triste que espera en un rincón porque no juega… Sin su desesperación armada y su llanto sordo, tú ya no existirías.

Amas tu llanto.

Amas tus heridas abiertas porque sabes que el trabajo de cerrarlas te convertirá en un ser gigante.

Porque cada uno de sus pasos en falso ha esculpido tu vida… Cada uno de sus intentos fallidos ha trazado tu mapa de viaje… Porque estabas tan desolada e insatisfecha que osaste imaginar un mundo en el que ella era otra y se encontró contigo a medio camino y le dijiste que se otra eras tú.

Amas el manto incierto que cubre tus días sin techo ni suelo ni abrigo seguro.

Amas la incertidumbre.

Amas al despecho de un mundo que te trata como tú te tratas y que no te ama hasta que no te amas.

La incómoda satisfacción de saber que el futuro está en mis manos y el presente es una tarde de lluvia que hay que aprender a amar para encontrar la magia.

La gratitud de saber que todo es un regalo. La costumbre de imaginar lo peor después de siglos de pensar que mereces poco o casi nada… Y que eso te obligue a tener que cambiar tu forma de pensar y vivir…

Amas al sosiego de saber que de todo se aprende, aunque no entiendas por qué.

Amas tu ignorancia porque aviva tus ganas de conocimiento…

Amas al fuego de tus entrañas enfadadas y molestas porque el mundo no es como sueñan y a las personas a veces cuando están rotas van rompiendo a otras.

Amas a la inquietud de arriesgarte a rondar por la vida sin saber y el miedo que se aloja en tu espalda y baila en tu garganta, porque sin él no serías la mitad de lo que sueñas…

Seguir el viento sin conocer el viento… Ser el viento sin saber a dónde va, pero creyendo que te lleva a dónde necesitas estar.

Amas al dolor sentido y asumido, porque con él te fabricaste el antídoto para las penas y te convertiste en una mejor versión para soportar sus envestidas…

Amas a todas y cada una de tus imperfecciones porque te han dado el impulso para poder saltar el muro y aprender que lo bueno que hay en ti es tan grande que eclipsa tu tristeza… Y que lo que parece malo, en realidad, es la excusa para poder seguir tu camino…

Amas tus lamentos porque ya no existen, pero te dieron impulso.

Porque no hay nada insalvable cuando descubres quién eres y qué buscas…

Porque te amas y reconoces tus facciones en un marasmo de caras mustias y almas revueltas que se desesperan por bajar de esta noria que no para nunca.

Amas la noria…


11 comentarios

Si perdonas…


Cuando no perdonas, te quedas atado al pasado. Una nube de dolor empaña tus días, tus pensamientos, tus decisiones… Dejas que alguien usurpe tu vida y anide en ella…  Vives a través de otros ojos… Cuando no perdonas es porque en realidad lo que esa persona siente por ti o dice de ti es un reflejo de lo que tú crees de ti mismo, aunque no lo quieras ver y admitir… De otra forma, no te afectaría ni causaría dolor. Si no perdonas es porque la estocada recibida viene a traerte un mensaje sobre ti que aún no has aceptado y soltado… Sea o no sea real esa visión de ti, eso no importa… Si no perdonas, es porque no has asumido que el otro es como es y no lo vas a cambiar y, por tanto, eso te impide asumir que tú también eres como eres y  aceptarte…

Aceptar también es admitir el cambio y prepararse para él. De hecho, es el paso previo a que todo empiece a dar vueltas a tu alrededor y des un nuevo paso… Cuando aceptas cómo eres, amas tus debilidades y tus fortalezas, adquieres el poder de decidir sobre ti mismo y volver a tu esencia. Y desde la conciencia más pura de lo que eres, puedes notar si cada paso que das va contigo o contra tu naturaleza…

El que no perdona, sin embargo, sigue atado a la mirada del otro. A la visión que esa otra persona tiene de él. Se ve a través de sus ojos y por ello es incapaz de perdonar la ofensa y “el atrevimiento y la osadía” de hacer que yo me vea como tú me ves y que eso me duela porque aún no he conseguido cambiarlo y asumirlo”.

Leí el otro día que la falta de perdón es la culpa que arrastramos por no ser como soñamos y por el hecho de que los demás nos lo hagan ver… La culpa porque no nos amen como creemos necesitar que nos amen, en una sociedad que educa para que el amor sea dependencia y necesidad pura… La culpa es dolor. Dolor en el alma y el cuerpo. La rabia, el resentimiento, el odio en algunos casos, se nos acumula en los pliegues y nos estalla…

Decía el texto que si no necesitáramos culpar al mundo ni a nosotros mismos de nada, no habría dolor… Porque esa herida abierta es la forma que tenemos de mostrar al otro el daño que nos ha hecho, de recordarle constantemente que actuó mal según nuestra forma de ver la vida, según nuestro mapa mental y vital. Sin necesidad de vengarnos sacando a relucir nuestro dolor, ese dolor no tiene sentido… Sin reproche, no hay herida.

A veces, la herida abierta es la forma en la que nos recordamos también a nosotros mismos lo culpables que somos por no ser como deseamos, por no llegar al altísimo listón que nos hemos impuesto… Nos miramos con tanto desprecio que esa energía negativa tiene que rebotar forzosamente en nosotros y en lo que nos rodea.

Todo lo que le pedimos al mundo es lo que nos pedimos a nosotros mismos.

Lo que criticamos al mundo es lo que vemos en nosotros, lo que soñamos tener y creemos que no podremos alcanzar.

Lo que detestamos de otros es lo mismo que detestamos en nosotros y no queremos admitir…

Las personas que nos rodean son ante nuestros ojos una proyección de nosotros mismos…

Nuestras quejas son las quejas que salen de sus labios y llegan a nuestros oídos.

Vemos al mundo tal y como nos vemos, como decía Kant: “Vemos las cosas, no como son, sino como somos nosotros”

La vida que apuramos cada día es un reflejo del estado en que se encuentra nuestra autoestima… Un ejemplo claro de lo que creemos que merecemos…

Lo que deseamos para otros es lo que acaba llegando a nuestras vidas.

Por ello, cuando no perdonamos, no nos perdonamos. Nos quedamos sumergidos en una materia viscosa en la que no nos podemos mover ni pensar.

Perdonar es cerrar las heridas que son testigo de algo que fuimos antes y ya no somos. Es comprender, ponerse en el lugar del otro en un acto de empatía extraordinario que nos ayuda también a entendernos a nosotros mismos y comprender que a veces las personas vienen a nosotros porque lo vamos pidiendo a gritos…

Atraemos lo que somos y lo que necesitamos… Visto así, no tiene sentido enfadarse porque alguien venga a nuestra vida a ayudarnos a entender que merecemos más de lo que creemos y que nos amamos muy poco…

Las personas que llegan a nuestra vida vienen a empujarnos a dar un paso más, a que comprendamos más sobre nosotros…

Perdonar es decidir amarse tanto que ya no nos importe lo que mundo piensa de nosotros. Si no lo hacemos, no encontramos la quietud para seguir. La sensación de estar contigo mismo y saber que estás comprometido con tu felicidad.

Perdonar es hacerse feliz. Decidir que es mejor amar que ganar, que la paz que sentimos al cerrar puertas que quedaron entreabiertas vale más que tener razón e imponerse.

Perdonar es asumir tu responsabilidad y aceptar que no hay culpas porque cada persona vive su verdad y actúa en consecuencia.

Mientras no somos capaces de encontrar esa paz deliciosa de “no necesitar”  ganar, imponernos, demostrar o encajar, somos un híbrido entre lo que ya no somos y lo que soñamos ser…

Hasta que no asumimos el perdón como un regalo y no como una pérdida no podemos agradecer la enseñanza y el valor de cada experiencia…

Si no perdonamos, no nos perdonamos porque seguimos dando poder a los demás sobre nuestras vidas… Les damos capacidad de gestionar e incidir en lo que sentimos, en  lo que soñamos, en lo que merecemos y nos miramos a través de sus ojos…

Nos volvemos tan duros que nos rompemos y nos agrietamos con la esperanza de que algo de luz entre en nosotros…

No es fácil. El ego siempre necesita justificar y medir, comprobar y calcular… Siempre quiere vencer y necesitar. Siempre encontrará la excusa para demorar el momento y te hará creer que no ha llegado aún la hora… Te confundirá para que sustituyas tu autoestima maltrecha por un orgullo hinchado que no te deje ver más allá de tu nariz y te dirá que no hay más verdad que la tuya… Te hará creer que perdonar es sacrificio en lugar de la maravillosa recompensa de estar en paz contigo. Te susurrará consignas para que sigas luchando en una guerra sin sentido cuya victoria es la derrota más absoluta para tu capacidad de amar, tu generosidad y tu grandeza.

De todas las decisiones pendientes que tenemos, la de perdonar es la más complicada y valiente… La más dura, tal vez, pero es sin duda la que más cambia nuestras vidas. El mayor regalo que podemos hacernos a nosotros mismos es perdonar.

Perdonar es rescatarse a uno mismo de una muerte lenta de reproches y pensamientos amargos… Abrirse de par en par y dejar que corra el aire limpio y entren sensaciones nuevas y maravillosas. Perdonar es vivir en paz.

Si perdonas, encuentras todas las piezas del puzle y descubres que sólo depende de ti mismo que encajen.

 

A muchas personas no les gusta la palabra perdonar porque les suena a estar por encima del otro. Cada uno hace las cosas como sabe a cada momento y según su nivel de conciencia… Lo podemos llamar comprender y soltar ese dolor, cerrar la herida y desearle lo mejor a esa persona. Lo llamemos como lo llamemos, todos sabemos qué significa y hasta dónde nos compromete. Porque el compromiso real es siempre con nosotros mismos.

 


11 comentarios

Es inevitable


chica-blog-notas

Lánzate ya, ahora es el momento, pero no lo hagas sólo para triunfar, hazlo para ser feliz… Sea lo que sea, hazlo porque te transforma.

Porque te llena y llena a otros. Porque si no lo haces, tus estanterías interiores siempre están vacías y tus ojos no brillan.

No lo hagas sólo por ambición por ser y demostrar sino por amor a lo que realmente eres, por ganas, por querer compartir lo que sueñas y quieres para ti. Porque quieres aportar al mundo algo que crees que lo mejora.

Hazlo porque no imaginas vivir de otro modo, porque ya no puedes vivir desde otra actitud.

Hazlo porque buscas sentirte bien con la vida que vives, porque quieres amar lo que haces y sabes que puede ayudar en este camino.

Hazlo para compartir lo que eres.

Porque vibras cuando lo imaginas, cuando te pones la película de tus sueños pendientes y los notas tanto que se te agolpan las lágrimas en las mejillas de felicidad… Porque los tocas, porque los sientes. Porque la locura es no intentarlo y desistir.

Hazlo porque notas que pasará, que es inevitable que tu vida sea maravillosa si actúas siendo tú, ese tú de verdad…

Hazlo por la persona en quién te convertirás si lo consigues, no por el logro en sí y el mérito, sino por la transformación que tendrá lugar en tu interior.

Y a lo mejor te encuentras haciendo lo mismo que antes, con las mismas ganas, pero con otra actitud, con otra forma de mirar lo que te rodea y sin esa obsesión por el resultado… Prescinde del resultado y goza de la experiencia…

No lo hagas por el éxito y tendrás éxito.

Hazlo por ser coherente contigo y con tu forma de ver el mundo… Porque tus sueños te ponen las pilas y tus metas te hacen volar…

No lo hagas por tener, hazlo por ser. Conviértete en esa persona que no necesita demostrar nada porque sabe que es.

No lo hagas por lo que tendrás sino por el sentido que le dará a tu vida.

Ama la incertidumbre de no saber cómo ni cuándo, pero teniendo clarísimo el qué y el para qué.

Abraza la paciencia y deja de preocuparte por qué dirán. Nadie vivirá por ti la vida insulsa que te espera si no lo haces.

El mundo está lleno de ilusiones rotas que toparon con miradas inquisitivas y no supieron pasar de largo… La única mirada que cuenta es la tuya.

No te desesperes, no busques atajos, no bombardees al mundo con incoherencia… No actúes sin notar, sin sentir… No te dejes llevar por esa parte de ti que no confía y no sabe esperar mientras planifica, no te maltrates pensando que no saldrá bien… Sigue trabajando en ti y en tu sueño, sigue sembrando, sigue cuidando de lo que siembras, sigue aprendiendo, sigue sumando, sigue aportando…

Lo que importa es cómo te sientes contigo y cómo te llamas cuando te buscas, qué nombres encuentras para susurrarte, qué momentos llenan tu vida… Que encuentres tu equilibrio, que sepas que estás en ese lugar desde el cual se construye, se crea, se sigue caminando motivado y apasionado por lo que amas.

Vive la belleza del momento en que notas que lo que haces es lo que eres. Que estás en tu camino y ocupas tu lugar en el mundo.

Hazlo perfecto sin buscar la perfección, sino soñando la excelencia… Si sufrir por no llegar sino con la ilusión del que sabe que llega y del que no tiene que preocuparse por la nota final.

Hazlo con ganas sin tener que esforzarte porque te gusta tanto que te sale solo…

Porque lo amas tanto que lo harías gratis, pero es tan maravilloso que mereces recibir lo mejor a cambio.

Hazlo porque asumes que es tu misión, pero sabes que puedes elegir.

Por responsabilidad con tu vida, con las personas que te rodean, por los sueños que te zarandean y consiguen que hagas imposibles…

Hazlo porque no eres capaz de resignarte a no ser tu mejor versión y ceder al miedo.

Porque te sale el talento por los poros y no puedes más que ponerlo a circular y trabajar para que crezca y pueda ser compartido.

Descúbrete , asúmete, nótate… Hazlo porque ya no hay vuelta atrás. Porque llegado a este punto, te das cuenta de que ya puedes fingir que no ves o que no sabes, que no sientes. Porque ya estás comprometido contigo y con esa forma nueva de ver lo que te rodea.

Y si te dejas llevar por la pasión y te dedicas a hacer lo que realmente amas es inevitable que vayas a triunfar.

Planifica desde el corazón, sintiendo cada paso. No te fuerces pero no te pares…

Es inevitable que funcione porque todas tus fibras están en sintonía.

Es inevitable que salga bien porque confías en ti…

Es inevitable que tengas éxito porque ahora sabes quién eres de verdad y has sellado tu compromiso.


23 comentarios

Quiero quererte


mujer-espejo-espalda

Lo reconozco, no te he querido siempre…No como necesitabas y soñabas…

No quiero hacerte daño, pero durante mucho tiempo cuando me mirabas, no veía nada en ti que me atrajera lo más mínimo. No pensaba que fueras hermosa y no temía perderte porque no creía que le fueras a gustar a nadie…

Suena mal, perdona, mi sinceridad es fruto de la necesidad de dejarte claro que eso ha cambiado… Tal vez porque he crecido y me he dado cuenta de que el amor es respeto, confianza y que los más dulces versos se escriben con abrazos y palabras honestas…

No te quise. Hiciste tantos méritos para ser amada que casi me dolía rechazarte día tras día… Te menosprecié y te escondí porque no quería que te vieran…

Me avergoncé de ti, lo siento, con toda el alma… Huí de tus súplicas de consideración y tus ganas de compañía… Si pudiera volver atrás y mostrarte al mundo con ganas, lo haría, pero el tiempo no se recupera, sólo se recupera la dignidad y el sentido común si se ha tenido y yo no lo tuve, está claro.

Te fallé. Te fallé cuando más me necesitabas. Cuando eras aún una niña y te negué y escondí de miradas ajenas porque te despreciaba.

Nunca fuiste suficientemente hermosa, ni ágil, ni vi nada especial en ti que me hiciera tener esperanza de amarte…

Soñé mil veces que eras otra. Que el mundo daba la vuelta y cambiabas. Que cambiaban el molde con que te hicieron y esta vez, acertaban.

Negué tus fortalezas y las convertí en debilidades a golpe de insulto.

Te dediqué mil palabras terribles.

Te miré con ojos de rabia.

Te traté como nadie merece ser tratado…

Aunque seguías ahí, intentando mostrarte y seguir. Insistente y tenaz. Con tantas ganas de ganar que eras capaz de apostar hasta donde el corazón se desdibuja…

Con tus versos ocultos y tus poemas de amor a personas a quiénes jamás te atreverías a soñar que amabas…

Con tus miradas incisivas, tus risas diminutas, tus pies pequeños, tu necesidad inmensa de encajar y gustar…

Admiro tu insistencia, tu impaciencia, tu imprudencia loca por creer que podrías… Tu confianza en un mundo que te ha dado patadas hasta donde nunca te atreverás a nombrar…

Tu capacidad de levantarte y haber aprendido a caer con tanta gracia que lo has convertido en arte.

Aprecio que desnudes tu alma para contar a otros cómo caes para que sepan que no están solos.

Amo tu mirada capaz de ver belleza en los rincones sucios y las personas sencillas…

Amo tu capacidad de conectar…

Y tras siglos de negarte la vida, colarte en el fondo de mi equipaje y encerrarte en el armario de mi historia… Ahora te miro y te quiero querer.

Noto tus venas ardientes, tu espíritu libre, tu capacidad de crecer ante la adversidad… La canción sorda de tu labios cansados de suplicar, que ahora susurran seguros canciones de amor.

Y te quiero, te busco para que me cuentes historias… Para saber más de ti y aprender… Para dejar de cerrarme las puertas de tu mundo…

Te quiero conocer y encontrarme en tus esquinas oscuras, en tus aristas cortantes, en tus miradas rotas de lágrimas salvajes,  en los alfileres que te sujetan al cielo y te ayudan a volar…

Amo tu vuelo corto y tu paso nervioso.

Amo tu camino incierto y tu necesidad de amar.

Amo tus palabras y tus sonrisas desdibujadas en las fotografías, porque aún no te acabas de gustar…

Amo tus fibras agotadas y siempre alerta y tus miedos eternos. Tus sueños gigantes y esa forma que tienes de imaginar que el mundo es mejor de lo que se ve en realidad.

Quiero quererte y que me perdones por no haber sabido ser tú.

Por hacerte tan difícil esto de amarse y haberte puesto la zancadilla cada día de tu vida…

Por haberte ocultado y negado sin medida…

Por no haberme dado cuenta de lo hermoso que es ser tú y habitar tu alma… Y poder mirar a los demás de igual a igual…

Por no haber apreciado lo hermoso que es vivir en tu cuerpo y ver la vida a través de tus pupilas.

Quiero quererte porque necesito este amor para seguir adelante y aprender a amar todavía… Porque nadie es amado si no se ama como merece…

Porque nadie llega a la luna si no se ama… y yo quiero volar.


18 comentarios

¿De qué va la vida?


Creo que lo he entendido.

Esto va de sonreír aunque duela. De casi fingir que es hasta que sea… De cerrar la puerta al pasado y sólo dejar pasar lo aprendido, lo intuido y lo soñado si aún te conmueve.

Va de saltar al vacío y confiar. De apurar el día hasta que llega el momento de apurar la noche… De mirar siempre a los ojos y afrontar el reto…. De destruir todos tus escondites para cuando el miedo te tiente a retroceder y no dar la cara.

Va de descubrir que el único refugio eres tú mismo.

En el fondo lo sabía, supongo…

Hasta que no te des cuenta de que mereces que te traten bien, aparecen en tu camino mil personas que te tratan mal…  Repites la prueba, una y otra vez, hasta que la pasas, hasta que levantas la cabeza y dices basta y percibes tu valor.

Esto va de derribar muros, de tender manos. Va de abrazos y de palabras, de escuchar y mutar de piel cuando escuchas y ocupar zapatos ajenos para poder contemplar el mundo de mil formas.

Va de aprender cuando debes ser un camaleón y cuando mostrar el brillo de tus alas.

Va de desaprenderlo todo y quedarte con lo que te reconforta y lo que te reta a seguir…

Ya lo veo, ahora me doy cuenta.

Es cuando dejas de ocultarte de la sombra que sale el sol.

Cuando lo sueltas es cuando lo alcanzas…

Cuando dejas de necesitarlo,  aparece. Viene a ti, lo ves y lo notas. Sólo lo alcanzas cuando tienes claro que siempre te ha pertenecido… Si es que algo nos pertenece aunque sea un rato…

Esto va de bailar imaginando la música y caminar dibujando el camino.

Sólo cuando decides que vas a aflojar tu exigencia, cuando vas a aceptar tu imperfección maravillosa, cuando vas amar al mundo tal como es… Entonces desaparecen las ataduras, las pesadas corazas, la hormas rígidas a las que amoldarse…

Esto va de ver tan claros tus sueños que se conviertan el realidades. De darle la vuelta a todo y aferrarse a lo bueno para eternizarlo, para que se te quede tan dentro que ya nunca puedas perderlo… Va de perder para poder descubrir qué te queda, qué buscas, qué necesitas.

Sólo cuando te da igual el premio, eres capaz de ganar la carrera llegando el último.

Si dejas de perseguir lo efímero, empiezas a ver lo sustancial, lo esencial.

Esto va de atesorar tus fracasos y tropezar mucho hasta darte cuenta de que no se trata de no cometer errores sino de entenderlos, abrazarlos, amarlos.

Y a medida que caminas, amas cada paso. Porque esto llamado vida va de andar, aunque no se vea el final o lo que buscas te quede muy lejos.

Porque consiste más en encontrar que en buscar.

Sólo cuando cierras esas puertas a las que estás amarrado, se abre el techo y pasas al siguiente nivel.

Esto a de levantarse y topar con una cara amarga y reírse.

Va de acordarse de cada beso y cada arañazo. De nadar entre tiburones y sembrar entre plantas carnívoras… Y reírse, otra vez, con más intensidad.

Que no te importe si no les importas. Que te moleste si no te ven o no quieren verte.

Va de caer y alzarse a tientas… De cantar para espantar los males…

Porque es cuando empiezas a fluir que todo parece más fácil…

Esto va de llorar para vaciarse de miserias… Y reírse, hasta que se oiga al otro lado de tu conciencia esa risa pegajosa y sepas que puedes.

Cuando renuncias a lo que te limita, eres capaz de crecer, de evolucionar, de aumentar de tamaño.

Esto va de besar y seguir remando cuando las olas te escupen rabia en tu cara y el viento zarandea tu barca hasta que pierdes en sentido. Y de saber cuándo dejar de remar y dejar que el viento te lleve…

Va de quemar naves para estar obligado a quedarse en tu vida para cambiarla si no te gusta.

De vencer  sin pelear, con palabras y conciencia, de  llevar la contraria cuando nadie más se atreve. Va de ser tú mismo hasta las últimas consecuencias… Sin sufrir, sin amargar, sin sujetarse al dolor y quedarse atrapado en él.

Esto va de rodearte de personas  que hacen magia. Que te guían para que veas tus errores pero que nunca  te permiten morar en ellos…

Esto va de amar.

risa-invierno


29 comentarios

Escribo para que sepas que no hay nadie como tú


mano-mujer-campo

No escribo para que te enamores de mí ni de nadie.

Escribo para que te enamores de ti mismo.

Lo hago para que dejes de pisar con miedo y empieces a llevar tus zapatos. Para que cuando vayas por la calle y te sorprendas con algunas miradas que se cruzan con la tuya, sepas que es por tu belleza… La que transpiras, la que compartes, la que irradias e invade todo lo que está cerca. La que siempre permanece.

Para que mires al mundo con los ojos de un niño que juega a conocer y comprender, con esas ganas inmensas de descubrir, sabiendo que nada le es ajeno ni lejano… Pensando que nada le está vetado ni prohibido. Para que te rías de todo y nada ni nadie te robe el aliento.

Escribo sobre ti porque te veo caminar y me doy cuenta de que no te has dado cuenta…

De que eres maravillosa.

De que dentro de ti hay mucha magia.

De que eres fantástico y lo impregnas todo con esa fantasía.

Te miro y veo tanta belleza desperdiciada sin salir de dentro por temor que no puedo soportar que no la compartas… Porque quiero verla, vivirla, notarla, percibir como se filtra por las rendijas de un mundo agrietado que busca personas como tú, con las barreras saltadas y los moldes rotos. Con la piel surcada, el alma revuelta… El viento en contra y las ganas cansadas pero intactas.

Te miro y lamento que no sepas que eres extraordinario, porque el mundo necesita de personas extraordinarias que se levanten y digan que pueden, que lo harán, que no importa si se cansan o les duele… Porque cuentan con su mejor aliado, ellas mismas.

Un mundo que llora porque no sabe aún que es inmenso, enorme, grandioso.

Te escribo porque quiero que te encuentres. Porque veo que te buscas pero a veces lo haces en rincones equivocados y te pones la máscara para que no se note que lloras.

Porque quiero que te veas a través de mis ojos y sonrías de felicidad al topar con esa imagen fascinante.

Porque amo cada una de tus rarezas como tú aún no las amas…

Porque soy tan rara como tú, pero hace tiempo que aprendí a sacarle punta a los desastres y convertirlos en fiestas improvisadas, aunque cuesta… Porque envolví mis defectos en papel brillante y me convencí a mí misma que eran el mejor regalo para aprender a vivir…

Escribo porque sé que al final lo verás. Tardarás dos días, dos minutos o dos décadas, pero un día, tal vez por una frase en un libro, un abrazo perdido  o una mirada en la calle, despertarás a ti mismo y te verás con los ojos del tiempo.

El tiempo hace que todo se impregne de magia…

Y te mirarás al espejo y verás que lo que emana de ti no se puntúa, ni se pesa, ni se mide, ni se califica… Verás que lo importa son las raíces, los pilares sólidos que soportan ese cuerpo que te ayuda cada día a vivir, sin que apenas sepas cómo…

Que cada día vences en mil batallas que no celebras y creas mil sueños que aún no persigues…

Que todavía no has llegado a tu tamaño real y aún miras a tus problemas y los ves enormes.

Que todavía compites con otros para destacar cuando no te hace falta porque ya eres único.

Que lo que buscas, ya lo tienes… Te viene de serie, con la risa y las ganas de abrazo, pero aún no has aprendido a usarlo porque no crees en ti, como creo yo.

Te escribo con la esperanza de que mis palabras te calen dentro y te zarandeen, para que despierten ese ser extraordinario que está dormido esperando una señal. Para decirte que la señal eres tú. Que no importa lo que pasa ni lo que dicen… Que la vida te cambia el vestido, te deja sin techo y te arranca los recuerdos, pero nunca te despoja de ti mismo… Escribo para despertar a la bestia y pedirle que ruja, que corra, que baile… Porque hay más en ti de lo que crees, de lo que sueñas, de lo que esperas.

Escribo porque no soporto que ignores tu valor. Porque noto que el milagro que esperas es posible… Porque tú eres el milagro.

Porque no eres la consecuencia de nada, eres la causa de todo. Porque eres sorprendente y merece la pena que explores tus diferencias y hurgues en tus miedos más oscuros…

Te escribo para que sepas que no hay nadie como tú…

 


16 comentarios

El tiempo perdido


charco

He perdido tanto tiempo sin amarme… Sin sentirme, sin despojarme de historias desgastadas y miedos infantiles. Sin mudar la piel donde llevaba escrito el fracaso y el ridículo, sin borrar la mueca triste de no haberme atrevido a existir sin excusarme todo…

He perdido alma buscando mi alma.

He malogrado sueños creyendo que mis sueños eran grandes para mí.

He desperdiciado un siglo escuchando a cobardes que no se atrevían ni siquiera a acercarse al quicio de la puerta y me pedían que no saliera al mundo… Porque allí hace frío y nunca sabes qué puede pasar.

He malgastado horas imaginando tragedias y recordando palabras crueles… He ocupado mi cabeza con pensamientos tristes en lugar de dejar entrar el sol y respirar.

He perdido lágrimas de alegría porque me había vaciado llorando de pena por algo que no podía remediar.

He sido el pez y la caña y un poco el mar.

He descuidado la vida la noche pensando en cómo sería el alba… Me he perdido el alba preocupada por el mediodía.

He almacenado tempestades en mi pecho que nunca pude soltar que a veces me han convertido en una marioneta frágil, una muñeca cansada que no sabía decidir.

He quemado esperanzas porque no supe verlas entre la maraña de escombros de mi ego dolido y mi miedo gigante.

He perdido oportunidades porque cuando pasaban por mi lado y me saludaban con la mano yo miraba al suelo y me lamentaba por mis miserias.

He salpicado con mi dolor a los que venían a regalarme un abrazo.

He sido el reloj y he sido el tiempo y la loca que corre porque se le escapa un tren que no desea alcanzar.

He sido tan impaciente que me devoré a mí misma y no me encontré cuando más me necesitaba.

He perdido mi esencia intentando ser otra persona para contentar a un mundo que ni siquiera me miraba. He tenido que volver tras de mí cuando me he dado cuenta de que aquel yo perdido era un tesoro a recuperar.

He cambiado consuelo por malas caras y un poco de amor por un rabia inmensa que no podía calmar.

Mi alma guerrera se ha saciado de ofensas imaginarias porque cualquier mirada fondeaba en mi susceptibilidad.

He desaprovechado mucho tiempo pensando que lo haría y no lo he hecho nunca.

He pasado horas culpándome por no haberlo hecho…

He sido el viento y las hojas, el árbol y las raíces… He sido el camino y el caminante y cada uno de los pasos que le quedaban por dar.

He pisado tantas risas con malos agüeros y he cubierto con mis agrias ironías momentos de pánico y soledad.

He perdido sin honra y he ganado sin sentido.

He suplicado sin fe y pedido compromiso sin confiar…

He dejado que la pasión me rompiera las alas y me dejara tan loca que nunca más podría volar.

Aunque, he soñado sin medida y me he vuelto loca al amar.

He regalado tiempo cuando no tenía tiempo.

He ganado carreras perdidas y he encontrado palabras de consuelo.

He subido montañas interminables y he saltado al vacío sin más red que mis ganas ni más certeza que mi fe.

He sido la noche y el día. El bostezo y el ansia por acabar.

He regalado mis besos y he recuperado mis facciones de niña al recordar.

Porque después de imaginar tragedias, supe construir sueños.

Porque después de marchar deshice el camino y volví sobre mis pasos para volver a empezar.

He perdonado a la niña que no supo ver que había esperanza.

He abrazado a la mujer que culpaba a la niña por no ser perfecta.

He escrito mil historias para que muchas personas fueran felices.

He sido feliz con su felicidad.

He sido un mar de dudas y un océano de caricias.

He fallado mil veces y mil veces he suplicado encontrar la moraleja y aprender de mis pasos dudosos.

He sido el escondite y la niña que juega e imagina que nunca la encontrarán.

A veces, he sido mi peor versión pero siempre me he dado cuenta para rectificar.

He roto todos mis recuerdos amargos en mil pedazos y para volverlos a juntar he usado el pegamento de la risa y la voluntad…

Me he reído de mis misma tanto que casi podría llorar…

He juntado palabras hasta reventar y perder su sentido.

He sido uno de esos cantos de río que se lanzan para ver como hacen círculos en el agua… He sido el agua… Y una de esas monedas que tiras a la fuente para pedir un deseo. He sido también el deseo…

Un día de lluvia intensa y un rayo de sol que entra por el quicio de la puerta e ilumina una pequeña habitación donde las fotos están amarillentas.

A veces, el tiempo perdido se te queda atrapado en la garganta y no te deja gritar…

Lo he sido un poco todo y nada en mi afán de vivir y soñar.