merceroura

la rebelión de las palabras


5 comentarios

Y tú ¿Qué gafas llevas puestas?


glasses-3002608_640

Nada es personal. Nada.

El hater que te masacra en las redes no te odia a ti. Y aunque seguro que te molesta que lo diga, el que siempre te da like o te piropea, tampoco tiene que ver contigo. No digo que no le gustes, que no aportes valor o que no le seas útil, para nada me refiero a eso.  Lo que pasa es que cada vez tengo más claro que no vemos nada como realmente es. Suena raro ¿verdad? pero es que llevamos puestas unas gafas viejas que sólo nos dejan ver a través de nuestros filtros mentales. Vemos lo que somos. Vemos lo que esperamos ver. Vemos lo que nos molesta y lo que nos asusta. Cuando estamos enfadados vemos un mundo injusto y cruel. Cuando estamos contentos, encontramos a esa vecina que tiene un tono de voz que nos exaspera y nos damos cuenta de que hoy no nos chirría tanto. Ella es la misma, pero nosotros no. Lo peor de todo creo que no es llevar puestas las gafas, es ir por la vida sin saber que las llevas. Sin tomar consciencia de la distorsión con la que lo percibes todo. 

Quiero que quede claro que el hecho de que nosotros llevemos puestas unas gafas graduadas según nuestras creencias, valores, pensamientos , hábitos y patrones de vida no significa que los demás no sean responsables de lo que hacen o dicen. En absoluto. Ni que este mundo no tenga rincones oscuros y terribles. No digo eso. Si embargo, nuestra capacidad para entrenar la mente y reconocer lo que sentimos y gestionarlo, nos puede ayudar a sobrellevar situaciones duras y poner nuestra atención en aquello maravilloso que hay en nuestra vida.

Creo que hay un antes y un después en nuestra experiencia vital cuando nos damos cuenta de que miramos a través de esas gafas. Cuando tomamos consciencia de que tal vez otra persona en nuestra situación no se sentiría de la misma forma. Que estamos proyectando nuestro miedo, nuestra frustración y nuestra ansiedad por el futuro en otros y en cada detalle que vivimos. La vida es un espejo. Nos devuelve lo que proyectamos en él. A veces por exceso y otras por defecto, a veces lo contrario y otras más de lo mismo. Sé que esto duele, lo sé. Cuando lo oí la primera vez, la guerrera que vive en mis entrañas quería aullar y gritarle a la persona que me lo dijo. Ahora aceptarlo me trae mucha paz. Miro lo que me dice el espejo y me comprendo a mí misma. Doy las gracias por ese valioso material que la vida me ofrece.

Cuando alguien intenta ofenderme y lo consigue, una parte de mí quiere reaccionar todavía y contestarle agresivamente. Es mi guerrera, la que a veces pierde lo que ama por querer tener la razón y pelear batallas sin sentido.  Sin embargo, mi exploradora, la persona que ya sabe que no necesita demostrar nada a nadie, la que ya se valora y ama sin condiciones, piensa “¿me duele? pues vamos a usarlo para aprender, para seguir creciendo, para saber qué tengo que reconocer y aceptar todavía. El espejo es un instrumento de perdón, sobre todo hacia uno mismo. 

 Si alguien te llama tonto no habla de ti, habla de sí mismo. Está proyectando su necesidad de quedar por encima o su rabia, tal vez.

Si alguien te llama tonto y te ofende y molesta, (no me refiero a que tenga que gustarte, hablo de que pasen unas horas y sigas pensando en ello), habla de él mismo, por supuesto, pero también habla de ti. Te dice que todavía te crees esa barbaridad. Que en algún lugar de tu mente, aunque sea de forma inconsciente, no te valoras todavía suficiente y te crees a cualquiera que te ponga en duda. 

Parece una ofensa, pero es un “regalo maravilloso para sigas mirando en ti y borres esa idea absurda”, como diría mi compañero y amigo Juan Pedro Sánchez, una de las personas que conozco que más saben de felicidad en la empresa y de liderazgo. Esta situación es una oportunidad para que te des cuenta de que confundes tal vez el hecho de que cuando eras niño o niña no eras el mejor en matemáticas con el hecho de ser tonto. Es un buen momento para descubrir tu talento y ponerte en valor. Para prestar atención a tus fortalezas y aceptar tus debilidades como algo que usar para seguir adelante y aprender.  Un buen momento para reconciliarte contigo y hacer las paces. 

Y claro, si esa persona te trata mal, pon límites. Y si no es capaz de asumirlos, que no esté en tu vida.  Es responsable de su intento de ofensa, pero lo que ella diga o piense, escapa de nuestro control. Lo que sí podemos hacer es usarlo para salir fortalecidos.

Para trabajar en ti hay un paso previo que es aceptar. La aceptación no es resignación, todo lo contrario, es transformación. Aceptar no significa que la situación que vivimos nos guste o no intentemos cambiarla si está en nuestra mano, significa que aprendemos a adaptarnos mientras no cambia y la vivimos desde la calma. Sin poner el foco solo en lo negativo.  Aceptar es darte cuenta de que puedes vivir en paz lo que te pasa sin que cambie, aunque no te guste.

Vamos por la vida con nuestras gafas puestas. Las gafas son como esa mochila pesada de situaciones dolorosas y creencias que cargamos. A medida que soltamos las piedras pesadas que llevamos dentro, nuestra visión es más clara, más abierta. ¿No te ha pasado que la vivir una situación dura te das cuenta de que si te hubiera sucedido hace años no hubieras podido soportarlo? la situación es la misma, pero tú no.

Lo que nos ayuda a afrontar cada situación es la valoración que tenemos de nosotros mismos. Si me siento capaz y me valoro creo que tendré herramientas para superarlo y en la inmensa mayoría de ocasiones veo el presente menos oscuro. Lo que me lleva a decirte que si te amas a ti mismo y te reconoces, afrontas la vida de otro modo. Confías en ti y en tu capacidad y me atrevería a decir que confías incluso en la vida. No miras las cartas que te dan en la partida sino cómo vas a jugar con ellas.

Ya sé que suena duro, pero es como si la situación fuera algo mucho más neutro de lo que pensamos y dependiendo de cómo la miráramos la decantáramos para un lado y otro. Como si la vida fuera una arcilla maleable a la espera de que le diéramos forma con nuestros pensamientos y acciones. Si te valoras a ti mismo, te consideras un buen alfarero o, como mínimo, confías más en ti y te abres a aprender y explorar.

Recuerdo una vez, discutiendo con una compañera de trabajo. Lo admito, ella me sacaba de quicio. Se puso (siempre según mis gafas) muy impertinente y desagradable. Yo no tenía un buen día. Mi padre estaba en el hospital y no estaba cómoda en ese trabajo. Recuerdo que cuando escuchaba su retahíla de comentarios ofensivos (en el fondo una petición de socorro porque tenía mucho trabajo y se sentía menospreciada y sola y lo volcaba en mí)  y yo intentaba no reaccionar a la defensiva y gestionarlo, sonó el teléfono. Algo que llevaba tiempo intentando había salido bien. Una buena noticia. Me sentí pletórica. Cuando colgué el teléfono y miré a mi compañera, ya no era la misma. Una sensación de compasión inmensa me inundaba. De repente, nada de lo que me decía podía afectarme porque yo volvía confiar en mí. Eso me decía dos cosas, la primera que mi valoración de mí misma no puede partir de una llamada o una buena noticia… ¡Tiene que ser buena siempre! La segunda, que el problema  no era ella sino yo. A ella no puedo cambiarla para tener paz, a mí sí. 

Cuando yo cambié, ella cambió y sus ofensas dejaron de arañarme. Le dije que comprendía su situación y sus problemas, que si quería podía echarle una mano, pero que no volviera hablarme en ese tono porque ambas nos merecemos respeto. No me tragué nada, pero se lo dije como alguien no ofendido. No volvió a pasar.

En la inmensa mayoría de las ocasiones no estamos enfadados por lo que creemos estar enfadados, Piénsalo. No te molesta que tu compañera de trabajo en la que no confías ni te conoce te llame estúpida o algo peor. No te molesta. No digo que sea agradable ni que tengas que aguantarlo, pero no es por eso. Eso es como la gota que colma el vaso. En realidad, estás enfadado porque la vida no es como tú crees que debería y no te pasa lo que quieres que te pase. Porque te esfuerzas mucho y no consigues resultados y otras personas que no luchan tanto como tú sí. Estás enfadado porque das mucho y crees que recibes poco. Porque cree que nadie te ama. Porque te miras al espejo y no te gustas… Estás enfadado con la vida porque no sabes quién eres y no te amas, no te valoras, no confías en ti. Y cuando alguien hace o dice algo desagradable, te lo recuerda o lo pone en evidencia.

girl-2619983_640 (1)

No podemos esperar a que el mundo nos valore para valorarnos. De hecho, no podemos esperar nada de ese mundo y hacer que nuestra felicidad dependa de ello. Podemos aceptarlo y amarlo y ver qué nos cuenta el espejo. Podemos elegir mirar con miedo o con amor. Sentir ese miedo y saber que siempre nos acompaña pero no permitir que decida por nosotros. Decidir que no nos ofenden si no nos dejamos ofender porque lo que sentimos por nosotros mismos está por encima de todo. Y que ese amor que nos profesamos puede ayudar a otros a que sientan eso mismo.

¿Te imaginas trabajar en un lugar donde todo el mundo se valora a sí mismo y se siente valorado?

¿Te imaginas un mundo donde las personas se respetaran a sí mismas y respetaran a otros? El que se valora siempre valora a los demás porque no los ve como una amenaza sino como una oportunidad de seguir aprendiendo y sumar.

¿Imaginas un lugar en el que las personas se alegraran del éxito ajeno porque fueran capaces de ver el brillo en otros y además supieran que eso les recuerda que ellos también son capaces?

No se trata de verlo todo color de rosa y no ser consciente de la realidad, al contrario. Eso sería ignorancia. Se trata de conocer la situación, aceptar y ver cómo podemos darle la vuelta y aprender algo de ella… Darse cuenta de lo mucho ya tienes y agradecerlo y seguir adelante. 

A veces, cuando formamos en competencias y habilidades sociales e Inteligencia Emocional ofrecemos muchas técnicas y ejercicios para el día a día y eso es muy necesario. Sin embargo, creo que la motivación real siempre es intrínseca. siempre la crea uno mismo, siempre parte de ti.  Yo puedo motivarte y activar tus ganas dos o tres días pero el camino es tuyo y va hacia dentro. Por tanto, creo que lo mejor que puede hacer el formador o el maestro es acompañar en un cambio de percepción. Ofrecer herramientas para que los alumnos abran la mente y se planteen cosas jamás planteadas, para que experimenten y vayan más allá… Para que se den cuenta de una vez por todas que todo lo que nos pasa es una oportunidad para descubrir quiénes somos y qué tipo de persona deseamos ser. Para que se acepten, se valoren y reconozcan.

Alguien que se ama y se valora mejora el mundo siempre. Es un ejemplo con su forma de pensar, actuar y sentir. Justo ahí empieza la empatía y la capacidad de ponerse en la piel de otro, cuando estamos en coherencia con nosotros mismos y hemos hecho un trabajo interior gestionando emociones y comprendiendo que, en realidad, nos pasamos la vida proyectando. 

Alguien que se ama siempre suma y comparte porque su autoestima hace que vea el mundo con esperanza y no como un lugar donde quejarse y criticar.

A veces, la diferencia entre retroceder y dar una paso atrás para tomar carrerilla es sólo la percepción.  Porque todo está en la mente y la mente se puede entrenar para abrirse cada día un poco más o para cerrarse. 

No te preocupes, nada es personal, nada. En realidad, el hater se odia a sí mismo y el admirador ve en ti aquello que anhela ser y todavía no ha intentado poner en práctica porque tiene miedo.

Nada es personal si no queremos que sea personal. A veces, lo único que necesitamos para cambiar son las gafas. Y todo empieza por darse cuenta de que  las llevas puestas y vaciar la mochila, que pesa mucho…

Nota importante : que quede claro que usar las situaciones  de la vida y las relaciones para darnos cuenta de nuestras creencias y programación interior para crecer no exime a los demás de su responsabilidad ni nos culpa de nada. Si las personas no nos tratan bien no debemos permitirlo ni estar con ellas.  Todos somos responsables de nuestros actos. Merecemos lo mejor y eso empieza con el autocuidado y la autoestima. 


1 comentario

La vida que mereces


long-1245787_640 (1)

Puedes con todo… Lo que dependa de ti y sólo eso, nada más. Seamos precisos.

Puedes con todo… Si así lo deseas, sin que se te imponga o sea fruto de chantaje.

Puedes con todo… Mientras hacerlo no te rompa, no te corte, no te desgaste, no te arañe, no te mate. Porque si no, o decides no poder o cambias tu forma de hacerlo y vivirlo hasta que no duela, no amargue, no rasgue, no te recorte.

Puedes con todo… Si encaja en tu vida, si se alinea a tus valores y crees que está en tu camino. Y si te desvía de él que sea por elección propia, que sea porque te llena, porque te permite abrirte y experimentar, que sea porque te apetece y decides romper tus reglas y probar algo distinto.

Puedes con todo, eso dicen una y otra vez en todas partes y sin parar, pero nadie te lo ha preguntado ni se ha imaginado tu vida mientras lo haces, lo vives, lo sientes, lo arrastras… ¿Lo has pensado tú?

Puedes con todo porque tienes la fuerza, pero no significa que debas usarla para demostrar nada a nadie, para aparentar ni llegar a un baremo o marcador que otros decidan y tú les dejes imponerte… Que puedas no significa que debas, que tengas que… 

Puedes con todo, dentro de un límite, con un margen, con un sentido, con un cupo de ganas y un mínimo de risas, de alegrías, de satisfacciones. No de golpe, no todo al mismo tiempo, no sin freno. 

Puedes con todo o no… No hace falta ahora, ni hoy, sin obligación ni culpa. Porque puedes equivocarte y fallar y no dar a basto y delegar y dejar para luego o para nunca o para que lo haga otro que mientras tú haces mira la luna para que tú puedas mirar un rato la luna también… Y la puesta de sol y los mensajes del móvil y pasear y bailar y también no hacer nada que es hacer algo muy valioso porque te permite estar contigo… 

Puedes con todo porque tienes la capacidad de salir de mil situaciones complicadas, pero no hace falta que lo hagas sola, ni que te subas el listón, ni que te exijas cada día más sin parar esta espiral que no termina nunca y siempre pide más y más… Puedes con todo pero no al mismo tiempo y sin tregua… El éxito no es llegar a toda costa, es caminar en paz.

Puedes con todo a veces, pero no hace falta. El mundo no va a dejar de girar si lo sueltas y dejas de sujetarlo un rato sin estar pendiente de todo, si descansas y desistes de la idea de ser siempre un 10 en todo lo que haces, si quedan cosas por hacer que hoy no terminas, ni mañana… Si bajas un poco listón hoy porque el cuerpo no da para más.  No temas perder ni quedarte a medias.  Puedes abandonar digan lo que digan, no les hagas caso. Abandonar a tiempo una meta que te está destruyendo es un acto de amor incondicional a uno mismo, de sabiduría máxima, de gran estrategia. Ser amable con uno mismo y dejar de presionarse es un acto de valentía en un mundo que cada día te da razones para pensar que sólo vales lo que produces, lo que tienes, lo que consigues. 

Puedes con todo pero lo que realmente importa es que puedas estar en ti, vivir cada momento, notar que eres coherente contigo… Porque eres un ser valioso que no se mide por lo que hace o abarca, que no tiene que subir a una cima para demostrar que sube cimas ni perderse arriba y abajo de una escalera interminable para satisfacer a nadie… Sé flexible contigo, revisa tus creencias y tus dogmas, mima lo que eres, cuídate para estar bien, no para rendir más. No eres una máquina de producir, eres un ser humano. Abraza la incertidumbre y suelta esa necesidad de controlarlo todo para mostrarte perfecto. 

Puedes con todo, pero haz realmente lo que te dé la gana, lo que puedas asumir ahora sin romperte en mil pedazos ni tener que decirle al  mundo que puedes con todo… 

Puedes con todo o no… No pasa nada… Yo tampoco… Dejémonos de vivir a través de frases ñoñas y absurdas y seamos nosotros mismos de una vez y vivamos sin esperar que nos acepten, que nos aprueben, que nos den el visto bueno o esperando encajar en un modelo que no se nos ajusta.

¿Puedes con todo? ¿De verdad? Piensa en ello, siente por un momento esa pesada carga y decide soltarla porque no es real… Y si no puedes, qué más da… ¿Es necesario? ¿Es lo que quieres? ¿Es eso realmente lo que deseas en tu vida? ¿Esta es la vida que deseas? ¿Es la vida que mereces?

 

Gracias por estar aquí conmigo y leer mis palabras. Espero que te sea útil para seguir en este camino apasionante y complicado. La verdad es que no es fácil conocerse, respetarse y amarse a uno mismo como merecemos… A mí me ha costado mucho, mucho.

Si quieres saber más de este maravilloso trabajo de autoestima, te invito a leer mi libro

“Manual de autoestima para mujeres guerreras” un libro para que dejes de pelear por todo y empieces a sentir que las cosas puede fluir.

Disponible aquí 

amazon llibre merce amazon

AMARSE ES UN REGALO PARA TI MISMO, UN FIN Y NO UN MEDIO, UN LUGAR EN EL QUE TE SIENTES COMPLETO Y A SALVO.

Acompaño a personas y organizaciones a a desarrollar su #InteligenciaEmocional con formación, conferencias y #coaching

Escritora y apasionada de las #palabras

Más información sobre mí y sobre mis servicios en www.merceroura.es

 

 


Deja un comentario

No lo intentes más


edge-3528319_640

A veces nos creemos muy valientes porque vamos por la vida plantando cara a las adversidades y sacándole el aprendizaje a todo. Porque cuando otros desisten, nosotros persistimos. Porque aportamos un poco más cuando todo el mundo ya acaba y se va a casa… Porque defendemos nuestras ideas cuando los demás bajan la cabeza… Porque sabemos lo que queremos y parece que nada ni nadie nos arruga. Y eso es genial, pero es al fin y cabo una lucha en círculo que topa siempre con las mismas paredes.Tener que estar siempre peleando por demostrar y por seguir. Estar siempre forzando la máquina para salir del redil y no formar parte del rebaño pero sin dejar el rebaño porque nos definimos a través de él intentando no ser como él, jugando a las normas establecidas dentro de él… Sintiéndonos juzgados por no pertenecer a él.

Una vez me dijo una persona muy sabia que yo era una “cobarde muy valiente” porque me peleaba con quien fuera por defender mis valores, pero que al mero hecho de creer que tengo que defenderlos me convertía en sumisa… Desde el momento en que casi pedía disculpas por ser distinta y demostrar mi valor a pesar de mis diferencias ya estaba diciéndole al mundo que me perdonara por no ser como debo, por no responder a sus cánones y ya estaba pidiendo que me mirara con otros ojos y suplicando clemencia… Estaba  pidiendo permiso para volver al redil.

Cuando nos pasamos la vida luchando por defendernos, estamos decretando que somos atacables… Estamos jugando al juego de aquellos a los que no queremos parecernos, estamos decidiendo que seguimos sus normas en lugar de soltar la necesidad de ser como ellos deciden, de vivir según sus reglas. De dejar de explicar continuamente porque no queremos lo que ellos quieren y no nos resignamos a lo que ellos se resignan…

No te excuses. No pidas permiso para ser tú. No expliques tu “para qué” pidiendo perdón por no buscar lo que ellos buscan y porque no te llena aquello con lo que ellos tapan su vacío… No pidas piedad por querer ir más allá, no esperes que te acepten, sencillamente acéptate a ti mismo como eres y libérate de la necesidad de ir por la vida intentando que te entiendan, que te miren, que te vean, que se apiaden de tus ganas y tu fuerza y te den el visto bueno… Suelta la necesidad de que te integren en su círculo y mira en ti lo que la ha creado… Comprende qué hay en ti que te hace creer que necesitas que te necesiten, que busca que te acepten y valoren, que quiere que le dejen formar parte de su club… Descubre para qué quieres que te reconozcan y mírate en su espejo para ser consciente de que estás esperando su aprobación porque no tienes la tuya.. Que luchas para defenderte porque crees que eres digno de ser atacado y que te asusta tu vulnerabilidad…

Deja de buscar la palmadita en la espalda y que te digan que has hecho suficiente, que ya eres perfecto para ellos y sé perfecto para ti.

Date cuenta de que la verdadera valentía es no entrar en su juego, es no tener que demostrarles nada, no caer en sus redes que nacen de las redes que has tejido tú para que te acepten… Tu miedo a no encajar les ha hecho grandes ante ti. Tú mismo alimentas la necesidad de que te den el visto bueno porque no te lo das tú mismo esperando encajar en su mundo.

Abraza eso que sientes ahora. Tu miedo a no ser como crees que quieren que seas… Tu culpa sinsentido por ser diferente en un mundo que te pide que apuestes por ti pero luego te dice que te pongas un uniforme y no salgas de la fila. Siente tu necesidad de amarte y respetarte por encima de todo, digan lo que digan… Búscate a ti y deja de mirarles a ellos buscando respuestas, esperando que noten tu valor y te digan que sí… Date tú el sí que realmente necesitas.

Y no luches más por ser tú ni te excuses… Sé. Sólo eso. Confía en eso que eres. Descubre que no hay redil, no hay ovejas, no hay pastor. Que eso es su sueño y tú caminas a tu manera, que tú dibujas tu camino y pones tus normas. Porque cuando sabes de ti y conoces tu valor no necesitas mendigar que lo comprendan y lo vean, sencillamente lo compartes. Lo vives, lo expresas por cada uno de los poros de tu piel, lo impregnas… Que en el mundo que te rodea hay mucho por amar y mucho por aceptar y luego decidir que no te interesa. Que no tienes que pasar por el aro ni hacer cola para suplicar que te den algo que no va contigo, que no te define ni forma parte de lo que sueñas o necesitas realmente..

No esperes que otros te digan que vas bien, decide tú el camino. Puede que ellos no sepan orientarte porque no van a dónde tú vas y no buscan lo que tú buscas. 

No esperes que otros te acepten, sé tu propia inspiración. Ámate al máximo de tus posibilidades… Ámate poco a poco si hace falta, en los pequeños detalles, en los momentos difíciles y en los instantes más oscuros mientras intentas buscarte y no te encuentras porque todavía no te reconoces. 

No busques entre sus metas para encontrar tu meta, tú ya eres lo que buscas pero no te has dado cuenta porque estabas ocupado metiéndote en una horma que te va estrecha. 

Brilla desde lo que eres, como brilla una flor roja en un campo de flores blancas… Como brilla el faro solitario en la costa sacudido por las olas del mar sin más necesidad que orientas y ser luz…

Ser valiente no es solo defender tus ideas, es vivirlas hasta sus últimas consecuencias y hacer las renuncias necesarias para que lo que realmente eres encaje en tu vida.  Ser valiente es comprender que llega un día en que puedes dejar de defender tus diferencias y dedicarte a ser tú mismo. Que lo que toca, si así lo deseas, es potenciarlas y usarlas para marcar el camino, para inspirar a otras personas que también han decidido que no quieren ser ovejas y que rompen con la necesidad de pasarse la vida explicando o justificándose por qué no quieren formar parte del rebaño…

Deja de intentar que te comprendan y compréndete tú. No hay nada más valiente que aceptarse a uno mismo de forma radical en un mundo en el que muchos se pelean porque los demás respeten sus diferencias y les acepten a pesar de ellas.

Mientras sigas peleando para que entiendan que eres diferente, les estás dando coartada para seguir juzgándote por ello porque tú mismo te juzgas. Ellos están ahí porque les das poder y sigues sus creencias. Porque les alimentas esperando que te asuman y reconozcan. Mientras sigas defendiéndote por ser tú, en cierta forma, continuarás siendo ellos y mirándote con sus ojos. Crees que quedas al margen, pero sigues jugando su juego y creyendo en sus normas y esperas los mismos resultados que ellos esperan…

Tú no necesitas que te permitan vivir tal y como eres y te integren en sus vidas… Lo único que necesitas es dejar de pedir permiso y abrazar lo que eres absolutamente.

Deja de hacerte daño intentando encajar en un mundo en el que no cabes porque eres demasiado grande y maravilloso… Deja de luchar por ganarte un puesto que no deseas y de justificarte por no ser alguien que no eres.

 

Gracias por leerme. Espero que te sea útil para seguir en este camino apasionante y complicado. La verdad es que no es fácil conocerse, respetarse y amarse a uno mismo como merecemos… A mí me ha costado mucho, mucho. 

Si quieres saber más de este maravilloso trabajo de autoestima, te invito a leer mi libro

“Manual de autoestima para mujeres guerreras” un libro para que dejes de pelear por todo y empieces a sentir que las cosas puede fluir.

Disponible aquí 

amazon llibre merce amazon

AMARSE ES UN REGALO PARA TI MISMO, UN FIN Y NO UN MEDIO, UN LUGAR EN EL QUE TE SIENTES COMPLETO Y A SALVO.

GUÍA GRATIS : Por si quieres ir entrando en material, te ofrezco esta pequeña guía para empezar

7 pasos para mejorar tu autoestima, puedes descargarla aquí https://merceroura.es/lp-7-pasos-autoestima/ ¡completamente gratis!

Espero que te sea útil.

Acompaño a personas y organizaciones a a desarrollar su #InteligenciaEmocional con formación, conferencias y #coaching

Escritora y apasionada de las #palabras

Más información sobre mí y sobre mis servicios en www.merceroura.es

 

Gracias siempre por estar…