merceroura

la rebelión de las palabras


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Heridas


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A veces siento que me he cosido a mí misma. Como si fuera una muñeca de trapo remendada por todos los costados… Se me caía un ojo y lo cosí. Se me salía el relleno e hice un apaño. En ocasiones, el remiendo ha quedado perfecto, como nuevo. Otras veces, no he encontrado el mismo color o no he sabido reparar lo roto con la misma destreza con la que estaba hecho en un principio y ando por la vida con un ojo de cada color y algunas cicatrices. Soy un ser asimétrico y deshilachado, pero estoy aquí.

Durante mucho tiempo, me he mirado a mí misma y me he visto una muñeca rota, cuando en realidad era una muñeca que ha sabido curarse a sí misma, que ha encontrado la forma de seguir a pesar de los accidentes, los obstáculos y todas la veces que no ha sabido saltar y ha tropezado o ha caído. Cuando he mirado al espejo a esa muñeca, he sido a menudo incapaz de ver el valor de lo reconstruido, de lo remendado… He visto la torpeza y el dolor, el miedo a ser una muñeca usada y olvidada por no ser la muñeca más hermosa, por ser una muñeca cada vez más antigua… He visto las cicatrices sin darme cuenta de su extraordinaria belleza, de su valor, de la importancia que tiene para cualquier ser humano amar sus grietas y rincones más oscuros para poder así dejar que su luz salga al exterior…

A veces, me miraba y no me veía porque estaba demasiado ocupada ocultando mis heridas e imperfecciones… Tapándome con la máscara para que nadie viera que mi sonrisa era una mueca de dolor, de miedo, de soledad infinita… La soledad de alguien que hace tiempo decidió que estaba sola y nunca nadie iba a poder ayudarla, la soledad de alguien que renunció a la esperanza porque conservarla le hacía demasiado daño… De alguien que se cansó de esperar una mano amiga que nunca llegó… Ahora lo tengo claro, esa mano no podía llegar. No podía porque ella no permitía ayuda, porque había instalado la soledad muy dentro y había decidido que era responsable del mundo y de llevar su peso y su cargo… Nadie puede ayudar a alguien que se obsesiona con no ser ayudado y cuando lo hace, esa ayuda no llega o no se ve. Esa ayuda no podía llegar porque sus pensamientos habían decidido por ella que nunca llegaría… Y además, la vida siempre te pone a prueba y te deja solo para que entiendas que ya lo tienes todo, que en realidad nunca estás solo si te amas y confías… Pero para entenderlo tienes que aprender a mirar las cicatrices y ver en ellas un logro, un regalo, una muestra más de tu capacidad de crecer y adaptarte… Un destello de luz que descubre tu enorme poder para seguir a pesar de todo y descubrir que la esperanza no es algo que se espera, es algo que ya se tiene, que está en ti, que vive dentro de ti… Que no se trata de esperar en realidad, sino de vivir intensamente cada instante y dejar que llegue lo que llegue, porque no hay más remedio que estar a todas y darle la vuelta a las situaciones y encontrar el reverso suave de las hojas… Y construir con las piedras del camino, con los palos que te dan en la espalda, darle la vuelta a los sueños no cumplidos como si fueran calcetines y descubrir que en realidad son el primer paso a otros sueños mejores y más grandes… Convertir tus lágrimas en posavasos y tus miedos en catapultas… Darte cuenta de que todo tiene sentido, en realidad, que todo encaja pero que tu forma de verlo y percibirlo es la que te juega malas pasadas… Que el espejo sólo te muestra lo que te predispones a ver, a sentir, a ser… Y que lo que encuentras en el camino son en realidad tus pedazos por recomponer, pistas para descubrir qué te ocultas a ti mismo, qué no te atreves a decirte todavía y que es tan necesario para poder unir las piezas y sentirte tú, sentirte libre. El camino te cuenta historias para que tú escribas tu historia, para que tomes del pasado las lecciones y con ellas dibujes tu presente… Porque a veces las heridas son caminos que te llevan a ese lugar que buscas y que ya está en ti pero no puedes encontrar porque miras con dolor y con miedo… Sin presente no hay futuro. Por ello, no hay nada peor que tragarse este momento sin vivirlo esperando que el tiempo pase y todo cambie, sin notar la vida ni sentirla… Porque sólo llega el futuro que esperas si construyes el presente que con vida, con ganas, con alegría… Si miras y eres capaz de ver la belleza que hay en ti… La de verdad. 

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El otro día alguien le dijo a la muñeca zurcida algo maravilloso… “En realidad tus sueños ya se están cumpliendo, pero no lo ves porque no confías, porque esperas.”

Y es cierto, el error es el primer paso para llegar al sueño. La duda es el reverso del acierto. Estás en la primera página del libro y no ves el final y crees que has abierto el libro equivocado pero te falta paciencia y te falta sumergirte en las páginas del libro y vivirlas y sentirlas y disfrutarlas… El día que hoy eliges vivir es una réplica del día que vivirás mañana. Con cada decisión que tomas, replicas un momento futuro, marcas un rumbo, escoges un sentido, un para qué… Y hoy gozas, aunque no veas a dónde te llevan tus pasos porque lo que buscas no llega, mañana gozarás…

Ya estás tocando lo que deseas, pero no lo ves porque miras con los ojos del que no sabe lo mucho que merece, del que no se acuerda de que jamás estás solo, del que tiene miedo a descubrir su propia grandeza…

Y si ahora eliges ser feliz pase lo que pase, qué importa qué pase… Este es el sueño. Esta es la mirada de la muñeca rota que se cose y decide comprender lo mucho de lo que es capaz en lugar de perder el tiempo, las ganas y la energía recordando el pasado y llorando por sus heridas. La muñeca a la que ya no se le escapa este momento pensando en lo que vendrá… Que ya no espera porque ya es lo que quiere ser. 

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Eres tú quién va a salvarte la vida, nadie más


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No voy salvarte la vida, no me busques para eso. Si quieres, si me lo permites, te diré que estoy aquí para recordarte que te vas a salvar tú mismo. Hace tiempo que me di cuenta de que no sé suficiente para dar lecciones de nada y que cada persona lleva un universo entero dentro. 

Ya sé que llevas mucho tiempo buscando. ¿Sabes una cosa? Yo también lo hago, busco, como una loba… Sin tregua y a veces tan desesperada que me desconecto de mí misma y algún canto de sirena me hace creer que he encontrado algo verdadero cuando en realidad es falso porque mi urgencia transforma lo hueco en sólido y quiere ver un amigo donde hay alguien que está tan desesperado que busca en ti lo que tú buscas en él… Qué caótico en realidad, el uno mirando en el otro cuando lo que queremos encontrar ya está en nosotros… Juego de reproches, necesidades insatisfechas, egos hinchados que intentan suplir autoestimas flojas y humillaciones por superar y reparar… A veces, bajo en guerrero sin piedad hay un niño asustado que pide cariño pero está tan rabioso que cuando te acercas a dárselo te muerde la mano con que le acaricias… 

Yo también pido deseos en todos los dientes de león del margen de mi camino… Aunque he descubierto que los milagros consisten en mirar al camino sin buscarlos ni necesitarlos, en llevarlos dentro y encontrar tu poder… Busco en cualquier lugar al que voy, en cualquier libro que cae en mis manos, en el fondo de los ojos de cualquier persona con la que me topo… Hubo un tiempo en el que busqué en un tarro de pastillas para la ansiedad y en las palabras hermosas pero vacías de los regalos de amigo invisible… Busco miradas y personas… Miro si tienen la respuesta que busco, lo que he pedido que llegue… Tengo tan claro que la vida te da pistas que a veces enloquezco y lo olisqueo todo buscándolas… Pero la desesperación es enemiga del la paz, de la paciencia, de la confianza y del amor a uno mismo y precisamente todo eso es el material necesario para ver las pistas. No es que las encuentres es que casi chocan contigo, se te prenden en el pelo y puedes respirarlas. Y no las ves, porque miras la dedo en lugar de la luna, buscas un estruendo en lugar de una melodía que te transporte, quieres el resultado en lugar de la caja de herramientas para construirte tu los cimientos de tus logros… 

No las veo y las estoy tocando… Las busco loca y no están y mientras me siento a descansar porque ya no puedo más, se me acurrucan en la falda, como un gato que viene a por cariño o un niño que te trae su dibujo. La respuesta está en el dibujo a veces. Otras está en los ojos del niño o en la frase que lleva escrita en su libreta de sueños por estrenar. Y por más que busques en las revistas especializadas o en los artículos de un blog, en los vídeos de youtube y las palabras de aquellos que han encontrado la forma… Que pueden ayudarte mucho… El relato de tus porqués lo escribes tú… Cualquiera que venga y te escriba la música de tu vida no te estará dando nada que te pertenezca. Las respuestas están ahí, en el aire, esperando ser respiradas con calma pero en demasiadas ocasiones las apartamos a manotazos mientras oteamos el horizonte esperando ver una señal luminosa que nos guíe cuando en realidad nosotros somos la luz que tiene que iluminar la señal y no la revés… Y pasamos por delante sin verla porque no conocemos nuestra luz, ni nuestra capacidad para sorprendernos, ni nuestro poder para encontrar tesoros donde para el resto del mundo sólo hay papel de periódico, libros viejos o personas que se cruzan contigo en un tren. ¿Cómo vamos a hacer magia si no hemos descubierto quiénes somos? si no hemos asumido nuestro poder…

¿Por qué no nos dedicamos a buscar primero la verdad y luego hacer la magia? ¿Por qué no decimos de una vez que hay cosas que no pueden pasar hasta que no tomemos las riendas de nuestra vida?

Tienes que recuperar tu poder pero solo lo encontrarás en lo que eres, en tu verdad, en la más cruda, en la más oculta. La verdad que encontrarás al conocerte y decirte todo lo que te callas. La verdad de reconocer que a veces no llegas y no hace falta… La de mirar a tus errores y decidir que han sido necesarios… La de mirar tu cicatrices y darte cuenta de que sin ellas no estarías ahora respirando aire puro y encontrando tu lugar en el mundo… No hay varita mágica, hay realidad, aceptación pura, amor por lo que has sido y lo que eres…

Cuánto más aceptes lo que eres en su totalidad, sin condiciones ni excusas, más podrás ser, más serás. De hecho, ya lo eres y no lo ves porque no miras la luna, te concentras en la imperfección del dedo que la señala y cierras tu mente, tu mirada, tu mundo… 

Aceptarte a ti y al mundo que todavía no ves ni conoces. Aceptar tu verdad y todas las piezas de tu rompecabezas interior, incluso las más duras, las que todavía escuecen y arañan, la que a veces al recordar, te parecen tan injustas que una oleada de rabia amarga te ciñe la garganta… Hasta que recuerdas que gracias a eso estás aquí y escupes tu dolor en forma de verso, de palabra amable, de carrera frenética, de lienzo repleto de color y vida, de beso o caricia…  Eso es la magia. La que lo transforma todo. Encontrar lo más “terrible” que todavía descansa en tu entrañas y mirarlo a los ojos y decirle “lo siento, gracias” y seguir. Soltar la necesidad de acumularlo y de esconderlo. 

Y sostenerte en pie porque te has encontrado las heridas y sabes dónde están y no te importan… Y oír tu voz que te canta…

Ama a tu miedo porque va a liberarte..

Ama a tu tristeza porque gracias a ella serás feliz.

Ama tu misterio porque cuando lo comprendas verás tu grandeza.

Ama tu dolor porque ha venido a borrar tus límites.

Ama tus imperfecciones porque son los peldaños de la escalera que te llevará a tu cielo…

Ama tus pesadillas porque te permitirán encontrar tus sueños.

Agradece al que nada sabe y se cree dios porque te muestra el camino que no quieres pisar. Agradece al que no ve tu luz porque es tu reflejo que te obliga a brillar más.

Da las gracias al que no te ha dado nada porque en el fondo te está diciendo que ya lo tienes todo.

El contratiempo a veces es para que tomes impulso y recuperes ímpetu… Y a veces para parar a reconsiderar el camino o el sentido que le estás dando tú a cada paso.

No distinguirás cuándo es cuándo si no te escuchas a ti. No sabrás qué significa si lo miras con los ojos del miedo, y lo cuentas con tu voz de acumular quejas. La mirada de buscar tragedias siempre las encuentra…  Eres tú quién va a salvarte la vida, nadie más… 


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Tengo un plan


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Tengo un plan.

Dejar de esconderme de mí misma y topar tantas veces conmigo que al final tenga que amarme.

Bucear en mis temores hasta que dejen de ser cotidianos, hasta que parezcan motas de polvo que marchan cuando abres la ventana y entra el aire fresco.

Subir la escalera que lleva al desván donde el tiempo se detiene y el pasado te escupe en la cara. Reírme tanto de mis monstruos que al final parezcan pegatinas en una vieja carpeta olvidada. 

Caminar por la cuerda floja sin sujetarme a nada y convencerme de que no voy a CAER, que no me importe si caigo.

Bailar sin sentirme ridícula.

Dejar de repetirme las mismas ideas y anclarme en los mismos pensamientos agotados. Dejar de buscar en los armarios algo que ponerme para deslumbrar al mundo. Dejar de necesitar deslumbrar al mundo y demostrar nada. Regalar todas mis medallas a quién crea que necesita medallas y a quién las merezca más que yo… 

Soltar todas mis necesidades juntas y pasar un rato siendo yo sin pretensiones. Sin esperar nada. Sin soñar nada concreto que tenga que atarme a una lista de cosas por hacer que no van conmigo, con mi yo de verdad, ese que tal vez ahora tiene ganas de parar un rato y mirar las nubes.

Por qué quizás ahora no quiera tener éxito. Porque tal vez tener éxito sea quedarse quieto y notar que vives … Sentir cosquillas cuando sale el sol y que la lluvia te erice la piel y te haga sentir nueva.

Observar sin perderme detalle de cada pequeño cambio. Respirar hondo y sentirme entera sin buscar a nadie.

Bajar a la calle y encontrarme a mí misma en una esquina aguardando un destino y darme cuenta de que pierdo el tiempo esperando que el mundo me responda y que todo lo que anhelo ya está en mí.

Decir que sí, incluso aunque no me apetezca, porque siempre digo que no y me pierdo la fiesta.

Decir que no, para darme cuenta de que no pasa nada, de que puedo equivocarme y permitirme fallar tanto que no recuerde qué está bien y que está mal. Que me de cuenta de que no hay bien o mal…

Comprender que otros se equivocan como yo y sentir que en el fondo no importa.

Reírme de todo lo que merezca risa. Llorar para arrancarme de dentro la noche inventada en mis días más oscuros. Vacilar hasta caer, perder el equilibrio para encontrar mi centro, mi sentido, mi latido oculto en una masa cubierta de corazas y escudos.

Morderme la cola para poder finalmente comprender que aquí la única que se hace daño soy yo cuando me privo de la vida.

Escribir en las paredes de mi cárcel frases llenas de esperanza para que cuando lleguen otros a la misma celda sepan que es posible salir porque los barrotes son imaginarios. Porque el encierro que viven es una imagen exacta al bloqueo que viven en su interior. Para que noten que el árbol que ven desde su ventana es un árbol dibujado en su mente y que no pasa nada porque no hay camino recto que lleve a ti.

Tengo un plan.

Dejar de comprar lo que brilla para sentirme brillante. Dejar de vender lo que hago para compartir lo que soy… Dejar de creer que necesito hacer algo para merecer. Dejar de competir conmigo y pedirme cada día más y más… 

Soltar, soltar sin parar. No retener nada más por si se acumula, porque si luego falta, siempre llega… Porque se queda dentro y te horada el alma…

Y no volver a pensar que debo, que tengo que, que necesito nada… Voy a pensar que que SOY, que EXISTO y SIENTO y voy a dar GRACIAS.

Ver que llueve. Notar qué pasa. Sentir que vuelve. Dejar de sujetarme y permitir que venga, que pase, que llegue… Dejarle hueco a la sorpresa. Dejarle tanto espacio libre a lo que vendrá sin saber que es que el futuro deje de preocuparme y sólo exista el PRESENTE.  Un presente eterno que no vive atado a una expectativa, a un sueño por realizar sino a las GANAS de SER.

Vivir confiando que todo es como debe, como toca, como es necesario que sea.

Comprender que todo tiene sentido, aunque no lo entienda ahora, aunque no lo vea…

Tener la certeza absoluta de que la incertidumbre me acompañará siempre.

Saber que sea cual sea la pregunta, la respuesta es amarse.

Tengo un plan… 

Dejar los planes. Dedicarme a existir a consciencia. Hacer lo que amo y amar lo que hago. Ser sin esperar… Sin desesperar, sin medir, sin necesitar. Conectar conmigo… Conectar con el mundo sin aferrarme a él ni a nada. Para poder dejar de buscar a ratos para dedicarme a encontrar. Para ser capaz de comprender los mensajes que recibo y usar la intuición que me niego… Ir a la deriva y confiar en el mar… Ser el barco, el náufrago y el destino. Dejar de preocuparme por lo que vendrá, por lo que sueño que pase, por lo que pasará y creer que lo mejor está por llegar. Que no me quepa duda de que lo que viene ahora es MAGIA. 

Tengo un plan. Vivir…


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Voy a amarme bien


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Voy a amar mis pecas y mis imperfecciones.

Voy a darme permiso para no preocuparme por si se notan mis pequeñas arrugas y mis grandes errores.

Y sólo yo tendré la llave que abre mi puerta, porque está cansada de estar siempre abierta y dejar pasar miedos y fantasmas. Y ver como se me escapan las ganas cuando no soy capaz de mantener el ánimo… 

Voy a soltar mi culpa por no haber llegado a la meta, convencida de que tiene un sentido cada minuto invertido en soñarla y cada segundo intentando aceptar que todavía no la he alcanzado.

Voy a darle a mi ego un respiro y le pediré que pierda, que se quede a un paso, que ceda el asiento y deje de marcar territorio. Le ordenaré que baje del pedestal y se mezcle con otros egos y espere su turno, si llega…

A veces, me hace sentir presa del mundo, porque quiere que me pelee con él para tenerme controlada y entretenida…

Voy a cerrar la puerta al pasado, renunciaré a todo lo que hay en él que me quema y me duele… Así ya no podré recordarlo y compadecerme y sentirme rota e hinchada de desgracia… Así no me quedará tragedia que desgranar en cómodas quejas y lamentos ni pena que llorar en lugar de salir a la calle a pasear un rato.

Tanto buscar tragedias para quejarse y hacerse la estrella de los desatinos consume mucha energía y cuando quieres parar un rato te das cuenta de que has cogido demasiada inercia.

Voy a repartir lo que pensaba era imprescindible y a quedarme lo que no me asusta perder, porque así sabré que nada es del todo mío y valoraré cada momento… Porque abriré mis ventanas a que entre lo nuevo echando lo viejo y donde reparten sabrán que tengo espacio libre…

Nada como tirar los muros de mis pensamientos para darme cuenta de  que aquello que pensaba que eran paredes maestras en realidad eran tabiques prescindibles que me alejaban de la luz…

Y lo mismo haré en mi alma y en mi cabeza.

Soltaré penas rancias y acumuladas para dejar paso a toda clase de amores maravillosos, empezando por mí… Y vaciaré mi cabeza cansada de pensamientos corruptos y hacinados para que esos pensamientos que te llena de alegría y esperanza hagan nido en mi mente sedienta de felicidad.

Ay, lo tengo decidido… Voy a amarme bien porque me traiciono mucho. Voy a pensar en mí también cuando reparta y dejaré de hacer aquello que más que llenarme me vacía. Me quedaré sin argumentos para soltar mi ira ante otros porque no podré reprocharles nada porque no haré nada desde ese ser hambriento de recompensa, porque daré desde el amor infinito y no desde ese mendigo de amor que llevo dentro y que haría cualquier cosa por una migaja de cariño…

Tengo mucho trabajo pendiente, mucho…

Voy a dejar de tragarme palabras y escribirlas todas…. Voy a llorar cada una de mis heridas por última vez y les diré adiós con la mano cuando se marchen a la nada, donde ninguna quema ni rabia, donde ninguna es ya útil para culpar a nadie, ni tan sólo a mí.

Tal vez algunas de ellas le sirvan a otros para soltar las suyas, para arrancarse las etiquetas que llevan pegadas y que llevan escritos unos nombres que no les pertenecen. Que les reclaman que sean como no son y que sientan lo que no sienten… 

Voy a pedir lo que quiero y aceptar lo que viene como un regalo maravilloso. Voy a amar a mi miedo tanto que se convertirá en mi estandarte para librar esta batalla sin batalla… Sin más lucha que mi paz interior y una calma dulce que invada mis sentidos.

Voy a permitirme recibir lo que merezco y a dejarme de «no hacía falta» y «no quiero nada» y esas chorradas que decimos para menospreciarnos y que dibujan caminos para que otros nos menosprecien y no nos tengan en cuenta.

Voy a quedarme sentada cuando quiera estar sentada y correr como una loba cuando haya luna llena…

Basta de pedir permisos y excusas por culpas imaginarias y de sentarse en el borde de la silla, en una esquina para molestar menos…

Voy a soltar mi necesidad de controlar y comprender con la razón lo que sólo se entiende desde el alma.

Voy a cambiar todo esto si me apetece porque ya no me sujeto a nada. No me he vuelto loca, cada día estoy más cuerda, más suelta y más equilibrada.

Voy a sucumbir a mis deseos sabiendo que puedo prescindir de ellos pero que no tengo que privarme de nada porque como todo ser merezco lo mejor…

Nada me aleja tanto de mí como yo misma… Nada me hace sentir tan pequeña como no aceptar mi grandeza y ocupar mi lugar. 

Voy a amarme bien porque me tengo abandonada… ¿Y tú?


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Aprendiendo a vivir


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Este tal vez sea mi texto más personal. Lo escribo sin tanta poesía, quizás, porque quiero asegurarme de que se entiende y no me enzarzo en las ramas y me dejo llevar por las palabras sin tener en cuenta lo que siento…
Se me quedan cortas a veces y me gustaría dejar claro algo… Me metí en esto porque necesitaba soltar dolor y demostrar que la niña perdida y humillada podía hacer cosas hermosas… Para decirle al mundo que después de menospreciarme iba a enterarse de que se había equivocado y yo valía la pena… Para ayudar a todas las personas que como yo durante mucho tiempo se sintieron tan miserables que pensaron que nunca podrían salir del pozo… Lo que pasa es que no era el mundo el que debía cambiar sino yo… Es más, ni siquiera debía cambiar yo, tan sólo tenía que quitarme el disfraz y dejar de pelear y demostrar para sólo sentir y existir. El mundo no nos debe nada, somos siempre nosotros que nos lo debemos a nosotros mismos porque no sabemos amarnos… 

Me he sentido perdida tantas veces, algunas de ellas, hay personas que me han leído y habrán pensado “menuda suerte, qué claro lo tiene todo” y no es cierto. No sé nada. Lo que escribo y cuento es fruto de lo que he sentido y me he encontrado por el camino… Cuando te enfrentas a situaciones duras en la vida, los cursos, los Máster de inteligencia emocional y las lecciones sobre coaching no te salvan… Te recuerdan lo poco que sabes todavía y lo mucho que te falta para aprender… Lo mucho que evitas mirarte dentro y el miedo que sientes todavía. La teoría te recuerda lo lejos que estás de conocerte y lo que te falta para amarte… El otro día escuchaba a Covadonga Pérez Lozana decir algo así como que uno siempre acaba siendo un “maestro” de aquello que más le ha costado conseguir, acaba enseñando a los demás eso que más se le ha resistido en la vida… Y es cierto. Yo no soy maestra de nada porque no sé nada, sólo puedo contar lo que he descubierto a base de fastidiarla… Lo que aprendí mientras intentaba conseguir mis sueños, mientras mis deseos se resistían… Mientras me di cuenta de que los soñaba porque necesitaba demostrarle al mundo que valgo la pena…
¿Sabéis qué pasó? que mientras escribía para soltar lastre y mostrar al mundo de lo que era capaz, empecé a tropezar más que nunca y a darme cuenta de que cada tropiezo era magia… Me convertí en experta de mis miedos, en comadrona de estupideces y en el más hábil testimonio de un ser humano que se resiste a ceder, a aceptar, a dejarse tocar por la vida y soltar en control… Y me convertí en esto que ahora soy, que todavía es algo a medias, por supuesto… Y mientras escribía para gritarle al mundo que estaba harta de ser del montón… Me enamoré de la vida en el montón y descubrí que el montón es lo extraordinario, lo mágico… Mientras os quería decir que estoy aquí y puedo aportar, solté mi resistencia y descubrí que en realidad no necesitaba demostrar nada y quería hacerlo por amor… Por amor a mí y a todos los que me cuentan que necesitan que alguien les escriba porque están encontrando su voz y todavía no saben lo maravillosos que son…
Mientras me desnudaba para sacar lo mejor de mí y recibir reconocimiento, me di cuenta de que lo que buscaba era amor… Quería formar parte de ese club donde la gente se siente segura y pisa fuerte, donde todo parece perfecto y nadie te mira de reojo y si lo hacen es por envidia- Que quería encajar en un mundo en el que para encajar hay que recortarse y perderse… Me he sentido tan rechazada, siempre… El rechazo me convirtió en una fiera peleona que buscaba justicia y estaba enfadada con el mundo por no amarme, no quererme como era, no aceptarme… La rabia se me acurrucaba en la garganta y una manaza enorme me sujetaba del cuello y no me deja gritar… Si algo tiene la ira es que es osada y poco temerosa porque no te deja recapacitar si por ir detrás de algo a luchar y pedir justicia te caes por el barranco… E incluso, cuando aprendí a quererme, tenía todavía tantas ganas de encajar que no me encontraba… El mundo no te ama si no te amas. El sueño más maravilloso es humo si no te amas… Nada tiene sentido si no te amas y no encontrarás ese amor en nada ni en nadie si no eres capaz de dártelo tú… Y el club de los seguros y envidiados es en realidad una invención de alguien que se siente pequeño y mira a los que son como él como si fueran gigantes.
Y mientras perseguía sueños, aprendí a quererme y buscar mis debilidades… Encontré mi oscuridad y me atreví a ponerla en primera fila porque me di cuenta de que si no eres capaz de admitir que no eres perfecto, que no siempre tienes razón, que guardas secretos y que hay cosas en ti que te asustan, no te queda nada…
El mundo te trata mejor si tu te tratas como mereces. Y las miradas inquisidoras cesan cuando tu dejas de mirarte con esos mismos ojos a ti mismo.
El caso es que mientras buscaba ahí afuera mil parches para tapar mis heridas y llenar el vacío, me di cuenta de que no necesitaba nada que no estuviera en mí… Y me sumergí en un camino lleno de fantasmas que llevaba a mi pasado para ser capaz de vivir el presente. Y saqué tanto dolor acumulado y basura emocional que me sentí desboradada… Aunque aprendí que el mundo sólo puede echarte en cara lo que no eres capaz de decirte a ti mismo… Y que si ya no te callas nada, los gritos cesan y el camino se dibuja a casa paso…
Y escribo esto para que sepas que no pasa nada. Que no hace falta descubrirlo todo hoy. Que puedes estar años sin notar nada y luego dar el gran salto en un mes… Que lo más terrible que descubras es lo que más va a ayudarte a salir del pozo… El campo base para tu ascensión y el paso necesario para llegar a la cima…
Sin ti no hay sueños. Sin amarte no hay nada. No eres menos que nadie… No te encierres cuando no lo soportes, sal y muestra lo que escondes… Eso aprendí yo, que me equivoco tanto, que quise ser faro y me di cuenta de que aspiro a farero y que eso me llena todavía más…
Mientras quería deslumbrar al mundo, encontré mi luz y descubrí que no estaba ahí para recibir amor a cambio de su brillo sino que era el resultado de haberme amado antes... Si no te amas, no brillas. Si nos surcas todos tus miedos y besas tus miserias, no eres pan, ni camino ni sueño. Yo no me amaba porque hace mil años, cuando era niña, decidí que era mejor no ser yo misma porque cuando lo era, el mundo no me respetaba…
Todos somos maestros de nuestros miedos más absurdos, de nuestros tropiezos más salvajes… Podemos contar lo que más nos ha roto y como nos hemos zurcido y recompuesto… Y siempre estamos aprendiendo, de todos… Si supierais cuántos por quererme tirar al suelo me dieron el empujón que necesitaba… Cuántos para aprovecharse de mí me enseñaron a cambio la más hermosa de las lecciones de la vida… Y ellos podrán contar lo mismo de mí, en otra versión, porque seguro que he dado mil golpes mientras intentaba encontrarme y no podía soportar existir sin no parecerme a mí misma…
Y hasta que no ves lo que es en realidad, motivo de gratitud y aprendizaje maravilloso, no eres capaz de abrir la puerta y subir el siguiente peldaño.
Y junto a los que te arañan porque no soportan verse en ti, en tu reflejo, están los que te aman sin pedir… Los hay a puñados, pero a veces no se muestran porque tienen miedo…
En realidad todo esto es un juego. Hay que salir dispuesto a perder para ganar y tener claro que parte del triunfo es la improvisación… Hay que confiar en la vida y en nuestra capacidad para ver las señales y decidir por dónde pisar. Hay que saber ver que tras cada muro que saltar hay un aprendizaje valioso… Y que en e fondo esto va de amar y saber llevar las riendas sin desesperarse… En saber dejarse llevar sin perder el equilibrio y usar el miedo para propulsarse…
Hasta que no dejas de controlar y aceptas tus cartas, no hay magia. Porque mientras te aferras a algo que ni tan siquiera es tuyo, no ves lo que se te escapa…
Mientras me caía me di cuenta, no sé nada, pero cada vez le encuentro más sentido a cada golpe y cada risa y me caigo cada vez con más ganas de levantarme…
La vida es decidirse a intentarlo y asumir que no importa si no sale bien porque en el trance aprendes a amarte tal y como eres…

Esta soy yo. Como tú, como todos… No sabemos nada… Vamos a tientas e intentamos descubrir con qué tropezamos. Cuando creemos encontrar el final, es el principio. Cuando adivinamos la respuesta, nos cambian la pregunta… Cuando nos sentimos satisfechos y nos creemos por encima, un  golpe de humildad nos pone en nuestro sitio… El lado, siempre… Esta soy yo… Maestra en golpearse contra el muro y ser incapaz de ver y ceder, en perder la razón aferrándose a la razón… Maestra en caer y levantarse, en andar en círculo y tropezar, en creerse que ya he llegado al final y darse cuenta de que estoy al principio… Maestra en bucear en mí y casi ahogarme… Maestra en equivocarse y no ver cómo ni por qué… Maestra en este juego absurdo de negarse a uno mismo por cumplir unas normas que nadie recuerda quién inventó. Esta soy yo. Maestra en nada… Aprendiz de todo… Aquí me tienes, aprendiendo a vivir siempre.

A Louise L. Hay un ser humano enorme, una verdadera maestra que se marchó ayer después de aportar luz a millones de personas durante años. Por su capacidad de explicar y transmitir lo que es el amor de verdad, el amor por uno mismo sin el que nada crece ni sobrevive… Porque leyendo sus palabras descubrí que me tenía a mí misma y que mi vida era mía y yo era responsable de cómo la afrontaba… Porque me mostró un camino que yo no sabía ver. Su legado maravilloso es eterno, como ella… Mil gracias por tanto… Hasta siempre. 


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El cielo que llevamos dentro…


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Todo está en ti.

Lo que buscas y aquello de lo que huyes… Cuando juzgas al que grita es porque sofocas tus gritos y te muerdes las uñas.

Cuando miras con recelo al que miente es porque alguna vez te mientes y autoengañas fingiendo que no te pasa nada, cuando tienes mil emociones sofocadas dentro de ti por descubrir, comprender y trascender.

Te molesta ese compañero rabioso porque tú tienes tanta rabia acumulada que detestas que él la suelte e invada la habitación con ella cuando tú la almacenas esperando estallar…

Lo que te asusta, está en un rincón esperando que lo descubras para que te des cuenta de que es en realidad más pequeño y manejable de lo que imaginas.

La vida cada día nos da pistas para encontrarnos en lo que vemos y olemos. Nos da pequeñas sacudidas para que nos sacudamos a nosotros mismos. Para que nos zarandeemos antes de dormir y salgan los recelos y los miedos afuera.

Somos lo que amamos y lo que detestamos. Somos lo que abrazamos y lo que dejamos para más tarde. La belleza que podemos ver y la decadencia que nos asusta percibir.

Somos el árbol que nos tapa la vista perfecta del balcón porque nosotros tampoco nos permitimos ver lo que buscamos, lo que no deseamos mostrar al mundo.

Somos el amanecer en el mar cubierto de un cielo malva que acaricia un sol tímido que nace.

Somos el anciano que tanto sabe y nos cuenta sus batallas y nos cuesta escucharle, porque nos recuerda que el reloj corre y nos hacemos viejos… Y apenas hemos sido nosotros mismos y no estamos viviendo la vida que deseamos.

Somos la luna más rotunda y preciosa que jamás hemos imaginado pero no nos damos cuenta.

Somos la vecina cotilla que cree que todo lo sabe, porque no soporta vivir su vida vacía y pasa los días hurgando en vidas ajenas esperando encontrar más dolor que en la propia… Aunque nunca se sacia y siempre está angustiada.

Somos el niño que teme ir al colegio porque hay dos compañeros que le humillan. Somos su pánico al rechazo y también somos las ganas de los que le someten cada día porque llevamos dentro una ira immensa por soltar.

Somos ese recién nacido que huele a vida y todo lo vuelve hermoso y feliz.

Somos el que aparenta porque teme mirar y no tener y el que no tienen ni siquiera ganas de parecer nada, porque está roto y cansado de no encontrar el camino.

Somos el artista que no triunfa porque le asusta brillar y el que ha hinchado tanto su ego que nada más verle te das cuenta de que va a estallar.

Somos la niña que juega en la arena de una playa y sonríe tanto y que consigue que el tiempo se detenga.

El mendigo que no quieres ver en la esquina te recuerda que tú también mendigas y no lo ves…

Somos el viento fresco que llega cuando caminas cansado y te acaricia la cara.

Somos el que da lecciones de moral y luego hace trampa y esconde la mano…

Somos todo lo que no podemos admitir y lo que queremos esconder… Y gracias a ello, cada día damos un salto. Gracias a ser capaces de dejar de ocultarlo y empezar a afrontarlo, podemos soltar nuestro temor a ser. Gracias a navegar en el cieno conseguimos encontrar el mar… Gracias a admitir que nos da miedo, le ponemos un nombre y aprendemos a mirarlo a la cara…

Y nos damos cuenta de que está ahí para abrazarlo y admitirlo. Para darnos cuenta de que existe en nosotros y descubrir que no pasa nada… Que todo tiene sentido y está ahí cumpliendo su función… Que llega para marcharse cuando lo asumimos y dejamos de avergonzarnos de ello. Que viene a mostrarnos el espejo para que nos reflejemos en él veamos que somos maravillosos…

Para que sepamos que la belleza no es perfección sino coherencia…

Que ya basta de brillar a medias por miedo a ofender o decepcionar.

Que no necesitas pedir perdón por ser tú, sino perdonarte por esa culpa que arrastras y que no es tuya.

Que no llegarás a todo y eso te hace fantástico y te da la oportunidad de seguir mañana.

Que eres tus sueños, pero también tu forma de superarlos y amar tus debilidades.

Que eres tus cicatrices y tus manías que te convierten en alguien distinto.

Al final, bendeciremos al captor porque nos ha ayudado a sentirnos libres…

Al traidor porque demostrarnos que sólo necesitábamos sernos fieles a nosotros mismos.

Al violento por mostrarnos la rabia que llevamos dentro.

Al manipulador por hacernos ver que no queríamos ser responsables de nuestras vidas.

Al que nos ha rechazado porque nos ha ayudado a comprender que somos nosotros quienes nos rechazábamos…

Al que no supo amarnos porque nos enseñó que no sabíamos amarnos a nosotros y buscábamos amor por ahí fuera sin que saber que estaba dentro. Todo lo que parece que nos rebaja no nos deja más alternativa que crecer, que aumentar de tamaño. Todo lo que nos oprime, no nos deja más remedio que volar… Y así descubrimos que el poder es nuestro.

Así es la vida… Nos pone delante lo que necesitamos ver…

Gracias por poner ante nosotros lo que hacía falta para conocernos y descubrir que en realidad ya somos lo que buscamos y sólo debemos quitarnos esa máscara de niños asustados. Que lo que nos faltaba era mirar de otro modo lo que nos rodea para descubrir que la belleza está siempre primero en los ojos del que mira porque si no, no la ve… Que en el fondo, no nos hace falta cambiar sino desnudarnos de hipocresía y vivir sin corazas… Que buscamos fuera y la respuesta está dentro…

Gracias por hacernos de espejo y ayudarnos a descubrir que no alcanzábamos lo que queríamos porque alargábamos la mano hacia el cielo cuando lo que debíamos era fijaros en el interior y descubrir que lo que necesitamos para vivir intensamente ha estado allí siempre… Gracias por mostrarnos el mapa del tesoro que buscábamos y permitirnos ver que en realidad lo llevábamos tatuado en la piel… Gracias por demostrarnos que perseguíamos el reflejo en lugar de la luz. 

Gracias por ayudarnos a ver que buscamos el cielo y en realidad lo llevamos dentro… 


6 comentarios

A mar abierto


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No estoy rota, sólo deshilachada… Me he topado conmigo y he mirado en el fondo de ese pozo donde las verdades son tan crudas que cuesta amasarlas. He sido capaz de tocar el borde de este precipicio para comprender que en el fondo nada significa nada. Que nunca se pierde ni se gana, sólo se transita, se camina y que todo pasa… Nuestros horrores nos conducen a mar abierto, para respirar… Nuestro dolor es el viento que nos mece y transporta hasta la próxima estación donde encontrar una nueva pista para salir del laberinto… Sé qué piensas ahora, no temas, no siempre hay laberinto, no vas a estar la eternidad sumergido en esta búsqueda sin fin de emociones pasadas y recuerdos momificados que sacar a la luz para comprender tus razones. A medida que aprendas quién eres y aceptes las nuevas piezas de este rompecabezas, caminarás con más luz para ver que en realidad el camino no es siempre angosto y esa oscuridad perenne que te abraza los pies en realidad está en tus ojos… Antes, sin embargo, vas a tener que visitar a todas tus momias y releer todos tus recuerdos embalsamados… Algunos rigen tu vida y ni siquiera eres capaz de evocarlos. Están sujetos a un pasado borroso, en un baúl de inconsciencia que nunca abres. Siguen ahí, no los recuerdas pero te duelen, no te vienen a la mente pero te comprimen el pecho… No los ves, pero te salpican. Vives sus consecuencias pero no los puedes ubicar en un momento de tu vida… Antes de encontrar ese mar que buscas y soltarte vas tener que navegar en ellos y sacarlos uno a uno. Van a molestar y doler, van a rabiar en tu hígado y dormir en tu cabeza… Van a hacerse una cabaña en tu pecho y tratar de quedarse a vivir en tu nuca… No temas, están ahí para que los veas, los aceptes, los comprendas y los olvides… Los soltarás, los dejarás ir y se desvanecerán como si nunca hubieran existido, pero tú serás más sabio, más flexible, más fuerte, más tú.

Ya no te esconderás ni evitarás imaginarte brillando porque no sentirás vergüenza de nada… No te romperás, porque te darás cuenta de que estás fabricado de un material más elástico y cada día más transparente y no te importa que así sea, ya no… No te sentirás pequeño porque ocuparás todo el espacio del mundo disponible para ti… No te importará que te miren porque no te ocultas nada que otros puedan echarte en cara. 

Créeme, no me he vuelto loca, sólo es que ya no me importa lo que antes me importaba. Ya no tengo que escuchar la música antes para saber que hay música… Ni tengo que estar hermosa para saber que soy hermosa… ¿Acaso dudas de la belleza del amanecer antes de que el sol salga? ¿Dudas de encontrar el mar antes de llegar al mar? No dudes de ti ni de tu capacidad para salir entero, ni de tu gran valentía para seguir adelante. No temas encontrar tu verdad porque es la única forma de liberarte de lo que te comprime y ahoga…

A veces, cuando tocas el suelo, rebotas… Tomas tal impulso que descubres que no importa dónde estás… No importa desde dónde empiezas la carrera… Ya has ganado, llevas ventaja siempre si sabes quién eres y confías en ti… Dejas de competir para empezar a vivir… 

No te preocupes, no temas por tener que sentir… No te asustes porque sentir te arañe y sea tan incómodo que luego el cuerpo te duela y el corazón parezca que se te rompe… Se romperá si no lo usas y ahora lo usas a medias porque no te conoces, porque no amas tu oscuridad suficiente como para abarcar tu luz, porque mientras no aceptes tus errores y debilidades no podrás amarte y si no te amas, no amas nada de lo que haces… No vives esperando una vida mejor que, voy a ser sincera, no llegará porque todavía no te quieres. Nada de lo que te pase hará que tu vida sea mejor si no te amas. No es lo que viene a ti, es lo que sale de ti lo que todo lo cambia. No existirá una mejor versión de ti si no amas desde ahora esta versión que ya eres… 

No temas… He besado mi versión más horrible y ahora la mejor de mis versiones posibles es todavía más maravillosa. He aceptado a esa persona que habita en mí y que a veces se deja llevar por el horror y araña y ahora la he dejado sin armas arrojadizas, pero es infinitamente más poderosa porque ha descubierto que no tiene que luchar ni pelear contra nada ni nadie… Ahora sabe que debe actuar sin miedo desde el amor, con toda su fuerza e ímpetu, con toda la confianza en lo que hace y la más grande de las humildades para admitir cuando falla y corregir el rumbo desde el perdón más absoluto…. He descubierto que se defendía porque estaba asustada, porque pensaba que el mundo estaba en su contra y atacaba por si la atacaban… Se aferraba a su dolor y su culpa por si se los arrebataban, porque con ellos había construido una fortaleza inexpugnable de indiferencia y zarzas venenosas, porque vivía sólo en su castillo de orgullo y lágrimas contenidas…

La he ido a buscar y le he dicho que la amaba. Y ella primero me ha clavado su aguijón más largo y luego ha llorado cien horas abrazada a mi pecho… Ella sí estaba rota y cansada de defender una fortaleza que en realidad la convertía en frágil y cobijar una rabia y una culpa que le consumían la magia…

No temas, cuando hayas visitado a los fantasmas del pasado y abierto el cajón de tus horrores fluirá la vida. Cuando ames toda tu oscuridad, serás invencible… 

Ya estás en mar abierto pero no puedes verlo porque todavía no has mirado lo que hay dentro de ti… Ya eres todo lo que necesitas, pero no te reconoces porque ocultas una parte de rostro y te avergüenzas de tu sombra.

No te hagas el duro… Esto no va de dureza, sino de consciencia. De tomarte el pulso y comprenderte, de sacar a luz lo que ahora está en la sombra y dejar que el sol lo purifique y nos deje ver sus cicatrices. No tengas miedo, lo que escondes es lo que va a liberarte… Lo que no te dices, es la llave que abre la cerradura de la prisión donde moras esperando una señal. Lo que no quieres ver es lo que más te hará brillar y fluir cuando sueltes la necesidad de parecer perfecto.

Lo hice, de verdad, no fue fácil y me queda mucho camino, pero no estoy rota… Ahora sé la única que puede romperme soy yo. Y que por oscura y diminuta que sea la cueva, estás muy cerca del mar, porque eres el mar… Eres un enorme mar abierto.