merceroura

la rebelión de las palabras


23 comentarios

Hoy te toca a ti


chica-luz

Ya lo sé, estás cansado… Es complicado seguir el ritmo de una vida que a veces parece que se rompe… A veces, incluso parece que sólo se rompe para ti, pero no es cierto. Hay millones de vidas rotas y echas pedazos que se recomponen cada día… Millones de alas rotas que vuelven a volar… Millones de árboles con ramas desnudas que vuelven a brotar…

A veces la vida te deja desnudo y la soledad más rotunda te golpea el estómago. Y no entiendes por qué y no sabes cómo. Intuyes que todo tiene un sentido y una enseñanza, pero te duele demasiado para pensar en ello…

Para los que llevan la noche dentro es más complicado encontrar un atisbo de luz… Aunque al final, creo, esa noche está ahí para que busquemos la luz con más ganas… Como si nos hubieran subido el listón de repente para que no nos durmamos a la hora de saltar…

He pensado mucho y mal, a veces… He dado vueltas en mi conciencia a los obstáculos y a las noches que llevamos metidas dentro que no nos dejan brillar y ver por dónde vamos.  Me he perdido mil veces en esas noches, en mil noches distintas, pero con el mismo perfume y angustia… Las he habitado hasta sentirme tan pequeña que nunca creí tener fuerza para abrir la puerta y salir a encontrar la respuesta. Y al final, considero que la noche se mete en ti porque la necesitas, porque necesitamos oscuridad para ansiar la luz y pisar la cuerda floja para amar la tierra firme… Y al mismo tiempo, acabar amando la noche por lo mucho que nos ha sido útil para encontrar nuestra propia belleza.

Creo que el antídoto es esa belleza. Encontrarla y sentirla, vivirla,  pero no en la luz sino en la noche. En el momento de más angustia, en el instante en que más se nos retuerce el rostro y menos nos reconocemos las facciones…

Vivir es confiar en encontrar la luz en el momento de más oscuridad.

Ver tu belleza cuando más harapos te visten.

Amar cuando menos amor recibes.

Ser justo cuando más injusto es contigo el mundo.

Vivir es creer en nosotros  cuando nadie cree. Cuando más desesperados estamos y menos nos responde el cuerpo y las personas con las que contamos para seguir están más ocupadas mirando a otro lado…

Eso te hace sentir que estás solo, pero no es cierto. Lo que pasa es que hay cosas que sólo puedes hacer tú. La soledad no viene a separarte de los demás, viene a ti para que entiendas que tienes el poder. Para que sepas que debes asumir tu responsabilidad con tu vida… Para que te enteres de una vez que la solución está en tus manos.

Creo que cada uno tiene un aprendizaje distinto, pero todos pasan por amar. Por besar a tus monstruos y entender a los que te han hecho daño… Comprender su dolor, sus miedos, sus rarezas y a veces su incapacidad para hacerlo mejor, como la nuestra…

Tal vez todo esto consiste en perdonar al mundo por no ser como sueñas y entender que así es mejor. Que necesitas este mundo tal como es para llegar a ser tú tal y como eres… Que sus sombras son las que te obligarán a sacar tu luz y brillar intensamente…  Amarlo tal y como es sin esperar que cambie, mirarlo con otros ojos y ser capaz de apreciar sus pequeños avances y sus errores más espantosos… Usar otras palabras para definirlo  y vencer sus reticencias con un abrazo incondicional. Cuando amas a algo o a alguien lo conviertes en algo digno de amor. Todos lo merecemos y quiénes menos saben amar es quiénes más lo necesitan…

A veces, cuando miras al mundo de otra forma, el mundo cambia de golpe.

Y también consiste en perdonarte, comprenderte y asumirte. Bailar con tus momentos más amargos, reírte de tus quejas y tus penas. Verlas como una oportunidad para crecer y saltar… Convertir tus miedos en una palanca… Catapultarte a ti mismo y descubrir que aquello que tal vez te has esforzado en esconder de los ojos ajenos durante años es justo lo que necesitabas mostrar para llegar a tus sueños… Descubrir que lo que no has querido conocer de ti hasta ahora era la clave para llegar al otro lado de tu conciencia, para tener la vida que anhelas.

Y esa vida  no es perfecta tampoco, pero es tuya. Tiene momentos complicados también. Es el resultado de elegir, de decidir sin dejar pasar un solo día más sin rumbo, sin perder más tiempo en ningún plan que no sea el tuyo.

Todos los grandes planes de futuro llevan a ti. A ser más tú y estar mejor contigo.

Cuando consigues eso, miras al mundo y lo ves hermoso. Miras al necio y entiendes su necesaria necedad… Miras al orgulloso y comprendes su orgullo, miras al cruel y sabes que es su forma de suplicar amor porque aún no ha sido capaz de amar sus sombras…Decides al lado de quién quieres caminar y de quién no, pero borras el resentimiento de tus venas… Eso te transforma, te invade, te cambia de forma inmediata.

Y te miras a ti y ves que eres un poco ellos y un poco el mundo. Y te das cuenta de que esto de vivir va en dos sentidos…

Hacia ti.

Hacia ese mundo salvaje y maravilloso…

Hacia los millones de personas que viven en él y están tan perdidos como tú y tienen mucho miedo. Millones de personas que cada día buscan su luz. Algunos ya han descubierto que pueden.  Otros ya la usan con una fuerza que ilumina el mundo… Quién sabe cuántos van a encontrar hoy la suya y vivirán ese momento mágico…

Tal vez hoy te toca a ti.

chico-sol


31 comentarios

La partida


Me rindo… A la vida.

Dejo la batalla y me apunto a la derrota sabia, a la paz del que no lucha, sino que camina. Que sigue y no pierde el tiempo en pugnas absurdas que arañan y desgastan. Que guarda sus fuerzas para tocar sus metas y no para explicarlas a quién jamás podrán entenderlas ni compartirlas.

Me rindo. Ya no más excusas por hacer, ni disculpas por ser. Sólo camino.

A veces, viendo  claro el horizonte. Otras, entre la niebla más espesa. Siempre notando cada paso.

Ya no más culpas por ver el mundo con otros ojos y no ser capaz de encajar en esquemas rígidos.

Ya no más intentos de tocar la perfección a cambio de perder una humanidad salvaje, maravillosa, única…

Ya no más miedos enredados en el pelo y en las sábanas dictando pesadillas y esbozando monstruos con corbata…

Me apunto al baile del que nunca deja de oír la música, aunque cese, aunque los gritos la confundan y los ignorantes la hagan callar…

Me apunto al crepitar del fuego y el vaivén de las olas, aunque sean imaginarias.

Me apunto al sosiego. Al abrazo caliente del que no corre para llegar sino que se funde con el camino.

Del que no se juzga sino que se ríe de las circunstancias y les da la vuelta para que la puerta de salida sea un principio, para que el muro insalvable sea un estímulo…

Para que rendirse sea soltarse y nunca resignarse sino aceptar y superar, para crecer, para salir de todo aquello que te ata, te oprime y te asfixia.

Me apunto a cambiar tantas veces como sea necesario, aunque no me conozca al final, aunque sólo lo quede de mí la esencia y ya no queden máscaras con que ocultarse.

Me suelto, sin esperar a tener certezas falsas ni abrazar doctrinas férreas.

Sin necesitar tener para existir.

Sin buscar poseer nada que nunca será de nadie que no sepa soltarlo sino vivirlo.

Me voy del lado miserable de mis calles interiores. Dejo de golpearme en las paredes blancas de mi alma perdida que busca razones para no salir al mundo y al no encontrarlas se las inventa…

Me voy sin escapar, sin escaquearme de nada, sin perderme el detalle pero sin hacer guardia, nunca más… Sin controlar, sin medir, sin  esperar. Sin supeditarme al juicio ni la crítica. Sin vencer a ningún dragón inventado que yo misma haya puesto en mi camino para poder excusar mi cobardía y echarme atrás. Sin buscar más coartadas para huir de mí cuando ya no soporto mi exigencia ni columpios donde balancearme haciendo tiempo para empezar a vivir… Ya no más batallas estúpidas contra mi misma para demostrar… Sólo el paso, el camino, el trabajo, el error necesario, el  aprendizaje, la alegría de confiar en mi rumbo y mi sueño. De confiar en mí sin tener que explicar el por qué.

Me voy sin esperar a desesperar.

Me voy del lado tembloroso… Me voy sin dejar margen a que el temor me haga quedarme y la voz de mi yo más triste me diga que no puedo.

Marcho de ese pedazo de tierra que hay en mí donde nunca toca el sol y me lanzo a lo inexplorado.

Ya no más demoras creadas para eludir y escapar.

Me voy y me llevo conmigo lo que realmente permanece.

Deseándolo todo pero sin atarme a nada.

Con ganas de sorpresa, de risa, de abrir la caja y descubrir algo nuevo.

Con esperanza.

Sin súplica. Con toda la pasión que me cabe pero sin oración desesperada.

Me apunto al beso salvaje pero con el  corazón sereno.

A la locura sensata.

Al desenfreno plácido.

Me rindo a cada instante. Para que lo efímero sea eterno,   lo mínimo máximo, lo ínfimo, grande…

Para que no me quede nada por apurar pero la premura por hacerlo no recorte mis sentidos.

Me apunto a la paciencia, aunque a veces pupilas ansiosas cuenten las horas.

Me apunto a dilatar la belleza y acelerar las ganas.

Me rindo, sin rendirme. Me suelto para desbocar mis sueños y dejar de mandar palomas con mensajes desesperados al universo.

Me voy del lado absurdo y guerrero, me voy con todas las dudas deliciosas y los temores necesarios para tomar impulso y seguir.

Me aparto del lado feroz donde sólo se me espera para vaciarme de mí y llenarme de rabia.

Sujeta, con los pies en el suelo y mirando al cielo para perderme en las ramas de los árboles que lo acarician.

Soy lo que soy y eso es sólo lo que tengo… Y es mucho, lo es todo. Es el camino…

arboles-altos

 

 


10 comentarios

El antídoto


Algún día descubriremos la forma de curarlo todo… Tras mucho investigar y dar vueltas…  Después de soportar grandes conflictos y pelearnos por patentes y fórmulas…Después de perder la mayor parte del tiempo y del camino discutiendo quién se cuelga la medalla… Y ese día nos quedaremos perplejos al darnos cuenta de que el antídoto para nuestros males y dolores ha estado ahí siempre, ante nuestros ojos, y hemos sido incapaces de verlo.

Por nuestra manía de no ver lo obvio y despreciar lo sencillo. Por el hábito de no valorar lo pequeño y dar por hecho que todo es nuestro sin agradecerlo.

Por nuestra insistencia en no comunicarnos y ahorrar palabras y eludir emociones, dejarlas encerradas en la memoria y sacarlas solo para retorcernos de dolor y angustia. En nuestro afán por no demostrar y negar, por prohibir y callar, por reprimir cualquier gesto que parece que nos haga débiles, por el terror inconfesable que tenemos a sentirnos vulnerables… Cuando en realidad nos hace humanos, elásticos, asequibles… Nos convierte en seres amables capaces de sentir y decidir desde el corazón. Porque cada vez que demostramos lo que sentimos, somos más fuertes e inquebrantables.

Cuando nos digan que la vacuna contra nuestras penalidades eran las palabras que no hemos dicho y las lágrimas que no hemos llorado… Cuando nos muestren lo mucho que calma y cura un abrazo y un decir “lo siento” y admitir errores y aprender de ellos. Lo mucho que descarga una charla entre amigos y la placidez que se siente dejando de controlar al mundo para que no te arañe. Cuando nos cuenten que la medicina que necesitábamos era perdonar y perdonarnos…

Cuando nos digan que cada vez que pisoteábamos a otros era como si nos lo hiciéramos a nosotros mismos porque estamos fabricados de la misma substancia y todo lo que afecta a unos afecta a otros…

Cuando nos cuenten que cada injusticia que hemos cometido se nos ha enquistado en una parte del cuerpo y nos quema por dentro como si fuera propia, que algunos la llevan cargada en la espalda y les pesa y otros la acumulan en el pecho y les acelera el corazón… Cuando sepamos que mirar a otro lado no borra lo que pasa, sino que lo hace más terrible…

Cuando admitamos que  sólo nos hacía falta un poco de empatía y compasión para con otros y con nosotros mismos, que sólo necesitábamos escuchar y no pasar de largo ante el dolor ajeno. Cuando seamos capaces de decirnos a nosotros mismos que tenemos tanto miedo que a veces huimos y otras atacamos para poder soportar la angustia que nos supone sentir y no controlar lo que sentimos…

Cuando advirtamos que nos cubrimos de excusas para no hacer y luego nos dedicamos a culparnos y culpar a otros de nuestras “no decisiones” y del dolor que soportamos por ser incapaces de asumir responsabilidades…

Cuando sepamos que lo único que debíamos hacer era respetarnos y amarnos. Aceptarnos  y aceptar a los demás tal y como son.

Ayudarnos a superar las cuestas más duras para ser más grandes…

Hacer el camino acompañados y contemplar cada detalle como si fuera único, como si fuera aún más efímero, como si fuera mágico.

Cuando descubramos que sólo hacía falta dar las gracias por todo lo que tenemos y soñar con cambiar lo que no era justo…

Cuando nos demos cuenta de que el remedio estaba dentro de cada uno de nosotros y sólo necesitábamos creérnoslo y compartirlo… Confiar que sabríamos cómo hacerlo si éramos sinceros y humildes, si lo deseábamos tanto que no nos conformaríamos con menos y obraríamos milagros.

Algún día descubriremos que lo grande subyace en lo pequeño.

Que lo más difícil vive en lo sencillo, en lo básico.

Que la felicidad es salud y la salud es felicidad.

Que la belleza es el amor que damos.

Que, a veces, lo que más importa desaparece cuando dejas de apreciarlo y hay que cazarlo al vuelo.

Que la respuesta está en nosotros. Ha estado siempre esperando a ser rescatada de entre la maraña de egos y miedos absurdos.

Algún día descubriremos que sólo debíamos fluir y hemos pasado siglos contenidos, estancados, asustados, avergonzados de ser nosotros mismos…

Algún día sabremos que el antídoto eran las palabras y que hemos pasado mil años sin aprender a usarlas…

Algún día… Quizás no está lejano.

 


11 comentarios

Para que no desaparezcas


manhattan-blanc-i-negre

No te contengas, no cabes. No has sido imaginado para comprimirte y enclaustrarte. Eres demasiado grande para quedar atrapado en una presa imaginaria y demasiado libre para creer que no eres capaz de volar.

Si no vas a saber encoger tu entusiasmo para entrar en una versión de ti mismo más reducida, no te rebajes a intentarlo ni creerlo.

Si necesitas que te digan quién eres, no escojas para ello a quién te engaña o te envidia. Escucha a tus entrañas y ama tus locuras. Ellas saben a dónde vas y qué te niegas.

Recuerda siempre que cuando te sueñas triste, te asfixias, te desgajas.

Cada vez que sólo buscas sueños asequibles, te haces pequeño. Cada vez que dejas que tus sueños sigan siendo sólo sueños sin ponerles fecha ni trazar un mapa, te encoges.

Cada vez que te pruebas un sueño y dices que te va grande, te conviertes en esa persona a la que ese sueño le va grande.

Cuando dibujas un círculo a tu alrededor, reduces tu perímetro, recortas tu mundo, comprimes tu conciencia y tu cabeza.

Si buscas besos, no vendas abrazos baratos ni te conformes con un deseo deshilachado.

Cuando te imaginas seguro y oculto, te alejas de ti mismo para aferrarte a un ser menor que necesita salvavidas para nadar en su conciencia.

Cuando te acercas a la fuente y no te atreves a beber, te fundes.

Cuando te sueñas con miedo, tu alma se queda virgen y tu cuerpo se cubre de escarcha.

Cada vez que ocultas tus lágrimas y reprimes tu osadía, caminas hacia atrás en el camino hacia ti mismo.

Cada vez que dices en voz alta que no puedes, una muñeca de vudú gigante te clava una astilla en el alma. Cada vez que insinúas que no mereces, un duende caprichoso borra tu nombre de la lista de milagros.

Cuando no te atreves, uno de tus dones se esfuma.

Cuando dices que no deseando decir que sí, uno de tus superpoderes se atrofia.

Cuando te sueñas cobarde, te arañas y encoges.

No te borres las ganas creyendo que no eres capaz de dar el salto porque entonces tus pies serán más pesados y el pasado te explotará en la cara.

Cuando la pereza te invade, tu aroma se vuelve rancio…

No deshojes margaritas preguntando algo que ya no te importa porque has descubierto que el amor te viene de serie…

No bajes la cabeza escondiéndote por no llegar a ser la imagen del espejo que otra persona busca… No busques espejos, busca personas que te permitan brillar.

No busques perfección, busca deseo. Busca pasión y si la encuentras, atrápala.

No busques simetría, busca pura belleza, sin medidas ni condiciones.

No contengas tus fibras en una mueca amarga porque podría quedarse retenida en ellas y hacerse una cabaña.

No abras la puerta al sufrimiento porque podría instalarse en tu casa, devorar tu alegría y meterse en tu cabeza.

No busques respuestas vacías, piensa bien las preguntas porque son las que marcan el camino.

Cuando dices que no sirves, tu brillo se apaga.

Cuando suplicas ser como todos los demás, te desdibujas…

Porque cuando te pones fronteras te podas la vida, te cercenas el alma.

Cuando te imaginas pequeño, te achicas, te contraes, te suprimes… Te conviertes en un ser diminuto.

Cuando te sueñas cansado, te desconectas de ti mismo.

Por eso, no pares, no te detengas, no caigas en la tentación de pensar que no puedes, no cedas ante ante esa versión de ti mismo que se asusta…

No desaparezcas de tu vida.

No te metas en un traje pequeño y esperes hacer cosas grandes…

 


2 comentarios

¿Crees que te lo mereces?


A veces, nos suceden cosas que no podemos controlar, pero si que podemos incidir en nuestros pensamientos y nuestra actitud ante ellas… Podemos decidir que no las merecemos y luchar para cambiarlas cuando sea posible, actuar como lo que somos, alguien que merece lo mejor, que sueña con superarse…
Si aceptamos lo que no merecemos, sin ni siquiera rechistar, acabamos mereciéndolo, nos volvemos pequeños y tristes, cuando en realidad, nuestro potencial es infinito.
Soñemos a lo grande, sin límites, vivamos nuestros sueños hasta que nuestros sueños nos transformen. Semos nuestra mejor versión…

 

 


2 comentarios

Suéltala


Todos tenemos bananas. Creencias arraigadas y limitantes que nunca nos cuestionamos y, a veces, no identificamos. Las bananas nos recortan las posibilidades y las oportunidades.

 

 


55 comentarios

38 grados


Ayer me quedé totalmente revuelta. Estaba en una fiesta infantil con niños y niñas de siete años y viví de cerca el acoso escolar. En una forma muy incipiente y rudimentaria, tal vez, pero lo suficientemente clara como para que algunas de los criaturas allí presentes, se pasaran gran parte de la tarde en un rincón intentando no molestar, creyendo que no son suficiente, pensando que no merecían estar bailando con los demás. Todo porque alguien, una niña de siete años, se ha otorgado el poder de decidir  quién puede o no bailar según su criterio. Tú sí, tú no. Tú vales y tú te sientas en el rincón y te callas. Y no se lo hicieron a una sola niña, se lo hicieron a dos o tres. Su forma de divertirse ayer por la tarde no era bailar (aunque según parece, lo deben hacer muy bien ya que imponen sus normas) sino vejar y humillar a otros. El baile es la excusa. Mañana será otra cosa.

El caso es que la situación me pareció tan triste, no sólo porque le amargó la tarde en parte a quién celebraba el cumpleaños que miraba perpleja la situación, sino porque todos se escandalizaban y nadie hacía nada. Y al final, a riesgo de buscarme problemas, no pude más y detuve la fiesta un momento para abordar la situación.  Porque tenía la sensación de que si nadie decía nada en voz alta, les estábamos dando a entender que aquello nos parecía bien, que aceptábamos que los que se creen fuertes hagan sus normas y los demás las acaten. Que nosotros acatamos que haya niñas que no bailan porque otras consideran que no son dignas.  Y no podemos ser partícipes ello, ni como madres y padres ni como sociedad.

Sería como saber que estamos enfermos y no querer curarnos. Cuando nuestros hijos tienen fiebre, les damos una medicina para bajar la temperatura… ¿Por qué cuando no se compartan bien o necesitan una charla escurrimos a veces el bulto? La indiferencia y la tolerancia ante este tipo de actos les van a perjudicar más que los 38 grados que nos afanamos a bajar y que tanto nos alertan.

Tal vez muchos pensarán que es una chiquillada. Aunque el acoso empieza así, con una chiquillada que se tolera. Uno abusa de otro y nadie se atreve a alzar la voz para decir que no está bien, ni a abordar el tema. Todos asienten y el acosador, que es alguien que lo que hace es pedir ayuda a gritos porque en realidad tiene mucho miedo, se siente legitimado para seguir. ¿Por qué pasan estas cosas?

La verdad es que me sentí desbordada. No sabía cómo actuar, no soy experta, pero sentía que debía hacer algo. Como madre, como persona, como parte de una sociedad que no puede seguir aguantando estas situaciones. Si callaba, me convertía en cómplice.

De modo, que les dije que pensaba no estaba bien. No sé si sirvió de nada y tal vez hoy algunos de ellos recuerdan a una madre loca que decía sandeces y no les dejaba escuchar la música. Aunque alguien les tenía que decir que tienen mucha suerte de ser diferentes unos de otros, que deben respetarse y aprender de esa diversidad. Que cada uno baila a su modo, por suerte… Que eso no significa que no puedan bailar porque lo que cuenta es divertirse y compartir. Que hay quien baila y quien acaba cuidando ancianos, operando personas y cambiándoles el corazón enfermo, quien defiende los derechos de las personas en un tribunal, quien escribe noticias, quien ayuda a personas que se quedan sin casa, quien corre maratones y quien habla cuatro o cinco idiomas.

Alguien debía decir que cuando un grupo de tres personas se ríe de otra hasta hacerla sentir ridícula porque no baila bien, tiene un problema grave. De autoestima, de valores, de no saber divertirse si no es humillando a otro, de falta de atención…

Alguien debe decirle a los que se sientan en un rincón que no tienen por qué. Que justamente cuando se sientan se convierten en víctimas, que justo lo que deben hacer es seguir en la pista y bailar más, hasta que sus acosadores se den cuenta de que no les afecta para nada su opinión  y les dejen en paz… Porque sólo les interesan las víctimas, las personas a quienes consideran débiles… Si mostramos nuestra fortaleza, nunca somos víctimas y dejamos de interesarles. Aunque eso, ¿cómo se lo cuentas a una niña de siete años que sólo desea formar parte del grupo y ser aceptada? Tal vez con cariño, poco a poco, con palabras, encontrando una forma de que se suelte y te cuente qué siente y  cómo le afecta.

Comunicarnos es tan importante, para todo. Para evitar gritos, para evitar patadas… Para tender puentes y abrir caminos de ida y vuelta para que nada sea irreversible. Debemos darles herramientas a nuestros hijos para saber cómo actuar y ayudarles a crecer en estas situaciones para que no se sientan desamparados y desesperados. Educarles para sacar de dentro sus propios recursos y valorarse como merecen.

Y a los que acosan. Alguien debe ayudarles a hurgar en sus vidas también para que sean plenas sin tener que amargar a otros. Alguien debe preguntarse por qué pasa lo que pasa y además de paliar los afectos, atajar las causas. Alguien debe ayudarles a construir su puente también, para que vuelvan a disfrutar desde el cariño y el respeto.

Ayer me sentí muy impotente y creó que a pesar de mis intentos fracasé. Lo sucedido removió mi pasado y puso en alerta a la niña triste que se sentaba en un rincón… También pensé que si yo puede superarlo y aquello me hizo fuerte, ellos también podrán… Aunque dado el nivel que está alcanzando el acoso los últimos tiempos, creo que tenemos una obligación como sociedad.

Debemos educar. Desde la escuela y desde casa. En todas partes. Dar un mensaje claro. No se pueden aceptar estos comportamientos nunca. Desde la primera alarma, por pequeña que sea, debemos ser tajantes. Enseñar a respetar y aceptar la diferencia, sea la que sea. Para que se aprenda a vivir como una riqueza y no como un inconveniente. Mostrarles que el mundo es rico cuando más diferencias existen.

Debemos tener el valor de decir que no y plantar cara, aunque cueste y algunos nos miren mal porque crean que “son cosas de niños”. Que dos criaturas se queden fuera de una fiesta, creyendo que no son nada, porque otras dos consideren que no se merecen estar en ella y les echen,  no son cosas de niños, son cosas de tiranos, de dictadores y nosotros somos los vasallos de esos dictadores si no lo atajamos y les decimos que no lo vamos a cosentir.

Si miramos a otro lado, esta espiral sigue. Hasta amargar la vida de criaturas que no se atreven a decir nada por miedo a sufrir aún más. Hasta que es tarde. Hasta que nos ponemos las manos a la cabeza y nos saltan las lágrimas.

Educar es duro y complicado. No creo que haya en la vida tarea más apasionante y difícil. Cada gesto, cada palabra, cada mirada calan en los niños y les envían un mensaje… Aunque casi nada es irreversible. Todo puede compensarse si hay ganas y amor por ofrecer. Podemos pedir ayuda a especialistas y trabajar con sus maestros, tejer complicidades y no temer admitir que muchas veces la situación nos desborda.

Nos preocupamos mucho por 38 grados y no sabemos poner el termómetro a nuestra relación con nuestros hijos. No sabemos notar cuándo decirles lo necesario y qué decirles para que se sientan bien consigo mismos y no acepten regateos ni chantajes a su autoestima. Para que no sean acosados ni acosen. Para que cuando su equilibrio se resienta sean capaces de contárnoslo y busquemos soluciones. Para que nunca se cuestionen si valen la pena, ni escuchen a aquellos que intentan vulnerar su estabilidad… Para que sean ellos mismos y se sientan bien con ellos mismos… Para que bailen sin preocuparse de si gustan o no. Para que bailen porque gozan bailando y derrochando felicidad. Para que nunca duden de que pueden ni se atrevan a cuestionar a otros por la misma razón… Para desterrar la culpa, el resentimiento y el miedo a existir tal como somos.

Aunque, tal vez, lo que hacen nuestros pequeños no es más que emular lo que hacen sus mayores… Por eso, quizás, debemos empezar también por nosotros mismos y ver qué estamos haciendo mal para que nuestros hijos nos copien. Porque los niños nunca hacen lo que les dices que hagan, hacen lo que ven que tú haces… Hagámoslo bien, lo merecen y lo merecemos.

Estamos a 38 grados como sociedad y va en aumento.