merceroura

la rebelión de las palabras


1 comentario

Lo que no se puede evitar


Hay tantas cosas que aunque queramos no se pueden cambiar…

El tiempo que se acelera, aunque sea un invento útil y macabro.

Las cosas que nos pasan y nos rompen.

Las personas que se nos acercan y lo que hacen.

La vida que nos zarandea.

Casi nada.

Aunque podemos mirar en nosotros, muy dentro, y comprender. Notar qué sentimos y reconocer qué historias nos contamos para ver cómo cambiando de cuentos vivimos más en paz.

Podemos decidir de nuevo cómo interpretar la vida, asumiendo la realidad, y qué nos quedamos que nos sirva para seguir adelante. Podemos aprender la lección y pasar a la siguiente.

Podemos mirar lo que se acaba y decidir que es porque otra cosa nueva va a empezar.

Contemplar lo que fuimos y decidir que no va a condicionar lo que somos nunca más. Que sabremos volver a mirar y ver de otro modo.

Que ahora podemos mirarnos y elegir amarnos y respetarnos.

Podemos aceptar lo que es y amarlo aunque duela.

Aunque no nos guste y quisiéramos cambiarlo. Aunque en nuestra mano esté hacer algunas cosas para que sea de otro modo. Podemos intentarlo, sin forzar , y luego aceptar de nuevo y estar en paz.

Porque aceptar no resignarse sino asumir lo que es y aprender a vivirlo desde la paz, dejar de necesitar que cambie para poder ser felices y de enfocar nuestras fuerzas en ello. Dejar de resistirse y permitir que la forma de mirar lo que pasa te tranforme. Que la vida te transforme y te lleve por dónde debes pasar…

Hay tantas cosas que no podemos cambiar… Y a pesar de ello, nos enfadamos mucho con la vida y nos resistimos a vivir ese dolor pendiente, esa situación incómoda. Y a cada embestida nos resistimos más y gastamos más energía en evitar lo inevitable, vivir lo necesario, sucumbir a lo que ya es…

La vida se nos escapa de las manos mientras intentamos retener historias que ya no son nuestras historias. Mientras nos resistimos a sentir y a soltar lo que ya caducó y no nos sirve. Y lo hacemos porque no nos amamos suficiente como para esperar algo más hermoso, algo más amable… Porque no creemos merecer más ni conocemos nuestro valor.

No nos nos sentimos capaces de enamorar a nadie.

No nos sentimos dignos de un trabajo mejor.

No nos vemos viviendo en un lugar más amplio y soleado.

Nos recortamos tanto a nosotros mismos que decidimos no pasar página por si el siguiente capítulo es peor que este y duele más… Y muchas veces es cierto, duele más, pero es porque no cerramos este. Porque no pasamos página de verdad y nos sujetamos a un pasado amargo, porque no aceptamos y vivimos lo pendiente, porque la vida nos pone delante la oportunidad y decidimos pasar de largo…

No sabemos quiénes somos y por ello no ocupamos nuestro lugar.

Perdemos ese tiempo precioso en minucias y palabras huecas, buscando excusas para no vivir lo que sabemos que está llegando sin remedio… Buscamos atajos para poder seguir viviendo a medias. Nos agarramos al personaje que inventamos en nuestra niñez para poder soportar el dolor de estar en este mundo y no sentirnos suficiente, no ser lo que el mundo parece que espera de nosotros… Aunque ese personaje nos somos nosotros y mantenerlo en pie nos supone un sufrimiento insoportable.

Nos quedamos sujetos a esa vida gastada que nos pide dejarse caer al vacío para morir, como las hojas secas, mientras anhelamos una vida nueva que no puede llegar porque no le dejamos un hueco.

No aceptamos y por ello no podemos transformarnos y dejar de empujar el pesado carro antiguo para deslizarnos en uno nuevo.

Hay muchas, muchas cosas que no podemos cambiar, pero podemos decidir asumir el reto de vivir lo que llega, aunque a veces sea amargo y nos deje vacíos y rotos un tiempo.

Podemos quitarnos la ropa vieja y quedar desnudos ante la vida para ver qué vestido nuevo nos trae.

Porque hay cosas que tenemos que sentir, puentes que debemos cruzar, historias que necesitamos escribir.

Podemos mirar dentro y sacar lo que ya no nos define. Dejar las creencias absurdas e inoportunas y arriesgarnos a vivir sin manual, fuera del camino marcado y sin saber qué nos depara la vida.

Podemos amar sin esperar a que nos amen como deseamos.

Podemos amarnos nosotros ahora mismo sin esperar a que nos miren y nos vean.

Podemos decidir que ya somos todo sin esperar a que la vida nos dé nada.

Podemos de una vez por todas atrevernos a vivir lo que no se puede evitar.

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

Disponible aquí 

amazon llibre merce amazon

Si quieres saber más de mí, te invito a entrar en mi web y conocer lo que hago. Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar todo su potencial a través del coaching, el mentoring y la Inteligencia Emocional. 

www.merceroura.es 


1 comentario

MIEDO con mayúsculas


ledge-2203667_640

No nos gusta tener miedo. No nos gusta porque es como admitir que somos extraordinariamente vulnerables y que estamos perdidamente indefensos… Aunque así es. El miedo nos paraliza, pero también nos pone alerta. Aunque es un miedo que no se calma usando la fuerza para protegernos, ni haciendo guardia para que no nos ataquen. Es un temor a desaparecer, a perder la rutina, a no despertar de la pesadilla nunca más o que al hacerlo, todo sea tan distinto a como era antes que queramos volver a quedarnos dormidos.

Es un espasmo lento que se repite varias veces al día y nos trae historias tristes que  hablan de horror e injusticia y que se nos filtran por los poros y se quedan a vivir en nuestros pensamientos hasta habitar en cada una de nuestras partículas. Somos carne de cañón para un miedo atroz que nos impide pensar claro, poner orden y tomar decisiones sensatas. Vamos del “sálvese quien pueda” a la cadena de mensajes que no llegan a nadie que los necesite y que insisten en hacernos sentir pequeños, gastados, agotados, tristes y presa fácil de todo. Consumimos miedo enlatado, miedo virtual, miedo en forma de mensaje positivo que te obliga a sentirte mal contigo mismo por no dar la talla en optimismo y actitud, que es tan dañino y poderoso como si llegara por vía intravenosa para que nos sintamos completamente solos, desnudos y culpables.

Nos llenamos la cabeza de mentiras y contra-mentiras. De bromas facilonas y tragedias terribles… Hasta que no nos queda más criterio que el pánico ni más ánimo que la crítica repetida hasta la saciedad.

Hay miedo, hay mucho miedo esperando ser sentido y aceptado. Mucha humanidad latente esperando ser percibida y honrada bajo la capa del héroe que no tiene más remedio que salir al mundo aún a sabiendas de que puede envenenarse en él.

Hay miedo pero también hay amor. Junto a las listas de síntomas, hemos hecho listas de personas a las que no olvidar, a las que preguntar cómo y dónde estar. Mientras llorábamos por perder lo que pensábamos que necesitábamos, recuperamos  el valor de lo que importa de verdad. El deseo por seguir adelante y la gratitud por cada momento de vida que tenemos por delante.

Mientras se nos iba lo cotidiano por el retrete, nos dimos cuenta de que había mil cosas a las que no atendíamos casi nunca y que ya hacía tiempo que estábamos perdiendo. Cuando la vida nos decía que estamos en prórroga, nos dimos cuenta de que hacía una eternidad que ya perdíamos el partido… Por desidia, por angustia, por estar pendientes de lo urgente y dejar lo importante, por pensar que habría tiempo más tarde, por miedo a pisar un suelo que se tambalea y sin saber todavía quiénes somos…

Cuando la noche asomaba por la ventana y el sol se ponía nos percatamos de que había brillado durante horas  para nosotros sin habernos dejado tocar por él ni un instante…

Sólo nos dimos cuenta de que había estado sonando la música cuando dejaron de tocarla… Sólo vimos cuánto necesitábamos los abrazos que aplazamos para contestar al móvil cuando nos quedaron prohibidos.

Sólo dimos valor a la vida cuando vimos que la vida se nos escapaba por la ventana… Sólo percibimos lo mucho que dejamos atrás cuando estábamos al borde del precipicio.

Tenemos miedo. Un miedo necesario que debe ser atendido y escuchado para que nos nos tenga en puño, para que no nos retuerza por dentro y nos haga no poder levantarnos, para que no nos secuestre y podamos elegir en todo momento… Para no dejar de respetarnos y respetar a otros ni caer en el absurdo.

Para sentarnos a sentir y hacer otra lista, poner nombre a lo que realmente nos asusta y decirlo en voz alta… Respirar hondo y decidir hacer todo lo posible que esté en nuestra mano y asumir que hay millones de cosas que escapan de nuestro control.

Sólo nos queda confiar. Confiar en los que nos cuidan, en los que tenemos cerca y no podemos tocar. Confiar en nosotros mismos para salir adelante y concentrarnos en dar un paso cada día… Cuando el paisaje a nuestro alrededor esté desolado y nos angustie, demos ese paso y miremos sólo el pie, observemos la huella que deja en la tierra y no pensemos en nada más. Seamos útiles para otros y para nosotros mismos y permitámonos estar tristes, cansados, ansiosos, asustados, irritables y todo lo que se nos ocurra, que es mucho, porque las horas pasan en espiral. Sólo nos queda mirar a este abismo y estar presentes, nada más.

No importa que tengamos miedo, pero que el miedo no nos tenga.

 

GRACIAS POR LEERME E INICIAR CONMIGO ESTE CAMINO COMPLICADO PERO MARAVILLOSO… 

Si quieres continuar con este cambio, te invito a profundizar todavía más…

Manual de autoestima para mujeres guerreras

Disponible aquí 

amazon llibre merce amazon

Acompaño a personas y organizaciones a a desarrollar su #InteligenciaEmocional con formación, conferencias y #coaching

Escritora y apasionada de las #palabras

Más información sobre mí y sobre mis servicios en www.merceroura.es

 


5 comentarios

Déjate en paz


Últimamente me doy permiso para equivocarme.

Alguien pensará ¿Qué más da eso? si te equivocas igual ¿no? si tal vez lo que tendrías que hacer es intentar dejar de equivocarte ¿no va de eso la vida?

Hace años le hubiera dicho que sí, que vivir es era intentar hacer las cosas siempre lo mejor posible. Yo lo intenté con todas mis fuerzas y nunca lo conseguí, nunca estuve satisfecha. Y me sentía siempre mal, siempre esclava de algo que no conseguía ni alcanzaba. 

Ahora creo que es mejor aceptar tu error, observarte y observarlo y quietarle fuerza e intensidad. Mirarlo sin miedo, sin culpa, sin reproche y comprenderlo. Darte cuenta de que no pudiste hacerlo de otro modo. A pesar de saber hacerlo técnicamente, de tener la experiencia y la formación, muchas veces nos falla la actitud y el ánimo. No somos máquinas, somos seres humanos y estamos totalmente condicionados por nuestras creencias y programas subconscientes. No siempre cumplimos expectativas. Nos falla el pulso, nos atenaza el miedo, nos faltan horas de sueño, necesitamos serenidad y calma e ideas claras que no siempre acariciamos. 

No es una excusa, es una explicación.

El caso es que desde hace un tiempo, me doy margen. He dejado de mirarme con ojos de acosadora a mí misma. Me observo gestionando una situación y me doy cuenta de que juzgo, que me dejo llevar por mis emociones sin explorarlas, que no respiro hondo ni calculo bien, que tal vez tendría que dar una vuelta a las cosas antes de darlas por hechas… Sin embargo, no me acecho, no me reprocho. Es como si me diera cuenta de que en ese momento, a pesar de tener el potencial para hacerlo mejor, no me echara en cara no haberlo usado. Como si aceptara que justo en ese momento no puedo ser de otra forma y lo hiciera mal pero sabiéndolo, observándolo. Es un error visto desde la consciencia, desde la responsabilidad de la persona que asume que podría actuar mejor pero acepta que no supo y no pudo, pero que elige verlo y comprenderlo para la próxima vez poder recalcular. Es ver el error y no sentir culpa sino capacidad para aprender de él y saber que no eres tú, que no tiene porque limitarte sino todo lo contrario, abrirte un mundo de posibilidades gracias a él y a tu forma de contemplarlo.

Últimamente me permito el error y me siento bien. He descubierto que algunas personas, entre las que me hallo, necesitan más perdonarse por no cumplir del todo y equivocarse, que seguir intentado mejorar. Porque en su caso la mejora es una espiral que les lleva a maltratarse y no darse nunca tregua. He descubierto que cuando te permites fallar y te perdonas, te quitas de encima tanto peso y presión que automáticamente todo sale mejor. Que cuando miras tus errores y te miras a ti mismo sin rencor ni reproche por no llegar a la meta o no conseguir el reto, el dolor se esfuma y te liberas. Y te das cuenta de que lo que importa es disfrutar de lo que haces, de lo que eres, valorarte y apreciarte llegues o no. Porque no eres tus resultados, eres las transformación que experimentas mientras caminas hacia ellos, los consigas a o no.

Últimamente, me miro con ojos de persona que amable y compasiva. Sin pena, por favor, al contrario. Hace falta ser valiente para mirarte a los ojos después de cometer un error y decirte “no pasa, nada, te quiero y te valoro igualmente”. Esa compasión, ese cariño que hay en ti a pesar del resultado y el error no te hace grande, hace que te des cuenta de la grandeza que había en ti y que no veías ni valorabas… Del poder que tienes cuando decides mirar de otro modo y cambiar tu realidad al reinterpretarla.

Cuando te das cuenta de que tu valor como ser humano tiene que estar siempre fuera de duda y que no depende de tus errores sino de tu capacidad para asumirlos y perdonarte, todo es relativo.

Últimamente, me permito fallar y eso me da una visión sobre mí y sobre la vida que me trae paz. Y desde la paz encuentro otras respuestas que no veía. Desde la calma de saber que me perdono y no me reprocho veo la forma de compensar y volver a intentar con más ganas, con sentido…

Me he dado cuenta de que cuando te permites el error y lo aceptas, abres la puerta a un conocimiento de ti mismo que lo cambia todo.

Que cuando te dejas margen para equivocarte y te perdonas por ello puedes aprender de tus errores sin que el dolor los esconda. Que, a veces, hacerlo mal y poner luz y consciencia te libera más que hacerlo bien porque sueltas carga y presión…

Últimamente, me dejo en paz y me permito hacer las cosas mal cuando no sé hacerlas mejor y jamás había cosechado tantos aciertos. Aunque tal vez sigo sin acertar pero me siento bien conmigo misma porque no soy tan dura, tan cruel y exigente, porque llevo menos carga y eso me deja pensar, sentir, notar. Quizás ha bajado ese listón que nunca debió estar tan alto y me siento mejor. Será que para acertar es imprescindible antes aprender a perdonarse los errores.

Lo sé, si haces esto, habrá quién dirá que eres débil, que eres floja, que esto va de hacerlo siempre todo lo mejor posible y no fallar, que es una competición sin tregua por la supervivencia y que con lo que hay ahí a fuera tienes que ser el mejor… Pero yo siento que lo que cuenta es estar bien contigo, valorarte y no menospreciarte, que esto va de amarte no de tasarte ni venderte, de dedicarte una mirada amable cuando no puedes más y darte tregua para seguir adelante. Yo fui tan cruel conmigo mientras peleaba por mis sueños que recuerdo ese tiempo como algo sumamente amargo que no pudo endulzarse ni siquiera cuando los tocaba y conseguía. La vida no es una lucha, es un camino. No vamos a conseguir todo lo que deseamos a veces, por más que nos empleemos en ello, por eso vale la pena que el trayecto sea amable y nos permita ver la belleza que nos rodea.

Cuando aceptas tu verdad y decides parar para sentir no estás dejando nada sino asumiéndolo todo, no procrastinas nada sino que lo aceptas todo y tomas las riendas de tu vida… Cuando te amas y y valoras, ese amor te da la fuerza para seguir adelante y superarte. 

Perdonarse los errores no es de personas débiles, sino de valientes. No es buscar excusas, es comprender por qué sucedieron para poder empezar de nuevo. Dejarse en paz no es dejar de buscar la excelencia, es darte un respiro para que surja sin forzar ni maltratarse. Para poder amar lo que haces sin el yugo de la autoexigencia y el insoportable dolor que supone culparse siempre a uno mismo.

A veces, para que todo esté bien, solo necesitas apoyarte a ti mismo y estar de tu parte. 

Además ¿Qué está bien y qué está mal? ¿Quién lo sabe? ¿Acaso no hay cosas que parecen horribles y luego resulta que son experiencias maravillosas?

 

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

 

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

 

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

 

Disponible aquí 

 

amazon llibre merce amazon

 

Si quieres saber más de mí, te invito a entrar en mi web y conocer lo que hago. Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar todo su potencial a través del coaching, el mentoring y la Inteligencia Emocional. 

 

www.merceroura.es 

 

Tengo un programa para ti para poder tomar decisiones y salir de bucle en que te encuentras. Un entrenamiento para hacer una transformación duradera en tu vida y ver resultados.

 

Consulta aquí