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Esa extraña obsesión por cambiar el mundo


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Reconócelo, quieres cambiar el mundo. No solamente quieres cambiarlo sino que quieres que todas y cada una de las criaturas que habitan en él sean distintas a como ahora son. Quieres que todo sea mejor, más limpio, más justo, más digno… Quieres salvarlo de él mismo porque se pierde, se gasta, se rompe, está a punto de estallar… Lo sé porque eso que sientes lo he sentido yo durante años hasta llegar a la necesidad de cambiarlo todo y darle la vuelta porque lo que veía me parecía desvastador…

Te comprendo, sé que tus intenciones son buenas pero tengo que decirte algo difícil, algo que a mí me costó mucho aceptar y asumir… No vas a cambiar nada. No puedes controlar nada de lo que pasa ahí afuera. Ni las personas, ni las situaciones, ni siquiera a las plantas y las piedras. Ni eso. Intenta cambiar de lugar una planta y verás como con sus hojas siempre a buscar el sol. Intenta ponerle diques al mar y verás como un día de estos lo inunda todo. Y con las personas pasa lo mismo. Intenta hacer que alguien cambie y si lo hace para complacerte, observa como se harta al poco tiempo o como se consume. Mira cómo estalla o como desaparece. ¿A qué precio logras retener un gorrión en una jaula?

Sin embargo, quiero ir más allá… Queremos cambiar el mundo, pero ¿Cómo? es decir ¿Cómo crees que debería ser? ¿Quién decide hacia dónde va ese cambio? ¿Qué modelo de mundo queremos? Mejor todavía ¿Qué modelo de mundo necesitamos? ¿Quién participa en la decisión? ¿Lo hacemos por sufragio? Cuando decimos que queremos un mundo más justo, ¿Quién decide lo que es más justo o menos justo? ¿Y si al faltarnos mucha información nos equivocamos y acabamos cometiendo una injusticia mayor? al fin y al cabo, no sabemos nada y siempre somos subjetivos… ¿Cómo podemos saber que lo que deseamos que sea distinto será mejor? está todo tan conectado, activas un botón y explota un mundo, tiras una ficha de dominó y cae un imperio…

No sabemos nada. A veces, somos como el mono que sacó al pez del agua para que no se ahogara o como el que le pidió al cerdo que volara y al águila que se quedara quieta en tierra… ¿Y si vemos al gusano y no comprendemos que todavía no le toca ser mariposa y se lo estamos exigiendo ahora? Cada cosa, cada persona vive su proceso… ¿De verdad queremos que los demás sean distintos a como son ahora? ¿No es eso un acto egoísta? ¿Qué pasaría si otros nos lo hicieran a nosotros porque pensaran que nos estamos viviendo como deberíamos?

Eso es lo que hacemos un poco todos, pretender que los demás vivan como nosotros pretendemos, según nuestras inquietudes, nuestras normas y nuestra forma de ver la vida. Y  cuando no responden como creemos que deberían, nos frustramos y enfadamos, pero son libres y pueden vivir como quieran, incluso si eso les aleja de nosotros.

Ya lo sé, hay cosas que pasan y son terribles, pero ¿Cómo saber si al mover una pieza estamos abonando otra jugada más peligrosa? Y no me refiero a ir por la vida sin hacer nada cuando veamos algo que nos duele, por supuesto. No hablo de permitir que otros sufran o si está en nuestra mano evitar una injusticia.  Me refiero sobre todo a algo que hacemos cada día, juzgar. Vemos al que engaña y no sabemos que fue hijo del engaño, vemos al pobre y decidimos que es porque no trabaja suficiente o no se esfuerza, vemos al rico y pensamos que su dinero no puede ser fruto de nada bueno… Nos mofamos del bajo y del alto, del que gordo y del flaco… Nos reímos del que no llega, del que tiene alguna discapacidad como si eso le hiciera inferior a nosotros cuando es un ser humano igualmente útil… Le exigimos al que llora que ría porque no podemos soportar su tristeza, ya que nos recuerda la que llevamos almacenada dentro y no dejamos salir ni nos sabemos reconocer… Vemos al que está feliz y le envidiamos la dicha y a veces incluso deseamos que le dure poco porque no creemos merecerla nosotros y no confiamos en alcanzarla y nos duele ver que él sí la tiene…

¿A ellos también les cambiamos? ¿Para que sean cómo? ¿Cómo nosotros? Les juzgamos y luego pedimos piedad para que no nos juzguen, queremos que sean comprensivos y compasivos con nosotros cuando nosotros no lo somos con ellos ni con nosotros mismos…

Porque si nos perdonáramos por haber fallado no nos molestaría el fallo ajeno. Si no perdonáramos por no ser perfectos, no nos perturbaría que otros fueran por la vida igualmente imperfectos, pero eso no hiciera que se sintieran mal por ello. Si creyéramos que somos dignos de lo mejor, no nos molestaría que otros tuvieran lo mejor. Si confiáramos en merecer riqueza y abundancia, no nos haría tanto daño que otros fueran ricos y abundantes… Si nos sintiéramos dignos de amor y nos enamoráramos de nosotros mismos, no mendigaríamos nunca el cariño.

No aceptamos lo que somos y no podemos aceptar a los demás. Miramos al espejo que es este mundo en que vivimos y lo golpeamos con saña para romperlo y condenarlo porque refleja lo que creemos ser, porque en él vemos reflejado nuestro dolor, nuestra impotencia, nuestra frustración y esa enorme sensación de injusticia y vulnerabilidad que nos ahora y recorta las alas. Miramos al mundo y todo lo que hay en él a través de nuestras creencias más limitantes, de nuestros recuerdos más amargos… Vemos el mundo a través de nuestro pasado y suplicamos que cambie porque no podemos soportar el terrible dolor de no cambiar nosotros…

El único cambio posible está dentro de nosotros. La única forma de cambiar el mundo es amarlo, aceptarlo como es y mirarlo de igual a igual con toda la compasión que nos sea posible… Por ello, hace tiempo decidí dejar en paz a los demás y centrarme en mí que tengo mucho pendiente por reconocer y aceptar.

Soltar la necesidad de controlar que la vida sea como creemos que debe y abrazar otras posibilidades. Aprender a caminar por la cuerda floja y sentirnos seguros. Dejar de buscar ahí afuera lo que sólo nosotros podemos darnos a nosotros mismos… Ese amor incondicional que no depende de lo que te pasa, ni de los kilos que pesas, ni del dinero que tienes en el bolsillo. Mirar al espejo del mundo y ver que el dolor que hay en él está en ti. Que tú no engañas a otros pero te engañas a ti. Que no robas pero te robas. Que no rompes ilusiones de otros pero recortas las tuyas… Que juzgas sin saber y sin haber sentido lo que otros sienten. Volver a mirar desde la inocencia y creer en ti.

Entonces, el que ríe te contagia. El que llora sabe que estás ahí y no le pides que ría. El pobre sabe que ves su riqueza interior. El rico sabe que te alegras de su riqueza porque eso es la demostración empírica de que tú también puedes conseguirlo… Y también te das cuenta de que toda la belleza que ves, es la belleza que hay en ti.

Y te miras y aceptas. Y ves al mundo y todo lo que vive en él y hay muchas cosas que no te gustan pero no te arañan igual que antes, además sabes que si está en tu mano harás lo posible para cambiarlas pero desde el amor a lo que es… Desde el amor a ti mismo. Transformando tus pensamientos, viviendo tus emocione pendientes, actuando desde la coherencia… Justo en ese momento, todo cambia porque cambias tú. Porque inspiras. Porque eres la respuesta que buscabas y el ejemplo que necesitas. Porque esperabas que alguien abriera el camino y te das cuenta de que esa persona eras tú. Porque ni siquiera hace falta cambiar sino tomar consciencia de quién eres y reconocerte a ti mismo y a tu valor.

Porque la verdadera transformación está en la forma como percibes el mundo y sobre todo como te ves a ti mismo.  Miras al mundo como te ves a ti. Si cambias la forma en que te miras, cambiarás al forma de ver todo lo que te rodea.

¿De verdad quieres cambiar el mundo o es sólo una excusa para evitar cambiar tú?

No somos salvadores de nada ni de nadie… Con un poco de ganas y trabajo, podemos conseguir mirar en nuestro interior y acabar reconociéndonos, aceptándonos y siendo coherentes con nosotros mismos, ese es el gran cambio que necesita en mundo, personas coherentes…

 

Gracias por leerme. Espero que te sea útil para seguir en este camino apasionante y complicado. La verdad es que no es fácil conocerse, respetarse y amarse a uno mismo como merecemos… A mí me ha costado mucho, mucho. 

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No lo intentes más


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A veces nos creemos muy valientes porque vamos por la vida plantando cara a las adversidades y sacándole el aprendizaje a todo. Porque cuando otros desisten, nosotros persistimos. Porque aportamos un poco más cuando todo el mundo ya acaba y se va a casa… Porque defendemos nuestras ideas cuando los demás bajan la cabeza… Porque sabemos lo que queremos y parece que nada ni nadie nos arruga. Y eso es genial, pero es al fin y cabo una lucha en círculo que topa siempre con las mismas paredes.Tener que estar siempre peleando por demostrar y por seguir. Estar siempre forzando la máquina para salir del redil y no formar parte del rebaño pero sin dejar el rebaño porque nos definimos a través de él intentando no ser como él, jugando a las normas establecidas dentro de él… Sintiéndonos juzgados por no pertenecer a él.

Una vez me dijo una persona muy sabia que yo era una “cobarde muy valiente” porque me peleaba con quien fuera por defender mis valores, pero que al mero hecho de creer que tengo que defenderlos me convertía en sumisa… Desde el momento en que casi pedía disculpas por ser distinta y demostrar mi valor a pesar de mis diferencias ya estaba diciéndole al mundo que me perdonara por no ser como debo, por no responder a sus cánones y ya estaba pidiendo que me mirara con otros ojos y suplicando clemencia… Estaba  pidiendo permiso para volver al redil.

Cuando nos pasamos la vida luchando por defendernos, estamos decretando que somos atacables… Estamos jugando al juego de aquellos a los que no queremos parecernos, estamos decidiendo que seguimos sus normas en lugar de soltar la necesidad de ser como ellos deciden, de vivir según sus reglas. De dejar de explicar continuamente porque no queremos lo que ellos quieren y no nos resignamos a lo que ellos se resignan…

No te excuses. No pidas permiso para ser tú. No expliques tu “para qué” pidiendo perdón por no buscar lo que ellos buscan y porque no te llena aquello con lo que ellos tapan su vacío… No pidas piedad por querer ir más allá, no esperes que te acepten, sencillamente acéptate a ti mismo como eres y libérate de la necesidad de ir por la vida intentando que te entiendan, que te miren, que te vean, que se apiaden de tus ganas y tu fuerza y te den el visto bueno… Suelta la necesidad de que te integren en su círculo y mira en ti lo que la ha creado… Comprende qué hay en ti que te hace creer que necesitas que te necesiten, que busca que te acepten y valoren, que quiere que le dejen formar parte de su club… Descubre para qué quieres que te reconozcan y mírate en su espejo para ser consciente de que estás esperando su aprobación porque no tienes la tuya.. Que luchas para defenderte porque crees que eres digno de ser atacado y que te asusta tu vulnerabilidad…

Deja de buscar la palmadita en la espalda y que te digan que has hecho suficiente, que ya eres perfecto para ellos y sé perfecto para ti.

Date cuenta de que la verdadera valentía es no entrar en su juego, es no tener que demostrarles nada, no caer en sus redes que nacen de las redes que has tejido tú para que te acepten… Tu miedo a no encajar les ha hecho grandes ante ti. Tú mismo alimentas la necesidad de que te den el visto bueno porque no te lo das tú mismo esperando encajar en su mundo.

Abraza eso que sientes ahora. Tu miedo a no ser como crees que quieren que seas… Tu culpa sinsentido por ser diferente en un mundo que te pide que apuestes por ti pero luego te dice que te pongas un uniforme y no salgas de la fila. Siente tu necesidad de amarte y respetarte por encima de todo, digan lo que digan… Búscate a ti y deja de mirarles a ellos buscando respuestas, esperando que noten tu valor y te digan que sí… Date tú el sí que realmente necesitas.

Y no luches más por ser tú ni te excuses… Sé. Sólo eso. Confía en eso que eres. Descubre que no hay redil, no hay ovejas, no hay pastor. Que eso es su sueño y tú caminas a tu manera, que tú dibujas tu camino y pones tus normas. Porque cuando sabes de ti y conoces tu valor no necesitas mendigar que lo comprendan y lo vean, sencillamente lo compartes. Lo vives, lo expresas por cada uno de los poros de tu piel, lo impregnas… Que en el mundo que te rodea hay mucho por amar y mucho por aceptar y luego decidir que no te interesa. Que no tienes que pasar por el aro ni hacer cola para suplicar que te den algo que no va contigo, que no te define ni forma parte de lo que sueñas o necesitas realmente..

No esperes que otros te digan que vas bien, decide tú el camino. Puede que ellos no sepan orientarte porque no van a dónde tú vas y no buscan lo que tú buscas. 

No esperes que otros te acepten, sé tu propia inspiración. Ámate al máximo de tus posibilidades… Ámate poco a poco si hace falta, en los pequeños detalles, en los momentos difíciles y en los instantes más oscuros mientras intentas buscarte y no te encuentras porque todavía no te reconoces. 

No busques entre sus metas para encontrar tu meta, tú ya eres lo que buscas pero no te has dado cuenta porque estabas ocupado metiéndote en una horma que te va estrecha. 

Brilla desde lo que eres, como brilla una flor roja en un campo de flores blancas… Como brilla el faro solitario en la costa sacudido por las olas del mar sin más necesidad que orientas y ser luz…

Ser valiente no es solo defender tus ideas, es vivirlas hasta sus últimas consecuencias y hacer las renuncias necesarias para que lo que realmente eres encaje en tu vida.  Ser valiente es comprender que llega un día en que puedes dejar de defender tus diferencias y dedicarte a ser tú mismo. Que lo que toca, si así lo deseas, es potenciarlas y usarlas para marcar el camino, para inspirar a otras personas que también han decidido que no quieren ser ovejas y que rompen con la necesidad de pasarse la vida explicando o justificándose por qué no quieren formar parte del rebaño…

Deja de intentar que te comprendan y compréndete tú. No hay nada más valiente que aceptarse a uno mismo de forma radical en un mundo en el que muchos se pelean porque los demás respeten sus diferencias y les acepten a pesar de ellas.

Mientras sigas peleando para que entiendan que eres diferente, les estás dando coartada para seguir juzgándote por ello porque tú mismo te juzgas. Ellos están ahí porque les das poder y sigues sus creencias. Porque les alimentas esperando que te asuman y reconozcan. Mientras sigas defendiéndote por ser tú, en cierta forma, continuarás siendo ellos y mirándote con sus ojos. Crees que quedas al margen, pero sigues jugando su juego y creyendo en sus normas y esperas los mismos resultados que ellos esperan…

Tú no necesitas que te permitan vivir tal y como eres y te integren en sus vidas… Lo único que necesitas es dejar de pedir permiso y abrazar lo que eres absolutamente.

Deja de hacerte daño intentando encajar en un mundo en el que no cabes porque eres demasiado grande y maravilloso… Deja de luchar por ganarte un puesto que no deseas y de justificarte por no ser alguien que no eres.

 

Gracias por leerme. Espero que te sea útil para seguir en este camino apasionante y complicado. La verdad es que no es fácil conocerse, respetarse y amarse a uno mismo como merecemos… A mí me ha costado mucho, mucho. 

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A pesar de mis circunstancias


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Uf… No sé ni cómo abordar este tema tan complicad,  pero seré directa. Dicen que no es lo que te pasa sino cómo te tomas lo que te pasa y es retorcidamente cierto, dolorosamente real, cruelmente necesario… Eso no significa que quienes nos sacuden fuerte (hay muchos tipos de sacudidas) no sean responsables de nada, al contrario, cada uno escoge y tiene que ser correspondiente a sus decisiones. Cada persona vive lo que vive a su manera, he visto tragedias por uñas rotas y diagnósticos terribles asumidos con una calma suprema… No es que vivir una dura enfermedad sea lo mismo que llegar a donde tienes el coche aparcado y ver que no está y se lo ha llevado la grúa… En la vida hay situaciones muy duras, mucho. No nos gustan, no las escogeríamos pero están ahí y algunas han venido a quedarse un buen rato…

Y tenemos derecho a enfadarnos, a tener un ataque de rabia, a sumirnos en ese dolor, a llorar y patalear y  que ese llanto y pataleo duren lo que necesitamos que duren… La vida es sentir lo que pasa y decidir gracias o pesar de ello. Siempre se aconseja decidir desde la calma, pero es bien cierto que a veces el impulso de la rabia nos lleva a decir un no inmenso después de haber claudicado mil veces ante algo.

Hay mil cosas que no pasan que no podemos controlar  e intentarlo no hace más que gastar nuestra energía y hacernos sufrir. Por tanto, no tiene mucho sentido mirar a otro lado y no aceptar a pesar de que lo que sucede nos duela. Creo que es un constante equilibrio entre lo que te pasa dentro y lo que pasa ahí afuera. Escuchar tu corazón y ver qué te dice la vida.  Vivir consiste en adaptarse al temporal que arrecia y tomar decisiones respecto a él pero saber que dentro de ti hay un día de calma porque te tienes a ti mismo… Por eso es tan importante conocerse y aceptarse, amarse de forma incondicional, para que cuando llegue la tormenta, sepas que encontrarás la forma de vivir a pesar de ella sin perder tu norte y mantenerte en pie… Aunque tengas que caer unas cuantas veces. Caer forma parte de levantarse, es tan necesario que si no cayéramos jamás sabríamos que podemos, que tenemos la fuerza y el empuje…

Hay lugares a los que debemos ir no por llegar sino para tomar inercia y luego ir a otros que están más lejos y que nos pillarán entrenados para seguir adelante.

Somos como pequeñas barcas en un mar que hoy está bravo y mañana en calma. El juego consiste en dejarse llevar pero mantener tu rumbo, aprovechar el viento a favor y enderezarse cuando esté en contra. Lo complicado de esto es que a veces cuando temporal es recio y las olas te llenan de agua la barca no sabes si la vida te está pidiendo que aguantes, que seas firme en tu decisión de seguir adelante o si te está aconsejando que des la vuelta y sigas el camino a dónde llevan las olas… Si lo que está ante ti es para que de una vez por todas desistas de algo que te está haciendo daño o que te reafirmes en lo que ya no quieres en tus días… Es difícil para mí, como me dijeron que no desistiera nunca… Que lo intentara hasta el final… Y no es que eso esté mal, ha habido grandes logros por esa confianza, esa perseverancia… Como realmente creemos que todo es posible, parecemos tiránicamente obligados a seguir aunque el dolor de seguir sea tan intenso que no haya recompensa suficientemente grande.

He pensado mucho en esto, en sí el temporal que la vida te envía es un salvavidas para que te des cuenta de una vez y cambies de rumbo y tomes consciencia de que por ahí no es el camino… O un reto para que muestres tu poder y seas capaz de seguir y enfrentarte a lo que más te asusta.

Supongo que los que estáis leyendo esto queréis una respuesta. Lo siento, no tengo. No hay fórmulas y quien las venda no sé si es de fiar. Veo cada día en redes un montón de personas que te cambian la vida en un abrir y cerrar de ojos con secretos y claves del éxito para las que sólo hace falta pestañear. Pienso entonces que debo haber estado perdiendo el tiempo en este camino loco y complicado intentando comprender y sentir, dándome cuenta de quién soy y cuál es mi camino. Yo no tengo secreto, pero lo que sí  puedo es compartir lo que he aprendido por si es útil en tu mundo, entendiendo que hay muchos mundos y yo sólo sé del mío y apenas casi nada…

He aprendido que hagas lo que hagas no importa. Irse o quedarse es lo mismo… Cambiar de rumbo o seguir pueden ser caminos correctos, lo que es importante es no sufrir en el proceso. Si el camino que escoges te hace sufrir, debes cambiar de camino o aprender a vivirlo de otra forma… Sin esperar nada concreto, con paciencia, con ilusión, sin desesperación y vivirlo sintiendo cada momento, estando presente en tu vida, sin marcharte de ti mismo… (Lo sé, nada fácil).

Lo que sí que tengo claro es que vivir nuestros miedos acaba siempre siendo inevitable. Por más que nos escondamos en el lugar más recóndito, esa situación que tanto nos asusta llegará… Esa tempestad que no queremos vivir llamará a nuestra puerta. Esto que parece terrible tiene otra cara, como las hojas de los árboles… Cuando atraviesas tu gran miedo, a pesar del dolor (siempre hay dolor) descubres que al otro lado hay una gran recompensa, un gran respeto por ti mismo… Cuando te ves ante las olas feroces y estás en ti, tanto si decides seguir tu rumbo como dar media vuelta, consigues algo precioso que sabes que a partir de ese momento te va a acompañar… Confianza en ti, respeto por ti, lealtad a ti mismo.

A veces, la vida no se comprende y no hace falta. Yo le he dado muchas vueltas y he descubierto que la vida no se piensa, se siente. La vida se late y se crea a cada momento. Si piensas demasiado en lo que significa cada paso, la mente te traiciona y busca una excusa y una coartada para que no hagas lo que temes y busques ese refugio que sabes que no te podrá ocultar durante mucho tiempo de ti mismo… Tus pensamientos de siempre corruptos y tristes salen al ataque te llevan otra vez a la casilla de salida para que no salgas del metro y medio en el que siempre te mueves… Tus creencias más rancias te devuelven te hacen mirar a los horizontes más oscuros y te cuentan cuentos de terror.

Nos pasan tantas cosas duras, situaciones dolorosas que nos dejan agotados y rotos por dentro, pero no somos eso… No somos la rotura ni el cansancio, ni el dolor, ni la amargura, ni la soledad inmensa que sentimos cuando todo a nuestro alrededor da vueltas y nos da coletazos… No somos el enfermo, la desempleada, la víctima, el pobre, el separado, el fracasado… Somos el que lleva la barca y decide… No decide lo que pasa, decide cómo navega y a partir de cómo navega va encontrando otro mar.

No nos gusta lo que nos pasa muchas veces, pero ahí está y lo aceptamos, lo sentimos y tomamos decisiones. Decidimos si nos hace recalcular la ruta o nos reafirma y siempre nos adaptamos y cambiamos. No nos gusta lo que pasa pero aprendemos a usarlo y darle la vuelta, a vivir a pesar de ello… A que ese algo dentro de nosotros que se sabe capaz y confía está en calma a pesar de todo, a respetarnos a pesar de todo, a no traicionarnos a pesar de todo… A vivir a pesar de todo.

¿Cómo se sabe si el camino es correcto?

Me he hecho tantas veces esta pregunta y más últimamente… ¿Cómo saber si cuando decides seguir adelante con tu plan de vida a pesar del temporal estás siendo honesto contigo, si no te estás engañando y persiguiendo algo que no existe? ¿Cómo saber si cuando desistes es una opción inteligente para abrirte a otras posibilidades o es tu miedo que te ha convencido para virar el barco?

Yo creo que la pregunta siempre es ¿para qué? ¿Para qué sigo si sigo? ¿Para qué cambio de rumbo si cambio? ¿Por amor a mí o por miedo? ¿Quién guía mis pasos? ¿me soy fiel cuando sigo o cuando cambio?

Supongo, como decía antes, que no hay camino correcto, hay una sensación de paz o de angustia…

¿Cómo se sabe si el camino es correcto?  Se sabe… Es una de esas cosas que no sabes cómo las sabes pero que sabes que las sabes… 

Sólo tienes que mirar en ti y dejar de mirar al temporal. Mirar muy dentro y sentir…

El mar está en calma si tú estás en calma, no importa la altura de las olas.

 

Gracias por leerme. Espero que te sea útil para seguir en este camino apasionante y complicado. La verdad es que no es fácil conocerse, respetarse y amarse a uno mismo como merecemos… A mí me ha costado mucho, mucho. 

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Gracias siempre por estar…

 


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Sufrir para nada…


No quiero mentir, no sé nada…

Escribo porque a veces es la única forma que encuentro de poner negro sobre blanco lo que me asusta tanto que necesito desmitificarlo y ponerle nombre para que se haga pequeño y accesible… Lo que me duele tanto que casi no me atrevo a comprender ni sentir.

A veces creo que he dado un paso de gigante y miro atrás para reconocer sólo la distancia de una pulga. Otras veces creo que apenas he hecho nada pero veo como el mundo que me rodea es distinto.

Me dijeron hace mil años que si me esforzaba y ponía empeño todo llegaría, pero no es cierto… O al menos no lo es en mi mundo, no sé en otros mundos… Hay cosas que no son, no pasan, no llegan a ver la luz o se rompen cuando llevan unos segundos de vida… Eso pasa cada día. La vida se empeña en ponerte una y otra vez en la casilla de salida y conviertes el hecho de llegar a tu meta en una cruzada personal que deja de tener el sentido que le dabas para perderlo del todo.

A veces, luchamos sin tregua para conseguir algo que pensamos que nos hará libres y por el camino nos esclavizamos nosotros mismos intentando conseguirlo…  

Nada que tenga que liberarnos en el futuro debería atarnos ahora, tal vez porque no hay nada que vaya a liberarnos salvo nosotros mismos.

Me contaron que si me preocupaba era una persona responsable, que estaba haciendo algo para solucionar los problemas… Que los que no se preocupan no son personas como deben y los demás les juzgan y les señalan con el dedo… Y me he preocupado por todo y no ha funcionado y cuando ha funcionado he llegado a la solución destrozada y muy agotada física y emocionalmente… Tanto que no he podido disfrutar del nada…

Sufrimos tanto… Almacenamos sufrimiento como si por ello alguien fuera a tener piedad de nosotros y nos fuera a conceder un deseo o dar un regalo. Y nunca me ha pasado, nunca he recibido nada bueno a cambio de sufrimiento, al contrario. 

Sin embargo, sí que vi recompensa en amarse y tratarse bien… El amor que te das siempre siembra cosas buenas porque justo en el momento en que te lo das ya es maravilloso y eso hace que siempre valga la pena… 

Perdemos el sentido cuando dejamos de intentarlo para vivirlo y empezamos a intentarlo para ganar, para figurar, para demostrar, para decir que lo hicimos… Yo misma me he pasado días culpándome por no ser capaz de soltar mi culpa…

Como esos viajes en los que paras cinco minutos en un lugar para hacer la foto de rigor y luego la contemplas pasado el tiempo y te sientes incapaz de recordar qué sentías porque no sentiste nada… Sólo te hiciste la foto para decirle al mundo que estuviste.

No sé dónde está el equilibrio. Dónde seguir deja de tener sentido para convertirse en una trampa, en una telaraña en la que te quedas prendido porque te empeñaste en ir más allá y no ver lo que ya habías conseguido. Y no es la meta, ni el sueño, es el ánimo y la actitud con que lo haces…

Nada de lo que hacemos sufriendo nos lleva a nada. Y si llegamos, estamos rotos y no somos capaces de apreciar la maravilla de lo que hemos conseguido.

No sé dónde está el límite.  Dónde se debe parar cuando ves que no consigues lo que deseas y eso te lleva tanta energía que no te permite notar la vida. No sé cuál es el momento en el que lo que sueñas te priva de lo que vives y lo que no tienes te hace olvidar y no apreciar lo ya está en tu vida… No sé cuándo de debe parar, tal vez cuando empieza a doler, cuando no compensa, cuando lo que te te apasiona te hace perder la pasión por ti mismo y empiezas a verte a través de los ojos del que no llega y no del que está siendo capaz de andar el camino.

La verdad es que me dijeron que si me esforzaba lo conseguiría pero nadie me contó cómo dejar de esforzarme y aceptar que no es, que no pasa, que no llega… Y hacerlo de forma que no me caiga encima una losa inmensa ni se me hipotequen otros sueños, ni acabe pensando que hay algo en mí que no funciona…

Nos deberían decir que vayamos a por todo pero que no pasa nada si no llegamos, si no lo conseguimos. Que hay momentos para llegar y otros momentos para quedarse corto, para calmarse y amar el silencio que te invade cuando descubres que va a ser que no y no pasa nada. La paz del que sabe que es merecedor de todo sin tener que demostrar nada… La calma del que es capaz de darse cuenta de que no necesita sueños para levantarse cada mañana porque se tiene a sí mismo pero sigue teniendo muchos porque los merece… La maravillosa sensación de soltar y dejar de sentir que hay algo pendiente y sentirse pleno sin tener que andar por la vida coronando cimas, ganando medallas y buscando lámparas maravillosas…

No hay nada de que avergonzarse por perder, por no llegar, por quedarse a medias, porque te rechacen y te digan que ya no te aman, porque te echen de un trabajo, por estar en una clase y que nadie te escoja para hacer un ejercicio por parejas… (esto último me pasaba siempre cuando era niña y me provocaba un gran dolor y mucho miedo). Lo único que nos aleja de seguir adelante es la culpa por pensar que no hemos dado lo mejor, por pensar que no somos suficiente o no merecemos… La culpa nos devora la nuca mientras intentamos levantarnos para volverlo a intentar y nos dice que de eso que buscamos para nosotros no hay…

Y la única forma de quitarse la culpa por no alcanzar lo soñado es decidir que pase lo que pase vamos a amarnos y respetarnos, vamos a tratarnos con cariño y no nos vamos reprochar nada. Que podremos analizar nuestros fallos o comprender que tal vez lo que queremos conseguir no tocaba ahora, que no era el momento, que nos espera algo mejor incluso… Pero siempre desde el amor, nunca desde el reproche.

Me dijeron que si trabajaba mucho lo conseguiría y no era verdad. Porque nadie me dijo que trabajara con ganas, sin destrozarme, sin exigirme tanto que me rompiera… Nadie me dijo que frenara antes de caer en el abismo de perder el control sobre mí mientras intentaba controlar lo que no depende de mí… Lo que escapa realmente de mi control y capacidad.

No sé nada, la verdad. A veces, no veo la línea hasta que no la he cruzado y veo que he vuelto a ser esclava de eso que venía a liberarme porque no me acuerdo de que lo único que puede hacer que  sea libre soy yo…

¿Cómo? dándome permiso para fallar, para no llegar, para retroceder, para desistir, para decir basta… Sin culpa, sin reproche, sin castigo autoimpuesto ni sobrecarga… 

No hace falta desistir ni resignarse, aceptar no va de eso, va de aprender a amar lo que ya es y enfocarse en lo que es prioritario… No hace falta quedarse sin sueños, sólo darse cuenta de si hacemos el camino soñado sufriendo o gozando y descubrir que sólo vale la pena si durante el intento te hace feliz…

No sé nada, la verdad, pero tengo claro, por dolorosa experiencia, que todo eso sólo conduce a más sufrimiento y nunca te lleva a ninguna cima.

Sufrir no sirve para nada, más que para hartarse de ese sufrir hasta pasar esa frontera en que es tan insoportable que sólo te queda decidir que sea lo que sea lo que te depara el futuro no puede ser peor que el sufrimiento que sientes ahora…

Sufrir ahora no alivia el mañana, al contrario, dibuja un mañana con más sufrimiento… 

Amarte ahora lo cura todo justo ahora… 

A veces, el sufrimiento, a pesar de ser inútil, te suministra el hartazgo necesario para tener la fuerza que buscas para cambiar de camino de una vez por todas…

 

GRACIAS POR LEERME E INICIAR CONMIGO ESTE CAMINO COMPLICADO PERO MARAVILLOSO… 

Gracias por compartir y llevar mis palabras hasta el otro lado del mundo… 

Si quieres continuar con este cambio, te invito a profundizar todavía más…

Manual de autoestima para mujeres guerreras

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Sueños cortos


A veces creo que la vida es como un sendero de pequeñas cajas cerradas que vamos encontrando y abriendo. Nos paramos para tomarlas en nuestras manos y las abrimos. Nos hacemos un montón de expectativas respecto a lo que debería haber dentro de ellas y muchas veces acabamos frustrados porque no contienen lo que creemos necesitar. Sin embargo, en sentido de todo esto creo que tiene mucho más que ver con nosotros que con quién prepara las cajas o las cajas en sí mismas. 

Creo que hay que comprender que las cajas nunca te dan lo que crees que necesitas sino lo que de verdad tienes que aprender. Aprender que recibes lo que siembras, que hay cosas en ti que no ves, que la vida es como es y muy a menudo no puedes elegir las circunstancias pero sí cómo responder a ellas…  A veces, abres la caja y ves que lleva una espada y piensas “es para que siga peleando y defendiéndome o cortando la maleza de la selva en la que ando metido para avanzar”. Y en realidad es para que te des cuenta de todo lo contrario… Que si crees que tienes que luchar sin tregua para poder vivir y conseguir lo que amas sólo conseguirás más lucha y sufrimiento… Para que empuñes la espalda y en lugar de usarla para separar las ramas y atacar, notes su peso en tu brazo y sepas que es una carga muy pesada, para que la sueltes y decidas que debe de haber otro modo…

Llegan cajas a nuestras vidas cada día. Algunas son grandes sorpresas. Hay cajas que de entrada parece que tienen un contenido horrible y que con el paso de los día acaban siendo tesoros. Hay cajas que te dan prisa, otras que te dan tiempo. Hay cajas que están repletas de bombones amargos para que te des cuenta de que debes de mirar dentro y dejar las apariencias… Hay cajas que contienen una música maravillosa…

A veces, abres la caja y está vacía y te enfadas contigo y con la vida porque no te da nada. Y tal vez lo que te dice la vida con la caja es que ya lo tienes todo, que te tienes a ti y no necesitas nada que está ahí afuera… Que la única persona que puede salvarte eres tú.

Hay cajas que contiene amores necios y dolorosos para que descubras que esos son los amores que crees que necesitas y comprendas que no te estás valorando como lo que realmente eres, un ser que merece un amor inmenso…

La magia de las cajas es rara y a veces, lo sé, parece perversa. A menudo incluso creo que no contienen nada y que lo que hay en ellas se crea justo en el segundo en el que empiezas a abrirla… En ese instante se crea según lo que piensas y sientes… Las cajas están conectadas a ti y notan tus latidos y tu estado de ánimo…

Si quieres amor, a veces te dan desamor para que no tengas más remedio que amarte tu.

Si quieres seguridad y certeza, te traen caos e incertidumbre para que comprendas que el único equilibro es el que creas tú y aprendas a vivir en armonía y calma en plena tempestad… Ya nunca más te sentirás inseguro si eres capaz de encontrar tu paz en plena tormenta.

Si quieres paz no te dan paz, te traen algo que te dé la oportunidad de encontrarla dentro de ti.

En el fondo, siempre obtienes lo que deseas, pero no como resultado de tu necesidad sino como respuesta a tu capacidad de soltar esquemas antiguos y creencias rancias. Como consecuencia de mirar dentro de ti y nunca como solución mágica que te llegue desde fuera.

La vida tiene un extraño sentido del humor… Hay cajas que traen bufandas en los días de verano y te dejan atónito y fuera de juego y otras que siempre llegan con la prenda adecuada en el momento perfecto…

A veces, las cajas sí que traen directamente lo que deseas porque es lo que necesitas. Otras lo traen porque justo antes de abrirlas has comprendido que en realidad no lo necesitabas y te has visto capaz de renunciar a ello… Porque has decidido que tu felicidad no dependía de lo había dentro de la caja.

La caja no contiene lo que mereces, sino lo que crees que mereces.

Contiene lo que no quieres ver, ni escuchar, ni sentir para que no tengas más remedio que hacerlo y dejes de temerlo antes de abrir la próxima caja.

La caja lleva dentro lo que evitas siempre que lo evites y dejará de llevarlo dentro cuando dejes de evitarlo.

La caja envuelve lo que has decidido que quieres que haya en ella, aunque te duela y perjudique para que te des cuenta de que tú mismo lo has puesto muy a menudo en tu vida.

Muchas personas se han dado cuenta de “la magia de las cajas” pero no han tomado consciencia de algo muy importante…

No importa lo que contiene la caja, en realidad, lo que importa es cómo decides usarlo.

Y diré todavía más, sólo hay dos normas a tener en cuenta para abrir esas cajas y aprender a usarlas para vivir en paz…

La primera es que haya lo que haya dentro de la caja tienes que aceptarlo porque es tuyo, es fruto de tu propia magia, y es necesario que comprendas por qué ha llegado a ti (no te agobies, no hace falta comprenderlo todo, sólo ser consciente de que está ahí).

La segunda es que haya lo que haya dentro de la caja no es culpa tuya y no debes hacerte daño reprochándote por ello, porque si no no podrás usarlo para seguir el camino… No controlas el mundo, no controlas lo que pasa, sólo cómo respondes a ello y tu respuesta crea el contenido de las siguientes cajas… Suelta esa culpa y da el siguiente paso sin carga ni pesar.

A veces, algunas cajas  contienen palabras o reflexiones, eres tú quién debe decidir si se queda con ellas y si les hace caso o todo lo contrario…

Otras cajas contienen personas, algunas te tienden la mano y otras te ponen la zancadilla, ambas son de gran ayuda al final.

Hay cajas con juguetes rotos, con nubes oscuras y cargadas de lluvia, con recuerdos que permanecía borrados, con zapatos para poder pisar senderos inhóspitos… Hay cajas con paraguas, con bolsas cargadas de piedras que te invitan a soltar, con disfraces de guerrera que tal vez puedes decidir  dejar de ponerte y fluir… Cajas con pastillas que te invitan a no sentir para que digas que estás dispuesto a notar al vida y cajas con sueños que no son tus sueños para que de una vez por todas dejes de vivir otras vidas que no son la tuya.

Hay cajas que al abrirlas te permiten saltar diez casillas y evitar la cárcel y te colocan de repente en el lugar donde hace tiempo deberías estar…

A veces, ni siquiera ves las cajas y te sientes perdido en un mar de niebla, intentando buscar pistas para descubrir dónde están. No importa, en ese caso, eres tú quién está metido en la caja y podrás salir cuando te des cuenta y te permitas imaginar en otra realidad.

Al final, todo encaja y tiene sentido, aunque no nos guste y no sea el que nosotros habíamos programado… A veces, la vida es mejor cuando no se programa, porque llevamos demasiado equipaje de culpa, dolor y angustia… Y porque a la hora de soñar nos quedamos cortos y esperamos que nos lleguen cajas pequeñas y llenas de rutina.

GRACIAS POR LEERME E INICIAR CONMIGO ESTE CAMINO COMPLICADO PERO MARAVILLOSO… 

Gracias por compartir y llevar mis palabras hasta el otro lado del mundo… 

Si quieres continuar con este cambio, te invito a profundizar todavía más…

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Todo lo que yo digo no te sirve de nada…


Sé que quieres escuchar un mensaje de esperanza, pero no lo tengo. No puedo darte nada que te sirva porque la única persona que puede eres tú. 

Tengo que decírtelo, yo sólo soy un mensaje en el camino…

Sé que necesitas unas palabras que te recuerden lo mucho que vales y lo mucho que puedes, lo que tienes para compartir y hasta dónde puedes llegar… Pero por más que yo lo diga, si no lo crees, si no lo sientes, no sirve de nada.

Y tampoco sirve de nada que tú lo sepas y lo razones si no lo sientes, si no notas en tu pecho que la punzada de angustia cesa cuando sabes quién eres y dejas de sentir esa culpa y esa rabia alojadas en la garganta porque el mundo no responde como esperas y no te acepta como tú no te aceptas. Si tú no lo vives, no sirve de nada. Igual que no existe medalla que calme tu dolor por no sentirte merecedor de ella, ni cumbre suficientemente alta como para que pienses que has llegado muy arriba si no te sientes con fuerzas…

Sé que crees que necesitas que te diga quién eres, pero yo no lo sé, sólo tú lo sabes. Sólo tú eres capaz de vivirlo. Vas por ahí leyendo libros, haciendo cursos, cruzándote con personas que se convierten en maestros porque te muestran cosas que no tú todavía no ves, viviendo experiencias que te marcan y te hacen comprender… Y todo eso no es bueno ni malo, sólo es. Sólo sirve si a partir de ello, decides mirar de otro modo todo lo que te rodea, si decides mirarte a ti mismo de otro modo… Sólo sirve si lo integras, si decides vivirlo y actúas en consecuencia. No sirve con pensarlo sin sentirlo, no sirve sin actuar con esa coherencia y esa paz que te llega cuando descubres que eres responsable de cómo te tomas la vida y no de lo que hay a tu alrededor…

No sirve que el mundo cambie si tú no has aprendido a mirarlo de otro modo, si no te das cuenta de que no puedes controlarlo ni medirlo… No sirve de nada llegar a la meta si no lo sientes como una meta, ni lograr el sueño si no te sientes libre para vivirlo…

No sirve de nada que miles de personas te digan que eres grande si te sientes pequeño.

Ninguno de los cientos de likes que tienes en redes te va a hacer sentir realmente bien contigo mismo si no encuentras el like definitivo, que es el tuyo…

Ninguna de mis palabras sirven porque no son tuyas, si las lees o escuchas no te quedas con ellas y las cuestionas (yo no sé apenas nada) ni las mascas, hueles, sientes y notas y decides si te convienen y te hacen mirar con otros ojos o no.

Ninguno de mis libros te cambia si tú no decides que mereces ese cambio y apuestas por ti. 

Lo que encontramos por el camino son mensajes, puntos de partida, anclajes a los que agarrarse, estímulos… De nada sirven si no exploramos qué nos hacen sentir ahí dentro y nos arriesgamos a vivir aquello de lo llevamos tiempo huyendo.

De lo contrario, cuando nos acercamos a ello, a los libros, las conferencias, los maestros, las terapias, los cursos… Sólo estamos usándolos para distraernos de nosotros mismos y evitar mirar dentro, para substituir la cháchara de nuestro ego por otra cháchara que nos susurra pero no nos llega, no nos permite ahondar y soltar…

A veces, usamos el autoconocimiento para sentir que estamos haciendo algo pero no estamos haciendo nada porque seguimos buscando ahí afuera las respuestas que sólo están dentro. Y escuchamos a alguien que nos inspira (eso está genial, no digo que no) pero no es para aplicar nada de lo que dice ni cuestionárselo, sino para no tener que escucharnos a nosotros mismos…

De nada sirve que te diga que la respuesta está dentro si no está dispuesto a hurgar en ti y vivir eso que tienes pendiente y que tanto te asusta. Y diré más, si después de todo esto te culpas por ello, te reprochas por no estar haciéndolo o no haber sabido cómo, tampoco sirve de nada… Porque esto no va de ponerse a prueba sino de observarse con compasión y soltar la necesidad de ser diferente… Soltar la necesidad de que otros te salven y de que el mundo cambie de algún modo…

De nada sirve que te lo diga sino decides descubrirlo tú por ti mismo.

Lo sé, porque yo hago lo mismo. Busco la magia ahí afuera, busco respuestas pero no me escucho, ni siento mi dolor porque tengo miedo muchas veces, porque escribo libros pero a menudo no me atrevo a vivirlos, porque no sé nada y a veces…  Después de haber desterrado la palabra culpa de mi vida y decidir ejercer la responsabilidad, sigo sintiéndola muy hondo y de forma muy intensa y admitirlo me ayuda a abrazar mi vulnerabilidad y sentirme libre…

Todo lo que yo digo no sirve, no importa… Importas tú, te sirves tú y lo que sientes y decides a partir de lo que sientes.

Esto no es fácil, no se hace de la noche a la mañana, amarse es una carrera de fondo que no se gana ni se pierde, se camina paso a paso y se vive… Se nota, se observa desde la compasión y se comprende desde el corazón. No lleva a ningún sitio, es un camino de vuelta a casa, de vuelta a ti. 

GRACIAS POR LEERME E INICIAR CONMIGO ESTE CAMINO COMPLICADO PERO MARAVILLOSO… 

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Dejar de buscar para poder encontrar


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No buscamos el éxito por sí mismo, buscamos la paz de haber llegado y no sentir que nos queda nada pendiente. La sensación cálida de haber demostrado y haber hecho todo lo posible, la medalla de haber llenado el vacío inmenso de no aceptarnos y sin embargo ser aceptados por otros al contemplar nuestros logros… Buscamos dibujar en el camino lo que no sabemos construir dentro de nosotros y nos engañamos diciéndonos que esta vez será suficiente cuando sabemos que nunca nos basta… Porque el agujero por llenar en nuestro interior se hace más grande a medida que más nos esforzamos por mostrar al mundo que el agujero no existe… Cuánto más queremos demostrar que nada nos asusta, mayor es nuestro miedo. Cuánto más perseguimos lo que pensamos que nos hará felices, más lejos estamos de lo que realmente nos colma porque más nos alejamos de nosotros mismos… Cuánto más brillante es la medalla que nos colgamos en el cuello más pesa la necesidad de conquistar otra mejor para calmar la sed de reconocimiento… 

No nos engañemos, no vamos a parar nunca porque siempre habrá algo más grande que conseguir y un lugar más hermoso que conquistar. Y está bien encaminar nuestros pasos hacia ello, siempre que nos demos cuenta que eso que buscamos no somos nosotros. Que no dependemos de si llega o no llega… Que con o sin llegar a la meta merecemos nuestro amor, nuestro reconocimiento, nuestra aceptación incondicional y absoluta.

Un día me di cuenta de que era adicta a mis sueños. De que los usaba para evitar quedarme sola conmigo misma, de que no soportaba al ser que era sin hacer, sin pelear por algo, sin conquistar retos… Perseguía imposibles porque la realidad me aturdía, me asqueaba. Tenia la cabeza en el futuro porque no soportaba este momento conmigo... Con un ser que todavía no había demostrado nada ni alcanzado sus metas, con un ser que yo percibía a medias y sin credenciales, sin galardones, sin que todavía hubiera demostrado que merecía lo que deseaba… Me obsesioné con lo que soñaba porque no podía soñar con lo que ya era, porque no encontraba la magia en mi vida y me sentía vacía… Me enganché a mis sueños para evitar el terror de vivir el presente a solas, conmigo, desnuda, vulnerable, desamparada, sin brillo… Porque pensaba que si no hago nada digno, no soy digna…

Por eso tuve que soltar la necesidad de conseguir mis sueños y quedarme a vivir en mí misma. Notar el dolor de ser yo sin paliativos, de vivir en un ser que cree que nunca podrá volar porque no merece alas… Para vivir este miedo a que nunca nada sea como deseo porque lo que soy no me parece suficiente y me decepciona…

Tuve que soltar a la persona que anhelaba ser para descubrir quién era. Para vivir conmigo un tiempo y cogerme cariño y empezar a aceptarme y respetarme sin medallas, sin logros, sin deseos… Tuve que dejar de soñar para vivir y tal vez luego empezar a soñar desde otro lugar donde los sueños se merecen… Donde las cosas se encuentran y no se buscan.

Tuve que dejar de buscar para encontrar... Para ser primero de las personas que no esperan sino que viven en paz mientras lo que necesitan llega, que salen al encuentro y no desesperan desde la angustia… Tuve que dejar de ser de esas personas que creen que nunca hacen suficiente para descubrir que soy un ser en equilibrio que confía en sí misma…

A veces, creo que esa es la gran prueba… Que llegamos para superar la incertidumbre… Para sobrellevar la desesperación. Nos mordemos la cola hasta que nos damos cuenta de que con tanto exigirnos llegar sólo hacemos que poner obstáculos en el camino…

No hay nada más allá de ti. Sólo estás tú. Lo que parece que eres tú ahora no es más que lo que te inventaste para poder soñar que escapas, para huir de lo que te asusta. Y la única solución para que el dolor pare, para que la noria que da vueltas en tu cabeza deje de girar sin compasión es pisar tu miedo, besar tu sombra más oscura, abrazar tu vulnerabilidad y dar un paso más hacia lo que no conoces.

La única forma de salir de la incertidumbre es dejarse engullir por ella y bailar. Asumir que va a acompañarte siempre, que va a tocar tus talones y morder tus uñas… Y que cuánto más intentes huir de ella más te esperará en la esquina, más cercará el camino, más insistirá en dormir a tu lado cada noche.

La única forma de encontrar lo que deseas es dejar de buscarlo con desesperación y prepararte para abrazarlo desde la calma… Aceptando lo que es para poder adaptarte a lo que llega… Quedarte un buen rato a solas contigo, con esa persona que eres ahora mismo y que tiene las manos vacías y amar esas manos vacías tanto que no las necesites llenas… Amar lo que eres ahora para dejar de vivir pendiente de lo que puedes llegar a ser…

Soltar lo que sueñas para empezar a vivirlo desde ti… Dejar de exigirte y aceptar lo que hay en ti… Abandonar tus sueños sin miedo para vivirte a ti desde dentro… Porque tú eres tu gran sueño. 

Dejar de buscar para poder encontrar porque llevas tanto tiempo en modo búsqueda que no te has dado cuenta de que ya has llegado y ya eres lo que deseas… 

GRACIAS POR LEERME E INICIAR CONMIGO ESTE CAMINO COMPLICADO PERO MARAVILLOSO… 

Gracias por compartir y llevar mis palabras hasta el otro lado del mundo… 

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