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la rebelión de las palabras


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Deja que pase


Dejar de sujetar por si se cae.

Dejar de cargar y arrastrar porque nadie más lo hace si sueltas.

Dejar de insistir si ves que no hay respuesta al otro lado.

Dejar de vigilar y hacer guardia, porque ya sabes que no puedes controlar nada.

Dejar de esperar.

Dejar de acumular.

Dejar de ocultar lo que sientes.

Dejar de mirar a todos lados para prevenir el desastre.

Dejar de caminar y parar un rato para notarse los pies.

Dejar de imaginar y respirar el aire que te llega ahora a los pulmones.

Vivir a corto plazo. Sin equipaje. Sin más sueño que el de llegar a la esquina con ganas de contemplar qué hay en la esquina.

Sin más pasado que una anécdota divertida de una mañana de lluvia.

Sin más futuro que sentarse esta tarde ante un pedazo de mar y mirar las olas.

Dejar de manipular las palabras que te han dicho mentalmente para que parezca que los demás te necesitan.

Dejar de darle vueltas a los pensamientos de siempre esperando que alguno de los que nunca te sirvieron de nada te sea útil ahora.

Dejar de culparte por todo y de no responsabilizarte de nada.

Vivir sin sacrificio, sin más esfuerzo que el de poner el alma en lo que haces. Vivir sin que cueste, sin que rompa, sin que rasgue, sin que arañe, sin que cada día sientas que te das a luz a ti mismo.

Dejar de mediar y evaluar.

Dejar de mirar al mundo y ver solo el sufrimiento.

Dejar de conspirar contra ti y de sabotearte.

Dejar de hacer de forma compulsiva para evitar el dolor de reprocharte que no haces nada.

Dejar de querer acertar en todo y no fallar nunca.

Dejar de llorar para que alguien se apiade de ti y empezar a llorar para aliviar tu tristeza y sentirla de verdad.

Dejar de hacer esperando un resultado.

Dejar de necesitar que te vean y valoren.

Dejar de buscar fórmulas mágicas… Arriesgarse a permitir que la verdad te estalle en la cara aunque sea cruda.

Sí, lo siento, dejar de soñar si soñar te mata este ahora o aprender a soñar sin apegos, desde el amor y no desde la carencia.

Dejar de esperar que esa persona que ves en el espejo cambie y empezar a mirarla desde ahora con amor.

Dejar de esquivar a tu miedo y sentarte con él a mirar las nubes y descubrir formas.

Dejar de buscar un destino y dibujar un camino que ames.

Y dejar que pase. Que se rompa. Que se vaya. Que se estropee y se deje de usar. Dejar que se caiga. Que se arruine. Dejar que la vida arrase a su paso con todo lo que no puedes controlar… Permitir que falle, que estalle, que se derrumbe, que no haya más solución que volver a empezar o dejarlo correr para siempre…

Dejar que se quede o que se pierda. Que huya y no vuelva jamás y que no pase nada.

Dejar que no salga bien. Dejar que el silencio lo cubra todo y de buscar palabras para demostrar ni parecer ni reprochar. Dejar que no te quiera y declararte en bancarrota emocional… Vivir ese miedo a estar solo. Vivir ese dolor de no ser amada, vivir ese cansancio absoluto de haberlo intentado todo y ya no poder más…

Y decidir dejarlo pasar. Dejar de intentarlo y descansar ya de una vez.

Vivir sin resentimiento. Rendirse a la vida porque ya es evidente que estás de paso, que no decides casi nada, solo cómo vives lo que te toca vivir, y dedicarse a respirar.

Abandonarse a la vida, permitir que la gravedad siga su curso y puedas caer y rodar, quedarte suspendido en un momento sin que haya más que ese momento… Bailar con este ahora sin que importe cuándo acaba el baile… Dejarte llevar por la noche sin que importe cuando amanece. Dejarte vivir. Dejarte en paz.

Y dejar que la vida te cuente esa historia que hasta ahora no has querido escuchar…

Deja que pase.

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

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La vida tiene planes que no son tus planes


¿Has tenido esa sensación de necesitar hacer todo lo que está en tu mano para que las cosas salgan bien?

¿Que no quede nada por intentar para que si no pasa lo que deseas no sea por tu culpa? ¿Esa necesidad de hacer y hacer sin parar para poder acertar alguna vez y que todo cambie?

Siempre en esa espiral de esfuerzo sin medida para garantizar que algunas pasen como deseas… Para que sean como sueñas, para que sean como crees que necesitas que sean… Para no perder el control de algo que sabes en el fondo que nunca controlarás. Porque ya sabes que no controlas casi nada.

Y la vida se obstina que dar la vuelta y cuando vas por un camino, te sale por otro. Cuando dices sí, dice que no. Cuando te echas para atrás recorta el camino para que te quedes en el abismo a pesar de tu movimiento… Cuando decides arriesgar y dar un paso adelante te dice que ahora no, que esperes, que paciencia, que hoy no toca. Cuando tu impaciencia sube al límite y pone en peligro tu paz.

Siempre con esa sensación de tener que empujar para que todo salga, de verse obligado a arrastrar una carga muy pesada, de sujetar para que el mundo no se caiga… Siempre sufriendo para que no se estropee nada, no se pierda, para que nada se descoloque de donde parece que debe estar. Siempre pensando que todo depende de ti y no puedes fracasar ni soltar.

La vida tiene unos planes que no son tus planes. Tiene unos tiempos que no son tus tiempos. Dinamita todas tus estrategias. El juego consiste en sentir qué tienes que hacer realmente, no desde la necesidad y la desesperación sino desde la inspiración. Desde esa conexión difícil de explicar contigo mismo.

¿Has sentido que necesitas hacer algo para cambiar las cosas pero hagas lo que hagas no sirve? ¿Que nada que puedas hacer o decir sirve de nada porque las cosas siguien un camino en el que no puedes influir? ¿Que cuando haces para que todo “vaya bien” consigues lo contrario?

Te das cuenta de que a veces hay que dar un paso y otras apartarse porque tu obsesión y tu necesidad estorban en tu propio camino. Es ese sentimiento de que cuanto más haces porque algo sea menos es…

A veces, parece que la vida solo te pide que estés, que aguardes con paciencia, que hagas lo que sientas que te debes, que llegado el momento des ese paso confiado, en ti y en ella. Que encuentres tu silencio y te quedes un rato en él para notar qué te dice y perdonarte lo pendiente. Que camines explorando la vida sin esperar nada más que vivirla, sentirla, que encontrar más vida y experimentarla.

Otras, te insta a moverte. No hace falta mucho. No necesitas ser un héroe, tan solo recordar quién eres y estar de tu parte. Escuchar esa voz que llevas dentro y que siempre te da paz, escuchar cuando te dice que ahora sí, que sueltes, que confíes, que te des totalmente a ti mismo y las personas que te rodean. Que ames lo que es y te dejes llevar por lo que sientes.

A veces no hace falta hacer casi nada, solo estar y decir sí. Ponerse a disposición de la vida, de lo que amas, de tu propósito, y dejarse llevar por lo que notas que es para ti. Ese hacer sin obsesión, sin mirar ese mirar el reloj desesperado, sin esperar un resultado, sin tener que producir ni demostrar. Hacer desde el amor. Hacer desde el goce de hacer porque estás amando cada momento. Hacer sin hacer.

A veces, forzamos tanto las situaciones que las rompemos en mil pedazos. Nos obsesionamos y apegamos a nuestras expectativas. Nos dedicamos al hacer compulsivo y sin freno porque pensamos que no somos nada sin no hacemos, sino generamos resultados que mostrar al mundo para que vea que somos útiles y podemos encajar en él. Escuchamos la voz de la desesperación y del miedo, la que nos dice que todavía no hemos demostrado suficiente al mundo lo que valemos, que necesitamos seguir luchando hasta caer y hacernos daño… Tienes esa necesidad de hacer sin parar para controlar todas las posibilidades y cubrir todos los flancos pero cuanto más haces, más deshaces, más estropes, más muros levantas y más puentes destruyes. Porque escuchas a esa voz que no te trata como mereces y te aprieta para que sigas batallando. La voz que nos pide sufrimiento y sacrificio a cambio de más sufrimiento y más sacrificio…

Aunque en realidad hay otra voz , la que nos dice que estemos en calma, que todo tiene un sentido, que nos movamos sin miedo y confiando, recordando quiénes somos y siempre reconociendo nuestro valor.

No hay urgencia en el amor a la vida. No hay necesidad. No hay nada que hacer más que respirarla y experimentarla.

No hay nada que demostrar. No hay nada que alcanzar o conseguir. Nada que acumular.

La vida se vive a sí misma a través de ti. Se dibuja sola cuando la dejas, cuando te haces al un lado en paz y dejas que fluya a través de ti. Cuando te conviertes en un instrumento de tu paz, de tu amor, de tu propósito. Cuando decides que vas hacer grandes y hermosas cosas pero ninguna de ellas esperando nada concreto, ni desde el miedo, ni desde la necesidad… Cuando te pones a disposición de la vida para ser lo que esperas encontrar. Cuando dejas de buscar para encontrar.

Entonces llega esa maravillosa sensación de sentir que te has sincronizado con ella y sigues ese camino, tu camino.

Y recuerdas como la hierba crece sin hacer ruido. Como el sol sale pase lo que pase, aunque el cielo esté cubierto por mil nubes. Como la vida sigue aunque necesites detenerla y cambiar el guión porque no te gusta o te duele. Todo tiene su tiempo y a menudo no es el tiempo que le marcas tú.

Y sabes que haces cuando toca. Que respiras. Que eres. Que estás.

Cuando te das cuenta de que no sabes nada de nada y cuanto más haces más te interpones en tu vida. Entonces, aceptas y das un paso al lado en el camino y observas qué pasa, qué sientes, qué piensas, y cuando es necesario intervienes, y cuando no lo es, sigues en paz. Hay momentos, incluso, en que puedes mirar desde arriba y ver el mapa de tu vida y encontrarle el sentido a todo lo que llega y todo lo que se va. En ese momento justo te transformas.

Y a veces no paras un momento y otras estás quieto, muy quieto. Y una calma te acompaña y te hace saber que sí, que ese es tu lugar. Y cuando se te escapa un momento, vuelves a respirar, a ser, a sentir, a recordar…

La vida tiene planes que no son tus planes. Y ya está.

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

Disponible aquí 

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Si quieres saber más de mí, te invito a entrar en mi web y conocer lo que hago. Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar todo su potencial a través del coaching, el mentoring y la Inteligencia Emocional. 

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Una persona como tú



Foto : Mercè Roura

Cada día un pequeño gesto. Un pequeño paso… Algo que te lleve a salir de ti. De el aire viciado. Del pensamiento automático y compulsivo. De ese miedo al miedo que te lleva a encerrarte y fingir que no sientes y no ves, que no te das cuenta de que por dentro estás suplicando un cambio. Salir de la cárcel que construiste tú y de la que eres el preso, el guardián y la misma celda.

Un pequeño cambio. No importa qué sea. Cuestionarse algo hasta hoy incuestionable. Abrirse a pensar distinto. Escuchar sin estar pensando qué contestar. Pasar por ese camino por el que nunca pasas… Hacer eso que te hace sentir incómodo, minúsculo, insuficiente,. Eso de lo que siempre huyes porque te recuerda lo pendiente de revisar dentro de ti. Sentirte rdículo y darte cuenta de que no importa. Dejar de ser invisible un rato y descubrir que no pasa nada si te miran.

Cada día un paso más. Algunas veces hacia delante. Otras hacia atrás. Tal vez desviarse del camino para comprobar que vas por buen camino. O porque te has dado cuenta de que no era tu camino y allí no hacías nada más que dar vueltas para que pareciera que te movías y eras productivo. Porque a veces parece que el mundo pasa revista y si no estás haciendo algo te condena, te señala con el dedo, te destierra a la isla de los inútiles.

Cuando vas exponiéndote a vivir, a sentir, a reconocer en ti algunas cosas que estaban dormidas, cambias y tu camino cambia.

A veces, el entorno te acompaña en ese cambio.

Otras veces, no.

Es una de esas renuncias que hacemos por evolucionar y transformarnos.

Para poder abrazar una nueva vida hay que soltar la anterior.

Para dar un paso adelante hay que dejar atrás un camino.

A veces duele, duele mucho porque implica mirar a los ojos a tus miedos y reconocer tu frustración, tu inseguridad, tu desconfianza hacia lo que te espera.

Implica besar lo que eres y amar lo que vives como si lo hubieras elegido.

Dejar de ir por la vida con un manual y un recorrido predeterminado y dejar se llevar un poco por lo que ves y sientes.

Soltar a personas que tal vez no se queden en tu vida o no de la misma forma y arriesgarse a que se enfaden y ya no vuelvan.

Y cuando pisas firme y respiras hondo otra vez, dar un paso más.

Atreverse a hacer eso que deseas con todas tus fuerzas y nunca hiciste. Algo que haría tu verdadera esencia si no tuvieras miedo. Si no te sintieras tan insignificante y poco merecedor de todo lo que sueñas.

Algo que haría una persona que se valora y respeta.

Esa persona eres tú. Y la que hasta ahora no se ha atrevido también.

Tu gran aliado y tu gran enemigo.

El veneno y el antídoto.

Tu juez más severo y tu amigo más compasivo.

Tu infierno y tu paz.

Cada día un paso. Algo minúsculo. Hasta que en un tiempo miras atrás y te quedas alucinado contigo mismo. Te miras a ti y te ves más que nunca. Te reconoces. Te encuentras en todo lo que haces y dices y piensas…

Tocas eso tan preciado y a veces difícil de conseguir llamado coherencia.

Eso tan dulce y necesario que se llama calma.

Eso tan apreciado y mágico que se llama ganas de vivir.

Vivir siendo tú. Sin estar atado a un correa que tira de ti cuando te pasas de largo y sales del camino marcado.

Sin sentir esa culpa por tus errores en lugar de amarlos y usarlos para seguir adelante.

Sin buscar fuera lo que llevas dentro.

Cada día un paso más. Sobre todo en tu mente. Un nuevo pensamiento, una creencia absurda y limitante superada, un angustia que se transforma en paz…

Sin forzar, sin reproches, sin culpas, sin más planes que el plan de seguir adelante vayas a donde vayas. Soltando lastre y fardo pesado.

Y ante cualquier situación complicada, haciéndote esta pregunta :

¿Qué haría ahora alguien que se respeta, que se ama, que se reconoce, que sabe quién realmente es?

Una persona como tú que ahora ha descubierto su valor… Pues eso, ya sabes que toca… Adelante.

No has venido a la vida a convertirte en alguien maravilloso, has venido a recordar que ya lo eres.

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

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