merceroura

la rebelión de las palabras


16 comentarios

Lo que importa de verdad…


baby-539968_1280_Fotor

Son las 9 de la mañana. Mi madre me escribe. Está lejos. Tiene que salir de casa para ir al farmacia… Una pequeña odisea ahora para ella. Tantas cosas a tener en cuenta para no fastidiarla y llevar a casa al bicho sin querer… Va a buscar las medicinas para mi padre, ha esperado todo lo que puede para evitar salir pero ya no da para más… La siento muy lejos, muy lejos. Le pido que tenga mucho cuidado, no puede permitirse descuidos. No puede permitírselos nadie, pero ella menos. Aunque nadie sabe. Hay tanta información, tanta basura que se comparte cada día y que nos mantiene encogidos y asustados… Ella me contesta, en su tono de voz se nota que está triste por todo esto y está asustada, muy asustada… Secuestrada como todos por esos pensamientos recurrentes que huelen a dolor y a tragedia y que nunca ayudan… Demasiado para ella, demasiado para todos.  Sin embargo, me dice algo que me deja perpleja y me revuelve por dentro…

“No te preocupes por mí (dice serena), iré protegida, pero si pasa algo es que mi alma ha decidido marchar”.

Me quedo rota. Llevo días gestionando emociones y mirando dentro… Llevo años mirando dentro de mí para aprender a ver este mundo con compasión y dejar de sentir esos arañazos intensos que antes sentía en mi alma. Digo alma, espero que no te moleste, pero yo creo que tenemos una… Diré más, siento que está conectada con la tuya, seas quien seas, estés donde estés. Estoy gestionando esto como puedo, se supone que sé cómo y que incluso acompaño a otras personas a hacerlo, y tengo grandes momentos de encuentro conmigo misma, pero tengo miedo, como todos, lo reconozco…

Estamos tan lejos de lo que amamos… Ahora nos damos cuenta… No controlamos nada, sólo podemos escoger cómo respondemos a la vida y si al responder, sin querer, nos hacemos daño intentando golpear una pared o usándola para reconocer nuestro valor.

Las palabras de mi madre me hacen… Iba a decir pensar pero diré sentir. Vivimos sin vivir. Vivimos mirando al retrovisor y con la cabeza pensando en aparcar el coche, en quedar bien para que nos miren bien, en conseguir más dinero, en tener un día libre para desalojar de nuestro cuerpo este cansancio eterno que nos acompaña porque no somos lo que somos realmente… Y apuramos esas horas libres en la esclavitud mental de contarlas, de necesitar que sean más porque vivimos una vida de la que siempre estamos esperando hacer vacaciones porque es insoportable.

Vivimos sin vivir mientras esperamos que llegue el día que podamos vivir mejor, a base de dejarnos el hígado en la carretera, en la oficina, ante el ordenador y de tener el corazón en un puño porque a veces parece que se nos para… Vivimos a base de sacar la lengua por agotamiento y perder el norte, un norte que ni siquiera sabemos qué es.

¿Cuál es tu norte? ¿Qué necesitas realmente en tu vida? ¿Qué deseas sentir? ¿Qué sientes de verdad? ¿Estás consciente en tu vida o vas en piloto automático?

Las palabras de mi madre me hacen pensar en lo que realmente importa. Y no es lo que pensamos que importa. No es lo que pensábamos que importaba hace un mes, hace unos días, es otra cosa…

Nos hemos atiborrado de chorradas mentales prefabricadas y nos hemos creído que importaban, pero no era cierto…Lo ves claro cuando lo que realmente importa está al filo del abismo, en plena noche oscura. Cuando el canto de río de la suerte que llevas en el bolsillo desde hace años se precipita por el acantilado te das cuenta de que la suerte no estaba en él sino en ti… Cuando alguien te dice que asume su vulnerabilidad de forma completa y rotunda, te das cuenta de lo vulnerable e indefenso que estás y de que justo en aceptar esa indefensión está tu fuerza.

Cuando todo se desvanece, te das cuenta de que has hecho el tonto intentando parecer lo que no eras… O como ya dije hace unos días, cuando lanzas la moneda al aire, es cuando sabes si quieres que salga cara o cruz… Hasta entonces, vives en tu noche mental. Atrapado en una vida que se parece a la vida pero es un sucedáneo estéril que sólo te lleva a tragar momentos sin notarlos y engullir noticias para sentirte más triste, más asustado, más presa de todo y de todos…

Lo que importa está contenido en este momento. Es esta sensación de caer sin saber a dónde te llevará esta caída sin red y notar que estás contigo. Que por fin has visto que te estabas perdiendo el primer plato mientras soñabas con el postre, que no hay nada que llene ese enorme vacío en tus entrañas salvo tú mismo… Que la noche que ahora ves en tu ventana no es más que el reflejo fiel de la noche que llevas dentro y que hace tiempo que finges que no ves.

Nos hemos tragado una versión de la vida fast food, adornada con falsos halagos, sujeta a unos resultados que ahora ya no importan y se quedarán borrados de nuestro disco duro mental… Hemos estado haciendo méritos para ganar una carrera que ya no se va celebrar y mientras hemos dejado lo que realmente nos hacía sentir vivos de lado…

Hemos dejado de sentir y de caminar por caminar. De hacer el ridículo por si alguien nos veía y se hacía una imagen de nosotros que parecía más real que nosotros mismos… Hemos dejado de escuchar la música… Hemos dejado de contar pecas y dar besos por el puro placer de dar besos y no como algo pendiente antes de contestar un whattsapp… Hemos dejado de mirarnos a los ojos unos a otros porque sabemos que no nos miran por lo que somos sino por lo que nos falta.

Y ahora, añoramos abrazos y nos sentimos lejos de todo y de todos… Tal vez para poder así mirar dentro de verdad… Encontrar el norte, el de verdad… Dejar la carrera y dar pasos hacia lo que nos importa de verdad… Para no tener más remedio que descubrirnos y saber quienes somos y amar lo que encontramos ahí dentro.. Nuestras miserias y miedos, nuestras sombras, nuestros estupideces y nuestros complejos absurdos… Para sentirnos libres de no volver a competir por parecer, por ganar nada que en realidad no queremos ganar pero pensamos que sí porque en el fondo es una imitación barata de esa autoestima que realmente necesitamos…

Ahora podemos ver lo que importa de verdad y dejar de mirar al dedo para poder ver la luna… Caminar sin buscar a dónde nos lleva este camino, sólo caminar a ver qué pasa. La vida es a ver qué pasa… Y ya vemos qué pasa ahora.

Lanzad vuestra moneda al aire y antes de que caiga sabréis si queréis cara o si todavía seguís peleando por la cruz y creyendo que vuestra dignidad y felicidad depende de un resultado. Todo eso ya no tiene sentido ahora.

Gracias por leerme.

Normalmente aquí te cuento lo que hago y me promociono.

Hoy sólo quiero decirte que estoy aquí… www.merceroura.es  y enviarte un abrazo, uno del tipo que todavía nos podemos permitir, virtual.


1 comentario

Cuando no sé quién soy


girl-2364013_640

A veces no sé quién soy. No sé cuál de las personas que me habitan es la más real. ¿La mujer cariñosa y confiada o la que está siempre a la defensiva esperando una puñalada? ¿La que agradece o la que se queja? ¿La que sueña o la que pisa firme en el suelo y besa la realidad?

Me busco en los detalles y me encuentro en las calamidades y los errores. Me veo en las fotos cuando estoy triste y parece que esa que ríe tenga que ser otra que no lleva mi equipaje ni carga con tantas piedras todavía por soltar… 

¿Quién soy? La que dice no porque tiene miedo o la que normalmente se lanza antes de pensar… La que dice lo que piensa por esa boquita sin freno y luego tiene que aguantar algunas miradas o la que a veces se calla. No sé si soy la mamá furiosa y gruñona que lo hace todo mal porque le falla la paciencia después de repetirlo todo cien veces o la que a media noche acompaña cuando a su hija cuando se asusta y es capaz de calmarla con un abrazo y un par de palabras… No sé si soy la obsesa del orden y el control o la que cuando se suelta puede ir despeinada por la vida y no pasa nada.

No sé si soy la que siempre mira el reloj para llegar a tiempo a algo que realmente no importa y mientras se pierde la magia o la que queda bien con todos menos con ella mientras ve como la vida se escurre entre sus manos.

¿Soy la que todavía está en el patio del cole esperando a que alguien le pida que juegue con ella o la que se atreve a hablar ante un auditorio de trescientas personas?

¿Soy la mujer que no se gusta en bikini o la que se desnuda emocionalmente en cada uno de sus libros porque siente que esa desnudez es necesaria para ella y para otras personas?

¿Soy la institutriz que me habita y que siempre me dice que nunca hago suficiente o la niña todavía juega en la orilla de la playa  y mira sus castillos de arena como si fueran de verdad?

A veces, no sabemos quienes somos porque nos invade la culpa, el reproche, el miedo a no ser cono creemos que deberíamos. Porque un mal momento en el que nos dejamos llevar por la rabia, el miedo, la angustia o la tristeza parece que empaña el trabajo hecho durante meses soltando lastre y confiando, el amor compartido y la confianza. Como si una mala cara, un enfado, un grito de ansiedad, una palabra fuera de contexto pudieran borrar todo lo que somos. Como si los errores tuvieran que pesar siempre y no pudiéramos soltarlos y aprender de ellos… Como si nos hubiéramos pegado un etiqueta que jamás nos pudiéramos quietar y nos juzgáramos eternamente por el fallo de sólo un instante.

No soltamos nuestra carga ni nuestra sensación de culpa porque no reconocemos esa parte oscura que todos llevamos dentro. Porque ocultamos a la persona que grita y mostramos sólo a la que razona, porque dejamos en casa a la mujer que llora como si la castigáramos por su llanto y pena y sacamos únicamente a pasear a la mujer que sonríe, porque nos avergonzamos de nuestra imperfección y no podemos aceptar nuestros errores y malos momentos… Renegamos de esa parte indomable que tiene miedo y que sale a ratos y eso hace que parezca más inmensa y gigante, que viva más límite y se sienta más culpable de lo que es… Cuando en realidad es un espejo de ese dolor que acumulamos dentro porque no nos atrevemos a reconocernos y aceptarnos… Porque no curamos nunca esa herida que nos afanamos en tapar y no querer ver… Porque nos da tanto miedo que los demás vean a la bestia que llevamos dentro que la encerramos para que no salga y es cuando más pugna por salir y más aúlla.

Si no somos capaces de abrazar nuestros errores y reconocer que somos luz y somos sombra, no podremos usar ese dolor para crecer, para soltar esa carga, para liberarnos de esa angustia que todo lo impregna… Si no nos arriesgamos a visitar a la bestia y hablar con ella, comprenderla y aceptarla, siempre, siempre estará luchando dentro de nosotros por salir… 

Si no aceptamos nuestra oscuridad, no podremos brillar porque siempre estaremos pendientes de escondernos, de vivir a medias, de cerrar las puertas para que no se nos escape el remilgo o la mala cara, para que no se nos note el llanto acumulado, para que nadie se de cuenta de que no siempre somos lo que parecemos… 

Si siempre estamos pendientes de parecer, nunca seremos. Si hacemos callar a esa voz que llevamos dentro en lugar de aceptarla y comprender de dónde viene, nunca dejará de gritar. Si no miramos en nuestro interior, nunca sabremos quienes somos realmente. 

A veces, no sé quién soy, pero es porque no me permito sacar a pasear a mi parte incorrecta, a esa mujer enfadada con todos porque siente que la vida es injusta, a esa guerrera siempre a la defensiva que podría dejarte seco con una mala palabra, a esa loba herida que no se fía de nadie… A esa niña sola en el patio de la escuela que no se atreve a jugar con otras niñas porque se siente insignificante…

Cuando no sé quién soy es porque estoy renegando de mí, porque me estoy avergonzando de esa parte asustada y oscura que llevo dentro esperando que así se desvanezca, cuando en realidad así la hago enorme y la pongo a rabiar. 

Si quieres saber más sobre autoestima te recomiendo mi libro Manual de autoestima para mujeres guerreras”

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

Disponible aquí 

amazon llibre merce amazon

Si realmente quieres un cambio en tu vida, tengo una propuesta para ti. Un programa para tomar decisiones y salir de bucle en que te encuentras. Un entrenamiento exclusivo que en 40 días te permitirá reconocer tu potencial e ir borrando poco a poco las creencias y hábitos que frenan tu autoestima y tu evolución… ¡Echa un vistazo y toma ya esa decisión que puede cambiar tu vida! ¿Te acompaño?

Toma decisiones y cambia tu vida en 40 días 

Si quieres más información de mi trabajo, te invito a entrar en mi web.

Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar todo su potencial a través del coaching, el mentoring y la Inteligencia Emocional. 

www.merceroura.es 

 

 


1 comentario

No me avergüenza admitir


umbrella-2603983_640

No sé por dónde empezar… Aunque tengo claro algo, no es por el principio.  La vida se nos escapa porque damos muchos rodeos para no movernos de la misma casilla, pero lo hacemos porque eso nos da sensación de estar haciendo algo, de movernos, aunque lo único que conseguimos es hacerle una coreografía a la incertidumbre y a la angustia que sentimos. Hay que ir siempre a lo que importa de verdad, donde está la esencia y la sustancia de lo que quieres y deseas, de lo que te mueve y conmueve… Donde está el mensaje que quieres compartir…

Mi mensaje dice “estoy asustada y siempre pienso que no estaré a la altura”. Hace tiempo me hubiera avergonzado pero una parte importante de crecer por dentro y desnudarse de límites es dejar de sentir vergüenza de ser vulnerable, de quedarse indefenso ante el mundo y que te dé igual qué piensa.

Por más que he aprendido, o mejor dicho, desaprendido estos años pasados en mi proceso por conocerme, cada vez me doy cuenta de que no sé casi nada… Es como si hubiera tirado del hilo de una madeja y a medida que fuera siguiendo el camino que me dibuja me diera cuenta de que la madeja es un universo inmenso e infinito y que yo he estado tejiendo cosas que nunca supe que tejía ni por qué.

Somos un universo de pensamientos y emociones que se van acumulando día a día en nuestro interior hasta que nos estallan en la cara y no reconocemos como propios. Nos asusta lo que podemos llegar a crear con el poder infinito de nuestras decisiones… Por eso no decidimos, no sea que la gloria nos espere en la esquina y justo en ese momento nos flaqueen las fuerzas y nos demos cuenta de que no nos sentimos capaces…

Esa soy yo. La que llega a la cima después de quedarse sin rodillas para subir y no mira la vista porque no se cree digna, porque la cree tan hermosa que sus ojos sólo podrían ensombrecer esa belleza, porque piensa que todavía no ha hecho suficiente ni se ha machacado suficiente para merecer…

Por eso me he dejado a veces manipular y tomar el pelo… Sí, yo. Tal vez alguien lea esto y piense “ostras, pensaba que no se había dado cuenta” pues sí, siempre lo he sabido, en el fondo, pero a veces hago que no lo quiero ver… Y ahora me doy cuenta de por qué he dejado que algunas personas se aprovechen de mí.  Y gracias a eso, estoy aprendiendo algo importante de quién soy.

Tolero que se aprovechen de mí y de mi trabajo porque no me creo suficiente como para hacerlo sola y creo que si alguien me acompaña me dará impulso. Porque siento que la suerte no me ronda y espero que les ronde a ellos y se me contagie un poco esa sensación de que todo es posible…

Tolero que me exijan más de lo que es necesario porque yo lo he hecho toda mi vida y así me aseguro una dosis extra de machaque y reproche por si bajo la guardia y el listón… Para que otros vigilen como yo me vigilo para no parar de hacer y hacer.

Tolero que me extorsionen y me saqueen porque no me reconozco por lo que soy y no me siento digna por el puro hecho de existir… Porque creo que tengo que demostrar siempre y alcanzar la perfección.

Tolero que me hagan chantaje porque yo me hago chantaje y me pido cada día más.

Tolero que me miren y no me vean ni valoren porque muchas veces yo no he suportado verme ni valorarme…

Tolero que me excluyan porque muchas veces no siento que merezca estar incluida y que me toque lo mismo que a los demás. Como si todo el mundo perteneciera a un club del que yo nunca podré ser socia.

Tolero que me pidan sin tregua porque yo me pido más, mucho más. Tolero que no de respondan porque yo no me respondo y que me dejen con las manos vacías porque yo siempre me dejo para el final… Tolero que me pongan la vida muy difícil porque yo creo que es muy difícil y siempre requiere un poco más de sacrificio… Como si al mismo tiempo que persigo la madeja soñada, al llegar a ella le diera un empujón con mis pies y siempre quedara lejos de mí.

Tolero todo esto porque lo he proyectado en las personas que me rodean y en mi vida para poder darme cuenta de lo mucho que me maltrato y lo desconsiderada que soy a menudo conmigo… Tolero que la vida me exija porque yo me exijo hasta no soportarlo más…

Y estoy asustada porque me da miedo ser yo porque durante años casi siempre que era yo no sentía que fuera nada... Porque repasando mi vida, me asusta tener  tanto poder y pensar que si siento que no soy, no seré… Si permito que pase, pasa… Si decido que sea, es…

Cuando nos educan para machacarnos a nosotros mismos y descubrimos nuestro poder interior, a menudo, en lugar de usarlo para sacarnos las pulgas y superar nuestros límites, lo utilizamos para culparnos y reprocharnos por no haber sabido  reconocernos antes…  Por todos los años gastados rompiéndonos por dentro. Por el tiempo perdido persiguiendo la madeja y dándole patadas al encontrarla… Por no haber sabido ver que ya éramos grandes, solos o acompañados, y que no había suerte que buscar sino amor por entregarnos a nosotros mismos. Por no haber sido capaces de decir no y basta y llegar a la cima después de un largo trecho y decir… “Voy a contemplar este paisaje maravilloso porque cuando lo miro es todavía mejor, porque lo que soy ya es todo lo que necesito”.

Y así, soltar el traje de buzo, de guerrera siempre alerta y a la defensiva, de bufón siempre dispuesto a hacer reír a los demás pero vivir por dentro lleno de tristeza, de oveja indefensa y dispuesta a que un lobo la devore, de niña buena y estudiante excelente… De amiga que siempre da y no espera, de trabajadora incansable, de la persona que nunca suelta el paraguas por si llueve, por si quema el sol, por si la miran mal, por si todo se tuerce, por si todo acaba pronto y por si acaba muy tarde… Quitarse todos esos personajes y ser, estar, existir…

Tengo miedo a los cambios porque a veces no confío en mí suficiente y no me doy cuenta de que esto es una oportunidad disfrazada de obstáculo… Sólo tengo que comprender que no pasa nada, no tengo que estar a ninguna altura, sólo estar en mí… La moraleja del cuento es que tú escribes la moraleja.

No, no me avergüenza admitir que tengo miedo, que me asustan los cambios, que a veces creo que no estaré a la altura y no me atrevo a vivir lo que sé que inevitablemente toca vivir… No me avergüenza admitir que soy vulnerable, que me siento rota, que estoy desnuda ante un abismo y miro abajo y me saltan las lágrimas de pura ansiedad… No me avergüenza admitir que llevo un siglo dispuesta a saltar y no salto porque a pesar de creer en ella todavía no veo la red.

 

Gracias por leerme. Espero que te sea útil para seguir en este camino apasionante y complicado. La verdad es que no es fácil conocerse, respetarse y amarse a uno mismo como merecemos… A mí me ha costado mucho, mucho. 

Si quieres saber más de este maravilloso trabajo de autoestima, te invito a leer mi libro

“Manual de autoestima para mujeres guerreras” un libro para que dejes de pelear por todo y empieces a sentir que las cosas puede fluir.

Disponible aquí 

amazon llibre merce amazon

AMARSE ES UN REGALO PARA TI MISMO, UN FIN Y NO UN MEDIO, UN LUGAR EN EL QUE TE SIENTES COMPLETO Y A SALVO.

GUÍA GRATIS : Por si quieres ir entrando en material, te ofrezco esta pequeña guía para empezar

7 pasos para mejorar tu autoestima, puedes descargarla aquí https://merceroura.es/lp-7-pasos-autoestima/ ¡completamente gratis!

Espero que te sea útil.

Acompaño a personas y organizaciones a a desarrollar su #InteligenciaEmocional con formación, conferencias y #coaching

Escritora y apasionada de las #palabras

Más información sobre mí y sobre mis servicios en www.merceroura.es

Gracias siempre por estar…

 


5 comentarios

Amarse a pesar del dolor


sad-2182545_640

Hoy quiero hablar de dolor físico. Es algo que me ha acompañado gran parte de mi vida, no recuerdo casi desde cuándo pero siempre que echo la vista atrás allí está. Se me ocurren pocos compañeros más fieles que un dolor crónico… Tan puntual, tan insistente, tan presente, tan incondicional… Las personas que no viven ese tipo de dolor no saben cómo actuar ante las que sí lo habitan, porque llega un momento en el que el dolor te habita y tú habitas en él y no sabes dónde empiezas ni dónde acabas.

El dolor va muy acompañado de rabia, no sé si porque esa es una de mis emociones más habituales o porque va pareja a él. Lo que no sé, la verdad, es si primero llega al dolor y luego la rabia o va al revés. Esa sensación de injusticia, de impotencia, esa ira acumulada con ganas de salir al mundo a gritarle “basta, no puedo más, no me merezco esto”. Ese llanto sordo de súplica para que pare, para pedir una tregua aunque sea corta y recordar quién eras sin dolor, sin quejidos ni lamentos…  Sin sentirse atado a esa imposibilidad de sentir paz o alegrarse o de sentirse dueño de tu cuerpo o de tu risa, de tus horarios o de tus ganas… Amarrada a algo que te estorba y denigra o eso crees.

Siempre he creído que el dolor y la rabia caminan juntos o al menos comparten gran parte del camino. Hay personas que almacenan mucha rabia y no lo saben. Para los que siempre hemos sido de soltar exabruptos y  de enfado habitual como yo es fácil darse cuenta, pero hay personas que acumulan mucha rabia y no se han dado cuenta. Parecen en calma y dentro de ellas hay un mar bravo y tormentoso suplicando salir y desbordarse. Viven una tormenta interior que no consiguen desatar y van por la vida contenidas y sin sosiego. El dolor va ligado a las emociones, en general, a pesar de ser físico y necesitar todo un arsenal médico para calmarlo muy a menudo.

El cuerpo es el mapa del alma. Una especie de pergamino donde podemos ver apuntadas y significadas todas nuestras batallas, miedos, rencores y emociones almacenadas esperando ser sentidas. Mi rabia se queda obstruida en la garganta y mi culpa en la parte superior de la espalda… Y cuando todo va muy mal, una manaza enorme me presiona el estómago y me dice barbaridades para que haga algo que no sé qué es y acabe de una vez por todas con mi sufrimiento.

A menudo nos sentimos tan culpables por no ser como creemos que deberíamos que materializamos esa culpa a cada paso y eso encuentra caminos en nosotros para tomar forma y decirnos que ya no podemos seguir así. Eso no significa que seamos culpables de nada… Esta es la parte importante de este mensaje.

Quiero que se me entienda, el dolor es algo físico, pero a parte de tratarnos con lo que nuestros médicos decidan que es mejor, necesita que nosotros también usemos un antídoto para poder sobrellevarlo. Un trabajo que podemos hacer solos o acompañados, pero que tiene que ver con nosotros mismos y que hace que los tratamientos médicos se optimicen… Y es el amor. Cuando más duele es cuanto más hay que amarse.

El otro día alguien me preguntó en una conferencia cómo amarse a uno mismo. Y la verdad es que me quedé un momento callada antes de proponerle algunos ejercicios que yo pensaba que serían de ayuda y hacerle alguna reflexión sobre esos pequeños actos diarios que nos permiten tratarnos mejor y que son muy necesarios. Sin embargo, me di cuenta de algo al responder… A veces, es muy difícil amarse porque no te conoces, no te respetas y no sabes cómo, al menos para ti mismo, para otros resulta más fácil… Y eso no se puede imponer. Descubrir que no te amas y decidir amarte sin saber cómo puede ser otra carga pesada más que añadir a las muchas que llevamos encima.

Muy a menudo, empezamos un proceso de autoconocimiento destinado a conocernos para incrementar nuestra autoestima y acaba convirtiéndose en una carrera más para obtener resultados. Y eso es todo lo contrario a lo que pretendemos. Amarse es no exigirse más de la cuenta, permitirse ser, permitirse el error, permitirse soltar lastre, permitirse incluso no amarse suficiente por hoy porque no sabes cómo o no puedes más… Es comprender que cada uno tiene un camino.

Culparse por no amarse es amarse todavía menos. La autoestima no es una carrera, es un camino de compasión y paz. Muchos han convertido el pensamiento positivo en una dictadura en la que, con un buen fin, acabamos pervirtiendo los medios y haciendo que no merezca la pena… Te animan a conocerte y confiar en ti para optimizar tus resultados,  cuando el amor a uno mismo es en sí la gran finalidad, la paz de sentir que te respetas y aceptas y a partir de ahí construir sin urgencias. Si sólo te amas cuando llegas a la cima, ese amor de no es de verdad… Si sólo te amas cuando otros te aplauden y reconocen, no te amas como mereces… 

Si sólo te amas cuando estás sano, no te estás respetando como mereces y, por tanto, no te amas de forma incondicional. 

El mundo debería dejar de perseguir sus sueños y empezar a vivir en paz consigo mismo y los sueños llegarían poco a poco. Algunos aparecerían de repente y otros no llegarían nunca y nos daríamos cuenta de que da igual, porque en realidad lo único que necesitamos es ser coherentes con nosotros mismos. El verdadero sueño es vivir de forma coherente. 

Amarse no es el medio para conseguir nada, es el fin. Mientras sólo esperas aceptarte y amarte para obtener algo a cambio ese proceso de autoestima es un fake, una amago de amor exactamente igual que el que usamos cuando tenemos una pareja y dependemos de ella para ser felices, aunque estar con ella no nos llene ni nos haga sentir bien.

Si ahora no te amas, no te agobies, sencillamente date cuenta, toma consciencia, comprende que todavía no te amas y acéptalo. Es un gran paso, un salto enorme hacia tu amor, un salto que hacen las personas que están a punto de amarse… Y no te culpes por no ser capaz (o no sentirte capaz todavía) no pasa nada, tienes tu ritmo y tienes derecho a no poder ahora hasta que descubres que puedes… Basta de exigencias y listones altos, basta de dogmas para perseguir sueños e insuflar confianzas de pacotilla que no surgen de tu gran verdad interior…

Vuelvo al dolor. Porque mientras escribo esto sigue existiendo. Y lo sé, lo tengo claro, no nos gusta, no nos hace bien, no lo merecemos, pero está… Sigue ahí y hay que aceptarlo como todo en la vida y empezar a ver cómo hacer que se pase, se calme, se vaya…

He llegado a la conclusión de que todo en la vida es un aprendizaje, aunque sea terrible, lo sé. Y hay mil cosas que no podemos evitar, a veces, el dolor es una de ellas… Pero podemos aprender a vivirlo mientras no llega la solución, sin pensar que es un castigo por nada (no merecemos castigos) ni sintiéndonos culpables por él. Yo me he sentido culpable a veces porque mi dolor no me ha permitido dar el máximo como yo quería o pensaba que esta sociedad me reclamaba… Y eso duele también, muy dentro, y no ayuda a tomar las riendas y sentirse digno a pesar de todo.

Somos seres dignos de lo mejor con o sin dolor. No tenemos que pasarnos la vida justificándonos por no llegar, no estar en forma y perfectos, por no poder ir o ser siempre la excepción porque algo nos duele o ya no nos duele pero no queremos tentar a la suerte…

El dolor es duro,  pero te invita a escucharte y mimarte, a quedarte contigo y reconocer tu grandeza a pesar de todo, a darte cuenta de que tienes que ponerte como prioridad en tu vida y pensar en ti y ver que no es egoísmo sino amor puro… El dolor es una oportunidad terrible para reencontrarte y descubrir que has estado evitándote y no has contado contigo, con lo que deseas, con lo que disfrutas, con lo que amas… No es culpa tuya que esté pero puedes vivirlo desde el máximo respeto a ti mismo… Tomando tus decisiones, sintiendo de una vez por todas que mereces lo mejor, parando para vivir, aprovechando para darte cuenta de que no te habías dado cuenta…

Lo sé, el dolor es a veces insoportable y nos queremos marchar de nosotros mismos. Incluso entonces, seguimos siendo seres humanos que merecen amor, todo el amor, el amor más grande posible, el nuestro…
¿Por qué comos a veces tan compasivos con los demás cuando sufren y tan poco con nosotros mismos?

Si te duele no te culpes, no te sientas mal por ir al revés, por no parecer, por no llegar, por necesitar parar y desconectar de todo menos de ti… No te excuses ni justifiques ante nadie, quédate contigo y decide amarte… Sin prisas, a tu ritmo, sin que eso de amarte se convierta también en una meta angustiosa sino en un camino por descubrir… Si te duele, no te maltrates y te sientas en evidencia por tu dolor, eso es una carga más que no necesitas y que te lastra para seguir adelante y encontrar tu paz… 

Permítete parar para sentir y suelta esa culpa inventada por no ser como el resto de personas que ahora van por la vida sin dolor… Esto ya es bastante complicado, no te añadas más trabas en el camino.

 

Gracias por estar ahí siempre y compartir este camino. Siempre que escribo espero que a alguien le sea útil compartir este proceso complicado y apasionante. Sin prisas ni fórmulas mágicas, sin agobios ni marcas que cumplir… 

AMARSE ES UN REGALO PARA TI MISMO, UN FIN, UN LUGAR EN EL QUE TE SIENTES COMPLETO Y A SALVO.

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro.

Manual de autoestima para mujeres guerreras 

Disponible aquí 

amazon llibre merce amazon

Acompaño a personas y organizaciones a a desarrollar su #InteligenciaEmocional con formación, conferencias y #coaching

Escritora y apasionada de las #palabras

Más información sobre mí y sobre mis servicios en www.merceroura.es


6 comentarios

Sufrir para nada…


No quiero mentir, no sé nada…

Escribo porque a veces es la única forma que encuentro de poner negro sobre blanco lo que me asusta tanto que necesito desmitificarlo y ponerle nombre para que se haga pequeño y accesible… Lo que me duele tanto que casi no me atrevo a comprender ni sentir.

A veces creo que he dado un paso de gigante y miro atrás para reconocer sólo la distancia de una pulga. Otras veces creo que apenas he hecho nada pero veo como el mundo que me rodea es distinto.

Me dijeron hace mil años que si me esforzaba y ponía empeño todo llegaría, pero no es cierto… O al menos no lo es en mi mundo, no sé en otros mundos… Hay cosas que no son, no pasan, no llegan a ver la luz o se rompen cuando llevan unos segundos de vida… Eso pasa cada día. La vida se empeña en ponerte una y otra vez en la casilla de salida y conviertes el hecho de llegar a tu meta en una cruzada personal que deja de tener el sentido que le dabas para perderlo del todo.

A veces, luchamos sin tregua para conseguir algo que pensamos que nos hará libres y por el camino nos esclavizamos nosotros mismos intentando conseguirlo…  

Nada que tenga que liberarnos en el futuro debería atarnos ahora, tal vez porque no hay nada que vaya a liberarnos salvo nosotros mismos.

Me contaron que si me preocupaba era una persona responsable, que estaba haciendo algo para solucionar los problemas… Que los que no se preocupan no son personas como deben y los demás les juzgan y les señalan con el dedo… Y me he preocupado por todo y no ha funcionado y cuando ha funcionado he llegado a la solución destrozada y muy agotada física y emocionalmente… Tanto que no he podido disfrutar del nada…

Sufrimos tanto… Almacenamos sufrimiento como si por ello alguien fuera a tener piedad de nosotros y nos fuera a conceder un deseo o dar un regalo. Y nunca me ha pasado, nunca he recibido nada bueno a cambio de sufrimiento, al contrario. 

Sin embargo, sí que vi recompensa en amarse y tratarse bien… El amor que te das siempre siembra cosas buenas porque justo en el momento en que te lo das ya es maravilloso y eso hace que siempre valga la pena… 

Perdemos el sentido cuando dejamos de intentarlo para vivirlo y empezamos a intentarlo para ganar, para figurar, para demostrar, para decir que lo hicimos… Yo misma me he pasado días culpándome por no ser capaz de soltar mi culpa…

Como esos viajes en los que paras cinco minutos en un lugar para hacer la foto de rigor y luego la contemplas pasado el tiempo y te sientes incapaz de recordar qué sentías porque no sentiste nada… Sólo te hiciste la foto para decirle al mundo que estuviste.

No sé dónde está el equilibrio. Dónde seguir deja de tener sentido para convertirse en una trampa, en una telaraña en la que te quedas prendido porque te empeñaste en ir más allá y no ver lo que ya habías conseguido. Y no es la meta, ni el sueño, es el ánimo y la actitud con que lo haces…

Nada de lo que hacemos sufriendo nos lleva a nada. Y si llegamos, estamos rotos y no somos capaces de apreciar la maravilla de lo que hemos conseguido.

No sé dónde está el límite.  Dónde se debe parar cuando ves que no consigues lo que deseas y eso te lleva tanta energía que no te permite notar la vida. No sé cuál es el momento en el que lo que sueñas te priva de lo que vives y lo que no tienes te hace olvidar y no apreciar lo ya está en tu vida… No sé cuándo de debe parar, tal vez cuando empieza a doler, cuando no compensa, cuando lo que te te apasiona te hace perder la pasión por ti mismo y empiezas a verte a través de los ojos del que no llega y no del que está siendo capaz de andar el camino.

La verdad es que me dijeron que si me esforzaba lo conseguiría pero nadie me contó cómo dejar de esforzarme y aceptar que no es, que no pasa, que no llega… Y hacerlo de forma que no me caiga encima una losa inmensa ni se me hipotequen otros sueños, ni acabe pensando que hay algo en mí que no funciona…

Nos deberían decir que vayamos a por todo pero que no pasa nada si no llegamos, si no lo conseguimos. Que hay momentos para llegar y otros momentos para quedarse corto, para calmarse y amar el silencio que te invade cuando descubres que va a ser que no y no pasa nada. La paz del que sabe que es merecedor de todo sin tener que demostrar nada… La calma del que es capaz de darse cuenta de que no necesita sueños para levantarse cada mañana porque se tiene a sí mismo pero sigue teniendo muchos porque los merece… La maravillosa sensación de soltar y dejar de sentir que hay algo pendiente y sentirse pleno sin tener que andar por la vida coronando cimas, ganando medallas y buscando lámparas maravillosas…

No hay nada de que avergonzarse por perder, por no llegar, por quedarse a medias, porque te rechacen y te digan que ya no te aman, porque te echen de un trabajo, por estar en una clase y que nadie te escoja para hacer un ejercicio por parejas… (esto último me pasaba siempre cuando era niña y me provocaba un gran dolor y mucho miedo). Lo único que nos aleja de seguir adelante es la culpa por pensar que no hemos dado lo mejor, por pensar que no somos suficiente o no merecemos… La culpa nos devora la nuca mientras intentamos levantarnos para volverlo a intentar y nos dice que de eso que buscamos para nosotros no hay…

Y la única forma de quitarse la culpa por no alcanzar lo soñado es decidir que pase lo que pase vamos a amarnos y respetarnos, vamos a tratarnos con cariño y no nos vamos reprochar nada. Que podremos analizar nuestros fallos o comprender que tal vez lo que queremos conseguir no tocaba ahora, que no era el momento, que nos espera algo mejor incluso… Pero siempre desde el amor, nunca desde el reproche.

Me dijeron que si trabajaba mucho lo conseguiría y no era verdad. Porque nadie me dijo que trabajara con ganas, sin destrozarme, sin exigirme tanto que me rompiera… Nadie me dijo que frenara antes de caer en el abismo de perder el control sobre mí mientras intentaba controlar lo que no depende de mí… Lo que escapa realmente de mi control y capacidad.

No sé nada, la verdad. A veces, no veo la línea hasta que no la he cruzado y veo que he vuelto a ser esclava de eso que venía a liberarme porque no me acuerdo de que lo único que puede hacer que  sea libre soy yo…

¿Cómo? dándome permiso para fallar, para no llegar, para retroceder, para desistir, para decir basta… Sin culpa, sin reproche, sin castigo autoimpuesto ni sobrecarga… 

No hace falta desistir ni resignarse, aceptar no va de eso, va de aprender a amar lo que ya es y enfocarse en lo que es prioritario… No hace falta quedarse sin sueños, sólo darse cuenta de si hacemos el camino soñado sufriendo o gozando y descubrir que sólo vale la pena si durante el intento te hace feliz…

No sé nada, la verdad, pero tengo claro, por dolorosa experiencia, que todo eso sólo conduce a más sufrimiento y nunca te lleva a ninguna cima.

Sufrir no sirve para nada, más que para hartarse de ese sufrir hasta pasar esa frontera en que es tan insoportable que sólo te queda decidir que sea lo que sea lo que te depara el futuro no puede ser peor que el sufrimiento que sientes ahora…

Sufrir ahora no alivia el mañana, al contrario, dibuja un mañana con más sufrimiento… 

Amarte ahora lo cura todo justo ahora… 

A veces, el sufrimiento, a pesar de ser inútil, te suministra el hartazgo necesario para tener la fuerza que buscas para cambiar de camino de una vez por todas…

 

GRACIAS POR LEERME E INICIAR CONMIGO ESTE CAMINO COMPLICADO PERO MARAVILLOSO… 

Gracias por compartir y llevar mis palabras hasta el otro lado del mundo… 

Si quieres continuar con este cambio, te invito a profundizar todavía más…

Manual de autoestima para mujeres guerreras

Disponible aquí 

amazon llibre merce amazon

Acompaño a personas y organizaciones a a desarrollar su #InteligenciaEmocional con formación, conferencias y #coaching

Escritora y apasionada de las #palabras

Más información sobre mí y sobre mis servicios en www.merceroura.es

 


Deja un comentario

Al final del túnel


dark-2568338_640

Tocar fondo… Uf qué mal suena, por favor. No sabes las veces que en mi vida he eludido meterme por caminos complicados y arriesgar para no llegar a eso. Para que no hubiera un día en que fallara todo, cinturón de seguridad incluido, y me tuviera que encontrar conmigo misma. Sola, sin nada a lo que agarrarme, ni ninguna puerta a la que llamar. A solas con la persona en la que menos había confiado en la vida, yo. Rota y sin nada con que pegar los pedazos, rodeada de gente que ríe porque no se da cuenta del inmenso dolor que noto en mi alma.

Aquello de lo que huyes te persigue.

Aquello que buscas ha salido a tu encuentro. 

Sólo necesitamos ser conscientes de quiénes somos y de si somos coherentes con nosotros mismos o no.

He he hecho lo indecible para no tener que mirarme a la cara y decir “Mercè, ahora estamos solas las dos, vamos a una”. Y no era solo eso, era admitir ante el mundo, aquel mundo que yo creía que siempre me miraba mal y no esperaba nada bueno de mí, que estaba en lo cierto. Que había acertado en su quiniela y era verdad, yo no era nadie ni servía para triunfar. Necesitaba “desnudarme” ante ese mundo que esperaba que fuera despiadado conmigo para darme cuenta de que incluso en la más absoluta desnudez no pasa nada, nadie puede hacerte daño si no te dejas, si no te crees, si te amas y respetas tanto que ninguna palabra puede arañarte…

He hecho todo lo que ha estado en mi mano para no tener que mostrar mi imperfección, mi vulnerabilidad, mi supuesta incapacidad para confiar en mí y me he convertido durante años en una persona “corriente” sin hacer aspavientos ni esperar nada excepcional de la vida… Era como si “portándome bien” y no esperando nada de magia en mi vida, un dios atroz y vengativo fuera a apiadarse de mí y me evitara pasar por delante del escaparate de mis miedos y enfrentarme a ellos…

Ilusa de mí… Porque ya lo sabía. Siempre lo supe. Todo llega y todo pasa. Cuánto más eludes algo, más te acercas a ello. Porque hay momentos que vivir y miedos que superar, hagas lo que hagas.

Si temes mostrarte, la vida te pondrá en el punto de mira.

Si temes decidir, la vida te obligará a tomar decisiones.

Si temes perder, la vida te hará perder tanto que al final no recordarás por qué te dolía tanto.

Si no lo haces, la vida te lo hace… 

Si temes que nadie te ame, pasarás largo tiempo olvidado por otros hasta que descubras el verdadero amor, ese que está en ti.

Cualquier necesidad de la que dependa tu estabilidad, seguridad y felicidad, se verá no satisfecha para que sepas que no es real, que no eres tu miedo, sino tu capacidad para sobrevivirlo.

Vas evitando pasar por esa esquina donde hay siempre algo que te recuerda que no estás haciéndote caso, que te dice que vayas ante lo que te asusta, que te enfrentes a tu vergüenza, a tu culpa inventada, a tu fantasma más terrible… Pero no lo haces, hasta que no te queda más remedio.

No se me ocurre en la vida nada que se pague más caro que la incoherencia.

La vida sabe que hay cosas que sólo estamos dispuestos a hacer en caso de desesperación. Sólo cuando el agua nos llega al cuello somos capaces de ceder y decidir que ya basta, que vamos a soltar y confiar. Solo cuando la alternativa es más terrible, nos sentimos con fuerzas para ponernos de rodillas y dejar el orgullo de lado, ceder y permitrnos ser libres, soltar el lastre y dejar de seguir intentando demostrar, figurar, parecer, recibir aceptación y reconocimiento… Sólo cuando no hay más remedio porque todo se tambalea, decidimos amarnos y ponernos de nuestra parte.

Y el momento llega. Podríamos dar el paso antes, pero somos tan testarudos que necesitamos caer hasta el fondo, hundirnos en el lodo más pegajoso para darnos cuenta de que nos hemos privado de sentir y notar la vida a través nuestro, que hemos evitado ese miedo, ese dolor, esa situación… Que hemos acumulado emociones en cada esquina de nuestro cuerpo hasta que han estallado. Que hemos inventado un personaje para que cuando otros nos miraran no pudieran vernos.

Toda la vida intentando evitar este momento en el que te enfrentas a tu miedo más intenso y lo notas, tiritas, te retuerces, caes, lloras y entras en un silencio rotundo y absoluto en el que puedes empezar a escucharte de verdad y ser tú. Puedes ser tú porque ya no importa nada, porque ya no te avergüenzas, porque en este trance has perdido ese miedo y te has vaciado de todo lo que acumulabas, porque has soltando tanto que el vacío que hay en ti se ha llenado de vida… Se ha llenado de ti.

Puedes ser tú porque lo has intentado todo y no te sirve nadie más y cualquier otra opción se ha demostrado fuera de lugar… Puedes ser tú porque no hay nadie más…

En ese momento, te das cuenta de que llevas tiempo en ese túnel, buscando una salida a tanta oscuridad, una luz que te guíe… Y descubres que la luz que buscas está en ti, muy dentro, pero necesitabas encontrarte muy apurado para encenderla porque mientras todo iba bien te dedicabas a ignorarla. Te ignorabas a ti.

El otro día alguien con quién comparto ideas y reflexiones en redes, Merche Pérez Miguel, me dijo algo hermoso… Cuando tocas fondo “sientes que ya no te queda nada y de repente de conviertes en absolutamente todo”. Un todo que no sabrías que está si no te quedaras a solas contigo, sin nada, en absoluto silencio…

No hace falta llegar a eso, la vida nos tiende la mano mil veces ante, aunque no lo vemos porque estamos ocupados intentando eludir lo que somos y sentir ese miedo que de forma inevitable llegará. Porque estamos pendientes de pelearnos para no aceptar lo que no nos gusta, sin saber que a veces lo que parece terrible es en realidad un regalo precioso.

A veces, la vida llama a tu puerta y no respondes porque tienes demasiado miedo de mirarla a la cara y ver con qué va a sorprenderte.

A veces, hay que tocar fondo para darte cuenta de que no eres tu dolor, tu miedo ni tus pensamientos más tristes, para descubrir que siempre habías estado arropado por la mejor compañía y nunca la habías tenido en cuenta… Para encontrarte a ti y existir sin más expectativa que vivir en paz…  Cuando eres lo único que te queda, no tienes más remedio que confiar en ti.

No te quepa duda, al final del túnel estás tú, sólo tú.

 

 

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

Disponible aquí 

amazon llibre merce amazon

Si quieres saber más de mí, te invito a entrar en mi web y conocer lo que hago. Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar todo su potencial a través del coaching, el mentoring y la Inteligencia Emocional. 

www.merceroura.es 

Tengo un programa para ti para poder tomar decisiones y salir de bucle en que te encuentras.

Consulta aquí


24 comentarios

Heridas


people-2604159_640

A veces siento que me he cosido a mí misma. Como si fuera una muñeca de trapo remendada por todos los costados… Se me caía un ojo y lo cosí. Se me salía el relleno e hice un apaño. En ocasiones, el remiendo ha quedado perfecto, como nuevo. Otras veces, no he encontrado el mismo color o no he sabido reparar lo roto con la misma destreza con la que estaba hecho en un principio y ando por la vida con un ojo de cada color y algunas cicatrices. Soy un ser asimétrico y deshilachado, pero estoy aquí.

Durante mucho tiempo, me he mirado a mí misma y me he visto una muñeca rota, cuando en realidad era una muñeca que ha sabido curarse a sí misma, que ha encontrado la forma de seguir a pesar de los accidentes, los obstáculos y todas la veces que no ha sabido saltar y ha tropezado o ha caído. Cuando he mirado al espejo a esa muñeca, he sido a menudo incapaz de ver el valor de lo reconstruido, de lo remendado… He visto la torpeza y el dolor, el miedo a ser una muñeca usada y olvidada por no ser la muñeca más hermosa, por ser una muñeca cada vez más antigua… He visto las cicatrices sin darme cuenta de su extraordinaria belleza, de su valor, de la importancia que tiene para cualquier ser humano amar sus grietas y rincones más oscuros para poder así dejar que su luz salga al exterior…

A veces, me miraba y no me veía porque estaba demasiado ocupada ocultando mis heridas e imperfecciones… Tapándome con la máscara para que nadie viera que mi sonrisa era una mueca de dolor, de miedo, de soledad infinita… La soledad de alguien que hace tiempo decidió que estaba sola y nunca nadie iba a poder ayudarla, la soledad de alguien que renunció a la esperanza porque conservarla le hacía demasiado daño… De alguien que se cansó de esperar una mano amiga que nunca llegó… Ahora lo tengo claro, esa mano no podía llegar. No podía porque ella no permitía ayuda, porque había instalado la soledad muy dentro y había decidido que era responsable del mundo y de llevar su peso y su cargo… Nadie puede ayudar a alguien que se obsesiona con no ser ayudado y cuando lo hace, esa ayuda no llega o no se ve. Esa ayuda no podía llegar porque sus pensamientos habían decidido por ella que nunca llegaría… Y además, la vida siempre te pone a prueba y te deja solo para que entiendas que ya lo tienes todo, que en realidad nunca estás solo si te amas y confías… Pero para entenderlo tienes que aprender a mirar las cicatrices y ver en ellas un logro, un regalo, una muestra más de tu capacidad de crecer y adaptarte… Un destello de luz que descubre tu enorme poder para seguir a pesar de todo y descubrir que la esperanza no es algo que se espera, es algo que ya se tiene, que está en ti, que vive dentro de ti… Que no se trata de esperar en realidad, sino de vivir intensamente cada instante y dejar que llegue lo que llegue, porque no hay más remedio que estar a todas y darle la vuelta a las situaciones y encontrar el reverso suave de las hojas… Y construir con las piedras del camino, con los palos que te dan en la espalda, darle la vuelta a los sueños no cumplidos como si fueran calcetines y descubrir que en realidad son el primer paso a otros sueños mejores y más grandes… Convertir tus lágrimas en posavasos y tus miedos en catapultas… Darte cuenta de que todo tiene sentido, en realidad, que todo encaja pero que tu forma de verlo y percibirlo es la que te juega malas pasadas… Que el espejo sólo te muestra lo que te predispones a ver, a sentir, a ser… Y que lo que encuentras en el camino son en realidad tus pedazos por recomponer, pistas para descubrir qué te ocultas a ti mismo, qué no te atreves a decirte todavía y que es tan necesario para poder unir las piezas y sentirte tú, sentirte libre. El camino te cuenta historias para que tú escribas tu historia, para que tomes del pasado las lecciones y con ellas dibujes tu presente… Porque a veces las heridas son caminos que te llevan a ese lugar que buscas y que ya está en ti pero no puedes encontrar porque miras con dolor y con miedo… Sin presente no hay futuro. Por ello, no hay nada peor que tragarse este momento sin vivirlo esperando que el tiempo pase y todo cambie, sin notar la vida ni sentirla… Porque sólo llega el futuro que esperas si construyes el presente que con vida, con ganas, con alegría… Si miras y eres capaz de ver la belleza que hay en ti… La de verdad. 

swan-293157_640

El otro día alguien le dijo a la muñeca zurcida algo maravilloso… “En realidad tus sueños ya se están cumpliendo, pero no lo ves porque no confías, porque esperas.”

Y es cierto, el error es el primer paso para llegar al sueño. La duda es el reverso del acierto. Estás en la primera página del libro y no ves el final y crees que has abierto el libro equivocado pero te falta paciencia y te falta sumergirte en las páginas del libro y vivirlas y sentirlas y disfrutarlas… El día que hoy eliges vivir es una réplica del día que vivirás mañana. Con cada decisión que tomas, replicas un momento futuro, marcas un rumbo, escoges un sentido, un para qué… Y hoy gozas, aunque no veas a dónde te llevan tus pasos porque lo que buscas no llega, mañana gozarás…

Ya estás tocando lo que deseas, pero no lo ves porque miras con los ojos del que no sabe lo mucho que merece, del que no se acuerda de que jamás estás solo, del que tiene miedo a descubrir su propia grandeza…

Y si ahora eliges ser feliz pase lo que pase, qué importa qué pase… Este es el sueño. Esta es la mirada de la muñeca rota que se cose y decide comprender lo mucho de lo que es capaz en lugar de perder el tiempo, las ganas y la energía recordando el pasado y llorando por sus heridas. La muñeca a la que ya no se le escapa este momento pensando en lo que vendrá… Que ya no espera porque ya es lo que quiere ser.