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la rebelión de las palabras


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La belleza que ves es la belleza que eres


 

 

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Estamos tan sujetos a nuestras creencias que no podemos ver lo que realmente importa. Necesitamos verdades absolutas a las que agarrarnos, plegarias que decir para suplicar que lo que tanto nos asusta no pase… Y cuando descubrimos que eso no existe, que todo se mueve y cambia, que no hay nada que no sea incertidumbre a nuestro alrededor y que aquello a lo que nos agarramos es en realidad arena fina, nos sentimos perdidos…

Buscamos donde no hay. Vivimos a través de frases escritas en las redes sociales donde alguien nos da una fórmula que se supone que es para todos la misma, que es infalible, que se aplica tanto si eres joven o anciano, si vives en Ecuador o en Islandia, que funciona tanto si tu problema es que no tienes dinero como si acabas de perder al que crees es el amor de tu vida…

Sí, es cierto, hay una fórmula, pero no está fuera, está dentro y no es fácil aplicarla. Puede serlo, no quiero ahora engendrar en ti y en mí otra creencia, pero a mí me ha costado mucho y me sigue costando… Es un gesto, una manera de vivir, una decisión… Amarse. Es tan simple y tan complicado a la vez. Simple porque se trata de que ahora decidas que todo lo que vulnere ese amor que sientes por ti y no haga que crezca salga ahora mismo de tu vida… Complicado porque no vas a hacerlo (¿o si?) porque todavía no estás al límite y no crees que el beneficio que esa decisión supone, pueda superar esta pegajosa sensación que tienes ahora (tenemos, me incluyo, no pasa nada, sin culpas ni reproches) en la que quejarnos y lamentarnos porque todavía no somos, creemos que nos compensa. Porque hemos convertido el lamento y el “casi, casi llegar” en algo cómodo y llevadero y no queremos renunciar a ello para vivir plenamente. Digamos las cosas por su nombre… No pasa nada, decirlo en voz alta calma y sosiega. Todos lo hacemos. En realidad, lo hemos hecho lo mejor que sabemos y no vamos ahora a exigirnos más sino a comprendernos hasta el fondo.

Porque mientras no te amas, nadie te ama y mientras no te aman como mereces realmente, tienes (tenemos) una gran excusa para ir por ahí a medias, sin comprometernos a nada de todo… Porque así nos podemos exigir un poco menos, que sería un alivio, y seguir buscando esa perfección que no existe y que un día nos va a romper en dos y nos va a parar en seco (sé de qué hablo). Y cuando alguien te reclama, estás de suerte, porque cuando no te amas, la vida no va bien, pero tienes la coartada perfecta cuando te comparas con otros (eres incomparable en realidad) porque tú eres ese o esa pobre persona que no recibe tanto como da, que no tiene suerte, que por más que haga no llega la recompensa… Y en ese ejercicio comparación insano y demoledor siempre tienes una excusa para medirte con otros y no ganar, para poder soportar que te miren y no te reprochen puesto que tu puesto de salida siempre está más lejos que el de los demás…

Sé qué haces, sueñas que un día saldrás desde el mismo punto que los demás. Te han dicho “Sueña… Persigue tus sueños” ya lo sé, yo también lo hago, lo hice pero es el sueño equivocado (no soy nadie para decírtelo ni sé nada, pero si sé lo que he vivido). Porque el verdadero sueño no es competir y llegar a la meta como hacen los demás, es descubrir tu propia meta y dejar de medirte y calcularte. Descubrir que ya eres, que ya vales, que no necesitas compararte ni demostrar. Sueña que llegas pero a ti. El sueño es la paz de saber que eres el ser más amado del mundo porque cuentas con la persona más increíble y extraordinaria a tu lado, tú… Lo más sólido a lo que agarrarte cuando vienen malos momentos eres tú, no hay nada más.

Todo lo demás son creencias y frases hechas, algunas mejores y otras peores, pero no son tú. Cree en algo que te abra la mente, el corazón… Algo que te diga que seas no que demuestres, algo que te invite a ser sin embarcarte en una carrera que no sea una aventura… Hazlo porque lo deseas y porque antes de terminar y llegar a la meta ya sabes que sea cual sea el resultado te hará feliz, porque no te estás midiendo sino disfrutando, porque estás ahí para contagiar esa belleza que acabas de descubrir que posees y quieres compartirla. Porque quieres ser maestro y alumno a la vez, porque ya sabes que aportas mucho al mundo y te abres a cambiar todo lo necesario para seguir amándote…

Esta semana me hice una pregunta ¿qué haría en caso de desesperación y no me atrevo a hacer del todo ahora? es una versión de la gran pregunta ¿que harías si no tuvieras miedo? puesto que cuando te desesperas, te descubres dispuesto a todo y borras tus límites… Justo en ese momento, descubres por qué la vida te ha puesto en esa situación, te está alentando a que hagas eso que hasta que el agua no llegue al cuello no estás dispuesto a hacer… Te arrastra a que dejes tus creencias limitantes de lado y existas sin tener que pedir permiso… Te pide que claudiques y cedas en el orgullo, no en la dignidad, ni en tu poder… Que renuncies a tus límites y miedos y a tus máscaras, no a tu ser, ni a tus sueños… Te dice “hasta aquí has llegado escondiéndote del amor que eres, ahora para seguir no basta con sucedáneos… Tienes que ir en serio contigo, comprometerte de verdad hasta las últimas consecuencias”.

La vida te pone al límite para que no tengas más remedio que confiar en ti. 

Puedes decir que no y seguir en esa espiral de angustia.

Puedes decir que sí… Y me gustaría decir que se abre el cielo y sale una mano enorme y te salva… Pero no, lo que pasa es que de repente, una capa fina de algo maravilloso te cubre y entra en ti y te empiezas a ver de otro modo… Eres la persona que ha dicho sí, que ha sido capaz de renunciar a lo que le estorba para ser ella misma y vivir en coherencia… Y eso te da mucha fuerza y poder, eso se parece tanto al amor verdadero que mueve montañas… Y descubres que la mano que sale de cielo es tu mano… Que si existe un dios o una energía creadora e inteligente (cada uno sabe si lo vive y lo siente, y lo llama como quiere) actúa solo cuando le das permiso porque lo hace a través de ti.

Y dejas de pedirle al mundo que te mire y te haga caso porque ya no es necesario… Te lo haces tú. Y todo se transforma porque tú eres tú.

Hay una fórmula infalible… Incluso yo te cuento una fórmula, fíjate, aunque no sé nada y me equivodo mucho mucho… Ámate por encima de cualquier circunstancia y situación, diga lo que diga el mundo… Ámate en el caos más absoluto y cuando te veas caer por el precipicio más profundo. Ámate cuando nadie te vea ni te diga que estás, que eres, que cuentas… Ámate cuando sólo veas belleza ahí a fuera y no en ti… Ama tu dolor, tu culpa inventada, tu vergüenza, tu miedo, tu desesperación y date cuenta de que sólo abrazándolos podrás librarte de ellos y reconocer que son la puerta de salida de tu mundo de sombras, que cuando aceptes que están y sepas que no eres lo que son descubrirás lo que eres… No eres tu sufrimiento, eres la persona que sabe usarlo y aprender de él para soltarlo de una vez…

La belleza que ves es la belleza que eres… Ya eres todo, sólo te hace falta mirarte y ejercer de ti mismo. Cuando consigues entender eso, todo da la vuelta… Y no importa que todo se tambalee, porque tú estás en ti, tú eres lo que habías buscado siempre.

 

¿Estás cansada guerrear? ¿Quieres de una vez por todas encontrar tu paz? Te acompaño y te cuento cómo yo estoy en camino de encontrar la mía… “Manual de #autoestima para #mujeres guerreras aquí. No desaproveches esta oportunidad y permítete lo que mereces. 

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¿Te atreves a sentir tus miedos?


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Alguien me dijo el otro día que cuando me lee se queda a medias siempre porque no le planteo soluciones y agito por dentro sus problemas, sus pensamientos, sus emociones más contenidas… Es verdad, supongo que a menudo cuando escribo no aporto respuestas ni nada a lo que agarrarse para encontrar el camino.

Llevo unos días pensando por qué. Lo que más me viene ahora a la cabeza son mis dudas, porque realmente, escribo sobre ellas… Porque no sé nada y lo que hago en realidad es poner negro sobre blanco lo que a mí también me agita por dentro. Lo que me zarandea y me ha zarandeado siempre, lo que me araña desde aquel día hace cien años cuando era niña e iba en tren y miré el paisaje que dejaba atrás con la mirada y me pregunté qué sentido tenía todo. Lo veo como si hubiese pasado durante el café de esta mañana. Creo que tenía cuatro años y vi la línea verde que se dibujaba al paso de mis ojos por el cristal y topé la mirada de una mujer joven que me sonreía y en aquel momento me sentí como una figura de una maqueta inmensa. Como una de las piezas minúsculas de un mundo en miniatura en el que yo no sabía cuál era mi destino ni mi función. Como si mi identidad dependiera de la identidad de otros, como si mi lugar en este mundo inventado e imaginario dependiera del lugar que ocuparan los demás o del que me dejaran libre. En ese momento, sentí un miedo terrible a no encontrar ese lugar o a tenerme que conformar con el lugar que dejaban los demás para ocupar… Como sucedía en el cole cuando había que hacer algo por parejas y yo siempre era la que me quedaba sola porque nunca me atrevía pedirle a nadie que se quedara conmigo… Porque no me sentía suficiente o no pensaba que tuviera nada por ofrecer.

Yo también dudo y mucho de cuál es mi camino. O a veces no dudo del camino sino de mí y de mi capacidad para transitar en él. Y lo admito, muchas, muchas veces tengo claro el camino y la solución (va con mi personalidad) pero lo que pasa es que me resisto locamente a aplicarla. Mis vísceras asustadas dicen que no y en mi casa mandan mucho las vísceras. Me resisto yo y se resiste todo mi mundo a soltar ese control imaginario que me hace sentir que manejo los hilos. Hay una parte de mí que tiene tanto miedo a descubrir que no es tan fuerte como se imagina, que es vulnerable y no llegará por más que intente mil cosas y haga mil barbaridades… Hay otra parte de mí que tiene tanto miedo a solucionar sus problemas y descubrir que realmente esos problemas no existían y que el verdadero problema era mi actitud e incapacidad hasta el momento presente de querer ver las cosas de otro modo… De descubrir que todo eran excusas y coartadas inventadas para seguir sufriendo porque es más cómodo que tomar las riendas… Miedo de tener la certeza absoluta de que llevaba años haciéndome trampas y fingiendo querer ser feliz cuando en el fondo me seducía más una sensación mediocre de efervescencia  para no tener que lidiar con la culpa… Esa especie de sombra pegajosa y maloliente que todo lo impregna y te deja seco y lívido.

La verdad es que estamos enganchados a nuestro dolor, somos yonkis de nuestro sufrimiento y de todo lo que nos asusta. Nuestros pensamientos y emociones más recurrentes nos invaden en cuerpo de hormonas y nos acostumbramos a ellas, nos sentimos cómodos con esas sensaciones y huimos de la novedad aunque sea deliciosa, maravillosa, extraordinaria…

Intentamos evitar a toda costa sentir aquello que nos asusta y nos quedamos presos de ello en esa sala de espera en la que estamos pendientes de decidirnos. Y eso de lo que huimos tiene y ha tenido mil caras.  Ha tenido cara de novio que te abandona, de trabajo en el que no te consideran, de sueño que se te resiste, de recuerdo que te asalta cada domingo por la tarde… En el fondo, todo eso es lo mismo. Es el mismo conflicto que encuentra otra rama del árbol con la que taparte el sol para que tengas que trepar hacia tu interior. Todo lo mismo. Todos los conflictos que se presentan ante ti tiene que ver con el hecho de no estar tratándote bien, no estar de tu parte y reconocer tu valor. La vida te pone a prueba una y otra vez y siempre está pidiéndote que te abras y te desatasques por el mismo lado… Que desenquistes lo que ya sabes desde siempre que tienes enquistado en ti y que no sueltas.  Tal vez te pida que dejes algo a lo que te aferras, que saltes al vacío sin red para que aprendas a confiar, que vayas hacia algo o que des un puñetazo en la mesa y digas basta… Puede ser que te pida que hagas mil cosas que nunca te has atrevido a hacer o que dejes de hacer esas cosas que haces de forma desesperada para que encuentres tu silencio. No importa lo que sea, es ese miedo de siempre, ya sabes cuál, no te das cuenta pero todo lo que te rodea te habla de él y te invita a sentirlo y aceptarlo.

Hasta que no aceptamos lo que nos asusta, cada persona con la que nos cruzamos lleva escrito un reproche en la mirada… Todo nos recuerda lo que tenemos pendiente para que decidamos acercarnos a ello y descubramos que no pasa nada, que no hay culpas sino temor a descubrir que no somos perfectos… Y que una vez te acercas a eso, todo se diluye. Hasta entonces la culpa sobrevolará tu vida y te sentirás provisional porque sabrás que tienes a medias eso de reconocerte y amarte. Al final todo lleva a que llegue un día en el que tengas que afrontar y caer a ese vacío en el que no hay nada a lo que agarrarse, para que descubras que vuelas, que te sujetas a ti y que de repente aparece algo que te da aliento… Algo que no parecía existir o que estaba ahí y no podías ver porque eras yonki de tu necesidad de sentirte incapaz y desgraciado.

No importa si te muestras al mundo o te quedas en un rincón, no importa si lo haces desde la calma interior de ser tú y no desde la necesidad de ocultarte o de ser aprobado y aceptado… Todo es lo mismo… Ese desamor que todo lo impregna mientras dudas si mirarte a los ojos.

Es verdad, me quedo a medias, pero creo que es porque esto de vivir en realidad no va de respuestas sino de preguntas… No se trata de resolver sino de disolver ese dolor y dejar espacio para lo nuevo, sea lo que sea. Desde hace un tiempo me he dado cuenta de que el noventa y nuevo por ciento de las veces, sólo es necesario presentarse al examen de la vida para pasarlo con nota… Es lo único que te pide y te pides, que comparezcas, que sientas el frío de creer que no eres para que descubras que ya lo eres todo… Que notes el miedo de imaginar que todo se esfuma para que te des cuenta de que ya lo tienes todo… Que admitas que no sabes para que eso deje de tener importancia… Que te mires y observes lo que piensas y sientes y notes que no hay para tanto… Que digas en voz alta que no te amas, para que inmediatamente te des cuenta de que eso no tiene sentido…

No tengo soluciones porque dar el paso para encontrarlas ya supone que muchos de nuestros miedos salgan por la venta… Porque sentir tu miedo es permitirte soltarlo y empezar a liderar tu vida. ¿Te atreves?

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Yo también, a veces


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Yo también, a veces me siento pequeña y cansada. Me falta un poco el aire y las ganas de dar ese paso más que te acerca a lo que buscas.

A veces, yo también llego a casa y no tengo ganas de nada pero tengo que hacer mucho y no sé cómo e intento no pensar y no parar.

A veces, yo también quiero bajar de mi vida y esperar a ver si pasa otra con mejores vistas y me subo, pero luego miro los ojos de mi hija y me doy cuenta de que tengo la mejor de todas la vidas posibles.

No pasa nada… No es el fin ni el principio. Permítete, escúchate, siente este momento y descubre que no te arrastra. 

A veces, yo también lloro sin comprender por qué y me regaño porque no me entiendo. Y ando por ahí sin ser mi mejor versión ni perseguir ningún sueño porque con tenerme en pie en ese momento me basta…

A veces, yo también me pierdo en las baldosas en un patio esperando que se empiecen a mover y me hagan un espectáculo como hacían cuando era niña las de mi patio de casa, que era particular y cuando llovía se mojaba…

A veces, yo también me descoloco cuando no puedo más y veo que otras personas lo pueden todo o eso parece. Y tengo ganas de que me den una moratoria de un par de días o de cien años para poder parar y darme cuenta de qué falla. ¿Te pasa?

No lo evites, vívelo y nota que no te invade, que no eres tú, que no es obligatorio que eso determine tu vida y tus pasos.

Sumérgete en lo que sienes y vuelve a salir. Deja que te toque lo que temes y descubre que no eres lo que estabas evitando.

Podemos hundirnos y no pasa nada. Esto no es una carrera. No hace falta sonreír siempre, es más, es absolutamente necesario estar tristes y abrazar tu tristeza. Es absolutamente necesario romper platos y perderse un rato para luego encontrarse…  Es absolutamente necesario renunciar a lo que no llegas y decidir qué quieres y qué no en tu vida.  Es maravilloso soltar para dejar de cargar el peso y luego decidir si queremos cargarlo o no…

Esto es sólo un ejercicio de consciencia, de notar, se sentir, de comprender que estás y que eres, de darse cuenta para poder encontrar el camino… Y lo encontraremos seguro, solos o con ayuda, porque nos levantaremos y volveremos siempre a nosotros mismos pero al regresar seremos más sabios.

Podemos caernos y no pasa nada, lo único indispensable es no construirnos una casa en ese lodo ni creernos que pertenecemos a ese lugar porque en realidad es algo pasajero… 

A veces, yo también digo que sí cuando quiero decir que no y luego me siento incómoda, pero lo hago porque me han educado para asumir esa incomodidad a cambio de no llevar a la culpa ficticia por haber dicho que no… A veces, me rebajo porque no me acuerdo de que merezco lo mejor y trago sapos para no quedar mal y que me reprochen… Sí, lo hago… Porque como me siento culpable de no ser perfecta, a veces, siento que tengo que pagar un peaje todavía y sufrir un poco para expiar mi culpa… Lo sé, qué mal suena, pero digamos las cosas por su nombre porque así podremos aceptar que pasan, comprenderlas y empezar a soltarlas y no depender de ellas…

Yo también creo que habrá un día en el que llegará la magia a mi vida pero lo voy postergando porque todavía no me siento digna de ella… ¿Lo haces tú también?

Pues no pasa nada… Dejemos de reprochárnoslo porque ya somos conscientes y nos hemos dado cuenta y eso le da sentido a todo. Ahora que sabemos que podemos fallar y no es sólo inevitable sino saludable y necesario vamos a mirarnos a la cara con las cuentas saldadas. Y descubrir que no había cuentas que saldar sino amor que todavía no nos habíamos dado, valor que no sabíamos ver en nosotros.

Y eso tal vez haga que ya no se nos pasa por la cabeza querer ser otros y envidiar otras vidas y aprendamos a darnos espacio y tiempo para respirar. Tal vez eso haga que comprendamos que ya somos perfectos en nuestra imperfección necesaria y podamos observar nuestra angustia desde fuera para descubrir que no somos lo que ella es… Y observar nuestros pensamientos más tristes sin que nos engullan en esa espiral de dolor y sufrimiento que nos arrastra siempre pensando que no hay esperanza. Y descubrir que no somos lo que pensamos y que podemos cambiar lo que nos da la gana.

Tal vez eso haga que nos demos cuenta de que estamos cansados porque gastamos mucha energía intentando parecer y culpándonos de todo, pensando demasiado lo que debería y no disfrutando lo que es. Y no llegaríamos a casa tan agotados …

Tal vez eso nos haga recapacitar y darnos cuenta de una vez por todas que la felicidad no es un chute de nada sino coherencia pura y paz interior… La paz de saber que estamos de nuestra parte y vamos a respetarnos pase lo que pase.

Tal vez eso hará que las baldosas se ponga a bailar de nuevo en el patio de mi casa y me de cuenta de que siempre estuvieron haciendo un espectáculo pero yo no lo podía ver porque no me permitía sentir.

Siente lo que eres ahora, sea lo que sea, no pasa nada. Vive este instante aunque haga frío o sea incómodo. Todo pasa.

Dí que no quieres, que no te apetece, que no va contigo a ver qué pasa.

Y si no lo haces, no te reproches porque a veces nos ahogamos con la venda que ponemos a la herida y muchas heridas se secan al aire. 

No eres lo que eres ahora, eres más grande y muy capaz. Puedes caer, llorar, fallar, perderte, sentirte absurdo… No dejes de respetarte por ello. Esto no es más que un momento que pasa. Y mereces parar mil veces para comprender y conocer qué hay en ti, para tomar impulso o para hacer nada y hacerlo todo al mismo tiempo…

Yo también a veces me cuento historias tristes y me las creo… Y no pasa nada, porque sé que forman parte de una gran historia que seguro que acaba bien… La mejor historia jamás vivida y contada, la mía. Y tú tienes la tuya…

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Deja de ignorarte


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A veces te quedas sin voz y otras se te acaban las ganas porque topas tanto con la misma pared que te quedas roto, entumecido, agotado. Y luego cuando te paras un momento, te das cuenta de que tocaba callar y cambiar de rumbo, dejar de golpear paredes que no llevan a ningún lugar y respirar hondo para saber qué quieres realmente.

Insistimos tanto en besar al sapo obsesionados con que es un príncipe… Nos obsesionamos porque los demás cambien y sean como creemos que deben mientras pasa un tiempo precioso en el que no miramos en nuestro interior… Un tiempo en el que no somos nosotros de verdad porque nos ocupamos de cambiar el escenario, el atrezzo y decidir qué tienen que hacer y decir los demás actores. Cuando el cambio real de la obra sólo llega cuando asumimos que somos nosotros quiénes tenemos que interpretar otro personaje. Discutimos sobre las palabras que nos dicen, nos enfadamos por lo que ven o no ven en nosotros, porque no nos valoran y nos nos aman como merecemos… Y ni siquiera nos tomamos tiempo para darnos cuenta de que no prestamos atención a lo que nosotros hacemos… ¿Y nuestras palabras? ¿Y nuestra valoración de nosotros mismos? ¿Y la forma en que nos miramos y nos definimos?¿Y la forma en que nos tratamos? ¿Y todo lo que hemos hecho hoy que nos denigra en realidad porque creemos necesitar aprobación?

Cada vez que pensamos que los demás son el origen de nuestros problemas estamos perdiendo la oportunidad de solucionarlos, les estamos entregando el poder de seguir haciéndonos daño… Les entregamos la varita mágica... Nos hacemos daño nosotros mismos por persona interpuesta… Y no es que ellos no sean responsables de herirnos, lo son, pero destinar energía a desear que cambien, es como pasarse las noches concentrado en ver la otra cara de la luna desde el balcón de casa. Sean como sean, hagan lo que hagan, digan lo que digan no tenemos opción a cambiarlo. Tan sólo podemos hacer dos cosas… La primera, decidir si se quedan en nuestra vida o se van. La segunda dejar de mirarles a ellos y empezar a concentrarnos en nosotros, comprendernos, mimarnos, recuperarnos, cosernos, escucharnos… Dejar de prestar atención a lo que no está a nuestro alcance y mirar dentro, en nosotros, donde todo cobra sentido, donde realmente se puede hacer magia.

Cerrar puertas y heridas. Decidir que hemos comprendido la lección y que estaban ahí para mostrarnos que todavía nos amamos poco… Soltar nuestra necesidad de mirarles y juzgarles, evitar que nos sigan haciendo daño, dejar de darles un papel protagonista en nuestras vidas y ocupar nuestro verdadero lugar en el mundo.

La verdadera magia consiste en aprender a mirar sin dolor. Dejar de buscar lo que no funciona y dejarse seducir por lo que realmente nos hace sentir inmensos, radiantes, poderosos. Contemplar con ojos inocentes cada día para así poder imaginar historias hermosas y empezar a crear una realidad más acorde con lo que realmente somos. Abandonar esa idea gastada y triste que tenemos de nosotros y que nos habla de que estamos a medias en todo. Que nos dice que no llegaremos nunca, que no somos todavía perfectos y tenemos que continuar demostrando y batallando para conquistar a unas metas que ya no nos representan ni ilusionan… Porque ya eran huecas el día que alguien te dijo que eran las tuyas y dijiste que sí por temor a parecer desconsiderado, por temor a no encajar, por temor a destacar y parecer distinto, por no dejar la tradición.

El ejercicio que lo cambia todo es aceptar que nada de lo que nos rodea va a cambiar tal y como creemos que debe cambiar y hemos llegado a necesitar que cambie. El cambio real es dejar de necesitar y concentrarse en sentir, en notar, en depositar la energía en este momento y decidir que el poder es nuestro.

Ya lo sé. Ahí a fuera llueve mucho a veces y otras el sol quema, quema sin parar. Hay mil historias tristes y mil lobos feroces. Mil caminos oscuros y mil noches frías. Aunque también hay mil formas de amarse cada día y mil personas maravillosas esperándote en el camino. Algunas te llaman por teléfono o te envían un mensaje. Otras te sirven café o te venden unos zapatos. Algunas comparten tu vida y otras se cruzan contigo un solo instante y sonríen y te recuerdan que tú también puedes sonreír ahora. Algunas brillan y otras están apagadas. Unas están para recordarte que tú también brillas y otras que te has apagado  y está a un paso de volver a conectarte a la vida. Hay amigos de cien años y amigos de dos días. Y en este mar de dudas en el que todo se mezcla y te arrolla, lo que cuenta es saber guiar tu barca. Dejarte llevar a favor de viento y saber cuándo virar y mantenerse firme.  Y dejar de mirar a los lobos esperando a que sean corderos  porque mientras ves su crueldad te pierdes la belleza que te rodea, incluso la que está en ti.

Soltar el intento loco de control de todo lo que jamás podrás controlar y usar esa rabia por no conseguirlo para crear algo nuevo.  La verdadera magia es comprender que hay cosas que no podemos evitar y aprender a concentrase en lo que sí está en nuestra mano. 

Y en tu mano estás tú. Y lo único que tienes que hacer es descubrirte realmente. Salir del decorado y escribir tu guión usando tus palabras. Y cambiar tu mirada ante lo que ves y detenerte un momento a contemplarlo con ojos inocentes y nuevos. Y dejar de juzgar lo que es para esperar a comprender lo que te cuenta de ti… Ver que cada persona que se cruza contigo lleva un mensaje para ti.

Percibimos lo que somos a través del mundo, pero si queremos cambiar no podemos actuar en el reflejo sino en el original.  Y ver lo que realmente eres. Encontrar tu valor. Potenciar todo lo maravilloso que descubres en ti… La verdadera magia es aprender a mirarte de otro modo y descubrir que esa magia está ya en ti, pero no la usas porque has olvidado que la tenías. Porque llevas una eternidad ignorando tu grandeza.

Deja de ignorar tu magia… Deja de ignorarte.

 

 

 


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Agenda tu vida


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Al contrario de lo que les pasa a muchas personas, me gusta este mes… Septiembre me sosiega. Tengo la sensación de que todo vuelve a su sitio, de que se equilibra, de que toma forma y cobra sentido… Es como si durante unos días fuéramos todos capaces de encontrar magia en la rutina y conservar la esperanza de que todo pueda cambiar sin virar de rumbo.

Recuerdo cuando era niña el olor a libreta nueva, a goma de borrar, los lapices con puntas perfectas en el estuche. Siempre pensaba que ese curso podría, que me iba a desatar y mostrar como lo que realmente era, que la vida me iba a mostrar mil oportunidades para poder brillar.

Todo estaba por empezar, todo era nuevo, en el aire flotaba la sensación de nueva oportunidad, de volver a la rutina con energía renovada y que eso nos convirtiera en personas capaces de cambiar esa rutina. Siempre llega esta época y pienso “esta vez lo haré bien”. Eso lo sentimos siempre que haces parón y luego volvemos a “esa vida gris”. Tal vez porque la solución está en decidir que no sea gris, que no nos concentremos a vivir con intensidad solo unos días y seamos autómatas el resto del año. En convertir cada día en un día especial y encontrarle algo mágico… En no dejar ese vestido colgado en la percha del armario esperando ocasión especial y ser capaz de ponérselo un lunes o descorchar esa botella de vino para tomar una copa en la cena del martes, porque sí, porque cada día tiene algo diferente.

Nos llenamos la agenda hasta los topes para luego contemplarnos reventar de ansiedad creyendo que no podemos evitarlo. Somos nuestros propios verdugos a veces y miramos al mundo buscando culpables por lo que en realidad nos hacemos nosotros…

Tal vez, la solución pasa por dejarnos espacio y tiempo para nosotros, mimándonos un poco cada día y dejar obsesionarnos con ser felices sólo los fines de semana. Guardar momentos para la risa. Hacer esas cosas que te hacen feliz cada día y encontrar la forma de que lo que haces cada día te haga feliz. Ya sé que en ocasiones es complicado porque hay situaciones duras, pero a veces basta con parar un momento y respirar, sentir, caminar un rato y posar la mirada en algo distinto a lo habitual para que surja algo nuevo… Creo que gran parte de nuestro problema es que no hemos aprendido a mirar y sólo tragamos imágenes igual que tragamos vida sin sentirla ni notarla. No inspiramos hondo, no sentimos nuestras emociones ni dejamos que la vida nos sorprenda. No tenemos un momento libre para que pase lo que está esperando turno a pasar… Y los días se comen la cola unos a otros, en sucesión… Devoramos nuestra vida como quién como rancho y luego se lamenta de que no tienen sabor ni color.

Voy a intentarlo de veras. He vaciado mi agenda de “pongos” y distracciones absurdas y la he llenado de pequeñas locuras pendientes en mi vida. He quitado los imanes de tragedias y quejas varias y me he agendado un rato con mis emociones y miedos, para saber qué me cuentan de lo que no me atrevo a sentir ni a afrontar. Los lunes tengo una cita ineludible (si se tercia) con mi rabia, porque cuando no la escucho se enfada y se pone grande y frondosa. Y los jueves voy a salir de copas con mis sueños, he pensado en revisarlos uno a uno por si se han quedado rancios y ya no me sirven o por si están demasiado olvidados y tengo que darles magia…

Me he apuntado a clases de mí misma, porque me queda mucho por aprender y conocer todavía. Me he reservado espacio para lo bueno, para lo hermoso, para lo triste y necesario, para las personas a las que amo y para conversaciones largas con aquellas personas que guardan muchas palabras para mí… No quiero perderme ni una. 

He borrado el apartado de “deberías” y exigencias máximas y lo he sustituido por otro que se llama “paseos sin rumbo” para descubrir a dónde me lleva la vida sin expectativas y aprender a cultivar mi paciencia infinita.

Tengo ya una lista de libros que quiero degustar con ganas y muchas canciones que tengo que volver a escuchar cien veces porque todavía no las he disfrutado suficiente. 

Me he dejado espacio para crecer, porque cuando no te dejas margen te quedas pequeño… Y he destinado también un buen rato para hacer nada, absolutamente nada, sabiendo que voy a llenarlo de vida y sensaciones y descubrir que tal vez sea uno de los momentos más productivos del día.

Y quiero dormir, descansar, dejar de tener prisa para todo y poder detenerme en las cosas más pequeñas para redescubrirlas. Quiero poder llorar si necesito llorar sin hacerlo con prisa… 

Me he dejado tiempo para mirar sin juzgar ni temer lo que llega a mi vida. Me he agendado la necesidad de aceptar las cosas como son y me he destinado ratos de aburrimiento, a ver si así se me ocurren nuevas ideas y encuentro tesoros ocultos en las tazas de café. Me he dejado espacio en la agenda también para equivocarme y dejar de culparme por ello, para perdonarme cada día y dar gracias por todo lo que me rodea y todo lo que vivo…

Y lo mejor de todo, sin duda, es que me voy a dar permiso para cambiar todo esto si me agobio, si me cansa, si me aturde, si me doy cuenta de que ya no me llena… Porque también me he dejado espacio para permitirme ser flexible y compasiva conmigo misma. Estoy convencida de que todos estos pequeños momentos en los que me dejo tiempo para mí y mis necesidades son la mejor forma de amarme. Hay que agendarse la vida porque si no a veces se nos escapa y se pierde mientras nos dedicamos a lo que realmente no importa. 


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Manual de autoestima para mujeres guerreras


PORTADA TAPA BLANDA

No importa cuál es la pregunta que tienes ahora en tu mente, la respuesta es siempre la misma : Porque no te amas. Todo lo que ahuyenta lo que deseas es ese desamor por ti… Esa forma de mirarte a medias que te acompaña desde siempre, esa desgana cuando es para hacer algo para ti que se transforma en júbilo cuando es para los demás… Ese miedo en los ojos pensando que nadie va a elegirte para nada, que no sabrán ver lo que llevas dentro y que van a juzgarte por lo que todavía no sabes cuando tienes tanto por ofrecer.

No importa cuál es tu problema, la solución pasa por amarte. Por darte lo que no te das y ser lo que ya eres pero escondes tras una nube de miedos resistencias.

Todo nace en el hecho de que no te reconoces como lo que realmente eres. Un ser con infinitas posibilidades. Hasta que no comprendas quién eres, la vida insistirá en poner ante ti una y mil oportunidades para que asumas tu poder y tu grandeza. Para que te aceptes tal y como eres y empieces a confiar en ti.

No importa cuáles son los pensamientos que ahora te inquietan, el antídoto eres tú… Está en ti, lo ha estado siempre, esperando a que te decidas a vivir desde el amor y pases por encima de tus miedos, para que los comprendas y los sueltes.
El mapa que buscas está tu cabeza esperando a que te atrevas a iniciar la aventura más apasionante y transformadora de tu vida, ser tú.
Sé de tu dolor y tu lucha, de tu temor y tu valentía… Ha llegado el momento de soltar a la guerrera asustada y dejar salir a la valiente exploradora que hay en ti.

Tú eres la guerrera, lo has sido hasta ahora…Te propongo que dejes de darle golpes al muro y aprendas a usarlo para mejorar tu vida.

Eres ese tipo de mujer que lleva años empujando cada día para derribar el muro y no cae. Ha leído muchos libros sobre cómo derribar muros y en todos ha encontrado algo interesante… Ha indagado en su interior por qué no consigue lo que quiere y ha buscado en mil lugares las razones por las cuales hay personas que al levantarse cada mañana siempre encuentran un muro.

Eres una de esas mujeres a las que todo se les ha puesto difícil… A pesar de poner todo de su parte.. A más esfuerzo, más complicado, más lejos, más alto, más ladrillos en el muro… A más horas de trabajo, más cansancio y más dificultad para saltar el muro…

Lo has trepado, golpeado, rodeado, saltado… Es verdad, lo consigues a veces, pero no se trata de eso, es que ya estás harta de tener cada día que buscar una estrategia para conseguir con mucho esfuerzo y sacrificio lo que otros ni siquiera tienen que plantearse… Estás agotada.

Sé que nada ha sido fácil y estás cansada de pelear. Te conozco bien, sé cómo te sientes… He sido tú y todas las mujeres guerreras que ahora andan por ahí medio rotas y zurcidas por ellas mismas esperando una señal para cambiar de vida… Sé cuánto te duele cuando sueñas porque a veces sientes y crees que no hay nada para ti… Pero también sé que intuyes que te queda mucho por hacer y que mereces lo que deseas. He escrito este libro para ayudarte a encontrar el camino de vuelta a ti misma. Para compartir el camino que hice yo para regresar a mí.

No importa cuáles son tus miedos, tú eres más fuerte que ellos, sólo tienes que atreverte a sentir y mirarlos de  frente. 

No voy a venderte milongas ni soluciones facilonas. Esto no es un sprint, es una carrera de fondo que empieza con un primer paso y que pone tu vida cabeza abajo para que puedas enderezarla… No es un camino fácil pero en realidad es sencillo, porque todo lo que vamos a usar para andarlo está ya en ti. Te propongo que lo hagamos juntas.

Me hace mucha ilusión presentarte mi nuevo libro. En él, llego al máximo de mi “desnudez emocional” para compartir contigo lo que he sentido en este camino en el que aprendo cada día a descubrirme. Porque quiero compartir lo que he sentido y cómo he usado mis miedos y mi dolor para dejar de guerrear y pelearme con la vida para empezar a vivirla y hacer cuanto quiero y debo desde el amor y no desde la desesperación.

Por ello he escrito para ti y también para mí este “Manual de autoestima para mujeres guerreras”. Un libro que los hombres también deberían leer.  

¿Te apuntas? ¿Te apetece echarle un vistazo?


16 comentarios

Protagoniza tu vida


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Tienes que llevar tu coherencia hasta las últimas consecuencias  porque si no, todo lo conseguido hasta ahora pierde fuerza… Se desequilibra, se va por el desagüe de tu vida y diluye su intensidad. Si ya sabes quién eres, no te conformes con algo a medias, ni cierres la puerta a lo que realmente es para ti porque te asuste levantar la mano y decir… Yo quiero. Y si no quieres, dí que no. No intentes disfrazarlo con una excusa o suplicar que algún impedimento caiga del cielo y te libre de estar dónde no te sientes cómodo, de ir a dónde no deseas llegar o de pertenecer a lo que ya no perteneces. No enturbies tu esencia viviendo a medias ni conquistando metas que no son tus metas.

Si has cambiado por dentro, no puedes seguir vistiendo ese traje de “no merezco” de “es que me da miedo”, ni poniéndote esa máscara de “perdón por existir”. No puedes meterte donde sabes que no es tu lugar para satisfacer ilusiones ajenas ni quedarte a un paso de cruzar la entrada a tu nueva vida… No puedes anclar tus pasos cuando ya has descubierto que en realidad eres libre. 

No estás obligado a nada, ni siquiera a seguir buscando, ni a ser feliz hoy, ni a sentirte de un modo concreto…

Si ya sabes que eres un ser perfecto en tu imperfección maravillosa, no sigas usando palabras tristes ni bárbaras para hablarte que dibujan un destino gris. Que te alejan de definirte como realmente eres y trazan un mapa de tu vida que siempre se queda corto y nunca te lleva a destino. Si cuando te miras ya no te ves como un accesorio en tu vida sino que has decidido ocupar un lugar prioritario y privilegiado, asume tu poder… Mira a lo ojos y siéntete cómodo. Protagoniza tu vida sin pedir permiso a aquellos que se creen con derecho a ponerte marcas en el suelo y decirte por dónde debes caminar. Si ya has descubierto que tu mundo es el mundo entero, no te escondas en tu rincón más oculto ni te exijas subir cada día a la montaña más alta porque ya no estás para eso… Ya no necesitas parecer. Ya eres. Ya pasó ese momento de exigirte demasiado para castigarte y privarte de lo que amas porque te da miedo incluso decir sí a lo bueno en tu vida. 

Si cuando piensas en ti, ya no sientes que duele, suelta ese dolor que todavía guardas por si vienen malos tiempos… Los malos tiempos son aquellos en los que tú no estás de tu parte, en los que no te sientes bien contigo, en los que te pones la zancadilla, pero ahora ya sabes que te tienes que cuidar.  Decide que ya no lo volverás a usar, ni siquiera cuando tengas miedo y te sientas tentado a volver a tus risas congeladas y tus sueños reprimidos… Cuando alguien te mire raro y creas que es por ti ignorando que en realidad lo que ven son sus propios miedos.

Si ya te has encontrado con tu noche más oscura y has sabido descubrir en ella que esa oscuridad era necesaria para comprender y sentir, no te dejes amargar por aquellos que todavía no se atreven a mirar en los espejos porque temen ver su cara.

Si ya te has cosido las heridas, no la reabras porque durante un rato te parece que era más fácil ser el herido que el héroe, el desgraciado que el que busca su suerte… No vuelvas a desear que te tengan lástima nunca, porque crees que no aspiras a inspirar admiración… Ya eres admirable, ya eres grande, ya eres tú…

Si ya te amas, actúa en consecuencia.

No era quedarse ni irse, era saber cuál es tu lugar. No era olvidar, era perdonarse. No era buscar, era descubrir. No era estar o no estar, era ser. No era encontrar las respuestas, era hacerse las preguntas adecuadas. 

El ejercicio no consistía en irse sino en volver. No era aprender sino olvidar esquemas corruptos, memorias y creencias dolorosas, percepciones erróneas, angustias intensas… No se trataba de encontrar nada ahí afuera sino meterse dentro y sentir… No iba de lo bueno o lo malo sino de amar lo que es y soltar lo que ya no hace falta. Todo eras tú y en ti estaba la respuesta.

Si ya lo sabes, no vuelvas a andar por ahí sin tenerlo en cuenta porque mereces no olvidarlo nunca.

Si has recuperado tu inocencia, no permitas que nunca nadie te haga sentir culpable de nuevo, ni siquiera tú.