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la rebelión de las palabras


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Despierta


Foto : Mercè Roura

Foto : Mercè Roura

Sucumbe a la tentación. No para depender de nada ni de nadie. Hazlo si no lo has hecho hasta ahora por el qué dirán y porque en el fondo crees que no te lo mereces. Demuéstrate que no hay nada vetado para ti, ponte en lugar que deseas ocupar y goza de la densidad de tu cuerpo ocupándolo… No te prives de nada que sueñes, sobre todo de lo que no se compra ni se adquiere por sacrificio previo o alquiler de tu alma…

Equivócate trescientas sesenta y cinco veces más… Están todos esos días por estrenar y tienes mil posibilidades para pasarte de largo… Tal vez mejor que quedarte corto, si lo haces por desconfianza. Por si te quedas con las ganas, a las puertas del algo hermoso por no osar o no intentar.

Sé el gato a quién mató la curiosidad… Porque no está muerto, no es cierto. Está en otra ciudad viviendo una historia de amor maravillosa o recibiendo los frutos de un próspero negocio que se atrevió a emprender cuando nadie apostaba por él… Esa parte no te la cuentan para que no te largues y no arriesgues como hizo él… ¿Nunca te han hablado del gato que murió de aburrimiento? O del que quedó sepultado por la rutina, la desidia y la mediocridad de una vida sin pasión ¿verdad? Esos sí que existen y deambulan entre nosotros con cara amarga y gesto compungido…

Baila. Empieza cuando no te vean, para calentar. Sé que no te atreves incluso cuando no notas sus miradas en los hombros… Porque las verdaderamente inquisitoriales son las tuyas… Atrévete a mirarte con ojos enamorados, con ojos compasivos… Nota el espacio que ocupas en el aire cuando bailas, disfruta de ese casi segundo de vuelo…

Haz algo distinto. Ve a un lugar nuevo o ves al lugar de siempre y pide otra cosa. Mira de otro modo. Sal por otra puerta. Cambia de camino… A ver qué pasa. Practica una imprudencia equilibrada… Sal del decorado poco a poco hasta que veas a dónde te lleva esa senda…Usa palabras nuevas, palabras que te inspiren… Ten a mano unas cuantas de esas que te hacen sentir grande, feliz, agradecido… Si no las conoces, búscalas, invéntalas, pídelas a los que saben de palabras, a los poetas, a los que saben amarlas y pronunciarlas… Llévalas en la memoria, tararéalas y dilas en voz alta cuando te sientas caer. Agárrate a ellas y siéntelas…

Y claro, mientras las buscas, lee muchos libros, déjate habitar por sus palabras y vive en ellos un rato cada día… Que salgas de ti, de este espacio y este tiempo, de este universo, de esta rutina que te atrapa la cola del vestido para que no te muevas y te quedes quieto a esperar a ver qué pasa.

Rompe la hucha destinada a los sueños que nunca vas a cumplir. Esa que tienes ahí en un estante para sentirte tranquila pensado que haces algo para conseguir lo que quieres pero que en realidad es una forma cómoda y confortable de postergar tu vida… Invierte el dinero en un mapa hacia tu nuevo destino, en un bloc de notas para definir objetivos, en unos zapatos cómodos para emprender este viaje a tu nueva vida.

Entra en esa habitación cerrada con candado donde hace tiempo que te detienes ante la puerta sin atreverte a dar el paso… Entra y abre las ventanas para que pase en aire y se lleve angustia acumulada y las lágrimas contenidas… Abre sabiendo que es para bien, aunque nada más abrir algunos fantasmas te compriman la garganta y se rían en tu cara.

Si la pared no te deja ver, tira la pared. Derriba todos los muros, sobre todo los que has construido a base de miedo y reticencias… Los que no se ven y circundan tu alma y la dejan vivir solo y triste. Una vez derribes la primera, le cogerás afición y tendrás que frenarte un poco… Basta con que notes que puedes par que te salgan alas… Esto de salir de la zona de confort al final es adictivo.

Inventa algo. Desafíate a ver si sabes, si aprendes cómo sí y cómo no. A ver si funciona. Inténtalo mil veces. Fracasa con ganas… Descubre que en realidad el reto era el desafío y no el resultado.

Escribe un diario. Con dos versiones. Una en la que cuentas lo que te pasa y otra en la que cuentas lo que quieres que te pase. Síguelas cada día en paralelo hasta que las versiones converjan, hasta que se encuentren en un punto y se conviertan en una… No sólo porque ya te pase lo que sueñas que te pasa,  sino porque hayas aprendido a amar lo que te pasa y quieras darle una oportunidad al primer diario…

Crea una teoría mediante la cual cualquier ser humano que sea capaz de creer que puede, pueda… Ya lo sé, está ya inventada, pero hazla tuya… Y piensa cómo conseguir que se sostenga en el tiempo a base de trabajar en ella.

No cuestiones tu altura, recorta las patas de las sillas y las mesas, súbete al escenario, no para que te vean sino para mostrar tu valor y poder mirar al mundo de tú a tú.

Crece por dentro hasta que tu tamaño exterior no importe. De hecho, ya no importa ahora, sea cuál sea…

Levántate cada día con la idea de que algo extraordinario va a pasar. Vive con esa emoción sin esperarlo, confiando en que va a suceder. Y cuando acabe el día, habrá pasado seguro… Porque vivir con esa emoción maravillosa ya es algo fuera de lo común… Y porque cada día nos pasan cosas extraordinarias que no vemos… Y porque si no pasa, lo crearás tú con esa energía desbordante.

Si el ánimo no te acompaña, sonríe. Date un rato para sentir ese dolor y sigue adelante… Tienes derecho a estar triste, es más, necesitas estarlo y explorarlo… La tristeza es tan necesaria como la alegría, lo único que importa es que esa tristeza no te domine ni lleve las riendas… Llévala tú a ella y aprende qué te quiere mostrar…

Busca otra versión para todo. Cuestiónalo todo… Ponte del revés para cambiar tu perspectiva. Pregunta por qué y para qué. Pregúntate por qué haces lo que haces y busca en ti la primera vez que decidiste hacerlo… Descubre tu mapa interior y redefínelo, averigua por qué  te está llevando a situaciones que no quieres… Asegúrate de que tu brújula marca tu norte y no el norte de otras personas… Tal vez descubras que en lugar de trabajar para tu futuro y vivir tu presente, estabas invirtiendo en el futuro de otros o en el futuro que se supone que deberías desear o tener…No tienes que cumplir ninguna expectativa, sólo tienes que ser consciente y feliz.

Sé valiente y cambia de estrategia si el plan actual te hace divagar y moverte sólo por cauces conocidos y asequibles…

Despierta. No lo sabes, pero estás dormido. Deja de buscar excusas para seguir así. Reconocerlo es doloroso, pero nada comparado con seguir viviendo sin vivir y despertar un día cuando sea demasiado tarde…

 

 


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La magia de lo imposible


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Toca dar las gracias ahora, por todo lo bueno y por lo que parece terrible pero acabará siendo energía pura para seguir adelante.

Una de las cosas que he aprendido los últimos años es que cuanto más se empeña la vida en golpear, más capacidad de encarar adquieres… Te vuelves flexible, fuerte, valiente, casi casi… perdón por la osadía, un poco más sabio… Y claro, osado. Esa osadía es la que te convierte en alguien distinto. El enorme poder que te confiere sobre ti mismo y sobre tu vida llevar un poco la contraria y no sumergirte en el conformismo… No subsidiarte a ti mismo sino hacerte levantar y seguir… La osadía de preguntarte cosas que parecen no tener respuesta y de meterte en situaciones que dan tanto miedo que a veces, cuando te flaquean las fuerzas, un sudor frío te invade el cuerpo y notas como el corazón se te acelera… Es tu yo asustado y antiguo que intenta que te rindas porque no puede más.

La osadía de creer que tú eres uno de ellos… ¿Quiénes son ellos? Los que llegan, los que lo consiguen, los que se dejan a veces pedazos de vida absurda en el camino y renuncian a su cansancio, a sus ganas de salir corriendo… Renuncian a estar acompañados si esa compañía les araña el alma, aunque hacer el camino solos les mantenga el corazón inquieto y les haga sentir inseguros.

Mejor un alma alborotada que un alma dormida.

Mejor un sueño a medias que una parodia de vida.

Mejor dejar lo que no nos hace bien, que pasarnos la vida justificando lo injustificable y engañándonos pensando que va a cambiar sin que nosotros hagamos nada. Si aceptamos algo que no respeta nuestra esencia, perdemos nuestra esencia… El árbol muerto no da fruto.

Toca dar gracias ahora por haberse dado cuenta de lo que es y lo que no. Por los momentos dulces de caminar en una cuerda tan floja que a veces te encuentras sujeto a ella sin estarlo y te descubres levitando…Con medio cuerpo suspenso y media alma cosida al cuerpo para que no caiga.

Toca dar las gracias porque a menudo cuando te quedas paralizado y se te cierran todos los caminos, te das cuenta de que ha llegado el momento de volar…  Y vuelas. No sabes cómo, pero lo haces. Un día te encuentras haciendo algo que hace veinticuatro horas era impensable, increíble, imposible. Y rompes la cáscara imaginaria de la que no te atrevías a salir. Y sales del círculo que te rodea. Te encoges de frío y de miedo y de cansancio… Y sientes que estás loco y no podrás. Lloras de pánico, pero puedes… No sabes cómo, pero lo haces. Piensas que no puedes hasta que te encuentras haciéndolo y te quedas alucinado contigo mismo mientras las lágrimas de emoción te surcan la cara, que arde intensamente sin saber por qué.

logro

Entonces, ves claro que debías dar ese paso.  Para ser libre hay que tomar decisiones que dan a veces mucho miedo… A menudo, no ves el lastre a soltar para ir más ligero porque está tan incrustado en tu vida que parece una parte de ti y confundes tu miedo con un razonamiento lógico y huyes de él, cuando en realidad, es la puerta a cruzar para poder llegar a tus metas. Llevamos tantas respuestas escritas en la espalda que sólo se ven si sueltas la carga y miras atrás ante el espejo con ojos de sabio… Si te das la vuelta a ti mismo y cambias de perspectiva… La vida siempre te deja escritas  las pistas para pasar sus pruebas en esos lugares que no te atreves a pisar. Como llevar las chuletas escritas al examen y no atreverse a mirarlas… En el fondo, todo es una invitación a salir de ti, a pasar la línea y romper algunas normas absurdas que hace siglos te impusiste y nunca más te has planteado por qué.

Y ves que el triunfo no es la meta, ni el sueño, ni el reto. El triunfo es el salto, el haber salido de ti, el haberte atrevido a romper contigo mismo para encontrarte de verdad. El regalo es esta persona que eres ahora, que vibra en ti y que antes estaba oculta en tus pliegues suplicando salir…

No importa no llegar a  alcanzar tu sueño. Tal vez incluso, al mirarlo, te das cuenta de que ya no brilla tanto… Lo que importa es que tú ya no eres el mismo. Ves más cosas, piensas distinto, sientes distinto… Te miras y ves a alguien capaz, alguien que salta y vuela. Y te da cuenta de que da igual lo que busques, lo realmente importante es quién eres. Tu sueño es casi una excusa.  Ahora puedes decidir seguir si realmente te llena, si te invade de felicidad, si es un sueño de esta nueva versión de ti más lúcida y sabia.

Ahora puedes decidir si era un medio o era fin. Si lo querías para crecer o lo necesitabas para demostrarte algo. Si te representa o te limita… Si va con la nueva persona que te habita o era un peaje de la antigua… Los sueños no están ahí para que brillemos después de conseguirlos, están ahí para que brillemos antes. No son la causa de nuestro cambio, son la consecuencia…

Si te ves en tu sueño todavía después del proceso, tómalo… Lo tienes cerca porque ya eres esa persona que logra sus sueños.

Si te queda pequeño o viejo, suéltalo y siente de nuevo tu camino…En un esquina hay algo nuevo, seguro. La nueva persona que eres se motiva fácilmente porque todo lo que necesita para hacerlo lo lleva dentro.

Te preguntas cómo no pudiste verlo antes, que el regalo por este trabajo complicado eras tú. El premio por manejar tu vida, por responsabilizarte del camino, por tomar decisiones complicadas y soportar el frío necesario para crecer… siempre eres tú.

Ahora toca dar gracias por haber abierto los ojos…Por esa conciencia que ha aumentado de tamaño y esa capacidad de entender que necesitas seguir… Ahora toca volar aún más.

Eres tu gran conquista.

A veces, la vida no te da más opción que intentar lo imposible… Y tú no tienes más remedio que conseguirlo.

A veces, la vida te pide tanto, que te ves obligado a hacer magia.


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Tengo miedo


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Tengo miedo…

Y no pasa nada por decirlo. No se hace más gordo ni intenso. No se construye un castillo ni se atrinchera en mi espalda… Al contrario, decirlo en voz alta parece más pequeño y soportable.

Mi miedo tiene muchos nombres. A veces, se llama incertidumbre y a veces fracaso. Lleva puesto un vestido largo que marca mi figura y dibuja lo que me aterra mostrar… Y calza unos zapatos rojos preciosos que nunca me pongo porque siempre espero una mejor ocasión que no llega…

A menudo, tiene la cara de todas aquellas personas que un día me miraron con desprecio porque me veían diminuta. Y lleva en la mirada un reproche por no llegar nunca a un listón que es inalcanzable, se mire como se mire…

Lleva muchas etiquetas y tiene muchas contraindicaciones con todo lo que me gusta en la vida… A veces, tiene cara de lobo y otras de madre amorosa y asfixiante.

A veces, lo admito, mi miedo tiene mi cara…

Me obliga a decir que no tantas veces que no puedo existir ni sentir… Me seduce para que diga que sí, incluso cuando no tiene sentido…

A veces, es un miedo absurdo, que se desmonta al mirarlo con atención y un poco de entusiasmo… Otras, está enraizado en un laberinto inmenso en cuyo centro hay una tarde de mi infancia.

Mi miedo habita en mis pies que se quedan quietos y no andan.

Abraza mi cuerpo cansado de controlar y luchar que ya no se resiste y se cae…

Besa mis mejillas rosadas y las cubre de una palidez traslúcida y triste…

Camina por mi espalda y me pide que encorve mi columna y agache la cabeza…

Duerme en mi almohada para poder meterse en mi cabeza y hacer que mis sueños sean pequeños como si fuera un jíbaro…

Vive en mi pecho y toca el tambor para recordarme que tengo problemas por resolver y complejos latentes y pequeños dramas a medias por vivir… A veces,  mi miedo se sienta en mi mesa y bebe de mi copa sin parar de llenarla.

Baila en mi pulso y en mis sienes cuando estoy sola y cansada…

Grita como un loco cuando me suelto la melena y bailo dejándole de lado…

Agita sus alas negras cuando estoy feliz para que recuerde que yo no puedo… Se enfada cuando le miro a la cara y le digo que no me importa y que a pesar de él voy a seguir adelante…

Pobre miedo, está perdido… Voy a ganar la partida…

Lo noto porque está muy furioso y ajetreado… Se zarandea en mi cama y me mueve los músculos de la cara azarosamente para que piense que controla y que manda…Alborota en mi cabeza trayendo recuerdos tristes y noches largas sin tregua… Esboza pensamientos ridículos y me cuenta historias de otros que no han podido, no han sabido, no han llegado… Canta canciones de amores perdidos y susurra palabras que saben a desesperanza…

Pobre  miedo, yo sé que está desesperado y loco porque ya no le hago caso.

Ya no me escondo de él, ni me alejo de su sombra. Al contrario, me he acercado tanto a él que le intimidado y ahora soy yo quién invade su espacio… Desde que le conozco y le entiendo, ahora que sé por qué existe  y qué pretende, se siente muy desgraciado…

Antes, le evitaba y le encerraba en armarios y cajones… Y por las noches, lloraba y daba golpes hasta que tenía que ir a buscarle y jugar con él a sentirme sola y superada… Me hacía sentir rabiosa y asustada…

Pero… Aprendí su idioma, abracé su esencia y aumenté de tamaño, de repente, con solo hacerle frente…

Y ahora vive sin vivir porque le conozco tanto que… Ya no le temo.

He pasado de ser su víctima temblorosa a su madre comprensiva y amable…

Pobre miedo, mi miedo, tan cansado, tan harto, tan diminuto… Patalea y araña, muerde como un niño o un gato arisco y enfurruñado que no consigue lo que quiere…

Cuando me mira con ojos fieros, le devuelvo una mirada valiente y osada…

Pobre miedo, desesperado porque no encuentra hueco por el que colarse en mi alma…

Tengo miedo, pero lo conozco, lo supero, lo entiendo… Bailo con él a veces, cuando estoy muy cansada, lo reconozco,  pero ya no se acuesta conmigo ni se queda a velar mi sueño.

Ahora mi miedo tiene miedo, porque no me tiene ni guarda.

Tengo miedo… Sólo con decirlo, me siento liberada… Está ahí, lo sé, pero no vive mi vida porque ya no le dejo…

 

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

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En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

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