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la rebelión de las palabras


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Sufrir para nada…


No quiero mentir, no sé nada…

Escribo porque a veces es la única forma que encuentro de poner negro sobre blanco lo que me asusta tanto que necesito desmitificarlo y ponerle nombre para que se haga pequeño y accesible… Lo que me duele tanto que casi no me atrevo a comprender ni sentir.

A veces creo que he dado un paso de gigante y miro atrás para reconocer sólo la distancia de una pulga. Otras veces creo que apenas he hecho nada pero veo como el mundo que me rodea es distinto.

Me dijeron hace mil años que si me esforzaba y ponía empeño todo llegaría, pero no es cierto… O al menos no lo es en mi mundo, no sé en otros mundos… Hay cosas que no son, no pasan, no llegan a ver la luz o se rompen cuando llevan unos segundos de vida… Eso pasa cada día. La vida se empeña en ponerte una y otra vez en la casilla de salida y conviertes el hecho de llegar a tu meta en una cruzada personal que deja de tener el sentido que le dabas para perderlo del todo.

A veces, luchamos sin tregua para conseguir algo que pensamos que nos hará libres y por el camino nos esclavizamos nosotros mismos intentando conseguirlo…  

Nada que tenga que liberarnos en el futuro debería atarnos ahora, tal vez porque no hay nada que vaya a liberarnos salvo nosotros mismos.

Me contaron que si me preocupaba era una persona responsable, que estaba haciendo algo para solucionar los problemas… Que los que no se preocupan no son personas como deben y los demás les juzgan y les señalan con el dedo… Y me he preocupado por todo y no ha funcionado y cuando ha funcionado he llegado a la solución destrozada y muy agotada física y emocionalmente… Tanto que no he podido disfrutar del nada…

Sufrimos tanto… Almacenamos sufrimiento como si por ello alguien fuera a tener piedad de nosotros y nos fuera a conceder un deseo o dar un regalo. Y nunca me ha pasado, nunca he recibido nada bueno a cambio de sufrimiento, al contrario. 

Sin embargo, sí que vi recompensa en amarse y tratarse bien… El amor que te das siempre siembra cosas buenas porque justo en el momento en que te lo das ya es maravilloso y eso hace que siempre valga la pena… 

Perdemos el sentido cuando dejamos de intentarlo para vivirlo y empezamos a intentarlo para ganar, para figurar, para demostrar, para decir que lo hicimos… Yo misma me he pasado días culpándome por no ser capaz de soltar mi culpa…

Como esos viajes en los que paras cinco minutos en un lugar para hacer la foto de rigor y luego la contemplas pasado el tiempo y te sientes incapaz de recordar qué sentías porque no sentiste nada… Sólo te hiciste la foto para decirle al mundo que estuviste.

No sé dónde está el equilibrio. Dónde seguir deja de tener sentido para convertirse en una trampa, en una telaraña en la que te quedas prendido porque te empeñaste en ir más allá y no ver lo que ya habías conseguido. Y no es la meta, ni el sueño, es el ánimo y la actitud con que lo haces…

Nada de lo que hacemos sufriendo nos lleva a nada. Y si llegamos, estamos rotos y no somos capaces de apreciar la maravilla de lo que hemos conseguido.

No sé dónde está el límite.  Dónde se debe parar cuando ves que no consigues lo que deseas y eso te lleva tanta energía que no te permite notar la vida. No sé cuál es el momento en el que lo que sueñas te priva de lo que vives y lo que no tienes te hace olvidar y no apreciar lo ya está en tu vida… No sé cuándo de debe parar, tal vez cuando empieza a doler, cuando no compensa, cuando lo que te te apasiona te hace perder la pasión por ti mismo y empiezas a verte a través de los ojos del que no llega y no del que está siendo capaz de andar el camino.

La verdad es que me dijeron que si me esforzaba lo conseguiría pero nadie me contó cómo dejar de esforzarme y aceptar que no es, que no pasa, que no llega… Y hacerlo de forma que no me caiga encima una losa inmensa ni se me hipotequen otros sueños, ni acabe pensando que hay algo en mí que no funciona…

Nos deberían decir que vayamos a por todo pero que no pasa nada si no llegamos, si no lo conseguimos. Que hay momentos para llegar y otros momentos para quedarse corto, para calmarse y amar el silencio que te invade cuando descubres que va a ser que no y no pasa nada. La paz del que sabe que es merecedor de todo sin tener que demostrar nada… La calma del que es capaz de darse cuenta de que no necesita sueños para levantarse cada mañana porque se tiene a sí mismo pero sigue teniendo muchos porque los merece… La maravillosa sensación de soltar y dejar de sentir que hay algo pendiente y sentirse pleno sin tener que andar por la vida coronando cimas, ganando medallas y buscando lámparas maravillosas…

No hay nada de que avergonzarse por perder, por no llegar, por quedarse a medias, porque te rechacen y te digan que ya no te aman, porque te echen de un trabajo, por estar en una clase y que nadie te escoja para hacer un ejercicio por parejas… (esto último me pasaba siempre cuando era niña y me provocaba un gran dolor y mucho miedo). Lo único que nos aleja de seguir adelante es la culpa por pensar que no hemos dado lo mejor, por pensar que no somos suficiente o no merecemos… La culpa nos devora la nuca mientras intentamos levantarnos para volverlo a intentar y nos dice que de eso que buscamos para nosotros no hay…

Y la única forma de quitarse la culpa por no alcanzar lo soñado es decidir que pase lo que pase vamos a amarnos y respetarnos, vamos a tratarnos con cariño y no nos vamos reprochar nada. Que podremos analizar nuestros fallos o comprender que tal vez lo que queremos conseguir no tocaba ahora, que no era el momento, que nos espera algo mejor incluso… Pero siempre desde el amor, nunca desde el reproche.

Me dijeron que si trabajaba mucho lo conseguiría y no era verdad. Porque nadie me dijo que trabajara con ganas, sin destrozarme, sin exigirme tanto que me rompiera… Nadie me dijo que frenara antes de caer en el abismo de perder el control sobre mí mientras intentaba controlar lo que no depende de mí… Lo que escapa realmente de mi control y capacidad.

No sé nada, la verdad. A veces, no veo la línea hasta que no la he cruzado y veo que he vuelto a ser esclava de eso que venía a liberarme porque no me acuerdo de que lo único que puede hacer que  sea libre soy yo…

¿Cómo? dándome permiso para fallar, para no llegar, para retroceder, para desistir, para decir basta… Sin culpa, sin reproche, sin castigo autoimpuesto ni sobrecarga… 

No hace falta desistir ni resignarse, aceptar no va de eso, va de aprender a amar lo que ya es y enfocarse en lo que es prioritario… No hace falta quedarse sin sueños, sólo darse cuenta de si hacemos el camino soñado sufriendo o gozando y descubrir que sólo vale la pena si durante el intento te hace feliz…

No sé nada, la verdad, pero tengo claro, por dolorosa experiencia, que todo eso sólo conduce a más sufrimiento y nunca te lleva a ninguna cima.

Sufrir no sirve para nada, más que para hartarse de ese sufrir hasta pasar esa frontera en que es tan insoportable que sólo te queda decidir que sea lo que sea lo que te depara el futuro no puede ser peor que el sufrimiento que sientes ahora…

Sufrir ahora no alivia el mañana, al contrario, dibuja un mañana con más sufrimiento… 

Amarte ahora lo cura todo justo ahora… 

A veces, el sufrimiento, a pesar de ser inútil, te suministra el hartazgo necesario para tener la fuerza que buscas para cambiar de camino de una vez por todas…

 

GRACIAS POR LEERME E INICIAR CONMIGO ESTE CAMINO COMPLICADO PERO MARAVILLOSO… 

Gracias por compartir y llevar mis palabras hasta el otro lado del mundo… 

Si quieres continuar con este cambio, te invito a profundizar todavía más…

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Pequeño catálogo de ausencias


NOCHE

Le lloran en el hombro los fantasmas olvidados. Los libros viejos que nunca relee por si le recuerdan lo que no hace y desea con todas sus fuerzas…

La queman por dentro las culpas y las cargas…

La devora la impaciencia de todas la ilusiones almacenadas en el pecho.

Le susurran al oído los ausentes… La invaden los presentes que no saben notar su tacto suave y su ademán recio.

Le sangran los sueños no perseguidos…

Le sangran los miedos acumulados.

Le sangra la noche sin risas que no vistió de fiesta y el violín de voz rota que llora porque ya no lo toca.

Le llueven las noches sin noche.

Le llueven las rosas sin perfume esperando tras la puerta cerrada.

Le rompen el corazón ya desgajado los caminos que no pisa. La brisa que no cruza su cara de niña perdida… Los besos que sólo ensaya y nunca llegan a destino.

La parte en dos el roce sin roce,  esa caricia que no llega. Le astilla el alma rota la calma que no cesa, que no para, que no estalla y no se convierte en música, en palabras, en ruido insoportable para poder desconectar.

Le corroen las entrañas las palabras que no dice.

Le saquean la conciencia aquellas cosas que no supo ver y dejó pasar.

La vacían las tardes sin dueño, las madrugadas sin sábana del piel y de beso… Los cuentos sin moraleja.

La buscan los recuerdos sin piedad, los quejidos sin pausa… Los lamentos perdidos que un día lanzó al aire esperando que el viento se los llevara y ahora vuelven a su cara para reventar.

Todo le vuelve. Todo le repasa la lección y le invade los sentidos aturdidos de tanto notar…

Todo rebota. Todo salpica… Le salpican los olvidos y los lamentos. Le salpican las culpas y las sombras…

Todo gira… Siempre vuelve a pasar de largo. Siempre vuelve a sentir que debería detenerse…

Siempre hay algo o alguien que llama a la puerta si la conciencia no está quieta y la noche se lleva dentro…

 


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Gracias


chica-nieve

Gracias por cada vez que me han dicho que no.

Las tengo todas guardadas en los cajones de mi alma y las miro de vez en cuando para recordar que supe remontar.

Gracias por las noches dando vueltas, porque me han obligado a descubrir porqués.

Gracias por los caminos oscuros y acerbos, porque curtieron mis pies y esponjaron mi alma.

Por cada vez que creí que no podía y supe ver que me equivocaba.

Por los errores maravillosos y los enojos sin sentido que me ayudaron a ver qué tipo de persona no quería ser.

Gracias por los amigos sinceros que no juzgan.

Gracias por los que planearon derrotarme y me hicieron invencible…

Gracias por los sueños…Están todos en el mapa de mi vida.

Gracias por la sombra, porque me impulsó a buscar la luz.

Gracias por todos y cada uno de mis miedos, han sido mis autopistas, mis catapultas… Mis caminos retorcidos hacia una versión de mí más libre, menos cansada.

Gracias por todas las risas.

Gracias por intuir y acertar.

Por todas las oportunidades, sobre todo las ocultas tras un semblante rudo o una capa de dificultad.

Por los saltos sin red que acabaron en fondo mullido.

Gracias por las decepciones, se han convertido en grandes amigas, en confidentes, en palancas…

Gracias por las cajas de tesoros. Gracias por la imaginación que permitió verlos e inventarlos.

Gracias por las lágrimas que sacaron de mí de todas las palabras que llevaba almacenadas.

Gracias por los cuentos y las moralejas.

Por mi amor la lluvia y mi gran necesidad de mar.

Por todas las personas que no me han entendido y han hecho que tuviera que aprender a explicarme mejor…

Gracias por ese viento fresco que viene y se lleva las miradas amargas.

Gracias por el otoño y su inmensidad ocre y roja.

Por el frío insoportable  y el abrigo dulce.

Por la pasión sin cauce y por todos los besos, los recibidos, los dados, los soñados.

Gracias por mis torpezas, porque son las semillas de mis aciertos, las madrugadas de mis amaneceres más hermosos…

Gracias por las caídas y los arañazos, cuando los recuerdo y revivo ya no siento el dolor sino la vida…

Gracias por las cuerdas flojas que he tenido que atravesar y todos los momentos incómodos que me han dejado desnuda…

Por la fuerza que me permite mostrar al mundo que soy vulnerable y que, muchos días, me siento diminuta.

Gracias por sentir.

Por desear.

Gracias por dudar y por vacilar.

Gracias por no saber fingir.

Gracias por no llegar y tener que volver a empezar.

Gracias por ser.

Por existir.

Por buscar sin parar.

Por apreciar lo pequeño.

Por aspirar a lo grande.

Por darme cuenta de que a veces lo grande es lo más pequeño.

Gracias por mis ganas de bailar.

Por el aire en mi cara y la arena en mis pies.

Gracias por amar… ¡El más grande de los regalos!

Por medrar.

Gracias por el camino de cada día.

Por haber aprendido a mirarme con los ojos de la conciencia.

Gracias por tanta belleza en todas partes y por ser capaz de verla sin tener que forzar.

Por aprender a perdonar.

Gracias por mi amor a las palabras ¡menudo lujo!

Gracias por darme cuenta de que debo dar gracias y alegrarme de hacerlo.

 

 


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Si aún no estás muerto…


puente-noche

Siempre hay una noche en la que se te corta el aire. Cuando miras alrededor y te das cuenta de que llevas una eternidad mirando sin ver y respirando sin notar… Cuando ves claro que has edulcorado las señales para soportar la derrota, para fabricar una realidad paralela donde las paredes no se te caen encima  y las puertas no están tan cerradas como parecen…

Siempre existe ese momento sombrío en el que todo se derrumba y piensas que no puedes, que no sabes, que se te acaban las ideas fantásticas para fingir tienes claro el camino a seguir…

Siempre hay una hora cruel, despiadada… Una hora oscura donde los pensamientos te arañan el alma y las palabras hacen jirones tus sueños… Cuando te susurras tragedias y te escondes todas la moralejas que has descubierto mientras caminabas.

Es ese momento de cansancio extremo. Cuando te duelen las esquinas que no conoces y las calles que no te atreviste a cruzar. Cuando te pesan las decisiones que no tomaste y la cobardía acumulada te presiona tanto las sienes que crees que tu cabeza va a estallar.

Siempre hay un instante negro cuando la punzada de culpa se te clava en el pecho y parece que te va cercenar. Un segundo en el que la vida que no has vivido te comprime el cuello y las palabras que no has dicho te arden en el estómago y empiezan a rabiar.

El sudor frío de los sueños no cumplidos te invade la nuca. La mano enorme del pánico a lo desconocido se te acurruca en la espalda… No eres lo que buscas porque no haces, porque no sientes como deseas sentir, porque no dejas atrás el camino asfaltado y no te sumerges en el sendero salvaje de lo que notas que sueñas, de lo que te atrae…

Siempre hay un lapso de tiempo, más largo, más corto, más lento… Ese  en el que todos los momentos de ridículo, todos los “qué dirán” que movían tus músculos y agarrotaban tus pies con ganas de baile empiezan a perder sentido…

Siempre hay un día en el que descubres que mientras te decidías te has hecho viejo y se te ha incrustado el traje gris de la resignación y la desgana…

Aunque nunca es tarde si aún lo sueñas, si aún imaginarlo posible te clava la conciencia a la cama.

Aún estás a tiempo si cuando lo hueles te transporta y te impregna de vida.

Si aún no estás muerto de rutina.

Si aún tu risa tiene alas…

Puedes, aunque no sepas cómo, aunque el miedo se te pegue como una manta…

Toma el camino sin margen y no pares hasta llegar a una playa imaginaria. Si no puedes pensar que puedes, no pienses… Si no puedes decir nada bonito, calla.

Si el cansancio te supera, te coses las ganas y sonríes.

Si no te encuentras la sonrisa, la finges hasta poder encontrarla.

Aún estás a tiempo… Usa el dolor que sientes para propulsar tus piernas y utiliza el asco almacenado de vivir una vida insulsa para acelerar el paso y dejar atrás tus penas imaginarias.

Siempre hay una noche para despertar a la vida y un día para vivir tu sueño postergado.


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Vivir entre caracoles


chica carretera

A veces se me olvida que no tengo alas y me parto en pedazos intentando volar.

Se me olvida que además de esencia soy sustancia y me duelen las fibras cuando quiero controlarlo todo en mi vida sin apenas dejar de sonreír.

Imagino que soy bruma y que soy ingrávida. Que salto sin esfuerzo y bailo sin casi tocar el suelo toda una tarde, toda una noche, toda una vida. Siempre quise bailar, pero siempre he estado sujeta a unos hilos invisibles tejidos de recelo y rubor que me ciñen las piernas…

Imagino que  floto y que me quedo prendida en los árboles y sólo me alcanzan las cometas y los globos de helio, mientras miro al mundo hacerse diminuto y llorar. El mundo llora porque no entiende sus heridas, porque ya no sabe cómo curar. Y yo tengo que verlas todas, notarlas todas, empatizar con todas sus lágrimas. Yo siempre noto las lágrimas ajenas como si fueran propias, como si inundaran mis sentidos.

A veces olvido que me han tomado el pelo, que a mi costa se han muerto de risa… Mi memoria selectiva borra de mi cabeza los cuentos chinos, pero sigue queriendo a los cuentistas sin poderlo evitar.

No me sirven los sucedáneos de vida. Ya no me sirven porque no se ajustan al tamaño gigante de mis sueños. Cuando vuelo me expando tanto que no quepo en mi cáscara y debo abandonar mi retiro para asumir mi naturaleza dispersa.

A veces olvido que he vivido algunas historias porque aún me arañan y hacen rabiar.

Ya no me llenan los recuerdos por más preciosos que sean… Quiero vidas, muchas, una tras otra, a poder ser repletas de todo, aunque no todo sea hermoso.

La belleza está a veces en la calle, pegada al asfalto y tiene los ojos de un niño que no arranca a llorar porque espera a su madre para derramar las primeras lágrimas.

Otras es un anciano que canta botella en mano una canción de amor a una esposa que ya no abraza sus madrugadas. O el espectáculo que deja una marea baja cuando cubre la arena de conchas y cañas. La belleza no es simetría es osadía. Es rebeldía y fuerza contenidas y concentradas.

Ya no me llena la ausencia de alguien soñando, ni el abrigo dulce de un abrazo que no llega nunca, pero que se anuncia largo…No me bastan sus palabras lisonjeras ni sus prédicas deliciosas…

No quiero vivir nunca más entre caracoles. No quiero que me miren de reojo porque salto al abismo mientras ellos viven a medias sin atreverse a dejar sus caparazones diminutos. Siempre seguros, siempre preparados para ocultarse y quedarse quietos si todo va mal.

Yo no quiero seguros, quiero vida, quiero arrugar la ropa y soltar la presa. Rodar por el margen y quedar suspendida en una rama, para ver lo que hay más allá de donde acaba el camino que los caracoles nunca van a pisar.

A veces olvido los abrazos, porque al soñarlos su recuerdo desuella mi alma cansada de esperar. He llorado por no tener algo que apenas existía, que no valía la pena, que nunca hubiera llenado mis márgenes gigantes.

Ya no me aguanto las ganas de nada, aunque haya promesas de viento y de lluvia.

Ya no me sirve un hueco, quiero un desierto entero cargado de escorpiones.

No me llena la luna por más que quepa en tu ventana, quiero ser las sábanas y las paredes que velen tu sueño…

A veces, camino tan sola que el eco trepana mis sentidos y horada mis oídos tediosos de aguardar susurros…

A veces, tengo tanto miedo de que el miedo me invada que cierro con candados mis esquinas y busco un lugar donde no me encuentren los cobardes. No quiero que laman mis oídos con sus palabras recelosas ni toquen mis pupilas con sus ojos apagados.

Ya no me calma una tarde quieta, ni una noche cerrada. No me envuelve la manta que susurra cuentos ni los cuentos que me recuerdan que antes todo me calmaba…

Ya nada cierra mis puertas, ni arranca los helechos de las paredes de mi alma… Nada me quita la blusa y camina por mi espalda dolorida y blanca.

Ya nada evoca ese canto triste que me recuerda que un día me importaba lo que otros pensaban y ahora ni siquiera existe.

La pasión mece mis días como las olas liman las rocas más afiladas.

A veces, me desnudo tanto que el frío me abrasa y la noche se precipita. He perdido la vergüenza a mostrar mi alma y airear mis temores…

Ya no me acuerdo de cuando era siempre tarde para todo y nunca pasaba nada.

A veces, pienso que todo lo que duele esconde un secreto que necesito conocer. Aunque deseo conocer mucho sin que duela…

A veces, te busco en las esquinas y entre los árboles del camino, por si estás, por si pasabas por ahí, por si no me acuerdo de que ya no existes y finjo que todavía me importas y me arañas…

No escribo para que me compres, sino para que me leas.

Para que sepas que estoy aquí y tengo tanto miedo como tú, aunque me ponga en primera fila y lleve puesta la cara de guasa y felicidad.

No quiero una manta, quiero un abrazo.

No quiero un recuerdo, quiero un momento… Muchos momentos, sin pausa. Todos los momentos que pueda almacenar en este cuerpo pequeño y repleto de habitaciones vacías.

A veces, las palabras calman mis vísceras rotas de tanto amar sin preguntar ni pedir.

Antes de enfadarte por mis palabras, piensa que la risa lo calma todo y ven a mi fuego a contar historias tristes que nos hagan creer que no estamos tan mal. Y luego desaparece,  que no quede ni tu aroma ni tu esencia, para que yo no me salpique de recuerdos…

A veces, se me olvida que no tengo alas y caigo. Conocer el abismo me ayuda a soñar.

A veces, escribo porque sentir es la única forma de saber que estás realmente vivo… Porque no soy un caracol. Porque ya sólo le tengo miedo al miedo.

 

 


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El tiempo perdido


charco

He perdido tanto tiempo sin amarme… Sin sentirme, sin despojarme de historias desgastadas y miedos infantiles. Sin mudar la piel donde llevaba escrito el fracaso y el ridículo, sin borrar la mueca triste de no haberme atrevido a existir sin excusarme todo…

He perdido alma buscando mi alma.

He malogrado sueños creyendo que mis sueños eran grandes para mí.

He desperdiciado un siglo escuchando a cobardes que no se atrevían ni siquiera a acercarse al quicio de la puerta y me pedían que no saliera al mundo… Porque allí hace frío y nunca sabes qué puede pasar.

He malgastado horas imaginando tragedias y recordando palabras crueles… He ocupado mi cabeza con pensamientos tristes en lugar de dejar entrar el sol y respirar.

He perdido lágrimas de alegría porque me había vaciado llorando de pena por algo que no podía remediar.

He sido el pez y la caña y un poco el mar.

He descuidado la vida la noche pensando en cómo sería el alba… Me he perdido el alba preocupada por el mediodía.

He almacenado tempestades en mi pecho que nunca pude soltar que a veces me han convertido en una marioneta frágil, una muñeca cansada que no sabía decidir.

He quemado esperanzas porque no supe verlas entre la maraña de escombros de mi ego dolido y mi miedo gigante.

He perdido oportunidades porque cuando pasaban por mi lado y me saludaban con la mano yo miraba al suelo y me lamentaba por mis miserias.

He salpicado con mi dolor a los que venían a regalarme un abrazo.

He sido el reloj y he sido el tiempo y la loca que corre porque se le escapa un tren que no desea alcanzar.

He sido tan impaciente que me devoré a mí misma y no me encontré cuando más me necesitaba.

He perdido mi esencia intentando ser otra persona para contentar a un mundo que ni siquiera me miraba. He tenido que volver tras de mí cuando me he dado cuenta de que aquel yo perdido era un tesoro a recuperar.

He cambiado consuelo por malas caras y un poco de amor por un rabia inmensa que no podía calmar.

Mi alma guerrera se ha saciado de ofensas imaginarias porque cualquier mirada fondeaba en mi susceptibilidad.

He desaprovechado mucho tiempo pensando que lo haría y no lo he hecho nunca.

He pasado horas culpándome por no haberlo hecho…

He sido el viento y las hojas, el árbol y las raíces… He sido el camino y el caminante y cada uno de los pasos que le quedaban por dar.

He pisado tantas risas con malos agüeros y he cubierto con mis agrias ironías momentos de pánico y soledad.

He perdido sin honra y he ganado sin sentido.

He suplicado sin fe y pedido compromiso sin confiar…

He dejado que la pasión me rompiera las alas y me dejara tan loca que nunca más podría volar.

Aunque, he soñado sin medida y me he vuelto loca al amar.

He regalado tiempo cuando no tenía tiempo.

He ganado carreras perdidas y he encontrado palabras de consuelo.

He subido montañas interminables y he saltado al vacío sin más red que mis ganas ni más certeza que mi fe.

He sido la noche y el día. El bostezo y el ansia por acabar.

He regalado mis besos y he recuperado mis facciones de niña al recordar.

Porque después de imaginar tragedias, supe construir sueños.

Porque después de marchar deshice el camino y volví sobre mis pasos para volver a empezar.

He perdonado a la niña que no supo ver que había esperanza.

He abrazado a la mujer que culpaba a la niña por no ser perfecta.

He escrito mil historias para que muchas personas fueran felices.

He sido feliz con su felicidad.

He sido un mar de dudas y un océano de caricias.

He fallado mil veces y mil veces he suplicado encontrar la moraleja y aprender de mis pasos dudosos.

He sido el escondite y la niña que juega e imagina que nunca la encontrarán.

A veces, he sido mi peor versión pero siempre me he dado cuenta para rectificar.

He roto todos mis recuerdos amargos en mil pedazos y para volverlos a juntar he usado el pegamento de la risa y la voluntad…

Me he reído de mis misma tanto que casi podría llorar…

He juntado palabras hasta reventar y perder su sentido.

He sido uno de esos cantos de río que se lanzan para ver como hacen círculos en el agua… He sido el agua… Y una de esas monedas que tiras a la fuente para pedir un deseo. He sido también el deseo…

Un día de lluvia intensa y un rayo de sol que entra por el quicio de la puerta e ilumina una pequeña habitación donde las fotos están amarillentas.

A veces, el tiempo perdido se te queda atrapado en la garganta y no te deja gritar…

Lo he sido un poco todo y nada en mi afán de vivir y soñar.

 


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¿Bailas?


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He llegado a creer que ya existes como yo te sueño. Que mis pensamientos han obrado la magia de crearte y darte vida… Y que me esperas tomando un café y pensando que tardo, imaginando cómo es mi risa y deseando tocar mis cabellos siempre alborotados.

He llegado a creer que de tanto soñarte has tomado forma y tienes cuerpo. Veo tus ojos y tu sonrisa, te intuyo y sé exactamente quién eres y cómo te sientes.

Cuando estás solo noto tus aullidos roncos y tu respiración angustiada. Buscas abrazo y acabas sucumbiendo a un rezo sordo, a una súplica tediosa que desemboca en un camino sin salida, sin destino, sin sentido.

Te veo dejar pasar los trenes que intuyes que no son tu tren, que no te llevan a ese lugar donde los abrazos no se piden, se gozan… Te veo dibujar esbozos en las servilletas de los bares, intentando trazar mi cara y manchando de café mis labios aún por definir.

Imagino que me besas sin saber que me besas y que me rondas sin saber dónde estoy.

He llegado a pensar que notas cómo te sueño y cuánto te busco. Que percibes el canto desesperado de la sirena que habita mis vísceras revueltas. Que hemos andado por la misma esquina sin encontrarnos, que nos ha alumbrado la misma farola en un tiempo remoto y descompasado.

He imaginado que cuando tú vas, yo vuelvo. Que hemos tocado el mismo puñado de arena y el mismo mar nos ha rondado los pies… Que tú miraste al sur esperando una respuesta y yo miraba al norte buscando una señal… Que nuestras miradas no se cruzaron por un segundo y nuestros caminos entrelazados pasaron demasiado tiempo en paralelo como para tropezar…

Te veo despertar sin ganas y soñarme sin saber quién soy. Y me gustaría quedarme a compartir el aire que respiras y la nube que cubre tus días… Te veo fundirte con el asfalto esperando ponerme nombre y dibujar mi rostro con tus manos cansadas. Te veo desearme sin que yo tenga cuerpo en tus pensamientos y caminar por mis esquinas sin poderme tocar.

He llegado a creer que aunque no me conoces, me notas. Que me intuyes porque mis pensamientos son tan poderosos que llegan a tus oídos y, aunque no puedes descifrarlos, te acarician el cuello y te besan la mandíbula cansada y los hombros caídos.

A veces, creo que es locura lo que pienso. Otras, estoy convencida de que, al final, mis deseos se convertirán en cuerpo y mis pensamientos le darán la vida.

A veces, te busco entre las multitudes. Lo hago por costumbre, aunque sé que no estás. Siempre lo sé, porque noto un vacío en las entrañas que nada llena y un frío en la espalda que nada apacigua. Sé que te gusta la calma de las tardes perdidas en los libros y que buscas baile algunas noches para poder dejar de pensar.

Sé que el pecho te arde y la furia te enciende porque te cansas de buscar algo que no entiendes. Y que ese algo soy yo… Sé que te falto aunque nunca me has tenido.

Sé que me añoras, aunque no conozcas ni mi abrazo ni mi beso.

Sé que piensas y que tus pensamientos a veces son dagas. Noto que te asusta imaginar porque acabas necesitando lo que imaginas y no puedes tocarlo. Percibo que abrazas de recuerdo y besas de memoria y noto tu dolor atravesar las paredes y llegar a mi mar.

Y me vuelve loca no poder devolverte el abrazo y el beso. No poder acabar contigo el dibujo sin rostro de la servilleta y no bailar contigo esta noche.

Necesito entrar en tu cabeza y llevarte de la mano a mi mundo de fuego y pisar la misma esquina, en el mismo momento y verte reír. Contar historias de amores antiguos y extraños para que sepas que amo desde hace siglos y acumulo mucha ganas de flotar.

He llegado a pensar que algún día leerás uno de mis versos locos y hambrientos, sabrás que existo y me vendrás a buscar. Que necesitarás a quién escribe esas palabras porque son tus palabras, aquellas que tenías en la lengua y casi no te atrevías a susurrar, las que llevabas prendidas en el pecho desde hace siglos y no te atrevías a soltar.

Y cuando cruces la puerta de mi refugio y veas mis ojos líquidos, me pedirás que me vaya contigo sin saber a dónde.

¿Bailas? Me preguntarás como si me conocieras desde siempre…

Bailo, yo siempre bailo…Diré con la voz rota y los ojos llenos de lágrimas por un amor que deja de ser imaginario y empieza a ser real.