merceroura

la rebelión de las palabras


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Si te escondes…


Si te escondes, te borras del mundo…

Si lo escondes, te estalla en la cara, te deja seco cuando empiezas a andar hacia el que crees que es tu destino.

No hay destino dulce para quién no saca la basura del pasado.

Si te lo callas, se te acumula dentro y se hace una cabaña, una casa, un palacio que crece y lo conquista todo a su alrededor.

Si te quema, siempre queda una brasa, siempre te perfora porque no lo sueltas…

Cuando te aferras a algo, se te pega, se te impregna y ocupa tu lugar. Habla por ti. Sueña por ti. Decide por ti. Todo lo que cargas y arrastras, se pone tus zapatos y ocupa tu vida. Se cuelga tus medallas, bebe tus copas, besa a tus amantes y sale a pasear con los tuyos al lado del mar.

Lo que asfixias y sofocas, encuentra salida. Desborda el cauce, llega al mar, arrastra tu conciencia, tus recuerdos hermosos, tus ilusiones reprimidas… El dolor siempre supura, siempre busca salida, siempre se dibuja en las facciones… Siempre araña tus paredes interiores con sus garras exhaustas de querer liberar…

Lo que no quieres ver siempre brilla más, siempre grita más, siempre huele tanto que aturde tus sentidos… Su aroma intenso se cuela en tus poros, invade tu ser y te obliga a mirar.

Y si no lo miras, te sujeta de la garganta, te comprime el pecho y te invade los ojos hasta que te llega el mensaje “estoy aquí”. Y siempre está, aún cuando lo evitas y buscas caminos donde no encontrarlo…

Cuanto más cierras lo ojos más aparece en tus pensamientos…

Cuanto más lo esquivas, más vuelve a ti.

Cuanto menos pronuncias su nombre, más reverbera en tus oídos.

Si lo niegas, se reafirma.

Si lo pisas, crece.

Si lo escondes, se convierte en gigante.

Devora tus lamentos… Tus quejas lo hacen enorme, rotundo, macizo… Lo engordan hasta estallar. Y cuando estalla, se dispersa y subyace en todo, lo cubre todo de imposibles y te niega, te paraliza, te convierte en invisible.

La única forma de vencerlo es tocarlo. Es acercarse, mirarlo a la cara, encajar lo que dice, escuchar sus palabras, aprender sus lecciones y dejarlo marchar.

Tomar las riendas y domar a la bestia. Montarse en sus penas y susurrarle al oído que es la hora de dejar de llorar. Calmar su sed, abrigar su frío… Cogerla de la mano y compartir sus miedos.

Abrir la cerca e invitarla de salir. Que salga, que corra, que vaya lejos y que vuelva cuando ya no le quede una pizca de dolor…

Huir es siempre postergar el dolor, adormecer al miedo para que no grite… Cerrar la herida en falso sin limpiar, tapiar sin sacar la basura… Reír sin haber sacado las lágrimas acumuladas… Empezar de nuevo sin antes haber podido acabar…

No puedes comprometerte contigo mismo si todavía no te amas.

No puedes amarte sin no conoces, si no te perdonas.

No puedes perdonarte si te escondes.

ESCONDITE

 

 

 


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Pequeño catálogo de ausencias


NOCHE

Le lloran en el hombro los fantasmas olvidados. Los libros viejos que nunca relee por si le recuerdan lo que no hace y desea con todas sus fuerzas…

La queman por dentro las culpas y las cargas…

La devora la impaciencia de todas la ilusiones almacenadas en el pecho.

Le susurran al oído los ausentes… La invaden los presentes que no saben notar su tacto suave y su ademán recio.

Le sangran los sueños no perseguidos…

Le sangran los miedos acumulados.

Le sangra la noche sin risas que no vistió de fiesta y el violín de voz rota que llora porque ya no lo toca.

Le llueven las noches sin noche.

Le llueven las rosas sin perfume esperando tras la puerta cerrada.

Le rompen el corazón ya desgajado los caminos que no pisa. La brisa que no cruza su cara de niña perdida… Los besos que sólo ensaya y nunca llegan a destino.

La parte en dos el roce sin roce,  esa caricia que no llega. Le astilla el alma rota la calma que no cesa, que no para, que no estalla y no se convierte en música, en palabras, en ruido insoportable para poder desconectar.

Le corroen las entrañas las palabras que no dice.

Le saquean la conciencia aquellas cosas que no supo ver y dejó pasar.

La vacían las tardes sin dueño, las madrugadas sin sábana del piel y de beso… Los cuentos sin moraleja.

La buscan los recuerdos sin piedad, los quejidos sin pausa… Los lamentos perdidos que un día lanzó al aire esperando que el viento se los llevara y ahora vuelven a su cara para reventar.

Todo le vuelve. Todo le repasa la lección y le invade los sentidos aturdidos de tanto notar…

Todo rebota. Todo salpica… Le salpican los olvidos y los lamentos. Le salpican las culpas y las sombras…

Todo gira… Siempre vuelve a pasar de largo. Siempre vuelve a sentir que debería detenerse…

Siempre hay algo o alguien que llama a la puerta si la conciencia no está quieta y la noche se lleva dentro…

 


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Era por amor…


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Ya no se sentía como una bestia…

Sus ojos brillantes y fieros eran ahora más dulces y menos huraños. Respiraba emoción y bebía sueño. Bailaba…

Era por amor y por ganas.

Caminaba lento buscando el amor de los cuentos.

Susurraba suave pidiendo el calor de un abrazo.

Calmaba su sed de llanto buscando miradas nuevas y risas perdidas. Soñaba que andaba horas y horas hasta encontrar el camino.

Soñaba que ella era el camino y en él todo se mezclaba en una fiesta dulce. En su nueva vida, desde que ya no era fiera y no se enfurruñaba, había algo distinto en el aire… Desde que había dejado de quejarse por lo que no tenía y había podido detenerse a mirar la luna, sus fauces eran sonrisas y sus arañazos eran besos.

Había encontrado pistas que antes le pasaban desapercibidas y que llevaban a algún lugar donde seguro había algo hermoso esperándole…Lo sentía, lo veía, lo notaba. Su instinto de casi bestia la guiaba siempre.

Era por amor y por sueños.

Aunque ya no se sentía como una bestia y no aullaba.

No pasaba las noches maquinando batallas absurdas ni conjuras terribles.

No gritaba para calmar su dolor ni vaciar su angustia.

No se vestía de negro ni se ponía  la cara furiosa porque no tenía que demostrar nada a nadie… No tenía miedo de existir ni de ser vista. No pensaba que podía ser odiada, ya no…

Ya no era una bestia y, si lo era, no le importaba.

Era por amor y por haber aprendido a caminar sin el equipaje pesado del dolor y la rabia.

Cada paso que daba se sentía cerca de algo grande. Cuando miraba el mundo se sentía parte de él y se observaba segura de noche cuando se dormía esperando que llegara la mañana.

El lugar que buscaba no salía en los mapas porque estaba en sus entrañas cansadas de guerrear y en sus pasos aún inseguros.

Ya nunca se sentía cansada, ni rota, ni hueca porque algo la empujaba a buscar y seguir.

Era por amor y por haber borrado de su vida todo aquello que lo recordaba la tristeza.

Sus pies sabían el rumbo y sus manos se acostumbraban a las caricias. Había aprendido palabras nuevas que sonaban dulces y maravillosas, que construían nuevas realidades y castillos en el aire que nunca se borraban de su cabeza inquieta.

Tenía tanto miedo que, a veces, aún se escondía, pero era tan feliz de haberse encontrado consigo misma que le duraba poco.

El amor que soñaba llevaba su nombre. La diosa de sus rezos tenía su cara.

Ya no era bestia porque se amaba…


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Confía en ti


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No te compares con otras, ellas no visten lágrimas con tanta elegancia como tú.

No caminan en la cuerda floja por la que tu pasas cada día de puntillas sin apenas dejar de sonreír. Sin hacer más ruido que el del aire que te atraviesa y el de los sueños que acumulas y te surcan las venas…

Ellas no llevan el peso de cien vidas en sus espaldas ni buscan soluciones para llevar al mundo en el bolsillo y tenerlo a mano por si llora, por si se desborda… Por si se siente tan perdido que necesita que alguien le recuerde que hay esperanza. Tú eres esa esperanza, amiga…

Tan fuerte como las raíces inmensas de los árboles y la suave como sus hojas. Tan rotunda como una ola enorme, tan plácida como una marea dulce que besa la arena.

No te compares con otras que no libran batallas ni miran a los ojos a sus fantasmas… Ellas no se calzan el miedo para caminar sobre él cada día ni recorren las calles con tus ojos oscuros hambrientos de vida.

No tienen tus facciones preciosas ni usan tus miradas sabias.

No buscan nada que no se toque ni deguste, no saben ver la belleza en los rincones como haces tú.

No saben encontrar las palabras para levantar un imperio cuando se cae a media tarde y conseguir que anochezca en él sin que nadie se entere de que estuvo a punto de fundirse.

No te mires en los ojos de otras mujeres que no ríen como tú ríes con tus penas y que no susurran y cabalgan sobre bestias hasta dejarlas exhaustas y mansas.

No te pierdas intentando buscar sus espejos para verte en sus esquinas porque tu cara está en el reverso de las hojas y en el corazón de los que te aman y suspiran por abarcar tu grandeza.

No escuches a los que no saben qué sueñas ni pierdas tus sueños por más que el tiempo pase y no llamen a la puerta.

No te compares a diosas de plástico con sueños sin alma y almas sin sueños…

No desesperes… Estás hecha de selva y de brisa. Suave y salvaje. Del material que imanta las brújulas para no perder el norte… De la madera de un barco que surca mares adversos con una paz inmensa… De un pedazo de luna que brilla siempre, incluso por la otra cara…

Eres de cielo que se apaga buscando la noche pero regala un rastro malva y rojo.

Eres de agua clara y de canto redondo en un río que fluye y nunca para.

Eres de una lluvia espesa y de un sol caprichoso que busca filtrarse por las esquinas.

No mires atrás porque allí no queda nada…

No te dejes ahogar por el futuro porque es tan tuyo que podrías columpiarte en él mientras lloras de alegría.

No te entretengas con personajes secundarios, no te dejes llevar por palabras vacías… Tú eres quién lleva las riendas y escoge los caminos.

Que nadie que no te merezca te invada por un segundo… Que nadie que no te admire por tu sencillez excelsa se entretenga en tu puerta barrando el paso a los que sí saben verte como eres…

El camino siempre tendrá curvas… Siempre habrá noche y habrá día.

Siempre habrá aristas afiladas por donde pases y caras agrias que no sepan entender que la vida es corta.

No te preocupes por los que naufragan en gotas de agua ni te metas en sus cabezas diminutas…No escuches sus tragedias de diseño ni te arañes por no llegar a comprender lo que sienten…

Eres demasiado extraordinaria para encerrarte en ti misma, el mundo necesita que sigas adelante y le lleves la contraria a todo lo que no es justo o hermoso.

Sé que el cansancio, a veces, te habita las sienes y te borra la capa de entusiasmo que siempre llevas puesta. Sé que a veces, cuando el día acaba  y estás rendida de domesticar fieras, suplicas ser distinta y no tener que rendir cuentas a tu conciencia siempre firme y honesta… Aunque también sé que de inmediato das las gracias por ser tú y todo lo que eso implica.

Confía en tus pies, amiga, saben el camino.

Llevas las respuestas pegadas a la falda y los sueños impregnados en ti.

Que nadie te ate a nada… Que nada te ate a nadie … Y menos en tus momentos bajos, cuando olvidas que eres hermosa y venderías tu serenidad por un abrazo tibio…

Eres tan grande, tan inmensa… Que no se ve dónde empiezas ni dónde acabas.

Eres tan maravillosa… ¡Lástima que no puedas verte así!

Ni siquiera tú misma eres capaz de hacerte sombra…

Confía en ti, amiga, eres extraordinaria.

 

 


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Vivir entre caracoles


A veces se me olvida que no tengo alas y me parto en pedazos intentando volar.

Se me olvida que además de esencia soy sustancia y me duelen las fibras cuando quiero controlarlo todo en mi vida sin apenas dejar de sonreír.

Imagino que soy bruma y que soy ingrávida. Que salto sin esfuerzo y bailo sin casi tocar el suelo toda una tarde, toda una noche, toda una vida. Siempre quise bailar, pero siempre he estado sujeta a unos hilos invisibles tejidos de recelo y rubor que me ciñen las piernas…

Imagino que  floto y que me quedo prendida en los árboles y sólo me alcanzan las cometas y los globos de helio, mientras miro al mundo hacerse diminuto y llorar. El mundo llora porque no entiende sus heridas, porque ya no sabe cómo curar. Y yo tengo que verlas todas, notarlas todas, empatizar con todas sus lágrimas. Yo siempre noto las lágrimas ajenas como si fueran propias, como si inundaran mis sentidos.

A veces olvido que me han tomado el pelo, que a mi costa se han muerto de risa… Mi memoria selectiva borra de mi cabeza los cuentos chinos, pero sigue queriendo a los cuentistas sin poderlo evitar.

No me sirven los sucedáneos de vida. Ya no me sirven porque no se ajustan al tamaño gigante de mis sueños. Cuando vuelo me expando tanto que no quepo en mi cáscara y debo abandonar mi retiro para asumir mi naturaleza dispersa.

A veces olvido que he vivido algunas historias porque aún me arañan y hacen rabiar.

Ya no me llenan los recuerdos por más preciosos que sean… Quiero vidas, muchas, una tras otra, a poder ser repletas de todo, aunque no todo sea hermoso.

La belleza está a veces en la calle, pegada al asfalto y tiene los ojos de un niño que no arranca a llorar porque espera a su madre para derramar las primeras lágrimas.

Otras es un anciano que canta botella en mano una canción de amor a una esposa que ya no abraza sus madrugadas. O el espectáculo que deja una marea baja cuando cubre la arena de conchas y cañas. La belleza no es simetría es osadía. Es rebeldía y fuerza contenidas y concentradas.

Ya no me llena la ausencia de alguien soñando, ni el abrigo dulce de un abrazo que no llega nunca, pero que se anuncia largo…No me bastan sus palabras lisonjeras ni sus prédicas deliciosas…

No quiero vivir nunca más entre caracoles. No quiero que me miren de reojo porque salto al abismo mientras ellos viven a medias sin atreverse a dejar sus caparazones diminutos. Siempre seguros, siempre preparados para ocultarse y quedarse quietos si todo va mal.

Yo no quiero seguros, quiero vida, quiero arrugar la ropa y soltar la presa. Rodar por el margen y quedar suspendida en una rama, para ver lo que hay más allá de donde acaba el camino que los caracoles nunca van a pisar.

A veces olvido los abrazos, porque al soñarlos su recuerdo desuella mi alma cansada de esperar. He llorado por no tener algo que apenas existía, que no valía la pena, que nunca hubiera llenado mis márgenes gigantes.

Ya no me aguanto las ganas de nada, aunque haya promesas de viento y de lluvia.

Ya no me sirve un hueco, quiero un desierto entero cargado de escorpiones.

No me llena la luna por más que quepa en tu ventana, quiero ser las sábanas y las paredes que velen tu sueño…

A veces, camino tan sola que el eco trepana mis sentidos y horada mis oídos tediosos de aguardar susurros…

A veces, tengo tanto miedo de que el miedo me invada que cierro con candados mis esquinas y busco un lugar donde no me encuentren los cobardes. No quiero que laman mis oídos con sus palabras recelosas ni toquen mis pupilas con sus ojos apagados.

Ya no me calma una tarde quieta, ni una noche cerrada. No me envuelve la manta que susurra cuentos ni los cuentos que me recuerdan que antes todo me calmaba…

Ya nada cierra mis puertas, ni arranca los helechos de las paredes de mi alma… Nada me quita la blusa y camina por mi espalda dolorida y blanca.

Ya nada evoca ese canto triste que me recuerda que un día me importaba lo que otros pensaban y ahora ni siquiera existe.

La pasión mece mis días como las olas liman las rocas más afiladas.

A veces, me desnudo tanto que el frío me abrasa y la noche se precipita. He perdido la vergüenza a mostrar mi alma y airear mis temores…

Ya no me acuerdo de cuando era siempre tarde para todo y nunca pasaba nada.

A veces, pienso que todo lo que duele esconde un secreto que necesito conocer. Aunque deseo conocer mucho sin que duela…

A veces, te busco en las esquinas y entre los árboles del camino, por si estás, por si pasabas por ahí, por si no me acuerdo de que ya no existes y finjo que todavía me importas y me arañas…

No escribo para que me compres, sino para que me leas.

Para que sepas que estoy aquí y tengo tanto miedo como tú, aunque me ponga en primera fila y lleve puesta la cara de guasa y felicidad.

No quiero una manta, quiero un abrazo.

No quiero un recuerdo, quiero un momento… Muchos momentos, sin pausa. Todos los momentos que pueda almacenar en este cuerpo pequeño y repleto de habitaciones vacías.

A veces, las palabras calman mis vísceras rotas de tanto amar sin preguntar ni pedir.

Antes de enfadarte por mis palabras, piensa que la risa lo calma todo y ven a mi fuego a contar historias tristes que nos hagan creer que no estamos tan mal. Y luego desaparece,  que no quede ni tu aroma ni tu esencia, para que yo no me salpique de recuerdos…

A veces, se me olvida que no tengo alas y caigo. Conocer el abismo me ayuda a soñar.

A veces, escribo porque sentir es la única forma de saber que estás realmente vivo… Porque no soy un caracol. Porque ya sólo le tengo miedo al miedo.

 

 


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Un futuro sin excusas


Llegó vestida de lluvia y con esa cara que sólo tienen los que han ido a vivir a sus sueños y han vuelto. Sus ojos impregnaron de vida tu vida. Su manos cubrieron de caricias tus ansias, sembraron en tu mirada las ganas de ir vivir, de explorar, de sentir… De encontrar aquel lugar del que ella venía y que tú no habías sido capaz de encontrar. Porque buscabas fuera lo que llevabas dentro… Porque te asustaba tanto encontrar el camino a tu felicidad que huías cuando intuías que estabas cerca… Porque te daba miedo descubrir que conseguir lo que querías estaba en tu mano…
Porque hasta ahora te habías limitado al culpar al mundo de no ser, de no tener, de tanto llorar. Y ahora ella venía decirte “tú decides” y la cabeza de daba vueltas sólo con pensar que habías rozado tus sueños con la punta de tus dedos y no habías sido capaz de asumir esa responsabilidad…Porque te daba terror darte cuenta de que para que alguien te amara deberías haberte amado antes tú…
Ella te dijo “no acumules lágrimas, acumula pasos” y te dio la mano para guiarte en ese camino que tenías pendiente… En esa senda que llevaba a ti mismo… A ese tú más libre, más sereno, más dueño de sus días y sus pasos… Ese tú lleno de errores pero de errores sabios. De actos impulsivos y un poco locos, de acciones imprudentes que llevan a situaciones imprevistas y soñadas, a lugares donde nunca has estado porque hasta hoy no has hecho nada que no estuviera programado…
Ella te dio las ganas. Ella te regaló las riendas… Tú pusiste el pie en tu camino y echaste a correr para no tener vuelta atrás, para no poder arrepentirte, para no poder regresar si te arrepentías…Tenías tanto miedo de perderte y no volver a encontrarte que deseabas huir de ti mismo… Tenías tanto miedo de no volver a sentir que te querías como mereces que no querías quedarte dormido por si al despertar no recordabas lo que es amarte… Tenías tanto miedo de no volver a tener el valor de intentar ser feliz que preferías desaparecer a regresar a esa vida donde no eras capaz… Por eso, empezaste a andar y apretaste las manos tan fuerte que no las sentías… Y cerraste los ojos hasta no saber dónde estabas…
Y al mirar atrás, al buscarla a tu lado… Al querer darle las gracias por cambiar tu mundo, te diste cuenta. Ella sólo existía en tu cabeza. Ella era tus ganas y tu necesidad de salir de la cueva. Ella era tus miedos enterrados en un pasado triste… Ella era tu invención más maravillosa para salir de la rutina y poner rumbo a tu vida. Ella era tu lado salvaje llamando a la puerta de tu lado gris y arrastrándote a un futuro sin excusas.
Y ya nunca más te protegerás de la lluvia…


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El resto de tu vida


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Se acabó esconderse. La vida no es un armario. Tú no eres un muñeco que pueda meterse en la caja y salir cuando no hace frío o el viento es propicio. Si no sales cuando las cosas pintan mal, no saldrás nunca. Porque te harás pequeño y diminuto. Porque siempre pensarás que no es el momento y te acurrucarás plácidamente a esperar. Y un día te darás cuenta de que eres viejo… Y aunque nunca es tarde, ¿por qué no gozar antes? ¿por qué no intentar antes ser como sueñas? ¿por qué esperar a mañana para vivir?

Tu forma de ver la vida no es negociable. No puede haber regateos ni rebajas. Si aceptas menos de lo que mereces, vas a tener que sobrellevarlo siempre o hasta que no puedas más y vuelvas a reclamar lo que es tuyo, las riendas de tu vida. Si te tragas lo que no soportas, si te callas lo que suplicas decir… Un día estallará dentro de ti.

Lo cual no significa que no aceptes algunas situaciones adversas, al contrario. Las aceptas, buscas la forma de aprender de ellas y empiezas a cambiarlas con tu actitud. Imaginando cómo darles la vuelta. Sólo con que en tu mente ya exista esa posibilidad de cambio, ya existe ese cambio en la vida real. Ya estás incubando una oportunidad. Ya cambia todo porque tú cambias por dentro.

¿No te has dado cuenta de cómo has cambiado ya sólo por planteártelo? ¿No te has fijado en las palabras que usas ahora y que no usabas antes?

Has pasado del no puedo al me gustaría…

Del no va conmigo al “tal vez”. Eres otra persona, el de siempre con esperanza… La esperanza lo mueve todo si eres capaz de conseguir que se instale en tu vida y se convierta en en confianza.

Del Imposible al posible hay dos letras. Y las escribes tú.

Tus pensamientos crean tu camino. Lo que imaginas empieza a existir en el preciso momento en que lo dibujas con en tu cabeza. Tus palabras esculpen cada uno de tus pasos. Tus ideas cobran vida. Tus sueños construyen tu presente y tu futuro.

Y no tiene que ver con la situación, ni con tus habilidades. Tiene que ver con tu forma de mirar. Para saber si eres de los que pasan por delante de ese lugar donde reparten alegría y nunca entras o si estás construyendo un puente imaginario para llegar al otro lado donde sabes que pasan cosas.

A veces, hay que gastar el último euro que nos queda en una libreta donde hacer una lista de lo que será nuestra vida en el futuro. En un libro que nos ayude a encontrar respuestas, en un café en buena compañía que nos dará fuerzas para seguir, en subir a la noria para ver que cuando el mundo no gira, giras tú… Aunque el miedo nos diga que será mejor ahorrarlo y guardar. Y seremos un euro más ricos, económicamente ricos… Y más pobres en emociones, en respuestas, en sensaciones… No habremos conseguido activar en nosotros esa palanca que un día se pone en marcha y notas como lo cambia todo…

Ese momento en que te cruzas con alguien en la vida y te dice una frase, una palabra sólo tal vez, y esa palabra lo es todo. Es la palabra que estabas necesitando oír y notar. Te zarandea tanto por dentro… Te remueve los cimientos y te conmueve las entrañas. Te trae recuerdos, te inspira, que insufla unas ganas tremendas de devorar una vida que hasta hoy simplemente mordisqueabas… Te saca de dentro esa persona capaz que estaba dormida y sumisa a un destino que no le pertenece.

A veces, hay que apostar todo lo que tienes por todo lo que sueñas, aunque te quede muy poco y la altura de tu sueño sea vertiginosa. Nunca tenemos tan poco como creemos… Nunca son demasiado grandes nuestros retos porque siempre podemos crecer hasta llegar al tamaño necesario para que sean asequibles.

Eso es lo que importa. Ese es el gran logro. No conseguir el sueño sino convertirse en la persona que es capaz de tocarlo. Alcanzar el tamaño que requiere nuestro sueño, lo obtengas o no, y notar que a partir de entonces lo puedes todo… Prepararse para llegar a la cima y tal vez no llegar pero saber que ya nunca dudarás de tu capacidad porque ya eres ese tipo de persona que sube cimas y logra sus retos.

Porque has alcanzado la medida necesaria para asumirlos.

Porque tal vez tu sueño estaba ahí para ser un primer paso, una excusa, un cebo gracias al cual poder transformarte.

Aunque para eso hace falta salir de debajo de la cama, del armario, del servicio, de la rutina, del traje gris y detrás de la pantalla del ordenador.

Se acabó esconderse aunque haga frío. Aunque esté oscuro. Aunque los pies pisen suelo desconocido y las piernas flaqueen.

Se acabó esperar a saber que todo está bien para explorar la vida. Se acabó buscar seguros y escondites.

La vida se nos escapa mientras esperamos el momento adecuado.

Se acabó esa sensación de que hay cosas que no van contigo, que están fuera de tu alcance, que nunca te pasan a ti.

Se acabó esperar a que todo sea perfecto para empezar a vivir…

El mundo gira mientras te detienes a ponerte el impermeable.

El tiempo se acaba mientras tú buscas la mejor forma de hacer algo que sabes que no harás nunca…

El reloj se rompe mientras encuentras la palabra que buscas. Mientras te entretienes en un recuerdo que ya no da más de sí y que cuando saboreas te trae a la mente los mismas emociones de siempre que no llevan a nada que te ayude a decidir…

Mientras te decides, el árbitro pita el final del partido.

¿Te has dado cuenta de que te duermes y no haces nada? ¿No ves que necesitas un zarandeo?

A veces, sólo tienes lo que dura un suspiro para decidir si el resto de tu vida va a ser como sueñas o como detestas.

¿Y si fuera ahora?