merceroura

la rebelión de las palabras


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Quiero quererte


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Lo reconozco, no te he querido siempre…No como necesitabas y soñabas…

No quiero hacerte daño, pero durante mucho tiempo cuando me mirabas, no veía nada en ti que me atrajera lo más mínimo. No pensaba que fueras hermosa y no temía perderte porque no creía que le fueras a gustar a nadie…

Suena mal, perdona, mi sinceridad es fruto de la necesidad de dejarte claro que eso ha cambiado… Tal vez porque he crecido y me he dado cuenta de que el amor es respeto, confianza y que los más dulces versos se escriben con abrazos y palabras honestas…

No te quise. Hiciste tantos méritos para ser amada que casi me dolía rechazarte día tras día… Te menosprecié y te escondí porque no quería que te vieran…

Me avergoncé de ti, lo siento, con toda el alma… Huí de tus súplicas de consideración y tus ganas de compañía… Si pudiera volver atrás y mostrarte al mundo con ganas, lo haría, pero el tiempo no se recupera, sólo se recupera la dignidad y el sentido común si se ha tenido y yo no lo tuve, está claro.

Te fallé. Te fallé cuando más me necesitabas. Cuando eras aún una niña y te negué y escondí de miradas ajenas porque te despreciaba.

Nunca fuiste suficientemente hermosa, ni ágil, ni vi nada especial en ti que me hiciera tener esperanza de amarte…

Soñé mil veces que eras otra. Que el mundo daba la vuelta y cambiabas. Que cambiaban el molde con que te hicieron y esta vez, acertaban.

Negué tus fortalezas y las convertí en debilidades a golpe de insulto.

Te dediqué mil palabras terribles.

Te miré con ojos de rabia.

Te traté como nadie merece ser tratado…

Aunque seguías ahí, intentando mostrarte y seguir. Insistente y tenaz. Con tantas ganas de ganar que eras capaz de apostar hasta donde el corazón se desdibuja…

Con tus versos ocultos y tus poemas de amor a personas a quiénes jamás te atreverías a soñar que amabas…

Con tus miradas incisivas, tus risas diminutas, tus pies pequeños, tu necesidad inmensa de encajar y gustar…

Admiro tu insistencia, tu impaciencia, tu imprudencia loca por creer que podrías… Tu confianza en un mundo que te ha dado patadas hasta donde nunca te atreverás a nombrar…

Tu capacidad de levantarte y haber aprendido a caer con tanta gracia que lo has convertido en arte.

Aprecio que desnudes tu alma para contar a otros cómo caes para que sepan que no están solos.

Amo tu mirada capaz de ver belleza en los rincones sucios y las personas sencillas…

Amo tu capacidad de conectar…

Y tras siglos de negarte la vida, colarte en el fondo de mi equipaje y encerrarte en el armario de mi historia… Ahora te miro y te quiero querer.

Noto tus venas ardientes, tu espíritu libre, tu capacidad de crecer ante la adversidad… La canción sorda de tu labios cansados de suplicar, que ahora susurran seguros canciones de amor.

Y te quiero, te busco para que me cuentes historias… Para saber más de ti y aprender… Para dejar de cerrarme las puertas de tu mundo…

Te quiero conocer y encontrarme en tus esquinas oscuras, en tus aristas cortantes, en tus miradas rotas de lágrimas salvajes,  en los alfileres que te sujetan al cielo y te ayudan a volar…

Amo tu vuelo corto y tu paso nervioso.

Amo tu camino incierto y tu necesidad de amar.

Amo tus palabras y tus sonrisas desdibujadas en las fotografías, porque aún no te acabas de gustar…

Amo tus fibras agotadas y siempre alerta y tus miedos eternos. Tus sueños gigantes y esa forma que tienes de imaginar que el mundo es mejor de lo que se ve en realidad.

Quiero quererte y que me perdones por no haber sabido ser tú.

Por hacerte tan difícil esto de amarse y haberte puesto la zancadilla cada día de tu vida…

Por haberte ocultado y negado sin medida…

Por no haberme dado cuenta de lo hermoso que es ser tú y habitar tu alma… Y poder mirar a los demás de igual a igual…

Por no haber apreciado lo hermoso que es vivir en tu cuerpo y ver la vida a través de tus pupilas.

Quiero quererte porque necesito este amor para seguir adelante y aprender a amar todavía… Porque nadie es amado si no se ama como merece…

Porque nadie llega a la luna si no se ama… y yo quiero volar.


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La respuesta eres tú


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Soltar… ¡Qué difícil!

Es como si hubiéramos nacido para acumular y retener. Y lo hacemos con todo, con lo bueno, hasta que pierde el sentido… Con lo que parece malo, porque nos gusta sentir ese dolor que nos recuerda quiénes somos… Como si la punzada nos hiciera sentir vivos…

Y es que a veces, nos hemos identificado tanto con nuestras penas que somos nuestras penas. Y cuando alguien nos pregunta quiénes somos, nos limitamos a detallar una lista de agravios terribles que hemos tenido que soportar en la vida, como si fuera nuestro currículum, como si aquello fueran nuestras señas de identidad y nuestras credenciales…

No soltamos el dolor porque creemos que somos nuestro dolor. Y sentimos que si dejamos de mirarnos en el fondo de nuestras tragedias, no seremos nada… Nos hemos acostumbrado tanto a nuestra rabia, nuestro resentimiento contenido… Que pensamos que es nuestro carácter, nuestra personalidad. Y si dejamos ir esa actitud, no seremos nadie…

El dolor construido día a día forma a veces parte de nuestra esencia y tememos perdernos si dejamos que marche… Porque mientras te dolía lo que otros decían de ti construiste una coraza que te ha permitido ser quién eres…  Porque al sentirte minúsculo te pusiste a crecer para demostrar que eras grande… Porque la ira sin desatar te permitió construir un futuro mejor a base de superarte…

¿Qué me queda sin la energía que me dio mi dolor?

¿Qué tengo sin la fuerza que desencadenó en mi ese miedo, esa rabia, esa humillación?

La respuesta es fácil… Tú.

No eres tu dolor, eres lo que has construido con él.  Ahora ya no lo necesitas, ya no te sirve para seguir porque ya no eres esa persona triste y necesitada de mostrar al mundo que vale la pena… En realidad, no lo fuiste nunca, nunca, pero no lo podías ver…

Hiciste lo correcto pero con fines equivocados. Usaste la adversidad para crear algo hermoso, algo bueno para ti… Pero el objetivo no debía ser demostrarle nada al mundo sino crecer y confiar en ti. Pensabas que si te querían y aceptaban, te amarías tú y ahora ves que en realidad era al revés…

No importa ahora. Cada uno hace lo que puede con lo que está a su alcance.

Y ahora que sabes que puedes, debes soltar… Deja las muletas y camina solo. No necesitas apoyarte en nada ni nadie porque has descubierto la verdad, el poder es tuyo.

No vuelvas a cederlo ni arrendarlo. A nada, a nadie, ni a una versión de ti cómoda y cobarde…

No necesitas ese dolor porque lo has transformado.

Aspiras al máximo. No tienes límite…

Deja de preocuparte. No importa qué camino tomes porque sabes que llegado el momento, sabrás rectificar o aprovechar lo que encuentres en él.

No importa si te equivocas porque convertirás ese error en palanca.

No importa si tienes miedo, porque sabes que aprenderás de él y lo superarás.

Tal vez aún no te has dado cuenta, pero manejas algo muy valioso entre manos, tú.

Ahora que has despertado y te has quitado la venda de los ojos que sólo te dejaba ver cuando brillaba el sol, ya sabes que lo único que necesitas está dentro de ti.

No esperes nada.

No busques nada.

Arráncate la culpa de las entrañas porque está ocupando el espacio del amor…

Arranca las raíces que te han salido en la conciencia y que te atan a un pasado que no eres tú…

Llevas el equipo de asalto a la vida incorporado.

Lo que necesitas llegará.

Tan sólo suelta lastre y siente.

Deja que pase.

No eres al animal herido, eres la hermosa bestia que sobrevivió…

No eres el niño abandonado , eres el niño que aprendió a quererse.

No eres la que lloró durante mil años, eres la que ahora sonríe.

No habites una persona que ya no eres. Vuelve a ti, a ti de verdad.

Suelta esa parte de ti que a veces tiene ganas de agarrarse al miedo y quedarse quieta.

Suelta todo  lo que te tiente a aferrarte y depender.

No necesitas salvavidas porque vuelas. No necesitas nada más, te tienes a ti.

Corre el riesgo de ser tú y verás que siempre compensa…

Deja de preguntar… La respuesta es siempre la misma… La respuesta eres tú.


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Peleando con la vida


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¡Qué complicado no dejarse llevar por la ira!

Dice mi admirado Leocadio Martín que la ira y la rabia son útiles si somos capaces de transformarlas en energía y actuar. Hacer algo con esa sensación de quemazón que se nos instala dentro y crear, usarla para construir en lugar de destruir, para evolucionar… Y no hablo sólo de explorar el por qué de sentirse así y de entender qué suscita en nosotros esa emoción y qué podemos aprender de ella… No es sólo eso sino también verlas como una oportunidad de energía extra para sacar fuerzas y hacer con ellas algo hermoso.

Gestionar nuestras emociones es desaprender. Descubrir lo que realmente eres cuando no dejas de ser tú porque lo que sientes se desborda. Sacarte de encima las limitaciones y dejarte fluir. Nuestras emociones son oportunidades para conocernos, para sentir quiénes somos y decidir sobre nuestra vida. Son utilidad pura. Nos dicen si vamos por buen camino, si lo que hacemos nos hace felices… Si nos traicionamos o nos somos fieles… Lo importante es entenderlas y saber qué quieren decirnos. Y usarlas para tomar decisiones porque llevan mensajes ocultos que nos guían para saber por dónde caminar. Y esos mensajes nunca se descubren a golpes, ni en pleno frenesí, sino cómo resultado de macerar lo que sentimos y escucharnos a nosotros mismos…

Leocadio habla de la ira y de la rabia. Cuántas veces, después de un ataque de rabia, no hemos tomado una determinación importante o hemos tenido la fuerza necesaria que te da “esa intensa sensación de dignidad súbita” para decir que no, que no tragamos más, que ya basta de bajar la cabeza…

Sin embargo, conseguir eso desde la armonía y no poner en riesgo la paz interior es complicado. Al menos, para mí y mucho… Ser capaz de tomar esa rabia ante lo que consideramos injusto y transformarla requiere sabiduría. Necesita de conocerse y aceptar que eso es una de tus debilidades  y que, previo este paso, puede convertirse en una fortaleza.

No se puede decidir ni contestar ante un ataque de rabia. Hay que respirar y responder desde la calma. Y eso, requiere entrenarse. A veces,  se puede contestar en diez segundos, cuando ya eres un alumno avanzado en ti mismo y has aprendido que no hay nada que otro haga que pueda perturbarte porque no le puedes dar ese poder sobre ti… Suena genial ¿verdad? Pero no se consigue en dos días… Hay un camino de aprendizaje hasta contestar desde la serenidad, la comprensión del estado del otro y del propio y tomárselo con sentido del humor… Y luego responder con actos, no encaminados a demostrar nada a esa persona sino a crecer. Entender que esa rabia nos dice algo de nosotros y nos indica una dirección en la cual trabajar… Un camino hacia uno de nuestros miedos y obstáculos a superar. Esta es la oportunidad de ir hacia ellos con una dosis extra de energía, motivación y vitalidad proveniente de esa ira que nos circula por las venas y que es necesario soltar para que no nos acaba destruyendo y haciendo arder…

Nunca he sido de morderme la lengua y considero que hacerlo es terrible. Siempre he pensado que las cosas deben poder decirse  con respeto y serenidad, aunque no lo he conseguido demasiadas veces, lo reconozco. Al final, o lo sueltas con calma o te callas. Lo de callarse creo que sólo se puede hacer desde  la sabiduría, desde un estado de conciencia enorme que hace que lo que te hagan o digan no te afecte, porque gestionas tan bien tus emociones que no necesitas responder a los estímulos exteriores porque lo que realmente te mueve está dentro de ti… Callar sí, tragar no. Si uno traga, debe asegurarse de que lo va a digerir y sabrá expulsar lo que sobra… Esa rabia contenida, ese sufrimiento, ese resentimiento, esa culpa que nos bucean en las entrañas y se hacen nidos dentro, esperando a que bajemos la guardia para que nos sintamos mal física y anímicamente… Y no para fastidiarnos sino para mostrarnos que acumularlos dentro no es bueno para nosotros…

Comunicarse con los demás y con uno mismo de forma adecuada es vital para conocerse.

¿Cómo se suelta la ira? ¿cómo se toma esa energía pura y se convierte en un libro, en un cuadro, en una receta de cocina, en una carrera hasta la meta o en cualquier acto que te libere y sea capaz de mejorar la vida a otras personas?

Y lo más complicado… Ser asertivo. Defender lo que eres y lo que quieres en tu vida sin bajar la cabeza ni dejarte llevar por la adrenalina. ¿Cómo se evita la tentación de no contestar al otro con la misma moneda? Lo digo porque las personas que están siempre a la defensiva, alerta y dispuestas al ataque para protegerse (la que os escribe es y ha sido una de ellas, hace tiempo que trabaja para dejarlo a un lado pero sin perder esa energía) se convierten en pequeños genios de la respuesta rápida y elocuente… Algo que no soportan las personas que se dejan llevar por la ira es ser víctimas de nada ni de nadie, porque la injusticia nos revela, pero a menudo, no nos damos cuenta de que cuando somos incapaces de gestionarla y mirar la situación desde fuera y con distancia, justamente lo que hacemos es prolongar ese estado de victimismo y no ser responsables de nuestra vida porque no tomamos las riendas…

Cuando nos pasamos el día con el “mira qué me han hecho” desviamos la vista de lo que importa “qué quiero hacer yo y qué provecho le saco para crecer”. Como cuando nos señalan la luna y nos fijamos en el dedo… Miramos al mundo con rabia porque lo vemos imperfecto y tremendamente injusto… Nos limitamos a responder con gracia y sorna… Lo hacen tanto y tan bien de practicar que al final les da pena perder esa capacidad adquirida de responder y soltar la rabia y quedarse tranquilo… Al menos en apariciencia, porque eso no te deja tranquilo. Te deja soltar por un rato, pero no sirve de nada. Te permite ganar la batalla pero no ganar la sabiduría. Lo sé por experiencia. Porque al hacer eso, no exploras tu responsabilidad en la situación, no entiendes qué dice esa ira de ti y qué aprendizaje conlleva. Zanjas el tema con un parche, te regodeas en ti mismo y te envuelves en tu rabia, te alimentas de ella y puesto que no la aceptas ni intentas comprenderla, se queda en ti y navega por tus venas. No consigues que te aporte nada y no le das la vuelta…

Cuando entiendes qué dice de ti y qué te ha llevado a esa situación, cuando ves la oportunidad que supone, eres capaz de soltarla… Hay mil formas. Nadando, bailando, corriendo, respirando hondo y sabiendo que lo haces por ti… Y luego, tomar ese subidón y hacer algo nuevo… Construir algo con ella. Vencer uno de tus miedos y dar el primer paso en uno de tus caminos pendientes…

Ya que la llevamos dentro y hay que soltarla, hacer que esa rabia salga de nosotros de forma constructiva y hermosa. Conseguir que antes de que nos devore, la podamos utilizar nosotros para comernos el mundo y evolucionar.

Y al pensarlo, al analizar qué ha pasado, tal vez ya no te ves como una víctima de nada ni de nadie, aguantando y tragando, sino como una persona capaz y responsable de su vida que supo transformar lo adverso en propicio, lo que parecía un obstáculo en un trampolín…

Y esa es una forma maravillosa de recoger nuestra rebeldía e inconformismo y usarlos para evolucionar. Dejar de intentar cambiar al mundo porque nos parece injusto e imperfecto y cambiar nosotros, para aceptar y ser capaces de entenderlo y amarlo tal como es…

Seguro que con nuestro gesto, ese mundo ya cambia un poco.

Para aceptarnos a nosotros cómo somos y usar nuestras debilidades para ser más flexibles y estar en paz.

Sin tener que callar.

Sin tragar nada.

Sin resignarse.

Sin perder la ilusión.

No podemos pasarnos la vida peleando con los demás…

No podemos pasarnos la vida en pie de guerra y enfadados con el mundo.

Eso creo, porque no sé nada… Estoy en ello, cada día, intentando aprender y cambiar sin guerrear y aceptar sin resignarme.

Por cierto, recomiendo leer a diario el blog de Leocadio Martín. Yo aprendo cada día más de sus conocimientos…


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Aprende a amar la lluvia


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Lo que buscamos, a veces, no es lo que realmente queremos. Lo que suplicamos no es lo que necesitamos… Demasiado a menudo, nos conformamos con un sucedáneo, porque no nos atrevemos a ir más allá o pensamos que no llegaremos…

A veces, lo perdemos todo antes de empezar porque nos asusta decepcionar y fracasar.

Nos quedamos con nuestra segunda mejor opción, porque no osamos a aspirar a la primera.

Buscamos un amor verdadero y nos conformamos con un amor pequeño, porque no hemos sido capaces de darnos cuenta de que el vacío que tenemos sólo lo llenaremos con nosotros mismos… Porque si no nos queremos, cualquier amor que encontremos será una tapadera para fingir que todo va bien, un parche para tapar el agujero por donde se nos escapa el aire que no conseguimos respirar… Una maniobra para poder soportar que aún no nos hemos aceptado… Un pasatiempo para laminar la soledad que nos corroe por dentro y nos amarga el gesto mientras miramos alrededor buscando dónde sujetarnos.

Pensamos que queremos un trabajo mejor pagado, cuando en realidad queremos dedicarnos a algo que nos haga recuperar nuestra grandeza, sentirnos útiles, servir a otras personas, saber cuál es nuestra misión en la vida…Cuando lo que deseamos es reír sin parar y notar como pasan las horas cerca de lo que amamos y nos llena por dentro.

Pensamos que queremos un coche más potente cuando en realidad queremos libertad…

Creemos que si damos la vuelta al mundo, podremos huir de nuestras vidas…

Confiamos en olvidar el pasado tirando fotos antiguas…

Guardamos el reloj en un cajón, porque pensamos que así dejaremos de perder el tiempo.

Y todo eso es genial, a veces. Los rituales se fijan en nuestra memoria y nos sirven para no desfallecer… Son incluso necesarios para seguir, pero no pueden ser la alternativa sino parte de la estrategia… No hay amor si no nos amamos… No podemos cerrar heridas tirando fotos… Debemos mirar atrás para aceptar, entender, reconocer y perdonar y poder seguir adelante… Dejar de juzgar y mirarlo todo con nuestros ojos nuevos… Y luego, hacer todas la ceremonias necesarias para sellarlo.

Si no te sientes libre, el coche más rápido te hará sentir más atado. El lugar más hermoso te parecerá triste y sucio.

Si no te perdonas, por más vueltas que des por el mundo, tu culpa imaginaria te perseguirá… Tomará café contigo en París y dejará sus huellas en la arena caliente de la playa más alejada en un paraíso…

Todas las batallas se libran dentro de ti… Lo que buscas está dentro…El amor de tu vida se ve en los espejos… Aunque tú pasas de largo y nunca le das una oportunidad porque alguien te rechazó y pensaste que había algo en ti que no era digno de amor.

Quererte con todas tus fuerzas y aceptarte es complicado… Aunque, si ya estás en ese punto en el que amas tu dolor porque te ha permitido mudar la piel y sacarte de encima la escarcha…Si ya adoras tus penas porque con ellas has encontrado tus fortalezas…Si ya besas tus cicatrices porque gracias a ellas has superado tus heridas…Si miras atrás y ves cómo encontraste el camino y abrazas cada una de tus torpezas…

Ya lo has conseguido. Estás a un paso de la libertad absoluta que es dejar de luchar y para empezar a vivir.

Si confías tanto en ti que sabes que pase lo que pase usarás tu intuición para saber por dónde caminar y qué ruta escoger…Si cuando te pierdes un poco, te encuentras fácilmente y vuelves a ocupar tu lugar en el mundo…Si estás ahí, es que ya has descubierto tu grandeza…

Cuando te cruzas contigo en la calle, viéndote en otros ojos  no sales corriendo…Cuando te miras y te acaricias con las pupilas igual que acaricias a quiénes amas…Cuando adoras tu soledad porque cena contigo y eso te parece hermoso y ya no triste…Es que te amas.

Si te vistes de gala para ti y enciendes las velas porque te encanta vivir en ti mismo…Si te calma y consuela la sorpresa de no saber qué te depara el camino, cuando antes te desconcertaba la incertidumbre… Cuando tu compañía te reconforta y buscas momentos para hablarte y sentirte… Cuando no te escondes de nadie, ni de ti…

Entonces, has crecido, has aumentado tu volumen hasta salir de tus límites y borrarlos…Estás preparado para dar a raudales sin quedarte seco ni triste… Porque es cuando das que recibes el gran regalo de ser quién sueñas.

Ahora me doy cuenta… Sí no hubiera recorrido mis cloacas, jamás hubiera encontrado mi cielo…  Sin riesgo no hay triunfo. Sin miedo, no hay obstáculos con los que crecer al saltar…
Sin entender el dolor, no hay cura.
Sin escuchar a tu conciencia no hay respuesta.
Sin amar tu oscuridad, jamás encuentras tu luz .

Sólo cuando has recorrido ese camino interior, descubres realmente lo que quieres… Y te enteras de que ya está en ti y que hace siglos que te pertenece, aunque no lo veas… Aunque a veces no lo sientas porque estás ocupado en lo que no importa y no eres consciente de tu valor.

Todos los paraísos que buscas están en ti.

Sólo cuando ya no te importa si brilla el sol, porque lo llevas en tu interior, aprendes a amar la lluvia.


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Pensar, sentir, actuar


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Leía ayer día una interesante reflexión de Victoria Ambrós  sobre “pensamiento positivo” y el uso abusivo que se ha hecho del término llegando a convertirlo en una especie de emoticono que enmascara los sentimientos reales.

Me lo he planteado muchas veces, la verdad. Si tras muchas de las reflexiones sobre las bondades de pensar en positivo (que las tiene, sin duda) hay una necesidad de huir de lo que nos asusta, lo triste, lo feo, lo que no cabe en un tuit o no nos gusta ver en un selfie. Vivimos tan rápido y sin masticar la vida que algunos han usado esta filosofía para dar portazo y tirar adelante sin querer mirar atrás ni entender por qué les pasa lo que les pasa. Y claro, hasta que no entiendes por qué te pasa no eres capaz de elegir que no te pase.

Y no quiero con todo esto decir que el pensamiento positivo no entrañe magia, para nada… Creo en ella, pero también creo que esa magia no surge de nada exterior sino de dentro de nosotros mismos y nos hace conectar con todo y con todos. Y no podemos hacer magia si fingimos que no sentimos lo que sentimos y por dentro nos desmoronamos. Por ello, no me gusta la forma en que a veces se nos quiere dibujar lo que significa el pensamiento positivo, como algo que se consigue en dos días.

Sinceramente, cualquier teoría o práctica que te lleve a alejarte de lo que te asusta o enmascarar lo que sientes no puede funcionar. Sin mejorar nuestra autoestima, pensar en positivo cae en saco roto… Lo contrario es mentirse a uno mismo y engañar a otros si les decimos que podrán de esa forma.

Ha llegado un momento en el que algunos nos venden la necesidad de estar siempre con la sonrisa puesta (es muy útil sonreír a diario) como si no pudiéramos tener momentos de bajón.  Yo creo que el pensamiento positivo es muy útil y genera unos cambios increíbles en tu vida, pero no se ha entendido bien… La tristeza es necesaria para entender quiénes somos… Sin tristeza no podemos entender la alegría. Nada es bueno o malo porque sí, todo depende del aprendizaje que saquemos de ello. Pueden despedirnos del trabajo y que eso sea un paso necesario para aprender sobre nosotros mismos algo pendiente y poder conseguir un trabajo que nos hace sentir mejor y más de acuerdo con nuestra misión en la vida.  Nos podemos romper una pierna y que eso nos conceda el tiempo necesario para reflexionar sobre cómo reenfocar nuestra vida.

Nuestras emociones no son positivas ni negativas. Sólo hay que saber gestionarlas porque son una forma de expresar cómo nos sentimos, una reacción fisiológica a un estado de ánimo. Lo importante es llevar las riendas para que no sean nuestras emociones las que dirijan nuestra vida. Decidir qué queremos y utilizar lo que sentimos y nos sucede para crecer.

No podemos negar lo que sentimos porque eso sería como no querer ver un obstáculo en el camino. La forma de solucionarlo es vivir conscientemente y tomar decisiones. Cuando sentimos rabia y no lo reconocemos, cuando no lo vemos, aceptamos y exploramos el porqué, nos acaba estallando o pudriéndose dentro de nosotros…

Decidir hacer un saludable ayuno de quejas y lamentos para no focalizarnos en lo que nos digusta o nos molesta no implica dejarlo de lado ni olvidar el motivo de esas quejas. Debemos ir más allá hasta desgranarlas y comprenderlas para solucionar la causa y no el síntoma.

Somos lo que pensamos y lo que sentimos. Si no sabemos qué sentimos, no nos conocemos. Si no conocemos bien nuestros pensamientos negativos, no podremos construir pensamientos nuevos que nos ayuden a crear una nueva realidad. Si no estamos dispuestos a sentirnos incómodos, no podemos avanzar.

Con esto no me quiero cargar el pensamiento positivo, insisto en ello para que quede claro,  al contrario. Quiero ponerlo en valor a partir del autoconocimiento. Lo considero tan útil que me molesta que se esté vendiendo una versión facilona de él como si se tratara de una pócima mágica y nos hace perder nuestra capacidad de transformación. Llevo años trabajando en ello y he visto las resultados. Lo reivindico, aunque nunca solo, sino como un un paso importante y destacado dentro de un camino sólido, con altos y bajos, cargado de ilusión y valentía. Seamos claros, si no te conoces a ti mismo y hurgas en ti, en lo que te ha convertido en lo que eres en el pasado y en lo que te mueve para llegar a ser, el pensamiento positivo se diluye.

Es una experiencia dura y apasionante, con momentos complicados en los que debes ser tan sincero contigo mismo que se te corta la respiración… En los que debes tomar decisiones incómodas que a veces te llevan a separarte de personas a las que estabas unido o abandonar lugares que te parecían seguros porque no te permiten ser tú…

Se ha hablado tanto de pensamiento positivo. Se ha querido a veces venderlo como si fuera una especie de paraguas que una vez abierto te salva de todo. A veces, incluso pienso que tal vez sea así, que podemos pedir y confiar y todo llega, seguro… Aunque estoy segura que para conseguir eso, debemos llegar a un nivel de conciencia y autoconocimiento que requieren mucho, muchísimo trabajo previo y no lo estamos haciendo.

Ser positivo no es negar esa realidad, sino aceptarla, mirarla bien hasta entender el por qué y tomar la decisión de qué hacer con ella. No se trata de decir que todo va bien tragando saliva cuando es evidente que no, es una elección. Se trata de decidir que somos responsables de nuestras vidas y llevamos el timón.

El “pensamiento positvo” se ha tergiversado tanto que a veces molesta, ofende… Se ha convertido en ocasiones en tres frases molonas aplicables a todo y a todos, como si fuéramos todo iguales,  como si tuviéramos la obligación de sentirnos bien al perder a un amigo o dejar un trabajo de años… Cuando en realidad, nos debemos ese momento de dolor y tristeza para saber quiénes somos sin tener que sentir esa especie de sombra de culpabilidad por verlo todo negro de momento y no enviar mensajes positivos al universo… ¡Qué agobio y qué forma tan errónea de enfocarlo! Cuando estamos tristes y dolidos, si exploramos por qué y confiamos en nosotros, no vamos en contra de ese “pensamiento positivo”,  somos pensamiento positivo en estado puro… Porque no se trata de estar siempre adrenalínico y expuesto a una especie de chute de cafeína sino en paz contigo mismo, sin culpa ni reproches… No podemos someternos a ninguna tiranía, ni siquiera a la de la alegría.

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Algunas de las ideas que he leído y oído sobre el pensamiento positivo hacen que parezca una especie de terapia exprés de fin de semana a base de repetir frases para personas desesperadas que aspiran a llegar al lunes y arrasar en la oficina con un nuevo yo que surge de la nada… ¿De verdad alguien se lo cree?

Para mí, ser positivo es autoconocimiento puro, un trabajo,  un camino largo que dura años y no termina nunca, al que se llega cuando te aceptas y te amas…

El pensamiento positivo es escuchar tu voz interior y eso tiene grandes efectos en nosotros, pero no basta sólo con “pensar” es necesario creer, sentir, comprometerse contigo mismo.  Hay que “fabricar una emoción positiva” que genere cambios a nivel neuronal y hormonal en nosotros para modificar el funcionamiento habitual de nuestro cuerpo y cerebro, eso afecta a nuestra salud de forma positiva y a nuestra vida… Aunque, eso no se hace en dos días porque requiere conectar con uno mismo… Y sobre todo, no pasa por el autoengaño ni por negar lo que sientes, pasa precisamente por todo lo contrario, por aceptarte a ti y al mundo como es.

No va sentarse a esperar un milagro. Es confiar, visualizarlo y actuar con la paz interior que supone creérselo.

Es crear tu propia realidad. Vivir en equilibrio, saber gestionar y fluir a ver qué pasa…Y eso es aplicable a todo, porque todas la facetas de nuestra vida quedan impregnadas con tu esencia.

Es una mezcla de pasión y serenidad. Mirar al futuro con ganas de comértelo y vivir en el presente con gratitud pero sin resignación. Es paz interior. Es poner orden en los cajones de tu vida pero dejar las ventanas bien abiertas para que pase el aire fresco… Es ser tan elástico que siempre vuelvas a tu estado inicial después de adaptarte, pero siempre con algo nuevo aprendido…Descubrir el poder de las pequeñas cosas y empezar a mover una de ellas en tu vida para observar como el dominó gigante de tu universo se pone en marcha y puede  sorprenderte de hasta dónde puede llegar.

No hay fórmulas mágicas que te solucionen la vida, la vida te la solucionas tú. Cuando actúas y miras al mundo con ojos nuevos… Trazando un mapa distinto y aprendiendo cada día un poco más de ti y de esa persona que puedes llegar a ser si te dejas…

El pensamiento positivo está al alcance de todos y  es una herramienta tan útil, tan necesaria para aprender a vivir, que no debemos dejarnos vender copias baratas ni versiones low-cost que nos ofrecen un visión de lo que es degradada y absurda. Una visión que nos aleja de lo que realmente importa.

Y sí, estoy convencida, mis pensamientos crean mi realidad, pero para conseguirlo primero es necesario saber quién soy y actuar en consecuencia.


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Para que aprendas a volar


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Eres una niña aún y no lo sabes, pero lo que te hace diferente y te asusta ahora, es lo que te ayudará a volar… Lo que te empujará a crecer y te impulsará a cambiar el mundo…

Suena lejos, lo sé, pero no creas que para cambiar el mundo hay que hacer coses muy complicadas. Las cosas sencillas también son extraordinarias y están al alcance de todos y de ti también.

Lo sé, defender tu forma de ver la vida es difícil, a veces. Lo he vivido y lo veo en tu cara desconcertada por no entender cómo funciona este mundo que parece que hoy te pida que lo contrario de lo que te pedirá mañana.

Hay tantas normas impuestas y no escritas sobre cómo debe de ser todo y sin darte cuenta llevas incrustadas en la memoria mil formas de vivir que no son la tuya… Yo aún las noto,  muy a menudo, no te creas. Ser mayor no te evita las dudas. A veces, me invaden algunos pensamientos tristes que ya no forman parte de mí y que parece que quieran que me quede quieta, que me sienta cansada y me rinda… ¡Es tan difícil echarlos de tu cabeza! Aunque, si en ese momento recuerdas qué sueñas, se te pasan… Tal vez no entonces, pero al final, desisten. Tú también lo conseguirás.

A menudo, para ser tú mismo parece que tengas que librar una batalla contra el mundo, aunque en realidad, sólo debes responder ante ti.

Es contigo con quién vas convivir siempre. La piel que habitas es la tuya. Las palabras que dices son para ti… Si huyes de eso, te seguirá siempre… Ahora tal vez sientas que es necesario encajar o pertenecer a algo… Que resistirte a llevar una etiqueta en un mundo en el que todo se etiqueta es complicado, pero con el tiempo, el trabajo hecho para seguir siendo tú misma a pesar de todo, te hará sentir libre… En el fondo, todos aquellos que hoy parece que todo lo tengan muy claro, están tan perdidos como tú. Sólo disimulan, porque temen mostrar sus incoherencias, porque no soportan reconocer que nos saben aún quiénes son.

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No te preocupes… Todos somos diferentes, pero sólo los valientes se atreven a mostrar sus diferencias… A enamorarse de ellas. A convertirlas en su impulso y, si hace falta, en parte de su identidad.

Lo fácil es ceder y avergonzarse de uno mismo por no seguir la norma, por no parecer, por no encajar en el molde. No pasa nada, no hay moldes, no hay que parecerse a nada ni a nadie.

Parece que sería mejor ponerse la etiqueta que otros quieren que te pongas y vivir dándoles la razón, sin imaginar otros mundos posibles, otras personas posibles en ti. Sólo lo parece…

Todos tenemos miedo, pero sólo los que lo abrazan y lo entienden son capaces de superarlo.

Los demás se aferran a salvavidas de plomo y se encierran en un búnquer para protegerse de lo que les asusta sin darse cuenta de que eso les aísla para siempre… Sin ver que la única forma de vencer es afrontar… Que lo que no queremos asumir, insistirá llamando a nuestra puerta eternamente… Estemos donde estemos, aunque huyamos lejos y cerremos los ojos y nos pongamos las palmas de las manos en los oídos para no oír sus pasos acercándose.

Lo sencillo es esconderse y creer que así todo cambia, esperar el milagro sin hacer nada para que suceda… Mirar por la ventana y saludar al mundo sin meterse en él.

No te culpes, no hay culpas… No uses ni siquiera esa palabras, es terrible, sólo trae dolor y angustia… Las personas que asumen sus actos son responsables de ellos. Las personas responsables tienen el poder de cambiar las cosas porque deciden, porque rectifican y saben perdonarse.

Todos tenemos fantasmas, pero sólo los que se atreven a mirarles a los ojos consiguen que se vayan de sus vidas. Sólo cuando te das cuenta de que los monstruos que te persiguen están dentro de ti y dejas de buscarlos debajo de la cama, dejan de molestarte.

Lo habitual es ceder al chantaje y convertirse en uno más. Ahogar a tu yo verdadero hacer que esa etiqueta que llevas colgada se meta dentro de ti. Perder el brillo en la mirada, perder el gesto que te hace auténtico y te hace sentir que puedes… Cambiar tu rostro por una máscara gris… Conformarse con soñar sin tocar, con subsistir sin vivir…

No dejes que nadie te defina ni te diga qué debes hacer, escucha siempre a las personas en las que confíes pero las riendas las deberás llevar tú.

Todos necesitamos amor, pero sólo los que se conocen se quieren a sí mismos. Se aceptan, se aman, se respetan.

Hay tantas personas que no se aman a sí mismas y buscan en otros brazos el cariño que no se dan. Tantas personas que dependen del amor ajeno y aceptan chantaje, regatean con su dignidad porque no se han dado cuenta de que merecen un amor de verdad…

Y las personas nos tratan como nos tratamos a nosotros mismos, como dejamos que no traten… Nos las encontramos por aquí porque tenemos algo que aprender de ellas… A veces es para que nos enseñen cómo hacer las cosas bien, qué camino tomar… Para que nos inspiren y motiven. Otras veces, es para que sepamos qué tipo de persona no queremos ser, qué no queremos pisotear, qué opción no deseamos elegir…

Se aprende tanto de los héroes como de los villanos. Lo sé, parece mentira ¿verdad? a veces, incluso más.

Se aprende tanto de lo que parece que nos frena como de lo que nos da impulso.

Cada obstáculo es una lección por aprender. Cada error es un ensayo general de una función a la que cada vez vas más preparado…

No lo veas como un problema, piensa en ello como un desafío, un reto, como algo nuevo que empezar. Y si no tienes ganas, las inventas, las imaginas… Sonríes y piensas que seguro que le encontrarás el lado maravilloso.

Lo único que importa es estar cómodo en tus zapatos y ser leal a lo que te conmueve, a lo que te habita, a lo que sueñas que sea tu destino.

A veces, pasamos largas temporadas ausentes de nosotros mismos. Estamos cansados y desesperanzados y dejamos que nuestro cuerpo lleve las riendas para no pensar, para no sentir más allá del frío o el calor, para no saber lo que nos duele saber. Y somos como aviones de papel que parece siempre que volarán pero solo se elevan por inercia y caen en picado porque pesan demasiado, porque no baten sus alas como los pájaros…

Vivimos ahogados en nuestras lágrimas y no queremos darnos cuenta de que si dejásemos de llorar tendríamos tiempo para construir… Si dejásemos de almacenar rabia, nos quedaría espacio para almacenar sabiduría y experiencias…

Y cuando no sientes, no duele, claro, pero tampoco vibras ni te emocionas… No dejas volar la mente y te metes en todas y cada una de las infinitas posibilidades de ser tú… Por eso, merece siempre la pena soltarte, volar, saltar… Cruzar por la cuerda floja, hacer equilibrios, patinar… Merece la pena ser tú aunque cueste, aunque algunas miradas te arañen… Aunque en algunas ocasiones todo parezca no tener sentido. Aunque no veas por qué ni para qué y te asuste quedarte sola o perdida.

Es como jugar, hay que usar esa emoción que tienes cuando juegas o cuando corres esperando llegar a la meta o la sensación maravillosa que tienes cuando te columpias y por un momento crees que vuelas y tocas el cielo… Cuando eso pasa, la felicidad inmensa se refleja en tu cara… No hay cara más hermosa que la de alguien que descubre que puede volar… Yo te he visto volar muchas veces y en esos momentos tu belleza es desbordante… Y se contagia.

¿Sabes? las personas hermosas de verdad son las que van por ahí contagiando su belleza, las que hermosean lo que tienen cerca. Tú lo haces, lo sabes, no lo pierdas…

Se trata de confiar en ti y estar de tu parte… Decirte cosas bonitas, usar palabras hermosas para hablarte, encontrar personas que te hagan sentir viva y corresponderles… Recordar qué sueñas siempre y creer que está en tu mano. No rendirte aunque sea difícil y amar tu soledad.

Recuerdas, el sombrerero loco le pide a Alicia que vuelva ser ella misma, le dice “antes eras mucho más muchísimo…” y le insiste con “creo que ahora has perdido tu muchedad” se refiere a su grandeza, su saber estar consigo misma, su capacidad de volar… Eso es lo que nos ayuda  seguir, pase lo que pase, diga lo que diga el mundo, no pierdas tu muchedad.

Eres mucho más, muchísimo…

alicia


10 comentarios

Todo lo que puedo llegar a imaginar


Aprendo tanto de mis errores que he empezado a creer que son aciertos.

Me gusta pensar que si camino mucho, mis pies aprenderán a escoger el camino. Que si amo mucho, dejaré de habitar mis penas y me quedaré sujeta en una de mis alegrías. Que si lloro mucho, me quedaré vacía de angustias y podré llenarme de risa. Porque la risa se contagia, se funde entre un rostro y otro rostro y acaba invadiendo el espacio y el tiempo…

Me gusta pensar que si dejo de temblar por mis fantasmas pasados, llegaré a la cima de mi amor propio y podré contemplar mis ojos con mis ojos y abrazar mis sueños sin apenas alargar los brazos.

Me siento feliz por haber fracasado tantas veces mientras intentaba encontrarme la cola porque eso me ayudó a aprender a nadar y esquivar las redes de los que pescan sin alma…

Aprendo tanto de mis miedos que he empezado a creer que simplemente son retos aún desconocidos…chica-mira-ciudad

Me gustan cada una de mis rarezas a pesar de haberlas cargado durante siglos y haberme avergonzado de ellas… Y ahora, de repente, las miro y las veo repletas de belleza…Como encontrar los pétalos marchitos de una rosa que fue roja en un libro…Como escuchar la deliciosa canción que entonan en el campo cientos de girasoles secos…Como el encanto mustio y demacrado de un juguete antiguo o una foto vieja y amarilla de un niño que ahora es anciano. Como verte en el espejo y descubrir que tus ojos tienen un color distinto al que pensabas y tus cabellos brillan más de lo que nunca habías sido capaz de recordar… Acordarte de ti en el pasado y sentirte frágil y enviarte un beso… Notar que tal vez te quedaste corto soñando con llegar o pasar de largo… Entender que lo hiciste tan bien como pudiste y saber que no fue suficiente pero que ya no te importa.

Perdonarte las dudas y besar ese llanto mudo que arrastrarte durante años esperando una respuesta del cielo que no llegó nunca porque en realidad estaba dentro de ti…Porque esperabas una medalla que nunca creíste merecer y un aplauso que nunca reverberó en tu interior porque te reconocías tú mismo el mérito de recibirlo.

Subir los escalones de tu conciencia y ver que no tienen polvo. Perderte en la vasta llanura de tu alma y descubrirla sola pero serena. Ser tan libre que la ingravidez te provoque dolor de cabeza… Sentirte tan  satisfecho que puedas volar sin levantarte un milímetro del suelo… Suplicar que la felicidad no te encuentre rancio y dormido. Que todo lo que puedas imaginar exista porque ya existe en ti y es maravilloso.

Abrazar tu cobardía y tu vergüenza y notar que eran capas de piel que supiste dejar en la puerta cuando entraste en esa etapa de tu vida en la que hay cosas que ya te puedes decir a ti mismo sin tener luego que bajar la vista o sumergirte en un mar de pastillas para olvidar…

Aprendo tanto de mis decepciones que cuando lloro por ellas me siento absurda.

Me gusta pensar que si me enamoro del silencio, la calma dormirá en mis sienes y apaciguará mis pensamientos locos.

Me gusta pensar que la única noche que puede vivir en mi alma es la que sucede al día y que siempre tiene un final cuando el sol avanza desde la ventana por mis sábanas hasta alcanzar mis ojos cansados y besar mis pies desnudos…

Me gusta pensar que si creo podré tocar lo que busco y sobreviviré a todas mis pesadillas. Que me quedan millones de palabras por usar bailando entre mis vísceras inquietas para que yo las escoja…

A veces, nos empeñamos en almacenar días sin apenas vivirlos…Y cargamos culpas pesadas que nos encogen tanto que no recordamos lo enormes que somos, lo grande que es nuestro apetito por la vida sin no nos sentimos rechazados.

A veces, nos obsesionamos con pensamientos absurdos que nos recortan la realidad y la capacidad de crear.

Somos el resultado de años de pensamientos tristes y de intentos en vano por superarlos… Porque la única forma de cambiar la consecuencia es modificar la causa, borrar esas ideas bárbaras y despiadadas que tenemos de nosotros almacenadas en algún lugar hace cien años, y respirar…

Somos  producto de un cúmulo de noches sin tregua creyendo que no lo vamos a conseguir…

El efecto inacabado de una causa perdida por no haber aprendido a soñar.

Somos la secuela de la historia trágica que tanto nos gusta recordar. Si dejamos de pensar en ella, podremos cambiar el desenlace.

Aprendo tanto de mis amarguras que he empezado a notar que su sabor es dulce.

Me gusta pensar que si aprendo quién soy y comprendo mis porqués, acabaré habitando la vida que sueño…

Todas nuestras certezas son diminutas ante lo mucho que aún desconocemos…

Me gusta pensar que hay cosas que están ahí y que todavía no veo porque no he sido capaz de imaginarlas. Hay tantos caminos que no puedo escoger aún porque están esperando que yo los dibuje…

Miles de historias  pendientes que están guardadas en mí esperando a que yo las escriba. Hay mil vidas esperando a que abrace mi incertidumbre y acepte que nunca podré controlarlas si quiero vivirlas.