merceroura

la rebelión de las palabras


15 comentarios

Gracias tristeza


FORTO PORTADA FACEBBOK

Foto : Mercè Roura

Podría decir que cumplo absolutamente todo lo que predico, pero mentiría… Aunque lo intento siempre, pero a menudo es complicado y no supero la prueba que pone la vida ante mí. Esa mirada que lanzamos al interior no siempre es tan compasiva como merecemos y tampoco no siempre decidimos aceptar nuestros errores y salimos a la calle buscando culpables y siempre los encontramos. Aunque en realidad sabemos que no son reales…

Yo lo he hecho también… A pesar de que hace un siglo desterré de mi vida la palabra culpa y la substituí por otra que me parece maravillosa, responsabilidad… Sin embargo, lo admito, a veces me dejo llevar por la angustia y por esa sensación tan mía de injusticia y desasosiego y culpo. Dura unos minutos mi gran tragedia, primero culpo al mundo y luego a mí. Todo lo que he estudiado, leído y aprendido a base de errores y de toparme contra mis muros no me priva de caer, pero sí me priva de estarme en el suelo más tiempo del necesario como para darme cuenta de que mi lugar es otro y de que levantarme o no depende de mí. En la vida cuando vas aprendiendo no dejas de equivocarte, por fortuna, en realidad, sólo dejas de atrincherarte en el error. Cuánto más viajas hacia ti mismo, menos dependes del orgullo y de la necesidad de tener siempre la  razón y más de la compasión y la paz.

Me dejo llevar por las emociones, benditas sean todas, las que nos hunden en el lodo y las que nos dan ánimos para salir de él. La tristeza me llevó a comprender y a amar tanto la risa que me enganché a la vida… Gracias a la rabia he escrito libros y me he abierto en palabras… Gracias a la ira me he levantado mil veces… Todas ellas son magia pura, sólo es necesario comprender qué nos dicen de nosotros, por qué están ahí, qué significan, qué nos impiden, qué enmascaran, qué miedo ocultan… Y una vez descubierto, dar gracias y soltar.

Gracias tristeza porque me has dado la alegría de reconocerme y aceptarme. Porque tus espinas, me han ayudado a descubrir mis alas…

Gracias miedo porque me indicaste hacia dónde ir y qué asumir.

Gracias ira porque sin ti no hubiera encontrado mi coherencia y la energía necesaria para ejercer de mí.

No siempre cumplo mis normas y no es necesario. Tengo derecho a equivocarme y poner en tela de juicio todo lo que hasta ahora creo que me define… No siempre hago lo que digo que debería, pero eso también me hace falta para volver a caer una vez más y saber que me puedo permitir unos errores que son un material muy valioso para seguir.

No siempre soy coherente, pero me bastan cinco minutos de incoherencia para recordar quién soy. No siempre acierto, pero sin mis desatinos nunca hubiera encontrado el camino.  Y si no me doy cuenta, la vida que es sabia y maravillosa, además de una madre siempre oportuna y  siempre me pone delante algo con qué topar o alguien a quién culpar por mi dolor hasta descubrir que es mi reflejo. Benditos los muros con los que topamos porque sin las heridas que nos hacemos intentando derribarlos jamás aprenderíamos que nunca caerán, porque están ahí para saltarlos y rodearlos… Benditos los recuerdos que nos machacan la memoria y nos llenan de resentimiento porque a base de tanto volver a ellos y sufrir nos daremos cuenta de que merecemos mirar adelante y vivir este momento.

Bienvenida la ola que se lleva el tenderete de orgullo que tenemos montado porque también arrastra el miedo a la propia desnudez, al rechazo y al tener siempre que parecer algo que no somos.

A menudo, me asalta un miedo atroz a no poder seguir pero luego recuerdo que hace tiempo me quité la máscara de persona que nunca fracasa y me veo obligada a continuar…

A menudo agarro de nuevo la culpa, toda entera, la mía y la de toda la humanidad y me la cuelgo de cuello o me la cargo en la espalda o la meto en un carro y empiezo a empujar… Gracias culpa porque el arrastrarte cinco minutos me recuerda siempre que hace tiempo que me decanté por la responsabilidad de ser yo misma y te dejé marchar…

Gracias incertidumbre porque sin tu angustia y mi desespero nunca habría sido capaz de encontrar mi camino…

Abrazar la coherencia supone asumir un precio muy alto con uno mismo, un compromiso gigante, pero el premio es inmenso.

 

Anuncios


4 comentarios

Algunos errores son necesarios


Nos asusta equivocarnos y, sin embargo, es casi tan necesario respirar. Sin error no hay evolución, no hay madurez ni crecimiento. Sin fracaso, no hay victoria. Cada vez que nos equivocamos, abrimos un nuevo camino hacia otro lugar donde nos espera algo bueno, un aprendizaje que necesitábamos. Si sabemos sacar lo mágico, lo maravilloso, lo bueno de cada error, nos daremos cuenta de que salimos ganando y nos acercamos a nuestros retos, a nuestros sueños. Lo que cuenta es actuar. Decidir. Renunciar. Arriesgar. Equivocarse es maravilloso…

 


6 comentarios

Lista de tareas pendientes para personas casi felices


Por los que en este momento mueren, estamos obligados a amar la vida.

Por los que no pueden caminar, debemos correr y subir montañas.

Por los que no saben querer, debemos amar sin más condición que el respeto ni más límite que la conciencia.

Amemos hasta poder volar, hasta no poder parar de sonreír, hasta no poder disimular que amamos tanto…

Porque hay quién sólo ve noche incluso cuando no hay noche, hagamos que nos pertenezca este día…

Porque hay muchos que sólo saben gritar, usemos con precaución las palabras y consigamos mejorar el mundo con ellas.

Empecemos de nuevo, por los que nunca terminan nada.

Riamos por los que siempre lloran, tengan o no tengan razones.

Busquemos motivos por los que siempre ponen excusas.

Bailemos por quién no siente la música y no nota sus pies.

Caigamos por quién nunca se arriesga a saltar, ni a dar un paso en falso.

Por los que sólo ven con sus ojos, notemos la magia.

Rompamos las normas por los que viven tan sujetos a ellos que casi no viven.

Por los que nos ponen etiquetas, cambiemos de máscara y de estrategia y dejémoslos mudos.

Comprometámonos por aquellos que nunca han dado palabra…

Por los que esperan que faltemos, sentémonos en primera fila.

Cantemos por los que no tienen voz o no saben utilizarla.

Por los que no saben ser felices, reventemos de dicha y hagamos locuras.

Amémonos, sin medirnos ni juzgarnos por no ser o no tener, por aquellos que se miran al espejo y no saben o creen que no pueden.

Tendamos la mano a los que son incapaces de pedir y preguntar.

Saboreemos cada bocado por los que mueren de hambre.

Por los que nunca se ilusionan, desbordemos las previsiones.

Caigamos en todas la trampas sin red por los que nunca se arriesgan a sentir ni tendrán la dicha de aprender de sus fracasos…

Que nos tomen el pelo por los que nunca se fían.

Confiemos por los que jamás se sueltan ni renuncian al control…

Por los que no creen en lo imposible, obremos milagros y dejémoslos boquiabiertos.

Por los que mienten, vivamos de certezas.

Por los que tienen miedo, vamos a atrevernos a lidiar con nuestros fantasmas.

Recorramos este camino, por si un día nos cansamos y cambiamos de sentido… Por si el miedo nos coge por la hojas y nos arranca las raíces…

Pongamos pie firme en el suelo y acariciemos el cielo para no dejar de saber quiénes somos y no olvidar lo que soñamos.

Por los que no saben dónde pisan…

Por los que no sueñan casi nunca…

Por los que aún no saben que lo mejor de la vida está en la zona prohibida y que para llegar hay que romper algunos dogmas.

Digamos que sí por los que siempre dicen que no, pero se mueren de ganas… Dejemos de ser “casi todo” porque es como ser “casi nada” y vivamos enteramente…

Detengámonos a contemplar las pequeñas cosas por lo que siempre tienen prisa.

Aunque sobre todo, hagámoslo por nosotros mismos, porque lo merecemos, porque lo buscamos… Porque no nos basta con que el mundo gire, queremos que también dé la vuelta.


27 comentarios

Deja que la vida te sorprenda


butterfly-1127666_1280

Me preguntaban el otro día qué quería ser de mayor. Hace un tiempo, no mucho, hubiera respondido hablando de mi familia y mi trabajo, de cómo quiero evolucionar como ser humano y arreglar mis carencias. Sin embargo, el otro día, hurgué en mí y respondí que quería llegar a ser una persona con menos apegos, que quería fluir. Dejarme llevar, dejar de controlarlo todo, de aferrarme a mis cosas como si no pudiera vivir sin ellas… Trazar mi camino y defender mi sueño, pero sabiendo que podré vivir sin él hasta que llegue. Que hay vida más allá de mis retos. Que cuando los consiga, me reinventaré, que soy capaz de respirar profundamente tanto si llego mis metas como si al final descubro que no eran para mí porque se desdibujan. Que vivo intensamente mientras camino hacia ellas… Que puedo fracasar sin hundirme y seguir… Que me puedo permitir vacilar y perder.

Es útil planificar una estrategia para conseguir lo que sueñas, tener claros tus objetivos, esforzarte y poner todo tu talento a trabajar. Ser optimista y saber que puedes, que lo mereces, que eres capaz de no rendirte, de encontrar esa fuerza en ti que te hace luchar… Aunque habrá que dejar margen a la vida ¿no?

Habrá que permitir al mundo que te pille desprevenido y te muestre algunas cosas que no verías si sólo vives en tu interior. Para conseguir tus retos, tu voz interior es importante pero tendrás que escuchar otras voces… Y no me refiero solo a dejar margen al error, hablo de dejarse deslumbrar por el mundo hasta el punto que te des cuenta de que alguna de las cosas o personas que te rodean te hacen cambiar de rumbo, que te cambian a ti.

Hay cosas que podremos conseguir luchando y otras no. Cosas que dependen de nuestro empeño y cosas que no. Eso no significa que debamos dejar de intentarlo, significa que hay que intentarlo aún más. Que hay que abrir mucho los ojos para no perder detalle de nada, por si hay que zarandearlo todo y volver a empezar. Tal vez, si no alcanzamos algunos de nuestros retos es porque nos esperan otros aún mejores o porque era necesario ese peaje para aprender…

Mis apegos, me preguntan, ¿cuáles son? La necesidad de controlar siempre, de tener claro que sigo el camino correcto, que no fallo, que no defraudo. Necesidad de escrutar cada paso, cada recodo, cada cruce de ese camino… Para no perderme o desviarme… Saber que si no lo consigo no es por mí responsabilidad, si no por las circunstancias… Y ¿cómo voy a ver esas circunstancias si solo miro el camino trazado por mí? ¿cómo aprender si no me permito fallar?

A veces, perdiéndote, encuentras lo que no estaba en tu plan diseñado para triunfar y te hacía falta para llegar… Un amigo, un maestro, un error necesario, un obstáculo que saltar para demostrarte que puedes… Un pañuelo para anudarse al cuello por si hace más frío del previsto…

Mis apegos… Necesidad de saber qué, cómo, cuándo, por qué… De darle vueltas a todo sin parar hasta encontrar razones que a veces no existen o que no se explican con la cabeza sino con la emoción. Necesidad de acabar con la incertidumbre que te muerde la cola, que te quema en el estómago o que se te carga en la espalda.

Mis apegos… Las culpas… Cargar con el peso de no ser, de no llegar…

Mis apegos, la seguridad de no destacar, de no brillar, de no sacar a la luz mis diferencias… Esos temores que a veces me llevan a la tentación de encerrar mi imprudencia innata y dejar de correr riesgos… De enjaular mi querencia a lo nuevo, lo fantástico, lo que no se toca pero te toca… Meter mi ilusión siempre sobredimensionada ante todo en una caja y lanzarla al mar… Y pensar que es mejor conformarse…

¿El antídoto? Sentir… Saber que, sea lo que sea lo que nos depara el futuro, es lo que debe pasar porque sabremos cambiarlo o cambiaremos nosotros para saber cómo vivirlo. Sea bueno o malo en apariencia.

Borrar la culpa y tomar las riendas.

Admitir que todas las metas son válidas… Tanto si llego por mar como por aire… Como si al final decido apearme y cambiar de sueño. Como si al final, al llegar, paso de largo, porque he visto algo más allá que brilla más o he crecido tanto en el camino que no quepo en mi sueño porque mientras luchaba por él me hice mayor… Por si tal vez prefiero detenerme y escuchar como crece la hierba o me late el corazón y dejo la carrera.

Todos debemos descubrir que, pase lo que pase, será lo que hace falta que nos pase para que lleguemos a dónde queremos llegar. Porque sabremos cómo actuar para darle la vuelta, porque encontraremos la pista que nos permite continuar. Porque podemos confiar en nuestras aptitudes para sobrellevar el futuro. En el trabajo, en las relaciones personales, en todo lo que nos afecta y circunda.

A veces, algo que está fuera de tus planes te acaba llevando a tu deseado destino.

Algo que no tenías previsto puede ser un soplo de aire fresco, lo que active en ti el interruptor que te permitirá poner en marcha tu mejor versión… Quizá para alcanzar tu meta, quizá para encontrar otra distinta que colma tu vida aún más.

Quizá para descubrir que eres algo más que tus metas y tus sueños…

A veces, un obstáculo es la salvación para dejar tu plan trazado y ver el que la vida te propone.

En ocasiones, entras en tu futuro por la puerta de atrás cuando llevas siglos golpeando la puerta delantera para pasar. ¿Fue en balde? tal vez debías hacerlo  para dudar, para caer, para pensar, para acumular más entusiasmo, para aprender a saber cómo no se hacía.

A pesar de tener clara la estrategia y emplearse a fondo, hay que dejar que la vida nos asombre. Dejar margen para equivocarse, soltarse, para contemplar lo que pasa a nuestro alrededor… No podemos seguir un camino y sólo mirar nuestros pies y dejar de admirar lo que nos rodea a cada paso porque está repleto de respuestas y nuevas preguntas, porque está lleno de belleza e inquietud…

Hace unos años, una persona me dijo  : “el verano pasado, por suerte, me rompí una pierna”. En aquel momento, me quedé perpleja, pero con el tiempo lo entendí. Esa persona me explicó que, gracias a que se rompió una pierna, tuvo tiempo para descansar y pensar qué quería hacer con su vida y darse cuenta de que lo que ocupaba sus días no la hacía feliz…”

Para bien, para mal… Nunca se sabe.

Lo que importa es que pase lo que pase sepamos gestionarlo y podamos dejar de tensar la cuerda que nos ata a nosotros mismos, que ya asfixia y aturde. Que nubla y no deja imaginar ni crear.

¿Qué quiero ser de mayor? Quiero dejar mi apego a todas esas cosas que me frenan y a las que temo perder, que podrían desvanecerse en un momento si no consigo mantener el equilibrio en esta cuerda floja… Quiero vencer el temor a no saber qué pasará… Quiero abrazar la incertidumbre de mis días y bailar con ella…

Pensar que si no te rindes y tienes claro lo que quieres, encontrarás la respuesta… Confiar… Saber que encontrarás el modo de alcanzar lo que buscas.

Descubrir que tus sueños pueden redibujarse, que tú puedes redibujarte, que tu universo es elástico y tú eres demasiado grande como para contenerte en una excusa o un lamento.

Y dejar que la vida te sorprenda. Tal vez su plan es aún más apasionante de lo que imaginas.


14 comentarios

Porque todo lo bueno y lo bello está ya en ti


lost-places-3035877_640

Cuando me ignoran, crezco. Y crezco también cuando me miran mal.  Cuando me lo ponen difícil, sea por amor o por desidia, doy un salto enorme y me convierto en gigante. Cuando me equivoco, salto al abismo y caigo de pie. No es que crezca, es que incluso me desplazo y subo un peldaño más en mi escalera particular hasta la luna.

Cuando me ponen una barrera, me obligan a saltar. Cuando me apremian, corro. Me convierto en pájaro y vuelo. Y cuando me atan, me convierto en camaleón a la espera que no me vean y suelto los nudos que me mantienen inmóvil. Sólo tengo que imaginar que sé cómo, que puedo. Sólo tengo que verme saltando el muro, surcando el cielo y burlando el fiero control de unos ojos resentidos y cargados de ira. Sólo tengo que creer que es una prueba, un reto, un paso más hacia el final de una etapa que abre otra puerta. Que hay puertas más complicadas de abrir que otras. Que cada vez soy más experta en cerraduras.

Cuando me agitan, me expando. Cuando me golpean, a veces, lo admito, devuelvo golpe torpemente y otras veces reboto en una pared imaginaria… Cuando me lanzan al vacío, en osiones me resisto, me agarro a lo que pillo para no caer. Me desespero… Otras, me suelto, me dejo caer como una lágrima, como una gota de lluvia, en una especie de ritual necesario para aprender a romperme y pegarme, para encontrar el pegamento que me permitirá seguir cien años más plantando cara. Para encontrar la manera de resistir.

A veces callo, a veces lo digo todo. Lo importante es saber cuando callar y cuando hablar. No tragarse nada que duela. No fingir que no escuece, que no rompe, que no atormenta. No dejar de ser uno mismo por más que esconderse sea más fácil y las críticas te pillen cuando aún no sabes cómo reaccionar… Cuando ya has dejado de ser el cobarde que se oculta pero aún no eres el valiente que muestra la yugular ante sus oponentes. No hay nada que les de más miedo a tus adversarios que la ausencia de miedo en tus ojos… Mejor mirar de frente y encauzar su mirada hasta que lean en ti que estás de vuelta y sus arañazos no te molestan, que vienes a por más.  

Cuando me arañan, sueño. Y sueño más… Demasiado, tal vez. Es mi vicio más sagrado y delicioso. Imagino que mis sueños sellan mis heridas y mi piel es más elástica. Que ocupo el espacio y adopto cualquier forma que me proponga. Imagino que he aprendido a esquivar pupilas inquietas con ganas de herir. Imagino que su ira no me encuentra y desiste. Imagino que puedo decirles una palabra que les cambia la vida y les hace sonreír.

Cuando me critican, maduro. Duele, duele mucho pero se aprende a pasar. No voy yo a cambiar de forma de vida por lo que dicten otros que no habitan mi cuerpo ni sienten mis penas. Es un proceso largo, a veces inquietante. Me hago más rotunda, más esponjosa. Peso menos, pero cundo más. Mi yo se concentra, mi esencia se acentúa. Con poco, llego más lejos. Con la intención, me sobra. Con las ganas, me basta. Aunque necesito también caricias, palabras dulces y miradas sin hiel. También se crece a base de mimo y abrazo, a base de estímulo y serenidad.También se crece a golpe de beso y mano tendida, cayendo de vez en cuando en mullido y salpicándose de cariño y risa fácil.

Cuando me quieren, crujo y me oxigeno. Me elevo, me transformo y soy capaz de abrir diez puertas sin pestañear. Cuando amo, vivo. Me encuentro el sentido, me parcelo en mil pedazos y abarco el mundo sin moverme del metro cuadrado que circunda mis días. Todos necesitamos nuestra porción de alegrías, nuestro momento de gloria, nuestro pedazo de amor incondicional.

No sólo se crece a golpes y fracasos. No sólo se vive de risas. No sólo se aumenta de tamaño cuando te inflaman y pisan. Se crece amando y también se crece echando de menos. No sólo se aprende del dolor…

No sólo se vive de sueños, hay que tocar realidades, entrar en ellas. No sólo se pierde, también se busca. No sólo se anhela y desea, también a ratos se posee, aunque sea a medias.

No todo lo bueno se toca. No todo lo que no se toca es bueno. Mejor mil besos que mil heridas, aunque mejor una herida auténtica que mil besos falsos… Mejor una verdad cruda que cien mentiras piadosas. Mejor un invierno frío que una primavera fingida. Lo que duele no siempre es malo, al final. Lo que parece ser bueno, no siempre te conduce a donde quieres llegar. Lo hermoso no siempre está hueco. Lo vacío y sin fondo no siempre es precioso por fuera. Porque no hay belleza si no hay fondo. Porque el fondo si es bueno también es bello.

No se puede vivir de pan sin ilusión y tampoco se puede vivir de ilusión sin pan…. No se puede ganar sin fracasar. No se puede decir no, sin a veces decir sí. No se existe si un día no se muere. Y si no se vive, no se puede morir. A veces siempre es nunca y nunca es quizás. Todo es un juego constante, una carrera desesperada buscando términos medios y manteniendo un equilibrio imposible.

Cuando lloro, crezco. Cuando río, crezco, a veces incluso más. Al final, tengo que aprender a crecer sin más. Sin que importe lo que me rodea y acecha porque sólo tengo esta oportunidad. Porque puedo escoger como lo vivo, lo siento, lo recuerdo, lo asimilo.

La belleza y la bondad de todo lo que te rodea están en ti… Han estado en ti siempre.


16 comentarios

Deja que caiga


 

Deja que sueñe. Que me sumerja en mis atolondrados pensamientos siempre predispuestos a lo imposible, a lo desbocado, a lo volátil. Que me estrelle contra los más altos muros de la incomprensión ajena, que reciba el zarpazo de mil envidias sin sentido que no se atreven a imaginar como yo lo hago, que me rompa y recomponga como tantas veces antes… Que acabe en un rincón, exhausta de lucha, cubierta de cieno, con los ojos encarnados y esa mirada de loba que ya inventa la manera de volverlo a intentar.

Deja que ame. Que desee con tanta fuerza que mis pies apenas toquen el suelo y mis manos no noten más tacto que el tacto que persiguen. Deja que vuele imaginando que pasa lo que busco, que busco lo que pasa… Que el tiempo se detiene y todos los relojes marcan la hora de mi desnudez más absoluta, mi más desesperado juego de miradas, mis riendas sueltas y perdidas a cambio de una risa loca, una caricia absurda, un quejido casi franco.

Deja que llore. Deja que ahogue mis facciones y libere las paredes de mi conciencia revuelta. Deja que tenga mi necesaria pataleta… Que acumulo tanto llanto que arrastraría mis recuerdos más alegres al vacío y me congelaría las ganas inmensas de vivir que albergo intactas a pensar de los golpes y los encuentros con realidades muy crudas. Deja que me queje medio minuto y luego vuelva a la carga. Más serena, más imperfecta si cabe, más feroz y extraña.

Deja que pase lo que pase me absuelva a mi misma y me perdone los descuidos. Que mi plegaria sea tibia y mi condena ligera… Deja que te diga que sí, cuando sabes que no tengo propósito de enmienda, que soy alma dulce pero desatada, que prefiero el frío asfalto al algodón mullido si es a cambio de vida… Que no perdono ocasión porque la carcajada es corta y no veo el momento de consumir las emociones que se me agolpan en la garganta. Que busco más verdades que cuentos hermosos. Que a veces prefiero caer por confiar que andar de puntillas por la vida con cara agria… Sabes que no me encojo ni me achico, que no me rindo, que no me asusta encontrarme con mi cara después de cada fracaso y paso en falso. Sabes que no peso ni mido las caricias, que no quemo más allá de mis barreras, que no pongo etiquetas ni busco insignias ni glorias falsas. Que no tengo más ídolos que mis amores ni más credo que mis palabras.

Deja que suelte mis pasiones y rompa mis redes imaginarias. Que falle, que tropiece con mi falda y me cieguen mis lágrimas… Deja que salga de mí y camine un rato. Que encuentre donde terminan las arenas movedizas y plante mi destino. Deja que brille, aunque sea de ganas, de oído, de insistencia… Aunque mi risa a veces sea un poco forzada por el propio deseo de que llegue, por la necesidad de encontrarla. Por no perder la costumbre ni la querencia a la fantasía.

Deja que mi torpeza me arrastre. Que mis brazos sean alas. Deja que me calme y saque la angustia, que me quede un rincón para perder la cabeza y equivocar el paso. Que no me quede un pedazo de suelo por zapatear ni un hermoso sueño al que darle bocado… Deja que reine en mi metro cuadrado de selva y abdique de mis miedos más enraizados.

Deja que llueva en mi cabeza y salga en sol en mi cara. Deja que persiga mis sombras y encuentre mis retos. Que me entusiasme tanto que tome inercia y le dé la vuelta a mi mundo. Deja que pierda. Deja que caiga. Deja que sea esto que soy, sin más tregua que el puro cansancio ni más rendención que mi dura conciencia.


13 comentarios

Perdamos el tiempo un rato…


Se me acaban los sueños antes de saborearlos. Se termina el aroma antes de inspirar… Vamos tan rápido… Bombeamos sangre a toda prisa para vivir sin parar, para llegar a un lugar que aún no se ha construido, ni imaginado… Un lugar que no existe, donde esperamos descansar y detenernos a pensar. Darnos cuenta de que vivimos y sentirnos cada músculo de este cuerpo agotado de correr, de abalanzarse hacia un futuro que aún no está dibujado.

Pruebo bocado sin degustar. El agua cae sobre mí y siquiera puedo sentir si está caliente o tibia, no noto su deliciosa transparencia ni su efecto sobre mí. Porque mientras, pienso sin pensar. Ocupo mi mente. Tengo la cabeza ya en los diez minutos siguientes, en mañana, en pasado mañana. Ese informe. Ese encuentro pendiente que a veces no llega a celebrarse. Una reunión maratoniana. Una discusión pendiente. Tengo cada minuto de vida programado para no vivirla. Cada una de las facciones de mi rostro preparadas para la risa o la pena. Sé qué pensaré cuando pase. Sé cuánto dolerá o el gozo que provocará cada buena nueva en mis neuronas sobreocupadas por la estupidez y la falta de sueño. Mis pensamientos comprimidos sin margen para volar, mis ansias ajetreadas sin saber escoger de qué preocuparse. 

No queda espacio para el momento perdido. No hay un centímetro cuadrado en nosotros para la risa inesperada, el encuentro fortuito, la sorpresa que desencadena un cúmulo de acontecimientos que nos cambia la vida en dos minutos.

No queda margen para el cachondeo ni el verso. Para notarse las puntas de los dedos y darse cuenta de que te estalla la cabeza porque no para, no cesa su actividad esperando más actividad para conseguir llegar a un punto en el que poder descansar.

No hay momento para oír la música, sentir la marea, notar el sol en la cara y el efecto de la luna. No queda espacio para caer, para dar el mal paso que nos lleve a levantarnos con ganas. No queda ningún rincón para recapacitar como los niños y percatarnos de nuestras faltas y carencias. No hay roce intenso en las caricias. Los besos son apresurados, faltos de substancia. Besos sin beso. Caricias sin roce. Abrazos rápidos y sin alma. Despedidas sin conciencia. Saludos sin apenas gesto. No queda sitio para perderse. No queda lugar para propiciar casualidades mágicas, vacilarse a uno mismo y reírse de sus banalidades… Hacer el ridículo y superar la cuesta. No hay paciencia. No hay rebeldía ante ti ni ante nadie… No hay brizna de ilusión en esta fábrica de monotonía generada en nuestras cabezas.

Todo está determinado por la rutina. Por fronteras autoimpuestas y límites absurdos que nos coartan emociones nuevas, nos ocultan senderos interiores por los que llegar a conocernos… Motivos por los que amarnos y amar. No soñamos, almacenamos sueños. No deseamos, imaginamos que poseemos. Lo dejamos todo para más tarde, para un luego que no llega porque el tren pasa con retraso. Fingimos las alegrías como si fueran orgasmos. No llegamos al clímax de nada porque nada se retiene en nuestras pupilas suficiente tiempo como para notar que es casi nuestro. Pasamos de puntillas por la vida en lugar de bucearla.

No queda espacio para la poesía, vivimos sujetos a una permanente prosa… Con palabras repetidas, frases conocidas, comas incrustadas… Puntos y seguido eternos y demoledores.

Si pudiera parar. Existir solamente por existir… Respirar por notar que respiro… Recordar por qué estoy donde estoy y preguntarme si aún me importa o conmueve… Si aún me motiva.

Vivimos casi sin vivir esperando tomar ventaja conseguir llegar a la meta y vivir sin tener que apurar, sin lamentarnos. Esa meta no existe. La vida es hoy. Ahora. Es presente. Es el abrir y cerrar de ojos y la bocanada de aire que te entra en los pulmones en este instante… El sabor del café y el calor de este instante compartido… Esta frase corta. Este momento que se escapa por el desagüe de nuestra vida en el sentido de las agujas de reloj. La perplejidad al pensarlo… La punzada al asumirlo. Ya está perdido.

Y no nos damos cuenta… Nos precipitamos hacia nosotros mismos. No nos dejamos espacio para intentar y sucumbir. Para perder, para fracasar, para luchar. No hay margen para el asombro ni el desliz. No hay margen para la vida, ni el disparate… No hay espacio para la risa tonta y la mirada insinuante. No queda lugar para la utopía. Hay que alimentar al pensamiento flojo y silvestre… Hay que permitirse perder el tiempo un rato.