merceroura

la rebelión de las palabras


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Gracias tristeza


FORTO PORTADA FACEBBOK

Foto : Mercè Roura

Podría decir que cumplo absolutamente todo lo que predico, pero mentiría… Aunque lo intento siempre, pero a menudo es complicado y no supero la prueba que pone la vida ante mí. Esa mirada que lanzamos al interior no siempre es tan compasiva como merecemos y tampoco no siempre decidimos aceptar nuestros errores y salimos a la calle buscando culpables y siempre los encontramos. Aunque en realidad sabemos que no son reales…

Yo lo he hecho también… A pesar de que hace un siglo desterré de mi vida la palabra culpa y la substituí por otra que me parece maravillosa, responsabilidad… Sin embargo, lo admito, a veces me dejo llevar por la angustia y por esa sensación tan mía de injusticia y desasosiego y culpo. Dura unos minutos mi gran tragedia, primero culpo al mundo y luego a mí. Todo lo que he estudiado, leído y aprendido a base de errores y de toparme contra mis muros no me priva de caer, pero sí me priva de estarme en el suelo más tiempo del necesario como para darme cuenta de que mi lugar es otro y de que levantarme o no depende de mí. En la vida cuando vas aprendiendo no dejas de equivocarte, por fortuna, en realidad, sólo dejas de atrincherarte en el error. Cuánto más viajas hacia ti mismo, menos dependes del orgullo y de la necesidad de tener siempre la  razón y más de la compasión y la paz.

Me dejo llevar por las emociones, benditas sean todas, las que nos hunden en el lodo y las que nos dan ánimos para salir de él. La tristeza me llevó a comprender y a amar tanto la risa que me enganché a la vida… Gracias a la rabia he escrito libros y me he abierto en palabras… Gracias a la ira me he levantado mil veces… Todas ellas son magia pura, sólo es necesario comprender qué nos dicen de nosotros, por qué están ahí, qué significan, qué nos impiden, qué enmascaran, qué miedo ocultan… Y una vez descubierto, dar gracias y soltar.

Gracias tristeza porque me has dado la alegría de reconocerme y aceptarme. Porque tus espinas, me han ayudado a descubrir mis alas…

Gracias miedo porque me indicaste hacia dónde ir y qué asumir.

Gracias ira porque sin ti no hubiera encontrado mi coherencia y la energía necesaria para ejercer de mí.

No siempre cumplo mis normas y no es necesario. Tengo derecho a equivocarme y poner en tela de juicio todo lo que hasta ahora creo que me define… No siempre hago lo que digo que debería, pero eso también me hace falta para volver a caer una vez más y saber que me puedo permitir unos errores que son un material muy valioso para seguir.

No siempre soy coherente, pero me bastan cinco minutos de incoherencia para recordar quién soy. No siempre acierto, pero sin mis desatinos nunca hubiera encontrado el camino.  Y si no me doy cuenta, la vida que es sabia y maravillosa, además de una madre siempre oportuna y  siempre me pone delante algo con qué topar o alguien a quién culpar por mi dolor hasta descubrir que es mi reflejo. Benditos los muros con los que topamos porque sin las heridas que nos hacemos intentando derribarlos jamás aprenderíamos que nunca caerán, porque están ahí para saltarlos y rodearlos… Benditos los recuerdos que nos machacan la memoria y nos llenan de resentimiento porque a base de tanto volver a ellos y sufrir nos daremos cuenta de que merecemos mirar adelante y vivir este momento.

Bienvenida la ola que se lleva el tenderete de orgullo que tenemos montado porque también arrastra el miedo a la propia desnudez, al rechazo y al tener siempre que parecer algo que no somos.

A menudo, me asalta un miedo atroz a no poder seguir pero luego recuerdo que hace tiempo me quité la máscara de persona que nunca fracasa y me veo obligada a continuar…

A menudo agarro de nuevo la culpa, toda entera, la mía y la de toda la humanidad y me la cuelgo de cuello o me la cargo en la espalda o la meto en un carro y empiezo a empujar… Gracias culpa porque el arrastrarte cinco minutos me recuerda siempre que hace tiempo que me decanté por la responsabilidad de ser yo misma y te dejé marchar…

Gracias incertidumbre porque sin tu angustia y mi desespero nunca habría sido capaz de encontrar mi camino…

Abrazar la coherencia supone asumir un precio muy alto con uno mismo, un compromiso gigante, pero el premio es inmenso.

 

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Adoro


AMARILLO CHICA

Vengo repleta de ilusiones rotas, pero con ganas de emociones nuevas. Llena de deseos inflamables y con mil carpetas por abrir bajo la leyenda “urgencia”.

Adoro mis impertinencias, porque algunas de ellas me han llevado a cumbres altas desde donde he podido ver mi pequeñez y mi grandeza…

Vengo hambrienta… Vengo viva y esférica, rotunda y deshilachada.

Vengo con los cabellos revueltos y los ojos repletos de lágrimas. No llevo puesta la armadura ni el sombrero, nada me cubre de nada.

Adoro mis complejos, porque para superarlos conseguí algunos retos que creía imposibles…

Tengo terciopelo en las garras y me he arrancado las espinas. Quiero sin normas, ni fisuras. Quiero para querer no para vencer, gano para compartir y no para llegar a la cima si en la cima no me esperan ni caricias ni palabras…

Vengo con las pupilas ansiosas de contemplar belleza, aunque esté oculta bajo una capa de indiferencia y tenga, a veces, un sabor amargo.

Adoro mis cicatrices porque hablan de todas mis batallas…

Por las veces que he perdido y me he levantado zurcida y remendada, vengo con las manos abiertas y temblorosas. Con las risas cosidas por si se me escapan…

Traigo tantas heridas y jirones que cuando estoy a contraluz, el sol traspasa mi cuerpo pequeño y poco denso y se ven mis penas a través de los cristales de mis ventanas … Se dibuja en una sombra mi cuerpo de cometa que busca un sol cercano en el que acurrucarse a ver pasar los días y sobrellevar las mareas…

Adoro mis sueños porque mueven mis días y apaciguan mis entrañas inquietas…

Traigo los recuerdos tan revueltos que ya no sé si son míos o los tomé prestados para imaginar haber tenido una vida más intensa o los desdibujé para que dejaran de arañarme la garganta…

Almaceno besos en cada pliegue, en cada rincón donde mi alma cobija desvelos y escarcha.

Adoro mis miedos, porque me obligan a salir de la concha y desnudan mi magia… Porque me sacan del quicio de mi vida plácida y me obligan a caminar por el lado áspero de mis pensamientos.

Ahora huelo a flor común y hierba mojada, al aderezo de una noche triste y al pan recién hecho de esta mañana.

Vengo con unos zapatos rojos que toman impulso solos y un abrigo que no calienta demasiado cuando la noche es cerrada y el dolor aprieta, pero que esboza mi alma.

Adoro esos zapatos porque me llevan a un destino que se escribe a cada paso y nunca sé si todo empieza o acaba…

Camino lento, con paso firme, por si a mi lado pasa un genio con tres deseos y se me escapa. Camino lento por si el viento trae algo más que arena fina o paso por el lugar más hermoso del mundo y me pilla con los ojos cerrados…

No vengo siguiendo los pasos de nadie, porque prefiero los míos sin atino a los de otros con una gracia que no sea mi gracia.

Adoro mis errores porque de ellos cuelgan algunas de mis medallas…

Vengo con un millón de pensamientos acumulados en una cabeza atormentada por todas la preguntas aún sin respuesta…

Adoro mis palabras porque dibujan otros mundos y, a veces, traen esperanza…

Traigo tormenta y marea baja, para que queden al descubierto todos los secretos, para que el mundo vea que nada oculto cuando muestro mis entrañas en cada palabra…

Traigo palabras y las encadeno a mis labios y a mis manos para que lleguen a tus oídos flojos y sepas que voy a quedarme.

Adoro mis torpezas porque me recuerdan que soy humana.

Vengo dispuesta a echar raíces. Vengo sembrada de sueños y ávida de alegrías…

Adoro mi temperamento de fuego y mi carácter apasionado, porque el trecho es largo y hace falta apetito para comerse la vida y asumir el riesgo de atragantarse en cada paso…

Porque yo sólo junto palabras, no sé más…