merceroura

la rebelión de las palabras


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Para qué


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No me sirve cualquier sueño, pero sobre todo no me sirve cualquier camino. La forma de llegar a lo que amamos y deseamos marca la gran diferencia en nuestras vidas y poco a poco, cuando creces por dentro, te das cuenta de que es el verdadero premio… El sueño está en el detalle, en el pequeño paso, en el día a día, en lo que conviertes en rutina en tu vida, en lo que te atreves a cuestionar y decidir. El sueño se empieza a conseguir el día que te das cuenta de que lo que importa es cómo llegas a él y decides apostar por tu coherencia. 

Puedo no llegar a la meta pero, no puedo permitirme no saber encontrar la paz cuando me dé cuenta de que no la alcanzo, ni fallar en esto de sobrellevar la pena de no cumplir planes, ni acabar listas de objetivos.

Aunque puedo tardar un día o dos, tres años o un siglo en hacerme a la idea de que a pesar de que nada es imposible no todo pasa, no todo llega y a veces en eso hay cierto sentido. A veces, el premio principal de tu vida es lograr encajar las derrotas y convertirlas en éxito. Conseguir la actitud de un ganador mientras asumes que no llegas a la meta o que no llegas primero… Una vez consigues eso, esa magia, nada se resiste. Porque te has transformado…

A veces, las cosas que deseas no suceden. O al menos eso nos parece… Tal vez porque no se ve qué es lo que estás dibujando con los tumbos que das a cada paso, hasta que has dado los suficientes como para poder tomar perspectiva. Hasta que te levantas de ti mismo y te miras desde el aire y ves que no caminabas en círculo sino que dibujabas en la tierra tu firma, que dejabas tu huella sin saber para quién… A veces, no estás en el camino que deseas pero descubres que eres útil en él para muchas personas y sabes que es en realidad tu camino… Porque estás haciendo en él lo que soñabas hacer en otro y no te has dado cuenta de que no importa cómo sino para qué

La vida nos moldea y a veces nos pone en nuestro sitio. Nos recuerda que fallar es necesario y que cada error es un maestro para dar el siguiente paso… Un paso que a menudo puede cambiar de sentido, de rumbo, desaparecer o hacerse tan pequeño que parece que no avanzas nada, que no pasa nada en tu vida porque no te mueves…

Echar tus raíces lleva tiempo. Uno tiene que escoger a qué tierra pertenece, en qué mundo vive, a qué cielo aspira, qué le sacude y le conmueve. Tiene que conocer todos sus recovecos oscuros y haber encontrado todas sus aristas más cortantes antes de que los primeros brotes se abran paso a través de la tierra y vean la luz.

Echar raíces requiere tanta paciencia que los impacientes a veces se cansan.

Requiere tanto entusiasmo, que los entusiastas a veces se agotan y se quedan dormidos.

Requiere tanto trabajo, que los más trabajadores a veces abandonan porque se sienten desnudos y vacíos, porque acaban creyendo que cae en saco roto.

Echar raíces a veces te deja tan roto que no recuerdas qué estabas haciendo ni para qué. Y al final, sólo llegan los que resisten, los que aguantan no saben cómo, los que se empeñan de verdad .

A veces, los que llegan lo han soportado todo porque a medio camino decidieron que lo que importaba no eran precisamente las hojas sino las raíces. Porque se dieron cuenta de que el trabajo de mirar hacia dentro para conocerse y aceptar todo lo que allí encontraban era tan valioso que la verdadera cosecha era crecer hacia abajo, hacia la tierra… Crecer por dentro y sentirse sólido y a la vez ligero. Soltar la carga de tener que llegar a nada en concreto… Agradecer el poder respirar, el sentir, el tocar, el acariciar este día sin que este día tenga que ser tasado, valorado, recordado, sin que se tenga que asignar a nada una nota, un número de cuenta, un valor añadido…

No es lo que hacemos, es para qué lo hacemos.  

A veces, el que llega es el que está en sí mismo y no el que produce sin saber para qué. El sentido que le damos a nuestros logros lo cambia todo. No somos máquinas de producir, somos seres humanos que necesitan darle sentido a lo que hacen. Nuestro “para qué” es tan importante que a veces no conseguimos lo que soñamos porque no lo tenemos claro o porque lo hemos confundido. Si queremos llegar para demostrar, no llegamos jamás porque el que necesita ir dando lecciones al mundo nunca habrá dado las suficientes… El que va llenando huecos ahí afuera para ser admirado y compensar con ello el amor que no siente por él mismo, nunca recibirá suficientes halagos… El que está en el camino porque ama el camino y desea la meta para seguir amando y compartir, ya tiene su recompensa en cada milímetro que avanza. 

Las metas importan pero, al final, a medio recorrido podemos descubrir que las que estamos anhelando no son las verdaderas sino las que pensábamos que era nuestras pero eran de otros… Que nos hemos puesto retos asequibles y en realidad aspiramos a más, pero nos conformábamos porque no creemos merecer de verdad… O por el contrario que nos elevamos tanto el listón que en el fondo nos estábamos castigando, nos hacíamos subir una montaña muy alta para demostrar que nada nos frenaba y asegurarnos sufrir durante el ascenso… Lo que importa de verdad es cómo llegamos y nuestra forma de aceptar la derrota, el cambio de rumbo, el desatino y el error.

Lo que importa es la sonrisa, el abrazo, el aliento que nos queda para que al día siguiente sigamos dando la lata con algo hermoso que conquistar…

Sin perdernos cada momento, cada detalle, cada pequeño gesto de la vida….

No podemos decir sí a todos los caminos para llegar porque algunos nos piden dejar el alma antes del último ascenso y eso nos convertiría en huérfanos de nosotros mismos.

Lo que importa está en nosotros y pasa por sacudirse la angustia y caminar. Si el camino a tu sueño no pasa a través de ti ni te pide que saques tus penas al sol, no es el camino que buscas… 

No me sirve cualquier camino, porque el sentido de andarlo es llegar a mí mientras recorro todos mis miedos y mis rarezas y suelto todas las necesidades que me inventé para soportarlos. No importa cómo, ni dónde, ni a quién… Sólo para qué.

No importan las hojas, lo que importa son las raíces… 

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Gracias tristeza


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Foto : Mercè Roura

Podría decir que cumplo absolutamente todo lo que predico, pero mentiría… Aunque lo intento siempre, pero a menudo es complicado y no supero la prueba que pone la vida ante mí. Esa mirada que lanzamos al interior no siempre es tan compasiva como merecemos y tampoco no siempre decidimos aceptar nuestros errores y salimos a la calle buscando culpables y siempre los encontramos. Aunque en realidad sabemos que no son reales…

Yo lo he hecho también… A pesar de que hace un siglo desterré de mi vida la palabra culpa y la substituí por otra que me parece maravillosa, responsabilidad… Sin embargo, lo admito, a veces me dejo llevar por la angustia y por esa sensación tan mía de injusticia y desasosiego y culpo. Dura unos minutos mi gran tragedia, primero culpo al mundo y luego a mí. Todo lo que he estudiado, leído y aprendido a base de errores y de toparme contra mis muros no me priva de caer, pero sí me priva de estarme en el suelo más tiempo del necesario como para darme cuenta de que mi lugar es otro y de que levantarme o no depende de mí. En la vida cuando vas aprendiendo no dejas de equivocarte, por fortuna, en realidad, sólo dejas de atrincherarte en el error. Cuánto más viajas hacia ti mismo, menos dependes del orgullo y de la necesidad de tener siempre la  razón y más de la compasión y la paz.

Me dejo llevar por las emociones, benditas sean todas, las que nos hunden en el lodo y las que nos dan ánimos para salir de él. La tristeza me llevó a comprender y a amar tanto la risa que me enganché a la vida… Gracias a la rabia he escrito libros y me he abierto en palabras… Gracias a la ira me he levantado mil veces… Todas ellas son magia pura, sólo es necesario comprender qué nos dicen de nosotros, por qué están ahí, qué significan, qué nos impiden, qué enmascaran, qué miedo ocultan… Y una vez descubierto, dar gracias y soltar.

Gracias tristeza porque me has dado la alegría de reconocerme y aceptarme. Porque tus espinas, me han ayudado a descubrir mis alas…

Gracias miedo porque me indicaste hacia dónde ir y qué asumir.

Gracias ira porque sin ti no hubiera encontrado mi coherencia y la energía necesaria para ejercer de mí.

No siempre cumplo mis normas y no es necesario. Tengo derecho a equivocarme y poner en tela de juicio todo lo que hasta ahora creo que me define… No siempre hago lo que digo que debería, pero eso también me hace falta para volver a caer una vez más y saber que me puedo permitir unos errores que son un material muy valioso para seguir.

No siempre soy coherente, pero me bastan cinco minutos de incoherencia para recordar quién soy. No siempre acierto, pero sin mis desatinos nunca hubiera encontrado el camino.  Y si no me doy cuenta, la vida que es sabia y maravillosa, además de una madre siempre oportuna y  siempre me pone delante algo con qué topar o alguien a quién culpar por mi dolor hasta descubrir que es mi reflejo. Benditos los muros con los que topamos porque sin las heridas que nos hacemos intentando derribarlos jamás aprenderíamos que nunca caerán, porque están ahí para saltarlos y rodearlos… Benditos los recuerdos que nos machacan la memoria y nos llenan de resentimiento porque a base de tanto volver a ellos y sufrir nos daremos cuenta de que merecemos mirar adelante y vivir este momento.

Bienvenida la ola que se lleva el tenderete de orgullo que tenemos montado porque también arrastra el miedo a la propia desnudez, al rechazo y al tener siempre que parecer algo que no somos.

A menudo, me asalta un miedo atroz a no poder seguir pero luego recuerdo que hace tiempo me quité la máscara de persona que nunca fracasa y me veo obligada a continuar…

A menudo agarro de nuevo la culpa, toda entera, la mía y la de toda la humanidad y me la cuelgo de cuello o me la cargo en la espalda o la meto en un carro y empiezo a empujar… Gracias culpa porque el arrastrarte cinco minutos me recuerda siempre que hace tiempo que me decanté por la responsabilidad de ser yo misma y te dejé marchar…

Gracias incertidumbre porque sin tu angustia y mi desespero nunca habría sido capaz de encontrar mi camino…

Abrazar la coherencia supone asumir un precio muy alto con uno mismo, un compromiso gigante, pero el premio es inmenso.

 


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El maestro


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A veces, el maestro también se pierde en sus lamentos y equivoca el camino…

El maestro que va por la vida predicando que las personas deben callar un rato y escuchar, perderse entre las calles y quedarse embobados mirando la belleza de lo que les rodea, a veces está tan ocupado predicando que no se encuentra a sí mismo… Que no busca tiempo para mecerse en su sombra al sol un rato y ver que en los geranios de su casa hay tallos nuevos y flores todavía más rojas…

Su necesidad obsesiva por compartir con el mundo el mensaje que ha descubierto, como si le hubiera sido entregado como un regalo, como un sueño, como esa misión que todos tenemos en la vida, hace que se pierda entre palabras… Porque las palabras son magia pura si sabes usarlas, habitarlas, vivir en ellas y actuar según las emociones que en ti suscitan…. Si después de recitarlas y sentirlas la próxima vez que dudas decides apostar por ti porque leíste que podías, porque alguien te recordó que merece la pena el riesgo y viste claro que aquello que te decía era bueno para ti…

A veces, el sueño del maestro es, a pesar de que predica lo contrario, salvar al mundo. Habla de que todos somos responsables de nuestras vidas, que el cambio que esperamos empieza por nosotros mismos, que la gran lucha es la paz, que el amor nos va curar de todo (empezando por el amor a uno mismo). Nos pide que aceptemos la vida y aceptemos a los demás tal y como son pero incumple dicha lección cuando obsesionado por salvarnos y compartir sus enseñanzas, insiste y se fatiga y no tiene momento para aceptar que todavía no estamos preparados ni hemos llegado a ese momento en el que podremos aceptar…. Y no se deja margen para él, porque cuando no acepta que no queremos su mensaje, no nos acepta a nosotros y se ve como un fracaso… Y no se ama como se debe amar a sí mismo y no se perdona ni comprende. Hasta que se da cuenta de que se ha perdido y vuelve a su camino, a su mensaje y abraza su frustración para aprender algo nuevo. 

El maestro no sólo debe haber leído libros y acumulado títulos. Debe haber acumulado experiencias y embestidas de la vida, debe haber fracasado ante en todo aquello que predica para comprender cómo sus alumnos se equivocan y tropiezan con todas y cada una de las lecciones que les predica…

Debe ser maestro en errores, en miedos, en haber estado días, semanas, siglos intentando algo del modo erróneo hasta descubrir que en realidad era muy fácil y tenía la respuesta delante y no era capaz de verla… Porque el principal error que comentemos siempre es el de percepción…

El maestro llora y aprende cada día de cada uno de sus alumnos y es a su vez alumno de cada uno de ellos y de otros maestros que se cruzan en su camino…

El maestro tiene que abrir su mente para que durante el camino le lleguen nuevas ideas y aprendizajes que le harán cambiar sus lecciones y su discurso, a veces tanto, que debe tirar sus apuntes… Y no esperar nada de nadie, nada concreto, porque así dejará que la vida le traiga nuevas sorpresas que podrá recibir sin creencias que le limiten y le hagan juzgar lo que pasa y no pierda así la oportunidad de ver la belleza en lo inesperado…

El maestro no puede querer salvar al alumno, debe guiarle para que sea él quién se salva a sí mismo. No lo lleva de la mano, le enseña cómo volar…

El maestro comparte desde la libertad y debe aceptar que sus alumnos decidan no aprender. Asume vivir cada día y cada lección como si fuera la primera vez que la cuenta, que la comparte, con el entusiasmo de un niño, la pasión de alguien que ama lo que hace y lo vive a cada instante y generosidad de alguien que ha descubierto que es más feliz cuando da que cuando recibe y que siempre acaba recibiendo más de lo que aporta si lo hace con ganas.

El maestro es a veces el que más se salta las normas e inventa unas normas nuevas, el más loco, el más rebelde, el que más cuestiona todo lo que nos rodea y nos invita a hacernos preguntas cada día para que sepamos si todavía pensamos lo mismo… Si a la luz de nuestro crecimiento interior, algo de lo que creíamos que era sagrado resulta que ahora vemos que se tambalea o nos parece absurdo…

El maestro tiene miedo también y duda, duda mucho… Cuánto más sabe más duda porque sabe que le queda mucho por aprender y está ansioso por ello, aunque ya sabe que el mejor aliado del que busca es la paciencia infinita y la certeza absoluta de que la incertidumbre es su compañera más leal…

Y sabe que esta puede ser la vencida… Que el tiempo es finito y la vida es un soplo que vale la pena notar y abrazar. El maestro sabe que a menudo para ganar algo mejor hay que perder la partida, la razón, abandonar la pelea y la disputa y quedarse con la paz de no tener que vencer ni demostrar… El maestro nunca se hace viejo, cada día es más joven, más niño o más niña y mira al mundo con ojos más inocentes y más nuevos… Mira y se da cuenta de que desconoce, que no sabe a pesar de todo porque siempre le queda por aprender.

El maestro a veces tiene que retirarse a dejar de pensar un rato para vaciarse de pensamientos gastados y corruptos y dedicarse a percibir… Quedarse callado y conectarse a sí mismo para saber que todavía vive en ese estado de equilibro que todo lo hace más fácil y que no ha perdido el mayor de los tesoros…. Su coherencia…


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Mi lista de miedos


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Esta vez lo voy a hacer de otro modo… Ya basta de listas de retos y deseos… Vamos a ser sinceros, lo que realmente te cambia la vida es hurgar en ti y encontrar aquello que te callas, aquello que te asusta y que escondes del mundo porque te avergüenza, lo que sigue arañándote y llevas prendido en ti esperando a que busques una solución… Este año mi lista de propósitos será una lista de miedos, de temas pendientes de afrontar, de las verdaderas heridas que tengo por cicatrizar… Una lista de todas las cosas de las que hace tiempo que huyo y me resisto a mirar a los ojos. 

¿Qué sentido tiene adelgazar siete kilos si dentro de ti sigues sintiéndote indigno de amor? ¿Para qué hacer una carrera y entrenarnos para ganarla si lo hacemos para demostrar que merecemos medallas y no para superarnos y disfrutar cada momento? ¿Qué gracia tiene ir al gimnasio si lo haces porque crees que debes y no te hace feliz? ¿No sería mejor ir sin expectativas e intentar disfrutar de la experiencia? ¿No nos estamos engañando con nuestra lista de deseos cada año? Lo digo porque esos deseos están genial y os animo a llevarlos a cabo pero no se mantendrán en el tiempo si no somos capaces de curar la herida que hay detrás de ellos… Si no vamos más allá y comprendemos qué miedo están ocultando… ¿Y si buscamos la esencia de lo que nos paraliza e impide avanzar? ¿Y si nos hablamos claro a nosotros mismos? 

Voy en serio conmigo,  me comprometo con mi felicidad y mi paz interior… ¿Vas en serio contigo o eres una aventura pasajera?

Es cierto, cuando cambias tu exterior o tu entorno eso supone una motivación, un empujón para tu autoestima, un primer paso… Eso es maravilloso, el caso es que no se puede quedar ahí, al menos, no podemos fingir que el problema está solucionado porque no es cierto… Si marchándote no afrontas por qué te vas, estás huyendo… Si quedándote no aceptas lo que hay y no cambias tu forma de vivirlo, estás resignándote… Podemos dejar una adicción, eso es necesario sin duda, pero tenemos que comprender qué nos lleva a ella y qué vacío está tapando, de lo contrario, volveremos a ella o la cambiaremos por otra… Cuántas veces cambiamos de pareja y la siguiente nos sigue haciendo lo mismo… Lo trucos no sirven, hay que ir en serio con uno mismo, porque si no, eso nos llevará a repetir la situación una y otra vez hasta darnos cuenta de que no estamos afrontando la situación real sino que nos andamos por las ramas.

Lo digo porque eso sería como maquillar la imagen que ves de ti mismo en el espejo y creer que eso ya nos hará ser más guapos, o mejor dicho, sentirnos más guapos porque lo que cuenta es lo que sientes que eres y en todo ser humano hay belleza, está esperando a ser rescatada por nuestra autoestima y el respeto… Lo digo porque yo me he pasado la vida maquillando el espejo en lugar de aprender a amarme y respetarme.

Gastamos mucho dinero con productos (me parecen válidos) para sentirnos mejor, para parecer más delgados, más altos, más firmes, más felices, más sabios… Buscamos respuestas en los libros, en las revistas, en los gurús (me parece genial, yo escribo libros, no tengo nada en contra) pero lo que cuenta es lo que interiorizamos y estamos dispuestos a hacer para nosotros… Nuestro compromiso con nuestras ganas de cambiar y transformar nuestra vida… Las acciones y renuncias que somos capaces de llevar a cabo para dar un vuelco a nuestra vida de verdad… Muchas de ellas, ni siquiera requieren movimiento, sólo pararse a sentir y aprender a pensar, decir no a lo que no nos llena, vivir desde la consciencia… Haciendo incluso lo mismo que antes pero desde la comprensión, sin el piloto automático… Cambiar nuestro mundo interior y estar en paz, dejar de traicionarnos, y eso de forma inevitable se verá reflejado en nuestro vida… Podemos ayudarnos de lo que queramos, libro, cremas, cursos… Lo que importa es que nos lleguen dentro, que aprovechemos lo que nos ofrecen para transformar nuestra forma de vivir… Sino, todo lo gastado es como si se lanzara a una especie de vertedero de ilusiones perdidas. No porque lo que compremos no sea válido, sino porque pretendemos que sea la solución cuando si lo usamos como tapadera se convierte en parte del problema… Con ello no digo que no compremos lo que queramos para estar más cómodos o sentirnos más guapos, al contrario, pero que eso no se convierta en un parche sino en un estímulo para curar la herida que ese problema pone en evidencia… Si te amas, amarás tus arruguitas, tus kilos de más o tus kilos de menos… Si no te amas, nunca serás perfecto y siempre estarás peleando contigo y con la vida para conseguir algo que ya tienes, que ya está en ti, que es cuestión de un trabajo interior… A base de conocerse, comprometerse contigo y si es necesario acudir a un buen profesional que te oriente.

Esto va de ser muy sinceros con nosotros mismos y dejar de hacernos trampa… Va de decirnos la verdad, aunque duela y moleste, cuánto más molesta, más necesario es decírnosla y escucharnos… Somos un todo, cuerpo, mente, emociones, alma… Lo que afecta a una de nuestras facetas afecta a todas ellas y debe curarse en todas… Dejar de sentir que no vales nada, dejar de decir que no vales nada, dejar de pensar que no vales nada… Y en consecuencia, tratarte como lo valioso que eres… Encontrar tu coherencia.

El caso es que este año que está apunto de empezar, he decidido dejarme de listas de retos e ir a por todas… Voy a hacerme una lista de miedos. Una lista de fantasmas… De cosas y situaciones de las que huyo para salir a encontrarme con ellas… Una a una, sin prisa pero sin hacerme la remolona. Tomando conciencia de cada una de ellas… Notando y comprendiendo de dónde vienen y qué han supuesto y suponen en mi vida… De lo que me he privado por no abordar esos miedos antes, de lo que me alejan y a lo que me acercan… De las máscaras que me he puesto para soportarlos y esconderlos… De qué emociones liberan en mí… Rabia, tristeza, vergüenza, asco… Apuesto a que la primera es la que predomina en mí pero voy a dejar que me sorprendan… Voy a hacer arqueología de mis emociones para ver a dónde me llevan . Voy a ver dónde noto mis pensamientos, qué me duele cuando me niego a mí misma o me digo esas cosas que no merezco oír… Voy a perdonarme por no haber hecho mi lista hasta ahora y darme cuenta de que no pasa nada, que todo llega a su tiempo… Que he hecho lo necesario y que ya no voy a dejarlo más… Merezco superar mi lista y luego, si al quitar esa capa, soy capaz de ver que hay más, ir a por otras…

Y no se trata de hacer una lista facilona, se trata de una verdadera lista que ahonde en ti y que te confronte con tu realidad, que toque de pies en el suelo y te haga saltar las costuras… Reconociendo tus verdaderos miedos para enfrentarte a ellos y hacer que de una vez por todas dejen de perturbarte y dirigir tu vida…

Para hacer visible lo invisible que está ahí, dentro de nosotros, dando la lata y doliendo un horror…

Para hacer consciente lo inconsciente y dejar salir la presión, la angustia y reconocerte a ti mismo que puedes y que ya basta de ocultarte cosas y fingir…

Para reconciliarte contigo y con todas tus partes y convertir tus debilidades (nunca lo fueron) en fortalezas y retos. Para dejar de mentirte y de traicionarte a ti mismo, como si mercadearas con tu vida. Para asumir la responsabilidad de vivir tu propia vida y dejar esquivar tus conflictos pendientes.

Esto es un ejercicio de honestidad y honradez, de reconocer y reconocerse, de encontrar la verdad que subyace en cada gesto, en cada momento, en cada hábito o costumbre para comprenderse y aceptar… No me voy a quedar en la superficie de retos que lo que hacen es poner una capa de pintura a mis verdaderos miedos para taparlos ni voy a dejar que mis monstruos sigan viviendo en el armario o bajo la cama… Ya basta de dormir con la luz encendida por si acaso, es la hora de dejar de temerle a la oscuridad… Y mientras tanto, podemos hacer todo lo que nuestra otra lista (la ordinaria, la de retos) nos sugiera porque seguro que nos ayuda…

Esta lista nos hará libres porque podremos abrazar nuestra oscuridad y descubrir que en realidad era sólo una puerta que abrir para tomar impulso, que lo peor que creemos que hay en nosotros es lo que nos va a cambiar la vida…

Ya la tengo hecha, mi lista de miedos es larga, no hay prisa pero hay compromiso… El compromiso que todos nos debemos a nosotros mismos… Esto no va de puntuar o conseguir méritos ni premios, ni siquiera va de ser mejores o tener éxito, va de ser libres y eso ya nos hará sentir que hemos llegado a la cima… Y en la cima hay paz y equilibrio.

Este año no quiero quedarme en la superficie… 


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Ejerce de ti mismo


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Es curioso como cuando crees que has dado un paso de gigante, la vida te demuestra que todavía no sabes nada… Que todo lo andado es aún un corto trecho comparado con lo que te falta…Y entonces, debes parar para darte cuenta de muchas cosas que no ves porque estás empeñado en tomar velocidad y llegar antes… Cuánto más te apuras, más lento va todo… La velocidad de los cambios en tu vida es inversamente proporcional a tu desesperación, tu necesidad y tu impaciencia…

Estamos en un momento en el que se valora poco la pausa, porque todo va muy deprisa y nos sentimos increpados para actuar, sea como sea. Sin embargo, hay ocasiones en las que si no paras y tomas conciencia, es como si deshicieras el camino andado y te perdieras a ti mismo. No sólo importa el para qué haces las cosas sino desde dónde las haces… Si te interesa sólo llegar o qué estás dispuesto a dejar por el camino.

Llevo días dando vueltas a todo lo aprendido y buscando la pieza del rompecabezas que me falta… La que soy capaz de descubrir hoy y ahora y que ayer no veía porque no sabía lo suficiente para verlo… A veces, en cuestión de horas ves la luz que antes estaba oculta. Me faltan aún muchas más piezas, puede que incluso tenga que pasar pantalla y cambiar de rompecabezas. Eso pasa, en este camino de autoconocimiento, cuando llegas a lo que creías que era la cima, descubres que era solo en campo base y que antes de poder subir, tienes que bajar mucho todavía a un inframundo donde nada es lo que parece.

Ahí dentro, a plena consciencia, hay instalado una especie de juego de espejos donde lo pequeño se deforma y parece enorme y lo grande se distorsiona hasta rodearte y casi desaparecer. Algunas sensaciones te envuelven tanto que empiezas a vivir en ellas y te olvidas de que están allí, pendientes de sentir y entender. Como si al meterte en el bosque olvidaras a dónde quieres llegar porque te quedas sumido entre la maleza… Como si creyeras que eres el bosque y siempre has estado ahí.

El caso es que he topado con mi falta de coherenciaCasi me duele al escribirlo, lo admito, pero creo que la única forma de superarlo y continuar es admitir y aceptar… ¿Cómo no lo he visto antes? tal vez porque he vivido inmersa en ella, nadando en ella, creyendo que lo habitual es sueño, confundiendo la comodidad con la felicidad. Analizándolo todo desde la razón sin recordar que esto va más de sentir que de pensar.

Con la sensación de que empecé este camino para ser feliz y en algún momento me lié un poco  y ahora sufro por no llegar a una meta que no es mi meta. A menudo, tomamos metas prestadas y soñadas por otros porque no confiamos en las nuestras, pero no porque no sean válidas sino porque no nos valoramos a nosotros mismos.

Somos muy incoherentes y ni siquiera nos damos cuenta porque nos pasamos gran parte del día sin ser auténticos. Hemos interiorizado tantas rutinas y hábitos que ponemos el piloto automático para poder centrarnos en lo que creemos es importante o en lo que más nos preocupa. A veces, lo que más nos angustia no existe más que en nuestra mente y puede que no llegue a pasar nunca, pero nos gusta imaginar que pasa porque así nos ponemos la zancadilla a nosotros mismos… Crees que ya sabes mucho sobre ti y te sorprendes poniéndote saboteándote y  entrando en un bucle de pensamientos absurdos y lúgubres…

Hacemos un trabajo intenso para conocernos y repasamos cada detalle pasando por alto todo eso que hacemos de forma inconsciente y que constituye un alto porcentaje de vida diaria, casi un 90 por ciento…Vivimos fuera de nosotros y dejamos que la rutina decida a donde vamos… Dejamos que el ego se adueñe de nuestros pensamientos y  dicte nuestro diálogo interior….

Lo digo porque puedes pasarte meses o años sacando de ti el lastre de las creencias limitantes que llevas instaladas y no caer en la cuenta de todas la pequeñas costumbres que se derivaron de ellas y que aún siguen vigentes en tu vida.

Te amas mucho más a ti mismo, pero sigues recortándote las alas cada día en pequeñas decisiones que tomas porque siempre lo has hecho así y no les prestas atención…

Algunas de esas cosas se cambian al tomar decisiones importantes y hacer grandes renuncias o como consecuencia ineludible de ello. Otras, las seguimos llevando a cabo sin percatarnos de que pertenecen a otra persona, esa que éramos antes de tomar las riendas de nuestras vida… Esa que eres cuando no te dejas llevar por el miedo, por la angustia, sin todas la capas de piel que te pusiste para protegerte y que no te permiten sentir nada…

Es como si hubieras abolido la norma, pero aún quedaran por ahí las señales de tráfico que la hacían posible y no las viéramos por la costumbre de ir viajando por la vida con el piloto automático sin fijarnos en nada…

Como un volver a empezar en todo y buscar la coherencia entre lo que piensas ahora y lo que haces…

¿Estás dispuesto a revisar tu vida para ver si te pillas en falso?

El trabajo por hacer es inconmensurable… No sólo se trata de desaprenderlo todo sino de instalarse un software nuevo  y aprender cómo funciona para no dejar que cuando nos venza en cansancio y la tentación nos invite a recuperar el antiguo…

Vivimos asustados y las personas asustadas se convierten en autómatas del ego, miran con los ojos prestados y evalúan con la avaricia del que teme perderlo todo, aunque a veces no lo parezca. Decidimos no ir a un lugar donde nos invitan y nos decimos a nosotros mismos que es porque no nos apetece, cuando en realidad, lo que rehuimos es ponernos en según qué situaciones porque nos da asusta fallar, fracasar, no estar a la altura…

Deberíamos revisar cada acto que en que nos implicamos para descubrir si lo hacemos desde el amor o desde el miedo. Si nos estamos escondiendo o no. Si nos exponemos para demostrar algo, si nos enfadamos porque nos toca la fibra, si nos vence la rabia o la envidia o por el contrario, es nuestra decisión es sana y sincera y tomada desde la convicción de alguien que escoge su vida.

Si nos da por aceptar aún cosas que no merecemos. A pesar de saber que somos dignos de amor y respeto y haber trabajado mucho para respetarnos… ¿Aceptamos chantajes? ¿permitimos que no nos traten con bien? ¿hacemos cosas que no deseamos para ser aceptados?

Vale la pena revisarlo, por si aún estamos usando palabras viejas y tristes en nuestro nuevo yo positivo y motivado…

Si tratamos a los demás como queremos que nos traten o a veces aún pensamos que nos tienen manía o hay una conjura contra nosotros… Si atacamos antes de ser atacados porque nos preocupa ser vulnerables cuando esta etapa ya está superada…

Tengo que darme cuenta de si guardo cosas viejas es realmente para volver a usarlas porque son útiles o porque me agarro a ellas… Si vivo con apego o si fluyo… Da igual si son recuerdos o ropa usada que ya no van conmigo. Si almaceno lo gastado y no libero espacio para dar paso a lo nuevo…

Si me impongo pequeños castigos por culpas que arrastro desde que era niña y me sentía un estorbo… Si cuando voy a casa de según quién o entro en según qué lugares aún me tienta esconderme en el rincón para pasar desapercibido… ¿Qué arrastro aún? ¿no había soltado esta carga? Será cuestión de saberlo para afrontarlo o ser consciente de ello para cambiar esa sensación…

Si no acabo de olvidar ni perdonar a pesar de haber dado un abrazo… Si cuando veo su cara en las fotos, siento un zarpazo en el pecho y le echo de menos y me siento amenazado, triste, abandonado… Si aún no he entendido que cada uno hace lo que puede en su momento y actúa lo mejor que sabe y que sea lo que sea es lo que tenía que pasar…

Hasta entender que al mundo que hay ahí a fuera, es el mundo que yo llevo dentro. Y mis pasos por la vida son un reflejo de los pasos que doy dentro de mí para llegar a mi esencia.

Tengo que saber si sufro en balde aún porque creo que sufrir es necesario para conseguir algo que sueño, si dentro de mí algo todavía me dice que hay que soportar la indignidad para expiar alguna culpa heredada de no sé qué tradición… Si a pesar de que me parece una barbaridad, todavía me encuentro en un momento de distracción con algún pensamiento recurrente que refuerza la idea de que si eres feliz lo pagarás caro y caerá sobre ti una plaga divina porque has venido al mundo sufrir ya que la vida es un valle de lágrimas…

Intento pensar si todavía tengo miedo a hacer algo porque no lo aceptarán y criticarán mis pasos, porque tal vez siento todavía el runrún de necesitar que me valoren y encajar en este mundo en el que nadie encaja y todos disimulan.

Y  tal vez, me apego a algo que no quiero soltar que en realidad no es mío porque nada es de nadie y no lo dejo ir porque así reafirmo mi dependencia…

¿A qué no me atrevo? ¿Qué me callo? ¿qué acumulo?

Y tú ¿Lo haces? ¿Te guardas lo bueno? ¿escondes tu talento? ¿no brillas por temor a molestar? ¿compartes tus habilidades? ¿te encierras en ti mismo porque temes decepcionar?

Tenemos un montón de comportamientos instalados en la entrañas, creencias que no nos cuestionamos porque parecen sólidas, pensamientos prestados, habitaciones interiores llenas de polvo donde nunca entra el aire fresco… Corrientes de aire en el pecho esperando que alguien cierre puertas y selle ventanas…

Nos reiteramos una y otra vez en lo que no queremos porque nos sentimos incapaces de parar máquinas y resetear motores…

A veces, hace falta prestar atención a todo para darle la vuelta y descubrir cómo ese fantasma del pasado está presente en los pequeños actos de cada día…

Otras, basta con decir en voz alta el pensamiento al que damos vueltas o poner palabras a esa emoción para ver que no sirve, que es una barbaridad, que no se sustenta…

Es más importante de lo que parece… Es lo que marca la diferencia entre quedarse en la teoría o llevar a la práctica y vivir en consecuencia. Lo cambia todo… Somos lo que pensamos y lo que hacemos con nuestros pensamientos…Vale la pena afinar y aprender más, hacer un máster en ti mismo, dominar la técnica de conocerte para poder motivarte y amar cada una de tus fibras…

Si vemos la vida con ojos nuevos, tenemos que vivirla de esa forma, al cien por cien…

Sentirlo todo con ese nuevo ser que nos habita…Sentir que vives de forma coherente, a conciencia, porque eso te ayudará a reafrimar tu nuevo yo y subir un escalón más en la vida, tanto personal como profesional.

Has ido más allá, has indagado en ti, ya sabes tus porqués  y para llegar a tu máxima potencia, necesitas dejar de vivir a medias.

No te escatimes los detalles que pueden hacerte llegar a la excelencia en tu vida.

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No es fácil, supone compromiso y trabajo. A veces, te sorprenderás  dejando de hacer algo que pensabas que hacías porque era bueno para ti y en realidad era un peaje que pagabas para gustar y encajar, para no defraudar a otros.

Otras veces, podrás seguir haciéndolo, pero sintiendo algo distinto, con otra mirada, redescubriendo a personas y actividades que ya no serán lo mismo porque las harás desde otro punto de conciencia. Lo importante es descubrirlo y decidir…

Tal vez un día te encuentres bailando después de media vida pensando que tú no bailabas…

Todo sirve si lo haces porque te hace vibrar, todo sirve si cuadra con tu nueva forma de ver la vida… Sin estar sujeta al miedo, sin ponerte filtros para esconderse o no aparentar…

Todo vale si dentro de ti sientes que va con tus valores. Si sientes que te contradice, tienes que soltarlo.

Necesitas practicar en tu nuevo yo, porque si no, el antiguo, que lleva años en el poder automatizando tu vida desde la inconsciencia, tomará el control de nuevo y te llegarán las dudas, el cansancio, la desmotivación…

Por eso es importante revisar cada detalle de tu vida, para saber si está coherencia con lo que eres y lo que sientes.

Tienes que conseguir que tu piloto automático se ponga de tu parte y trabaje desde el amor y no desde el miedo…

Y lo más complicado hacer todo esto desde la confianza en tu capacidad y siendo bondadoso contigo y con lo que te rodea para no culparte ni tirar la toalla, para no caer en una obsesión. Para poder fluir siendo tú. Para ejercer de ti mismo cada momento de tu vida…


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¿Por qué no brillas?


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¿Cómo se consigue brillar? es difícil de responder… Tenemos tantas ganas todos de conseguir convertirnos en quién soñamos… A veces, esas mismas ganas nos desesperan e impacientan y acabamos consiguiendo todo lo contrario, reflejar caos y contradicción.

Lo que sé seguro, es que nunca se brilla en solitario. Es verdad que el proceso para conseguir “brillar” y sacar a la luz todo tu talento se hace solo, soltando amarras y descubriéndote a ti mismo, pero siempre tienes compañeros de viaje. Hay muchos, más de los que creemos a veces o podemos contar.

Todo el que se cruza en tu vida lleva un mensaje para que aprendas a brillar, aunque nos cuesta verlo.

La vida nos va poniendo por delante cómplices para conseguir avanzar. Algunos lo hacen con gusto, son voluntarios, otros, apenas se enteran de todo lo que te han aportado pero es mucho. Sin embargo, para salir adelante es necesario reconocerles el mérito y ser capaces de ver su valor. Nunca es todo negro o blanco, hay muchos puntos de vista y muchos mundos en cada ser humano por conocer. Saber agradecer es sin duda un síntoma de que brillamos. Si sabemos compartirlo, aún más… Si tu brillo no ayuda a otros, se apaga.

Si no ves el valor de los demás no comprendes el tuyo. Al menos, no lo ves con la distancia necesaria ni con la mirada que tienen los que brillan.

¿Cuál es esa mirada? La de un niño curioso y hambriento de saberlo todo, osado y un poco imprudente preguntando, con ganas de empezar incluso antes de saber cómo, con energía ilimitada… Esa es la mirada, que quedará matizada por tu experiencia y tu conciencia de que a ese entusiasmo infantil hay que saber encauzarlo, para que no se desborde… Encontrar el equilibrio entre la pasión y la razón, pero sin matar nunca el niño que todo lo ve posible y cree que los obstáculos se podrán saltar.

Manejarse un mismo es un poco esa mezcla entre saber que no va a ser fácil, pero entusiasmarse pensando que encontrarás la manera de capear el temporal. Estar en calma pero preparado para la acción.

Los ojos hambrientos de un niño te permiten ir por la vida lamiéndolo todo con la mirada, atesorando cada instante. Sin estar todo el rato en beta, nervioso y ansioso por lo que vendrá, sin vivir ni notar lo que te pasa. Es necesario pensar en mañana pero no sirve de nada si no sobrevives a hoy y no eres capaz de ver lo que te rodea para aprovechar las oportunidades. Los niños pueden pasarse un buen rato mirando algo que para nosotros carece de sentido y luego ponerse a fabricar algo parecido para ponerlo en su habitación… Y en ningún momento piensan que no vayan a ser capaces… Y cuando acaban, lo exponen al mundo y vienen a ti, orgullosos y emocionados y te enseñan su obra de arte…¿Has visto la cara de un niño que llega a casa con su dibujo para mamá? ¿has visto ese brillo contagioso? el niño se cree un genio, se ve tan valioso que a nadie le cabe duda de que lo es…

Para crear hay que ignorar a los que no crean nunca nada… Con una ignorancia sabia, basada en la inocencia de pensar que todo es posible porque todo puede soñarse e imaginarse. El problema es que a veces “esos que no crean nunca nada” somos nosotros, nuestra voz interior machacona que se ocupa de decirte que lo dejes correr porque no tienes nada que hacer. No eres tú, es tu lado más gris y asustadizo que nunca baja la guardia porque siempre está cansado y no sabe que su cansancio se pasa con movimiento y no con reposo.

Los adultos no queremos “perder el tiempo” imaginando, ni mirando las pequeñas cosas, ni tocando lo que nos llega a las manos, ni recreándonos en lo que nos rodea, ni quedándonos embobados ante lo que nos seduce… Y por eso, nos cuesta tanto crear.  Para ser creativo hay que entrar en un mundo de infinitas posibilidades donde no hay vetos ni restricciones, donde todo se puede imaginar y por tanto, todo se puede hacer realidad. Un mundo que puede ponerse del revés en cualquier momento si hace falta y acabar negándose a sí mismo para descubrir que nada es dogma.

Los niños creen en la magia  y por eso materializan sus sueños. Ven un pedazo de papel y saben que es un avión.  No ven una enorme caja de cartón sino una casa para muñecas o un garaje para coches…Durante las dos horas que van vestidos de superhéroes pueden volar y subir por las paredes…

¿Os imagináis lo que se podría llegar a crear si fuéramos capaces de tener esa visión de la vida? y no hablo de no tocar del pies en el suelo, que es imprescindible, hablo de creer en nosotros mismos y descartar esa versión acomplejada en la que nos hemos quedado tantas veces… Hablo de apostar a que sí, de visualizarlo, de vivirlo, de enamorarse de la oportunidad y confiar…

Por eso, si cuando te miras a ti mismo eres incapaz de imaginarte haciendo lo que sueñas, es que aún no estás preparado para brillar…

Si no ves al gran comunicador, al genial abogado, el artífice de una nueva forma de gestionar los Recursos Humanos, al maravilloso estratega y gestor de Marca Personal, al piloto o al escritor… Si cuando te ves, no ves en ti al líder, es imposible que ese líder salga de ti.

Lo sé, hay momentos en la vida en los que es muy complicado y proponerlo parece casi locura… Sin embargo, me he dado cuenta de algo… Hay muchas personas que han fracasado en lo que se proponían, algunas creían en sí mismas y otras no, pero las que han triunfado creían todas. Además, lo del fracaso es tan relativo como lo del éxito. A menudo para triunfar es imprescindible fracasar primero para descubrir lo que no quieres y tomar las riendas de tu vida.

Hace días que viene a mí una frase. En distintas fórmulas y con distintas palabras  Dice algo así como que el mundo en el que vives es un reflejo de tu mundo interior… Porque lo que vivimos fuera es una versión material de lo que estamos viviendo dentro…

Una buena lección de vida… Si quieres brillar tienes que sentir que brillas y crecer por dentro primero hasta adquirir el tamaño que mereces…

Vivir en la coherencia, vivir a conciencia y hacer lo que sientes que debes hacer.

Conocerte y aceptar todo lo que eres, los errores y los aciertos. Las luces y la sombras.

Dice Francisco Alcaide en el blog de Elena Arnáiz que “En quién te conviertes se refleja en lo que obtienes”.

La vida me lleva a creer firmemente que materializamos lo que somos. Y somos lo que pensamos, lo que hacemos con nuestra vida, lo que soñamos que podemos llegar a ser cuando nos dejamos de soñar pequeño y desplegamos nuestro potencial. Somos lo que aportamos a la vida, a las personas que nos rodean, en cada pequeño gesto…

Por ello, vale la pena pensar cada vez que actuamos, si lo que hacemos, viene desde esa persona que llevamos dentro que puede llegar a brillar intensamente o de esa otra que apaga su brillo porque tiene miedo a fracasar, a perder, a ser valorado por ojos ajenos…

Si actuamos desde el amor a la vida o desde el miedo a vivirla.

Si reflejamos lo que realmente somos o estamos poniéndonos un filtro porque tenemos miedo y eso no deja que mostremos todo lo que podemos aportar.

Comunicamos lo que creemos que somos.

Eso es una mezcla entre lo que somos y los filtros que nos ponemos para poder soportar el pánico que sentimos a no ser aceptados. Si confiamos en nosotros, transmitimos esa confianza. Si nos ponemos caparazones y escudos protectores no podemos mostrar nuestra luz.

Una muestra muy evidente de ello es nuestro lenguaje corporal. Cuando lo cambiamos, poco a poco, cambiamos por dentro y viceversa. Nuestra postura afecta a nuestro estado de ánimo igual que nuestro estado de ánimo hace que nos movamos de forma diferente. Hacen falta pocos segundos para descubrir si una persona tiene el cuerpo encendido o apagado. Se nota cuando camina, cuando se sienta, por si está erguido o encorvado, si levanta la cabeza o la lleva agachada, si gesticula libre, si sonríe sinceramente, si su pose está contenida o abierta, si sus ojos miran hambrientos como los de ese niño que todo lo sueña… Basta un momento para mirar a los ojos de alguien y saber si brilla. A lo mejor aún no brilla al máximo, pero está en camino.

Y cuando no brillamos, no es que no lo merezcamos, ni porque no tengamos talento ni mucho por aportar… No es que los obstáculos con los que tropezamos y las pruebas que nos pone la vida por duras que sean reflejen que no valemos, es que están ahí para demostrarnos todo lo contrario… Para que nos demos cuenta de que cuando los superemos, brillaremos más…

No hay personas sin capacidad para brillar, hay personas que van por la vida encendidas o apagadas… Conectadas a sí mismas o desconectadas…

No hay personas opacas, sólo hay personas que aún no se creen que pueden brillar…


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Sé tu aliado, no tu enemigo


¿Sabes cómo comunicas? ¿Te das cuenta de si tus gestos acompañan a tus palabras? ¿gestionas tu lenguaje no verbal o dejas que muestre tus emociones sin trabajar en ellas? la forma es importante. En lo que dura un parpadeo, tu forma de estar  y tu postura dan mucha información a las personas que te rodean y se hacen una idea de quién eres… Si esa imagen no es adecuada o no se ajusta a la realidad, costará mucho borrarla si no tienen trato contigo. El lenguaje no verbal supone el 55% del impacto que causamos en los demás. Vale la pena trabajar en ello, conocerse a uno mismo e invertir en conseguir coherencia a la hora de comunicar… Transmitir naturalidad y hacer que tu marca personal se potencie.