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la rebelión de las palabras


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Lista de tareas pendientes para personas casi felices


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Por los que en este momento mueren, estamos obligados a amar la vida.

Por los que no pueden caminar, debemos correr y subir montañas.

Por los que no saben querer, debemos amar sin más condición que el respeto ni más límite que la conciencia.

Amemos hasta poder volar, hasta no poder parar de sonreír, hasta no poder disimular que amamos tanto…

Porque hay quién sólo ve noche incluso cuando no hay noche, hagamos que nos pertenezca este día…

Porque hay muchos que sólo saben gritar, usemos con precaución las palabras y consigamos mejorar el mundo con ellas.

Empecemos de nuevo, por los que nunca terminan nada.

Riamos por los que siempre lloran, tengan o no tengan razones.

Busquemos motivos por los que siempre ponen excusas.

Bailemos por quién no siente la música y no nota sus pies.

Caigamos por quién nunca se arriesga a saltar, ni a dar un paso en falso.

Por los que sólo ven con sus ojos, notemos la magia.

Rompamos las normas por los que viven tan sujetos a ellos que casi no viven.

Por los que nos ponen etiquetas, cambiemos de máscara y de estrategia y dejémoslos mudos.

Comprometámonos por aquellos que nunca han dado palabra…

Por los que esperan que faltemos, sentémonos en primera fila.

Cantemos por los que no tienen voz o no saben utilizarla.

Por los que no saben ser felices, reventemos de dicha y hagamos locuras.

Amémonos, sin medirnos ni juzgarnos por no ser o no tener, por aquellos que se miran al espejo y no saben o creen que no pueden.

Tendamos la mano a los que son incapaces de pedir y preguntar.

Saboreemos cada bocado por los que mueren de hambre.

Por los que nunca se ilusionan, desbordemos las previsiones.

Caigamos en todas la trampas sin red por los que nunca se arriesgan a sentir ni tendrán la dicha de aprender de sus fracasos…

Que nos tomen el pelo por los que nunca se fían.

Confiemos por los que jamás se sueltan ni renuncian al control…

Por los que no creen en lo imposible, obremos milagros y dejémoslos boquiabiertos.

Por los que mienten, vivamos de certezas.

Por los que tienen miedo, vamos a atrevernos a lidiar con nuestros fantasmas.

Recorramos este camino, por si un día nos cansamos y cambiamos de sentido… Por si el miedo nos coge por la hojas y nos arranca las raíces…

Pongamos pie firme en el suelo y acariciemos el cielo para no dejar de saber quiénes somos y no olvidar lo que soñamos.

Por los que no saben dónde pisan…

Por los que no sueñan casi nunca…

Por los que aún no saben que lo mejor de la vida está en la zona prohibida y que para llegar hay que romper algunos dogmas.

Digamos que sí por los que siempre dicen que no, pero se mueren de ganas… Dejemos de ser «casi todo» porque es como ser «casi nada» y vivamos enteramente…

Detengámonos a contemplar las pequeñas cosas por lo que siempre tienen prisa.

Aunque sobre todo, hagámoslo por nosotros mismos, porque lo merecemos, porque lo buscamos… Porque no nos basta con que el mundo gire, queremos que también dé la vuelta.


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Deja que la vida te sorprenda


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Me preguntaban el otro día qué quería ser de mayor. Hace un tiempo, no mucho, hubiera respondido hablando de mi familia y mi trabajo, de cómo quiero evolucionar como ser humano y arreglar mis carencias. Sin embargo, el otro día, hurgué en mí y respondí que quería llegar a ser una persona con menos apegos, que quería fluir. Dejarme llevar, dejar de controlarlo todo, de aferrarme a mis cosas como si no pudiera vivir sin ellas… Trazar mi camino y defender mi sueño, pero sabiendo que podré vivir sin él hasta que llegue. Que hay vida más allá de mis retos. Que cuando los consiga, me reinventaré, que soy capaz de respirar profundamente tanto si llego mis metas como si al final descubro que no eran para mí porque se desdibujan. Que vivo intensamente mientras camino hacia ellas… Que puedo fracasar sin hundirme y seguir… Que me puedo permitir vacilar y perder.

Es útil planificar una estrategia para conseguir lo que sueñas, tener claros tus objetivos, esforzarte y poner todo tu talento a trabajar. Ser optimista y saber que puedes, que lo mereces, que eres capaz de no rendirte, de encontrar esa fuerza en ti que te hace luchar… Aunque habrá que dejar margen a la vida ¿no?

Habrá que permitir al mundo que te pille desprevenido y te muestre algunas cosas que no verías si sólo vives en tu interior. Para conseguir tus retos, tu voz interior es importante pero tendrás que escuchar otras voces… Y no me refiero solo a dejar margen al error, hablo de dejarse deslumbrar por el mundo hasta el punto que te des cuenta de que alguna de las cosas o personas que te rodean te hacen cambiar de rumbo, que te cambian a ti.

Hay cosas que podremos conseguir luchando y otras no. Cosas que dependen de nuestro empeño y cosas que no. Eso no significa que debamos dejar de intentarlo, significa que hay que intentarlo aún más. Que hay que abrir mucho los ojos para no perder detalle de nada, por si hay que zarandearlo todo y volver a empezar. Tal vez, si no alcanzamos algunos de nuestros retos es porque nos esperan otros aún mejores o porque era necesario ese peaje para aprender…

Mis apegos, me preguntan, ¿cuáles son? La necesidad de controlar siempre, de tener claro que sigo el camino correcto, que no fallo, que no defraudo. Necesidad de escrutar cada paso, cada recodo, cada cruce de ese camino… Para no perderme o desviarme… Saber que si no lo consigo no es por mí responsabilidad, si no por las circunstancias… Y ¿cómo voy a ver esas circunstancias si solo miro el camino trazado por mí? ¿cómo aprender si no me permito fallar?

A veces, perdiéndote, encuentras lo que no estaba en tu plan diseñado para triunfar y te hacía falta para llegar… Un amigo, un maestro, un error necesario, un obstáculo que saltar para demostrarte que puedes… Un pañuelo para anudarse al cuello por si hace más frío del previsto…

Mis apegos… Necesidad de saber qué, cómo, cuándo, por qué… De darle vueltas a todo sin parar hasta encontrar razones que a veces no existen o que no se explican con la cabeza sino con la emoción. Necesidad de acabar con la incertidumbre que te muerde la cola, que te quema en el estómago o que se te carga en la espalda.

Mis apegos… Las culpas… Cargar con el peso de no ser, de no llegar…

Mis apegos, la seguridad de no destacar, de no brillar, de no sacar a la luz mis diferencias… Esos temores que a veces me llevan a la tentación de encerrar mi imprudencia innata y dejar de correr riesgos… De enjaular mi querencia a lo nuevo, lo fantástico, lo que no se toca pero te toca… Meter mi ilusión siempre sobredimensionada ante todo en una caja y lanzarla al mar… Y pensar que es mejor conformarse…

¿El antídoto? Sentir… Saber que, sea lo que sea lo que nos depara el futuro, es lo que debe pasar porque sabremos cambiarlo o cambiaremos nosotros para saber cómo vivirlo. Sea bueno o malo en apariencia.

Borrar la culpa y tomar las riendas.

Admitir que todas las metas son válidas… Tanto si llego por mar como por aire… Como si al final decido apearme y cambiar de sueño. Como si al final, al llegar, paso de largo, porque he visto algo más allá que brilla más o he crecido tanto en el camino que no quepo en mi sueño porque mientras luchaba por él me hice mayor… Por si tal vez prefiero detenerme y escuchar como crece la hierba o me late el corazón y dejo la carrera.

Todos debemos descubrir que, pase lo que pase, será lo que hace falta que nos pase para que lleguemos a dónde queremos llegar. Porque sabremos cómo actuar para darle la vuelta, porque encontraremos la pista que nos permite continuar. Porque podemos confiar en nuestras aptitudes para sobrellevar el futuro. En el trabajo, en las relaciones personales, en todo lo que nos afecta y circunda.

A veces, algo que está fuera de tus planes te acaba llevando a tu deseado destino.

Algo que no tenías previsto puede ser un soplo de aire fresco, lo que active en ti el interruptor que te permitirá poner en marcha tu mejor versión… Quizá para alcanzar tu meta, quizá para encontrar otra distinta que colma tu vida aún más.

Quizá para descubrir que eres algo más que tus metas y tus sueños…

A veces, un obstáculo es la salvación para dejar tu plan trazado y ver el que la vida te propone.

En ocasiones, entras en tu futuro por la puerta de atrás cuando llevas siglos golpeando la puerta delantera para pasar. ¿Fue en balde? tal vez debías hacerlo  para dudar, para caer, para pensar, para acumular más entusiasmo, para aprender a saber cómo no se hacía.

A pesar de tener clara la estrategia y emplearse a fondo, hay que dejar que la vida nos asombre. Dejar margen para equivocarse, soltarse, para contemplar lo que pasa a nuestro alrededor… No podemos seguir un camino y sólo mirar nuestros pies y dejar de admirar lo que nos rodea a cada paso porque está repleto de respuestas y nuevas preguntas, porque está lleno de belleza e inquietud…

Hace unos años, una persona me dijo  : “el verano pasado, por suerte, me rompí una pierna”. En aquel momento, me quedé perpleja, pero con el tiempo lo entendí. Esa persona me explicó que, gracias a que se rompió una pierna, tuvo tiempo para descansar y pensar qué quería hacer con su vida y darse cuenta de que lo que ocupaba sus días no la hacía feliz…”

Para bien, para mal… Nunca se sabe.

Lo que importa es que pase lo que pase sepamos gestionarlo y podamos dejar de tensar la cuerda que nos ata a nosotros mismos, que ya asfixia y aturde. Que nubla y no deja imaginar ni crear.

¿Qué quiero ser de mayor? Quiero dejar mi apego a todas esas cosas que me frenan y a las que temo perder, que podrían desvanecerse en un momento si no consigo mantener el equilibrio en esta cuerda floja… Quiero vencer el temor a no saber qué pasará… Quiero abrazar la incertidumbre de mis días y bailar con ella…

Pensar que si no te rindes y tienes claro lo que quieres, encontrarás la respuesta… Confiar… Saber que encontrarás el modo de alcanzar lo que buscas.

Descubrir que tus sueños pueden redibujarse, que tú puedes redibujarte, que tu universo es elástico y tú eres demasiado grande como para contenerte en una excusa o un lamento.

Y dejar que la vida te sorprenda. Tal vez su plan es aún más apasionante de lo que imaginas.


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Porque todo lo bueno y lo bello está ya en ti


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Cuando me ignoran, crezco. Y crezco también cuando me miran mal.  Cuando me lo ponen difícil, sea por amor o por desidia, doy un salto enorme y me convierto en gigante. Cuando me equivoco, salto al abismo y caigo de pie. No es que crezca, es que incluso me desplazo y subo un peldaño más en mi escalera particular hasta la luna.

Cuando me ponen una barrera, me obligan a saltar. Cuando me apremian, corro. Me convierto en pájaro y vuelo. Y cuando me atan, me convierto en camaleón a la espera que no me vean y suelto los nudos que me mantienen inmóvil. Sólo tengo que imaginar que sé cómo, que puedo. Sólo tengo que verme saltando el muro, surcando el cielo y burlando el fiero control de unos ojos resentidos y cargados de ira. Sólo tengo que creer que es una prueba, un reto, un paso más hacia el final de una etapa que abre otra puerta. Que hay puertas más complicadas de abrir que otras. Que cada vez soy más experta en cerraduras.

Cuando me agitan, me expando. Cuando me golpean, a veces, lo admito, devuelvo golpe torpemente y otras veces reboto en una pared imaginaria… Cuando me lanzan al vacío, en osiones me resisto, me agarro a lo que pillo para no caer. Me desespero… Otras, me suelto, me dejo caer como una lágrima, como una gota de lluvia, en una especie de ritual necesario para aprender a romperme y pegarme, para encontrar el pegamento que me permitirá seguir cien años más plantando cara. Para encontrar la manera de resistir.

A veces callo, a veces lo digo todo. Lo importante es saber cuando callar y cuando hablar. No tragarse nada que duela. No fingir que no escuece, que no rompe, que no atormenta. No dejar de ser uno mismo por más que esconderse sea más fácil y las críticas te pillen cuando aún no sabes cómo reaccionar… Cuando ya has dejado de ser el cobarde que se oculta pero aún no eres el valiente que muestra la yugular ante sus oponentes. No hay nada que les de más miedo a tus adversarios que la ausencia de miedo en tus ojos… Mejor mirar de frente y encauzar su mirada hasta que lean en ti que estás de vuelta y sus arañazos no te molestan, que vienes a por más.  

Cuando me arañan, sueño. Y sueño más… Demasiado, tal vez. Es mi vicio más sagrado y delicioso. Imagino que mis sueños sellan mis heridas y mi piel es más elástica. Que ocupo el espacio y adopto cualquier forma que me proponga. Imagino que he aprendido a esquivar pupilas inquietas con ganas de herir. Imagino que su ira no me encuentra y desiste. Imagino que puedo decirles una palabra que les cambia la vida y les hace sonreír.

Cuando me critican, maduro. Duele, duele mucho pero se aprende a pasar. No voy yo a cambiar de forma de vida por lo que dicten otros que no habitan mi cuerpo ni sienten mis penas. Es un proceso largo, a veces inquietante. Me hago más rotunda, más esponjosa. Peso menos, pero cundo más. Mi yo se concentra, mi esencia se acentúa. Con poco, llego más lejos. Con la intención, me sobra. Con las ganas, me basta. Aunque necesito también caricias, palabras dulces y miradas sin hiel. También se crece a base de mimo y abrazo, a base de estímulo y serenidad.También se crece a golpe de beso y mano tendida, cayendo de vez en cuando en mullido y salpicándose de cariño y risa fácil.

Cuando me quieren, crujo y me oxigeno. Me elevo, me transformo y soy capaz de abrir diez puertas sin pestañear. Cuando amo, vivo. Me encuentro el sentido, me parcelo en mil pedazos y abarco el mundo sin moverme del metro cuadrado que circunda mis días. Todos necesitamos nuestra porción de alegrías, nuestro momento de gloria, nuestro pedazo de amor incondicional.

No sólo se crece a golpes y fracasos. No sólo se vive de risas. No sólo se aumenta de tamaño cuando te inflaman y pisan. Se crece amando y también se crece echando de menos. No sólo se aprende del dolor…

No sólo se vive de sueños, hay que tocar realidades, entrar en ellas. No sólo se pierde, también se busca. No sólo se anhela y desea, también a ratos se posee, aunque sea a medias.

No todo lo bueno se toca. No todo lo que no se toca es bueno. Mejor mil besos que mil heridas, aunque mejor una herida auténtica que mil besos falsos… Mejor una verdad cruda que cien mentiras piadosas. Mejor un invierno frío que una primavera fingida. Lo que duele no siempre es malo, al final. Lo que parece ser bueno, no siempre te conduce a donde quieres llegar. Lo hermoso no siempre está hueco. Lo vacío y sin fondo no siempre es precioso por fuera. Porque no hay belleza si no hay fondo. Porque el fondo si es bueno también es bello.

No se puede vivir de pan sin ilusión y tampoco se puede vivir de ilusión sin pan…. No se puede ganar sin fracasar. No se puede decir no, sin a veces decir sí. No se existe si un día no se muere. Y si no se vive, no se puede morir. A veces siempre es nunca y nunca es quizás. Todo es un juego constante, una carrera desesperada buscando términos medios y manteniendo un equilibrio imposible.

Cuando lloro, crezco. Cuando río, crezco, a veces incluso más. Al final, tengo que aprender a crecer sin más. Sin que importe lo que me rodea y acecha porque sólo tengo esta oportunidad. Porque puedo escoger como lo vivo, lo siento, lo recuerdo, lo asimilo.

La belleza y la bondad de todo lo que te rodea están en ti… Han estado en ti siempre.