merceroura

la rebelión de las palabras


5 comentarios

Solo ahora


Este es el momento, no hay nada más.

No tienes que preocuparte por mañana porque no hay nada más que este instante presente. No necesitas cerrar puertas, ni abrir ventanas. No tienes que esperar a ver si alguien entra o alguien sale. No debes hacer nada, porque justo en este momento no debes nada, no buscas nada, no necesitas nada.

No tienes que vigilar, ni estar alerta, ni controlar nada que ya has descubierto que no es controlable. No tienes que pensar en qué harás después, ni en lo que tienes pendiente, no hay nada pendiente porque solo es ahora y no hay nada más que este momento. Nada.

No hay platos por fregar, ni ropa por tender. No hay cenas que preparar, ahora no. En este momento no hay nada que planchar, ni reuniones de urgencia. No hay mensajes ni llamadas porque no hay nada más que tú y este instante que podría ser eterno si decides soltar el equipaje de gritos, lamentos, miedos y culpas… No puede haber culpas en este instante porque no hay instantes pasados, solo está este y en este no hay piedras pesadas que cargar ni angustias que arrastrar en forma de recuerdo. Como no hay ayer, ni hace dos años, ni hace diez, no puedes traer ese dolor a este ahora.

Tampoco hay futuro, porque solo está este momento. De modo que no hay facturas por pagar, ni listas de la compra que actualizar. No hay suelos que barrer ni correo por responder. No hay conversaciones absurdas con las que quedar bien con nadie, no tienes que ser amable con nadie ahora más que contigo. No hay reproches porque solo existe el ahora y en este ahora no hay nada que reprochar. Solo eres y descansas en esta paz de solo ser. Solo estás y te notas. Sientes cómo respiras y a cada exhalación sueltas la anterior y es historia, historia olvidada puesto que solo existe este momento, esta inhalación, esta exhalación… Este aire entrando en tu cuerpo y dándole vida.

Los pensamientos van y vienen pero no importan. Como ya no tienen historial, ni culpa adherida, ni miedos enquistados esperando ser sentidos. No arañan, no se clavan en el pecho, ni revuelven el estómago. No hay memoria porque no hay nada más que lo que ahora hay y es.

Puedes moverte y acompasarte a ti mismo, puedes estirarte porque cada vez será la primera puesto que no dejas nada detrás, ni hay nada que te espere más tarde. No hay más tarde, solo ahora. No hay ayer, solo ahora.

Es solo en este instante presente que no tiene pasado ni futuro, cuando puedes volver a escoger. Cuando eliges de nuevo como si fuera la primera vez, porque no ha habido nada antes ni lo habrá después, por eso ni quema, ni duele, ni lleva carga ni angustia, ni tiene nada pendiente. Justo porque este momento acaba de nacer y tú naces con él de nuevo. Una y otra vez. Presente, respirando, sintiendo esa paz de no arrastrar, ni esperar nada. Esa calma de no buscar nada, ni desesperarse por no encontrar… Esa felicidad de no necesitar que algo o alguien sea, que pase, que vuelva, que no se vaya, que no se rompa, que te quiera, que te necesite, que te busque, que te alcance, que haya suficiente, que sobre y no falte, que no se te escape, que llegue a tiempo, que se quede a tu lado, que no se termine, que te haga caso, que te mire y te vea, que te tenga en cuenta, que te valore, que te aplauda, que te lo diga, que te escuche, que te haga feliz… Nada… De eso ya nada. Porque no hay nada más que este instante y está completo, lleno, y es perfecto. Empieza y acaba justo ahora, por lo que nunca empieza ni acaba.

Y así es en realidad la vida, pero no lo vemos porque la miramos a través de las sombras del equipaje que cargamos y del miedo que tenemos a lo que vendrá o no vendrá. Porque juzgamos este instante a través de todos los anteriores que llevamos acumulados dentro, limitándonos e invitándonos a sufrir constantemente y a repetir la historia sin parar, como dando vueltas en una noria. El miedo a volver a caer es el miedo que nos empuja a la caída y nos limita a ver más caminos posibles. Y este momento presente se nos escapa planificando un mañana que tal vez no sea, no exista, no esté. Y cargando un ayer que ya no es, que ya no cuenta, que solo duele y ata, que condiciona y reduce, que recorta y paraliza…

Y sin embargo, no hay nada más que lo que es ahora. Nada.

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

Disponible aquí 

amazon llibre merce amazon

Si quieres saber más de mí, te invito a entrar en mi web y conocer lo que hago. Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar todo su potencial a través del coaching, el mentoring y la Inteligencia Emocional. 

www.merceroura.es 


1 comentario

Jugando al escondite con la vida


Tomas café y notas el café.

Caminas y notas el camino.

Estás en la calle y vives la calle.

Encuentras un bosque y te sientes vivir en todos y cada uno de los árboles del bosque.

Te sientas ante al mar y eres un pedazo de mar.

Guardas silencio ante un amigo que te cuenta su dolor y eres el amigo y observas el dolor.

Dices adiós y sientes ese adiós, ese miedo a que ya nada vuelva a ser como era antes.

Pruebas el postre y eres el postre.

Notas el sabor amargo de la derrota y crees que eres la derrota, pero en realidad eres lo que nacerá en ti gracias a ti ella y a no huir del dolor y el miedo que te provoca.

Lees el libro y te pierdes en las palabras del libro.

Respiras y eres el aire.

Miras al fuego y eres fuego.

Te dejas mecer por en viento y eres el viento. 

Caes y eres el suelo, el arañazo en tu rodilla, la vergüenza inmensa y absurda por si te han visto…

Te crees tu culpa e irremediablemente eres el verdugo que busca condena y castigo. 

Recuerdas el pasado y eres el pasado.

Sueñas otro futuro y acabas atrapado en el futuro. Sin presente, sin vida, sin más ansia que el ansia. Sin más destino que el miedo y la necesidad de seguir esperando que algo te salve y te recuerde tu valor.

Miras al cielo y eres el cielo. Tanto si está azul y soleado como si está cubierto de nubes grises. Tanto si la lluvia vence la tarde como si la tarde vence a la lluvia.

Cuentas un secreto y eres esclavo de tu necesidad de contar secretos.

Juzgas y eres juzgado por tu juicio… Criticado por tu propia voz.

Ves lo que eres y eres lo que ves. Hasta que decides que cambie. Hasta que decides mirar de otro modo y burlar las leyes de esta sociedad marchita que quiere que te marchites sin notar. Que te invita a consumir sin vivir. Que te cala hasta los huesos con historias tristes y descarnadas para que no recuerdes quién eres ni a dónde vas. Para que sigas perdido en la niebla y no encuentres el camino a casa nunca…

Aunque es inevitable volver. Es inevitable encontrarlo y ponerse a caminar. Porque el amor que eres siempre te encuentra. Porque el amor que das siempre vuelve. Porque basta un instante de perdón para que la vida dé la vuelta y recuerdes tu verdadero nombre.

Amas a alguien de verdad y eres el amor.

Amas lo que vives, sea como sea, y entonces eres tú.

Y recuerdas la verdad.

Porque no hay nada más, solo amor.

Y justo en ese momento te das cuenta de que hasta ahora te has pasado la vida jugando al escondite con la vida.

Ya no más.

 

 

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente o tal vez no tanto, porque todo es un pensamiento y los pensamientos también se pueden observar y decidir si nos los creemos o no).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

Disponible aquí 

amazon llibre merce amazon

Si quieres saber más de mí, te invito a entrar en mi web y conocer lo que hago. Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar todo su potencial a través del coaching, el mentoring y la Inteligencia Emocional. 

www.merceroura.es 

Tengo un programa para ti para poder tomar decisiones y salir de bucle en que te encuentras. Un entrenamiento para hacer una transformación duradera en tu vida y ver resultados.

Consulta aquí 

 

 

 

 


3 comentarios

Una vida provisional


black-and-white-1678414_640

Ya basta de estar pendiente…  Basta de vivir siempre de guardia y tener siempre la luz encendida. Basta de estar tensos y en fase de espera.  De buscar sin tregua, de quedarse despierto de madrugada pensando otras mil formas de dejar de pensar y calmar la mente.  Y ver que no pasa, morderse la cola y volver a empezar. 

Sí, ya lo sé, no es malo echarle un vistazo a todo, a la vida en general, pero vivir de guardia eternamente es demoledor, agotador, lacerante.

Hay un montón de vidas en provisional, esperando a ser vividas cuando todo mejore. Cuando pase la alergia, cuando llegue más dinero a casa, cuando esa persona se dé cuenta de que existo, cuando los niños vayan al cole, cuando vayan a la universidad… Cuando pierda diez kilos, cuando controle mi adicción a… Aquí puedes poner lo que quieras porque cualquiera de ellas es lo mismo, está poniendo un parche a algo que necesita una transformación vital, un cambio de percepción, un giro de 180 grados. Todos somos adictos a algo, en el fondo, incluso a esa provisionalidad en nuestras vidas. Esa sensación de no vivir esperando a vivir mejor.  Esa vida de vigilia, asomada a la ventana del mundo, en una atalaya, observando qué pasa para ver si llega, si ya viene, para que podamos interceptarlo y no pase de largo… ¿El qué? tienen mil nombres pero todos son el mismo.. Pensamos que realmente necesitamos eso que deseamos, pero en realidad eso que deseamos y soñamos es muchas veces un parche, un sucedáneo que esperamos que tape el enorme vacío que sentimos dentro por… Por vivir en provisional esperando que llegue. Porque en realidad lo que queremos llenar no se llena con nada de lo que creemos necesitar conseguir, sino con ese amor que no nos damos, ese respeto que no nos tenemos, esa paciencia que no logramos cultivar porque estamos hartos de esperar algo que cuando llegue ya sabemos que no nos va a saciar.  

Siempre luchando por algo, siempre acariciando el reverso de lo que soñamos, siempre pendientes de dar un paso más para acercarnos y siempre viendo como se aleja. Y cuando llega, cuando llega muchas veces nos encuentra tan cansados y exhaustos, tan asqueados de tener siempre un ojo en el camino por si acaso, tan rotos de desear y notar que nunca es nuestro y empezar a creer que no lo merecemos…  Y cuando lo toquemos, lo cambiaremos por otra cosa y seguiremos esperando y desesperando, suspirando por algo que nos quita el aliento y que jamás nos colma… A veces, incluso, nos peleamos por algo que no queremos, pero no soportamos que otros lo tengan y nosotros no…  O luchamos por conseguirlo no por el placer de que llegue a nosotros sino por demostrar al mundo que lo hicimos, por esa necesidad insana de competir siempre y colgarse la medalla. 

No compensa nunca. No hay nada que pueda darnos el mundo (el mundo no nos da nada, de hecho) o que podamos encontrar en él que compense una vida de desgaste, sin paz. Una vida pendientes de si llega o se escapa, luchando sin tregua, arañando cada migaja, haciendo guardia en una garita de vigilancia bajo la lluvia, el frío intenso, el calor insoportable. No hay nada que pueda llegar a nuestras vidas mañana que compense desperdiciar este momento que vivimos ahora. Nada que nos traiga el futuro puede perturbar y malograr nuestro presente. Nada que tenga que llegar es mejor que lo que tenemos ahora. Este momento de vida es el más preciado, el más hermoso siempre, el único. 

La vida no puede ser provisional a la espera de mejorar. No podemos estar opacos a la espera de brillar… No podemos estar tristes por si mañana conseguimos algo que creemos que nos hará felices. Sufrir ahora no trae paz para mañana. Al contrario, siempre he tenido la sensación de que si somos capaces de exprimir este momento y vivirlo como si fuera el único, estamos sembrando esas emociones para mañana. Comos si la vida nos permitiera clonar momentos, como si nos viera usarlos bien y decidiera que nos da más… 

Aunque casi nunca lo hacemos. Sufrimos, nos esforzamos hasta caer, seguros de que nuestro sacrificio es el pago por adelantado de algo hermoso por llegar y nunca llega o si lo hace ya no es hermoso. Nada precioso que llega a tu vida merece sufrimiento por previo. No hay felicidad que se pague con tristeza. No hay futuro dulce cimentado en un presente amargo. 

Otra cosa es que esa tristeza, esa amargura, ese sufrimiento sentidos y comprendidos sean usados para transformarnos, por dentro y por fuera. Otra cosa es que tanto sufrir nos haga ver que no sirve para nada y desistamos de machacarnos y destrozarnos la vida demostrando a los demás nuestro valor. Que decidamos que ya somos maravillosos y dejemos de llamar a puertas ajenas para pedir permiso y migajas de amor, de respeto, de admiración, de aceptación… 

Podrían admirarnos todas las personas del planeta y sentirnos vacíos si no somos capaces de respetarnos nosotros mismos. 

Podríamos tener todo lo ansiado y sentirnos vacíos porque no creemos merecerlo… 

Podríamos luchar sin tregua durante siglos y nunca sentiríamos que hemos demostrado suficiente valía porque somos nosotros quienes no nos valoramos. 

Y así seguimos, cada día, deshilachándonos y creyendo que nos cosemos. Destruyéndonos y creyendo que nos construimos… Haciéndonos daño y creyendo que así somos más dignos de lo que anhelamos. Culpándonos y creyendo que así nos nos hacemos perdonar por no ser perfectos. 

Sufriendo para luego disfrutar. Perdiendo vida y esperando luego recuperarla, pero el tiempo pasa y se escapa. 

Aquello que esperamos impacientes que llegue ya está aquí, esperándonos a nosotros… Esperando que en lugar de mirar fuera, miremos dentro. Esperando que en lugar de hacer guardia y estar pendientes de todo, sufrir y desgastarnos, aprovechemos este momento y lo vivamos intensamente. Ya no más vida en provisional esperando algo que no llegará y que si llega, te prometo, que no compensará nada porque te hallará roto y descosido. 

Nada hermoso puede llegar a tu vida si no haces que este momento sea hermoso. 

Nada maravilloso llama a tu puerta si no te sientes tú  maravilloso.

Nada se queda en ti si tú no te quedas en ti mismo.

Nada puede ir mejor si no vivimos este momento como el mejor, el único que tenemos. 

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

Disponible aquí 

amazon llibre merce amazon

Si quieres saber más de mí, te invito a entrar en mi web y conocer lo que hago. Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar todo su potencial a través del coaching, el mentoring y la Inteligencia Emocional. 

www.merceroura.es 

Tengo un programa para ti para poder tomar decisiones y salir de bucle en que te encuentras. Un entrenamiento para hacer una transformación duradera en tu vida y ver resultados.

Consulta aquí