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la rebelión de las palabras


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Para que aprendas a volar


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Eres una niña aún y no lo sabes, pero lo que te hace diferente y te asusta ahora, es lo que te ayudará a volar… Lo que te empujará a crecer y te impulsará a cambiar el mundo…

Suena lejos, lo sé, pero no creas que para cambiar el mundo hay que hacer coses muy complicadas. Las cosas sencillas también son extraordinarias y están al alcance de todos y de ti también.

Lo sé, defender tu forma de ver la vida es difícil, a veces. Lo he vivido y lo veo en tu cara desconcertada por no entender cómo funciona este mundo que parece que hoy te pida que lo contrario de lo que te pedirá mañana.

Hay tantas normas impuestas y no escritas sobre cómo debe de ser todo y sin darte cuenta llevas incrustadas en la memoria mil formas de vivir que no son la tuya… Yo aún las noto,  muy a menudo, no te creas. Ser mayor no te evita las dudas. A veces, me invaden algunos pensamientos tristes que ya no forman parte de mí y que parece que quieran que me quede quieta, que me sienta cansada y me rinda… ¡Es tan difícil echarlos de tu cabeza! Aunque, si en ese momento recuerdas qué sueñas, se te pasan… Tal vez no entonces, pero al final, desisten. Tú también lo conseguirás.

A menudo, para ser tú mismo parece que tengas que librar una batalla contra el mundo, aunque en realidad, sólo debes responder ante ti.

Es contigo con quién vas convivir siempre. La piel que habitas es la tuya. Las palabras que dices son para ti… Si huyes de eso, te seguirá siempre… Ahora tal vez sientas que es necesario encajar o pertenecer a algo… Que resistirte a llevar una etiqueta en un mundo en el que todo se etiqueta es complicado, pero con el tiempo, el trabajo hecho para seguir siendo tú misma a pesar de todo, te hará sentir libre… En el fondo, todos aquellos que hoy parece que todo lo tengan muy claro, están tan perdidos como tú. Sólo disimulan, porque temen mostrar sus incoherencias, porque no soportan reconocer que nos saben aún quiénes son.

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No te preocupes… Todos somos diferentes, pero sólo los valientes se atreven a mostrar sus diferencias… A enamorarse de ellas. A convertirlas en su impulso y, si hace falta, en parte de su identidad.

Lo fácil es ceder y avergonzarse de uno mismo por no seguir la norma, por no parecer, por no encajar en el molde. No pasa nada, no hay moldes, no hay que parecerse a nada ni a nadie.

Parece que sería mejor ponerse la etiqueta que otros quieren que te pongas y vivir dándoles la razón, sin imaginar otros mundos posibles, otras personas posibles en ti. Sólo lo parece…

Todos tenemos miedo, pero sólo los que lo abrazan y lo entienden son capaces de superarlo.

Los demás se aferran a salvavidas de plomo y se encierran en un búnquer para protegerse de lo que les asusta sin darse cuenta de que eso les aísla para siempre… Sin ver que la única forma de vencer es afrontar… Que lo que no queremos asumir, insistirá llamando a nuestra puerta eternamente… Estemos donde estemos, aunque huyamos lejos y cerremos los ojos y nos pongamos las palmas de las manos en los oídos para no oír sus pasos acercándose.

Lo sencillo es esconderse y creer que así todo cambia, esperar el milagro sin hacer nada para que suceda… Mirar por la ventana y saludar al mundo sin meterse en él.

No te culpes, no hay culpas… No uses ni siquiera esa palabras, es terrible, sólo trae dolor y angustia… Las personas que asumen sus actos son responsables de ellos. Las personas responsables tienen el poder de cambiar las cosas porque deciden, porque rectifican y saben perdonarse.

Todos tenemos fantasmas, pero sólo los que se atreven a mirarles a los ojos consiguen que se vayan de sus vidas. Sólo cuando te das cuenta de que los monstruos que te persiguen están dentro de ti y dejas de buscarlos debajo de la cama, dejan de molestarte.

Lo habitual es ceder al chantaje y convertirse en uno más. Ahogar a tu yo verdadero hacer que esa etiqueta que llevas colgada se meta dentro de ti. Perder el brillo en la mirada, perder el gesto que te hace auténtico y te hace sentir que puedes… Cambiar tu rostro por una máscara gris… Conformarse con soñar sin tocar, con subsistir sin vivir…

No dejes que nadie te defina ni te diga qué debes hacer, escucha siempre a las personas en las que confíes pero las riendas las deberás llevar tú.

Todos necesitamos amor, pero sólo los que se conocen se quieren a sí mismos. Se aceptan, se aman, se respetan.

Hay tantas personas que no se aman a sí mismas y buscan en otros brazos el cariño que no se dan. Tantas personas que dependen del amor ajeno y aceptan chantaje, regatean con su dignidad porque no se han dado cuenta de que merecen un amor de verdad…

Y las personas nos tratan como nos tratamos a nosotros mismos, como dejamos que no traten… Nos las encontramos por aquí porque tenemos algo que aprender de ellas… A veces es para que nos enseñen cómo hacer las cosas bien, qué camino tomar… Para que nos inspiren y motiven. Otras veces, es para que sepamos qué tipo de persona no queremos ser, qué no queremos pisotear, qué opción no deseamos elegir…

Se aprende tanto de los héroes como de los villanos. Lo sé, parece mentira ¿verdad? a veces, incluso más.

Se aprende tanto de lo que parece que nos frena como de lo que nos da impulso.

Cada obstáculo es una lección por aprender. Cada error es un ensayo general de una función a la que cada vez vas más preparado…

No lo veas como un problema, piensa en ello como un desafío, un reto, como algo nuevo que empezar. Y si no tienes ganas, las inventas, las imaginas… Sonríes y piensas que seguro que le encontrarás el lado maravilloso.

Lo único que importa es estar cómodo en tus zapatos y ser leal a lo que te conmueve, a lo que te habita, a lo que sueñas que sea tu destino.

A veces, pasamos largas temporadas ausentes de nosotros mismos. Estamos cansados y desesperanzados y dejamos que nuestro cuerpo lleve las riendas para no pensar, para no sentir más allá del frío o el calor, para no saber lo que nos duele saber. Y somos como aviones de papel que parece siempre que volarán pero solo se elevan por inercia y caen en picado porque pesan demasiado, porque no baten sus alas como los pájaros…

Vivimos ahogados en nuestras lágrimas y no queremos darnos cuenta de que si dejásemos de llorar tendríamos tiempo para construir… Si dejásemos de almacenar rabia, nos quedaría espacio para almacenar sabiduría y experiencias…

Y cuando no sientes, no duele, claro, pero tampoco vibras ni te emocionas… No dejas volar la mente y te metes en todas y cada una de las infinitas posibilidades de ser tú… Por eso, merece siempre la pena soltarte, volar, saltar… Cruzar por la cuerda floja, hacer equilibrios, patinar… Merece la pena ser tú aunque cueste, aunque algunas miradas te arañen… Aunque en algunas ocasiones todo parezca no tener sentido. Aunque no veas por qué ni para qué y te asuste quedarte sola o perdida.

Es como jugar, hay que usar esa emoción que tienes cuando juegas o cuando corres esperando llegar a la meta o la sensación maravillosa que tienes cuando te columpias y por un momento crees que vuelas y tocas el cielo… Cuando eso pasa, la felicidad inmensa se refleja en tu cara… No hay cara más hermosa que la de alguien que descubre que puede volar… Yo te he visto volar muchas veces y en esos momentos tu belleza es desbordante… Y se contagia.

¿Sabes? las personas hermosas de verdad son las que van por ahí contagiando su belleza, las que hermosean lo que tienen cerca. Tú lo haces, lo sabes, no lo pierdas…

Se trata de confiar en ti y estar de tu parte… Decirte cosas bonitas, usar palabras hermosas para hablarte, encontrar personas que te hagan sentir viva y corresponderles… Recordar qué sueñas siempre y creer que está en tu mano. No rendirte aunque sea difícil y amar tu soledad.

Recuerdas, el sombrerero loco le pide a Alicia que vuelva ser ella misma, le dice “antes eras mucho más muchísimo…” y le insiste con “creo que ahora has perdido tu muchedad” se refiere a su grandeza, su saber estar consigo misma, su capacidad de volar… Eso es lo que nos ayuda  seguir, pase lo que pase, diga lo que diga el mundo, no pierdas tu muchedad.

Eres mucho más, muchísimo…

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A veces, vuelo


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A veces, vuelo.

Sucede durante pocos segundos. Es casi una sensación, una sacudida que me acaricia y me hace sentir que puedo con todo.

Me pasa cuando estoy harta y decido que ya no acumulo más rabia y vacío la mochila de horrores y chismes perversos.

Cuando estoy en el tren, mirando por la ventana, y el mar salpica las rocas y me doy cuenta de que hay mucha belleza que no abarcan mis sentidos. Y al volver la vista, mis ojos chocan con los de una niña que ríe y lleva zapatos rojos.

Vuelo cuando pido perdón por uno de mis millones de errores y al otro lado encuentro comprensión y caricias. Cuando me doy cuenta del poder que tienen las palabras y del que tenemos todos al usarlas sin saberlo.

Me pasa cuando escribo. Cuando cuento historias raras y alguien las lee y me dice que se ha emocionado o me da las gracias cuando soy yo quién debería pasar una eternidad agradecida por el gesto.

A veces vuelo cuando miro atrás y recuerdo que pude y que insistí a pesar de que hubo momentos en que tenía una necesidad inmensa de tirar la toalla. Me veo fantástica y me da esperanzas para creer que todos, cuando queremos, somos maravillosos.

A veces vuelo mientras lloro porque puedo transformar el dolor en magia.

Vuelo si amo y, como amo mucho, vuelo sin parar. Vuelo durante los abrazos de más de seis segundos y con cualquier tipo de beso deseado y buscado. A penas levanto un milímetro del suelo, tal vez ni siquiera eso, pero noto como mis pies flotan y el aire se llena de oxígeno y una euforia densa me cubre el pecho.

Vuelo y, cuando vuelo, el corazón se me acelera y el pulso escribe notas en mi cabeza para que cante sin abrir la boca y baile sin moverme apenas…

Cuando camino un rato, puedo volar. La soledad me invade y todo a mi alrededor se vuelve lento y mientras yo doy un paso el mundo está quieto y puedo metérmelo en el bolsillo.

Vuelo si sueño despierta y el deseo de tocar ese sueño es tan intenso que las lágrimas de ilusión por imaginarlo inundan mi rostro cansado pero acelerado de tanto inventar…

Vuelo si pongo paz y si cierro heridas. Vuelo si alguien a mi lado puede volar o es capaz de creer que yo pueda.

Vuelo cuando la bestia me mira y sé que me quiere, a pesar de ser tan feroz que todo el mundo crea que va a devorarme las manos con las que la acaricio.

Vuelo si puedo imaginar que vuelo.

Vuelo si me quiero tanto que me perdono las erratas y dejo de culparme por no haber existido en una perfección imposible.

Puedo volar si puedo sentir. Si consigo mirar al abismo y pensar que voy a esquivarlo a golpe de conciencia. Si me noto tan elástica que doy la vuelta y me adapto al marco de la foto que me hago cada día.

Si me respeto a mi misma tanto que soy capaz de no reprocharme, ni medirme, ni recortarme. Si soy capaz de mirarme con ojos bondadosos.

Si me quiero y encuentro hermosa, vuelo… Si a pesar de estar muy cansada, pretendo insistir… Vuelo.

Si camino por un pasillo lleno de caras agrias y no me importa… Vuelo.

Vuelo cuando me lo juego todo, tanto si me equivoco como si acierto, porque lo que cuenta es la intención y el gesto…

Vuelo si estás a mi lado y me abrazas.

Vuelo cuando tengo tanto miedo que levanto la cabeza y sigo adelante para no darme cuenta de que lo tengo y no quedarme paralizada. Cuando admito que tengo miedo y soy capaz de decirlo en voz alta.

Vuelo cuando no oculto de mi esencia y me atrevo a mostrarla. Cuando mi imprudencia supera mis complejos, cuando me arriesgo a perder y pierdo y me miro a la cara.

Vuelo cuando no me avergüenza admitir que vuelo y hablo cuando muchos desearían que me quedara callada.

Vuelo, pero vuelo poco y vuelo corto aún, porque a menudo me preocupa demasiado perder el control y me ocupo demasiado en demostrar al mundo que valgo la pena… Y esa lucha por defenderme de un mundo, que en el fondo no me ataca como yo creo, me quita energía y me resta magia.

Vuelo bajo porque mientras vuelo no siempre me suelto ni confío en mi misma como merezco… Porque la cabeza se me llena de pensamientos funestos y se adueñan de mi ánimo.

A veces, vuelo. Es sólo un instante, y a menos de un milímetro del suelo, pero es tan grande esa sensación que casi me noto las alas.


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Antes de volar


No hace mucho pensaba que si hubiera podido dibujar mi vida desde el principio, seguramente habría perdido menos tiempo intentando quererme. No es que el tiempo dedicado a mi autoestima haya sido un desperdicio, claro que no. Quererse es imprescindible para conseguir ser feliz y hacer felices a otros. Quiero decir que me hubiera gustado llevar la autoestima de serie un poco más alta y no tener que dedicar tantos años a trabajármela. Días y días de soltar llanto reprimido y abrir los ojos a la realidad de que todos somos valiosos y distintos y todos podemos ofrecer algo que vale la pena, seamos cómo seamos. Por tanto, si hubiera sabido que llegar respetarme tal y como soy me llevaría tanto quebranto, hubiera querido nacer con esa lección aprendida porque es básica. Si no te amas, no amas. Si no te sientes bien contigo mismo, todo lo que intentas se pudre.

No hubiera tenido que ser ni más maravillosa, ni más conformista. Sencillamente, podría haberme concentrado en otras metas posteriores que me esperaban, a las que no tuve acceso hasta que mi autoestima llegó a un nivel mínimo. Cuando te quieres a ti mismo, se abren ante ti caminos por explorar que ignorabas que existieran. No somos conscientes de lo mucho que podemos llegar a hacer si nos ponemos a prueba y lo intentamos. Cuando no te quieres, te ocultas siempre y nunca arriesgas nada, nunca sales de tu zona de confort porque sientes pánico a que te miren, a contemplarte a ti mismo con esos ojos inquisidores…

Imagino haber visto esos caminos, esas posibilidades, esas oportunidades ante mí mucho antes y no puedo evitar derramar unas lágrimas… ¡Cuánto podemos llegar a negarnos a nosotros mismos ser felices! ¡cuánto nos vetamos vivir intensamente mientras nos castigamos por no ser, no parecer, no llegar! Y eso, dejando de lado que a veces es falso, porque sí somos y sí llegamos y no importa qué parezcamos… Eso nos cierra los ojos para ver que hay un millón de ventanas abiertas por las que acceder a distintas vidas y realidades esperando que nos asomemos a escoger la que nos apetece.

Todas las veces que podría haber disfrutado del momento que vivía pero estaba demasido compungida pensando en que no era cómo yo soñaba o, peor aún, cómo otros esperaban de mí… Todas las veces que no pude sentirme bien imaginando qué podían pensar los demás de mis errores o mi aspecto… Siempre pendiente de llegar a una perfección aturdidora sabiendo que jamás iba a conseguirlo y culpándome por no tocar una meta absurda. Cómo si hubiera estado siempre mirando al lugar equivocado y habiéndome perdido el maravilloso espectáculo que había a mi alrededor. Siempre buscando que el sol se ponga en el lado erróneo o perdiéndose la luna por mirar su reflejo. Todo pasaba a mi alrededor y yo no lo veía porque mi dolor deformaba el paisaje y lo teñía de una sord¡dez irreal. ¡Qué desperdicio de momentos que pasaron ante mi cara sin que yo los pudiera ver y sentir!

Siempre que recuerdo todos los escalones subidos en esta escalera del amor propio y lo lenta que he ido (aún me quedan muchos, seré sincera) me siento frágil, me siento caduca, me duele el tiempo perdido intentando ser yo mientras el mundo giraba sin esperarme. El mundo no espera nunca. O te montas en él o te quedas parado intentado descubrir que en realidad eres especial. Aunque no sirve de nada culparse por ello, mejor mirar adelante. Culparse sólo serviría para retroceder y bajar algunos de los peldaños de la escalera de autoestima que tanto nos costó subir. Es mejor responsabilizarse de la situación y poner solución. Seguramente, mientras nos buscábamos a nosotros mismos para encontrar cómo amarnos, encontramos también por el camino mucho de lo que hoy nos hace ser mejores.

Ahora me doy cuenta de ello, siempre estaremos subiendo peldaños para querernos, hasta el último de los días…Todo ese tiempo que yo creía perdido era un aprendizaje  que me había servido para afrontar lo que venía después con un poso distinto. Si hubiera tenido una gran autoestima desde el minuto cero, tal vez no hubiera sabido gestionarla y ahora yo no sería yo… El tiempo lo malgasto ahora lamentándome por haber tardado tanto en subir la escalera y no saber dejar atrás lo que no cuenta. Por sentirme caduda y triste pensando en lo que pudo ser… 

Podría haber ido más rápido, sin duda, pero ahora sería una persona distinta. Y algo que ha aprendido de intentar quererme todos estos años es que, a pesar de lo mucho que quiero mejorar y crecer, me gusta cómo soy.

Con cada falta y querencia. Con mis emociones desatadas y mis lágrimas facilonas, a veces. Con mi amor por las palabras y mi necesidad de comunicarme siempre… Con mis prisas y mi impaciencia. Con mi ilusión desbocada y mi cabeza incapaz de dejar de pensar… Nunca sabré dónde estaría si el primer día hubiera podido decir esto que ahora digo y estar convencida de ello. Tal vez en ninguna parte, haciendo nada, incapaz de encontrar ninguna palabra para nadie. Seguramente porque cuando todo está bien, no tenemos necesidad de luchar por cambiarlo. Sin conflicto, sin esfuerzo, no hay vida. El dolor te hace caminar y buscar, te hace salir de la crisálida y explorar. 

Y al final, el tiempo usado intentando quererse es una inversión de madurez que puede ser muy útil a la hora de enfrentarse al abismo. Siempre queda un peldaño más por subir y un poco más de lastre por soltar…

Y una lección aprendida… Nada es en balde, todo lleva su tiempo… Aunque una vez asumido, conviene recordar que el mundo gira y hay que montarse en él. La vida es un gran espectáculo que no nos podemos perder…

Dicen que si ayudas a una mariposa a salir de la crisálida, sin querer, la acabas matando… Sus alas necesitan luchar para salir por el agujero para poder madurar antes de volar…


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Esbozo de pequeñas esperanzas


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Que sirva este modesto esbozo de pequeñas pretensiones y esperanzas para que el tiempo que empieza renueve mi empeño…

Para que no se me disuelvan las ganas con la lluvia, ni se me esfumen los sueños por la chimenea. Para que siempre arrastre el deseo cuando las puertas se cierren y los caminos se estrechen. Que no me falten retos con que construir castillos de arena y la curiosidad me mate, si no me libera.

Para que me pise la sombra si creo que se me extinguen las pasiones y no me harte de luchar contra dragones con cara de caballero andante ficticio… Para que siempre pueda tomar impulso y no me quede dormida sin deseo de despertar. Y que eternamente me queden un par de migajas para marcar el paso andado, por si encuentro a alguien que quiera seguirme y compartir anhelos y despistes…

Para que no se me escapen las ilusiones por debajo de la puerta y no se me esfume el aliento a cada suspiro que pierda evocando un amor falso y diminuto. Que no se me acerquen personas que vacían de esperanzas. Que sea capaz de contagiar ánimo y ganas feroces de tragarse la vida.

Para que yo sepa hasta dónde quiero llegar y no me nublen la razón los encantadores de serpientes. Para que sepa lo que siento y no me vendan amores a medias y caricias impermeables. Y que no me arrepienta de lo que hago, sino de lo que todavía no beso. Que no tema lo que viene, sino lo que no me atrevo a dejar atrás.

Para que no me regalen abrazos que sean cárceles de cariño necio y no me deje yo encerrar en palacios de aire helado. Para que la noche me pille con ganas de risa y hambre de fiesta…

Que de mi mano no salgan más que caricias tibias y de mi boca palabras adecuadas y besos dulces. Que pueda dejar a la bruja que me habita cada martes encerrada y dormida y desde todas mis mañanas se divise un horizonte cercano y asequible.

Para que nunca deje de arrastrar un sueño imposible que parezca accesible a la palma de mi mano sin doy un paso más… Para que nunca diga “nunca” y siempre diga “siempre” cuando me pregunten si quiero, si puedo, si lo voy a intentar…

Para que sepa serenarme y no cansarme ni invadirme de quejas absurdas. Para que recuerde que no soy el centro del mundo, pero que sepa que en mi mundo me debo importar… Que corra todos los riesgos necesarios y camine por todas las cuerdas flojas.

Que ame más aún, sin perder el norte ni el amor propio. Que sea más amada aún y merezca cada roce y atención.

Que todos los poemas sean mis poemas, que todos los versos me arañen el alma…

Que no me falten razones para que mis pensamientos sean honestos y mis alegrías titánicas. Que mis creencias no sean dogmas. Que todo lo que me achique el ánimo se pueda cambiar…

Para que recuerde que tengo mucho y sueño aún más. Para que dé gracias por todo y disculpe todas las faltas.

Que sea incorrecta, si es necesario. Que sea intrépida y meta todos mis miedos en una caja que vaya a parar al mar…

Que mis días sean largos y mis logros gigantes.

Que me rodeen los locos y las personas extraordinarias.

Para que yo sepa ver la excelencia en cada uno y la belleza en todo lo que se posen mis pupilas ávidas y ansiosas. Que sea un poco ridícula, si hace falta. Que sea imprudente, irreverente y descarada.

Para que lo bueno ya no sea breve jamás. Para que mi mundo sea maravilloso y yo esté a la altura de las circunstancias. Que cumpla promesas. Que prometa milagros… Que toque el cielo con las manos sin abandonar mis raíces. Que sienta el suelo bajo mis pies mientras espero para volar…


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Métete en mi vida


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Métete en mis asuntos. Aunque… Luego no digas que no te he avisado. No pongo el freno, casi nunca. La mayoría de veces salgo volando y en pleno vuelo, me doy cuenta de que tengo las alas en casa. Y aún así no me estrello nunca, porque vuelo de oído y recuerdo. Porque con el paso del tiempo ha aprendido a calibrar las azoteas y esquivar las antenas… Porque soy de pluma y viento. Mi substancia cambia de forma y estado y cuando toco suelo, soy vapor.

Y cuando camino tampoco es fácil seguir mi paso, mis pies oyen la música y se deslizan sin pausa mientras mi cabeza sueña y busca. Tengo mucha prisa siempre para no perderme nada, poner los cinco sentidos… Siempre he tenido la sensación que hay algún lugar que debo ver y no encuentro, alguna persona que debo conocer y no veo. Busco su nombre, que está escrito en la cima de una montaña que debo pisar y no piso, para contemplar un valle, al que debo llegar rodando y no llego. Si paro, en otra dimensión hay una yo que alcanza la meta y colma sus sueños… Y pierdo la partida. Si bajo la guardia, las esquinas de mis ojos se pierden el crepúsculo o la suave caída de una hoja, que podría inspirar el más hermoso de los versos y sacudir la más tremenda de las conciencias. Detener una batalla, componer un vals… Avivar un fuego que se apaga. Todo es una cadena de acontecimientos sucesivos que nacen y mueren en un devenir constante, que no se explican unos sin otros, donde todo no tiene ni principio ni fin. Si callo, si me entretengo, la cadena se rompe, la historia se detiene… El milagro se funde y la esperanza sigue vagando hasta encontrar una nueva mente que ponga en marcha el engranaje y todo vuelva a empezar… Aunque ya es distinto, ya no lleva escrito el mismo destino. Nuestra historia cambia a cada instante que escogemos un camino…

Métete en mis asuntos. Ven, vamos… Pero no tendrás tiempo de cerrar puertas ni lamerte heridas. Lo mío es arrasar noches y buscar ventanas por donde colarnos en la vida que deseamos. Dibujar una escalera y subir por ella sin mediar instante. Trepar hasta el árbol más alto y buscar el horizonte más lejano, tragar tierra y no parar más que para acariciar la hierba cuando no recordemos como huele. Cuando no nos notemos las orejas porque están heladas y nos besemos con la nariz como los esquimales.

Acércate… Atravesaremos este otoño ocre y no pararemos hasta que el sol de verano nos queme la nuca.

Métete en mi vida pero no me vengas con miedos. Si se te encogen las entrañas en la cumbre y el vértigo te puebla las sienes, te acercas a mi hombro y buscas mi mano. Así aguantarás la sacudida. Y no me digas que no puedes, que tienes frío o que estás cansado. Por si te oye un pájaro y para el pleno vuelo, tal vez detengas una revolución necesaria o cambies el curso de los días.

No te asustes, ven. Sigue el hilo y algún día encontraremos la madeja… Tanto ir de acá para allá, asaltar fortalezas, y hacer tambalear imperios, necesito abrazos. Busco morada y besos. Busco reposo para mis ojos y calor para mis madrugadas. Alguien que me oiga el rezo y me cubra con la manta cuando me llegue el sueño. Alguien que se meta en mi vida y sepa que muchas veces tendrá que acariciar mi sombra. Prometo amor inmenso y desenfreno. Prometo risa y riesgo. Prometo cansancio y lluvia… Mucha lluvia, a veces helada… A menudo, en pleno vuelo, me doy cuenta de que no llevo el paraguas.

 


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Vuela


AVES LLUVIA

Sé la sal y la carcajada. Que se note que estás, que si no llegas, te busquen. Que si no te ven, te sueñen y necesiten. Desdibuja tus fronteras. Expande tus ojos hasta donde abarca tu vista. Que no te quede nada por ver y desear.

Sé la risa tonta y el momento que precede al sueño, cuando tu cuerpo cede y todo lo que no es básico ya carece de importancia. Que sepan que te sueltas y te dejas llevar, que te meces en la vida… Que bailas y acompasas tus movimientos al vaivén de tus alegrías. Que dictas tú cada gesto, que te llevan tus ganas… Que obedeces a tus ritmos…

Sé viento y diente de león que se expande y surca el aire y acaba lejos, sin pensar, sin sufrir… Sin casi saber que le espera al otro lado del éter. Confía en lo que ven las esquinas de tus ojos y lo que pueden llegar a abarcar tus manos.

Sé el camino y marca el paso. Sé la lluvia. Crece hasta salir de la casilla que te ha asignado, que no te digan que encojas, ni te recorten las ansias. Colma el vaso, rebosa y pasa los límites que creías tener. No finjas credos, no hagas falsas reverencias, no simules tus afectos. Haz más preguntas, hasta rozar la impertinencia… Hasta romper el esquema y salir del marco. 

Sé el zumbido que saca de quicio. Sé la excepción si es necesario, pero nunca para confirmar un regla sino porque crees que vale la pena desobedecerla. Dí que no y que sí y aprende a distinguir cuando callar y cuando no parar de contar historias. Protagonízalas todas, no por figurar o por ser el centro del mundo, si no por apurar la vida.

Sé la llama. Que el vello de tu cuerpo se erice a cada momento y tu piel note el escalofrío de lo desconocido.

Cambia el camino, muda el vestido.

Salta. Devora. Acaricia. Si te cansas, sigue insistiendo. Si te aburres, para y da la vuelta. No malgastes un minuto con amores que te quedan cortos ni beses sin alma. No pases de largo de nadie, aunque parezca pequeño, no te dejes engañar por la medidas… El tamaño de tus pensamientos puede ser enorme.

Sé grande, gigante. Adquiere la dimensión de lo que sueñas. Sé lo que buscas y busca lo que eres. Sé el equilibrio y aprende a perderlo.

Actúa mientras rezas, si rezas. Busca tus dioses y borra tus demonios. Duda, pero agita tus ideas. Vacila, pero toma las riendas.

Busca y si lo encuentras, agárralo fuerte. 

Sé libre. Y recuerda que ser libre es a veces incluso escoger ser esclavo… Pero decide tú.

Vuela.


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Sin gravedad


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Soltarse, al fin. Notar que caes, pero saber que flotas. Que vas a sobrevolar el precipicio y ver que el mundo se hace pequeño y te cabe en la pupila. Convertirse en aire, en vapor caprichoso que todo lo acaricia y en todas partes se impregna… permanecer callado oyendo mil voces y ser capaz de distinguir entre ellas un susurro. Dejarse llevar, un poco. Un casi del todo, sin abusar. Como el agua que dibuja su camino buscando surcos y sondeando huecos, pero sin detenerse, con fuerza, con ansia, con inercia.

 Soltarse, sin remedio. Sin gravedad. Respirar hondo y notar como el aire te atraviesa, sin pensar en las muecas, ni las caras, sin escrutar las miradas esperando desacuerdo ni vanagloria. Escuchar sólo ese reloj interior que marca los goces y los sueños, sin tiempo ni prisa, sin más temor que el de dejar de oírlo.

Ser bruma. Espesarse y diluirse al calor. Fusionarse.

 Adivinar las risas. Buscar las risas y detenerse en ellas, un rato largo… Para notar la vida desde los pies a la cabeza. Saber que una carcajada es un universo y que cada lágrima devastaría un imperio. Surcar imperfecciones conocidas sin que se claven en tu puerta con sus hojas afiladas, sin que te ocupen la mente, sin que se conviertan en tu cauce.

 Soltarse, volar. Darse cuenta de que no hace falta ser perfecto para ser mejor. Bailar. Bailar sin parar.

 Soltarse, con ganas. Librar una batalla entre la voluntad de ser y la naturaleza de estar. Ser la nieve sobre una hoja, la mota de polvo errante en el aire  que se distingue al sol… Caminar, bucear en lo más íntimo… Existir como finalidad y como medio. Brillar… Brillar de modo intenso.

 Soltarse, al fin. Saber que no es perfecto, pero que es hermoso. Acabar con la pugna para arrastrar un equipaje pesado y escoger lo necesario para el viaje. Llevarse las caricias y las moralejas… dejar los credos absurdos, los límites inquebrantables y las pequeñas crueldades. Olvidar escudos y caparazones. Mudar la piel y ser elástico… sentirse en calma pero iluso, ardiente… vivo, intenso.