merceroura

la rebelión de las palabras


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Vida


FLOR PEQUEÑA

La vida se concentra en los pequeños detalles. Habita en los peldaños de las escaleras y en los pliegues de las sábanas. Es especialmente caprichosa  al contemplar todo lo pequeño, le gusta hacerlo grande, le gusta hacerlo maravilloso para que nos importe, para que tengamos que detener la vista en lo minúsculo y darnos cuenta de que en cada átomo hay un universo por explorar. Y al mismo tiempo, para que sepamos que es efímero, que se gasta, que se acaba, que vuela y desaparece.

Tal vez por eso es tan bello… Tal vez por eso la belleza es deliciosa y afrutada, porque se escapa…

Y la vida, que sabe que buscamos momentos intensos, es complace en mostrarnos aquello que podemos desear y nunca acabar de tener del todo… Y esa es la enseñanza, el aprendizaje… Nada es nuestro, todo viene y todo va, sólo podemos disfrutarlo mientras está y homenajearlo cuando se marcha recordando lo hermoso, lo bondadoso, lo que deja en nosotros…

El recuerdo es el tesoro. La lección. El beso que sigue siendo beso cuando ya no quedan los labios… El abrazo que sigue dando calor sin que él ya no esté cerca… Las palabras que ahondaron en tu alma recordándote que puedes, aquella tarde cuando tanto buscabas palabras que te ayudaran a saltar, a vivir, a conocer…

Y nos queda aceptar. Dar el salto a otra dimensión dentro de nosotros mismos donde nos sobra y nos basta con saber que somos, que estamos con nosotros y nos apadrinamos las lágrimas y nos besamos las penas… Que da igual si caemos porque somos un tentetieso que siempre acaba en pie… Que no importa si perdemos porque lo que buscamos no es la gloria sino el cambio en nuestra mirada, nuestra nueva actitud en la vida…

Una vida que nos demuestra cada día que lo que habita en nosotros realmente es lo básico. Que somos suspiro. Que no tenemos nada y lo somos todo. Que vinimos con un traje de piel y marcharemos con ese traje más cansado, más arrugado, más sabio…

La vida anida en las palabras. En los pensamientos que nos ayudan a crecer… En las miradas locas que buscan caminos alternativos… En las emociones que nos obligan a entender que a veces nada es como esperamos pero que en ese desconcierto hay una melodía, una especie de perfección salvaje que hace que al final todo encaje, todo cuadre, todo tenga sentido…

Porque la vida te trae flores cuando vas a saber apreciarlas y no cuando crees que las necesitas.

Te deja sin escalera cuando te empeñas en subir para que te des cuenta de que tienes que bajar.

Te viste de gala cuando ya no te importa ir desnudo.

Te esconde las piezas del rompecabezas para que te des cuenta de que ya estás entero.

La vida ama lo fugaz, lo pequeño, lo etéreo, lo que se desperdicia cuando abarcas demasiado, lo que se pierde cuando sumas y restas sin tener en cuenta lo verdadero… Lo que nunca aprecias porque siempre está. Lo que nunca ves porque no quieres verlo o no le das valor porque crees que estará también mañana.

La vida escupe contra viento y sacude cuando has caído. Aprieta donde duele, salpica con sal donde tienes una herida aún por cerrar… Te obliga a soltar lo que te queda y te colma cuando entiendes que en realidad no necesitas ya nada.

Y todo es para que entiendas, para que veas, para que te detengas… Aunque duela tanto a veces que no puedas ni sentir…

La vida busca que poses tus pupilas en todo aquello que se te escapa para que de una vez por todas sepas que lo que realmente permanece eres tú…

La vida te pide que te acerques a lo pequeño para que entiendas que en realidad es grande, enorme, gigante… 

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¿De qué va la vida?


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Creo que lo he entendido.

Esto va de sonreír aunque duela. De casi fingir que es hasta que sea… De cerrar la puerta al pasado y sólo dejar pasar lo aprendido, lo intuido y lo soñado si aún te conmueve.

Va de saltar al vacío y confiar. De apurar el día hasta que llega el momento de apurar la noche… De mirar siempre a los ojos y afrontar el reto…. De destruir todos tus escondites para cuando el miedo te tiente a retroceder y no dar la cara.

Va de descubrir que el único refugio eres tú mismo.

En el fondo lo sabía, supongo…

Hasta que no te des cuenta de que mereces que te traten bien, aparecen en tu camino mil personas que te tratan mal…  Repites la prueba, una y otra vez, hasta que la pasas, hasta que levantas la cabeza y dices basta y percibes tu valor.

Esto va de derribar muros, de tender manos. Va de abrazos y de palabras, de escuchar y mutar de piel cuando escuchas y ocupar zapatos ajenos para poder contemplar el mundo de mil formas.

Va de aprender cuando debes ser un camaleón y cuando mostrar el brillo de tus alas.

Va de desaprenderlo todo y quedarte con lo que te reconforta y lo que te reta a seguir…

Ya lo veo, ahora me doy cuenta.

Es cuando dejas de ocultarte de la sombra que sale el sol.

Cuando lo sueltas es cuando lo alcanzas…

Cuando dejas de necesitarlo,  aparece. Viene a ti, lo ves y lo notas. Sólo lo alcanzas cuando tienes claro que siempre te ha pertenecido… Si es que algo nos pertenece aunque sea un rato…

Esto va de bailar imaginando la música y caminar dibujando el camino.

Sólo cuando decides que vas a aflojar tu exigencia, cuando vas a aceptar tu imperfección maravillosa, cuando vas amar al mundo tal como es… Entonces desaparecen las ataduras, las pesadas corazas, la hormas rígidas a las que amoldarse…

Esto va de ver tan claros tus sueños que se conviertan el realidades. De darle la vuelta a todo y aferrarse a lo bueno para eternizarlo, para que se te quede tan dentro que ya nunca puedas perderlo… Va de perder para poder descubrir qué te queda, qué buscas, qué necesitas.

Sólo cuando te da igual el premio, eres capaz de ganar la carrera llegando el último.

Si dejas de perseguir lo efímero, empiezas a ver lo sustancial, lo esencial.

Esto va de atesorar tus fracasos y tropezar mucho hasta darte cuenta de que no se trata de no cometer errores sino de entenderlos, abrazarlos, amarlos.

Y a medida que caminas, amas cada paso. Porque esto llamado vida va de andar, aunque no se vea el final o lo que buscas te quede muy lejos.

Porque consiste más en encontrar que en buscar.

Sólo cuando cierras esas puertas a las que estás amarrado, se abre el techo y pasas al siguiente nivel.

Esto a de levantarse y topar con una cara amarga y reírse.

Va de acordarse de cada beso y cada arañazo. De nadar entre tiburones y sembrar entre plantas carnívoras… Y reírse, otra vez, con más intensidad.

Que no te importe si no les importas. Que te moleste si no te ven o no quieren verte.

Va de caer y alzarse a tientas… De cantar para espantar los males…

Porque es cuando empiezas a fluir que todo parece más fácil…

Esto va de llorar para vaciarse de miserias… Y reírse, hasta que se oiga al otro lado de tu conciencia esa risa pegajosa y sepas que puedes.

Cuando renuncias a lo que te limita, eres capaz de crecer, de evolucionar, de aumentar de tamaño.

Esto va de besar y seguir remando cuando las olas te escupen rabia en tu cara y el viento zarandea tu barca hasta que pierdes en sentido. Y de saber cuándo dejar de remar y dejar que el viento te lleve…

Va de quemar naves para estar obligado a quedarse en tu vida para cambiarla si no te gusta.

De vencer  sin pelear, con palabras y conciencia, de  llevar la contraria cuando nadie más se atreve. Va de ser tú mismo hasta las últimas consecuencias… Sin sufrir, sin amargar, sin sujetarse al dolor y quedarse atrapado en él.

Esto va de rodearte de personas  que hacen magia. Que te guían para que veas tus errores pero que nunca  te permiten morar en ellos…

Esto va de amar.

 


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Era por amor…


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Ya no se sentía como una bestia…

Sus ojos brillantes y fieros eran ahora más dulces y menos huraños. Respiraba emoción y bebía sueño. Bailaba…

Era por amor y por ganas.

Caminaba lento buscando el amor de los cuentos.

Susurraba suave pidiendo el calor de un abrazo.

Calmaba su sed de llanto buscando miradas nuevas y risas perdidas. Soñaba que andaba horas y horas hasta encontrar el camino.

Soñaba que ella era el camino y en él todo se mezclaba en una fiesta dulce. En su nueva vida, desde que ya no era fiera y no se enfurruñaba, había algo distinto en el aire… Desde que había dejado de quejarse por lo que no tenía y había podido detenerse a mirar la luna, sus fauces eran sonrisas y sus arañazos eran besos.

Había encontrado pistas que antes le pasaban desapercibidas y que llevaban a algún lugar donde seguro había algo hermoso esperándole…Lo sentía, lo veía, lo notaba. Su instinto de casi bestia la guiaba siempre.

Era por amor y por sueños.

Aunque ya no se sentía como una bestia y no aullaba.

No pasaba las noches maquinando batallas absurdas ni conjuras terribles.

No gritaba para calmar su dolor ni vaciar su angustia.

No se vestía de negro ni se ponía  la cara furiosa porque no tenía que demostrar nada a nadie… No tenía miedo de existir ni de ser vista. No pensaba que podía ser odiada, ya no…

Ya no era una bestia y, si lo era, no le importaba.

Era por amor y por haber aprendido a caminar sin el equipaje pesado del dolor y la rabia.

Cada paso que daba se sentía cerca de algo grande. Cuando miraba el mundo se sentía parte de él y se observaba segura de noche cuando se dormía esperando que llegara la mañana.

El lugar que buscaba no salía en los mapas porque estaba en sus entrañas cansadas de guerrear y en sus pasos aún inseguros.

Ya nunca se sentía cansada, ni rota, ni hueca porque algo la empujaba a buscar y seguir.

Era por amor y por haber borrado de su vida todo aquello que lo recordaba la tristeza.

Sus pies sabían el rumbo y sus manos se acostumbraban a las caricias. Había aprendido palabras nuevas que sonaban dulces y maravillosas, que construían nuevas realidades y castillos en el aire que nunca se borraban de su cabeza inquieta.

Tenía tanto miedo que, a veces, aún se escondía, pero era tan feliz de haberse encontrado consigo misma que le duraba poco.

El amor que soñaba llevaba su nombre. La diosa de sus rezos tenía su cara.

Ya no era bestia porque se amaba…


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Cicatrices


Tengo una nueva cicatriz. Tiene forma de sonrisa cansada. Surca mi piel y mi pasado. Posee la belleza de lo roto, de lo cosido y de lo remendado. Sé que estará ahí para siempre para recordarme que es el final de una batalla ganada. Para que cuando la mire y siga su cauce con mi dedo índice recuerde que pude, que supe, que tuve el valor, que cuando confío soy un ser mejor, capaz de todo. Para que sepa que los momentos más oscuros preceden a la luz más intensa, que sé manejarlos porque aprendí cómo hacerlo andando a tientas, con un miedo atroz pero con ganas infinitas de arrancármelo de dentro y buscando la manera de poder continuar sin parar… Para que me vengan a la cabeza de repente todas las palabras que he tenido que usar para sobreponerme y sobrellevar la situación. Para que no me pierda, cuando el pánico me invada los sentidos y la noche sea muy larga… Las noches largas están llenas de momentos en los que ese tú más cobarde te roba los sueños y las ganas y los sustituye por pesadillas y desesperanza.

Esta cicatriz será un refugio, un hatillo de palabras y pensamientos amables, destinados a confiar en mí y en mi capacidad de encontrar la moraleja que subyace en las cosas, el lado bueno, el chiste malo que te ayuda a limar las aristas que se clavan en ti cuando algo va mal…  Será un amuleto para alejar la tristeza y cauterizar el dolor… Será un antídoto contra la desgana y el miedo de afrontar, de seguir… Será el espejo en el que mirarme cuando me caiga, un espejo donde mi imagen siempre estará de pie, con cara de victoria y dignidad infinita.

Será  como una medalla que recuerda la carrera luchada. Una barandilla en la que sujetarse para no caer y mirar al mar y al mundo con unos ojos renovados. Para ahuyentar a los fantasmas que a veces nos rondan y buscan nuestras rendijas para colarse dentro y decirnos que no podemos, que no sabremos, que no llegaremos…

Mi cicatriz será el punto de partida de un mapa nuevo en mi cuerpo, un mapa que lleva a mí misma, sin más cimas que las que yo dibuje, sin más mares que los que me atreva a surcar para llegar a mi sueño. Y cada vez que la mire, sabré que he llegado. Más cansada, más dolorida, más gastada por el uso de mis días, pero infinitamente orgullosa de haber soportado la presión y ganado la batalla.

Me recordará cómo he cambiado para soportarlo. Cómo he tenido que inventar historias hermosas para llegar sin partirme en dos, cómo me he sujetado a mí misma para no caer en un marasmo de angustia y perder mi norte… Me recordará que yo tengo la brújula y marco el camino. Que cuando quiero soy grande, enorme, increíble… Que todos los somos si queremos y lo creemos.

Y le daré las gracias. Por estar. Por existir. Por encontrar en mí la prueba definitiva de que estoy viva y a punto para continuar.  Por marcar un punto y parte en mi camino, una cordillera que separa lo vivido, un antes y un después en mi aprendizaje, en la necesidad de conocerme y amarme. Daré las gracias por la oportunidad de darme cuenta de cómo cambia el mundo cuando tú cambias para poder estar a la altura, para no caer al vacío. Por todo lo que aprendí mientras luchaba por no dejarme llevar por el miedo en un camino oscuro y largo… Daré las gracias por la vida, por notar el sol y al aire y el peso de mis pies en la arena de esa playa que me busca cuando no la visito.

Aquí estoy, me diré, zurcida como un calcetín, remendada como las redes de pesca para salir al mar… Para poder seguir dando gracias, asida a la vida con ganas porque es el material más precioso y deseado. Con rendijas y recovecos, más fuerte, más suelta que nunca… Más sólida y a la vez más ingrávida… Más yo que nunca.

Y ya nada será igual. Y si en algún momento flaqueó y se me olvida lo bella que es la vida, surcaré mi cuerpo menudo para buscarla. Será mi remedio contra la estupidez pasajera, contra la bobada máxima, contra todos los domingos por la tarde de ñoña y desgana… Para que me cuente cómo pasó, para que me recuerde cómo lo conseguí, para que me ate a la vida y me quite a golpe de realidad todas la tonterías que acumulo en la cabeza.

Para que no vuelva sobre mis pasos y pierda fuerza.

Para que no pierda la confianza…

Para que nunca más corra el riesgo de olvidar quién soy.

Nuestras cicatrices están ahí para recordarnos el camino vivido, el recorrido de la evolución que hicimos en nuestras horas más bajas… Para que sepamos para siempre que saltamos, que fuimos capaces de agarrarnos con fuerza a nosotros mismos y vencer al gigante. Con miedo, con recelo, con los ojos llorosos y el corazón casi encogido, tal vez, pero lo que cuenta es el gesto, el ánimo, el salir de la cueva para ver el mundo aunque sepamos que en el mundo nos aguardan momentos duros… Saltar sin saber con certeza si hay suelo… Andar hasta quedar agotado sin conocer cuántos kilómetros quedan para la meta. Confiar…

Ahí estoy ahora. Con un nuevo trofeo de vida que me surca y me dibuja de nuevo… Yo misma, un kintsugi humano, una muestra de ese arte japonés que repara lo roto y agrietado con polvo de oro porque cree que así es más hermoso… Porque le da valor a todo lo que te marca y te deja huella. No hay duda, soy más hermosa, porque nada hay más hermoso que estar vivo…

Gracias.

GRIETA


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Un futuro sin excusas


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Llegó vestida de lluvia y con esa cara que sólo tienen los que han ido a vivir a sus sueños y han vuelto. Sus ojos impregnaron de vida tu vida. Su manos cubrieron de caricias tus ansias, sembraron en tu mirada las ganas de ir vivir, de explorar, de sentir… De encontrar aquel lugar del que ella venía y que tú no habías sido capaz de encontrar. Porque buscabas fuera lo que llevabas dentro… Porque te asustaba tanto encontrar el camino a tu felicidad que huías cuando intuías que estabas cerca… Porque te daba miedo descubrir que conseguir lo que querías estaba en tu mano…
Porque hasta ahora te habías limitado al culpar al mundo de no ser, de no tener, de tanto llorar. Y ahora ella venía decirte “tú decides” y la cabeza de daba vueltas sólo con pensar que habías rozado tus sueños con la punta de tus dedos y no habías sido capaz de asumir esa responsabilidad…Porque te daba terror darte cuenta de que para que alguien te amara deberías haberte amado antes tú…
Ella te dijo “no acumules lágrimas, acumula pasos” y te dio la mano para guiarte en ese camino que tenías pendiente… En esa senda que llevaba a ti mismo… A ese tú más libre, más sereno, más dueño de sus días y sus pasos… Ese tú lleno de errores pero de errores sabios. De actos impulsivos y un poco locos, de acciones imprudentes que llevan a situaciones imprevistas y soñadas, a lugares donde nunca has estado porque hasta hoy no has hecho nada que no estuviera programado…
Ella te dio las ganas. Ella te regaló las riendas… Tú pusiste el pie en tu camino y echaste a correr para no tener vuelta atrás, para no poder arrepentirte, para no poder regresar si te arrepentías…Tenías tanto miedo de perderte y no volver a encontrarte que deseabas huir de ti mismo… Tenías tanto miedo de no volver a sentir que te querías como mereces que no querías quedarte dormido por si al despertar no recordabas lo que es amarte… Tenías tanto miedo de no volver a tener el valor de intentar ser feliz que preferías desaparecer a regresar a esa vida donde no eras capaz… Por eso, empezaste a andar y apretaste las manos tan fuerte que no las sentías… Y cerraste los ojos hasta no saber dónde estabas…
Y al mirar atrás, al buscarla a tu lado… Al querer darle las gracias por cambiar tu mundo, te diste cuenta. Ella sólo existía en tu cabeza. Ella era tus ganas y tu necesidad de salir de la cueva. Ella era tus miedos enterrados en un pasado triste… Ella era tu invención más maravillosa para salir de la rutina y poner rumbo a tu vida. Ella era tu lado salvaje llamando a la puerta de tu lado gris y arrastrándote a un futuro sin excusas.
Y ya nunca más te protegerás de la lluvia…


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El tiempo perdido


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He perdido tanto tiempo sin amarme… Sin sentirme, sin despojarme de historias desgastadas y miedos infantiles. Sin mudar la piel donde llevaba escrito el fracaso y el ridículo, sin borrar la mueca triste de no haberme atrevido a existir sin excusarme todo…

He perdido alma buscando mi alma.

He malogrado sueños creyendo que mis sueños eran grandes para mí.

He desperdiciado un siglo escuchando a cobardes que no se atrevían ni siquiera a acercarse al quicio de la puerta y me pedían que no saliera al mundo… Porque allí hace frío y nunca sabes qué puede pasar.

He malgastado horas imaginando tragedias y recordando palabras crueles… He ocupado mi cabeza con pensamientos tristes en lugar de dejar entrar el sol y respirar.

He perdido lágrimas de alegría porque me había vaciado llorando de pena por algo que no podía remediar.

He sido el pez y la caña y un poco el mar.

He descuidado la vida la noche pensando en cómo sería el alba… Me he perdido el alba preocupada por el mediodía.

He almacenado tempestades en mi pecho que nunca pude soltar que a veces me han convertido en una marioneta frágil, una muñeca cansada que no sabía decidir.

He quemado esperanzas porque no supe verlas entre la maraña de escombros de mi ego dolido y mi miedo gigante.

He perdido oportunidades porque cuando pasaban por mi lado y me saludaban con la mano yo miraba al suelo y me lamentaba por mis miserias.

He salpicado con mi dolor a los que venían a regalarme un abrazo.

He sido el reloj y he sido el tiempo y la loca que corre porque se le escapa un tren que no desea alcanzar.

He sido tan impaciente que me devoré a mí misma y no me encontré cuando más me necesitaba.

He perdido mi esencia intentando ser otra persona para contentar a un mundo que ni siquiera me miraba. He tenido que volver tras de mí cuando me he dado cuenta de que aquel yo perdido era un tesoro a recuperar.

He cambiado consuelo por malas caras y un poco de amor por un rabia inmensa que no podía calmar.

Mi alma guerrera se ha saciado de ofensas imaginarias porque cualquier mirada fondeaba en mi susceptibilidad.

He desaprovechado mucho tiempo pensando que lo haría y no lo he hecho nunca.

He pasado horas culpándome por no haberlo hecho…

He sido el viento y las hojas, el árbol y las raíces… He sido el camino y el caminante y cada uno de los pasos que le quedaban por dar.

He pisado tantas risas con malos agüeros y he cubierto con mis agrias ironías momentos de pánico y soledad.

He perdido sin honra y he ganado sin sentido.

He suplicado sin fe y pedido compromiso sin confiar…

He dejado que la pasión me rompiera las alas y me dejara tan loca que nunca más podría volar.

Aunque, he soñado sin medida y me he vuelto loca al amar.

He regalado tiempo cuando no tenía tiempo.

He ganado carreras perdidas y he encontrado palabras de consuelo.

He subido montañas interminables y he saltado al vacío sin más red que mis ganas ni más certeza que mi fe.

He sido la noche y el día. El bostezo y el ansia por acabar.

He regalado mis besos y he recuperado mis facciones de niña al recordar.

Porque después de imaginar tragedias, supe construir sueños.

Porque después de marchar deshice el camino y volví sobre mis pasos para volver a empezar.

He perdonado a la niña que no supo ver que había esperanza.

He abrazado a la mujer que culpaba a la niña por no ser perfecta.

He escrito mil historias para que muchas personas fueran felices.

He sido feliz con su felicidad.

He sido un mar de dudas y un océano de caricias.

He fallado mil veces y mil veces he suplicado encontrar la moraleja y aprender de mis pasos dudosos.

He sido el escondite y la niña que juega e imagina que nunca la encontrarán.

A veces, he sido mi peor versión pero siempre me he dado cuenta para rectificar.

He roto todos mis recuerdos amargos en mil pedazos y para volverlos a juntar he usado el pegamento de la risa y la voluntad…

Me he reído de mis misma tanto que casi podría llorar…

He juntado palabras hasta reventar y perder su sentido.

He sido uno de esos cantos de río que se lanzan para ver como hacen círculos en el agua… He sido el agua… Y una de esas monedas que tiras a la fuente para pedir un deseo. He sido también el deseo…

Un día de lluvia intensa y un rayo de sol que entra por el quicio de la puerta e ilumina una pequeña habitación donde las fotos están amarillentas.

A veces, el tiempo perdido se te queda atrapado en la garganta y no te deja gritar…

Lo he sido un poco todo y nada en mi afán de vivir y soñar.

 


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Consumiendo muerte


Me quedé ayer estupefacta… En Gran Bretaña han prohibido un anuncio porque una de las modelos que aparece en él está extremadamente delgada. Terriblemente delgada. Cadavérica. Y no hablo de la típica chica a la que todo le queda bien porque no le sobra carne en ningún sitio, hablo de una joven de bonitas facciones que sería agradable contemplar si no fuera porque se intuye demasiado su calavera.

Dicen los responsables del organismo que ha tomado la decisión que la chica tiene expresión demacrada y que su torso y sus brazos son tan delgados que pierden la proporción ante su cabeza. La verdad es que la joven no parece sana, aunque podría estarlo porque todos conocemos a personas que están siempre esqueléticas y su metabolismo les permite comer todo lo que desean.

Aunque ese no es el problema. La moda es apariencia. Las chicas que salen en los anuncios son al final el modelo a seguir para muchas personas, algunas de ellas niñas y adolescentes que identifican la belleza con esa imagen enfermiza. El tema de la extrema delgadez de las modelos hace años que se comenta, siempre sale alguien a decir que todo está cambiando pero en realidad, no cambia nada.

Se acentúa más aún. Porque ahora no hace falta que sea la modelo de turno que cuelga en Instragram sus abdominales imposibles, cualquier niña puede hacerse una foto y dar la vuelta al mundo emulando a sus musas. Y ahí empieza la competición. La semana pasada, las chicas debían tener la cintura más estrecha que un DIN A 4. Ahora una modelo que parece que vaya a caerse, a doblegarse, a salir volando  si sopla el viento… Con los ojos un tanto hundidos y el cráneo marcado, al puro estilo Monster High.

De hecho, no hace mucho, Gigi Hadid, una modelo preciosa de cuerpo maravilloso, sano y de medidas posibles, tenía que salir a defenderse porque en las redes la llamaban “gorda”. Os pido que echéis un vistazo a ese pedazo de mujer, delgada sin ofender y guapa a rabiar, con una cara de salud envidiable y os preguntéis qué estamos haciendo como sociedad si alguien cree que a ella le sobran kilos.

Cada día hay más fotos del antes y del después. Sin que eso signifique que no debamos estar en forma, lo debemos estar, haciendo ejercicio y con hábitos saludables. Aunque no ayuda nada a la hora de educar a nuestros hijos esa insana obsesión por contarlo todo y medirlo todo.

Nos pasamos la vida persiguiéndoles manzana en mano ante mil tentaciones de bollería industrial que les ofrecen en dos minutos un subidón de azúcar que les hace sentir que pueden con todo… Hasta que diez minutos después no pueden con nada y todo parece gris.

Como sociedad, primero les atiborramos de grasa saturada y luego les hacemos sentir culpables por no parecer cadáveres andantes.

Y vamos más allá. ¿Quién ha decidido que eso es belleza? Porque, la verdad, y con todo mi respeto por esa modelo a la que definiría como hermosa con un poco más de vida en sus mejillas y sus ojos, a mí me repugna.

Hemos encumbrado nuevos héroes y heroínas cuyo único superpoder es un físico, en este caso muy discutible desde el punto de vista de la salud, sobre todo, y nos hemos quedado tan tranquilos.

No todo vale. No podemos vender muerte por más glamurosa que sea. No podemos decirle a nuestros hijos que si no tienen aspecto de nuñecos vacíos a punto de desfallecer no son hermosos.

Debemos decirles que estén sanos y que la salud es belleza. Y sobre todo, que la autoestima es belleza. Que deben ser ellos mismos y tratarse bien. Que comer es básico para vivir y que hay que aprender a hacerlo bien. Que cuando se quieran a ellos mismos irradiarán esa belleza. Que todos tenemos diferencias y que son maravillosas.

Porque luego, pasan los años. Y un día eres madre o padre y te pasas el día trabajando, sales y te ocupas de tu familia, haces la compra, respondes mensajes, cuidas de tu casa, llamas a tu madre, lees un libro, sales a correr un rato… Y eso no se consigue sin comer… Eso no lo hacen las chicas de ojos hundidos y costillas marcadas. Lo hacen las mujeres de verdad y los hombres de verdad. No los de las revistas…Lo hacen las personas inteligentes en todos los sentidos.

Alguien debe decirles que los verdaderos héroes son ellos y no los torsos perfectos de Instagram ni los que compiten a ver a quién se le marca más la clavícula.

La belleza real es la sonrisa, el gesto de felicidad, la salud de tratar bien a tu cuerpo y tu alma, la inteligencia que brilla a través de los ojos, el destello que desprenden las personas que creen en sí mismas tengan la talla que tengan…

Y madurar como sociedad y como personas. Transmitir autoestima e inteligencia emocional. Dejar de poner en peligro esos valores y educar para amar las diferencias y darse cuenta de que para vender un bolso o una camisa no hace falta pesar 40 kilos ni parecer un zombie.

Y decidir que no nos gustan los modelos imposibles y la belleza sacada del romanticismo cuyo lema era morir joven y dejar un bonito cadáver… Si dejamos de consumir muerte, dejarán de vendernos muerte…

Depende de nosotros.