merceroura

la rebelión de las palabras


8 comentarios

Será mañana


Mañana despertaremos y todo parecerá igual que siempre. Nuestros ojos se perderán entre claros y oscuros, hasta encontrarnos el rostro y ver que nuestras facciones son las mismas. Todo tendrá el aspecto de un día común. Miraremos al sol, si asoma, buscando una señal. Algo que nos diga que el día que nos espera será distinto. Algo que nos permita tomar impulso para saber que la espiral de angustia en la que estamos sumergidos puede tocar a su fin.

Cada sorbo de café tendrá un sabor bastante parecido al anterior. Notaremos como se diluye en nuestra garganta cansada de ahogar gemidos y tragarse palabras. Y querremos no callar, decir lo que pensamos… Sabremos que estamos a punto…¿tendremos valor?

Nos conocemos tanto, que sabremos qué vamos a pensar en cada momento. Las imágenes que nos vendrán a la mente esperando turno, pidiendo paso intermitente… Nos repetiremos las mismas consignas en voz baja para convencernos de que en algunas cosas vamos a tener que resignarnos… Aunque algo dentro de nosotros nos dirá que tal vez deberíamos seguir insistiendo… Odiaremos profundamente esa palabra “resignación” con la toda la fuerza que nuestro ser pueda albergar . Y notaremos que someterse a ella será una agonía lenta, premeditada. Una forma de vaciarse y dejarse llevar por la corriente sin oponer resistencia. Y sabremos que hay que tomar las riendas.

Devoraremos noticias tristes y esquivaremos caras largas y muecas de asco. Buscaremos fantasías en el ordenador para volver luego a meternos en el caparazón de la desidia, acomodarnos a un gesto anodino… Sin esperar nada más que recuperar la esperanza de repetirlos mañana con más ganas, con más convicción, sin el sabor ácido del tedio en la boca.

La rutina se nos comerá las ganas. A mediodía, seremos sombras… Aunque si nos damos cuenta de ello, seremos sombras que aspiran a salir del túnel, a respirar aire puro…

¿Nos atreveremos a imaginar más? ¿o pensaremos que somos demasiado osados si tentamos a la suerte? Creeremos que tal vez no lo merecemos por temor a ser felices demasiado rato y luego echar demasiado de menos esa sensación de euforia…

¿Preferiríamos ser de plástico porque así nada nos dolería? ¿O nuestro corazón es músculo puro, aprisionado en un pecho dormido, deseando latir y despertar?

Cada bocado será más insípido que el anterior. Compartiremos risas falsas con las mismas caras, tendremos las mismas conversaciones con las mismas inflexiones en la voz y en ese momento nos vendrán a la cabeza los mismos pensamientos… Derramaremos las mismas lágrimas.

Mañana suplicaremos con la misma intensidad y vehemencia salir de ese agujero negro de la rutina, de la modorra y la pereza. Subiremos al mismo tren y surcaremos con la mirada las mismas expresiones de rabia contenida ante nosotros.

Bostezaremos como siempre en la misma estación. Siempre bajo la misma luz amarillenta del vagón que lo impregnará todo de un halo amargo y un moho imperceptible. Leeremos el mismo libro, aunque el autor y la historia sean distintos… Sabremos, entonces, que si no hacemos nada, el agua siempre estará estancada y el aire estará viciado.

Y la noche llegará. Nos cubrirá los ojos y las sienes. Un cansancio eterno nos apretará los hombros y nos pedirá rendición. Respiraremos el mismo oxígeno, consumiremos la misma vida, nos sacudiremos la misma lluvia del abrigo, volveremos sobre nuestros pasos.

Aunque a pesar de todo, si nos damos cuenta que ya estamos hartos… Si nos hemos percatado de que ya no podemos más y de que cualquier desatino es mejor que esta espiral oscura y cenagosa… Habremos triunfado. Decidiremos guiar nuestros pies hacia un camino que nos lleve a donde queremos llegar.

Sabremos que vamos a decidir las palabras que pronunciamos y escoger los verbos que conjugamos…

Cerraremos los ojos sabiendo que ese ha sido el último día insignificante de nuestra vida. Será mañana.


11 comentarios

Pasos de gigante


Cómo somos… En masa no hay quien nos gane… Somos capaces de grandes hazañas, de dejar al mundo perplejo y cambiarlo, evolucionar… Hacerlo más habitable, más digno… Mejor. Y también podemos ensuciarlo, malgastarlo, pisar el destino común hasta que parezca un harapo…. Y convertirnos en lo que más criticamos.

No nos damos cuenta de la fuerza que tenemos, de lo que podemos llegar a construir si nos pillan con ganas… pero estamos tan cansados siempre y nos lamentamos mucho. Caemos en ello, todos, es sustancial a nuestro ADN, pero debemos impedir que lo que destruye, a la vez nos guíe y nos deforme la vida. Somos demasiado importantes para nosotros mismos como para defraudarnos… Y sin embargo, a veces, creo que los problemas nos envejecen en las manos… sin tomar decisiones… sin dar pasos. Los dilemas nos caducan de puro tedio, los matamos con desidia… Y parecen muertos, pero están dormidos, siguen ahí, esperando para volver, como las heridas que no cicatrizan.

Esperamos mucho tiempo para dar pasos de gigante, cuando en realidad tendríamos que dar cada día uno de hormiga… Somos a veces un colectivo respondón, con ganas de pelea… Tanta energía usada en el cacareo que podría cambiarnos la cara… esa cara colectiva que ahora está triste. Que ve al entorno desmoronarse y pedir socorro, que lamenta los aullidos de pánico que llegan desde las esquinas… de personas como nosotros que pierden todo lo que tienen. Y a veces respondemos, pero la respuesta es lenta… soporífera, llega ya sin alma… Cuando todo ya está medio marchito.

Tardamos en reaccionar. Esperamos a tener que llorar para lamentar la miseria y el dolor ajeno, a que el agua nos llegue al cuello para empezar a remar… y cuando lo hacemos, cada uno rema hacia un lado distinto. Como masa, como colectivo, como enjambre, nos puede la apariencia, el miedo al ridículo y al paso en falso…Nos vence la apatía. Nos gana el propio ombligo. No a todos, no siempre… pero si a menudo de forma desbocada…

Y podemos conseguir tanto… Tenemos la llave que abre la puerta a la sensatez y la dejamos siempre olvidada, la perdemos, se la dejamos prestada a otros que no sabemos qué buscan ni quieren… La vendemos barata…

Somos lentos y estamos aturdidos.

Ser masa no nos debe impedir ser individuos, decidir y saber qué queremos. Nada nos impide pensar, exigir y actuar. Ser masa no implica ser rebaño, ser sólo número.

Sin gritos, sin destrozos, sin golpes. Con respeto, con ímpetu, con palabras y con muchos gestos.

Sólo tenemos la vida… Y se nos escapa.