merceroura

la rebelión de las palabras


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¿Tienes miedo?


No nos enseñan a gestionar nuestras emociones, ni a aprender de ellas. La sociedad en la que vivimos lleva siglos educándonos para tener miedo de todo, para que nos parezca que si arriesgamos recibiremos un castigo divino… Y el miedo, que es un mecanismo de alerta necesario, nos acaba dominando y no nos permite decidir por nosotros mismos. Nos pasamos la vida estresados y eso nos afecta a la salud y a todo nuestro día a día. Sin embargo, llega un momento en el que debemos decidir cambiar ese mecanismo y esa actitud para conseguir la vida que deseamos.


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No escuches a los cobardes


desafío

Los últimos días algunas personas a las que quiero me han pedido que no escuchara a los cobardes. Que no permitiera que los que no se atreven me dijeran lo que debo o no hacer, que no me dejara arrastrar por los que nunca se dejan arrastrar por la vida cuando la vida les pone delante un reto, un desafío. Que escuchara mi voz, esa voz interior que se deja oír a veces y te sirve de guía para decidir sin brújula en la noche más oscura.

Es tan fácil juzgar a los locos cuando sus locuras fracasan… Hacer ese ejercicio irreal de ponerse en su lugar y decidir, cuando nuestra situación no es la misma ni estamos con ese pálpito que nos apresura a elegir una u otra opción. Qué fácil es reírse de los sueños de otros cuando no tenemos sueños ni nos arriesgamos nunca… Qué fácil apuntarse a una falsa sensatez que en realidad lo que esconde es una falta de valentía que nos deja muertos por dentro.

Y qué fácil es también quitar méritos a esos locos cuando después de lanzarse tocan sus sueños. Cuando después de una carrera de fondo, alcanzan la meta y tocan la campana y están llenos de vida. En ese momento, nuestra mente cansada y acomodada a la rutina inventa excusas y bálsamos para poder conformarnos y decirnos a nosotros mismos que en realidad esos locos saltaron con red, que lo tenían fácil, que se lo han regalado, que no merecen, que no valen, que son amigos de alguien… Excusas rancias y rupestres todas ellas para ocultar nuestro apego a la rutina, a lo fácil, a lo controlado, a lo gris… Para vivir de mirar como otros viven y alimentarse de chismes y rencores para creernos fuertes cuando en realidad somos flojos y tristes.

¿Dónde están los sensatos cuando se les busca? Los que son equilibrio, los que esperas que te ayuden a encontrar respuestas que están en ese ansiado punto medio donde no hace mucho frío, pero tampoco te quemas las puntas de los dedos… ¿Y los valientes? Esas personas que son capaces de ver los riesgos pero que buscan como franquearlos. Que a veces se lanzan. Que a menudo saltan obstáculos pero que otras veces los rodean o encuentran la forma de eliminarnos. Los que ponen valor a las cosas por lo que son capaces de ver en ellas por sí mismos sin obedecer a lo que otros ven… ¿Dónde están lo sabios cuando confundes el norte con el sur y el cielo con el suelo?

Es tan fácil mofarse del resultado cuando lo ves claro, cuando te enfrentas al marcador y sabes cómo acaba el partido… Cuando vas sobre seguro y no tienes que hacer la apuesta a ciegas. Lo duro es escoger cuando todo está oscuras. Cuando apenas palpas las formas e incluso te parece divisar a los lejos las orejas de un lobo que te escruta, medio oculto. Lo difícil es apostar por uno mismo y creerse válido, útil… Dar un  paso al frente y ofrecerse voluntario para intentar llegar a una cima sin conocer del todo el camino. Poner en la balanza el miedo y la ilusión y conseguir que lo segundo gane, que valga la pena, que compense… Confiar en tus habilidades, en tu capacidad de sobrevivir y en tu talento. Decirte que sí, cuando miras al mundo y algunos giran la cara y otros te advierten de que hace frío al otro lado. Y a pesar de todo, saber que puedes, que sabes, tocar casi lo que deseas porque es tuyo, porque te lo ganas, porque te has partido en mil pedazos por acariciarlo… Porque pertenece a los que saltan, a los que dan ese paso al frente.

Confiar en tu capacidad de caminar y calcular peligros, escoger las botas que llevarás puestas y la música que va a acompañarte en esta andadura complicada… Y decidir que pase lo que pase, compensa porque tú destino eres más tú mismo que tu reto.

Escuchar tu propia voz y las voces de aquellos que te entienden. Esos que saben cómo es tu esencia y conocen tu inquietud. Que te han visto muscular emociones y contar lágrimas para que no sean pocas y se te queden dentro, para que no sean demasiadas y te inunden la cara…

La verdad es que no se puede culpar a los “cobardes” porque no estamos en sus conciencias ni habitamos sus vidas. No conocemos a lo que piensan ni podemos juzgar sus sueños, sean o no asequibles. No podemos hacer como hacen quiénes nos llaman locos porque perseguimos aventuras que a ellos, sólo con imaginarlas, les dejan exhaustos.

Nos queda saltar, aunque nos partamos el alma y descubramos que no era agua sino cieno… Que las pendientes eran muy pronunciadas y las rocas del camino eran afiladas.

Porque pase lo que pase, lo más importante es seguir tu conciencia, buscar tu camino e intentar alcanzar tu techo para superarlo… Y tras ese, otro… Una sucesión de límites superados y sueños vencidos y abrazados. Porque somos una materia que muta y se expande, que se mueve, que gravita y se define por lo que la hace vibrar… Y si no vibramos, morimos. De mil formas, en mil estados. Hay quien muere para siempre y quién muere poco a poco, en vida, amarrado a una realidad ingrata y tóxica, a una necesidad absurda, a un suelo de baldosas que parecen imantadas para controlar sus movimientos y evitar que salga del perímetro acordado… Hay quien muere soñando que sueña y quien lleva siglos muerto sin saberlo.

Hay quien muere atado a una ilusión sin mover un milímetro de su cuerpo ni de su espíritu para conseguirla… Hay quien no para nunca de moverse, pero no va a ninguna parte pero no soporta la sensación de estar quieto y no hacer nada. No escuches a los cobardes porque nunca permitirán que hagas nada que ellos no harían, por temor a que les demuestres que se puede, por envidia al pensar que ellos pueden pero no quieren…

Lo importante no es sólo perseguir tus sueños, es sobrevivir a ellos.


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Burlar al destino


Hace unos días, Mónica escribió en mi blog un comentario. Unas pocas palabras que han dejado algunos arañazos en mí las últimas semanas. Me pedía que escribiera algo sobre las personas enfermas de cáncer, como ella. Yo estaba en un tren cuando lo leí y una punzada me atravesó el pecho… ¿Sabes qué pensé, Mónica? que no sabía qué decirte que no sonara tópico o pareciera vacío. Que serías tú quién podría darme lecciones de superación. Que no sabía si podría encontrar las palabras para expresar algo que te sirviera para afrontar esos momentos duros que seguro te sobrevienen cada día. No quería usar expresiones de un optimismo casi infantil (un tipo de optimismo no sólo muy necesario sino capaz de conseguir cambiar el mundo) porque podría parecer que frivolizo con un tema muy serio que afecta a muchas personas, por desgracia. Como si intentara forzar una sonrisa cuando las lágrimas brotan de tus ojos cansados y desesperados y te contara estupideces. Siempre he pensado que cuando alguien está desesperado, lo peor que otro puede decirle es «tranquilo, no pasa nada o todo irá bien» porque es una afirmación que intenta ayudar desde una perspectiva tan ignorante que parece una frivolidad. En ese momento, tal vez lo mejor es decir «aquí estoy, contigo» aunque eso sirve de poco para la solución y sea más una compañía para el trance.

Aunque de ninguna forma voy a decirte que te conformes, Mónica. Me niego a que te rindas…  Tú me decías en tu mensaje «soy una enferma de cáncer» y eso me pareció terrible… Lo primero que pensé es que, aunque esa enfermedad ocupe parte de tus horas y machaqué muchas de las alegrías de tus días, tú no eres eso. Eres mucho más, mil veces más… Una persona. No sé si eres madre, pero seguro que eres hija. Compañera, pareja, profesional,  un ser humano con muchas cosas por ofrecer y sentir… Una persona que se merece ser calificada como algo más grande que su dolencia, que su enfermedad. Por eso, te pido que no dejes que te defina, no dejes que cerque tu mundo y no te quede en él espacio para nada más… No te pongas esa etiqueta, porque entonces le das protagonismo y la protagonista de tu vida eres tú, Mónica. Déjate espacio… Las personas son seres demasiado maravillosos como para estar sujetos a etiquetas o definirse sólo con cinco palabras y más si una de ellas duele y se clava…
Siempre he defendido que las palabras son muy importantes y que somos las palabras que usamos para definirnos. Encuentra las palabras para definirte con esperanza, con ganas de batallar y vivir. Lo que no significa que no seas consciente de tu situación, la aceptes (sin resignación , por supuesto, porque eso derrumba y apaga) y encuentres la forma de superarla.
Todo lo que nos pasa en la vida lleva un mensaje. Lo sé, ahora seguro que piensas que es ironía y que es muy fácil decirlo desde fuera, pero creo en ello. Yo hace mucho tiempo que intento escuchar a mi cuerpo que me dice que me paso, que le presto poca atención, que me dejo llevar por las emociones (cosa que no está mal) pero que lo hago sin apenas notarlas ni analizarlas, sin sacar de ellas esa moraleja que llevan. El cuerpo nos habla y a veces no le escuchamos y entonces nos habla más fuerte y nos grita. A mí me ha gritado algunas veces. Sus gritos son espeluznantes. Nuestros dolores creo, y eso dicen algunos expertos en la materia, son la forma en que nuestro cuerpo nos avisa de que hay algo que no funciona en nosotros… Somos un todo, si el alma sufre, el cuerpo también.
No quiero con esto decir que lo que nos pasa sea culpa nuestra, eso nunca. No hay culpas, de nadie. No te mereces esto, Mónica, nadie lo merece. Mereces felicidad. Y puesto que mereces lo mejor, estás obligada a buscarlo, como sea, sin parar pero con suficiente paz interior como para no perder detalle de lo que pasa a tu alrededor.
Nos hacemos tanto daño a nosotros mismos… Somos nuestros más crueles enemigos, a veces. Suena mal, pero es cierto. Y en esta afirmación no puede haber remordimiento… Jamás, eso nos traería sólo más dolor. La parte positiva que yo le encuentro a eso tan amargo es que si somos capaces de hacernos daño, significa que tenemos mucho poder sobre nosotros mismos. Y por tanto, nos podemos hacer mucho bien…
Requiere un trabajo titánico,un esfuerzo salvaje… Aunque nada que nosotros no podamos conseguir. Estamos diseñados para ello. Estás diseñada para sentirte bien y quererte. Para buscar la palabras que te curan y los pensamientos que día a día te abrirán camino. Para que eso haga que todos los tratamientos que tus médicos te administren tengan un efecto mayor y más rápido.
No quiero darte esperanza frágil, volátil, vacía… Pero, perdóname si necesito hacerlo porque, creo en ello firmemente. Y voy a darte esperanza porque la hay y porque tú también la necesitas.
Y mientras luchas, no como una loba desesperada sino como una mujer valiente y segura de sí misma, haz lo que sueñes y desees. No te coartes, ni te cortes. Ríete de aquella Mónica que un día no se atrevió a hacer algunas de las cosas que soñaba y se quedó corta y perdónala porque no sabía más. Esta Mónica de ahora es la que cuenta porque es más sabia y madura. Que no te importe esa parte del mundo que no entiende, quédate con el que te ama porque no hay tiempo que perder en mentes estrechas ni amistades mediocres… ¿quién puede darte lecciones ahora?
Quiérete tanto que notes cuánto, que te sientas acompañada por ti misma. No temas nada porque el miedo nos frena y los frenos nos sujetan al pasado ¿qué más queda que temer ahora?
Prepárate para vivir, haz planes para hoy, para mañana y para el futuro. Que tu camino sea tuyo y no se condicione por nada ni nadie.
Haz una lista de lugares que pisar y de verdades que contar… Y prométete que la llevarás a cabo aunque te cueste cien años…
No quiero osar a decirte que te animes, podrías odiarme con ganas… Pero ¿Qué otra opción hay, Mónica? la única es vivir y escuchar lo que sientes y saber qué eres inmensa, tanto, que no te contienes en una palabra, por mucho dolor que arrastre. No hace mucho, un amigo que superó una situación parecida a la tuya, me dijo que le había salvado su espíritu de supervivencia, una fuerza interior que en todo momento hizo que tuviera claro que debía plantar cara… Algo que «ni siquiera sabía que tenía hasta que le invadió por completo esa necesidad de sobrevivir a toda costa». Y cada día era un desafío, una forma de burlar a un destino que parecía encaprichado por en no dejarle escribir su futuro. Y a partir de ahí, se dedicó a llevarle la contraria, a cambiar cosas que no hubiera cambiado antes y no dejar que nada fuera como parecía predestinado, a poner su mundo patas arriba… Parece una pequeña locura, pero le sirvió para demostrar que era él quién mandaba y no una fuerza sobrenatural obstinada en determinar sus días y sus posibilidades de vivir… Se obstinó en que nadie escribiera su historia más que él. Escribe tú misma la tuya, Mónica. Tú mandas, tú lideras tu vida. Fluye y siente, pero lleva el timón. Sé la excepción, sal de la norma, lleva la contraria y ríete de  los destinos escritos y determinados. Burla a la ciencia, burla a la estadística y ríete en al cara de quién te diga que no puedes. Y si todo parece que se derrumba, date permiso para gritar y maldecir un rato antes de volver a la carga… Si hay un momento para ser más tú misma que nunca es ahora.
Me has dado mucho qué pensar, Mónica, mucho, no imaginas cuánto. Te daría las gracias si no me pareciera terrible agradecer a otra persona que comparta conmigo su dolor en un instante tan bárbaro. Aunque necesito que sepas que has hecho que mi mundo sea más sólido y que me de cuenta, por si lo olvidaba, de que lo único importante es vivir y amar. Porque después de leer tus palabras en mi correo, todo lo demás parece absurdo y puedo apreciar este momento con la intensidad que merece. He pensado mucho en ti, Mónica. En lo absurdo de discutir por un «tú me dijiste y yo te dije» en pelearse por quién va en la cola del super, estar pendiente de lo que piensan los demás o en sentirse mal porque pensamos que no nos queda bien una camisa… Cuánta idiotez y mezquindad acumulamos en nuestro día a día, cómo nos empequeñece el miedo… Qué ciegos estamos a veces, cuánto ego y orgullo inútiles… Tus palabras se han llevado de golpe tanta tontería… Ojalá nos quedaran grabadas en el alma y nuestra parte maravillosa y humilde nos acompañara siempre…
No quiero olvidarme de algo muy importante. No estás sola. Estamos aquí, aunque a veces seamos una compañía de pacotilla. Hay muchas personas con ganas de tenderte la mano, seguro. Yo tengo mis palabras, a veces  desafortunadas, pero dispuestas a arroparte aunque no te sirvan.
Para mí, no eres una enferma de cáncer, Mónica … Eres una luchadora, una mujer que planta cara, que desafía al destino, que ha compartido conmigo uno de sus momentos más duros… Una superviviente.
Seguro que nada de lo que te he dicho te consuela, tal vez incluso te irrita, te pido perdón de antemano y suplico disculpes mi osadía y torpeza. Un abrazo…