merceroura

la rebelión de las palabras


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Tú decides


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Eres lo que imaginas. Lo que buscas. Lo que piensas. Las doce veces que miras el reloj o lees mensajes en el teléfono mientras alguien te habla. La palabra amable que le has dedicado al compañero cabizbajo y que le ha hecho erguir la cabeza.

Eres lo que engendran tus ideas, lo que sueñas y te repites como una oración. La mueca estúpida que haces cuando caminas por la calle y alguien te disgusta. El gesto desagradable que le has regalado al vecino… La mirada de cariño que almacenas esperando un leve roce. El abrazo que aguarda un esbozo de amor y que tu cuerpo espera como la tierra seca espera la lluvia. Eres todo lo que piensas que podrías ser si no te faltaran agallas. Ese pez contenido tras el cristal que nota aún el vaivén del mar surcarle la cola. El viajero que casi toca el descanso mirando al horizonte mientras sus pies cansados ensayan como terminar el camino. Eres el camino.

Eres lo que amas. Eres lo que rezas y demasiado a menudo lo que temes. Eres un pedazo enorme de lo que huyes. Lo que abrazas y lo que repeles. Lo que decides y lo que postergas… Cada una de tus dudas y tus aciertos. Cada uno de tus benditos errores.

Eres lo que tu deseo se atreve casi a gozar y tu vergüenza contrae. Lo que tu vista cansada busca y tu boca ávida casi degusta. Eres tu remedio y tu propia medicina. Tu dosis letal de crítica. Tu risa loca y tu llanto apagado. Eres lo que detestas y lo que te hace vivir. Lo que te mueve y atormenta. Lo que te hace saltar y correr. Y Lo eres porque lo llevas dentro y sabes que tarde o temprano, te dejarás llevar y saldrás de ti mismo.

Eres cada uno de los límites que te dibujas. Tú te recortas y amplías. Tú decides dónde acabas y dónde empiezas.

Eres un pedazo de tierra enorme sin principio ni fin. Un grano de arena minúsculo.

Eres lo que necesitas. Lo que batallas. Lo que jamás te atreverás a reconocer. Lo primero que te viene a la mente cuando te levantas y lo último en que piensas antes de dormir cada noche. Eres lo que arriesgas. Lo que te ilusiona.

Eres lo que tú decides. Decide qué quieres ser. 


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Sin prisas


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Tienes prisa para todo. Necesitas que el mundo gire, que acelere su marcha porque hay mucho por hacer y cuando lo terminas, enseguida se te ocurre algo nuevo por lo que batallar. Vives de esa emoción que surge en ti cuando buscas y encuentras.

Cuando te sientas en la silla, tus piernas se balancean como las piernas de los niños que no tocan el suelo cuando están sentados… Quieres levantarte… Necesitas pasar a la acción y caminar. Necesitas estar en eterno movimiento. Lo haces con los pies y con la cabeza. Que nunca para. Siempre inventa. Genera posibilidades. Busca oportunidades y, cuando el día está complicado y no las encuentra, las inventa.

Eres de esas que miran un vertedero y ve el paraíso que podría montarse allí si todos tuviéramos tus ganas y tu energía.

Te ilusionas. Eres adrenalina pura, viento, fuego. Estás hecha de un material irrompible, incorruptible, poroso… Lo quieres todo ahora.

Tanto vivir al borde del sueño y con los pies colgando de una silla enorme te ha acelerado. Necesitas parar y suplicarle a la peonza que deje de girar un minuto. Para saborear el instante que vives darte cuenta de lo que tienes alrededor.

Detenerte cinco minutos no hará que pierdas el tren, sobre todo porque la mayoría de trenes a los que subes te los has inventado tú, los has generado en esa máquina potente y preciosa que es tu mente.

La vida es una mezcla entre hacer que las cosas que quieres sucedan y dejar espacio y tiempo para que otras, que ni imaginas y también son buenas, puedan pasar.

Tu impaciencia ha puesto al máximo de revoluciones a la máquina que genera realidades nuevas y has forzado las cosas. Todo tiene su ritmo… Todo tiene su tiempo. Hay cosas que necesitan un empujón y otras que tienen que funcionar por inercia. Para poder escuchar, observar, sentir, notar.

Un día, no hace mucho, una mujer muy sabia que me dijo “si dominas tu impaciencia, dominarás el tiempo”.

¿Dominar el tiempo? pensé yo… Nadie domina el tiempo…

El tiempo del que ella me hablaba era el del devenir de las cosas, el que necesita todo lo que se mueve para ponerse en marcha y funcionar. El engranaje hace que la vida siga su curso. El tiempo que se genera entre dos miradas que se cruzan. El de asustarse, el de enamorarse, el de derramar una lágrima y el de sonreír. El recorrido interior que te lleva a superar una decepción o ese trayecto dulce entre que cierras los ojos y alcanzas el sueño.

Lo he entendido, al final. Puedo pedalear más rápido mi bicicleta para llegar a la meta antes, pero jamás podré acelerar el ciclo lunar. Porque nadie le dice a la luna que se apresure.

Hay cosas por cambiar y cosas por aceptar… Situaciones a las que podemos darles la vuelta y situaciones que nos hacen dar la vuelta a nosotros y modificar nuestro rumbo. A veces, no se puede ir en linea recta, aunque sea el camino más corto. Hay ocasiones en las que tendrás que correr y otras en las que tendrás que quedarte quieta.

No será fácil, pero si eres paciente, tal vez recogerás los frutos de tu espera. Aprenderás a dominar el tiempo. Conseguirás ese complicado equilibrio entre coger y soltar, entre caminar y saber cuando parar… Entre existir y soñar.