merceroura

la rebelión de las palabras


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Todo lo que puedo llegar a imaginar


Aprendo tanto de mis errores que he empezado a creer que son aciertos.

Me gusta pensar que si camino mucho, mis pies aprenderán a escoger el camino. Que si amo mucho, dejaré de habitar mis penas y me quedaré sujeta en una de mis alegrías. Que si lloro mucho, me quedaré vacía de angustias y podré llenarme de risa. Porque la risa se contagia, se funde entre un rostro y otro rostro y acaba invadiendo el espacio y el tiempo…

Me gusta pensar que si dejo de temblar por mis fantasmas pasados, llegaré a la cima de mi amor propio y podré contemplar mis ojos con mis ojos y abrazar mis sueños sin apenas alargar los brazos.

Me siento feliz por haber fracasado tantas veces mientras intentaba encontrarme la cola porque eso me ayudó a aprender a nadar y esquivar las redes de los que pescan sin alma…

Aprendo tanto de mis miedos que he empezado a creer que simplemente son retos aún desconocidos…chica-mira-ciudad

Me gustan cada una de mis rarezas a pesar de haberlas cargado durante siglos y haberme avergonzado de ellas… Y ahora, de repente, las miro y las veo repletas de belleza…Como encontrar los pétalos marchitos de una rosa que fue roja en un libro…Como escuchar la deliciosa canción que entonan en el campo cientos de girasoles secos…Como el encanto mustio y demacrado de un juguete antiguo o una foto vieja y amarilla de un niño que ahora es anciano. Como verte en el espejo y descubrir que tus ojos tienen un color distinto al que pensabas y tus cabellos brillan más de lo que nunca habías sido capaz de recordar… Acordarte de ti en el pasado y sentirte frágil y enviarte un beso… Notar que tal vez te quedaste corto soñando con llegar o pasar de largo… Entender que lo hiciste tan bien como pudiste y saber que no fue suficiente pero que ya no te importa.

Perdonarte las dudas y besar ese llanto mudo que arrastrarte durante años esperando una respuesta del cielo que no llegó nunca porque en realidad estaba dentro de ti…Porque esperabas una medalla que nunca creíste merecer y un aplauso que nunca reverberó en tu interior porque te reconocías tú mismo el mérito de recibirlo.

Subir los escalones de tu conciencia y ver que no tienen polvo. Perderte en la vasta llanura de tu alma y descubrirla sola pero serena. Ser tan libre que la ingravidez te provoque dolor de cabeza… Sentirte tan  satisfecho que puedas volar sin levantarte un milímetro del suelo… Suplicar que la felicidad no te encuentre rancio y dormido. Que todo lo que puedas imaginar exista porque ya existe en ti y es maravilloso.

Abrazar tu cobardía y tu vergüenza y notar que eran capas de piel que supiste dejar en la puerta cuando entraste en esa etapa de tu vida en la que hay cosas que ya te puedes decir a ti mismo sin tener luego que bajar la vista o sumergirte en un mar de pastillas para olvidar…

Aprendo tanto de mis decepciones que cuando lloro por ellas me siento absurda.

Me gusta pensar que si me enamoro del silencio, la calma dormirá en mis sienes y apaciguará mis pensamientos locos.

Me gusta pensar que la única noche que puede vivir en mi alma es la que sucede al día y que siempre tiene un final cuando el sol avanza desde la ventana por mis sábanas hasta alcanzar mis ojos cansados y besar mis pies desnudos…

Me gusta pensar que si creo podré tocar lo que busco y sobreviviré a todas mis pesadillas. Que me quedan millones de palabras por usar bailando entre mis vísceras inquietas para que yo las escoja…

A veces, nos empeñamos en almacenar días sin apenas vivirlos…Y cargamos culpas pesadas que nos encogen tanto que no recordamos lo enormes que somos, lo grande que es nuestro apetito por la vida sin no nos sentimos rechazados.

A veces, nos obsesionamos con pensamientos absurdos que nos recortan la realidad y la capacidad de crear.

Somos el resultado de años de pensamientos tristes y de intentos en vano por superarlos… Porque la única forma de cambiar la consecuencia es modificar la causa, borrar esas ideas bárbaras y despiadadas que tenemos de nosotros almacenadas en algún lugar hace cien años, y respirar…

Somos  producto de un cúmulo de noches sin tregua creyendo que no lo vamos a conseguir…

El efecto inacabado de una causa perdida por no haber aprendido a soñar.

Somos la secuela de la historia trágica que tanto nos gusta recordar. Si dejamos de pensar en ella, podremos cambiar el desenlace.

Aprendo tanto de mis amarguras que he empezado a notar que su sabor es dulce.

Me gusta pensar que si aprendo quién soy y comprendo mis porqués, acabaré habitando la vida que sueño…

Todas nuestras certezas son diminutas ante lo mucho que aún desconocemos…

Me gusta pensar que hay cosas que están ahí y que todavía no veo porque no he sido capaz de imaginarlas. Hay tantos caminos que no puedo escoger aún porque están esperando que yo los dibuje…

Miles de historias  pendientes que están guardadas en mí esperando a que yo las escriba. Hay mil vidas esperando a que abrace mi incertidumbre y acepte que nunca podré controlarlas si quiero vivirlas.


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Reinvertarte para seguir siendo tú


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Convirtamos el dolor que sentimos en belleza.

Hagamos algo hermoso con lo que nos hiere y nos asusta.

Seamos más sensibles a todo y a la vez más fuertes… Que nuestra sensibilidad nos permita atraer lo entrañable, lo dulce, lo que nos aporta valor… Que nuestra fortaleza nos ayude a aceptar lo que nos disgusta y araña, para poder encontrarle el lado bueno y el aprendizaje necesario.

Seamos bestias maravillosas. Auténticos y diferentes. Seamos absurdos ante un mundo que busca una perfección imposible y se arrastra porque no entiende que ya tiene todo lo que sueña…

Y no lo vive, no lo ve,  no lo nota.

Rondemos tanto la suerte, que seamos la suerte.  No esperemos más que lo que nosotros mismos podamos crear o imaginar y recibamos tanto como merecemos, que es mucho…

Encontremos eso que creemos que nos falta hurgando en nuestras entrañas cansadas… Mirando en los pliegues de nuestra conciencia, que a veces duerme y otras se despierta rabiosa porque no hace los deberes…

Amemos sin tregua. Amémoslo todo sin mirar primero, sin buscar a quién, sin encontrar los defectos ni las etiquetas. Que los besos nos arropen en las noches frías y los abrazos sean el sol que cuesta encontrar las mañanas de invierno…

Y amémonos a nosotros mismos como si ya supiéramos que nunca vamos a decepcionarnos. Como nos amaríamos si no tuviéramos miedo a las miradas ajenas y las propias.

Alegrémonos por todo lo bueno que nos pasa de largo y toca a quiénes nos rodean, porque es la única forma de conseguir que la felicidad se detenga ante nuestra puerta.

Seamos más que un número de afiliación a una sociedad que se pierde conquistando  mercados y vendiendo paraísos embotellados .

Derribemos nuestros miedos a todo. A vivir, a morir, a perder, a encontrarnos tan solos que tengamos que hablar con nosotros mismos y descubramos que no somos quiénes creíamos…

Saltemos los obstáculos que nosotros construimos, descubramos que creemos cosas que nos limitan y acorralan, que no nos ayudan a crecer… Cambiemos nuestros pensamientos por otros pensamientos que nos hagan felices, que nos dibujen un camino que nos lleve a ser quién realmente somos.

Lancémonos al vacío de nuestra incertidumbre, bailemos con la imprudencia de pensar que merecemos lo mejor, juguemos a creer que ya hemos llegado a la meta…

Vaciemos el armario de ropas viejas para personas cansadas y tristes que nosotros ya no somos y vistámonos con nuestra  esencia, sin avergonzarnos de cómo nos vemos, sin temer a qué dirán los que aún se visten de personas que no son…

Cojamos las piedras que nos han lanzado, las de nuestras antiguas fortalezas que en realidad eran muros que nos separaban de sentirnos vivos… Y edifiquemos un refugio donde quepan nuestras ganas inmensas de crecer.

Dejemos de sufrir  y de buscar excusas por no llegar o no aparentar.

Dejemos de llevar esas máscaras amargas para esconder lo que nos asusta

Salgamos de la burbuja que nos comprime y aísla. Rompamos el cerco que nos obliga a fingir y embotellar nuestras risas para cuando sean propicias y adecuadas…

Lloremos, riamos, bailamos sin parar por nada que no sea más grande que nuestra alegría.

Revivamos todo lo llorado para entender el por qué de nuestras lágrimas y cerremos las heridas.

Vivamos cada día todo lo soñado, para que de tanto sentirlo, exista.

Apasionémonos con lo básico, notemos el arrebato y el delirio de vivir en cada esquina lo mágico, lo extraordinario de cada momento único, la barbaridad de vivir sin más red que el sentido del humor.

Seamos quiénes deseamos ser, seámoslo ahora, sin esperar señal, ni ceremonia, sin necesitar súplica ni sacrificio.

Venzamos a la desidia, a la mediocridad y a la desesperanza de un mundo que tiene mucho por ofrecer pero que se esconde y se asusta… Que busca respuestas fuera y no dentro y que sólo encuentra dolor y apariencia.

Un mundo que se cubre el rostro porque se avergüenza y se desespera porque no encuentra maquillaje para el alma…

Vivamos al revés si del revés logramos ver el camino hasta nuestra conciencia, para que cada detalle sea el definitivo.

Reinventémonos sin perder de vista lo que somos, cambiemos para no dejar de ser nosotros mismos… Emprendamos nuestra vida.

 

 


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El niño que duerme en ti


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No sé qué decirte.

Me preguntas por una fórmula mágica para cambiar el rumbo de tu vida y sólo se me ocurre decirte que no hay ninguna… O que hay siete mil millones de fórmulas, una para cada persona que habita el mundo y sueña con ser feliz.

Hay miles de libros que te cuentan como acercarte a esa versión de ti que está oculta y que es capaz de acariciar la vida que deseas, pero ninguno de sus autores puede venir a buscarte a casa para que pongas en práctica sus teorías…

Lo sabemos, tenemos claro que para conseguir que todo funcione tenemos que bajar a las cloacas de nuestra conciencia y ponernos a hacer limpieza. Descubrir qué nos sirve y qué no, qué conservar y qué tirar… Lo sabemos pero no lo hacemos porque es más fácil soñarlo que hacerlo, imaginar que bailas, que sudar ensayando pasos… Pensar que corres que levantarte pronto para hacerlo…Es más sencillo imaginarlo que hacerlo, aunque a la larga, dejarlo pendiente sea doloroso.

Por eso vivimos tanto de recuerdo, porque los recuerdos queman pero se han convertido en rutinas cómodas. Nos pasamos la vida inundados en nuestras sustancias bioquímicas y nos convertimos en yonquis de nuestras penas. Estamos tan acostumbrados a nadar en nuestras hormonas de tristeza y cansancio que cuando vamos por la calle y cuando quién no pensábamos que nos iba a sonreír, nos sonríe, nos sentimos mal porque nos está fastidiando la excusa, la coartada para seguir viviendo en la queja. Nos hemos sentado a mirar nuestra vida como si fuera un televisor y protagonizamos un drama que nos destruye día a día pero que nos permite un protagonismo que en una comedia nos costaría mucho conseguir…

No tengo la fórmula, pero habrá alguna para ti. A mí hay palabras que reverberan muy dentro de mí y me zarandean, me hacen sentir cosas en un chasquido de dedos, me ponen en órbita, me hacen sentir que puede, que sabré cómo, que estoy aquí para algo y encontraré el por qué… Estoy segura que eso activa mecanismos en mí que nunca llegaré a conocer…

Por eso, tienes que buscar. Sin parar. Leerlo todo, intentarlo todo y dedicarte a sentir, a notar, a pensar e imaginar en quién quieres convertirte… Hay quién mira al mar y se encuentra en el mar y quién camina sobre brasas… Hay quién se vacía con un buen psicólogo y quién aprende a bailar. Nada te ahorra bucear en ti y encontrar esa persona que duerme en las mazmorras de tu conciencia y que un día, cuando era un niño inocente y libre, decidió limitarse y encerrarse porque alguien le dijo que ese era su lugar…Porque se creyó que no podría y no pudo.

Tienes que hacer lo posible para encontrar a ese niño y liberarle. Tal vez, necesitas hacerlo con sigilo o quizás a lo loco y sin pensar, porque cada vez está más solo, más cansado, más desesperanzado y recuerda menos lo que era la luz. Y cada minuto que pasa, te costará más recuperarle, traerle de vuelta y hacer que entienda que ya puede hacer lo que sueña… Piensa que va a tener que dejar de soñar pequeño, que va a tener que acostumbrarse a volar y a imaginar que puede con todo después de años de privaciones…Piensa que él tal vez no lo sabe, porque se cree que el lugar donde vive es todo su mundo y no va más allá… Tal vez imagina que los barrotes que le rodean no existen y que sus pensamientos amargos y repetitivos son los únicos pensamientos posibles… Tal vez, ama la puerta que le separa del mundo y ve las paredes que le alejan de la vida como si fueran un hermoso paisaje. Tal vez, no ve los candados que le atan ni se acuerda de que hubo un día en el que escogía su camino… Tal vez no sabe que ha nacido para elegir su vida y se siente atacado o violentado al arrancarle las cadenas y le asusta pasar frío ahí fuera.

Es posible que se defienda con uñas y dientes, que te ataque, que no entienda porque le arrancas ese dolor que siente, porque durante años esa punzada en el pecho ha sido su única compañía. Es posible que te odie por sacarle al mundo y despojarle de su miedo y su rincón sucio. Que le mires y le veas sucio, huraño, arisco… Que te parezca insalvable y te culpes a ti mismo por haber sido incapaz de ir a buscarle antes… No cargues esa culpa porque él las carga todas y necesita mucha paciencia y mucha risa…  Puede que no te reconozcas ninguna de las facciones que ves en él y seas tú quién huye horrorizado al ver en el fondo de sus ojos encarnados y llenos de rabia. No desistas, porque si vuelves a dejarle solo, le enterrarás en una sala más oscura y más triste de dónde pocos salen si no es con muchas ganas.

No sé cómo podrás llegar a él, pero estoy segura de que una vez le encuentres, necesita palabras hermosas, caricias, abrazos… Necesita amor a raudales y comprensión, mucha compresión porque tendrá muchas heridas por cicatrizar.

Tal vez incluso, para poder encontrarle necesites primero quererle,  aceptarle tal como es, sin poner condiciones para su liberación, acercarte a él sin reproches, sin preguntas, perdonar sus miedos y todas las ideas absurdas que pasaron por su cabeza y que le llevaron a encerrarse en ti y tirar la llave…

Ese niño que duerme en ti necesita que le entiendas, que le des la mano sin cuestionar, que le ayudes a quitarse las armaduras que lleva puestas para no recibir golpes ni arañazos y que suponen una carga pesada…

Ese niño merece una oportunidad. Una tras otra. Infinitas oportunidades. Hasta que aprenda a vivir sin que el miedo le abrace la espalda y le presione la garganta… Hasta que oiga su voz diciendo lo que sueña y no se avergüence de ninguna de sus debilidades…Hasta que se quiera tanto que se de cuenta de que merece lo mejor y se muestre dispuesto a conseguirlo y aceptarlo.

No sé cuál es la fórmula, pero cuando encuentres a ese niño, tendrás que cantarle nanas y contarle historias bonitas.

Tendrás que vestirle con tus mejores ropas y dejarle bailar hasta que aprenda los pasos… Y entender sus errores como peajes necesarios y sus juegos como el método para permanecer despierto y no volver a vivir con el piloto automático…Cuando se caiga, tendrás que darle margen para que se levante sólo, porque si le haces el trabajo corres el riesgo de convertirte en su cárcel de nuevo y hacer que regrese a ese lugar donde no se toman decisiones y se vive a medias.

Y cuando tenga la tentación de volver a su celda, tendrás que acompañarle y decirle que ya no existe ese lugar, que no la necesita, que sólo reaparecerá si el miedo a ser él mismo gana la batalla.

Este camino será duro, pero no cierres la puerta, la recompensa es enorme, inmensa.

Pasarás mil días y mil noches junto él que te parecerán eternas, esperando un gesto, una señal de que te reconoce… Hasta que un día, ese amasijo de miedos te mirará a los ojos y verás en los suyos un brillo especial. Y sabrás te quiere, que se quiere. Es el principio de algo maravilloso…

 


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Que nadie te diga quién eres…


Ya basta de aceptar chantajes.

Nos encoge, nos deprime, nos arruga. No tiene sentido.

A menudo, estamos tan acostumbrados a aceptarlos que ni tan siquiera nos damos cuenta de que nos chantajean. Los llevamos incrustados, incorporados a nosotros y aceptamos los pensamientos ajenos como si fueran propios. Entramos en su lógica y la convertimos en propia.

Aceptamos algo que nos duele, nos escuece, nos denigra… Y lo hacemos porque si no, sabemos que esa persona no nos dará aquello que queremos, que creemos que necesitamos. Entramos en el juego y nos columpiamos en él. Dejamos que nos tenga sujetos, ahogados, asfixiados y pendientes… Dejamos que nos ate por algo que pensamos que nos pertenece, para evitar que se enfade, para que no nos recuerde lo infames que somos y lo poco que nos queremos a nosotros mismos. Le dejamos hacer porque tememos enfrentarnos a él y encontrarnos con nosotros mismos…

No acostumbramos a no preguntarnos si realmente merece la pena… La respuesta es nunca, porque no hay nada que valga la pena para que nos quedemos atados al  sufrimiento.

Nada que te ate ahora, te liberará mañana. ¿Sabes por qué? porque mañana ya serás esclavo porque creerás que lo eres, porque habrás cedido tu voluntad. En tu mente, te habrás encogido y recortado los sueños, te habrás resignado a no ser, a no sentir, a no intentar. Lo que hoy te hace daño, no te conviene. Lo que te hace sufrir en el presente, no te hará feliz en el futuro…

Cedemos libertad al chantajista a cambio de facilidad, de comodidad y por qué no, de ingenuidad, ya que hemos reducido tanto nuestro mundo que llegamos a pensar que eso que nos da él o ella no lo podemos conseguir por nosotros mismos…La vida está llena de oportunidades que no se ven desde una jaula con barrotes gruesos…

Si es un regalo, es a cambio de nada.

Si no lo es, el intercambio debe ser justo y nunca indigno.

Y no, no vale la pena, porque al aceptarlo, se te escapa la vida.

Muchas veces no sabemos decir no a un chantaje emocional porque hemos estado sometidos a él sin tregua desde siempre. Porque hemos crecido en él y no hemos conocido nada más… Como haber nacido en una cueva oscura y pensar que ese pequeño espacio es el mundo entero…

Hay quién nos chantajea por amor y quién lo hace por miedo. Quién nos quiere encadenar para que no corramos peligros reales o ficticios y quién nos quiere apagar para que no brillemos… En ambos casos, nos someten a su forma de ver la vida, nos recortan como seres humanos porque no nos dejan crecer y nos hace creer que no existe alternativa.  Y eso puede significar que, puesto que no hemos conocido nada más, corramos el alto riesgo de repetir ese comportamiento e ir por la vida recortando a otros. Haciendo que sus vidas sean minúsculas, que se acostumbren también ellos a ver la vida a través de un cristal opaco, a pasar por un embudo cada vez que sueñan algo… A tamizar sus sueños por un embudo como hacemos nosotros porque hemos aprendido que sin sufrir o perder algo no podemos aspirar a nada… Porque nos creemos que hay cosas que no merecemos si previamente no nos rebajamos a aceptar algo que no deseamos…Un precio demasiado alto por no ser capaces de arriesgar un poco, ¿verdad?

Los chantajistas emocionales precisamente nos piden que nos encerremos, que nos aferremos a la rutina de una relación tóxica pero conocida, porque más allá la incertidumbre es insoportable.

La única forma de no ceder al chantaje es disponerse a pasar un poco de frío. Enfrentarse al miedo, a una soledad necesaria, a la incomodidad de no saber qué pasará…Enfrentarse a uno mismo y aceptar que sabrás cómo hacerlo sin esa ayuda envenenada o sin esa influencia que te castiga. Apostar por ti y por tu fuerza, por tu capacidad.

Ceder al chantaje es mirarse al espejo y decirse a uno mismo que nunca podrá, que nunca sabrá ir más allá… Que no merece lo que desea si no acepta un castigo previo, una rebaja de sus expectativas…

Si lo aceptamos, nos convertimos en fantasmas. Asumimos que no hay más remedio que vivir en una caja cada día más pequeña y asfixiante… Reducimos nuestras posibilidades de crecer y explorar…Arrastramos una culpa que no existe.

¿Vale la pena? Esa es la pregunta… La respuesta casi siempre es no, nunca. Nada que nos puedan ofrecer a cambio de la dignidad nos conviene.

Ya sé que hay situaciones límite en la vida en las que nos aferramos a lo que sea para sobrevivir, para que a los nuestros no les falte lo básico… Incluso entonces, merecemos lo mejor, aún más si cabe, porque siempre somos personas dignas.

Insisto… ¿Vale la pena? Ser capaz de hacerse la pregunta ya es un triunfo, porque significa tener conciencia de lo que sucede, significa querer ser libre, significa tocar con las manos esa dignidad.

¿Por qué lo aceptas? la respuesta a esta pregunta nos indica qué debemos cambiar si no queremos seguir con la situación… Piénsalo, ¿Por qué lo aceptas si no lo mereces? Tal vez, no nos guste enfrentarnos a ello, pero resulta indispensable para poner fin al sufrimiento y avanzar. El que consigue empezar a cuestionarse lo que pensaba que era un dogma, está más cerca de su conciencia. Sea cual sea la respuesta.

¿Por qué? reflexiona y hurga en ti lo suficiente como para que la respuesta, aunque duela mucho, te sirva de algo. Cambia el enfoque, mira qué esperas conseguir de verdad cediendo a ese chantaje y descubre por qué crees que vendrá de otra persona y no puedes encontrarlo en ti mismo… ¿Te ha pasado otras veces? ¿te has acostumbrado a vivir ese tipo de situaciones porque evitas algo? ¿qué pasaría si dices que no? ¿cargas con alguna culpa que te impida soltarte y seguir tu camino? ¿qué es lo que realmente te asusta?

Lo bueno nunca es a cambio de sufrimiento… Lo dulce no se mezcla con veneno… La felicidad no conlleva castigo ni culpa. No vale la pena… No regales el timón de tu vida, sé responsable de ella, trabaja para que sea tan maravillosa como mereces.

No sólo puedes salir de ese círculo vicioso, sino que además cuando lo consigas, saldrás de ahí más sabio, más fuerte, más elástico y mejorado… Sin carga ni remordimiento… Te encontrarás más cerca de ti y te conocerás mejor. Sabrás que puedes porque lo habrás hecho. Te darás cuenta de que nadie está por encima de ti, ni puede dirigir tu vida si no le das ese poder. No sueltes las riendas, no le des a nadie tus códigos para que apriete tus botones cuando quiera, no cedas el protagonismo de tu vida, no entregues tu voluntad, no cargues ninguna culpa, no contemples tu existencia con ojos ajenos…

Reenfoca tu vida. Abre las ventanas para que entre la luz… Sal del rincón y encuentra tu centro. Deja de ser la presa, sal de la telaraña y vuela… Tienes mucho poder, pero aún no lo notas, no lo ejerces, no lo sueñas. Puedes dar el vuelco a todo lo que te pasa con la intención y el empeño, puedes zarandear tu vida con sólo cerrar esa puerta y amarte…

Quédate a solas contigo y descubre qué te mantiene atado.

Cuando te ames de verdad, nadie te pondrá cadenas… Cuando aceptes la incertidumbre de la responsabilidad, llevarás las riendas.

No te mereces pagar ningún peaje por ser tú. Eres demasiado grande para vivir en una cueva… Brillas demasiado para apagar tu luz…

Vivir no duele siempre…

Decide tú.  Que nadie te diga quién eres ni qué sientes… Empieza a volar y sé sincero contigo, porque si no, te estás chantajeando a ti mismo.

terarana

 


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¿De qué va la vida?


Creo que lo he entendido.

Esto va de sonreír aunque duela. De casi fingir que es hasta que sea… De cerrar la puerta al pasado y sólo dejar pasar lo aprendido, lo intuido y lo soñado si aún te conmueve.

Va de saltar al vacío y confiar. De apurar el día hasta que llega el momento de apurar la noche… De mirar siempre a los ojos y afrontar el reto…. De destruir todos tus escondites para cuando el miedo te tiente a retroceder y no dar la cara.

Va de descubrir que el único refugio eres tú mismo.

En el fondo lo sabía, supongo…

Hasta que no te des cuenta de que mereces que te traten bien, aparecen en tu camino mil personas que te tratan mal…  Repites la prueba, una y otra vez, hasta que la pasas, hasta que levantas la cabeza y dices basta y percibes tu valor.

Esto va de derribar muros, de tender manos. Va de abrazos y de palabras, de escuchar y mutar de piel cuando escuchas y ocupar zapatos ajenos para poder contemplar el mundo de mil formas.

Va de aprender cuando debes ser un camaleón y cuando mostrar el brillo de tus alas.

Va de desaprenderlo todo y quedarte con lo que te reconforta y lo que te reta a seguir…

Ya lo veo, ahora me doy cuenta.

Es cuando dejas de ocultarte de la sombra que sale el sol.

Cuando lo sueltas es cuando lo alcanzas…

Cuando dejas de necesitarlo,  aparece. Viene a ti, lo ves y lo notas. Sólo lo alcanzas cuando tienes claro que siempre te ha pertenecido… Si es que algo nos pertenece aunque sea un rato…

Esto va de bailar imaginando la música y caminar dibujando el camino.

Sólo cuando decides que vas a aflojar tu exigencia, cuando vas a aceptar tu imperfección maravillosa, cuando vas amar al mundo tal como es… Entonces desaparecen las ataduras, las pesadas corazas, la hormas rígidas a las que amoldarse…

Esto va de ver tan claros tus sueños que se conviertan el realidades. De darle la vuelta a todo y aferrarse a lo bueno para eternizarlo, para que se te quede tan dentro que ya nunca puedas perderlo… Va de perder para poder descubrir qué te queda, qué buscas, qué necesitas.

Sólo cuando te da igual el premio, eres capaz de ganar la carrera llegando el último.

Si dejas de perseguir lo efímero, empiezas a ver lo sustancial, lo esencial.

Esto va de atesorar tus fracasos y tropezar mucho hasta darte cuenta de que no se trata de no cometer errores sino de entenderlos, abrazarlos, amarlos.

Y a medida que caminas, amas cada paso. Porque esto llamado vida va de andar, aunque no se vea el final o lo que buscas te quede muy lejos.

Porque consiste más en encontrar que en buscar.

Sólo cuando cierras esas puertas a las que estás amarrado, se abre el techo y pasas al siguiente nivel.

Esto a de levantarse y topar con una cara amarga y reírse.

Va de acordarse de cada beso y cada arañazo. De nadar entre tiburones y sembrar entre plantas carnívoras… Y reírse, otra vez, con más intensidad.

Que no te importe si no les importas. Que te moleste si no te ven o no quieren verte.

Va de caer y alzarse a tientas… De cantar para espantar los males…

Porque es cuando empiezas a fluir que todo parece más fácil…

Esto va de llorar para vaciarse de miserias… Y reírse, hasta que se oiga al otro lado de tu conciencia esa risa pegajosa y sepas que puedes.

Cuando renuncias a lo que te limita, eres capaz de crecer, de evolucionar, de aumentar de tamaño.

Esto va de besar y seguir remando cuando las olas te escupen rabia en tu cara y el viento zarandea tu barca hasta que pierdes en sentido. Y de saber cuándo dejar de remar y dejar que el viento te lleve…

Va de quemar naves para estar obligado a quedarse en tu vida para cambiarla si no te gusta.

De vencer  sin pelear, con palabras y conciencia, de  llevar la contraria cuando nadie más se atreve. Va de ser tú mismo hasta las últimas consecuencias… Sin sufrir, sin amargar, sin sujetarse al dolor y quedarse atrapado en él.

Esto va de rodearte de personas  que hacen magia. Que te guían para que veas tus errores pero que nunca  te permiten morar en ellos…

Esto va de amar.

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Tu lugar en el mundo


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Escoge pensar que sí, que lo consigues, aunque ahora tal vez dudes.

Predisponte a sentir la emoción de saber que lo has logrado. Siéntela ahora, como si ya fuera tuya.

Nota quién eres. Nota todo tu valor y toda tu fuerza. Rebusca en tu baúl de culpas y arráncatelas todas como si fueran las plumas viejas de unas alas gastadas, para que salgan las alas nuevas. Asume el riesgo de vivir desnudo esperando a que salgan, sin avergonzarte de nada. Siente cómo puedes desplegarlas antes de tenerlas, porque ya son tuyas. Porque jamás tendrás alas si no las sueñas y las vives antes de que te salgan…

No temas mirar atrás, pero hazlo para vencer a ese pasado absurdo que aún permanece en ti y que sigue  acortando las ideas y las ilusiones, ensuciando pensamientos, cambiando tus palabras hermosas por palabras tristes… Vuelve para hacer limpieza, no para quedarte a vivir… Que nada te ancle al dolor inútil… Sufrir no te hace grande, te encoge. No elijas nunca sufrir porque sí.

Mira en tu equipaje y saca lastre. Arroja los “por si”, los “para cuando” y los vestidos viejos que solo arropan a la persona que eras antes, no a la que eres ahora. Tira las cartas de desamor y escribe poemas nuevos. Escríbetelos sobre todo a ti, necesitas palabras de amor sincero e inmenso, como tú…

Si hay algo en tu camino que huele a rancio o a podrido, no lo mires, apártate… Por si la tentación de volver a creer que no mandas tú en tu vida, sino tus circunstancias está aún viva en tu piel, en tus células cansadas de tragar miedo y escupir emociones sin freno que no te da tiempo a comprender.

Asume de una vez por todas tu fantástica grandeza.

Sucumbe a la risa. Ríndete a la necesidad de flotar sin esperar llegar a ningún sitio concreto. Nada aligera tanto el paso como la risa floja del que se entusiasma a cada momento. Besa la culpa y déjala marchar. Que no te ensucie el vestido nuevo de persona que brilla, de persona que seduce con su cara feliz. Que todo lo que venga a ti a cuestionar tu nuevo estado de felicidad por decisión propia sirva a reafirmar tu paso.

Quítate el caparazón. Suelta la carga. Afloja las correas que te ciñes para que entre el aire limpio en tus pulmones y puedas coger fuerzas para desabrochártelas…

Cúbrete de historias maravillosas y caricias imaginarias… Encuentra personas extraordinarias…

Ama tus deliciosas imperfecciones hasta encontrar su belleza, hasta que tengan tanto sentido como tus dones…

Encuentra el sueño dulce oculto en la pesadilla amarga que martillea tus oídos. Besa tus cicatrices y recuerda la fuerza con que te enfrentaste a cada una de ellas…

Si el traje te oprime, anda desnudo.

Si camino te desvía de ti, desvíate del camino.

Si el lazo se convierte en cadena, corta el lazo.

Escoge decidir. Escoge asumir. Escoge disfrutar existiendo.

Si llegas a un lugar donde no hay risa, sé la risa. Si llegas a un lugar donde no hay calma, sé la calma. Haz siempre lo que nunca te haga sentir obligado. No sufras por adelantado. No sufras esperando acumular méritos para luego ser feliz…

Sé lo que necesitas y nunca necesitarás nada.

Siente las posibilidades infinitas que hay en ti. Sé todas las personas maravillosas que llevas dentro y no te avergüences de ninguna. Ama tus imprudencias, tus desatinos, tus muecas tristes incluso… Porque son sin duda el preludio de tus sonrisas locas y tus más sonoras carcajadas.

Todo lo que has hecho antes, aunque sea erróneo, te ha llevado hasta aquí y te ha convertido en alguien maravilloso. Felicita tu insistencia. Celebra tu capacidad para persistir, para ceder cuando es necesario, para resistir cuando casi nada resiste.

No esperes a ser algún día, sé ahora.

Imagina que ya eres esa persona que habita en ti y que encuentra su valor. Imagina que ya ocupas tu lugar en el mundo y nota todo lo que puedes hacer desde él.

Sé la persona que sueñas que eres. Habita tu vida, habita tu esencia.

No esperes a encontrar la chimenea, sé tú el fuego.

No te pierdas esperando señales, dibújalas. El mar no te traerá nada que tú ya no tengas dentro…

No busques caminos fuera que sólo están en ti.

Elige borrar lo que condiciona tu vida. Vacía las alforjas de temores  y riñas. Sacude tu cabeza para que salgan los pensamientos amargos…

Ha llegado tu momento. Sé quién realmente eres.

Suelta tus culpas imaginarias. No cargues con nada que te impida volar…

 

 


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La partida


Me rindo… A la vida.

Dejo la batalla y me apunto a la derrota sabia, a la paz del que no lucha, sino que camina. Que sigue y no pierde el tiempo en pugnas absurdas que arañan y desgastan. Que guarda sus fuerzas para tocar sus metas y no para explicarlas a quién jamás podrán entenderlas ni compartirlas.

Me rindo. Ya no más excusas por hacer, ni disculpas por ser. Sólo camino.

A veces, viendo  claro el horizonte. Otras, entre la niebla más espesa. Siempre notando cada paso.

Ya no más culpas por ver el mundo con otros ojos y no ser capaz de encajar en esquemas rígidos.

Ya no más intentos de tocar la perfección a cambio de perder una humanidad salvaje, maravillosa, única…

Ya no más miedos enredados en el pelo y en las sábanas dictando pesadillas y esbozando monstruos con corbata…

Me apunto al baile del que nunca deja de oír la música, aunque cese, aunque los gritos la confundan y los ignorantes la hagan callar…

Me apunto al crepitar del fuego y el vaivén de las olas, aunque sean imaginarias.

Me apunto al sosiego. Al abrazo caliente del que no corre para llegar sino que se funde con el camino.

Del que no se juzga sino que se ríe de las circunstancias y les da la vuelta para que la puerta de salida sea un principio, para que el muro insalvable sea un estímulo…

Para que rendirse sea soltarse y nunca resignarse sino aceptar y superar, para crecer, para salir de todo aquello que te ata, te oprime y te asfixia.

Me apunto a cambiar tantas veces como sea necesario, aunque no me conozca al final, aunque sólo lo quede de mí la esencia y ya no queden máscaras con que ocultarse.

Me suelto, sin esperar a tener certezas falsas ni abrazar doctrinas férreas.

Sin necesitar tener para existir.

Sin buscar poseer nada que nunca será de nadie que no sepa soltarlo sino vivirlo.

Me voy del lado miserable de mis calles interiores. Dejo de golpearme en las paredes blancas de mi alma perdida que busca razones para no salir al mundo y al no encontrarlas se las inventa…

Me voy sin escapar, sin escaquearme de nada, sin perderme el detalle pero sin hacer guardia, nunca más… Sin controlar, sin medir, sin  esperar. Sin supeditarme al juicio ni la crítica. Sin vencer a ningún dragón inventado que yo misma haya puesto en mi camino para poder excusar mi cobardía y echarme atrás. Sin buscar más coartadas para huir de mí cuando ya no soporto mi exigencia ni columpios donde balancearme haciendo tiempo para empezar a vivir… Ya no más batallas estúpidas contra mi misma para demostrar… Sólo el paso, el camino, el trabajo, el error necesario, el  aprendizaje, la alegría de confiar en mi rumbo y mi sueño. De confiar en mí sin tener que explicar el por qué.

Me voy sin esperar a desesperar.

Me voy del lado tembloroso… Me voy sin dejar margen a que el temor me haga quedarme y la voz de mi yo más triste me diga que no puedo.

Marcho de ese pedazo de tierra que hay en mí donde nunca toca el sol y me lanzo a lo inexplorado.

Ya no más demoras creadas para eludir y escapar.

Me voy y me llevo conmigo lo que realmente permanece.

Deseándolo todo pero sin atarme a nada.

Con ganas de sorpresa, de risa, de abrir la caja y descubrir algo nuevo.

Con esperanza.

Sin súplica. Con toda la pasión que me cabe pero sin oración desesperada.

Me apunto al beso salvaje pero con el  corazón sereno.

A la locura sensata.

Al desenfreno plácido.

Me rindo a cada instante. Para que lo efímero sea eterno,   lo mínimo máximo, lo ínfimo, grande…

Para que no me quede nada por apurar pero la premura por hacerlo no recorte mis sentidos.

Me apunto a la paciencia, aunque a veces pupilas ansiosas cuenten las horas.

Me apunto a dilatar la belleza y acelerar las ganas.

Me rindo, sin rendirme. Me suelto para desbocar mis sueños y dejar de mandar palomas con mensajes desesperados al universo.

Me voy del lado absurdo y guerrero, me voy con todas las dudas deliciosas y los temores necesarios para tomar impulso y seguir.

Me aparto del lado feroz donde sólo se me espera para vaciarme de mí y llenarme de rabia.

Sujeta, con los pies en el suelo y mirando al cielo para perderme en las ramas de los árboles que lo acarician.

Soy lo que soy y eso es sólo lo que tengo… Y es mucho, lo es todo. Es el camino…

arboles-altos