merceroura

la rebelión de las palabras


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Eternamente insatisfecho


Cuando te dicen que ya basta y sabes que sólo es el principio. Que dentro de ti hay esa inercia que no se detendrá nunca. Que tu apetito por todo es gigante y tu deseo ocupa una enorme llanura por cercar. Que el guerrero dormido tiene suficiente siesta y ahora busca delirio, busca combate y substancia salvaje. Y sabes que no volverá a descansar hasta que sepa que lo ha probado todo y llevará consigo ya siempre el recuerdo de cada momento.

Cuando te piden que pares y sabes que vas a continuar. Un estruendo enorme sonando en tu cabeza que deja claro que no puedes someterte sin traicionarte, que no puedes decir que sí a todo, sin que un no inmenso te salga de los labios desde el pecho, rompiéndote el ego al salir y dejándote desbocado y sin posibilidad de negarte a más. Sin poder escapar de tu propio deseo de no ser uniforme, no vivir muriendo, no morir en cada esquina… No dejar de temblar nunca ante la caricia ni de imaginar que lo que tanto sueñas sucede y tiene un sabor extremadamente dulce, de un dulce eterno, de un eterno que se consume rápido y sin esperar a ceremonias.

Cuando sabes que siempre tendrás ganas, que por más que corras, llegarás de nuevo al punto de partida, porque el único trayecto es el que lleva hasta ti, hasta lo que quieres, lo que necesitas… Hasta tus preguntas pendientes y esas respuestas que darías años de vida por no escuchar pero que sabes que van a hacer eco en tus entrañas porque eres de los que no huyen nunca, de los que se quedan y encajan aunque salpique, aunque de miedo, aunque de vértigo y desde el principio se vea muy claro que van a caer.

Cuando te suplican que calles y la lengua se te suelta porque el silencio impuesto y no quebrado es cobardía, es miseria, es negar lo que te define y conformarse con menos de lo que te llena. Quedarse a medias, vivir sin roce.

Cuando te cierran la puerta y sabes que vas a embestirla como un animal salvaje. Sin esperar a saber si te quedan fuerzas, sin calcular las mofas, los comentarios sin alma y las miradas cáusticas… Cuando te rechazan y sabes que el problema no está en ti sino en ellos, que no saben ver la esencia, que te miran y ven su falta de aliño por la vida, su propia mediocridad, su necesidad de amor y su déficit de risa.

Cuando respiran a tu lado y tiñen el aire de amargura y tú contienes los pulmones para no llenarte con su flema viciada y su espectro oscuro… Cuando se sacuden sobre ti todo el asco que almacenan y el terror te invade pensando que participas en su tragedia, en ese circulo vicioso que han escogido recorrer sin salir, sin pedir ayuda… Sin volver a la linea recta y encontrar la salida.

Cuando sabes que harás lo que debes, aunque duela, aunque suponga tragar condena y consumir consecuencia ajena. Aunque te toque cargar el hatillo de las amarguras de otros y encajar sus bromas, sus ataduras y sus lágrimas. Ser su única escapatoria, su evasión…

Cuando caes y sabes que te has dejado las rodillas en el asfalto, pero no te importa porque no las sientes, no notas que caes porque hacía rato que ya no caminabas sino que flotabas. Cuando ya no te alcanza la vista y sabes que vas a vivir de oído, de olfato y sobre todo, de tacto. De vibrar cada vez que las puntas de los dedos surquen una herida que se sella y te recuerdan quién eres y lo mucho que amas. Si amas en balde y no te sientes idiota porque sabes que no te equivocas sintiendo. Que ese amor rebota en una pared de indiferencia y vuelve… Y lo toca todo sin saber a dónde apuntar. Y cuando eso sucede, tal vez te toque un arrumaco, te acaricie la nuca un beso perdido o recuerdes el calor de unos ojos posados en tu escote.

Cuando ya no esperas nada y llega algo que parece un todo y es delicia y misterio puro. Y todo se prolonga como una llama que arde constante. Y tú te quemas… Y sabes de inmediato que volverás a por más porque estás siempre buscando, no tienes nunca suficiente. Siempre con el deseo puesto, eternamente insatisfecho.


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Nacer


Tiene que volver a nacer. Regresar a la vida con ojos nuevos. Borrar los reproches y las angustias. Arrancarse de cuajo la pereza, los esquejes secos e inútiles y apéndices innecesarios… soltar las rémoras y abandonar lastre. Tiene que volver a dibujarse el rostro y escoger delicadamente con quién va a cruzar la mirada, ha perdido mucho de ese brillo especial en los ojos descuidando lo que contemplaba. En ocasiones porque no le presta demasiada atención a lo básico. Otras veces porque ha decidido mirar demasiado rato algo que no merece la pena, aunque fuera hermoso y tuviera un tacto agradable.

Será doloroso, debe serlo. Va a cambiar de forma y de substancia, pero tiene que mantener su esencia. No traicionar sus deseos ni nada que haya construido hasta ahora y que le recuerde quién es y qué busca.

El parto será largo. Nacer de nuevo es más complicado. Siempre se lleva la útil pero pesada carga de la experiencia. Esa voz que te ayuda a confiar y te da acceso a la conciencia, pero que también te predispone al cansancio, al desaliento… al tedio de lo ya conocido. Antes tiene que mudar la piel y eliminar cualquier recuerdo que le impida avanzar. Todo aquello en su vida que no sea un punto de apoyo para lanzarse al vacío. Lo que le haga pensar que no puede, no debe, no hace falta. Acallar las voces estúpidas acumuladas en la cabeza, algunas propias, otras heredadas… Sobre todo las que buscan debilitarla y la hagan sentir poco digna. Sepultar credos falsos y obviar las pupilas de aquellos que la miran con condescendencia y le inhiban las ganas de volar. Debe olvidar aromas cotidianos, dejar atrás palabras tatuadas a fuego, romper promesas que la aten a destinos equivocados y dibujados para conseguir la felicidad ajena… Dejar de amarrarse en puerto seguro y soltarse. Salir de la caverna y notar como el sol acaricia su contorno agrietado y sus cicatrices más antiguas. Cada una de ellas con una historia que olvidar solo a medias. Recordar la moraleja, dejar atrás el dolor, llenar el hueco con un nuevo nido. Dejar de repasar el pasado para encontrar conclusiones distintas cada vez.

Tiene que volver a nacer y le faltan fuerzas todavía. Tal vez durante un rato en esta experiencia que ya se avecina, lo intuye, se arrastrará como un gusano buscando la luz al otro lado. Se deslizará por un paso oscuro e incierto. Se convertirá en un ser maleable que quepa en cualquier agujero y se meta en cualquier espacio por limitado que sea. Cambiará de estado sólido a líquido. Será tan elástica que durante un momento ocupará con distintas partes de su cuerpo los dos mundos. El de antes y el que está convencida que debe ocupar ahora. Durante ese lapso de tiempo, no será casi nada. Un híbrido entre ese ser atado al pasado y un ser casi libre. Querrá volar pero sus alas serán débiles. Querrá tocar el sol pero su mano aún no sobresaldrá del complicado embudo en el que se encontrará mientras el trance no termina. Notará su cuerpo comprimido por todas partes, agarrotado y dolorido. Podrá pedir ayuda, pero el camino lo tendrá que afrontar sola, porque si no el nacimiento será en vano… No servirá de nada porque necesita empezar de nuevo desnuda, sin marcas que le recuerden sus límites. Con gestos nuevos, ojos nuevos, ansias nuevas… para cometer errores nuevos y llorar nuevas lágrimas. Para que todo lo que llegue, la pille virgen y sin una idea preconcebida ya de cómo solucionarlo, de cómo vivirlo.

Y cuando salga, tendrá mucho frío. Notará como le arden los oídos y como los pies se le despegan del suelo. Ligera como una pluma, sin apoyos pero sin cargas. Es posible que tenga miedo, que tenga mucho miedo, pero le consuela saber que no podrá volver atrás porque habrá cerrado puertas. Pase lo que pase, tendrá que mirar hacia adelante. Escabullirse hacia atrás no será ya jamás una opción.


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Substancia eterna


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Amo esta tarde, aunque yo la hubiera dibujado de otra forma. La hubiera llenado de risas y voces. Estaría repleta de caras, abrazos y un aire tibio que me invitaría a salir y contar historias. La contemplaría de lejos, sin dejar que me golpeara las sienes y me hiciera sentir insignificante. Sería eterna.

Amo que mi mente vuele mientras yo permanezco sentada.

Amo la imprudencia de mis palabras.

Amo la lluvia remolona que ahora cae, porque me recuerda que estoy viva. Vivo, eso es un premio y un privilegio temporal. Esta lluvia fría me salpica en la cara y lo agita todo hasta anegar mis sentidos. Su tintineo repetitivo auspicia un silencio superior. Casi se oye… Mis ojos cansados caminan con sus pupilas entre las gotas de agua, ahora fieras y casi heladas. Me sacuden la pereza y levantan las ganas de todo. 

Adoro mi búsqueda insaciable de miradas. Ese pequeño reducto en mí, indomable e impaciente, que me obliga a atravesar muros y dar enormes zancadas. Adoro la ingravidez de mis pensamientos.

Adoro la inquietud y el desasosiego de cambiar de camino para burlar la monotonía y jugar a ser otra, volver loco al destino, poder notar que la doy un zarpazo a ese reloj vital que tiene escrita para mí un fecha de caducidad. Ser eterna y eternizar lo que toco y tocar lo que amo. Y amar sin medida…

Amo este lado salvaje que me hace adicta a los sueños.

Amo su osadía y su irreverencia. Amo esta capacidad inmensa de imaginar imposibles y hacer que casi parezcan realidades.

Necesito pensar todo lo pensable hasta quedar en blanco y que ya nada me importe por un segundo… creer que todo es relativo, todo se reescribe, que nada es del todo vulnerable y nada muere. Que todo es mutable y perdurable. Todo se pega, todo se cose, todo se apaña. Que nada caduca excepto el llanto y el asco… Que los rezos se escuchan y los monstruos se encogen.

Necesito fuego y aire.

Necesito pensar que puedo superar límites y borrar fronteras.

Amo el cansancio de un día repleto de emociones y pequeñas locuras, de grandes renuncias y pasos en falso. Uno de esos días en los que la conciencia te crece un palmo y maduras a bocados. Ese intentar curar las heridas que sabes que siempre estarán abiertas y perdonarse las pequeñas torpezas. Descubrir que tienes un lado oscuro y soltarte. Adorar las imperfecciones propias y ajenas y saber que a pesar de tus miedos el saldo es positivo.

Adoro quedarme quieta junto a mi amor gigante y notar que existo y que existe, que me completa, que detengo el tiempo y me río ante él, que todo lo consume. Pensar que nuestro amor supera este pedazo de tierra que nos rodea y el tumulto de substancias que nos componen y nos hacen perecederos. Que pase lo que pase, vamos a tenernos, encontrarnos y compartirnos. Que estamos fabricados para perdurar… Compuestos de mil sacudidas, arañazos, temblores y recuerdos. Que somos substancia eterna.

Necesito fundirme con lo que amo. Ser líquida, de un material que todo lo impregne y todo lo inunde.

Necesito creer y tocar.

Necesito liberar espacio en mi alma contando historias tristes para que me quepan los sueños. Para dejar un rincón a mis pequeños logros y albergar todo lo que deseo que sea para siempre.

Para siempre.