merceroura

la rebelión de las palabras


10 comentarios

La felicidad


dandelion-2648584_640

Nos van a curar de nuestras penas las risas y las ironías. Las tiras cómicas que nos recuerdan que somos necios y un poco patéticos, a veces. Nos rescatarán las primeras notas de la Flauta Mágica y las verdades que los niños dicen cuando los adultos bajamos la guardia y dejan en evidencia que vivimos en un mundo hipócrita, orquestado para parecer más que para existir y sin ganas de remediarlo.

Nos salvará que aún somos capaces de mirarnos al espejo y reírnos, porque en el fondo sabemos que antes éramos más jóvenes, pero bastante más cortos en todo. Y si no somos capaces de concentrarnos en lo bueno, en lo hermoso, en lo dulce, la vida nos dará un golpe, esperemos que suave y tibio, para recordarnos que la suerte nos ronda por estar aquí y notar, por poder hacer recuento de extremidades y seres queridos y caminar cada día por un camino que hemos escogido, aunque a veces, escojamos mal y tarde. Y si el recuento no sale, porque algo o alguien nos falta… Aún nos daremos más cuenta del valor de este momento, del acierto de haber sido capaces de cerrar los ojos e imaginar que somos lo que deseamos con tanta fuerza que nuestros pensamientos cambian el perfil de nuestro camino y el color de nuestra rutina.

Nos sacará de nuestro letargo asfixiante la punzada de un contratiempo que llega en el momento justo para que no nos durmamos más y despertemos de nuestra modorra gigante… Un problema bendito que nos hará agudizar el ingenio y encontrar dentro de nosotros el entusiasmo que perdimos mirando un programa de televisión donde la dignidad se colgaba tras la puerta… Y sabremos que todo pasa por algo, que todo es causal y la vida se vuela a tramos y se muerde a bocados.

Nos salvarán los payasos que llevamos dentro, cuando paseando les veamos de reojo en los charcos y no podamos reprimir saltar y ensuciarnos el traje de personas serias y reprimidas. Nos ayudará el talento que tengamos para construir emociones y confiar en nuestras posibilidades… La empatía para conectar con otros  y contarles historias y la autoestima para no vendernos a cambio de nada.

Nos redimirá que sabemos admitir errores y, a pesar de encerrarnos en el caparazón para protegernos, salimos de vez en cuando, a por provisiones. Y cuando notamos la brisa y encontramos otras caras, nos damos cuenta de que en realidad estamos hechos para afrontar más que para huir… Que es mejor caer y perder que pasarse la vida encerrado.

Nos curarán nuestros hijos con sus muecas preciosas y sus palabras inoportunas e irreverentes. Nos recordarán que la osadía es necesaria, que el miedo a menudo casi se mastica pero también se escupe y que los villanos no siempre fueron villanos, porque hace tiempo querían ser héroes pero no fueron capaces de esforzarse por cambiar el mundo y meterse en un traje tan ajustado.

Nos apaciguarán la rabia y la ira contenidas aquellos que cuando hablan susurran y nos recuerdan que hubo un día en que fuimos libres y no estábamos sujetos a emociones bárbaras. Los que, a pesar de las prisas, nos dedicarán un tiempo a recordarnos que podemos y nos dirán “te quiero” y además será cierto…

Y cuando nos duela el alma por algún desengaño, que pasará seguro, los que nos amen nos llevarán a ver el mar y nos dirán que es nuestro y que somos absurdos si no nos damos cuenta de que podemos escoger si rabiar o sonreír. Si llorar o bailar, si levantarnos o quedarnos dormidos esperando un despertador que nos recuerde que el mundo gira aunque hayamos decidido apearnos de él porque la pena nos comprime el pecho y nos achica la alegría y nos dirige los pensamientos hasta un vertedero de vanidades maltrechas.

Nos salvará la risa y el esfuerzo que hagamos por mantenerla y hacer que nos recorra el cuerpo y la conciencia. Nos curarán los libros y las palabras que encontremos al azar en las redes, en las esquinas, en las recetas de cocina y escritas en la arena de esa playa que nos pertenece, aunque la tengamos olvidada. Nos curarán los abrazos y los besos. Nos consolarán los rayos de sol y los recuerdos dibujados en la memoria que aún vibran, aunque a veces, aún nos rasguen y zarandeen. Nos curarán los sabios cuando nos den ejemplo y nos muestren sus cicatrices… Nos sanará que sepamos quiénes somos, aunque el mundo nos encierre en una caja y nos chille consignas vacías para vendernos algo que no nos hace falta…

Nos curará el amor, cuando lo sintamos sin atadura y siempre sin descuidar el propio, sin regatear cariño ni buscar migajas… Cuando sepamos que guardamos mucho y merecemos lo máximo.

Nos aliviará la lluvia cuando caiga con fuerza para recordarnos que todo cambia y todo se borra. Nos apaciguará el viento, cuando limpie el aire corrupto de nuestros pensamientos tristes y encriptados que sólo sirven para que creamos que no somos capaces de algo para lo que hemos nacido…

Nos salvarán los sueños que nos sujetan a la vida. Nos salvará la vida que nos aferrará a las nuestras metas más firmes…

La felicidad será notarnos las puntas de los dedos y sentirnos llenos de nosotros mismos y de todos aquellos que nos caben en el pecho y se pasean por nuestra cabeza con permiso. Saber que podremos resistir porque estamos en paz con nosotros mismos y que fabricaremos la manera de seguir adelante incluso cuando el cuerpo no nos acompañe…

Y saber cuándo aceptar lo que viene y sacarle punta y cuándo batallar para darle la vuelta. Cuándo mutar por dentro lo suficiente para cambiar nuestro mundo e impregnar todo lo que nos rodea… Cuándo ponernos las gafas que nos permiten descubrir más posibilidades donde parece que sólo hay un camino o un barranco… Cuándo dibujar oportunidades para vivir otras vidas soñadas y abrir puertas donde otros sólo ven paredes blancas.

Anuncios


10 comentarios

Lo que tengo y lo que me falta


Cuando llegan estas fechas, siempre acabamos poniendo en una balanza lo que tenemos y lo que nos falta. Deseamos siempre que nuestros sueños pesen más que nuestros miedos y que en nuestra lista de logros haya más por apuntar que hace un año. Al final, no se trata de tener mucho que apuntar sino de saber si nos sentimos bien con lo que pone en nuestras listas. Si en la de logros falta algo que consideramos básico, una de esas cosas que te llenan la vida, y en la de retos te queda poco por conseguir, algo no marcha bien. Puede que incluso, haga falta cambiar muchas cosas de esa lista, cuando nosotros cambiamos, también mutan nuestros sueños y se modifica nuestra ruta.

Con el tiempo, me he dado cuenta de que a menudo, cuánto mayor es tu sueño, más depende ti conseguirlo. Los sueños grandes son los que tienen que ver con las vueltas que da tu vida, con tu actitud ante ella y tus ganas. Si el sueño es enorme, necesitas más esfuerzo, más empeño, más capacidad para hurgar en tu interior y sacar de ti mismo lo que te lleva a conseguirlo. Algunos sueños que dependen de otros en gran parte. Esos retos en los que estamos pendientes de cómo nos valoran otras personas y estamos sometidos a su juicio son sueños frágiles. Diré más todavía, son superables, secundarios, intercambiables incluso. Los grandes retos se gestan en nuestras almas… Pasan en nuestra cabeza, se viven en nuestros pensamientos y dependen de nuestra forma de ver la vida… Creo que muchas veces la clave para conseguir un reto es descubrir qué pensamientos debemos tener para prepararnos para él. Qué palabras decir para transformar nuestra conciencia y subir el escalón necesario que nos lleva a dónde queremos. Y hacerlo sin perder nuestra esencia y valores, sin dejar atrás lo que somos más que para superarnos.

Ahora es cuando llega ese momento en el que nos preguntamos si somos felices. Y para responder, siempre miramos todo lo que nos falta. Viene alguien y nos recuerda que no debemos preocuparnos porque el dinero no da la felicidad. Yo siempre respondo que depende, que a veces sí, a veces no. Si no tienes nada que dar de comer a tu hijo y consigues dinero para comprar con qué alimentarle, eso te hace feliz. Si puedes comprar un billete de avión para viajar y ver a los tuyos después de meses y meses de ausencia, eso te hace feliz. Si puedes dejar un empleo que te supone suportar situaciones que te menoscaban como ser humano o hacerlo para poder dedicar más tiempo a los tuyos, eso te hace feliz. Aunque nos pese, el dinero compra muchas cosas que necesitamos en nuestro día a día. Cosas básicas que todos deberíamos tener cubiertas por el hecho de existir…

Aunque hay otro tipo de felicidad. Esa que te hace sentir bien aunque las cosas se pongan difíciles. Ese aplomo en la vida, esa paz que se consigue después de haber mirado a tus miedos a la cara y haber decidido que puedes, que quieres y que saltarás cualquier obstáculo que se ponga en tu camino. La felicidad de saber que amas y que te aman, que tienes la conciencia tranquila y la ilusión intacta… Eso no te lo quita nadie.

Y de eso te das cuenta cuando estás en un hospital observando como una máquina ayuda a respirar a un ser querido. En ese momento, lo mínimo es lo máximo. Lo básico que te ayuda a seguir. En ese momento, el rasero con el que medimos cambia y la balanza de sueños se vacía, se queda con lo necesario y aun así, pesa más. En ese instante te das cuenta de que a menudo nos fabricamos una vida hueca y llena de estupideces. Que perdemos mucho tiempo dando categoría a lo absurdo y ocultando lo que importa, que dejamos que el miedo se nos coma el camino. Que dejamos pasar la risa mientras nos preocupamos por lo que otros piensan de nosotros mientras ellos te miran con cara de asco y desaprobación porque les parece que eso llena su vacío y contiene su tristeza insoportable y rotunda.

Justo cuando tienes los ojos llenos de lágrimas contemplando un monitor que marca los latidos de un corazón cansado, te das cuenta de que eres un zombi. De que te has perdido en un laberinto de quejas y críticas. Que lapidas tu alegría renegando de lo que eres. Que te escondes tras una maraña de muecas y excusas. Que dices mucho que no a lo que te asusta. Que dices mucho que sí a personas que no te merecen ni te conocen.

Te das cuenta de que en algún lugar del camino, en un mal momento, te dejaste la coherencia y pusiste el piloto automático. Que te desahuciaste a ti mismo de esperanza y te echaste de tus planes para el futuro. Que perdiste el norte y has estado vagando sin saber a dónde ni por qué. Que estás medio vacío… Ahora, te das cuenta de que necesitas poco, menos de lo que creías, pero que eso que buscas tiene que ser autentico y real. Que quieres lo básico pero que necesitas que sea verdadero, sincero, puro.

Ahora lo ves tan claro… Al final, no importa si en tus listas de logros y retos hay muchas cosas apuntadas. Lo que importa es que sean las correctas y que las vivas intensamente. Que no malgastes tu tiempo en sueños de plástico y de humo porque parezcan más accesibles y deslumbren tus ojos… Que no te dejes vender una vida que no quieres y un destino que ni buscas ni sueñas.

Lo importante es que tus listas sean tuyas y no copiadas. Que te ayuden a levantarte cada día y te hagan mejor… Y a veces, hay que revisarlas y rehacerlas. Decirse la verdad a la cara y remendarse las heridas que llevamos en la espalda. Ser muy honesto contigo mismo, rozar la insolencia cuando no te quieras enterar de la verdad porque sea muy cruda. Ser muy irreverente con algunos de los dogmas más afincados en nuestra mente… Por si están equivocados o no nos sirven ya… Y  atreverte a pedirte lo que realmente sueñas. Y llegado el momento, cuando todo dependa de una máquina o penda de un hilo, te sentirás satisfecho.


17 comentarios

El último día


adult-book-boring-267684

Que sepamos agotar la vida hasta la última brizna, hasta el último aliento que deje nuestro cuerpo cansado de batallar y existir. De amar sin preguntar, sin pedir, sin esperar.

Seamos voraces. Que la noche nos pille sin haber decidido aún si somos bestias, pero satisfechos y exhaustos. Que se nos acaben antes las fuerzas que las ganas y el miedo que nos contrae nos deje sueltos para dar abrazos y erguir la espalda para recibir honores justos. Seamos dignos.

Que caminemos sin saber a dónde porque ya sabemos cómo, porque tenemos un sentido y un reto que contar en la punta de la lengua. Que el deseo se acurruque en nuestras entrañas y no deje nunca de morar en ellas para tenernos inquietos y espabilados. Que no importe qué sino cómo y por qué… Porque lo que nos mueva no sea destino sino el paso, el camino, la mirada compartida mientras este viento que arranca conciencias nos sacude ahora las sienes y nos recuerda que el otoño se acerca. Que amemos al otoño como retozamos en la primavera y jaleamos al verano… Que seamos libres, tan libres como nos deje nuestra mente y nos permita la conciencia.

Seamos sublimes. Que el sueño nos alcance la nuca, nos bese tras las orejas y caigamos hechos un ovillo de caricias y de recuerdos aún por engendrar… Llenos de grandes certezas sobre credos inventados, de alegrías por llegar e historias felices que aún tengan que escribirse en mundos que aún no existan pero que podamos soñar sin apenas cerrar los ojos. Y al despertar, que tengamos la risa floja y la mandíbula suelta y ávida de carcajadas sin medida y besos consistentes, de esos que largo rato después de recibirlos aún dejan calor en los labios.

Que el último día nada nos llegue rancio por desuso, que hayamos bebido de todas las copas y surcado todas las gotas de agua que nos quepan en la memoria. Que no haya pedazo de tierra sin pisar o soñar, ni remedio que no hayamos probado contra el desamor y la amargura. Que nadie nos pueda escuchar una mala palabra o un reproche… Seamos justos.

Seamos consistentes. Que los pies estén agotados de baile y los brazos rotos de abrazos. Que los ojos miren aunque ya no vean y los labios busquen beso. Que nos sepamos todas las palabras de todos los libros y todas las melodías que seamos capaces de recordar.

Seamos valientes. Que no nos queden espinas clavadas por lo que podría haber pasado si nos hubiéramos atrevido, que prefiramos acumular fracasos a quedarnos con asignaturas pendientes… Corramos todos los riesgos y caigamos en todas las trampas. Que no nos quede mirada por cruzar ni rostro que escrutar buscando verdades necesarias. Seamos felices… Que nuestro último baile sea el más dulce y frenético, el más sincero. Que se nos rompan las esquinas y las fronteras, que se abran nuestras puertas más cerradas y al aire más puro sondee en nuestros rincones más ocultos.

Seamos eternos. Que nos busquen y ya no nos encuentren porque no quede nada más de nosotros que bruma en el aire y unas huellas en la arena. Seamos mar y que nuestro legado sea la risa y nuestra prenda todo el amor que hayamos dado.

 


12 comentarios

Breves apuntes para dejar de amar


Pensar que es imposible que te amen.

Que no le mereces, que no te merece, que no te sueña.

Imaginar que le buscas y le encuentras en otros brazos. Imaginar que desea otros brazos.

Cerrar los ojos y besar otros labios.

Serpentear a ratos por la vida sin atreverse a caminar mientras dura el vértigo y el dolor no cesa. Dejar pasar las horas con la mente ocupada en alguna estupidez.

Creer que todos los destinos están trazados. Que no hay nada que puedas hacer ni decir para cambiar el mundo y sus normas establecidas, nada que puedas intentar para llegar a su mundo y atravesar sus muros.

Dejar de ilusionarte y fijar la vista en algo tangible, algo que se rompa, que caduque, que perezca, que pueda salir rodando calle abajo y dejarte solo. Algo que no te importe que se desvanezca… Y cuando eso suceda, buscar otra cosa parecida, una de esas cosas en las que no pones el alma al contemplarlas.

Pensar que como tu amor hay cien, un millón. Que hay miles de personas que salen hoy a la calle buscando unos ojos entre las caras agrias con las que se topan y regresan a casa sin nadie con quien soñar.

Pensar que el amor no existe. Que es una reacción química que altera tus hormonas y que un día de estos esa alteración molesta pasará.

Bajar la cabeza y meditar… Si llegaras a su corazón y rompieras la resistencia, la historia sería corta e incandescente, como esas bombillas que consumen mucho y queman rápido… 

Tener presente que el amor desgasta, desgaja, descarna… Que araña el alma, que derrumba las defensas y te achica la razón. Que cuando amas pierdes capas de piel y horas de sueño. Que nadie es tan vulnerable como un amante desesperado. Que nada es tan mortal como un amor no correspondido. 

Saber que la pasión es fugaz y el deseo algo maleable que puedes envolver en hielo si por las noches da la lata. Por si no soportas no tocarle, no tenerle cerca ni saber qué pasa por su cabeza, aunque sus pensamientos no los ocupes tú.

Sentirse viejo, pequeño, cansado, asustado… Recordar que el amor te hace parecer idiota, que te corta a veces las alas y abre las heridas y la cicatriza con sal.

Cubrirse de una piel gruesa y encerrarse en un caparazón insonorizado, en un lugar aislado, de un mundo que no exista más que para arrancar amores imposibles.

Meterse en ese mundo interior donde sólo llegan las palabras que acaban en mente y otros adverbios de tiempo, que detienen la risa, las ganas, la alegría y que desguazan la felicidad.

Dejar de sorprenderse, dejar de esforzarse para gustar. Cerrar puertas, barrar ventanas y rendirse a dejar de adorar.

Evitar encontrarle en cada minuto de cada hora, en cada momento dulce, en cada instante solitario… Evitar verle en cada reflejo, en cada esquina, en cada hoja, en cada palabra de cada libro que intentas leer. Buscar algún instante en el pasado en que fueras feliz sin amarle, cuando aún no le necesitabas para respirar…

Quemar los recuerdos y poner cerrojos y candados, rodearse de alambradas y sabotearse los sueños.

Vivir sólo para vivir. Soñar sólo para no soñar.

Reírse de todas las estupideces que llegan a tus oídos para ejercitar la mandíbula y volver a tener ganas de reír de verdad. Tener ganas sin ganas. Respirar sin esforzarse por respirar.

Preguntar al doctor si existen píldoras para olvidar y salir de la consulta con las manos vacías buscando un parque donde llorar.

Anudarse el corazón, contenerse los abrazos, atarse las manos para no intentar tocar… Encoger el alma hasta meterla en una caja y lanzarla al mar…

Y sentarse a creer que lo consigues. Y ver que el corazón estalla, que la alambrada cede, la caja vuelve con la marea y no puedes dejar de pensar en su forma de andar. Notar que su mirada está en cada pedazo de tu ser escurridizo, en cada baldosa que pisas, en cada bocanada de aire que respiras…

Darse por vencido y desear con todas tus fuerzas que pase el tiempo y cubra de escarcha tu amor que parecía dormido, pero que está tan despierto como antes de empezar.

Y soltarse, derramarse, rodar por las calles hasta llegar a tu cama sin risas ni besos, sin poder parar de recordar ni por un segundo su cara.

Y darse cuenta de que no hay curas, ni remedios, ni artificios para dejar de amar un instante y olvidar.

El desamor se cuece lento, se paga caro, se consume sosegado, se vuelve moroso… Y cuando crees que has ganado, tienes que volver a empezar, intentarlo de nuevo con el ánimo roído y la cabeza agitada. Con la mirada perdida y el deseo congelado para poderte arrastrar…

El amor no se arranca, se borra poco a poco, con demora, sin prisa, sin estrategia, sin saber cómo ni cuándo. El amor siempre duele por más que se evapore porque no sabe de tiempo ni de excusas, sabe de roce, de beso, de necesidad… Siempre busca un resquicio por donde colarse, por donde aflorar y volverse a enraizar en ti.

El amor siempre encuentra rincón donde esperar a crecer y zarandear tu calma. Siempre te sabe desencajar el alma para arrebatarte el sosiego y vencer tus defensas. Por más que supliques y reces, por más que te apartes, el amor siempre se recuerda… Y cuando se va, deja su aroma.

La única forma de vivir sin ese amor, es amarse y volver a soñar.

Siempre deja marca… El amor siempre queda.

 


13 comentarios

Di que sí


people-2584214_640

Di que sí y me vuelvo loca.

Me convierto en espuma y golpeo las rocas, me diluyo en el mar y abarco el mundo entre mis dedos hasta ponerlo en tus pestañas.

Di que sí y prometo risa. Prometo baile. A veces sin sentido. A veces sin fuerzas pero siempre con ganas.

Prometo encontrar el lado sencillo de la vida y complicármela al máximo en lo importante. Nunca supe quedarme mirando desde la barrera. Prefiero el error al misterio, el fracaso a la ignorancia… Prefiero perder a vacilar. El dolor a la indiferencia. El riesgo a la hipocresía. El exceso al defecto. El remedio a la ausencia de todo. Caminar hacia ningún lugar a quedarme parada… Prefiero el miedo a la desgana.

Caminaré lenta por tu mirada de plata, tan brillante, tan fría, tan arisca a veces, tan absurda y extraña.

Buscaré tu talón de Aquiles y entraré en tus defensas para anidar en tus sienes y bucear en tus sombras.

Prometo lluvia. Prometo sueño y avalancha de pensamientos y palabras. No puedo dejar de pensar. No sé estar callada. No consigo olvidar ni dejar de sentir… No lo intento. Soy de un material irreverente e irascible, altamente combustible cuando le llevan la contraria… Aunque resistente y maleable con caricias… Extremadamente poroso con las emociones y las malas caras…

Di que sí y me callo. Un rato, al menos, más no pidas… No diré más palabra que no sea mejor que este silencio mientras te miro y te esculpo con mis miradas curiosas y desgastadas. Mis pupilas furiosas por no tenerte cerca golpean tu piel suave y bailan ante tu cara. No tengo miedo de mirarte, no tengo miedo de nada cuando te rondo y noto que me salen alas.

Prometo hacerme pesada en lo necesario y lo básico. No me cuesta nada, me sale solo y sin entrenar. Prefiero pasar por loca a quedarme dormida. Prefiero ser una duna a una roca.

Prometo cansancio. Prometo torpeza. Prometo tardes soleadas haciendo nada y noches sin descanso fabricando utopías que nos avergonzarán por la mañana… No me molesta la vergüenza, me asquea la apatía…

Prometo rarezas innombrables y todas las susceptibilidades posibles. Eso sí, prometo dejar de buscar excusas y escudos imaginarios. Prometo intentar un ayuno de quejas y de rabias contenidas. Prometo error y también acierto.

Di que sí y prometo seguir prometiendo aunque me quede exhausta y vacía… Aunque me falte el aliento y me quede llena de escamas.

Busco cariño, a ráfagas intensas o pequeñas olas acariciando mis pies en esta playa imaginaria. Busco consuelo, todo de golpe o a pequeños sorbos como una medicina para mi alma.

Prefiero caer, prefiero rodar y seguir rodando sin conocer el final de la cuesta a estar sentada mirando el acantilado y soñando con el agua.

Prefiero lanzarme sin saber el fuego que me queda dentro para soportar la vergüenza necesaria como para conseguir mis sueños.

Que me miren mal, que susurren y mi vida plena llene de chismorreos y brillo sus vidas insulsas… Prometo soportar sus miradas de madera astillada y sus palabras de espinas. Prometo bailar sobre sus risas congeladas y cantar ante las tumbas de sus corazones encogidos y muertos de ganas de ser el mío…

Prometo que no habrá ni un solo segundo de aliento ni descanso.

Prometo un ridículo espantoso, un apetito gigante por todo, un baúl vacío por llenar de cachivaches inútiles que nos recuerden quiénes somos para cuando la memoria nos falle.

Di que sí y le doy la vuelta al mundo y donde hay sol pongo luna, donde hay agua pongo tierra. Pongo sueño en la histeria y risa en las estatuas… Bailo sin suelo y respiro sin aire…

Di que sí… Prometo un cielo asequible, una luna roja y fundirte la noche y la mañana.


32 comentarios

Cuatro cosas que intento recordar siempre…


chica-arbol

Nunca digas que no, si quieres decir que sí.

No te pierdas la fiesta ni la oportunidad. Un “no” mal colocado hace caer el castillo de arena… Y los castillos de arena son el pan de los sueños, el material básico donde edificar las alegrías venideras… Si dices no y sueñas un sí, te cortas las alas… Y los deseos se cohíben, se comprimen, se desvanecen. Si los niegas, si los asfixias al llegar a tu boca, si les restringes la entrada a tu mente… Se dan por aludidos y huyen… Buscan otra cabeza donde morar y te dejan sin ganas, sin fuerzas, sin sueños. Si todo eso te abandona, serás una muñeca simple, vacía, de sonrisa estática y mirada floja. Tendrás sueños de plástico, amigos de plástico, pasiones de plástico… Tu vida plastificada se hará eterna.

Tampoco digas que sí, si deseas decir que no. No vivas la vida de otros, no confundas sus sueños con los tuyos, no seas títere ajeno ni propio. No confundas lo que quieren otros con lo que quieres tú. No inventes un tú que guste, que satisfaga sólo a los demás. No eres de goma, ni de espuma, ni de material volátil ni inflamable… No te escondas en un cajón por desuso, ni te guardes en una arca ni te expongas en un escaparate por ser distinta… Eres distinta y eso te hace grande. No puedes cambiar de facciones cada día ni esperar a que sople en viento para saber hacia adonde caminar. Hay gente así, es cierto, es de plastilina. Toma la forma que le piden a cada momento, pero su forma es inestable.

Nunca te sentirás bien si esperas que te aplaudan todos. A veces, basta que brilles un poco para que algunos intenten cazarte como a una mariposa. Es lo que hacen los gusanos, sueñan con cazar mariposas porque ellos no se deciden a hacer su metamorfosis… Muchos querrán que no vueles y te dirán que no puedes y se reirán de tus alas. Son los que se ponen a mirar a los que corren durante la carrera y en lugar de animarles para que lleguen a la meta, critican sus muecas de esfuerzo y cansancio. Para muchos es más fácil intentar pisar los sueños de otros que tenerlos propios… Intentar apagar el brillo ajeno que levantarse e intentar brillar por si mismos cada día. El miedo a veces te hace huir o te paraliza y otra veces te convierte en estúpido. No hagas caso. No les escuches, al contrario… Brilla más, vuela más, ríe más… Sé más tú que nunca, diferénciate más, siéntete más orgullosa de ese brillo y harás que sea más intenso. Y compártelo con los que se acerquen a ti con cariño, eso te hará inmensa, imparable. Contagia tus ganas de mejorar…

Y no olvides que nunca serás perfecta, pero puedes ser maravillosa. La perfección es terrible, coarta las fantasías y es poco estimulante. Quien te quiere siempre sabrá que estás buscando una meta y te tenderá la mano. Quien no te quiere, te pondrá piedras en el camino, ignorando que con ello no hace más que darte aún más fuerza y más ganas de llegar.


23 comentarios

¿Recuerdas?


Vuelves a ser una niña.

Silvestre, ilusionada, rebelde… Sin más dueño que la risa ni más patria que ese rincón donde te escondes a soñar.

¿Recuerdas?

Un ramo de brezo, una pizca de sal… El aroma contenido en el armario de todas las pastillas de jabón de rosa que impregna la ropa. Olor a tarde húmeda de otoño y a sueño. El calor que cabe en la almohada de una siesta y el sabor robado de un caramelo de café. El mar encerrado en una concha. Las puntillas rotas y deshilachadas de la falda de tanto correr por el campo y pisar la hierba… De recoger flores y caracoles que escapan tras la lluvia, encontrar cantos de río de formas extrañas y soplar dientes de león esperando que tus deseos se hagan realidad.

Los pequeños tesoros en tu casa, escondidos y preciados. La magia de las pequeñas cosas. Lo inesperado, lo brillante… Lo que siempre estaba allí y tenía que perdurar. Lo que nunca hubieras sospechado que iba a desaparecer…

¿Recuerdas? Todo era eterno y parecía inmortal. Todo estaba detenido el tiempo y era asequible y cálido.

Y ahora… Todo se mezcla, todo vuelve… Comprimido en un instante, esperando en una esquina a que decidas ser capaz de mirar al pasado, de encarar el futuro sabiendo quién eres y por qué apuestas, qué arriesgas, qué cedes, qué dejas atrás. La escuela de tus tropiezos queda descubierta, cada arañazo en las rodillas es un peldaño nuevo hacia algo más grade y rotundo. Cada paso es una espina menos clavada en alguna de tus recónditas entrañas… Una pluma más en tus alas nuevas e inexpertas que ansían volar y no saben cómo. Tu piel nueva es a veces más amarga, más áspera… Aunque cuando imagina roce es suave y perfecta, se vuelve tersa y perfumada… Porque busca caricia, quiere acurrucarse y erizarse, añora emoción y sentimiento. Porque ya no se asusta cuando siente.

Ahora es uno de esos momentos en que te detienes y cuentas las migas de pan que has dejado tras de ti, miras si los pájaros ávidos y ajenos a tu rumbo se las han llevado, si fue el viento… Si dejaste poco de ti en casa palmo del camino o arrasaste con todo. Si quedaste a deber abrazos y agradecimientos que ahora ya no puedes dar porque sus destinatarios marcharon para no volver.

¿Has sido el caracol que ha cargado siempre con su casa y su carga? ¿has sido el león que devora? ¿La sirena orgullosa y descastada? ¿Has sido erizo que se asusta? ¿dónde has acumulado tus faltas? ¿dónde han recaído tus iras? ¿dónde han muerto tus sueños? ¿dónde han nacido tus miedos? 

Cada vez que has pisado ¿qué perseguías? Cada vez que has llorado ¿qué deseabas? ¿qué maldecías? Cada vez que caías, ¿por qué te levantabas? Cada vez que huías… ¿qué querías no volver a encontrar?

Ahora que sabes que siempre acabas tropezando de nuevo con cualquier cosa de la que huyas…

Que si no cumples tus sueños, se convierten en pesadillas…

Que cuando no escuchas a tu alma, tu cuerpo enferma y grita para que te detengas…

Que a veces, lo roto por el uso es más hermoso que aquello que nunca llegas a tocar…

Todos los caminos que has tomado te llevan a sentirte insatisfecha porque no has llegado al final… Porque todo lo que callas es lo que necesitas gritar. Todos las miradas que esquivas llevan tu mirada reflejada y una verdad latente que te persigue…

Todos los besos que repeles son los que más necesitas recibir…

Todas las palabras que no deseas escuchar son las que te darán la llave que abre la puerta hacia ti misma, esa que no abres porque te da miedo enfrentar.

Todas las disculpas que no has pedido laten dentro de ti como un tambor que no calma ni cesa…

Lo que te destruye, te recompone. Lo que te seduce, te ata. Lo que buscas es de lo que más huyes.

No te engañes, sin noche no hay día… Sin verdad, aunque sea cruda, no hay evolución.

Aquellos sueños que dejas atrás conducen a ti. Todos tus miedos han compuesto a pedazos tu esencia, tu fotografía actual… Tus facciones rotas y tus ojos escarchados por el tiempo y la falta de ironía… Tu dolor ha sido tu escuela. Tu tristeza alimentó tu felicidad. 

Lo que te hace llorar… Al final, te conducirá a la risa.

Lo que te asusta, te hará brillar. Sólo tienes que acercarte, con el alma desnuda y empezar… Decidir que se ha acabado toda prórroga para evitar la madurez, cualquier moratoria para no tomar las riendas y postergar la felicidad. Te toca, ahora. Asume, decide.

¿Recuerdas?

Un ramo de brezo y una pizca de sal. Un diente de león con un deseo por pedir y un caracol que escapa de la lluvia buscando un manto verde donde descansar.