merceroura

la rebelión de las palabras


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Palabras


ojo

Dame palabras. Di mi nombre en voz alta, para que yo sepa que me recuerdas, para que note que me tienes en tu mente aunque a veces en las esquinas de tus pensamientos no veas mi cara. Dilo en voz baja, cerca de mí, para que mi piel perciba la caricia de tus labios sin tener que salir de la sombra. Dame todas las palabras que pasen por tu cabeza errática y desconcertada, para que lleguen a mí, aunque hieran a veces, aunque arañen… Aunque sean esas palabras que nunca deseo escuchar pero siempre tengo presentes.

Dame palabras y risas. Dame historias que se pierdan en el tiempo y dibuja mi rostro con palabras hermosas. Que me crea que existo. Que me crea que sabes que existo. Que nunca deje de existir si alguien me sueña. Dame palabras de esas que te hacen eterno, que te hacen inmenso, que te hacen inmortal e imperturbable al paso del tiempo. Palabras que me curen las heridas y disuelvan mis miedos más oscuros, que sean el viento que se lleva la niebla en el camino, que sean el sueño que llega esta noche para dejar que mi cansancio encuentre tregua. Dame palabras que recorran mi cuerpo exhausto y aviven mi piel dormida…

Grita, susurra, recita… Dame ironías y borra mis quejas. Que mis miedos sean recuerdo y mis recuerdos se aflojen en mi memoria. Quiero palabras que me hagan sentir que cuento, que mi cuerpo no es un espacio vacío cuando me miras, que mis ojos aún te acompañan…

Dame palabras para seguir buscando, para encontrar y volver al camino si me pierdo.

Palabras para el frío y la escarcha. Para la rutina y el cansancio. Palabras de amor y de fuego. Palabras para salir de la cáscara y encontrar el cielo. Palabras para refugiarme de la lluvia y para derribar el muro que circunda mi voluntad dormida. Palabras para levantarme y decir que no, aunque duela. Palabras para decir que sí, aunque asuste. Dame palabras para sujetarme cuando el vaivén de los días maree mi constancia agotada. Dame palabras para que no caiga cuando el peldaño de escalera que sigue está oscuro…

Dame palabras para saber que tu corazón no está dormido, que ya no es vagabundo… Para que sepa que hay camino, para que no me falte el aliento si me deja tu sombra… Para que sea libre aunque mi autoestima me mantenga atada. Para que sea feliz aunque mi mundo se acabe, aunque no haya mundo…

Dame palabras para mi conciencia, para mi alma encerrada, para mi cuerpo pequeño, para mi espalda dolida y mis ojos tristes que esperan tus… ¡Palabras! Palabras para esta noche larga que no termina. Que recuerde que habrá alba y que también es mía.

Palabras, palabras, palabras… 


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Un puñado de recuerdos a los que aferrarse por si el cielo cae


beso

Soñar que vuelas.

Llegar al final del camino y que no te quede aliento.

Dormir notando que duermes. Bailar sin notar que bailas.

Acariciar su cabello suave y seguir con la mirada la curva de sus pestañas oscuras en su piel blanca.

El vaivén de las olas rozando tus piernas en la playa. La arena caliente de media tarde bajo tus pies y el sol que se retira hasta mañana cuando sabes que habrá más.

El primer día del verano más largo que recuerdas. Esa sensación de eternidad…

Todas las palabras que te han quedado en la punta de la lengua, a veces por suerte y otras veces por desgana…

Esa foto ya casi sin color que te golpea el estómago cada vez que la miras porque te sientes otra persona, en otro tiempo, con otra conciencia y otra mirada.

Cuando le deseas tanto que casi le tienes sin tocarle y sabes que lo nota y también lo desea. Cuando os acariciáis con las pupilas y os habláis con la mirada.

Aquel tiempo en que aún parecía que ibas a ser princesa…

Ese beso que ensayaste cien veces y nunca diste, pero que sigue siendo tan tuyo como si fuera real. 

El día en que el predictor dice sí y te invade una sensación maravillosa de pánico y ternura difícil de explicar.

Esa tarde en la que paseando encuentras a un viejo amigo y prometes no volver a perderle… El instante justo en el que crees que serás capaz de cumplir esa promesa.

Cuando caminaste sobre brasas y mataste al dragón para que se diera cuenta de que existías y aún así no pudo verte.

Los cinco minutos después de saber que él también te quiere… Ese estallido inmenso, esa embriaguez de oxígeno y de ansia.

El mensaje secreto de las hojas rojas y ocres del otoño cayendo sobre el camino y dibujando formas absurdas a las que tú das sentido.

Ese sorbo de agua fresca en el día más caluroso de tu vida.

Cuando todo tenía arreglo y parecía estar a tu alcance. Cuando te sentías inmortal.

Ese ataque de dignidad que te permitió demostrar que podías a pesar de las críticas.

Todas las pasiones de ascensor que has imaginado y que sólo son tuyas…

El día que fuiste capaz de pasar página y te sentiste grande. Lo poco que duró esa sensación pero lo inmensa que fue…

Chocolate a escondidas… Cualquier cosa a escondidas que haya quedado prohibida o vetada.

Cuando le querías con tanta intensidad que lo podías todo…

El final del día, ese color malva en el cielo y esa mirada en sus ojos que invita a compartir.

La punzada de ese momento en que supiste que ya no estaba y te diste cuenta de que la vida es cortísima.

La cara de pez de ese adversario que antes fue amigo y  que te subestima a pesar de conocerte.

Cuando descubres la viga en tu ojo y no eres capaz de encontrar paja en el ajeno…

Un domingo de mayo, hace casi veinte años. El día era claro y te sentías radiante sin saber por qué. Ese y todos los días que has sido inexplicablemente feliz sin poner barreras a tu entusiasmo. 

La primera vez que te llama mamá y el corazón se te expande tanto que inunda el universo. Esa y todas las primeras veces para todo, las dolorosas y las maravillosas. Las que quieres olvidar y las que han quedado esculpidas en tu cabeza para siempre.

Su olor en tu piel.

Las sombras de la pared y las casas con tejado rojo y paredes blancas de los dibujos de los niños.

Cuando había tesoros en los rincones y castillos en el aire. Cuando los ríos eran de papel de aluminio y todo podía sujetarse con afileres en un mural de corcho.

Un plato de sopa caliente una noche de invierno. Las manchas de las baldosas de la cocina de color azul cobalto y de patrón incierto.

El minuto antes de que tu ropa caiga a sus pies y el minuto después… Y todos los minutos que les siguen.

Cuando notas que la fiebre baja y el pulso se calma.

Besar su cuello largo y quedarse dormido.

Lo difícil que fue conseguir entrar. Lo necesario que fue salir. Lo mucho que te costó darte cuenta. 

Esa noche tan larga de pequeños rezos suplicando imposibles.

Todas las primeras tazas de café con leche de todas las mañanas de tu vida.

Todos los cuentos de todas las noches.Todas las lunas de fieltro y las montañas de cartón.

Cuando notas que hacerle feliz te hace inmensamente feliz.

Cuando sabes que se acaba y no puedes soportarlo.


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Lo que soy


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Foto : Mercè Roura

Soy ese día en que escribí mi nombre por primera vez. Reseguí torpemente cada letra hasta acabar de forma artificiosa, me puse el lápiz en la boca e hice una mueca de felicidad. Aquella era yo. Y la primera ocasión que tuve que salir a la pizarra. El día que supe que podía equivocarme y tuve la ingrata sensación de que iba a suceder a menudo y me sentí ridícula y diminuta.

Soy la mañana en que me tragué las lágrimas en una esquina del patio y la que acabé con las rodillas llenas de rozaduras. Aquel día soleado de excursión recogiendo hojas y dibujando sus relieves en un cuaderno. Aquel beso tibio sin ganas y todos lo que imaginé con ansia y no llegaron.

Hay un pedazo de mí en cada rincón del parque donde jugaba, en cada columpio, en cada banco… Las palomas que te escrutan con la mirada saben cada una de mis pequeñas aventuras…

Soy un poco de esa amiga de infancia que se perdió al cambiar de escuela y a la que no reconocería si tuviera delante… Y un mucho de mi abuela que se nos fue de este mundo después de enseñarme mil refranes… Los oigo todos repetidos con su voz aguda.

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Soy unos zapatos rojos en un escaparate, una bata vieja pero cómoda, el ojo de la cerradura en una puerta secreta. Algo queda de mí en una caja donde ocultar tesoros y en una peonza olvidada que girará eternamente en mis pensamientos.

Se repite incansablemente en mi cabeza una película antigua que acababa en un faro, en el fin del mundo. Es mi faro.

Soy una libreta nueva por empezar y el primer libro que leí entero. El día que supe que muchas veces sería que no, aunque pataleara hasta reventar y el día que fue que sí sin apenas buscarlo. Soy la canción con la que me quedaba dormida cuando era niña. Me pertenece.

Aún respiro el aire mojado de ese día en que recibí una primera rosa y una última llamada. Aún veo escaparse un tren que debí tomar y oigo repetirse unas palabras que me hirieron. Noto como se me clavan… Y si me esfuerzo puedo acariciar en mi mente el surco que dejaron… pero ahora sé que son mías, que forman mi equipaje… Que me han construido y esculpido…

Tengo todavía acumuladas risas de las clases de historia y de las tardes de verano ante una playa… El llanto pendiente almacenado en la garganta, fabricando un nudo, que a veces aprieta y ahoga. Sé que ahora es mi nudo, forma mi historia.

Soy ese día en que fui tremendamente injusta y ese otro en que me tocaron y hundieron hasta dejarme exhausta porque brillaba.

Me quedé pegada a aquel momento en que supe que me él quería y estallé por dentro… Y escapo aún del instante en que adiviné que aquel amor nacía pequeño y deshilachado.

Quedan pequeñas moléculas mías en el aire de una noche en que alguien me escribió desesperado buscando respuestas… Y le dediqué unas palabras. Me quedé corta, pero vacía.

Formo ya parte del segundo en que supe que ella crecía dentro de mí con ganas y aquel mediodía inmenso en que le vi la cara, volví a nacer y supe que aquello iba a ser eterno.

Guardo un manojo de miedos mayúsculos que me surcaron las venas y me dejaron quieta, cansada.

Soy el día que dije no puedo y también el que saqué valor de las tripas para conseguirlo. Soy el agua que dije que no bebería y el silencio que me tragué.

Cada palabra de más, cada palabra de menos…

Acumulo en la memoria cada rincón de mi casa, cada falta de ortografía, cada escalón subido o bajado, cada tertulia.

Soy las caras de los que me precedieron y alentaron, los que hicieron conmigo un tramo del camino y los que se detuvieron.

Es ya mi camino.

Pertenezco a ésta y a todas la veces que me he preguntado quién soy.