merceroura

la rebelión de las palabras


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Cuatro frases sobre el olvido


Al final, nunca se olvida.

Se acaba borrando la imagen o apartándola de la memoria, pero la emoción nunca se marcha. Se suplica no sentir, para no revivir… Nos vamos acostumbrando poco a poco a no echar mano de ella cuando nos baja el ánimo… Y un día, te das cuenta de que ya no le has dedicado ni un minuto en las últimas veinticuatro horas. Sonríes satisfecho, pero cuando te das cuenta, la punzada del recuerdo, aunque sea forzado ante la alegría de su olvido, se te clava de nuevo en el pecho. No olvidamos. El olvido es carnívoro, remolón. Es un león hambriento. Nos devora cuando más le apartamos… Y cuanto más nos agobiamos y forzamos a intentarlo, más lacerante es el dolor, más presente la angustia, más grande es la sombra, más difícil de lavar la mancha. Tal vez porque hay cosas que no se pueden forzar. Es como obligarse a no amar, querer desenamorarse, luchar contra una especie de huracán que todo lo arranca por la raíz. No es que sea imposible, es que no es el momento… Habrá que esperar a que ese huracán sea un vientecito, una ráfaga tímida que apenas arrastre unas hojas a media tarde. Esperar a que el león esté satisfecho y no pida carnaza.

Y a pensar de eso, cuando sople una brisa, siempre habrá una punzada. Será leve, al final, será casi una cosquilla dulce que te recordará que viviste, que amaste, que lo hiciste de veras. Que cuando te das, lo haces por entero; sin fisuras, sin seguros que te permitan retirar el cariño cuando del otro lado se guarde un as en la manga o te quiera sin arriesgar… Recordarás que gozaste y que amando nadie te gana. Y el dolor, más tenue, más apagado, será el precio a pagar por una intensidad que no todos alcanzan.

Olvidar… Olvidar no se conjuga fácilmente porque es un verbo que sabe a resignación, a darse por vencido, a tirar la toalla y aceptar que es imposible. A veces, hay que aceptar que no llega el olvido y de momento, conformarse con no recordar. Y extraer lo hermoso, lo bueno, lo intenso, lo preciado de ese recuerdo y darle la vuelta. Que el dolor sea regalo, que sea recuerdo de algo grato, que traiga una moraleja que nos permita no volver a caer o que al menos caigamos a conciencia. El segundo dolor nos alcanza blindados…

Alguien me preguntaba hoy cómo se olvida. Y yo, que tengo mil recuerdos quemando, almacenados en una cápsula oculta que no quiero abrir, no podía responder. No olvidando, supongo. No forzando. No presionándote para arrancar el recuerdo de tu mente. No olvides, actúa como si ya hubieras olvidado. Eres lo que haces. Lo que piensas que eres. Piensa como el que ya no tiene que preocuparse por su dolor, como el que ya no depende de nada que no surja dentro de él mismo. Imagina que ya no vives pendiente de borrar de tu memoria un momento, una cara, una tarde, un sueño, unas palabras… Anda como si ya no te doliese, respira como si ya fueras otro al que ya no le atormenta ese recuerdo.

Y si no puedes olvidar, no sufras, porque ya no eres el mismo. Valora ese dolor como una muestra de lo grande que eres, de tu gran capacidad para querer, para seguir, para dar.

No cargues tu dolor en la espalda, no lo arrastres, sácale partido, dale la vuelta. Que te sirva para conocerte, para quererte, para saber quién eres y qué buscas. Que no te limite, que te expanda. Que no te amarre, que te suelte. Que no te aparte de lo nuevo, que te acerque a lo que mereces.

Y si no olvidas, no importa. Mientras no vivas de recuerdos que se te coman los días…


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Cuatro cosas que intento recordar siempre…


chica-arbol

Nunca digas que no, si quieres decir que sí.

No te pierdas la fiesta ni la oportunidad. Un “no” mal colocado hace caer el castillo de arena… Y los castillos de arena son el pan de los sueños, el material básico donde edificar las alegrías venideras… Si dices no y sueñas un sí, te cortas las alas… Y los deseos se cohíben, se comprimen, se desvanecen. Si los niegas, si los asfixias al llegar a tu boca, si les restringes la entrada a tu mente… Se dan por aludidos y huyen… Buscan otra cabeza donde morar y te dejan sin ganas, sin fuerzas, sin sueños. Si todo eso te abandona, serás una muñeca simple, vacía, de sonrisa estática y mirada floja. Tendrás sueños de plástico, amigos de plástico, pasiones de plástico… Tu vida plastificada se hará eterna.

Tampoco digas que sí, si deseas decir que no. No vivas la vida de otros, no confundas sus sueños con los tuyos, no seas títere ajeno ni propio. No confundas lo que quieren otros con lo que quieres tú. No inventes un tú que guste, que satisfaga sólo a los demás. No eres de goma, ni de espuma, ni de material volátil ni inflamable… No te escondas en un cajón por desuso, ni te guardes en una arca ni te expongas en un escaparate por ser distinta… Eres distinta y eso te hace grande. No puedes cambiar de facciones cada día ni esperar a que sople en viento para saber hacia adonde caminar. Hay gente así, es cierto, es de plastilina. Toma la forma que le piden a cada momento, pero su forma es inestable.

Nunca te sentirás bien si esperas que te aplaudan todos. A veces, basta que brilles un poco para que algunos intenten cazarte como a una mariposa. Es lo que hacen los gusanos, sueñan con cazar mariposas porque ellos no se deciden a hacer su metamorfosis… Muchos querrán que no vueles y te dirán que no puedes y se reirán de tus alas. Son los que se ponen a mirar a los que corren durante la carrera y en lugar de animarles para que lleguen a la meta, critican sus muecas de esfuerzo y cansancio. Para muchos es más fácil intentar pisar los sueños de otros que tenerlos propios… Intentar apagar el brillo ajeno que levantarse e intentar brillar por si mismos cada día. El miedo a veces te hace huir o te paraliza y otra veces te convierte en estúpido. No hagas caso. No les escuches, al contrario… Brilla más, vuela más, ríe más… Sé más tú que nunca, diferénciate más, siéntete más orgullosa de ese brillo y harás que sea más intenso. Y compártelo con los que se acerquen a ti con cariño, eso te hará inmensa, imparable. Contagia tus ganas de mejorar…

Y no olvides que nunca serás perfecta, pero puedes ser maravillosa. La perfección es terrible, coarta las fantasías y es poco estimulante. Quien te quiere siempre sabrá que estás buscando una meta y te tenderá la mano. Quien no te quiere, te pondrá piedras en el camino, ignorando que con ello no hace más que darte aún más fuerza y más ganas de llegar.


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¿Recuerdas?


Vuelves a ser una niña.

Silvestre, ilusionada, rebelde… Sin más dueño que la risa ni más patria que ese rincón donde te escondes a soñar.

¿Recuerdas?

Un ramo de brezo, una pizca de sal… El aroma contenido en el armario de todas las pastillas de jabón de rosa que impregna la ropa. Olor a tarde húmeda de otoño y a sueño. El calor que cabe en la almohada de una siesta y el sabor robado de un caramelo de café. El mar encerrado en una concha. Las puntillas rotas y deshilachadas de la falda de tanto correr por el campo y pisar la hierba… De recoger flores y caracoles que escapan tras la lluvia, encontrar cantos de río de formas extrañas y soplar dientes de león esperando que tus deseos se hagan realidad.

Los pequeños tesoros en tu casa, escondidos y preciados. La magia de las pequeñas cosas. Lo inesperado, lo brillante… Lo que siempre estaba allí y tenía que perdurar. Lo que nunca hubieras sospechado que iba a desaparecer…

¿Recuerdas? Todo era eterno y parecía inmortal. Todo estaba detenido el tiempo y era asequible y cálido.

Y ahora… Todo se mezcla, todo vuelve… Comprimido en un instante, esperando en una esquina a que decidas ser capaz de mirar al pasado, de encarar el futuro sabiendo quién eres y por qué apuestas, qué arriesgas, qué cedes, qué dejas atrás. La escuela de tus tropiezos queda descubierta, cada arañazo en las rodillas es un peldaño nuevo hacia algo más grade y rotundo. Cada paso es una espina menos clavada en alguna de tus recónditas entrañas… Una pluma más en tus alas nuevas e inexpertas que ansían volar y no saben cómo. Tu piel nueva es a veces más amarga, más áspera… Aunque cuando imagina roce es suave y perfecta, se vuelve tersa y perfumada… Porque busca caricia, quiere acurrucarse y erizarse, añora emoción y sentimiento. Porque ya no se asusta cuando siente.

Ahora es uno de esos momentos en que te detienes y cuentas las migas de pan que has dejado tras de ti, miras si los pájaros ávidos y ajenos a tu rumbo se las han llevado, si fue el viento… Si dejaste poco de ti en casa palmo del camino o arrasaste con todo. Si quedaste a deber abrazos y agradecimientos que ahora ya no puedes dar porque sus destinatarios marcharon para no volver.

¿Has sido el caracol que ha cargado siempre con su casa y su carga? ¿has sido el león que devora? ¿La sirena orgullosa y descastada? ¿Has sido erizo que se asusta? ¿dónde has acumulado tus faltas? ¿dónde han recaído tus iras? ¿dónde han muerto tus sueños? ¿dónde han nacido tus miedos? 

Cada vez que has pisado ¿qué perseguías? Cada vez que has llorado ¿qué deseabas? ¿qué maldecías? Cada vez que caías, ¿por qué te levantabas? Cada vez que huías… ¿qué querías no volver a encontrar?

Ahora que sabes que siempre acabas tropezando de nuevo con cualquier cosa de la que huyas…

Que si no cumples tus sueños, se convierten en pesadillas…

Que cuando no escuchas a tu alma, tu cuerpo enferma y grita para que te detengas…

Que a veces, lo roto por el uso es más hermoso que aquello que nunca llegas a tocar…

Todos los caminos que has tomado te llevan a sentirte insatisfecha porque no has llegado al final… Porque todo lo que callas es lo que necesitas gritar. Todos las miradas que esquivas llevan tu mirada reflejada y una verdad latente que te persigue…

Todos los besos que repeles son los que más necesitas recibir…

Todas las palabras que no deseas escuchar son las que te darán la llave que abre la puerta hacia ti misma, esa que no abres porque te da miedo enfrentar.

Todas las disculpas que no has pedido laten dentro de ti como un tambor que no calma ni cesa…

Lo que te destruye, te recompone. Lo que te seduce, te ata. Lo que buscas es de lo que más huyes.

No te engañes, sin noche no hay día… Sin verdad, aunque sea cruda, no hay evolución.

Aquellos sueños que dejas atrás conducen a ti. Todos tus miedos han compuesto a pedazos tu esencia, tu fotografía actual… Tus facciones rotas y tus ojos escarchados por el tiempo y la falta de ironía… Tu dolor ha sido tu escuela. Tu tristeza alimentó tu felicidad. 

Lo que te hace llorar… Al final, te conducirá a la risa.

Lo que te asusta, te hará brillar. Sólo tienes que acercarte, con el alma desnuda y empezar… Decidir que se ha acabado toda prórroga para evitar la madurez, cualquier moratoria para no tomar las riendas y postergar la felicidad. Te toca, ahora. Asume, decide.

¿Recuerdas?

Un ramo de brezo y una pizca de sal. Un diente de león con un deseo por pedir y un caracol que escapa de la lluvia buscando un manto verde donde descansar.