merceroura

la rebelión de las palabras


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Pase lo que pase


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Foto : Mercè Roura

Te escribo a ti, porque todavía no te has dado cuenta de que las flores te esperan y los pasos por dar también. A ti que caminas sin pensar que caminas y hueles sin notar el olor, ni la sustancia, ni la verdad que subyace en cada pequeño pedazo de tu vida.

Te escribo a ti porque, en el fondo, me escribo a mí.  Porque sin hablarte de lo que siento, no puedo sentirlo y sin compartir mi verdad no puedo llamarla por ese nombre… Porque un día me perdí entre las rocas y no veía el mar, pero siempre estuvo. Porque he tenido tanto miedo de tener miedo que dejé de notarme las manos y empecé a culpar a la vida de lo que realmente me hacía yo… Porque me inventé unas normas rígidas para meterme en vereda y cada vez que no cumplía me castigaba con desamor… Y construí una vida a golpe de pensamientos amargos e insistía en probarlos una y otra vez esperando que el resultado fuera dulce, sin querer darme cuenta de que era imposible que de aquellas ideas gastadas y oscuras saliera nada capaz de brillar.

Te escribo para que te consientas salir del redil y pintar más allá de la línea que te han trazado, que te has trazado… Para que te permitas caer sin reprocharte y te des cuenta de que todo tiene sentido y nada es casual… Te escribo a ti porque así me lo recuerdo para no volver a ese mundo en el que todo era sombra y parecía estar contra mí, cuando no era más que yo.

Te escribo a ti porque ya eres perfecto y lo ignoras. Y vas por ahí buscando retos que no te apasionan para demostrar al mundo que vales la pena, para demostrarte a ti que eres digno, que mereces lo que deseas… Porque te sientes mezquino y desgajado de algo grande, de algo hermoso y no quieres ni soñar volver a ti.

Te escribo para dejes de hacer listas de objetivos estériles y empieces por tenerte como norte a ti mismo… Porque si consigues perdonarte y aceptar todas tus fibras y debilidades maravillosas, no habrá camino que no goces, ni sueño que no alcances, no habrá meta que se te resista a llegar… No habrá metas, habrá vida. Pedazos de vida cubiertos de la satisfacción de estar en ti, sin que nada te pese ni te rompa.

Te escribo a ti porque quiero que sepas que nada te va a romper si no te dejas, que no hay nada ahí a fuera que perturbe tu sueño si estás en ti. Te digo esto después de mil noches sin tregua apostada en mi alma, haciendo guardia por si desfallecía, vigilante y agotada por querer llegar, por querer ser, por querer parecer, por querer demostrar… Te digo esto porque no supe dejar de controlar al mundo ni soltar a tiempo y me quedé sin sustancia durante un siglo y sólo puede volver después de renunciar al control.

Te escrito a ti porque sé que puedes, que para ti hay un cielo de tardes sin prisa, de mañanas repletas de entusiasmo, de momentos perdidos mirando los pequeños detalles que hacen que la vida sea vida… Y que son ganados a un tiempo que pasa, sin apenas darse cuenta.

Te escribo porque para contarte que antes de salir de mi lado absurdo tuve que borrar mis necesidades inventadas y darme cuenta de que no era libre porque así lo había elegido… Porque había diseñado para mí una vida de tormentos y culpas y había decidido firmemente no amar lo que era ni aceptar nada de lo que sucedía… Porque era esclava de mis circunstancias y esperaba que el mundo me trajera la salvación que yo me negaba a darme… Porque busqué mi salvavidas ahí a fuera cuando lo llevaba dentro para no ahogarme en un mar que yo había decidido que era hostil cuando en realidad sólo era mi reflejo….

Te escribo a ti porque te esperan mil puertas cerradas y sólo tienes que abrirlas y decidir que estás. No necesitas ganar ninguna partida, ni librar ninguna batalla… No hace falta que te cuelgues medallas ni rompas ningún techo, ni camines por ningún abismo… Haz lo que quieras, lo que sientas que te hace feliz, lo que nunca has hecho porque no te atrevías y te queda pendiente, haz lo que nunca te cansa… Y jamás estarás cansado de nada.

Ama ahora esta decisión de estar, de sentir, de dejar de pensar si debes o no, de dejar de planear si encaja o no encaja, de dejar de creer que puedes o no puedes.

Te escribo porque ahora sé que no entendía nada, que me buscaba coartadas para herirme y razones para no seguir… Que miraba lo hermoso y veía el dolor, que juzgaba sin parar para no dejar de juzgarme, que buscaba la perfección para encontrar un amor que siempre me había negado. Te escribo a ti porque ahora noto que no necesito entender nada, tan sólo sentir y amar, saber que pase lo que pase estaré aquí conmigo.

Te escribo a ti porque he encontrado un rincón donde nada es tan complicado, donde no se exige nada, donde se respira sin ansia y baila sin prisa… Un lugar donde no hace falta ir con nada más que ganas de existir plenamente y soltar el dolor acumulado por no haber sabido antes que acumularlo no valía la pena… Un lugar donde soltar la culpa de no haberse dado cuenta de que no había culpa, en realidad.

No está escondido, ha estado a la vista siempre, sólo hacía falta mirar con esos ojos desnudos de rabia por no saber mirar, con los ojos del que ya no necesita parecer, con los ojos amar al mar sea como sea porque ya es como debe siempre.

Te escribo a ti por si has decidido que estarás en paz pase lo que pase. Que así sea…

 

 

 

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Esas cosas que no nos gusta escuchar


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No te engañes. Las cosas son más sencillas de lo que a veces aparentan. Aunque tú necesites moldearlas y transformarlas en tu cabeza para poder soportar el resultado de tus pensamientos. Para no sentirte tan sola, tan cansada, tan mínima. Las cosas son como son, aunque duela, aunque te arañen el alma y te hagan jirones la ilusión que contienes en el pecho… Aunque sean profundamente injustas y no tengan sentido. Aunque las disfraces de recuerdo y las empañes de lágrimas, aunque las desdibujes con grandes dosis de cariño y perdón. Las personas también son como son y tú no puedes cambiarlas… Las personas, si no quieren, no cambian.

Debes asumir que si no recuerda lo que le pides, es que no le importa lo que necesitas.

Si no sabe lo que te gusta, es que no le gustas.

Si no dice tu nombre, es que no te sueña.

A veces las cosas no tienen sentido. A veces, las cosas no tienen el sentido que tú les buscas y les encuentras. A veces, preferimos cerrar los ojos y vivir en otro mundo inventado, en lugar de intentar cambiar lo que nos rodea y cambiar nuestro interior… Apostamos por otros, el lugar de apostar por nosotros mismos. Vivimos en pequeños agujeros que nosotros hemos cavado y estamos atados a cadenas que nosotros asimos a nuestras muñecas. 

No falsees tu realidad. Si no encuentra momentos para estar contigo, es que no quiere estar contigo.

Si no te escucha, es que no le interesa lo que dices.

Si no te habla, es que no tiene nada que decirte.

Si no te abraza con fuerza, es que no le apetece tanto como a ti. Si no te acaricia, es que no quiere saber cómo es el tacto de tu piel.

Si no te besa, es que no sueña con probar tus labios.

Por más que te duela. Por más que saberlo te destroce por dentro. Por más que repetirlo te desgaste las ganas y te deje sin palabras.

Si no te busca, no te necesita.

Si lo que dice no es del todo cierto, es que es mentira. No te mientas tú, quitándole importancia. La verdad es importante, la sinceridad es básica.

Aunque pensarlo, te derrita. Aunque asumirlo, te haga desvanecer y te de la vuelta por dentro hasta no saber donde empiezas y donde acabas. Aunque sólo imaginarlo te parta en dos pedazos y te haga caer…

Si no te trata como mereces, es que no merece que tú le trates…

Si no te mira, es porque no te ve.

Aunque tú siempre estés ahí, con los ojos hambrientos sin perder detalle, con tus brazos abiertos y tus manos dispuestas, esperando dar aliento y esperanza… Aunque des tanto que se te agoten las energías.

Si no aprecia lo que le das, es que no te valora. Si no sabe ver lo mucho que vales, no te quiere.

Si no te demuestra lo que siente, es que no tiene nada que demostrar.

A veces, nada es justo, es como es. La vida es demasiado corta para perder el tiempo en medias alegrías, para perder amor queriendo a medias y sobrevivir de sonrisas veladas bajo las lágrimas. La vida es demasiado hermosa para sentirse diminuto a los ojos de otros y bajar la cabeza porque crees que no vales, que no mereces, que ya no necesitas. Si no llena, no esperes a quedar vacía…

La vida es demasiado preciada para soñar a medias y limitarse a subsistir.

A veces, las cosas no son como sueñas o deseas, pero puedes cambiar de rumbo, puedes decidir no conformarte con menos y vivir, de verdad, como mereces.

Si no te hace sentir bien, no merece la pena…


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Por si acaso…


Iba a encontrarlo. Lo sabía. Lo tenía tan claro como el dolor de sus pies cansados de caminar. Hacía kilómetros que no notaba los dedos, pero seguía, no podía parar. Si se detenía, jamás podría seguir adelante. La llevaba la inercia, una fuerza interior que la había puesto en marcha y que no le permitía pensar en descansar. La necesidad de llegar era más intensa que el agotamiento de su cuerpo, que todas la señales externas que le decían que le hacía falta sosiego y calma, que sus ojos buscaban sueño, que sus pupilas se contraían con la luz del sol.

Su cabeza estaba repleta. Rebosaba pensamientos y deseos locos… Giraba, a toda prisa, como una noria inmensa que no sabe cuando terminar su recorrido y parece que vaya a salir rotando hacia el cielo. Y había tocado el cielo, mil veces. Esa sensación de descontrol total la asustaba y le salpicaba el cuerpo de euforia. Era pasión y dolor al mismo tiempo. Pánico y desenfreno. Era una especie de droga que la impulsaba a no parar… Y luego quedaba exhausta, extenuada y con la mente floja y porosa, ávida de pensamientos fáciles.

La misma fuerza que la llevaba a seguir, le suplicaba a veces que se detuviera. Tenía dudas, muchas. A pesar de todo, no sabía si sus dudas estaban engendradas por el miedo o por la razón. El camino emprendido era una locura. Buscaba… Deseaba algo que intuía que existía, pero que no había visto, ni tocado… Sólo había notado su resplandor, su olor agradable, su bruma… Le había parecido acariciarle el aliento una tarde, había visto su halo en suspenso una mañana… ¿Era una alucinación propiciada por el deseo, por la necesidad?  ¿o era una realidad oculta que le mostraba su sombra por una esquina?

Por si acaso, por si la fantasía entraba por la puerta, para que no la encontrara cerrada, ella continuaría caminando para llegar a no sabe donde ni como… Aunque sabía el por qué… Aún lo nota ahora. Pura necesidad, pura ansia, puro deseo de saber que lo ha intentado. Que si sus sueños no se tocan, no se materializan, al final del camino, no será porque ella no ha dado el paso ni ha echado el resto… Entonces, estará marchita pero satisfecha, sabrá que ha caminado lo suficiente para conseguir lo más preciado, que ha pisado la senda que le llevaba a su cielo particular… Que no ha sido porque ya no era. Porque no existía en un principio. Que era una fantasía desdibujada. Que la sombra era ficticia, el resplandor un ensueño. La bruma… Un deseo descontrolado que se convirtió en vapor y el olor dulce, un aroma pasajero.

Aunque, ¿y si era cierto? ¿y si existía? Por eso caminaba, por si acaso la realidad y el sueño eran uno. Por si, al final,  había milagro…


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Eufórica


Su mente siempre va por delante. Da mil vueltas. Imagina formas e historias, recuerda palabras, repite diálogos intentando encontrar respuestas. Se detiene en cada detalle hasta que lo disuelve y convierte en algo gigante y pierde un poco el sentido original. Gira tanto por dentro, que toma inercia y se consume en una espiral de calor. Es una llama humana. Energía pura en estado sólido. Intensidad máxima. Pasión desbordada.

Sus ojos incansables lo escrutan todo y deambulan por los rincones buscando pistas, ensayando soluciones a sus enigmas.

Nunca calla. No da tregua al desaliento. No se detiene jamás. No deja de pensar. Su cabeza centrifuga sueños y los repite en voz baja. Los susurra sin cesar hasta crear ilusiones que fabrican pequeñas realidades… toca lo que sueña, ebria de alegría por ser tan afortunada de vivir con un pie aquí y otro allá. En dos mundos que se atraen, se sujetan uno al otro… Dos mundos unidos por su cabeza en incesante ebullición. Está satisfecha a pesar del cansancio. Imaginar le supone instantes de felicidad suprema, de un éxtasis incapaz de describir. Se siente tan viva por ser capaz de fabricar momentos que jamás existirían si no los imaginara…

Fabrica vida. Crea esperanza. Tiene el poder de recoger sus ganas enormes de todo y engendrar ideas que engendran palabras, palabras que engendran emociones, emociones tan intensas que acaban por tomar forma y descomprimirse hasta ser sólidas y ocupar un espacio. Hasta rebotar en las paredes y darle un golpe en la cara para que sepa que lo ha conseguido.

Nunca desiste. Es una máquina de fabricar posibilidades. Siempre encuentra salidas. Encuentra senderos ocultos por donde colarse y arañar migajas de aquello que anhela. Se aferra a los peros y los porqués sin saber los cómos… No le importan, porque sabe que su cabeza se pondrá en marcha y encontrará la forma de dibujar en ese lienzo blanco un nuevo delirio, una nueva ansia… y un nuevo sentimiento. Se agarra a la vida con toda la fuerza que le da el deseo y se suelta sin red. Tiene miedo, sí, mucho a veces, pero le pueden las ansias y los desvelos. Vive de ellos, se alimenta de sentir, de buscar, de necesitar. Consume más oxígeno que el resto de seres mortales porque lo transforma en euforia, en estallido constante.

Su mente va por delante. Siempre genera. Siempre desordena su entorno. Siempre alborota su mundo. Lo muta, lo cambia de forma. Siempre arrastra su cuerpo al son de su pecho agitado y libre. Su cabeza vuela mientras ella imagina. Acaba cansada y exhausta pero apenas se detiene un instante para volver a reiniciar la búsqueda, el sueño… Hasta encontrar nueva ruta. Hasta que el sueño le moja las manos o le golpea las sienes o nota su sabor en los labios. Y si lo nota, ya existe. Y sabe que lo ha creado ella, a base de poner en marcha esa máquina de generar emociones, de fabricar mundos paralelos. Esa máquina que toma las palabras y las convierte en material maleable que se puede tocar. Y cuando tocas un sueño… cuando lo notas pegado a las puntas de los dedos y ves que te quema… sabes que has tocado cielo. Has iniciado una nueva realidad. Has llegado al final de este trayecto y estás lista para comenzar otro aún más ambicioso y enorme. Todo empieza otra vez con una sonrisa en la cara.

Su mente no cesa. No puede. No debe. No desea detenerse nunca. Traga bocanadas de aire para respirar sin parar. No puede quedarse quieta. Sabe que si lo hace, en algún lugar, un mundo dejaría también de girar. Sabe que es una locura, pero cierra los ojos y sigue porque confía demasiado en el poder de sus ganas y no puede fallar.

Es ilusiópata.


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La mejor versión de ti mismo


Alguien acaba de pedirme que sea feliz. Y para serlo me aconseja no pensar demasiado, cerrar un poco los ojos, hacerme la tonta… soltarme sin condiciones y dejar la mente quieta. Me aconseja que olvide por un rato lo que me inquieta porque tal vez no todo tenga que ser siempre trascendente, que no todo contenga un significado que vaya a cambiarme la existencia… Sé lo que me pide. Me pide que me mantenga pegada al suelo y note la vida, que si como pan note el pan, que pise el camino, que acumule risa y que me beba el viento cuando sople en mi cara. Quiere que me olvide de lo que me falta y de lo que dejé atrás. Que hoy haga pocos balances y olvide los números rojos. Que me circunscriba a este pedazo de vida que hoy me toca y que mañana se habrá escurrido… que no exista más que esta hora, esta frase, esta palabra… que me note la respiración … que me agarre a cada sensación como si fuera la última, que no me pregunte si está bien o mal… que exista. Que me ate a este pedazo de realidad.

Esta petición me agita aún más. La hiperactividad mental… me subleva… siempre hay demasiadas preguntas pendientes, demasiadas necesidades por satisfacer… demasiado control para buscar una perfección que nos acaba alejando del día a día… Demasiado rato en la nube buscando migajas de eternidad y olvidando lo efímero, lo que se puede tocar y se escapa entre las manos… perdiendo lo humano mientras intentamos arañar un ideal casi divino. Y se nos pasan las miradas, los gestos de los que nos rodean, se nos pasa el invierno y el verano, la noche y el día… se nos pasa y no vuelve.

¿Cómo se puede encontrar el equilibrio y … sin perderse esta función no dejar de pensar en cómo será la siguiente? ¿cómo detenerse a disfrutar del paisaje sin dejar de preguntarme a dónde me lleva la senda que escogí?

Miles de pensamientos me vienen a la cabeza, con tantas ideas… no voy a poder ser feliz… demasiadas ramificaciones en la mente, enciclopedias de emociones… millones de recuerdos por archivar… la noria de mi cabeza no se detiene… da vueltas y sé que las dará siempre… está programada para no cesar nunca, hasta el final.

Y entonces me doy cuenta. La felicidad es este momento… una mirada, una risa tonta, un temblor extraño, una palabra… un sabor, un pellizco… pero también es saber que vas en el camino correcto y persigues tu sueño. Saber que te haces las preguntas y que buscas las respuestas, que lo has imaginado todo, que lo has intentado todo… que solo te has detenido para gozar y no para esconderte y abandonar… que puedes más, que anhelas más… que hay más de lo que ves y más de lo que imaginas. Que la felicidad está en el suelo y en el cielo. Ser feliz es un dar las gracias y un seguir buscando nuevos retos. Consiste en agarrarse a lo que te rodea con una mano y acariciar con la otra un sueño… vivir intensamente y al mismo tiempo imaginar… saber, al final, que no te has dejado un pedazo de vida por apurar y que hasta el último instante has intentado ser la mejor versión de ti mismo…