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la rebelión de las palabras


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Esas cosas que no nos gusta escuchar


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No te engañes. Las cosas son más sencillas de lo que a veces aparentan. Aunque tú necesites moldearlas y transformarlas en tu cabeza para poder soportar el resultado de tus pensamientos. Para no sentirte tan sola, tan cansada, tan mínima. Las cosas son como son, aunque duela, aunque te arañen el alma y te hagan jirones la ilusión que contienes en el pecho… Aunque sean profundamente injustas y no tengan sentido. Aunque las disfraces de recuerdo y las empañes de lágrimas, aunque las desdibujes con grandes dosis de cariño y perdón. Las personas también son como son y tú no puedes cambiarlas… Las personas, si no quieren, no cambian.

Debes asumir que si no recuerda lo que le pides, es que no le importa lo que necesitas.

Si no sabe lo que te gusta, es que no le gustas.

Si no dice tu nombre, es que no te sueña.

A veces las cosas no tienen sentido. A veces, las cosas no tienen el sentido que tú les buscas y les encuentras. A veces, preferimos cerrar los ojos y vivir en otro mundo inventado, en lugar de intentar cambiar lo que nos rodea y cambiar nuestro interior… Apostamos por otros, el lugar de apostar por nosotros mismos. Vivimos en pequeños agujeros que nosotros hemos cavado y estamos atados a cadenas que nosotros asimos a nuestras muñecas. 

No falsees tu realidad. Si no encuentra momentos para estar contigo, es que no quiere estar contigo.

Si no te escucha, es que no le interesa lo que dices.

Si no te habla, es que no tiene nada que decirte.

Si no te abraza con fuerza, es que no le apetece tanto como a ti. Si no te acaricia, es que no quiere saber cómo es el tacto de tu piel.

Si no te besa, es que no sueña con probar tus labios.

Por más que te duela. Por más que saberlo te destroce por dentro. Por más que repetirlo te desgaste las ganas y te deje sin palabras.

Si no te busca, no te necesita.

Si lo que dice no es del todo cierto, es que es mentira. No te mientas tú, quitándole importancia. La verdad es importante, la sinceridad es básica.

Aunque pensarlo, te derrita. Aunque asumirlo, te haga desvanecer y te de la vuelta por dentro hasta no saber donde empiezas y donde acabas. Aunque sólo imaginarlo te parta en dos pedazos y te haga caer…

Si no te trata como mereces, es que no merece que tú le trates…

Si no te mira, es porque no te ve.

Aunque tú siempre estés ahí, con los ojos hambrientos sin perder detalle, con tus brazos abiertos y tus manos dispuestas, esperando dar aliento y esperanza… Aunque des tanto que se te agoten las energías.

Si no aprecia lo que le das, es que no te valora. Si no sabe ver lo mucho que vales, no te quiere.

Si no te demuestra lo que siente, es que no tiene nada que demostrar.

A veces, nada es justo, es como es. La vida es demasiado corta para perder el tiempo en medias alegrías, para perder amor queriendo a medias y sobrevivir de sonrisas veladas bajo las lágrimas. La vida es demasiado hermosa para sentirse diminuto a los ojos de otros y bajar la cabeza porque crees que no vales, que no mereces, que ya no necesitas. Si no llena, no esperes a quedar vacía…

La vida es demasiado preciada para soñar a medias y limitarse a subsistir.

A veces, las cosas no son como sueñas o deseas, pero puedes cambiar de rumbo, puedes decidir no conformarte con menos y vivir, de verdad, como mereces.

Si no te hace sentir bien, no merece la pena…

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Breves apuntes para dejar de amar


Pensar que es imposible que te amen.

Que no le mereces, que no te merece, que no te sueña.

Imaginar que le buscas y le encuentras en otros brazos. Imaginar que desea otros brazos.

Cerrar los ojos y besar otros labios.

Serpentear a ratos por la vida sin atreverse a caminar mientras dura el vértigo y el dolor no cesa. Dejar pasar las horas con la mente ocupada en alguna estupidez.

Creer que todos los destinos están trazados. Que no hay nada que puedas hacer ni decir para cambiar el mundo y sus normas establecidas, nada que puedas intentar para llegar a su mundo y atravesar sus muros.

Dejar de ilusionarte y fijar la vista en algo tangible, algo que se rompa, que caduque, que perezca, que pueda salir rodando calle abajo y dejarte solo. Algo que no te importe que se desvanezca… Y cuando eso suceda, buscar otra cosa parecida, una de esas cosas en las que no pones el alma al contemplarlas.

Pensar que como tu amor hay cien, un millón. Que hay miles de personas que salen hoy a la calle buscando unos ojos entre las caras agrias con las que se topan y regresan a casa sin nadie con quien soñar.

Pensar que el amor no existe. Que es una reacción química que altera tus hormonas y que un día de estos esa alteración molesta pasará.

Bajar la cabeza y meditar… Si llegaras a su corazón y rompieras la resistencia, la historia sería corta e incandescente, como esas bombillas que consumen mucho y queman rápido… 

Tener presente que el amor desgasta, desgaja, descarna… Que araña el alma, que derrumba las defensas y te achica la razón. Que cuando amas pierdes capas de piel y horas de sueño. Que nadie es tan vulnerable como un amante desesperado. Que nada es tan mortal como un amor no correspondido. 

Saber que la pasión es fugaz y el deseo algo maleable que puedes envolver en hielo si por las noches da la lata. Por si no soportas no tocarle, no tenerle cerca ni saber qué pasa por su cabeza, aunque sus pensamientos no los ocupes tú.

Sentirse viejo, pequeño, cansado, asustado… Recordar que el amor te hace parecer idiota, que te corta a veces las alas y abre las heridas y la cicatriza con sal.

Cubrirse de una piel gruesa y encerrarse en un caparazón insonorizado, en un lugar aislado, de un mundo que no exista más que para arrancar amores imposibles.

Meterse en ese mundo interior donde sólo llegan las palabras que acaban en mente y otros adverbios de tiempo, que detienen la risa, las ganas, la alegría y que desguazan la felicidad.

Dejar de sorprenderse, dejar de esforzarse para gustar. Cerrar puertas, barrar ventanas y rendirse a dejar de adorar.

Evitar encontrarle en cada minuto de cada hora, en cada momento dulce, en cada instante solitario… Evitar verle en cada reflejo, en cada esquina, en cada hoja, en cada palabra de cada libro que intentas leer. Buscar algún instante en el pasado en que fueras feliz sin amarle, cuando aún no le necesitabas para respirar…

Quemar los recuerdos y poner cerrojos y candados, rodearse de alambradas y sabotearse los sueños.

Vivir sólo para vivir. Soñar sólo para no soñar.

Reírse de todas las estupideces que llegan a tus oídos para ejercitar la mandíbula y volver a tener ganas de reír de verdad. Tener ganas sin ganas. Respirar sin esforzarse por respirar.

Preguntar al doctor si existen píldoras para olvidar y salir de la consulta con las manos vacías buscando un parque donde llorar.

Anudarse el corazón, contenerse los abrazos, atarse las manos para no intentar tocar… Encoger el alma hasta meterla en una caja y lanzarla al mar…

Y sentarse a creer que lo consigues. Y ver que el corazón estalla, que la alambrada cede, la caja vuelve con la marea y no puedes dejar de pensar en su forma de andar. Notar que su mirada está en cada pedazo de tu ser escurridizo, en cada baldosa que pisas, en cada bocanada de aire que respiras…

Darse por vencido y desear con todas tus fuerzas que pase el tiempo y cubra de escarcha tu amor que parecía dormido, pero que está tan despierto como antes de empezar.

Y soltarse, derramarse, rodar por las calles hasta llegar a tu cama sin risas ni besos, sin poder parar de recordar ni por un segundo su cara.

Y darse cuenta de que no hay curas, ni remedios, ni artificios para dejar de amar un instante y olvidar.

El desamor se cuece lento, se paga caro, se consume sosegado, se vuelve moroso… Y cuando crees que has ganado, tienes que volver a empezar, intentarlo de nuevo con el ánimo roído y la cabeza agitada. Con la mirada perdida y el deseo congelado para poderte arrastrar…

El amor no se arranca, se borra poco a poco, con demora, sin prisa, sin estrategia, sin saber cómo ni cuándo. El amor siempre duele por más que se evapore porque no sabe de tiempo ni de excusas, sabe de roce, de beso, de necesidad… Siempre busca un resquicio por donde colarse, por donde aflorar y volverse a enraizar en ti.

El amor siempre encuentra rincón donde esperar a crecer y zarandear tu calma. Siempre te sabe desencajar el alma para arrebatarte el sosiego y vencer tus defensas. Por más que supliques y reces, por más que te apartes, el amor siempre se recuerda… Y cuando se va, deja su aroma.

La única forma de vivir sin ese amor, es amarse y volver a soñar.

Siempre deja marca… El amor siempre queda.

 


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Algunas excusas para decir ‘te quiero’


Porque a veces necesito decirlo también en voz alta.

Porque el camino es más hermoso e intenso si lo compartimos y la noche no tan oscura si me abrazas.

Por si se te escapa un instante de felicidad y se me enreda en el pelo…

Para cuando te mientan los ojos y creas que estás solo.

Para cuando creas que tienes muchos amigos y descubras que en realidad son pocos y alguno te dé la espalda.

Por si te caes y el viento te envuelve entre las hojas y te arrastra a un abismo.

Por si crees que eres el rey del mundo y tu ego te catapulta a un infierno solitario.

Por si crees que no eres nadie y necesitas que te recuerde que para mí lo eres todo.

Para que se te acostumbre el oído a la música de mis palabras.

Para que a pesar de la costumbre, sepas echarme de menos y te des cuenta de que necesitas que sujete tu sombra cansada.

Por si no me oyes… Por si no me escuchas…

Porque estás revuelto y no recuerdas dónde empiezas ni dónde acabas. Porque te lanzas a veces sin paracaídas y siempre esperas que te haga de red. Por las veces que me miras de reojo cuando estoy sentada.

Para que no te creas que hay en el mundo nadie como tú…

Para que no te creas mejor ni peor que nadie…

Porque de noche seguro que dudas. Porque de día noto que me buscas cuando te busco.

Porque vienen curvas y necesitas que yo sea tu carretera.

Por si tienes vértigo y nadie te da la mano. Por si tiendes tu mano y no encuentras la mía.

Para cuando haga frío y el viento se meta en ese hueco entre tu cuello y tus orejas que a mí me gusta recorrer con las pupilas.

Para cuando te sientas hueco y notes el eco de tu pecho vacío y necesites llamarme con alguna excusa.

Para cuando descubras que no eres eterno y también te equivocas. Para que sepas que no me importa.

Por si me sueñas.

Por si me deseas.

Por si piensas que te sueño y te deseo.

Por si estás imaginando qué siento.

Por puro delirio. Por pura necesidad.

Porque a veces gana el niño que llevas dentro y te encierras en tus muros invisibles.

Porque cierras tus puertas y te conviertes en el ser más hermético del universo. Para poder entrar en tu cueva y encender la luz…

Por si llueve y no lo soportas. Por si bailas bajo la lluvia y necesitas pareja.

Por si no puedes salir de tu encierro y no tienes valor para pedir ayuda.

Para que sepas que adoro cada una de tus muecas.

Por si tienes miedo y te sientes diminuto.

Por si te conviertes en piedra y mis lágrimas te resbalan. Por si ya no me quedan lágrimas que derramar ante tus ojos hambrientos.

Porque el tiempo pasa veloz y la vida se nos agota. Porque todo caduca, excepto mis ganas.

Para que te conmuevas y te derritas.

Para que un día me sueñes y me persigas por las esquinas.

Porque me gusta repetirlo.

Porque necesito repetirlo mil veces. Porque cuando no lo digo, me salen escamas. Se me achica el corazón y el alma se me encoge.

Por el valor que le doy yo a las palabras…

Porque no hace falta buscar excusas… Te quiero.


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Si quieres


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Si se quiere, casi todo se puede. Todo se alcanza… Todo se inventa. Se acaricia sólo con la intención. Se mira sin abrir los ojos y se suma con el deseo. Se multiplica con el delirio. Se abre de par en par con un rezo. Si se quiere, se puede más de lo que se imagina, tal vez no siempre, aunque valga la pena intentarlo al máximo, por si al final hay magia. Por si resulta que las ideas generan realidades. Por si entre palabras y pensamientos se cambian mundos.

Si lo deseas, con las ganas se descubre un cielo. Se pinta un sol, se amanece, se anochece… Se engendra un universo a través de un pensamiento. Se construye un futuro con una brizna de presente.

Se calma el dolor con un beso. Se fía sin apenas cruzar palabra. Se llora sin lágrima. Se besa, sin beso.

Si se quiere de veras se puede dormir sin cama y soñar sin sueño… Si se tienen ganas se puede morir de risa. Vivir de intentos. Andar con la imaginación. Volar sin alas. Bailar sin música. Cantar sin voz. Reinar sin reino.

Es posible gozar sin roce. Rozar sin piel. Tocar con las puntas de los dedos un rostro al otro lado del océano. Amar sin esperanza de recibir amor. Amar sin apenas conocer. Amar sin saber por qué y sin poder parar de hacerlo.

Se puede escribir sin lápiz y pintar sin pincel. Si hay ganas, a veces pasa, si se quiere… ¿Y si nos sucede a nosotros?

Si se necesita, se puede crecer sin cambiar de tamaño. Ser el gigante más pequeño, el pobre más rico, el joven más viejo. Si el deseo es grande, lo feo es hermoso. Lo roto está entero. Lo frío, arde. Lo oscuro se llena de luz. Lo malo es bueno.

Se puede ignorar sabiéndolo todo. Se puede ser libre estando cautivo y poseer el mundo desde un rincón. Si se quiere… ¿quieres?

Si se quiere se puede, aunque cuesta y a veces el camino cansa. A veces nos rendimos por falta de confianza.

Si se anhela, se consigue. Aunque requiere un gran esfuerzo de imaginar sin nunca deternerse. Un deseo gigante de creer. Una ilusión que no cabe en un pecho pequeño y acostumbrado a reprimir su avidez y comprimir sueños… Por eso hay que ensayar y seguir, hasta ilusionarse y emocionarse casi sin pensar. Hasta que la rutina sean la risa y la esperanza y lo raro la queja y la negatividad.

Si se busca con afán, se encuentra. A veces no lo buscado pero sí lo necesario. No lo esperado, lo mejor… Algo que parece accesorio o pequeño y que acaba siendo básico y perfecto. Si se mete la mano, se saca algo… A veces no lo soñado, tal vez lo que va a cambiar tu existencia.

Si se quiere, se puede todo. Caminar sin camino. Llover sin lluvia. Amanecer sin sol. Sembrar sin tierra. Perdonar lo imperdonable. Tocar lo imposible. Llenar lo hueco. 

Todo es posible si se busca la manera. Aunque no hay nada seguro, nada fácil ni nada hecho. Es un camino que se anda a tientas con los pies cansados. Una travesía larga y tortuosa, que a menudo al llegar a la meta, empieza de nuevo…

Con pensarlo se pueden cerrar heridas sólo con cariño. Reír casi sin ganas. Abrazar sin brazos. Flotar sin aire. Frenar sin freno… Seguir adelante sin pan, suplicando suerte, apurando el tiempo. Todo se consigue si hay hambre. Si hay fuego. Si se siente todo con suficiente intensidad. Si cuando llega el miedo, se suelta una carcajada tan sonora que pasa de largo hasta que queda lejos. De lejos el miedo es pequeño y feo. Y tú eres enorme, si quieres. Sería absurdo no querer o al menos no intentarlo.


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Pequeño manual para distinguir amores mediocres


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No es amor si no te arrastra y te revuelve. Si no te da la vuelta y te revienta las costuras del alma. Si no te conmueve y desconcentra. Si no te esculpe de nuevo. Si no te zarandea y apacigua las penas. No es amor si puedes explicarlo y encontrar fácilmente las palabras para definirlo. Hay amores inmensos. Amores que sólo se definen con el roce…

Si no te espera ni aguarda emocionado, no es amor… Es aburrimiento. Los verdaderos amantes viven el momento, nunca pasan el rato. Hay amores lisonjeros y absurdos.

No es amor si no te imagina y cuenta los minutos, si no se le hacen eternas las horas. No es amor si no te sueña y no puede dibujarte con la mente y encontrarte en todo lo que ve. No es amor si amarte no le cambia en nada. Si a tu lado no se siente gigante… Tan gigante como tú… Hay amores enormes y amores diminutos.

No es amor si no parece que tus pies no te pertenezcan y tu cabeza no imagina locuras. Si no te quita el sueño, es un amor falso, un amor pasajero. Si te quita siempre el apetito es un amor peligroso. 

Si es capaz de medirte y pesarte, no te quiere. Si es capaz de negarte y apartarte, no te merece. Si no es capaz de escucharte y encontrarte las cosquillas en los malos ratos, no te conviene. Si no te busca, no te ama. Si te persigue, no te ama… Te acosa. Hay amores cobardes.

Si no ve que guardas llanto y necesitas risa a gritos, no te entiende. Si no sabe leerte la mirada y tienes que pedirle que te diga que te quiere, es que el amor no le desborda, no le sobrepasa, no le invade. Si se lo pides y dice “ya sabes que sí” es que su amor es pequeño, ridículo, minúsculo.

Si le dices “te quiero” y responde “yo también” es que no sabe quererte, te quiere a medias o se quiere a él mismo.

Si repite cien mil veces cada día que te ama, es obseso. Hay amores demasiado concentrados.

Si no lo gritarías, no es amor. Hay amores mudos…

Si preguntas una tontería y no responde, es que se cree que él no pregunta nunca tonterías. Los amantes perfectos son insufribles. Las personas que nunca dicen tonterías no son de fiar… Hay amores estúpidos.

No es amor si no duele algunas veces y no compensa otras muchas. Si no da vértigo.

Si no da pánico pensar que puede terminar no es amor, es juego. Hay amores escasos, amores menores. Amores que enseguida se hacen viejos.

Si no te hace sentir que importas, no es amor, es vasallaje. Si no te demuestra que le importas es condena.

Si crees que no importarle es culpa tuya, sal corriendo. Hay amores esclavos.

No es amor si da sueño. No es amor si da frío. Si da pena, no es amor. No es tampoco amor si amando no te hace sentir grande, si no crees que vuelas o que lo puedes todo. Hay amores mediocres, rutinarios.

No es amor si no te vuelve loco y te calma al mismo tiempo. Si puedes calcularlo, no es amor. No es amor si te cabe en el pecho. No es amor si siempre lloras. Si siempre ríes… Tampoco es amor, es guasa. Hay amores vacíos.

Si tienes la sensación que lleva impermeable es que su amor es profiláctico, de plástico, de diseño.

No es amor si le cansa. Si se siente encerrado o si a cierta hora pone mala cara porque toca retirada…

No es amor si se rinde, si ve sólo los obstáculos que sortear para tenerte, si busca la salida antes que la entrada. Si sólo viene cuando te necesita y siempre está ocupado cuando tú le buscas.

No es amor si promete demasiado y cumple poco.

Si no quiere devorarte no es amor. Si sólo quiere devorarte tampoco.

No es amor si calla siempre y tampoco si nunca guarda silencio. No es amor si siempre habla y nunca quiere beso. Hay amores demasiado castos.

Si te pone horarios, no te quiere. Si te limita las pasiones, no te ama, te recorta.

No es amor si no se queja si no te tiene. Y si se queja demasiado no te quiere, te posee.

No es amor si no disculpa ni perdona. Si encuentra demasiadas explicaciones racionales para quererte.

No es amor si no crees que será eterno. Hay amores fugaces.

 

 

 


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Vivir a medias


Ahora es cuando ella recoge su sombra y paso sobre paso hace camino. Se lanza con la vista puesta en un punto imaginario y procura no ver lo que queda tras de sí. No mira a ni a los lados porque sabe que podría sucumbir, podría dejarse llevar por la necesidad inmensa de abrazos y caer. Rodaría por las calles sin rumbo hasta encontrar un tope que le devolviera la consciencia o un peldaño al que agarrarse para corregir el cambio de sentido. Sabe que si mira, verá y que si ve transformará la realidad hasta hacerla llevadera. Su deseo modificará las formas y los huecos hasta que todo sea como sueña, hasta que todo tenga el color que su mirada cansada necesita ver. Si se deja, podría no marchar. Podría ceder y volver… Volver a escuchar la música y no dejar de canturrear hasta creerse que la melodía es propia, que el sueño es compartido, que las mentiras son casi medias verdades si las miras con los ojos llenos de lágrimas a medianoche. La oscuridad busca cómplices absurdos. La necesidad dibuja compañía en la paredes blancas… El deseo imagina abrazos en las palabras. La soledad acapara palabras y les muta el sentido. El amor inventa miradas.

Ella misma ha inventado mil excusas para responder a sus mil súplicas no escuchadas. Ha sobrevolado mil veces la misma escena hasta que ha conseguido que los silencios sean las palabras que buscaba, que todo cambie de forma para que lo que tanto anhela exista y que lo que exista sea sueño. Ella misma ha disculpado mil errores, propios  y ajenos, para no tener que partir… Ha recreado mil finales para esta historia que nunca tendrá fin. Lo sabe. Hay cosas que sabes sin querer saber. Las conoces porque las recompones a partir de pedazos de realidad contenidos en gestos, en respiraciones, en frases entrecortadas y bocas frías.

Y ahora, si baja la vista, si permite que sus ojos sigan el reguero de su sombra en esta plaza desierta, sabe que acabará con la mirada cubierta de lágrimas y casi pidiendo perdón. Sabe que dejará la maleta y buscará la forma de creer que no hay motivo, que hay esperanza, que todo puede seguir a medio gas imaginando que es verdadero. Que puede abrazar a la copia y cerrar los ojos para pensar que es el original.

Sabe que si cede, al llegar la noche, maldecirá no haber marchado y sonará la música e inventará ella la letra y pasará mil años más viviendo de ganas ahogadas, de delirio, de susurro, de aliento, de rezo. Y será una persona a medias, con una vida a medias pero con un deseo entero que siempre arderá. Lo intentará hacer callar con milongas y bailes absurdos, con pequeños amuletos para llamar al amor y carmín en los labios para atraer besos perdidos y seducir… Lo ocultará en cada recodo para que asalte a su medio amante buscando sus medios versos y sólo conseguirá una media mirada de indiferencia y evasión… Una media ilusión de felicidad.

Sabe que no debe, que no puede y por eso ahora caminará. Tiene un punto de partida, sabe lo que no quiere… Lo que no tolera, lo que no piensa volver a soportar. Hay momentos en los que no reconoce quién es, pero tiene claro quién ya no quiere ser.


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Nunca es tarde…


ESPIRAL

Tenías razón. Nunca es tarde si tienes tantas ganas que te salen chispas de las manos al tocar y acercarte a lo que deseas. Si sólo con pensar que lo consigues notas que vuelas, que despegas y sabes que jamás volverás a pisar tierra más que para impulsarte.

No es tarde si te quedan fuerzas y no puedes rendirte, si sabes que al decir no, te niegas a ti mismo y no podrás volver a mirarte a los ojos sin recordar que te fuiste infiel.

No es tarde si vibras al pensarlo. Si el hambre de lo que buscas es más fuerte que el temor a intentarlo. Si eres capaz de contener una tormenta en el pecho y no hay camino largo ni estrecho, ni oscuro, ni solitario que no devores con tus pies.

Nunca es tarde si sentir tanto te quema por dentro, te roe hasta no soportar y no puedes más que salir a buscar lo que amas, sin esperar… Porque quedarte quieto te mata, te aniquila, te hace sentir que se te escapan las horas por los dedos y las noches se hacen siglos de desesperación.

No es tarde si no estás satisfecho. Si no estás de acuerdo con tu sombra y al imaginarte a ti mismo, giras la cara de la conciencia.

No es tarde si crees que andas hacia atrás y te repites, si notas que tu vida es un bucle y paseas siempre en una parcela de tiempo acotada, conocida, sin risa, sin sal, sin sueño. No es tarde si gritarías para que tu propia conciencia te oiga y te saque de ti…Y al ver que no te saca sabes que podrías reventar…

Nunca es tarde si tienes claro que no hay marcha atrás. Que no seguir es morir, ceder a la rutina, quedarse quieto y esperar un destino que sabes que no te pertenece. Si puedes recordar, a pesar de tus miedos y ascos, que tú naciste para caminar, para no detenerte hasta tener claro que hiciste todo lo imposible por tocar lo que buscas. Por ser quien se esconde en ti esperando brillar. No es tarde, aunque el tiempo se apure y las últimas gotas de vida caigan al vacío…

No lo es si buceas en ti y descubres que te lo debes. Si adviertes que resignarse es ahogar esa parte de ti que siempre busca campo y viento y es capaz de reír aunque un sabor amargo te inunde el paladar. 

Nunca es tarde si te queda un lugar por pisar y la sola idea de no conseguirlo te hastía y revuelve. No lo es si decides que no lo sea…

Nunca es tarde si el futuro no se explica sin tu sueño. Si pensar en olvidarlo es dejar de existir.

Nunca es tarde si existes, si respiras… Si te queda aliento para saber lo que quieres y sabiduría para escuchar tu voz interior y dejarte guiar por ella. No es tarde si decides ser tú y no renunciar…